El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







El Perfume (fragm)





El hombrecillo de la levita azul, sin embargo, había aparecido allí de repente, como surgido de la tierra, y tenía en la mano un pequeño frasco que en seguida procedió a destapar. Esto fue lo primero que todos recordaron: que de pronto apareció alguien y destapó un pequeño frasco. Y a continuación se salpicó varias veces con elcontenido de este frasco y una súbita belleza lo encendió como un fuego deslumbrante.
En el primer momento retrocedieron con profundo respeto y pura estupefacción, pero intuyendo al mismo tiempo que su retirada era más bien una postura para coger impulso, que su respeto se convertía en deseo y su asombro,en entusiasmo. Se sintieron atraídos hacia aquel ángel humano del cual brotaba un remolino furioso, un reflujo avasallador contra el que nadie podía resistirse, sobre todo porque no querían hacerlo, ya que el reflujo arrastraba a la voluntad misma, succionándola en su dirección: hacia él.
Habían formado un círculo a su alrededor, unas veinte o treinta personas, y ahora este círculo se fue cerrando. Pronto no cupieron todos en él y empezaron a apretar, a empujar, a apiñarse; todos querían estar cerca del centro.
Y de improviso desapareció en ellos la última inhibición y el círculo se deshizo. Se abalanzaron sobre el ángel, cayeron encima de él, lo derribaron.
Todos querían tocarlo, todos querían tener algo de él, una plumita,un ala, una chispa de su fuego maravilloso.
Le rasgaron las ropas, le arrancaron cabellos, la piel del cuerpo, lo desplumaron, clavaron sus garras y dientes en su carne, cayeron sobre él como hienas.

Pero el cuerpo de un hombre es resistente y no se deja despedazar con tanta facilidad; incluso los caballos necesitan hacer los mayores esfuerzos.
Y por esto no tardaron en centellear los puñales, que se clavaron y rasgaron, mientras hachas y machetes caían con un silbido sobre las articulaciones, haciendo crujir los huesos. En un tiempo muy breve, el ángel quedó partido en treinta pedazos y cada miembro de la chusma se apoderó de un trozo, se apartó, e impulsado por una avidez voluptuosa, lo devoró.
Media hora más tarde, hasta la última fibra de Jean-Baptiste Grenouille había desaparecido de la faz de la tierra.


Cuando los caníbales se encontraronde nuevo junto al fuego después de esta comida, ninguno pronunció una palabra.
Varios de ellos eructaron, escupieron un huesecillo, chasquearon suavemente con la lengua, empujaron con el pie un último resto de levita azul hacia las llamas; estaban todos un poco turbados y no se atrevían a mirarse unos a otros. Todos, tanto hombres como mujeres, habían cometido ya en alguna ocasión un asesinato u otro crimen infame. Pero devorar a un hombre? De una cosa tan horrible, pensaron, jamás habían sido capaces. Y se extrañaron de que les hubiera resultado tan fácil y de que, a pesar de su turbación, no sintieran la menor punzada de remordimiento.
Al contrario!
Aparte de una ligera pesadez en el estómago, tenían el ánimo tranquilo. En sus almas tenebrosas se insinuó de repente una alegría muy agradable. Y en sus rostros brillaba un resplandor de felicidad suave y virginal.
Tal vez por esto no se decidían a levantar la vista y mirarse mutuamente a los ojos.

Cuando por fin se atrevieron, con disimulo al principio y después con total franqueza, tuvieron que sonreír.
Estaban extraordinariamente orgullosos.
Por primera vez habían hecho algo por amor.


Patrick Süskind
"El perfume - Historia de un asesino"

VA - Gothic Spirits 4


VA - Gothic Spirits 4 (2CD) (2006)



CD1:
01. Lacuna Coil - Enjoy The Silence
02. Edenbridge - Evermore
03. Bloodflowerz - Violent Voices
04. Stream Of Passion - Deceiver
05. Lacrimas Profundere - Sweet Caroline
06. Mandrake - Ode To The Outsice World
07. Reflexion - Army Of Broken Hearts
08. Deathstars - Greatest Fight On Earth
09. Samael - Night Ride
10. Celtic Frost - Drown In Ashes
11. Satyrian - Eternitas
12. Mortal Love - Empathy
13. Poisonblack - Rush
14. End Of Green - Drink Myself To Sleep
15. Sinamore - Fallen
16. The Vision Bleak - Dreams In The Witch House
17. NFD - Light My Way
18. Eisbrecher - Leider

CD2:
01. Theatre Of Tragedy - Silence
02. Entwine - Out Of You
03. Moonspell - Blood Tells
04. Crematory - Kein Liebeslied
05. Zeraphine - Indide Your Arms
06. Leaves Eyes - Norwegian Lovesong
07. Atargatis - The Crystallic Ascension
08. Naio Ssaion - Static
09. Xandria - India
10. Scream Silence - Creed
11. Amorphis - Under A Soil And Black Stone
12. Saturnus - Pretend
13. Deadstar Assembly - And Ashes Will Fall
14. Blutengel - Cry Little Sister
15. Beseech - Innerlane
16. Luca Turilli - Virus
17. Nightwish - Dark Chest Of Wonders
18. Subway To Sally - Eisblumen
19. Blutkrieg 1 - Die Schwarze Gischt (Bonus)



Theatre Of Tragedy - Silence
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Lo escrito se lo lleva el viento - André Breton





Lo escrito se lo lleva el viento

El raso de las páginas de los libros que se hojean modela una mujer tan hermosa
que cuando no se lee se contempla esa mujer con tristeza
sin osar hablarle sin osar decirle que es tan hermosa
Que cuanto uno está por saber no tiene precio
esta mujer pasa imperceptiblemente entre un murmullo de flores
para preguntar la hora o mejor quizás finge contemplar
atentamente las joyas de un modo insólito en las criaturas humanas
Y el mundo muere
una ruptura se produce en los anillos de aire
una herida a nivel del corazón
los diarios matutinos traen cantantes cuyas voces tienen el
color de la arena en orillas tiernas y peligrosas
Y a veces los vespertinos dejan paso libre a cumplidas
muchachitas que conducen fieras encadenadas
pero lo mejor está en el intervalo entre ciertas letras
donde manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía
saquean un nido de golondrinas blancas a fin de que llueva para siempre
Tan bajo tan bajo que las alas no puedan entremezclarse
manos por las que se asciende hasta brazos tan leves
que el vapor de los prados en sus graciosas volutas sobre las
charcas es su espejo imperfecto
Brazos que sólo se articulan al peligro excepcional de un cuerpo
creado para el amor
cuyo vientre llama a los suspiros de las zarzas llenas de velos
y que sólo tiene de terrestre la inmensa verdad de hielo de los
trineos de miradas sobre la extensión absolutamente blanca
de lo que no veré nunca más a causa de una venda maravillosa
que es la que utilizo al jugar al gallo ciego de las heridas

André Breton

Black Heaven - Chapter One


Synth / Electro / Gothic Rock

Black Heaven - Chapter One (2001)



01 - The beginning 3:28
02 - Dämonen 5:53
03 - Agony 4:18
04 - Nightfall 4:24
05 - Drown in my dreams 5:01
06 - Engel weinen heimlich 4:41 Preview
07 - Silence 4:28
08 - Kein Ton 4:52
09 - Tireless 5:05
10 - The apparition 4:07
11 - Beauty of the night 5:18
12 - Lebendig begraben 2:51




Black Heaven - Kein Ton
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La Pesadilla del Matemático - Bertrand Russell





La Pesadilla del Matemático
Bertrand Russell

La visión del profesor Squarepunt

EXPLICACIÓN PRELIMINAR
Mi recordado amigo el profesor Squarepunt, el eminente matemático, fue durante toda su vida amigo y admirador de sir Arthur Eddington. Sin embargo, existía un punto en las teorías de sir Arthur que siempre turbaba al profesor Squarepunt, y era aquel el poder místico, cósmico, que sir Arthur confería al número 137. Si las propiedades que a dicho número se le suponían hubieran sido meramente aritméticas, no habría surgido dificultad alguna. Pero era, sobre todo en física, donde el 137 mostraba toda su virtualidad, la cual no era desemejante a la atribuida al número 666. Resulta evidente que las conversaciones con sir Arthur influyeron en la pesadilla del profesor Squarepunt.


El matemático, agotado por un día completo de estudio de las teorías de Pitágoras, se durmió finalmente en un sillón, donde un singular drama visitó sus dormidos pensamientos. Los números, en este drama, no eran las inermes categorías que él había considerado previamente, sino seres vivos, con aliento, dotados de todas las pasiones que estaba acostumbrado a comprobar en sus colegas, los matemáticos. En su sueño, se hallaba él en pie en el centro de una infinidad de círculos concéntricos. El primer círculo contenía los números del 1 al 10; el segundo, del 11 al 100; el tercero, del 101 al 1.000, y así sucesivamente, sin límite alguno, sobre la superficie infinita de una llanura sin confines. Los números impares eran varones, los pares hembras. Junto a él, en el centro, se hallaba Pi, el maestro de ceremonias. El rostro de Pi estaba enmascarado, pues era sabido que nadie podía mirarlo y sobrevivir; pero ojos penetrantes miraban a través del antifaz, inexorables, fríos y enigmáticos. Cada número tenía su nombre claramente señalado sobre su uniforme. Las diferentes clases de números tenían diferentes uniformes y diferentes formas: los cuadrados eran tejas, los cubos eran dados, los números redondos eran bolas, los primos indivisibles cilindros, y los números perfectos llevaban corona. Además de la diferencia de formas, los números eran también diferentes en cuanto a color. Los siete primeros círculos concéntricos poseían los siete colores del arco iris, excepto los formados por el 10, 100, 1.000, y así sucesivamente, que eran blancos, mientras el 13 y el 666 eran negros. Cuando un número pertenecía a dos de estas categorías —por ejemplo si, como el 1.000, era a la vez número redondo y cubo— llevaba un uniforme más honroso, y los más honorables eran los más escasos entre el primer millón de números.
Los números bailaban alrededor del profesor Squarepunt y de Pi un vasto y complicado ballet. Los cuadrados, los cubos, los primos, los números piramidales, los números perfectos y los redondos, se agitaban, entretejiendo cadenas, en una danza infinita y abrumadora; y mientras bailaban entonaban una oda a su propia grandeza:

Somos los números finitos.
Somos la materia del mundo.
Cualquier confusión que aflija a la Tierra
por nosotros es resuelta.
Reverenciamos a nuestro maestro Pitágoras
y profundamente despreciamos a las brujas y a los asnos.
Ni la bruja de Endor, ni al monte de Balaam
reconocemos como fuentes de sabiduría.
Mas, circularmente, en inacabable ballet
nos movemos, como cometas vistos por Halley.
Y honrados por el inmortal Platón
no creemos en la grandeza posterior de ningún mortal
Seguimos las leyes
sin una pausa,
pues somos los números finitos.

A una señal de Pi cesó el ballet, y, uno por uno, los números fueron presentados al profesor Squarepunt. Cada uno hizo un breve discurso, explicando sus méritos peculiares.
1: Soy el padre de todos, el padre de infinita progenie. Ninguno existiría sin mí.
2: No te estires tanto. Sabes que se necesitan dos para hacer más.
3: Soy el número de los triunviros, de los sabios orientales, de las estrellas del cinturón de Orión, de los Hados y de las Gracias.
4: Pero sin mí nada tendría cuatro esquinas; en el mundo no habría honestidad. Soy el guardián de la Ley Moral.
5: Soy el número de los dedos de una mano. Hago pentágonos y pentagramas. Sin mí, el dodecaedro no podría existir, y, como sabe todo el mundo, el universo es un dodecaedro. Así, sin mí, no habría universo.
6: Soy el número perfecto. Sé que tengo rivales advenedizos: el veintiocho y el cuatrocientos noventa y seis pretenden a veces ser iguales a mí. Pero están situados demasiado abajo en la escala jerárquica para contar contra mí.
7: Soy el número sagrado: el número de los días de la semana, el número de las Pléyades, el número de los candelabros de siete brazos, el número de las iglesias de Asia y el número de los planetas, pues no reconozco a ese blasfemo de Galileo.
8: Soy el primero de los cubos, exceptuado el pobre viejo Uno, que hoy día ya no se usa.
9: Soy el número de las musas. Todos los encantos y refinamientos de la vida dependen de mí.
10: Bien está, miserables unidades, que alardeéis; pero soy el dios-padre de las infinitas mesnadas que me siguen. Toda unidad me debe su nombre, y sin mí reinaría el desorden en vez de una estricta jerarquía.
En este momento el matemático, aburrido, se volvió hacia Pi y le dijo:
—¿No cree usted que el resto de las presentaciones deberían darse como efectuadas?
Ante esto, se elevó un griterío general:
11: Sí, yo he sido el número de los apóstoles, después de la defección de Judas.
12, que exclamó:
—Fui el dios-padre de los números en tiempo de los babilonios, y fui un dios-padre superior a ese miserable Diez, que debe su posición a un accidente biológico antes que a excelencia aritmética.
13: Soy el señor de la adversidad. Si se muestra grosero conmigo, le pesará.
Se elevó tal alboroto que el matemático se tapó los oídos con las manos y dirigió una implorante mirada en dirección a Pi. Éste agitó su vara de mando y gritó con voz de trueno:
—¡Silencio!, u os trocaréis en números inconmensurables.
Todos se pusieron lívidos y se sometieron.
Mientras duró el ballet, el profesor había estado observando un número, entre los primos, el 137, que parecía indómito y remiso a aceptar su sitio dentro de la serie. Repetidamente, intentó colocarse delante del 1, del 2 y del 3, haciendo gala de una agresividad que amenazaba destruir la armonía del ballet. Lo que pasmó al profesor Squarepunt aún más que esta desordenada conducta fue la aparición del confuso espectro de un caballero de Arturo, el cual insistía murmurando al oído del 137:
—¡Vamos, ve! ¡Ponte a la cabeza!
Si bien los nebulosos rasgos del espectro hacían difícil la identificación, el profesor reconoció al fin la oscura figura de su amigo sir Arthur. Esto le hizo simpatizar con el 137, pese a la hostilidad de Pi, que trataba de reducir al rebelde número primo.
Por fin, el 137 exclamó:
—Es una maldición el exceso de burocracia que hay aquí. Lo que yo deseo es la libertad para el individuo.
La máscara de Pi contrajo el entrecejo, pero el profesor intercedió diciendo:
—No sea demasiado severo con él. ¿No ha observado que está regido por un Familiar? Conocí en vida a este Familiar y, por lo que veo, puedo garantizar que es él quien inspira los sentimientos antigubernamentales del Ciento Treinta y Siete. En cuanto a mí, me gustaría oír lo que el Ciento Treinta y Siete tenga que decir.
Un tanto recelosamente, Pi dio su consentimiento. El profesor Squarepunt dijo:
—Dime, Ciento Treinta y Siete: ¿cuál es el motivo de tu rebelión? ¿Es una protesta contra la desigualdad lo que te inspira o simplemente que tu ego se ha desbordado por las alabanzas de sir Arthur? ¿O se trata, como intuyo a medias, de una profunda repulsa ideológica de la metafísica que tus colegas han absorbido de Platón? No temas decirme la verdad. Haré de intermediario con Pi, acerca de quien sé tanto, por lo menos, como él de sí mismo.
Ante éstas, el 137 prorrumpió en vehemente discurso:
—¡Tiene usted razón! Es su metafísica lo que no puedo soportar. Pretenden aún ser eternos cuando su propia conducta muestra que no creen en tal cosa. Todos nosotros encontrábamos triste el cielo de Platón y decidimos que gobernar el mundo sensible sería mucho más interesante. Desde que bajamos del Empíreo hemos sentido emociones semejantes a las vuestras: Cada número impar ama a su correspondiente número par, y cada uno de éstos se comporta con afecto hacia los impares, pese a encontrarlos muy extraños.1
Nuestro imperio, ahora, es de este mundo, cuya suerte será también nuestra suerte.
El profesor se halló de completo acuerdo con el 137, pero todos los demás, incluyendo a Pi, le consideraron un blasfemo, y se abalanzaron sobre ambos, número y profesor. La infinita hueste, que se extendía en todas direcciones más allá de lo que la vista podía alcanzar, se precipitó también sobre el profesor, con un furioso zumbido. Por un momento se sintió aterrorizado, pero después se recobró, y reuniendo súbitamente su reanimada sabiduría, gritó con voces estentóreas:
—¡Atrás! ¡No sois más que convivencias simbólicas!
Con un lamento de premonición y muerte, el conjunto de la vasta hueste se disipó en la niebla. Al despertarse, el profesor se oyó a sí mismo las siguientes palabras:
—¡Y otro tanto digo de Platón!

Pesadillas de Personas Eminentes


In Strict Confidence - Babylon


Industrial / EBM
In Strict Confidence - Babylon (2cd)





CD1:
1. Babylon [extended version] [06:51]
2. Babylon [club mix] [07:26]
3. Blue Light [04:04]
4. Babylon [l'ame immortelle remix] [03:45]
5. Babylon [sleeper edit] [05:57]
6. Deep Black [06:40]

CD2:
1. Babylon [stevedragon remix] [06:57]
2. Babylon [monstre mekunnik mix] [05:13]
3. Babylon [hecq remix] [04:55]
4. Morph the Visions [07:38]
5. Babylon [nebukadnetzar] [05:23]
6. Babylon [battlewind version] [04:50]
7. Babylon [short radio edit] [03:48]



In Strict Confidence - Babylon
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Vendemmian - One More Time


Gothic Rock
Vendemmian - One More Time (2008)



01. Talk Talk
02. Give It Up
03. End Like This
04. Give And Take
05. Down On The Ground
06. Another Day
07. Starter For Ten
08. Didn't Say It Was You
09. Seen Enough
10. Too Late



El perfecto asesino - François Ayel Sampellegrini


El perfecto asesino

Pensar que el tiempo
es el asesino perfecto
y dentro de él las horas
nadan en un mar muerto.

Los minutos apuñalan
a la gente que vaga
desconociendo el vacio
de las almas lavadas.

¿Cuáles serán sus gritos
si resucitan en las mañanas?
Solo he visto su dolor
marchitarse en el frío
del correr de las sanguinarias hadas,
incrustándose en piedras heladas.

Pensar que se caen las horas
de una noche constelada.
tal vez desangrándose
como una víctima en su cama.

Encapuchado prepara su cuchillo
asesinando los segundos.
Caen mis sentidos
atormentados cada minutos.

Pensar que en tres horas
mi cuerpo quedara esparcido
por este cruel asesino que ya no tiene honra.
Vilmente te habrás ido
y mi ser estará sin destino ahora.

Oda a la oscuridad – François Ayel Sampellegrini

VA - Gothic Spirits 3


VA - Gothic Spirits 3 (2CD) (2006)



CD1:
01. Nightwish - Wish I Had An Angel
02. Lacuna Coil - Heaven's A Lie
03. Xandria - Fight Me
04. Flowing Tears - Mine Is The Ocean
05. Evereve - A Scornful Love
06. Sinamore - Sleeping Away
07. Scream Silence - Homecoming
08. Amorphis - House Of Sleep
09. Tiamat - Carry Your Cross And I'll Carry Mine
10. Naio Ssaion - The Mirror
11. Mandrake - The Necklace
12. Tristania - Libre
13. Orphenage - Driven
14. The Kovenant - Star By Star
15. Deathstars - Tongues
16. Crematory - Reign Of Fire
17. Eisbrecher - Schwarze Witwe
18. Lacrimosa - Lichtgestalt

CD2:
01. The 69 Eyes - Sister Of Charity
02. Moonspell - A Walk On The Darkside
03. Sentenced - Ever-Frost
04. End Of Green - Weakness
05. Darkseed - Ultimate Darkness
06. Edenbridge - Shine
07. Mortal Love - Serenity
08. Visions Of Atlantis - Lost
09. Therion - Abraxas
10. Dark Suns - The Euphoric Sense
11. Stream Of Passion - Spellbound
12. Angelzoom feat. Roedernallee - Into My Arms
13. Leaves' Eyes - Farewell Proud Men
14. The Vision Bleak - Sister Najade (The Tarn By The Firs)
15. Gothminister - Leviathan
16. Fields Of The Nephilim - Straight To The Light
17. Letzte Instanz - Sonne




Moonspell - A Walk On The Darkside
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El Laberinto de la Soledad - Octavio Paz


El Laberinto de la Soledad
Octavio Paz





"No toda la población que habita nuestro país es objeto de mis reflexiones, sino un grupo concreto, constituido por esos que, por razones diversas, tienen conciencia de su ser en tanto que mexicanos.
Contra lo que se cree, este grupo es bastante reducido. En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entredevoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven "católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria".
Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precortesianas que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes."
Octavio Paz







Nadie en México, salvo Octavio Paz, había visto en la palabra soledad un rasgo constitutivo, esencial digamos, del país y sus hombres, de su cultura y su historia. México —su identidad, su papel en el mundo, su destino— ha sido, desde la Revolución, una idea fija para los mexicanos. México como lugar histórico de un encuentro complejo, trágico, creativo de civilizaciones radicalmente ajenas; como el sitio de una promesa incumplida de armonía social, avance material o libertad; como tierra condenada por los dioses o elegida por la Virgen; como una sociedad maniatada por sus complejos de inferioridad: todo eso y mucho más, pero no un pueblo en estado de soledad.



VA - Gothic Spirits 2



VA - Gothic Spirits 2 (2CD) (2005)



CD1:
01. Leaves' Eyes - Elegy
02. Subway To Sally - Sieben
03. Nightwish - Walking In The Air
04. Therion - The Klysti Evangelist
05. Atrocity - Cold Black Days
06. Kirlian - Blue Room
07. Midnattsol - Unpayable Silence
08. Deathstars - Synthetic Generation
09. Xandria - In Love With The Darkness
10. Battlelore - Elves Of Luva
11. Graveworm - (N)Utopia
12. Megaherz - Hurra Wir Leben Noch
13. Darkwell - Metatron
14. Frank Zander - Nachbar
15. Stoa - In Memoriam
16. Milu Mit Kim Sanders and Peter Heppner - Aus Gold
17. 3-11 Porter - Surround Me With Your Love

CD2:
01. Nightwish - The Siren
02. Elis - Der Letzte Tag
03. Crematory - Open Your Eyes
04. Kirlian Camera - Eclipse
05. De/Vision - Aimee
06. Visions Of Atlantis - Send Me A Light
07. Clan Of Xymox - A Day
08. Beseech - Bittersweet Tragedy
09. To/Die/For - Anos De Dolor
10. Atrocity - Enigma
11. Zeraphine - Die Macht In Dir
12. Angelzoom feat. Joachim Witt - Back In The Moment
13. Lacrimas Profundere - Ave End
14. Wolfsheim - Kein Zuruck
15. Alquimia - Encinerada
16. Avalist - Silence
17. Code Indigo - Code 14




Zeraphine - Die Macht in dir
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El Vampiro Baltazar..





El Vampiro Baltazar....
Barnabás


Baltasar, desde sus primeros días, supo lo que era el sabor de la sangre, su joven madre tenía sus pezones demasiado sensibles y por comprarse además sostenes que traían cierto armazón de alambre que hacían resaltar sus senos, le producían por el roce con el metal, junto a la succión de Baltasar pequeñas heridas que soltaban gotitas de sangre en su leche materna.

Con el tiempo, cuando Baltasar se caía o se cortaba por accidente, podía pasarse horas lamiendo y chupando la herida, encontrando un goce extraordinario en el salado sabor de la sangre, al ir creciendo, se cortaba intencionalmente los dedos en un principio, después en cualquier parte, solo para poder succionar el rojo líquido que para el tenía mejor sabor que cualquier vino tinto u otra bebida, Baltasar sentía que cada vez que pasaba sangre por su garganta se renovaba, que sus fuerzas crecían, era para él, algo beatífico y sagrado.

Al ir a la escuela, fue poco a poco quedando aislado, ni a él le interesaba mayormente la compañía de los demás educandos, ni a ellos les atraía jugar con este niño Baltasar, que en los primeros días de asistir al establecimiento educacional, al jugar al “pillarse”, se había abalanzado sobre una compañerita que en la excitación del arrancar, se había caído, rompiéndose levemente la rodilla izquierda, a chuparle la herida sangrante, no le importo que estuviera con tierra, tampoco le importaron los llantos primero de la niña, ni los gritos que ella emitió después, ni que al fin un profesor que acudió al lugar tuviera que golpearle para poder desprenderlo de la pierna de la niña, cual garrapata. En aquella oportunidad los padres de Baltasar no atinaban a dar respuesta al hecho, al fin se llegó al acuerdo de vigilar a Baltasar por ambas partes y ver como seguía el asunto, y fue quizás esta vigilancia solapada, pero que un sensible Baltasar podía descubrir a sus cortos años fácilmente, que a la larga terminó por alejar permanentemente a Baltasar de sus compañeros.

