El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







Frases de Anaïs Nin



Frases - Anaïs Nin

“Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo”

"El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía."


"La vida se dilata o expande en proporción al propio coraje"


"Sólo el latido unísono del sexo y el corazón puede crear éxtasis"


"No vemos jamás las cosas tal cual son, las vemos tal cual somos"


"Sólo creo en el fuego. Vida Fuego.Estando yo misma en llamas enciendo a otros. Jamás muerte. Fuego y vida"

"La única anormalidad es la incapacidad de amar"


"Yo, con un instinto profundo, elijo un hombre que provoca mi fuerza, que ejerce demandas enormes sobre mi, que no duda de mi coraje ni mi rudeza, que tiene coraje de tratarme como una mujer"

"Es la culpa, el miedo, la impotencia lo que hace crueles a los hombres"


"La carne contra la carne produce un perfume, pero el roce de las palabras no engendra sino sufrimiento y división"


"Hay sólo dos clases de libertad en el mundo; la libertad del rico y poderoso, y la libertad del artista y el monje que tienen el coraje de renunciar a las posesiones"

"Cuando haces un mundo tolerable para vos, haces un mundo tolerable para otros"


"Somos como escultores, constantemente tallando en los demás imágenes que anhelamos, necesitamos o deseamos, a menudo en contra de la realidad, contra su beneficio, y siempre, al final, un desengaño, porque no se ajusta a ellos"


La Naturaleza no es Muda - Eduardo Galeano




La naturaleza no es muda
Eduardo Galeano

El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.

Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.

La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.
Un objeto que quiere ser sujeto

Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.

En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.

¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.

Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.

Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de 120 años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.
Gritos y susurros

Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.

Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente 18 mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.

Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la Asamblea Constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del sumak kausai. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.

Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro aposible.

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.



