El sueño…
el sueño es el hermano de la muerte.
Así que túmbate bajo este esqueleto en la frialdad de la tumba.
Permite que el abrazo de sus muertos brazos
te mantenga totalmente a salvo y dormido.
Enterrado en un sueño…
silenciosamente….
Para siempre bajo tierra




Licántropo





Licántropo

Por Barnabas



Juan M, vivía desde hacía más de dos décadas solitariamente en el bosque que colinda con la playa de Llo-Lleó en el puerto de San Antonio.

Si bien el “viejo Juan”, o “el viejo del bosque” como también se le conocía, en especial entre los niños que jugaban a diario en aquel bosque, bastante extraño por lo demás ya que por estar a metros de la playa, en el bosque aquel no hay hierba sino arena , era conocido por todos en la zona, incluso en puertos y caletas vecinas a las que de cuando en cuando se acercaba ya a vender pesca ya a trabajar en ella, era muy poco lo que la gente podía decir sobre él, aparte del hecho evidente de vivir solo, sin luz ni agua potable en una inmunda especie de cabaña que el mismo había levantado, era también de vez en cuando comentado la excelente calidad de los peces y mariscos con los que comerciaba, cuando los demás pescadores del puerto, incluidos los grandes depredadores extranjeros, con sus fortalezas flotantes y sus radares satelitales para detectar cardúmenes no sacaban más que jurel o la ahora de moda reineta, pez que antiguamente solo se ocupaba para carnada y ahora se vende a precio de oro, el viejo Juan aparecía con enormes corvinas, coginovas e incluso con la ya casi extinta sierra, o cuando la mar estaba muy revuelta para salir a pescar o mariscar, el igual llegaba con canastos llenos de almejas, choritos, jaibas y otros frutos del mar, como picorocos, piures e incluso el vedado loco, siempre tenía excelentes ventas ya que sus productos también eran excelentes y verdaderamente los restaurante de la zona se los peleaban, a pesar de los dineros que ganaba a el le importaba un rábano no tener luz, ni agua, ni otras comodidades, siempre andaba con las mismas prendas, y tenían que estar cayéndoseles a pedazos para que se diera una vuelta por las ferias libres o en la ropa “americana” y se comprara a precio vil algún pantalón desteñido o alguna camisa de franela, se decía que era un avaro, que dormía bajo un colchón lleno de plata, infundió que se le cuelga la verdad a cuanto viejo o vieja algo excéntrica en este país, además los ladrones del puerto más de alguna vez registraron de pies a cabeza la covacha del viejo Juan, ya que este a lo más pasaba un alambre oxidado entre la puesta y el dintel de esta, encontrado solo algunos restos de comida en la mesa, velas y el poco de ropa que el viejo manejaba, eso si, los jóvenes delincuentes quizás algo arrepentidos o avergonzados de andar prestando oídos a cuentos de vieja, dijeron que a pesar de la pobreza franciscana del cuartucho, este estaba impecablemente limpio, e incluso con “olorcito a incienso” ya que al parecer el viejo de vez en cuando encendía algunas varillitas de este, pero para no dejar al viejo con estampa de poco menos que de santo anacoreta, dijeron que en la parte trasera que las hacía de patio, entre unos cordeles que el viejo tenía a modo de tendedero, donde se secaban unos tristes calcetines zurcidos, había una cantidad considerable de botellas de vino de tres cuarto y no precisamente del barato, explicándose así según ellos el destino de los dineros que ganaba el viejo Juan, con el tiempo fue la explicación que adopto la población de Llo-Lleó, quedando a demás de pasada el pobre viejo con el estigma de ser un borracho más, la verdad si la gente se hubiera fijado más, abría descubierto que el viejo Juan solo aparecía con su excelente pesca solo después que se le terminara el dinero que ganara, lo que perfectamente podía ser un mes o más después de su última venta, pero la gente no es dada a razonar en forma lógica.

Lo que en verdad debiera a ver llamado un poco más la atención era primero como hacía el viejo para obtener sus productos, aunque los viejos pescadores que lo conocían de siempre decían que los viejos como ellos podían “oler” las mejores presas, era raro que ninguno de ellos lo hiciera, solo al parecer el viejo Juan podía, lo otro es que nadie nunca se preguntaba porque el viejo siempre desaparecía cuando había el ciclo de luna llena.

