El sueño…
el sueño es el hermano de la muerte.
Así que túmbate bajo este esqueleto en la frialdad de la tumba.
Permite que el abrazo de sus muertos brazos
te mantenga totalmente a salvo y dormido.
Enterrado en un sueño…
silenciosamente….
Para siempre bajo tierra




La Enamorada - Alejandra Pizarnik



La Enamorada

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

Alejandra Pizarnik (La última inocencia, 1956)

Solo la muerte - Pablo Neruda



Sólo la muerte

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.
Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

Pablo Neruda

¿Por qué será? - Mario Benedetti



¿Por qué será?

¿Por qué será que uno fabrica sus recuerdos
y luego los olvida?
¿por qué será que uno procede de algún dios
para volverse ateo?
¿por qué será que la luna tiene
una barriga blanca?
¿por qué será que cuando abro el ropero
las mangas me saludan?
¿y que tu boca dice ternuras
tan sólo cuando calla?
¿por qué será que un cuerpo virgen
tiene pezones de burdel?
¿por qué será que si decido
morir nadie me cree?
¿por qué será que los pájaros cantan
después de los entierros memorables?
¿por qué será que si beso tu beso
me siento renovado?
¿por qué será que me haces tanta falta?

Mario Benedetti

imágen:Carpani- Los Amantes


Nemesis - H.P. Lovecraft





Nemesis


A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
Cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
He visto bostezar al oscuro universo,
Donde los negros planetas giran sin objeto,
Donde los negros planetas giran en un sordo horror,
Sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.

He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
Que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
Que resuenan con histéricos alaridos,
Con gemidos de demonios invisibles
Que surgen de las aguas verdosas.

Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
De la inmemorial espesura originaria,
Donde los robles sienten la presencia que avanza
Y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
Y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
Entre las ramas que se extienden en lo alto.

He deambulado por montañas horadadas de cavernas
Que surgen estériles y desoladas en la llanura,
He bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
Que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
Y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
Que me guardaré de no volver a ver.

He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
He hollado sus estancias deshabitadas,
Donde la luna se eleva por encima de los valles
E ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
Extrañas figuras entretejidas de forma incongruente
Que no soporto recordar.

Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
Las macilentas praderas del entorno,
El pueblo de múltiples tejados abatido
Por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
Y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
Ansiosamente la erupción de un sonido.

He frecuentado las tumbas de los siglos,
En brazos del miedo he sido transportado
Allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
Donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
Y en reinos donde el sol del desierto consume
Aquello que jamás volverá a animarse.

Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
Yo era viejo en aquellas épocas incalculables,
Cuando yo, sólo yo, era astuto;
Y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
En la gloria de la lejana isla del Ártico.

Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
Y grande es la duración de su condena;
La piedad del cielo no puede reconfortarle,
Ni encontrar reposo en la tumba:
Los eones infinitos se precipitan batiendo las alas
De las despiadadas tinieblas.

A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
Más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
He vivido mis vidas sin número,
He sondeado todas las cosas con mi mirada;
Y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
Arrastrado con horror a la locura.

H.P. Lovecraft


Ernesto "Che" Guevara





14 de junio de 1928 - 14 de junio de 2011


Consternados, rabiosos
Vámonos,
derrotando afrentas.

ERNESTO "CHE" GUEVARA

Así estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles

da verguenza mirar
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca
nunca estuvo
con la cinta tan pálida

vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart

da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido

eres nuestra conciencia acribillada

dicen que te quemaron
con qué fuego
van a quemar las buenas
las buenas nuevas
la irascible ternura
que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro

dicen que incineraron
toda tu vocación
menos un dedo

basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos

así estamos
consternados
rabiosos
claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos irá pasando
la rabia quedará
se hará mas limpia

estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella

donde estés
si es que estás
si estás llegando

aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones

donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios

pero habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.

Mario Benedetti






Lo han cubierto de afiches /de pancartas
de voces en los muros
de agravios retroactivos
de honores a destiempo
lo han transformado en pieza de consumo
en memoria trivial
en ayer sin retorno
en rabia embalsamada

han decidido usarlo como epílogo
como última thule de la inocencia vana
como añejo arquetipo de santo o satanás
y quizás han resuelto que la única forma
de desprenderse de él
o dejarlo al garete
es vaciarlo de lumbre
convertirlo en un héroe
de mármol o de yeso
y por lo tanto inmóvil
o mejor como mito
o silueta o fantasma
del pasado pisado

sin embargo los ojos incerrables del che
miran como si no pudieran no mirar
asombrados tal vez de que el mando no entienda
que treinta años después sigue bregando
dulce y tenaz por la dicha del hombre.

