El sueño…
el sueño es el hermano de la muerte.
Así que túmbate bajo este esqueleto en la frialdad de la tumba.
Permite que el abrazo de sus muertos brazos
te mantenga totalmente a salvo y dormido.
Enterrado en un sueño…
silenciosamente….
Para siempre bajo tierra




Drácula (fragm.) - Bram Stoker





Drácula (fragm)
Bram Stoker

"La hermosa joven se arrodilló y se inclinó sobre mí, con maligna satisfacción. Había en ella una voluptuosidad deliberada que era a la vez excitante y repulsiva, y al arquear el cuello llegó a lamerse los labios como un animal, hasta que pude ver a la luz de la luna la humedad que brillaba en los labios escarlatas y en la roja lengua con la que se lamía los dientes rojos y aguzados. Su cabeza descendía cada vez más... cerré los ojos en éxtasis y esperé.
(...)
No hay duda de que existen los vampiros; algunos de nosotros tenemos evidencias de ello. Incluso, aunque no tuviéramos una prueba en nuestra propia y desdichada experiencia, las informaciones y los datos del pasado aportan pruebas suficientes. Admito que al principio fui escéptico. Si no hubiera sido porque a través de largos
años me he entrenado para tener una mentalidad abierta, no habría creído hasta que llegó el momento en que los hechos golpeaban en mi oído: "¡Míralo! ¡Míralo! Lo probamos, lo estamos probando". Sin embargo, si hubiera sabido al principio lo que sé ahora -- si al menos lo hubiera sospechado---, una vida preciosa para todos los que la queríamos no se hubiera perdido.
Pero ya no tiene remedio y ahora debemos trabajar para que no perezcan otras almas, que podamos salvar.
El nosferatu no muere como la abeja que ha punzado una vez.
Sólo se hace más fuerte, y, por serlo, tiene aún más poder para el mal. El vampiro que está entre nosotros tiene como persona más fuerza que veinte hombres; su astucia es muy superior a la de los mortales, porque es una astucia que va creciendo con los siglos; tiene la ayuda de la nigromancia que es, como implica la etimología de la palabra, la adivinación por la muerte, y todos los muertos a los que pueda acercarse están a sus órdenes; es una bestia, más que una bestia; de una crueldad demoníaca y carece de corazón; puede, sin limitaciones, aparecer a su voluntad donde y cuando quiera, y en cualquiera de las formas que elija. Puede, en su área de acción, dirigir los elementos: la tormenta, la niebla, el trueno; tiene poder sobre las cosas más repugnantes: la rata, la lechuza y el murciélago, la polilla y el zorro, y el lobo; puede crecer o reducir su tamaño y puede, en ocasiones, desvanecerse y aparecer sin ser visto.
Entonces, ¿cómo podríamos comenzar nuestra lucha para destruirle? ¿Cómo podemos descubrir dónde está, y, si lo encontramos, cómo destruirle?
Queridos amigos, la empresa que vamos a emprender es demasiado terrible y puede traer consecuencias que harían temblar al más valiente.
Porque si perdemos en nuestro empeño, significa que, ha ganado él, y , entonces, ¿qué final nos espera? ¡La vida no es tan importante para mí y no me importa perderla! Pero el fracaso no es sólo un asunto de vida o muerte. Sino que nos volveríamos como él; que nos convertiríamos en seres horribles de la noche, como él, sin corazón ni consciencia, haciendo presa en los cuerpos y en las almas de aquellos a los que más queremos. Se nos cerrarían para siempre las puertas del cielo, porque ¿quién nos las iba a abrir de nuevo? Seguiríamos siendo aborrecidos por todos, como una mancha en el brillo del rostro de Dios; una flecha clavada en el costado de Él
que murió por el hombre. Pero estamos frente a frente con nuestro deber, ¿podemos en este caso abandonar? Por mi parte, digo que no, pero soy viejo, y la vida, con su sol, sus lugares agradables, con el canto de los pájaros, la música y el amor, ha quedado un poco atrás. Pero vosotros sois jóvenes.
Algunos habéis visto grandes penas, pero todavía quedan días hermosos en vuestro futuro. "

Drácula (1897)
Bram Stoker (Irlanda, 1847-1912)

Clara de Geisslerin (La Novia del Diablo)




Clara de Geisslerin (La Novia del Diablo)


La alemana Clara de Geisslerin fue acusada de mantener relaciones sexuales con tres demonios quienes, aburridos de asesinar a tantos cristianos, se dedicaban a desenterrar cadáveres de niños para chuparles la sangre. Los hechos ocurrían en el siglo XVI. Cuando se le arresto, la condenaron a sufrir la tortura de la rueda:
piernas y pies se le encerraron en fundas de hierro y se le comprimieron hasta reducirlos a pulpa. Durante las horas de tortura, Clara confesaba los cargos: había dado muerte a mucha gente casi sesenta personas; y bebido la sangre de niños; se reunía con otras brujas; tuvo cerca de ella un demonio con forma de gato, y había rondado por los tejados de la aldea adoptando, ella también la apariencia de un gato. Cuando la bajaban de la rueda, la Geisslerin negaba las acusaciones, para volverlas a aceptar en el tormento. Fue un largo juego de resistencia. Los jueces aumentaron el grado de tortura, a tal punto que Clara acabo por admitir que durante los últimos cuarenta años había fornicado con incontable número de diablos que la habían visitado en forma de gatos, perros, pulgas y gusanos. Dijo que había asesinado a unas 240 personas. Que de sus amores infernales habían nacido diecisiete hijos a los que había matado para comérselos después. Contó que había provocado tormentas e incendiado casas y que, en una ocasión, había querido incluso incendiar toda la aldea. A medida que la torturaban, la vampira De Geisslerin iba perdiendo las fuerzas, y tan pronto la soltaron de la rueda, cayo sin vida al piso. El veredicto de los jueces fue que Clara de Geisslerin había sido estrangulada por el demonio para que no continuara hablando ni siguiera revelando sus secretos infernales.

