El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







Feliz Día de los Muertos


Hoy es mi día/"noche", estoy tomando pociones con mis amigas y festejándolo, así que no posteo!!
Los veo mañana.

Les dejo dos regalitos


Me tienes en tus manos - Jaime Sabines


Me tienes en tus manos...

Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

Jaime Sabines

Illuminate - Erinnerungen


Goth / Darkwave
Illuminate - Erinnerungen (1996)



01. Intro: "Der Sturm fährt durchs Tal"
02. Im Antlitz der Sonne
03. Blütenstaub
04. Der Vampir des eigenen Herzens
05. Epilog: "... geschweige denn ein Wort"
06. Intro: "Im alten Haus"
07. Der Torweg
08. Die Spieluhr
09. Haus der Zeit
10. Outro: "Das Wesen im Turm"




Illuminate - Der Torweg
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Che - Pensamiento y Política de la Utopía - R. Massari



Che Guevara - Pensamiento y Política de la Utopía - Roberto Massari
Txalaparta



El nombre y la imagen de Che Guevara siguen siendo el exponente romántico, humano y militante de una generación. Pero Ernesto Guevara, mitificado como hombre de acción, ha parecido en demasiadas ocasiones oculto para la historia del pensamiento político. Este libro nos ofrece la posibilidad de conocer desde cerca la experiencia formativa del Che y los debates con sus compañeros, hasta sus preferencias literarias, su preocupación por el desarrollo de procesos revolucionarios en diversas partes del mundo, su concepción original de la relación teoría-práctica o sus reflexiones acerca de la educación y el papel de la mujer en los movimientos de liberación. Este libro es un estudio crítico comprometido en reconstruir las teorías de un Che sorprendente, netamente antidogmático, polémico y libertario que cobra especial interés en estos momentos vacilantes de la izquierda mundial.



El Diablo en el Campanario - Edgar A. Poe




El Diablo en el Campanario
Edgar A. Poe

The devel in the belfray, 1939

¿Qué hora es?
(Expresión antigua)

Todos saben de una manera vaga que el lugar más bello del mundo es —o era,desgraciadamente— el pueblo holandés de Vondervotteimittiss. Sin embargo, como se encuentra a cierta distancia de todas las grandes vías, en una situación por decirlo así extraordinaria, probablemente lo haya visitado un corto número de mis lectores. Por está razón considero oportuno, para entretenimiento de aquellos que no hayan podido hacerlo, entrar en algunos pormenores con respecto a él. Y esto es realmente tanto más necesario cuanto que si me propongo relatar los calamitosos acontecimientos ocurridos últimamente dentro de sus límites, es sólo con la esperanza de conquistar para sus habitantes la simpatía popular. Ninguno de quienes me conocen dudar de que el deber que me impongo no sea ejecutado con toda la habilidad de que soy capaz, con esa rigurosa imparcialidad, escrupulosa comprobación de los hechos y a ardua confrontación de autoridades, que deben distinguir siempre a aquel que aspira al título de historiador.
Gracias a la ayuda conjunta de monedas, manuscritos e inscripciones, estoy autorizado a afirmar positivamente que el pueblo de Vondervotteimittiss existió siempre, desde su fundación, precisamente en las mismas condiciones en que hoy se encuentra. Por lo que respecta a la fecha de su origen, me es singularmente penoso no poder hablar sino con esa precisión indefinida con que los matemáticos se ven a veces obligados a conformarse con determinadas fórmulas algebraicas. La fecha —me está permitido hablar así—, habida cuenta de su prodigiosa antigüedad, no puede ser menos que una cantidad determinable cualquiera.
Con respecto a la etimología del nombre Vondervotteimittiss; confieso, no sin pena, estár en duda. Entre una serie de opiniones sobre este delicado punto, muy sutiles algunas de ellas, otras muy eruditas y otras lo suficientemente en oposición no hallo ninguna que pueda considerar satisfactoria. Tal vez la idea de Grogswigg, que coincide casi con la de Kroutaplenttey deba aceptarse prudentemente. Está concebida en los siguientes términos: Vondervorreimittiss: Vonderlege Donder; Votteimittis, quasi und Bleitziz; Bleitziz obsol, pro Blit zen. A decir verdad, esta etimología encuentra, de hecho, bastante confirmación de algunas señales de fluido eléctrico que pueden verse todavía en lo alto del campanario del Ayuntamiento. Sea como fuere, no es mi intención comprometerme en una tesis de esta importancia, y le ruego al lector ávido de informaciones que consulte los Oratiunculoe de Rebus Praeter Veteris, de Dundergutz; que vea, también, Blunderbuzzard, De Derivationibus, desde la página 27 a la 5.010; infolio, edición gótica, caracteres rojos y negros, con llamadas y sin numeración, y que consulte también las notas marginales del autógrafo de Stuffundpuff, con los subcomentarios de Gruntundguzzell.
A pesar de la oscuridad que envuelve de este modo la fecha de la fundación de Vondervotteimittiss y de la etimología de su nombre, no cabe duda; como ya he dicho, de que ha existido siempre tal como lo vemos en la actualidad. El más viejo hombre del lugar no recuerda ni la más leve diferencia en el aspecto de una parte cualquiera de él, y, en realidad, la simple sugestión de tal posibilidad sería considerada como un insulto. El pueblo está situado en un valle perfectamente circular, cuya circunferencia mide, poco más o menos, un cuarto de milla, y está rodeado completamente por lindas colinas, cuyas cimas jamás pensaron sus habitantes hollar con su planta. No obstante, éstos dan una excelente razón de su proceder, por cuanto creen que no hay absolutamente nada al otro lado.
Alrededor del lindero del valle —que es completamente liso y pavimentado en toda su extensión con ladrillos planos— hay una ininterrumpida fila de sesenta pequeñas casas. Se apoyan por detrás sobre las colinas, y, por tanto, todas miran al centro de la llanura, que se encuentra justamente a sesenta yardas de la puerta delantera de cada casa. Cada una de éstas tiene a la entrada un jardincillo, con una avenida circular, un reloj de sol y veinticuatro coles. Las mismas construcciones son tan absolutamente iguales que es imposible distinguir una de otra. A causa de su extrema antigüedad, el estilo arquitectónico es un tanto extravagante, pero, por esta razón, es todavía notablemente pintoresco. Estas casas están construidas con pequeños ladrillos, bien endurecidos al fuego, rojos, con cantos negros, de tal modo, que las paredes parecen un tablero de ajedrez de grandes proporciones. Los remates están vueltos del lado de la fachada y poseen cornisas tan grandes como el resto de la casa en los bordes de los tejados y en las puertas principales. Las ventanas son estrechas y de amplio alféizar, con vidrieras formadas por cristales pequeñísimos y grandes marcos. El tejado está recubierto por una gran cantidad de tejas de puntas arrolladas. La madera es toda de un color sombrío, totalmente tallada, pero de dibujos poco variados, puesto que, desde tiempos inmemoriales, los tallistas de Vondervotteimittis no han sabido esculpir más que dos objetos: un reloj y una col. Ahora bien hay que reconocer que esto lo hacen admirablemente, y lo prodigan con singular ingeniosidad en cualquier sitio que pueda encontrar el cincel.
Las habitaciones son tan parecidas a la parte interior como a la externa, y los muebles son todos de un solo modelo. El piso está pavimentado con baldosas cuadradas. Las sillas y mesas son de madera negra, con patas torneadas, delgadas y finas. Las chimeneas son largas y altas; y no solamente poseen relojes y coles esculpidos en la superficie de su parte frontal, sino que, además, sostienen en medio de la repisa un auténtico reloj que produce un prodigioso tic-tac, con dos floreros, cada uno de los cuales contiene una col; situados en los extremos a modo de batidores. Entre cada col y el reloj se encuentra, además, un muñeco chino, panzudo, con un gran agujero en medio de la barriga, a través del cual puede verse la esfera de un reloj.
Los lares son amplios y profundos, con retorcidos morillos. Continuamente arde un gran fuego; sobre el que se encuentra una enorme marmita llena de sauerkraut y carne de cerdo, incesantemente vigilada por la dueña de la casa. Esta es una gruesa y vieja señora, de ojos azules y colorado rostro, que se toca con un inmenso gorro semejante a un pilón de azúcar.
Adornado con cintas purpúreas y amarillas; su traje es de mezclilla anaranjada, larguísimo por detrás y de estrecha cintura, por otros conceptos demasiado corto, porque deja descubierta la mitad de la pierna. Éstas son un poco gruesas, lo mismo que los tobillos pero están cubiertas por un lindo par de medias verdes.
Sus zapatos, de cuero rosado, están atados con un lazo de cintas amarillas dispuesto en forma de col. En su mano izquierda tiene un pesado relojito holandés, y con la derecha maneja un cucharón para el sauerkraut y la carne de cerdo. A su lado se encuentra un gato gordo y manchado, que exhibe en la cola un relojillo de cobre dorado de repetición, que «los chiquillos» le han atado allí como juego.
En cuanto a estos chicos, los tres están en el jardín, cuidando del cerdo. Todos tienen dos pies de altura, se tocan con tricornios y visten chalecos purpúreos que les llegan casi a los muslos, calzones de piel de gamo, medias roja de lana, zapatones con gruesas hebillas de plata y largas blusas con grandes botones de nácar.
Cada uno tiene una pipa en la boca y un abultado reloj en la mano derecha. Una bocanada de humo, una mirada al reloj; una mirada al reloj, una bocanada de humo. El cerdo, que es corpulento y perezoso, se entretiene unas veces en mordisquear las hojas que han caído de las coles y otras en querer morderse el relojito dorado que aquellos pícaros le han atado también al rabo, con objeto de embellecerle tanto como al gato.
Exactamente enfrente de la puerta de entrada, en una poltrona de amplio respaldo forrado de cuero, con patas torneadas y finas, como las de las mesas, se ha instalado el viejo propietario de la casa. Es un viejecillo excesivamente hinchado, con grandes ojos redondos y una enorme doble papada. Su indumentaria se parece a la de los muchachos, y nada más tengo que decir sobre está en particular. Toda diferencia consiste en que su pipa es un poco mayor que la de aquellos, y por tanto, puede lanzar más humo. Lo mismo que ellos, tiene un reloj, pero lo guarda en el bolsillo. A decir verdad, tiene algo que hacer más importante que vigilar un reloj, y esto es lo que voy a explicar. Está sentado, con la pierna derecha sobre la rodilla izquierda. Tiene el semblante grave y conserva siempre uno por lo menos de sus ojos decididamente fijo en cierto objeto muy interesante del centro de la llanura.
Este objeto está situado en el campanario del Ayuntamiento. Los miembros del Consejo son todos unos hombrecillos achaparrados, adiposos e inteligentes, con ojos gruesos como salchichas y enormes papadas. Visten trajes mucho más largos, y las hebillas de sus zapatos son mucho mayores que las del resto de los habitantes de Vondervotteimittiss. Desde que resido en el pueblo han celebrado varias sesiones
extraordinarias, y han tomado estos tres importantes acuerdos:
«Es un crimen alterar el antiguo buen ritmo de las cosas.»
«No existe nada tolerable fuera de Vonder votteimittiss.»
«Juramos fidelidad a nuestros relojes y a nuestras coles.»
Sobre el salón de sesiones se encuentra el campanario, y en el campanario o torre está, y siempre ha estado, desde tiempo inmemorial, el orgullo y maravilla del pueblo: el gran reloj de la aldea de Vondervotteimittiss. Y hacia este objeto están vueltos los ojos de los viejos caballeros que se encuentran sentados en poltronas forradas de cuero.
El gran reloj tiene siete esferas, una sobre cada una de las siete caras del campanario, de modo que se le puede observar cómodamente desde todos los barrios. Estas esferas son enormes y blancas, y las agujas, pesadas y negras. En la torre está empleado un hombre cuya sola misión consiste en cuidar del mismo, pero tal función es la más perfecta de las sinecuras, porque desde tiempos inmemoriales el reloj de Vondervotteimittiss jamás ha necesitado de sus servicios. Hasta esos últimos días, la simple suposición de semejante cosa era considerada como una herejía. Desde los más antiguos tiempos que los archivos registran, las horas habían sonado regularmente en la gran campana, y, en realidad, lo mismo acontecía con todos los demás relojes, grandes y pequeños, de la aldea. Nunca existió lugar comparable a éste en señalar con tanta exactitud las horas. Cuando el voluminoso mazo juzgaba llegado el momento de decir: «¡Las doce!» todos sus obedientes servidores abrían simultáneamente sus gargantas y respondían como un solo eco. En resumen, los buenos burgueses estaban encantados con su sauer-kraut, pero orgullosos de sus relojes.
Todas las personas que disfrutan de sinecuras son objeto de mayor o menor veneración, y como el campanero de Vondervotteimittiss poseía la más perfecta de ellas, es el más perfectamente respetado de todos los mortales. Es el principal dignatario de la aldea, incluso los mismos cerdos le contemplan reverentemente.
La cola de su casaca es mucho mayor. Su pipa, las hebillas de sus zapatos, sus ojos y su estómago son mucho mayores que los de ningún otro viejo caballero de la aldea, y en cuanto a su papada, es no solamente doble, sino triple.
Describo el feliz estado de Vondervotteimittiss. ¡Ay, qué lástima que tan delicioso
cuadro estuviese condenado a sufrir un día una cruel transformación!
Hace muchísimo tiempo que ha sido aceptado y comprobado por los habitantes más sabios de la aldea un proverbio según el cual «nada bueno puede venir de allende las
colinas». Y, en realidad, hay que creer que estas palabras contenían en sí algo profético.
Faltaban cinco minutos para el mediodía de anteayer cuando, en lo alto de la cresta de las colinas del lado Este, surgió un objeto de extraño aspecto. Semejante acontecimiento era propio para despertar la atención universal, y cada uno de los viejos hombrecillos, sentados en sus poltronas tapizadas de cuero, volvió uno de sus ojos, desorbitado por el espanto, hacia el fenómeno, continuando con el otro fijo en el reloj del campanario.
Faltaban sólo tres minutos para el mediodía cuando se comprobó que el singular
objeto en cuestión era un pequeño jovencillo que parecía extranjero. Descendía por la colina con una enorme rapidez, de modo que todos pudieron verle muy pronto
fácilmente. Era realmente el más precioso hombrecillo que se había visto jamás en
Vondervotteimittiss. Tenía el rostro un tono oscuro como el rapé, larga y ganchuda la nariz, ojos que parecían lentejas, enorme boca y magnífica hilera de dientes, que parecía muy interesado en exhibir riéndose de oreja a oreja. Añádase a esto patillas y bigotes, y no creo que nada más quedase por ver en su rostro. Tenía la cabeza descubierta, y su cabellera había sido cuidadosamente arreglada con papillotes para rizarla. Componíase su indumentaria de una casaca ajustada y colgante, que terminaba en una especie de cola de golondrina —por uno de cuyos bolsillos dejaba colgar una larga punta de pañuelo blanco—, de unos calzones de casimir negros, medias negras y unos gruesos escarpines cuyos cordones consistían en enormes lazos de raso negro. Bajo uno de sus brazos llevaba un chapeau-de-bras, y bajo el otro, un violín casi cinco veces mayor que él. En su mano izquierda tenía una tabaquera de oro, de donde continuamente cogía pulgaradas de rapé con la actitud más vanidosa del mundo, mientras saltaba descendiendo la colina y dando toda clase de pasos fantásticos.
¡Bondad divina! Era un gran espectáculo para los honrados burgueses de
Vondervotteimittiss.
Hablando claramente, el pícaro reflejaba en su rostro, a pesar de su sonrisa, un
audaz y siniestro carácter. Mientras se dirigía apresuradamente hacia el pueblo, el
aspecto singularmente extraño de sus escarpines bastó para despertar muchas
sospechas, y más de un burgués que le contempló aquel día hubiese dado algo por
dirigir una ojeada bajo el pañuelo de blanca batista que colgaba de modo tan irritante del bolsillo de su casaca con cola de golondrina. Pero lo que despertó principalmente una justa indignación fue el hecho de que aquel miserable botarate, mientras ejecutaba tan pronto un fandango como una pirueta, no guardase una regla en su danza y no poseyera ni la menor noción de lo que se llama llevar el compás.
Mientras tanto, los buenos habitantes del pueblo no habían aún tenido tiempo para
abrir del todo sus ojos cuando, exactamente medio minuto antes del mediodía, se
precipitó el tunante, como os digo, en medio de ellos, hizo aquí un chassezé allí un
balanceo y después de una pirouette y un pas-de-zephyr, se dirigió como una flecha a la torre del Ayuntamiento, donde el campanero fumaba estupefacto con una actitud de dignidad y temor. Pero el pillastruelo le agarró primero de la nariz, se la sacudió y tiró de ella, le puso sobre la cabeza su gran chapeau-de-bras, hundiéndoselo hasta la boca, y después, levantando su enorme violín, le golpeó con él durante tanto rato y con tal violencia, que, dado que el vigilante estaba muy gordo y el violín era amplio y hueco, se hubiese jurado que todo un regimiento con enormes tambores redoblaba diabólicamente en la torre del campanario de Vondervotteimittiss.
No se sabe a que desesperado acto de venganza hubiese impulsado aquel indignante
ataque a los aldeanos de no haber sido por el importantísimo hecho de faltar medio
segundo para el mediodía. Iba a sonar la campana, y era de absoluta y suprema
necesidad que todos consultaran sus relojes. Era indudable, sin embargo, que,
exactamente en ese instante, el pillo que se había introducido en la torre quería algo que se relacionaba con la campana, y se metía donde nadie le llamaba. Pero como empezaba a tocar, nadie tenía tiempo de vigilar sus maniobras, porque cada uno de los hombres del pueblo era todo oídos contando las campanadas.
—Una... —dijo el reloj .
—Una... —replicó cada uno de los viejos hombrecillos de Vondervotteimittiss, en
cada sillón tapizado de cuero.
—Una... —dijo el reloj de su mujer.
Y:
—Una... —dijeron los relojes de los niños y los relojillos dorados colgados de las
colas del gato y del cerdo.
—Dos... —continuó la pesada campana.
Y:
—¡Dos! —repitieron todos.
—¡Tres! ¡Cuatro! ¡Cinco! ¡Seis! ¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve! ¡Diez! —dijo la campana.
—¡Tres! ¡Cuatro! ¡Cinco! ¡Seis! ¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve! ¡Diez! —respondieron los otros.
—¡Once! —dijo la grande.
—¡Once! —aprobó toda la pequeña gente.
—¡Doce! —dijo la campana.
—¡Doce! —contestaron ellos perfectamente satisfechos y dejando caer sus voces a
compás.
—¡Han dado las doce! —dijeron todos los viejecillos, guardando de nuevo sus relojes. Sin embargo, la gran campana no había acabado aún.
—¡Trece! —dijo.
—¡Trece!— exclamaron todos los viejecillos, palideciendo y dejando caer las pipas
de sus bocas, mientras descabalgaban sus piernas derechas de sus rodillas izquierdas—
¡Trece!
—¡Trece! ¡Trece! ¡Dios santo, son las trece!— gimotearon.
¿Describir la espantosa escena que se originó? Todo Vondervotteimittiss estalló de
repente en un lamentable tumulto.
—¿Qué le ocurrir a mi barriga? —gritaron todos los niños—. ¡Tengo hambre desde
hace una hora!
—¿Qué les pasa a mis coles? —exclamaron todas las mujeres—. ¡Deben de estar cocidas desde hace una hora!
—¿Qué le ocurre a mi pipa? —juraron todos los viejecillos— ¡Rayos y truenos! Debe
de estar apagada desde hace una hora.
Y volvieron a cargar sus pipas con gran rabia. Se arrellanaron en sus sillones y
aspiraron el humo con tal prisa y ferocidad, que, inmediatamente quedó el valle velado por una nube impenetrable.
Mientras tanto, las coles iban adquiriendo tonalidades purpúreas, y parecía que el
mismo viejo diablo en persona se apoderase de todo lo que tenía forma de reloj. Los
relojes tallados sobre los muebles poníanse a bailar como si estuvieran embrujados,
mientras que los que se encontraban sobre las chimeneas apenas si podían contener su furor y se obstinaban en un toque incesante: «¡Trece! ¡Trece! ¡Trece!»
Y el vaivén y movimiento de sus péndulos era tal, que resultaba verdaderamente
espantoso de ver. Lo peor era que los gatos y los cerdos no podían soportar más el
desarreglo de los relojillos de repetición atados a sus colas, y ostensiblemente lo
demostraban huyendo hacia la plaza, arañándolo y revolviéndolo todo, maullando y
gruñendo, produciendo un espantoso aquelarre de maullidos y gruñidos, lanzándose a
la cara de las personas, metiéndose debajo de las faldas, produciendo la más terrible algarabía y la más tremenda confusión que persona sensata pudiera imaginar. En cuanto al miserable tunante instalado en la torre, hacía evidentemente todo lo posible por lograr que la situación fuera más aflictiva. De cuando en cuando podía vislumbrársele en medio del humo. Continuaba siempre allí, en la torre, sentado sobre el cuerpo del campanero, que yacía de espaldas. El infame conservaba entre sus dientes la cuerda de la campana, sacudiéndola sin parar con la cabeza, de izquierda a derecha, produciendo tal barullo, que mis oídos se estremecen aún ahora al recordarlo. Descansaba sobre sus rodillas el enorme violín, que rascaba sin acorde ni compás con sus dos manos, procurando fingir horrorosamente, ¡oh, infame payaso! , que estaba tocando la canción de «Judy O'Flannagan and Paddy O'Rafferty».
Como las cosas habían llegado a tan lamentable estado, abandoné con repugnancia el lugar, y ahora dirijo un llamamiento a todos los amantes de la hora exacta y del buen sauer-kraut. Marchemos en masa hacia el pueblo y restauremos el antiguo orden de
cosas en Vondervotteimittiss, expulsando de la torre a aquel bellaco.


Cielo de los Antiguos



Si el gusano de seda denominara cielo a la pelusilla que forma su capullo, razonaría igual que lo hicieron los antiguos dando a la atmósfera el nombre de cielo, que es, como dice Fontenelle, la seda de nuestro capullo. Los antiguos creyeron que los vapores que exhalan los mares y la tierra y que forman las nubes, los meteoros y los truenos, eran la morada de los dioses.

En las obras de Homero, los dioses descienden siempre de nubes áureas y por eso todavía hoy los pintores los representan sentados en una nube. Podían sentarse sobre el agua, pero era justo que el primero de los dioses, Júpiter, estuviera sentado con más comodidad que los otros, y le concedieron un águila como atributo, porque el águila vuela más alto que las demás aves.

El lenguaje del error es tan familiar para los hombres que todavía denominamos cielo a los vapores y al espacio entre la tierra y la luna. Decimos subir al cielo, como decimos que el sol sale y se pone, pese a que sabemos que el sol está fijo y no se mueve. Probablemente, la tierra será cielo para los habitantes de la luna, y cada planeta situará su cielo en el planeta más cercano.
Voltaire - Cielo de los antiguos
Diccionario Filosófico

Guerrera de la tierra


Guerrera de la tierra - Tinelli (ajjjgg) vs mapuches


De la diferencia hizo su orgullo, cuando pudo dejar las miradas despectivas de la escuela y el espejo la devolvió no sólo hermosa sino cargada de un sentido silenciado. Hoy Moira Millán, mapuche, madre de cuatro hijos, con cinco causas judiciales en su haber por cortes de rutas y una más por haber ocupado durante seis años un terreno fiscal en lo que fue la tierra de sus antiguos, pelea contra el Goliath del mercado. Pero no se asusta.



Se llama Moira Millán y es integrante del Frente de Lucha Mapuche y Campesina. Ella cuenta: “Nosotros somos los que peleamos contra el Goliath del momento y nosotros somos los que no tenemos voz”.

–Desde la perspectiva mapuche, cuando vos llevaste una vida de equidad con la naturaleza no te morís sino que te transformás.Nos sentimos parte de esta naturaleza, parte de esta tierra. Por eso, nuestra lucha es muy diferente a otras. No peleamos sólo por cómo se reparte la torta, que es la discusión entre la izquierda y la derecha, sino que tampoco estamos de acuerdo con los ingredientes que componen esa torta. Nosotros queremos amasar un pan nuevo, distinto. No queremos la planta de Repsol para pedir trabajo, no se trata de que se privatice o se estatice la explotación petrolera, sino que esa explotación deje de contaminar y matar a la tierra.

-Nosotros no podemos vivir sin el río, los árboles, las piedras, las hierbas medicinales. Pero las cosas que ofrece la sociedad de consumo son prescindibles. ¿Qué es la pobreza? La gente tiene que volver a la tierra. Yo nací en Bahía Blanca y ahora, en el campo, me convertí en la persona más feliz del mundo: vivo en una casa de material que se va a convertir en la primera escuela autónoma mapuche. No podemos seguir pidiéndole al Estado porque el asistencialismo es el peor cáncer. ¿Pero de qué vale seguir denunciando la venta de tierras si nadie quiere ir a la tierra?

–Una de nuestras denuncias menos escuchadas es que Marcelo Tinelli compró 2500 hectáreas en Río Persei, que queda a 13 kilómetros de la ciudad de Esquel, en Chubut. Es un lugar que no tiene teléfono, ni transporte, está perdido en el tiempo, olvidado, pero es paradisíaco. Algunos pobladores se pusieron contentos porque, por ejemplo, les llegó la luz. Pero en la laguna Trafipam pone gente de seguridad que no permite ni ir a la laguna. Además tiene un megaproyecto turístico de instalar en el cerro el centro de ski más importante de Latinoamérica. A la gente le dijeron que van a vivir en el lugar y que van a ser parte del paisaje turístico. Por eso, mucha gente está de acuerdo. Pero ese proyecto va a tener un gran impacto ambiental. Además, mientras el empresario levanta mansiones y cerca el lugar, la gente no tiene ni siquiera más leña en el invierno. Entonces ese lugar que pertenecía al uso colectivo de la tierra y a los pobladores se pierde. Mientras que los mapuches, en muchos lugares, como Lago Puelo y Corcobado seguimos reclamando por nuestro derecho a los títulos colectivos de propiedad de la tierra.

–Ya ser mujer es difícil en nuestra sociedad, ni hablar de ser mujer indígena. Hay un modelo de mujer, de mamá, de esposa. Pero las mujeres mapuches no deberíamos buscar ser top models u ocupar espacios de cosificación y venta de nuestra imagen. Hay que trascender eso. Yo visto mi ropa ancestral que está reflejando la pureza del pueblo porque el color negro representa la pureza y, dicen las ancianas, que tiene que ser tan intensamente negro que destelle azul y todo tiene que mostrar mi filosofía y mi espíritu. Para mí eso es estar bien vestida y no estar a la última moda. La sociedad de consumo también está haciendo una exacerbación de la sexualidad. Mientras que el pueblo mapuche ha vivido plenamente, sin necesidad de psicoterapias y qué sé yo, su sexualidad.

–El pueblo mapuche no tiene ninguna represión. Eso viene con la conquista, cuando el cristianismo trae toda la parte represiva. En principio, no existe la imagen de papá-mamá-los nenes, los chicos no son propiedad de los padres, sino que pertenecen a toda la comunidad. Tampoco existe el tema de la fidelidad, sino el respeto a nuestra propia naturaleza.

–El pueblo mapuche ha tenido ancestralmente una relación de género muy igualitaria, con equidad de género. Nunca hubo un rol específico de los hombres que no pudieran cumplir las mujeres. Nosotras podíamos ser sacerdotisas (machis), comandantes o guerreras. Siempre tuvimos voz y voto y fuimos las trasmisoras de la sabiduría con los niños. El pensamiento filosófico de nuestro pueblo ha sido respetar la naturaleza y esto incluye a la naturaleza de cada uno de nosotros, inclusive la elección de la pareja depende de esa naturaleza. Hay hombres que necesitan más de una mujer para poder sentirse complementados (hay que descolonizarse para entender lo que estoy diciendo porque no se puede ver desde la perspectiva sexual), eso se llama poligamia y se practicaba en la comunidad mapuche. Pero también había poliandria: mujeres machis que podían tener más de un marido y no por una cuestión erótica, sino por una complementariedad espiritual. Había diversidad y no un modelo hegemónico heterosexual y monogámico. Así como en la naturaleza hay diversidad en los animales, las plantas y las flores, tampoco se puede exigir que todos los seres humanos seamos iguales. En ese sentido, había un respeto muy importante por la mujer. Pero cuando llega el judeocristianismo rompe con todo eso e impone el machismo que se ha internalizado en nuestras comunidades, aunque no como un elemento cultural ancestral, sino como resultado de la colonización. En las comunidades todas las mujeres pasamos por etapas de abandono, violencia familiar, una situación muy marginal. Aun así, viviendo con esa opresión, las mujeres mapuches tenemos una visibilidad en la lucha y un protagonismo muy grande. Yo me siento respaldada por los hombres mapuches. Y actualmente en las comunidades existen en un rol equivalente a caciques tanto mujeres como hombres. Yo creo que el pueblo mapuche tiene mucho, desde su sabiduría ancestral, para aportar en una sociedad nueva. Y que no se va a poder destruir el machismo si no repensamos la sociedad en su totalidad.