La Muerte - Mario Benedetti




LA MUERTE
Mario Benedetti

Conviene que te prepares para lo peor.
Así, en la entonación preocupada y amiga de Octavio, no sólo médico sino sobre
todo ex compañero de liceo, la frase socorrida, casi sin detenerse en el oído de
Marlano, había repercutido en su vientre, allí donde el dolor insistía desde
hacía cuatro semanas. En aquel instante había disimulado, había sonreído
amargamente, y hasta había dicho: «no te preocupes, hace mucho que estoy
preparado». Mentira, no lo estaba, no lo había estado nunca. Cuando le había
pedido encarecidamente a Octavio que, en mérito a su antigua amistad («te juro
que yo sería capaz de hacer lo mismo contigo»), le dijera el diagnóstico
verdadero, lo había hecho con la secreta esperanza de que el viejo camarada le
dijera la verdad, sí, pero que esa verdad fuera su salvación y no su condena.
Pero Octavio había tomado al pie de la letra su apelación al antiguo afecto que
los unía, le había consagrado una hora y media de su acosado tiempo para
examinarlo y reexaminarlo, y luego, con los ojos inevitablemente húmedos tras
los gruesos cristales, había empezado a dorarle la píldora: «Es imposible
decirte desde ya de qué se trata. Habrá que hacer análisis, radiografías una
completa historia clínica. Y eso va a demorar un poco. Lo único que podría
decirte es que de este primer examen no saco una buena impresión. Te descuidaste
mucho. Debías haberme visto no bien sentiste la primera molestia.» Y luego el
anuncio del primer golpe directo: «Ya que me pedís, en nombre de nuestra
amistad, que sea estrictamente sincero contigo, te diría que, por las dudas ...
» Y se había detenido, se había quitado los anteojos, y los había limpiado con
el borde de la túnica. lJn gesto escasamente profiláctico, había alcanzado a
pensar Marlano en medio de su desgarradora expectativa. «Por las dudas ¿qué?»,
preguntó, tratando de que el tono fuera sobrio, casi indiferente. Y ahí se
desplomó el cielo: «Conviene que te prepares para lo peor. »
De eso hacía nueve días. Después vino la serie de análisis, radiografias, etc.
Había aguantado los pinchazos y las propias desnudeces con una entereza de la
que no se creía capaz. En una sola ocasión, cuando volvió a casa y se encontró
solo (Agueda había salido con los chicos, su padre estaba en el Interior), había
perdido todo dominio de sí mismo, y allí, de pie, frente a la ventana abierta de
par en par, en su estudio inundado por el más espléndido sol de otoño, había
llorado como una criatura, sin molestarse siquiera por enjugar sus lágrimas.
Esperanza, esperanzas, hay esperanza, hay esperanzas, unas veces en singular y
otras en plural; Octavio se lo había repetido de cien modos distintos, con
sonrisas, con bromas, con piedad, con palmadas amistosas, con semiabrazos, con
recuerdos del liceo, con saludos a Agueda, con ceño escéptico, con ojos
entornados, con tics nerviosos, con preguntas sobre los chicos. Seguramente
estaba arrepentido de haber sido brutalmente sincero y quería de algún modo
amortiguar los efectos del golpe. Seguramente. Pero ¿y si hubiera esperanzas? 0
una sola. Alcanzaba con una escueta esperanza, un a diminuta esperancita en
mínimo singular. ¿Y si los análisis, las placas, y otros fastidios, decían al
fin en su lenguaje esotérico, en su profecía en clave, que la vida tenía permiso
para unos años más? No pedía mucho: cinco años, mejor diez. Ahora que atravesaba
la Plaza Independencia para encontrarse con Octavio y su dictamen final (condena
o aplazamiento o absolución), sentía que esos singulares y plurales de la
esperanza habían, pese a todo, germinado en él. Quizá ello se debía a que el
dolor había disminuido considerablemente, aunque no se le ocultaba que acaso
tuvieran algo que ver con ese alivio las pastillas recetadas por Octavio e
ingeridas puntualmente por él. Pero, mientras tanto, al acercarse a la meta, su
expectativa se volvía casi insoportable. En determinado momento, se le aflojaron
las piernas; se dijo que no podía llegar al consultorio en ese estado, y decidió
sentarse en un banco de la plaza. Rechazó con la cabeza la oferta del
lustrabotas (no se sentía con fuerzas como para entablar el consabido diálogo
sobre el tiempo y la inflación), y esperó a tranquilizarse. Agueda y Susana.
Susana y Agueda. ¿Cuál sería el orden preferencial? ¿Ni siquiera en este
instante era capaz de decidirlo? ÿgueda era la comprensión y la incomprensión ya
estratificadas; la frontera ya sin litigios; el presente repetido (pero también
había una calidez insustituible en la repetición); los años y años de
pronosticarse mutuamente, de saberse de memoria; los dos hijos, los dos hijos.
Susana era la clandestinidad, la sorpresa (pero también la sorpresa iba
evolucionando hacia el hábito), las zonas de vida desconocida, no compartidas,
en sombra; la reyerta y la reconciliación conmovedoras; los celos conservadores
y los celos revolucionarios; la frontera indecisa, la caricia nueva (que
insensiblemente se iba pareciendo al gesto repetido), el no pronosticarse sino
adivinarse, el no saberse de memoria sino de intuición. Agueda y Susana, Susana
y ÿgueda. No podía decidirlo. Y no podía (acababa de advertirlo en el preciso
instante en que debió saludar con la mano a un antiguo compañero de trabajo),
sencillamente porque pensaba en ellas como cosas suyas, como sectores de Mariano
Ojeda, y no como vidas independientes, como seres que vivían por cuenta y
propios. Agueda y Susana, Susana y Agueda, eran en este instante partes de su
organismo, tan suyas como esa abyecta, fatigada entraña que lo amenazaba. Además
estaban Coco y sobre todo Selvita, claro, pero él no quería, no, no quería, no,
no quería ahora pensar en los chicos, aunque se daba cuenta de que en algún
momento tendría que afrontarlo, no quería pensar porque entonces sí se
derrumbaría y ni siquiera tendría fuerzas para llegar al consultorio. Había que
ser honesto, sin embargo, y reconocer de antemano que allí iba a ser menos
egoísta, más increíblemente generoso, porque si se destrozaba en ese pensamiento
(y seguramente se iba a destrozar) no sería pensando en sí mismo sino en ellos,
o por lo menos más en ellos que en sí mismo, más en la novata tristeza que los
acechaba que en la propia y veterana noción de quedarse sin ellos. Sin ellos,
bah, sin nadie, sin nada. Sin los hijos, sin la mujer, sin la amante. Pero
también sin el sol, este sol; sin esas nubes flacas, esmirriadas, a tono con el
país; sin esos pobres, avergonzados, legítimos restos de la Pasiva; sin la
rutina (bendita, querida, dulce, afrodisíaco, abrigada, perfecta rutina) de la
Cala Núm. 3 y sus arqueos y sus largamente buscadas pero siempre halladas
diferencias; sin su minuciosa lectura del diario en el café, junto al gran
ventanal de Andes; sin su cruce de bromas con el mozo; sin los vértigos dulzones
que sobrevienen al mirar el mar y sobre todo al mirar el cielo; sin esta gente
apurada, feliz porque no sabe nada de si misma, que corre a mentirse, a asegurar
su butaca en la eternidad o a comentar el encantador heroísmo de los otros; sin
el descanso como bálsamo; sin los libros como borrachera; sin el alcohol como
resorte; sin el sueño como muerte; sin la vida como vigilia; sin la vida,
simplemente.
Ahí tocó fondo su desesperación, y, paradójicamente, eso mismo le permitió
rehacerse. Se puso de pie, comprobó que las piernas le respondían, y acabó de
cruzar la plaza. Entró en el café, pidió un cortado, lo tomó lentamente, sin
agitación exterior ni interior, con la mente poco menos que en blanco. Vio cómo
el sol se debilitaba, cómo iban desapareciendo sus últimas estrías. Antes de que
se encendieran los focos del alumbrado, pagó su consumición, dejó la propina de
siempre, y caminó cuatro cuadras, dobló por Río Negro a la derecha, y a mitad de
cuadra se detuvo, subió hasta un quinto piso, y oprimió el botón del timbre
'unto a la chapita de bronce: Dr. Octavio Massa, médico.
-Lo que me temía.
Lo que me temía era, en estas circunstancias, sinónimo de lo peor. Octavio había
hablado larga, calmosamenre, había recurrido sin duda a su mejor repertorio en
materia de consuelo y confortación, pero Mariano lo había oído en silencio,
incluso con una sonrisa estable que no tenía por objeto desorientar a su amigo,
pero que con seguridad lo había desorientado. «Pero si estoy bien», dijo tan
sólo, cuando Octavio lo interrogó, preocupado. «Además», dijo el médico, con el
tono de quien extrae de la manga un naipe oculto, «además vamos a hacer todo lo
que sea necesario, y estoy seguro, entendés, seguro, que una operación sería un
éxito. Por otra parte, no hay demasiada urgencia. Tenemos por lo menos un par de
semanas para fortalecerse con calma, con paciencia, con regularidad. No te digo
que debas alegrarte, Mariano, ni despreocuparte, pero tampoco es para tomarlo a
la tremenda. Hoy en día estamos mucho mejor armados para luchar contra ... » Y
así sucesivamente Mariano sintió de pronto una implacable urgencia en abandonar
el consultorio, no precisamente para volver a la desesperación. La seguridad del
diagnóstico le había provocado, era increíble, una sensación de alivio, pero
también la necesidad de estar solo, algo así como una ansiosa curiosidad por
disfrutar la nueva certeza. Así, mientras Octavio seguía diciendo: «... y además
da la casualidad que soy bastante amigo del médico de tu Banco, así que no habrá
ningún inconveniente para que te tomes todo el tiempo necesario y.. », Mariano
sonreía, y no era la suya una sonrisa amarga, resentida, sino (por primera vez
en muchos días) de algún modo satisfecha, conforme.
Desde que salió del ascensor y vio nuevamente la calle, se enfrentó a un estado
de ánimo que le pareció una revelación. Era de noche, claro, pero ¿por qué las
luces quedaban tan lejos? ¿Por qué no entendía, ni quería entender, la leyenda
móvil del letrero luminoso que estaba frente a él? La calle era un gran canal,
sí, pero ¿por qué esas figuras, que pasaban a medio metro de su mano, eran sin
embargo imágenes desprendidas, como percibidas en un film que tuviera color pero
que en cambio se beneficiara (porque en realidad era una mejora) con una banda
sonora sin ajuste, en la que cada ruido llegaba a él como a través de infinitos
intermediarios, hasta dejar en sus oídos sólo un amortiguado eco de otros ecos
amortiguados? La calle era un canal cada vez más ancho, de acuerdo, pero ¿por
qué las casas de enfrente se empequeñecían hasta abandonarlo, hasta dejarlo
enclaustrado en su estupefacción? Un canal, nada menos que un canal, pero ¿por
qué los focos de los autos que se acercaban velozmente, se iban reduciendo,
reduciendo, hasta parecer linternas de bolsillo? Tuvo la sensación de que la
baldosa que pisaba se convertía de pronto en una isla, una baldosa leprosa que
era higiénicamente discriminada por las baldosas saludables. Tuvo la sensación
de que los objetos se iban, se apartaban locamente de él pero sin admitir que se
apartaban. Una fuga hipócrita, eso mismo. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
De todos modos, aquella vertiginosa huida de las cosas y de los seres, del suelo
y del cielo, le daba una suerte de poder. ¿Y esto podía ser la muerte, nada más
que esto?, pensó con inesperada avidez. Sin embargo estaba vivo. Ni Agueda, ni
Susana, ni Coco, ni Selvita, ni Octavio, ni su padre en el Interior, ni la Caja
Núm. 3. Sólo ese foco de luz, enorme, es decir enorme al principio, que venía
quién sabe de dónde, no tan enorme después, valía la pena dejar la isla baldosa,
más chico luego, valía la pena afrontarlo todo en medio de la calle, pequeño,
más pequeño, sí, insignificante, aquí mismo, no importa que los demás huyan, si
el foco, el foquito, se acerca alejándose, aquí mismo, aquí mismo, la
linternita, la luciérnaga, cada vez más lejos y más cerca, a diez kilómetros y
también a diez centímetros de unos ojos que nunca más habrán de encandilarse.