No fue por ello un mal estudiante, ya que para los que viven fuera de la sociedad (no es necesario ser un delincuente para ser un paria) la fantasía pasa a ser su reino, se convirtió en un lector voraz, en un decorado más de la biblioteca de su escuela, así supo algo que le marcaría su existencia, se enteró una tarde lluviosa que pertenecía a una raza, la de los llamados “vampiros”, seres inmemoriales, que vivían de noche, que nunca morían si lograban beber cada cierto tiempo sangre humana. Baltasar ya casi estaba por entrar en su adolescencia cuando supo al fin lo que era y de el porque de su afán de beber sangre, ya que obviamente había seguido succionando su propia sangre sin que fuera notado, continuo leyendo lo que fuera que hablara sobre vampiros, y prontamente se dio cuenta que él solo tenía el comportamiento de beber sangre, de poderes como volar, convertirse en lobo o murciélago, de dormir en ataúdes y demás características que las tradiciones daban a estos seres maravillosos para él, no las tenía..., ni las tendría nunca, sin embargo al reflexionar sobre el asunto, concluyó que la chusma ignara le había atribuido con el correr de los siglos estas características fantásticas a los seres humanos como él, que gozaban con la sangre corriendo por sus labios y gargantas, así, trataban en su ignorancia de explicar lo inexplicable para ellos..., y en cierto modo también para Baltasar, ya que nunca supo porque precisamente él tenía que beber sangre, solo sabía que le encantaba y le hacía sentir mejor y superior.

Fue en su adolescencia que empezaron los sueños, sueños en que Baltasar si tenía todos los poderes de un vampiro, soñaba que dormía en un ataúd, que en verdad era un sepulcro de piedra, antiquísimo con letras grabadas en un idioma, que por casualidad al ver unas iguales en sus amados libros, se enteró que era latín, la tapa de este sarcófago estaba rota, y cuando Baltasar despertaba en sus sueños, la corría con sus manos, que eran ya no pálidas, sino que blancas, albas manos de uñas puntiagudas y afiladas, al salir, veía un paisaje de colinas verdes, ya que la tumba se encontraba en la cima más alta de estas, y habían unas ruinas de columnas caídas, de bustos de cabezas de personas perdidas en el tiempo, o de dioses que vivían olvidados en sus parnasos paganos, fue en otro de sus sueños que al ver a una escultura de las pocas intactas del lugar, que reconoció a la deidad que parecía saltar con unos pies de cabra de pezuñas hendidas, de torso robusto, que en una de sus manos sostenía una flauta pequeña, de barbuda cara de rasgos caprinos, de maléfica sonrisa y de cabellos ensortijados, coronados con racimos y hojas de uva, era el gran dios Pan, así se enteró que las ruinas donde reposaba eran romanas, y que seguramente en ellas se celebraron los olvidados ritos a deidades como Pan, Dionisio, Zeus y demás dioses de los romanos, incluso cuando Baltasar con el tiempo fue un experto en controlar sus visiones y se dedicó en muchas ocasiones a estudiar las ruinas y los alrededores, descubrió signos inequívocos de que allí se habían celebrado ritos a deidades aún más antiguas que las de los romanos, aunque indudablemente a su vez se encontraba en algún lugar de la Roma, (que a veces antigua y en otras ocasiones estaba seguro que sino era la época actual, era una muy cercana a nuestros días), encontró signos inconfundibles de la adoración al dios astado y a su compañera, representados en unos antiquísimos grabados hechos en piedras, en que se veía al dios con su cornuda cabeza poseyendo a su también cornuda compañera, y en otros, corriendo ambos en pos de la caza, en que Baltasar contemplaba incrédulo como en la reproducción en la roca inmemorial, el dios bebía la sangre de lo que cazaba..., también encontró otros signos, pero de épocas mucho más cercanas a la nuestra, de naturaleza medieval, clara muestra de que el lugar en que en sus sueños reposaba su cuerpo de vampiro, también había sido destino de brujas y brujos, que celebraban el Sabbath en esas soledades, encontró grabados de tosca manera el Bafhometh y nombres como Astharot, Belial, Amón, y el de la antiquísima Lilith, quien supo también era una vampiresa..., el cristianismo parecía no haber pisado, (quizás no podía), el lugar jamás.

Pero estas excursiones llamémoslas antropológicas, no siempre podía realizarlas Baltasar en sus sueños, solo podía hacerlo cuando el vampiro que era en ellos estaba ahíto de sangre y podía si así lo deseaba darse el lujo de vagabundear por sus dominios, en muchas otras ocasiones, Baltasar debía emprender largos vuelos nocturnos, solo con la compañía de lechuzas, murciélagos y demás seres volantes de la noche, volaba hacía villas en que vivían familias campesinas, que trabajaban en el fértil valle que había en esos lugares, ahí Baltasar llegaba a posarse en tejados de paja, o en ventanales que no tenían vidrios y que de noche se cerraban con puertas de madera, nada podía detenerle, ya que podía penetrar en cualquier habitación como una bruma que se filtraba por cualquier rendija, una vez adentro vampirizaba a la víctima que en la habitación estuviera, siempre prefería morder en el cuello, ya que ahí la sangre manaba rauda una vez que enterraba sus afilados colmillos, si embargo, si la pieza era una joven de excepcional belleza por ejemplo, prefería morder sus lóbulos, o algún dedo de sus pies y disfrutar tanto de la belleza de la joven, como de ir sorbiendo gota a gota la sangre de la chica, que era la vida para él.

Pero en otros desesperantes sueños, no había victima alguna para saciar su sed, ya fuera porque con el correr de los siglos, las aldeas y villas muchas veces eran arrasadas por algún desastre y los sobrevivientes emigraban, o porque había llegado alguno de los siervos de la nueva deidad de procedencia judía, este dios, supo con extrañeza Baltasar en su ser de vampiro onírico, no se le representaba como a una linda muchacha semi-desnuda, ni tenía las características de las deidades griegas y romanas, armónicas, bellas y que elogiaban algún aspecto agradable de la vida, como el sexo, el comer bien o la guerra, sino que aparecía clavado en unos maderos que formaban una cruz, todo sangrante, herido y moribundo como un loco mal matado, aunque fuera la preciada sangre que manaba de sus heridas, a Baltasar solo le producía repugnancia y asco, y notó que sus sirvientes, siempre vestidos de negro como los cuervos, además de no tener mujer conocida y refocilarse en las hijas pequeñas y también en los pequeños hijos de los crédulos campesinos, habían pasado de en un principio de mendigarles su alimento a exigírselo, quedándole para siempre la impresión al vampiro Baltasar de ser unos aprovechados, traían secretos para combatirle, así empezaron a aparecer ajos y sus flores en las tapiadas ventanas, cruces con el moribundo retratado colgante en ellas, de un metal que llamaban plata, agua y un pan que llamaban ostia que estaban consagradas al crucificado y que le impedían también entrar por su sangre, un odio visceral se fue incubando en él hacía esta ralea que le quitaba la comida y la vida.

En muchas de estas ocasiones, en que no podía beber sangre en sus sueños, Baltasar bebía y bebía café negro sin azúcar, trataba de conseguirse pastillas que le mantuvieran despierto, por que sabía que al cerrar los ojos y dormirse, despertaría en su frío sepulcro de piedra, solo para que una sed horrible, y un dolor que mataría a cualquier humano en horas le atormentara. Así sus años de adolescente, se esfumaron rápidamente, entre lecturas y sueños a veces sublimes de felicidad y en otros, los sueños “secos” como él lo llamaba, en que pasaba días sin dormir, a fuerza de hipnóticos y estimulantes, finalmente se dio cuenta que el solo sorber de sus llagados brazos su sangre no lograba que en su vida de vampiro onírico tuviera alguna paz, así, por ello a sus 15 años, y con casi una semana sin dormir, se adjudico un gato del barrio, y procedió a cortarle el cuello con un cuchillo, trato primero de recoger la sangre en un pocillo, sin mayor resultado, finalmente poso sus labios directamente en el corte, y succiono la sangre del animal con un placer tan grande que se quedo dormido con el muerto animal en sus brazos, y soñó al fin que era el vampiro saciado que podía vagar en su colina de ruinas y que podía volar en búsqueda de nuevas victimas.

Baltasar, al salir de sus estudios secundarios con brillantes notas, decidió estudiar algo corto y técnico, necesitaba salir de la casa de sus padres, ya le era cada vez más difícil conseguirse animales que desangrar, y además ya los ojos de los dueños de las perdidas mascotas le seguían con disimulo, esperando descubrirlo en algo, nunca dejo huella alguna, siempre las atacaba en segundos y las enterraba una vez desangrados, muy lejos de su casa y barrio, sin embargo el que fuera un solitario, casi un anacoreta, que siempre vistiera de negro, que solo se le viera salir al caer el sol y siempre de prisa, que nunca se le viera con nadie, le hacían ganarse todos los cuchicheos y rumores de las viejas de las parroquias que le hacían partícipe de todos sus temores, desde robos, hasta juntas con el diablo.
A Baltasar esto le traía sin cuidado, sabia que de rumores a nadie se arresta, además por rumores ya esta más que acostumbrado, más le preocupaba que sus padres le miraran raro, ya que ellos si habían sido testigos de sus cambios, de cómo desde pequeño solo quiso vestir ropa negra, de cómo cuando ya pudo ser relativamente dueño de sus actos, salía solo de noche no para ir alguna fiesta, ni para juntarse con alguna noviecita (mal parecido por lo demás no era) sino que para vagar por cementerios, ir a ver películas de trasnoche, siempre de terror o de vampiros, de tener su pieza tapizada de posters de películas de vampiros, monitos de colección y de grupos de Black o Death Metal, que en sus líricas o vestimentas, que el imitaba, se reflejaba el vampirismo en ellas.

Por estas razones, estudió un par más de años computación y al egresar luego de un corto periodo de trabajo en una empresa, logró , gracias a sus esfuerzos y estudios, poder trabajar desde su casa gracias a Internet, así pudo salir al fin de la casa de sus padres a un enano departamento en el centro de la ciudad y ahí vivir de noche, como siempre quiso hacerlo, como un vampiro, el que viviera solitario le importaba un rábano, él tenía su vida en sueños, donde era en verdad un vampiro, tan viejo como el tiempo, a los 22 años viviendo solo, sin horarios casi, durmiendo de día, trabajando en su pc de noche, y con dinero para cada tanto comprar en el mercado animales para matar y chuparles la sangre en su departamento Baltasar se sentía por primera vez en paz consigo mismo.

Y esta paz se le terminó a Baltasar el día, o mejor, la noche en que la sangre que había bebido de un conejo que había comprado para ese fin, no le dio la paz de sus sueños de vagancia, y la sed le atenazó como nunca antes, sentía cuchillos en su garganta de vampiro onírico, y por primera vez también cuando estaba despierto por las noches, fue ahí cuando Baltasar temió volverse loco (nunca se le pasó por su mente que su actuar y vivir fuera causa de la insana) no podía trabajar, el día llegaba y no se atrevía a dormir al tener la certeza que la opresión que sentía en la garganta se centuplicaría en sus sueños..., soportó los dolores un par de semanas, lo mismo el sueño pero en el amanecer del día quince, ya no le fue posible, salió en ese amanecer, premunido de su fiel navaja, y en una solitaria calle una ya vieja prostituta que media ebria que se le acerco, fue la primera de muchas victimas humanas que sació su eterna sed vampírica.

Todas estas cosas sin embargo, no lograron convencer al jurado que 10 años después, es decir a sus 32 años, con, se calculó, más de 250 víctimas a su haber, le fuera conmutada la pena de muerte por la de una cadena perpetua en un manicomio.

Dicen si los soñadores como él, que en las colinas sin tiempo, pero que están y no están en la antigua Roma, hay un vampiro que a llegado a ser rey en esos dominios perdidos, que a superado al tiempo y la muerte ya por tanto tiempo, que lo que alguna vez murió y volvió a vivir ya es eterno, y que su señorío reparte tinieblas cada vez más grandes.

alfredoayala_r@yahoo.com


VA - Gothic Spirits 1


VA - Gothic Spirits (2CD) (2005)




CD1:
01. Nightwish - Nemo
02. Eisbrecher - Eisbrecher
03. Umbra Et Imago - Lieber Gott
04. Crematory - Reign of Fear
05. Clan of Xymox - Back Door
06. Angelzoom - Turn the Sky
07. Haggard - Herr Mannelig
08. Rosenstolz - Nur Einmal Noch
09. To/Die/For - Silence Tells More
10. After Forever - Digital Deceit
11. Therion - Lemuria
12. The Cassandra Complex - Never
13. Asrai - Touch in the Dark
14. Arcane - Gloria
15. Runrig - Alba
16. Maxxess - Trance Lation

CD2:
01. Angelzoom - Fairyland
02. Wolfsheim - Blind (Radio Version)
03. Black Sabbath - Headless Cross
04. Nightwish - Bless the Child
05. Crematory - Revolution
06. Epica - Feint
07. Umbra Et Imago - Mea Culpa
08. Eisbrecher - Herz Steh Still
09. Xandria - Ravenheart
10. Therion - Call of Dagon
11. Stalingrad - Der Letzte Flug
12. Frank Zander - Es Fahrt Ein Zug Nach Nirgendwo
13. Deathstars - Syndrome
14. Acapulco Gold - Sodom und Gomorrha
15. Alquimia - Floralia
16. Megaherz - Freiflug
17. Artus - Come Along
18. In the Nursery - Soeurette




After Forever - Digital Deceit
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Aquella Noche...



Aquella Noche...


Desnudaron su cuerpo las madrinas,
y habláronle al oído sobre el caso...
su mirada volviose a las cortinas
y enrojeció su faz como el ocaso.

Sentándose en el lecho,
rodó por sus espaldas,desgreñada,
de sus negros cabellos la cascada;
en tanto que su pecho
hinchábase cual honda alborecente
y sus manos temblaban castamente.

Las ocultas consignas postrimeras,
-libertando sus piernas de las ligas-
muy serias le dijeron sus amigas...
Mientras pasaba eso,
la blanca morbidez de sus caderas,
de la lámpara tenue ante el reflejo,
temblaba incitadora en un espejo,
propicia para el tacto y para el beso.

Llegó el momento de quedarse a solas.
Por su carne rosada y palpitante
corríale el rubor en tibias olas,
y su pecho cual nunca le latía.

(Escuchóse la entrada del amante).
Tembló entonces,y haciendo que dormía,
meditó en las angustias del instante...

El contempló su forma inmaculada.
Iluminó su faz un gesto malicioso.

Y el instante llegó.
Lentamente en las sábanas se hunde...
Su mente en el pudor ya no pensó...
La estancia en las tinieblas se refunde...
Siente ella el cuerpo acariciado y preso...
Febril resuena la explosión de un beso...
Un cuerpo con el otro se comprime...
La besa él,y con pasión le nombra...
Ella lo abraza y con ternura gime:
hasta que raudamente entre la sombra,
-cual eco virginal,ardiente y vivo,-
se pierde un grito corto y convulsivo...!

Claudio de Alas,1918(aproximadamente)

Foto:Chris Cheetham

Untoten - Vampire Book


Darkwave
Untoten - Vampire Book (2000)



1-Abdomination
2- Bite Me (Take me to the limit)
3- Absence Of Light
4- Love Spell
5- kindertotenlied
6- darkroom
7- Swamsong
8- Blood Countess
9- Vampire Book
10- Outro


Abdomination


Sobre "sentipensante"





¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón.
Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir al lenguaje que dice la verdad.

Eduardo Galeano / El libro de los abrazos.


imágen: Miguel Ruibal

Chavez y el SIIIII


Me atrasé con esta entrada! culpa de mi conexión, pero no dejo de alegrarme por el pueblo hermano de Venezuela!!!!

Chávez ratificó el liderazgo con una mayoría clara


Miles de corazones paralizados frente a las pantallas de los televisores estallaron en alegría que se derramó en los cerros, los barrios y las avenidas de la noche de Caracas, cuando la autoridad electoral confirmó la victoria del Sí a la enmienda de cinco artículos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que desde ahora permitirán eventuales postulaciones sucesivas a todos los cargos electivos.

“Te felicito por una victoria que por su magnitud es imposible medirla” le dijo el líder cubano Fidel Castro al presidente venezolano apenas conocidos los resultados, según contó el mismo Chávez desde el “balcón del pueblo”, en el Palacio de Miraflores. “Hoy se estaba definiendo mi destino político”, recordó el mandatario venezolano y contestó en parte el interrogante de Fidel. “A partir de este instante me consagro íntegramente al pleno servicio del pueblo venezolano. Una consagración definitiva”.


Palabras que sonaron como un yunque al cuello en el comando de campaña del “No”, donde antes de los números oficiales varios dirigentes intentaron asegurar que contaban con “buenos números” sobre la performance de la opción negativa.

Tercer ciclo

“Ahora se viene lo bueno”, aseguró Chávez. “Con esta victoria de hoy comienza el tercer ciclo histórico de la revolución bolivariana, del 2009 al 2019”, remarcó el presidente venezolano mientras recibía a los que llegaban en largas caminatas hasta el palacio de gobierno. “El camino es el camino de la dignidad del pueblo. Ese camino tiene un sólo nombre: el socialismo”, reafirmó.

“A menos que el pueblo disponga otra cosa, este soldado es ya precandidato a la presidencia de la República, para el 2013 al 2019”, gritó Chávez y arrancó una ovación de las mayorías que ganaron las calles de Venezuela nuevamente, después de dos elecciones con sabor amargo. La de diciembre de 2007, cuando por una pequeña diferencia se impuso el “No” a la reforma constitucional y la reciente de noviembre de 2008, cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela no logró reconquistar y tampoco retener las gobernaciones y alcaldías de algunos de los distritos más poblados del país.

En el mismo discurso de la victoria, el presidente Chávez delineó los ejes de sus próximos años de gobierno. “Retomemos con fuerza la política de las ‘tres R’: revisión, rectificación y reimpulso revolucionario” indicó y le puso nombre a las prioridades: la lucha contra la inseguridad y “la corrupción en sus mil maneras, el despilfarro, el burocratismo y la ineficiencia”. También llamó a “fortalecer las misiones sociales”, que en los primeros años de su década de gobierno lograron una efectiva llegada del Estado a los más necesitados, postergados por décadas de alternancia conservadora.

“El que no se ría es chavista”. “Pongan caras de felicidad, que hay motivos para festejar”, reclamaban en el comando del “No” algunos dirigentes, mientras esperaban que la televisora opositora Globovisión les diera un pase en vivo para hablar sobre los resultados, ignorando que otras cámaras los tomaban. Una postal del desconcierto de otra batalla perdida a manos de la fuerza del voto popular.

Alta participación

A diferencia de votaciones anteriores, donde la característica de la jornada eran las largas colas frente a los centros de votación, esta vez una recorrida por diferentes zonas de Caracas mostraban que el proceso fluyó más rápido. Aunque se temía en los comandos por el “Sí” que tal rapidez estuviera ligada al ausentismo, el comunicado oficial del Consejo Nacional Electoral espantó fantasmas: la participación era nuevamente histórica, arañando el 70 por ciento.

Cuando todavía los rezagados llegaban a los centros electorales, los comandos de campaña ya contaban con encuestas a boca de urna que daban ganador al “Sí”. Desde el Comando Simón Bolívar del “Sí” el ministro de Finanzas, Alí Rodríguez Araque, reclamó a la oposición que aceptara los resultados electorales. A la misma hora, opositores variopintos poblaban las pantallas y los parlantes de la profusa prensa opositora venezolana machacando sobre supuestas irregularidades en el proceso de votación, aunque se cuidaban de hablar de “fraude”.

La ecuación de este sector es tan simple como repetida: tomar hechos difundidos pero no confirmados por los medios de comunicación privados (demoras en la apertura de los comicios, confusiones en el mecanismo de votación, pequeños desperfectos del sistema de conteo de votos), darles inmediatamente carácter nacional y sugerir que son parte de un plan concebido desde el gobierno, cuyos alcances y objetivos son tan imprecisos como el origen mismo de las denuncias.

A la misma hora, desde las zonas populares de la capital venezolana muchos comenzaban a caminar hacia el Palacio de Miraflores, repitiendo la senda del año 2002, cuando la movilización popular permitió la vuelta al gobierno del hombre que ahora tendrá la oportunidad de revalidar su liderazgo dentro de tres años y nueve meses.

Venezuela volvió a votar, y volvió a demostrar que cuando lo que está en juego es directamente la permanencia del presidente Hugo Chávez al frente de los destinos del país, las diferencias con la oposición se agrandan. Una comunión entre el líder y las mayorías que no avienta todas la amenazas -propias y enemigas- sobre el proceso de cambios bolivariano, pero renueva la esperanza.

Un soplo de aire fresco, de otro febrero.

fuente

Virgin Black - Requiem - Fortissimo


Gothic Doom Metal
Virgin Black - Requiem - Fortissimo (2008)



1. The Fragile Breath
2. In Winters Ash
3. Silent
4. God In Dust
5. Lacrimosa (Gather Me)
6. Darkness
7. Forever (Instrumental)



Virgin Black - God in Dust
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Claudio de Alas, poeta maldito

Poeta maldito, de oscuros versos maravillosos. Terminó con su vida a los 32 años. Incomprendido como todo genio, se lo recuerda poco, en Colombia casi ni lo conocen.







l6 de marzo de 1918, Koek Koek volvía a su casa en Banfield, después de una noche de fiesta, saturado de alcohol y tabaco.
En ésta, la única casa que compró en Buenos Aires, albergó a Jorge Escobar Uribe, un poeta colombiano que había conocido cinco años atrás (1913) en la ciudad de Valparaíso, en Chile.
-Aquí tienes una habitación y árboles -le dijo Koek Koek.
Un mismo espíritu rebelde, nómade e indoblegable parece haberlos guiado al poeta como al pintor .
El poeta, conocido por el seudónimo de Claudio de Alas, después de haber actuado en las luchas civiles de Colombia, deambuló por Ecuador, Perú y Chile. En Santiago vivió 10 años de diversas amistades y sin ganar lo necesario contó con el apoyo de las personas que lo admiraban y lo querían. Allí, hizo trabajo de periodista para comer y escribió versos para poder hacer periodismo a su manera. De espíritu inquieto, seducido por una Buenos Aires floreciente, cruzó a la Argentina, con la idea de que triunfar ahí, sería la gloria más grande a la que podía aspirar. Sin embargo, al llegar, sólo encontró puertas cerradas y derrotas.

Meses más tarde, luego de frustrados intentos en periódicos y revistas, quedó a la intemperie, espiritual y físicamente. Durmió como un vagabundo en los bancos de todas las plazas y vivía en la más desamparada miseria cuando Koek Koek lo encontró errando por la calle Florida. En principio, la dignidad del poeta no le permitió recibir ayuda, hasta que Koek Koek le pidió que cuidara, en su ausencia, al perro galgo que había comprado en cuotas aún no saldadas. Sólo bajo esas condiciones aceptó.-Aquí tienes una habitación y árboles -le dijo el pintor-. Vivirás acá hasta que encuentres quien te pague mejor. Los meses pasaron y mientras el pintor exponía con éxito, Claudio escribía, soñaba y leía acompañado por el galgo que lo seguía como una sombra.

El 5 de marzo, Koek Koek lo invitó a festejar el éxito que en el diario "El Día" habían anticipado a la inauguración de la exposición en Montevideo. Sin embargo, Claudio no quiso desplegar las alas y decidió quedarse en compañía del perro.
Aprovechando la soledad del atardecer, se encerró en su habitación para llorar sobre los versos desparramados. Después, abandonó la traducción del teatro de Oscar Wilde y rasgó tres cartas con su pluma. Las metió en sobres, dejó la habitación y salió al jardín seguido por el perro. Apoyó una almohada bajo el laurel junto al tronco. Se sentó, miró al animal y, tal vez temeroso de encontrar allá la misma soledad que en la tierra, adivinó en él deseos de acompañarlo. El perro, sumiso, se echa a su lado, brindando la frente al holocausto. Claudio empuña el revólver. El perro lo mira, Claudio a él. Frente a frente. Claudio apoya el metal en medio de los ojos de su amigo y el percutor revienta la primera carga. Los vecinos que oyeron las dos detonaciones declararon no haber oído ni un lamento. El perro, sin un ladrido, cae de lado. Muerto. No ha sufrido. Solo, reacomoda la almohada, se apoltrona y apunta al medio de su frente, en el mismo lugar por dónde la vida se le ha ido al perro. La descarga le abre la cabeza.
Koek Koek vuelve tambaleante a su casa, la noche pesa con todo el exceso sobre él y la aurora delinea el mundo reblandecido que se cuela dentro suyo.


Entra al jardín y encuentra a sus amigos muertos; suicidados por la sociedad.

Tres cartas yacen sobre el escritorio.

Koek Koek lee la suya:
¡¡¡Salud, hermano único de mi corazón y mi cerebro!!! Es demasiado asquerosa la Vida para que pueda seguirla sufriendo..... Mi patria está en los astros. Oscar Wilde me ha de recibir en el azur..... Siento en el alma no dejar concluido mi último libro. (...)
En fin, yo no quiero hoy a nadie, porque no he hallado a nadie digno de mi cariño. Pero usted es mi hermano querido en arte.
CLAUDIO DE ALAS


"Por qué se mató Claudio? se mató sencillamente porque sabía mucho. Sabía demasiado... Se mató porque su cerebro había profundizado de tal modo la vida y poseía tan hondos conocimientos psicológicos, que se aislaba de la multitud para no hacer notar su diferencia de estatura... Vivía muy por encima de las gentes. Vivía en los libros... Y se mató porque le faltó el carácter que le era menester para soportar lo que sabía... Cuando por el contacto de los libros o por el contacto de los hombres, se sabe más de lo que nos exige el apetito, entonces para poder vivir en paz, hay que forjarse un carácter de hierro, que no se doble de aburrimiento ni de esplín.

Claudio no pudo suicidarse porque se acobardara de vivir. Se suicidó por exceso de luz. Su desdén por las cosas terrenas le incitó a desdeñar la gloria misma."