Mario Benedetti

Cementerio en la nieve - Xavier Villaurrutia



Cementerio en la nieve


A nada puede compararse un cementerio en la nieve.
¿Qué nombre dar a la blancura sobre lo blanco?
El cielo ha dejado caer insensibles piedras de nieve
sobre las tumbas,
y ya no queda sino la nieve sobre la nieve
como la mano sobre sí misma eternamente posada.

Los pájaros prefieren atravesar el cielo,
herir los invisibles corredores del aire
para dejar sola la nieve,
que es como dejarla intacta,
que es como dejarla nieve.

Porque no vasta decir que un cementerio en la nieve
es como un sueño sin sueños
ni como unos ojos en blanco.

Si algo tiene de un cuerpo insensible y dormido,
de la caída de un silencio sobre otro
y de la blanca persistencia del olvido,
¡a nada puede compararse un cementerio en la nieve!

Porque la nieve es sobre todo silenciosa,
más silenciosa aún sobre las losas exagües:
labios que ya no pueden decir una palabra.


Xavier Villaurrutia
"Nostalgia de la muerte" (1938)

Tras las rejas de la espera - François Ayel Sampellegrini



Tras las rejas de la espera

Guadañas de dolor
habían arrasado cual campo
oscuro, murió de llantos.

Dinteles de frio mármol
con ángeles amarrados
de lágrimas con pavor.

Moribundas rejas insensibles
encerraban almas amortizadas,
blindadas de estupor
cual crucificaba mi alma.

Agoniza la luz de las velas
llorando por frías penas,
mas el viento las congela
de agonía sin metas.

El cólera se amarra
sobre apedreadas estatuas.

La ira sofoca la oscura
e insignificante escuadra.

Mas en el interior cae la sangre
despertando una profunda dama,
oscura, perfecta divinidad
de espaciada calma.

Sanguinaria, que con su sonrisa,
destruye las almas.

Gimen los santos esculpidos
con la sangre de los marcados,
arrastrados con su nombre,
crucificados con sus pecados;

Abrazan los pies de la dama
con sus cuerpos exhumados.

Lloran desde su entraña,
que bendita y pura
esta su oscura alma cristalizada.

Mas no hay llanto comparable
ni rotura incierta
de la blindada puerta,
que, comparable con la muerte,
envenene hasta las mañanas.

Pero os puedo decir
que mi alma seguirá encerrada,
hasta que de sus labios muera
y la sangre beba de mis entrañas.


François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

Un proceso en el clima del corazón - Dylan Thomas



Un proceso en el clima del corazón

Un proceso en el clima del corazón
vuelve lo húmedo seco; la bala de oro
estalla en la tumba helada.
Un proceso en el barrio de las venas
vuelve la noche día; y al vivo gusano da luz
la sangre en sus soles.

Un proceso en el ojo avisa a tiempo a los
huesos
de la ceguera; y el útero atrae una muerte
hacia adentro
mientras escapa hacia afuera la vida.

Una sombra en el clima del ojo
es la mitad de su luz, el mar sondeado
rompe en tierra no atrapada por anzuelos.
La semilla que del lomo hace un bosque
corta la mitad de su fruto; y una mitad cae
lentamente
en un sueño dormido.

Un clima en la carne y el hueso
es húmedo y seco; delante del ojo
los vivos y los muertos van como fantasmas.

Un proceso en el clima del mundo
vuelve espectro al espectro; y cada niño en su
madre
está en una doble sombra.
Un proceso impulsa a la luna dentro del sol,
baja las cortinas raídas de la piel;
y el corazón cede sus muertos.

Dylan Thomas


No es que muera de amor, muero de ti....- Jaime Sabines



No es que muera de amor, muero de ti....


No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.


Jaime Sabines


Y la muerte no tendrá dominio - Dylan Thomas



Y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Los muertos desnudos serán uno
con el hombre en el viento y la luna del oeste;
cuando sus huesos queden limpios y los huesos limpios se consuman,
en codo y pie tendrán estrellas;
aunque estén locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar volverán a levantarse,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor,
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Los que yacen hace tiempo en los recodos bajo el mar
no morirán allí enredados;
retorcidos en el potro cuando sus fibras cedan,
atados a una rueda de tortura, aún así no serán despedazados;
la fe, en sus manos, se partirá en dos
y los males unicornes les pasarán de largo;
Cuando todos los cabos estén rotos, ellos no crujirán;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
No pueden gritar más en sus oídos las gaviotas
o romper ruidosamente las olas en la playa;
donde surgió una flor, otra no podrá
levantar su cabeza a los golpes de la lluvia;
aunque estos personajes estén locos y muertos como clavos,
irrumpirán al sol hasta que el sol se hunda,
y la muerte no tendrá dominio.