Midnattsol - Nordlys (2008)


Folk Metal / Gothic Metal
Midnattsol - Nordlys (2008)(Retail)

01 Open Your Eyes
02. skogens Lengsel
03. northern Light
04. konkylie
05. wintertimes
06. race Of Time
07. new Horizon
08. river Of Virgin Soil
09. En Natt I Nord



Cosmos - Carl Sagan


Cosmos - Carl Sagan

"¿Por qué motivo tendría que ocuparme en buscar los secretos de las estrellas si
tengo continuamente, ante mis ojos a la muerte y a la esclavitud?"

Cosmos: Un viaje personal (en inglés Cosmos: A Personal Voyage), es el título de una obra de divulgación científica producida por Carl Sagan y Ann Druyan para difundir la historia de la astronomía, el origen de la vida, nuestro lugar en el universo, las modernas visiones de la cosmología y las últimas noticias de la exploración espacial; en particular, las misiones Voyager. Fue editada en 1980, junto con un programa de televisión en trece episodios que contó con música incidental de Vangelis. Se ha emitido en 60 países y ha sido vista por más de 500 millones de personas. Basándose en esta serie de documentales escribió el libro Cosmos.



La Historia del Tiempo - Stephen Hawking




La Historia del Tiempo
Stephen Hawking

( comentada por Iria Fernández Cid)

Capítulo 8: El origen y el destino del universo

Einstein predijo en su teoría, que el universo tendría un final en una singularidad, el big crunch, o bien en una singularidad dentro de un agujero negro; ya que su inicio fue la singularidad del big bang.

Hawking, pensó en la posibilidad de que el espacio – tiempo fuese finito, que no tuviese ninguna frontera, por lo que no habrá ningún principio.

Existe un "modelo de big bang caliente", basado en un modelo de Friedmann, que dice que conforme el universo se expande, toda la materia o radiación existente en él se enfría. A temperaturas muy altas, las partículas se moverían muy deprisa, por lo que serían capaces de vencer cualquier atracción entre ellas debida a las fuerzas nucleares o electromagnéticas. Las partículas comenzarían a agruparse, a medida que se enfriasen.

En el momento del big bang, se cree que el tamaño del universo era nulo, estando infinitamente caliente; y a medida que se iba expandiendo, la temperatura disminuía. El universo contendría entonces, fotones, electrones, neutrinos, sus antipartículas y algunos protones y neutrones. La mayoría de los electrones y los antielectrones se habrían aniquilado, produciendo más fotones. Los neutrinos y los antineutrinos, no se habrían aniquilado; por lo que si pudiéramos, deberíamos verlos. Pueden ser una forma de "materia oscura". Unos cien segundos después del big bang, habrá una temperatura a la que los protones y neutrones no podrían vencer la atracción de la interacción nuclear fuerte, produciendo átomos de deuterio. Éstos se combinarían con más protones y neutrones, dando núcleos de helio, y también berilio y litio.

George Gamow, fue el que hizo esta imagen del universo en su inicio. En un artículo, dijo que la radiación, en forma de fotones, de las etapas tempranas del universo caliente, debían permanecer hoy en día; lo que podría explicar la gran existencia de helio en nuestro universo.

