El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







Ese Gran Simulacro - Mario Benedetti



Ese Gran Simulacro

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir / arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro

el olvido está lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinan por el olvido
como si fuese el camino de santiago

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite / los recuerdos atroces y de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido

Mario Benedetti

Eisheilig - Elysium



Alemania
Gothic Metal

Eisheilig - Elysium (2006)




01. Sturm 03:51
02. Elysium 04:06
03. Lucifer 05:46
04. Dein Traum 04:18
05. Flug der Mowen 03:19
06. Fahrmann 04:52
07. Konig der Planeten 03:55
08. Marchenreich 03:53
09. Schrei 04:51
10. Morgenrot (Instrumental) 01:29



Eisheilig - Lucifer
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Eisheilig - Schrei
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EISHEILIG
Dominik Sapia : Drums
Till Maiwald : Guitar
Niklas Peternek : Bass
Dennis Mikus : Vocals






Cortázar: transformar la vida en cuento


Cortázar: La aventura de transformar la vida en un cuento fantástico

El 12/2 se cumplieron 25 años de la muerte del autor de Rayuela. Aquí, las claves de su vigencia inoxidable.
Por: Mario Goloboff


Alguien me dijo en París que el escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos a los dominios del corazón..."

(Gabriel García Márquez, El País de Madrid, 22 de febrero de 1984)


A veinticinco años de su muerte, hay por lo menos tres grandes campos donde se deben reconocer las mayores innovaciones producidas por Cortázar.Tienen que ver con los cambios, tal vez estructurales, que introdujo en el relato fantástico; con los elementos del sistema narrativo, y con sus ideas, realmente particulares, sobre la función de la lectura y del objeto libro. Respecto de los primeros, se presenta la tan debatida cuestión de la existencia, a lo largo de su vida de escritor, de "uno" o de "dos" Cortázar. La de una persistencia y una fidelidad primordiales a sus tempranos amores estéticos y literarios o, por el contrario, la de un abandono de los horizontes de la belleza artística en aras de compromisos políticos y sociales a los que habría advenido tardíamente. Pero la unidad de su obra cuentística desmiente esta versión.



Forseti - Erde



Dark folk
Alemania
Forseti - Erde (2004)



1. Korn (5:42)
2. Eismahd (4:24)
3. Lichterflug (3:17)
4. Empfindsamkeit (4:33)
5. Erdennacht (3:54)
6. Dunkelheit (6:44)
7. Sterne (4:17)
8. Der Graue König (4:46)
9. Schmerzen (2:26)
10. Müder Wanderer (3:53)
11. Das Abendland (6:10)





Disco que cierra la trilogía que forma junto a 'Jenzig' y 'Windzeit'. Dark folk teutón con temas acústicos de atmósferas grises y letras que evocan la mitología y la espiritualidad de la naturaleza, con colaboraciones tan insignes como las de Ian Read (Fire +Ice), Kim Larsen (Of The Wand & the Moon), Uwe Nolte (Orplid) y B’eirth (In Gowan Ring).
www.diskpol.com



Forseti - Erdennacht
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Forseti - Der graue König
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FORSETI

Andreas Ritter

Credits: Flute [Transverse] — Daniela Metzler
Violin - Jörg Weniger
Vocals, Cello, Guitar, Double Bass, Melodica, Producer — Thomas Hansmann
Vocals, Guitar, Percussion, Accordion, Melodica — Andreas Ritter



Sobre el incienso - Lin Yutang



Sobre el incienso
Lin Yutang


En los libros sobre el arte de vivir se han dedicado siempre algunas secciones a una discusión de las variedades y la calidad y la preparación del incienso. En el capítulo respectivo del libro K'aop'an Yüshih, escrito por T'u Lung, tenemos la siguiente descripción del goce del incienso:

Los beneficios del uso del incienso son múltiples. Los sabios reclusos y muy inteligentes, dedicados a sus discusiones sobre la verdad y la religión, sienten que quemar una ramita de incienso les despeja la mente y les complace el espíritu. En la cuarta división de la noche, cuando pende del cielo la luna solitaria y se siente uno frío y desprendido de la vida, el incienso emancipa el corazón y permite silbar con holganza. Cuando uno examina viejas muestras de caligrafía ante una ventana clara, o canta ociosamente una poesía con un matamoscas en la mano, o cuando lee de noche a la luz de la lámpara, el incienso ayuda a desterrar el Demonio del Sueño. Se le puede llamar, pues, "el antiguo companero de la luna". Cuando está uno junto a una dama de rojo pijama, y se la tiene de la mano junto al incensario, y se murmuran mutuos secretos, el incienso enciende el corazón e intensifica el amor. Se le puede llamar, pues, "el antiguo estimulante de la pasión". O cuando ha despertado uno de la siesta de la tarde y está sentado frente a una ventana cerrada en un día de lluvia, y practica caligrafía y prueba el suave sabor del té, el incensario empieza a calentar y su sutil fragancia flota en torno y rodea al cuerpo. Aun mejor es cuando uno despierta de un festín de bebidas y luce una luna llena en la clara noche, y mueve uno de los dedos a través de las cuerdas, o da un silbido en una torre vacía, a plena vista las verdes colinas en la distancia, y el humo apenas visible de la brasa restante flota junto a la cortina de la puerta. También es útil para dispersar los malos olores y la maligna influencia de un pantano: es útil en todas y en cualquier parte adonde uno vaya. El de mejor calidad es chianan, pero es difícil obtenerlo, pues no es accesible para el hombre que vive en las montañas. Después de ése está el áloe, o madera de águila, que es de tres grados. El grado superior tiene un perfume demasiado fuerte, que tiende a ser acre y punzante; el grado inferior es demasiado seco, y demasiado lleno de humo también; el grado mediano, que cuesta alrededor de seis o siete centavos la onza, es el más calmante y fragante, y se le puede considerar exquisito. Después de haber hecho una taza de té se puede utilizar el carbón en brasas y ponerlo en el incensario y dejar que el fuego lo caliente con lentitud. En ese satisfactorio momento uno siente como si le transportaran a la morada celestial en compañía de los inmortales, del todo olvidado de la existencia humana. ¡Ah, grande es el placer, por cierto! La gente carece hoy de apreciación para la verdadera fragancia, y se dedica a nombres extraños y exóticos; cada uno trata de ser mejor que el prójimo con mezclas de diversas clases, sin comprender que la fragancia del áloe es enteramente natural, y que el mejor de su clase tiene una sutileza y una suavidad indescriptibles.

Mao Pichíang, en sus Reminiscencias de mi concubina. cuando describe el arte de la vida de este rico poeta y su amante, tan ilustrada y comprensiva, da varias descripciones del goce del incienso, una de las cuales es la que sigue:

Mi concubina se sentaba a menudo conmigo en su fragante alcoba para probar o juzgar inciensos famosos. El "incienso de palacio" es de seductora calidad, en tanto que la manera popular de preparar el áloe es vulgar. Las personas ordinarias ponen a menudo el áloe en medio del fuego, y su vapor fragante se apaga muy pronto por la resina que arde. De este modo, no solamente se impide que salga toda la fragancia, sino que se deja un olor humoso, ahogante, en torno a nuestro cuerpo. La especie dura, con vetas horizontales, llamada hengkoch'en, tiene una fragancia soberbia; es una de las cuatro clases de áloes, pero se distingue porque tiene fibras horizontales. Hay otra variedad de esta madera, conocida como p'englaihsiang, que es del tamaño de un hongo y de forma cónica, pues aun no se ha desarrollado del todo. Teníamos todas estas variedades y ella las quemaba sobre arena muy fina, con fuego lento, de manera que no era visible el humo. El sutil perfume llenaba la cámara como el perfume de la madera de chianan dispersado por una brisa, o el de las rosas cubiertas de rocío, o de un trozo de ámbar calentado por fricción, o de un licor fragante que se vierte en una taza de cuerno. Cuando la ropa de la cama se perfuma según este método, su fragancia se funde con la de la carne de la mujer, dulce y embriagadora hasta en sueños.

Lin Yutand - La importancia de vivir

Forseti - Jenzig



Dark folk
Alemania

Forseti - Jenzig (1999)



1 Gesang Der Jünglinge (4:19)
2 Am Abend (2:28)
3 Heilige Welt (5:20)
4 Abschied (1:39)
5 Wolfszeit (2:53)
6 Erlkönig (4:20)
7 Jenzig (2:18)
8 Jenzig II (4:38)




Forseti "Gesang der Jünglinge"
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FORSETI

Andreas Ritter

Credits: Cello — Thomas Hansmann
Flute [Transverse] — Daniela Metzler
French Horn — Stefan Trebs
Violin — Eveline Klose
Vocals — Arlette Finke , Melanie Köhler
Vocals, Guitar, Drums, Accordion, Melodica, Recorder, Piano - Andreas Ritter


¿Por qué Las venas abiertas?





¿Por qué Las venas abiertas?

Emir Sader
¿Por qué Hugo Chávez escogió el libro Las venas abiertas de América latina para regalarle al nuevo presidente de Estados Unidos? Porque es uno de los libros esenciales para entender a América latina y a los propios Estados Unidos. “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar v le hundieron los dientes en la garganta.”

Un libro que asienta la comprensión de nuestra América en los dos pilares que articulan nuestra violenta inserción subordinada al mercado capitalista internacional: el colonialismo y las dos más grandes masacres de la historia de la humanidad, la aniquilación de los pueblos indígenas y la esclavitud. El capitalismo llegó a estas tierras chorreando sangre, mostrando a lo que venía. No a traer civilización fundada en las armas y el crucifijo, sino opresión, discriminación, explotación de los recursos naturales y los seres humanos.

El proceso de colonización, que cambió de forma con el paso a la explotación imperial, es el fundamento, el tema central y el nombre del libro: “Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo”.

Las venas demuestran fehacientemente cómo “...el subdesarrollo latinoamericano es una consecuencia del desarrollo ajeno, que los latinoamericanos somos pobres porque es rico el suelo que pisamos y que los lugares privilegiados por la naturaleza han sido malditos por la historia. En este mundo nuestro, mundo de centros poderosos y suburbios sometidos, no hay riqueza que no resulte, por lo menos, sospechosa”.

“Con el paso del tiempo, se van perfeccionando los métodos de exportación de las crisis. El capital monopolista alcanza su más alto grado de concentración y su dominio internacional de los mercados, los créditos y las inversiones hacen posible el sistemático y creciente traslado de las contradicciones: los suburbios pagan el precio de la prosperidad, sin mayores sobresaltos, de los centros.” “Ya se sabe quiénes son los condenados a pagar las crisis de reajuste del sistema. Los precios de la mayoría de los productos que América latina vende bajan implacablemente en relación a los precios de los productos que compra a los países que monopolizan la tecnología, el comercio, la inversión y el crédito.”

El presidente de Estados Unidos dijo, con razón, que la reunión de Trinidad-Tobago demostrará su significado por los efectos concretos que tenga. Ningún efecto será más importante que las consecuencias que él –y tantos otros mandatarios latinoamericanos– saquen de la lectura de Las venas abiertas de América latina, de nuestro mejor escritor, Eduardo Galeano. Las verdades de sus páginas se han confirmado al trasformarse el libro en prueba irrefutable del carácter subversivo del que fuera agarrado con un ejemplar en su casa, durante las dictaduras militares latinoamericanas.

Pero por la fuerza de sus verdades es por lo que este libro latinoamericano merece estar en cualquier lista de lecturas indispensables, hechas o por hacer. Es el mejor regalo que un latinoamericano le puede dar al presidente de Estados Unidos, a todos y a cualquier norteamericano, a todos los latinoamericanos, por lo que descifra de nuestra historia y de nuestra identidad, de nuestro pasado y de nuestro presente.

fuente

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Forseti - Windzeit


Dark folk, neofolk, apocalyptic folk
Alemania


Forseti - Windzeit (2002)




1 Verzweiflung (5:26)
2 Welkes Blatt (3:13)
3 Sturmgeweiht (3:44)
4 Letzter Traum (5:03)
5 Wind (4:18)
6 Windzeit (3:46)
7 Herbstabend (3:55)
8 Einsamkeit (3:32)
9 Abendrot (5:36)
10 Black Jena (5:03)




Forseti - Black Jena
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Forseti - Windzeit
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FORSETI
Andreas Ritter

Credits:
Cello, Producer — Thomas Hansmann
Flute — Daniela Metzler
Guitar - Norman Mörstedt
Piano - Sebastian Luck
Vocals, Guitar - Melanie Köhler
Vocals, Guitar, Percussion, Accordion, Melodica — Andreas Ritter
Vocals, Percussion — John Van Der Lieth
Vocals, Violin - Elfe Van Der Lieth
Vocals (on Black Jena) - Douglas Pearce





El Existencialismo es un Humanismo - Jean Paul Sartre


El Existencialismo es un Humanismo
Jean Paul Sartre









El existencialismo es un humanismo (1946) es la reseña de una conferencia del escritor y filósofo francés Jean-Paul Sartre, que se considera el manifiesto del existencialismo.

Jean Paul Sartre es el representante más notable del existencialismo ateo. Su postura basada en la responsabilidad del hombre sobre sus actos, independientemente de la existencia o no existencia de Dios, está reflejada en un pequeño libro titulado “El Existencialismo es un Humanismo” donde muestra los conceptos básicos de su pensamiento.





"Quisiera defender aquí el existencialismo de una serie de reproches que se le han formulado. En primer lugar, se le ha reprochado el invitar a las gentes a permanecer en un quietismo de desesperación, porque si todas las soluciones están cerradas, habría que considerar que la acción en este mundo es totalmente imposible y desembocar finalmente en una filosofía contemplativa, lo que además, dado que la contemplación es un lujo, nos conduce a una filosofía burguesa."


Ela - Passion


Germany
Gothic Rock,Rock

Ela - Passion (2008)



01. Good
02. Little Lies
03. Out Of Time
04. Why Can't I
05. After The Rain
06. Bleed
07. Who`ll Stop The Rain
08. It`s Over
09. The Sun Will Shine Again
10. When You`re Done
11. Make My Day
12. I Want You To Want Me





ELA - Bleed
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ELA - Good
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Te adoro igual - Charles Baudelaire



Te adoro igual

Te adoro igual que a la bóveda nocturna,
¡oh vaso de tristeza, gran taciturna!
Y te amo tanto más, bella, cuanto más me huyes;
y cuanto más me pareces encanto de mis noches,
irónicamente aumentar la distancia
que separa mis brazos de la inmensidad azul.
Avanzo en los ataques y trepo en los asaltos
como junto a un cadáver un coro de gusanos,
y amo tiernamente, bestia implacable y cruel,
incluso tu frialdad, que aumenta tu belleza.

Versión de María Fasce

Charles Baudelaire

Whispers In The Shadow - Borrowed Nightmares And Forgotten Dreams


Austria
Gothic Rock

Whispers In The Shadow - Borrowed Nightmares And Forgotten Dreams (2009)



01. The Arrival (Shemhamforash Mix) 04:20
02. The Nightside Of Eden (Sieben Remix) 03:52
03. Train (2009 — The Eminence Version) 04:49
04. Damned Nation (Thomas Rainer Remix) 03:42
05. A Taste Of Decay (QEK Junior Remix) 04:44
06. Killing Time (Vix Remix) 03:34
07. Pandoras Calling (Persephone Remix) 04:21
08. The Arrival (Touched By The Hand Of GOD) 06:22
09. Damned Nation (Shallow Graves Version) 03:43
10. Babylon Rising (Ice Ages Remix) 05:34
11. Killing Time (The House Of Usher Remix) 04:37
12. Down By The Sea (Cults Of The Shadow) 05:31
13. Everybody 04:07
14. Karma Revolution 03:27
15. We Better Go 04:57
16. Waste (Broken Day Version) 03:45
17. Optimistic Day 06:43




Whispers In The Shadow - Taste of Decay
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Whispers In The Shadow - Damned Nation
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WHISPERS IN THE SHADOW
ASHLEY DAYOUR: Voice, Guitars , Instruments
MARTIN ACID: Keyboards, Piano
FORK: Bass Guitars
CURT BENES: Drums, Percussions
LAZY SCHULZ : Guitars




El desprecio como destino - Eduardo Galeano





La teoría del fin de la Historia:
El desprecio como destino
1
¿Fin de la historia? Para nosotros, no es ninguna novedad. Hace ya cinco siglos, Europa decretó que eran delitos la memoria y la dignidad en América. Los nuevos dueños de estas tierras prohibieron recordar la historia, y prohibieron hacerla. Desde entonces, sólo podemos aceptarla.

2
Pieles negras, pelucas blancas, coronas de luces, mantos de seda y pedrería: en el carnaval de Río de Janeiro, los muertos de hambre sueñan juntos y son reyes por un rato. Durante cuatro días, el pueblo más musical del mundo vive su delirio colectivo. Y el miércoles de cenizas, al mediodía, se acabó la fiesta. La policía se lleva preso a quien siga disfrazado. Los pobres se despluman, se despintan, se arrancan las máscaras visibles, máscaras que desenmascaran, máscaras de la libertad fugaz, y se colocan las otras máscaras, invisibles, negadoras de la cara: las máscaras de la rutina, la obediencia y la miseria. Hasta que llegue el próximo carnaval, las reinas vuelven a lavar platos y los príncipes a barrer las calles.

Ellos venden diarios que no saben leer, cosen ropas que no pueden vestir, lustran autos que nunca serán suyos y levantan edificios que jamás habitarán. Con sus brazos baratos, ellos brindan productos baratos al mercado mundial.
Ellos hicieron Brasilia, y de Brasilia fueron expulsados.
Cada día ellos hacen el Brasil, y el Brasil es su tierra de exilio.
Ellos no pueden hacer la historia. Están condenados a padecerla.

3
Fin de la historia. El tiempo se jubila, el mundo deja de girar. Mañana es otro nombre de hoy. La mesa está servida, y la civilización occidental no niega a nadie el derecho de mendigar las sobras.
Ronald Reagan despierta y dice: "La guerra fría acabó. Hemos ganado". Y Francis Fukuyama, un funcionario del Departamento de Estado, gana súbitamente éxito y fama descubriendo que el fin de la guerra fría es el fin de la historia. El capitalismo, que dice llamarse democracia liberal, es el puerto de llegada de todos los viajes, "la forma final de gobierno humano".
Horas de gloria. Ya no existe la lucha de clases y al Este ya no hay enemigos, sino aliados. El mercado libre y la sociedad de consumo conquistan el consenso universal, que había sido demorado por el desvío histórico del espejismo comunista. Como quería la Revolución Francesa, ahora somos todos libres, iguales y fraternales. Y todos propietarios. Reino de la codicia, paraíso terrenal.
Como Dios, el capitalismo tiene la mejor opinión sobre sí mismo, y no hay duda de su propia eternidad.

4
Bienvenida sea la caída del muro de Berlín, dice un diplomático peruano, Carlos Alzamora, en un artículo reciente; pero dice que el otro muro, el que separa al mundo pobre del mundo opulento, está más alto que nunca. Un apartheid universal: los brotes de racismo, intolerancia y discriminación, cada vez más frecuentes en Europa, castigan a los intrusos que saltan ese alto muro para meterse en la ciudadela de la prosperidad.
Y a la vista está. El muro de Berlín ha muerto de buena muerte, pero no alcanzó a cumplir treinta años de vida, mientras que el otro muro celebrará muy pronto sus cinco siglos de edad. El intercambio desigual, la extorsión financiera, la sangría de capitales, el monopolio de la tecnología y de la información y la alienación cultural son los ladrillos que día a día se agregan, a medida que crece el drenaje de riqueza y soberanía desde el Sur hacia el Norte del mundo.

5
Con el dinero ocurre al revés que con las personas: cuanto más libre, peor. El neoliberalismo económico, que el Norte impone al Sur como fin de la historia, como sistema único y último, consagra la opresión bajo la bandera de la libertad. En el mercado libre es natural la victoria del fuerte y legitima la aniquilación del débil. Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica. El Norte confirma la justicia divina: Dios recompensa a los pueblos elegidos y castiga a las razas inferiores, biológicamente condenadas a la pereza, la violencia y la ineficacia. En un día de trabajo, un obrero del Norte gana más que un obrero del Sur en medio mes.

6
Salarios de hambre, costos bajos, precios de ruina en el mercado mundial.
El azúcar es uno de esos productos latinoamericanos condenados a la inestabilidad y la caída. Durante muchos años, hubo una excepción: la Unión Soviética ha pagado, y paga todavía, un precio equilibrado por el azúcar de Cuba. Ahora, en plena euforia, el capitalismo triunfante se frota las manos. Hay bastantes indicios de que ese pacto comercial no va a durar mucho tiempo más. Y a nadie se le ocurre pensar que esa excepción ejemplar pudiera anunciar la posible creación de un nuevo orden internacional más justo, una alternativa al sistemático saqueo que los técnicos llaman "deterioro de los términos de intercambio". No: si los soviéticos pagan todavía buen precio por el azúcar cubano, eso no hace más que probar las diabólicas intenciones que han guiado los malos pasos de Moscú, que se metía donde no debía cuando usaba cuernos, tridente y rabo.
El orden vigente es el único orden posible: el comercio ladrón es el fin de la historia.

7
Preocupado por el colesterol, olvidado del hambre, el Norte practica, sin embargo, la caridad. La Madre Teresa de Calcuta es más eficiente que Carlos Marx. La ayuda del Norte al Sur es muy inferior a las limosnas solemnemente comprometidas ante las Naciones Unidas, pero sirve para que el Norte coloque la chatarra de guerra, mercancías sobrantes y proyectos de desarrollo que subdesarrollan al Sur y multiplican la hemorragia para curar la anemia.
Mientras tanto, en los últimos cinco años, el Sur ha donado al Norte una suma infinitamente mayor, equivalente a dos planes Marshall en valores constantes, por concepto de intereses, ganancias, royalties y diversos tributos coloniales. Y mientras tanto, los bancos acreedores del Norte destripan a los Estados deudores del Sur, y se quedan con nuestras empresas públicas a cambio de nada.
Menos mal que el imperialismo no existe. Ya nadie lo menciona: por lo tanto, no existe. También esa historia se acabó.