–La discriminación la sufren todas las mujeres que no cumplen con el tipo físico que impone la cultura de moda. Pero yo creo que no deberíamos buscar un modelo económico-social más justo, sino una nueva sociedad en la que una de las prioridades sea la ternura. Yo sueño un mundo donde la ternura sea posible.
fuente



Tinelli vs mapuches

¿Quién es Marcelo Tinelli?(ajjjjj)
domingo 31 de agosto de 2008

BAILANDO POR UN SUEÑO? - el de Marcelo Tinelli(ajjjjj)-. Me pregunto qué danza tendremos que hacer los Mapuches y campesinos para que nos devuelvan las tierras.
Es tan conmovedor ver a Tinelli cuando se emociona ante algún caso de injusticia social. Se le llenan los ojos de lágrimas y mira hacia las cámaras.
¿Si los indígenas se presentaran en su show podrían conseguir algo de respeto a sus derechos naturales?
¿Saben que es 'Trafipan 2000'?
Marcelo Tinelli, conductor-empresario televisivo que compró miles de hectáreas en la provincia sureña de Chubut, necesita desalojar 30 familias mapuches para construir un megaproyecto turístico.
Moira Millán, integrante de la Comunidad Pillán Mahuiza y del
Frente de Lucha Mapuche y Campesinos en el marco de la lucha por la defensa del Agua y la Tierra aseguró a radio Universidad Nacional de Cuyo, que le dicen rotundamente ¡No! a cualquier megaproyecto que pretenda 'arrasar con nuestro entorno a cualquier precio'.
La dirigencia indígena denunció que el megaproyecto turístico que pretende construir Marcelo Tinelli 'es sobre la vivienda de 30 familias mapuches y, casualmente, lleva nombre mapuche,Trafipan 2000, cuando para llevarlo a cabo, necesita de su desalojo'.
'Cuanta más gente se entera, más nos ayuda para conseguir el apoyo de las autoridades para poder conservar nuestras tierras'.

Lic. Marisa Burlastegui
Universidad Nacional de Mar del Plata.

El Testimonio del Árabe Loco (3)





El Testimonio del Árabe Loco (3)

El Horrendo Pórtico al Exterior
“ Mi grito tuvo el efecto de hacer que su ritual se sumiera en el caos y el desorden. Me lancé a la carrera por el sendero de la montaña por el que habia subido y los sacerdotes emprendieron mi persecución, aunque me pareció que algunos se quedaban atras, quizá con el fin de completar los Ritos.
Sin embargo mientras descendia frenéticamente por las pendientes de la fria noche, con el corazón galopando en mi pecho y la cabeza desbocada, por detrás de mi escuché el sonido de rocas quebrándose y de truenos que sacudieron el mismo terreno que pisaba. Aterrado, y por la prisa caí al suelo. Me incorporé y grité para enfrentarme al atacante que tuviera mas cerca, a pesar de que iba desarmado.
Para mi sorpresa, lo que vi no fué ningun sacerdote de un horror antiguo ni a ningun nigromante del Arte Prohibido, sino las túnicas negras caidas sobre la hierba y los matorrales, sin la presencia de vida o cuerpos en ellas. Con cautela me acerqué a la primera y, recogiendo una rama, la alce de los matorrales espinosos. Lo unico que quedaba del sacerdote era un charco de limo parecido al aceite verde; despedia el olor de un cuerpo que se hubiera podrido bajo el Sol.
Ese hedor casi me hizo perder el sentido, pero estaba decidido a encontrar a los otros y averiguar si les habia acecido la misma fortuna. Al regresar por la pendiente por la que solo unos momentos antes habia huido con tanto pavor, tope con otro de los obscuros sacerdotes y lo encontré en condiciones identicas al primero. Seguí andando, y pasé al lado de más túnicas, aunque ya no me atreví a levantarlas.
Entonces, por fin llegué hasta el monumento de roca gris que se habia alzado de forma antinatural en el aire ante el comando de los sacerdotes. Ahora habia vuelto a posarse sobre el suelo, pero las tallas seguian brillando con luz supernatural. Las serpientes, o lo que en aquel momento tomé como tales, habian desaparecido. Pero en las brasas muertas del fuego, ya frias y negras, habia una placa de lustroso metal.
La recogí y vi que estaba tallada, igual que la piedra, aunque de forma muy intrincada, de una manera que no fuí capaz de comprender. No exhibía los mismos trazos que la roca, pero tuve la sensación de que casi podia leer los caracteres, aunque me fué imposible, como si alguna vez hubiera conocido la lengua y ya la hubiera olvidado. Empezó a dolerme la cabeza como si un diablo la estuviera aporreando y, entonces, un haz de luz de luna se posó sobre el amuleto de metal, porque ahora se lo que era, y una voz penetró en mi mente y con una sola palabra me contó los secretos de la escena de la que habia sido testigo: KUTULU.
En ese instante, como si me lo hubieran susurrado con vehemencia en el oido, lo comprendí. Habian unos signos tallados en la roca gris. El primero en forma de estrella de cinco puntas es el Signo de nuestra Raza Más Allá de las estrellas y que, en la lengua que me enseñó el Amanuense, se llama ARRA, un emisario de los Antiguos. En la lengua de la ciudad mas antigua de Babilonia, era UR.
Es el signo de la alianza de los Dioses Mayores, y cuando lo vean, ellos que nos lo dieron a nosotros, no nos olvidarán. ¡Lo han jurado! ¡Espíritu de los Cielos, Recuerda! El segundo es el Signo Mayor, casi en forma de J, y es la llave con la cual al emplearse las Palabras y Formas Adecuadas, se pueden invocar los Poderes de los Dioses Mayores. Posee un nombre, y se llama AGGA. El tercero es el signo del Observador, casi en forma de piramide o monticulo oblicuo y de lineas sutilmente sencillas y misteriosas. Se llama BANDAR.
El Observador es una raza enviada por los Antiguos. Mantiene vigilia mientras uno duerme, siempre que se hayan realizado el Ritual y Sacrificio apropiados; de lo contrario, si se lo invoca, se vuelve contra ti. Para que estos sean efectivos, deben estar tallados en piedra y emplazados en el suelo. O en un altar de ofrendas. O llevados a la Roca de las Invocaciones.
O grabados en el metal del Dios o la Diosa de uno, siempre colgando del cuello, aunque oculto a la vista del Profano. De estos tres el ARRA y el AGGA, pueden ser usados por separado, esto es, cada uno solo.
Sin embargo el BANDAR jamás ha de emplearse solo, sino con uno de los dos restantes, por que se le debe recordar al Observador de la Alianza que ha jurado con los Dioses Mayores y con nuestra Raza, de lo contrario, se volvera contra ti, matandote y atacando tu poblado hasta que se obtenga el socorro de los Dioses Mayores por medio de las lagrimas de tu pueblo y el grito desesperado de tus mujeres. ¡ KAKAMMU ! El amuleto de metal que saqué de las cenizas del fuego, y que atrjo la luz de la luna, es un sello potente contra cualquiera que pueda atravesar el Portico desde el Exterior, ya que al verlo se apartara de ti.

El Libro de los Muertos
Libros Malditos

Moonspell - Unplugged


Moonspell - Unplugged



LISBOA

01. Intro
02. Opium
03. Interludium
04. Mute
05. Interludium
06. Abysmo
07. Interludium
08. Awake
09. Interludium
10. The Hanged Man
11. Interludium
12. Of Dream and Drama
13. Interludium
14. Sacred (Depeche mode cover)
15. Interludium
16. Ruin and Misery

MADRID

17. Intro
18. Abysmo
19. Awake
20. The hanged man
21. Of dream and drama
22. Opium



Moonspell - Abysmo (Live)
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Porqué no soy agnóstico




Porqué no soy agnóstico
Victor J. Stenger
Traducción de Fernando G. Toledo

Muchos no creyentes dicen ser agnósticos antes que ateos. No creen que Dios exista, pero no están seguros y entonces son renuentes a llamarse ateos. Una actitud común es decir: "Tal vez hay algo allí afuera. A fin de cuentas, no lo conocemos todo".

¿Cuán seguros de la inexistencia de Dios debemos estar los que nos autodenominamos ateos? Obviamente, no podemos estar 100% seguros de nada. Pero podemos estar 99,99999% seguros de un montón de cosas, y eso es normalmente suficiente para tomar las decisiones diarias de nuestra vida. No podemos estar seguros de que no caeremos y nos romperemos el cuello al bajar de la cama en la mañana, pero no nos quedamos en la cama por eso. Viajamos en autos y en aviones, donde las probabilidades de sobrevivir no son del 100%, pero sí bastante cerca como para hacerlo. En esos casos, hacemos un análisis de riesgo-beneficio y decidimos que el beneficio justifica el riesgo.

Algunas cosas son, para todo propósito práctico, seguras. Si saltamos desde una ventana del décimo piso, podemos estar bastante seguros de que nos daremos un feo golpazo, no por la caída, como se dice, sino por la llegada. Ahora bien, un avión con un colchón atado a su ala podría pasar justo como para salvarnos. De nuevo, como se dice, "todo es posible". Pero este es un ejemplo del tipo de cosas posibles con las que hemos aprendido a no contar.

Así que, ¿cuál es el límite entre el agnóstico y el ateo? Si dibujamos la línea en el 100% de certeza, entonces no quedaría ningún lugar para los ateos. En ese caso, no habría ateos ni en una trinchera. Sin embargo, algunas personas se autodenominan ateos, incluyendo muchos que han pasado tiempo en trincheras. La palabra debe de significar algo para ellos. Sugiero que los ateos son personas que han evaluado las posibilidades, hecho el análisis riesgo-beneficio, y encontrado que la existencia de Dios es tan improbable que prefieren vivir sus vidas sin todo el lastre que toda creencia te fuerza a cargar.

El lastre de la creencia es pesado. No sólo se espera que dones tiempo y dinero a tu iglesia, sino, lo más importante, se espera que cambies tu cabeza. Y, como ha dicho Dan Quayle, "perder la cabeza es algo terrible".

Cuando eres un miembro fiel de alguna religión, no eres libre de usar tu propio juicio... se espera que aplaces el juicio por el de otros que aseguran tener la autoridad sobrenatural.
Y desde el momento en que ellos no ofrecen evidencia para avalar lo que dicen excepto su propia palabra, se te pide que evites usar tu propio intelecto en el proceso.

A lo largo de los siglos, muchos intentos han querido probar el basamento racional de la creencia sobrenatural. Todos han fallado. Los predicadores pueden todavía atraer clientes hacia sus argumentos simplones con aire de lógicos, del estilo: "¿como podría esto -el universo, la vida, la conciencia- haber surgido desde la nada?". Ellos les aseguran a sus oyentes que Dios lo hizo todo. Pero consideren lo absurdo del argumento: algo no puede surgir de la nada, y entonces debe provenir de Dios… que surge de la nada.

Últimamente, la creencia en una realidad indetectable y trascendente ha acabado en la fe antes que en la razón. Las iglesias han convencido a la mayor parte de la raza humana de creer en lo increíble, darle crédito a lo inverosímil, racionalizar lo irracional. Un ateo es alguien que no puede creer en algo que no tiene base racional, que es nada más que una fantasía y una delusión arrastrada desde la infancia ignorante y supersticiosa de la raza humana.
fuente




Premio al Esfuerzo Personal



Los blogs de Mr. Jofrexx y BafomeT.V13 me han otorgado este premio, por el cual les estoy sumamente agradecida y honrada.

Gracias Jofrex y Balthazar!!!!

Y mis blog premiados son:
*Morharadrim:por su esfuerzo de postear hermosas bandas casi desconocidas, que hacen mis delicias!

*Etterna Tanay:aunque ya lleva varios premios similares, se merece uno más por sus poemas increíbles, que me encanta leer.

*El Entrompe: por su muy buen humor en las entradas de su blog, sin perderlo aún si son post muy serios!ja!

*Divin Et Macabre: por su esfuerzo creando un blog que no deja de crecer, con sus post tan interesantes.

*Hervidero de palabras:por ser un gran escritor y darnos la belleza de sus poemas, sensibles y románticos.

(en unos días pondré los siguientes blogs con los cuales compartiré este premio)

Sobre sueños - F. Nietzsche






La función del cerebro que más se altera con el sueño es la memoria, no porque se suspenda enteramente, sino porque durante él se halla en un estado de imperfección semejante al que debió tener el hombre en los primeros tiempos de la humanidad, en la vigilia. Caprichosa y confusa como es, confundo perpetuamente las cosas por razón de los puntos de semejanza más insignificantes, pero tan caprichosamente como los pueblos inventaban sus mitologías; aun hoy, los viajeros pueden observar la tendencia de los salvajes a olvidarlo todo; que su espíritu, después de pequeño esfuerzo de memoria, comienza a vacilar, y que, por puro decaimiento, no da de sí sino mentiras y absurdos. En el sueño nos asemejamos todos a los salvajes. El reconocimiento imperfecto y la asimilación errónea son la causa del mal razonamiento de que nos hacemos culpables en el sueño, hasta el extremo de que ante la lúcida representación de un sueño tenemos miedo de nosotros mismos, ocultamos tanta y tanta locura.
Humano,demasiado humano.
F. Nietzsche

Stoa - Silmand


A siete años de su último álbum, esta tremenda banda presenta ahora su nuevo trabajo. Si no la has escuchado, va mi recomendación porque es excelente. (en el blog están sus tres cd anteriores)
Neoclásico
Stoa - Silmand ( 2008)



1. Sakrileg
2. Broken Glass
3. La Lune Blanche
4. Daar
5. Iter Devium
6. My Last Way
7. Palldium [Night]
8. Ways
9. Modesty
10. Hanuz Nist
11. A Drinking Song
12. So Many Clouds
13. Tacitum



Five Minute-Teaser from the sToa-album "Silmand"
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En El Metro - E.F.Benson




En El Metro
E.F.Benson

Es una convención, y no muy convincente —dijo alegremente Anthony Carling—. ¡el
tiempo! En realidad el Tiempo no existe; no tiene una existencia real. El Tiempo no es más que un punto infinitesimal de la eternidad, de la misma manera que el Espacio es un punto infinitesimal del infinito. Como máximo el Tiempo es una especie de túnel a través del cual acostumbramos a creer que estamos viajando. Hay un estruendo en nuestros oídos y una oscuridad en nuestros ojos que hace que nos parezca real. Pero antes de que entráramos en el túnel existíamos eternamente en una luz del sol infinita, y cuando hayamos pasado por él volveremos a existir en una luz solar infinita. Entonces, ¿por qué vamos a molestarnos por la confusión, el ruido y la oscuridad que sólo nos acompañan durante un momento?

Para ser alguien que creía tan firmemente en ideas inconmensurables como ésas, que iba marcando con enérgicas aplicaciones del atizador a las magníficas chispas e incandescencias del fuego, Anthony tenía una manera muy agradable de apreciar lo finito y mensurable, y no he conocido a nadie que tuviera tanto entusiasmo por la vida y sus placeres. Aquella noche nos había dado una cena admirable, nos había ofrecido un oporto que estaba más allá de toda posible alabanza, y había iluminado aquellas alegres horas con la luz de su contagioso optimismo. Después el pequeño grupo se había ido deshaciendo y me había quedado a solas con él junto a la chimenea de su estudio. En el exterior se oía sobre los cristales de las ventanas el repiqueteo del aguanieve impulsado por el viento, que se elevaba de vez en cuando por encima del aleteo de las llamas del hogar, y el pensar en las ráfagas heladas y el pavimento cubierto de nieve de Brompton Square, sobre el que se habían ido a toda prisa todos los demás invitados montándose en taxis deslizantes, hacía que mi posición, al permanecer allí hasta la mañana siguiente, resultara más delicadamente deliciosa. Por encima de todo estaba aquel compañero estimulante y sugerente, quien tanto si hablaba de importantes abstracciones, que para él eran tan intensamente reales y prácticas, como si lo hacía de las notables experiencias que había tenido entre aquellas convenciones del Tiempo y el Espacio, resultaba igualmente fascinante para quien le oía.

—Adoro la vida —me dijo—. Me resulta el juego más encantador. Es un deporte delicioso; y bien sabe usted que la única manera concebible de practicar un deporte es tomárselo con seriedad extremada. Si se dice a sí mismo que sólo es un deporte, deja de tener el más ligero interés por él. Tiene que saber que sólo es un juego, y comportarse como si fuera el único objetivo de la existencia. Me gustaría seguir en él durante muchos años. Pero además uno tiene que estar todo el tiempo viviendo en el plano auténtico, que es la eternidad y el infinito. Si piensa en ello, lo único que la mente humana no es capaz de captar es lo finito, no lo infinito; lo temporal, no lo eterno.

—Eso parece bastante paradójico —intervine yo.

—Pero sólo porque se ha habituado a pensar en las cosas que parecen limitadas.
Examine la cuestión directamente durante un minuto. Intente imaginar el Tiempo y el Espacio finitos y se dará cuenta de que le es imposible. Retroceda un millón de años, y multiplique ese millón por otro millón, y se dará cuenta de que no le es posible concebir un principio. ¿Qué sucedió antes de ese principio? ¿Otro principio, y otro más? ¿Y antes de eso? Examínelo así y comprenderá que la única solución que puede comprender es la existencia de una eternidad, algo que nunca comenzó y nunca terminará. Lo mismo sucede con el Espacio. Proyéctese a la estrella más lejana: ¿qué hay más allá de ella? ¿El vacío? Avance a través del vacío y no podrá imaginar que es finito y que tiene un final.
Tiene que seguir avanzando eternamente: eso es lo único que puede usted entender. ¡No existe nada semejante al antes o el después, o al principio o el final, y que cómodo resulta tal cosa! Sentiría una inquietud mortal si no existiera el enorme y mullido cojín de la eternidad sobre el que reclinar la cabeza. Algunas personas dicen —y creo habérselo oído decir a usted mismo— que la idea de la eternidad resulta fatigosa; siente que desea que se detenga. Ello se debe a que piensa en la eternidad en los términos de Tiempo; y a que en su cerebro musita: «¿Y después de eso, y después?» No capta la idea de que en la eternidad no existe ningún «después», como tampoco hay ningún «antes». Todo es uno. La eternidad no es una cantidad: es una cualidad.

A veces, cuando Anthony habla de esa manera, me parece captar una intuición de
eso que para su mente es tan transparentemente claro y tan sólidamente real; pero en otras ocasiones (por no tener un cerebro que se represente con facilidad las abstracciones) me siento como si me estuviera empujando a un precipicio, y mis facultades intelectuales se aferran salvajemente a cualquier cosa tangible o comprensible. Eso era lo que sucedía en ese momento y le interrumpí precipitadamente.

—Pero sí hay un «antes» y un «después» —dije—. Hace unas horas nos ofreció usted una cena admirable, y después —sí, después—jugamos al bridge. Y ahora me va explicar las cosas con un poco más de claridad, y después nos iremos a la cama...

Anthony se echó a reír.

—Hará usted exactamente lo que le plazca, pero no será un esclavo del Tiempo ni esta noche ni mañana por la mañana. Ni siquiera mencionaremos una hora para el desayuno, pero lo tomará durante la eternidad siempre que despierte. Y como veo que todavía no es medianoche, nos saltaremos los límites del Tiempo y hablaremos infinitamente. Pararé el reloj, si eso le ayuda a liberarse de su ilusión, y le contaré una historia que personalmente me parece que demuestra lo irreales que son las llamadas realidades; o al menos lo falaces que son nuestros sentidos en cuanto que jueces de lo que es real y de lo que no lo es.

—¿Algo oculto, escalofriante? —le pregunté abriendo bien los oídos, pues Anthony tenía las más extrañas clarividencias y visiones de cosas que el ojo normal no percibía.

—Supongo que podrá decir que es oculto en parte, aunque está mezclado con una determinada cantidad de realidad bastante sombría.

—Excelente combinación; prosiga —le dije.

Añadió un nuevo leño al fuego.

—Es una larguísima historia, y puede usted detenerme cuando considere que ya es
suficiente. Pero habrá un momento en el que le exigiré su consideración. Usted, tan
aferrado a sus «antes» y «después», ¿se le ha ocurrido pensar lo difícil que es decir cuándo se produce un incidente? Supongamos que un hombre comete un delito violento, ¿no podemos decir, con una gran dosis de verdad, que realmente comete ese crimen cuando lo planea y decide, pensando en él con entusiasmo? El momento real de la comisión del delito, podríamos afirmar razonablemente, es una simple consecuencia material de su resolución: es culpable cuando toma esa determinación. Por tanto, ¿cuándo tiene lugar realmente el crimen en los términos del «antes» y el «después»? Hay también en mi historia otro punto que deberá considerar. Parece cierto que tras la muerte del cuerpo el espíritu de un hombre es obligado a representar dicho crimen, supongo que podríamos conjeturar que con la idea de sentir remordimientos y llegar finalmente a la redención. Los que tienen una segunda visión han visto esas representaciones. Quizás en esta vida cometiera su acto ciegamente; pero luego su espíritu vuelve a cometerlo con los ojos espirituales abiertos, siendo capaz de entender su enormidad. ¿Podemos considerar entonces la determinación original del hombre y la comisión material del crimen tan sólo como preludio de su comisión real, cuando lo hace con los ojos del espíritu abiertos arrepintiéndose de ello...? Todo eso parece muy oscuro cuando hablamos de ello en abstracto, pero creo que entenderá lo que quiero decir si sigue usted mi relato. ¿Está cómodo? ¿Tiene todo lo que necesita? Pues entonces vamos a ello.

Se arrellanó en el asiento, concentró la mente y empezó a hablar:

—La historia que voy a contarle se inició hace un mes, cuando se encontraba usted en Suiza. Llegó a su conclusión, o así lo imagino, anoche mismo. En cualquier caso no espero volver a experimentarla más. Pues bien, hace un mes regresé tarde a casa, habiendo cenado fuera, una noche muy húmeda. No encontraba ningún taxi y me apresuré bajo una lluvia muy fuerte hasta la estación de metro de Piccadilly Circus, considerándome muy afortunado de poder coger el último tren en esta dirección. En el vagón al que subí sólo había otro pasajero sentado junto a la puerta inmediatamente opuesta a mí. Que yo sepa nunca le había visto antes, pero mi atención se fijó vivamente en él, como si de alguna manera me interesara. Era un hombre de mediana edad, vestido de etiqueta, y su rostro mantenía una expresión de pensamiento intenso, como si mentalmente estuviera considerando algún asunto muy significativo, mientras su mano, que reposaba sobre las rodillas, se cerraba y abría. De pronto alzó la vista y me miró fijamente, y pude ver que había en él sospecha y miedo, como si yo le hubiera sorprendido en algún acto secreto.

»En ese momento nos detuvimos en Dover Street, el revisor abrió las puertas, anunció la estación y añadió: «Cambio para Hyde Park Comer y Gloucester Road». Eso estaba bien para mí, por cuanto que significaba que el tren se detendría en Brompton Road, que era mi destino. Aparentemente también era lo correcto para mi compañero, pues no salió del vagón, y tras la parada, en la que no subió nadie en el vagón, nos pusimos en marcha. Debo insistir en que le vi después de que las puertas se hubieran cerrado y el tren hubiera arrancado. Pero cuando volví a mirar vi que no había nadie allí.
Me encontraba absolutamente solo en el vagón.

»Quizás esté pensando que había tenido uno de esos sueños rápidos y momentáneos que entran y salen como una centella de la mente en el espacio de un segundo, pero no creo que fuera así, pues sentí que había experimentado una especie de premonición o visión clarividente. Un hombre, cuya apariencia, cuerpo astral o como quiera denominarlo acababa de ver, se sentaría alguna vez frente a mí meditando y planeando.

—Pero ¿por qué? —pregunté—. ¿Por qué pensó que había visto el cuerpo astral de un hombre vivo? ¿Por qué no el fantasma de un muerto?

—Por la sensación que tuve. La visión del espíritu de un muerto, que he tenido en
dos o tres ocasiones en mi vida, se acompaña siempre de un miedo y encogimiento físico, y por una sensación de frío y de soledad. En cualquier caso creí haber visto el fantasma de un ser vivo, impresión que se confirmó, podría decir que se demostró, al día siguiente. Pues me encontré con ese hombre. Y a la noche siguiente, tal como le contaré después, volví a encontrarme con el fantasma. Pero prosigamos con orden.

»Al día siguiente estaba almorzando con mi vecina, la señora Stanley: éramos un pequeño grupo y cuando llegué sólo esperábamos al último invitado. Entró mientras hablaba yo con un amigo y en ese momento oí la voz de la señora Stanley: «Permítame que le presente a Sír Henry Payle», me dijo.

»Me di la vuelta y vi a mi vis-á-vis de la noche anterior. Era él inequívocamente, y
cuando nos estrechamos la mano creo que me miró con un reconocimiento vago y
sorprendido.

»—¿No nos conocemos ya, señor Carling? —dijo—. Creo recordar.,.
»En ese momento me olvidé de la extraña forma en la que había desaparecido del vagón y creí que era el hombre mismo a quien había visto la noche anterior.

»—Claro que sí, y no hace mucho. Pues ayer mismo por la noche estuvimos sentados uno frente a otro en el último metro de Piccadilly Circus —dije.

»Se quedó mirándome, con el ceño fruncido, asombrado, y sacudió la cabeza.

»—Difícilmente podría ser así. Esta misma mañana he llegado desde el campo —dijo.

»Eso me interesó profundamente, pues se nos ha dicho que el cuerpo astral habita en una región semiconsciente de la mente o del espíritu, y tiene recuerdos de lo que le ha sucedido, que sólo muy vaga y oscuramente puede transmitir a la mente consciente. Durante el almuerzo pude ver de nuevo sus ojos y de nuevo me miraba con la misma actitud sorprendida y perpleja, y en el momento en el que yo me despedía se acercó a mí.

»—Algún día me acordaré de dónde nos conocimos, y espero que volvamos a encontrarnos. ¿No fue... ? —y se detuvo—. No, se me ha ido de la cabeza —añadió.

El leño que había arrojado Anthony al fuego ardía intensamente ahora, y sus altas llamas le iluminaron el rostro.

—No sé si cree usted en las coincidencias como algo debido al azar, pero si es así, libérese de esa idea. Ahora bien, si no puede lograrlo enseguida, considere una coincidencia el hecho de que esa misma noche volviera a tomar el último metro dirección oeste. Pero en esa ocasión, lejos de ser un pasajero solitario había una considerable multitud aguardando en Dover Street, donde subí, y cuando el ruido del tren que se aproximaba comenzó a reverberar en el túnel, vi a Sir Henry Payle cerca de la boca de túnel por la que aparecería el tren, separado del resto de la gente. Y pensé para mí mismo lo extraño que era que hubiera visto su fantasma a esa misma hora la noche anterior y al hombre mismo ahora, por lo que me dirigí hacia él con la idea de decirle: «En cualquier caso, fue en el metro donde nos encontramos anoche»... pero entonces sucedió algo horrible. En el momento en el que el tren salía del túnel saltó a la vía, y el tren pasó por encima de él hasta detenerse junto al andén.

»Quedé un momento sobrecogido de horror, y me acuerdo de que me tapé los ojos
frente a la horrible tragedia. Me di cuenta entonces de que aunque todo había sucedido a la vista de los que aguardaban, nadie parecía haberlo visto, salvo yo mismo. El conductor, que miraba hacia fuera desde su ventana, no había puesto el freno, no hubo ninguna sacudida en el avance del tren, ningún grito ni chillido, y los demás pasajeros empezaron a subir a los vagones con absoluta calma. Aquella visión hizo que me sintiera débil y mareado y debí tambalearme, pues algún alma amable me sujetó con el brazo y me ayudó a entrar en el vagón. Me dijo que era médico y me preguntó si tenía algún dolor o me aquejaba algo. Le dije lo que creía haber visto y me aseguró que no se había producido tal accidente.
»En ese momento me resultó evidente que, por así decirlo, había contemplado el
segundo acto de aquel drama psíquico, y a la mañana siguiente medité el problema de qué era lo que debía hacer. Ya había echado una ojeada al periódico de la mañana, que tal como yo sabía no incluía ninguna mención de lo que había visto. Aquello, ciertamente, no había sucedido, pero en mi interior sabía que sucedería. Se había apartado de mis ojos el débil velo del Tiempo y había visto lo que usted llamaría futuro. Evidentemente en los términos de Tiempo era el futuro, pero desde mi punto de vista aquello pertenecía tanto al pasado como al futuro. Había existido, y sólo aguardaba a su realización material. Cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de que no podía hacer nada.
Interrumpí en ese momento su narración.

—¿Y no hizo usted nada? —exclamé—. Posiblemente habría podido dar algún paso
con el fin de tratar de evitar la tragedia.

Negó la pregunta con un movimiento de la cabeza.

—Y exactamente, ¿qué pasó? ¿Debía dirigirme a Sir Henry y decirle que había vuelto
a verle en el metro en el momento en que se suicidaba? Examine atentamente la cuestión. O bien lo que había visto era pura ilusión e imaginación, en cuyo caso no tenía la menor existencia o significado, o era algo real auténtico y esencialmente ya había sucedido. O piense, aunque no es muy lógico, en algo intermedio entre ambas cosas. Supongamos que la idea del suicidio, por alguna causa de la que yo nada sabía, se le había ocurrido, o se le ocurriría. Si ése era el caso ¿no estaría haciendo algo muy peligroso al sugerirle tal cosa? El hecho de decirle lo que había visto, ¿no podría introducir esa idea en su mente, o confirmarla y fortalecerla si ya estaba allí? Tal como dice Browning: «Jugar con las almas es un asunto delicado».

—Pero no interferiren modo alguno parece tan inhumano—intervine yo—. No hacer
ningún intento...

—¿Qué interferencia? —preguntó él—. ¿Qué intento?

El instinto humano que había en mí parecía gritar en voz alta y rebelarse ante el pensamiento de no hacer nada para evitar esa tragedia, aunque daba la impresión de golpear contra algo austero e inexorable. Y aunque aporreaba mi cerebro no podía combatir la sensación de lo que él había dicho. No podía darle ninguna respuesta, y prosiguió con su historia.

—Debe recordar también que creía entonces, y creo ahora, que aquello había sucedido —me dijo—. La causa de aquello, fuera la que fuera, había empezado a actuar, y el efecto en esta esfera material era inevitable. A eso aludía cuando al principio de la historia le pedí que considerara qué difícil es precisar cuándo tiene lugar una acción. Podría sostener usted que ese acto particular, el suicidio de Sir Henry, no había sucedido todavía porque aún no se había arrojado bajo un tren en marcha. Pero a mí eso me parece una visión materialista. Sostengo que en todos los aspectos, salvo por así decirlo en su confirmación, ya había tenido lugar.

Imagino que Sir Henry, por ejemplo, liberado ya de las oscuridades materiales, sabe
ya eso por sí mismo.

