El sueño…
el sueño es el hermano de la muerte.
Así que túmbate bajo este esqueleto en la frialdad de la tumba.
Permite que el abrazo de sus muertos brazos
te mantenga totalmente a salvo y dormido.
Enterrado en un sueño…
silenciosamente….
Para siempre bajo tierra




Tras las rejas de la espera - François Ayel Sampellegrini



Tras las rejas de la espera

Guadañas de dolor
habían arrasado cual campo
oscuro, murió de llantos.

Dinteles de frio mármol
con ángeles amarrados
de lágrimas con pavor.

Moribundas rejas insensibles
encerraban almas amortizadas,
blindadas de estupor
cual crucificaba mi alma.

Agoniza la luz de las velas
llorando por frías penas,
mas el viento las congela
de agonía sin metas.

El cólera se amarra
sobre apedreadas estatuas.

La ira sofoca la oscura
e insignificante escuadra.

Mas en el interior cae la sangre
despertando una profunda dama,
oscura, perfecta divinidad
de espaciada calma.

Sanguinaria, que con su sonrisa,
destruye las almas.

Gimen los santos esculpidos
con la sangre de los marcados,
arrastrados con su nombre,
crucificados con sus pecados;

Abrazan los pies de la dama
con sus cuerpos exhumados.

Lloran desde su entraña,
que bendita y pura
esta su oscura alma cristalizada.

Mas no hay llanto comparable
ni rotura incierta
de la blindada puerta,
que, comparable con la muerte,
envenene hasta las mañanas.

Pero os puedo decir
que mi alma seguirá encerrada,
hasta que de sus labios muera
y la sangre beba de mis entrañas.


François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

La Danza de la Luna y la Muerte - François Ayel Sampellegrini



La Danza de la Luna y la Muerte

Miraba a la luna.
Sus cráteres sangraban
rayos rojos que se reflejaban en mis ojos.
Lloraba, agonizaba la luz de las velas,
pequeñas estrellas,
pequeñas danzantes en oscuridad perpetua.
Me miraban.
La muerte envolvía a la luna
con su oscura tela,
apretándola, marchitando sus penas.
La luz sofocaba su propia existencia.
Exangüe decaía.
Melancolía, ella despertaba melancolía.
Era ver a una rosa sin pétalos marchitar.
Esparcía sus lágrimas en viejas barcas
que en penas nadaban,
solitarias, solitarias viajaban.
Los cometas en su cintura giraban con sus dagas.
Mi alma separaba.
La luna se desvanecía,
sin pronunciar palabras,
sin defenderse de aquellas melancólicas dagas.
La oscuridad la exterminaba;
el oficio de vivir la expulsaba.
Melancólica sangre lloraba;
mientras mi piel
con sabanas blancas se disfrazaba.
Frías mis manos se despedían de mi alma.

François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

Open Doors



Open Doors

La carne de aquel templo
se abrió de repente,
dejo desnuda la desolación
aferrada hasta en propio vientre.
Los frenéticos pálpitos en su interior
yacían en aquel solitario corazón,
pero se escuchaban muertos e inertes.

Los solitarios gritos de los lobos
se hacían escuchar entre la sangre,
lloraban en penas, en ansias.
La nostalgia era su mejor arma
seducida por las lágrimas
del fondo de su alma.

Pues ahora se ha metido un vampiro
a beber del jugo de tus entrañas,
ha de habitar entre las paredes
que antes fueron abismo.
Deshacer la soledad y su nido
destruyendo las oscuras ramas.

Ahora la oscuridad, es tan solo oscuridad,
y no objetos formándola.
Ahora la sangre correrá y escuchara
la voz impregnada en la carne de tu templo.
El ansia se termina y se esconde en el día
y tan solo será un vago recuerdo
que antes fue llamada soledad.

François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

Las Calles y Las Penas



Las calles y las penas


Sé que las calles cayeron de la muerte.
Ríos, lagos y precintos de calaveras de este frio.
Las hadas fueron pasajeras
y murieron en lechos, en sigilo.
Mi alma se tiño de vertientes rojas,
cayeron sobre las estrechas rocas
alojándome en el piso.

Tan solo fueron horas de penas
que quedaron tendidas;
el infierno apagado
y los íncubos ahogados en las lápidas.
Pero del suelo se levantaron mis mañanas
reflejadas en tu cara,
y el corazón sacudía la noche
de una luna junto a sus lágrimas.

Distante murieron las calaveras y ahora juegan,
almas que crecen en la tierra
han revivido a esta alma casi muerta.
Quien busca la rosa marchita
si en tu extraña boca ella resucita.

François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

Bajo la luna, aquella dama



Bajo la luna, aquella dama


Que mueran las hadas
y el frio congele los corazones del mañana.
De todos modos hasta los árboles sangran.
Que las dagas atraviesen mis entrañas.
Pues ya no existen en mis ojos,
la luz y los sueños de cama.
Violenta la puerta, fue violada
y al rojo vivo se desarma mi alma;
Se tuerce revelada
en sonidos de sangre vana.
Rosas de silencio, rosas muertas
pisadas por damas desesperadas.
Tan solo sigue el viento,
el frío viento que no se calla.
Y qué fuerza me guía
si no es la de tu piel rosada.
Si sigo de pie mirando
el horizonte ensangrentado,
en el templo de la bestia
cual ha quedado crucificada.
Llorando con sangre,
extrañando a lo amado
de aquella dama.

François Ayel Sampellegrini - Oda a la oscuridad

 
inicio