8
Pero, si los imperios y sus colonias yacen en las vitrinas del museo de antigüedades, ¿por qué los países dominantes siguen armados hasta los dientes? ¿Por el peligro soviético? Esa coartada ya no se la creen ni los soviéticos. Si la cortina de hierro se ha derretido y los malos de ayer son los buenos de hoy, ¿por qué los poderosos siguen fabricando y vendiendo armas y miedo?
El presupuesto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos es mayor que la suma de todos los presupuestos de educación infantil en el llamado Tercer Mundo. ¿Despilfarro de recursos? ¿O recursos para defender el despilfarro? La organización desigual del mundo, que simula ser eterna, ¿podría sostenerse un sólo día más si se desarmaran los países y las clases sociales que se han comprado el planeta?
Este sistema enfermo de consumismo y arrogancia, vorazmente lanzado al arrasamiento de tierras, mares, aires y cielos, monta guardia al pie del alto muro del poder. Duerme con un solo ojo, y no le faltan motivos.
El fin de la historia es su mensaje de muerte. El sistema que sacraliza el caníbal orden internacional, nos dice: "Yo soy todo. Después de mí, nada".

9
Desde la pantalla de una computadora, se decide la buena o mala suerte de millones de seres humanos. En la era de las superempresas y la supertecnología, unos son mercaderes y otros somos mercancías. La magia del mercado fija el valor de las cosas y de la gente.
Los productos latinoamericanos valen cada vez menos. Nosotros, los latinoamericanos, también.
El Papa de Roma ha condenado enérgicamente el fugaz bloqueo, o amenaza de bloqueo, contra Lituania, pero el Santo Padre nunca dijo ni pío sobre el bloqueo contra Cuba, que ya lleva treinta años, ni sobre el bloqueo contra Nicaragua, que duró diez. Normal. Y normal es, ya que tan poco valemos los latinoamericanos vivos, que nuestros muertos se coticen cien veces menos que las víctimas del hoy desintegrado Imperio del Mal. Noam Chomsky y Edward Herman se han tomado el trabajo de medir el espacio que merecemos en los principales medios norteamericanos de comunicación. Jerzy Popieluszko, sacerdote asesinado por el terror de Estado en Polonia, en 1984, ha ocupado más espacio que la suma de cien sacerdotes asesinados por el terror de Estado en América Latina en estos últimos años.
Nos han impuesto el desprecio como costumbre. Y ahora nos venden el desprecio como destino.

10
El Sur aprende geografía en mapamundis que lo reducen a la mitad de su tamaño real. Los mapamundis del futuro, ¿lo borrarán del todo?
Hasta ahora, América Latina era la tierra del futuro.
Cobarde consuelo; pero algo era.
Ahora nos dicen que el futuro es el presente.
(1990)

Tomado de:
Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992.


In Strict Confidence - Mistrust The Angels



Industrial / EBM
Alemania
In Strict Confidence - Mistrust The Angels (+ hidden track) 2003



0. Les Miroirs [10:34]
1. Send a Sign [05:42]
2. Herzattacke [06:57]
3. Au Milieu Des Anges [06:58]
4. Engelsstaub [04:52]
5. When the Heart Starts to Bleed [05:56]
6. Schlecht Getraumt [04:56]
7. Horizont [06:01]
8. Lost in the Night [06:05]
9. It Seems Lost... [00:05]
10. Der Vampir Und Dessen Verwandlung [06:55]
11. Der Tag An Dem Es Frosche Regnet [03:36]
12. The Prayers of the Mute [05:09]



IN STRICT CONFIDENCE "Engelsstaub"
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IN STRICT CONFIDENCE - "horizont"
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IN STRICT CONFIDENCE
DENNIS OSTERMANN (Songwriting, Vocals)
JÖRG SCHELTE (Songwriting, Keys)
STEFAN VESPER (Songwriting, Drums)
ANTJE SCHULZ (Vocals)
HEIDI PULKKINEN (Live Guitars)




Emilia deTourville o la crueldad fraterna - Marqués de Sade






Emilia deTourville o la crueldad fraterna
Marqués de Sade

Nada es tan sagrado en una familia como el honor de sus miembros, pero si ese tesoro llega a empañarse, por precioso que sea, aquellos a quienes importa su defensa, ¿deben ejercerla aun a costa de cargar ellos mismos con el vergonzoso papel de perseguidores de las desdichadas criaturas que les ofenden? ¿No sería más razonable compensar de alguna otra forma las torturas que infligen a sus víctimas y también esa herida, a menudo quimérica, que se lamentan de haber recibido? En fin, ¿quién es más culpable a los ojos de la razón? ¿Una hija débil o traicionada o un padre cualquiera que por erigirse en vengador de una familia se convierte en verdugo de la desventurada? El suceso que vamos a relatar a nuestros lectores tal vez aclarará la cuestión.

El conde de Luxeuil, teniente general, hombre de unos cincuenta y seis a cincuenta y siete años, regresaba en una silla de posta de una de sus posesiones en Picardía cuando, al pasar por el bosque de Compiègne, a las seis de la tarde más o menos, a fines de noviembre, oyó unos gritos de mujer que le parecieron proceder de las inmediaciones de una de las carreteras próximas al camino real que atravesaba; se detiene y ordena al ayuda de cámara que cabalgaba junto al carruaje que vaya a ver de qué se trata. Le contesta que es una joven de dieciséis a diecisiete años, bañada en su propia sangre, sin que, no obstante, sea posible saber dónde están sus heridas y que ruega que la socorran; el conde se apea él mismo en seguida y corre hacia la infortunada; debido a la oscuridad no le resulta tampoco fácil averiguar de dónde procede la sangre que derrama, pero por las respuestas que le da, advierte al fin que está sangrando por las venas de los brazos.

-Señorita -le dice el conde, tras haber ayudado a la criatura en lo que le era posible-, no estoy aquí para preguntaros la causa de vuestra desgracia y, por otra parte, vos apenas os halláis en condiciones de contármela; os ruego que subáis a mi coche y que nuestra única preocupación sea, para vos, el tranquilizaros, y, para mí, el ayudaros.

Tras decir esto, el señor de Luxeuil, ayudado por su ayuda de cámara, traslada a la desdichada joven al carruaje y se van.

Tan pronto como la atractiva joven se ve a salvo, trata de balbucear unas palabras de agradecimiento, pero el conde le suplica que no hable y le contesta:

-Mañana, señorita; mañana espero que me contéis todo lo que os aflige, pero hoy, en virtud de la autoridad que sobre vos me da no sólo mi edad, sino también la alegría de poder seros útil, os ruego encarecidamente que no penséis más que en calmaros.

Llegan a su destino; para evitar cualquier escándalo, el conde cubre a su protegida con un abrigo de hombre y hace que el ayuda de cámara la conduzca a una confortable habitación al fondo de su palacete, a donde va a verla tras abrazar a su mujer y a su hijo que le esperaban a cenar aquella noche.

Cuando va a visitar a la enferma, el conde lleva con él a un cirujano; reconocen a la joven y ven que está en un estado de abatimiento inexpresable, la palidez de su rostro parecía casi anunciar que le quedaban apenas unos instantes de vida; no obstante, no tenía ninguna herida; en cuanto a su debilidad -afirmó-, se debía a la enorme cantidad de sangre que había perdido diariamente desde hacía tres meses, y cuando iba a explicar al conde la causa sobrenatural de pérdida tan prodigiosa, perdió el conocimiento y el cirujano dictaminó que había que dejarla en reposo y conformarse con administrarle reconstituyentes y cordiales.

Nuestra infortunada joven pasó bastante bien la noche, pero durante seis días aún no se halló en condiciones de relatar a su benefactor todo lo relacionado con ella; por fin, la noche del séptimo día, mientras todo el mundo seguía ignorando en casa del conde que estaba allí escondida y ni siquiera ella misma, gracias a las precauciones que habían tomado, sabía dónde se hallaba, rogó al conde que la escuchara y que, ante todo, fuera indulgente con ella, cualesquiera que fuesen las faltas que iba a revelarle. El señor de Luxeuil tomó asiento, aseguró a su protegida que nunca perdería la confianza que ella le inspiraba y nuestra hermosa aventurera comenzó de esta forma el relato de sus infortunios.

«Historia de la señorita de Tourville.»

Soy hija, señor, del presidente de Tourville, hombre demasiado conocido y demasiado célebre dentro de su profesión para que no le conozcáis. Desde que salí del convento hace dos años nunca había abandonado la casa de mi padre; tras la pérdida de mi madre, siendo muy niña, él solo se encargaba de mi educación y puedo afirmar que no regateaba nada para dotarme de todo cuanto pudiera realzar los encantos propios de mi sexo. Las atenciones, los planes que mi padre acariciaba para buscarme el mejor partido posible, incluso una cierta predilección, todo ello, repito, despertó bien pronto la envidia de mis hermanos uno de ellos, presidente desde hace tres años, acaba de cumplir veintiséis años; el otro, consejero desde no hace tanto tiempo, pronto cumplirá veinticuatro.

No pensaba que me odiaran tanto como luego he tenido ocasión de comprobar; como no había hecho nada para merecerlo, yo vivía en la dulce ilusión de que su afecto era igual al que mi corazón sentía hacia ellos. ¡Oh, cielos! ¡Qué equivocada estaba! Salvo los ratos dedicados a mi educación, yo disfrutaba en casa de mi padre de la más absoluta libertad; como yo era la única responsable de mi propia conducta, él no me imponía nada a la fuerza, e incluso desde los dieciocho años tenía permiso para pasearme por las mañanas con mi doncella por la terraza de las Tullerías, o si no, por las murallas que estaban al lado de donde vivíamos y de hacer, siempre con ella, bien paseando, bien en uno de los coches de mi padre, alguna que otra visita a casa de amigos o familiares míos, con tal de que no fuesen a horas en que una joven no debe quedarse sola en ninguna reunión. De esa funesta libertad procede la causa principal de mis desdichas, por eso os hablo de ella, señor, ¡ojalá no la hubiera tenido nunca!

Hace un año, cuando me paseaba, como os he dicho, con mi doncella, que se llama Julia, por una sombría alameda de las Tullerías en la que me sentía más a solas que en la terraza y en donde creía que respiraba un aire más puro, se acercan a nosotras seis atrevidos muchachos y nos damos cuenta, por las indecentes proposiciones que nos hacen, de que nos han tomado a ambas por lo que se suele llamar mujeres de la calle. Sintiéndome horriblemente violenta por semejante escena y sin saber cómo escapar, iba ya a buscar la salvación en la huida cuando un joven al que yo solía ver paseándose solo más o menos a las mismas horas en que yo lo hacía y cuyo aspecto inspiraba la mayor confianza, acertó a pasar cuando yo me encontraba en aquella embarazosa situación.

-¡Caballero! -grité, llamándole hacia donde yo estaba-. No tengo el honor de que me conozcáis, pero solemos coincidir por aquí casi todas las mañanas; si me habéis visto alguna vez estoy segura que no os cabrá la menor duda de que no soy una joven en busca de aventuras; os ruego encarecidamente que me deis vuestro brazo para poder regresar a mi casa y librarme de estos bandidos.

El señor de..., me permitiréis que calle su nombre, demasiadas razones me obligan a ello, se acerca en seguida, aparta a los bribones que me rodean, les convence de su error con el alarde de galantería y de respeto con que se presenta ante mí, toma mi brazo y me conduce rápidamente fuera del jardín.

Señorita -me dice un poco antes de llegar a mi portal-, creo que lo mas prudente es que os deje aquí. Si os acompañara a vuestra casa tendríais que explicar el motivo; eso tal vez os acarrearía la prohibición de poder seguir paseándoos a solas; no contéis, pues, lo que acaba de ocurrir y seguir acudiendo como lo hacéis al mismo paseo, ya que eso os distrae y vuestros padres os lo permiten. No dejaré de ir allí ni un solo día y siempre me hallaréis dispuesto a perder la vida, si fuera preciso, por enfrentarme a cualquier cosa que pueda turbar vuestra tranquilidad.

Una advertencia tan oportuna, un ofrecimiento tan galante, todo ello hizo que mirara a aquel joven con mayor interés del que había creído sentir por él hasta entonces; vi que tenía dos o tres años más que yo y una figura espléndida y me ruboricé al darle las gracias, y los dardos encendidos de ese atractivo dios que hoy es la causa de mi infortunio se clavaron en mi corazón antes de que pudiera impedirlo. Nos separamos, pero creí observar por la forma en que se despidió que yo le había causado la misma impresión que acababa de hacerme él a mí. Regresé a casa de mi padre, me cuidé de no comentar nada y a la mañana siguiente volví al paseo de siempre empujada por un sentimiento que era más fuerte que yo, que me habría llevado a arrostrar todos los peligros imaginables... ¿Qué digo? Que tal vez hacía que los deseara para tener el placer de volver a ser rescatada por el mismo hombre. Quizá os estoy pintando mi alma con excesiva ingenuidad, pero me habéis prometido vuestra indulgencia y cada nuevo detalle de mi historia os hará ver hasta qué punto la necesito; no será esta la única imprudencia que me veréis cometer ni será la única que necesite de vuestra compasión.

El señor de... apareció en la alameda seis minutos después que yo y en seguida que me vio se acercó a mí.

-¿Puedo preguntaros, señorita -me dijo-, si la aventura de ayer ha tenido alguna repercusión o si os ha ocasionado alguna molestia?

Le aseguré que no, añadí que había seguido su consejo, que le daba las gracias por él y que me alegraba de que nada fuera a estorbar el placer que sentía saliendo a tomar el aire por las mañanas como lo venía haciendo.

-Si eso tiene tantos alicientes para vos, señorita prosiguió el señor de..., en el tono más comedido-, los que tienen la dicha de coincidir con vos encuentran sin duda otros muchos más poderosos y si ayer me tomé la libertad de aconsejaros que no hicierais ningún comentario que pudiera dar al traste con vuestros paseos, realmente no tenéis por qué estarme agradecida; me atrevo a aseguraros, señorita, que no lo hice tanto por vos como por mí mismo.

Y mientras decía esto, volvía sus ojos hacia los míos con tal expresividad..., ¡oh, señor! ¡Y que un día tuviera que atribuir mi infortunio a un hombre tan dulce! Yo contesté con sinceridad a sus palabras, empezamos a conversar, dimos un pequeño paseo juntos y el señor de... se despidió no sin suplicarme que le revelara a quién había sido tan afortunado como para prestar ayuda la víspera: no creí obligado ocultárselo, él me reveló asimismo quién era y nos despedimos. Durante cerca de un mes, señor, no dejamos de vernos de esa forma casi todos los días y ese mes, como fácilmente podéis imaginar, no transcurrió sin que nos confesáramos el uno al otro los sentimientos que nos embargaban y sin haber jurado que los profesaríamos para siempre.

Al fin, el señor de... me suplicó que le permitiera verme en algún lugar menos embarazoso que un jardín público.

-No me atrevo a presentarme en casa de vuestro padre, hermosa Emilia -me dijo-, pues como no tengo el honor de conocerle en seguida sospecharía el motivo que me lleva a su casa y en vez de favorecer nuestros planes ese paso podría quizá resultar extraordinariamente perjudicial; pero si realmente sois tan bondadosa y os compadecéis de mí tanto como para no desear que muera de dolor viendo que no me otorgáis lo que os pido, yo os indicaré cómo hacerlo.

Al principio me negué a oírle, pero pronto fui tan débil que se lo pregunté yo misma. La solución, señor, consistía en vernos tres veces por semana en casa de una tal señora Berceil que tenía una tienda de modas en la calle Arcis y de cuya discreción y honestidad el señor de... me respondía como de su propia madre.

-Ya que os permiten ir a visitar a vuestra tía que vive, según me dijisteis, bastante cerca de allí, habrá que fingir que vais a su casa, hacerle, en efecto, una corta visita y venir a pasar el resto del tiempo que tendríais que consagrarle a casa de la mujer que os he dicho; si preguntan a vuestra tía ella contestará que efectivamente os recibe el día que habéis dicho que ibais a verla; por tanto, no hay más que calcular la duración de las visitas y podéis estar completamente segura de que, teniendo confianza en vos como la tienen, nunca se les ocurrirá comprobarlo.

No os voy a repetir, señor todas las objeciones que hice al señor de... para que desistiera de aquel proyecto y para que se percatara de sus inconvenientes; ¿de qué serviría que os diera cuenta de mi resistencia si al fin acabé sucumbiendo? Prometí al señor de... todo cuanto quiso, los veinte luises que entregó a Julia, sin que yo lo supiera, convirtieron a aquella muchacha en cómplice perfecta de sus propósitos y yo no hice otra cosa más que labrar mi perdición. Para que fuera aún más completa, para seguir embriagándome por más tiempo y más a conciencia con el dulce veneno que destilaba mi corazón, engañé a mi tía con un falso pretexto, le dije que una de mis amigas (a quien ya se lo había prometido y que debía contestar en consecuencia) deseaba obsequiarme invitándome tres veces por semana a su palco del Français, que no me atrevía a decírselo así a mi padre por temor a que se opusiera, sino que seguiría diciendo que iba a su casa y le suplicaba que así lo asegurara; tras algunas reticencias, mi tía no pudo resistirse a mis súplicas, convinimos que Julia iría en mi lugar y que al volver del teatro yo pasaría a recogerla para regresar juntas a casa. Le di mil besos. ¡Fatal ceguera de las pasiones! ¡Le daba las gracias por contribuir a mi perdición, por allanar el camino a los extravíos que iban a llevarme al borde de la sepultura!

Por fin empezaron nuestras citas en casa de la Berceil; su almacén era magnífico, su casa absolutamente decente y ella una mujer de unos cuarenta años en la que creí que podía confiar por completo. Por desgracia, confié excesivamente tanto en ella como en mi amante...; el pérfido, ha llegado el momento de confesároslo, señor, la sexta vez que le encontraba en aquella funesta mansión, cobró tal dominio sobre mí, hasta tal extremo supo seducirme, que abusó de mi debilidad y en sus brazos me convertí en el ídolo de su pasión y en víctima de la mía propia. ¡Placeres crueles! ¡Cuántas lágrimas me habéis costado y cuántos remordimientos han de desgarrar todavía mi alma hasta el postrer instante de mi vida!

Un año transcurrió en esta funesta ilusión, señor; yo acababa de cumplir diecisiete años; mi padre planeaba día tras día la conveniencia de un compromiso y podéis imaginaros cómo me hacían estremecer aquellos proyectos, cuando una aventura fatal vino al fin a precipitarme al eterno abismo en que me hallo. Triste designio de la Providencia, sin duda, que quiso que algo en lo que tuve ninguna culpa sirviera para castigar mis verdaderas faltas, para así demostrar que jamás podremos esquivarla, que sigue a todas partes a aquel que parece escapársele y que con el acontecimiento que menos se puede imaginar provoca sin ruido ese otro que servirá para su venganza

El señor de... me había advertido un día que cierto asunto inaplazable le privaría del placer de estar conmigo las tres horas completas que solíamos pasar juntos; que, no obstante, acudiría unos minutos antes del término de nuestra cita, aunque sólo fuera por no alterar en lo más mínimo nuestros hábitos cotidianos, que yo pasase en casa de la Berceil el tiempo que acostumbraba, que, sin duda, por una hora o dos, me distraería más en cualquier caso con la vendedora y con sus hijas que quedándome sola en casa de mi padre; yo me sentía tan confiada en aquella mujer que no puse ningún reparo a lo que mi amante me proponía; así, pues, le prometí que acudiría y le rogue que no se hiciera esperar demasiado. Me aseguró que se quedaría libre tan pronto como le fuera posible y allí fui; ¡oh, día nefando para mí!

La Berceil me recibió a la entrada de su establecimiento, pero no me dejó subir a su casa, como solía hacer. -Señorita -me dijo al verme-, me alegro muchísimo de que el señor de... no pueda venir temprano esta tarde aquí, tengo que deciros algo que no me atrevo a confesárselo a él, algo que nos obliga a salir a las dos en seguida un momento, cosa que no hubiéramos podido hacer si estuviese él aquí.

-¿Y de qué se trata, pues, señora? -pregunté un tanto asustada por este preámbulo.

-De una tontería, señorita, de una tontería -prosiguió la Berceil-, pero antes tenéis que tranquilizaros, se trata de la cosa más inocente del mundo. Mi madre se ha enterado de vuestra intriga, es una vieja comadre, escrupulosa como un confesor y a la que mantengo sólo por sus escudos; no quiere de ninguna manera que os siga recibiendo, yo no me atrevo a decírselo al señor de..., pero os voy a decir lo que se me ha ocurrido. Os voy a llevar en seguida a casa de una de mis compañeras, una mujer de mi edad y que es tan de fiar como yo misma, os la presentaré; si os cae bien podéis contar al señor de... que os he llevado allí, que es una mujer honrada y que os parecería excelente quedar allí para vuestros encuentros; si no os gusta, cosa que me costaría trabajo creer, como sólo habremos estado un momento no le diréis nada de nuestra gestión; entonces ya me encargaría yo de decirle que me es imposible seguir prestándoos mi casa y ya buscaríais de mutuo acuerdo algún otro medio para poder veros los dos.

Lo que me decía aquella mujer era algo tan sencillo, tan natural la manera y el tono que empleó, mi confianza era tan completa y mi candor tan absoluto, que no vi el menor inconveniente en acceder a lo que me pedía; no cesó ni por un momento de lamentarse ante la imposibilidad de seguir prestándonos sus servicios, yo se los agradecí con todo mi corazón y salimos a la calle.

La casa a la que me llevaba estaba en la misma calle, a unos sesenta u ochenta pasos de la casa de la Berceil; en el exterior no vi nada que me desagradara: una puerta cochera, bonitos ventanales a la calle, un aire de decoro y de pulcritud en todo; sin embargo, una voz misteriosa parecía gritarme desde el fondo de mi corazón que un acontecimiento singular me esperaba en aquella mansión fatal; sentía una especie de repugnancia a cada escalón que subía, todo parecía decirme: ¿A dónde vas, desdichada? ¡Aléjate de estos siniestros parajes...! Llegamos, no obstante, arriba, entramos en una antecámara bastante acogedora, donde no había nadie, y de allí pasamos a un salón que se cerró en seguida a nuestras espaldas como si hubiese alguien escondido detrás de la puerta... Yo me estremecí, el salón estaba muy oscuro y apenas se veía para poder cruzar; no habíamos dado ni tres pasos cuando sentí que dos mujeres me agarraban; en aquel momento se abrió la puerta de un gabinete y vi a un hombre de unos cincuenta años en medio de otras dos mujeres que gritaron a las que me habían sujetado: «Desnudadla, desnudadla y no la traigáis aquí hasta que no esté completamente desnuda.» Apenas me había recobrado de la confusión que me paralizaba cuando estas mujeres me habían puesto ya sus manos encima, y dándome cuenta entonces de que mi salvación dependía más de mis gritos que de mi pavor, grité con todas mis fuerzas. La Berceil hizo todo lo que pudo para calmarme.