Precisamente cuando estaba hablando así barrió la estancia, iluminada y cálida, una
corriente de aire helado que agitó mis cabellos e hizo que las llamas de los leños
menguaran y luego resplandecieran. Miré a mi alrededor para ver si se había abierto la puerta que tenía a mi espalda, pero nada se agitaba allí, y las cortinas estaban bien corridas delante de la ventana cerrada. Cuando el aire llegó a Anthony, se irguió rápidamente en su sillón y miró en esa dirección, y luego recorrió con la vista la habitación.

—¿Sintió eso? —me preguntó.

—Sí, una corriente repentina. De aire helado.

—¿Y algo más? ¿Alguna otra sensación?

Me detuve antes de responder, pues en ese momento pensé en la diferenciación que
había hecho Anthony sobre los efectos producidos en el testigo por un fantasma de un ser vivo y por la aparición de un muerto. Las sensaciones que tenía ahora se referían con precisión a este último caso, un vago encogimiento físico, miedo, un sentimiento de desolación. Pero todavía no había visto nada.

—Siento escalofríos —contesté.

Mientras hablaba acerqué mi sillón al fuego y he de confesar que rápidamente vigilé,
con cierta aprensión, las paredes de la iluminada habitación. Al mismo tiempo me di
cuenta de que Anthony miraba hacia la repisa de la chimenea, en la que bajo un
candelabro con dos bombillas estaba el reloj que al principio de nuestra conversación se había ofrecido a detener. Observé que las manecillas señalaban la una menos veinticinco.

—¿Pero no vio nada? —preguntó.

—Absolutamente nada —contesté—. ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Qué había ahí que ver?
¿O es que usted... ?

—No lo creo —dijo él.

No sé por qué razón esa respuesta me crispó los nervios, pues todavía no me había
abandonado la extraña sensación que acompañó a la corriente de aire frío. En todo caso se había vuelto más aguda.

—Seguramente sabrá si vio o no algo —insistí.

—Nunca se puede estar seguro. Afirmo que no creo haber visto nada. Pero tampoco
estoy seguro de si la historia que le estoy contando terminó la noche pasada. Creo que puede haber un nuevo incidente. Si lo prefiere, dejaré sin terminar hasta mañana por la mañana el resto de ella, en la medida en que la conozco, y así podrá acostarse ahora.

Su calma y tranquilidad absolutas me tranquilizaron.

—¿Cómo iba a hacer tal cosa? —pregunté.

De nuevo miró a su alrededor.

—Bueno, creo que algo ha entrado ahora en la habitación —dijo—, y puede
desarrollarse. Si esa idea no le gusta, sería mejor que se fuera. Desde luego no hay nada de lo que alarmarse; sea lo que sea, no puede hacernos daño. Pero se acerca la hora en la que, en dos noches sucesivas, vi lo que le acabo de contar, y una aparición suele presentarse a la misma hora. No sé la razón de que sea de ese modo, pero parece como si un espíritu unido a la tierra sigue sometido a determinadas convenciones; por ejemplo las convenciones del Tiempo. Creo que voy a ver algo en breve, pero probablemente usted no. Usted no se halla sometido, como yo, a estos... estos engaños...

Me sentía asustado, y era consciente de ello, pero también sentía un intenso interés, y un orgullo perverso se agitó en mi interior con sus últimas palabras. Me preguntaba que por qué razón no iba a poder ver yo cualquier cosa que pudiera verse...

—No tengo el menor deseo de irme —dije—. Deseo escuchar el resto de la historia.

—En ese caso, ¿por dónde iba? Ah, sí: se preguntaba usted por la razón de que no
hubiera hecho nada después de ver el tren avanzar hasta el andén, y yo le decía que no había nada que pudiera hacerse. Si piensa bien en ello, creo que estará de acuerdo conmigo... Pasaron dos días, y en la mañana del tercero leí en el periódico que mi visión se había realizado. Sir Henry Payle, que estaba esperando en el andén de la estación de Dover Street el último tren para South Kensington, se había arrojado a la vía cuando el tren entraba en la estación. El tren se había detenido dos metros más allá, pero una rueda le había pasado por encima del pecho, aplastándolo y matándole al instante.

»Se realizó una investigación y salió de ella una de esas historias oscuras que, en ocasiones como ésta, caen a veces como una sombra de medianoche sobre una vida que quizás el mundo hubiera considerado próspera. Hacía mucho tiempo que se llevaba mal con su esposa, de la que vivía apartado, y parece ser que no mucho tiempo antes se había enamorado desesperadamente de otra mujer. La noche anterior al suicidio llegó a hora muy tardía a la casa de su esposa y sostuvo con ella una escena prolongada y colérica, en la que trató de persuadirla para que se divorciara de él, amenazándola en caso contrario con convertir la vida de ella en un infierno. Ella se negó, y en un ataque pasional ingobernable él intentó estrangularla. Se produjo un forcejeo y con el ruido se presentó el criado de ella, quien consiguió dominarle. Lady Payle le amenazó con acusarle legalmente de ataque con intención de homicidio. Teniendo eso en mente se suicidó a la siguiente noche, tal como le he contado.

Volvió a mirar el reloj y vio que las manecillas señalaban ahora la una menos diez. El
fuego empezaba a bajar y la habitación se estaba quedando extrañamente fría.

—Pero eso no es todo —siguió diciendo Anthony al tiempo que echaba una mirada a
su alrededor—. ¿Está seguro de que no preferiría oírlo mañana?

Volvió a prevalecer la combinación de vergüenza, orgullo y curiosidad.

—No. Cuénteme el resto ahora mismo —contesté.

De pronto, antes de hablar miró fijamente un punto situado detrás de mi silla,
entornando los ojos. Seguí su mirada y comprendí a qué se refería al decir que a veces uno no puede estar seguro de si ha visto o no algo. ¿Se había perfilado una sombra entre la pared y donde yo estaba? Me resultaba difícil enfocarla; no sabía si estaba cerca de la pared o de mi silla. Pero de todas maneras pareció disiparse cuando miré con mayor atención.

—¿No ve nada? —preguntó Anthony. —No. Creo que no. ¿Y usted?

— Creo que yo sí —contestó mientras seguía con la mirada algo que para mí era
invisible. Reposó la vista en un punto situado entre la repisa de la chimenea y yo. Sin dejar de mirar fijamente hacia allí, siguió hablando—. Todo sucedió hace unas semanas, cuando estaba usted en Suiza, y desde entonces hasta la noche pasada no vi nada más. Pero estaba todo el tiempo esperando algo. Tenía la sensación de que por lo que a mí me concernía el asunto no había terminado todavía, y la noche pasada, con la intención de ayudar a que llegara hasta mí alguna comunicación de... del más allá, acudí a la estación de metro de Dover Street unos minutos antes de la una, la hora a la que se había producido tanto el ataque a su esposa como el suicidio. Cuando llegué el andén estaba absolutamente vacío, o parecía estarlo, pues entonces, cuando empecé a escuchar el tren que se aproximaba vi allí la figura de un hombre de pie, a unos veinte metros de mí, mirando hacia el túnel. No había bajado conmigo en el ascensor, y un momento antes no había estado allí. Comenzó a moverse hacia mí y fue entonces cuando vi quién era, y sentí una agitación de viento helado que se acercaba a mí al tiempo que la figura se aproximaba. No era esa corriente que anuncia la proximidad de un tren, pues venía en la dirección opuesta. Él llegó junto a mí y vi un reconocimiento en su mirada. Levantó el rostro hacia mí y vi moverse sus labios, aunque no oí que nada saliera de ellos, quizás por el ruido cada vez más fuerte que procedía del túnel.
»Extendió una mano, como invitándome a hacer algo, y con una cobardía de la que no podré perdonarme me aparté de él, pues sabía, por los signos de los qué ya le he hablado, que era la mano del muerto, y mi carne se estremeció ante él, sofocando por el momento toda piedad y todo deseo de ayudarle, si es que tal cosa era posible. Ciertamente había algo que él quería de mí, pero yo retrocedí. Entonces el tren apareció en el túnel y un momento después, con un temible gesto de desesperación, se arrojó delante de él.

Cuando terminó de hablar se levantó rápidamente de la silla, mirando todavía un punto situado delante de él. Vi dilatarse sus pupilas, y moverse su boca.

—Ya viene —dijo—. Se me da una oportunidad de expiar mi cobardía. No tengo nada que temer: debo recordar que yo mismo...

Mientras hablaba se produjo en las tablas que había sobre la repisa de la chimenea un fuerte crujido, y el viento frío volvió a dar vueltas por mi cabeza. Me di cuenta de que me estaba encogiendo en mi silla, con las manos delante, como en un intento instintivo de defenderme contra algo que sabía que estaba allí, aunque no pudiera verlo. Todos los sentidos me indicaban que en la habitación había una presencia distinta a la de Anthony y la mía, y lo horroroso de la situación era que no podía verla. Sentía que cualquier visión, por terrible que resultara, sería más tolerable que ese conocimiento claro y cierto de que cerca de mí estaba ese ser invisible. Y sin embargo... ¿qué horror no se revelaría en el rostro del muerto, y el pecho aplastado...? Pero lo único que podía ver mientras me estremecía bajo el frío viento eran las paredes de la habitación, y a Anthony de pie delante de mí, rígido y firme, procurando, sabía yo, reunir valor. Tenía los ojos enfocados en algo muy cercano a él, y algo parecido a una sonrisa se estremecía en su boca. En ese momento volvió a hablar.

—Sí, te conozco. Y quieres algo de mí. Dime entonces qué es.

Siguió a aquello un silencio absoluto, pero lo que para mis oídos era silencio no debió serlo para los suyos, pues en una o dos ocasiones asintió, y en una de ellas dijo: «Sí, entiendo. Lo haré». Y sabiendo que había allí alguien a quien no podía ver, hablando algo que no podía oír, se produjo en mí ese terror a la muerte y lo desconocido acompañado de esa sensación de incapacidad de movimiento que acompaña a las pesadillas. No podía moverme, no podía hablar, sólo podía forzar mis oídos buscando lo inaudible, y mis ojos para captar lo invisible, mientras notaba sobre mí el viento frío del valle mismo de las sombras de la muerte. No era que la presencia de la muerte en sí resultara terrible; era que desde su tranquilidad y serena armonía había surgido algún alma inquieta incapaz de descansar en paz, pues su último despertar estimula a incontables generaciones de aquellos que han muerto, impulsados por sus actividades a regresar a un mundo material del que deberían haber sido liberados. Nunca, hasta que se trazó así un puente en el vacío entre los vivos y los muertos, me había parecido aquello tan inmenso y poco natural. Es posible que los muertos puedan tener comunicación con los vivos, y no era exactamente eso lo que así me aterraba, pues por lo que sabemos esa comunicación procede voluntariamente de ellos. Pero allí había habido algo helado y cargado de crímenes, expulsado de una paz que no le servía.

Lo más horrible de todo fue que después se produjo un cambio en esas condiciones
invisibles. Anthony guardaba silencio entonces, y después de mirar directa y fijamente delante de él, empezó a hacerlo hacia donde yo me encontraba sentado, y eso me hizo sentir que la presencia invisible había dejado de atenderle a él para prestarme atención a mí. Fue entonces cuando muy poco a poco empecé a ver...

Entre la repisa de la chimenea y las tablas superiores surgió el perfil de una sombra. Tomó forma convirtiéndose en el perfil de un hombre. Dentro de la forma de la sombra empezaron a precisarse los detalles y vi oscilar en el aire, como algo oculto por la neblina, el semblante de un rostro sobrecogido y trágico, cargado con el peso de una aflicción tan grande que jamás la había visto en rostro humano. Después tomaron forma los hombros y debajo de éstos se extendió una mancha lívida y roja, y de pronto la visión se hizo clara.
Allí estaba él con el pecho machacado y ahogado en la mancha roja, de la que sobresalían las costillas rotas como la estructura de un barco naufragado. Los ojos terribles y dolientes estaban fijos en mí, y entonces supe que de ellos surgía aquel viento terrible...

Después el espectro desapareció con la velocidad con la que se apaga una bombilla, pero seguía allí el viento cortante, y frente a mí estaba en pie Anthony en una habitación tranquila y bien iluminada. Ya no había ninguna sensación de una presencia invisible; él y yo estábamos a solas, con una conversación interrumpida en suspenso todavía entre nosotros, en el aire cálido. Volví a ella lo mismo que uno regresa después de un anestésico.
Todo volvía a ser captado por la vista, irrealmente al principio, hasta que poco a poco fue asumiendo la textura de la realidad.

—Estaba hablando con alguien, no conmigo —le dije—. ¿Quién era? ¿Qué decía?

Se pasó el dorso de la mano por la frente, brillante bajo la luz.

—Un alma del infierno —contestó.

Siempre es difícil recordar las sensaciones físicas cuando han pasado. Si ha tenido frío pero se ha calentado, es difícil recordar cómo era el frío; si ha tenido calor y se ha refrescado, es difícil entender lo que significaba realmente la opresión del calor.
Igualmente, al haberse ido esa presencia me sentía incapaz de volver a captar el sentimiento de terror que sólo unos momentos antes me había invadido e inspirado.

—¿Un alma del infierno? —pregunté—. ¿De qué me está hablando?

Estuvo aproximadamente un minuto paseando por la habitación hasta que se acercó a mí sentándose en el brazo de mi sillón.

—No sé qué es lo que usted vio, o qué sintió, pero en toda mi vida me había sucedido nada tan real como lo que ha ocurrido en estos últimos minutos. He hablado con un alma que habita el infierno del remordimiento, el único infierno posible. Por lo que pasó la última noche sabía que quizás podía establecer por medio de mí comunicación con el mundo que había abandonado, y por eso me buscó y me encontró. Me ha encargado una misión ante una mujer que he visto, un mensaje del arrepentido... se imaginará de quién estoy hablando...

Con repentina energía se puso en pie.

—Verifiquémoslo —dijo—. Me dio la calle y el número. ¡Aquí está el listín telefónico! ¿Sería una simple coincidencia si descubriera que en el número veinte de Chasemore Street, South Kensington, vive Lady Payle?

Pasó las páginas del voluminoso libro.

—Sí, ahí vive —dijo.

El Arpa del Diablo


El Arpa del Diablo



De todos los contaminantes que hemos sabido arrojar a la atmósfera en los últimos dos siglos, los menos publicitados son ciertas radiaciones electromagnéticas a las que algunos hacen responsables de las perturbaciones climáticas. La fuente más sospechosa de esas radiaciones se encuentra en Alaska y forma parte de un proyecto militar estadounidense. Se la conoce con la sigla HAARP, esto es, Proyecto Avanzado para la Investigación Auroral por Alta Frecuencia.

Como “Harp” significa “arpa”, los ambientalistas más duros no han vacilado en llamarlo “el arpa del diablo”. El físico Nick Begich y la periodista Jeanne Manning han preferido aclarar que “a esta arpa no la tocan los ángeles”. Ese es el título que le pusieron en 1995 a su documentada investigación sobre el HAARP. El libro no sólo motivó en Estados Unidos todos los debates permitidos para un tema que toca de cerca lo militar; tuvo varias reediciones y fue traducido al francés.



Más recientemente, en 1998, el Parlamento europeo y en 2002 la Duma (el Parlamento ruso) crearon sendas comisiones para estudiar el tema e interpelaron al gobierno estadounidense sobre la naturaleza y fines del proyecto. Por supuesto, y como era inevitable, el HAARP no dejó de convocar también a sensacionalistas, esotéricos, apocalípticos y paranoicos conspirativos, como si fuera una nueva Area 51. Con todo, y teniendo en cuenta que las opiniones de los científicos son dispares, se diría que la situación está lejos de ser clara.

Hurgando la ionosfera
El sistema HAARP opera desde Gakona (Alaska). No cuenta con demasiada infraestructura, a no ser por 180 antenas alineadas en array, con una potencia de 1 gigawatt, que emiten hacia la ionósfera radiaciones de hasta 10 MHz.

El proyecto pertenece a la Fuerza Aérea y a la Marina de los Estados Unidos, pero cuenta con el aval científico de la Universidad de Alaska y catorce universidades más. La obra la construyó Raytheon, una empresa dedicada a la industria bélica. Su tecnología se basa en 12 patentes que pertenecen a ARCO, subsidiaria de una importante petrolera.

Según la versión oficial sus fines son estrictamente científicos, y las autoridades aseguran que sus instalaciones se abren cada tanto para ser visitadas por los turistas. El gobierno declara que el HAARP tiene por fin desarrollar comunicaciones con submarinos, radares de gran alcance y sistemas para detectar misiles de vuelo bajo. También puede hacer una suerte de tomografía del subsuelo en busca de petróleo, para lo cual el Congreso le ha asignado un jugoso presupuesto.

El complejo envía hacia la ionósfera un haz de alta frecuencia, que rebota en forma de ondas de frecuencia muy baja. De tal modo, su alcance cubre prácticamente todo el planeta. Recordemos que la ionósfera es la capa más externa de la atmósfera (entre 80 y 640 km de altura), más allá de la cual sólo se encuentran los cinturones de radiación de Van Allen. Se dice que las emisiones de HAARP podrían interferir con los vientos troposféricos y con los electrojets aurorales, un fenómeno que en circunstancias naturales suele afectar a las comunicaciones y hasta la conducta humana. De hecho, HAARP no es el único de estos “calentadores ionosféricos”. Hay uno similar en Trömso (Noruega), otro en Nizni Nóvgorod (Rusia) y uno en Arecibo (Puerto Rico).

Tanta preocupación militar por una investigación de ciencia básica no deja de despertar sospechas, teniendo en cuenta que conocemos conspicuos antecedentes. Algunos piensan que estos “calentadores” formarían parte del sistema de defensa estratégica (el Star Wars de Reagan) y potencialmente serían armas de destrucción masiva mucho más reales que las de Saddam. Se les atribuye la capacidad de concentrar un haz de alta energía en puntos específicos, provocando sequías, inundaciones, huracanes y hasta terremotos.

El fantasma de Nikola Tesla
El libro de Begich y Manning lleva por subtítulo “Avances en la tecnología Tesla”. El serbio Nikola Tesla (1856-1943) fue el gran rival de Edison, responsable de muchas de las tecnologías que hoy usamos, aunque más se lo recuerda por la obsesión con que trató de transmitir energía eléctrica mediante ondas. En 1940 Tesla había anunciado que contaba con un dispositivo capaz de derribar los aviones enemigos con un haz de partículas y que era capaz de desencadenar fuerzas que podían llegar a “partir la Tierra en dos”. Cuando murió, por las dudas el FBI secuestró todos sus apuntes, que probablemente sirvieron para desarrollar el laser de partículas que rusos y norteamericanos pusieron a punto durante la Guerra Fría.

Si bien desde entonces se le han venido atribuyendo a Tesla toda clase de fantasías, lo cierto es que no faltaron quienes se encargaran de profundizar sus investigaciones. Uno de ellos es el físico texano Bernard Eastlund, titular de la mayoría de las patentes que usa el HAARP. Una de ellas, que estuvo un tiempo clasificada como secreto militar, describe un “método y dispositivo para alterar una región de la atmósfera, ionósfera y/o magnetósfera terrestre”.

De hecho, éste no es ni el primero ni el último de los proyectos vinculados con la “guerra geofísica”, que ha puesto en marcha el poder militar estadounidense, desde el Argus (1958) y el Starfish (1962), que investigaban los cinturones de Van Allen. Durante la guerra de Vietnam se trabajó en los proyectos Skyfire y Stormfury, diseñados para poner el clima en contra del Vietcong.

Otro proyecto, llamado SPS (1968-1978), aspiraba a concentrar la energía solar colectada por una red de satélites geoestacionarios, enviándola en forma de microondas sobre las tropas enemigas. Más recientemente, en la campaña Tormenta del Desierto, durante la primera Guerra del Golfo, las fuerzas de Bush padre usaron un arma de radiación (EMP Weapon) que cortó las comunicaciones entre las tropas iraquíes, provocando su desbande total.

Efectos indeseables
El sistema HAARP, que desde 2002 ya estaría funcionando a pleno, ha despertado preocupación en muy diversos sectores, tanto del sector científico como en del político, sin contar los alarmistas profesionales, freaks o adeptos a las teorías conspirativas.

Los ambientalistas de Alaska, que han fundado un “movimiento No HAARP”, entienden que están contra algo más peligroso que las papeleras del Uruguay. Recurriendo a una metáfora un tanto folklórica, sostienen que patear la ionósfera para ver qué pasa es como andar pinchando a un oso dormido. La doctora Elizabeth Rauscher, física, explica que se trata de “bombear tremendas energías en un sistema molecular de muy delicada configuración –la ionósfera– exponiéndola a reacciones catalíticas y efectos no lineales. Al focalizar las radiaciones con una suerte de ‘acupuntura’ atmosférica, la rotación de la Tierra podría causar no ya un agujero en la capa de ozono sino una verdadera incisión. Pero el hecho es que la ionósfera todavía nos pertenece a todos”.

De la misma opinión es la doctora Rosalie Bertell, que otrora perteneció a la administración Reagan y ahora asesora al Parlamento europeo; entiende que los calentadores ionosféricos modifican el campo magnético del planeta.

Dos eurodiputadas, la sueca Maj Britt Theorin y la belga Magda Haalvoet, armaron una comisión parlamentaria para estudiar los efectos del HAARP. De la misma manera, un grupo de físicos rusos elaboró un detallado informe a pedido de Putin, que anda bastante sensibilizado por el escudo antimisilístico norteamericano.

Estas circunstancias han llevado a recordar las advertencias sobre nuevas tecnologías manipuladoras que Zbigniew Brzezinski (funcionario del gobierno de Carter) había hecho ya en 1970. Pero aun antes que él, J. F. MacDonald, un geofísico que asesoraba a Johnson, había reconocido que desde los años ’50 el Pentágono estaba estudiando tecnologías destinadas a la “guerra geofísica”.

Se ha conocido incluso un informe de la Cruz Roja Internacional que alertaba sobre los posibles efectos que las intromisiones en el magnetismo terrestre podían tener sobre el psiquismo, provocando trastornos mentales y hasta “el desarrollo de facultades paranormales”.

Muchos físicos, sin embargo, tienden a desmitificar al proyecto, considerando que sus efectos serían apenas comparables con los que lograríamos introduciendo un calentador eléctrico en un río caudaloso. Las emisiones de las antenas de HAARP serían centenares de veces más débiles que las que producen las variaciones naturales de la atmósfera, y no se registra un agujero de ozono del tamaño que se les atribuye.

Uno de los puntos más delicados de todo el proyecto sería su eventual interferencia con las llamadas Ondas Schumann. Estas radiaciones, descubiertas en los años cincuenta por el físico alemán O. W. Schumann, se generan entre la superficie de Tierra y el borde interior de la ionósfera. Coinciden con la frecuencia del hipotálamo, una constante biológica de 7.8 Hz que comparten todos los mamíferos; su ausencia se vincula con el JetLag y los edificios “enfermos”. La NASA les ha dedicado muchos estudios y ha introducido generadores de Ondas Schumann en las lanzaderas espaciales. Sin embargo, otros dicen que aun a pesar de las advertencias de la Cruz Roja, les emisiones del HAARP no pasarían de 2,8 Hz.

Copy & Paste
Si hasta aquí nos hemos mantenido en un contexto científico, no podemos dejar de mencionar las especulaciones y delirios conspirativos que en éste como en otros casos son alentados por la desinformación y la falta de un debate serio.

Surfeando la Web, nos encontramos con HAARP en una página esotérica, donde sin más se afirma que esto es lo mismo que se hizo en la Atlántida (hasta ahora lo habitual era echarle la culpa a la energía nuclear) y no se deja de mencionar el mítico Experimento Filadelfia.

A un médium que suele comunicarse con el fantasma de Lafayette Ronald Hubbard, el fundador de la Cienciología le ha revelado que todo eso procede del mal uso de la física cuántica: otro clásico...

Más allá, una página fundamentalista no vacila en poner al HAARP entre los signos del inminente apocalipsis. Sin inmutarse, exhibe una foto trucada donde aparece la silueta de un pentáculo mágico en el ojo de un huracán tropical. Aplicando una vez más el método copy & paste (que desde la Muerte del Autor permite que cada cual arme su propio pastiche) recicla información seria y de la otra, sin olvidarse de Tesla. Como cereza del postre, revela que el arpa aparece nada menos que 46 veces en la Biblia, y eso sin mencionar los salterios...

Bastante pintoresco también resulta ver cómo es tratado el tema en algunas páginas que se definen como “bolivarianas”. Algún escriba tropical, oculto tras un inverosímil seudónimo, también hace su copy & paste. No se olvida de Tesla ni de la Atlántida, pero le atribuye al HAARP las inundaciones de Venezuela y termina endilgándole todo a Bush, en una lista un tanto excesiva que incluye el Holocausto, Hiroshima y el 11-S, el incendio del Reichstag y hasta la gripe española...

Podrá discutirse si el HAARP es o no peligroso, pero existe algo mucho peor a lo cual parece que nos hemos acostumbrado. Se trata de una vasta red planetaria de antenas, cuyas ondas atraviesan la ionósfera y rebotan hasta en los lugares más recónditos del globo. Sus pestíferas radiaciones reblandecen el cerebro de los mamíferos superiores, provocando una encefalopatía espongiforme peor que en las vacas. Suelen inducirlos a quedarse horas pasmados ante un hato de prójimos en cautiverio como si miraran un criadero de pollos, o a extasiarse ante algunos ejemplares que se enroscan afanosamente en un barrote vertical.

Es la televisión, claro...

fuente

Crimen contra la humanidad - José Saramago



Crimen (financiero) contra la humanidad - José Saramago

Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.

Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí mismos que ni siquiera piensan en esconderse. Son fáciles de sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales? Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está perdido para las personas honestas.

Déjame



Déjame

Déjame buscar en los rincones de tu cuerpo
aquel elixir que me devuelva la vida.
Déjame perderme en los laberintos de tu alma
aunque lo que me digas hoy sean solo mentiras.
Déjame introducir en tus arterias mi sangre
para contaminarla de esta pasión que mata.

Déjame probar por ultima vez tu aliento
mientras estallo en llanto ...
Déjame besar tus labios
para no olvidarme de tu sabor.
Déjame quererte solo esta noche,
porque sé que mañana cuando salga el sol
volaras para siempre de mi, amor...
Déjame recordarte ,
deja que yo te ame y calme tus penas
sane tus heridas y viva en ti...
Déjame solo hoy ... mañana ya no estarás..
quédate como una daga que clava mi corazón,
que lo sangra, daña mi cuerpo
desgárrame el alma, pero hoy, simplemente
no te vayas, mañana puedes partir...
hoy tan solo hazme morir..
y déjame estar cerca de ti.

Autor desconocido

Inquietante hito de la navegación


Inquietante hito de la navegación



Por primera vez, un barco científico pudo rodear el Polo Norte sin tener que romper el hielo. La superficie helada en el Ártico se redujo este verano al segundo menor nivel en 30 años.



El deshielo en el Océano Ártico está adquiriendo tintes dramáticos. Así lo corroboran los resultados de la última expedición del barco científico alemán "Polarstern" ("Estrella polar)". Durante algo más de dos meses, la embarcación recorrió un total de 10.800 millas marinas -alrededor de 20.000 kilómetros-, partiendo de la capital de Islandia, Reykjavik, y retornando al puerto alemán de Bremerhaven. En su viaje dio una vuelta completa al Polo Norte bordeando Groenlandia, Canadá, Rusia y Noruega.

Simplemente el hecho de que el famoso barco científico alemán haya podido realizar tal travesía ya es, en sí, una muy mala noticia. Ello significa que, por primera vez, una expedición ha podido navegar a través de los denominados Paso del Noreste y Paso del Noroeste para rodear el Polo Norte. Desde que existen registros, nunca antes ambos pasos habían quedado libres de hielo y abiertos a la navegación.

El año pasado ya sucedió con el Paso del Noroeste, la ruta marítima que une los océanos Atlántico y Pacífico a través del Ártico. Este año, la posibilidad de navegar sin el uso de rompehielos se ha extendido al Paso del Noreste, que parte del Mar del Norte y llega hasta el Estrecho de Bering bordeando la costa rusa.
Desgraciadamente, la cada vez más reducida capa de hielo provoca, de rebote, un aumento adicional de las temperaturas, lo que a su vez repercute en una mayor reducción de la superficie helada. Esto porque el hielo marino ayuda a mantener el frío alrededor del Polo Norte, ya que su color blanco refleja la luz solar.

Si el hielo desaparece, el agua expuesta a los rayos solares se calienta. Como sea que, además, el agua almacena el calor durante más tiempo que el aire, el derretimiento del hielo continúa durante algún tiempo después de que el sol comienza a disminuir en las latitudes árticas.

fuente

Illuminate- Verfall


Goth / Darkwave
Illuminate- Verfall (1994)



01. Intro
02. Apokalypse
03. Verfall
04. Welke Chrysanthemen
05. Love Never Dies!
06. Todesengel
07. Leidenschaft
08. Outro



Illuminate - Todesengel
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Pensamientos Afines V - Amado Nervo




Pensamientos Afines V
Amado Nervo


" Ha de sobrarme la mitad del lecho,
y ha de faltarme la mitad del alma. "

Nuestro destino es inflexible, sí, y su inflexibilidad es el signo por excelencia de su divinidad. Un destino sesgo, poligonal, que fuese torciéndose a cada paso por efecto de nuestras plegarias, sería indigno de nuestro acatamiento y merecedor de nuestro desprecio. Dios no puede tener piedad, porque ésta supondría una regresión en la voluntad increada, algo como una rectificación, como un arrepentimiento.

Mi lógica concibe todo esto... y, sin embargo, noche a noche, llena el alma de una angustia encrespada, de los huesos, pido a Dios que me restituya a mi Ana.

¿En qué forma puede restituírmela? Ya han pasado más de dos mil años desde que Jesús dijo a Lázaro: «Ven fuera», y exclamó de la hija de Jairo: «No está muerta, es que duerme».