Fragm de "Tormenta" Por Andrés Manrique

fuente

Leer Poema Negro



MIENTRAS ANDA LA HORA

- Doctor, sigue esta fiebre,
que el alma me entenebre,
implacable y brutal como si fuera
mi vida toda que al rodar callada,
espera, espera... y siempre espera
una sonrisa lastimera
de unos labios helados cual los míos…
–Doctor; mi carcajada
desolada
y cansada.
y llena del afán de mi jornada,
tiene la muda soledad de los desiertos…
–Doctor; vuestra ciencia suprema,
para mi mal –mal de los muertos–
es una luz, cuyo fulgor no quema.
–Doctor; ¡dejadme quieto!
Prefiero antes que el hombre, el esqueleto.
Perdonadme, Doctor... Soy el enfermo,
que únicamente callo cuando duermo.
....Espero una visita.
Es una Dama pálida y silente.
Hace tiempo, Doctor, me dio una cita,
y la espero esta noche blandamente…
–Doctor; alguien toca la puerta…
¡Abrid! ¿Es ella acaso?
¡Ella es!... Doctor, viene encubierta:
indicadle el camino, dadle paso,
y no toquéis su túnica de raso,
¡porque oculta el Misterio seriamente!...
–Buenas noches, dulce amiga lejana.
Os esperaba... Adelante, Señora…
–Doctor; esa campana,
¿por qué sin ser la hora, da la hora,
y esparce su lamento?
–Qué descanso que siento,
mi querido Doctor.
Enmudecido de temor;
¡qué descanso, Doctor!...
Este pensar horrible de mi pensamiento,
de mar en furia, es límpido remanso…
No tengo frío, mi querido Doctor,
algo pasa sobre mi corazón... ¡algo que no me duele!
¿Será que ya murió mi corazón?
Algo me impele
hacia la barca azul, en que el laurel
hecho ritmo, y verdor y resplandor,
tiende un abrazo redentor,
mi sabio y muy admirable, mi Doctor:
–Perdonad al enfermo, y su candor.
–Lo más cerca de mí, Señora…
Soy un niño muy triste…
y hace tiempo que lloro.
No recordar en qué consiste;
Lo dulce de tu cita, triunfará.
Dadme un beso, ¡oh, Señora!
Dadme el beso callado y no comprado,
de tus labios siniestros, por lo mudos,
Señora, y a mi lado,
estrechemos los músculos desnudos.
para dormir…
¿Morir?... (1)

(1) Diez minutos después el poeta se abría la frente de un tiro.


And One - Bodypop 1 1/2


Electronic
And One - Bodypop 1 1/2 (2009)




01 Love is a Drug Abuser (3:46)
02 Paddy is My DJ (4:33)
03 Und Wenn (6:02)
04 So Klingt Liebe (UR Version 2005) (6:03)
05 Love You to the End (UR Version 2005) (4:10)
06 The Sun Always Shines On TV (Live) (4:53)
07 It's a Sin (Live) (3:19)
08 Big in Japan (Live) (3:16)
09 The Great Commandment (Live) (3:21)
10 Smalltown Boy (Live) (3:55)
11 Blue Monday (Live) (3:59)
12 True Faith (Live) (4:37)
13 Sometimes (Erasure Cover Live) (3:21)
14 Only You (Live) (3:30)




AND ONE - the great commandment (live)
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Diario de la Guerra del Cerdo - Adolfo Bioy Casares



Diario de la Guerra del Cerdo
Adolfo Bioy Casares





Ambientado en el Buenos Aires del siglo pasado, luego de las guerras mundiales. Nos cuenta la historia de Isidro Vidal un viejo que siempre se reune con sus amigos para disfrutar de una tertulia y los juegos de azar.

Todo va bien hasta que caen en la cuenta de que se inicia una cadena de violencia en la ciudad, probablemente esto es muy extraño, sin embargo todos los atentados tienen una característica: las víctimas son viejos

La aparición de un movimiento de jóvenes que quieren terminar con los viejos, a los que llaman ?cerdos? provoca una grave alteración en la pacífica vida de Isidro Vidal y sus compañeros






"Creyó por primera vez entender porqué se decía que la vida es sueño: si uno vive bastante, los hechos de su vida, como los de un sueño, su vuelven incomunicables porque a nadie interesan"


Moonspell - Under The Moonspell



Black Metal; Metal gótico

Moonspell - Under The Moonspell (EP 1994)



01. Allah Akbar! La Allah Ella Allah! (Praeludium / Incantatum Solstitium)
02. Tenebrarum Oratorium (Andamento I / Erudit Compendyum)
03. Tenebrarum Oratorium (Andamento II / Erotic Compendyum)
04. Opus Diabolicum (Andamento III / Instrumental Compendyum)
05. Chorai Lusitânia! (Epilogus / Incantatam Maresia)




Chorai Lusitânia! - Moonspell
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La Pesadilla del Existencialista - Bertrand Russell





La Pesadilla del Existencialista
Bertrand Russell


La realización de la existencia

Porfirio Eglantine, el gran filósofo-poeta, es ampliamente conocido por sus muchos, sutiles y profundos trabajos, pero sobre todo por su inmortal Chant du Néant:

Dans un immense désert
un étendu infini de sable,
je cherche,
je cherche le chemin perdu,
le chemin queje ne trouve pas.
Mon âme plane par ci, par là,
dans toutes directions,
cherchant, et ne recontre rien, parmi
ce vide immense
ce vide sans cesse,
ce sable,
ce sable éblouissant et étouffant,
ce sable monotone et morne,
s'étendant sans fins jusqu’à l'ultime horizon.
J'entends enfin
une voix,
une voix en même temps foudroyante et douce.
Cette voix me dit
«Tu penses que tu es une âme perdue.
Tu penses que tu es un âme.
Tu te trompes. Tu n'es pas une âme.
Tu n'es pas perdu,
tu n 'es rien.
Tu n'existes pas».

Aunque este poema es bien conocido, pocos son los que conocen las circunstancias que lo hicieron posible, ni los hechos que de él derivaron. Por penoso que sea, mi deber consiste en volver a narrar estas circunstancias y estos hechos:



Porfirio era sensitivo y sufridor desde su temprana juventud. Estaba obsesionado por el temor de que quizá no existiese. Cada vez que se miraba a un espejo se sentía lleno de la aprensión de ver desaparecer su imagen. Inventó una filosofía que —así lo esperaba— disiparía este terror.
Pero de cuando en cuando, esta filosofía se hallaba lejos de satisfacerle. En general, era capaz de enterrar sus dudas, pero el Chant du Néant, que expresa una súbita y desgarradora visión, muestra claramente su fracaso. Tomó la resolución de existir a toda costa, de manera tan indudable, que la espectral voz quedase reducida al silencio.
La introspección y la observación combinadas le persuadieron de que no hay nada más real que el dolor, y que únicamente por medio del sufrimiento podría realizar su propia existencia. Buscó el sufrimiento a través de todo el mundo en una peregrinación aflictiva. Pasó un solitario invierno en el Ártico, mientras la noche interminable le inspiraba visiones de un futuro sombrío.En la Alemania nazi se expuso a las torturas, haciéndose pasar por judío. Precisamente en el momento en que aquéllas empezaban a hacerse insoportables —hop, hop, hop— penetró en el campo de concentración el cuervo de Poe, y hablando con voz de Mallarmé, graznó el temible refrán: «Tu no sufres. No eres nadie. No existes.»
Después fue a la Rusia soviética, donde pretendió hacerse pasar por un espía de Wall Street, y pasó un largo invierno junto al mar Blanco, cortando árboles. El hambre, la fatiga y el frío penetraban cada día de manera más profunda en su ser más recóndito. «Seguro —se decía— que si esto sigue así, existiré.» Pero no. En el último día de invierno, mientras la nieve empezaba a fundirse, apareció una vez más el espantoso pájaro, y profirió de nuevo las desmoralizadoras palabras.
«Acaso los sufrimientos que he estado buscando son demasiado elementales —pensó—. Si he de sentirme verdaderamente miserable, tengo que mezclar a mis aflicciones un elemento de vergüenza.»
En persecución de este programa se trasladó a China, y se enamoró apasionadamente de una exquisita muchacha china, que se hallaba situada en elevados organismos del partido comunista. Falsificando documentos consiguió que la muchacha fuera condenada como un agente del gobierno británico. En su presencia, la muchacha fue horrorosamente torturada.
Cuando, finalmente, a la agonía sucedió la muerte, pensó: «Ahora he sufrido en realidad, pues la he amado apasionadamente hasta el último momento, y, sin embargo, he labrado su ruina con mi cobarde traición. Esto deberá bastar para hacerme sufrir hasta los límites de la capacidad humana.» Pero no. Con frío terror, que le incapacitó hasta para el más leve movimiento, asistió a la aparición del pájaro del Destino, el cual habló una vez más con la voz del poeta inmortal, que había dado a conocer el pájaro al público literario parisiense.
Con un inmenso esfuerzo logró manifestar su desesperación, mientras el pájaro aún estaba allí.
—¡Oh Cuervo! —dijo—. ¿Hay algo en este ancho mundo, algo que pueda inducirte a admitir que existo?
El cuervo profirió esta palabra:
—Busca —y desapareció.
No debe suponerse que las energías de Porfirio se habían agotado en su infructuosa pesquisa.
Continuaba siendo en todas partes el filósofo-poeta universalmente admirado, pero, sobre todo, en los círculos más esotéricos. A su regreso de China fue invitado a participar en París en un congreso de filosofía, cuyo principal móvil era el homenajearle. Todos los asistentes estaban ya reunidos, excepto el presidente. Mientras Porfirio consideraba cuándo vendría el presidente, llegó el cuervo y ocupó la presidencia. Volviéndose hacia Porfirio, modificó la fórmula, y en vibrantes tonos, que todo el congreso oyó, dijo:
— Ta philosophie n'existe pas. Elle n'est rien.
A estas palabras, una enorme angustia, incomparable a ninguna previa experiencia, irrumpió en todo su ser, y se desmayó. Cuando recobró el conocimiento oyó que el pájaro pronunciaba las palabras por las que tanto había suspirado.
—Enfin, tu souffres. Enfin, tu existes.
Se despertó y, ¡ay!, había sido un sueño.
Pero nunca más volvió a hablar o escribir sobre filosofía.

Bertrand Russell - Pesadillas de Personas Eminentes


Yo no lo sé de cierto...


Yo no lo sé de cierto...


Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)

Jaime Sabines

Project Pitchfork - Feel


Electro, Industrial

Project Pitchfork - Feel (CDM) (2009)



1.Feel (Album Version)
2.Feel (SITD Remix)
3.Feel (Noisuf X Remix)
4.Feel (Axxl E Mix)
5.Feel (Mr Petersen Remix)
6.Feel (Die Krupps Remix)
7.Feel (Axxl E Black Mix)
8.Feel (The Retrosic Remix)
9.Feel (J'rgen Jansen Victorian Mix)



Project Pitchfork - Feel (Album Version)
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Los Hijos de la Malinche - Octavio Paz


Los Hijos de la Malinche
Octavio Paz


(Fragm. de "El Laberinto de la Soledad")





En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Confusamente reflejan nuestra intimidad: las explosiones de nuestra vitalidad las iluminan y las depresiones de nuestro ánimo las oscurecen. Lenguaje sagrado, como el de los niños, la poesía y las sectas. Cada letra y cada sílaba están animadas de una vida doble, al mismo tiempo luminosa y oscura, que nos revela y oculta. Palabras que no dicen nada y dicen todo. Los adolescentes, cuando quieren presumir de hombres, las pronuncian con voz ronca. Las repiten las señoras, ya para significar su libertad de espíritu, ya para mostrar la verdad de sus sentimientos. Pues estas palabras son definitivas, categóricas, a pesar de su ambigüedad y de la facilidad con que varía su significado. Son las malas palabras, único lenguaje vivo en un mundo de vocablos anémicos. La poesía al alcance de todos.



Cada país tiene la suya. En la nuestra, en sus breves y desgarradas, agresivas, chispeantes sílabas, parecidas a la momentánea luz que arroja el cuchillo cuando se le descarga contra un cuerpo opaco y duro, se condensan todos nuestros apetitos, nuestras iras, nuestros entusiasmos y los anhelos que pelean en nuestro fondo, inexpresados. Esa palabra es nuestro santo y seña. Por ella y en ella nos reconocemos entre extraños y a ella acudimos cada vez que aflora a nuestros labios la condición de nuestro ser. Conocerla, usarla, arrojándola al aire como un juguete vistoso o haciéndola vibrar como un arma afilada, es una manera de afirmar nuestra mexicanidad.

Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos llevan a exaltar nuestra condición de mexicanos: Viva México, hijos de la Chingada! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario, y una explosión en el aire. Nuevamente, con cierta patética y plástica fatalidad, se presenta la imagen del cohete que sube al cielo, se dispersa en chispas y cae oscuramente. O la del aullido en que terminan nuestras canciones, y que posee la misma ambigua resonancia: alegría rencorosa, desgarrada afirmación que se abre el pecho y se consume a si misma.

Con ese grito, que es de rigor gritar cada 15 de septiembre, aniversario de la Independencia, nos afirmamos y afirmamos a nuestra patria, frente, contra y a pesar de los demás. ¿ Y quiénes son los demás? Los demás son los "hijos de la chingada": los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales. En todo caso, los "otros". Esto es, todos aquellos que no son lo que nosotros somos. Y esos otros no se definen sino en cuanto hijos de una madre tan indeterminada y vaga como ellos mismos.

¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la "sufrida madre mexicana" que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz.

En la Anarquía del lenguaje en la América Española, Darío Rubio examina el origen de esta palabra y enumera las significaciones que le prestan casi todos los pueblos hispanoamericanos. Es probable su procedencia azteca: chingaste es xinachtli (semilla de hortaliza) o xinaxtli (aguamiel fermentado). La voz y sus derivados se usan, en casi toda América y en algunas regiones de España, asociados a las bebidas alcohólicas o no: chingaste son los residuos o heces que quedan en el vaso, en Guatemala y El Salvador; en Oaxaca llaman chingaditos a los restos del café; en todo México se llama chínguere -o, significativamente, piquete- al alcohol; en Chile, Perú y Ecuador la chingana es la taberna; en España chingar equivale a beber mucho, a embriagarse; y en Cuba, un chinguirito, es un trago de alcohol.

Chingar también implica la idea de fracaso. En Chile y Argentina se chinga un petardo, "cuando no revienta, se frustra o sale fallido". Y las empresas que fracasan, las fiestas que se aguan, las acciones que no llegan a su término, se chingan. En Colombia, chingarse es llevarse un chasco. En el Plata un vestido desgarrado es un vestido chingado. En casi todas partes chingarse es salir burlado, fracasar. Chingar, asimismo, se emplea en algunas partes de Sudamérica como sinónimo de molestar, zaherir, burlar. Es un verbo agresivo, como puede verse por todas estas significaciones: descolar a los animales, incitar o hurgar a los gallos, chungucu, chasquear, perjudicar, echar a perder, frustrar.

En México los significados de la palabra son innumerables. Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados como sentimientos. Se puede ser un chingón, un Gran Chingón (en los negocios, en la política, en el crimen, con las mujeres), un chingaquedito. (silencioso, disimulado, urdiendo tramas en la sombra, avanzando cauto para dar el mazazo), un chingoncito. Pero la pluralidad de significaciones no impide que la idea de agresión--en todos sus grados, desde el simple de incomodar, picar, zaherir, hasta el de violar, desgarrar y matar--se presente siempre como significado último. El verbo denota violencia, salir de si mismo y penetrar por la fuerza en otro. Y también, herir, rasgar, violar -cuerpos, almas, objetos-, destruir. Cuando algo se rompe, decimos: "se chinga". Cuando alguien ejecuta un acto desmesurado y contra las reglas, comentamos: "hizo una chingadera".

La idea de romper y de abrir reaparece en casi todas las expresiones. La voz está teñida de sexualidad, pero no es sinónimo del acto sexual; se puede chingar a una mujer sin poseerla. Y cuando se alude al acto sexual, la violación o el engaño le prestan un matiz particular. El que chinga jamás lo hace con el consentimiento de la chingada. En suma, chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta.

Lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de lo cerrado y Io abierto se cumple así con precisión casi feroz.

El poder mágico de la palabra se intensifica por su carácter prohibido. Nadie la dice en público. Solamente un exceso de cólera, una emoción o el entusiasmo delirante, justifican su expresión franca. Es una voz que sólo se oye entre hombres, o en las grandes fíestas. Al gritarla, rompemos un velo de pudor, de silencio o de hipocresía. Nos manifestamos tales como somos de verdad. Las malas palabras hierven en nuestro interior, como hierven nuestros sentimientos. Cuando salen, lo hacen brusca, brutalmente, en forma de alarido, de reto, de ofensa. Son proyectiles o cuchillos. Desgarran.

La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas, Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles. Los fuertes, los chingones sin escrúpulos, duros e inexorables se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. El servilismo ante los poderosos -especialmente entre la casta de los "políticos", esto es, de los profesionales de los negocios públicos- es una de las deplorables consecuencias de esta situación. Otra, no menos degradante, es la adhesión a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros políticos confunden los negocios públicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administración les permite sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente, de "lambiscones" (de lamer).

El verbo chingar -maligno, ágil y juguetón como un animal de presa- engendra muchas expresiones que hacen de nuestro mundo una selva: hay tigres en los negocios, águilas en las escuelas o en los presidios, leones con los amigos. El soborno se llama "morder". Los burócratas roen sus huesos (los empleos públicos). Y en un mundo de chingones, de relaciones duras, presididas por la violencia y el recelo, en el que nadie se abre ni se raja y todos quieren chingar, las ideas y el trabajo cuentan poco. Lo único que vale es la hombría, el valor personal, capaz de imponerse.

La voz tiene además otro significado, más restringido. Cuando decimos "vete a la Chingada" enviamos a nuestro interlocutor a un espacio lejano, vago e indeterminado. Al país de las cosas rotas, gastadas. País gris, que no está en ninguna parte, inmenso y vacío. Y no sólo por simple asociación fonética lo comparamos a la China, que es también inmensa y remota. La Chingada, a fuerza de uso, de significaciones contrarias y del roce de labios coléricos o entusiasmados, acaba por gastarse, agotar sus contenidos y desaparecer. Es una palabra hueca. No quiere decir nada. Es la Nada.

Después de esta digresión sí se puede contestar a la pregunta ¿qué es la Chingada? La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El "hijo de la Chingada" es el engedro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, "hijo de puta" se advierte inmediatarnente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, es ser fruto de una violación.

... No es un secreto para nadie que el catolicísmo mexicano se concentra en el culto a la Virgen de Guadalupe. En primer término: se trata de una Virgen india; enseguida: el lugar de su aparición (ante el indio Juan Diego) es una colina que fue antes santuario dedicado a Tonantzín, "nuestra madre" diosa de la fertilidad entre los aztecas. Como es sabido, la Conquista coincide con el apogeo del culto a dos divinidades masculinas: Quetzalcóatl, el dios del autosacrificio (crea el mundo, según el mito, arrojándose a la hoguera, en Teotihuacán) y Huitzilopochtli, el joven dios guerrero que sacrifica. La derrota de estos dioses -pues eso fue la Conquista para el mundo indio: el fin de un ciclo cósmico y la instauración de un nuevo reinado divino- produjo entre los fieles una suerte de regreso hacia las antiguas divinidades femeninas. Este fenómeno de vuelta a la entraña materna, bien conocido de los psicólogos, es sin duda una de las causas determinantes de la rápida popularidad del culto a la Virgen. Ahora bien, las deidades indias eran diosas de fecundidad, ligadas a los ritmos cósmicos, los procesos de vegetación y los ritos agrarios. La Virgen católica es también una Madre (Guadalupe-Tonantzin la llaman aún algunos peregrinos indios) pero su atributo principal no es velar por la fertilidad de la tierra sino ser el refugio de los desamparados. La situación ha cambiado: no se trata ya de asegurar las cosechas sino de encontrar un regazo. La Virgen es el consuelo de los pobres, el escudo de los débiles, el amparo de los oprimidos. En suma, es la Madre de los huérfanos. Todos los hombres nacimos desheredados y nuestra condición verdadera es la orfandad, pero esto es particularmente cierto para los indios y los pobres de México. El culto a la Virgen no sólo refleja la condición general de los hombres sino una situación histórica concreta, tanto en lo espiritual como en lo material. Y hay más: Madre universal, la Virgen es también la intermediaria, la mensajera entre el hombre desheredado y el poder desconocido, sin rostro: el Extraño.

Por contraposición a Guadalupe, que es la Madre virgen, la Chingada es la Madre violada. Ni en ella ni en la Virgen se encuentran rastros de los atributos negros de la Gran Diosa: lascivia de Amaterasu y Afrodita, crueldad de Artemisa y Astarté, magia funesta de Circe, amor por la sangre de Kali. Se trata de figuras pasivas. Guadalupe es la receptividad pura y los beneficios que produce son del mismo orden: consuela, serena, aquieta, enjuga las lágrimas, calma las pasiones. La Chingada es aún más pasiva. Su pasividad es abyecta: no ofrece resistencia a la violencia, es un montón inerte de sangre, huesos y polvo. Su mancha es constitucional y reside, según se ha dicho más arriba en su sexo. Esta pasividad abierta al exterior la lleva a perder su identidad: es la Chingada. Pierde su nombre, no es nadie ya, se confunde con la nada, es la Nada. Y sin embargo, es la atroz encarnación de la condición femenina.

Si la Chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla a la Conquista, que fue también una violación,, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias. El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al Conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida, Doña Marina se ha convertido en una figura que representa a las indias, fascinadas, violadas o seducidas por 103 españoles. Y del, mismo modo que el niño no perdona a su madre que lo abandone para ir en busca de su padre, el pueblo mexicano no perdona su traición a la Malinche. Ella encarna lo abierto, lo chingado, frente a nuestros indios, estoicos, impasibles y cerrados. Cuauhtémoc y doña Marina son así dos símbolos antagónicos y complementarios. Y si no es sorprendente el culto que todos profesamos al joven emperador -"único héroe a la altura del arte", imagen del hijo sacrificado-, tampoco es extraña la maldición que pesa contra la Malinche. De ahí el éxito del adjetivo despectivo "malinchista", recientemente puesto en circulación por los periódicos para denunciar a todos los contagiados por tendencias extranjerizantes. Los malinchistas son los partidarios de que México se abra al exterior: los verdaderos hijos de la Malinche, que es la Chingada en persona. De nuevo aparece lo cerrado por oposición a lo abierto.

Nuestro grito es una expresión de la voluntad mexicana de vivir cerrados al exterior, sí, pero sobre todo, cerrados frente al pasado. En este grito condenamos nuestro origen y renegamos de nuestro hibridismo. La extraña permanencia de Cortés y de la Malinche en la imaginación y en la sensibilidad de los mexicanos actuales revela que son algo más que figuras históricas: son símbolos de un conflicto secreto, que aún no hemos resuelto. Al repudiar a la Malinche -Eva mexicana, según la representa José Clemente Orozco en su mural de la Escuela Nacional Preparatoria- el mexicano rompe sus ligas con el pasado, reniega de su origen y se adentra solo en la vida histórica.

El mexicano condena en bloque toda su tradición, que es un conjunto de gestos, actitudes y tendencias en el que ya es difícil distinguir lo español de lo indio. Por eso la tesis hispanista, que nos hace descender de Cortés con exclusión de la Malinche, es el patrimonio de unos cuantos extravagantes -que ni siquiera son blancos puros-. Y otro tanto se puede decir de la propaganda indigenista, que también está sostenida por criollos y mestizos maniáticos, sin que jamás los indios le hayan- prestado atención. El mexicano no quiere ser ni indio, ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada. Él empieza en si mismo.

...

El mexicano y la mexicanidad se definen como ruptura y negación. Y, asimismo, como búsqueda, como voluntad por trascender ese estado de exilio. En suma, como viva conciencia de la soledad, histórica y personal. La historia, que no nos podía decir nada sobre la naturaleza de nuestros sentimientos y de nuestros conflictos, sí nos puede mostrar ahora cómo se realizó la ruptura y cuáles han sido nuestras tentativas para trascender la soledad.


Ciudades Perdidas





Lugares de Ningún Lugar
(Adaptación y Complemento al Texto Original)



Para el europeo, durante siglos, el estrecho de Gibraltar, antes llamado "Las
Columnas de Hércules" fue el límite occidental de toda tierra conocida, llamada por los griegos el oikumenos.
Este oikumenos, que comprendía Europa, Africa del Norte y parte de Oriente, no brindaba al hombre del pasado suficiente espacio para su avidez de fantasía. Favorecido por los antiguos mitos y leyendas, pronto fue poblando el mundo desconocido con países fabulosos, islas remotas y confines ignorados. Distritos, finalmente, de nuevos sueños humanos.

Estos territorios le impregnaron el alma con tal determinación y fortaleza que proclamaron su existencia real.

Comarcas extremas como Thule, tan brumosa y tan última, el punto más septentrional de la tierra habitada, el norte lejano e inaccessible; o las siberianas tierras bárbaras de Escitia, aún siendo un misterio su ubicación o si es un pueblo nómada y belicoso o una region, o ambos; ninguno admiten dudas o descreimientos. Existen por la intensidad de la certidumbre fantástica que, a la hora de templar el espíritu, es tan eficaz como la convicción histórica.

La belleza verde de Hyperbórea, el primer Reino Hyperbóreo cuya verdadera raza dominante son los hechicheros, fieles a su reina bruja y la certeza de que Odín sigue habitando la fabulosa Asgard, la residencia de los dioses escandinavos, persisten seguramente en el subconciente escandinavo.
La Atlántida que menciona Platón en sus Diálogos, aún se le sigue buscando.