Revista Digital miNatura nº83


Vampiros





Vampiros
Los orígenes de un mito

Los vampiros han acompañado a los seres humanos desde el principio de los tiempos. Los egipcios temían a un pájaro «bebedor de sangre», al que consideraban la reencarnación de un inocente ajusticiado, que había adquirido esa forma para atacar
durante las noches a los hijos de sus enemigos.
Los antropólogos han localizado el origen de los vampiros en las enfermedades con
pérdida de sangre, que los antiguos atribuían a seres diabólicos que atacaban durante la noche en busca del alimento que necesitaban para sobrevivir.
El nacimiento del primer vampiro, de acuerdo a una antigua leyenda, se debió a un
sueño que tuvo Adán antes del nacimiento de Eva. En el transcurso del mismo deseó
intensamente una compañía femenina y se sintió repentinamente satisfecho. Este principio de vida que no pudo generar otra similar, se mantuvo en activo con una fuerza sobrehumana de supervivencia. En el momento que este germen de desesperación encontró un cadáver, surgió el primer vampiro.

Una acertada definición
La acertada definición que redactó Collin de Plancy en su Diccionario infernal, publicado en 1803, dice: «Se da el nombre de upiers, upires o vampiros, en Occidente; de brucolacos, en Medio Oriente, y de katakhanes, en Ceilán, a los hombres muertos y sepultados desde hace muchos días que regresan hablando, caminando, infectando los pueblos, maltratando a los hombres y a los animales y, sobre todo, sorbiendo su sangre, debilitándolos y causándoles la muerte. Nadie puede librarse de su peligrosa visita si no es exhumándolos, cortándoles la cabeza y arrancándoles y quemándoles el corazón.
Aquellos que mueren por causa del vampiro, se convierten a su vez en vampiros».
Singularmente, en la zona de los Pirineos se daba el nombre de brucolacos a los
ahorcados injustamente, que abandonaban sus tumbas durante las noches para chupar la sangre a sus verdugos, sin detener este ataque hasta que los habían arrebatado la vida.


El Vampiro de la Postguerra





John George Haigh -El Vampiro de la Postguerra


Haigh nació en 1910. Sus padres militaban en la Plymouth Brethren (Una secta religiosa inglesa, puritana hasta la nausea, que prohibía todos los placeres del mundo). El alcohol, el juego, la radio, el cine y los periódicos eran para los padres de Haigh vehículos del mal, sin distinción posible entre ellos, Su manía los indujo a prohibirle a John que tuviera amigos o que llevara visitas a casa, pues significaría llevar a ella influencias diabólicas.

Asesinó a nueve personas. Bebió la sangre de todas ellas, hecho que causo un escándalo en Sussex y le valió el sobrenombre de "vampiro de la post guerra" su libro Terror by Night (1963), comenta la reacción de este vampiro contemporáneo durante el juicio: La única vez que perdió la compostura fue cuando sus crímenes se calificaron de asesinatos. No tenía la más ligera noción de lo que era bueno o malo, de las leyes o de sus víctimas.

Para él, los asesinatos habían sido un mero ritual; según sus propias palabras, formaba parte de su destino. En su alegato, insistió en la ausencia absoluta de premeditación, puesto que las muertes eran resultado de la revelación divina y las relacionaba, vagamente, con la vida eterna. Cuando el juez le pregunto si le importaba su propio destino, permaneció tranquilo y se comparo con Cristo frente a Pilatos. Los abogados defensores de Haigh llamaron al doctor Henry Yellowlees, psiquiatra, para que procurara situar al vampiro como demente y no como asesino. El doctor presento un análisis de los sueños de Haigh y dijo que eran "catalizadores de sus crímenes". Para los científicos, la psicología de Haigh era la de un adolescente que se masturba y asocia de inmediato el semen con la sangre.
Haigh (decían) era capaz de experimentar la misma exaltación derramando uno y otro líquido.

MiNatura Nº 83
Revista Digital de lo breve y lo fantástico

El Oráculo de Delfos





El Oráculo de Delfos

En su época fue consultado por todos los célebres personajes de Grecia. Cuando Roma se apoderó de los territorios griegos también llegaban a él los grandes emperadores romanos a consultar su destino. Sus consejos, muy bien orientados a solucionar los problemas entre las ciudades, contribuyó a establecer un punto de unión entre todos los griegos, independientemente de sus leyes o costumbres.

Se dice que en Delfos se construyó el primer templo con cera de abejas y pluma; el segundo, con tallos de helecho entrelazados; el tercero, con ramas de laurel; que Hefesto construyó el cuarto de bronce con aves canoras posadas en el techo, pero que un día la tierra lo tragó; y que el quinto, construido con piedras labradas, fue destruido por el fuego en el año de la quincuagésimaoctava Olimpíada [489 a. de C.] y fue reemplazado por el santuario actual

Según la leyenda, en Delfos era donde había ido a parar por voluntad de Zeus la piedra que se tragó su padre Crono (el ónfalo, "ombligo"). Hasta allí, a los pies del monte Parnaso, llegó Apolo y fundó uno de sus principal santuario, después de vencer a la serpiente Pitó que moraba en el lugar. Estableció su oráculo, haciendo que una sacerdotisa, llamada Pitia o Pitonisa, en memoria de la serpiente Pitó, transmitiera las respuestas. La Pitia se sentaba en un asiento de tres patas forrado de la piel de la serpiente (trípode). En una primer etapa del Oráculo, la Pitonisa practicaba la "cleromancia" (que era agitar en un recipiente piedras blancas y negras y sacaba a suerte la respuesta).

Pero en época de la Grecia clásica, La Pitonisa entraba a lo más profundo del templo, donde en trance por quemar hojas de laurel o por otros procedimientos pronunciaba palabras extrañas y sin aparente sentido. Al otro lado de la sala, separados de ella por una cortina, los sacerdotes del templo interpretaban en forma lógica sus palabras y las transcribían para los consultantes.