La producción de helio y más elementos se habría detenido después de unas horas del big bang. Sin grandes cambios, el universo se expandiría durante un millón de años. Cuando la temperatura bajase, y los electrones y núcleos no pudiesen vencer la atracción electromagnética, se combinarían dando átomos. Se seguiría expandiendo y enfriándose, aunque algunas regiones serían frenadas y en algunos casos comenzarían a colapsarse. Ésta región se haría más pequeña y aumentaría su velocidad, hasta que llegara a alcanzar la velocidad suficiente para compensar la atracción de la gravedad, y se formarían las galaxias giratorias en forma de disco. Aquellas que no adquirieran rotación, serían galaxias elípticas. Entonces el gas de hidrógeno y el de helio de éstas, formaría nubes más pequeñas que comenzarían a colapsarse por su gravedad. La temperatura del gas aumentaría, iniciándose reacciones de fusión nuclear; convirtiéndose el hidrógeno en helio; aumentaría la presión, impidiendo la contracción de las nubes. Esas nubes serían estables cierto tiempo, como estrellas parecidas a nuestro Sol. Aquellas estrellas de una masa mayor, consumirán su hidrógeno más rápidamente, contrayéndose y calentándose, convirtiendo el helio en carbono u oxígeno. Sus regiones centrales colapsarían en un estado muy denso, como una estrella de neutrones o un agujero negro. Sus regiones externas podrían desprenderse en una explosión, supernova, de un gran brillo. Algunos de los elementos de esa estrella volverían a ser arrojados a la galaxia, para formar parte de próximas estrellas.

La Tierra, estaba muy caliente en un principio y no tenía atmósfera. Poco a poco se enfrió, adquiriendo una atmósfera primitiva que contenía gases venenosos para los humanos. Entonces surgieron unas formas de vida, probablemente por casualidad, que se fueron combinando, para dar cada vez organismos más complicados. Finalmente, estas formas de vida consumirían los gases venenosos y expulsarían oxígeno, cambiando así la atmósfera, llegando a la composición de hoy en día; apareciendo seres como los que conocemos.

Existen algunas preguntas a las que no hemos encontrado respuesta, referentes al universo:

1)
¿Por qué el universo primitivo estaba tan caliente?

2)
¿Por qué el universo es tan uniforme a gran escala? ¿Por qué parece el mismo en todos los puntos del espacio y en todas direcciones?

3)
¿Por qué comenzó el universo con una velocidad de expansión tan próxima a la velocidad crítica?

4)
¿Cuál fue el origen de las fluctuaciones de densidad?

La teoría de la relatividad no puede responder a estas preguntas. Se conocen unas leyes, dentro del principio de incertidumbre, que nos dicen cómo evoluciona el universo en el tiempo si conocemos su estado en cualquier momento. Estas leyes pudieron haber sido dictadas por Dios, y que ahora Éste ya no interviene. Pero los hechos no ocurren de una forma arbitraria, ya que reflejan un orden subyacente que puede estar divinamente inspirado o no.

Existen las llamadas condiciones de contorno caóticas, que suponen que el universo es espacialmente infinito o que hay infinitos universos. El estado inicial del universo sería puramente al azar, y sería muy caótico e irregular, ya que hay más configuraciones caóticas y desordenadas que lo contrario. Si esta afirmación sobre el universo fuese cierta, existirían, probablemente, algunas grandes regiones que habrían comenzado de una forma suave y uniforme; y nosotros podríamos estar en una de esas regiones. Surge entonces el principio antrópico, por el que "vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos". Hay dos versiones de este principio: la débil (en un universo infinito o grande, en el espacio y /o tiempo, las condiciones necesarias para la existencia de seres inteligentes, se darán sólo en ciertas regiones limitadas en el tiempo y en el espacio), y la fuerte (o hay muchos universos diferentes, o muchas regiones diferentes en un único universo, cada uno/a con su propia configuración inicial y, tal vez, con su propio conjunto de leyes de la ciencia). Esta última versión, va en contra de la corriente de toda la historia de la ciencia; y además se acaba reduciendo al débil.

Si aceptamos el modelo del big bang caliente, tenemos que tener en cuenta de que no hubo tiempo suficiente para que el calor fluyese de una región a otra del universo primitivo. Por ello, sería muy difícil explicar por qué comenzó así, a no ser que se piense en la intervención de un Dios.

Alan Guth, propuso que el universo primitivo pudo haber pasado por un una etapa de expansión rápida, llamada "inflacionaria", expandiéndose de una forma creciente, en contra de cómo lo hace hoy en día. Sugirió que el inicio del universo, fue un estado muy caliente y caótico. Las partículas se movían rápidamente debido a las altas energías. El universo se iba expandiendo, y se enfriaba; produciéndose la transición de fase, y se rompía la simetría entre fuerzas; aunque la temperatura podría estar por debajo del valor crítico, que la simetría no se rompería, provocando un estado inestable, con más energía que produciría un efecto antigravitatorio. En este universo la expansión sería acelerada, y habría tiempo suficiente para que la luz viajase de una región a otra en el primitivo.

La idea de inflación, nos dice que todas las partículas del universo, se crean a partir de energía. La energía del universo es cero. La materia está hecha de energía positiva, que se atrae a sí misma por la gravedad; y el campo gravitatorio, puede decirse que tiene energía negativa que anula a la anterior.

El universo actualmente no está expandiendo de una forma inflacionaria, ya que lo observamos hoy en día no corresponde con lo que deberíamos ver.

En 1981, Linde propuso otro modelo del universo, también basado en "burbujas", sólo que la ruptura de simetría era lente. Esta teoría tuvo un fallo, y más tarde, Steinhardt y Albrecht la utilizaron como base para "el nuevo modelo inflacionario". Éste tampoco estaba de acuerdo con lo que se observaba. En 1983, Linde propuso otro modelo inflacionario caótico, que fue mejor que los anteriores y que se adaptaba a lo que se ve.