-Es cosa de un minuto, señorita -me decía-; hacedme este favor, os lo ruego, y me habréis hecho ganar cincuenta luises.

-¡Arpía infame! -grité-. No creáis que vais a traficar con mi honor de esta manera; si no me dejáis salir de aquí ahora mismo me arrojaré por la ventana.

-Iríais a parar a un patio que es nuestro y donde os volverían a coger en seguida, hija mía -contestó una de aquellas miserables arrancándome mis vestidos-. Vamos, creedme, lo mejor para vos es que os dejéis...

¡Oh, señor!, ahorradme el resto de esos horribles detalles. Me dejaron desnuda en seguida, ahogaron mis gritos con bárbaros procedimientos y me arrastraron junto a aquel hombre indigno, que mofándose de mis lágrimas y riéndose de mi resistencia sólo se preocupaba de asegurarse de la infortunada víctima a la que destrozaba el corazón; dos mujeres no cesaron de librarme de aquel monstruo, y dueño de hacer cuanto quisiera se contentó con apagar el fuego de su culpable ardor únicamente con abrazos y con impuros besos que me dejaron sin ultrajes...

En seguida me ayudaron a volver a vestirme y me dejaron en manos de la Berceil, aniquilada, confusa, embargada por una especie de dolor sombrío y amargo que vertía sus lágrimas en el fondo de mi corazón; dirigí a aquella mujer una mirada llena de furia...

-Señorita -me dijo, terriblemente turbada, en la antecámara de aquella funesta mansión, me doy perfecta cuenta de todo el horror que acabo de perpetrar, pero os ruego que me perdonéis... y por lo menos, antes de dejaros llevar por la idea de provocar un escándalo, reflexionad; si se lo contáis al señor de..., por mucho que le digáis que os han traído a la fuerza, es un género de falta que no os perdonará jamás y habríais roto para siempre con el hombre que más os interesa conservar en el mundo, pues no tenéis otro medio de reparar el honor que os arrebata más que haciendo que se case con vos. Pero podéis estar segura de que nunca lo hará si le contáis lo que acaba de ocurrir.

-¡Miserable! ¿Por qué, pues, me has precipitado a este abismo, por qué me has puesto en una situación en la que tengo que engañar a mi amante o perderle y con él perder mi honor?

-Vayamos despacio, señorita, y no volvamos a hablar de lo que ha pasado, el tiempo vuela; pensemos en lo que hay que hacer. Si habláis, estáis perdida; si no decís una palabra, mi casa seguirá abierta para vos, nadie en absoluto os traicionará jamás y podréis seguir con vuestro amante; pensad si la exigua satisfacción de una venganza, de la que en el fondo me reiría, pues conociendo vuestro secreto ya sabría yo cómo impedir que el señor de... pudiese hacerme ningún daño; pensad, os digo una vez más, si el pequeño placer de esa venganza podrá compensaros de todas las desgracias que os iba a acarrear...

Dándome entonces cuenta de con qué indigna mujer tenía que habérmelas, y consciente de la fuerza de sus razonamientos, por detestables que éstos fuesen:

-Salgamos, señora, salgamos -le dije-; no me hagáis estar aquí por más tiempo, no diré una sola palabra, haced vos lo mismo; me serviré de vos, ya que no podría dejar de hacerlo sin desvelar ciertas infamias que es importante que calle, pero en el fondo de mi corazón tendré al menos la satisfacción de odiaros y de despreciaros tanto como os merecéis.

Volvimos a casa de la Berceil... Cielo santo, ¡qué nuevo vuelco me dio el corazón cuando nos dijeron que el señor de... había venido!, que le habían dicho que la señora había salido para un asunto urgente y que la señorita aún no había llegado, y al mismo tiempo una de las muchachas de la casa me entregó un billete que había escrito a toda prisa para mí. Contenía solamente estas palabras: «No os he encontrado; supongo que no habéis podido venir a la hora acostumbrada. No podré veros esta tarde, me es imposible esperaros. Hasta pasado mañana, sin falta.»

Aquel billete no me tranquilizó lo más mínimo; su frialdad me pareció un mal augurio...
No esperarme, tan poca paciencia...; todo me turbaba hasta un extremo que me es imposible describiros. ¿No podía haber observado acaso nuestra salida, habernos seguido? Y si lo había hecho, ¿no era yo mujer perdida? La Berceil, tan inquieta como yo, interrogó a todo el mundo; le dijeron que el señor de... había llegado tres minutos después de haber salido nosotras, que parecía muy excitado, que se había ido en seguida y que había vuelto para escribir aquel billete una media hora después. Cada vez más inquieta, mandé a buscar un coche... pero, ¿podréis creer, señor, hasta qué grado de desfachatez osó llevar su depravación aquella indigna mujer?

-Señorita -me dijo al verme salir-, no digáis nunca una sola palabra de todo esto, os lo vuelvo a aconsejar, pero si por desgracia llegarais a romper con el señor de..., creedme, aprovechad vuestra libertad para pasarlo bien, que eso vale mucho más que un solo amante; sé que sois una muchacha como Dios manda, pero sois joven y seguramente os dan poco dinero, y siendo tan bonita como sois yo podría haceros ganar todo el que quisierais...
Vamos, vamos, que no sois la única, y hay muchas muy empingorotadas que un buen día se casan con un conde o con un marqués, como podríais hacer vos, y que, bien por decisión propia o bien por mediación de su gobernanta, han pasado por nuestras manos; como habéis podido comprobar, contamos con personas apropiadas para esa clase de muñecas, las usan como a una rosa, las huelen y no las marchitan; adiós, querida, y no pongáis esa cara tan larga, pues veis que aún puedo seros útil.

Lancé una mirada de furia a aquella infame criatura y salí a toda prisa sin contestarle; recogí a Julia en casa de mi tía, como solía hacer, y regresé a casa.

No tenía ningún medio de avisar al señor de... Como nos veíamos tres veces por semana no teníamos la costumbre de escribirnos, así, pues, tenía que esperar el momento de la cita. ¿Qué iría a decirme...? ¿Qué le podría contestar? Si le ocultaba lo que acababa de ocurrir, ¿no corría un peligro espantoso si llegaba a ser descubierto? ¿No era mucho más sensato confesárselo todo? Todas estas diferentes opciones me tenían en un estado de agitación inexpresable. Al fin me decidí a seguir los consejos de la Berceil y convencida de que aquella mujer era quien más interés tenía en el secreto, resolví imitarla y no decir nada... ¡Oh, cielos!, ¿de qué me valían todas aquellas elucubraciones si ya no iba a ver nunca más a mi amante y el rayo que iba a fulminarme centelleaba ya por todas partes?

Al día siguiente de todo aquello, mi hermano mayor me preguntó por qué me tomaba la libertad de salir sola tantas veces a la semana y a horas semejantes.

-Voy a pasar la tarde a casa de mi tía -le contesté.

-Eso es falso, Emilia; hace un mes que no habéis puesto allí los pies.

-Bueno, querido hermano -respondí temblando-, os lo confesaré todo: una amiga mía, a la que conocéis bien, la señora de Saint-Claire, tiene el gusto de invitarme a su palco del Français tres veces por semana; no me he atrevido a decir nada por si mi padre no lo aprobaba, pero mi tía lo sabe perfectamente.

-¿Con que vais al teatro? -me contestó mi hermano-. Podíais habérmelo dicho, yo os habría acompañado y todo hubiera resultado más fácil... Pero sola, con una dama a la que nada os une y que es tan joven como vos...

-Vamos, vamos, amigo mío -exclamó mi otro hermano, que se había acercado durante la conversación-. La señorita tiene sus distracciones... no hay que estorbárselas... Ella está buscando un marido y sin duda, con semejante comportamiento, le saldrán una infinidad...

Y los dos me volvieron la espalda con sequedad. Aquella conversación me asustó; sin embargo, me parecía que mi hermano mayor se había quedado bastante convencido de la historia del palco, pensé que había conseguido engañarle y que no iría más allá; además, aunque los dos me hubieran dicho mucho más, nada en el mundo habría sido tan poderoso como para obligarme a faltar a la próxima cita; me resultaba demasiado importante llegar a una explicación con mi amante para que nada en el mundo pudiera impedir que fuera a verle.

En cuanto a mi padre, seguía siendo el de siempre; me idolatraba, no sospechaba ninguna de mis faltas y nunca me molestaba con pretexto alguno. ¡Qué cruel resulta engañar a unos padres así y cómo se encarga el remordimiento de sembrar espinas sobre el placer que se obtiene a costa de traiciones de esa clase! Ejemplo funesto, pasión cruelísima, ¡si pudierais dar a conocer mis errores a quienes se encuentran en la misma situación, si las penas que mis placeres criminales me han ocasionado pudieran al menos frenarles al borde del abismo, tras conocer mi lamentable historia!

Al fin llega el día fatal, salgo con Julia y hago como acostumbro: la dejo en casa de mi tía y me acerco en mi coche a toda prisa a la casa de la Berceil. Bajo... al principio me extrañan el silencio y la oscuridad que reinan en la casa... No encuentro ninguna cara conocida; sale sólo una mujer mayor a la que nunca había visto y a la que, para mi desgracia, habría de ver demasiado en lo sucesivo, que me dice que me quede en la habitación en donde estoy, que el señor de... (pronuncia su nombre) en seguida vendrá a reunirse conmigo. Un frío universal se apodera de mis sentidos y me derrumbo sobre un sofá sin fuerzas para pronunciar una sola palabra; apenas he hecho esto cuando mis dos hermanos aparecen ante mí, pistola en mano.

-¡Miserable! -exclama el mayor-. Así es como nos engañas; si opones la menor resistencia, si das un solo grito, morirás. Síguenos; vamos a enseñarte a traicionar a un mismo tiempo a la familia que deshonras y al amante al que te entregabas.

Tras estas últimas palabras el conocimiento me abandonó por completo y cuando recobré el sentido me hallé en el interior de un carruaje que me parecía que iba a toda velocidad, entre mis dos hermanos y la vieja que acabo de mencionar, con las piernas atadas y las dos manos sujetas con un pañuelo. Las lágrimas, hasta entonces contenidas por el exceso de dolor, abriéronse paso en abundancia y durante una hora estuve sumida en un estado que, por culpable que pudiera ser, hubiese conmovido a cualquiera que no fuese uno de los dos verdugos en cuyo poder me encontraba. Durante el viaje no me dirigieron la palabra; yo imité su silencio y me abismé en mi dolor; por fin, al día siguiente, a las once de la mañana, entre Coucy y Noyon, llegamos a un castillo situado al fondo de un bosque que pertenecía a mi hermano mayor; el coche entró en el patio, me ordenaron que me quedara en él hasta que los caballos y los sirvientes estuvieran lejos; entonces mi hermano mayor vino a buscarme. «¡Seguidme!», me ordenó brutalmente, después de desatarme...
Le obedecí temblando... ¡Dios mío!, ¡cuál no sería mi terror al ver el espantoso lugar que iba a servirme de encierro! Era una habitación baja, sombría, húmeda y oscura, cerrada con barrotes por todas partes y donde la luz no penetraba más que por una ventana que daba a un espacioso foso lleno de agua.

-Esta es vuestra habitación, señorita -me dijeron mis hermanos-. Una hija que deshonra a su familia no puede estar bien más que aquí... Vuestra alimentación será proporcionada al resto del tratamiento, esto es lo que se os dará -prosiguieron, mostrándome un pedazo de pan parecido al que se da a los animales-, y como no deseamos haceros sufrir por mucho tiempo y, por otra parte, queremos privaros de cualquier medio de salir de aquí, estas dos mujeres -continuaron, señalándome a la vieja y a otra por el estilo que habíamos encontrado en el castillo-, estas dos mujeres serán las encargadas de haceros una sangría en ambos brazos tantas veces por semana como íbais a ver al señor de... a casa de la Berceil; ese régimen, al menos así lo esperamos, os llevará a la tumba sin que os deis cuenta, y no nos quedaremos verdaderamente tranquilos hasta que sepamos que nuestra familia se ha desembarazado de un monstruo como vos.

Tras estas palabras ordenan a las mujeres que me sujeten y, delante de ellos, los miserables, señor, perdonadme esta expresión, delante de ellos..., los desalmados hicieron que me sangraran de los dos brazos y no abandonaron este cruel tratamiento hasta que me vieron sin conocimiento... Cuando volví en mí vi cómo se felicitaban por su barbarie, y como si desearan que todos los golpes cayesen sobre mí a un mismo tiempo, como si estuvieran encantados de destrozar mi corazón a la vez que derramaban mi sangre, el mayor sacó de su bolsillo una carta y me la tendió: Leed, señorita -me dijo-; leed y sabréis a quién debéis atribuir vuestros males...

La abro, temblando; mis ojos apenas tienen fuerza para reconocer esos funestos caracteres: ¡oh, santo Dios...!; era mi propio amante, había sido él quien me había traicionado.
Esto era lo que decía aquella carta atroz, cuyas palabras aún siguen grabadas en mi corazón con trazos de sangre.

«Cometí la locura de amar a vuestra hermana, señor, y la imprudencia de deshonrarla, pero iba a repararlo todo; devorado por mis remordimientos, iba a arrojarme a los pies de vuestro padre, declararme culpable y pedirle a su hija. Estaba seguro del consentimiento del mío y estaba decidido a ser de los vuestros, pero en el momento que adoptaba esa resolución... mis ojos, mis propios ojos me convencen de que no tengo relaciones más que con una ramera, que a la sombra de unas citas concertadas por honestos y puros sentimientos se atrevía a ir a saciar los infames deseos del más crapuloso de los mortales. No esperéis de mí, por tanto, reparación alguna, señor; ya no os la debo, ya no os debo más que mi abandono y a ella, el odio más implacable y el más decidido desprecio. Os envío la dirección de la casa a donde vuestra hija va a corromperse, señor, para que podáis comprobar si os engaño.»

Al acabar de leer estas funestas líneas volví a caer en el más lamentable estado... No, me repetía a mí misma, arrancándome los cabellos; no, falaz, tú nunca me has amado; si el más tenue sentimiento hubiera encendido tu corazón, ¿me habrías condenado sin escucharme, me habrías creído culpable de crimen semejante cuando era a ti a quien adoraba...? ¡Pérfido!, y es tu mano la que me entrega, la que me arroja a los brazos de los verdugos que van a ir haciéndome morir poco a poco, día tras día..., y morir sin que tú me justifiques... morir despreciada por todo lo que adoro, cuando jamás te ofendí voluntariamente, cuando no fui nunca más que la víctima y la engañada. ¡Oh, no!, esta situación es demasiado cruel; soportarla es algo que está mas allá de mis fuerzas. Y arrojándome, bañada en lágrimas á los pies de mis hermanos, les supliqué que me escucharan o que hicieran verter mi sangre, gota a gota, y que muriera en aquel mismo instante.

Accedieron a escucharme, les conté mi historia, pero deseaban mi perdición y no me creyeron; sólo sirvió para que me trataran aún peor. Después de abrumarme con insultos, tras recomendar a las mujeres que ejecutaran al punto sus órdenes o les iba en ello la vida, se marcharon, diciéndome fríamente que esperaban no volver a verme jamás.

Cuando se fueron, mis dos guardianas me dejaron algo de pan, agua y cerraron, pero así estaba al menos sola, podía entregarme al exceso de mi dolor y me sentía menos desdichada.
Los primeros impulsos de mi desesperación me llevaron a quitarme las vendas de los brazos y a morir, perdiendo sangre hasta el último momento. Pero la espantosa idea de morir sin poder justificarme ante mi amante me atormentaba con tal violencia que no pude decidirme por aquella solución; un poco de calma hace renacer la esperanza...; la esperanza, ese sentimiento consolador que surge siempre en medio de los sufrimientos, don divino que la naturaleza nos ofrece para compensarlos o atemperarlos... No, me dije a mí misma, no moriré sin volver a verle; ese había de ser mi único afán, mi única preocupación; si sigue creyéndome culpable, entonces habrá llegado el momento de morir y, al menos, moriré sin lamentarlo, pues es imposible que la vida pueda tener ya ningún atractivo para mí si he perdido su amor.

Resuelta a ello, decidí no desperdiciar ninguna de las ocasiones que pudieran liberarme de aquella odiosa mansión. Hacía ya cuatro días que este pensamiento me servía de consuelo, cuando mis dos carceleras aparecieron otra vez para renovar mis provisiones y hacer que perdiera de paso las escasas fuerzas que me proporcionaban; me extrajeron sangre de ambos brazos y me abandonaron, inerte, sobre el lecho; al octavo día aparecieron de nuevo y como me arrojé a sus pies y apelé a su compasión, me sangraron de un solo brazo. Dos meses transcurrieron de esta forma y durante ese tiempo siguieron extra- yéndome sangre de uno de los dos brazos, alternativamente, cada cuatro días. La fuerza de mi temperamento me sostuvo; mi edad, el ardiente deseo que me embargaba de escapar de aquella espantosa situación, la cantidad de pan que ingería para contrarrestar mi agotamiento y ser capaz de llevar a cabo mis propósitos, todo esto me ayudó y a comienzos del tercer mes, cuando, presa de alegría, después de taladrar un muro, pude deslizarme por la abertura que había practicado a una habitación contigua que estaba abierta y escapar al fin del castillo, trataba de ganar a pie, como podía, la carretera de París, mis fuerzas me abandonaron entonces por completo en el lugar en que me encontrasteis y recibí de vos la generosa ayuda que mi sincero reconocimiento os agradece tanto como le es posible y que me atrevo a rogaros que no cese hasta verme de nuevo en los brazos de mi padre, a quien, sin duda, han engañado y que no sería nunca tan bárbaro como para condenarme sin dejarme antes que le pruebe mi inocencia. Reconoceré que he sido débil, pero en seguida se dará cuenta de que no soy tan culpable como las apariencias parecen atestiguar, y con vuestra ayuda, señor, no solamente habréis devuelto a la vida a una criatura desdichada, que nunca dejará de estaros agradecida, sino que habréis devuelto también la honra a toda una familia que creía que le había sido arrebatada injustamente.

-Señorita -dice el conde de Luxeuil, tras haber prestado toda la atención posible al relato de Emilia-, resulta difícil no veros y oíros sin sentir por vos el mas vivo interés; no sois, evidentemente, tan culpable como pudiera creerse, pero toda vuestra conducta revela una cierta imprudencia que no podéis ignorar.

-¡Oh, señor!

Escuchadme, señorita, os lo suplico, oíd al hombre que más deseos tiene de ayudaros.
La conducta de vuestro amante resulta espantosa; no sólo es injusta, pues debió informarse mejor y veros, sino que, además, es cruel; si uno se siente tan receloso como para no desear volver al punto de partida, en ese caso se abandona a la mujer, pero no se la delata a su familia, no se la deshonra, no se la entrega, sin dignidad alguna, a quienes han de ser su perdición, no se les espolea a la venganza... Así, pues, culpo de todo, sin excepción, a la conducta de aquel a quien amais... Pero la de vuestros hermanos resulta aún más incalificable; se mire por donde se mire es atroz, sólo unos auténticos verdugos pueden comportarse de esa forma. Faltas de esa clase no son acreedoras de castigos semejantes; las cadenas nunca sirvieron para nada; en tales casos se guarda silencio, no se priva a los inculpados de su sangre y de su dignidad; esos procedimientos odiosos son mucho más deshonrosos para quienes los ponen en práctica que para sus víctimas; se hacen acreedores a su rencor, provocan un escándalo y nada se ha reparado. Por preciosa que pueda resultarnos la virtud de una hermana, su vida ha de tener a nuestros ojos un valor mucho mayor. La honra se puede restituir, pero no la sangre derramada; así, pues, esa conducta es tan espantosa que si se elevara una queja al gobierno sin duda sería castigada, pero con eso no haríais más que poneros a la altura de vuestros perseguidores y hacer público lo que debe permanecer oculto; no es eso lo que tenemos que hacer. Para ayudaros voy a actuar, señorita, de una forma totalmente distinta, pero os advierto que sólo puedo hacerlo con las siguientes condiciones: primero, tenéis que darme por escrito la dirección de vuestro padre, de vuestra tía, la de la Berceil y la del hombre al que os llevó la Berceil, y segundo, señorita, tenéis que revelarme, sin más requerimientos, el nombre de la persona a la que amáis. Esto último es tan imprescindible que no os voy a ocultar que me sería completamente imposible prestaros mi ayuda, sea en lo que sea, si insistís en ocultarme el nombre que os pido.

Emilia, confusa, comienza por cumplir con el mayor detalle la primera condición, y cuando ya ha dado todas las direcciones al conde:

-Entonces, señor-dijo ruborizándose-, me exigís que os dé el nombre de mi seductor.

-Así es, señorita; sin eso nada puedo hacer. -Bien, señor... es el marqués de Luxeuil...

-¡El marqués de Luxeuil! -exclamó el conde, no pudiendo ocultar la emoción que le causaba oír el nombre de su hijo-. Ha sido capaz de algo semejante... El... -y recuperándose de su sorpresa-: Lo reparará, señorita... El lo reparará y vos seréis vengada... Os lo prometo. Adiós.

La asombrosa turbación que la última revelación de Emilia acababa de causar al conde de Luxeuil extrañó notablemente a la infortunada, que temió haber cometido alguna indiscreción; no obstante, las palabras pronunciadas por el conde al salir la tranquilizaron, y sin entender nada de la relación de todos estos hechos, relación que le resultaba imposible discernir, ignorando dónde se encontraba, decidió esperar pacientemente el resultado de las gestiones de su benefactor y las atenciones que, mientras tanto, no cesaron de prodigarle, consiguieron calmarla y convencerla de que su dicha era el único objeto de tanto afán.

Y pudo sentirse plenamente convencida al ver entrar en su habitación al conde, cuatro días después de las explicaciones que le había dado, llevando cogido de la mano al marqués de Luxeuil.

-Señorita -le dijo el conde-, os traigo a un mismo tiempo al autor de vuestros infortunios y a quien va a repararlos, rogándoos de rodillas que no le neguéis vuestra mano.

Tras estas palabras, el marqués se arroja a los pies de su amada, pero la sorpresa había sido excesiva para Emilia; aún no demasiado fuerte para soportarla, se había desmayado en los brazos de la doncella que la atendía; a fuerza de cuidados, pronto volvió, no obstante, en sí, y al verse en los brazos de su amante:

-¡Hombre cruel! -le dice, derramando un torrente de lágrimas-. ¡Qué sufrimientos habéis infligido a aquella que os amaba! ¿Podíais creerla culpable de la infamia que llegasteis a sospechar? Al amaros, Emilia podía ser víctima de su debilidad y de los engaños de los demás, pero jamás podía seros infiel.