Las consultas al Oráculo se realizaba el séptimo día de cada mes, conmemorando el nacimiento de Apolo que, según la tradición, tuvo lugar en la isla de Delos el día siete del mes séptimo. Acudían a Delfos peregrinos del mundo entero con la esperanza de que su consulta pudiera ser atendida. Llegado el día la Pitia, después de tomar el baño purificador en las aguas de la fuente Castalia, y de beber agua de la fuente Casotis, se dirigía al templo acompañada por los sacerdotes. Cada consultante debía entregar, como pago por la consulta, una tarta de miel (pelanos) o su equivalente en dinero.

Después se dirigían al templo por la Vía Sacra, camino poblado de bellísimas estatuas. En la ceremonia debía sacrificarse un animal, preferentemente un cabrito, pero antes había que consultar si el dios estaba dispuesto a revelarles ese día sus oráculos; para ello se rociaba con agua fría al animal y, si temblaba al recibir el agua la ceremonia continuaba, en caso contrario se suspendía hasta el mes siguiente. Sacrificado el animal, los consultantes entraban en el templo, atravesaban la primera sala donde estaban inscritas las famosas máximas: " Conócete a ti mismo" y " Nada en demasía", y pasaban a la gran sala del templo, donde esperaban su turno.

Cuando le llegaba su hora, el consultante descendía por una escalera hasta llegar ante la Pitia, de quien le separaba una cortina. Ésta actuaba en un foso sentada sobre un trípode, tocando un ónfalo y teniendo en una de sus manos una rama de laurel. Una vez que entraba en trance, daba las respuestas a las preguntas formuladas. Las preguntas se hacían oralmente; sólo los grandes temas de Estado se hacían por escrito. La Pitia daba sus respuestas hablando siempre en primera persona, como si fuera el dios el que hablaba; los sacerdotes las anotaban, las interpretaban, y las entregaban al interesado escritas en verso, con un texto generalmente confuso, con lo que siempre quedaba a salvo la veracidad del oráculo.

Sócrates

¿Y qué tiene que ver Sócrates con el oráculo de Delfos? Pues mucho, porque el filósofo partió de una inscripción que podía leerse en este oráculo (la popular conócete a ti mismo) para desarrollar toda su teoría filosófica.

La verdad es que todo lo que sabemos de esta importante figura del pensamiento occidental es a través de los escritos de otros, porque él no dejó ni una sóla línea escrita. Se cuenta que uno de sus amigos, Querofonte, consultó al oráculo de Delfos si había en el mundo alguien más sabio que Sócrates y el oráculo le contestó que no. Al filósofo le extrañó muchísimo porque él pensaba que no sabía nada (recordad que una de sus máximas más famosas es sólo sé que no sé nada). El maestro, entonces, se dedicó a hablar con personas de la ciudad de Atenas que se suponía que sabían mucho, como políticos y poetas.

Después de dialogar con ellos, se convenció de que no sabían lo que creían saber, es decir, que ignoraban su propia ignorancia, mientras que él ya sabía que no sabía, y al ser consciente de su tremenda ignorancia era más sabio que ellos.

Sócrates creía que era todo un reformador moral. Sólo le preocupaba una cosa: averiguar cómo debía comportarse el ser humano. Pensaba que conocer el bien era lo mismo que hacerlo, porque nadie hace el mal a sabiendas. Insiste: si alguien hace mal es porque no sabe que hace algo malo, por lo que no debe ser castigado. Obrar de mala manera es sólo el fruto de la ignorancia. A modo de ejemplo: un buen zapatero nunca haría un par de zapatos malos. Lo mismo los humanos: si conocemos el bien, lo hacemos. Él decía que “el saber es virtud”.

Lo que hacía Sócrates era interrogar a las personas para enseñarles. Lo conseguía utilizando el arte de la mayéutica, que no es más que un hábil interrogatorio para que cada uno descubra la verdad.

El Unicornio, mitos y leyendas



El Unicornio, mitos y leyendas




El unicornio es un animal muy especial, ligado al hombre por amor y servicio.
Por mucho tiempo, este bello animal, ha transitado por el misterioso laberinto de la mitología y la realidad.

“Atención: Vendrá una edad que la ciencia oscurecerá por doquier las esperanzas de los hombres. Carros de hierro rodarán por la tierra, que se endurecerá y vaciará para soportar su peso. El aire se llenará con el clamor de muchas voces. Plagas y enfermedades desconocidas serán multitud. La esfera de la luna retendrá las huellas del calzado del hombre.
Dos reinos poderosos se disputarán el mundo, y se volverán contra él, hasta que el suelo y el mar enfermen, y el viento se convierta en un flujo de vapores envenenados. Y todo hombre será puesto a prueba dolorosamente, de tal modo que al fin ninguno escapará de la opción entre la luz y la oscuridad.
Entonces el Unicornio volverá con más fuerza, sembrando en nuestra mente sueños de una edad más brillante.Todos estaremos ansiosos por verle en su forma verdadera".



Tierra adentro ... ¿Tierra hueca?





Tierra adentro

Pablo Capanna

Entre los fabulosos proyectos a los cuales la última crisis financiera pudo haber puesto fin está esa expedición al Polo Norte que había montado Steve Currey para demostrar que la Tierra es hueca. Sus organizadores creían que es posible acceder a su interior, ya no bajando por un volcán de Islandia, como Julio Verne, sino encontrando un pozo que ubicaban con coordenadas tan precisas como las que hubiera dado Verne.

El líder de la expedición murió inesperadamente cuando ya tenía contratado a un rompehielos nuclear ruso, con el cual se disponía a llevar a cien pasajeros al Polo, a razón de 20 mil dólares por cabeza.

A pesar de que otros se hicieron cargo del proyecto, la crueldad del mercado parece haber frustrado un sueño (o negocio) que despertaba ecos de las novelas de aventuras en espíritus dotados de curiosidad y buena chequera.

Un siglo antes, un capitán norteamericano ya había conseguido el apoyo del presidente norteamericano Adams para financiar una expedición que, saliendo de Siberia, se proponía encontrar el gran pozo polar. Pero no le fue tan bien cuando asumió Jackson, quien le retiró la ayuda oficial, y el proyecto quedó trunco.