El universo se pudo haber formado a partir de un gran número de configuraciones, pero no todas éstas nos llevaría al universo que actualmente vemos.

Si es correcta la teoría de la relatividad general clásica, los teoremas de singularidad de Penrose y Hawking, demostrarían que el principio del universo fue un punto de densidad y de curvatura del espacio – tiempo infinitas, y allí las leyes de la naturaleza fallarían, y el campo gravitatorio sería tan fuerte que los efectos gravitatorios cuánticos se hacen importantes; por lo que podemos utilizar una teoría cuántica de la gravedad.

Aún no se tiene una teoría completa, pero lo que sí sabemos es lo que debe estar incluido en dicha teoría:
- La idea de Feynman de formular la teoría cuántica en términos de una suma sobre historias, debe estar incluida. En esta suma de historias hay que utilizar valores imaginarios, porque el tiempo se toma como imaginario.
- La idea de Einstein de que el campo gravitatorio se representa mediante un espacio – tiempo curvo. Los espacios – tiempos deben ser euclídeos.

Existen tres maneras de las que se puede comportar el universo en la teoría cuántica de la gravedad; las dos primeras comunes con la teoría clásica de la gravedad:
- Ha existido durante un tiempo infinito
- Tuvo un principio en una singularidad dentro de algún tiempo finito en el pasado
- El espacio – tiempo es finito en extensión, y no tiene ninguna singularidad que forme una frontera o un borde. Esta propuesta nos indica que no existiría ninguna singularidad. El universo no sería ni creado ni destruido, simplemente sería.

Basándose en esta última propuesta, Hartle y Hawking, calcularon las condiciones que debería cumplir el universo para que fuera cierta. El universo comienza en un único punto, y se va expandiendo en un tiempo imaginario, hasta alcanzar un tamaño máximo, y empieza a contraerse, hasta un único punto. Aunque el tamaño es nulo en esos puntos, no hay singularidades; pero si lo vemos en el tiempo real, sí que existirían estas singularidades. Puede ser que el tiempo imaginario sea el más básico, y que el real es algo que nos hemos inventado para ayudarnos a comprender el universo.



Solo Para Argentinos Confundidos



Lo que hay y lo peor

Por José Pablo Feinmann

No hay debate de ideas. Lo que se expone sirve para propulsar intereses, ocultándolos. Cuando uno cree que va a encontrar ideas se topa con textos de relevante pobreza. Son tiempos devaluados. En ese aspecto. En otros, son tiempos de furiosa beligerancia.Mostrar/Ocultar

Pocas veces –salvo en jornadas inminentes a golpes de Estado–, el periodismo jugó un papel tan importante, tan brutal, tan parcial como en estos momentos. Todo el periodismo –no sé cuál será la excepción, seguramente este diario, al que todos agreden como oficialista o directamente servil: vivimos en la época de los agravios, no de las ideas– apunta sus dardos contra el Gobierno. El nivel de ideas, de conceptos, de análisis es tan pobre, que no hay con quien polemizar. Si uno, hoy, dice: “Las retenciones al agro, por medio de un Gobierno con tenues tendencias a intervenir en la economía, son importantes para una paulatina redistribución de la riqueza, aun cuando, como todos sabemos, ese Gobierno no quiere ir más allá de un proyecto democrático, capitalista, con toques de distribucionismo, de un keynesianismo que lo acerca, aunque levemente, al Estado de Bienestar del primer peronismo, el que se explayó, sobre todo, entre 1946-1952”, uno pasa un lunes tranquilo, el teléfono suena poco, no lo agreden en las radios, ningún medio de lumpen-periodismo le discute algo. Primera causa: porque no entendieron casi nada. Segunda causa: si entendieron algo, temen discutir en esos términos. Si uno, en cambio, dice: “El llamado ‘campo’ es proto-golpista”, lo llaman de todos lados, o no lo llaman y lo agreden, lo insultan, a los diez minutos de “proto-golpismo” se pasó directamente a “golpismo” y ahí están todos opinando, lengüeteando palabras a diestra y siniestra, todos grandes profesores, grandes opinólogos, grandes, en fin, formadores de opinión. Que eso, es cierto, es en lo que se han convertido. Convencen a “la gente” de cualquier cosa. Todos enemigos de un Gobierno que, en el mayor error que cometió, en un error acaso suicida, les regaló los medios. Ese error puede ser grave –no sólo para este Gobierno– sino para la democracia de este país. Porque lo que a través de ellos se explicita es el racismo, el odio de clases, el odio a la negrada, el odio a los inmigrantes, un machismo repugnante que late en todos los agravios a la Presidenta (que se formulan, ante todo, agraviando su condición de mujer, de aquí que se le diga “neurótica”, “histérica” o “que habla con un tonito que no se aguanta”), el apoyo a todos los que se enfrentan a un Gobierno elegido democráticamente y cuya legalidad, aun en medio de sus feroces ataques, debieran aclarar que respetan. Imposible: es hablar en el desierto. Se trata de una cruzada sin retorno.

No tengo espacio aquí para entrar en la cuestión populismo-mercado (que es la antinomia que hoy realmente está en juego), porque el tema es para ser desarrollado extensamente. Hoy, en este diario, si alguien quiere leerlo, ese tema está: en el suplemento que publico domingo tras domingo, hoy, sus dos primeros parágrafos abordan esta cuestión. El primero lleva por título: Pasado y presente de la batalla entre el intervencionismo estatal y el libre mercado. El segundo: La palabra clave de la distribución del ingreso: “retención”. Mi contratapa, hoy, es ésa. No es casual. Le estoy dedicando un amplio espacio al golpe de 1955 porque, en él, todo está prefigurado. También lo que pasa hoy. En el plano económico, el golpe de 1955 vino para destruir el intervencionismo estatal peronista (expresado, sobre todo, por el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, IAPI) e implantar la economía de la libertad absoluta del mercado respaldada por el apoyo financiero externo, ya que es, en ese momento, cuando nuestro país ingresa al Fondo Monetario Internacional.