En esta parte del relato, es menester dejar en claro que Llo-Lleó es un pueblo tranquilo...., muerto quizás sea mejor expresión, a lo más ocurrirán las raterías de algunos adolescentes demasiado aburridos, que casi más por diversión que necesidad, perpetran uno que otro asalto o robo, los que por lo demás siempre eran aclarados porque son los mismos de siempre quienes los cometen, pero esto cambia diametralmente en los meses de verano en donde la población flotante se quintuplica, obviamente los delitos aumentan y son claro perpetrados por delincuentes de la capital que también salen a “veranear”, sin embargo, hay un hecho que se destaca cada tanto en Llo-Lleó , cada cierto tiempo aparecen cuerpos de personas muertas a “mordiscos”, “dentelladas” más bien, aquellas muertes siempre eran achacadas a las verdaderas jaurías de perros vagos que deambulan en los cerros y cada tanto la Municipalidad les da caza, pero siempre su reproducción unida a la desidia de las gentes las que nunca esterilizan a las perras que tienen por “mascotas” y la costumbre inveterada de criar los canes sueltos hacen imposible su exterminio total, únase a esto la incompetencia de las policías que nunca investigaron en profundidad aquellas muertes, ya que siempre afectaban a vagabundos borrachos, pobres tipos los que a lo más tenían en estas espantosas muertes unos días de “popularidad” en sus tristes vidas, ni el hecho de presentar incisiones de colmillos más grandes que el común de los perros nunca les llamo la atención, simplemente se recogían los restos y en general terminaban en la fosa común del cementerio local dando por terminado el asunto ahí, solo las veces en que el cadáver era de algún o alguna veraneante la cosa se investigaba “mejor”, más que nada por presiones de los comerciantes que no querían que el balneario fuera calificado de “peligroso”, pero al final de todo se le terminaba achacando la culpa a los perros vagos hambreados y luego de matar a unas cuantas docenas, la cosa se olvidaba.

Ni policías ni la prensa local se fijaron nunca en el detalle de que aquellas muertes sucedían siempre en los periodos en que la luna estaba “llena” , ni que en los contados casos en que habían personas cerca del lugar en donde se encontraban los cadáveres dijeran haber escuchado “aullidos” que por lo prolongados no les perecían precisamente de perros..., si en Chile hubieran “lobos” quizás estos animales fueran los mentados en vez de los perros, menos que como dijera antes, se hablara de que el viejo Juan no estaba nunca ubicable cuando la luna estaba llena en el nocturno cielo portuario.

Y siguió el paso inexorable del tiempo y pasaba el verano y todo volvía al ritmo cansino de siempre, y las muertes aquellas también bajaban, hasta desaparecer en algunas temporadas, y claro nadie asociaba este hecho a que el viejo Juan anduviera vendiendo sus productos en otras zonas del litoral, ni menos que hubiera luna llena cuando ocurrían, en estos otros pueblos las muertes eran achacadas a ladrones ya de gallinas o de conejos, animales que desde siempre la gente a criado ya que no van a pasar comiendo pescados o mariscos por muy baratos que puedan adquirirlos por vivir en zonas de su extracción y claro también las gentes crían perros a destajo en aquellos parajes..., y un ladrón menos a vistas de los “ciudadanos honrados” será siempre un ladrón menos, y así, encima la gente adquiría más perros ya que se veía que "cuidaban” bastante bien.

Y quizás nunca nadie hubiera llegado a sospechar del “viejo del bosque” si no hubiera sobrevivido una de las que casi fue su víctima, un lugareño de unos veinticinco años de nombre Segundo C, quien una noche oscurísima de invierno, de esas que solo se dan en los pueblos costeros en las que la negrura, el frío y el viento hacen permanecer a todos en sus casas pegados a las estufas o en sus camas bajo un cerro de frazadas, había salido este joven bien abrigado por tener una cita con su novia, por lo demás a los veinticinco bien podía Segundo reírse del frío y el viento, añádase que era noche de día Sábado y una noche de día Sábado para un joven da igual si nieva, truena o relampaguea, por último Segundo sabía que su novia quien estaba sola, en su cama le quitaría todo el frío que pudiera coger camino a su casa, pero para no resfriarse se dijo Segundo, prefirió ir acortando camino, así encamino sus pasos por el bosque en que vivía el viejo Juan..., cuando sus profundas heridas cicatrizaron no así las psicológicas, Segundo pudo susurrarle a la policía, ya que sus cuerdas vocales quedaron para siempre dañadas, que esa noche al ir caminando fumando un cigarro, de pronto el cielo se despejo producto de una fuerte ráfaga de viento, y la luna llena alumbro el nublado cielo, fue tanta la claridad que Segundo hasta pudo armar un pequeño ramo de flores silvestres para su novia, y en eso se encontraba cuando la sangre se le congeló unos segundos en las venas al escuchar un prolongado aullido de según dijo tendría que haber sido de un “lobo”, pero lo más horrible para el fue que le pareció en ese momento distinguir reminiscencias de tonos “humanos” en el espantoso aullido.