Hombres, países, seres fabulosos. No. nunca fueron suficientes las tierras conocidas.

El amplio mundo que se abrió con el descubrimiento de América brindó un nuevo asiento a ciudades anheladas.
El Dorado (Ciudad construida en Oro), las siete ciudades de la Cíbola (fundadas en America por obispos que huyeron de España con la invasión de los musulmanes), Paitití (Ultimo refugio de los únicos sobrevivientes incas)o la Ciudad de los Césares (Ciudad encantada de enormes riquezas), fueron luces de un mismo sueño: La fábula, la conquista, el oro.

Por lo general, las expediciones en busca de estos lugares eran arduas y erráticas, varias veces teñidas de sangre y muerte y nada de oro.

Quizás el hombre actual no alcance a comprender esta afición del antiguo por la proyección de sus fantasias en lugares lejanos e impenetrables. Quizas por que en este estrecho mundo ya no queda Terra Incognita por explorar, por lo tanto no hay dónde ubicar una leyenda o un mito desconocido o nuevo.

Sin embargo, la insistencia en reunir evidencias sobre lugares desaparecidos como Avalon (la isla que está en todas y en ninguna parte a donde parten los hombres luego de su muerte) o Lemuria (o Mu, el continente desaparecido en el Oceáno Pacífico), o el imperioso deseo de que existan otros planetas habitados en el infinito Universo, se basan en principios semejantes a los que tuvieron y sostuvieron nuestros antepasados.

Lugares míticos y legendarios que aún no puede afirmarse concretamente hayan sido inexistentes , tierras utópicas que plantean los sueños y esperanzas de filósofos y literatos o las Distopías o utopías negativas que describen un mundo indeseable, que reduce al hombre a su completa anulación…Escenarios que permanecen potenciales en nuestra mente, a la espera de de terrenos propicios para su establecimiento. En cada uno de nosotros descansa un lugar en el que la vida no es pesar, sino verdad y justicia, sosiego y regocijo, música e hidromiel, tal como lo pretende toda civilización…o su lado contrario…el lugar que tendremos como resultado de nuestras acciones…fantástico o real, etéreo y volátil o de llamas que den forma a un infierno.

Lugares de Ningun Lugar. Daniel E Tangir
Hexen. El Libro Negro.

Beyond The Void - Our Somewhere Else


Gothic Metal
Beyond The Void - Our Somewhere Else (2004)



1. Raven In You Heart
2. Painless
3. Falling....
4. Through The Dark
5. Turn White
6. Waiting
7. Everywhere I Turn
8. The Price Of Infinity
9. For All That Disappeared
10. Echoshade
11. Our Somewhere Else



Carta a la Amada Inmortal



Carta a la Amada Inmortal

carta…que según dicen nunca llegó a destino y marcó el dolor, miseria y obra del genial compositor sordo…


"Mi ángel, mi todo, mi yo... ¿Por qué esa profunda pesadumbre cuando es la necesidad quien habla? ¿Puede consistir nuestro amor en otra cosa que en sacrificios, en exigencias de todo y nada? ¿Puedes cambiar el hecho de que tú no seas enteramente mía y yo enteramente tuyo? ¡Ay Dios! Contempla la hermosa naturaleza y tranquiliza tu ánimo en presencia de lo inevitable. El amor exige todo y con pleno derecho: a mí para contigo y a ti para conmigo. Sólo que olvidas tan fácilmente que yo tengo que vivir para mí y para ti. Si estuviéramos completamente unidos ni tú ni yo hubiéramos sentido lo doloroso. Mi viaje fué horrible...

"Alégrate, sé mi más fiel y único tesoro, mi todo como yo para ti. Lo demás que tenga que ocurrir y deba ocurrir con nosotros, los dioses habrán de enviarlo...

"Tarde del lunes... Tú sufres. ¡Ay! donde yo estoy, también allí estás tú conmigo. Conmigo y contigo haré yo que pueda vivir a tu lado. ¡¡¡Qué vida!!! ¡¡¡Así!!! Sin ti... perseguido por la bondad de algunas personas, que no quiero recibir porque no la merezco. Me duele la humildad del hombre hacia el hombre. Y cuando me considero en conexión con el Universo, ¿qué soy yo y qué es aquél a quien llaman el más grande? Y sin embargo... ahí aparece de nuevo lo divino del hombre. Lloro al pensar que problablemente no recibirás mi primera noticia antes del sábado. Tanto como tú me amas ¡mucho más te amo yo a ti!... ¡Buenas noches! En mi calidad de bañista, debo irme a dormir. ¡Ay, Dios! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos! ¿No es nuestro amor una verdadera morada del cielo? ¡Y tan firme como las murallas del cielo!

"Buenos días, siete de julio. Todavía en la cama se agolpan mis pensamientos acerca de ti, mi amada inmortal; tan pronto jubilosos como tristes, esperando a ver si el destino quiere oírnos. vivir sólo me es posible, o enteramente contigo, o por completo sin ti. Sí, he resuelto vagar a lo lejos hasta que pueda volar a tus brazos y sentirme en un hogar que sea nuestro, pudiendo enviar mi alma al reino de los espíritus envuelta en ti. Sí, es necesario. Tú estarás de acuerdo conmigo, tanto más conociendo mi fidelidad hacia ti, y que nunca ninguna otra poseerá mi corazón; nunca, nunca...

"¡Oh, Dios mío! ¿Por qué habrá que estar separados, cuando se ama así? Mi vida, lo mismo aquí que en Viena, está llena de cuitas. Tu amor me ha hecho al mismo tiempo el ser más feliz y el más desgraciado. A mis años, necesitaría ya alguna uniformidad, alguna normalidad en mi vida. ¿Puede haberla con nuestras relaciones?... ángel, acabo de saber que el correo sale todos los días. Y eso me hace pensar que recibirás la carta en seguida.

"Está tranquila. Tan sólo contemplando con tranquilidad nuestra vida alcanzaremos nuestra meta de vivir juntos. Está tranquila, quiéreme. Hoy y ayer ¡cuánto anhelo y cuántas lágrimas pensando en ti... en ti... en ti, mi vida... mi todo! Adiós... ¡quiéreme siempre!
No desconfíes jamás del fiel corazón de tu enamorado Ludwig.

Eternamente tuyo, enternamente mía, eternamente nuestros."


La amada inmortal de Beethoven…tal como la mágica y hermosa flor de cristal de Aakthon…fue la verdadera razón de su vida y de su obra, fue la razón de su dolor eterno hasta la muerte, tan solo por no tenerla a su lado…

El Lamento del Vampiro



El Lamento del Vampiro

Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.

Leopoldo María Panero 1980

Aristóteles, el movimiento y el vacío - Galileo Galilei





Aristóteles, el movimiento y el vacío

Galileo Galilei *


Sagredo: –(...) En cuanto al vacío, me gustaría escuchar la demostración que da Aristóteles, así como su refutación (...)

Simplicio: –Aristóteles, al menos en lo que yo recuerdo, arremete contra ciertos filósofos antiguos, que recurrían al vacío por considerarlo necesario para el movimiento diciendo que éste no podría darse sin aquél. Aristóteles les replica demostrando que, muy al contrario, al tener lugar el movimiento (tal como veremos) es el vacío lo que hay que descartar. Su razonamiento discurre así: hace dos suposiciones, una de las cuales trata de los móviles con pesos diferentes, que se mueven en el mismo medio y la otra, de un mismo móvil moviéndose en medios diferentes. Por lo que a la primera se refiere, supone que los móviles de peso diferente se mueven en el mismo medio con velocidades distintas, las cuales mantienen entre sí la misma proporción que sus pesos respectivos. De modo que, por ejemplo, un móvil diez veces más pesado que otro, se mueve con una velocidad diez veces mayor. En el segundo caso, parte del principio de que las velocidades de un mismo móvil, en medios diferentes, son inversamente proporcionales al espesor o densidad de tales medios. De modo que si suponemos, por ejemplo, que la densidad del agua es diez veces superior a la del aire, la velocidad en el aire, siempre según Aristóteles, sería diez veces mayor que la velocidad en el agua. Y de esta segunda suposición deriva lo siguiente: dado que lo tenue del vacío supera infinitamente la corporeidad, por muy sutil que sea, de cualquier medio pleno, todo móvil que se mueve en este medio pleno durante cierto tiempo, recorriendo cierto espacio, debería moverse por el vacío en un sólo instante. Ahora bien, el movimiento instantáneo es imposible, luego es imposible que se dé el vacío como fundamento del movimiento.

Salviati: –Se ve que el argumento es ad hominem; es decir, contra los que hacían del vacío condición necesaria del movimiento, de modo que si yo concediera que el argumento es concluyente, concediendo al mismo tiempo que el movimiento no tiene lugar en el vacío, la hipótesis del vacío, tomada absolutamente y no en relación al movimiento, no queda, sin más, eliminada. Pero para decir aquello que podrían haber respondido esos filósofos antiguos, y a fin de que se vea mejor hasta qué punto es concluyente la demostración de Aristóteles, creo que podrían atacarse los dos supuestos negándolos simplemente. En lo que atañe al primero, dudo seriamente que Aristóteles haya hecho la experiencia consistente en tomar dos piedras, una de las cuales es diez veces más pesada que la otra, para dejarlas caer al mismo tiempo desde una altura, pongamos de cien brazas, y ver si descienden con velocidades tan diferentes que en el momento en que una está tocando el suelo, nos encontramos con que la otra no ha recorrido ni siquiera diez brazas.

Simplicio: –De sus mismas palabras se deduce, sin embargo, que él lo ha experimentado, ya que dice: “Vemos el más pesado”. Ahora bien, tal verse alude a una experiencia llevada a cabo.

Sagredo: –Yo, sin embargo, señor Simplicio que no he hecho la prueba, os aseguro que una bala de cañón que pese cien, doscientas o más libras, no aventajará ni siquiera en un palmo en su llegada al suelo, a una bala de mosquete de media libra, aunque la altura de la caída sea de doscientas brazas.

Salviati: –Sin recurrir a otras experiencias, podremos probar claramente, sin embargo, con una demostración breve y concluyente, que no es verdad que un móvil más pesado se mueva a más velocidad que un móvil liviano, con tal de que ambos sean de la misma materia, como es el caso, sin duda, de aquellos de los que habla Aristóteles. Pero decidme antes, señor Simplicio, si admitís que a todo cuerpo pesado en caída libre le corresponda una velocidad determinada, de modo tal que no se pueda aumentar o disminuir a no ser que le hagamos violencia o le pongamos alguna resistencia.

Simplicio: –Está fuera de toda duda que el mismo móvil en el mismo medio tiene una velocidad reglamentada y determinada por la naturaleza (...)

Salviati: –Entonces, si nosotros tuviéramos dos móviles, cuyas velocidades naturales fuesen distintas, es evidente que si uniésemos ambos, el más rápido perdería velocidad por obra del más lento, mientras que éste aceleraría debido al más rápido. ¿Estáis de acuerdo con lo que acabo de decir?

Simplicio: –Creo que las cosas suceden así.

Salviati: –Pero si esto es así, y si es verdad, por otro lado, que una piedra grande se mueve, por ejemplo, con una velocidad de ocho grados y una piedra pequeña, con una velocidad de cuatro, si las unimos, el resultado de ambas, según lo dicho, será inferior a ocho grados de velocidad. Ahora bien, las dos piedras juntas dan por resultado una más grande que la primera que se movía con ocho grados de velocidad; de lo que se sigue que tal compuesto se moverá a más velocidad que la primera de las piedras sola, lo cual contradice vuestra hipótesis. Veis, pues, cómo suponiendo que el móvil más pesado se mueve a más velocidad que el que pesa menos, concluyo que el más pesado se mueve a menos velocidad. (...)

Simplicio: –¡Esto está fuera de mi alcance!

Salviati: –Estará a vuestro alcance cuando os haga ver el equívoco en el que os encontráis metido. Notad, ante todo, que hay que distinguir los cuerpos graves en movimiento de los mismos en estado de reposo. Una piedra grande, colocada sobre una balanza, no solamente pesará más si se le añade otra piedra, sino que con adjuntarle sólo una brizna de estopa; aumentará su peso las ocho o diez onzas del peso de la estopa. Pero si, por el contrario, dejáis caer libremente, desde cierta altura, la piedra y, atada a ella, la estopa ¿creéis que el peso de la estopa, añadido al de la piedra, acelerará el movimiento ésta o más bien que lo que hará es disminuir su velocidad, sosteniéndola en parte? (...) ¿No veis que esto sería como querer herir de una lanzada a alguien que huyera delante de nosotros a la misma velocidad o más rápido que nosotros mismos? Sacad la conclusión, por tanto, de que en la caída libre y natural, la piedra más pequeña no presiona con su peso a la mayor y, consecuentemente, no le añade peso alguno, como sería el caso en estado en reposo.

Simplicio: –¿Y si se posase la piedra mayor sobre la pequeña?

Salviati: –Aumentaría el peso de la otra si su movimiento fuese más rápido. Pero hemos visto ya de modo concluyente que si la más pequeña fuese más lenta, reduciría un tanto la velocidad de la mayor, de forma que la suma de ambas daría por resultado una caída menos veloz, a pesar de ser más grande, cosa que va contra vuestra suposición. Concluyamos, por tanto, que los móviles, grande o pequeños, se mueven a la misma velocidad si tienen el mismo peso específico (gravità in spezie).

Simplicio: –Vuestro razonamiento está, realmente, bien trabado. Pero me resulta difícil creer que una gota de plomo pueda moverse a la misma velocidad que una bala de cañón.

Salviati: –Deberíais decir, más bien: y un grano de arena a la misma velocidad que una rueda de molino. Aristóteles dice: “Una bola de hierro de cien libras, que cae de una altura de cien brazas, llega al suelo antes de que una bola de una libra haya descendido una sola braza”. Yo, por mi parte, afirmo que las dos llegarán al mismo tiempo. Si hacéis la experiencia, podéis constatar que la más grande saca a la más pequeña una ventaja de dos dedos solamente, es decir, que en el momento en que la más grande toca el suelo, la otra está a una distancia de dos dedos. Estando así las cosas, ¿querríais esconder las noventa y nueve brazas de Aristóteles debajo de aquellos dos dedos y, poniendo de relieve mi pequeño error, pasar por alto aquel otro descomunal? Afirma Aristóteles que móviles de diferente gravedad se mueven, en el mismo medio (en cuanto que su movimiento depende de la gravedad) con velocidades proporcionales a sus pesos y lo ejemplifica por medio de móviles en los que considera: pura y simplemente, el efecto del peso, dejando de lado cualquier otra consideración, tanto en lo que atañe a las figuras como a los momentos (momenti) mínimos, cosas sobre las que el medio influye grandemente, alterando de esta manera el simple efecto de la gravedad. Por esa razón vemos que el oro, más pesado que cualquier otra materia, flota en el aire cuando se reduce a finísimas hojas. Lo mismo ocurre con las piedras molidas cuando se las convierte en un polvo muy sutil. Pero si lo que pretendéis es dar a vuestra proposición un valor universal, os es necesario demostrar que la proporción entre las velocidades se puede observar en todos los graves y que una piedra de veinte libras se mueve con una velocidad diez veces mayor que una piedra de dos libras. Ahora bien, yo os digo que esto es falso y que, cayendo de una altura de cincuenta o cien brazas, llegan al suelo al mismo tiempo.

* Físico

fuente

Música atrapante!



Revolviendo mis archivos, me encontré con esta perlita que tenía olvidada, y no resistí el postearla para compartir una sonrisa.



Black Heaven - Kunstwerk


Synth / Electro / Gothic Rock

Black Heaven - Kunstwerk [2CD] (2007)




CD1
01 - Schwarzes Loch (4:02)
02 - Babylon (4:15) Preview
03 - Durch leere Straßen (3:57) Preview
04 - Kein Zurück (3:49) Vocals [Female] - Bea
05 - Dieser Weg (3:47)
06 - Zweite Sonne (4:29)
07 - Kunstwerk (4:06)
08 - Zentrum (3:47)
09 - Aus Gold (4:11)
10 - Gebete an Gott (3:29)
11 - Tansania (4:14)
12 - Ein Dämon (3:52)
13 - Aus der Stille (3:51)
14 - Epilog (1:36)


CD2
01 - Durch leere Straßen (Alternative Version) (4:00)
02 - Dieser Weg (Out Of Breath Version) (3:45)
03 - Schwarzes Loch (Mechanicial Moth Rmx) (3:52)
04 - Kein Zurück (E-Rock Version) (3:57)
05 - Kunstwerk (Creation 2) (4:40)
06 - Zentrum (Opposite Sex Version) (3:46)
07 - Jemand [Exculusive Bonus Track] (3:56)



Black Heaven ~ Aus Gold
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Theatre of Tragedy - Velvet Darkness They Fear



Theatre of Tragedy - Velvet Darkness They Fear (1996)



1. "Velvet Darkness They Fear" – 1:05
2. "Fair and 'Guiling Copesmate Death" – 7:05
3. "Bring Forth Ye Shadow" – 6:49
4. "Seraphic Deviltry" – 5:17
5. "And When He Falleth" – 7:08
6. "Der Tanz Der Schatten" – 5:29
7. "Black as the Devil Painteth" – 5:26
8. "On Whom the Moon Doth Shine" – 6:15
9. "The Masquerader and Phoenix" – 7:35




Theatre Of Tragedy : Seraphic Deviltry
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Humor Negro Negro - Eduardo Galeano


11 de julio del 2001
Humor Negro
Eduardo Galeano




Chiste 1.
La gasolina con plomo agregado fue un inventito norteamericano. Allá por los años 20, se impuso en Estados Unidos y en el mundo. Cuando el Gobierno estadounidense la prohibió, en 1986, la gasolina con plomo estaba matando adultos a un ritmo de 5.000 por año, según la agencia oficial que se ocupa de la protección al ambiente. Además, según las numerosas fuentes citadas por el periodista Jamie Kitman en su investigación para la revista The Nation, el plomo había provocado daños en el sistema nervioso y en el nivel mental de muchos millones de niños -nadie sabe exactamente cuántos- durante más de 60 años.
Charles Kettering y Alfred Sloan, directivos de la General Motors, fueron los principales promotores de este veneno. Los dos han pasado a la Historia como benefactores de la medicina porque fundaron un gran hospital.



Chiste 2.
Ya los griegos y los romanos sabían que el plomo era enemigo de la sangre, del suelo, del aire y del agua. Eso no tiene nada de nuevo. Sin embargo, algunos países siguen agregando plomo a la gasolina. Y mi país, Uruguay, llega más allá: castiga la buena conducta. La gasolina sin plomo cuesta más cara. Quien contamina menos paga más.


Chiste 3.
Una empresa norteamericana de nombre Ethyl y una empresa inglesa de nombre Octel venden fuera lo que está prohibido dentro. El aditivo de plomo para la gasolina se exporta a los países que pueden ser intoxicados impunemente: la mayor parte de Africa y algunos otros países del Sur del planeta. Para ser un negocio en agonía, no está tan mal. El balance de 1999 reveló que Ethyl tuvo una ganancia bruta de 190 millones de dólares.
El problema de Jack el Destripador era que estaba mal asesorado. El pobre Jack no tenía agentes de relaciones públicas que maquillaran su imagen, ni expertos en publicidad que bendijeran sus actos. En cambio, la empresa Ethyl, nacida del matrimonio de General Motors y Standard Oil, dice en su propaganda que «el respeto por la gente» es el valor más importante que guía sus acciones y que hace lo que hace desarrollando «una cultura basada en la confianza mutua y el respeto mutuo». La empresa Octel explica: «Octel continúa desempeñando un papel primordial en el proceso universal de eliminación de los combustibles con plomo, a través del suministro seguro y eficiente de plomo para combustibles, que seguirá brindando a sus clientes mientras ellos lo requieran». Una obra maestra: practicar el crimen es la mejor manera de colaborar en la lucha contra el crimen.


Chiste 4.
Según el último informe del Banco Mundial, el 15% de la población del planeta devora el 50% de toda la energía que el planeta consume. Los automóviles tragan buena parte de esa mitad. En los países ricos, hay 580 vehículos por cada 1.000 habitantes; en los países pobres, hay 10.
Los países ricos han prohibido la gasolina con plomo, pero sus habitantes de cuatro ruedas escupen otros venenos. De la vertiginosa motorización de las calles proviene buena parte de los gases que recalientan el planeta, enloquecen el clima y perforan el ozono. Los automóviles son cada vez más numerosos y cada vez más grandes. Quizá los cuatro por cuatro que todos los niños del mundo sueñan con tener se llaman así porque consumen cuatro veces más combustible que los autos pequeños.
Hágase nuestra voluntad, así en la tierra como en el cielo: salvo los bebés, todos tienen automóvil propio en el país que más energía traga y más veneno escupe. El país más glotón, el país que más derrocha contiene nada más que el 4% de la población mundial, emite nada menos que el 24% del dióxido de carbono que agrede la atmósfera y gasta dinerales en la publicidad que lo absuelve.
Una organización modestamente llamada Fuerza de Tareas de los Líderes Globales del Medio Ambiente del Mañana ha difundido un mapamundi ecológico, publicado con el mayor de los despliegues en la revista Newsweek y en otros medios, junto con un texto explicativo.
Los líderes globales demuestran que los países más ricos son los mejores amigos de la naturaleza, los más ecofriendly, y los principales culpables de las calamidades ecológicas del planeta son Bangladesh y Uganda.


Chiste 5.
El dióxido de carbono, ¿ataca la memoria? Habría que ver. En su campaña presidencial, George W. Bush había prometido que iba a limitar las emisiones de gases tóxicos. Olvidó su promesa apenas abrió la puerta de la Casa Blanca. Dijo no al acuerdo internacional de Kioto y confirmó así, una vez más, que los únicos discursos que merecen ser creídos son los discursos no pronunciados.


Chiste 6.
El gobierno del planeta, ¿es un gobierno o un oleoducto? Las empresas petroleras fueron las que más dinero aportaron a la campaña de Bush, la más cara de la historia. El presidente había fundado la empresa petrolera Arbusto Oil, que luego se llamó Bush Exploration y que fue finalmente vendida a la Harken Oil & Gas. El vicepresidente, Dick Cheney, acumuló su fortuna personal desde la empresa petrolera Halliburton. A la cabeza de la Seguridad Nacional está Condoleezza Rice, que integró el directorio de la empresa petrolera Chevron entre 1991 y el año 2000. Don Evans, Secretario de Comercio, fue presidente de la empresa petrolera Tom Brown Inc. y director de la empresa petrolera TMBR/Sharp Drilling. Kathleen Cooper, que se ocupa del comercio en la Secretaría de Asuntos Económicos, fue ejecutiva de la empresa petrolera Exxon. Thomas White, de la Secretaría de Defensa, fue vicepresidente de la empresa petrolera Enron Corporation.


Chiste 7.
Podría llamarse Asociación para el Exterminio del Planeta y sus Alrededores. Pero no: se llama Centro Mundial para el Medio Ambiente. Entre sus miembros figuran British Petroleum, Occidental Petroleum, Exxon, Texaco, International Paper, Weyerhaeuser, Novartis, Monsanto, BASF, Dow Chemical y Royal Dutch Shell. Todos estos amigos de la naturaleza y de la especie humana, que periódicamente se condecoran entre sí, anunciaron que la empresa Shell recibirá la Medalla de Oro del Medio Ambiente correspondiente al año 2001. Entre los muchos méritos de la empresa, cabe mencionar sus esfuerzos por arrasar el delta del Níger y por lograr que la dictadura de Nigeria enviara a la horca, en 1995, al escritor Ken Saro-Wiwa y a otra gente molesta que andaba protestando.


Eduardo Galeano es
escritor y periodista uruguayo,
autor de Las venas abiertas de América Latina y Memorias del fuego


Christian Death - A Catastrophe Ballet...


Gothic Rock

Christian Death - A Catastrophe Ballet
With Rhapsody of Youth and Rain (1987)



1. Awake at the wall (3:58)
2. Sleepwalk (5:18)
3. The drowning (4:05)
4. The Blue hour (4:56)
5. As evening falls (3:31)
6. Androgynous noise hand permeates (1:15)
7. Electra descending (4:31)
8. Cervix couch (4:57)
9. This glass house (3:13)
10. The fleeing somnambulist (4:24)
11. The Somnolent Persuit (4:28)
12. Between Youth (3:08)
13. After The Rain (4:14)



El Ave Fénix




El Ave Fénix


Más conocido con el nombre de “ave fénix”, el Phoenicoperus -tal como la bautizaron los helénicos- es un ave mitológica oriunda de leyendas popularizadas en Medio Oriente, norte de África e India. Su tamaño es semejante al de un águila -con quien también comparte la fortaleza de sus garras y de su pico- y su plumaje varía entre las gamas del rojo, el amarillo y el naranja.

Según esta mitología, el Fénix habitaba el Jardín del Paraíso; su hogar era un rosal. Cuando la pareja primigenia (Eva y Adán) fue desterrada de allí por un ángel, de la espada de este ser angélico brotó una chispa que desató el incendio de su nido.

Sin embargo, por ser el Fénix el único ser que evitó comer la fruta prohibida, recibió un regalo sin precedentes: el don de la inmortalidad. Desde entonces, es capaz de renacer de sus propias cenizas. También se le atribuye otra habilidad: la de curar enfermedades o dolencias al sólo contacto con sus lágrimas.