-¡Oh, te adoro! -exclamó el marqués-. Perdona un arrebato de espantosos celos basado en engañosas apariencias; ahora todos estamos completamente convencidos, pero todas aquellas apariencias funestas, ¿acaso no estaban contra ti?

-Teníais que quererme, Luxeuil, y así no me habríais creído capaz de engañares; teníais que quererme, teníais que haber prestado menos oídos a vuestra desesperación que a los sentimientos que yo creía. dichosa, inspirares. Que este ejemplo enseñe a mi sexo que es casi siempre por un amor excesivo..:, casi siempre por ceder demasiado pronto, por lo que perdemos el afecto de nuestros amantes... ¡Oh, Luxeuil!, tal vez me habríais amado más si yo no os hubiera amado tanto desde el primer momento. Me castigasteis por mi debilidad, y aquello que debía reforzar vuestro amor es lo que os hizo desconfiar del mío.

-¡Que todo sea olvidado por ambas partes! -interrumpió el conde-. Luxeuil, vuestra conducta es incalificable, y si no os hubierais ofrecido a repararla al instante, si no hubiera comprobado esa decisión en vuestro corazón, no os habría vuelto a ver en toda mi vida.
«Cuando se ama de verdad -decían nuestros antiguos trovadores-, se oiga lo que se oiga, se vea lo que se vea en contra de la amada, no se debe dar crédito ni a los oídos ni a los ojos; hay que escuchar únicamente al corazón.» Señorita, espero con impaciencia vuestro restablecimiento -prosiguió el conde, dirigiéndose a Emilia-. Quiero llevaros de nuevo a casa de vuestros padres, pero en calidad de esposa de mi hijo, y confío en que no rehusarán unirse a mí para reparar vuestros infortunios; si no lo hacen, yo os ofrezco mi casa, señorita; vuestro matrimonio se celebraría entonces aquí y hasta mi postrer suspiro no dejaría de ver en vos a una querida nuera, de quien siempre me sentiría honrado, se apruebe o no se apruebe vuestro himeneo.

Luxeuil se arrojó a los brazos de su padre; la señorita de Tourville se deshacía en lágrimas, apretando entre las suyas las manos de su benefactor, y la dejaron sola unas horas para que pudiera recobrarse de una escena cuya excesiva duración hubiera perjudicado un restablecimiento que todos deseaban con tanto ardor

Por fin, quince días después de su regresó a París, la señorita de Tourville se encontró en condiciones de levantarse y de montar en coche. El conde hizo que se pusiera un vestido blanco, análogo a la inocencia de su corazón, y nada se regateó para realzar el brillo de sus encantos, que un resto de palidez y de debilidad hacía aún más cautivadores. El conde, ella y Luxeuil marcharon a casa del presidente de Tourville, que no había sido advertido de nada y cuya sorpresa al ver entrar a su hija fue enorme. Estaba en compañía de sus dos hijos, cuyos semblantes se desencajaron de furia y de rabia ante esta inesperada aparición. Sabían que su hermana se había evadido, pero la creían muerta en algún rincón del bosque y, como puede verse, se consolaban con la mayor facilidad del mundo.

-Señor -dice el conde, presentando a Emilia a su padre-, a vuestros pies traigo a la inocencia en persona -y Emilia se arrojó al suelo-. Imploro su perdón señor -prosiguió el conde-, y no sería yo quien os lo pidiese si no lo mereciera de verdad; por lo demás, señor -continuó con rapidez-, la mejor prueba que puedo daros de la profunda estima que profeso a vuestra hija es pedírosla para mi hijo. Nuestros rasgos están hechos para aliarse, señor, y si hubiera alguna desproporción por mi parte, vendería cuanto tengo para dotar a mi hijo con una fortuna digna de ser ofrecida a vuestra hija. Decidíos, señor, y permitid que no me despida de vos hasta haber recibido vuestra palabra.

El anciano presidente de Tourville, que siempre había adorado a su hija, en el fondo era la bondad personificada y que precisamente, por las excelencias de su carácter ya no ejercía su cargo desde hacía más de veinte años, el anciano presidente, repito, bañando con lágrimas el seno de su querida hija, contestó al conde que se consideraba honrado en demasía por semejante elección, que todo lo que le afligía era que su querida Emilia no era digna de ella; y el marqués de Luxeuil, arrojándose a los pies del presidente, le suplicó que perdonara sus errores y que le permitiera repararlos. Todo fue prometido, todo se arregló y todo quedó acordado por ambas partes; sólo los hermanos de nuestra atractiva heroína se negaron a compartir la alegría general, y la rechazaron cuando se acercó a ellos para abrazarlos; el conde, enfurecido ante semejante actitud, intentó detener a uno de ellos que trataba de salir de la sala. El señor de Tourville gritó al conde:

-Dejadles, señor, dejadles; me han engañado de una forma atroz; si mi querida hija hubiera sido tan culpable como ellos me aseguraron, ¿acaso consentiríais vos en darla a vuestro hijo? Ellos han turbado la felicidad de mis días al privarme de Emilia... Dejadles.

Y los miserables se fueron, presa del furor. Entonces el conde reveló al señor de Tourville todos los horrores de sus hijos y las verdaderas faltas de su hija; el presidente, viendo la falta de proporción que había entre aquellas y la indignidad del castigo, juró no volver a ver a sus hijos; el conde le calmó y le hizo prometer que borraría de su recuerdo semejante conducta. Ocho días después se celebró la boda, sin que los hermanos hicieran acto de presencia, pero se prescindió de ellos y no se les echó en falta; el señor de Tourville se conformó con recomendarles el mayor silencio, bajo pena de encerrarles, y se callaron, pero no lo bastante, sin embargo, como para no acusarse a sí mismos por su infame proceder al condenar la indulgencia de su padre, y quienes tuvieron noticia de esta desdichada aventura exclamaron, horrorizados por los atroces detalles que la caracterizan:

-Oh, justo cielo, ¡estas son las infamias que tácitamente se permiten quienes se dedican a castigar las faltas de los demás! Hay mucha razón al decir que esta clase de infamias son patrimonio de esos frenéticos e ineptos secuaces de la ciega Thermis, que, criados en un estúpido rigorismo, insensibles desde su infancia a los gritos del infortunio, manchados de sangre desde la cuna, censurándolo todo y a todo entregándose, creen que la única manera de encubrir sus secretas bajezas y sus públicas prevaricaciones es la de hacer alarde de un talante de rigidez, que, haciéndoles iguales a ocas por fuera y a tigres por dentro, no tiene otro objeto, enlodándoles con sus crímenes, que infundir respeto a los necios y hacer que el hombre sensato deteste sus odiosos principios, sus sanguinarias leyes y a esos despreciables individuos.


Cuentos, historietas y fábulas Marqués de Sade

Human Drama - Momentos en el tiempo


gothic rock
USA

Human Drama - Momentos en el tiempo (2001)



Versión acústica de algunas canciones del maestro Indovina, como solista, líder de HUMAN DRAMA.

01 -Mr. storyteller
02 -Death of an angel
03 -Tired
04 -My skin
05- Fascination and fear
06 -As love comes tumbling
07 -The silent dance
08 -Yesterday is here
09 -It is fear
10 -Can´t cry hand enough
11 -Forever
12 -Your fire
13 -Sad i cry
14 This tangled web




Sad I Cry - Human Drama
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V Cumbre de las Américas




Documento de los países de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) para la V Cumbre de las Américas
“Pedimos al gobierno de EEUU que cumpla con las 17 resoluciones sucesivas aprobadas por la ONU y ponga fin al bloqueo contra Cuba”

Cumaná, 17 de abril de 2009

Los Jefes de Estado y de Gobierno de Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela, países miembros del ALBA, consideramos que el proyecto de Declaración de la V Cumbre de las Américas es insuficiente e inaceptable por las siguientes razones:

* No da respuestas al tema de la Crisis Económica Global, a pesar de que ésta constituye el más grande desafío al cual la humanidad haya hecho frente en décadas y la más seria amenaza de la época actual para el bienestar de nuestros pueblos.
* Excluye injustificadamente a Cuba, sin hacer mención al consenso general que existe en la región para condenar el bloqueo y los intentos de aislamiento de los cuales su pueblo y su gobierno han sido incesantemente objeto, de manera criminal.

Por tal motivo, los países miembros del ALBA consideramos que no hay consenso para adoptar este proyecto de declaración y en función de lo planteado, proponemos sostener un debate a fondo sobre los siguientes temas:

1. El capitalismo está acabando con la humanidad y el planeta. Lo que estamos viviendo es una crisis económica global de carácter sistémico y estructural y no una crisis cíclica más. Están muy equivocados quienes piensan que con una inyección de dinero fiscal y con algunas medidas regulatorias se resolverá esta crisis. El sistema financiero está en crisis porque cotiza valores en papeles por seis veces el valor real de los bienes y servicios que se producen en el mundo. Esta no es una “falla de la regulación del sistema” sino que es parte constitutiva del sistema capitalista que especula con todos los bienes y valores en pos de obtener la máxima ganancia posible. Hasta ahora, la crisis económica provoca 100 millones más de hambrientos y más de 50 millones de nuevos desempleados y estas cifras tienden a aumentar.

2. El capitalismo ha provocado la crisis ecológica por someter las condiciones necesarias para la vida en el planeta, al predominio del mercado y la ganancia. Cada año se consume un tercio más de lo que el planeta es capaz de regenerar. A este ritmo de derroche del sistema capitalista, vamos a necesitar dos planetas Tierra para el año 2030.



¿Castigar con cárcel la piratería digital?




¿Castigar con cárcel la piratería digital?

Perro de Jong
Radio Nederland

Un juez sueco ha condenado a un año de cárcel a los fundadores del popular sitio web The Pirate Bay.
Para decidir si la piratería digital debe castigarse con penas carcelarias, es necesario preguntarse si bajar ilegalmente una canción reviste la misma gravedad de robar unas galletas en un supermercado.
De antemano, los reos ya habían declarado que estaban convencidos de que el juez los enviaría a la cárcel. El magistrado sueco concluyó que el sitio web facilita poner ilegalmente a disposición material que, como películas, música y aplicaciones informáticas, está protegido por derechos intelectuales. La formulación elegida por el juez es interesante, pues en la controvertida página no se encuentra ningún
material ilegalmente obtenido, sino que se limita a mencionar si algún usuario pone gratuitamente a disposición una película o un CD. Además, explica cómo establecer contacto con ese usuario, con una aplicación como BitTorrent.

Sin embargo, la industria de productos de entretenimiento alega que este proceder equivale a poner ceniceros a disposición en un entorno en el que está prohibido fumar.
Delincuentes comunes
El veredicto no sólo confirma esta convicción sino que además trata a los fundadores de The Pirate Bay como delincuentes comunes y corrientes. Por su parte, durante años, el sector productor de artículos de diversión siempre ha sostenido que bajar ilegalmente una canción no se diferencia en absoluto de hurtar un paquete de galletas en un supermercado.
Pero, el asunto tiene aún más dimensiones. Hace dos años, The Pirate Bay se proponía adquirir Sealand, la célebre ex plataforma marina que fue declarada como Principado independiente por el excéntrico británico Paddy Roy Bates, donde no hay régimen fiscal ni normas. Además, entre tanto Suecia tiene su propio Partido de los Piratas, formación que, en breve, participará en las elecciones europeas. Se trata, entonces, de intentos de desafiar al orden establecido e iniciar un debate, pues, en palabras de su líder, Rik Falkvinge, "Europa debe poner fin al desmantelamiento de los derechos de los ciudadanos, y ahora que Internet forma parte de nuestras vidas, su uso debe ser completamente libre."

Nuevas necesidades
Por su parte, Johan Pouwelse, investigador vinculado ala Universidad Tecnológica de Delft, Holanda, considera que el intercambio de material por Internet no se puede equiparar al hurto corriente. "Gracias a la tecnología del intercambio, los usuarios pueden escuchar más música, sus preferencias se diversifican, y, por tanto, no se limitan a los trillados éxitos de venta. Además, al contrario de lo que la industria del sector teme, no se agota el talento, como lo demuestra YouTube, medio que permite la comunicación directa entre artistas y su público. En cambio, como consecuencia de ello, las firmas disqueras se hacen superfluas," puntualiza el experto.

A lo anterior, el investigador holandés agrega que las casas disqueras son las verdaderas responsables del perjuicio que les causan ‘piratas' como The PirateBay, porque, durante mucho tiempo se obstinaron en recurrir a todo medio para obstaculizar la difusión de sus productos a través de la red mundial, mientras que, en realidad, han debido ofrecer posibilidades legales de acceso a su público.
Pouwelse no considera sorprendente el apoyo que la industria del sector de la diversión recibe por parte del juez sueco. En el pasado, personas que han bajado material han sido enjuiciadas y se les ha impuesto multas gigantescas. Cabe preguntarse ahora si, tras el veredicto sueco, los usuarios de The Pirate Bay corren peligro de ser acusados, por ejemplo, de formar parte de una organización criminal.

A su juicio, no es fácil que la sentencia siente en breve un precedente. "Es más probable que te mate un rayo a que te acusen de bajar ilegalmente música," sostiene.
Pero, en Suecia no todo mundo está convencido de ello, y, tras una adaptación de la ley sobre la materia, a comienzos del presente mes, el uso de Internet en el país descendió casi en un cincuenta por ciento. A pesar de ello, para la mayoría de esos usuarios, los fundadores de The Pirate Bay son verdaderos héroes, a pesar del fallo.

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Más Yo Que Yo Mismo - Amado Nervo



Más Yo Que Yo Mismo

¡Oh vida mía, vida mía,
agonicé con tu agonía
y con tu muerte me morí!
¡De tal manera te quería,
que estar sin ti es estar sin mí!

Faro de mi devoción,
perenne cual mi aflicción,
es tu memoria bendita.
¡Dulce y santa lamparita
dentro de mi corazón!

Luz que alumbra mi pesar,
desde que tú te partiste
y hasta el fin lo ha de alumbrar,
que si me dejaste triste,
triste me habrás de encontrar.

Y al abatir mi cabeza,
ya para siempre jamás,
el mal que a minarme empieza,
pienso que por mi tristeza
tú me reconocerás.

Merced al noble fulgor
del recuerdo, mi dolor
será espejo en que has de verte,
y así vencerá a la muerte
la claridad del amor.

No habrá ni noche ni abismo
que enflaquezca mi heroísmo
de buscarte sin cesar.
Si eras más yo que yo mismo,
¿cómo no te he de encontrar?

¡Oh vida mía, vida mía!,
agonicé con tu agonía
y con tu muerte me morí.
De tal manera te quería
que estar sin ti es estar sin mí.

Amado Nervo

Klaus Schulze / Lisa Gerrard - Farscape


Electronic, Ambient
Alemania

Klaus Schulze / Lisa Gerrard - Farscape (2008)



Disc One:
1. Liquid Coincidence 1 (21:59)
2. Liquid Coincidence 2 (30:51)
3. Liquid Coincidence 3 (25:54)

Disc Two:
1. Liquid Coincidence 4 (18:18)
2. Liquid Coincidence 5 (18:48)
3. Liquid Coincidence 6 (24:02)
4. Liquid Coincidence 7 (13:38)



Klaus Schulze & Lisa Gerrard - Excerpt Liquid Coincidence 1
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Reseña



Klaus Schulze : El alemán Klaus Schulze, pionero de la música electrónica, empezó su carrera a fines de los años 60. Formó parte de varias bandas, entre ellas Tangerine Dream y Ashra Tempel. En 1972 publicó su primer disco en solitario. En los años 70 se hizo famoso internacionalmente, tanto por sus discos como por sus espectaculares giras de conciertos.
Lisa Gerrard : Lisa Gerrard (Melbourne 12 de abril de 1961) compositora y cantante australiana. Integrante principal de la desaparecida banda Dead Can Dance.

La colaboración largamente deseada por este visionario electrónico se ha hecho realidad. Schulze dice que desde los años 80 ha estado interesado en colaborar con Lisa Gerrard (Dead Can Dance y sus innumerables discos en solitario, bandas sonoras, etc).
En Noviembre de 2007,y tras 5 días de trabajo, conversaciones y buena mesa, ambos compositores, en apariencia pertenecientes a mundos paralelos, han realizado una serie de grabaciones en donde la electrónica del maestro sirve de fondos a la incomparable voz de Lisa.
A tenor de las entusiastas declaraciones de Schulze, sobre la elaboración del disco, en 'Farscape' hay un intento de realizar 'música con tintes sacros', punto de vista aparentemente coincidente en ambos artistas, aunque a niveles complementarios.
Según Schulze estos 2 discos son “un viaje trip dentro de una revolucionaria faceta del sonido, que siempre me ha interesado. Yo soy mi propio microcosmos, nunca me creo compromisos y esto es también aplicable a la música de Farscape, aunque Lisa fuera también responsable a partes iguales. No puedo trabajar en ninguna otra circustancia que la absoluta libertad de creación. Únicamente tengo esta vida. ¿Por qué debería hacer algo diferente de lo que realmente quiero hacer?”

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La Última Pregunta - Isaac Asimov







La Última Pregunta
Isaac Asimov

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:
Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso —kilómetros y kilómetros de rostro— de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.
Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.
Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia, había una cantidad limitada de ambos.
Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.
La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación —de un kilómetro y medio de diámetro— que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.
Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.
Se habían llevado una botella y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.
—Es asombroso, cuando uno lo piensa —dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior—. Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.
Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.
—No para siempre —dijo.
—Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.
—Entonces no es para siempre.
—Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?
Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.
—Veinte mil millones de años no es «para siempre».
—Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?
—También la superarán el carbón y el uranio.
—De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.
—No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.
—Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros —dijo Adell, malhumorado—. Se portó muy bien.
—¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años pero, ¿y luego? —Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro—. Y no me digas que nos conectaremos con otro sol.
Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.
De pronto Lupov abrió los ojos.
—Piensas que nos conectaremos con otro sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?
—No estoy pensando nada.
—Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ése es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.
—Entiendo —dijo Adell—, no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.
—Por supuesto —murmuró Lupov—. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, las gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.
—Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía —dijo Adell, tocado en su amor propio.
—¡Qué vas a saber!
—Sé tanto como tú.
—Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
—Muy bien. ¿Quién dice que no?
—Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos, para siempre. Dijiste «para siempre».
Esa vez le tocó a Adell oponerse.
—Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
—Nunca.
—¿Por qué no? Algún día.
—Nunca.
—Pregúntale a Multivac.
—Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es posible.
Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su juventud aún después que haya muerto de viejo?
O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del Universo?
Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes de los transmisores terminaron.
Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron seis palabras impresas:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
—No hay apuesta —murmuró Lupov. Salieron apresuradamente.
A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían olvidado el incidente.

Jerrodd, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en la pantalla mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.
—Es X-23 —dijo Jerrodd con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.
Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:
—Hemos llegado a X-23... hemos llegado a X-23... hemos llegado a X-23... hemos llegado...
—Tranquilas, niñas —dijo rápidamente Jerrodine—. ¿Estás seguro, Jerrodd?
—¿Qué puedo estar sino seguro? —preguntó Jerrodd, echando una mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la nave.
Jerrodd sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos hiperespaciales.
Jerrodd y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los cómodos sectores residenciales de la nave.
Cierta vez alguien le había dicho a Jerrodd, que el «ac» al final de «Microvac» quería decir «computadora análoga» en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar incluso eso.
Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.
—No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
—¿Por qué, caramba? —preguntó Jerrodd—. No teníamos nada allí. En X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. —Luego agregó, después de una pausa reflexiva—: Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarrollado viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la raza.
—Lo sé, lo sé —respondió Jerrodine con tristeza.
Jerrodette I dijo de inmediato:
—Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
—Eso creo yo también —repuso Jerrodd, desordenándole el pelo.
Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrodd estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias.
Durante mil años habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.
Jerrodd se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada como la AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje hiperespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas.
—Tantas estrellas, tantos planetas —suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos—. Supongo que las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
—No siempre —respondió Jerrodd, con una sonrisa—. Todo esto terminará algún día, pero no antes que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.
—¿Qué es la entropía, papá? —preguntó Jerrodette II con voz aguda.
—Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del Universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkie-talkie, ¿recuerdas?
—¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
—Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no hay más unidades de energía.
Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
—No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
—Mira lo que has hecho —susurró Jerrodine, exasperada.
—¿Cómo podía saber que iba a asustarla? —respondió Jerrodd también en un susurro.
—Pregúntale a la Microvac —gimió Jerrodette I—. Pregúntale cómo volver a encender las estrellas.
—Vamos —dijo Jerrodine—. Con eso se tranquilizarán. —(Jerrodette II ya se estaba echando a llorar, también).
Jerrodd se encogió de hombros.
—Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
—Imprimir la respuesta.
Jerrodd retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:
—Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.
Jerrodine dijo:
—Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar. —Jerrodd leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba cerca.