Fue, dijo Segundo, cuando aterrado se volvió a mirar al sitio de donde creía venía el aullido, que vio, que se le venía encima a un ser peludo, de largas orejas puntiagudas con un gran hocico abierto lleno de dientes , con un rostro de lejana semejanza humana y que se le aferro con fuerzas hercúleas a su cuello con unos peludos brazos de enormes garras, solo el hecho de que el ser le considerara muerto y le abandonara le salvo..., la verdad casi muere, sino fuera porque tuvo la suerte de que otro par de trasnochadores que deambulaban por las cercanías se acercaran atraídos por los gritos que alcanzo a emitir ,hubiera muerto al poco rato desangrado. Ahora meses después del hecho Segundo dio la descripción del ser, y cuando todos le creían trastornado por su experiencia, Segundo dio el detalle que guió a los detectives (de la capital por cierto) al viejo Juan, dijo a los detectives Segundo que aquel ser apestaba a “pescado” y Segundo nacido y criado en el puerto, especifico que el olor era el del “lenguado” , pez rarísimo en esas temporadas en las costas de San Antonio..., los detectives por primera vez registraron el bosque de cabo a rabo y lógico dieron con la casucha del viejo Juan y en el patio trasero encontraron varios cajas llenas precisamente de “lenguados” , una cosa llevo a la otra y al revisar la casucha del viejo Juan,
encontraron algunas prendas casi podridas y desgarradas que al ser sometidas a los análisis resultaron pertenecer a alguna de las víctimas de “las jaurías de perros” , para rematar al escarbar por las cercanías se encontraron algunos huesos sobre todo dedos y un fémur..., al viejo Juan se le termino por declarar “loco” en el juicio que siguió a estos hechos, pero el viejo no alcanzo a pasar un día en el loquero, ya que a segundos de escuchar su sentencia se abrió el cuello con una lapicera afilada en la punta que nadie nunca supo de donde la habría sacado y escondido , a pesar del seguro horrible dolor que debió sentir al casi degollarse con la pequeña lapicera, dicen que en su rictus podía apreciarse claramente una gran sonrisa..., que algunos interpretaron como de “alivio”.

Llo-Lleó actualmente sigue como siempre, muerto en invierno y despierto en verano, y si bien las extrañas muertes cesaron por muchos meses, pensando todos que el autor se pudría en la inmunda tumba en la que le metieron, en el rincón más sucio y olvidado del cementerio local, este nuevo verano, han comenzado nuevamente a aparecer cadáveres mordidos en sus cuellos salvajemente, y claro nadie nota que Segundo C. a sufrido cambios notables en sus costumbres, se ha vuelto taciturno y solitario, termino su relación con su novia, renunció al “excelente” trabajo que tenia, era guardia de seguridad en el único “mall” de la zona, para dedicarse a pescador y mariscador independiente, tomando casi el mismo ritmo de vida del extinto viejo Juan ya que también el logra excelentes presas que también vende a buen precio a los restaurates de la zona, claro que todo el mundo achaca estos cambios a su traumática experiencia, pero no deja de ser curioso que Segundo se halla apropiado de la casucha del viejo Juan y viva ahí, solo sin luz ni agua potable, obviamente nadie tampoco se extraña que en las noches de luna llena nunca este ubicable..., al igual que el viejo Juan.

FIN

"Cuentos para gente que viste de negro "

alfayaram666@yahoo.es


2 Comentarios:

LuisEnrike ...

hola, me parece que tu relato es muy interesante por cuanto rescata las costumbres y el lenguaje de la zona en la que se desarrolla, sin embargo el uso del lenguaje popular propio del contexto podria actuar en tu contra en este espacio que es tan universal y al mismo tiempo tan impersonal.por otro lado creo que te cuesta un poco el manejo de la temporalidad de los hechos y te pierdes cuando intentas describir y detallar contextos y situaciones. por ultimo me parece que el modo en que relatas es bastante fluido lo cual conviene porque por lo menos a mi me tuvo atento hasta el final a pesar de que el final era predecible igual que la identidad del asesino. practica un poco en la cuestion de la temporalidad hay muchas formas de manejar tiempos alternos sin que le afecte a la narracion. suerte y sigue dandole. saludos desde mexico;)

LuzdeLuna ...

LuisEnrike, gracias por tu comentario!
Muy halagada que me lo mandes, pero lamentablemente no soy la autora de este cuento, yo no sé escribir!!!! :(
Pertenece a Barnabás, un escritor chileno, que muy gentilmente permite publicar sus hermosos escritos. Al pie del cuento está su correo por si deseas comunicarte con él dándole tus opiniones.
Saludos

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