Es cierto que en aquellos tiempos todavía nadie había llegado a pisar los polos, mientras que hoy cualquiera puede acceder a las fotos satelitales y salir de dudas. Pero todavía hay mucha gente que está dispuesta a pagar por una ilusión.

El viaje al centro de la Tierra es una de esas fantasías a las que cuesta renunciar. Quizás el escéptico John Sladek tuviera razón cuando imaginaba que en cuanto se estableciera una colonia en Marte, allí tampoco faltaría quien fundara una Sociedad de la Tierra Plana.


Licantropia - El siglo de las luces





- Cap XVI -

EL SIGLO DE LAS LUCES

Primero demonizados y luego perseguidos implacablemente por su supuesta peligrosidad, hacia el siglo XVIII los lobos europeos comienzan a ser cada vez menos. Luego de su desaparición de Inglaterra y Gales, promediando el siglo, también desaparecieron de Irlanda y Escocia. Otro tanto ocurrió con los de Bélgica, Holanda y Dinamarca. En otras regiones –como Italia, Alemania, España y Portugal– su número se iría acotando progresivamente. En Francia –donde, según se vio, los luparii los habían combatido durante varios siglos–, los estragos eran tantos que Francisco I, en 1520, se vio obligado a crear un nuevo cuerpo para combatirlos: los Lieutenants de Louveterie («Tenientes de Lobería»), bajo las órdenes del gran lobero real, secundado por oficiales y sargentos distribuidos en las distintas comarcas del reino, con la responsabilidad de organizar grandes batidas para eliminarlos del país.
Los resultados no fueron los esperados porque, en 1583, Enrique IV tuvo que reforzar las acciones del cuerpo con una ordenanza que obligaba a todos los señores a unirse a la lucha contra los lobos. Estos, luego de las guerras de religión, de las hambrunas y pestes subsiguientes, se daban verdaderos banquetes con los numerosos cadáveres que yacían en los campos. Así, de acuerdo con un fragmento del Annuaire de la Lozère, recogido por Guy Crouzet,

la mayor parte de los llanos de la región sólo está habitada por lobos y por otras bestias salvajes que se encarnizan tanto sobre los cuerpos amontonados de los que murieron de la peste o de hambre que apenas quienes quedaron en las ciudades pueden garantizar su defensa ante la violencia y la ferocidad de esas fieras.

En 1601, cansado de la cuestión, Enrique IV tuvo que volver a subir la apuesta, ofreciendo primas a los matadores de lobos. A partir de entonces el problema comenzó lentamente a orientarse hacia una concreta solución, alentada por sucesivos monarcas, que finalmente se alcanzó según lo demuestran las estadísticas: de acuerdo con la antropóloga francesa Sophie Bobbé, el progresivo éxito del sistema de recompensas fue tal que, «mientras que en el siglo XVIII los lobos ocupaban el 90% del territorio francés, a principios del siglo XIX sólo ocupaban el 50% contra el 10% que ocuparon a fines de ese siglo» . Para las estadísticas, el último lobo francés fue extinguido en 1919.
La disminución del número de lobos, en conjunción con la declinación progresiva de la caza de brujas, debida acaso a un cambio de mentalidad y a las nuevas ideas, hizo que, promediando el siglo XVII, los juicios por licantropía comenzaran a mermar. No así la creencia en los hombres lobo, para entonces bien arraigada en el imaginario popular de las clases bajas y de los campesinos. Basten entonces dos historias para justificar lo dicho.
La primera es bien conocida por todos, aunque no en la versión que sigue. Reproducida por Robert Darnton, a partir de uno de los treinta y cinco relatos similares que recogieron Paul Delarue y Marie-Louise Tenéze en Le Conté populaire français, la historia de «Caperucita Roja» muestra sus ribetes inquietantes:

Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.

–A la casa de mi abuela –le contestó.
–¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
–El camino de las agujas.
El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama.
La niña tocó a la puerta.
–Entra, hijita.
–¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
–Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña comió así lo que se le ofrecía; y mientras lo hacía, un gatito dijo:
–¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!
Después el lobo le dijo:
–Desvístete y métete en la cama conmigo.
–¿Dónde pongo mi delantal?
–Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
¡ Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:
–Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:
–Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
–Para calentarme mejor, hijita.
–Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
–Para poder cargar mejor la leña, hijita.
–Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
–Para rascarme mejor, hijita.
–Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
–Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.

Como se ve, existe un marcado contraste respecto de la versión que popularizó Charles Perrault –un profesional reputado, además de cortesano– en Les Histoires et contes du temps passé avec des moralités, ou contes de ma mère l'Oye (1697), y que luego pasó a Alemania, con grandes modificaciones, introducidas por la exiliada protestante Jeannette Hassenpflug, quien se había visto obligada a emigrar por la persecución religiosa. Esa mujer se instaló cerca de donde vivían los hermanos Grimm y, aparentemente, les transmitió una versión ya doblemente adulterada con un final todavía más feliz que el imaginado por Perrault. Sobre ese texto, más de un siglo después, trabajarían Erich Fromm y Bruno Betteíheim. Pero, para Darnton, ocupado en el estudio de la mentalidad campesina francesa del siglo XVIII,

«Caperucita Roja» tiene esa terrible irracionalidad que parece fuera de lugar en la Edad de la Razón. De hecho, la versión campesina supera en sexo y violencia a la de los psicoanalistas. (Como los hermanos Grimm y Perrault, Fromm y Bettelheim no mencionan el canibalismo que se comete en contra de la abuela ni el strip-tease de la niña antes de ser devorada.) Evidentemente, los campesinos no necesitaban una clave secreta para hablar de tabúes.