No hay más que dos formas de restitución: o que ella venga a mí espiritualmente, o que yo vaya a ella por el gran camino, por el camino real de la muerte. Con respecto al primer modo, centenares de miles de hombres pretenden conversar con los muertos, penetrar en el plano astral donde viven, verlos y seguirlos en sus evoluciones.



Según ellos, los muertos nos rodean. No están ausentes, sino invisibles, como dijo Hugo... Pero nosotros, a menos de tener desarrollado este sexto sentido de la visión subconsciente, de la evidencia, no podemos verlos... Acaso, como dice Maeterlinck «continúan viviendo alrededor de nosotros; pero no logran, a pesar de sus esfuerzos, hacerse reconocer ni darnos una idea de su presencia, porque no tenemos el órgano necesario para percibirlos...» Sólo los muertos pueden ver a los muertos...

Según William T. Stead, entre los muertos hay tanto escepticismo acerca de la posibilidad de comunicar con los vivos como lo hay entre los vivos acerca de la posibilidad de comunicar con los muertos. Unos y otros comprendemos que entre ambos se extiende un mar de misterio...

Sólo que los cientos de miles de hombres de que hablaba yo antes pretenden haber franqueado ese mar en una nave mágica que se llama clarividencia, visión astral, y con timoneles enigmáticos que se llaman mediums o adeptos. El propio Stead exclama «He visto, y por eso creo. He visto a mi hijo materializarse ante mis ojos...» Y el eminente Lealcater, basado en experimentos personales, nos afirma que la muerte no existe.

Ahora bien, a mí me ha sido hasta hoy negada toda videncia. Lo que cientos de miles de hombres pretenden haber visto yo no lo vi jamás. Y, sin embargo, aunque soy pequeño entre los pequeños, aunque constituyo un tipo de evolución media, difícil ha de ser hallar en el mundo un hombre que con más encarnizamiento haya tocado a la puerta de acero del misterio, que se endereza imponente en la montaña, en medio de la noche. El aldabón resuena en las tinieblas, con sonoridades pavorosas: ¡pero nadie me responde!

Todos los anhelos de mi vida han volado hacia el Arcano. He podido ser vicioso, mediocre, malo...; pero en mi espíritu ha habido siempre un aleteo, un verberar ansioso hacia lo Desconocido. Siempre he creído en Dios, no en el Dios antropomorfo de las religiones, sino en la incomprensible Causa de las causas, y ciertamente por esa fe, que si ha podido padecer eclipses, porque soy hombre no más, han sido eclipses momentáneos, yo merecería quizá que ahora, en que he perdido el único bien que tenía en la vida, la pupila interior que todos tenemos en germen se abriese y ¡por fin! mirase el más allá, el border-land de los ingleses, el plano superfísico en que vive una vida más amplia que la mía mi muerta, mi muerta adorada, que acaso revolotea en torno mío, con la angustia de que no percibo ni sus palabras de consuelo ni sus divinos besos impalpables! (1).

«Extraño espectáculo —dice «Julia» en sus Cartas—. De vuestro lado, almas llenas de angustia por los muertos; del nuestro, almas llenas de tristeza porque no pueden comunicarse con los que aman... ¿Qué podríamos hacer para unir a esas personas tristes, abrumadas de pena?»

En cierta ocasión ella me dijo: «Anoche soñé que estaba muerta y que tú llorabas sin consuelo cerca de mí cadáver. Pero yo continuaba viviendo, yo me hallaba a tu lado y te decía: ¡No llores! aquí estoy. Mírame... Sólo que tú no me mirabas y seguías llorando».

¿Será ésta, Dios mío, la maravillosa realidad presente? ¿Fue verdad su sueño? ¿Se halla a mi lado y yo no la veo, porque inexorablemente se niega a abrirse mi pupila interior?

Muerta mía, muerta mía, ¿no me ha de quedar, pues, más vehículo para comunicarme contigo que el de mi propio cuerpo, que convulsivamente se agita con mis sollozos? ¡Ven, mira con mis ojos la soledad infinitamente hosca de mi vida! Gusta con mi boca la salsedumbre de mis lágrimas. Haz el bien con mis pobres manos que se enclavijan o agitan en las tinieblas. Marcha con mis pies, en pos de todas las desgracias, para socorrerlas; conmuévete con mi corazón de todos los dolores humanos; logra que mi vida sea una continuación de la tuya... No te estorbará mi espíritu para infundir el tuyo en mi cerebro. ¿No eres por ventura más que yo mismo? ¡Realizaremos, pues, así el ensueño de dos almas en un solo cuerpo!

Swedenborg, en su tratado de las Delicias de la Sabiduría Angélica, sobre el amor conyugal, dice: «Y he aquí que en aquel instante apareció un carro que bajaba del cielo supremo o tercer cielo; en ese carro se veía un solo ángel; pero, al aproximarse, se vio que eran dos...»



Mas hablemos del segundo modo de que ella me sea restituida, que es el de ir a buscarla, por el camino real de la muerte.
Cuando yacía en su ataúd negro, rodeada de cirios, cubierta de flores, mostrando esa sonrisa prodigiosa de serenidad con que sonríen algunos muertos, yo experimenté, y lo he experimentado después con gran vehemencia, el deseo de matarme, lo que los portugueses llaman con tanto acierto «a vontade da morrer...»

Remi de Gourmont, en su libro deliciosamente escéptico, Una noche en el Luxemburgo, pone impíamente en boca de Cristo esta defensa del suicidio: «El suicidio es un monstruo que deberíamos acostumbrarnos a mirar con calma. Comparado a ciertos males físicos, a ciertos dolores, a ciertos infortunios, se nos mostraría pronto como un amigo muy feo, pero muy cordial. ¿No merece acaso los nombres más dulces? ¿No es el consolador? ¿No es la manumisión?»

Dentro de mí, alguien defendía también el acto aniquilador en parecidos términos; pero... ¡tuve miedo!, miedo de que, según tantas lecturas pretenden, mi voluntaria destrucción me apartase para siempre del objeto adorado, en cuya busca justamente quería ir.

Varias veces acaricié la «cacha» de mi browning, un verdadero juguete, construido en Bélgica, que automáticamente podía disparar en mi sien seis balas blindadas, como otras tantas llaves para abrir las puertas del au delà... ¡Pero me asustó, no la aprensión vulgar de la muerte, sino el horror de una ausencia todavía más terrible infligida por castigo, y junto a la cual nada significa este relámpago, esta ilusión, esta fantasmagoría de la vida, tras de la que Ana me aguarda, quizá, de par en par abiertos los amorosos brazos invisibles!

«¡Desgraciado —exclamó la Espírita de Téophile Gautier, estrechando contra su corazón de fantasma a Guido, que iba a suicidarse—. ¡No hagas eso! ¡No te mates por unirte a mí! ¡Tu muerte así provocada, nos separaría sin esperanza, y abriría entre nosotros abismos que millones de años no bastarían a franquear! ¡Vuelve en ti! Soporta la vida, que, por larga que sea, no dura más que la caída de un grano de arena... Para soportar el tiempo, piensa en la eternidad, en que podremos amarnos siempre».

Y he aquí cómo inveteradas ideas espiritualistas, que desde mi infancia anclaron en el alma, ahondadas por tantas lecturas, me han impedido la muerte; gracias a ellas... ¡ni puedo vivir ni puedo morir!

La Amada Inmóvil


Pasión





La Real Academia Española lista nueve definiciones de pasión. La primera es “acción de padecer”: igual que una enfermedad, la pasión se padece. Acepciones religiosas al margen, la misma palabra designa indistintamente “apetito o afición vehemente a algo”, “estado pasivo en el sujeto” o “inclinación o preferencia muy viva de alguien a otra persona”. Y también “perturbación o afecto desordenado del ánimo”.

El propio diccionario se encarga de explicarlo, para quien no lo recuerde: la pasión es aquello que excita, atormenta, aflige, aficiona pero siempre con exceso, deprime, abate, desconsuela.

Fisiológicamente no parece ser una sola cosa la pasión. La angustia y la ansiedad ante lo deseado y no tenido, la tensión de la inminencia y el miedo a lo desconocido son estados dominados por la adrenalina, hormona cuyos rápidos disparos vasoconstrictores predisponen al cuerpo a la huida o la pelea. Son estados bien diferentes, por ejemplo, de aquellos que rigen las endorfinas, neurotransmisores capaces de lograr el milagro de tornar placenteros los estímulos de dolor.
Hormonas, feromonas, endorfinas. Estímulos sensoriales, remembranzas. Ideas. Otros han buscado el origen de la pasión (y hay quien asegura haberlo encontrado) en los genes, o en una disposición similar de los circuitos neuronales.

La razón apasionada, decía Spinoza allá en el siglo XVII, tiene el poder de transformar las pasiones tristes en pasiones alegres. La pasión lleva a la razón a aventurarse por lugares por donde nunca habría ido por sí sola, y la anima a desobedecer al miedo cuando éste le ordena no ir más allá.


fuente

El Testimonio del Arabe Loco (2)




El Testimonio del Arabe Loco (2)

El Cráneo de la Maldad
“ He encontrado el Pórtico que conduce al Exterior, ante el que los Antiguos, que siempre buscan entrar en nuestro mundo, mantienen una eterna vigilia. He respirado los vapores de aquella Antigua, la reina del Exterior, cuyo nombre esta escrito en el terrible texto MAGAN, el testamento de alguna civilización muerta por culpa de sus sacerdotes, que, anhelantes de poder, abrieron ese terrible y maligno Pórtico una hora mas de la debida, siendo consumidos. Adquirí este conocimiento debido a unas circunstancias bastante peculiares, cuando aún era el ignorante hijo de un pastor de lo que los griegos llaman Mesopotamia.
Cuando apenas era un joven que viajaba solo por las montañas hacia el Este, que sus habitantes llaman MASSHU, di con una roca gris tallada con tres símbolos extraños. Se erguía tan alta como un hombre y tan ancha como un toro. Se hallaba firmemente emplazada en tierra y no fuí capaz de moverla. Sin pensar mas en las tallas, salvo que podían ser el decreto de un rey que había marcado alguna antigua victoria sobre un enemigo, encendí un fuego en su base con el fin de protegerme de los lobos que vagan por aquellas regiones y me fui a dormir, ya que era de noche y me encontraba lejos de mi poblado, Bet Durrabia. A tres horas del amanecer, el diecinueve de Shabatu, me despertó el ladrido de un perro, o quizá el aullido de un lobo, extrañamente sonoro y cercano.
El fuego se habia convertido en unas brasas, y los rojos y resplandecientes rescoldos proyectaban una débil y danzante sombra sobre el monumento de piedra con las tres tallas. Mientras me apresuraba a encender otra hoguera, la roca gris comenzó a elevarse despacio en el aire, como si fuera una paloma. Fui incapaz de moverme o hablar debido al miedo que paralizó mi columna vertebral e inmovilizó mi cerebro con dedos gelidos. El Dik de Azug-bel-ya no me era mas extraño que esta visión, aunque pareció fundirse entre mis manos. De inmediato oí una voz baja que procedía de cierta distancia, y un miedo distinto al de la posibilidad de que fueran unos merodeadores se apoderó de mi; temblando, rodé hasta situarme de tras de unos arbustos. Otra voz se unió a la primera y, al rato, varios hombres vestidos con túnicas negras de los ladrones se reunieron en el lugar en donde yo había estado, rodeando la roca flotante, sin mostrar ninguna señal de pavor.
Entonces vi con claridad que las tres tallas del monumento brillaban con una centelleante tonalidad flamígera, como si la roca estuviera ardiendo. Las figuras murmuraban al unísono, una plegaria de invocación, de la que apenas se podían distinguir algunas palabras, y estas eran en una lengua desconocida; no obstante ¡ y que ANU se apiade de mi alma!, estos rituales ya no me son desconocidos. Los hombres a los que no podía distinguir o reconocer sus caras, empezaron a apuñalar con frenesí el aire con unos cuchillos que brillaban frios y afilados en la noche de la montaña.
De debajo de la roca flotante, del mismo suelo donde había estado emplazada, se alzó la cola de una serpiente. Sin duda era la mas grande de las que yo había visto. La parte mas delgada tenía el grosor del brazo de dos hombres, y, a medida que se elevaba de la tierra, la siguió otra, aunque el fin de la primera no se distinguía y parecía hundirse en el mismo Abismo. Esas extremidades fueron seguidas por otras; el terreno comenzó a sacudirse bajo la presión de tantas extremidades enormes. El cántico de los sacerdotes, por que ya sabía que eran los sirvientes de un Poder Oculto, se hizo mucho mas sonoro, casi histérico: ¡IA! ¡IA! ¡ ZI-AZAG ! ¡IA! ¡IA! ¡ ZI-AZKAK! ¡IA! ¡IA! ¡ KUTULU ZI KUR! ¡IA!
El lugar donde me ocultaba se humedeció con una sustancia, ya que me encontraba en terreno descendente al de la escena que contemplaba. Toqué el liquido y descubrí que se trataba de sangre. Dominado por el horror, lancé un grito y delaté mi presencia a los sacerdotes.
Se volvieron hacia mi y con repugnancia me di cuenta de que se habian cortado el pecho con las dagas que habian empleado para levantar la piedra, todo ello con algun propósito místico que no pude adivinar; aunque ahora ya se que la sangre es el alimento de esos espíritus, razón por la cual los campos de guerra, una vez que la batalla ha concluido, brillan con una luz antinatural, por que allí es donde las manifestaciones de los espíritus se alimentan. ¡ Que ANU nos proteja a todos !

El Libro de los Muertos
Libros Malditos


Kirlian Camera - It Doesn't Matter, Now


Darkwave
Kirlian Camera - It Doesn't Matter, Now (1983)



1. communicate
2. future rain
3. lontano
4.christ's eye
5. breaths
6. edges
7. after




KIRLIAN CAMERA - EDGES
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El Amor en los Tiempos del Colera - Gabriel Garcia Marquez


El Amor en los Tiempos del Colera - Gabriel García Márquez




Sin duda, una de las novelas románticas más bellas de la historia de la literatura.
El amor es el protagonista indiscutible de esta novela. Está por delante de todos los personajes, pues pocas veces se ha narrado en literatura un amor tan paciente e incombustible. Es lo más parecido al amor eterno que se juran los enamorados en sus momentos más pasionales. El amor de Florentino Ariza por Fermina Daza se mantuvo vivo durante todo el tiempo que él estuvo esperando a que ella sintiera lo mismo por él: exactamente cincuenta y tres años, siete meses y once días.
¿Realmente se puede amar durante tanto tiempo a una persona que no nos corresponde?

Gabo nos plantea en este libro otros muchos temas sobre las relaciones humanas. La posibilidad de amar a varias personas al mismo tiempo, pues Florentino no se mantuvo casto durante las décadas en que esperó a su gran amor.
La intemporalidad del amor, que para el autor no tiene edad, también está muy presente en el libro. El reencuentro entre los dos protagonistas, cuando ambos cuentan ya más de setenta años, es tan emotivo como el de dos adolescentes.
El amor con diferencia de edades, la relación de Florentino con la adolescente América Vicuña. A pesar de la dulzura con la que el autor la describe, se trata de una joven de catorce años y un anciano que ya había cumplido los setenta.




Cómo ven a los Argentinos


Cómo ven a los Argentinos.

Un filósofo español dijo:
"Los argentinos están entre vosotros, pero no son como vosotros. No intenteís conocerlos, porque su alma vive en el mundo impenetrable de la dualidad.
Los argentinos beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto -el tango- y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de tdoo lo serio hacen bromas. Ellos mismos no se conocen.

Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y tambíen al curandero todo al mismo tiempo.
Tratan a Dios como el "flaco" y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un Tedeum en la catedral.
No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desiluciones.
No discutáis con ellos jamás! los argentinos nacen con sabiduría inmanente!
Saben y opinan de todo! En una mesa de café y en programas de periodistas/políticos arreglan todo.
Cuando los argentinos viajan, todo lo comparan con Buenos Aires.

Hermanos, ellos son "el pueblo elegido"... por ellos mismos.
Individualmente, se caracterizan por su simpatía y su inteligencia, en grupo son insoportables por su griterío y apasionamiento.
Cada uno es un genio, y los genios no se llevan bien entre ellos; por eso es fácil reunir argentinos, unirlos imposible.
Un argentino es capaz de lograr todo el mundo, menos el apluso de otros argentinos.
No le habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura.

Los argentinos son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones.
Cuando discuten no dicen: No estoy de acuerdo, sino: Usted está absolutamente equivocado!.
Aman tanto la contradicción que llaman "bárbara" a una mujer linda, a un erudito lo bautizan "bestia", a un mero futbolista "genio" y cuando manifiestan extrema amistad te califican de "boludo" y si el afecto y confianza es mucho más grande, eres un H.de P.
Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente"si", sino "cómo no"...

Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra NO.
Cuando alguien les agradece, dicen: "NO, de nada" o "NO" con una sonrisa.
Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema.
Cualquier argentino dirá que sabe cómo se debe pagar la deuda externa, enderezar a los militares, aconsejar al resto de América latina, disminuir el hambre de África y enseñar economía en USA.

Los argentinos tienen metáforas para referirse a lo común con palabras extrañas.
Por ejemplo, a un aumento de sueldo le llaman "rebalanceo de ingresos", a un incremento de impuestos "modificación de la base imponible" y a una simple devaluación "una variación brusca del tipo de cambio".
Un plan económico es siempre "un plan de ajuste" y a una operación financiera de especulación la denominan "bicicleta".
Viven , como dijo Ortega Gasset, una permanente disociación entre la imágen que tienen de sí mismos y la realidad.

Tienen un altísimo número de psicólogos y psiquiatras y se ufanan de estar siempre al tanto de la última terápia.
Tienen un tremendo súper ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis.
Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a sí mismos como liberados.
Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes.
Son racistas al punto de hablar de "negros de mierda" o "cabecitas negras".

En síntesis.
Los argentinos son italianos que hablan español.
Pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses.
Dicen discursos franceses y votan como senegaleses.
Piensan como zurdos y viven como burgueses.
Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana.
Admiran el orden suizo y practican un desorden iraki.
Son un misterio!!!!!!"


Vaya imágen que tenemos...Pero bueno... me lo hicieron llegar hace un tiempo y se me ocurrió que podría compartirlo...
Como verás la imagen de fondo no es buena cara... es casi casi ... de resignación...

Porque sabés??... yo... yo soy argentina!

La Ley de la Selva - Fidel Castro



La Ley de la Selva
Fidel Castro
Cubadebate

El comercio dentro de la sociedad y entre los países es el intercambio de bienes y servicios que producen los seres humanos. Los dueños de los medios de producción se apropian de las ganancias. Ellos dirigen, como clase, el estado capitalista y se ufanan de ser los impulsores del desarrollo y el bienestar social a través del mercado, al cual se rinde culto como dios infalible.



Dentro de cada país es la competencia entre los más fuertes y los más débiles, los de más vigor físico, los que se alimentan mejor, los que aprendieron a leer y escribir, los que fueron a las escuelas, los que acumulan más experiencia, más relaciones sociales, más recursos, y los que carecen de esas ventajas dentro de la sociedad.

Entre países, los que tienen mejor clima, más tierra cultivable, más agua, más recursos naturales en el espacio en que les tocó vivir cuando no existen más territorios que conquistar, los que dominan las tecnologías, los que poseen más desarrollo y manejan infinitos recursos mediáticos, y los que, por el contrario, no disfrutan ninguna de estas prerrogativas.Son las diferencias a veces abismales entre las que se califican como naciones ricas o pobres.

Es la ley de la selva.

Las diferencias entre las etnias no existen en cuanto se refiere a las facultades mentales del ser humano. Es algo más que probado científicamente. La sociedad actual no fue la forma natural en que evolucionó la vida humana; ha sido una creación del hombre ya mentalmente desarrollado, sin la cual no se puede concebir su propia existencia. Lo que se plantea es, por tanto, si el ser humano podrá sobrevivir al privilegio de poseer una inteligencia creadora.

El sistema capitalista desarrollado, cuyo máximo exponente es el país de naturaleza privilegiada adonde el hombre blanco europeo llevó sus ideas, sus sueños y sus ambiciones, se encuentra hoy en plena crisis. No es la habitual cada cierto número de años, ni siquiera la traumática de los años treinta, sino la peor de todas desde que el mundo siguió ese modelo de crecimiento y desarrollo.

La actual crisis del sistema capitalista desarrollado se produce cuando el imperio está próximo a cambiar de jefatura en las elecciones que tendrán lugar dentro de veinticinco días; era lo único que faltaba por ver.

Los candidatos de los dos partidos que deciden en esas elecciones, tratan de persuadir a los desconcertados votantes ?muchos de los cuales no se han preocupado nunca por votar? de que ellos, como aspirantes a la Presidencia, son capaces de garantizar el bienestar y el consumismo de lo que califican como un pueblo de capas medias, sin el menor propósito de verdaderos cambios en lo que consideran el más perfecto sistema económico que ha conocido el mundo; un mundo que, por supuesto, en la mentalidad de cada uno de ellos, es menos importante que la felicidad de trescientos y tantos millones de habitantes de una población que no llega al cinco por ciento de los habitantes del planeta. La suerte del otro noventa y cinco por ciento de los seres humanos, la guerra y la paz, la atmósfera respirable o no, dependerá en gran parte de las decisiones del jefe institucional del imperio, si es que ese cargo constitucional tiene o no poder real en la época de las armas nucleares y los escudos espaciales manejados por computadoras en circunstancias tales que los segundos son decisivos y los principios éticos tienen cada vez menos vigencia. No puede, sin embargo, ignorarse el papel más o menos nefasto que corresponde a un presidente de ese país.

En Estados Unidos existe un profundo racismo, y la mente de millones de blancos no se reconcilia con la idea de que una persona negra con la esposa y los niños ocupen la Casa Blanca, que se llama así: Blanca.

De puro milagro el candidato demócrata no ha sufrido la suerte de Martin Luther King, Malcolm X y otros, que albergaron sueños de igualdad y justicia en décadas recientes. Tiene además el hábito de mirar al adversario con serenidad y reírse de los aprietos dialécticos de un oponente que mira hacia el vacío.

Por otro lado, el candidato republicano, que cultiva su fama de hombre belicoso, fue uno de los peores alumnos de su curso en West Point. No sabía nada de Matemáticas, según confiesa, y es de suponer que mucho menos de las complicadas ciencias económicas. Sin duda, su adversario lo supera en inteligencia y serenidad.

Lo que más abunda en McCain son los años, y su salud no es en lo absoluto segura.

Menciono estos datos para señalar la eventual posibilidad ?si algo ocurriera con la salud del candidato republicano, si lo eligen? de que la señora del rifle e inexperta ex gobernadora de Alaska fuese Presidenta de Estados Unidos. Se observa que no sabe nada de nada.

Meditando sobre la deuda pública actual de Estados Unidos que el presidente Bush descarga sobre las nuevas generaciones en ese país ?diez mil doscientos sesenta y seis millones de millones?, se me ocurrió calcular el tiempo que tardaría un hombre para contar la deuda que aquél prácticamente ha duplicado en ocho años.

Suponiendo ocho horas de trabajo neto diario sin perder un segundo, al ritmo rápido de cien billetes de un dólar por minuto, 300 días de trabajo al año, un hombre tardaría setecientos diez mil millones de años para contar esa suma.

No encontré otra forma gráfica de imaginarme el volumen de esa suma de dinero que se menciona casi diariamente en estos días.

El gobierno de Estados Unidos, para evitar un pánico generalizado, declara que garantizará depósitos de ahorristas que no rebasen los 250 mil dólares; administrará bancos y cifras de dinero que Lenin, con ábacos, no habría imaginado contabilizar.

Podemos preguntarnos ahora qué aporte hará la administración Bush al socialismo. Pero no nos hagamos ilusiones. Cuando el funcionamiento de los bancos se normalice, los imperialistas se las devolverán a las empresas privadas, como hizo algún que otro país en este hemisferio. El pueblo paga siempre las cuentas.

El capitalismo tiende a reproducirse en cualquier sistema social, porque parte del egoísmo y los instintos del hombre.

A la sociedad humana no le queda otra alternativa que superar esa contradicción, porque de otra forma no podría sobrevivir.

En este momento, el mar de dinero que les lanzan a las finanzas mundiales los bancos centrales de los países capitalistas desarrollados está golpeando fuertemente a las bolsas de los países que tratan de superar el subdesarrollo económico y acuden a esas instituciones. Cuba no posee bolsa de valores. Sin duda surgirán formas de financiamiento más racionales, más socialistas.

La crisis actual y las brutales medidas del gobierno de Estados Unidos para salvarse traerán más inflación, más devaluación de las monedas nacionales, más pérdidas dolorosas de los mercados, menores precios para las mercancías de exportación, más intercambio desigual. Pero traerán también a los pueblos más conocimiento de la verdad, más conciencia, más rebeldía y más revoluciones.

Veremos ahora cómo se desarrolla la crisis y qué ocurre en Estados Unidos dentro de veinticinco días.

Hocico - A Traves de Mundos que Arden


Hocico - A Traves de Mundos que Arden (2006)



01 Intro
02 Without A God
03 Tales From The Third World
04 Distorted Face
05 Born To Be (Hated)
06 Poltergeist
07 Spirits Of Crime
08 Bloodshed
09 Odio Bajo El Alma
10 Bizarre Words
11 Untold Blasphemies
12 Forgotten Tears
13 A Broken Glass



Hocico - Distorted Face
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A la Espera de la Oscuridad - Alejandra Pizarnik.


A la Espera de la Oscuridad

Ese instante que no se olvida,
Tan vacío devuelto por las sombras,
Tan vacío rechazado por los relojes,
Ese pobre instante adoptado por mi ternura,
Desnudo desnudo de sangre de alas,
Sin ojos para recordar angustias de antaño,
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.


Ampáralo niña ciega de alma,
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego;
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies,
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro.
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada,
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca,
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.

Alejandra Pizarnik

E pur si muove



“E pur si muove.”

Desde que un primer hombre, triunfando de las apariencias, creyó descubrir que las naturalezas, como las estrellas, no se hallan inmóviblemente fijas en sus órbitas, sino que su distribución tranquila en tomo a nosotros dibuja los remolinos de una estela formidable; desde que una voz primera resonó, gritando a cuantos dormitaban apaciblemente sobre la balsa de la Tierra: “ ¡Ved cómo nos movemos, ved cómo avanzamos... ! “, es un espectáculo a la vez curioso y dramático el contemplar a la Humanidad dividida hasta el fondo de sí misma en dos campos enemigos irreconciliables: los unos tendidos hacia el horizonte, y diciendo con toda su fe de neófitos: “Sí, avanzamos”; los otros repitiendo obstinadamente, sin siquiera moverse de su sitio: “No, nada cambia; no nos movemos.”

Estos, los “inmovilistas”, a falta de pasión (¡la inmovilidad jamás entusiasmó a nadie!) tienen a su favor el sentido común, la rutina, el menor esfuerzo, el pesimismo, y además, hasta cierto punto, la moral y la religión. Nada parece haberse movido desde que el hombre se transmite el recuerdo del pasado: ni las ondulaciones del suelo, ni las formas de la Vida, ni el genio del Hombre, ni siquiera su bondad. La experiencia ha fracasado hasta ahora en sus esfuerzos por identificar los caracteres fundamentales de la más humilde de las plantas. El sufrimiento, la guerra, el vicio, mitigados un instante, renacen a través de las edades con creciente virulencia. Incluso la búsqueda del Progreso no hace sino exacerbar estos males: querer cambiar implica la tendencia a destruir el orden tradicional, trabajosamente establecido, que ha sabido reducir al mínimo el malestar de los vivientes. ¿Dónde está el innovador que no haya vuelto a abrir la fuente de las lágrimas y de la sangre? En nombre del descanso de los hombres, en nombre de los hechos, en nombre del Orden establecido y sagrado, prohibición a la Tierra de que se mueva. Nada cambia, ni puede cambiar. La balsa va errante, sin meta, sobre un mar sin orillas.[...]