Ante la pasmosa pobreza conceptual recibí con alegría una nota de Eduardo Grüner, publicada en este diario. Admiro a Grüner y he leído con pasión sus libros. Es profesor de Teoría Política y de Sociología del Arte en la Universidad de Buenos Aires. La gente conoce más a Chiche Gelblung que a él, desde luego. Pero así es “la gente”.

Grüner señala que las medidas tomadas “por uno de los sectores más concentrados de la clase dominante argentina” son “sobredimensionadas, extorsivas, objetivamente reaccionarias, y actuadas en muchos casos con un discurso y una ideología proto-golpista, clasista y aun racista”. Totalmente de acuerdo. El sector de la clase dominante o, si usted prefiere, de la clase dirigente o, para ahondar más la cuestión, del “establishment”, de eso que es, realmente, el Poder y no el Gobierno (con lo cual les señalamos a ciertos progres, que creen estar luchando contra el Poder desde la “libertad de prensa”, que no lo están haciendo, ya que el Gobierno, lejos, muy lejos, está de ser el Poder sino que sólo es el Gobierno), que está enfrentando al Gobierno que preside Cristina F. es el sector agrario, encabezado por la Sociedad Rural y utilizando como tropa a los llamados “pequeños productores” que, al haberse encolumnado con los poderosos, revelan que son pequeños muy a su pesar y que no lucharán contra los grandes sino que buscan ser como ellos. Ninguno de los “pequeños” habría engrosado la manifestación de los “grandes”, ni siquiera un almacenero, si quisiera en verdad ser diferente de los “dueños de la tierra”, pero no. Quieren dejar de ser peones de los grandes y pasar a ser patrones de sus peones propios. Actúan como clase media que son. La clase media teme “bajar” y ser clase baja, negrada, clase obrera o excluida social, quiere trepar y ser clase alta. La “unidad” del 2001 fue una ilusión hiper-momentánea. “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola.” No, la lucha no es una sola. La clase media juega a favor del establishment porque ésa es su meta en la vida: trepar en la escala social. La unidad con los piquetes del 2001 fue una medida coyuntural de supervivencia. Ahora está donde quiere estar: caceroleando para los dueños de la tierra, para la Sociedad Rural, dándole cuerpo a la protesta, espesor, ruido y cierta masividad. (A propósito: olvidarse de la “cacerola”. La “cacerola” nació como instrumento de las señoras bien de Chile para derrocar al comunista Allende y traer al democrático Pinochet. Nunca me gustó la cacerola aquí, en el país. Siempre me olió a conchetaje chileno. A septiembre de 1973. Al preludio de la masacre chilena, que fue el preludio de la nuestra.)

Grüner, creo, se equivoca cuando escribe: “En fin, no estamos –hay que ser claros– ante una batalla entre dos ‘modelos de país’; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. ¿No? ¿Y todo este desmadre, entonces, por qué? Grüner dice que el proyecto del Gobierno y el de la Sociedad Rural son sustancialmente no-distintos porque los dos son capitalistas. Califica al Gobierno de “reformista-burgués”. ¿Y qué podría ser? ¿Lo que dice algún jovencito del PO, que acaba de leer el Manifiesto Comunista? ¿Debería ser revolucionario socialista? Hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste. Grüner (que está a infinita distancia intelectual de cualquier jovencito que asoma al mundo de la politología) lo sabe y se rectifica a sí mismo. Lo que aquí se juega es un choque entre “lo que hay” y “algo mucho peor”. Entre un gobierno populista, con tendencias a la distribución del ingreso y al intervencionismo de Estado, y la más rancia, la más poderosa, la más represiva derecha de América latina. Es cierto que “a lo que hay” hay que pedirle que sea más. Pero no ahora. Ahora “lo que hay” es, para la derecha, intolerable. Y busca desestabilizarlo, cuanto menos. De aquí que, Eduardo, porque es mi amigo, es mi compadre aunque tengamos diferencias, que son menores ante los monstruos que nos amenazan, aclara que no está a favor del Gobierno sino en contra “de intentonas que a esta altura ya nadie puede dudar (...) que son ‘desestabilizadoras’, ‘golpistas’, ‘reaccionarias’”. Y aclara que no debemos equivocarnos “sobre dónde está el peligro mayor”. Inútil, Eduardo, que insistas tanto en decir que no estás “a favor” del Gobierno. Sólo con lo que dijiste la ralea comunicacional y la derecha te tildarán de “cristinista”, “kirchnerista” y, lo siento, “peronista”. Son así.
Fuente: Diario Página 12 (20/4/08)


Te extraño



TE EXTRAÑO

Te extraño porque no se que hacer
Te extraño porque no se vivir
Te extraño por la vida se me hace fea, muy fea si no estas aquí.

Te extraño porque tenerte lejos no quiero
Te extraño porque no puedo dormir
Extraño escucharte reir..

Extraño el brillo de tus ojos
Extraño tu respiración
Extraño estar juntos

Extraño tu voz...
Extraño que me mimes
Extraño tus abrazos
Extraño como en ellos me dices "Te Amo"

Quisiera no extrañarte tanto
Quisiera verte reir
Lo único que extraño es que no estés aquí...

Che Guevara: ¿Estatua de museo o marxista indomesticable?




Che Guevara: ¿Estatua de museo o marxista indomesticable?