Pero, como ya se ha visto anteriormente, sí necesitaban un chivo expiatorio. Así como en los siglos anteriores Francia había responsabilizado a los licántropos de todas las perversiones que la sociedad había prohijado sin poder tolerar, a principios del Siglo de las Luces el culpable perfecto era un lobo con características demasiado humanas.
La otra historia que vale la pena referir fue tan impactante y espectacular que creó sus propias precursoras. Así, al menos, se percibe lo ocurrido entre 1693 y 1694, cuando una supuesta «bestia del bosque de Benais» mató aproximadamente a setenta y dos personas. Hay, no obstante quien sostiene que no se trataba de un único animal, sino de varios; quien habla de dos lobos o linces. Según los pocos documentos que se conservan, esas bestias se acercaban a la gente como si fueran perros falderos para luego saltarle a la garganta. Pero no se sabe mucho más del caso.
En 1712 unos supuestos lobos fueron también acusados de matar a más de cien personas en el bosque de Orléans.
Más tarde, entre 1715 (año de la coronación de Luis XV) y 1718 primero, y entre 1726 y 1730 después, la región de Haute Loire fue asolada por los llamados «lobos de Velay», en la ocasión carroñeros de los muertos por las guerras de religión, la hambruna o la peste.

notas:
131 Según anota Geneviève Carbone, «ese lenguaje de 'modistas' empleado por las sociedades rurales asigna los alfileres a las jovencitas en edad de casarse y las agujas, a las mujeres ya casadas» (Lapeur du loup, París, Découvertes Gallimard, Gallimard, 1991). La elección de la niña por el camino de las agujas se relacionaría entonces con el destino que la espera, cuando se meta en la cama con el lobo.
132 Darnton, Robert; «Los campesinos cuentan cuentos: el significado de Mamá Oca", en La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa (traducción de Carlos Valdés), México, Fondo de Cultura Económica, 1987.


La Leyenda del Murciélago




La Leyenda del Murciélago
(Leyenda tradicional mexicana - Oaxaca)

Cuenta la leyenda que el murciélago una vez fue el ave más bella de la Creación.

El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como mariposa desnuda).

Un día frío subió al cielo y le pidió plumas al creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.

Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.

Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza.

Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las aves.

Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importar las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.

Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.

Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.


La Leyenda Del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda






La Leyenda Del Rey Arturo
y los Caballeros de la Mesa Redonda

"Las Curiosas Leyendas Celtas"
Michael Misther



Cuenta la leyenda que Uther, Rey de lo que se conoce ahora como Gran Bretaña, decidió un día firmar la paz con uno de sus más fieros enemigos: el duque de Cornwall. Para ello invitó al duque y a su señora esposa a su castillo. Cuando Uther conoció a la duquesa Ingraine quedó totalmente enamorado de ella.

Al darse cuenta de esta situación, la duquesa le pide a su marido retirarse inmediatamente del castillo y regresar a casa. El duque de Cornwall se retiró del castillo y reinició la guerra. El amor de Uther por la duquesa era tan grande que se enfermó y buscó la ayuda de Merlin, el mago de la corte.

Éste le dijo que lo único que tenía era "Mal de Amores" y que podía ayudarlo con una condición: el hijo que tuviera con Ingraine se lo entregaría a él (a Merlin), para educarlo y prepararlo para cumplir su destino, que no era otro que ser el más grande Monarca de Inglaterra.

Esta conversación animó a Uther para ir con sus tropas , en busca de su amor. El duque se enteró de sus intenciones y fue a su encuentro. En la lucha Cornwall muere y los mensajeros de Uther convencen a Ingraine para que se convierta en su esposa. Al final, ella accedió y pronto se casaron.

Cuando nació el heredero, fue Merlin a ver a Uther y éste se lo entregó como había prometido. La criatura fue entregada a Sir Héctor, un noble de la corte, quien no tenía conocimiento de la sangre real del niño. El infante fue bautizado con el nombre de Arturo.

Cuando Arturo contaba con dos años su padre, Uther, murió. El reinó entró entonces en una etapa de anarquía casi incontrolable que duró por años. Un buen día Merlin reunido con el arzobispo de Canterbury le dijo a los nobles de la corte que sería Cristo a través de un milagro quien señalaría el sucesor legítimo de Uther. El milagro no se hizo esperar, y en el cementerio próximo a la iglesia apareció un espada encajada en una piedra. En la hoja de la espada estaba inscrito: "quien pueda desencajarme de esta piedra será Rey de toda Bretaña por derecho de nacimiento". Ante este milagro todos los nobles intentaron sacar la espada, sin ningún resultado.

Fue así como se decidió que, despues del torneo tradicional de cada año, los caballeros asistentes podrían probar suerte con la espada milagrosa.

En uno de esos torneos (años después de la muerte de Uther), participaba Sir Héctor y Sir Kay, su hijo.Arturo no participaba porque era todavía un muchacho de 15 años, Cuando se dió comienzo a la competencia, Sir Kay se dió cuenta que no tenía su espada, entonces le pidió a su hermanastro que se la fuera a buscar a su casa.

Arturo fue corriendo a buscarla pero no pudo entrar a su casa, pues estaba cerrada, entonces se recordó de la espada que estaba en el cementerio y fue en su busca. Tomó la espada por su empuñadura y la sacó con total facilidad. Al entregarsela a Sir Kay , éste se dio cuenta al instante que era la espada del cementerio, así que se la enseñó a su padre. Sir Héctor quedó lleno de estupefacción y se llevó a sus hijos hasta el cementerio. Allí le dijo a Arturo que volviera a meter la espada en su sitio, Arturo lo hizo. Luego, le instó a que la sacara nuevamente. Al ver a su hijo adoptivo sacar la espada tan fácilmente se postró de rodillas al igual que Sir Kay. Arturo se asombró de esto y Sir Héctor, con voz emocionada, le explicó que desde ese momento sería el Rey de toda Bretaña.

Fueron entonces donde el arzobispo y le contaron la gran hazaña. El arzobispo reunió a todos los caballeros alrededor de la espada y dejó probar su suerte a cada uno. Dejó para el final a Arturo y éste volvió a sacar fácilmente la espada de la piedra, esta vez delante de un gran número de personas.

Fue así proclamado de manera oficial como Rey de toda Bretaña y la espada se colocó solemnemente en altar mayor de la catedral de Canterbury.