El Porvenir del Hombre
Pierre Teilhar de Chardin

El Testimonio del Árabe Loco (1)





El Testimonio del Árabe Loco (1)

El Horroroso Influjo de los Tres Sellos de Masshu
“ Este es el testimonio de todo lo que he visto, y de todo lo que he aprendido, en aquellos años que poseí los Tres Sellos de MASSHU. He visto mil y una lunas, y seguro que es suficiente para la vida de un hombre, aunque se afirma que los Profetas vivieron mucho mas. Estoy debil y enfermo, y soporto un gran cansancio y agotamiento; un suspiro mora en mi pecho como si fuera una obscura linterna. Soy viejo.
Los lobos transmiten mi nombre en sus conferencias de medianoche, y esa voz sutil y tranquila me llama desde lejos. Y una Voz mucho mas proxima me gritará al oido con impia impaciencia. El peso de mi alma decidrá cual será el lugar de su reposo. Antes de que llegue la hora debo escribir todos los horrores que acechan FUERA y que aguardan ante la puerta de cada hombre, porque este es el arcano antiguo que ha sido legado desde tiempos remotos, pero que fué olvidado por todos, con la excepción de unos pocos, que son los adoradores de los Antiguos (¡que sus nombres sean borrados de la existencia!).
Si no completo esta misión, tomad lo que hay aqui y descubrid el resto, por que queda poco tiempo y la humanidad no conoce ni entiende el mal que le espera desde todos los lados, desde cada Portico abierto, desde cada barrera rota, desde cada acólico sin mente que hay ante los altares de la locura. Porque este es el Libro de los Muertos, el Libro de la Tierra Negra que yo he escrito, arriesgando la vida de forma exacta a como lo recibí en los planos de los IGIGI, los crueles espiritus celestiales que existen mas allá de los Peregrinos de los Yermos.
Que todos aquellos que lean estos escritos reciban la advertencia de que el habitat de los hombres es observado y vigilado por la Antigua Raza de dioses y demonios que proceden de un tiempo anterior al tiempo, y que buscan venganza por aquella batalla olvidada que tuvo lugar en alguna parte del Cosmos y desgarró los Mundos en los dias anteriores a la creción del hombre, cuando los Dioses Mayores caminaban los espacios, cuando estaba la raza MARDUK, tal como le conocen los Caldeos y ENKI, nuestro Amo, el Señor de los Magos.
Sabed entonces, que yo he recorrido todas las zonas de los Dioses, y tambien los lugares de los Anzonei, y que he descendido a apestosos sitios de Muerte y Sed Eterna, que pueden alcanzarse a traves del Portico de GANZIR, construido en UR en los dias anteriores a Babilonia. Sabed tambien que he hablado con todo tipo de Espiritus y Demonios, cuyos nombres ya no se conocen en las Sociedades del Hombre, o que nunca fueron conocidos. Y los sellos de algunos estan escritos aqui, sin embargo, los de los otros, me los he de llevar conmigo cuando os deje. ¡ Que ANU tenga misericordia de mi alma! He visto las tierras Desconocidas que ningun mapa ha cartografiado jamás.
He vivido en los desiertos y en los yermos, y he hablado con demonios y con las almas de los hombres asesinados, y tambien con las almas de las mujeres que murieron al nacer, victimas de ese demonio femenino, LAMMASHTA. He viajado por debajo de los mares en busca del Palacio de Nuestro Amo, y encontré los monumentos de piedra de civilizaciones derrotadas, descifrando las escrituras de algunas de ellas; otras siguen siendo un misterio para cualquier hombre vivo. Y estas civilizaciones fueron aniquiladas por el conocimiento que contienen estos escritos que os lego. He viajado por las estrellas y he temblado ante los dioses. Por fin he encontrado la formula con la que atravesé el Portico de ARZIR pasando hacia los reinos prohibidos de los asquerosos IGIGI.
He evocado a los demonios y a los muertos. He invocado a los fantasmas de mis antepasados, dandoles una apariencia real y visible en las cimas de los templos construidos para alcanzar las estrellas y tocar las mas bajas cavidades del HADES. He luchado con el Mago Negro, AZAGTHOTH, en vano, y huí a la Tierra invocando a INANNA y a su hermano, MARDUK, Señor del hacha de doble filo. He levantado ejercitos contra las Tierras del Este llamando a las hordas de espiritus malignos a las que obligué a ser mis subditos y al hacerlo encontré a NGAA, el Dios de los paganos, aquel que escupe llamas y ruge como mil truenos.
He encontrado el Miedo. “
El Libro de los Muertos - Libros Malditos


V.A. - Gothic Melancholy vol10


V.A. - Gothic Melancholy vol 10 (2006)



* Bella Morte - The Quiet
* Blutengel - Cry Little Sister
* Chiasm - Isolated
* Draconian - Heaven Laid In Tears (Angels' Lament)
* Graveworm - Ceremonial Requiem
* Lacuna Coil - Comalies
* L'Âme Immortelle - Judgement
* L'Âme Immortelle - Tears In The Rain
* Nightwish - The Siren
* Silke Bischoff - Love Never Dies
* The 69 Eyes - Pitchblack
* The Crüxshadows - Nighttime Birds
* Tiamat - Divided
* ToDieFor - Silence Tells More



Blutengel - Cry little Sister
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Otra Argentina, más justa y fraterna




Carta a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner

Recuperar la soberanía nacional es el gran desafío

Adolfo Pérez Esquivel

Sra. Presidenta Cristina Fernández de Kirchner

Ciudadana Presidenta

Recibe el fraterno saludo de Paz y Bien

Te envío la presente carta abierta, ya que has decidido ignorar la enviada meses atrás. Es tu responsabilidad. De mi parte tengo la responsabilidad de recordar a quienes nos gobiernan sobre los problemas que afectan a nuestro país, en particular la situación que viven los sectores más desprotegidos y castigados.



Aquellos que llevamos muchos años de militancia, caminando junto al pueblo en las buenas y las malas, lo hacemos con la fuerza y la esperanza que es posible otra Argentina más justa y fraterna. La resistencia y luchas por los derechos de nuestro pueblo son muchas veces tensas y conflictivas, pero también poseen el sabor de la esperanza al poder avanzar y acompañar el despertar del pueblo y la alegría de ver que muchos sectores sociales asumen su propio camino y son protagonistas y constructores de su propia vida y de su propia historia.

Por tal motivo vuelvo a insistir, como ciudadano que se dirige a la ciudadana Presidenta de la Nación, con la intención de hacer algunos aportes constructivos.

Comprendo que los gobernantes muchas veces no pueden llevar adelante las políticas propuestas en su programa. No es fácil empuñar el timón de un barco que debe enfrentar temporales y borrascas en circunstancias difíciles como las que vive el país y las fuertes presiones, tanto en lo interno, como en lo internacional.

El conflicto con los empresarios agropecuarios es un ejemplo para tener en cuenta. Cuando tocan sus intereses no miden las consecuencias, siendo el pueblo quien recibió las cachetadas de todos los lados. Esos sectores continuarán presionando y buscan debilitar al gobierno. Utilizan métodos de desestabilización y agudización del conflicto. Estas metodologías no son nuevas; las vienen aplicando contra los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador. No hay casualidades. Tenemos el ejemplo valeroso de Cuba que debe enfrentar permanentemente la agresión de la gran potencia.

Aquí, los del “campo” amenazan con nuevos paros y aunque no lo dicen públicamente, se siente un fuerte tufillo golpista. Hay que rechazar cualquier intento en esa dirección y hay que hacer memoria para iluminar el presente.

Es cierto que no se puede involucrar a todos los trabajadores agropecuarios en la misma política desestabilizadora, como así también el gobierno debe cambiar su actitud y asumir sus errores y saber diferenciar a los pequeños y medianos productores rurales y tener presente que muchos de ellos pasan por serias dificultades y que tienen el derecho de reclamar soluciones justas.

Pero también debo decirte que me preocupa no saber hasta donde le interesa al gobierno, el pueblo. Una cosa son los discursos y otra los hechos. Las contradicciones son grandes. Por un lado, anuncias con gran publicidad que el gobierno ha decidido el pago de la deuda externa, al Club de París, deuda que bien sabes es inmoral, injusta e ilegítima, y como dice el maestro Caloi, el único deporte que práctica ese club es la “bicicleta financiera”. En tu viaje al corazón del mundo financiero en bancarrota de EE.UU., un gran país que perdió el rumbo, anuncias que se va a pagar a los bonistas que quedaron fuera del canje. Y todos aplauden y se asombran como monitos adiestrados, pero exigen más y más.

¿Qué esperas de esa política? ¿Que si haces bien los deberes que te imponen los que mandan, recibirás como regalo que el país sea aceptado en el sistema financiero capitalista y recibir préstamos que el país deberá devolver con intereses y la deuda seguirá creciendo hasta lo infinito y que las nuevas generaciones deberán pagarla? Hay que pedir al Tata Dios que nos libre de semejante suicidio político y económico. En ese circuito vicioso el que siempre pierde es el pueblo.

Recordarás que el ex presidente Kirchner, a quien bien conoces, decidió pagar al FMI y la situación del país no ha mejorado, por el contrario ha transferido dinero del pueblo sin ninguna consulta y ha aumentado la pobreza, el desempleo, el analfabetismo. Quiso sacarse al FMI de encima pero es como los piojos, siempre vuelven; salvo que el tratamiento sea a fondo. El vapuleado INDEC se especializa en hacer dibujitos muy malos para demostrar lo indemostrable. Creo que deben tomar clases de dibujo y ética para que sean creíbles.

Todo ese escenario se presenta como un gran triunfo mediático para calmar a las fieras del mercado, pero no debes olvidar que esas fieras son insaciables y te pueden devorar. A muchos nos preocupa que el gobierno haya claudicado en los principios que en algún momento decía defender.

Nos preocupa que insista en continuar la misma política de entrega pagando la deuda externa con el hambre del pueblo y suma a los bonistas buitres, a los que el gobierno juró y re-juró que no se pagaría, que quedaban fuera del canje, pero ahora encajan.

Es lógico que la ciudadanía se pregunte: ¿hacia donde va el país?- ¿Donde está la soberanía nacional que tantas luchas, sufrimientos y esperanzas costó? Ciudadana Cristina, son muchos años de lucha, de sufrimiento y resistencia en la esperanza, y no luchamos para entregar el país y perder el patrimonio y la soberanía.

Nuestras luchas fueron y son para defender la vida y la dignidad de cada persona y del pueblo, restablecer el Estado de Derecho y participación democrática, para que las nuevas generaciones tengan una vida justa y en libertad. No para ser sometidos y dominados.

La lucha por los derechos humanos debe ser transformadora de la sociedad. No paliativos para que nada cambie. Ciudadana presidenta, hablas de los derechos humanos y privilegias a unos organismos y discriminas a otros. No hay claridad conceptual ni objetividad en las políticas del gobierno.

Los gobiernos pasan y los organismos de derechos humanos y sociales trascienden las coyunturas políticas y su credibilidad social es la coherencia entre el decir y el hacer; en el compromiso día a día con el pueblo y en su independencia de los poderes de turno. Nadie es dueño de los derechos humanos. Lo más que podemos aspirar es ser sus servidores, que nos permite construir espacios de libertad y participación en la construcción democrática, en la memoria colectiva, en la defensa de la vida y la dignidad de las personas y los pueblos.

Lamento ciudadana presidenta que no tengas la capacidad del diálogo. Has optado por actuar políticamente en la confrontación, y no es buen camino. Dialogas únicamente con quienes son obsecuentes y consecuentes con las políticas del gobierno y el modelo de país que pregonas en tus discursos. Pero la realidad marca que nuestro país está sometido, entregado, malvendido y devastado y el gobierno está profundizando la política neo-liberal que llevó a la pérdida de la soberanía y donde se violan sistemáticamente los derechos humanos. Hay que despertar y ver la realidad.

Debo decirte que esta carta, aunque tenga cosas que no te gusten, tiene por objeto contribuir y ayudar a encontrar alternativas correctas y no terminar en frustraciones que serían graves para el país. No queremos que fracase el gobierno que presides. Tu fracaso sería el fracaso de todo el país.

Un buen amigo recordó un antiguo proverbio que quisiera compartir contigo y dice: “Hay que parar el cuerpo, para que lo alcance el alma”. No pierdas tu alma, ciudadana presidenta Cristina; permite que el alma llegue a tu cuerpo y despierte en ti la mística de servir al pueblo y dejar que entre la luz en tu mente y corazón.

Los derechos humanos deben ser comprendidos en su integridad, como parte indivisible de la construcción democrática. No se agotan en la terrible dictadura militar que sufrimos, tanto en nuestro país como en todo el continente.

Aquellos que sobrevivimos al horror luchamos con fuerza y esperanza para que el país pueda alcanzar la Paz y la dignidad que merece. Y muchos hombres y mujeres asumimos la militancia y compromiso desde la fuerza del Evangelio y tratamos de caminar junto a los pueblos abiertos al ecumenismo con hermanos y hermanas de diversas vertientes religiosas, filosóficas, culturales y políticas. Desde ahí aprendimos a compartir el pan y la libertad; el pan que alimenta el cuerpo y el pan que alimenta el espíritu, resistiendo y construyendo en el hacer cotidiano, compartiendo la libertad que nos da la fuerza de Amar para avanzar hacia cambios estructurales y no caer en la resignación y la derrota en la que no hay otras alternativas.

Todos los días aprendemos del vivir y compartir. Ahí están las enseñanzas del querido maestro de América, Paulo Freire, quien decía: “lo contrario del amor no es el odio. Lo contrario del amor es el miedo a amar”. Es el desafío de la Vida.

Cada persona tiene su memoria personal y la memoria colectiva y algunos momentos de lo vivido nos marcan en toda la vida. Siempre recuerdo los primeros 32 días de prisión en un tubo de la Superintendencia de Seguridad Nacional, en una maloliente celda que fuera un centro de torturas. Pude ver que una prisionera o prisionero que la ocupó antes que yo, tuvo la fuerza espiritual y coraje de escribir con su propia sangre “Dios no mata”.

Nunca puedo olvidar esa fuerza del espíritu de quien, en ese momento límite entre la vida y la muerte luchaba con fe por un país más justo y fraterno para todos. Sentí y perdura en mí la fuerza espiritual del Amor y la trascendencia de quienes dieron su vida para dar más vida. En nuestra lucha y resistencia levantamos la bandera de: “No matarás ni con hambre, ni con balas”. Así surgieron las grandes jornadas de rebelión no-violenta, de ayuno, oración y marchas de la resistencia contra la dictadura. En el tiempo esa bandera continúa vigente, tenemos claro que la lucha no terminó.

Hoy el Movimiento de los Chicos del Pueblo denuncia que “El hambre es un crimen” y por decir la verdad sufren persecución, allanamientos, castigos y amenazas. Los chicos deben ser escuchados y no reprimidos. Nos preguntamos: ¿Dónde quedó toda esa lucha de dolor, resistencia y esperanzas? No queremos que les roben a los chicos la esperanza de construir un mundo mas justo y fraterno para todos.

¿Fue inútil el camino recorrido de resistencia en estos 25 años de gobiernos constitucionales? Valoramos algunos avances del gobierno, como los juicios a los genocidas, de llevarlos ante la justicia y que los jueces determinen el grado de responsabilidad y que los culpables reciban la condena que les corresponde; es el único camino para lograr el derecho de Verdad y Justicia que permita al pueblo alcanzar la Paz.

Tenemos necesidad de preservar los espacios de la memoria y tener una mirada más profunda de la situación que vive el país. Reclamamos y llevamos a todos los ámbitos el grave problema de la deuda externa y sus consecuencias sociales, políticas y económicas.

El Evangelio dice: “No hay peor sordo que aquel que no quiere oír, ni peor ciego que aquel que no quiere ver”. Arturo Jauretche sabia ver hondo en la vida y conciencia nacional, y le gustaba sacudir la modorra del pensamiento para despertar la creatividad y su ironía apuntaba a las contradicciones de las “zonceras de los argentinos” y conocía las vueltas de tuerca que algunos dan en sus vidas por conveniencia y no por convicciones.

Ciudadana presidenta, ser pragmático es ser coherente entre el decir y el hacer, tener posiciones firmes y no dejarse llevar de las narices por los que mandan. Sabes que el poder real no está en los gobiernos. Pero son los gobiernos quienes tienen que recuperar el poder para gobernar con equidad, al servicio del pueblo y no continuar con el despojo impuesto por quienes entregaron el país a manos del capital financiero internacional. Recuperar la soberanía nacional es el gran desafío.

Algunos compañeros gobernantes en América Latina lo están haciendo. Es cierto que tienen dificultades frente a los poderes mafiosos nacionales e internacionales, pero están logrando avanzar en la construcción de nuevos paradigmas de vida para sus pueblos, son ejemplos que debemos valorar en la lucha por la recuperación de la soberanía.

No voy a señalar en esta carta lo ya dicho en la anterior, donde planteo ejes medulares que es necesario superar. Para lograrlo hace falta mucho coraje y fortaleza de convicciones y la mística transformadora para superar la pobreza, preservar el medio ambiente y luchar contra el despojo de las tierras a nuestros campesinos e indígenas. Esto no se puede postergar. Es urgente y hay que asumirlo antes que sea tarde.

Te reitero el fraterno saludo de Paz y Bien deseándote mucha fuerza y esperanza.

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nóbel de la Paz

Buenos Aires, 9 de octubre del 2008
fuente

Juan Salvador Gaviota - Richard Bach


Juan Salvador Gaviota - Richard Bach



Bach dice que el título del libro fue inspirado por John H. "Johnny" Livingston, prominente piloto de carreras durante los años 1920 y 1930.
Juan aprende las técnicas básicas y avanzadas en el arte de volar pero, aún más importante, aprende el sentido espiritual y trascendente de lo que significa volar, y por ende el significado de la existencia.



"Este libro trata de una gaviota mediante la cual se muestra la vida de un modo representativo de lo que es la sociedad, en la actualidad si no eres y sigues las reglas de todos no puedes pertenecer a un grupo, el autor nos dice mediante su obra que nunca abandonemos nuestros sueños ya que para ser lo que queremos en la vida tenemos que perseguir esas metas aunque no seas aceptado por eso en algunos grupos pero es más importante que seas feliz contigo mismo que con los demás. Busca la libertad total pero afronta las consecuencias que vayan con ella, aprende cada día más y trata de enseñar a los demás lo que has aprendido ya que puedes aprender de ellos y ellos de ti. No te sometas a algo que te “corte las alas” para que sigas con tus anhelos en la vida; busca siempre la manera de continuar luchando y por ultimo aunque a veces parezca que todo el mundo te da la espalda y estas solo siempre habrá alguien que persiga lo mismo que tú; verás que al final tu vida va a terminar como tu lo sueñas con perseverancia y dedicación."
Reseña: "resumenes de libros"



La Llegada de Lilith


La Llegada de Lilith


Estaba solo en la oscuridad
Y mi hambre creció.
Estaba solo en la oscuridad
Y mi frío creció.
Estaba solo en la oscuridad
Y lloré .

Vino entonces a mí,
Una voz suave, dulce,
Palabras de socorro,
Palabras de consuelo .

Una mujer, oscura
Y hermosa, con sus ojos
Cortando la oscuridad,
Vino entonces a mí .

“Conozco tu historia,
Caín de Nod”, me dijo,
Sonriendo.
“Estás hambriento ¡Ven!
Tengo comida.
Tienes frío ¡Ven!
Tengo ropas.
Estás triste ¡Ven!
Tengo consuelo”.

“¿Quién podría consolar
Alguien tan maldito como yo?
¿Quién me vestiría?
¿Quién me alimentaría?”

“Soy la primera esposa
De tu padre, quien discutió
Con Aquél en lo Alto
Y obtuvo la Libertad
En la Oscuridad.
Yo soy Lilith .

Una vez, tuve frío,
Y no hubo calor para mí.
Una vez, tuve hambre,
Y no hubo comida para mí.
Una vez, estuve triste,
Y no hubo consuelo para mí”.

Con ella me llevó,
Me alimentó y me vistió.
Y en sus brazos,
Encontré consuelo.
Lloré hasta que la sangre
Goteaba desde mis ojos.
Y ella con sus besos
Las llevó lejos .

del Libro de Nod

Black Heaven - Negativ


darkwave
Black Heaven - Negativ (2008)



01 - MMVIII
02 - Staub Zu Stein
03 - Violent Acts Of Hate
04 - Glut und Asche
05 - Weisse Lilie
06 - Von hier Zu Den Sternen
07 - Kill The Pain
08 - Decadance
09 - Egal
10 - Negativ
11 - Etwas
12 - Veitstanz
13 - War Atrocities
14 - Der Leiermann



Black Heaven - Weisse Lilie
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Los Sonetos Medicinales - Almafuerte. (fragm)


Los Sonetos Medicinales (fragm)
Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)




Uno
Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte...
¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de su muerte!


Dos
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!




Tres
Los que vierten sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;
Los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes!
¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
¡nunca sigas impulsos compasivos!
¡ten los garfios del Odio siempre activos
los ojos del juez siempre despiertos!
¡Y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!


Cuatro
El mundo miserable es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser, tras el tocado:
No digas tu verdad ni al mas amado,
no demuestres temor ni al mas temido,
no creas que jamas te hayan querido
por mas besos de amor que te hayan dado.
Mira como la nieve se deslíe
sin que apostrofe al sol su labio yerto,
cómo ansia las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe...
¡Trema como el infierno, pero rie!
¡Vive la vida plena, pero muerto!


Sobre el autor





"Todo lo alcanzarás, solemne loco...
siempre que lo permita tu estatura ! "


Almafuerte (1854-1917)
El 28 de febrero de 1917 murió Pedro Bonifacio Palacios, más conocido como "Almafuerte", el seudónimo que usó para firmar los poemas con que, vaya paradoja, alentó a los jóvenes a no entregarse jamás, ni ante la muerte.
Maestro sin título, en Trenque Lauquen le prohibieron enseñar, según el decreto de cesantía, "por falta de formación, ser un autodidacta y un improvisado". Esto lo empujó a buscar nuevos rumbos en la ciudad de Buenos Aires, luego en La Plata, donde ejerció el periodismo.
Nació en San Justo el 13 de mayo de 1854 y el dolor lo sacudió desde muy niño: a los cinco años, la muerte de su madre; enseguida, el abandono de su padre. En su juventud, su amada se casó con otro y, luego, el Senado le negó una beca a París para perfeccionarse como pintor.
Pobre y sin recursos, comenzó a trabajar en la misma escuela donde hizo la primaria: fue preceptor, maestro de dibujo y profesor de declamación.
Cuando cumplió los 20 años, el diario Tribuna le publicó el primero: "Olvídate de mí" y, en 1893, La Nación le publicó otros.
Almafuerte volcaba en sus poesías su ideología libertaria e inflexible.
Durante la Revolución del Parque, se identificó con los ideales de Leandro Alem, pero pronto se desengañó; lo suyo era otro tipo de política, basada en las reservas morales.
La había ejercido en la educación: enseñó en escuelas rurales donde empezaba el año con no más de quince alumnos y los terminaba con más de cien, porque se agregaban los padres.
Pero educar libertariamente a los peones fue considerado subversivo y el gobierno de la provincia de Buenos Aires encontró la excusa para silenciarlo -su falta de título habilitante-, lo que le hizo decir a Sarmiento: "¿Que le han prohibido enseñar? Pues les notifico que Almafuerte fue quien nos enseñó a enseñar...".
Sobrevivió sus últimos años en la miseria, en una humilde casa de la calle 66 número 530 de La Plata, donde murió de una esclerosis renal, envuelto en una raída bandera argentina de lanilla, que le servía de abrigo. El Congreso Nacional le había otorgado una pensión vitalicia, que no alcanzó a cobrar.
Cincuenta y siete años después, el gobierno bonaerense lo declaró Maestro Honoris Causa, le otorgó el título que nunca tuvo y derogó el decreto con que lo habían cesanteado.
Publicó en vida sólo dos libros, pero sus poesías, en su mayoría póstumas, le ganaron la admiración de Jorge Luis Borges y de Rubén Darío, entre otros.
Entre sus obras se cuentan: "Lamentaciones" (1906), "Evangélicas" (1915), "Poesías" (1917), "Nuevas Poesías", "Milongas clásicas", "Sonetos Medicinales" y "Dios te Salve" (1918) y "Discursos" (1919).
Almafuerte fue el primer poeta social de la Argentina y acaso uno de los más pasionales. Sus "Siete Sonetos Medicinales" son un himno a la voluntad y a la lucha contra la desesperanza.


¿Cómo funciona el sistema capitalista?




¿Cómo funciona el sistema capitalista?

Frente a la crisis cada día más aguda del sistema capitalista y la necesidad de comprender como funciona, el periódico En Lucha presenta tres artículos sobre los orígenes del sistema capitalista, su funcionamiento y quien tiene el poder para derrocarlo.



Acumulación de capital: el origen

El origen del capitalismo se suele asociar con un proceso natural y pacífico en el que aquellos que más se esforzaron fueron acumulando riqueza como resultado de su propio trabajo, mientras el resto de la población se dedicaba a la vida contemplativa.

Esta versión idílica, totalmente alejada de la realidad, justifica las desigualdades sociales producto del sistema desde su mismo origen y lleva a un análisis erróneo de la dinámica actual del mismo. Hace más de un siglo, Marx ya era consciente de la necesidad de estudiar la génesis del capitalismo para poder desentrañar las bases de su funcionamiento y dedicó un capítulo de El Capital al estudio de aquello que concebía como “la prehistoria del capital”: la acumulación originaria.

En el feudalismo, las relaciones de servidumbre determinaban que los trabajadores del campo eran propiedad del señor para el que trabajaban, al igual que podía serlo cualquier herramienta de trabajo o la propia tierra. Pero, al mismo tiempo, estos campesinos poseían pequeñas parcelas de tierra, conocidas como las tierras comunales, en las que también trabajaban de forma individual para obtener los bienes que necesitaban para subsistir. Este parcelamiento del suelo y de los medios de producción, distribuidos de forma muy dispersa, imposibilitaban la división del trabajo en un mismo proceso productivo y la producción a gran escala, limitando mucho la productividad.

En estas circunstancias, el origen de la acumulación de capital implicó un proceso de concentración de la tierra. Las pequeñas propiedades de muchos se fueron convirtiendo en la propiedad masiva de unos pocos. La expropiación de las tierras comunales de la población rural, realizada mediante métodos extremadamente violentos, jugó un papel central en esta transformación. Muchos campos de cultivo fueron incendiados y reconvertidos en pastos para las ovejas, cuya lana se vendía muy bien en la industria textil. Los campesinos fueron expulsados de sus aldeas y despojados de todos sus bienes de forma sistemática mientras los primeros capitalistas agrícolas iban acumulando cada vez más suelo que explotar en su propio beneficio.

Toda la masa de gente a la que habían robado literalmente sus medios de subsistencia tuvo que empezar a ganarse la vida trabajando para otros a cambio de un salario que les permitiese obtener en el mercado los bienes que ya no podían producir con sus propias manos. La mayoría emigró a las ciudades, donde las incipientes industrias se estaban desarrollando y estaban muy necesitadas de mano de obra a la que poder explotar.

Sin embargo, no bastó con que se diesen estas condiciones de cierto equilibrio entre la oferta y la demanda de trabajo. La población rural que había sido arrojada a la miseria no asumió inmediatamente las nuevas condiciones de trabajo sin oponer ningún tipo de resistencia.

Fue la intervención del Estado la que, a través de una legislación sanguinaria, obligó a esta masa de desposeídos a aceptar la disciplina de las nuevas condiciones del trabajo asalariado. En primer lugar, por medio de las llamadas “leyes contra la vagancia”, que imponían torturas tan brutales como la mutilación de miembros e incluso la pena de muerte a todo aquel que estuviese sin trabajo. Y, en segundo lugar, con la garantía legal del mantenimiento de los salarios muy bajos, de forma que los trabajadores no tuviesen la opción de dejar de ir a la fábrica ni un sólo día para poder vivir.

En sus escritos, Marx categoriza la transformación del feudalismo al capitalismo como un proceso histórico de carácter dual. Es cierto que por un lado supuso el fin de la servidumbre y, por lo tanto, de las cadenas que convertían a los trabajadores en propiedad de terceros. Pero, para entender cómo funciona el capitalismo, no podemos olvidar que también significó el fin de la propiedad que las masas populares ejercían sobre sus medios de subsistencia, dejándoles como única alternativa a morir de hambre el trabajar para otros y convirtiéndoles en “esclavos asalariados” de los capitalistas.

Ana Villaverde


Plusvalía y explotación

¿Por qué los beneficios de las empresas aumentan año tras año y cuando no crecen cierran fábricas y despiden trabajadores? ¿Por qué el sueldo de Emilio Botín es de 3,4 millones de euros anuales, mientras que el sueldo de un cajero de banco es de mil euros mensuales? La respuesta a la primera pregunta es una de las características principales del capitalismo, a saber, que el modo de producción capitalista se basa en la inversión de un capital para producir mercancías que a su vez sirven para obtener un capital mayor al inicial. La respuesta de la segunda pregunta varía según el enfoque.

Según economistas liberales, el trabajador cobra por su trabajo, mientras que Emilio Botín lo hace por el riesgo que asume. Sin embargo, el riesgo es algo abstracto no mesurable y que no produce ningún bien de utilidad para la sociedad. Una respuesta alternativa y más científica a esta desigual distribución de la riqueza la podemos encontrar en la teoría de la plusvalía de Marx, con la cual “descubrió” el carácter y el funcionamiento del capitalismo, que está basado en la explotación de una clase social a otra.

Siguiendo a Ricardo, Marx pensaba que el valor de los productos residía en aquello que tenían todos en común, el tiempo de trabajo que en cada contexto histórico era socialmente necesario para producir un bien. Para fabricar un producto, además de materias primas y maquinaria, al empresario le hacen falta trabajadores. En el capitalismo, el empresario dispone y pone capital en forma de materias primas y maquinaria, y el trabajador vende lo único que tiene si quiere sobrevivir, su capacidad de trabajar. Entonces, tenemos que el capitalista paga estos tres factores: materias primas, maquinaria y trabajo, que serán las que constituirán el valor de la mercancía. Sin embargo, no es así.

El valor de las materias primas y el de la maquinaria se transmite directamente a la mercancía, ni más ni menos, por ello se les denomina capital constante. Pero no ocurre lo mismo con el trabajo del obrero porque lo que el empresario paga no es el trabajo efectivo realizado en la fábrica; paga solamente su fuerza de trabajo, es decir, el tiempo de trabajo socialmente necesario en cada momento histórico para mantener al obrero en condiciones para trabajar. Normalmente, el trabajador produce mucho más del sueldo que percibe, por ello se le denomina capital variable. La diferencia entre el valor que produce su trabajo y la remuneración necesaria para la reproducción de su fuerza de trabajo es la plusvalía, que es la que origina el incremento del valor de la inversión inicial.

Por ejemplo, pongamos que un empresario de muebles compra materias primas por valor de 100, maquinaria por otros 100 y fuerza de trabajo por 100 más. Entonces, la inversión inicial es de 300, pero el valor final del producto es de 350. Este incremento de valor, esta plusvalía, la produce el trabajo excedente del obrero, es decir, aquél que se realiza más allá de la reproducción del valor de su fuerza de trabajo. Pongamos que el obrero trabaja en una fábrica de muebles durante ocho horas, pero que en sólo seis produce muebles por valor de 100, trabajo necesario para pagar el valor de la fuerza de trabajo. Entonces, las dos horas restantes es trabajo excedente, es la plusvalía.

Históricamente, en el capitalismo existen dos tipos de plusvalía: la absoluta, que consiste en alargar las horas de trabajo, y así el trabajo excedente, y la relativa, que consiste en aumentar la productividad y disminuir las horas de trabajo necesario.