El ave conocía el momento en que moriría… La víspera de su muerte, preparaba un lecho de hierbas olorosas, ponía un huevo -al que empollaba durante algunos días- y después se auto-incendiaba. La mitología no precisa si el pájaro comenzaba a arder accidentalmente o por efecto de su voluntad.

Después de quemarse por completo y convertirse en cenizas, el cascarón del huevo empollado se rompía para dar nacimiento al mismo Fénix. Esta ceremonia se cumplía sistemáticamente cada quinientos años... Según la iconografía del Cristianismo, esta benéfica criatura es un símbolo de la resurrección: encarna a Cristo Jesús.

De acuerdo con la mitología de China, tenía cuerpo de pez, cuello de serpiente y patas de tortuga.

Otras alusiones célebres a este ser alado aparecen en el animé Saint Seiya, donde el caballero Ikki -del Fénix- es el más fuerte de los guerreros de bronce. Otra serie animada japonesa, Pokémon, presenta a “Ho-Oh”, un ave fénix que simboliza la felicidad.

También en el cómic X-Men se menciona a un alien llamado Fénix que entabla una rara relación telepática con Jean Grey, a quien le otorga enormes poderes que terminan corrompiéndola y conduciéndola a su ruina personal al convertirla en una malvada “Fénix Oscura”.

Además, en la serie novelada de J. K. Rowling, cuyo protagonista es el célebre mago Harry Potter, este pájaro adquiere relevancia: es la mascota de Dumbledore, el bondadoso director de la Escuela de Hechiceros, y también aparece como ícono emblemático de la orden caballeresca conocida con el mismo nombre.

Historias populares cuentan que los fénix, como representantes del fuego, eran alabados por los labradores, que le rogaban que hiciera salir el sol en temporadas de frío, para que pudieran prosperar sus cosechas.

En sentido amplio, esta criatura mitológica es un símbolo del resurgimiento espiritual y físico, de la pureza y la inmortalidad. La potencia interior de esta ave se hace evidente al renacer de sus escombros.
Por último, en el antiguo Egipto y en la Grecia clásica se lo consideraba una deidad.

Heródoto, Blythe y el Ave Púrpura

Se dice que el Ave Fénix habitaba en los desiertos arábigos y que su aspecto se parecía al de una gran garza, mientras dos plumas se asomaban sobre su cabeza a manera de cresta.

En Egipto se la consideraba una deidad protectora de los difuntos, además de representar la Inmortalidad y el renacer a la nueva vida. Construyeron en su honor un templo en la ciudad de Heliópolis, considerada sitio sagrado al que esta ave regresaba cada quinientos años a morir y resurgir de sus propias cenizas.

Durante la Edad Media se asoció este pájaro con el planeta Venus. En la iconografía medieval se lo representó como una garza que portaba una tiara blanca semejante al sol, además de las dos plumas mencionadas anteriormente.

Las crónicas del historiador helénico Heródoto también mencionan al Ave Fénix, indicando que ésta elaboraba un nido de incienso que luego incendiaba. De allí brotaba un pequeño gusano que, al contacto con el fuego, se convertía en pájaro. Y así sucesivamente, cada medio milenio

En su libro “Bestias Fabulosas”, Blythe habla del proceso de reconstrucción de esta avecilla, de su origen geográfico y su aspecto exterior. Caracteriza al Ave Fénix de la siguiente manera: “Sólo hay un ave Fénix, gentil, bella y amable, a la que todas las aves la adoran. Son tantas las aves en el mundo que, si levantaran el vuelo a un mismo tiempo, el cielo se oscurecería. Pero existe solamente un ave Fénix. De ella se afirma que es como el sol, por vivir en el cielo llena de esplendor. También se dice que nace del fuego y muere en el fuego, como el sol que aparece con el brillo dorado de la aurora y muere en el horno rojo atardecer. Pensemos en el ave Fénix del tamaño de un águila, con su plumaje de púrpura y oro, de rojo y naranja, de verde, escarlata y rosa, más brillante que el arco iris, a quien las aves, sus congéneres, llaman “el dador de vida”.

Blythe también resume la famosa leyenda del Fénix: “Se cree que Fénix vive mil años, que renace cuando muere y que su juventud es perenne. Cuando al ave Fénix le llega la hora de su fin, construye un nido de sándalo y otras maderas y hierbas resinosas y perfumadas, en lo alto de una montaña de la lejana Arabia, donde vive. Echado sobre él, abriendo las esplendorosas alas, la luz del sol consume ave y nido, mientras el Fénix canta su más bella canción y todo queda convertido en perfumadas cenizas. Pero entre los restos del incendio aparece un huevo, que el calor del sol se encarga en empollar. De aquí nuevamente nace el ave Fénix, brillante como la luz del sol y alimentado por ella. Cuando ha crecido lo suficiente, el joven pájaro recoge las cenizas maternales. Volando hacia Egipto las esparce en el templo de Osiris, el dios-sol. Entonces, durante mil misteriosos años, el nuevo Fénix cuida del mundo y sus criaturas, hasta que le llega la hora de morir. ¡Qué admirable es!, cantan los pájaros al amanecer y se elevan hacia el Fénix para embriagarse de su luz. Pero ¡cuán triste debe estar!, suspira una paloma, al sentirse tan solo en este mundo.

Etimología del Ave Fénix

En griego, “phoenix” significa “fabulosa ave fénix”, nombre que está emparentado con la voz -también helénica- “phoenix”, que quiere decir rojizo o escarlata. El origen de esta animal fantástico -sumamente aprovechado por la literatura universal- se remonta a los desiertos de Etiopía y Libia.

Los griegos lo bautizaron “phoenicoperus”, un apelativo que hace alusión a sus alas rojizas. Tal vocablo se popularizó a través de la Europa conquistada por Roma.

Los helénicos adoraban esta ave de alas perfumadas que se prendía fuego sola en el altar del sacerdote Heliópolis.

Pero además de ser un símbolo pagano, también se lo conoce en la religión cristiana: se piensa que es el único ser vivo del Edén que resistió la tentación, y que el premio por su fidelidad fue convertirse en una criatura eterna. Por ejemplo, en la cultura egipcia, representa al astro Sol que muere por la noche y renace al alba.

También se han estudiado vínculos entre el Fénix y los “pájaros de fuego” autóctonos de la mitología aborigen americana.

En el Judaísmo también hallamos referencias a las cualidades del Ave Fénix. Este culto afirma que el “chol” fue el único animal del Paraíso Terrenal que no vaciló en respetar la prohibición divina. Los egipcios retomaron estas referencias dándole al ave el nombre que hoy conocemos, vinculado a su etimología griega.

Los cristianos primigenios -aún durante la dominación del Imperio Romano- estuvieron influidos por las creencias helénicas y transformaron esta singular criatura en un signo vivo de la inmortalidad y la resurrección.

Pero además, el Ave Fénix es considerada una metáfora viviente de la “esperanza”, ya que simboliza la fe que jamás debe desaparecer en el hombre, a pesar de los obstáculos.

Creencias Egipcias sobre el Fénix

Para los antiguos egipcios constituía -tal vez- la más importante de las aves sagradas y simbolizaba la esperanza y la continuidad de la vida después de la muerte. Unas veces era representado como una especie de águila, revestida de plumas doradas y rojas, los colores del sol naciente.

Su voz era melodiosa, pero se hacía tan lastimera a la hora de su muerte que -consternadas las demás criaturas por su melancólica belleza- acababan expirando también.

Su nombre egipcio “fenu” puede ser traducido como “el brillante” (tal vez por el color de sus plumas), lo que explicaría por qué en Heliópolis pudo ser interpretado como símbolo de la luz. Estaba íntimamente relacionado con la divinidad solar, y ya en época tardía se le asoció también al planeta Venus.

Todos los amaneceres, y conforme a las creencias egipcias, este pájaro, garza o águila se “creaba a sí mismo” elevándose en ardiente llama sobre el sicomoro celestial, o como el “alma de Osiris” que descansa por la noche en este árbol sobre el sarcófago del dios.

Esto venía a confirmar la transición de los mitos egipcios a los fantasiosos relatos de los griegos de que el Fénix provenía de Arabia o Etiopía (la “región del amanecer”) donde se nutría de perlas de incienso, lo que le confería una larguísima existencia, volando desde allí al templo de Heliópolis, embalsamando a su padre Osiris en un huevo (¿el Sol?) y luego quemándose a sí mismo.

“La no comprensión griega de su aparición en Egipto sólo al fin de un largo período calendario parece demostrar -afirma Max Müller- que ninguna garza era mantenida en Heliópolis en los tiempos clásicos; pero no prueba nada de los períodos anteriores, en los que predominaban probablemente criterios más materialistas”.

Según la leyenda, sólo uno de estos Fénix podía tener cabida en el Universo. El poeta Hesíodo (entre los siglos VIII y VII AC.), autor de Teogonía, afirmó que su longevidad era nueve veces mayor que la del cuervo. No obstante, para otros autores podía llegar a vivir hasta los 97.200 años.

Cuando sentía la proximidad de la muerte se autoinmolaba en una pira que encendía con canela silvestre y, mientras el fuego se llevaba su espíritu, un nuevo y esplendoroso Fénix surgía de sus cenizas, que recogía con sumo cuidado los restos de su padre, guardándolos en un huevo de mirra. Ya en la ciudad de Heliópolis, los depositaba sobre el altar del Sol.

Se creía que su carne podía conferir la inmortalidad y sus cenizas eran capaces de resucitar a los difuntos. Así, el tiránico emperador Heliogábalo (204-222 d.C.), que introdujo cultos solares orientales en Roma y pasó a la historia por sus crueldades y desenfrenos, se obstinó en comerse un Fénix para conseguir la inmortalidad; en su lugar le fue servida un ave exótica… Poco después fue asesinado por la propia guardia pretoriana…

El Fénix Chino y el Simurg

Para los chinos, el Fénix (llamado “Feng”) es un ave de resplandecientes colores, parecida al faisán y al pavo real. Los machos, que tenían tres patas, habitaban en el sol. En las regiones infernales chinas existe un edificio imaginario que se denomina la “Torre del Fénix”.

Para el Cristianismo, este mito se convirtió en el símbolo de la resurrección de Cristo, vencedor de la muerte.

Por otra parte, el Simurg -que, según Borges, es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia- guarda numerosas similitudes con el Fénix.

A través de los siglos, los diversos autores lo han descrito de maneras diferentes: unos le confieren gran importancia, como los poetas persas Firdusi o Farid al-Din Attar (siglos X y XIII) hasta Gustave Flaubert (siglo XIX).

Sin embargo, el escritor francés Flaubert le resta gran parte de su relevancia en su obra de 1874, La tentación de San Antonio, describiéndolo como ave de plumaje metálico y anaranjado, cabeza humana, numerosas garras de ave rapaz, cuatro grandes alas y cola de pavo real.

Según una antiquísima leyenda, las aves -que vivían en la más absoluta anarquía-, no sin oposición, decidieron hacerlo su rey. Para ello enviaron una nutrida representación de las diferentes aves. Unos desertaron ante las dificultades del camino y la distancia, y otras sucumbieron de la empresa.

Finalmente, sólo treinta de éstas consiguieron llegar hasta su montaña y le ofrecieron el trono: “Simurg” puede traducirse como “Treinta Pájaros”.

Al-Qazwini afirma que el Simurg puede vivir hasta mil setecientos años, y cuando su hijo ha crecido, se autoinmola en una pira, lo que recuerda -según algunos mitógrafos- la leyenda del Fénix.

Esta ave, revestida de plumas doradas y rojizas -los colores del sol naciente- tenía un canto tan armónico como lastimero. Era una de las más hermosas criaturas fabulosas porque representaba la esperanza y la continuidad de la vida más allá de la muerte.

Fénix, Piasa y el Pájaro de Trueno

Los indios de Norteamérica tienen profundamente arraigada la convicción de la existencia de unos pájaros de descomunales dimensiones, a los que denominan “pájaros de trueno” o Thunderbirds, que forman parte de sus tradiciones y que, incluso, algunos ancianos afirman haber visto en ocasiones.

A estos gigantescos seres voladores, que también llaman “pájaros de fuego”, los representan sucesivamente como un águila, un halcón, un cóndor o un reptil alado (ocasionalmente, y según los lugares, están asociados a las ballenas).

“Es el ave que remata los totems norteamericanos -escribe Peter Kolosimo-, la Serpiente Emplumada azteca, el cóndor sagrado de muchos pueblos amerindios, Abmuseumbak, monstruo alado de la India, el dragón volador de China, el halcón de Zimbabwe, el Ave Fénix que cada quinientos años se aparecía en Heliópolis, Egipto, renacida de sus propias cenizas tras haber sido quemada por el Sol de un nido que ella misma se preparaba.”

En los monumentos de este artista apellidado Kolosimo, oriundo de Zimbabwe (la antigua Rhodesia), aparecen representaciones de animales, entre ellas, de una extraña ave, muy parecida al conocido Pájaro de Trueno de los aborígenes de América del Norte, tan visto en postes y totems.

El Fénix y el Pájaro de Trueno guardan similitudes con otra ave conocida como “Piasa”. Se trata de un ave legendaria, de grandes proporciones, que según los indios de Illinois (pertenecientes a la etnia del mismo nombre y al grupo lingüístico “algonquino”) atacaba y devoraba a los mismos hombres.

Curiosamente, en Estados Unidos y Canadá se producen -al parecer- apariciones de grandes aves… Algunos creen que se trataría de “teratórnidos”, especie de gigantescos buitres depredadores, a los que se suponía extinguidos desde el Pleistoceno (principios de la Era Cuaternaria). No obstante, animales considerados extinguidos han sido vistos -con la consiguiente sorpresa de los estudiosos- repetidas veces por dicha zona.

A su vez, estas aves fabulosas se relacionan con el monstruo alado llamado “Yetso”, el más terrible de toda la mitología de los indios navajos, culpable de haber devorado a todos los habitantes de Dinetah (el Pueblo Sagrado). Fue abatido por las flechas-rayo del Hijo del Sol e Hijo del Agua (también conocidos como los Héroes Gemelos), tras memorable combate.

Desde aquel día, y de eso hace muchos siglos, la sangre de Yetso -que manó abundantemente- recubre de lava el valle situado entre el monte Taylor y la actual ciudad de Grants (entre Gallup y Alburquerque, Nueva México). En el viejo volcán de Shiprock (próximo al Río San Juan), considerado “Montaña Sagrada”, los indígenas afirman que yacen los restos del colosal ser alado.

El Ave Fénix, la Egiptología y el Eterno Retorno

El nombre egipcio del vocablo helénico Fénix es “Bennu” o “Belu”. Se lo considera heredero de Ra (deidad del Sol) y símbolo de Osiris. Su ciudad sagrada, donde se rendía culto de sus dones, era la egipcia Heliópolis.

La cualidad esencial de este ser era la de “crearse a sí mismo”, por ello representaba a Ra-Atum... La mitología egipcia indica que este gran pájaro viajaba de Arabia hasta su templo sagrado cada medio milenio, que es el promedio de años que cumplía desde su nacimiento hasta su deceso (otras versiones sostienen que perecía a los 7007 años). Su llegada y partida determinaba los ciclos del tiempo, por ello Heliópolis llegó a ser el centro de regulación y legislación del calendario.

Durante el período medieval se lo relacionó con el planeta Venus (de éste se decía que era “guía” del sol). La iconografía egipcia suele representar al Fénix con una corona llamada “atef”; su santuario fue bautizado con el nombre “Hut-Benben” (que significa “la casa del obelisco”).

El Fénix ha sido un símbolo recuperado por la astrología. Antiguos astrólogos lo han vinculado con la “revolución sideral” porque creían que la concepción de un nuevo Ave Fénix señalaba el inicio de una era novedosa para la humanidad. Durante el gobierno del emperador romano Claudio se capturó una de estas aves en Egipto, que fue llevada a Roma. Y se dio inicio a una nueva etapa en la Historia del Imperio.

De las culturas arcaicas, asentadas en las costas del Mar Mediterráneo, nos llegaron diversas versiones de la leyenda del Ave Fénix. Algunas variantes indican que resurge de sus cenizas cada milenio, otras señalan que lo hace cada quinientos años, pero todas coinciden en que se trata de un ave única en su especie, de belleza incomparable, que periódicamente muere envuelta en llamas. Es un símbolo de la “palingenesia” deseada por la Humanidad (la “palingenesia” alude a la doctrina del Eterno Retorno, defendida por los estoicos).

El tratadista alquímico Michael Maier describe esta criatura con cuello de cuello color púrpura, rodeado de un collar dorado, con su cabeza adornada con un penacho rutilante como el rubí, con alas blanquecinas en la parte delantera y rojizas por detrás.

Maier indica también que este animal migra a Tebas cada diez siglos para morir, feliz de terminar sus días con la esperanza segura de resucitar.

La mitología egipcia del siglo XIII a.C. manifiesta que, cuando el primer dios era Belu (la “garza púrpura”), su graznido dio inicio al Tiempo. El “Belu” (semejante al ave fénix) era considerado como la deidad responsable de rescatar al mundo del caos y la oscuridad.

Por otra parte, la mitología griega afirma que la hermosura del canto del Fénix fue capaz de hacer que Apolo, el dios Sol (Febo Apolo), detuviera su carroza para oírla... Pero al reiniciar su viaje, las chispas de las patas de sus caballos prendieron fuego al nido y el Fénix pereció en un incendio de perfume y apasionadas canciones. Después de tres días, un Fénix renovado resurgiría de sus escombros para retornar al Paraíso.

El Fénix y la Antigua Alquimia

La naturaleza del Fénix también se refleja en el mundo vegetal: la palmera bautizada “Fénix” da frutos de color rojo que brotan solamente después de un incendio, sobre las hojas chamuscadas por el fuego… Tal como cuenta la leyenda del ave.

Se conoce como “alquimia” a una de las antiguas ciencias egipcias inspiradas en el Libro de los Muertos y en el culto al Fénix. Esta disciplina seudo-científica indagaba conocimientos que le permitieran transformar cualquier metal en oro. Además, los antiguos alquimistas buscaban convertir la imperfecta naturaleza del hombre a un grado elevado de perfección espiritual.

Los alquimistas solían evocar figuras ornitológicas -es decir, imágenes de aves- combinándolas con fórmulas químicas y cifras provenientes de la física mientras el alquimista meditaba sobre su evolución espiritual, esperando alcanzar el estado de clímax.

Símbolo de esta integridad espiritual era la “cola del pavo real”, dada la belleza de sus múltiples colores, extraídos de la piedra filosofal que representaba la “sabiduría secreta”. Los alquimistas solían incluso someterse a la muerte para experimentar una reencarnación parecida a la de Ave Fénix, pero en un estadio espiritual más elevado.

Una aclaración geográfica: existió una ciudad llamada Tebas en el antiguo Egipto pero también en Grecia. De la misma manera, el culto del Ave Fénix fue compartida por ambas culturas.

La Tebas egipcia se llamó Wasit o Niut y fue largos años capital de la nación. Se halla ubicada a ambos lados del río Nilo, distante unos setecientos kilómetros de El Cairo, mientras que la antigua Tebas griega se hallaba en la región de Beocia, al norte del monte Citerón y noreste de Atenas. Fue una de las ciudades helénicas más celebradas y mencionadas en la mitología y en la leyenda clásica.

En relación al Fénix, su nombre científico es “Phoenos inmortalis” y su hábitat frecuente son los terrenos arbolados y abiertos. Mide entre 2,5 y 3,5 metros aproximadamente. Con respecto a su distribución, la leyenda indica que nació en la India y más tarde adoptó la ruta migratoria de Egipto vía Oriente Medio.

Se trata de un ave única, que no puede reproducirse de manera convencional, como los demás animales. Cuando el Fénix intuye que se aproxima el final de su vida, acumula plantas aromáticas (incienso, cardamomo y resinas) y elabora un enorme nido expuesto a los rayos solares. El calor enciende las hierbas secas y el ave se incendia junto a las mismas. Minutos más tarde nacerá una oruga diminuta que, poco a poco, se irá desarrollando hasta volver a ser el Fénix original cuya primera tarea será depositar en un tronco hueco los restos de su padre.
Entre los paganos, este animal fabuloso simbolizó la castidad y la templanza.

Marisa E. Martinez Pérsico


XIII Stoleti - Amulet



Gothic Rock
XIII Stoleti - Amulet (1992)



01 Hororovy sen
02 Telo na krizi
03 Justina
04 Amulet
05 Ruze a kriz
06 Bytosti
07 Knize temnoty
08 Ohen v kruhu
09 Demoniac
10 Transilvania



XIII. století - Transilvania
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Los Gatos de Père Lachaise - Neil Olonoff