Néstor Kohan
A propósito de Marx y Engels.
Una síntesis biográfica de Ernesto Che Guevara [Bogotá, Ocean Sur, 2007]
Nos sigue sorprendiendo. Los escritos, apuntes, notas de lectura y cuadernos de estudio del Che constituyen un manantial inagotable. Año a año continúan apareciendo materiales inéditos que condensan y expresan la tremenda labor de investigación, lectura sistemática, erudición obsesiva y estudio persistente desplegados por Ernesto Guevara en los últimos años de su vida.

Luego de que conocimos su imperdible carta a Armando Hart Dávalos sobre los estudios de filosofía, los Apuntes críticos a la economía política y varios otros trabajos vinculados a su tarea de investigación teórica y formación de cuadros militantes, así como también sus numerosos cuadernos de lectura que iba completando entre batalla y batalla, luego de salir del Congo hasta llegar a Bolivia, pasando por Praga y Cuba, ahora nos encontramos frente a una nueva joya.

Se trata de una síntesis biográfica sobre los dos fundadores del comunismo revolucionario y de la filosofía de la praxis, Karl Marx y Friedrich Engels, redactada nada menos que por el principal continuador de sus ideas en Nuestra América.

Originariamente este texto estaba pensado como estudio introductorio y propedéutico a un futuro libro sobre economía política que el Che consideraba impostergable, debido a sus abrumadoras críticas realizadas al Manual de economía política, por entonces literatura “oficial” de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética.

Él mismo describe sus objetivos del siguiente modo: “Nuestro esbozo sólo cumple la función de introito a esta obra dedicada a personas que pueden no haber estado en contacto con la economía marxista, ni conocen las vicisitudes de sus fundadores”

Por si alguien tenía alguna duda de la perspectiva ideológica de Guevara, en todos estos materiales de lectura que van apareciendo año a año se confirma, una vez más, la dirección principal de las reflexiones teóricas y políticas que inspiraron la práctica militante e internacionalista del Che.

Contrariamente a tanto relato manipulador y comercial, que pretende construir a posteriori un Guevara militarista, pragmático y desideologizado que se vincula al mundo cultural del marxismo por razones oportunistas, coyunturales y como un tributo circunstancial al acercamiento de Fidel y la revolución cubana hacia la URSS, en todos estos papeles, manuscritos y ensayos hasta ahora inéditos, aflora un perfil netamente diferenciado y definido. En esta síntesis biográfica, Guevara emerge como un estudioso obsesivo hasta el detalle de la tradición marxista clásica y de sus principales obras teóricas. Se hunde hasta el cuello en sus fuentes originales, reproduce largos fragmentos de los clásicos, analiza, compara, no se conforma con los manuales tradicionales de divulgación que pululaban en aquella época y explora El Capital, los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y otras fuentes clásicas...

En todos esos papeles, hasta hoy desconocidos, el Che indaga en el marxismo identificándolo como método de análisis, pero también como concepción del mundo e identidad política. Hasta donde hemos podido conocer y leer, en ninguna parte a Guevara se le ocurre reducir el marxismo a un simple método instrumental, compatible y utilizable por cualquier identidad política. Por el contrario, señala una y otra vez a Marx y a su compañero Engels como principales inspiradores de organizaciones revolucionarias de ideología comunista, sea en Alemania, sea en Inglaterra, sea en la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT, o Primera Internacional).

La biografía de Marx y Engels que redacta el Che no incluye descubrimientos o hallazgos nuevos sobre los dos revolucionarios que fundan nuestra tradición. Sirve más bien para poder observar qué le llamó la atención al Che y qué elementos teóricos y políticos destacó que para acceder a noticias desconocidas sobre Marx.

El objetivo central del Che consiste en popularizar, hacer una biografía “para principiantes”, para los no iniciados, aquellos que no manejan (todavía) el conjunto de la obra de Marx. La suya constituye una preocupación ineludible para cualquier revolucionario que pretenda difundir nuestro proyecto, ganar nuevos militantes e incorporar gente joven a la revolución.

La fuente principal que utiliza para encarar esta tarea de popularización es la mejor biografía de todas, la clásica de Franz Mehring. Se trata del libro Karl Marx: Historia de su vida.

Mehring (1846-1919) pertenecía al ala izquierda del marxismo alemán. Althusser, por ejemplo, en su obra célebre Para leer «El Capital» lo ubica junto a Rosa Luxemburg, Gramsci, Lukács y al mismo Che entre los “izquierdistas” del marxismo. Muchas de las otras biografías que circulan sobre Marx se basan en la de Mehring. No obstante, Mehring no aborda manuscritos de Marx aparecidos después de la publicación de su biografía (1918), entre los que cabe destacar los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 o La Ideología alemana, ambos publicados en la Unión Soviética recién en 1932 por iniciativa del otro gran biógrafo, el erudito bolchevique David Riazanov.

Antes de publicar en 1918 su biografía, Mehring había editado en 1902 una compilación en tres volúmenes de escritos olvidados o inéditos de Marx y Engels, fechados entre 1841 y 1850.

Evaluando la biografía de Mehring, Guevara escribe: “El marxismo espera aún la biografía que complete el magnífico trabajo de Mehring con algo más de perspectiva y corrigiendo algunos errores de interpretación que éste sufriera”. A partir de estas consideraciones, el Che complementa la biografía de Mehring con la Correspondencia de Marx y Engels y con sus propias lecturas y estudios sobre la obra de Marx. Por ejemplo, en la pag. 23 de su biografía sobre Marx, el Che Guevara hace referencia a los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, texto que Mehring no pudo conocer pues se publicó posteriormente, en 1932, por inspiración de Riazanov (antes de que Stalin lo enviara a un campo de concentración...). Para entonces Mehring ya se había muerto. Si el Che lo incorpora a su biografía es porque lo leyó entonces por su cuenta (no es anecdótico ni secundario la tremenda importancia que estos Manuscritos de 1844 adquieren en el análisis crítico de la enajenación que el Che emprende en su carta de 1965 “El socialismo y el hombre en Cuba”). Lo mismo podría decirse de La ideología alemana publicada en la URSS por Riazanov cuando Mehring ya había fallecido.