Poco después de su nombramiento, Arturo salió un día a pasear por un bosque cercano al palacio. En un camino solitario vio a unos maleantes que estaban acosando a un pobre anciano, cuando éstos vieron a Arturo acercarse salieron corriendo. El rey no se había dado cuenta que ese viejo indefenso no era otro que el mago de la corte, el gran Merlín. Éste, lejos de agradecerle su llegada, le dijo a Arturo que lo estaba esperando y que le iba salvar la vida. El joven monarca no lo entendió y siguió caminando junto con el mago. Unos minutos después se encontraron con un caballero en la mitad del camino, quien con aire arrogante les dijo:

"nadie pasa por aqui sin antes pelear conmigo".Arturo aceptó el reto y, aunque luchó con fiereza, el caballero era mucho más diestro. Tanto fue así que casi pierde la vida si no es por la ayuda de Merlin quien, gracias a sus poderes mágicos, adormeció al caballero. Después de esto Merlin le explicó que el nombre de ese arrogante caballero era Pellinore y sería el padre de Percival y Lamorak de Gales. Percival sería uno de los que buscarían el Santo Grial.



Arturo no le dió mucha importancia a todo lo que dijo el mago, estaba mas preocupado por su espada, que se había perdido en la pelea. Merlin le aseguró que había una mejor para él. Entonces se fueron a un lago cercano donde, de una manera misteriosa, estaba un brazo erguido que empuñaba una espada. "Ahí está tu espada", dijo Merlin. Arturo no sabía como llegar a la espada y entonces vio a lo lejos una balza con una joven vestida de blanco. "ella es la dama del lago, debes convencerla para que te dé la espada".

La dama se acercó y el Rey le pidó la espada, ella le dijo que se la daría si le concedía un deseo. Arturo aceptó y la dama le dijo:" Toma mi barca y navega hasta donde está el brazo, él te dará la espada. En cuanto a mi deseo, te lo pediré después". Cuando Arturo tomó por fin la espada notó que en la hoja podía leer una inscripción que decía: "Excalibur" , más abajo decía: "Tómame". Y del otro lado de la hoja decía: "Arrójame lejos". Esta espada sería la protagonista de innumerables batallas victoriosas y de grandes hechos eroicos.

El Rey Arturo comenzó sus primeros años de gobierno pacificando al país, y creando un mejor estado de vida. Pronto fue respetado por sus súbditos y temido por sus enemigos. Cuando ya tenía edad para casarse le comentó a Merlin que en una visita que había hecho al reino de Cameliard había visto a la hija del rey y se había quedado prendado de ella. Acto seguido le pidió al mago que reuniera una comisión de representantes del reino británico para ir donde el rey Legradance para pedir la mano de Guenevere, su hija. El rey de Cameliard quedó encantado con la propuesta y además de conceder la mano de la princesa le mandó como regalo una gran mesa redonda que le había regalado Uther. En esta mesa cabían hasta ciento cincuenta caballeros sentados.

Cuando Arturo escuchó las noticias que le traía Merlin, se alegró mucho y mandó a Sir Lancelot (su mejor caballero) a recibir a Guenevere y llevarla a Palacio. Cuando Sir Lancelot vió por primera vez a la futura reina se enamoró perdidamente y ella a su vez le sucedió lo mismo. Pero estaban conscientes de la situación en que estaban y prefirieron no hacer nada al respecto (por el momento).

La mesa se colocó en un gran salón del palacio. Arturo decidió que en ella se sentarían sus mejores caballeros y que para poder sentarse en ella tendrían que hacer un juramento especial de fidelidad al reino de Camelot, a la iglesia y a las más nobles costumbres. Ningún caballero que fuera miembro de esta Orden podría hacer actos ilegales, deshonestos y mucho menos criminales.

Cuando se reunieron por primera vez ante la mesa y se disponían a sentarse un gran relámpago seguido por un fuerte trueno los sorprendió a todos. Merlin, que estaba en el salón de la mesa redonda, dijo en tono muy solemne: "Caballeros es el momento para que cada uno le rinda homenaje al rey". Uno a uno fue pasando al frente de Arturo haciéndole una reverencia como acto de sumisión, fidelidad y respeto. A medida que iban pasando, el nombre de cada caballero aparecía grabado en oro en una de las sillas. Una vez sentado en sus respectivos puestos, se dieron cuenta que sobraban tres. Pronto Merlin les explicó:

"Dos de estos tres puestos serán para los dos mejores caballeros de cada año, y la otra silla será sólo para el hombre más digno del mundo. Si alguien no reúne méritos para sentarse en esta silla y osa sentarse, morirá en el acto". Fue así, que en lo sucesivo varios caballeros se turnaron el derecho de sentarse en los dos puestos de honor, pero ninguno se atrevía a sentarse en el puesto prohibido. Ni siquiera Lancelot, que era el considerado más valiente y digno de todos los caballeros, osaba con pensar siquiera en la posibilidad de sentarse ahí.

Años después se presentó al palacio un gran sabio. Arturo lo hizo pasar. El anciano al ver el puesto vacante llamado: "el puesto peligroso", dijo: "El espíritu de Merlín me visitó y me dijo que en ese asiento se habrá de sentar el caballero más digno y más puro del reino, aquel que conseguirá traer el Santo Grial. Este caballero aún no ha nacido". Todos los que estaban reunidos se sorprendieron por la revelación y Arturo se sorprendió más por cuanto ni siquiera sabía de la muerte del mago.

El Santo Grial era el cáliz donde José de Arimatea había depositado la sangre de Jesucristo. Se suponía que tenía propiedades mágicas y que el ser que lograra verlo podía ser testigo de una experiencia trascendental, espiritualmente hablando. Sucedió que un buen día (veinte años de haberse formado la Orden de la mesa redonda) se presentó al palacio Elaine, hija del Caballero Pelle, con el hijo que le había dado a Lancelot.