Dylan Thomas


Sombras - Sergio Borao Llop



Sombras

¿No veis, de vez en cuando, alguna sombra que cruza?
Sombras, sí, sombras que deambulan a nuestro
alrededor; sombras sin nadie que acaso sólo tratan de
atraer nuestra atención para evadirse siquiera un
instante a su funesta condición de espectros dolientes, o
esas otras, violadas por los dioses de la decepción, que
intentan rozarnos en su ciego tránsito para arrastrarnos
a ese mundo suyo de irrealidades, o de realidades
intangibles que nunca seríamos capaces de comprender.
Pero en todo caso, sombras que habitan entre nosotros
sin develar su naturaleza, su nombre, su cifra; sombras
que nos conocen y escuchan los latidos de nuestros
corazones, que en las noches insomnes se acurrucan en
los rincones; sombras que sólo toman cuerpo entre los
pliegues del sueño o en los incomprensibles recovecos
del tiempo... Sombras que acaso sólo estén mirándose
en el espejo de nuestra inconsistencia, sombras como
nosotros, fugaces sombras que apenas existimos...


Sergio Borao Llop

El Gusano Conquistador - Edgar Allan Poe



El Gusano Conquistador

¡Mirad! ¡Es noche de fiesta
dentro de estos últimos años desolados!
Una muchedumbre de ángeles alados, ataviados
con velos, y anegados en lágrimas,
está sentada en un teatro, para ver
una comedia de esperanzas y temores,
mientras la orquesta a intervalos suspira
la música de las esferas.

Los mimos, hechos a imagen del dios de las alturas,
musitan y rezongan por lo bajo,
y corren de acá para allá –
Puros muñecos que van y vienen
al mando de vastos, informes seres
que cambian las decoraciones de un lado a otro
sacudiendo de sus alas de cóndor
el invisible infortunio.

¡Oh, que abigarrado drama! - ¡Ah, estad ciertos
de que no será olvidado!
Con su fantasma perseguido, sin cesar, cada vez más,
por una muchedumbre que no puede pillarlo,
cruzando un círculo que gira siempre
en un mismo sitio.
Y mucho de locura y más de pecado
y horror son alma del argumento.

Pero mirad: entre la música barahúnda
una forma reptante se introduce,
un ser rojo de sangre que viene retorciéndose
de la soledad escénica.
¡Se retuerce! - ¡Se retuerce! – con mortales angustias,
los mimos se toman su pasto,
y los serafines sollozan ante los colmillos de aquella sabandija
empapados en sangraza humana.

¡Desaparecen – desaparecen las luces – desaparecen todas!
Y sobre todas aquellas formas tremulantes
el telón, paño mortuorio,
baja con el ímpetu de una tempestad.
Y los ángeles, todos pálidos, macilentos,
se levantan, se quitan los velos, y afirman
que aquella obra es la tragedia del hombre
y su protagonista el Gusano conquistador.

Edgar Allan Poe

Nocturno miedo - Xavier Villaurrutia



Nocturno miedo

Todo en la noche vive una duda secreta:
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.
Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos
nada podermos contra la secreta ansiedad.

Y no basta cerrar los ojos en la sombra
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar,
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.

Entonces, con el paso de un dormido despierto,
sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.
La noche vierte sobre nosotros su misterio,
y algo nos dice que morir es despertar.

¿Y quién entre las sombras de una calle desierta,
en el muro, lívido espejo de soledad,
no se ha visto pasar o venir a su encuentro
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar,
y la angustia de verse fuera de si, viviendo,
y la duda de ser o no ser realidad.


Xavier Villaurrutia
"Nostalgia de la muerte" (1938)

Soy...



Soy...

Soy el de la flor y la hoguera
el que espera en silencio la noche,
insecto que abre tu pecho.
soy el líquido trasparente
que cae de tus ojos,
soy la nada en el firmamento,
soy la mano que toma
el cuchillo,
soy la madre que alimenta a su hijo,
soy leche agria
soy rojo
soy gris
soy lluvia en el pavimento
soy charco
soy fango.