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
—¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
—Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de formas perfectas.
—Sin embargo —dijo VJ-23X—, me resisto a presentar un informe pesimista al Consejo Galáctico.
—Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
—El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.
—Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito. ¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años...
VJ-23X lo interrumpió.
—Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.
—Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta inmortalidad tiene su lado complicado. La AC Galáctica nos ha solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte, anuló todas las otras cuestiones.
—Sin embargo no creo que desees abandonar la vida.
—En absoluto —saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato—. No todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
—Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
—Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se duplica cada diez años. Una vez que se llene esta galaxia, habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el Universo conocido. Y entonces, ¿qué?
VJ-23X dijo:
—Como problema paralelo, está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una galaxia a la siguiente.
—Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía solar por año.
—La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, sólo nuestra propia galaxia gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente usamos dos de ellas.
—De acuerdo, pero aún con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy buena observación.
—Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.
—¿O con calor disipado? —preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
—Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a la AC Galáctica.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su interfaz AC del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
—No me faltan ganas —dijo—. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar algún día.
Miró sombríamente su pequeña interfaz AC. Era un objeto de apenas cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del hiperespacio con la gran AC Galáctica que servía a toda la humanidad y, a su vez, era parte integral suya.
MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría a ver la AC Galáctica. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de los planos medios ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la AC Galáctica tenía mil diez metros de ancho.
Repentinamente, MQ-17J preguntó a su interfaz AC:
—¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
—Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.
—¿Por qué no?
—Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
—¿Hay árboles en tu mundo? —preguntó MQ-17J.
El sonido de la AC Galáctica los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su voz fina y hermosa en la interfaz AC en el escritorio. Dijo:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
VJ-23X dijo:
—¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes. ¿Alguna vez las vería todas?
Tantas estrellas, cada una con su carga de humanidad... una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.
¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco lugar en el Universo para nuevos individuos.
Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de otra mente.
—Soy Zee Prime. ¿Y tú?
—Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
—Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
—Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
—Porque todas las galaxias son iguales.
—No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
—¿En cuál?
—No sabría decirte. La AC Universal debe estar enterada.
—¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.
Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.
Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
—¡AC Universal! ¿En qué galaxia se originó el hombre?
La AC Universal oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la AC Universal se mantenía independiente. Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a distancia sensible de la AC Universal, y sólo informó sobre un globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.
—¿Pero cómo puede ser eso toda la AC Universal? —había preguntado Zee Prime.
—La mayor parte —fue la respuesta— está en el hiperespacio. No puedo imaginarme en qué forma está allí.
Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día —y eso Zee Prime lo sabía— en que algún hombre tuvo parte en construir la AC Universal. Cada AC Universal diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.
La AC Universal interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un difuso mar de Galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en estrellas.
Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro.
«ÉSTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.»
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de desilusión.
Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:
—¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La AC Universal respondió:
«LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.»
—¿Los hombres que la habitaban murieron? —preguntó Zee Prime, sobresaltado y sin pensar.
La AC Universal respondió:
«COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FÍSICOS FUE CONSTRUIDO EN EL TIEMPO.»
—Sí, por supuesto —dijo Zee Prime, pero aún así lo invadió una sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la Galaxia original del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a verla.
Dee Sub Wun dijo:
—¿Qué sucede?
—Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
—Todas deben morir. ¿Por qué no?
—Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente morirán, y tú y yo con ellos.
—Llevará billones de años.
—No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡AC Universal! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
—Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.
Y la AC Universal respondió:
«TODAVÍA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.
Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.
El Hombre dijo:
—El Universo está muriendo.
El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.
Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin.
El Hombre dijo:
—Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la AC Cósmica, la energía que todavía queda en todo el Universo, puede durar billones de años. Pero aún así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.
El Hombre dijo:
—¿Es posible invertir la tendencia de la entropía? Preguntémosle a la AC Cósmica.
La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía sentido comprensible para el Hombre.
—AC Cósmica —dijo el Hombre—, ¿cómo puede revertirse la entropía?
La AC Cósmica dijo:
«LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
El Hombre ordenó:
—Recoge datos adicionales.
La AC Cósmica dijo:
«LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.»
—¿Llegará el momento —preguntó el Hombre— en que los datos sean suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?
La AC Cósmica respondió:
«NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.»
El Hombre preguntó:
—¿Cuándo tendrás suficientes datos como para responder a la pregunta?
La AC Cósmica respondió:
«LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
—¿Seguirás trabajando en eso? —preguntó el Hombre.
La AC Cósmica respondió:
«SÍ.»
El Hombre dijo:
—Esperaremos.
Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.
Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.
La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un espacio que sólo incluía los vestigios de la última estrella oscura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.
El Hombre dijo:
—AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al Universo una vez más? ¿Esto no puede hacerse?
AC respondió:
«LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio.

La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el Hombre.
Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.
Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger.
Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.
Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.
Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.
Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta —por demostración— se ocuparía de eso también.
Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.
Cuidadosamente, AC organizó el programa.
La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un Universo y pensó en lo que en ese momento era el caos.
Paso a paso, había que hacerlo.
Y AC dijo:
«¡HÁGASE LA LUZ!»
Y la luz se hizo...


Helium Vola - Fuer Euch, Die Ihr Liebt


Francia
Darkwave, Medieval

Helium Vola - Fuer Euch, Die Ihr Liebt (2CD) (2009)



CD1:
01. A Voi Che Amate
02. Saber d'Amor
03. Oh Pescador
04. Blow, Northerne Wynd
05. Mes Longs Cheveux
06. L'Alba
07. In So Hoher Swebender Wunne
08. Friendly Fire
09. Hor Che'l Ciel
10. Escoutatz
11. Maienzeit
12. Ecce gratum

CD2:
01. Preghiera
02. Nummus
03. Mayab
04. Mord
05. Canta Me
06. Manifesto
07. Quan Lo Pet
08. Ray Gun
09. Come Talore
10. Darkness, Darkness
11. Moorsoldaten
12. Nuestras Vidas




HELIUM VOLA
Ernst Horn, (instruments, composer)
Sabine Lutzenberger, vocals






Vampiros - Voltaire


Vampiros
Voltaire (Diccionario Filosófico)




¿Es posible creer en la existencia de vampiros en pleno siglo XVIII, después del reinado de Locke, Saftesbury, Trenchard, Collins y sus sucesores Alembert, Diderot, Saint Labert y Duclos? Por increíble que parezca, el reverendo benedictino dom Agustín Calmet imprimió y reimprimió la historia de los vampiros con aprobación de la Sorbona.

Los vampiros eran muertos que salían del cementerio, por la noche, para chupar la sangre a los vivos, en la garganta o en el vientre, y que después volvían al camposanto y se encerraban en sus fosas. Los vivos a quienes los vampiros chupaban la sangre enflaquecían y se iban consumiendo, mientras que los muertos que la habían chupado engordaban, les salían los colores y estaban la mar de rozagantes. Polonia, Hungría, Silesia, Moravia, Austria y Lorena, eran los países donde los muertos se entregaban a este festival de sangre. Nadie oía hablar de vampiros en Londres, ni en París. Confieso que en esas dos urbes hubo agiotistas, comerciantes y hombres de negocios que chuparon a la luz del día la sangre del pueblo, pero no estaban muertos, sino corrompidos. Esos verdaderos chupópteros no vivían en los cementerios, sino en magníficos palacios.

¿Quién es capaz de creer que la superstición de los vampiros la heredamos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, Aristóteles, Platón, Epicuro y Demóstenes, sino de la Grecia cristiana y por desgracia cismática.

Hace mucho tiempo que los cristianos de la Iglesia griega creían que los cuerpos de los cristianos de la Iglesia latina, que se enterraban en Grecia, no se pudrían porque estaban excomulgados. Creían lo contrario que nosotros los católicos, que los cuerpos incorruptos son claro testimonio de la bienaventuranza eterna y en cuanto se pagan en Roma cien mil escudos por la canonización de un santo le tributamos la más piadosa adoración.

Los griegos están convencidos de que sus muertos son hechiceros y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los progenitores, a beberse el vino y a romper los muebles. Sólo se les puede destruir quemándolos cuando se atrapan, pero teniendo la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

Después de la calumnia, nada se propaga con tanta rapidez como la superstición, el fanatismo, el sortilegio y los cuentos de aparecidos. Pronto hubo broucolacas en Valaquia, Moldavia y Polonia, pese a que esta nación pertenece al rito romano y no le faltaba más que esta superstición, que se transmitió a toda la parte oriental de Alemania. De 1730 a 1735 se ocuparon continuamente de los vampiros, los espiaron, les arrancaron el corazón y los quemaron, pero al igual que los antiguos mártires cuantos más quemaban más aparecían.

Como hemos dicho, Calmet fue su historiógrafo y se ocupó de los vampiros como antes se había ocupado del Antiguo y del Nuevo Testamento, refiriendo fielmente todo lo que sobre esta materia escribieron otros.

Encontramos historias de vampiros hasta en las Cartas judías de Argens, a quien los jesuitas acusaron de incrédulo y luego aceptaron gozosamente cuando refirió la historia del vampiro de Hungría dando gracias a Dios y a la Virgen por la conversión de Argens. He aquí lo que dijeron del citado autor: «El famoso incrédulo que dudó de la aparición del arcángel a la Virgen, de la estrella que vieron los Reyes Mayos, de que se curaran los poseídos, de que se ahogaran dos mil cerdos en un lago del eclipse de sol en luna llena y de los muertos que se paseaban por Jerusalén, tocado por la divina gracia se iluminó su espíritu y cree en la existencia de los vampiros».

La gran cuestión que se suscitó entonces fue averiguar si aquellos vampiros resucitaron por propia virtud, por el poder de Dios o por el poder del diablo. Los grandes teólogos de Lorena, Moravia y Hungría hicieron públicas sus opiniones y su ciencia. Recordaron todo cuanto antes san Agustín, san Ambrosio y otros santos dijeron de más ininteligible respecto a los vivos y los muertos, adujeron todos los milagros de san Esteban incluidos en el séptimo libro de las obras de san Agustín y citaron las historias que refiere Sulpicio Severo en la vida de san Martín.

Discutieron también sobre si se comía el alma o el cuerpo del muerto y quedó decidido que comían la una y el otro. Los alimentos más delicados, como los merengues y la crema, se los comía el alma, y las chuletas y el rosbif se los comía el cuerpo.

Decían que los reyes de Prusia fueron los primeros que después de muertos se hacían servir alimentos y que los imitaban casi todos los monarcas de entonces, pero eran los frailes quienes se comían el almuerzo y la cena y bebían el vino; de manera que, hablando con propiedad, los reyes no eran vampiros, los verdaderos vampiros son los frailes que comen a expensas de los reyes y los pueblos.

Todavía se discute la grave cuestión de si puede absolverse al vampiro que murió excomulgado. No soy teólogo bastante profundo para decidirlo pero yo lo absolvería porque cuando debe decidirse entre dos partidos dudosos, debe uno inclinarse por el más benigno.

En resumen, una gran parte de Europa estuvo infestada de vampiros durante cinco o seis años y hoy ya no existen; hubo convulsionarios en Francia durante más de veinte años y ya no los hay; resucitaron muertos durante siglos y hoy ya no los resucitan; tuvimos jesuitas en España, Portugal, Francia y las Dos Sicilias y hoy ya no los tenemos.

Ataraxia - Oil On Canvas


Italy.
Neo Folk

Ataraxia - Oil On Canvas (2009)



01. Fengari
02. The bay is white in silent light
03. Pastorale
04. Zelia
05. Mon ame sorciere
06. La reine des hommes au yeux verls
07. Blood of cherries
08. Daytia
09. Dulcamara
10. Flee et fabian
11. Eaudelamer
12. Temenos
13. The ocean green
14. Rashan(Exclusive track)





ATARAXIA
francesca nicoli (voice)
vittorio vandelli (classic guitar, chitarra battente)
giovanni pagliari (keyboards, harmonizing)
riccardo spaggiari (acoustic and electronic drums and percussions)





De la Simetría Interplanetaria - Julio Cortázar





De la Simetría Interplanetaria
Julio Cortázar

This is very disgusting.
Donald Duck

Apenas desembarcado en el planeta Faros, me llevaron los farenses a conocer el ambiente físico, fitogeográfico, zoogeográfico, político-económico y nocturno de su ciudad capital que ellos llaman 956.

Los farenses son lo que aquí denominaríamos insectos; tienen altísimas patas de araña (suponiendo una araña verde, con pelos rígidos y excrecencias brillantes de donde nace un sonido continuado, semejante al de una flauta y que, musicalmente conducido, constituye su lenguaje); de sus ojos, manera de vestirse, sistemas políticos y procederes eróticos hablaré alguna otra vez. Creo que me querían mucho; les expliqué, mediante gestos universales, mi deseo de aprender su historia y costumbres; fui acogido con innegable simpatía.

Estuve tres semanas en 956; me bastó para descubrir que los farenses eran cultos, amaban las puestas de sol y los problemas de ingenio. Me faltaba conocer su religión, para lo cual solicité datos con los pocos vocablos que poseía -pronunciándolos a través de un silbato de hueso que fabriqué diestramente-. Me explicaron que profesaban el monoteísmo, que el sacerdocio no estaba aún del todo desprestigiado y que la ley moral les mandaba ser pasablemente buenos. El problema actual parecía consistir en Illi. Descubrí que Illi era un farense con pretensiones de acendrar la fe en los sistemas vasculares ("corazones" no sería morfológicamente exacto) y que estaba en camino de conseguirlo.

Me llevaron a un banquete que los distinguidos de 956 le ofrecieron a Illi. Encontré al heresiarca en lo alto de la pirámide (mesa, en Faros) comiendo y predicando. Lo escuchaban con atención, parecían adorarlo, mientras Illi hablaba y hablaba.

Yo no conseguía entender sino pocas palabras. A través de ellas me formé una alta idea de Illi. Repentinamente creí estar viviendo un anacronismo, haber retrocedido a las épocas terrestres en que se gestaban las religiones definitivas. Me acordé del Rabbi Jesús. También el Rabbi Jesús hablaba, comía y hablaba, mientras los demás lo escuchaban con atención y parecían adorarlo.

Pensé: Y si éste fuera también Jesús? No es novedad la hipótesis de que bien podría el Hijo de Dios pasearse por los planetas convirtiendo a los universales. Por qué iba a dedicarse con exclusividad a la tierra? Ya no estamos en la era geocéntrica; concedámosle el derecho a cumplir su dura misión en todas partes.

Illi seguía adoctrinando a los comensales. Más y más me pareció que aquel farense podía ser Jesús. "Qué tremenda tarea", pensé. "Y monótona, además. Lo que falta saber es si los seres reaccionan igualmente en todos lados. Lo crucificarían en Marte, en Júpiter, en Plutón..?"

Hombre de la Tierra, sentí nacerme una vergüenza retrospectiva. El Calvario era un estigma coterráneo, pero también una definición. Probablemente habíamos sido los únicos capaces de una villanía semejante ¡Clavar en un madero al hijo de Dios..!

Los farenses, para mi completa confusión, aumentaban las muestras de su cariño; prosternados (no intentaré describir el aspecto que tenían) adoraban al maestro. De pronto, me pareció que Illi levantaba todas las patas a la vez (y las patas de un farense son diecisiete). Se crispó en el aire y cayó de golpe sobre la punta de la pirámide (la mesa). Instantáneamente quedó negro y callado; pregunté, y me dijeron que estaba muerto.

Parece que le habían puesto veneno en la comida.

ASP - Die DJ-Archive (3CD) (2008)


Gothic
Alemania
ASP - Die DJ-Archive (3CD) (2008)
Compilation, Limited Edition



CD1: Die DJ-Archive 1
01. Hunger (Rerecorded Horror Vacui Version) (5:20)
02. Raserei (5:11)
03. Finger Weg! Finger! (3:39)
04. De Profundis (3:52)
05. Mercy (Suicide Commando Interpretation) (4:12)
06. Ich Will Brennen (Rerecorded Horror Vacui Version) (4:12)
07. Dancing (Rerecorded Horror Vacui Version) (5:45)
08. Coming Home (4:45)
09. Me (Video Edit 2.0) (3:57)
10. Werben (Rerecorded Horror Vacui Version) (4:33)
11. Nie Mehr (Horror Vacui Version) (5:14)

CD2: Die DJ-Archive 2
01. Denn Ich Bin Der Meister (6:31)
02. Zaubererbruder (4:55)
03. Krabat (4:58)
04. Abschied (4:28)
05. Der Schnitter Tod (6:26)

CD3: Die DJ-Archive 3
01. Ich Will Brennen (Live) (6:23)
02. Kokon (Live) (4:36)
03. Werben (Live) (4:51)
04. Schwarzes Blut (Live) (6:29)
05. Und Wir Tanzten (Live) (5:44)
06. Finger Weg (Live) (3:44)
07. Demon Love (Live) (4:21)



ASP - Und wir tanzten
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ASP - Krabat
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ASP
Asp - Alexander Frank Spreng (Vocales)
Matze - Matthias Ambré (Guitarra, Vocales)
Tossi - Andreas Gross (Bajo, Vocales)
Himmi - Oliver Himmighoffen (Batería)





Erótica


Erótica

Algunas veces las estrellas mueren
y en féretros de nubes
encuentran su sepulcro.
El funeral se convierte en elocuente
cuando el cielo tirita y llora
sujetándose de la tierra para siempre.

Algunas veces los vampiros
se ocultan entre rayos y simientes
de lluvia fría e intermitente.
Miran sobre el vidrio
mientras planean el juego
de seducción y erotismo.

Otras tantas veces el cielo
desata su tremenda furia
tornando las nubes fluorescentes.
Las arañas hacen su cama
para acariciarse y besarse
segadas por la pasión de almohadas.

Así la lluvia irrumpe
con su funeral de lagrimas
las tejas de la vieja casa.
La piel no se despega
y acaricia las portadas.

El viento juega en los labios
dulces y húmedos,
bañándose con los gemidos
de los sepulcros.

Oda a la oscuridad – François Ayel Sampellegrini

Paradise Lost - Shades of God



doom/ death / gothic metal
Halifax-UK
Paradise Lost - Shades of God (1992)



1.Mortals Watch the Day 05:12
2.Crying for Eternity 07:05
3.Embraced 04:29
4.Daylight Torn 07:53
5.Pity the Sadness 05:05
6.No Forgiveness 07:37
7.Your Hand in Mine 07:08
8.The Word Made Flesh 04:41
9.As I Die 03:46



Paradise Lost - As I Die
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PARADISE LOST
Nick Holmes (Voz)
Greg Mackintosh (Guitarra)
Aaron Aedy (Guitarra)
Steve Edmonson (Bajo)
Jeff Singer (Batería)





El Convenio de Sir Dominick - Joseph S. Le Fanu






El Convenio de Sir Dominick
Joseph Sheridan Le Fanu

En los primeros días del otoño de 1838 un asunto de negocios me llevó al sur de Irlanda. El tiempo era agradable, el lugar y la gente me eran nuevos. Alquilé un caballo en una taberna y envié mi equipaje con un sirviente a bordo de una diligencia de correo y luego, con la curiosidad de un explorador, inicié un recorrido de 25 millas a caballo, por caminos inhóspitos, hasta llegar a mi destino. Atravesé pantanos, colinas, planicies y castillos en ruinas, siempre bajo un consistente viento.

Inicié la marcha tarde, y habiendo hecho poco menos de la mitad del camino, ya estaba pensando en hacer un alto en el próximo lugar conveniente, para que descansase el caballo y se alimentase, y también para hacerme de algunas provisiones.

Eran cerca de las cuatro cuando el camino, que ascendía gradualmente, se desvió a través de un desfiladero entre la abrupta terminación de unas montañas a mi izquierda, y una colina que se elevaba a mi derecha. Abajo se erguía una precaria villa bajo una larga línea de gigantescos árboles de hayas, cuyas ramas cobijaban a
pequeñas chimeneas que emitían sus respectivas columnas de humo.
A mi izquierda, separadas por millas, ascendiendo el cordón montañoso antes nombrado, había un bosque salvaje, cuyos follajes y helechos terminaban en las rocas.

A medida que descendía, el camino daba algunas curvas, siempre teniendo a mi izquierda el paredón de piedra gris, cubierto aquí y allá con hiedra. Y al acercarme a la villa, a través de sendas en el bosque, pude ver el largo murallón de una vieja y ruinosa casa ubicada entre los árboles, a medio camino entre el pintoresco paisaje
montañoso.

La soledad y la melancolía de esa ruina picó mi curiosidad, y una vez que hube llegado a la posada de St. Columbkill, habiendo puesto a descansar a mi caballo y permitiéndome a mí mismo una buena comida, comencé a pensar nuevamente en el bosque y la casa ruinosa, resolviendo dar luego un paseo por aquellas soledades.

El nombre del lugar, supe, era Dunoran; y luego de traspasar el portón de entrada a la propiedad, inicié un paseo por la dilapidada mansión.

Una larga senda en la que sobresalían muchas ligustrinas, me llevó, luego de algunas curvas y recodos, a la vieja casona, bajo la sombra de los árboles.

El camino traspasaba una hondonada recubierta de malezas, pequeños árboles y arbustos, y la silente casa tenía su puerta principal abierta hacia esta oscura cañada. Más allá se extendían robustos árboles por entre la casa, en sus desiertos parques y establos.

Entré y vagué por todos lados, viendo ortigas y ligustrinas a través de los pasillos; de cuarto en cuarto los cielorrasos estaban caídos, y por aquí y por allá había vigas oscuras y raídas, con zarcillos de hiedra por todos lados. Las paredes altas, con el yeso picado, estaban manchadas y enmohecidas. Las ventanas estaban opacadas por la hiedra y, cerca de la gran chimenea unos grajos, especie de
pequeños cuervos, revoloteaban mientras que de los árboles que cubrían la cañada, desde el otro lado, se escuchaban los graznidos de sus pichones.

Y, mientras caminaba por entre aquellos melancólicos pasillos, mirando solo en las habitaciones cuyos entarimados no estaban hundidos (circunstancia que hacía de mi exploración una actividad peligrosa), comencé a preguntarme por qué una casa tan grande, en el medio de tan pintoresco paisaje, se había permitido decaer; soñé con la hospitalidad de quienes mucho tiempo antes fueran sus dueños, e imaginé la escena de fiestas y francachelas que se habría visto en medianoche.

La gran escalera era de roble, y había aguantado maravillosamente el tiempo. Me senté en sus escalones pensando vagamente en la transitoriedad de todas las cosas bajo el sol.

Excepto por el ronco y distante clamor de los pichones, apenas perceptible desde donde yo me encontraba sentado, ningún sonido quebraba la profunda quietud del lugar. Raras veces había experimentado tal sentimiento de soledad. No había viento; ni siquiera el crepitar de una hoja marchita a través del pasillo. Todo era
opresivo. Los altos árboles que se erguían alrededor de la casa la oscurecían y añadían algo de terror a la melancolía del lugar.

En ese momento, cercano a mí, escuché con desagradable sorpresa una voz muy particular, que repitió estas palabras:

—Comida para los gusanos, muerta y podrida.

Había una pequeña ventana en la pared, y a través de su oscuro hueco vi, casi entre las sombras, la forma difusa de un hombre, sentado y bamboleando su pie. Me miraba fijo y reía cínicamente; antes de que pudiera recuperarme de la sorpresa, repitió este dicho:

—Si la muerte fuera una cosa que con dinero se pudiese evitar, los ricos vivirían y los pobres habrían de morir.

—Fue una gran casa, señor —continuó— la Casa Dunoran, de los Sarsfield. Sir Dominick Sarsfield fue el último de su familia. Perdió la vida a no más de seis pies de distancia de donde usted está sentado.

Y mientras decía esto, saltó con un leve brinco al piso. Tenía el rostro oscuro, rasgos afilados, un poco encorvado. Tenía un bastón para caminar con el cual señaló a un punto en la pared. Una mancha en el yeso.

—¿Ve usted la marca, señor? —dijo.

—Sí —respondí, al tiempo que me paraba y miraba con curiosa anticipación.

—Está a unos siete u ocho pies del piso, señor, y usted no adivinará de qué proviene.