Sea cual sea el tipo de plusvalía, la característica principal del capitalismo es la explotación de los trabajadores por parte de una minoritaria clase propietaria de los medios de producción, que se apropia privadamente la plusvalía producida socialmente. Esta relación social de producción es la raíz de la existencia de clases sociales y de la lucha entre ellas.

Luis Zhu


El capitalismo, creador de su propio sepulturero

Si el valor del sueldo equivaliera al valor del trabajo realizado no quedaría ningún beneficio neto susceptible de conferir un poder sobre el trabajo ajeno. Entonces, ¿de dónde salen los beneficios?

Aparecen porque el intercambio entre el trabajador y el capitalista esconde una desigualdad fundamental. Los dos tienen la capacidad de trabajar, pero solamente uno de los dos, el capitalista, tiene el control sobre las herramientas y los materiales necesarios para que el trabajo se lleve a cabo. Así, pretenden ser “creadores de riqueza”, “los que dan trabajo a otros”, pero de hecho, lo que hacen es robar el fruto del trabajo acumulado por los asalariados y después prohíben que se use para continuar produciendo si no se les permite seguir robando.

Así pues, la gran mayoría de la gente trabaja socialmente para que los beneficios caigan a manos privadas. El capitalista obtiene beneficios a base de servirse del trabajo ajeno porque posee los medios de producción y esclaviza a los trabajadores que no tienen elección: o morir de hambre o trabajar al servicio de los que los controlan.

Además, la burguesía, a lo largo de su dominio de clase, creó fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. Somos capaces de producir muchísimo. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, los avances en diferentes ámbitos de la ciencia y la tecnología nos hacen capaces de producir abundantemente y con excedentes, así como también nos permitirían reducir nuestras jornadas laborales y mejorar las condiciones de nuestros puestos de trabajo y salarios. Aun así, estamos en la era de los trabajos precarios, de contratos temporales, de jornadas prolongadas, de sueldos miserables, de hipotecas que no pueden pagarse. Vivimos rodeados de millones de personas que están por debajo del umbral de la pobreza.

Pero como todo aquello que funciona mal, el capitalismo tiene sus vacíos. Todas estas contradicciones son muestras de fracturas, debilidades intrínsecas que hacen que sea insostenible.

La dinámica del capitalismo, su máxima, es simple: los beneficios priman por encima de todo. De este modo, cada empresa debe maximizar sus beneficios. Si éstos parecen fáciles de conseguir muchas empresas incrementan su producción tan rápido como pueden. Abren nuevas fábricas, compran maquinaria y contratan a más gente, creyendo que será factible vender las cosas que se produzcan. Al hacer esto, abren el mercado a otras empresas, la producción aumenta y el paro disminuye.

Pero esto es imposible que dure. El mercado “libre” implica que no hay coordinación entre las empresas que compiten. La prisa ciega por obtener el máximo beneficio en el mínimo tiempo puede llegar fácilmente al agotamiento de las reservas existentes de materias primas, trabajadores cualificados y financiación para la industria. La subida de los costes pronto destruye los beneficios de algunas empresas que para protegerse lo único que pueden hacer es reducir la producción, echar a los trabajadores y cerrar fábricas. Del boom se pasa a la crisis.

Aparece el problema de la sobreproducción. Los productos se amontonan en almacenes porque la gente no puede permitirse comprarlo. Al reducir la demanda, los trabajadores se ven sin trabajo y por lo tanto pueden comprar menos cosas, lo que se reproduce en un incremento de la sobreproducción.

Estas crisis cíclicas, este ir y venir de capital, de desarrollo y pobreza, son las muestras más evidentes de que el capitalismo no es un sistema perfecto ni es el único que funciona como pretenden hacernos creer. El capitalismo a medida que proporciona capital también desarrolla una clase trabajadora capaz de derrumbarlo, capaz de organizarse para la producción y la repartición de los beneficios sociales.

Roser Vime

fuente

El Ocupante de la Habitación - Algernon Blackwood





El Ocupante de la Habitación
Algernon Blackwood

Llegó en la diligence amarilla bien entrada la noche, entumecido y lleno de calambres tras tres horas de fatigoso e interminable ascenso.
El pueblo, una masa compacta de sombras, dormía ya. Tan sólo delante del hotel persistía aún el bullicio, la luz y la animación... aunque sería ya por poco tiempo. Las caballerías, con la cabeza gacha y paso cansino, cruzaron solas la carretera arrastrando sus arneses por el polvo y desaparecieron en las cuadras; mientras la pesada diligencia, que parecía un gran escarabajo amarillo con las patas quebradas, se quedaba a hacer noche en el lugar hasta donde la habían conducido a rastras.

A pesar del cansancio físico, aquel maestro de escuela, que disfrutaba de las primeras horas de unas vacaciones que le habían costado diez guineas, estaba rebosante de felicidad. La paz que se respiraba en aquel alto valle alpino era maravillosa; las estrellas titilaban sobre los quebrados riscos del Dent du Midi, donde los relucientes neveros se destacaban espectrales sobre unas rocas que parecían de ébano, y el aire helado traía un aroma a pinares, a pastos empapados de rocío y a madera recién cortada. Embargado de una sensación en la que se mezclaban el placer y el asombro, pasó varíos minutos tratando de captar todos aquellos detalles, mientras los otros tres pasajeros daban indicaciones sobre su equipaje y se dirigían a sus respectivas habitaciones. Finalmente, se dio la vuelta, cruzó la basta estera de la entrada, y tras resistir a la tentación de detenerse a contemplar el mapa de las montañas que colgaba junto a la puerta, pasó al deslumbrante recibidor.

De pronto, un desagradable contratiempo hizo que bajara de las nubes y volviera a la cruda realidad. En la posada —la única posada que había— no quedaban habitaciones libres. Hasta los sillones de que disponía estaban ocupados...

¡Qué estúpido había sido de no escribir para hacer una reserva! Claro que, ahora que lo pensaba, le había resultado imposible, pues la decisión de venir la había tomado aquella misma mañana en Ginebra de forma repentina, cautivado por el espléndido día que había amanecido tras una semana de lluvias.

El portero, que lucía una chaqueta con ribetes dorados, y una vieja de facciones muy duras —le había llamado la atención la dureza de aquel rostro— no paraban de hablar y de gesticular mientras señalaban al pueblo en todas direcciones, haciéndole unas sugerencias que sólo comprendía a medias, pues sus conocimientos de francés eran limitados y el dialecto en que hablaban era algo verdaderamente espantoso.

«¡Allí —a lo mejor encontraba habitación— o sino allá! Pero aquí, hélas, está todo completo... más de lo que nosotros quisiéramos. ¡Mañana, quizá, si tal y cual dejan su habitación!» Al final, tras mucho encogerse de hombros, la anciana se quedó mirando al portero de la chaqueta ribeteada, y éste, a su vez, se quedó mirando con expresión somnolienta al maestro.

No obstante, obedeciendo a uno de esos misteriosos mecanismos que regulan la esperanza, que ni él mismo alcanzó a comprender, y siguiendo las indicaciones, completamente ininteligibles, que le había dado la anciana, salió finalmente a la calle y se encaminó hacia un oscuro grupo de casas que ella le había señalado. De lo único que estaba seguro era de que tenía la intención de aporrear una de aquellas puertas hasta que le dieran una habitación. Estaba demasiado cansado para detenerse a planear las cosas con más detalle. El portero había hecho ademán de acompañarle, pero en el último momento se dio la vuelta y se quedó hablando con la anciana. La borrosa silueta de las casas se vislumbraba en medio de la oscuridad. Corría un aire gélido y el valle entero retumbaba con las carreras y el estruendo de los cursos de agua. Pensaba vagamente que no tardaría en amanecer y que quizá tendría que pasar la noche dando vueltas por el bosque, cuando oyó un ruido sordo a sus espaldas y, al darse la vuelta, vio a una figura que se acercaba apresuradamente hacia él. Era el portero... que venía corriendo.

En el pequeño recibidor de la posada se reanudó una confusa conversación a tres bandas, salpicada de vez en cuando por coloquios en voz baja y apartes susurrados en dialecto entre la mujer y el portero, cuyo resultado final fue que «si a Monsieur no le parecía mal... después de todo, sí que había una habitación, en el primer piso... sólo que, en cierto modo, estaba "ocupada". Bueno, en realidad lo que pasaba era que...».

No obstante, el maestro se quedó con la habitación sin meterse en más averiguaciones sobre aquel embrollo, pues al fin y al cabo le había proporcionado de pronto justo lo que él quería. La ética profesional de los hosteleros no era cosa de su incumbencia. Si aquella mujer le ofrecía alojamiento no le correspondía a él ponerse a discutir sobre si estaba legitimada o no para hacerlo.

Mientras acompañaba al huésped a su habitación, el portero, que a todas luces estaba un tanto nervioso, le fue suministrando en una mezcla de francés y de inglés los detalles que la patrona había omitido, y Minturn, pues tal era el nombre de aquel maestro, no tardó en compartir aquel nerviosismo con él y en verse envuelto en la atmósfera de una posible tragedia.

Todo aquel que conozca esa emoción tan característica que producen los altos valles de montaña, uno de cuyos principales atractivos consiste en la realización de escaladas con peligro, comprenderá esa ligera sensación de alarma que suele ir asociada a tales paisajes. Cuando se alza la vista para contemplar los picos desolados que se remontan solitarios en las alturas, no se puede evitar pensar en esos hombres cuya diversión consiste en pasarse varios días y noches seguidos escalando las peligrosas cumbres que se elevan sobre un mar de nubes, y en conquistar, centímetro a centímetro, los picos helados que blanden permanentemente el oscuro pabellón del terror en el cielo. La atmósfera de aventura, aderezada con el posible espanto de una de las tragedias más horribles que quepa imaginarse, es inseparable de cualquier contemplación imaginativa de semejante paisaje; y lo que Minturn dedujo de las palabras del alarmado portero, no perdió nada de su miga a pesar de su desconocimiento del idioma.
Una inglesa, la legítima ocupante de la habitación, se había empeñado en ir a las montañas sin guía. Había partido hacía dos días justo antes de que amaneciera —el portero la había visto salir— y... ¡no había regresado! La ruta era difícil y peligrosa, pero no imposible para un escalador experto, aunque fuera solo. Y la inglesa era una montañera curtida. Pero también era una persona terca, que desdeñaba los consejos, le aburrían las advertencias y tenía una fe ciega en sí misma. Además era un tanto rara; no se mezclaba con los demás huéspedes y, a veces, se pasaba días enteros encerrada con llave en su habitación sin dejar entrar a nadie; vamos, una «excéntrica» de tomo y lomo.

Todo esto fue lo que Minturn sacó en claro de lo que el portero le fue contando mientras subía su equipaje y ponía un poco de orden en la habitación; pero hubo algo más. Se enteró también de que ya había salido una partida de rescate y que, por supuesto, podían regresar en cualquier omento. En cuyo caso... En fin, por eso, aunque la habitación estuviera desocupada, seguía siendo de ella. «Pero si a Monsieur no le importa correr el riesgo de tener que dejar la habitación en medio de la noche...» Dado que el locuaz portero parecía empeñado en aportar todo tipo de detalles que ponían en cuestión la validez de la transacción que acababa de realizar, Minturn lo despachó tan pronto como pudo y se dispuso a irse a la cama —que el propio portero había arreglado a toda prisa— para tratar de dormir el máximo de horas posible antes de que viniera alguien a decirle que se tenía que marchar.

La verdad es que al principio se sintió incómodo, francamente incómodo. Estaba en la habitación de otra persona. Realmente no tenía ningún derecho a estar allí. Era una intrusión imperdonable; y mientras deshacía el equipaje, giró en varias ocasiones la cabeza para mirar hacia atrás, como si temiera que alguien le estuviera observando desde alguna de las esquinas. Tenía la impresión de que, en cualquier momento, oiría pasos en el pasillo, llamarían a la puerta y, a continuación, ésta se abriría y vería a aquella fornida inglesa mirándole de arriba a abajo con furia. O aún peor: le oiría preguntarle qué hacía en su habitación, en su dormitorio. ¡Es cierto que podía darle una explicación convincente, pero de todos modos...!

Entonces, al darse cuenta de que ya estaba a medio desvestir, su mente captó durante un segundo la vertiente cómica de la situación, y soltó una carcajada... en voz baja. Pero, de inmediato, a la risa le sucedió aquella súbita sensación de tragedia que ya había experimentado antes. Puede que mientras él sonreía, el cuerpo de esa mujer yaciera roto y helado en esas cumbres espantosas, con los cabellos desordenados por la ventisca y los ojos vidriosos lanzando una mirada vacía a las estrellas... Sólo de pensar en ello se estremecía. La percepción que tenía de esa mujer, a la que no había visto nunca y de la que ni tan siquiera sabía el nombre, se volvió extraordinariamente real. Casi llegaba a imaginarse que se hallaba oculta en algún lugar de la habitación, observando todo lo que él hacía.

Abrió la puerta con cuidado para dejar fuera las botas, y cuando la cerró de nuevo, echó la llave. Después, acabó de deshacer el equipaje y distribuyó las pocas cosas que había traído consigo por la habitación. No tardó mucho en hacerlo; sólo tenía un pequeño baúl de viaje y una mochila y, además, el único lugar donde se podían extender las ropas era el sofá. No había cómoda, y el armario, un mueble excepcionalmente sólido y grande, estaba cerrado con llave.
Era evidente que habían guardado a toda prisa las ropas de la inglesa en aquel mueble. El único signo que indicaba su presencia reciente en la habitación era un ramo de Alpenrosen marchitas, colocadas en un jarrón de cristal que había sobre el palanganero. Eso, y un vago olor a perfume, era todo lo que quedaba. No obstante, a pesar de la escasez de vestigios, por toda la habitación se respiraba la extraña y desagradable sensación de que ésta seguía estando ocupada. Durante un instante se palpaba en el ambiente una sutil presencia que parecía susurrar un «acabo de salir», que al convertirse de pronto en un tajante «aún sigo aquí», hacía que se diera rápidamente la vuelta para mirar a sus espaldas.

La aversión que sentía hacia esa habitación en su conjunto era muy singular; y es precisamente la fuerza de ese sentimiento, la única excusa que quizá se pueda esgrimir para justificar el hecho de que arrojara aquellas flores marchitas por la ventana y colgara después su gabardina de la puerta del armario, procurando taparlo lo máximo posible. Lo cierto es que la visión de aquel horrible y gigantesco armario, lleno de la ropa de una mujer que en aquel momento quizá ya no necesitara nada con que cubrir su cuerpo (pues así era como insistía en presentársela su imaginación), provocaba en él una sensación de incongruencia que no sólo le llenaba de perplejidad sino que, además, se iba abriendo paso en su mente hasta transformarse en un sentimiento de espanto verdaderamente grotesco. Sea como fuera, la visión de aquel armario le desagradaba y, casi por puro instinto, lo había tapado. Luego, tras apagar la luz, se metió en la cama.

Pero desde el preciso instante en que la habitación quedó a oscuras, se dio cuenta de que aquello era más de lo que él podía soportar; pues nada más hacerse la oscuridad, sintió una especie de corriente de aire helado que no alcanzaba a explicarse. Y lo curioso es que, al encender la vela que había junto a la cama, advirtió también que le temblaban las manos.

La verdad es que aquello era ya demasiado. Su imaginación se estaba tomando muchas libertades y había que llamarla al orden. Pero la forma en que lo hizo fue muy significativa, y el propio carácter deliberado de su acción ponía al descubierto un estado mental que ya había dado cabida al miedo. Y una vez que el miedo se ha metido dentro es muy difícil expulsarlo. Se recostó sobre su codo y se puso a enumerar con sumo cuidado todos los objetos que había en la habitación, con la intención, por así decirlo, de hacer un inventario de todo aquello que percibían sus sentidos, para después trazar una línea, sumarlos y exclamar con decisión: « ¡Esto es todo lo que hay en esta habitación! He contado todas y cada una de las cosas. No hay nada más. ¡Ahora ya puedo dormir tranquilo!».

Fue precisamente durante el absurdo proceso de enumerar los muebles de la habitación, cuando se apoderó de él una terrible y angustiosa sensación de lasitud que casi le impidió acabar sus cuentas. Le acometió con una rapidez y una virulencia asombrosas que hicieron que, sin apenas darse cuenta, se viera abrumado por una molicie atroz difícilmente descriptible. Su primer efecto fue hacerle olvidar su miedo. Ya no tenía la energía suficiente para sentirse verdaderamente asustado o nervioso. El frío permanecía, pero la alarma había desaparecido. Por todos los rincones de aquella personalidad, por lo general vigorosa, se fue extendiendo lentamente el insidioso veneno de una fatiga muscular que, al cabo de unos segundos, pareció transformarse en inercia espiritual. Una súbita conciencia de la supina futilidad y del absurdo de la vida, del esfuerzo, de la lucha; de todo lo que hace que vivir merezca la pena, se fue infiltrando en cada fibra de su ser, dejándole en un estado de extrema debilidad. El espíritu de un negro pesimismo, al que le faltaban fuerzas incluso para manifestarse con cierta energía, invadió las cámaras secretas de su corazón...

Todas las imágenes que le venían a la mente aparecían envueltas en grises sombras. ¡Esos caballos sudorosos y aburridos, ascendiendo trabajosamente... a ninguna parte! La patrona aquella de las facciones tan duras, tomándose tanto trabajo en conseguir que su afán de lucro se impusiera sobre su sentido moral... ¡por un puñado de francos! ¡El portero del traje ribeteado; tan quisquilloso, tan locuaz, tan agotador... ardiendo en deseos de contarle todos los chismes que sabía! ¿Para qué servía toda esa gente? Y, en cuanto a él, ¿qué sentido tenía el trabajo penoso y monótono en aquella escuela de la que era maestro? ¿A dónde conducía aquello? ¿De qué valía tanto incierto afán, cuando los secretos últimos de la vida permanecen ocultos y nadie sabe cuál es el sentido final de las cosas? ¡Qué absurdos eran el esfuerzo, la disciplina, el trabajo! ¡Qué vano el placer! ¡Qué triviales hasta las cosas más nobles de la vida!

Dando un salto que casi derribó la vela, Minturn trató de hacer frente a aquel estado de decaimiento. Ese tipo de ideas eran tan ajenas a su carácter habitual, que aquella invasión repentina y cobarde produjo una reacción inmediata. Pero sólo duró un momento. Al instante, la depresión volvió a abatirse sobre él como una ola. Su trabajo —que a fin de cuentas como mucho le permitiría aspirar al tedioso cargo de director de colegio— le parecía tan vano y tan absurdo como aquellas vacaciones en los Alpes. Qué idiota, qué rematadamente idiota había sido de venir aquí, con su mochila a cuestas, para no hacer otra cosa que matarse de cansancio por aquellas montañas en un ascenso agotador que no conducía a ninguna parte, que nada le podía reportar. El estado de ánimo que le poseía era tan lóbrego como una tumba.¡La vida no era más que un repugnante fraude! ¡La religión, un camelo pueril! Todas las cosas no eran más que una trampa; una trampa tendida por la muerte: ¡un juguete de vivos colores que la Naturaleza utiliza como señuelo! ¿Pero, un señuelo, para qué? ¡Para nada! Nada tenía sentido. Lo único real era... LA MUERTE. Y la gente más feliz eran aquellos que antes la encontraban.

Entonces, ¿por qué esperar a que llegue?

Absolutamente aterrorizado, saltó de la cama como impulsado por un resorte. ¿Cómo era posible que la mera fatiga pudiera alumbrar un universo tan negro, una actitud tan depresiva, una cobardía que hacía que se tambalearan las raíces mismas de la vida, asestándoles semejante golpe de desesperanza? Por lo general él era una persona fuerte y alegre, rebosante de salud y de vida; pero aquella lasitud atroz arrasaba las bases mismas de su personalidad, conduciéndole a la nada y al deseo de morir. Era como si hubiera desarrollado una Segunda Personalidad. Cierto que había leído que algunas personas, tras sufrir una fuerte impresión, podían llegar a desarrollar como consecuencia de ello unos rasgos de carácter distintos, otros
recuerdos, otros gustos y demás cosas por el estilo. Aquella posibilidad siempre le había asustado. Sabía que algunos científicos respaldaban la autenticidad de tales historias, pero a él no le parecía que fueran muy creíbles. Y, no obstante, algo similar a eso era lo que le estaba ocurriendo ahora a su propia conciencia. Estaba, de eso no le cabía ninguna duda, experimentando todas las fluctuaciones mentales... ¡de otra persona! Era algo inmoral. Algo espantoso. Era... bueno, la verdad es que también era algo enormemente interesante.

Y aquel interés que comenzaba a sentir fue el primer signo de que su yo normal estaba regresando. Pues quien siente interés por algo, está vivo, y ama la vida.
De un salto, se plantó en medio de la habitación y encendió la luz. Lo primero que captó su atención fue... aquel enorme armario.

—¡Vaya! ¡Ahí está... esa monstruosidad de armario! —exclamó para sí sin querer, aunque en voz alta. Dentro estarían colgadas sus faldas, sus abrigos, sus blusas de verano; todas las ropas de la mujer muerta. Porque ahora sabía que —de uno u otro modo— aquella mujer tenía que estar muerta.

En ese momento, a través de las ventanas abiertas, irrumpió el sonido del agua que caía, y con él llegó también una vívida imagen mental de la desolación de las cumbres barridas por la ventisca. Entonces vio a la mujer —¡sí, verdaderamente la vio!— en el lugar donde había caído; las mejillas cubiertas de escarcha, la nieve en polvo arremolinándose en torno a sus cabellos y a sus ojos, sus extremidades rotas aprisionadas entre bloques de hielo. Por un momento, aquella sensación de lasitud, de vacío vital, se desvaneció ante aquella imagen de un esfuerzo inútil, de la pequeña fuerza de un ser humano peleando con coraje, aunque en vano, contra las potencias impersonales y despiadadas de la naturaleza inerte; y, de nuevo, recuperó su yo habitual. Sin embargo, un instante después, regresó otra vez el terrible frío, la nada, el vacío...

Se descubrió a sí mismo de pie frente al gran armario que guardaba las ropas de aquella mujer. De repente quería ver esas ropas; las cosas que ella había usado y llevado. Estaba muy cerca, casi podía tocarlo. Y un segundo después ya lo había tocado. Estaba golpeando con los nudillos en la madera.

Es difícil saber por qué lo hizo. Probablemente se trató de un movimiento reflejo. Algo desde lo más profundo de su ser se lo había dictado... se lo había ordenado; y él, había golpeado la puerta. El sonido sordo de la madera en medio de la quietud de aquella habitación... le horrorizó. El porqué de aquel sentimiento era algo que le resultaba tan inexplicable como la razón por la que se había sentido impulsado a llamar a aquella puerta. El hecho es que, cuando oyó una leve reverberación en el interior del armario, tuvo una conciencia tan vívida de la presencia de la mujer que se quedó de pie temblando con una terrorífica sensación de que algo iba a ocurrir; casi esperaba oír que desde el interior le respondían con un golpe —quizá sólo el frufrú de las faldas colgadas— o, aún peor, que veía como aquella puerta cerrada con llave se abría lentamente hacia afuera.

A partir de ese momento asegura que, de un modo u otro, debió perder parcialmente el control sobre sí mismo, o al menos, una parte importante de su sentido común; pues se vio poseído por un deseo tan irresistible de abrir como fuera aquel armario y de ver las ropas que había dentro, que probó todas las llaves que había en la habitación en un vano intento de abrirlo, hasta que, finalmente, antes de que tuviera tiempo de darse cuenta de lo que hacía... ¡llamó al timbre!

Pero, tras haber llamado al timbre a las dos de la madrugada, sin que hubiera ninguna razón sensata u obvia para hacerlo, y mientras esperaba de pie en medio de la habitación a que viniera algún empleado, se dio cuenta por primera vez que algo ajeno a su ser normal le había impulsado a hacer aquello. Era como si una voz interna le dictara lo que tenía que hacer. Por eso, cuando finalmente se oyeron pasos que se acercaban por el pasillo, y tuvo frente a frente a una doncella adormilada, enojada y muy sorprendida de que la hubieran llamado a esas horas, no tuvo ninguna dificultad en encontrar palabras con las que expresar sus deseos. Aquel mismo poder que le había apremiado a que abriera la puerta del armario también le impelía a pronunciar unas palabras sobre las que, aparentemente, no tenía control alguno.

—¡No es a usted a quien he llamado! —dijo con decisión e impaciencia—. Necesito a un hombre. Despierte al portero y envíemelo inmediatamente. ¡Dése prisa! ¿Es que no rne ha oído? ¡Dése prisa!

Cuando la chica se hubo marchado, Minturn, asustado de su propia severidad, se dio cuenta de que aquellas palabras le habían sorprendido a él tanto o más que a la propia doncella. Hasta que no salieron de sus labios no supo exactamente qué era lo que iba a decir. No obstante, comprendía que alguna fuerza ajena a su personalidad estaba utilizando su mente y los órganos de su cuerpo. Aquella negra depresión que le había poseído hacía poco también formaba parte de ello. De algún modo, el poderoso estado de ánimo de la mujer desaparecida se había apoderado de él momentáneamente; con toda seguridad debido a la atmósfera que creaba en la habitación la presencia de cosas que le habían pertenecido. Pero ni siquiera cuando el portero —sin chaqueta ni cuello duro— se hallaba ya junto a él en la habitación, consiguió comprender por qué insistía, hecho una verdadera furia y sin admitir un no por respuesta, en que buscara la llave del armario y abriera inmediatamente la puerta.

La escena resultaba bastante curiosa. Tras realizar un intercambio de susurros de asombro con la doncella al fondo del pasillo, el portero se las arregló para encontrar y traer la llave en cuestión. Ni él ni la chica sabían a ciencia cierta qué era lo que pretendía aquel inglés tan nervioso, o por qué ponía tanto empeño en que se abriera un armario a las dos de la madrugada. Le observaban con el aire de quien no puede dejar de preguntarse qué será lo que va a ocurrir a continuación. Sin embargo, algo de la extraña seriedad y del miedo que ahora apreciaban en aquel hombre se les contagió, de modo que cuando la llave chirrió al introducirse en la cerradura, los dos pegaron un respingo.

Contuvieron el aliento mientras la puerta se abría lentamente con un crujido. Todos oyeron el ruido de otra llave al caer contra el suelo de madera del armario... por dentro. Había sido cerrado desde el interior. Pero fue la aterrorizada doncella, desde su posición en el pasillo, quien lo vio primero; y lanzando un grito desgarrador se desplomó contra el pasamanos de la escalera.

El portero no hizo intento alguno de rescatarla. Tanto él como el maestro salieron corriendo hacia la puerta, que ahora se hallaba completamente abierta. También ellos lo habían visto.

Colgadas de las perchas no había ropas, ni faldas, ni blusas; lo que vieron fue el cuerpo de la mujer inglesa suspendido en el aire con la cabeza caída hacia delante. Sacudida por el movimiento que se había producido al abrir la puerta, el cuerpo había ido girando lentamente hasta darles la cara... Clavado en la parte de atrás de la puerta había un sobre del hotel con las siguientes palabras escritas con letra temblorosa:

«Cansada... infeliz... desesperada... deprimida... No puedo seguir haciendo frente a la vida... Todo es negro. Tengo que poner fin a esto... Quería hacerlo en las montañas pero tuve miedo. Volví a mi habitación cuando no vi a nadie. Así es más fácil, y mejor...»

Blackmore's Night - Village Lanterne



Blackmore's Night - Village Lanterne (2006)



1. 25 Years
2. Village Lanterne
3. I Guess It Doesn't Matter
4. The Messenger
5. World Of Stone
6. Faerie Queen
7. St. Teresa
8. Village Dance
9. Mond Tanz / Child In Time
10. Streets Of London
11. Just Call My Name
12. Olde Mill Inn
13. Windmills
14. Street Of Dreams
15. Call It Love (bonus performed by Candice Night)
16. Street Of Dreams (bonus featuring Joe Lynn Turner)



Blackmore's Night - Village Lanterne
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Género





Dos mujeres prominentes son las precursoras de la categoría de género. La primera, la antropóloga Margaret Mead, que en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies, publicado en 1935, llegó a la conclusión de que los roles sociales asignados a los sexos no eran de origen biológico sino culturales. La segunda, la gran escritora francesa Simone de Beauvoir, quien resumió el asunto en una frase famosa: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer”.

Hasta los años cincuenta del siglo pasado se creía que la persona, al nacer hombre o mujer, ya venía con una marca de fábrica que le asignaba no sólo lo que podía o debía hacer, sino incluso cómo debía comportarse en sociedad (temperamento). Lo cual fue, y sigue siendo, fuente de sufrimiento para incontables personas en todo el mundo.
Todos lo hemos escuchado: las niñas deben portarse bien y estarse quietecitas; los varones pueden ser desordenados o violentos. Oaquello de “los hombre no lloran”, “ni juegan con muñecas”. Los hombres a la mecánica o andar por la calle, las chicas a estarse en casa y aprender las labores domésticas. Y luego se casaban y el cura santificaba: “seguirás a tu marido donde quiera que vaya”.

Gracias a la observación de otras culturas, la antropología, la sociología y la sicología, descubrieron que las expectativas que la sociedad se hace sobre el sexo de una persona no tienen que ver nada con la biología, sino que son una construcción cultural. Dicho más científicamente, el “género” o “rol sexual está definido socialmente”. Es decir, depende de la sociedad donde naces y vives.

pintura:InésRubiales

Blackmore's Night - Fires At Midnight


Blackmore's Night - Fires At Midnight (2001)



1 Written In The Stars (4:49)
2 The Times They Are A Changin' (3:33)
3 I Still Remember (5:42)
4 Home Again (5:27)
5 Crowning Of The King (4:31)
6 Fayre Thee Well (2:08)
7 Fires At Midnight (7:36)
8 Hanging Tree (3:47)
9 Storm (6:11)
10 Mid Winter's Night (4:30)
11 All Because Of You (3:36)
12 Waiting Just For You (3:16)
13 Praetorius (Courante) (1:57)
14 Benzai-Ten (3:52)
15 Village On The Sand (5:04)
16 Again Someday (1:42)



Blackmore's Night - Written In The Stars
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América, Abya Yala: Tierra, gritaron...