Al presentarse el niño en el salón, la silla prohibida fue objeto de un milagro: en el espaldar apareció grabado en letras de oro "Este asiento ha de ser Ocupado". Sir Lancelot vio este mensaje y supo que Galahad, su hijo, era el mejor prospecto para sentarse en esa silla. Tiempo después, Galahad le pidió a su padre el permiso para formar parte de la Orden, Lancelot se lo concedió. Cuando Sir Galahad cumplió los 15 años entró al salón de la gran mesa acompañado de un anciano. El anciano le apuntó el asiento prohibido y todos los caballeros observaron como se formó magicamente el nombre de Galahad en el espaldar de la silla. Sir Galahad tomó asiento en la silla prohibida y todos quedaron maravillados y le rindieron honores al digno caballero. Ese mismo día, más temprano, había aparecido en un lago una piedra con una espada clavada en ella. El rey Arturo instó a Lancelot y a Gawain para que intentaran sacar la espada, pero fue Sir Galahad quien la pudo sacar sin la menor dificultad. Esta espada había pertenecido a un gran caballero llamado Balin.



Ese día comenzaban los torneos tradicionales, en los cuales Galahad demostró sus grandes habilidades guerreras y su valentía. Cuando acabaron esos días de torneo, todos los caballeros se reencontraron en la mesa redonda. Comenzaron a discutir de las cosas cotidianas del reino y cuando ya estaba avanzada la conversación fueron interrumpidos por un fuerte trueno en el medio del salón y seguidamente un gran rayo atravesó el centro de la mesa. Todos se quedaron estupefactos al ver en frente de ellos bajar a traves del rayo el Santo Grial. Éste iba cubierto de una fina tela de oro.

Una vez terminada la aparición, Sir Gawaine se levantó y con una voz sumamente emocionada dijo: "Nos ha sido negada la visión del Santo Grial y yo anuncio que mañana saldré en su búsqueda y no regresaré a Camelot hasta que lo haya visto". Este anunio contagió a todos. Uno a uno se fueron levantando y haciendo el mismo juramento.

El rey Arturo estaba consternado . Con lágrimas en los ojos le dijo a su querido sobrino que con su decisión había destinado a la Orden a su pronta disolución. Todos los caballeros se dispersarían por el mundo, y muy pocos regeresarían con vida. La misma reina y Lancelot estaban tristes y sabían que la Orden de los Caballeros de la Mesa Redonda empezaba a disolverse para siempre.

Muchas fueron las aventuras de todos los caballeros que fueron en busca del Santo Grial, pero fueron tres los caballeros que más se destacaron por sus logros. Éstos eran: Sir Galahad, Sir Percival y Sir Bors. Ellos se encontraron casualmente en un cruce de caminos en un bosque cercano al castillo del rey Pelles, Guardián de las santas reliquias. Fueron allí para cenar y pasar la noche. Durante la cena ocurrió una aparición del Grial con unos ángeles alrededor de él y un anciano con un letrero en la frente que decía José. Este anciano dió la comunión a los presentes, luego se dirigió a Sir Galahad y le dijo: "Ya has visto lo que tanto anhelabas, pero cuando vayas a la ciudad de Sarras lo verás mucho mejor. Irán los tres hacia esa ciudad llevando consigo el Grial y esta lanza que contiene la sangre de Jesucristo. Sólo unos de Uds. regresará a Camelot".

Se fueron los tres juntos y tomaron una barca que los estaba esperando. Cuando llegaron a Sarras, el rey de esa ciudad se sintió temeroso por la visita de estos nobles caballeros y pensó que podrían buscar problemas. Resolvió detenerlos y mandarlos a una oscura mazmorra. Los tres caballeros pasaron un año encerrados. Durante este tiempo el Santo Grial los dotó de alimentos y bebidas. Cuando el rey de Sarras murió, el pueblo liberó a los caballeros y nombraron a Galahad como nuevo soberano. Sir Galahad gobernó por un año, durante el cual mandó hacer un gran altar donde colocar al Grial y a la lanza. Después de este lapso de tiempo ocurrió un aparición frente a este altar.

Delante del Santo Grial estaba un obispo anciano arrodillado rezando . Todos los presentes: nobles, sacerdotes y los caballeros, se hincaron y el obispo celebró misa con ellos. Luego se dirigió a Sir Galahad y dijo: "Ven, acércate y verás lo que tanto anhelaste". Sir Galahad se acercó, titubeó unos segundos y se volteó hacia sus amigos.

Con un gesto se despidió de ellos. En su rostro se veía reflejada la satisfacción de lograr el más grande sueño que se pueda tener.Después se arrodilló junto al obispo y cayó muerto al suelo. Su alma subió con un grupo de querubines y las reliquias desaparecieron para siempre.

Sir Percival y Sir Bors enterraron a Sir Galahad. Percival se dedicó desde entonces a una vida ermitaña y moriría después de un año. Fue Sir Bors quien regresó a Camelot y le contó al rey Arturo y a la reina cuanto había acontecido. El rey comprendió que al haberse acabado la búsqueda del Grial, ya no le quedaba mucho tiempo de vida a su reino.



El gobierno del rey Arturo entró pronto en franca decadencia. Ya la Orden no era tan gloriosa como antes. Las intrigas dentro de la corte comenzaban a desestabilizar la paz del reino. Una de estas intrigas ocasionó un hecho triste y que luego desencadenaría la guerra civil.