—Me temo que no —dije— supongo que es una mancha de humedad.

—Nada de eso, señor —respondió con la misma sonrisa cínica, aún apuntando al manchón con su bastón—. Es un manchón de sesos y sangre. Está ahí desde hace más de cien años; y nunca se irá mientras la pared esté en pie.

—Entonces, ¿fue asesinado?

—Peor que eso, señor —respondió.

—¿Tal vez se suicidó?

—Peor que eso, señor. Soy más viejo de lo que parezco, señor; usted no podrá adivinar mis años.

Se quedó en silencio, mirándome, como invitándome a una conjetura.

—Bueno, yo diría que usted tiene unos cincuenta y cinco.

Rió, tomó una pizca de rapé y dijo:

—Cumplí setenta hace poco.

—Le doy mi palabra que no lo aparenta; aún no lo puedo creer. ¿Usted no recuerda la muerte de sir Dominick Sarsfield? —dije, mirando la ominosa mancha de la pared.

—No, señor, eso ocurrió mucho antes de que yo naciera. Pero mi abuelo fue mayordomo aquí y muchas veces escuché de su boca el relato de la muerte de sir Dominick. No hubo mayordomo en la casa desde que ocurrió aquello, pero hubo dos sirvientes que la
mantuvieron, y mi tía fue una de ellas. Ella me crió aquí hasta que tuve 9 años, hasta que se marchó a Dublín, desde ese momento todo comenzó a decaer. El viento fue despojando el tejado y la lluvia pudrió el maderamen. Poco a poco, a través de estos sesenta años, la casa se fue convirtiendo en esto que hoy ve usted. Pero yo aún tengo
cierto afecto por el lugar, por los viejos tiempos. Nunca vengo por aquí, pero quise echar un vistazo. No pienso que esté viniendo muchas veces a ver la vieja casa, ya que estaré bajo el césped en no mucho tiempo.

—Usted se mantiene joven —dije, y dejando este trivial tema, comenté—: No me sorprende que le guste este viejo lugar; es un bello lugar, con muchos árboles.

—Desearía que lo hubiera visto cuando las nueces estaban maduras; son las nueces más dulces de toda Irlanda, creo —contestó con un práctico sentido de lo pintoresco—. Usted se llenaría los bolsillos mientras lo recorría.

—Este es un bosque muy antiguo —comenté—. No he visto ninguno más hermoso en toda Irlanda.

—¡Eiah! Usía, todas las montañas de por aquí ya tenían bosques cuando mi padre era mozo, y Murroa Wood era el más grande de todos. La mayoría eran robles, y hoy han sido en gran parte talados. Ni uno quedó que se pueda comparar con los de aquellos tiempos. ¿Qué camino tomó, usía, para llegar hasta aquí? ¿Vino desde Limerick?

—No. Killaloe.

—Bueno, entonces pasó por el lugar donde estaba en los viejos tiempos el Murroa Wood. Fue cerca de allí que sir Dominick Sarsfield se encontró por primera vez con el Diablo, el Señor nos libre, y este fue un mal encuentro para él.

Había tomado interés en esta aventura que había tenido lugar en el mismo marco que ahora me atraía tanto; y mi nuevo conocido, el pequeño encorvado, estaba bien dispuesto a narrarme la historia. Y comenzando a hablar, pronto nos sentamos.

—Cuando sir Dominick estaba aquí, la propiedad estaba esplendorosa; y aquí tenían lugar grandes fiestas, había música y se le daba la bienvenida a todos aquellos que se acercaban. Había vino de tonel de clase, comida caliente, como para incendiar una ciudad, y cerveza y sidra, como para hacer flotar un buque. Esto duraba casi todo el mes, hasta que el tiempo y la lluvia estropeaban las diversiones de nuestras danzas. Por esa época comenzaba la feria de Allybally Killudeen, distrayéndonos con sus diversiones.

"Pero sir Dominick sólo estaba comenzando, y no le había quedado método por intentar que lo llevase a deshacerse de su fortuna (bebida, dados, carreras, naipes y todo tipo de azares), con lo que no pasaron muchos años para que se viera en deuda y se
convirtiera en un hombre muy desgraciado. Al mundo exterior mostró, mientras pudo, como que no ocurría nada. Luego vendió todos sus perros y luego fueron casi todos los caballos. Con eso se marchó a Francia, y nadie escuchó nada de él durante algo así como dos o tres años. Hasta que al final, muy inesperadamente, una noche se escuchó un golpe en la gran ventana de la cocina. Eran pasadas las diez y el viejo Connor Hanlon, mi abuelo el mayordomo, estaba sentado al lado del fuego, solo, calentándose. Soplaba un viento fuerte por las montañas, y silbaba a través de la copa de los árboles y hacía un ruido triste a través de la gran chimenea."

El narrador miró fijo a la más cercana chimenea, visible desde su asiento.

—Como no estaba seguro acerca del golpe en la ventana, se levantó y vio el rostro de su patrón. Mi abuelo se alegró de verlo bien, ya que hacía bastante tiempo que no tenía noticias de él; pero al mismo tiempo estaba triste porque habían cambiado las cosas y sólo estaban a cargo de la casa el viejo Juggy Broadrick y mi abuelo mismo, habiendo apenas un hombre en el establo, y era cosa muy lamentable volver a la propia casa en tal estado. Él le dio la mano a Connor y dijo:

—Vine aquí para hablarle. Dejé mi caballo con Dick en el establo; si no lo vuelvo a buscar antes del amanecer, quiere decir que jamás lo volveré a utilizar.

"Dicho esto, fue a la gran cocina y tomó un taburete, donde se sentó para tomar un poco de calor del fuego.

—Siéntate, Connor, frente a mí, y escucha lo que voy a contar, y no temas decir lo que pienses.

"Habló todo el tiempo mirando al fuego, con sus manos extendidas. Se veía muy cansado.

—¿Y por qué habría de temer, amo Dominick? —preguntó mi abuelo—. Usted ha sido un buen amo para mí, lo mismo que su padre, que su alma descanse en paz, antes de usted. Y soy sincero.

—Todo terminó para mí, Con —dijo sir Dominick.

—¡Dios no lo permita! —dijo mi abuelo.

—Reza por ello —dijo sir Dominick—. Perdí mi última moneda; sólo queda esta vieja casa. Debo venderla y he venido, sin saber bien por qué, a dar un último vistazo y luego marcharme hacia la oscuridad.

"Y dijo:

—Con, dicen que el Diablo te da dinero durante la noche que al otro día se convierte en guijarros, astillas y cáscaras de nuez. Si juega limpio, creo que podré hacer negocios con él esta noche.

—¡Dios no lo permita! —dijo mi abuelo, con un sobresalto, mientras se santiguaba.

—¡Cómo pasa el tiempo! ¿Cuánto tiempo pasó desde que el capitán Waller lidió conmigo por la joya en New Castle?

—'Seis años, amo Dominick, y con el primer disparo le rompió la pierna.

—Lo hice, Con —dijo él— y ahora desearía que, en cambio, él me hubiera atravesado el corazón. ¿Tienes un whisky?

"Mi abuelo tomó una botella de un aparador y sir Dominick lo sirvió en una copa.

—Saldré para echar un vistazo a mi caballo —dijo, levantándose y enfundándose con su capa, y con la mirada fija como si estuviese pensando en algo malo.

"No tardaré más que un minuto en ir al establo y mirar el caballo por usted, señor —dijo mi abuelo.

—No iba a ir al establo —dijo sir Dominick—; puedo decirte la verdad, ya que lo sabrás tarde o temprano. Iba a ir a través del bosque; si vuelvo me verás en no más de una hora. De cualquier manera, no sería bueno que me siguieras, ya que si lo haces te dispararía y sería un mal fin para nuestra amistad.

"Dicho esto, caminó por este pasillo de ahí. Abrió la puerta y salió hacia la espesura bajo la luz de la luna y el viento frío. Mi abuelo lo vio caminar a través del bosque, hasta que entró y cerró la puerta.

"Sir Dominick se detuvo para pensar cuando se encontró en el medio del bosque. No se había dado cuenta cuando dejó la casa, pero el whisky no le había aclarado la mente, tan solo le había dado coraje.

"Ya no sentía el viento, no temía a la muerte, ni pensaba en nada más que en la vergüenza y la caída de su familia.

"De pronto no le vino mejor idea que seguir caminando hasta Murroa Wood, en donde podía subirse a uno de los robles para colgarse con su pañuelo de una de las ramas.

"Era una brillante noche de luna llena, tan solo había una pequeña nube que de cuando en cuando ocultaba al satélite que, sin embargo, daba tanta luz como si fuera día.

"Marchó hacia el bosque de Murroa, iba tan rápido que cada uno de sus pasos equivalía a tres normales. No tardó mucho tiempo en llegar al lugar en que los robles extendían sus sarmentosas raíces y sus ramas como si fueran los maderos de un techo, dejando filtrar, empero, algo de la luz lunar, y provocando unas sombras gruesas y tan espesas como la suela de mi zapato.

"Ya estaba volviendo a su sobriedad, y comenzaba a afloja su paso, pensando que sería mejor enlistarse en el ejército del Rey de Francia.

"En ese momento, cuando había resuelto para sí mismo no quitarse la vida, fue que comenzó a escuchar un leve tintineo a través del bosque y, de pronto, vio a un gran caballero justo enfrente suyo, que venía caminando por ese mismo lugar.

"Era joven, tal como él, y vestía un sombrero ladeado, con un listón dorado a su alrededor, como el de un oficial, y una indumentaria como la que en algunas ocasiones vestían los oficiales franceses.

"Los dos caballeros se quitaron sus respectivos sombreros, y el extraño dijo:

—Estoy reclutando, señor —dijo él— para mi soberano, y usted se dará cuenta de que mi dinero no se convertirá en guijarros, astillas y cáscaras de nuez a la mañana siguiente.

"Al mismo tiempo sacó una gran bolsa repleta de oro; sir Dominick sintió cómo se le erizaban los pelos de la nuca.

—No tema —dijo el extraño— el dinero no te consumirá. Si pruebas ser honesto y si esto prospera contigo, desearía proponerte un pacto. Hoy estamos a último día de febrero —continuó— te serviré durante siete años exactos, y al término de los mismos tú me servirás a mí. Volveré a buscarte cuando el séptimo año se cumpla, cuando el reloj surque el minuto entre febrero y marzo. Tú no me verás como un mal amo, ni tampoco como un mal sirviente. Amo mis propiedades; y ordeno todos los placeres y glorias del mundo. El contrato se iniciará hoy, y el arriendo se cumplirá en la medianoche del último día nombrado; y en el año de —me dijo el año, pero ciertamente lo olvidé— y si tú prefieres esperar para ver el progreso antes de firmar, tendrás un plazo de ocho meses y 28 días. Pero en este lapso no puedo hacer gran cosa por ti; y si llegado el día no quieres firmar, todo lo que te otorgué se desvanecerá, y te encontrarás tal y como esta noche, listo para colgarte del primer árbol.

"Bien, sir Dominick eligió esperar, y regresó a la casa con la bolsa llena de oro, tan redonda como su sombrero. Mi abuelo se alegró de ver a su amo seguro y regresando tan pronto. Llamó nuevamente por la cocina y dejó caer la bolsa sobre la mesa. Se quedó parado y moviendo los hombros, como si hubiera estado cargando un gran peso sobre ellos; miró la bolsa y mi abuelo lo miró a él, y de él a la bolsa y nuevamente a él. Sir Dominick se veía pálido como una hoja de papel.

—No lo se, Con, ¿qué habrá dentro? Es la carga más pesada que jamás acarreé.

"Se mostró tímido para abrirla y antes de hacerlo hizo que mi abuelo avivara el fuego de la chimenea. Una vez abierta, vieron que la bolsa estaba repleta de monedas de oro, nuevas y brillosas, como si fueran recién salida de la casa de la moneda.

"Sir Dominick hizo que mi abuelo se sentara a su lado mientras contaba cada una de las monedas de la bolsa.

"No faltaba mucho para que rompiera el día cuando terminó de contar, y sir Dominick le hizo jurar a mi abuelo que no diría palabra de aquel asunto a nadie. Y él lo guardó en secreto.

"Cuando el plazo de los ocho meses y veintiocho días estaba cerca de expirar, sir Dominick regresó muy preocupado a esta casa. No sabía bien qué hacer. Nadie más que mi abuelo sabía algo sobre el tema, y no conocía ni la mitad de lo que había pasado.

"A medida que se acercaba el final del mes de octubre, sir Dominick se iba angustiando cada vez más.

"Una vez que pudo tranquilizarse pensando que no tendría que decir más nada sobre el asunto, ni hablar nuevamente con aquel que conociera en el bosque de Murroa, las deudas volvieron a hacer palpitar su corazón. Sólo unas semanas antes de la expiración del plazo, todo comenzó a andar mal. Un hombre le escribió desde Londres para decir que sir Dominick había pagado trescientas libras al hombre equivocado, y que debería pagar de nuevo; otro reclamaba una deuda de la que nunca antes había oído nada; y otro más, en Dublín, negaba el pago de una gran deuda, y sir Dominick no tenía idea de dónde había puesto los recibos. Por la misma fecha tuvo una
cincuentena de reclamos similares.

"Una vez que llegó la noche del 28 de octubre, estaba por volverse loco con la cantidad de reclamos que le llegaban de todos lados. Sólo veía como salida el recurrir a su terrible amigo, aquel a quien había conocido aquella noche en el bosque de aquí cerca.

"Así que decidió marchar para cumplimentar el asunto que ya había iniciado, a la misma hora que había ido la última vez. Se quitó el crucifijo que llevaba en torno al cuello, ya que era católico, y su pequeño evangelio, y se deshizo de la astilla de la Sagrada Cruz que guardaba en un relicario, ya que desde que había tomado dinero
proveniente del El Maligno, había comenzado a sentir miedo, y se había hecho de diversos elementos para protegerse del poder del demonio. Pero esa noche no se atrevía a llevarlos consigo, así que se los dio en la mano a mi abuelo, sin decirle palabra, con el rostro tan blanco como el papel. Luego tomó su sombrero y espada y le dijo a mi abuelo que estuviera pendiente de su regreso para luego salir hacia el bosque.

"Era una noche tranquila, y la luna, no tan brillante como la primera noche, iluminaba el brezal y las rocas y caía sobre el solitario bosque de robles.

"Su corazón iba latiendo, a medida que se acercaba al lugar, con mayor fuerza. No había sonido alguno, ni siquiera el aullido distante del perro de la villa cercana. Si no fuera por sus deudas y pérdidas que lo estaban por volver loco y, a pesar del temor por su alma, esperanzas del paraíso y de todo lo que su buen ángel le susurraba al oído, se habría dado la vuelta, habría enviado por su clérigo para que
le tomare la confesión y le diera una penitencia, para poder cambiar su camino hacia una buena vida, ya que había llegado al punto de aterrorizarse por el pacto que iba a realizar.

"Aligeró el paso hasta que llegó al mismo lugar bajo las grandes ramas del viejo roble. Se detuvo y se sintió tan frío como un muerto. Imagínese que no se sintió mucho mejor cuando vio venir al mismo hombre por detrás del gran árbol.

—Encontró que el dinero fue bueno —dijo éste— pero no fue suficiente. No importa, tendrás suficiente como para ahorrar. Te haré una sugerencia para que cada vez que necesites mi servicio, cada vez que desees verme, sólo tendrás que acudir a este lugar y recordar mi rostro en tu mente, y desear mi presencia. Ahora para fin de año ya no deberás ni un centavo, y nunca perderás a los naipes, siempre tendrás el mejor lanzamiento de dados y apostarás al caballo correcto. ¿Estás complacido?

"La voz de sir Dominick casi se atenazaba en su garganta, pero emitió una o dos palabras que significaban su consentimiento. Y con esto El Maligno lo tocó con una aguja, invitándolo a escribir unas palabras que tenía que repetir y que sir Dominick no comprendió, sobre dos delgadas hojas de pergamino. Con una de ellas se quedó el
caballero, y la otra se la entregó a sir Dominick, dándosela en la misma mano de la que había tomado su sangre. También le cerró la herida, ¡y esto es verdad, como que usted está ahí sentado!

"Bueno, sir Dominick regresó a casa. Estaba muy asustado. Pero poco a poco iba calmándose. En breve tiempo se vio librado de sus deudas. El dinero pronto le cayó en avalancha, y nunca hizo apuesta o tomó parte en juego de azar que no ganara; y por sobre todo, no hubo pobre en sus propiedades que no fuese menos feliz que sir
Dominick.
"Él volvió a los viejos tiempos, cuando el dinero propiciaba que hubiera sabuesos, caballos y vino en abundancia, muchos invitados, diversiones y todo aquello que alegraba la gran casa. Y algunos dijeron que sir Dominick estaba pensando en casarse, en tanto otros decían que no. De cualquier modo, algo había que lo preocupaba más de lo común y una noche, sin que nadie lo supiera, marchó al bosque
de robles. Mi abuelo pensó que sería algún problema con una joven y bella dama de la que estaba celoso y enamorado. Pero es sólo una suposición.

"Bien, sir Dominick se metió en el bosque, caminando y espantándose cada vez más a medida que se iba acercando al punto de encuentro; luego de un rato allí, se estaba por volver sobre sus pasos, cuando vio a quien había ido a ver, sentado sobre una gran roca, bajo uno de los árboles. En lugar de estar ataviado como un elegante caballero, con el listón dorado y la gran vestimenta, ahora estaba vestido con harapos y su estatura era del doble que antes. Su rostro estaba embadurnado de hollín y tenía un gran martillo metálico, que se veía tan pesado como cincuenta, con un mango de casi un metro de largo entre sus rodillas. Estaba tan oscuro que no le
vio claramente por un largo rato.

"Se paró, vio que tenía un tamaño descomunal. Qué ocurrió entre ellos mi abuelo jamás escuchó, pero sir Dominick se empezó a volver un tipo melancólico, noche tras noche, y no reía por nada ni decía palabra alguna a nadie. Cada vez empeoraba más y se volvía más solitario. Y esa cosa, cualquiera que fuera, solía atacarle espontáneamente, algunas veces de una forma y otras veces de otra, podía ser en lugares solitarios o cuando regresaba cabalgando solo a casa. Al final se desesperó tanto que envió por el sacerdote.

"El cura estuvo con él por largo tiempo, y cuando hubo escuchado toda la historia se marchó rápidamente en busca del obispo, quien estuvo aquí al día siguiente, dándole un buen consejo a sir Dominick. Le dijo que debía cortar por lo sano con los dados, los juramentos y la bebida, y que debía deshacerse de las malas compañías, para vivir en la virtud hasta que se cumpliera el plazo de siete años. Y si el Diablo no venía por él durante el minuto posterior a las doce en punto del primero de marzo, él estaría a salvo del pacto.
No faltaban más de ocho o diez meses para que se cumpliera el plazo de los siete años, y sir Dominick vivió todo ese tiempo de acuerdo al consejo del obispo, tan estrictamente como si estuviera en un retiro.

"Bien, usted puede suponer que se sintió raro hasta que llegó la mañana del 28 de febrero.

"El cura llegó ese día, y sir Dominick y el reverendo se encerraron juntos en el cuarto que usted ve ahí, donde estuvieron rezando hasta casi la medianoche y durante la siguiente hora. No hubo signos de desorden ni mayor disturbio, y el obispo durmió esa noche en la habitación contigua de sir Dominick, despertando confortable al otro día, estrechando sus manos y besándose como dos camaradas luego de una victoria en la guerra.

"Sir Dominick creyó que tendría una placentera velada, luego de todas sus abstinencias y oraciones, así que invitó a una docena de sus camaradas, incluidos el cura, a cenar con él, y hubo copas y un sinfín de vino, juramentos, dados, naipes, cantinelas y cuentos, pero nada bueno para escuchar, de manera que él sacerdote se marchó cuando vio el rumbo que habían tomado las cosas. No faltaba mucho para la medianoche cuando sir Dominick, sentado a la cabeza de su mesa, exclamó:

—¡Este es el mejor primero de marzo que jamás pasé con mis amigos!

—Pero si no estamos a primero de marzo —dijo el señor Hiffernan de Ballyvoreen. Era un hombre erudito y siempre tenía un almanaque.

—¿Qué día es entonces? —preguntó sir Dominick, pasmado, dejando caer una cuchara en el plato y mirándolo fijamente, como si tuviera dos cabezas.

—Estamos a veintinueve de febrero, año bisiesto —dijo.

"Y mientras hablaban de esto, el reloj anunció las doce de la noche; y mi abuelo, que estaba medio dormido en su silla junto a la chimenea del vestíbulo, abrió los ojos y vio a un caballero robusto y no muy alto, con una capa y un cabello muy largo y negro, que escapaba de su sombrero, parado en ese lugar donde se ve esa luz
contra la pared."

Mi encorvado amigo apuntó con su bastón a una pequeña franja que iluminaba la luz del atardecer, que hacía un relieve sobre la profunda oscuridad del pasillo.

—Dile a tu amo —dijo él con una voz espantosa, como la del gruñido de una bestia— que estoy aquí por un contrato, y que lo esperaré durante un minuto.

"Mi abuelo subió por esas escaleras sobre las cuales usted está sentado.

—Dile que aún no puedo bajar —dijo sir Dominick, y volviéndose a sus compañeros en el cuarto, les dijo, con un sudor frío en la frente —: Por el amor de Dios, caballeros, ¿alguno de ustedes podría saltar por la ventana e ir en busca del cura?

"Todos se miraron entre sí, sin saber qué hacer, y en ese momento mi abuelo regresó diciendo:

—Señor, dice que, a no ser que baje, él subirá por usted.

—No comprendo esto, caballeros, veré que significa —dijo sir Dominick, al tiempo que recomponía su semblante y caminaba a través del cuarto, como un hombre condenado al que su verdugo espera fuera. Al bajar las escaleras, algunos de sus camaradas
espiaron a través del pasamanos. Mi abuelo iba caminando seis u ocho escalones detrás suyo, y llegó a ver al extraño dar unas zancadas en dirección a sir Dominick. Lo tomó entre sus brazos e hizo girar su cabeza contra la pared. En ese momento las velas y los leños de las chimeneas se apagaron con un fuerte viento que recorrió todo
el piso.

"Los compañeros bajaron corriendo. Un golpe provino de la puerta principal. Algunos corrieron para arriba y otros para abajo, con faroles. Encontraron a sir Dominick. Alumbraron su cadáver y pusieron sus hombros contra la pared; pero no pudo decir ni media palabra, ya se había enfriado y se estaba poniendo tieso.