América, Abya Yala: Tierra, gritaron... para ellos era el año 1492...

Ingrid Storgen

A más de 500 años de la entrada a América de la muerte legalizada e instigada por un trono cubierto de oro, esmeraldas y amoralidad ilimitada, para muchos el 12 de Octubre es nada más que un feriado.


…y se tiño de sangre nuestra América recién descubierta. Se salvó Cristóbal Colón de un tremendo escarmiento cuando 120 marineros que iban en las carabelas en pos del Nuevo Mundo, se amotinaran pensando que los estaban llevando a una muerte segura. Y no estaban equivocados. Pero la muerte, selectiva, prefería la piel cobriza de los habitantes de las tierras americanas, mientras se frotaba las frías manos imaginando el banquete que la agreste geografía a la vista habría de proporcionarle. Pieles cobrizas, “salvajes” que supuestamente irían a recibirlos con los brazos abiertos como corderos listos para el sacrificio.



Llegaban los “salvadores” y el arribo se producía en nombre de la fe y amparado por el dogma, con proyecto expropiador, genocida. Crucifijos en alto, Dios en las bocas, y los cuerpos de los conquistadores atrapados en corazas de acero por las dudas que el “salvajismo” intentara romper las sagradas carnes que “sólo querían proporcionar cultura y domesticación”. ¿Habrase visto “herejía” más grande que la de esos indígenas que honraban a la madre tierra, al sol y al agua, en vez de arrodillarse ante la mención de un Dios con todas las características europeas? Los reyes de España esperaban ansiosos las noticias que hablaran de triunfo y de hallazgo de grandes recursos naturales que pasarían a engrosar las arcas de la corona.

Cuánta ansiedad habría en aquellas épocas sin internet, faxes ni celulares. Qué libre volaría la imaginación de los que abrieron las puertas del mercantilismo capitalista que llegó para permanecer hasta nuestros días. Pisaron tierra que jamás volvió a ser de los habitantes paridos por esas tierras. Pisaron tierra a fuerza de terror y la anegaron en sangre. La misión había triunfado, la religión pegó un salto cuantitativo y ya nada volvió a ser como era entonces. A partir de la nefasta llegada, miles de nativos fueron “convertidos” a la religión católica, o sea, claramente, pasaban a ser súbditos de los Reyes de España a fuerza de filo de espadas y escupidas de fuego de esas armas extrañas que asolaban todo a su paso. Hombres, mujeres, niños, ancianos, hasta la cultura nativa caía asesinada. Grandes hogueras se alimentaron con cuerpos, filosas espadas ostentaban como trofeo los cuerpecitos de las criaturas nonatas arrancadas del vientre de sus madres, mientras sus padres eran pasados a degüello por ser atrevidos infieles a la sacrosanta fidelidad de los artífices de las ambiciones más degradantes. Rumbo a Europa expectante, partían los barcos cargados con mucho más de 200 mil kilos de oro y millones de libras de plata pura, los ojos de la corona se abrían hasta parecer soles de odios y saqueo ante la maravilla jamás vista hasta el momento. América india recibió el mayor saqueo, el más genocida de los robos fue cometido en estas tierras “bárbaras”. Colón y demás miembros del equipo infernal fueron catalogados héroes por la historia que siempre se inclina a favor de la muerte y la apropiación. Los indígenas que según fuentes se contabilizaban en unos70 millones, fueron reducidos a una décima parte luego de 150 años de la conquista y cuando el trabajo sucio recayó en nuevos “héroes” que hasta gozan, post mortem, de fabulosos monumentos reivindicativos de su “hazaña” genocida. No hubo gobierno, hasta el momento, que se atreva a bajar de sus pedestales inmundos a los continuadores de la obra terrorífica que causa vergüenza a quienes respetamos el heroísmo de nuestros nativos. A 20 años de la llegada de los “santos” conquistadores, los habitantes de las islas del Caribe fueron prácticamente exterminados. En las minas de plata, de Potosí, quedaron los pulmones reventados de los indígenas que trabajaban día y noche para enriquecer al viejo continente. 500 mil víctimas anuales quedaron como saldo de semejante atrocidad durante los primeros 150 años de exterminio que trajeron la “cultura y el desarrollo”, ¿acaso encontraremos crímenes tan bestiales como celebrados? Más de 500 años de dominación extranjera, las culturas Azteca, Inca, Maya fueron devastadas y a ello le llamaron progreso, aunque muchas comunidades resistieron con estoicismo el saqueo, dando cátedra de altura moral aunque tan poco se hable de ello. La ferocidad de la conquista logró opacar ante los desmemoriados, las luchas genuinas y bravas que se oponían a su exterminio, al despojo y a la violación de sus hijas y mujeres. No hubo monumentos para estos rebeldes, tampoco avenidas donde hayan estampado sus nombres inolvidables,la historia que escriben los ganadores siempre resulta más creíble para las mentes cerradas que responden a los intereses más mezquinos. Hubo un Tupac Catari que se animó a gritar ante el invasor “volveré y seré millones”, pero hasta esa frase le fue arrebatada para atribuírsele a alguna otra persona, como parte del continuo saqueo cultural y la tergiversación de la historia. Pero volvió nomás, aquí cerquita, en esa Bolivia que resiste los embates de la colonización moderna que actúa en colaboración con la CIA y de los grandes pulpos internacionales. Volvió siendo millones en Ecuador, en Guatemala, en República Bolivariana de Venezuela, en el pueblo mapuche, en el aymara y volverá en cada pueblo que se anime a reivindicar esa historia olvidada. Volvió también La Gaitana, Cacica de Tamana de esa Colombia herida de muerte por el Terrorismo de Estado que perdura hasta nuestros días. Va La Gaitana esta vez empuñando la Espada de Bolívar que da vueltas en el continente y en cada lugar del mundo donde la opresión deja más víctimas y más dolor. Vuelven los pijaos y vuelven los paeces. Volvió el Indio Hatuey vuelto cenizas en una hoguera por no aceptarla “salvación” de su alma ofrecida por un sacerdote, que recibió como escupitajo de dignidad una pregunta más incisiva que la espada, lanzada por la boca de Hatuey: “Hay gente como ustedes en el cielo”?Y cuando el sacerdote respondiera: “hay muchos como nosotros”, Hatuey atacó con el filo de su lengua: “no deseo saber nada de un dios que permite que tal crueldad fuera hecha en su nombre”. Hoy, a más de 500 años de la entrada a América de la muerte legalizada e instigada por un trono cubierto de oro, esmeraldas y amoralidad ilimitada, para muchos el 12 de Octubre es nada más que un feriado. En algún lado y para beneficiar el turismo interno, ese feriado es móvil y se lo corre hacia el lunes 13. Será esa la manifestación de repudio a un día que no puede considerarse festivo, sino que debe ser un innegable día de lucha, memoria colectiva, reflexión? »»Día de duelo y de dolor añejo.- ¿Será que es más interesante mantener el capitalismo salvaje que entró para quedarse, en lugar de honrar con el recuerdo y respeto la memoria de nuestros primeros habitantes, dueños legítimos de estas tierras oprimidas? ¿Será que tenemos temor de tomar posicionamiento por las víctimas que dejó la historia y que la eterna desmemoria se encargó de catapultar entre las frías paredes del olvido que es tan asesino como la más brutal de las armas? Nuestros indígenas no merecen semejante afrenta, merecen nuestro homenaje, nuestro recuerdo y hasta nuestra vergüenza ajena. Merecen un día de duelo, porque su sangre no puede haber sido derramada en vano. No obstante la hipocresía reinante, vuelve la conciencia indígena para recordarnos que un día, comenzó unahistoria, cuando algunosgritaron ¡¡Tierra…!! Y la saquearon… Ante esa conciencia viva, sin embargo, muchos nos ponemos de pie gritando ¡bravo hermanos, estamos con ustedes!

Tantos reservan hoteles y resorts dónde irán a pasar el feriado largo, otros rendimos culto a nuestros mártires honrados por el latido de nuestros corazones.

fuente


pintura:EmaCruz-Emergiendo al meztizaje
(Serie Corazón y rostros Mayas)

Día de la raza o del genocidio?



"Deberíamos revisar el sentido de "celebrar" el 12 de octubre como el día de la Raza. Distintas comunidades indígenas, los auténticos dueños de la Tierra, proponen, con tino y agudeza, conmemorar el 11 de octubre como el "Último día de libertad de los pueblos indígenas de América".
Y no olvidemos el proverbio Mapuche acerca que "nadie es dueño de la Tierra, la recibe en préstamo cuando nace y la debe devolver a la naturaleza más próspera y fértil cuando se va".(Publicado por Adolfo Calatayu)







Lo siguiente es una Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea (08/02/2002). Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea, el Cacique Guaicaípuro Cuatemoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo:

“El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan MARSHALLTESUMA'', para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización. Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados ..por el Fondo Indoamericano Internacional?

Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal. En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman, según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los Indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica...”

Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatemoc dió su conferencia ante la reunión de JEFES DE ESTADO DE LA COMUNIDAD EUROPEA, no sabían que estaba exponiendo una tésis de Derecho Internacional para determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA, ahora sólo resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el reclamo ante los Tribunales Internacionales. Entonces....A arreglar cuentas, Señores!

Pintura: Hebe Gardes

Leer a Galeano sobre el 12 de Octubre.

El Tálamo Eterno - César Vallejo


El Tálamo Eterno

Sólo al dejar de ser, Amor es fuerte!
Y la tumba será una gran pupila,
en cuyo fondo supervive y llora
la angustia del amor, como en un cáliz
de dulce eternidad y negra aurora.
Y los labios se encrespan para el beso.
como algo lleno que desborda y muere;
y, en conjunción crispante,
cada boca renuncia para la otra
una vida de vida agonizante.
Y cuando pienso asi, dulce es la tumba
donde todos al fin se compenetran
en un mismo fragor;
dulce es la sombra, donde todos se unen
en una cita universal de amor.

César Vallejo

Alice in Chains - Facelift


Hard-Rock/Grunge
Alice in Chains - Facelift (1990)



1. "We Die Young" 2:32
2. "Man in the Box" 4:46
3. "Sea of Sorrow" 5:49
4. "Bleed the Freak" 4:01
5. "I Can't Remember" 3:42
6. "Love, Hate, Love" 6:26
7. "It Ain't Like That" 4:37
8. "Sunshine" 4:44
9. "Put You Down" 3:16
10. "Confusion" 5:44
11. "I Know Somethin" 4:21
12. "Real Thing" 4:03



Alice In Chains - We Die Young
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El Mito Azteca de la Creación



El Mito Azteca de la Creación

Por los caracteres y escrituras y por relaciones de los viejos y de los que en tiempo de su infidelidad eran sacerdotes y papas, por lo que dijeron los señores principales a quienes se criaba en los templos y enseñaba la ley para que la difundiesen; juntos ante mí, con sus libros y figuras antiguas, muchas de ellas, untadas con sangre humana, relataron el inicio. Parece que tenían a Tonacatecuhtli, quien tuvo por mujer a Tonacacihuatl (conocida también como Xochiquetzal). Ellos fueron señor y señora de nuestra carne y se criaron en el decimotercer cielo, de cuyo principio no se supo jamás. Engendraron a cuatro hijos. El mayor, Tezcatlipoca rojo, nombrado así porque nació colorado. Los Uexotzinco y Tlaxcala, lo tenían por su dios principal y le llamaron Camaxtli.



Al segundo hijo lo nombraron Tezcatlipoca negro, el peor de los tres porque fue el que más mandó y pudo porque nació negro en medio de todos los seres y cosas. Al tercero llamaron Quetzalcoatl, conocido también como “Noche y viento”., mientras que al último y más pequeño lo llamaron “Señor del Hueso” o “La culebra con dos Cabezas”, a quien los mexicanos tuvieron como su dios principal y denominaron Huitzilopochtli.De los cuatros hijos de la primera pareja (Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl), Tezcatlipoca negro era omnipresente, conocía todos los pensamientos y los corazones; así es que lo llamaron Moyocoya, cuyo significado es el de todopoderoso. Su hermano menor, Huitzilopochtli (dios del pueblo mexicano) nació sin carne, con los huesos desnudos. Así se mantuvo durante los seiscientos años de quietud entre los dioses, etapa en la que nada hicieron.

Pasado el largo período, los cuatro hijos de Tonacatecuhtli se juntaron para ordenar lo que habrían de hacer y la ley que tendrían. Convinieron en nombrar a Quetzalcoatl y Huizilopochtli para que impartieran las órdenes. Entonces, por comisión y parecer de los otros dos, hicieron el fuego, después medio sol que como no estaba entero alumbraba poco y luego hicieron al hombre -Oxomoco- y a la mujer llamada Cipactónal. Les dieron la orden de que no holgaran, sino que trabajaran siempre. A él lo mandaron a labrar la tierra mientras ella hilaba y tejía. De esta primera pareja humana nacieron los macehuales. Cipactónal recibió el don de la curación a través de ciertos granos de maíz que le fueron entregados por los dioses para la cura, las adivinanzas y hechicerías como acostumbran a hacer hoy día las mujeres.

Terminada su tarea con los primeros hombres, los dioses hicieron los trescientos sesenta días del año que dividieron en dieciocho meses de veinte días cada uno. Luego crearon a los dioses que habitaron el infierno: al “Señor del Inframundo” y a su señora, la “Señora del Inframundo”.Les llegó la hora de crear los cielos y comenzaron por el más alto, desde el decimotercero para abajo para continuar con la creación del agua en la que criaron a un pez grande que llamaron Cipactli, parecido al caimán. Se juntaron los cuatro hermanos (hijos de la primera pareja) y crearon a Tláloc y a Chalchiutlicue, quienes fueron dioses del agua, a los que se les pedía cuando tenían de ella necesidad. Como estaban los cuatro juntos, hicieron del pez Cipactli la tierra, a la cual llamaron Tlaltecuhtli, portándola como deidad, sostenida por el pescado que la había engendrado. Otros dijeron que la tierra fue creada por los dioses Quetzalcoalt y Tezcatlipoca, quienes bajaron a tierra a la diosa del cielo. Ella tenía las articulaciones completamente cubiertas de ojos y bocas con las que mordía como una bestia salvaje. Antes de que la bajaran había agua (que nadie sabe quién creó) sobre la cual la diosa caminaba. Cuando vieron esto, los dioses se dijeron: “Es necesario hacer la tierra”, y diciendo esto se convirtieron los dos en grandes serpientes. Transformados, una de las serpientes agarró a la diosa de la mano derecha y el pie izquierdo y la otra de la mano izquierda y el pie derecho, jalaron tanto que la partieron por la mitad. Con la parte de atrás de los hombros hicieron la tierra, y la otra mitad la llevaron al cielo.

Los otros dioses se enteraron y se enojaron mucho, entonces para recompensar a la diosa de la tierra por el daño que le habían hecho, los dioses descendieron todos del cielo y ordenaron que de ella salieran los frutos necesarios para la vida de los hombres: de sus cabellos hicieron los árboles y flores, de su piel las pequeñas hierbas y flores, de los ojos hicieron los pozos, las fuentes y las pequeñas cavernas, de la boca los ríos y grandes cavernas mientras que de los agujeros de la nariz y de los hombros, los valles de las montañas y las montañas mismas respectivamente. La diosa lloró algunas veces durante las noches, incansablemente. Quería comer corazones de hombres y únicamente callaba cuando se los daban; y sólo llevaba fruta si estaba rociada con sangre humana. (*)


(*) Fuente: Versión de Andrés Manrique de Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y Muiscas; compilado por Walter Krickeberg; ed. Fondo de Cultura Económica.


No hay más pecado que el de estupidez



“No hay más pecado que el de estupidez”
Oscar Wilde

Pues la estupidez es, en considerable proporción, el pecado de omisión, la perezosa y a menudo voluntaria negativa a utilizar lo que la Naturaleza nos ha dado, o la tendencia a utilizarlo erróneamente.
Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos.
Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el papel del tonto. En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto cabal y perfecto.
Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste a ponerlos sobre aviso, pues la ignorancia de la estupidez equivale a la bienaventuranza.

Historia de la Estupidez Humana
Paul Tabori

Pecado





" Platón, 400 años antes de Cristo, o Cicerón, más de 300 años después, consideraron la idea de culpa en todos sus grados y matices, pero no la del pecado.

La culpa en todos sus matices, sólo se refiere a una falta o defecto del individuo, el pecado en cambio implica una mácula que afecta a todo el género humano y no sólo al individuo.

El pecado es la más misteriosa y triste de las ideas."

Seres Imaginarios y reales. Thomas de Quincey

foto:Gary Brown

E Nomine - Das Dunkle Element


E Nomine - Das Dunkle Element ( 2008)



* 1. Das Dunkle Element (Opening)
* 2. Wiegenlied (Album Version)
* 3. Element Interlude 1
* 4. Heilig (Single Version)
* 5. Element Interlude 2
* 6. Mala (Album Version)
* 7. Element Interlude 3 (Gebet)
* 8. Der Ring Der Nebelungen (New Version)
* 9. Element Interlude 4
* 10. Per L'Eternita (Album Version)
* 11. Element Interlude 5 (Spirale)
* 12. Spiegelbilder (Album Version)
* 13. Element Interlude 6 (des Lichts)
* 14. Carpe Noctem (Album Version)
* 15. Element Interlude 7
* 16. Wer Den Wind Sat... (Album Version)
* 17. Element Interlude 8
* 18. Espiritu Del Aire (Album Version)
* 19. Element Interlude 9
* 20. Ein Neuer Tag (Album Version)



E Nomine - Espiritu del Aire
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Nos quieren callar




Chats vigilados, blogs eliminados, sitios web bloqueados, motores de búsqueda restringidos. Internet es un medio excelente para compartir ideas y ejercer la libertad de expresión. Sin embargo, cada vez se intenta más controlarlo.
Con ayuda de algunas de las mayores empresas de tecnologías de la información del mundo, los gobiernos están tomando medidas represivas contra la libertad de expresión.


No busques Disco[teca], lo eliminaron, y ya van...

Seis meses...


Seis meses...

¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido
un beso, una palabra, un hálito, un sonido...
y, a pesar de mi fe, cada día evidencio
que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...

Si yo me hubiere muerto, ¡qué mar, qué cataclismos,
qué córtices, qué nieblas, qué cimas ni qué abismos
burlaran mi deseo febril y omnipotente
de venir por las noches a besarte en la frente,
de bajar, con la luz de un astro zahorí,
a decirte al oído: «¡No te olvides de mí!»

Y tú, que me querías tal vez más que te amé,
callas inexorable, de suerte que no sé
sino dudar de todo, del alma, del destino
¡y ponerme a llorar en medio del camino!
Pues con desolación infinita evidencio
que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...

Amado Nervo

E-Book: libertad o derechos de autor




Libros electrónicos: libertad o derechos de autor
Richard Stallman


Érase una vez, en la era de la prensa escrita, una regulación industrial que fue establecida para cubrir el negocio de la escritura y la publicación. Se la llamó derechos de autor. El propósito de los derechos de autor establecidos en la constitución de los EEUU fue promover el progreso, esto es, fomentar la publicación. El método usado fue hacer que los editores obtuviesen permiso de los autores para usar sus últimos trabajos.



Los lectores tuvieron pocas razones para oponerse, ya que los derechos de autor restringían sólo la publicación, no las cosas que un lector podía hacer. Si esto elevaba ligeramente los precios de los libros, sólo se trataba de dinero. Esto no cambiaba el estilo de vida de los lectores. Los derechos de autor, como prometían, proporcionaron un beneficio con escasa molestia al público e hicieron bien su trabajo por aquel entonces.

Entonces llegó una nueva manera de distribuir información: los ordenadores y las redes. La ventaja de la tecnología de la información digital es que facilita la copia y manipulación de la información, incluyendo software, grabaciones musicales y libros. Las redes ofrecían la posibilidad de acceso ilimitado para todos los tipos de datos, una utopía de la información.

Pero un obstáculo se interpuso en el camino: los derechos de autor. Los lectores que usaban sus ordenadores para compartir la información publicada eran técnicamente infractores de los derechos de autor. El mundo había cambiado alrededor de esta ley, lo que había sido una vez una regulación industrial de los editores, se había convertido en una restricción al público al que pretendía servir.

En un sistema de democracia real, una ley que prohíbe una actividad popular, natural y útil pronto se vuelve normalmente más permisiva, pero el poderoso grupo de presión de los editores se había propuesto evitar que el público aprovechase el poder de sus ordenadores y encontró en los derechos de autor un arma apropiada. Bajo su influencia, en vez de aumentar la permisividad de los derechos de autor para adecuarse a las nuevas circunstancias, los gobiernos los hicieron más estrictos aun, penalizando con más dureza a los lectores que compartían.

Pero ésto no fue lo último. Los ordenadores pueden ser herramientas poderosas de dominación cuando unos pocos controlan lo que los ordenadores de otras personas hacen. Los editores se dieron cuenta de que forzando a la gente a usar software especialmente diseñado para leer libros electrónicos podían obtener un poder sin precedentes: ¡podían obligar a los lectores a pagar y a identificarse cada vez que leyesen un libro! Este es el sueño de los editores.

Así que convencieron al gobierno de EEUU para aprobar la «Ley de derechos de autor del milenio digital» (DMCA) de 1998, una ley que les daba todo el poder legal sobre casi todo lo que un lector podía hacer con un libro electrónico. Incluso leerlo sin autorización es un crimen.

Todavía tenemos las mismas libertades para usar los libros impresos, pero si los libros electrónicos reemplazan a los libros impresos, esta excepción servirá de poco. Con la tinta electrónica, que hace posible descargar nuevo texto en un papel aparentemente ya impreso, incluso los periódicos pueden llegar a ser efímeros. Imagina: no más librerías de segunda mano, no más prestamos de libros a los amigos, no más préstamos de la biblioteca pública, no más pérdidas que puedan dar a alguien la oportunidad de leer sin pagar y, juzgando por los anuncios del «Microsoft Reader», ninguna compra anónima de libros. Esto es el mundo que los editores tienen en mente para nosotros.

¿Por qué hay tan pocos debates públicos sobre estos momentos de cambio? La mayoría de los ciudadanos no ha tenido todavía la ocasión de enfrentarse con las cuestiones políticas que esta tecnología futurista plantea. Además, el público ha sido educado en que los derechos de autor existen para proteger a los titulares de los derechos de autor con la consecuencia de que los intereses públicos no importan.

Pero cuando a la larga el público empiece a usar los libros electrónicos y descubra el régimen que los editores han preparado para ellos, empezarán a resistirse. La humanidad no va a aceptar este yugo para siempre.

Los editores nos han hecho creer que los opresivos derechos de autor son la única manera de mantener el arte vivo, pero no necesitamos una «guerra contra la copia» para alentar la diversidad de trabajos publicados. Como muestra el grupo musical «Grateful Dead» (muerte agradecida), la copia entre seguidores no es un problema para el artista. Legalizando la copia no comercial de libros electrónicos, podemos devolver a los derechos de autor a la regulación industrial que una vez fueron.

Para algunas clases de escritos, deberíamos ir incluso más allá. Para los libros escolares y las monografías, deberíamos alentar a todo el mundo a publicarlos en la red. Esto ayudaría a proteger los archivos eruditos a la vez que se harían más accesibles. Para libros de texto y los trabajos más consultados, la publicación de versiones modificadas también debería estar permitida ya que esto alentaría a la sociedad a mejorarlos.

Con el tiempo, cuando las redes de ordenadores proporcionen una forma fácil de mandar a alguien una pequeña cantidad de dinero, todo el fundamento para restringir las copias desaparecerá. Si te gusta un libro y sale una ventana diciendo: «Haga clic aquí para darle un dólar al autor», ¿no harías clic? Los derechos de autor para libros y música, en lo que a distribuir copias sin modificación se refiere, serán totalmente obsoletos. ¡Y no en un tiempo muy lejano!

fuente

Ophelia's Dream - Stabat Mater


Gothic/Neo-Classical
Ophelia's Dream - Stabat Mater (2000)



1 Stabat Mater Dolorosa (4:32)
2 Cuius Animam Gementem (Interlude) (0:55)
3 O Quam TRistis Et Afflicta (2:29)
4 Quae Moerebat Et Dolebat (Interlude) (0:46)
5 Quis Est Homo, Qui Non Fleret (3:15)
6 Vidit Suum Diulcem Natum (3:26)
7 Fac, Ut Ardeat Cor Meum (2:20)
8 Quando Corpus Morietur (3:37)
9 Untitled (2:14)



La Soledad Espera


La Soledad Espera

En la soledad sentimental
Me ahogo cada noche que no estas
Recordar la luz que iluminaba mi alma
Me lastima esta oscuridad que hoy me envuelve

Yo se que no volverás a besarme
Que todo fue lo que duro ese instante
Como cada noche espero un nuevo amanecer
Que ilumine mi día, que le de sentido a mi vida

Cada noche es un triste paso
Un camino obligado
En espera al amor ansiado
O en espera de tu regreso a mi lado

El amor a primera vista existe
Cuando el dolor se profundiza
En el alma se filtra
Esa sensación de falta de vida

Difícilmente vuelva a tenerte
Envuelta en mis brazos
Susurrarte despacio
Mientras te miro deseando

El recuerdo de tu mirada
La sensación de la luna en alarma
Cuando me besabas
Yo sentía que mi alma escapaba

Te robaste lo poco de esencia que quedaba
Y ahora quiero recuperarla
Es la excusa perfecta para volver
A sentir tu extraña mirada robar mi alma.

Gonzalo Morte Ruiz

Sepultura - Charles Baudelaire


Sepultura

Si en una noche pesada y sombría
Un buen cristiano, por caridad,
Detrás de unos viejos escombros
Entierra vuestro cuerpo alabado,
A la hora en que las castas estrellas
Cierran sus ojos abrumados,
La araña en ellos hará sus telas,
Y la víbora sus crías;
Escucharéis durante todo el año
sobre vuestra cabeza condenada
Los aullidos lamentables de los lobos
Y de las brujas famélicas,
El retozar de los viejos lúbricos.
Y las conspiraciones de los negros rateros.

Charles Baudelaire

Sombra - Edgar Allan Poe




Sombra
Edgar Allan Poe
Shadow — A parable, 1935

En verdad, aunque yo marche a través
del valle de la Sombra...
Salmos de DAVID

Vosotros que me leéis, vosotros estáis todavía entre los vivos pero yo que escribo, yo habré hace ya mucho tiempo partido para la región de las sombras. Porque, en verdad, extrañas cosas sucederán, muchas cosas secretas serán reveladas, y bien de siglos pasarán antes de que estas notas sean vistas por los hombres. Y cuando las hayan visto, los unos no creerán, otros dudarán, y bien pocos de entre ellos encontrarán materia de meditación en los caracteres que yo grabo sobre estas tabletas con un punzón de hierro.
El año había sido un año de terror, lleno de sentimientos más intensos que el terror,
sentimientos para los cuales no hay nombre en la tierra. Porque muchos prodigios y signos habían tenido lugar, y de todos lados sobre la tierra y el mar, las alas negras de la Peste se habían desplegado ampliamente. Aquellos sin embargo que eran sabios en conocer las estrellas no ignoraban que los cielos tenían un aspecto de desgracia. Y para mí, entre otros, el griego Oinos, era evidente que alcanzábamos el retorno de este setecientos noventa y cuatro año en el que, a la entrada del Carnero, el planeta Júpiter hace su conjunción con el rojo anillo del terrible Saturno. El espíritu particular de los cielos, si no me equivoco grandemente, manifestaba su potencia no solamente sobre el globo físico de la tierra sino también sobre las almas, los pensamientos y las meditaciones de la humanidad.
Una noche, éramos siete en el fondo de un noble palacio, en una oscura ciudad llamada Ptolemais, sentados alrededor de unos frascos de un vino púrpura de Chios. Y
nuestra estancia no tenía otra entrada que una alta puerta de bronce. Y la puerta había sido trabajada por el artesano Corinnos, era de una rara manufactura y cerraba por dentro. Paralelamente, negros tapices, protegiendo aquella cámara melancólica, nos ahorraba el aspecto de la luna, de las estrellas lúgubres y de las calles despobladas. Pero el presentimiento y el recuerdo del Azote no habían podido ser excluidos tan fácilmente.
Había alrededor de nosotros, cerca de nosotros, cosas de las cuales no puedo dar cuenta fácilmente —cosas materiales y espirituales—, una pesadez en la atmósfera —una
sensación de ahogo, una angustia—, y, por encima de todo, esa terrible manera de vivir que subsiste en las personas nerviosas cuando los sentidos están cruelmente vivos y despiertos y las facultades del espíritu permanecen embotadas y sin fuerza. Un peso mortal nos agobiaba. Se extendía sobre nuestros miembros, sobre el amueblado de la sala, sobre los vasos en los cuales bebíamos, y todas las cosas parecían oprimidas y postradas en este aniquilamiento. Todo, excepto las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Se alargaban en delgadas redes de luz, inmutables, quemando pálidas e inmóviles; y, en la mesa de ébano alrededor de la cual estábamos sentados, y que su brillo transformaba en espejo, cada uno de los invitados contemplaba la palidez de su propia cara y el relumbre inquieto de los ojos apagados de sus camaradas. Sin embargo, desplegábamos nuestras risas y estábamos alegres a nuestra manera —una manera histérica— y cantábamos canciones de Anacreonte —que no son sino una locura— y bebíamos largamente —aunque la púrpura del vino nos recordaba la púrpura de la sangre—. Mas había en la habitación un octavo personaje, el joven Zoilus. Muerto, tendido a lo largo y amortajado, él era el genio y el demonio de la escena. ¡Ay! Él no tomaba parte en nuestra diversión, salvo que su rostro, convulso por el mal, y sus ojos, en los cuales la Muerte no había apagado sino a medias el fuego de la peste, parecían prestar a nuestra alegría tanto interés como los muertos son capaces de participar en la alegría de aquellos que deben morir. Pese a que yo, Oinos, sintiese los ojos del difunto fijos en mí, me esforzaba sin embargo en no comprender la amargura de su expresión y miraba obstinadamente a las profundidades del espejo de ébano y cantaba con voz alta y sonora las canciones del poeta de Teos. Pero gradualmente mi canto fue cesando y los ecos, rodando a lo lejos entre las negras tapicerías de la sala, se hicieron débiles, intintos, y se desvanecieron. Y he aquí que del fondo de esos tapices negros se alzó una sombra, oscura, indefinida. Una sombra parecida a aquella que la luna, cuando está baja en el cielo, es capaz de dibujar tras el cuerpo de un hombre. Pero no era la sombra ni de un hombre ni de un Dios ni de ningún ser conocido. Y temblando un instante entre las tapicerías, se quedó al fin, visible y derecha, sobre la superficie de la puerta de bronce. Pero la sombra era vaga, sin forma, indefinida. Aquella no era la sombra ni de un hombre ni de un dios, no era la sombra ni de un dios de Grecia, ni la de un dios de Caldea, ni tampoco la de ningún dios egipcio. Y la sombra reposaba sobre la puerta de bronce y bajo la cornisa y no se movía y no pronunciaba ni una palabra, pero, fijándose cada vez más, permaneció inmóvil. Y la puerta sobre la cual la sombra reposaba estaba, si mal no recuerdo, contra los pies del joven Zoilus amortajado. Pero nosotros, los siete compañeros, habiendo visto la sombra, viendo como salía de entre los tapices, no osábamos contemplarla fijamente. Bajábamos los ojos y seguíamos contemplándonos en las profundidades del espejo de ébano. Y a la larga, yo, Oinos, me atreví a pronunciar unas palabras en voz baja y pregunté a la sombra su morada y su nombre. Y la sombra respondió:
—Yo soy SOMBRA y mi morada está al lado de las Catacumbas de Ptolemais, y muy cerca de esas sombras planas infernales que rodean al impuro canal de Caronte.
Y entonces, los siete, nos incorporamos horrorizados de nuestros asientos y quedamos temblorosos, estremecidos, espantados. Porque el timbre de la voz de una sombra no era el timbre de un solo individuo, sino el de una multitud de seres. Y aquella voz, variando sus inflexiones de sílaba en sílaba, caía confusamente en nuestras orejas imitando los acentos conocidos y familiares de mil y mil amigos desaparecidos.