Soy el que corta tus venas
y rasga tus sueños,
soy la brisa fría y el sudor entre tus piernas,
soy enero aunque podría ser diciembre
soy el látigo que acaricia tu espalda
soy la sal en tu carne viva
soy el aire que perfora tus pulmones
soy el perro que lame tus heridas
soy la nada mirándose al espejo
soy insecto ,
un sueño,
un invento,
soy el que llama a la puerta
el que escucha el llanto,
soy el niño que observa
un muro en blanco
en el sanatorio.

Soy la bofetada en tu rostro
el escupitajo en tu cara
el vidrio en tu carne
el clavo en tu palma,
soy ardor, ardor, el dolor
tu dolor, lo que quieres sangrar,
soy el que lame tu sudor
el que huele tu sexo
soy la lengua que profana
tu cuerpo,
el orgasmo en tus labios
soy placer, tu placer, soy sudor
tu sudor, lo que quieres, morir.

Soy el cadáver en el cuarto
el feto muerto en tu vientre,
lo que se pudre
el que no respira,
soy angustia, las ganas de suicidarte
soy la cuerda que ata tus manos
soy el fármaco en tu estomago
el ácido en tu lengua
soy la soga en tu cuello
el filo que corta tu piel
soy la sangre en tus manos.

Soy el excremento en tus zapatos
el indigente que estira la mano,
soy el borracho vomitado en la esquina
soy lo que odias, lo que desprecias
lo que aborreces,
soy tu padre
tu sacerdote
soy el grito de tu madre,
el golpe en la mesa
soy la frustración ahogada
en tu almohada,
soy la lagrima
el antidepresivo,
soy el gusano mutilado
que se pierde
en tu laberinto
emocional,
soy la risa siniestra
que se dibuja en tus
labios al verlos morir.

(anónimo)

De la mujer al hombre - Gioconda Belli



De la mujer al hombre

Dios te hizo hombre para mi.
Te admiro desde lo mas profundo
de mi subconsciente,
con una admiracion extraña y desbordada.
Que tiene un dobladillo de ternura.
Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dandole una nueva geografia de palabras.
Mi mente esta cavada para recibirte
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mias;
te siento, mi compañero, hermoso
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiendonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.


Gioconda Belli

La Danza de la Luna y la Muerte - François Ayel Sampellegrini



La Danza de la Luna y la Muerte

Miraba a la luna.
Sus cráteres sangraban
rayos rojos que se reflejaban en mis ojos.
Lloraba, agonizaba la luz de las velas,
pequeñas estrellas,
pequeñas danzantes en oscuridad perpetua.
Me miraban.
La muerte envolvía a la luna
con su oscura tela,
apretándola, marchitando sus penas.
La luz sofocaba su propia existencia.
Exangüe decaía.
Melancolía, ella despertaba melancolía.
Era ver a una rosa sin pétalos marchitar.
Esparcía sus lágrimas en viejas barcas
que en penas nadaban,
solitarias, solitarias viajaban.
Los cometas en su cintura giraban con sus dagas.
Mi alma separaba.
La luna se desvanecía,
sin pronunciar palabras,
sin defenderse de aquellas melancólicas dagas.
La oscuridad la exterminaba;
el oficio de vivir la expulsaba.
Melancólica sangre lloraba;
mientras mi piel
con sabanas blancas se disfrazaba.
Frías mis manos se despedían de mi alma.

François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

El ausente - Alejandra Pizarnik



El ausente


I

La sangre quiere sentarse
Le han robado su razón de amor.
Ausencia desnuda.
Me deliro, me desplumo.
¿Qué diría el mundo si Dios
lo hubiera abandonado así?

II

Sin ti
el sol cae como un muerto abandonado

Sin ti
me tomo en mis brazos
me llevo a la vida
a mendigar fervor.


Alejandra Pizarnik


Loa a la Duda - Bertolt Brecht



Loa a la Duda

Loada sea la duda! Os aconsejo que saludéis
serenamente y con respeto
a aquel que pesa vuestra palabra como una moneda falsa.
Quisiera que fueseis avisados y no dierais
vuestra palabra demasiado confiadamente.

Leed la historia. Ved
a ejércitos invencibles en fuga enloquecida.
Por todas partes
se derrumban fortalezas indestructibles,
y de aquella Armada innumerable al zarpar
podían contarse
las naves que volvieron.

Así fue como un hombre ascendió un día a la cima inaccesible,
y un barco logró llegar
al confín del mar infinito.
¡Oh hermoso gesto de sacudir la cabeza
ante la indiscutible verdad!
¡Oh valeroso médico que cura
al enfermo ya desahuciado!

Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores.