"Pat Donovan llegaba tarde esa noche. Luego que traspasó el pequeño arroyo, y que su carruaje se encaminó hacia la casa, faltando unos veinticinco metros para llegar, su perro, que estaba a su lado, dio un giro súbito y brincó, dando un aullido que se habrá escuchado a una milla a la redonda; en ese momento dos hombres pasaron a su lado en silencio, provenientes de la casa. Uno de ellos era pequeño y robusto y el otro como sir Dominick, pero sólo la forma, ya que como había muy poca luz bajo los árboles por donde pasaron, sólo se veían como sombras. Cuando pasaron por ahí, él no
pudo escuchar sus pasos. Se asustó bastante y, cuando llegó a la casa, encontró a todos en una gran confusión, en torno al cadáver del dueño, con la cabeza en pedazos, yaciendo en aquel lugar."

El narrador se detuvo y me indicó con la punta de su bastón el sitio exacto en donde estaba el cuerpo de sir Dominick, y mientras miraba, las sombras iban oscureciendo el manchón rojizo, a medida que el sol se iba ocultando tras las distantes colinas de New Castle, dejando la fantasmagórica escena en el profundo gris de la
penumbra.

Al fin el narrador y yo partimos, no sin despedirnos con buenos deseos y una pequeña "propina" de mi parte que no fue mal venida.

Estaba oscuro y la luna brillaba en lo alto cuando llegué a la villa, monté mi caballo y di una última mirada al lugar de la terrible leyenda de Dunoran.



Trobar De Morte - Reverie


Electronic, Modern Classical, Neofolk
España

Trobar De Morte - Reverie (2006)



Prologue
1. Tierra De Hadas (3:20)
I. Never Ending Dreams
2. The Harp Of Dagda (3:22)
3. Secret People (3:54)
4. The Gnoms (2:19)

II. The Ancient Dreams
5. Yule: The End Of The Darkness (3:40)
6. Calling The Rain (5:06)
7. The Song Of The Stones (4:21)
8. Atalaya De Ses Animes (2:39)

III. Dreams From The Middle Ages
9. Arabian Night (2:55)
10. Tempus Fugit (4:44)
11. Pagan Medieval Dance (2:58)
12. Excalibur (4:05)

Epilogue
13. The Lost Dreams (4:14)




Trobar De Morte "Morrigan"
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TROBAR DE MORTE
Lady Morte: Voz, música, Líricas y Percusión.
Arianne: Voz y Percusión.
Armand: Batería, Darbuka y Bajo.


Todas las cosas morirán



Todas las cosas morirán...

Todas las cosas morirán,
El río azul claramente derrama su corriente
bajo mi ojo.
Cálido y amplio, el viento del sur
arrasa los cielos;
Una tras otra, las blancas nubes son derretidas.
Cada corazón que esta mañana late con pasión,
lleno de precaria alegría,
algún día, sin embargo, morirá.

La corriente dejará de fluir,
La brisa cesará su canto,
Las nubes no flotarán,
El corazón ardiente callará,
pues todas las cosas morirán.

Todas las cosas morirán.
La primavera será tempestad;
Oh, vanidad!
La muerte aguarda en el umbral.
Mira! todos nuestros amigos
abandonan el vino y la alegría...
Nos llaman, debemos ir.

Yace abajo, bien abajo.
En la Oscuridad debemos reposar.
Las risas alegres permanecen graves;
y el canto de las aves,
o el viento sobre la colina,
no volverán a ser oídos.
¡Oh Miseria!
¡Escuchen todos! la Muerte nos llama
mientras derramo mis versos.

La mandíbula cae,
La mejilla cálida empalidece,
Los fuertes brazos se abaten,
El hielo y la sangre se mezclan,
La mirada se vuelve rígida;
Nueve veces la campana resuena:

Vosotras, almas alegres, adiós.
La vieja Tierra nació,
como los hombres saben,
en años perdidos.
Pero la vieja Tierra morirá.
Dejad entonces que el cielo ruja
y que las azules olas azoten la costa.
Nunca veremos a través de la eternidad,
todas las sutilezas que nacen,
algún día ya no serán,
pues todas las cosas morirán.

Lord Alfred Tennyson

VA - Gothic Spirits 6


Gothic Metal
VA - Gothic Spirits 6 (2CD) (2007)




CD1:
01. Paradise Lost - Unreachable
02. Amorphis - Silent Waters
03. Samael - Suspended Time
04. Eyes Of Eden - Winter Night
05. Fall Of The Leave - All The Good Faith
06. Xandria - Save My Life
07. Edenbridge - The Silent Wake
08. After Forever - Evoke
09. Epica - Beyond Belief
10. Helalyn Flowers - Voices
11. Jesus On Extasy - Assassinate Me
12. The Vision Bleak - The Eldrich Beguilement
13. Therion - Gothic Kabbalah
14. Deadsy - Babes In Abyss
15. Star Industry - Last Crusades
16. Lluther - Venus Complex
17. Reptyle - Where I Come From
18. Type O Negative - Some Stupid Tomorrow

CD2:
01. The 69 Eyes - Never Say Die
02. Scream Silence - Harvest
03. The Mission - Belladonna
04. Krypteria - All Systems Go
05. Visions Of Atlantis - The Secret
06. Sirenia - My Mind's Eye
07. Passionworks - Flying
08. Imperia - Mirror
09. Autumn - Angel Of Desire
10. Big Boy - Hail The Big Boy
11. Mono Inc. - In My Heart
12. The Pussybats - Miss Purgatory
13. Amatris - Doomed
14. Escintilla - Cursive Eye
15. Virgin Black - Requiem, Kyrie
16. The Secret Meeting - Every Little Thing
17. Lacuna Coil - To The Edge
18. Tristania - Destination Departure




The 69 Eyes-Never Say Die
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Bocas del tiempo - Eduardo Galeano


Bocas del tiempo
Eduardo Galeano




Quiero recomendarles este libro que me han regalado!!
Había leído en la red algunos cuentos, pero es un placer leerlo completo. Como siempre leer a Galeano es disfrutar de sus letras, pero sobre todo pensar, reflexionar sobre lo que nos rodea y a veces nos pasa desapercibidos.





Este libro ofrece una multitud de pequeñas historias que cuentan, juntas, una sola historia. Es una travesía por los temas más diversos: el amor, la infancia, el agua, la tierra, la palabra, la imagen, la música, el éxodo, el poder, el miedo, la guerra, la indignidad, la indignación, el vuelo...
Sus protagonistas aparecen y se desvanecen para seguir viviendo, historia tras historia, en otros personajes que les dan continuidad. Tejidos por los hilos del tiempo, ellos son tiempo que dice: son bocas del tiempo.



Las trampas del tiempo

Sentada de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:
-Lo único que te cambiaría es el domicilio.
Y desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían anudados.
Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla como era. Como era
cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.
Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.


Primeras letras

De los topos, aprendimos a hacer túneles.
De los castores, aprendimos a hacer diques.
De los pájaros, aprendimos a hacer casas.
De las arañas, aprendimo s a tejer.
Del tronco que rodaba cuesta abajo, aprendimos la rueda.
Del tronco que flotaba a la deriva, aprendimos la nave.
Del viento, aprendimos la vela.
¿Quién nos habrá enseñado las malas mañas? ¿De quién
aprendimos a atormentar al prójimo y a humillar al mundo?


El paso del tiempo

Seis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría el primer día de enero.
Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo.
No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.
España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial y devoraba miles y más miles de legionarios, obligó a Roma a cambiar la cuenta de sus días y los ciclos de sus asuntos de estado.
Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la capital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.
En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen sus restos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambió, para siempre, el calendario universal.
Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas, brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres y los años.

Fragmentos de Bocas del tiempo - Eduardo Galeano


VA - Gothic Spirits 5


Gothic Metal

VA - Gothic Spirits 5 (2CD) (2007)



CD1:
01. Therion - Son Of The Staves Of Time
02. Liv Kristine - Trapped In Your Labyrinth
03. Tristania - Open Ground
04. Krypteria - Time To Bring The Pain
05. Mortal Love - I Make The Mistake
06. Lacrimas Profundere - To Love Her On Knees
07. Into The Void - City Of Anger
08. Satyrian - Dark Gift
09. Battlelore - House Of Heroes
10. Draconian - Serenade Of Sorrow
11. Trail Of Tears - Empty Room
12. Tystnaden - First Embrace
13. Bloodflowerz - Last Dance
14. Stream Of Passion - Passion
15. Visions Of Atlantis - At The Back Of Beyond
16. Imperia - Broken Wings
17. Opeth - Isolation Years

CD2:
01. Moonspell - Luna
02. Lacuna Coil - Our Truth
03. Sirenia - The Last Call
04. Theatre Of Tragedy - Begin & End
05. Elis - Show Me The Way
06. The Provenance - Second And Last But Not Always
07. Echoes Of Eternity - Kingdom Within
08. Poisonblack - Soul In Flames
09. Reflecion - Undying Dreams
10. Bloodpit - Platitude
11. The Pussybats - Dance With The Devils
12. Let Me Dream - Soulshine
13. Midnattsol - Another Run
14. Regicide - Pirates
15. Terminal Choice - Call Me
16. Flowing Tears - Odium
17. Tiamat - Cold



The Last Call - Sirenia
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Remordimiento póstumo - Charles Baudelaire


Remordimiento póstumo


Cuando duermas por siempre, mi amada Tenebrosa,
tendida bajo el mármol de negro monumento
y por tibia morada y por solo aposento
tengas, no más, el antro húmedo de la fosa;

Cuando oprima la piedra tu carne temblorosa,
y le robe a tus flancos su dulce rendimiento,
acallará por siempre tu corazón violento,
detendrá para siempre tu andanza vagarosa.

La tumba, confidente de mi anhelo infinito
(compasivo refugio del poeta maldito)
a tu insomnio sin alba dirá con gritos vanos:

"Cortesana imperfecta -¿de qué puede valerte
denegarle a la Vida lo que hoy llora la muerte"?
Mientras -¡pesar tardío!- te roen los gusanos.

Charles Baudelaire

Ordo Funebris - Songs From The Enchanted Garden


Electronic, Rock, Neofolk
España

Ordo Funebris - Songs From The Enchanted Garden (2004)



1. Intro (2:56)
2. Santa Compaña (4:13)
3. Portrait Of Innocence (5:03)
4. La Madre Tierra (2:43)
5. The Enchanted Garden (6:45)
6. Las Dos Torres (4:04)
7. Esta é De Loor (2:12)
8. The Lake Of Cristaline Dreams (2:51)
9. The Last Knight Errant (6:20)





Ordo Funebris: Esta E De Loor
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Levemente hacia atrás






Levemente hacia atrás

Ángeles Durini

Candelario Amante yacía en el cementerio de Tumbaya desde el año 25. Era una tumba simple, cubierta de piedras, con una cruz hecha de dos tablas de madera donde todavía se podía leer el nombre y la fecha de su muerte:

Candelario Amante
23 de junio
1925

En Tumbaya no acostumbraban a poner párrafos largos recordando a los muertos. Las palabras se decían con la boca en el rato de visita y no necesitaban estar escritas en ninguna lápida.

Candelario pasaba el tiempo entre dormido y despierto, menos cuando venían Eulalia y Virginia, no había domingo en que no le pusieran un ramo de flores junto a la cruz y arriba de su corazón. Esa hora de visita la pasaba bien despierto, abriendo mucho los ojos, aunque después le molestara la tierra que le había entrado. Los muertos pueden ver a los que se acercan entre nubarrones de polvo. Así veía el buen hombre a su mujer y a su hija, entre los nubarrones adivinaba sus cinturas y les seguía la mirada de esos ojos del mismo color que la tierra que lo tapaba, mientras ellas le acomodaban las flores. Y se sentía feliz.

Mantener los ojos abiertos durante esta visita le costaba un cansancio enorme. Luego de que las mujeres se iban, cerraba los ojos y perdía la noción del tiempo, si es que ya no la había perdido con la muerte, aunque a veces los volvía a abrir con algún ruido distinto: pasos de gente, un nuevo entierro. O también con el silencio de la noche.

Si lo que lo había despertado era un recién enterrado, volvía a dormirse, en la espera del despertar a la muerte del nuevo, pensando en remover levemente la tierra con el dedo índice para mandarle señales. No conocía hasta ahora ningún muerto que se hubiera mantenido despierto en su propio entierro. No hay quien no se duerma después de la muerte. Cansa mucho. Pero no hay quien no se alegre cuando, al abrir los ojos por primera vez debajo de toda esa tierra, sienta las vibraciones que les mandan los otros con el sólo hecho de mover los dedos.

Y si lo que lo había despertado era la oscuridad del silencio, Candelario se ponía a contar las estrellas. Él había sido amante de la noche también en vida.

Pero los gustos de los muertos no eran los mismos para todos. Leoncia y Nicolasa Marleta, hermanas en la vida y en la muerte, en cambio, abrían los ojos con el sol. Y se estaban déle mandar mensajes durante todo el día, hasta que, junto con la noche, caían agotadas en el fondo de sus tumbas.

Otra cosa que le gustaba a Candelario era la brisa entre los cerros. Torcía levemente la cabeza hacia atrás para poder ver saltar la brisa, que movía las puntas de los cerros de un lado a otro de una manera casi imperceptible. Si alguien quisiera ver los movimientos tendría que tener la paciencia de un muerto, quedarse quieto, mirar fijo aquellas puntas y esperar. La tierra de los cerros hacía olas como el vaivén de los abanicos y los ojos de Candelario se movían al compás. La vida en el cementerio era pacífica y estaba llena de placeres, las visitas de su mujer y su hija le alegraban el alma. Candelario no necesitaba salir a dar vueltas por ahí como hacía, por ejemplo, Miguel Milagro.

Miguel Milagro estaba enterrado a pocos pasos. Su tumba no era bajo tierra sino en nicho, detrás de unos ladrillos. Quizás le era más fácil salir y volver a entrar. En vida, Miguel había sido el borracho del pueblo, y en muerte era el borracho del cementerio. La mayoría de las noches se las pasaba afuera de su tumba, sin importarle que se le llenara de espíritus, y buscaba botellas que los visitantes hubieran podido dejar con algún fondito. Por suerte para Miguel, todavía se acordaban de él en Tumbaya, y siempre había alguien que ponía cerca de su tumba un buen trago de vino. Después de chupar lo que había encontrado, se quedaba dormido a la intemperie. Y despertaba con el rayo del sol y el parloteo de las hermanas Marleta para dirigirse a los tropezones a la tumba. Pero allí tenía que librar batallas, varios espíritus de la noche se habían metido en la tumba vacía. Miguel se retorcía con los espíritus y a veces tardaba días en echar a todos. Luego, caía en un letargo. Hasta una nueva noche con nuevos vinos.

Así y todo, aunque Candelario y Miguel eran distintos, mantenían conversaciones muy largas, Candelario bajo tierra y Miguel recostado sobre la tumba de Candelario. Después de un rato, Miguel se quedaba dormido y Candelario miraba las estrellas o escuchaba la brisa entre los cerro.

Un sábado a la noche se quedaron charlando hasta muy tarde. Candelario insistía en que Miguel dejara el alcohol y no se anduviera paseando tanto fuera de su nicho. Imposible. Miguel no quería saber nada. La cuestión es que Miguel no volvió a su nicho hasta el amanecer y recién ahí Candelario se quedó dormido. Es por eso que, aunque por la mañana hubo un entierro, no se despertó, los ruidos de pasos no lograron hacerle abrir los ojos. A pesar de que anduvieron muy cerca de su propia tumba.

Recién los abrió a la hora de la visita. Pero quedó sorprendido. Había venido una sola mujer.

La mujer le puso unas flores tristes y se fue. Fue tan rápida la visita que Candelario no pudo darse cuenta de cuál de las dos era, si la mujer o la hija. Se quedó preocupado. ¿Alguna de las dos se habría olvidado de él? Entonces, por primera vez en veinte años, decidió salir esa noche de la tumba para averiguar la razón de la ausencia de una.

Esperó a que se hiciera oscuro bien despierto. Y en cuanto se hizo oscuro, el que salió fue Miguel Milagro. Por allí andaba, siempre borracho entre las cruces.

Candelario estaba a punto de sacar un pie pero le dio miedo. No había salido en veinte años, le gustaba la muerte. Nunca había deseado estar vivo después de muerto. Su mujer y su hija lo venían a visitar y eso era lo que más feliz lo hacía. ¿Qué se iba a poner a buscar encima de la tierra? ¿Botellas semivacías como hacía Miguel? No sentía deseos de tomar vinos ajenos, ni tampoco la necesidad del hambre. ¿Para qué, entonces, iba a salir de allí? Se comunicaba con los otros muertos mandándose mensajes, los cerros lo acompañarían eternamente. La soledad no le pasaba por el cuerpo. ¿Qué iría a buscar saliendo esa noche de la tumba? Su mujer y su hija volverían el domingo siguiente. Pero su mujer y su hija no habían ido a verlo ese día, había ido una sola. Tenía que averiguar, tenía que levantarse. Candelario Amante sacó un pie de la tumba. La brisa le bailó en los huesos. Sintió que su pie era un cerro movido por la brisa. Iba a sacar el otro. ¿Y si le entraban espíritus al dejar la tumba vacía? ¿Cuánto tiempo le llevaría averiguar lo que había pasado y poder volver de nuevo a la tumba? Tiempo. Por primera vez en veinte años pensaba en el tiempo.

Por allá lejos se zarandeaba Miguel Milagro, que no tardaría en caer a dormir su mona de muerto. Candelario esperó hasta verlo a Miguel abrazarse a una cruz y quedarse inmóvil. Entonces sacó todo el cuerpo de la tumba.

Sentir la brisa y el aire. Estar parado sobre su propia tierra. Candelario dio un paso. Algunos muertos le mandaron vibraciones que él pudo percibir en los pies:

<< ¿A dónde vas, Candelario? >>

<< ¿Qué vas a hacer? >>

No tenía tiempo para contestarles. Tiempo. Los vivos son a quienes no les alcanza el tiempo. A los muertos les llueve el tiempo. Candelario siguió caminando hasta donde dormía Miguel Milagro. Luego, se lo cargó a los hombros y lo metió adentro de su tumba.

<<>>

Ya por lo menos, no dejaba la tumba vacía. Y entonces sí, comenzó a bajar el cerro. Salió apurado. Cosa rara en Candelario. Salió apurado como un vivo y no notó que al lado de su tumba yacía la tumba nueva.

Llegó al pueblo, que por suerte estaba dormido. No sabía qué impresión podía causar si alguien lo veía. Un pueblo chico, de cinco calles. Dos cuadras antes de la plaza, su casa de adobe. Miró por la ventana. Una mujer recostada bajo una luz de vela. Era la espalda de Eulalia a la que no le había pasado el tiempo. Su mujer, en su cuarto, como veinte años atrás. Con un camisón blanco. El camisón con puntillas en el escote que a él siempre le había gustado tanto.

Candelario sintió deseos de entrar, pero alguien le ganó de mano. En ese momento se abrió la puerta y entró un hombre. Un hombre en el cuarto de su mujer, eso era lo que realmente temía Candelario. Lo que era la muerte. Sólo un ramo de flores los domingos. Candelario pasó la mano por el vidrio para desempañarlo. Podía ver a través de la tierra pero le costaba más a través del humo de su propio aliento. Su aliento de muerto. El hombre se acercó a su mujer y la comenzó a acariciar. Su mujer se dejaba. Eran caricias cariñosas, como de consuelo. Candelario hubiera dado lo único que tenía para dar, que era su propia muerte, por acariciarla así. Él conocía al hombre. Era Jacinto, el que tenía la verdulería a una cuadra. ¿La acariciaría así cuando él estaba vivo? En eso Jacinto se paró para cerrar la cortina. Candelario se quedó en la ventana. Mientras Jacinto cerraba la cortina, Candelario lo miró fijo:

Jacinto cerró la cortina sin asustarse.

<<>>
Candelario subió el cerro muy deprimido. ¿Qué sería de su hija, ahora, con su madre distraída en amores? ¿Qué sería de él? ¿Qué sería de no verla todos los domingos con el ramo de retamas?

Llegó al cementerio. Sus pies notaron los mensajes que andaban por la tierra:

<< ¿Fuiste al pueblo, Candelario? >>

<< ¿No te la cruzaste a la Lucía? Hace rato que no viene. >>

<< ¿Y a Francisco? >>

<< ¿Y a Romualda? >>

<<>>

No contestó a ninguno. Se acercó a su tumba, lentamente, como si estuviera más muerto que muerto.

Y allí sí, vio la tumba nueva al lado de la de él. Qué raro, no haberse despertado en el momento del entierro. A veces pasaba. Se acercó por acercarse, por cortesía. Leyó en la cruz:

Eulalia Vázquez de Amante
23 de junio
1945

¡Eulalia, al lado de su tumba! ¿Cómo? Pero si hacía un momento... Se dio cuenta de que había visto a una mujer joven, aún más joven de como era Eulalia por la época en que él se había muerto. Y que entonces el que había visto no era Jacinto sino el hijo de Jacinto. ¿Se habría casado con su hija?

Si no se apuraba por sacar a Miguel Milagro de su propia tumba y meterse él, Eulalia, su mujer, se iba a encontrar con Miguel y no con él cuando despertara a la muerte. Y entonces sí, podría decirse que su mujer se encontraría acostada con otro hombre. Enterró las manos y tiró a Miguel de las patas. El cuerpo de Miguel salió de la tumba protestando entre sueños de muerto. Candelario lo llevó alzado hasta el nicho. Lanzando un rugido de muerto espantó a los posibles espíritus de la noche que hubieran podido ocupar el lugar del borracho. Lo arropó. Luego se metió apurado en su tumba. No fuera a ser que los espíritus se escondieran en ella. Después miró para el costado. Allá estaba dormida, detrás de la tierra. Iba a esperarla con los ojos abiertos. Y apenas despertara, le enseñaría a estirar la cabeza levemente hacia atrás para mirar cómo salta la brisa, con vaivén de abanico, en la punta de los cerros.


Before The Dawn - Deadlight


Gothic / Melodic Death Metal
Finland (Nastola)

Before The Dawn - Deadlight (Limited Edition) (2007)




01. Wrath 04:08
02. Faithless 03:16
03. Fear Me 04:30
04. Eternal 04:02
05. Morning Sun 04:52
06. Deadsong 03:23
07. Guardian 04:41
08. Star of Fire 03:18
09. Reign of Fire 03:16
10. ... 04:14
11. Gehenna 4:21 (bonus track)
12. Bitter End 3:25 (bonus track)





Before the Dawn: "Deadsong"
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BEFORE THE DAWN
Tuomas Saukkonen - Guitar, Vocals, Drums, Synth
Lars Eikind - Bass, Vocals
Juho Räihä - Guitar


Isadora Duncan: Huellas de Mujer


Isadora Duncan
(1878-1927)

"Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas..."