Sir Mordrer y Agravine tramaron una trampa a Sir Lancelot y la reina. Estos caballeros tenían desde hacía un buen tiempo deseos de adueñarse del poder y destronar o provocar la caida de Arturo. Encerraron pues a Lancelot y a la reina en un cuarto y luego exigieron a grandes voces y acompañados de un cuerpo de caballeros que salieran. Todo esto con la intención de demostrarle al rey de las relaciones adúlteras de la reina con su más querido caballero. Sir Lancelot abrió la puerta y dejó entrar a uno de los caballeros y la cerró rápidamente. Mató al caballero y luego volvió hacer lo mismo repetidas veces hasta que mató a trece caballeros. Entre ellos estaba Agravine. Entonces Mordred le informó a Arturo que había que apresar a Lancelot por traicionar al reino, pues estaba claro sus intenciones de destronarlo y quedarse con la reina. El destino de la reina seria la hoguera, pues era una pecadora. Los caballeros tomaron diferentes partidos. Algunos defendieron a Lancelot, otros seguían al lado de Arturo. El rey estaba confundido, no podía frenar la cruenta lucha. No quería creer lo de la traición de Guenevere, pero la matanza que había realizado Lancelot no le parecía justa. Sir Lancelot quería acabar con la lucha, pero tenía que detener a la gente de Mordred que intentaba quemar en la hoguera a Guenevere. Salvó a la reina, pero en la lucha tuvo que enfrentar a Sir Gareth y a Sir Gaheris, hermanos de Gawain, y les dió muerte.

En uno de los momentos de gran combate el rey cayó al suelo y Sir Bors que apoyaba a Sir Lancelot le dijo a éste: "Señor, si quiere lo mato y acabamos con esta lucha". Sir Lancelot le dijo inmediatamente que no y ayudó al rey a subirse al caballo. Este episodio le dolió mucho, tanto a él como al rey. Lancelot le confió a Arturo la suerte de la reina, éste le prometió que sería respetada su vida.

Al final decidió irse al exilio hacia Francia. Sir Gawain juró perseguir al asesino de sus hermanos hasta matarlo. Se hizo acompañar del mismísimo Arturo para lograr su venganza, pero no podría satisfacer sus deseos, pues Lancelot lo derrotó en un fuerte duelo donde casi pierde la vida. Mientras todo esto sucedía, Mordred había informado oficialmente a todo el reino de la muerte del rey Arturo y se autoproclamó como su sucesor.

El rey Arturo partió entonces junto con Gawain y un gran ejército para recuperar el poder. En la primera batalla contra las fuerzas de Mordred, Sir Gawain cayó mortalmente herido. Sus últimas palabras fueron de arrepentimiento por no haberse dado cuenta a tiempo de la alta traición de Mordred y se confesó culpable de haber alejado al rey Arturo de Camelot para saciar su venganza. Escribió una carta corta a Lancelot donde le rogaba que regresara a Inglaterra y ayudara al rey a derrotar a los traidores. Luego de esto, murió.

La noche anterior a la última batalla contra Mordred, Arturo tuvo un sueño donde Gawain le decía que debía esperar a Lancelot para enfrentar a las fuerzas del traidor. Si no hacía esto, moriría junto a Mordred. El rey decidió entonces llegar a un acuerdo de paz con Mordred, para darle tiempo a que llegara Sir Lancelot. Mordred aceptó y se citaron un día para hacer oficial la firma del tratado de paz. En esta cita se hicieron acompañar los dos líderes de todo su ejército. El clima era tenso y un mal movimiento podía desencadenar la lucha. Fue la providencia la que ocasionó la desgracia: una serpiente mordió la pata de un caballo y el jinete sacó su espada para matarla. Esto fue entendido por el ejército contrario como una señal de guerra y se lanzaron todos ferozmente a la batalla. La mortandad fue increíble. Perdieron la vidamás de cien mil soldados. De las tropas de Arturo solo sobrevivió Sir Bevidere. Mordred quedó solo. El rey vio ante sí a su enemigo y dijo: "Ven vida, ven muerte!". Y se lanzó, con Excalibur en la diestra, a matar a Mordred. Éste murió instantáneamente, pero Arturo cayó encima de la espada de su adversario y quedó a su vez muy mal herido.

Arturo quedó tirado en el suelo y recordó el mensaje que tenía escrito su espada en un lado: "Arrójame lejos". Entonces llamó con voz débil a Sir Bevidere y le dijo: "lleva mi espada cerca del agua y arrójala lejos. Sir Bevidere tomó la espada pero no quiso deshacerse de ella y la escondió y le contó a Arturo que ya lo había hecho. El rey le preguntó que qué había pasado cuando la lanzó y Bevidere respondió que solo había visto a la espada entrar en el agua. Arturo lo reprendió y le dijo que era un mentiroso y le exigió que cumpliera su petición. Bevidere trató de engañar nuevamente al rey pero éste se enfadó lo suficiente como para convencerlo de que debía hacerlo. Al lanzar la espada al agua salió de su centro un misteriosso brazo desnudo el cual tomó la espada y se hundió con ella. El caballero quedó profundamente sorprendido y asustado por el fenómeno que acababa de ver. Al contárselo a Arturo, éste sintió alivio y dijo: "ahora, llévame a mi cerca del agua".



Cuando llegaron a la orilla del lago, una balsa estaba esperandolos. En la balsa estaban tres reinas vestidas de luto, con sus rostros tapados por un velo negro. Sir Bevidere colocó a su rey en la balsa y con lágrimas enlos ojos se despidió de él. La balsa surcó las aguas y desapareció de la vista. Nunca se supo el destino del cuerpo de Arturo y mucho menos la identidad de las reinas que lo acompañaban en la balsa.

Días después,Sir Bevidere se encontró con una capilla, en la cual habían enterrado a un señor que habían traído tres misteriosas damas vestidas de negro. El noble caballero supuso que ese era el cuerpo de Arturo y decidió construir una capilla cerca y dedicarse a una vida ermitaña. Mientras todo eso había sucedido, Sir Lancelot se encaminaba a apoyar las fuerzas de Arturo. Pronto se encontró con la tumba de Gawain y se enteró de la muerte del rey. Se dirigió entonces hacia la capilla de Sir Bevidere donde se dedicaría hasta el fin de sus días a la vida ermitaña. Cuando murió la reina, poco después que su esposo, se trasladó su cuerpo a la capilla donde se suponía yacía el cadáver del rey Arturo.

El reino de Arturo había llegado a su fin. La anarquía reinaría un buen tiempo. La corte del rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda se convertirían en leyenda y nunca más volverían a coincidir hombres tan dignos con ideales tan puros en un mismo lugar y en una misma época



 
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