¡Cuánto esfuerzo hasta alcanzar el principio!
¡Cuántas víctimas costó!
¡Qué difícil fue ver
que aquello era así y no de otra forma!
Suspirando de alivio, un hombre lo escribió un día en el
libro del saber.

Quizá siga escrito en él mucho tiempo y generación tras
generación
de él se alimenten juzgándolo eterna verdad.
Quizá los sabios desprecien a quien no lo conozca.
Pero puede ocurrir que surja una sospecha, que nuevas
experiencias
hagan conmoverse al principio. Que la duda se despierte.

Y que, otro día, un hombre, gravemente,
tache el principio del libro del saber.
Instruido
por impacientes maestros, el pobre oye
que es éste el mejor de los mundos, y que la gotera
del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona.
Verdaderamente, le es difícil
dudar de este mundo.
Bañado en sudor, se curva el hombre construyendo la casa
en que no ha de vivir.

Pero también suda a mares el hombre que construye su
propia casa.
Son los irreflexivos los que nunca dudan.
Su digestión es espléndida, su juicio infalible.
No creen en los hechos, sólo creen en sí mismos. Si llega el
caso,
son los hechos los que tienen que creer en ellos. Tienen
ilimitada paciencia consigo mismos. Los argumentos
los escuchan con oídos de espía.

Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
están los reflexivos, que nunca actúan.
No dudan para llegar a la decisión, sino

para eludir la decisión. Las cabezas
sólo las utilizan para sacudirlas. Con aire grave
advierten contra el agua a los pasajeros de naves
hundiéndose.

Bajo el hacha del asesino,
se preguntan si acaso el asesino no es un hombre también.
Tras observar, refunfuñando,
que el asunto no está del todo claro, se van a la cama.
Su actividad consiste en vacilar.
Su frase favorita es: «No está listo para sentencia.»
Por eso, si alabáis la duda,
no alabéis, naturalmente,
la duda que es desesperación.

¿De qué le sirve poder dudar
a quien no puede decidirse?
Puede actuar equivocadamente
quien se contente con razones demasiado escasas,
pero quedará inactivo ante el peligro
quien necesite demasiadas.
Tú, que eres un dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto, a los dirigidos
dudar.

Bertolt Brecht
dibujo: Miguel Ruibal


Historia de Vampiros - Mario Benedetti


Historia de Vampiros

Era un vampiro que sorbía agua
por las noches y por las madrugadas
al mediodía y en la cena

era abstemio de sangre
y por eso el bochorno
de los otros vampiros
y de las vampiresas

contra viento y marea se propuso
fundar una bandada
de vampiros anónimos

hizo camana bajo la menguante
bajo la llena y la creciente
sus modestas pancartas proclamaban
vampiros beban agua
la sangre trae cáncer

es claro lo quirópteros
reunidos en su ágora de sombras
opinaron que eso era inaudito

aquel loco aquel alucinado
podía convencer a los vampiros flojos
esos que liban boldo tras la sangre

de modo que una noche
con nubes de tormenta
cinco vampiros fuertes
sedientos de hematíes plaquetas leucocitos
rodearon al chiflado al insurrecto
y acabaron con el y su imprudencia

cuando por fin la luna
pudo asomarse vio allá abajo
el pobre cuerpo del vampiro anónimo
con cinco heridas que manaban
formando un gran charco de agua

lo que no pudo ver la luna
fue que los cinco ejecutores
se refugiaban en un árbol
y a su pesar reconocían
que aquello no sabía mal

desde esa noche que fue histórica
ni los vampiros ni las vampiresas
chupan mas sangre resolvieron
por unanimidad pasarse al agua

como suele ocurrir en estos casos
el singular vampiro anónimo
es venerado como un mártir

Mario Benedetti


Todo - Charles Bukowsky



Todo

Los muertos no necesitan aspirina o tristeza supongo.
pero quizas necesitan lluvia.
zapatos no pero un lugar donde caminar.
cigarrillos no, nos dicen, pero un lugar donde arder.
O nos dicen:
Espacio y un lugar para volar, da igual.
los muertos no me necesitan. ni los vivos.
pero quizas los muertos se necesitan unos a otros.
En realidad, quizas necesitan todo lo que nosotros necesitamos
y necesitamos tanto Si solo supieramos qué es.
Probablemente es todo y probablemente
todos nosotros moriremos tratando de conseguirlo
o moriremos porque no lo conseguimos.
Espero que cuando yo este muerto
Comprendais que consegui tanto como pude.

Charles Bukowsky

 
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