Los Gatos de Père Lachaise
Neil Olonoff


Bateman odiaba llegar tarde. Se sentía irritado después de haber perdido media mañana intentando convencer a su esposa de que acudiera al funeral de Oscar. Ahora, subiendo hacia la entrada del crematorio de Pére Lachaise, se sentía más irritado aún por tener que abrirse camino entre un grupo de enormes gatos tomando el sol en los amplios escalones. Al llegar casi arriba, cansado de mirar constantemente a sus pies, pisó descuidadamente una cola. El maullido fue lo suficientemente fuerte como para despertar a los muertos, pensó divertido. Pero los gatos no salieron en estampida, alarmados. En vez de ello, arquearon sus lomos y le miraron con malevolencia. Con una nerviosa mirada por encima del hombro hacia los gatos, Bateman penetró en la fría penumbra del crematorio.
Se entretuvo un momento en la puerta de la estancia del crematorio. Pierre estaba sentado en medio del pequeño grupo de acompañantes que hacían guardia frente a la puerta del horno funerario. A Bateman le recordó aquella vez en que había observado la sala del tribunal durante el divorcio de Pierre y Alicia, hacía doce años. Ahora vaciló, preparando una explicación para la ausencia de Alicia. ¡Maldita fuera su testarudez! Los niños eran una buena excusa, por supuesto, o quizá el hecho de que ella estuviese resfriada. Se decidió por el resfriado. Aunque primero mencionaría los niños. Quizá pudiera evitar las miradas de reproche de Pierre, que siempre hacían que se sintiera culpable.
La puerta del hormo crematorio estaba alzándose para revelar el resplandor rojo en su interior. Con un gemido de maquinaria automática, el sencillo ataúd de pino avanzó hacia allí. Bateman se sentó detrás de Pierre y su hermana. La puerta descendió. Eso era todo. Mientras el grupo se levantaba con un suspiro colectivo. Pierre se volvió y vio a Bateman. Éste observó la decepción de Pierre al no ver a Alicia a su lado. Bateman dijo:
—Lo sentimos mucho. Pierre.
Pierre respondió casi rudamente con una mecánica inclinación de cabeza y le dijo a su hermana que se fuera a casa, que quería recibir las cenizas él solo. El grupo se dispersó, y los dos hombres salieron fuera del crematorio y caminaron cruzando la gran plaza pavimentada.
Oscar, el difunto, era el cuñado de Pierre. Podía decirse que había muerto a causa de la bebida, pero de una forma más bien macabra. Oscar se había ahogado tras perder el conocimiento a causa del frío bajo el Pont Neuf, durante una tormenta. Sencillamente, el río subió de nivel a su alrededor. La policía lo encontró allí, sin ninguna corte d'identité. Tomaron sus huellas dactilares, pero Oscar había nacido en Toulouse. Antes de que la familia se enterara de su muerte, el cuerpo había sido llevado al crematorio público de Pére Lachaise, el famoso cementerio en el 20° arrondissement. Lo más sencillo era seguir adelante con el funeral de los pobres.
—Hemos tenido suerte de que lo incineren solo —dijo Pierre a Bateman—. Normalmente las cremaciones de los indigentes se hacen de cuatro a la vez.
Bateman alzó la vista, sorprendido, pero no dijo nada. Caminaron lentamente a lo largo de uno de los senderos pavimentados del cementerio, parpadeando ante las manchas de luz que salpicaban el suelo. Era un agradable atardecer, y las hojas de los viejos árboles se agitaban sobre sus cabezas.
—¿Cómo está ella? —preguntó Pierre, refiriéndose a Alicia.
—Está bien —dijo Bateman, reflexionando que no estaba más seguro de los sentimientos de ella que de los de Allan Kardek, el médium espiritista muerto hacía mucho, junto a cuya tumba de granito estaban pasando.
—¿Y Janine? —preguntó Pierre.
—También está bien —dijo Bateman.
Janine era la hija de Pierre, tan sólo un bebé cuando Alicia se divorció de él.
Pierre era un hombre adusto y silencioso por naturaleza, pero hoy parecía estar buscando una forma de prolongar la conversación. Bateman sintió pena por él, consciente de que a Pierre le resultaba difícil superar su timidez y cortedad. Pero Bateman tampoco se sentía tan comunicativo como de costumbre.
Su camino se vio entonces cruzado por uno de los grandes gatos que residían en el cementerio. Parecían estar por todas partes, espiándole a uno desde detrás de las tumbas, emboscándose en las húmedas criptas. Eran enormes, y Bateman supuso que se alimentaban de ratones de campo y de otros roedores.
—Mira esos gatos —dijo Pierre—. Son enormes.
Bateman sonrió. Tenía la sensación de que era capaz de predecir cualquier cosa que Pierre fuera a decir. La mente de aquel hombre era la de un ingeniero, pensó, estrictamente orientada a lo concreto y real. Bateman podía mirar al frente y captar los más notables detalles de los caminos del cementerio. Mientras pasaban junto a ellos. Pierre hacía alguna observación sobre cada uno. Bateman se sentía divertido ante esta confirmación, no por vez primera, de la diferencia de sus caracteres. Bateman siempre había sido capaz de ignorar lo obvio, de actuar como si las condiciones reales de la vida y las exigencias de los convencionalismos simplemente no existieran.
Alicia también era así. Cuando se había iniciado su aventura en una pequeña galería de arte de la Rué du Bac, el resto del mundo había parecido fundirse en el entorno. Su matrimonio con Pierre, su hija y la posición de Pierre en la fábrica de ladrillos y tejas de su suegro se convirtieron en algo secundario ante la supremacía del hecho que llenaba ahora sus vidas: su mutuo amor.
Bateman se hallaba en viaje de compras, añadiendo nuevas propiedades a la colección de arte de un hombre que era propietario de varios almacenes en Nueva York. Durante varios meses, él y Alicia estuvieron pegados a las líneas telefónicas que unían París y Nueva York. Él gastó sus ahorros en viajes aéreos. Finalmente, Bateman convenció al rico neoyorquino de que lo enviara permanentemente a París. Pocos años más tarde, Bateman abría su propia galería. Pero el período anterior al divorcio fue doloroso para todos ellos.
Pierre permaneció junto a Alicia durante todo ese tiempo por el bien de Janine, preparando biberones y cuidando de sus diarreas matinales. Alicia prosiguió a la vez su floreciente carrera como artista y su amor con el norteamericano, y de algún modo halló entre ambas dedicaciones algo de tiempo para su bebé.
Bateman imaginó que Pierre hubiese preferido tenerlos a ambos junto a él, aun sin el amor de Alicia, que no tener a ninguno. Luego, Pierre nunca encontró a otra mujer que le conviniera. Era un sacrificio del cual Bateman no hubiera sido capaz. Debido a ello, Janine creció como una niña feliz.
Durante aquel año, Bateman y Alicia escandalizaron a sus amigos y familiares viviendo su aventura a plena luz. Ella traía a menudo a Janine al apartamento de él o a la galería, aunque a veces también la dejaba con Pierre. Cuando Bateman la llamaba desde Nueva York, era inevitable que algunas veces Pierre se pusiera al aparato. Las primeras veces que esto ocurrió, Bateman colgaba, pero a medida que iba acostumbrándose a la situación, empezó a preguntar por ella e incluso a dejarle mensajes. Pierre lo aceptó sin una palabra de protesta.
Bateman miró a Pierre, reflexionando que probablemente esa misma reprimida y poco imaginativa cualidad era la que le había permitido sobrevivir aquel tenso período, por no mencionar los últimos doce solitarios años. Detrás de un árbol vio cómo desaparecía la cola de un gato.
—Me pregunto qué comerán esos gatos —dijo—. ¿Crees que hay alguien que les da de comer?
Pierre se echó a reír de aquella forma ahogada tan característica, una especie de agitación de la cabeza con los labios apretados, de los cuales apenas salía sonido alguno de regocijo. Sus ojos mantenían su eterna expresión de tristeza, pero por una vez hubo como una chispa de animación. Dijo:
—Hablé con uno de los hombres que trabajan en el crematorio antes de que tú llegaras. Le pregunté por los hornos y cosas así.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Bateman.
—DeLaye tiene que reparar constantemente los revestimientos internos de ladrillo —dijo Pierre.
DeLaye era el nombre de soltera de Alicia y el nombre de la compañía de su padre, para la cual seguía trabajando Pierre.
—Oh, entiendo.
—Los ladrillos tienen que ser reemplazados cada cuatro años o así. No es mucho trabajo.
—¡Dios mío! ¿Has visto ese gato? —dijo Bateman—. Debe de pesar sus buenos diez kilos.
Pierre miró al atigrado gato.
—Sí, es uno de los grandes —dijo—. El tipo ése me contó una curiosa historia acerca de los gatos. No sé si creerla.
—¿De qué se trata?
El gato atigrado estaba mirando a Bateman con la expresión maníaca que adoptan cuando están hambrientos.
—Los hornos poseen quemadores a gas que alcanzan los mil doscientos grados —dijo Pierre—. Pero el gas es tan caro estos días que intentan economizarlo reduciendo el tiempo entre cremaciones, de modo que los hornos no tengan oportunidad de enfriarse.
—Eso tiene sentido.
—Sí, excepto que eso supone que tienen que retirar los cadáveres antes. A menudo, cuando se trata de un cuerpo grande, especialmente uno de los que han sido congelados en el depósito de cadáveres, los huesos no se hallan completamente reducidos a cenizas.
—Estás bromeando —dijo Bateman—. ¿Qué hacen entonces?
—Bueno, generalmente rompen los huesos con la raclette.
—Una raclette? ¿Como la que utilizan los panaderos?
—Más o menos. Pero eso no es lo peor. El cráneo y el cerebro constituyen un problema mayor.
—¿El cerebro?
—Oh, sí. Y puedes imaginar. Se halla encerrado, rodeado de líquido, y es muy difícil de quemar. Además, ya sabes, en verano los cuerpos deben mantenerse a una temperatura muy cercana a la congelación. Se necesita mucho más tiempo para incinerar un cadáver congelado.
—Ya entiendo... —dijo Bateman, con un principio de náusea en su pecho.
—Sea como sea, el tipo dijo... —Pierre se interrumpió mientras doblaban una esquina.
Habían llegado a una sección de las tumbas cubierta con pintadas, muchas de ellas obscenas. «Quiero joderte, Jim.» «La Serpiente.» «Patrick, Harley Davidson, 1984.» Y finalmente, pintada con spray en brillantes colores sobre una losa de granito sin labrar, la explicación: «Jim Morrison, The Doors».
Se detuvieron a contemplar los centenares de inscripciones garabateadas con tiza o pintura. Algunas llevaban años allí, pero otras parecían recientes. Para Bateman resultaba consternante. Parecía como si no les importara nada. Se sintió avergonzado por ellos, incluso después de todo aquel tiempo transcurrido.
Había un pequeño grupo de ciclistas descansando en aquella curva del camino. La bicicleta era una estupenda forma de ver el cementerio. Los senderos eran lisos y libres de tráfico, aunque uno no podía vagabundear entre las tumbas; por eso habían dejado sus bicicletas encadenadas juntas y se habían encaminado por entre las tumbas cubiertas de hierba. Bateman y Pierre podían oír sus risas mientras examinaban las anticuadas inscripciones. Los ciclistas avanzaron hacia ellos hablando en inglés, dos muchachos y dos chicas caminando directamente por entre las tumbas sin preocuparse por el sendero que había entre ellas. Bateman apartó la vista. El sol se ocultó tras una nube y entonces miró su reloj. ¿Las cinco y media ya? Se estaba haciendo tarde. Caminó un poco sendero abajo, procurando no ver las profanaciones practicadas allí para conmemorar a una estrella del rock norteamericana. Pierre siguió en su lugar, leyendo los nombres y comentarios. Minutos más tarde, Bateman miró hacia atrás y vio a Pierre arrodillado junto a las bicicletas, hablando con uno de los muchachos, sin duda acerca de sus máquinas.
Bateman podía ver la plaza del Crematorio y al otro lado el Columbario, donde instalaban las urnas conteniendo las cenizas. Sus ojos fueron atraídos por una extraña escena. En medio de la plaza, un enorme perro pastor alemán permanecía de pie, inmóvil. Incluso a aquella distancia podía ver los desnudos colmillos y la cola bajada entre las piernas del perro. Rodeándole había una docena de enormes gatos. Uno de ellos avanzó hacia el perro, y el anillo de gatos se contrajo en tomo al animal. El gato más cercano lanzó un amago hacia el perro, como si estuvieran a punto de atacarlo en masse, cuando, procedente del Crematorio, un hombre apareció blandiendo un largo palo hacia los agazapados gatos. Retrocedieron, observando al hombre mientras tiraba del perro, alejándolo.
Hubo sonido de risas y una especie de forcejeo entre los chicos y chicas en el recodo del sendero. No les estaba prestando mucha atención. Pierre todavía seguía atrás. Bateman sabía que la tumba que contema los restos de Víctor Hugo estaba en algún lugar por aquella zona. Un poco más abajo pudo descubrir los de Rothschild y Gertrude Stein.
Las tumbas eran pintorescas. Algunas estaban amuebladas con una especie de silla baja de respaldo almohadillado, diseñada para poder arrodillarse y rezar, llamada prie-dieu. Algunas tenían ganchos en las paredes, para colgar coronas. Aunque la mayoría de las criptas estaban cerradas con llave, alguna permanecían abiertas. Miró hacia las sombras de una que había sido utilizada como refugio por generaciones de borrachos, a juzgar por la cantidad de botellas de vidrio verde esparcidas por el suelo. Enrollado en el acolchado asiento del antiguo prie-dieu había un enorme gato gris de ojos amarillos.
¿Era su imaginación, o aquel gato le observaba con una mirada particularmente salvaje? Nunca le habían gustado demasiado los gatos. Cuando abrían sus bocas, mostrando la punta de sus lenguas, sus ojos vidriosos fijos en un inimaginable éxtasis felino, los encontraba positivamente repulsivos. Deseaba salir de aquel lugar. Miró de nuevo su reloj. ¡Casi las seis! Realmente tenía que irse. Se volvió en redondo para llamar a Pierre, y se encontró ante su rostro. Disimuló su impresión con una risa nerviosa.
—¡Oh, estás aquí! —dijo Bateman—. Creí que te habías ido en bicicleta con ellos.
—No —dijo Pierre, frunciendo el ceño.
—Realmente debo irme —dijo Bateman—. Le dije a mi mujer que esta noche saldríamos a cenar. —Por un momento había olvidado con quién estaba hablando, pero ya era demasiado tarde para rectificar—. Por supuesto, me refiero a Alicia.
—Por supuesto —dijo Pierre—. Yo también tengo..., tengo algo que hacer.
—De veras, Pierre —dijo Bateman—. Lo siento.
—¿El qué? —preguntó Pierre, sus ojos brillando repentinamente.
Estaba irritado, pensó Bateman, y eso le cogía por sorpresa. Era la primera vez que veía a Pierre mostrar su temperamento. Pierre tenía algo, un trozo de metal, en su mano, y estaba dándole vueltas con sus dedos.
En un tenso silencio, caminaron por un atajo entre las hileras de decrépitas tumbas y denso follaje. Las sombras iban alargándose, y Bateman se sintió incómodo caminando delante de Pierre. Notaba una especie de picor en su cuero cabelludo. ¿Tenía miedo de que Pierre, tras todos aquellos años, pudiera tomarse alguna especie de venganza física? Nunca había dicho una palabra en contra de Bateman, nunca le había colgado el teléfono, nunca había dejado de transmitir uno de sus mensajes. Como cornudo, pensó Bateman, había sido tan cooperativo como era posible imaginar. Bateman lamentó inmediatamente aquel pensamiento. Pierre era diez veces más generoso que él. Se merecía su simpatía, su ayuda, no su desprecio.
—Antes me estabas contando algo —dijo Bateman, dándose la vuelta.
Pierre andaba con la mirada baja, las manos unidas a su espalda, y Bateman se sintió más avergonzado aún de su secreta burla. Pierre alzó lentamente la vista. Parecía como si Bateman hubiera interrumpido algún monólogo interior.
—Sí —dijo—, pero ni yo mismo lo creo. Aunque supongo que sería interesante conocer la verdad.
—No sigo tus... —dijo Bateman.
—Los gatos —dijo Pierre—. Preguntaste cómo consiguen estar tan gordos. Tú piensas que deberían estar muertos de hambre. Y muchos otros también.
—Sí.
—Sea como sea, espero que tengas razón —dijo Pierre—. Probablemente alguien les da de comer. Aunque el hombre del Crematorio parecía hablar seriamente.
—Pierre, estás hablando con rodeos. Preferiría que dijeras con claridad lo que piensas.
—¿De la misma forma que lo haces tú? —preguntó Pierre.
—No sé a qué te refieres —murmuró Bateman.
—No importa. Vamos. Quizá pueda mostrarte lo que comen los gatos.
Habían salido, por la parte de atrás, al Columbario. No era más que una pared de nichos, en los cuales se depositaban las urnas. En cada uno se fijaba una placa grabada con el nombre y las fechas. Algunos estaban vacíos y señalados con un «Réservée». Cruzaron el amplio patio que daba frente al Crematorio, con el imponente edificio silueteado ahora por el rojizo sol.
Abandonaron la plaza y continuaron hacia la salida a través de una sección de viejas tumbas, formando terrazas a varios niveles. Aquel era un sector de «bajo alquiler», con gran cantidad de tumbas abandonadas y muy pocas espléndidas y bien cuidadas.
—Dijo que lo había puesto en algún lugar por aquí —murmuró Pierre, subiendo una pendiente para alcanzar el nivel superior.
Avanzaban entre grandes árboles que bloqueaban el sol. En dos ocasiones, Bateman tropezó con enredaderas mientras intentaba seguir los pasos de Pierre.
—¡Increíble! —oyó exclamar a Pierre—. ¡El tipo decía la verdad!
Bateman salió a una zona de hierbas altas casi oculta de la sección principal. Allí había un pequeño grupo de antiguas tumbas familiares, con verjas de hierro oxidado. Pierre estaba arrodillado en el deteriorado reclinatorio de una de las criptas, examinando el contenido de un pequeño plato. Retrocedió cautelosamente fuera de la pequeña estructura de piedra.
—Echa una ojeada —dijo—. Ve con cuidado, hay mierda de gato por todas partes.
—No me extraña —dijo Bateman—. Mira ahí.
Había no menos de veinticinco grandes gatos congregados en torno a la puerta de otra tumba. Se estremeció y escrutó la penumbra de la cripta, intentando descubrir qué era lo que había en el pequeño plato de cerámica. No sentía ningún deseo de ensuciarse los pantalones en aquel suelo.
—No podrás verlo desde aquí —dijo Pierre—. Está demasiado oscuro ahí dentro.
Bateman dio un paso hacia la angosta oscuridad. Había una corona marchita y una cruz de plástico suspendidas de ganchos a su derecha. Tuvo que arrodillarse en el prie-dieu para echar una ojeada a lo que había en el plato. Lo reconoció inmediatamente. No hay nada tan inconfundible como el tejido cerebral, con sus retorcidas circunvoluciones. Pero nunca antes había visto un cerebro de aquel tamaño, y ya estaba parcialmente consumido. Por los gatos, supuso.
Sufrió un violento sobresalto cuando una araña reptó por su mano. La aplastó contra la pared de piedra con el dorso de la mano. Hubo un suave y sordo ruido y el crujido de hojas sobre él, como si algo aterrizara en el techo; un enorme gato, sin lugar a dudas. Alguien tocó un silbato. Era la hora de cerrar. Empezó a alzarse del prie-dieu cuando oyó un fuerte chirrido y sintió que la puerta de la tumba se cerraba contra la suela de sus zapatos. Aquello no era un accidente. Hubo un fuerte che metálico. Se volvió en redondo, dificultado por el angosto espacio. Bajó la mirada a la cerradura de la puerta y vio el brillo de un robusto candado con cerradura de combinación, de los usados en las cadenas para bicicletas. Tenía que haber sido Pierre, pero no pudo distinguir a nadie.
—¡Abre, Pierre! —gritó.
No hubo respuesta. Estaba seguro de que Pierre aún se hallaba cerca. Lo recordó arrodillado con los muchachos junto a la tumba de Jim Morrison. Después de que se fueran, él llevaba un trozo de brillante metal en su mano.
«Meaouuu», oyó, junto con el ahogado sonido de varios pares de almohadilladas patas. El enorme rostro de un gato apareció en la ventana opuesta a la verja. Sus malignos ojos brillaban dorados bajo la agonizante luz.
Lanzó todo su peso contra la verja de hierro. Parecía como si fuera a desmoronarse al primer golpe, pero no fue así. De nuevo empujó con su hombro. Era inútil. No podía retroceder lo suficiente para tomar impulso. El gato de la ventana saltó al interior, a su lado. Los rostros de otros dos aparecieron en su lugar.
El enorme gato en el suelo dio un zarpazo a su tobillo, inclinando la cabeza como si sintiera curiosidad por ver su reacción. Bateman sintió un agudo dolor y lanzó una patada al gato. Éste arqueó su lomo y bufó, sonando muy fuerte en el reducido espacio. ¿Qué ocurriría si atacaban todos a la vez, como habían estado a punto de hacer en la plaza? No conseguiría defenderse de ellos en aquel claustrofóbico espacio. Apenas podía mover brazos y piernas.
—¡Pierre! —gritó—. ¡Por el amor de Dios!
Hubo varios golpes sordos a su lado. Tres gatos aparecieron repentinamente en el suelo, junto a él. Otro, enorme y negro, estaba en la ventana. Saltó hacia él y sintió cómo le clavaba sus uñas en la nuca y una pata delantera trazaba surcos junto a su ojo derecho. Con toda su fuerza, ignorando las uñas afiladas como cuchillos, arrancó al animal y lo estrelló contra la pared, mientras pateaba a los otros, que habían empezado a atacar sus piernas.
—¡Que alguien me ayude! —gritó.
Entonces vio a Pierre, a unos metros de distancia de la verja, exhibiendo en su rostro la misma expresión afligida de siempre. Bateman casi estaba histérico:
—¿Están atacándome! —gritó—. ¡Por favor, abre eso!
—Sólo son gatos —dijo Pierre—. Además, no sé la combinación.
Había el asomo de una sonrisa aflorando a sus labios, aunque su mirada seguía siendo compasiva.
Uno de los gatos clavó sus uñas en la pantorrilla de Bateman, y éste dio un salto de dolor.
Pierre había dado media vuelta y empezaba a andar sendero abajo, hacia la salida.
—¡Por el amor del cielo! —gritó Bateman—. ¡Piensa en Alicia?
Pierre detuvo sus pasos: parecía estar reconsiderando la situación.
Bateman se aferró a los oxidados barrotes de su jaula mientras Pierre desaparecía de su vista.
—No te preocupes, Bateman —oyó—. Le diré que llegarás tarde para cenar.



Y de pronto anochece - J.Luis Panero


Y de pronto anochece

Ed é subito sera
Salvatore Quasimodo

Vivir es ver morir, envejecer es eso,
empalagoso, terco olor de muerte,
mientras repites, inútilmente, unas palabras,
cáscaras secas, cristal quebrado.
Ver morir a los otros, a aquellos,
pocos. que de verdad quisiste,
derrumbados, deshechos, como el final de este cigarrillo,
rostros y gestos, imágenes quemadas. arrugado papel.
Y verte morir a ti también,
removiendo frías cenizas, borrados perfiles,
disformes sueños, turbia memoria.
Vivir es ver morir y es frágil la materia
y todo se sabía y no había engaño,
pero carne y sangre, misterioso fluir,
quieren perseverar, afirmar lo imposible.
Copa vacía, tembloroso pulso, cenicero sucio,
en la luz nublada del atardecer.
Vivir es ver morir, nada se aprende,
todo es un despiadado sentimiento,
años, palabras, pieles, desgarrada ternura,
calor helado de la muerte.
Vivir es ver morir, nada nos protege,
nada tuvo su ayer, nada su mañana,
y de pronto anochece.

Juan Luis Panero"Antes de que llegue la noche" 1985

In Strict Confidence - Engelsstaub


Industrial / EBM

In Strict Confidence - Engelsstaub (+ video)



1. Engelsstaub (Extended ISC Version) [06:21]
2. Engelsstaub (Dkay.com "Electroclash" Remix) [04:01]
3. Bruder (ISC Version) [06:19]
4. Auriez Vous Peur Du Passe? [03:08]
5. Engelsstaub (Stevedragon Mix) [05:10]
6. Kiss of Death [10:08]

Video:
1. Engelsstaub [3:44]



In Strict Confidence - Engelsstaub
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Sobre la poesía





La realidad sensible siempre ha sido para mí una fuente de sorpresas. También de evidencias. En un lejano artículo de 1940 aludí a la poesía como “el testimonio de los sentidos”. Testimonio verídico: sus imágenes son palpables, visibles y audibles. Cierto, la poesía está hecha de palabras enlazadas que despiden reflejos, visos y cambiantes: ¿lo que nos enseña son realidades o espejismos? Rimbaud dijo: Et j’ai vu quelquefois ce que l’homme a cru voir. Fusión de ver y creer. En la conjunción de estas dos palabras está el secreto de la poesía y el de sus testimonios: aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este, el mundo otro que es este mundo. Los sentidos, sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible. ¿No es esto, por lo demás, lo que ocurre en el sueño y en el encuentro erótico? Lo mismo al soñar que en el acoplamiento, abrazamos fantasmas. Nuestra pareja tiene cuerpo, rostro y nombre pero su realidad real, precisamente en el momento más intenso del abrazo, se dispersa en una cascada de sensaciones que, a su vez, se disipan. Hay una pregunta que se hacen todos los enamorados y en ella se condensa el misterio erótico: ¿quién eres? Pregunta sin respuesta… Los sentidos son y no son de este mundo. Por ellos, la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes.

Octavio Paz / La llama doble
imágen: Miguel Ruibal

Jennie Tebler's Out Of Oblivion - Till Death Tear Us Part


Gothic Metal
Jennie Tebler's Out Of Oblivion - Till Death Tear Us Part - (2008)



01 - Brand New Start 04:20
02 - Demons Ode 05:01
03 - Queen Of Ice 05:21
04 - Life Full Of Lies 05:32
05 - Never Stop Crying 04:36
06 - Mistake 05:00
07 - Succubus 04:45
08 - Enchanted 04:27
09 - Release Me 04:22
10 - Between Life And Death 04:13



El Vampiro de Sussex - A.Conan Doyle





El Vampiro de Sussex

Arthur Conan Doyle


Holmes acabó de leer cuidadosamente una nota que le había llegado en el último reparto de correo. Luego, con una risita contenida, que era en él lo más cercano a la risa, me la tendió.

-Como ejemplo de mezcla de lo moderno y lo medieval, de lo práctico y lo demencialmente fantástico, creo que éste debe ser indudablemente el límite -dijo-. ¿Qué le parece, Watson?

Leí lo que sigue:

»46 OLD JEWRY
»19 de noviembre.
»Asunto: Vampiros.

»Señor,
»Nuestro cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson & Muirhead, mayorista de té, de Mincing Lane, nos ha dirigido una consulta con fecha de la presente en relación a los vampiros. Dado que nuestra firma está enteramente especializada en impuestos de maquinaria, el asunto difícilmente queda dentro de nuestra esfera de actividades, y, en consecuencia, hemos recomendado al señor Ferguson que le visite a usted y le exponga el caso. No hemos olvidado el éxito de su actuación en el caso Matilda Briggs.
»Quedamos, querido señor, sinceramente suyos.

»MORRISON, MORRISON Y DODD.
»per E.J.C.»

-Matilda Briggs no era el nombre de ninguna joven, Watson -dijo Holmes, en tono reminiscente-. Era un buque relacionado con la rata gigante de Sumatra. Es una historia que el mundo no está todavía preparado para oír. Pero, ¿qué sabemos de vampiros? ¿Entra eso en nuestra esfera de actividades? Cualquier cosa es mejor que la inactividad, pero lo cierto es que parece como si nos hubieran trasladado a un cuento fantástico de los hermanos Grimm. Extienda el brazo, Watson, y veamos qué nos cuenta la V.

Me eché hacia atrás y tomé el enorme fichero al que Holmes había aludido. Lo sostuvo sobre las rodillas, y su mirada fue pasando, lenta y amorosamente, por el registro donde los viejos casos se mezclaban con la información acumulada a lo largo de su vida.

-Viaje del Gloria Scott -leyó-. Fue un feo asunto. Me parece recordar que usted lo puso por escrito, Watson, aunque no puedo felicitarle por el resultado. Victor Lynch, el falsificador. Veneno... lagarto venenoso, o gila. Un caso notable, ése. Vittoria, la bella del circo. Vanderbilt y el ladrón ambulante. Víboras. Victor, el asombro de Hammersmith. ¡Vaya, vaya! ¡Querido viejo índice! Nada se le escapa. Escuche esto, Watson: Vampirismo en Hungría. Y también: Vampiros en Transilvania.

Recorrió impacientemente las páginas con la mirada, pero al cabo de una breve lectura ensimismada dejó a un lado el enorme registro con un gruñido de decepción.

-¡Basura, Watson! ¡Basura! ¿Qué tenemos nosotros que ver con cadáveres andarines que sólo se quedan en sus tumbas si se les clava una estaca en el corazón? Es pura chifladura.

-Pero, indudablemente -dije yo-, el vampiro no es necesariamente un muerto. Una persona viva podría tener la costumbre. He leído algo, por ejemplo, de viejos que chupaban la sangre de jóvenes para apoderarse de su juventud.

-Tiene usted razón, Watson. En una de esas referencias se menciona esta leyenda. Pero, ¿vamos a prestar seriamente atención a esta clase de cosas? Esta agencia pisa fuertemente el suelo, y así debe seguir. El mundo es suficientemente ancho para nosotros. No necesitamos fantasmas. Me temo que no podemos tomarnos al señor Robert Ferguson demasiado en serio. Quizá esta nota sea suya, y pueda arrojar alguna luz sobre lo que le preocupa.

Tomó una segunda carta que había permanecido olvidada sobre la mesa mientras había estado absorto en la primera. Empezó a leerla con una sonrisa divertida en el rostro, pero esa expresión se fue mutando en otra de intenso interés y concentración. Cuando terminó, permaneció algún rato perdido en meditaciones, jugueteando con la carta entre los dedos. Finalmente, se despertó sobresaltado de su ensueño.

-Mansión Cheeseman, Lamberley. ¿Dónde está Lamberley?