Días y Noches de Amor y Guerra - Eduardo Galeano


Días y Noches de Amor y Guerra
Eduardo Galeano



Año: 1978
Las prosas cortas que componen este libro no son prosas dispersas. Pese a que no las une ninguna trama, las une y anima un solo motivo: la necesidad de recordar los días y noches —en Guatemala, en Uruguay, en Argentina; también en Cuba, en Brasil y en todas partes adonde los exiliados fueron a dar— en que el amor y la guerra lo significaban todo. De hecho, algo más que la necesidad de la memoria es lo que entreteje a todas estas prosas, breves, precisas e inolvidables: el placer de recordar a muchos que ahora están muertos y a otros que aún están con vida. En este libro, Galeano acopia recuerdos —pavorosos muchos, tiernos otros, jocosos algunos, hermosos todos— de gente y situaciones que la máquina de muerte de las dictaduras quisiera borrar para siempre. Es un libro conmovedor, notable por dos razones: porque su tema es la tragedia de un continente y porque es una celebración de la resistencia, de la memoria y de la vida.
Reseña de "sololiteratura"


"La memoria guardará lo que valga la pena. La memoria sabe de mí más que yo; y ella no pierde lo que merece ser salvado."

"¿Quiénes torturan? ¿Cinco sádicos, diez tarados, quince casos clínicos? Torturan los buenos padres de familia. Los oficiales cumplen su horario y después ven televisión junto a sus hijos. Lo que es eficaz es bueno, enseña la máquina. La tortura es eficaz: arranca información, rompe conciencias, difunde el miedo. Nace y se desarrolla una complicidad de misa negra. Quien no torture será torturado. La máquina no acepta inocentes ni testigos ¿Quién se niega? ¿Quién puede conservar las manos limpias? El pequeño engranaje vomita la primera vez. La segunda aprieta los dientes. A la tercera se acostumbra y cumple con su deber. Pasa el tiempo y la ruedecita del engranaje habla el lenguaje de la máquina: capucha, plantón, picana, submarino, cepo, caballete. La máquina exige disciplina. Los más dotados terminan por encontrarle el gustito. Si son enfermos los torturadores, ¿qué decir del sistema que los hace necesarios? El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados, que pierden su empleo si no cumplen con eficiencia su tarea. Eso, y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios. No vamos a regalarles esa grandeza."
Galeano, Eduardo: Días y noches de amor y guerra



Venezuela Apoya a Palestina




El apoyo de Venezuela a Palestina, un modelo para la democracia del tercer mundo

Nikhil Shah
Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


En una época en la que la comunidad internacional hace la vista gorda de los crímenes de Israel contra los palestinos Venezuela ha sido una de las pocas naciones que ha tenido el valor de condenar abiertamente a Israel por sus crímenes y de expresar su apoyo al pueblo palestino.



La mayoría de los miembros del movimiento de países no alineados manifestaron su apoyo a la causa palestina durante la guerra fría y rompieron relaciones con Israel ya que consideraban la lucha palestina como parte de la misma lucha anti-colonial en la que ellos participaban. Otros comentaristas han afirmado que el apoyo de los países no alineados a la causa palestina no se debía a una genuina preocupación por el pueblo palestino sino que era una manera de alinear su política exterior con la de la antigua Unión Soviética por motivos estratégicos o de obtener de varias naciones árabes productoras de petróleo ayuda para su desarrollo.


Después de que a principios de los noventa se iniciara el Proceso de Paz de Oslo impuesto por Estados Unidos la comunidad internacional reanudó con entusiasmo las relaciones diplomáticas con Israel e inmediatamente inició un proceso de cooperación militar y tecnológica con Israel. Muchas de estas naciones, como India y China, admiraban a Israel por ser una nación tecnológica y militarmente avanzada y deseaban que Israel compartiera con ellas su experiencia en estos campos . Esta construcción de una cooperación militar y comercial hizo que muchas naciones cambiaran su política de criticar a Israel. En los años siguientes estos miembros de la comunidad internacional hicieron la vista gorda de las prácticas ejercidas por Israel con los palestinos, incluyendo el continuo desplazamiento de palestinos, el incremento de los ilegales asentamientos judíos, la continua expropiación de la tierra palestina, los asesinatos políticos, la tortura, la discriminación de los residente no-judíos y el sabotear los derechos de los refugiados palestinos desplazados por el genocidio de la Nakba de 1948. Incluso después del estallido de la segunda intifada la comunidad internacional se abstuvo de hacer responsable a Israel de las políticas genocidas impuestas a los palestinos, como la imposición por la fuerza del hambre y la devastación económica de más de un millón y medio de palestinos residentes en Gaza, o de hacerle responsable de los crímenes de guerra cometidos durante su ilegal invasión de Líbano en 2006. Puntualmente se podían llegar a expresar críticas o preocupación por las acciones cometidas por Israel, pero las naciones-Estado se abstuvieron de cortar las relaciones diplomáticas o de hacer a Israel legalmente responsable de sus crímenes.

Una excepción a esta capitulación diplomática ante Israel ha sido la Venezuela gobernada por el presidente Hugo Chávez. Chávez ha sido muy directo en su crítica a las políticas israelíes y ha dado y propuesto pasos para hacer a Israel responsable de sus actos. Como muchos otros países de América del sur, tradicionalmente Venezuela han mantenido relaciones diplomáticas amistosas con Israel. Desde su nacimiento Israel ha mantenido relaciones militares con regímenes de derecha de América del sur, incluyendo Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, la República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haiti, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela. Israel también ha apoyado activamente a varios grupos de derecha de contra-insurgencia en América del sur (actuando en representación de Estados Unidos) con armas, asesoramiento y adiestramiento en su lucha contra gobiernos de izquierda.

Chávez, sin embargo, rompió esta tradición cuando en 2006 anunció que retiraba de Israel a su diplomático de más alto rango en respuesta a la invasión de Líbano . Chávez decidió dar este paso no por alguna acción que Israel hubiera emprendido contra Venezuela, sino debido al trato dado por Israel a los civiles palestinos y libaneses . Chávez comparó públicamente con el holocausto las acciones de Israel en relación a palestinos y libaneses afirmando que "Israel está haciendo lo que hizo Hitler, matar a niños y a familias enteras inocentes" . Chávez fue más allá haciendo que Venezuela dejara de emitir visados turísticos a los israelíes y haciendo un llamamiento durante un viaje a Beijing a que Israel fuera juzgado en el Tribunal Criminal Internacional por genocidio . Chávez también visitó Siria e hizo una declaración conjunta con el gobierno sirio haciendo un llamamiento a Israel a que pusiera fin a su ilegal ocupación de los Altos de Golán, acatara las resolución de Naciones Unidas y a que se pusiera fin al doble rasero internacional en relación a Israel . Chávez también envió un Boeing 707 con 20.000 toneladas de ayuda humanitaria para ayudar a aliviar la crisis humanitaria en Líbano y Palestina ocasionada por las acciones agresivas de Israel. Chávez ha criticado públicamente al Secretario General de Naciones Unidas Ba Ki Moon por no hacer lo suficiente para detener la represión de Israel . Estas declaraciones y acciones han convertido a Chávez en unos de los dirigentes más populares en el mundo árabe y han llevado a partidos políticos de oposición de países árabes a urgir a sus gobiernos a copiar las acciones emprendidas por Venezuela en relación a Israel . Antes Venezuela tenía relaciones militares con Israel pero decidió abandonarlas en favor de posicionarse en defensa de los derechos palestinos .

Las acciones emprendidas por Chávez en relación a Israel es algo que todos los miembros de la comunidad internacional deberían imitar para detener las políticas genocidas del gobierno israelí. En un artículo acerca de hacer a Israel responsable de violaciones del derecho internacional Stephen Lendmen afirmaba que cuando las naciones ignoran los crímenes de Israel, como sus violaciones de las resoluciones de Naciones Unidas, de la Convención de Ginebra y de la Carta de Naciones Unidas, o cooperan tácitamente con él mientras está cometiendo estos crímenes, son indirectamente responsables de ayudar a estos crímenes y son "cómplices criminales" según el Artículo 6 de la Carta de Nuremberg . Por desgracia, la mayoría de las naciones, como India, han elegido ignorar los crímenes de Israel durante la última década y han seguido aumentando sus relaciones militares y culturales con él, con lo que podría decirse que se han convertido en cómplices criminales de sus crímenes.

También es desafortunado que sea necesaria la participación y el apoyo de las naciones-Estado para hacer a Israel legalmente responsable de sus crímenes contra los palestinos y contra los países árabes del entorno. La Asamblea General de Naciones Unidas puede establecer un Tribunal Criminal Internacional para Israel como hizo para Ruanda pero para ello sería necesario que los miembros de la Asamblea General actuaran para llevar a cabo esta propuesta. Además, los palestinos pueden denunciar a Israel de genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia, pero, de nuevo, para ello se necesita que una nación-Estado lleve a cabo una acción o, al menos, consienta en la denuncia. Asimismo, cualquier intento de expulsar a Israel de Naciones Unidas por violar sus resoluciones y su Carta requeriría que algún Estado miembro de Naciones Unidas emprendiera esta acción.

Por estas razones, los ciudadanos de diferentes naciones que están preocupados por la difícil situación que padece el pueblo palestino deben hacer presión sobre sus gobiernos para que sigan el ejemplo de Venezuela y emprendan acciones concretas para hacer a Israel responsable de sus actos. Estas demandas pueden incluir el romper relaciones diplomáticas con Israel y consentir y apoyar toda denuncia de Israel por genocidio en un tribunal internacional. Muchos partidos de izquierda en India y otros países ya han seguido el ejemplo en la zona y [ahora] deben seguir presionando a sus respectivos gobiernos para que sigan el ejemplo de Venezuela en relación a Israel. El célebre jurista internacional Francis Boyle también ha seguido esta estrategia y ha presionado a altos cargos iraníes para que se llegue a un consenso de Estado de denunciar a Israel ante en Tribunal Internacional de Justicia por genocidio contra los palestinos. Sólo acciones como éstas servirán para demostrar al pueblo palestino que el mundo no va a hacer la vista gorda ante el genocidio que están padeciendo y les servirá para motivarlos a seguir adelante con su lucha anti-colonial.

Nikhil Shah es un abogado de Los Ángeles y miembro del directorio del Colegio Nacional de Abogados de Los Ángeles.
fuente

Blackmore's Night - Under A Violet Moon


Blackmore's Night - Under A Violet Moon (1999)



1 Under A Violet Moon (4:24)
2 Castles And Dreams (3:41)
3 Past Time With Good Company (3:26)
4 Morning Star (4:41)
5 Avalon (3:03)
6 Possum Goes To Prague (1:12)
7 Wind In The Willows (4:13)
8 Gone With The Wind (5:25)
9 Beyond The Sunset (3:45)
10 March The Heroes Home (4:37)
11 Spanish Nights (I Remember It Well) (5:23)
12 Catherine Howard's Fate (2:36)
13 Fool's Gold (3:32)
14 Durch Den Wald Zum Bach Haus (2:30)
15 Now And Then (3:12)
16 Self Portrait (3:18)



Blackmore's night - Under a Violet Moon
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El breve amor - Julio Cortázar


El breve amor


Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,

me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en le espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente

para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiédonos en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo-

(¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos ?)

Julio Cortázar

El Amuleto - Barnabás





El Amuleto
Barnabás
Guillermo camino con toda la rapidez posible en esa ya media mañana de Domingo, tan solo hacía un par de horas que medio recordaba (más bien creía) que se había acostado, había pasado una noche entre grandes libaciones de ron, vino y cerveza,junto claro a algunos “porritos” ( le generación de Guillermo, hacía tiempo que veía al consumo de marihuana como una mera distracción), había sido si una inmejorable fiesta, en donde había conocido a la mujer más hermosa y turbadora de todas de eso estaba absolutamente seguro.
Guillermo y sus demás amistades se definían así mismos como “Góticos”(sin que muchos supieran algo de la novela gótica o arte gótico por ejemplo) algunos antes sé auto-llamaban “Darks” y hasta había alguno que otro “hermano mayor” de alguien del grupo que se denominaba así mismo como “Thrash” (estos personajes eran “tolerados” porque en general eran ellos quienes tenían las “movidas” de marihuana) Guillermo a sus dieciocho años estaba dentro del promedio de edad de su grupo y tenía claro (según él)que era ser un “Gótico”, siempre de negro, con mucha vestimenta de cuero, abrigos largos y maquillaje blanco en su rostro que le hacía ver como un resucitado (OH “afeminado” como lo motejaban alguno de sus compañeros de escuela solo hace un año atrás),bototos militares y algún colgante con algún vampirito, estrellas de cinco puntas o medias lunas completaban su indumentaria.
La noche anterior había aparecido en la fiesta que se realizo en el departamento de su amiga Viviana, llegó vestido como recién comentábamos,ahí habían muchos “vampiros urbanos” como también les gustaba llamarse, y tenían allí una feliz reunión consumiendo alcohol a destajo, fumando marihuana y escuchando a grupos como Creadle Of Filth,Mayhem, Therion o las ya disueltos Threatre Of Tragedy ,escuchaban digo, ya que en estas reuniones nadie baila..., bueno , si a los saltos espasmódicos cercanos a lo epileptoide o los movimientos desenfrenados del cuello y cabeza podemos llamarle baile, pues “se bailaba”,la cosa ahí era consumir lo que hubiera de enervantes, beber lo que se bebiera y si alguien se quería ir a la cama con uno mejor que mejor, claro que a veces este ultimo paso implicaba el escuchar las “tremendas tragedias existenciales” que en general las mujeres de estos grupos siempre tienen, nadie en verdad las quería ni nunca habían conocido el amor verdadero...., eran las quejas habituales y la verdad Guillermo se sentía más que harto de ellas y sus “rollos” , así que les hizo el quite al par de “Morganas” que se le atrevesaron en su camino y logro hacerse con un sillón bastante cómodo y convenientemente situado cerca del equipo de música y del bar, así dispuesto a pasar la noche escuchando música y bebiendo...., y fumando una que otra “caladita”...., y así la verdad habría transcurrido su noche si alrededor de media noche no hubiera reparado en la “aparición” de una chica que claramente “no estaba en sus libros”..., era preciosa, eso saltaba a la vista y también ayudaba a este juicio el particular gusto de los ahí presentes, ya que la chica en cuestión era sumamente pálida (claro que para todos los ahí reunidos eso no hacía más que aumentar su atractivo) su vestido negro, con encajes discretos en sus mangas y cuello resaltaban la belleza y blancura de su rostro y manos.
Para Guillermo la chica en cuestión simplemente se “materializo a su lado”...., él miraba hacía un costado donde un compinche le pasaba una “cola de porro” en unas artísticas y ornamentadas “pinzas” y al volver a colocar de frente su mirada y aspirar se atoró al ver a la chica ahí en frente de él..
Ahora caminando tan rápidamente como su estado “post-fiesta” se lo permitía, Guillermo no podía recordar con certeza como fue que abandono por completo su convicción de emborracharse escuchando música en la fiesta y se encontró bailando con aquella hermosa y misteriosa chica, se miraban por debajo y entre copa y copa se fueron conociendo, su nombre era Sofía y dijo haber llegado hacía poco tiempo desde Centro América, había pasado su niñez y parte de su adolescencia haya, pero el fallecimiento de su madre Antonia había decidido a su padre Iván a emprender el regreso ya que pronto empezó a pesarle la falta de su esposa, y como aún les quedaba algo de familia en el país, sin importarles ya mucho el aspecto económico, su padre pidió el traslado que para su sorpresa se le concedió sin problemas y pues habían vuelto.... , ahora su presencia en aquella fiesta era mucho más corta que contar, simplemente “la amiga de otra amiga de la dueña de casa la había invitado”, así continuaron haciéndose amigos, y sin embargo ahora que lo pensaba no dejaba de parecerle extraño que ninguno de sus demás amigos se interesara en Sofía, conocía de sobra su lascivia y era raro que ninguno se les hubiera acercado con intenciones de arrebatarle la conquista...., la verdad eran muchas las cosas que no recordaba de anoche y el desesperante dolor de cabeza que sentía era la prueba patente de sus excesos con la bebida..., pero si podía hacer memoria suficiente como para recordar perfectamente que Sofía había bebido a la par con él, sin que al parecer le afectara en lo más mínimo todo el licor ingerido.
Sus besos eran lo que más recordaba cuando ya podía divisar el “mercado de las pulgas” que era a donde se dirigía, se instalaba todos los Domingos en la calle que daba al costado derecho de la Iglesia, en la entrada se compro primero un refresco ya que tenía la boca sequísima, luego se compro un café en un gran vaso plástico y encendió un arrugado cigarrillo que encontró en uno de los bolsillos de su negro abrigo, fumando y bebiéndose el café trato de recordar lo más posible lo que entre besos y caricias le había dicho Sofía...
- “Guillermo..., siento que te conozco de siempre y me da confianza este sentir para pedirte algo”.
- “Lo que tu quieeeeraaaas..., pppreeciosaaa mia”- rememoraba haberle contestado, bastante ebrio a decir verdad a esa hora.
- “Si bien es cierto que al volver de Centro América con mi padre, si bien le mantuvieron su empleo...., la paga disminuyo bastante...., y bueno mira, hace unos días por una estupidez me deshice de una joya que me regaló mi madre poco antes de morir...., y estoy muy asustada que lo descubra mi padre, si bien no es muy valiosa en dinero..., sentimentalmente es enorme para mi su valor, mi padre nunca me perdonaría si se enterara que la entregué para comprar alcohol..., me moriría de vergüenza, y todo ocurrió por haber entrado ala facultad y todo lo que pasa el primer día ahí...,bueno tu sabes como es...”.
Y claro que él lo sabía, cuando entro el año anterior, en su facultad les habían quitado sus zapatos o zapatillas y no se las devolvieron a quienes no tenían la cantidad de dinero que les exigían ..., los que no pudieron pagar fueron enviados literalmente a mendigar la cantidad, las gentes dicho sea de paso ya estaban acostumbradas a estas escenas todos los principios de año con los universitarios y les daban monedas de las que les sobraban ..., a más de alguno le despertaba la nostalgia, pero tenía por seguro que ninguno les pasaría nada de saber que todo lo recolectado se gastaría en forma integra en alcohol y marihuana...., el que muchos vendieran una prenda o adorno para evitarse el tener que salir a pedir dinero a la calle era común.
-“ Fui a la salida de la Facultad y ahí había varias personas que me parecieron estaban ahí para comprar cualquier chucheria que tuvieran los jóvenes que estábamos ahí ese día”....., si claro, era sabido que algunos “chachareros” y vendedores de algunos mercados se acercaban en esos días a “comprar” (ah a aprovecharse la verdad) de los jóvenes que ese año eran obligados a entregar la cantidad pedida por sus “compañeros”.
-“No llevaba nada de valor ese día...., salvo el colgante de mi madre”- recordaba fumando ahora Guillermo que Sofía se había puesto ah llorar en esos momentos y el trato a pesar de su borrachera de consolarla...., y sin quizás pretender cumplir después con su ofrecimiento, le aseguró que si el pudiera le recuperaría sin dudar su colgante, solo para verla sonreír.
-“ Puedes hacerlo Guillermo querido”, le había dicho brillándole los ojos.
-“ Me acerqué ese día a quien fuera luego fácilmente reconocible...., y al fin me decidí por una Sra de edad, que no me pareció mala, me dio la idea que simplemente aprovechaba la oportunidad que la estupidez de los jóvenes le ofrecía ...., me vio llorando y creo que se conmovió ...., le pregunté si solo podía “empeñar” mi colgante..., que era un recuerdo muy preciado y ella accedió a mi petición”. No era lo que le había contado Sofía algo tan fuera de lo común, también había dentro de la fauna de aprovechadores que se arrimaban esos días a las facultades algunos que aparentaban un “buen corazón”, estos prometían a su victima no vender lo entregado.....,hasta cierta fecha, convirtiendo la venta así en un “empeño”, claro que siempre bajo un “pequeño recargo” en la suma original que se le agregaba cuando la pobre victima iba a buscar lo empeñado, muchos debían entregar casi el doble de la suma al avariciosa “prestamista” por llamarle de alguna forma.
- La Sra que te cuento me dijo que la encontraría en el mercado que se instala en la calle que da al costado derecho de la Iglesia, por el medio del mismo, la reconocerás fácilmente porque es tuerta y se pone un gran pañuelo en vez de un parche”.
Guillermo apuraba las ultimas caladas de su cigarrillo y terminaba el reconfortante café, se decía así mismo que en verdad debía de encontrarse por completo borracho como para creer que la “amable Sra”, tuerta y vieja no había de ser una especie de bruja de cuento, como pudo comprobar cuando llegó a su destartalado puesto en el mercado, enfrente tenía precisamente a una bruja de cuento que le miraba descaradamente con su único ojo que subía y bajaba.
La bruja aquella no le quitaba la vista de encima con su único ojo mientras Guillermo recorría con su par el vidrio del mostrador buscando el colgante de Sofía, al fin le hallo en un rincón del mismo, no pudo si dejar de dar un respingo que luego lamento por estar seguro que la vieja bruja que tenía enfrente no dejaría de tomar debida nota de el, y era seguro que le haría subir en unos cuantos miles el precio del colgante para rescatarlo de sus garras.
“Te parecerá raro Guillermo que te cuente que el colgante de mi madre, representa un ser algo grotesco...., es una “Gárgola”, ella me contó que la había encontrado en un cajón de la casa de mi abuela cuando era una chiquilla..., me dijo que no se la dio ese mismo día porque era aún muy pequeña, pero cuando cumplió los dieciocho se la entregó..., y mira por donde su nieta también al cumplir los dieciocho la empeña para comprarle alcohol a ella y unos imbéciles”.
Guillermo recordaba haberle preguntado entre hipidos el porque era una “gárgola” precisamente..., no dejaba de parecerle extraño y la respuesta de Sofía no pudo ser más simple... .
“No tengo idea”- le contestó mirándole fijamente a los ojos y agregó, “- No tengo idea Guillermo...., pero lo que sí sé, es que yo seré tuya si es que puedes traer ese colgante a mis manos nuevamente”. Y eso por muy ebrio y drogado que estuviera, lo escucho claramente y seguro era lo que más claramente recordaba, más aun porque Sofía lo beso repetidas veces luego que dijera aquellas palabras...., le permitió incluso meter las manos por entre su vestido negro y sentir unos maravillosos grandes senos de duros pezones......, se sintió en el cielo y aunque le pareció “helada”,que no tenía “calor” esta chica, se calló semejante estupidez, ya que seguro era alguna baja de presión por tanta “maría”, juró ahí mismo que haría lo imposible para recuperar la joya y se guardo para si la idea latente de “cobrar su
premio”.
Ahí tenía ahora enfrente a la joya, y era francamente hermosa y perturbadora, mediría unos diez centímetros y se notaba que estaba finamente tallada en una piedra que determino era “lápiz-lazuli”, y si, era claramente una “Gárgola” como Sofía le dijera, estaba tallada de cuclillas y parecía protegerse con sus alas de murciélago, estaba tan hábilmente tallada que el podía verle claramente las largas “uñas” (garras la verdad) tanto en sus manos como en sus pies, su rostro ( si podía llamarse así) tenía una expresión de maldad a pesar de estar representada con sus ojos cerrados tan grande que Guillermo no dejaba de preguntarse que valor o que gustos tendría la abuela de Sofía para tener semejante “joya”...., bien también podía entender que Sofía quisiera recuperarla, ya por el peso familiar que la gema tenía, como que también era el perfecto adorno de cualquier “Gótico” que se preciara de tal, el mismo se quedaría gustosísimo con ella, sino fuera por el mayor premio que recibiría por entregarla, además se dijo, “-Siempre puedo pedírsela a Sofía para usarla yo alguna vez”...., y bien ahora se venía la parte más difícil de su empresa, lograr que se la entregara la bruja que tenía delante por un precio que no le dejara en banca rota....., o sin fondos por mucho tiempo, por todas las ganas que tenía de cogerse a Sofía el tenía que vivir que carajos y su mesada no le daba para muchos lujos ......, suerte que tenía en casa unos ahorros que se había traído con el ese día, pero no le hacía mayor gracia quedarse sin nada.
“- Buenos días” le dijo tímidamente a la bruja.
“Buenas tardes”-fue la inmediata respuesta, “esta atrasado joven, ya pasa del medio-día”.
No partió bien la cosa como puede apreciarse, y como el dicho dice tampoco acabo bien....., para Guillermo claro, la vieja no le soltó el colgante por un cinco menos de casi todo lo que traía, que la verdad no era poco para ser francos,“ Al menos me ha dejado para comprarme forros”- se dijo, consolándose en algo de su nueva y nada venturosa situación económica...,trató por todos los medios que tuviera una (ahora estaba seguro) inexistente “piedad” o “buena voluntad” de la vieja de mierda esa, por más que le recordó la mala forma en que se había hecho de la joya, ella siempre se lo negó en su cara, sin arrugarse una arruga más de las innumerables que tenía..
“- Ese truco es muy viejo joven...., la cosa esa la compre yo misma a un viejo,más viejo que yo misma allá por Centro América hace años, no me venga a mí con cuentos de novias que pierden sus joyas en fiestas, además si así hubiera sido se merecía el que su padre la moliera a palos por idiota....., no, no, y no ya le digo que esa horrible cosa la traje de Centro América hace años..., y si fuera ud mejor ni la miraba, uno porque es cara, no crea que se la voy a rebajar ni mucho menos por sus cuentos..., porque aún recuerdo el miedo en los ojos del viejo que me la vendió ...., juraría que me la vendió solo para que se fuera de su pueblo en mi mochila que por otra cosa..., nosé joven, en el supuesto caso de que pueda pagar lo que pienso pedirle por ella ...,nosé si vendérsela”.
Bueno, finalmente si había podido pagar lo que la jodida vieja le había pedido, y el cuento chino de “pensárselo”, solo quedo en eso, de solo ver como le brilló su único ojo cuento Guillermo empezó a contar billetes delante de ella, supo que era trato hecho.
En fin, ya estaba hecho y al recordar su aventura con Sofía, sus besos y la parte de su cuerpo que había podido tocar...., valía completamente la pena lo que acababa de hacer, feliz se encaminó hacia su casa, ya a paso tranquilo, cuando cayó en cuenta que no tenía la más puta idea de donde encontrar a Sofía.
“- Mierda”- gritó atrayendo más de alguna mirada desaprobadora sobre si, pateo también un par de veces el suelo....., pero pronto se calmo, no era tan grave la cosa después de todo......, bastaba llamar llegando a su casa ah alguna de sus amigas que estaban en la fiesta......, y seguro que daría con la “amiga de la amiga” que la había invitado, ya tranquilo se encaminó a su casa, iba silbando hacia ella, lo que demuestra que estaba seguro de encontrarla.
Saco una bebida del refrigerador y se escabulló rápidamente de ahí, porque ya su madre empezaba con la letanía de siempre.....,que de donde venía, que con quien o quienes había estado anoche..., que cuando sería el Domingo que se le vería en el desayuno....., ni hablar por supuesto de que la acompañara a misa, claro que sin esas ropas de hereje que traía...,en sus tiempos la policía lo habría detenido seguramente por andar en esas fachas, pero como estaba el mundo hoy en día ya le dirían a ella ....¡¡Pumm!! , el portazo al llegar al fin a su cuarto lo salvo de aquella salmodia ya tantas veces escuchada, se tumbo en la cama, se saco sus bototos, el abrigo y sacando de el su móvil, empezó a revisar la agenda electrónica del aparato ....., dudo un par de minutos a quien llamar...,estaba conciente o mejor dicho sabía que había quedado “inconsciente” la noche pasada y por muy R