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Para Isadora, era el amor a la naturaleza y a la vida lo que había de transmitirse a través del movimiento, siguiendo el ejemplo de las nubes, el mar o las copas de los árboles mecidas por el viento. Enemiga del ballet, al que consideraba un género falso y absurdo, manifestó que la danza debe establecer una armonía calurosa entre los seres y la vida y no ser tan sólo una diversión agradable y frívola. Danzaba descalza, con una simple túnica griega de seda transparente sobre su cuerpo desnudo, como una sacerdotisa pagana transportada por el ritmo. Hoy es considerada la iniciadora de la modern dance norteamericana y su figura es evocada con fervor en todos los escenarios del mundo.




Dora Angela Duncan, conocida posteriormente como Isadora Duncan, nació el 27 de mayo de 1878 en San Francisco, California. Su padre, Joseph Charles Duncan, fue arrestado al poco tiempo de haber nacido la niña, por estar aparentemente involucrado en un negocio bancario ilegal.

A pesar de que después de muchos juicios, Duncan fue absuelto, la madre de Isadora, Dora Grey insisitió en el divorcio.

La pequeña se refugió entonces en la educación clásica que le daba su madre, y pasaba las tardes imaginando formas con su cuerpo, escuchando música de Shubert, Mozart y Shuman. A sus diez años, deja la escuela porque la aburría y desde ese momento se dedica por completo a lo que ella llamara su libertad y su alma: la danza.

Mientras tanto, la madre luchaba para mantener a su familia dando clases privadas de piano y se encargaba personalmente de la educación de su hija. Le enseñaba la cultura clásica griega, el gusto por la música clásica, el paganismo y un concepto muy avanzado de la femineidad.

Cuando alcanzó la adolescencia, una bibliotecaria decidió introducir a Isadora en las letras y la filosofía, y así Keats, Whitman y Nietzche, quienes formaron el carácter indomable y soñador de Isadora. Con su familia se mudó a Chicago donde estudia danza clásica. Luego, al perder todo en un incendio, la familia se traslada a Nueva York, donde la joven conoce al dramaturgo Augustin Daly, quien le da una oportunidad en su compañía de teatro.

Para el cambio de siglo, Isadora y su familia decidieron ir a probar suerte en Londres. La bailarina tenía veintiún años. Como el estilo de Isadora era tan diferente y autónomo, tuvo una gran acogida en el viejo continente donde las vanguardias en todas las artes estaban floreciendo, especialmente en París.

En esa época, isadora entra a estudiar artes al British Museum, donde encontró la gran inspiración para sus danzas que evocaban los movimientos y las vestimentas de las griegas antiguas, con túnicas y descalza. Además, tenía la asombrosa ocurrencia (para la época) de bailar música no compuesta para tal propósito (como shubert o Chopin), y basaba sus coreografías en pinturas de Boticceli o temas clásicos. Así, en la libertad y el atrevimiento de Isadora, que rompían con la rígidez del ballet clásico, la danza moderna tuvo su génesis.

Su vida bohemia no era un secreto para nadie, y mientras fundaba escuelas de danza en diversos lugares como Francia, Alemania y Rusia, donde tuvo como alumnas a la gran bailarina y técnica Martha Graham y a Mary Wigham, su vida amorosa era tormentosa, fugáz y muy variada. Entre sus amantes se cuentan Iván Miroski, Oscar Berege, Heirich Thode y Edward Craig. Ninguno de ellos logró sosegar o encerrar el espíritu de Isadora, quien prefería las relaciones libres.

Por si fuera poco, esta mujer transgresora tuvo dos niños fuera del matrimonio. En 1913, la tragedia llegó a su vida pues los dos niños Deidre y Patrik fueron víctimas de un accidente automovilístico en el que resultaron ahogados en el río Sena. Durante mucho tiempo, Isadora estuvo fuera del escenario, pues la pena realmente la había doblegado, pero no para siempre y pronto estuvo de nuevo en romance apasionado con su verdadero amor: la danza.

En 1912, el corazón de Isadora se vio conquistado por la dulzura y la libertad del poeta también bohemio Sergey Yesenin. Él era diecisiete años menor que ella, pero ella deseaba que él fuera su acompañante en viajes largos que hacía por trabajo y la edad no fue un impedimento. Así, la pareja viajó mucho para que Isadora siguiera mostrando su baile natural y su adoración por la belleza humana.

Ella regresó con él a Estados Unidos, donde inmediatamente los rechazaron por el pánico a la Rusia Roja, los acusaron de Bolcheviques y la prensa fue demasiado agresiva por lo que Isadora se despidió del país que la vio nacer y decidió regresar con su esposo a Europa.

Yesenin había empezado a presentar trastornos mentales y verdaderas depresiones, por lo que la vida de pareja se había vuelto bastante inestable. En 1925, él decidió abandonar a Isadora y regresar a la antigua Unión Soviética, donde se suicidó.

La bailarina se estableció en Niza, en la Riviera Francesa y continuó con su tenaz dedidación a la danza, l miércoles l4 de septiembre de 1927, decidió tomarse un respiro y dar un paseo en su Bugatti. El dramático accidente tuvo lugar cuando el automóvil recorría veloz la Promenade des Anglais: su largo chal rojo, el mismo que había agitado ante la multitud que la esperaba a su regreso de la Unión Soviética, se enredó en los radios de una de las ruedas posteriores del automóvil; Isadora no pudo liberarse del abrazo homicida y murió estrangulada. Ni siquiera ella hubiera podido imaginar un final más acorde con su existencia extravagante y romántica.

Su autobiografía, "Mi vida", fue publicada al siguiente año.
fuente


Isadora Duncan
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La danza

Por Isadora Duncan

Una vez una mujer me preguntó por qué bailo con los pies desnudos y yo le respondí: “Madame, yo creo en la religión de la belleza del pie humano”. La señora respondió: “Pero yo no”, y dije: “Pues debería, madame, porque la expresión y la inteligencia del pie humano son de los más grandes triunfos de la evolución del hombre”. “Pero –dijo la señora– yo no creo en la evolución del hombre”, a lo que yo repliqué: “Mi tarea ha llegado a su fin. La remito a mis más admirados maestros: el señor Charles Darwin y el señor Ernst Haeckel”. “Pero –dijo la señora– yo no creo en Darwin y en Haeckel.” En este punto no se me ocurrió nada más que decir. Por lo que pueden ver que, para convencer a la gente, soy de poco valor y más bien no debería hablar. Pero he sido sacada del retiro de mi estudio y aquí estoy, temblorosa y balbuceante ante un público, porque se me ha pedido que pronuncie una conferencia sobre la danza del futuro.


Ordo Funebris - Cantar a la Morte: Fabula Triste



Ambiant Atmo Medieval
España

Ordo Funebris - Cantar a la Morte: Fabula Triste (2003)



1. Epilogue (The Dark Ages)
2. Ordo Funebris
3. Lycanthia
4- Lacrima Profundere
5. Torre Salvana
6. Divine Tragedy
7. La Danza
8. A Witches Dance
9. Malleus Malleficarum
10. Final Chapter




Ordo Funebris - Maellus Malleficarum
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Ordo Funebris - Lycanthia
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ORDO FUNEBRIS
Lady Nott (violín)
Sathorys Elenorth (teclados)
Lady Morte (voz)





El Dengue pone en jaque a la Argentina



El Dengue pone en jaque a la Argentina, empujado por el Calentamiento Global.


Los mosquitos vectores del dengue ponen sus huevos en el agua limpia de recipientes y basura domésticos. Las campañas efectivas priorizan la eliminación de los criaderos con ayuda de los propios vecinos.

• Argentina sufre el mayor brote epidémico de dengue en la historia del país con miles de afectados en Salta, Chaco y Catamarca. La enfermedad se expande en el norte y centro del territorio.
• En las últimas horas nuevos casos fueron reconocidos oficialmente en Jujuy, Tucumán, Córdoba, La Pampa, Santiago del Estero, Gran Buenos Aires y el sur de Santa Fe.
• El mosquito Aedes aegypti, que transmite los virus del dengue, pone sus huevos en agua limpia, de lluvia o de riego, que se junta en recipientes o basura presentes en los patios y el ambiente peri-doméstico.


El dengue ha aumentado su incidencia en Sudamérica y podría transformarse en una endemia, de la mano del cambio climático, el crecimiento poblacional, la pobreza y el hacinamiento en las ciudades, y el aumento de la movilidad humana. En 2007 provocó una epidemia histórica en Paraguay. En 2008, Brasil fue sacudido por el virus. Este año, Bolivia vive la mayor epidemia en 20 años y estudia declarar el estado de “desastre nacional”, consignó la agencia de noticias RENA.
En Argentina, un brote de dengue sin precedentes por su magnitud y extensión geográfica abarca ahora el norte y centro del país. Las provincias más afectadas son Salta, Chaco, Catamarca, Jujuy y Tucumán.
No obstante en las últimas horas y mientras persiste la polémica en Chaco por las cifras oficiales de casos dengue, la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes Aegypti empezó a registrarse también –con casos oficialmente reconocidos, en Córdoba, La Pampa, Santiago del Estero, varios puntos del Gran Buenos Aires y el sur de Santa Fe.
En Tartagal, Salta, impactada por un alud semanas atrás, se confirmaron las primeras muertes por dengue en su variedad hemorrágica en el país. En esa ciudad el gobierno realiza una limpieza de patios casa por casa, como única medida efectiva a mediano y largo plazo para liberarse de los criaderos de los mosquitos que transmiten la enfermedad.
En Catamarca el ministro de Salud aseguró que la provincia está frente a una epidemia de dengue. "Hay una epidemia, por eso se decretó la emergencia sanitaria en la provincia", dijo por su parte Mirella Orellana, subsecretaria de Medicina Preventiva, quien precisó que "de 3.000 a 4.000 casos sospechados de dengue, 471 fueron estudiados y ya confirmados”.
Entretanto en la provincia del Chaco, según el Ministerio de Salud nacional, se confirmaron algo más de 1.100 casos de dengue. Pero una fuente con acceso al gobierno le comentó al diario Clarín la existencia de un informe reservado que el Comité de Manejo del Dengue, del Ministerio de Gobierno del Chaco, le presentó al gobernador, en el que se cuentan 11.500 casos. De hecho, el intendente de Charata, Miguel Tejedor, había dicho que en su municipio hay 6.000 enfermos. La diputada opositora Marisa Lizárraga denunció que sólo en Tres Arroyos y Sáenz Peña, hay 1.200.
Actual distribución geográfica del Aedes aegypti y Aedes albopictus, los mosquitos transmisores del dengue.

Erradicar los criaderos
Precisamente, el Dr. Severo Rennis, médico del Hospital 4 de Junio, de Roque Sáenz Peña, Chaco, una de las localidades más castigadas por el brote, advirtió a la población que “el mosquito vive en el agua clara que se junta en las gomas, los tachos, los aljibes, cacharros, chapas acanaladas que juntan agua, tanques de agua sin tapa, floreros de cementerios, desarmaderos de coches, gomerías, y objetos abandonados en los fondos de las casas”.

“El agua acumulada en las lonas de los camiones transporta el mosquito y las larvas de una zona con epidemia a otra que aún no la tiene”, alertó Rennis.

“En las aguas turbias, marrones u oscuras de las cañadas, zanjas y aguadas no vive este mosquito –indicó el profesional.

“La gente debe aceptar rápidamente que esto lo resuelve la decisión personal, de la familia, la comunidad y el pueblo, organizándose para erradicar los criaderos”, enfatizó Rennis. “No se queden simplemente esperando a las autoridades sanitarias, ni las fumigaciones de la municipalidad de su zona; la gente debe sumarse ya mismo para limpiar los patios y lugares abandonados”.

Mosquito doméstico
El dengue clásico se transmite por la picadura del mosquito Aedes aegypti, que se propaga durante la temporada lluviosa, en agua limpia acumulada en recipientes y basura domésticos y peri-domésticos, donde la hembra pone sus huevos. El nicho ecológico que explotan las larvas de estos mosquitos, Aedes aegypti y también Aedes albopictus, son recipientes con pequeñas cantidades de agua sobre todo en lugares sombreados: por ejemplo jarras, floreros, baldes, platos de macetas y otros objetos conteniendo agua en jardines, patios y descampados. Otros sitios donde mejor pueden reproducirse son aquellos con agua estancada y limpia, principalmente recipientes y objetos abandonados que juntan agua de lluvia o de riego, como botellas y frascos de vidrio o de plástico, tanques de agua sin tapa, neumáticos viejos al aire libre o sobre los techos, y los floreros de los cementerios. Estas especies de mosquitos, de hábitos domésticos, ponen sus huevos en la superficie del agua limpia. Los huevos producen larvas y de ellas eclosionan los mosquitos adultos. El ciclo se completa en el agua entre 7 y 13 días, dependiendo de la temperatura ambiente. Aunque Aedes aegypti puede alimentarse en cualquier momento, suele picar con más frecuencia al amanecer y al atardecer. Su picadura, incluso a través de ropa fina como calcetines, es muy molesta, produciéndose en las horas diurnas en las que muchas de las especies autóctonas no suelen picar.

Los síntomas del dengue son fiebre alta, dolor de cabeza y espalda, vómitos y erupciones cutáneas. Una segunda picadura, que transmite una cepa distinta, puede derivar en dengue hemorrágico. El dengue se cura si se atiende a tiempo y se reposa, pero puede ser mortal en su variante hemorrágica.

Posibles criaderos con agua de lluvia o de riego, donde los mosquitos Aedes aegypti y Aedes Albopictus, ponen sus huevos. Estos producen larvas y de ellas eclosionan los mosquitos adultos. El ciclo se desarrolla en el agua entre 7 y 13 días, dependiendo de la temperatura ambiente.

Aedes aegypti y cambio global
El dengue es una enfermedad infecciosa que hasta hace unos años se hallaba extendida en Asia, Oceanía, partes de Australia, el Caribe, América Tropical y África. Ahora en Sudamérica se expande hacia el sur.


“Es evidente que el virus del dengue, para el cual no hay aún vacuna alguna, es un buen viajero. Como ha ocurrido con la Fiebre del Oeste del Nilo (apareció en USA y tuvimos un caso en Córdoba, en 2008) el dengue se ha corrido desde Asia y África hacia América Latina”, explicó uno de los máximos referentes en el mundo en materia de cambio climático, el doctor Osvaldo Canziani, a la agencia de noticias RENA.

“El calentamiento terrestre produce dos efectos: la expansión del área de infección y, además, un efecto similar al de la multiplicación del plasmodio de la malaria en el sistema digestivo del mosquito Aedes aegypti, principal vector, aún cuando otra especie, el Aedes albopictus, también puede transmitir dengue simple y hemorrágico –éste grave y a veces mortal”, aclaró el experto argentino del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas –consigna Juan Ignacio Manchiola, de RENA.

Como la reproducción y proliferación de ese tipo de mosquitos se exacerba en condiciones térmicas que excedan los 25º C, por períodos de 15 días o más, “no cabe duda que, como lo indican los estudios epidemiológicos, siendo la temperatura el factor de predicción de la reproducción de estos tipos de mosquitos, el calentamiento global juega un papel importante en la diseminación del vector”, aclaró.

Cuando el mosquito (vector) se infecta por picar a personas enfermas de dengue -portadoras de algunos de los virus específicos-, inmediatamente se transforma en intermediario de la cadena de infección.

Para el experto del IPCC, “es interesante destacar que el cambio climático global y sus implicaciones regionales han llevado a la expansión de la frontera de desarrollo de ambas especies, en particular el Aedes aegypti, con un aumento severo en las posibilidades de infección y de establecimiento de condiciones de epidemia”.

“Tal y como lo indican las instrucciones del Ministerio de Salud de la Nación y lo reiteran los organismos locales, es importante eliminar las fuentes de agua quietas tan pronto como es posible y de manera total. El uso de mosquiteros, especialmente para niños y ancianos, y de repelentes con precaución es recomendable”.

Tropicalización
En Argentina, según estudios del doctor R. Carcavallo citados por Canziani, la tropicalización ambiental muestra que en la ciudad de Buenos Aires los mosquitos capturados y los desarrollados en cámaras térmicas especiales tienen un período de emergencia de 9 días, en entornos con temperaturas de hasta 28 ºC. El límite térmico inferior, al cual sobrevive la especie Aedes aegypti, ha sido fijado por encima de los 10 ºC, lo que hace posible la emergencia del vector aún en situaciones invernales.

Es en esas situaciones ambientales más frescas que el Aedes albopictus, denominado “mosquito tigre de Asia” y transmisor oportunista de la enfermedad, puede sobrevivir. “En este contexto, en Colombia se han detectado Aedes aegypti hasta 2.200 metros de altura, en los Andes”, confirmó Canziani.

Pero hay algo más. “Estudios recientes mostrarían que el aumento de temperatura generaría una más rápida reproducción del virus transmisor en los órganos digestivos del mosquito, con un incremento en la efectividad de la diseminación de la enfermedad del dengue”.

Como las larvas de éstas y otras especies de mosquitos vectores de enfermedades transmisibles se desarrollan en las aguas estancadas, “los aumentos en las condiciones de inundación, por lluvias intensas y/o persistentes, o la simple formación de superficies pequeñas de agua, en los ámbitos de temperatura arriba mencionados, constituyen la ‘fuente’ fundamental de proliferación de los mosquitos”.

“Al dengue se lo conoce también como la ‘fiebre rompe-huesos’ o la ‘fiebre del petimetre’, que origina incapacidades temporarias. Sin embargo, hay condiciones de síntomas más severos, en el dengue hemorrágico, que conducen a la muerte. Evidentemente, las medidas de prevención radican en el control del aumento de la población de mosquitos, cuando las temperaturas exceden los 15 ºC. Los pacientes deben ser aislados en los primeros días de su enfermedad a fin de evitar que los mosquitos los piquen y esparzan la enfermedad”

Dos muertos en Tartagal
A inicios de marzo Argentina registraba unos 37 casos confirmados por laboratorio y otros 240 sin confirmación de pacientes que presentan síntomas clínicos, todos en Salta, donde las lluvias provocaron un desastre a comienzos de febrero.

El país “está en alerta epidemiológica y con monitoreo constante de situaciones en las que se considera que todo caso sospechoso es considerado un caso de dengue”, dijo Hugo Fernández, Director Nacional de Prevención de Enfermedades y Riesgo del Ministerio de Salud argentino.

Hasta el momento son seis los casos confirmados de dengue hemorrágico en la provincia de Salta, según las autoridades sanitarias. Dos de estos casos resultaron fatales. El primero fue en Tartagal el otro el Orán; un hombre y una mujer respectivamente.

Otras tres personas -dos adultos de unos 60 años y una niña de 9, estaban internadas en el hospital de Tartagal. El resto de los casos confirmados de dengue hemorrágico (4) se registraron en Orán y Salvador Mazza, en la frontera con Bolivia –según informó el diario El Tribuno, editado en Salta.

Entre tanto se intensifican las tareas de limpieza para evitar la proliferación del mosquito. Orán y Tartagal son las ciudades que poseen los más altos índices de presencia del mosquito que transmite la enfermedad y fue detectado en el 90% de los hogares norteños.

Casi 67.000 kilos de chatarra se recogieron sólo en un día durante un operativo en Tartagal, desplegado por la comuna y el gobierno provincial, con 86 personas divididas en tres equipos que recorrieron los barrios Santa María y Villa Saavedra.

Casa por casa
Bajo la consigna "Casa por casa" se refuerza la lucha contra el brote de dengue en el norte salteño. La provincia destinó $600.000 pesos más para realizar tareas de prevención, descacharrado y saneamiento, en los departamentos Orán, San Martín y Rivadavia.

En la ciudad de Tartagal, en una flota de 15 camiones, operarios municipales y agentes sanitarios recorren "casa por casa" los barrios para recolectar y eliminar todos los elementos inservibles, especialmente aquellos capaces de juntar agua.

Entre la provincia, el municipio y la comunidad hospitalaria de Tartagal pusieron en marcha en la mañana de ayer el nuevo operativo, que tiene como fin esencial fortalecer las acciones en procura de eliminar todos los posibles criaderos del mosquito transmisor y reducir en los hogares los índices de infestación. Las cuadrillas de operarios y de salud partieron desde la plaza principal para recorrer los distintos barrios de Tartagal.

Amenaza a toda la región
La epidemia actual supera a la sufrida en 2007 en Paraguay, donde hubo 27 mil infectados y 17 fallecidos. Y obligó a extremar los controles en ése y otros países vecinos, como Argentina, Brasil, Chile y Perú, ya que el mal cruzó las fronteras. Se han registrado unos 10 mil casos en la región, con Bolivia como epicentro.

En Brasil, intensas campañas de combate a los criaderos domésticos y urbanos del mosquito transmisor y de educación y alerta a la población lograron bajar las cifras de casos y muertes del año pasado en el estado de Río de Janeiro, pero los números aún preocupan.

En 2008 fueron notificaron en Río 255.818 casos, principalmente entre enero y mayo, con 252 muertes y 32 fallecimientos sospechosos que aún se investigan, de acuerdo con un reciente informe de la Secretaría de Salud. Hasta el 18 de febrero de este año fueron notificados 2.297 casos y se investigan cinco muertes sospechosas, informó Reuters.

Paraguay se declaró en alerta ante el aumento de los casos, que suman 196 confirmados y 481 sospechosos, y la posibilidad de aparición del dengue hemorrágico, por la circulación de serotipos distintos a los de epidemias anteriores.

Por su parte, las autoridades sanitarias de Chile reportaron cuatro casos, pero aseguraron que se trataba de una situación aislada y que la nación estaba libre de la enfermedad.

“El dengue ha ido bajando desde América Central e invadiendo América del Sur en los últimos 30 años. Actualmente los únicos países libres son Uruguay y Chile”, dijo a Reuters Carmen Serrano, representante en Paraguay de la OPS y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“La clave es el saneamiento del ambiente. Se necesitan cambios de actitud en la población que llevan tiempo y esto exige fuertes acciones de educación. Mientras no exista ese cambio existirá el riesgo de tener al dengue como algo endémico”


Fuentes: Juan Ignacio Manchiola, Agencia RENA; Diario Clarín; La Nación; El Tribuno, Salta; Prensa Proteger.
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