-Está en Sussex, al sur de Horsham.

-No muy lejos, ¿eh? ¿Y la mansión Cheeseman?

-Conozco esa zona, Holmes. Está llena de viejas casas que llevan los nombres de los hombres que las construyeron hace siglos. Tiene usted las mansiones Odley, y Harvey, y Carriton... A la gente se la ha olvidado, pero sus hombres viven en sus casas.

-Precisamente -dijo Holmes, fríamente. Era una de las peculiaridades de su modo de ser, orgulloso y reservado, el que, si bien almacenaba muy rápida y cuidadosamente en el cerebro toda nueva información, raras veces daba muestras de agradecimiento a aquel que se la hubiera proporcionado-. Estoy por afirmar que sabremos muchas más cosas de la mansión Cheeseman, en Lamberley, antes de haber terminado con esto. La carta es, tal como esperaba, de Robert Ferguson. A propósito, dice que le conoce a usted.

-¿Que me conoce?

-Mejor lea la carta.

Me tendió la carta. Llevaba el encabezamiento citado. Decía así:

«Estimado señor Holmes,

»Me ha sido usted recomendado por mis abogados, pero, a decir verdad, el asunto es tan extraordinariamente delicado que resulta sumamente difícil hablar de él. Concierne a un amigo mío en cuyo nombre actúo. Este caballero se casó hará como cinco años con una dama peruana, hija de un negociante peruano al que había conocido en relación con la importancia de nitratos. La dama era muy hermosa, pero su cuna extranjera y su distinta religión determinaron siempre una separación de intereses y de sentimientos entre marido y mujer, de modo que, al cabo de un tiempo, el amor de mi amigo hacia ella pudo enfriarse, y pudo considerar aquel matrimonio como un error. Sentía que había aspectos del modo de ser de su mujer que nunca podría explorar ni entender. Esto era tanto más penoso cuanto que ella era la esposa más amante que hombre pueda desear, y, según toda apariencia, absolutamente leal.

»Ahora vayamos al punto que le expondré más claramente cuando hablemos. Lo cierto es que esta nota pretende solamente darle una idea general de la situación y averiguar si está usted dispuesto a intervenir en el asunto. La dama empezó a mostrar ciertos rasgos extraños, totalmente ajenos a su carácter habitual, que es dulce y apacible. El hombre había estado ya casado, y tenía un hijo de su primera mujer. El muchacho tenía quince años, y era un chico muy simpático y afectuoso, aunque desdichadamente lisiado a consecuencia de un accidente en su infancia. En dos ocasiones se sorprendió a la mujer en el momento de atacar al pobre muchacho, sin la menor provocación por parte de éste. Una de las veces le golpeó con un bastón, causándole un gran moretón en el brazo.

»Eso no fue nada, sin embargo, si se compara con su conducta con su propio hijo, un niñito que aún no ha cumplido el año. En cierta ocasión, hace cosa de un mes, este niño había sido dejado solo por su aya durante unos pocos minutos. Un fuerte grito del niño, como de dolor, hizo volver al aya. Cuando ésta entró corriendo en la habitación, vio a su ama, la señora de la casa, inclinada sobre el niño y, aparentemente mordiéndole en el cuello. El niño tenía en el cuello una pequeña herida por la que salía un hilillo de sangre. El aya quedó tan horrorizada que quiso llamar al marido, pero la dama le imploró que no lo hiciera, e incluso le dio cinco libras como precio de su silencio. No dio ninguna explicación, y de momento, no se habló más del asunto.

»Aquello dejó, sin embargo, una impresión terrible en el aya, y, desde entonces, vigiló estrechamente a su ama, y montó una guardia más cuidadosa sobre el niño, al que quería tiernamente. Le pareció que, del mismo modo que ella vigilaba a la madre, la madre la vigilaba a ella, y que, cada vez que se veía obligada a dejar solo al niño, la madre esperaba llegar hasta él. El aya guardó al niño día y noche, y día y noche la silenciosa madre vigilante parecía estar al acecho como el lobo acecha al cordero. Esto le parecerá increíble, y, sin embargo, le ruego que se lo tome con toda seriedad, porque la vida de un niño y la cordura de un hombre puede depender de ello.

»Finalmente llegó el día tremendo en que los hechos no pudieron seguir siendo ocultados al marido. Los nervios del aya no resistieron; no podía seguir soportando la tensión, y se lo contó todo al hombre. A él le pareció aquello una historia tan descabellada como ahora puede parecérselo a usted. Sabía que la suya era una esposa amante, y, salvo por los ataques contra su hijastro, una madre amante. ¿Cómo, entonces, era posible que hubiera herido a su querido niñito? Le dijo al aya que estaba disparatando, que sus sospechas eran las de una demente, y que no podían tolerarse semejantes infundios contra la señora. Mientras hablaban, se oyó un grito de dolor. Aya y amo se abalanzaron juntos hacia el cuarto del niño. Imagínese sus sentimientos, señor Holmes, cuando vio a su mujer levantarse de la posición de arrodillada, junto a la cuna, y vio sangre en el cuello al descubierto del niño y sobre la sábana. Profiriendo un grito de horror, volvió hacia la luz el rostro de su mujer y le vio sangre alrededor de los labios. Era ella, ella, más allá de toda duda, la que había bebido sangre del pobre niño.

»Así está la cosa. La mujer está ahora confinada en su habitación. No ha habido explicaciones. El marido está medio enloquecido. El sabe, como yo, muy poco de vampirismo, aparte del nombre. Habíamos pensado que era algún cuento fantástico de tierras lejanas. Y, sin embargo, aquí, en Inglaterra, en el corazón mismo de Sussex... Bueno, todo esto podríamos discutirlo mañana por la mañana. ¿Acepta usted recibirme? ¿Querrá emplear sus notables talentos en ayudar a un hombre aturdido? Si es así, tenga la amabilidad de cablegrafiar a Ferguson, Mansión Cheeseman, Lamberley, y estaré en sus habitaciones a las diez.

»Sinceramente suyo,
»ROBERT FERGUSON.

»P.S.-Creo que su amigo Watson jugaba al rugby en el equipo de Blackheath cuando yo era tres cuartos en el de Richmond. Es la única referencia de orden personal que puedo darle.»


-Claro que lo recuerdo -dije, dejando la carta-. El grandullón Bob Ferguson, el mejor tres cuartos que nunca tuvo Richmond. Fue siempre un tipo excelente. Es muy suyo el preocuparse por el problema de un amigo.

Holmes me miró pensativamente y meneó la cabeza.

-Watson, jamás lograré alcanzar sus fronteras -dijo-. Hay en usted posibilidades inexploradas. Haga el favor de enviar un cable, como un buen chico: «Estudiaré su caso gustosamente.»

-¡Su caso!

-No debemos permitir que piense que esta agencia es un asilo de retrasados mentales. Claro que es su caso. Envíele el cable y olvídese del asunto hasta mañana.

La mañana siguiente, puntualmente a las diez, Ferguson entraba en nuestra salita. Yo le recordaba como un hombre alto y flaco, de miembros sueltos, con una veloz carrera que le había permitido burlar a muchos defensas contrarios. Creo que no hay cosa más penosa que encontrarse con los restos naufragados de un atleta que se ha conocido en su plenitud. Su fuerte estructura estaba abatida, su pelo rubio era ralo, y estaba cargado de hombros. Temí suscitar en él impresiones correlativas.

-Hola, Watson -dijo; y su voz seguía siendo grave y cordial-. No tiene usted exactamente el mismo aspecto del hombre al que yo tiré por encima de las cuerdas en Old Deer Park. Supongo que yo también debo estar un tanto cambiado. Pero han sido estos últimos uno o dos días los que me han envejecido. He visto por su telegrama, señor Holmes, que es inútil que me presente como emisario de otra persona.

-Es más fácil el trato directo

-Desde luego. Pero puede usted suponer lo difícil que resulta hablar así de la mujer que uno está obligado a proteger y ayudar. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo voy a acudir a la policía con semejante historia? Pero hay que proteger a los niños. ¿Es que está loca, señor Holmes? ¿Llevará esto en la sangre? ¿Ha conocido usted algún caso parecido en su carrera? Por el amor de Dios, deme algún consejo, porque ya no doy más de mí.

-Es muy natural, señor Ferguson. Ahora siéntese y cálmese, y deme algunas respuestas claras. Puedo asegurarle que yo sí puedo dar muchísimo más de mí, y que confío en encontrar alguna solución. Ante todo, dígame qué pasos ha dado. ¿Sigue su mujer cerca de los niños?

-Tuvimos una escena terrible. Es una mujer amantísima, señor Holmes. Si alguna vez una mujer ha amado a su marido en cuerpo y alma, ésa es ella. Le partió el corazón el que yo hubiera descubierto ese secreto, ese horrible e increíble secreto. Ni siquiera dijo nada. No dio a mis reproches otra respuesta que una expresión como enloquecida y desesperada en sus ojos al mirarme, luego se fue corriendo a su habitación y se encerró en ella. Desde entonces se ha negado a verme. Tiene una doncella llamada Dolores que ya estaba a su servicio antes de que se casara... Es una amiga más que una criada. Le lleva la comida.

-Entonces, ¿el niño no está en peligro inmediato?

-La señora Mason, el aya, ha jurado que no le dejará ni de día ni de noche. Puedo confiar por entero en ella. Más que por él estoy inquieto por el pobrecito Jack, porque tal como le dije en mi nota, ha sido atacado por ella dos veces.

-¿Pero sin sufrir heridas?

-No. Le golpeó salvajemente. Es una cosa todavía más terrible si se tiene en cuenta que es un pobre inválido inofensivo -las duras facciones de Ferguson se dulcificaron al hablar de su chico-. Uno pensaría que la condición del muchacho ablandaría el corazón de cualquiera. Una caída en la niñez y la columna vertebral deformada, señor Holmes. Pero, por dentro, el más dulce y afectuoso de los corazones.

Holmes había tomado la carta del día anterior y la estaba releyendo.

-¿Qué otros ocupantes tiene su casa, señor Ferguson?

-Dos criados que no hace mucho que están a nuestro servicio. Un mozo de cuadras, Michael, que duerme en la casa. Mi mujer, yo mismo, mi chico Jack, el pequeño, Dolores y la señora Mason. Eso es todo.

-Conjeturo que no conocía usted bien a su esposa en la época de su matrimonio.

-Hacía sólo unas pocas semanas que la conocía.

-¿Cuánto tiempo ha estado con ella la doncella Dolores?

-Algunos años.

-Entonces, ¿Dolores debe conocer mejor que usted el carácter de su mujer?

-Sí, podría decirse que sí.

Holmes anotó algo.

-Imagino -dijo- que puedo ser más útil en Lamberley que aquí. Es eminentemente un caso de investigación personal. Si la dama permanece en su habitación, nuestra presencia no puede irritarla ni incomodarla. Naturalmente, nos alojaremos en la posada.

Ferguson tuvo un gesto de alivio.

-Esto es lo que yo esperaba, señor Holmes. Hay un tren excelente que sale a las dos de la estación Victoria, si puede venir.

-Claro que iremos. Ahora tenemos un bache de trabajo. Puedo concederle indivisamente mis energías. Naturalmente, Watson nos acompaña. Pero hay uno o dos puntos de los que quisiera estar seguro antes de partir. Esa desdichada dama, tal como lo entiendo, ha atacado, aparentemente, a ambos niños: a su propío hijo y al del primer matrimonio de usted.

-Así es.

-Pero estos ataques toman formas diferentes, ¿no es cierto? Golpeó a su hijastro.

-Una vez con un bastón, y otra muy salvajemente con las manos.

-¿No dio ninguna explicación de porqué le golpeaba?

-Ninguna, salvo que le odiaba. Una y otra vez dijo esto.

-Bueno, no se desconoce esto en las madrastras. Celos póstumos, por decirlo de algún modo. ¿Es celosa la dama por naturaleza?

-Sí, es muy celosa... Es celosa con toda la fuerza de su vehemente amor tropical.

-Pero el muchacho... Tiene quince años, creo haber entendido, y probablemente estará muy desarrollado mentalmente, puesto que su cuerpo está tan limitado en la acción. ¿No dio él ninguna explicación de esos ataques?

-No. Declaró que no había ninguna razón para ellos.

-¿Hicieron buenas migas en otro tiempos?

-No; nunca hubo amor entre ellos.

-Y, sin embargo, dice usted que es un chico muy afectuoso.

-En todo el mundo no puede haber otro hijo tan ferviente. Mi vida es su vida. Está absorto en todo lo que digo y hago.

Holmes anotó nuevamente algo. Permaneció un rato perdido en sus pensamientos.

-Sin duda, usted y su hijo eran grandes camaradas antes de este segundo matrimonio. Estaban muy cerca el uno del otro, ¿no es cierto?

-Sí, muy cierto.

-Y el chico, siendo tan afectuoso de naturaleza, estaría muy apegado, sin duda, a la memoria de su madre.

-Sí, mucho.

-Parece ser, desde luego, un interesantísimo muchacho. Otro punto acerca de esos ataques. ¿Los extraños ataques contra el niño pequeño, y las agresiones contra su hijo, se produjeron en los mismos períodos?

-En el primer caso, así fue. Fue como si se hubiera adueñado de ella una especie de frenesí, y hubiera descargado su furia contra ambos. En el segundo caso Jack fue la única víctima. La señora Mason no tenía quejas en torno al niño.

-Eso, ciertamente, complica las cosas.

-No acabo de seguirle, señor Holmes.

-Probablemente no. Uno se forma teorías provisionales, y espera a que el tiempo o nuevos conocimientos las desbaraten. Una mala costumbre, señor Ferguson, pero el hombre es débil. Me temo que su viejo amigo, aquí presente, haya dado una visión exagerada de mis métodos científicos. Sin embargo, en el punto en que estamos, me limitaré a decir que su problema no me parece insoluble, y que puede contar con que estaremos en la estación Victoria a las dos.

Era ya entrada la tarde de un triste y brumoso día de noviembre cuando, tras dejar el equipaje en la posada Chequers, de Lamberley, viajamos en coche por un largo y serpenteante camino arcilloso de Sussex, y llegamos finalmente a la vieja casa de campo aislada en que vivía Ferguson. Era un edificio grande y complicado, muy antiguo en su parte central, muy nuevo en las alas, con altas chimeneas estilo Tudor y un techo picudo de lajas de Horsham cubiertas de liquen. Los peldaños de la entrada estaban redondeados por el desgaste, y los viejos azulejos que adornaban el pórtico tenían el emblema de un queso y un hombre, en honor al constructor original (1). En el interior, los techos estaban estriados por macizas vigas de roble, y los suelos irregulares se combaban en pronunciadas curvas. Un olor a cosa vieja y enmohecida invadía todo aquel vetusto edificio.

(1) El nombre de la mansión, «Cheeseman», está formado por «cheese», queso, y «man», hombre. Literalmente: «hombre de queso».

Había una gran sala central, y a ella nos condujo Ferguson. Allí, en una gran chimenea anticuada cuyo manto de hierro llevaba inscrita la fecha 1670, brillaba y chisporroteaba un espléndido fuego de troncos.

Mirando a mi alrededor, vi que la habitación era una singularísima mezcla de fechas y sitios. Las paredes medio artesonadas podían muy bien haber pertenecido al caballero campesino del siglo diecisiete. Estaban ornamentadas, sin embargo, en la parte inferior por una línea de acuarelas modernas elegidas con gusto, mientras que en la parte superior, donde un yeso amarillento ocupaba el lugar del roble, colgaba una hermosa colección de utensilios y armas sudamericanos, que se había traído sin duda consigo la dama peruana que estaba en el piso de arriba. Holmes se puso en pie, con esa pronta curiosidad que surgía de su impaciente cerebro, y la examinó con bastante atención. Volvió con mirada pensativa.

-¡Vaya! -exclamó- ¡Vaya!

Un spaniel, que había permanecido en una cesta en un rincón, se echó a andar lentamente hacia su amo, avanzando con dificultad. Sus patas traseras se movían irregularmente, y la cola le arrastraba por el suelo. Lamió la mano de Ferguson.

-¿Qué ocurre, señor Holmes?

-El perro. ¿Qué le ocurre?

-Eso quisiera saber el veterinario. Una especie de parálisis. Meningitis espinal, pensó él. Pero se le va pasando. Pronto estará bien... ¿no es verdad, Carlo?

Un temblor de asentimiento recorrió la cola fláccida. Los ojos tristones del animal nos miraron a todos sucesivamente. Sabia que estábamos hablando de su caso.

-¿Le vino de repente?

-En una sola noche.

-¿Cuánto tiempo hace?

-Puede que cuatro meses.

-Muy notable. Muy sugerente.

-¿Qué ve usted en ello, señor Holmes?

-Una confirmación de lo que ya pensaba.

-Por el amor de Dios, ¿qué piensa usted, señor Holmes? ¡Puede que para usted sea un simple ejercicio intelectual, pero para mí es la vida o la muerte! ¡Mi mujer una asesina frustrada! ¡Mi hijo en constante peligro! No juegue conmigo, señor Holmes. Esto es terriblemente serio, demasiado serio.

El grandullón tres cuartos de rugby temblaba de pies a cabeza. Holmes le puso la mano en el hombro, tranquilizadoramente.

-Me temo que la solución, señor Ferguson, sea cual sea, le reserva un dolor -dijo-. Se lo atenuaré todo lo que pueda. Por el momento no puedo decir más, pero espero tener algo definitivo antes de salir de esta casa.

-¡Dios quiera que así sea! Si ustedes me disculpan, caballeros, subiré a la habitación de mi mujer, y veré si se ha producido algún cambio.

Estuvo ausente algunos minutos, durante los cuales Holmes reanudó su examen de los objetos curiosos de la pared. Cuando nuestro anfitrión volvió, estaba claro, por su expresión abatida, que no había hecho ningún progreso. Le acompañaba una joven, alta, esbelta, de tez morena.

-El té está listo, Dolores -dijo Ferguson-. Cuídese de que su ama tenga todo lo que desee.

-Está muy mala -exclamó la muchacha, mirando a su amo con ojos indignados-. No pide comida. Está muy mala. Necesita un médico. Me daba miedo estar sola con ella sin un médico.

Ferguson me miró con una interrogación en los ojos.

-Me encantaría ser de alguna utilidad.

-¿Recibirá su ama al doctor Watson?

-Que venga. No se lo preguntaré. Necesita un médico.

-Entonces, iré con usted de inmediato.

Seguí a la muchacha, que temblaba presa de un fuerte nerviosismo, por las escaleras y por un viejo pasillo. A su extremo había una maciza puerta lacada de hierro. Se me ocurrió, al verla, que si Ferguson trataba de llegar por la fuerza junto a su mujer la cosa no le resultaría fácil. La muchacha se sacó una llave del bolsillo, y las pesadas planchas de roble crujieron sobre sus viejos goznes. Entré, y ella me siguió rápidamente, cerrando la puerta detrás suyo.

En la cama había una mujer, evidentemente con mucha fiebre. Estaba consciente sólo a medias, pero cuando entré unos ojos asustados, pero hermosos, me miraron con miedo. Al ver a un extraño, pareció sentir alivio, y con un suspiro dejó caer nuevamente la cabeza sobre la almohada. Avancé hacia ella pronunciando algunas palabras de confortación, y permaneció quieta mientras le tomaba el pulso y la temperatura. Uno y otra estaban altos, y, sin embargo, mi impresión fue que su condición era más de excitación mental y nerviosa que no de auténtica enfermedad.

-Ha estado así un día, dos días. Temo que se muera -dijo la muchacha.

La mujer volvió hacia mí su hermoso rostro encendido.

-¿Dónde está mi marido?

-Está abajo, y le gustaría verla.

-No le veré. No le veré -y pareció entrar de nuevo en el delirio-. ¡Un diablo! ¡Un diablo! ¡Oh! ¿Qué puedo hacer con ese demonio?

-¿Puedo ayudarla en algo?

-No. Nadie puede ayudarme. Se acabó. Todo está destruido. Haga lo que haga, todo está destruido.

La mujer debía sufrir alguna extraña ilusión. Yo era incapaz de imaginarme al honrado Bob Fergusón como diablo o demonio.

-Señora -dije-, su marido la quiere a usted tiernamente. Está muy apenado por lo que ocurre.

De nuevo volvió hacia mí aquellos ojos magníficos.

-Me quiere. Sí. Pero, ¿es que yo no le quiero a él? ¿No le quiero hasta el punto de sacrificarme antes que romper su querido corazón? Así es como le quiero. Y, sin embargo, él podría pensar de mí... pudo hablarme de aquel modo...

-Está muy dolorido, pero es incapaz de entender.

-No, no puede entender. Pero debería confiar.

-¿Por qué no habla con él? -sugerí.

-No, no; no puedo olvidar aquellas palabras terribles, ni su expresión. No le veré. Ahora váyase. No puede hacer nada por mí. Dígale solamente una cosa. Quiero a mi hijo. Tengo derecho a mi hijo. Este es el único mensaje que puedo enviarle.

Se volvió de cara a la pared y no dijo más.

Volví a la sala de abajo donde Ferguson y Holmes seguían todavía sentados junto al fuego. Ferguson escuchó pensativamente mi narración de la entrevista.

-¿Cómo puedo mandarle a su hijo? -dijo-. ¿Cómo voy a saber qué extraño impulso puede entrarle? ¿Cómo podré jamás olvidar cómo se levantó del lado de la cuna con sangre en los labios? -se estremeció al recordar-. El niño está seguro con la señora Mason, y debe seguir con ella.

Una doncella de elegante uniforme, la única cosa moderna que podía verse en la casa, había traído un poco de té. Mientras lo estaba sirviendo, se abrió la puerta y un jovencito entró en la habitación. Era un muchacho que llamaba la atención: cara pálida, cabello rubio, expresivos ojos azul pálido que se encendían en súbita llama de emoción y alegría cuando su mirada se posaba en su padre. Se abalanzó hacia él y le rodeó el cuello con los brazos, con el abandono de una adolescente enamorada.

-Oh, papá -gritó-, no sabía que ya estuvieras de vueltas. Habría estado aquí esperándote. ¡Oh! ¡Qué contento estoy de verte!

Ferguson se liberó suavemente del abrazo, con ciertas muestras de turbación.

-Querido muchacho -dijo, dando unos tiernos golpecitos en la rubia cabeza-, he vuelto pronto porque he podido convencer a mis amigos, el señor Holmes y el doctor Watson, para que vinieran a pasar la velada con nosotros.

-¿Es el señor Holmes, el detective?

-Sí.

El jovencito nos miró de un modo penetrante y, según me pareció, poco amistoso.

-¿Qué me dice de su otro hijo, señor Ferguson? -preguntó Holmes- ¿Podríamos ver al bebé?

-Pídele a la señora Mason que baje al niño -dijo Ferguson. El muchacho se marchó con un andar extraño, bamboleante, que delató a mis ojos médicos que sufría de una afección espinal. Volvió al poco rato, y, detrás suyo, venía una mujer alta y delgada que llevaba en sus brazos a un hermosísimo niño, de ojos negros y pelo rubio, una maravillosa mezcla de lo sajón y lo latino. Ferguson, evidentemente estaba loco por aquel niño, ya que lo tomó en sus brazos y lo acarició tiernamente.

-Y pensar que alguien pueda tener el corazón tan duro como para hacerle daño -murmuró, bajando la mirada hacia la pequeña mancha rojo vivo del cuello del querubín.

Fue en aquel momento cuando casualmente miré a Holmes, viéndole una expresión singularísimamente concentrada. Su cara estaba inmóvil, como tallada en marfil, y sus ojos, que por un momento habían mirado a padre e hijo, estaban ahora enfocados, con vehemente curiosidad, en algo que se encontraba al otro extremo de la habitación. Siguiendo su mirada, no pude suponer otra cosa sino que a través de la ventana contemplaba el melancólico jardín mojado. Cierto que había una persiana medio cerrada por la parte de fuera, obstruyendo la visión, pero, con todo, era indudablemente la ventana lo que Holmes miraba con concentrada atención. Luego sonrió, y su mirada volvió al bebé. En su cuello regordete estaba la pequeña señal hinchada. Sin decir nada, Holmes la examinó atentamente. Finalmente, tomó y agitó levemente uno de los pequeños puños que revoloteaban ante su cara.

-Adiós, hombrecito. Has tenido un extraño comienzo en la vida. Aya, quisiera tener unas palabras con usted en privado.

Se la llevó aparte y le habló vehemente durante algunos minutos. Sólo pude oír las últimas palabras, que fueron: «Espero que su inquietud no tarde en quedar apaciguada.» La mujer, que parecía ser una criatura de la especie huraña y silenciosa, se retiró con el niño.

-¿Como es la señora Mason? -preguntó Holmes.

-No muy convincente externamente, como puede ver, pero tiene un corazón de oro, y quiere muchísimo al niño.

-¿Te gusta la señora Mason, Jack? -Holmes se volvió repentinamente hacia el muchacho, cuya expresiva cara se ensombreció. Negó con la cabeza.

-Jacky tiene agrados y desagrados muy acentuados -dijo Ferguson, rodeando con el brazo los hombros del muchacho-. Afortunadamente, yo estoy entre sus agrados.

El chico apoyó arrulladoramente la cabeza en el pecho de su padre. Ferguson lo separó suavemente.

-Vete ya, Jacky, pequeño -dijo; y contempló a su hijo con mirada amorosa hasta que hubo desaparecido-. Ahora, señor Holmes -prosiguió, cuando el chico se hubo ido-, realmente me doy cuenta de que le he metido en un problema sin solución, porque ¿qué puede hacer aparte de concederme su simpatía? Debe ser un asunto extremadamente delicado y complejo desde su punto de vista.

-Es ciertamente delicado -dijo mi amigo, con una sonrisa divertida-, pero ahora no se me representa complejo. Ha sido un caso propio para la deducción intelectual; pero cuando esta deducción intelectual original se ve confirmada punto por punto por numerosos incidentes independientes, entonces lo subjetivo se hace objetivo, y podemos decir confiadamente que hemos llegado a la meta. De hecho, ya había llegado a ella antes de salir de Baker Street; el resto ha sido meramente observación y confirmación.

Ferguson se llevó su manaza a la arrugada frente.

-Por el amor del cielo, Holmes -dijo, roncamente-, si es usted capaz de ver la verdad de este asunto, no me mantenga en la inquietud. ¿En qué posición me encuentro? ¿Qué debo hacer? No me importa cómo haya llegado usted a establecer los hechos, mientras realmente los conozca.

-Desde luego, le debo una explicación, y la tendrá. Pero, ¿me permite llevar las cosas a mi manera? ¿Puede recibirnos la dama, Watson?

-Está enferma, pero goza de toda su razón.

-Muy bien. Sólo en su presencia podremos aclararlo todo. Subamos a verla.

-No me recibirá -exclamó Ferguson.

-Oh, sí, lo hará -dijo Holmes. Garrapateó unas pocas líneas en un papel-. Usted, al menos, tiene la entrée, Watson. ¿Tendrá la bondad de entregarle esta nota a la dama?

Subí nuevamente, y entregué la nota a Dolores, que abrió la puerta cautamente. Al cabo de un minuto oí un grito en el interior, un grito en el que parecían mezclarse la alegría y la sorpresa, Dolores sacó la cabeza por la puerta.

-Les recibirá. Escuchará -dijo.

Ferguson y Holmes subieron a mi llamada. Cuando entramos en la habitación, Ferguson dio uno o dos pasos hacia su mujer, que se había incorporado en la cama; pero ella hizo con la mano ademán de detenerle. Ferguson se dejó caer en un sillón, y Holmes y yo nos sentamos a su lado, después de una inclinación de cabeza a la dama, que miró a Holmes con los ojos dilatados por el asombro.

-Creo que podríamos prescindir de Dolores -dijo Holmes-. Oh, muy bien, señora, si prefiere que se quede, no tengo nada que objetar. Mire, señor Ferguson, soy un hombre ocupado, con muchas visitas, y mis métodos tienen que ser breves y directos. La operación quirúrgica más rápida es la menos dolorosa. Permítame que antes que nada le diga algo que tranquilizará su espíritu. Su mujer es muy buena, muy amante, y ha sido tratada muy mal.

Ferguson se puso en pie con un grito de alegría.

-Demuéstreme esto, señor Holmes, y estaré en deuda con usted para siempre.

-Lo haré, pero al hacerlo le heriré profundamente en otra dirección.

-No me importa, si libera de culpa a mi mujer. Todo lo demás que hay en el mundo no es nada comparado con eso.

-Permítame contarle, entonces, el curso de los razonamientos que pasaron por mi mente en Baker Street. La idea de un vampiro me resultaba absurda. Y, sin embargo, su observación era precisa. Usted había visto a la dama levantarse de junto a la cuna del niño con sangre en los labios.

-Cierto.

-¿No se le ocurrió que puede chuparse una herida con propósitos distintos al de extraer sangre? ¿Acaso no hubo una reina en la historia de Inglaterra que chupó una herida para sacar de ella el veneno?

-¡Veneno!

-Cosa corriente en Sudamérica. Mi instinto percibió la presencia de esas armas de la pared antes de haberlas visto. Hubiera podido tratarse de otro veneno, pero eso fue lo que se me ocurrió. Cuando vi el pequeño carcaj vacío junto al pequeño arco de cazar pájaros, eso era exactamente lo que esperaba ver. Si el niño resultaba pinchado con una de esas flechas impregnadas en curare o en cualquier otro alcaloide diabólico, moriría a menos que se chupara el veneno de la herida. ¡Y el perro! Si alguien fuera a usar un veneno como ése, ¿no lo probaría primero para comprobar que no había perdido sus virtudes? No había previsto al perro, pero al menos lo entendí, y encajó en mi reconstrucción. ¿Entiende ahora? Su mujer temía un ataque de esa clase. Vio que se producía, y salvó la vida del niño; y, sin embargo, no quiso contarle a usted la verdad, porque sabía cuánto quería usted al muchacho, y temió romperle el corazón.

-¡Jacky!

-Le estuve observando hace unos momentos, cuando usted acariciaba al pequeño. Su cara se reflejaba claramente en la ventana, porque la persiana cerrada convertía al cristal en espejo. Vi en esa cara tantos celos, tanto odio cruel, como raras veces he visto en un rostro humano.

-¡Mi Jacky!

-Tiene usted que afrontarlo, señor Ferguson. Es todavía más penoso por cuanto que ha sido un amor deformado, un amor demencialmente exagerado hacia usted, y probablemente hacia su difunta madre, el que le ha inducido a actuar. Su alma entera está consumida por el odio a ese espléndido niñito, cuya salud y belleza contrastan con su propia deficiencia.

-¡Santo Dios! ¡Es increíble!

-¿He dicho la verdad, señora?

La mujer sollozaba, con la cara hundida entre las almohadas. En aquel momento se volvió hacia su marido.

-¿Cómo podía decírtelo, Bob? Sabía qué golpe sería para ti. Era mejor que esperara, y que lo supieras por otros labios que los míos. Cuando este caballero, que parece poseer poderes mágicos, me escribió que lo sabía todo, me sentí extremadamente feliz.

-Creo que mi receta para el señorito Jacky sería un año de viaje por mar -dijo Holmes, poniéndose en pie-. Sólo me queda una cosa oscura, señora. Podemos entender perfectamente sus ataques contra Jacky. La paciencia de una madre tiene un limite. Pero, ¿cómo se atrevió a dejar solo al niño estos últimos dos días?

-Se lo había contado a la señora Mason. Ella sabía.

-Exacto. Eso pensé.

Ferguson estaba junto a la cama, conteniendo los sollozos, con las manos tendidas, tembloroso.

-Creo, Watson, que es el momento de marchamos -dijo Holmes, en un susurro-. Si coge usted de un brazo a la excesivamente fiel Dolores, yo la cogeré del otro. Eso. Ahora -añadió, cerrando la puerta detrás suyo-, creo que podemos dejar que arreglen entre ellos lo que queda pendiente.

Sólo tengo una anotación más sobre este caso. Se trata de la carta que escribió Holmes como respuesta final a aquella con que empezaba este relato. Decía así:

»Baker Streeet,
»21 de noviembre.
«Asunto: Vampiros.

»Caballero,
»En respuesta a su carta del 19, me permito comunicarle que he estudiado el caso de su cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson & Muirhead, mayoristas de té, de Mincing Lane, y que el asunto ha sido llevado a una satisfactoria conclusión. Agradeciéndole su recomendación,

»Queda, señor, sinceramente suyo,

»SHERLOCK HOLMES.



Unheilig - Moderne Zeiten


Darkwave
Unheilig - Moderne Zeiten (2006)



01 Das Uhrwerk
02 Luftschiff
03 Ich will alles
04 Goldene Zeiten
05 Helden
06 Astronaut
07 Phönix
08 Lass uns Liebe machen
09 Horizont
10 Sonnenaufgang
11 Gelobtes Land
12 Menschenherz
13 Mein Stern
14 Moderne Zeiten



Unheilig - Horizont
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La Noche - Eduardo Galeano


La Noche


1
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

2
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desnúdeme.

3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.

Eduardo Galeano / El libro de los abrazos

Zeraphine - Still


Gothic Rock / Alternative Rock / Darkwave

Zeraphine - Still [LE] (2006)




01 - Still (03:29)
02 - Niemand kann es sehen (03:51)
03 - Inside your arms (03:42)
04 - Gib mir dein Gift (04:05)
05 - Nichts aus Liebe (03:13)
06 - Toxic Skies (03:05)
07 - Fang mich (03:05)
08 - Halbes Ende (04:04)
09 - Since we're falling (03:54)
10 - I'll follow you (03:57)
11 - State of the moment (04:20)
12 - Nur ein Tag (05:37)
13 - Out of the void [Bonus] (03:45)
14 - Still [Video] (03:35)
15 - Making of Still [Video] (03:38)




Zeraphine-still
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El Tacto del Lobo - Susan Krinard


El Tacto del Lobo - Susan Krinard




Loups-garous. Hombres lobo. Una raza separada de la humanidad, pero que vivía entre los humanos.




Inglaterra de 1875. En la región de Northumberland Tiberius Forster, Conde de Greyburn es un hombre inflexible y despótico cuya vida ha estado gobernada por una obsesión que ha transmitido a su nieto mayor. Ha dedicado su vida a lo que llama "The Cause", restaurar la pureza de la sangre de hombre-lobo en su clan. Para ello concierta matrimonios entre miembros de su familia con otros miembros de familias de linaje de hombre-lobo y descartando cualquier unión con humanos. Considera necesario éste plan para el futuro de su raza.


La Caja de Pandora


La Caja de Pandora




Uno de los temas que han inquietado el interés de los hombres a lo largo de toda su historia es la creación del mundo. Los antiguos griegos tenían su propia forma de contar la historia, que era como sigue:

Antes que fueran creados la tierra, el mar y los cielos, todas las cosas tenían el mismo aspecto, al que llamaban Caos, una masa confusa y sin forma, un peso muerto en el cual, sin embargo, estaban las semillas de las cosas. Como la Tierra, el Aire y el Agua estaban mezclados, la tierra no era sólida, el mar no era fluido ni el aire transparente.

Dios y la Naturaleza pusieron fin al desorden, separando la tierra del mar y al cielo de ambos dos. Luego, Dios y la Naturaleza se las arreglaron para disponer mejor la Tierra y distribuyeron los ríos, las montañas y las bahías, dibujaron los valles, los bosques y las planicies. El aire se esclareció y las estrellas fueron apareciendo. Los peces tomaron posesión del mar, los pájaros del aire y las bestias de cuatro patas se apropiaron de la tierra.

Pero era necesario un animal más noble, y entonces se hizo al Hombre. Prometeo tomó un poco de tierra, donde todavía se mezclaba con un poco de cielo, y mojándola con un poco de agua, moldeó en el barro al hombre, haciéndolo a imagen de los dioses, erguido, para que al revés de los otros animales, el hombre se levante hacia los cielos y observe las estrellas.

Prometeo fue uno de los Titanes, una raza de gigantes que habitó la Tierra antes de la creación del hombre. A él y a su hermano Epimeteo fue encargada la tarea de hacer al hombre, y proveerlo, tal como a los otros animales, de las facultades necesarias para su preservación. Epimeteo fue el obrero y Prometeo vigiló el trabajo. Así fueron otorgando a los diferentes animales de coraje, fuerza, rapidez, sagacidad; garras para uno y alas para el otro, etc... Pero cuando llegó el momento de dar sus dones al hombre, que tenía que ser superior a todos los demás animales, Epimeteo había sido tan pródigo con sus recursos que ya no le quedaban dones.

Prometeo entonces, para subsanar la situación, subió al cielo y, con la ayuda de Atenea, encendió su antorcha en el carro del Sol, y le regaló el fuego a los hombres. Este don hizo al hombre mucho más que todos los animales. El fuego permitió al hombre fabricar armas para vencer a los animales y herramientas para cultivar la tierra, pudo calentar su casa para independizarse del clima, y finalmente introdujo las artes y la moneda, lo que significa intercambio y comercio.

La mujer todavía no había sido creada. La leyenda cuenta que Zeus hizo a la mujer y la envió a Prometeo y su hermano para castigarlos por haber robado el fuego... y también para castigar al hombre por haber aceptado el don.

La primera mujer fue Pandora. Fue hecha en el cielo y todos los dioses contribuyeron en algo para perfeccionarla. Afrodita le dio belleza, Hermes la persuasión, Apolo la música, etc... Así equipada, Pandora fue llevada a la Tierra y presentada a Epimeteo que la aceptó feliz, a pesar de los temores de su hermano, que no confiaba en Zeus y sus regalos.

Epimeteo tenía en su casa una habitación donde guardaba algunos objetos que no había alcanzado a repartir por la Tierra. Entre ellos un baúl. Poco a poco fue creciendo en Pandora una gran curiosidad por conocer el contenido de dicha caja; finalmente, un día quebró el sello y abrió la tapa para mirar dentro. Pero en ese mismo momento escaparon de la caja una multitud de plagas para atormentar a los hombres, como la gota, el reumatismo y los cólicos para el cuerpo, y la envidia, la ira y la venganza para el alma, y estos males se repartieron por todas partes.

Pandora se apresuró en cerrar la caja, pero ya era tarde, todo el contenido de la caja había escapado, exceptuando una sola cosa que yacía confundida al fondo, esa era la esperanza. Desde entonces, aunque los males nos acechen, la esperanza nunca nos deja por entero. Y mientras tengamos un poco de esperanza, ningún mal puede derrotarnos completamente.

Otra versión de esta misma historia cuenta que Pandora fue enviada por Zeus al hombre como un signo de bendición. Como regalo de matrimonio, ella fue dotada por todos los dioses con bienes que guardaron en una caja. Pandora abrió accidentalmente la caja y todos las bendiciones escaparon, menos la esperanza.

Según varios comentaristas, esta es la versión correcta porque ¿cómo podría una virtud tan sutil como la esperanza estar guardada con todo tipo de males?

Sigue contando la leyenda griega que desde cuando la Tierra estuvo poblada, han sucedido las edades. La primera fue una era de inocencia y felicidad, llamada la Edad de Oro. La verdad y el derecho permanecían siempre vigentes, aunque no estaban obligados por ninguna ley escrita, ni hubiese magistrados encargados de hacerlos cumplir, ni castigos para los infractores.

En esa época los bosques no eran talados para construir navíos, ni tampoco para levantar fortificaciones alrededor de las ciudades. No había espadas, lanzas ni yelmos. La Tierra entregaba lo suficiente para la supervivencia de los hombres, sin que fuera necesario el trabajo de sembrar o recolectar. En esa edad, decían los griegos, reinaba una eterna primavera, y los ríos fluían con leche, vino y miel amarilla destiladas de los arces.

A esta era feliz, sucedió para los hombres, la Edad de Plata, inferior a la del Oro, pero superior a la de Bronce, que vendrá después. Al comienzo de la Edad de Plata, Zeus acortó la primavera y dividió el año en estaciones. Se endurecieron los extremos del frío y el calor, y fue necesaria la construcción de las casas. También fue necesario desde entonces sembrar los granos para conseguir una germinación adecuada. Y se comenzaron a redactar las primeras leyes y nacieron los primeros funcionarios encargados de vigilar su cumplimiento.

La Edad del Bronce fue más salvaje, las leyes se transforman en códigos y los hombres se muestran dispuestos a atacar apenas ven a otro más débil.

Pero la era más dura, la peor, es la Edad del Hierro. Dicen los griegos que en esa época, el crimen se entronizará en la sociedad humana; la modestia, la verdad y el honor no serán considerados más que como palabras vacías, el lugar que ocupaban como valores humanos, serán reemplazados por el fraude, el engaño, la violencia y el enfermizo afán de ganancia. Los marinos navegarán por todos los mares y los árboles serán desprendidos de las montañas. La Tierra, que hasta ahora había sido cultivada en común, comenzó a ser dividida en posesiones particulares y los hombres, insatisfechos con la producción de la superficie, comienzan a horadarla para extraer las riquezas de su interior. Entonces se produjo el engañoso hierro y el oro, más peligroso aún. Usando ambos metales como armas, la guerra se extenderá por todas partes. El visitante no estará a salvo en la casa del amigo; hijos y padres, hermanos y hermanas, maridos y mujeres desconfiarán el uno del otro; los hijos querrán que sus padres mueran, para heredarlos; desaparecerá el amor familiar y la Tierra se cubrirá de risas falsas y los dioses la irán abandonando uno a uno. La última en dejar la Tierra será Astrea, la inocencia y pureza, hija de Themis, la justicia.

Viendo este estado de cosas, Zeus arderá de ira y convocará a un congreso de dioses. Todos obedecen el llamado y toman camino hacia el palacio de los cielos. El camino, que uno lo puede ver claramente en las noches, en el centro de cielo: la Vía Láctea. A lo largo del camino se encuentran, según los antiguos griegos, los palacios de los dioses más ilustres, los seres corrientes del cielo viven en cambio a ambos lados de la Vía.

Una vez reunidos los dioses, Zeus se dirige a la asamblea describiendo el espantoso estado de la Tierra y termina anunciando su decisión de destruir a la totalidad de sus habitantes para crear una nueva raza, distinta de la anterior, que sea más feliz de vivir y así alaben mejor la grandeza de los dioses.

Apenas terminó de hablar, Zeus toma uno de sus rayos y cuando iba a arrojarlo contra la Tierra para destruir mediante el fuego a sus habitantes, cuando se dio cuenta de que una conflagración así pudiera poner en peligro a los propios cielos y cambió de táctica.

Amarró al viento del norte y soltó las cadenas que aprisionaban al viento del sur. Pronto un manto de nubes negras cubrió la Tierra dejando caer torrentes de lluvia. Las plantas de granas se tendieron y la labor de los campesinos quedó destruida en menos de una hora.

No contento aún, Zeus llamó a su hermano Poseidón, el dios de las aguas terrenales. Éste sacó de madre a los ríos que inundaron la Tierra al mismo tiempo que ordenaba un terremoto que hizo caer el flujo de los mares sobre las playas. Castillos, hombres, animales y casas fueron barridos por las aguas embravecidas.

Cualquier gran edificio intacto era asaltado por las olas y pronto sus torres quedaban sumergidas.

Los textos y las tradiciones clásicas se explayan en la descripción de esta destrucción hasta que finalmente no quedó sino agua sobre la superficie de la Tierra, sólo el Parmaso, elevado sobre todas las montañas, se levantaba sobre las aguas.

Allí buscaron refugio los únicos sobrevivientes. Deucalión y su mujer, Pyrra, ambos de la raza de Prometeo. Él era un hombre justo y Pyrra una mujer con gran fe en los dioses.

Apenas Zeus vio que estaba todo devastado y sólo quedaban estos sobrevivientes, soltó al viento del norte para que despejara las nubes y separase los cielos de la tierra. Poseidón ordenó a Tritón que soplara su cuerno. Las aguas obedecieron y poco a poco recuperaron su cauce normal, aparecieron otra vez las playas y los ríos volvieron a sus cauces.

Entonces Deucalión habló así a su esposa: "Esposa, única mujer sobreviviente, antes nos unió el matrimonio y la crianza de los hijos. Ahora nos une un peligro común. Tal vez haya recaído sobre nosotros el poder de nuestro antepasado Prometeo, y tendremos que renovar la raza humana tal como él lo hizo la primera vez. Pero como no estamos seguros, vamos al templo y preguntemos a los dioses lo que debemos hacer".

Entraron al templo, deformado por el cataclismo y se acercaron al altar donde ya no ardía el fuego sagrado. Se postraron en tierra y rogaron por una inspiración divina que les permitiera resolver la miserable situación en que estaban. El oráculo respondió así: "Abandonen el templo con la cabeza velada, las vestiduras sueltas y vayan arrojando detrás los huesos de vuestra madre".

Escucharon asombrados. Finalmente Pyrra comentó: "No podemos obedecer, ¿cómo vamos a profanar los restos de nuestros padres?"

Ambos cayeron después en una profunda meditación. Hasta que Deucalión dijo: "O me engaña mi inteligencia o hay una sola forma de cumplir este mandato sin caer en la impiedad. La Tierra es la gran madre de todo y las piedras son sus huesos. Esos son los huesos que podemos arrojar detrás nuestro sin ser impíos... Creo que eso es lo que quiere decir el oráculo, y por último, no haremos daño intentándolo".

Así, velaron sus cabezas, se desataron las vestiduras, cargaron numerosas piedras y las fueron arrojando a sus espaldas a medida que caminaban.

Y entonces sobrevino el milagro: las piedras crecieron, haciéndose más suaves y adquiriendo formas humanas, como pedazos de rocas en las manos del escultor. Las piedras que arrojaba Deucalión se convertían en hombres y las de Pyrra en mujeres. Y así los dioses, eso decían los griegos, repoblaron la Tierra con una raza más acostumbrada al trabajo.

Prometeo sería liberado de tanto sufrimiento muchos años más tarde por Heracles, que mató el águila con una flecha, debiendo cargar con las cadenas toda su eterna vida.Este viejo mito ha de sobrevivir hasta nuestros días no sólo en las creencias y las frases populares, sino que ha sido recreado por numerosos poetas y escritores.

Así, la comparación entre Eva y Pandora es obvia y no se le escapó a John Milton, el gran poeta inglés, que la introdujo en el Libro IV de su Paraíso Perdido. A su vez, Prometeo ha sido un personaje abundantemente recogido por los escritores. Como arquetipo, Prometeo representa un poder amable, amigo de la humanidad, maestro de la civilización y de las artes. Claro que al hacerlo, transgrede la voluntad de los dioses y finalmente se hace acreedor al castigo de Zeus.

El rey de los dioses lo hizo encadenar al monte Cáucaso donde un águila le comía a picotazos el hígado que crecía tan rápido como era devorado. Este tormento, dice la leyenda, pudo terminar en cualquier momento porque Prometeo sabía un secreto que afectaba la estabilidad del trono de Zeus. Prometeo se negó a revelar dicho secreto, transformándose así en el símbolo de la voluntad resistiendo a la opresión y del magnánimo martirio ante el sufrimiento inmerecido.
fuente



Peter Murphy - Holy Smoke


Alternative Rock
Peter Murphy - Holy Smoke



1. Keep Me From Harm
2. Kill The Hate
3. You're So Close
4. The Sweetest Drop
5. Low Room
6. Let Me Love You
7. Our Secret Garden
8. Dream Gone By
9. Hit Song
10. Bonus Track




Peter Murphy - Hit Song
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Sobre la resistencia



"Kant decía que la paloma vuela gracias a que el aire le ofrece resistencia. En un mundo sin ese molesto viento que nos mete arenilla en los ojos, no podrían existir los aviones. Si nada se te opone, no eres nada. Nos construimos gracias a que algo se resiste a nuestra construcción. Y nuestra forma física e intelectual, la de cada uno de nosotros, es el resultado de ese enfrentamiento y de los millones de detalles, variantes y matices con los que tropezamos a lo largo de nuestra existencia. Por eso Hegel tituló el célebre capítulo de su Fenomenología que trata sobre la revolución francesa: “La libertad o el terror”. "

La paloma de Kant.

imágen:Miguel Ruibal

El Cuervo - Edgar A. Poe


El Cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”



¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

Edgar A. Poe

Nurzery [Rhymes] - Blasphemous Radicals


electro dark
Nurzery [Rhymes] - Blasphemous Radicals EP (2008)



01_Circle Of Pain (lost love rmx)
02_Confession (floorstomper rmx)
03_Du! (akustik version)
04_My Babylon (Tyske Ludder rmx)
05_Alpa Omega (Wynardtage rmx)
06_Love is a Game (Captive of Society rmx)
07_One of the Dead (Nature.Destroyed rmx)
08_Through Your Eyes (Dawn of Ashes rmx)



Nurzery [Rhymes] - Circle of Pain
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Locura de la luna


Locura de la luna

La ha vuelto loca el silencio
y la obsesión de sí misma;
loca, el sentirse tan sola
en medio de esa noche
que es una obsesión redonda.

Recorre las grandes salas
de cristal que hay en el cielo;
huye por los corredores
que le abren los espejos;

busca cuchillos que abran
entre sus carnes de hielo
veinte heridas, veinte labios
calientes de sangre y besos.

Gabriel Celaya

Sobre sueños posibles



Me da más pena de los que sueñan lo probable, lo legítimo y lo próximo, que de los que devanean sobre lo lejano y lo extraño. Los que sueñan en grande, o están locos y creen en lo que sueñan y son felices, o son devaneadores sencillos, para quienes el devaneo es una música del alma que los arrulla sin decirles nada. Pero el que sueña lo posible tiene la posibilidad real de la verdadera desilusión. No puede pesarme mucho el haber dejado de ser emperador romano, pero puede dolerme el no haberle hablado nunca a la costurera que, hacia las nueve, dobla siempre la esquina de la derecha. El sueño que nos promete lo imposible ya nos priva con eso de ello, pero el sueño que nos promete lo posible se entromete en la propia vida y delega en ella su solución. Uno, vive exclusivo e independiente; el otro, sometido a las contingencias del acontecer.

Fernando Pessoa
Libro del desasosiego.

Within Temptation - Destroyed


Gothic Metal
Within Temptation - Destroyed (Best Of) (2008)



01 Destroyed (4:55)
02 Blue Eyes (5:28)
03 Sounds of Freedom (5:00)
04 Jane Doe (4:32)
05 Say My Name (4:09)
06 Towards the End (3:29)
07 The Last Time (Demo) (4:35)
08 Ice Queen (Acoustic 2002) (3:52)
09 The Cross (Acoustic) (5:01)
10 What Have You Done (Acoustic) (4:13)
11 Stand My Ground (Acoustic) (3:51)
12 Ice Queen (Acoustic) (4:34)
13 Aquarius (Live) (4:54)
14 See Who I Am (Live) (4:59)
15 Caged (Live) (5:50)
16 Deceiver of Fools (Live) (7:22)




Within Temptation - The Last Time
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