El único autor contemporáneo que el Che menciona es Louis Althusser. En su trabajo Guevara reproduce —sin pronunciarse, pues utiliza el potencial “Marx dividiría...”, “Marx sería...”— la tesis clásica del supuesto “corte epistemológico entre un joven Marx humanista y un Marx maduro y científico. El Che conocía de primera mano el pensamiento de Althusser (inspirador epistemológico, dicho sea de paso, de Charles Bettelheim, su contrincante en la polémica sobre la ley del valor, el cálculo económico y el sistema presupuestario de financiamiento durante la transición al socialismo). En su biblioteca personal que hoy conserva el Centro Che Guevara de La Habana se encuentra un ejemplar de Pour Marx (traducido al español por su discípula Marta Harnecker con el título La revolución teórica de Marx), meticulosamente anotado por el Che.

Por otra parte, en su artículo de febrero de 1964 “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento” Guevara sienta posición sobre las tesis de Althusser. Allí afirma, sin ambigüedad: “En «El Capital» Marx se presenta como el economista científico que analiza minuciosamente el carácter transitorio de las épocas sociales y su identificación con las relaciones de producción [...] El peso de este monumento de la inteligencia humana es tal que nos ha hecho olvidar frecuentemente el carácter humanista (en el mejor sentido de la palabra) de sus inquietudes. La mecánica de las relaciones de producción y su consecuencia: la lucha de clases, oculta en cierta medida el hecho objetivo de que son los hombres los que se mueven en el ambiente histórico”. Este pensamiento sobre El Capital resume, precisamente, la opinión central del Che diametralmente opuesta al planteo althusseriano (insistimos: base epistemológica de los argumentos de Bettelheim en aquella polémica, quien su autopostulaba como “científico” mientras acusaba al Che y a Fidel, en la típica jerga althusseriana, de ser... “ideológicos”).

De cualquier modo, la biografía sobre Marx y Engels del Che no abunda ni profundiza en El Capital ya que está pensada como una introducción a esa problemática. Los apuntes sobre la teoría del valor, el fetichismo y otros temas centrales vinculados a El Capital, el Che los volcó en sus Apuntes críticos a la economía política, así como también en su polémica con Bettelheim y Carlos Rafael Rodríguez sobre la transición.

En otro orden de cosas, llama la atención que en su biografía de Marx el Che designe a la filosofía del marxismo con el término “materialismo dialéctico”. En otra ocasión hemos analizado las razones de ese empleo formal que no siempre corresponde con el contenido que Guevara le otorgaba a esta filosofía.

No deja de ser cierto que Mehring, tan ajeno al mundo cultural del DIAMAT de un Plejanov o un Kautsky, también utilizaba la misma expresión con un contenido diferente al de aquellos. Además el Che, aunque tenía en su biblioteca personal ejemplares de los Cuadernos de la Cárcel de Gramsci, publicados en Argentina durante la década del ’50 y comienzos del 60 por editorial Lautaro, no los había leído o al menos no los había anotado como solía hacerlo con otros libros consultados por él. Incluso György Lukács, un autor que el Che se llevó, leyó y anotó en Bolivia (el libro que Guevara estudió en la guerrilla de Bolivia y resumió es El joven Hegel. Problemas de la sociedad capitalista de editorial Grijalbo), tampoco logró eludir la terminología filosófica cuestionada por Antonio Labriola o Antonio Gramsci.

En términos filosóficos, también merece destacarse el párrafo de la biografía de Marx donde Guevara se queja afirmando que “aún hoy, cuando tantos partidos o grupos de izquierda esconden sus aspiraciones reales (o las que debían ser sus reales aspiraciones) tras una filosofía insípida o plena de «comprensión» hacia las capas «más sensatas» de las clases explotadoras, «El Manifiesto Comunista» puede ser firmado por cualquier revolucionario del mundo, sin temor a ser tachado de tibio”. Esa referencia crítica a la “filosofía insípida” es una clara alusión al “realismo sin fronteras” de Roger Garaudy y otros planteos reformistas similares que pretendían adornar para el mundo comunista occidental, con lenguaje filosófico, el reformismo pacifista de Nikita Jruschov, cuyo partido —el Partido Comunista de la Unión Soviética PCUS— preconizaba por entonces la posibilidad de acabar con el capitalismo y pasar al socialismo de forma paulatina, evolutiva y “sin guerra civil”, revolución ni toma del poder.

La crítica guevarista de índole filosófica al reformismo pacifista que por aquellos años ’60 eludía la cuestión acuciante de la estrategia dirigida a la toma revolucionaria del poder (antecedente remoto de algunos planteos hollowayanos...) vuelve a aparecer en la biografía sobre Marx, ahora en términos estrictamente políticos, cuando el Che analiza la posición de Marx sobre la Comuna de París. Allí Guevara reproduce las cartas de Marx cuando éste recalca la ingenuidad de muchos comuneros que, según el principal inspirador de la Primera Internacional, “no quisieron desatar la guerra civil” para evitar derramar sangre... cuando en realidad esa postura terminó generando una tragedia mucho más sangrienta y dolorosa con el aplastamiento de la Comuna.

También en términos políticos Guevara hace referencias críticas a Lasalle en Alemania, a la cooptación de la clase obrera inglesa y también al revisionismo de Bernstein, pero quizás lo más interesante sea su balance de las razones por las cuales se disolvió la Primera Internacional: “su muerte se debió a la anemia provocada por falta de apoyo de los obreros organizados de Europa”. Este balance crítico del eurocentrismo (realizado desde el Tercer Mundo) y polémico con la cooptación de lo que se supondría debería ser “la vanguardia de la revolución mundial” pero en la práctica termina conformándose con las migajas del festín burgués, colonialista e imperialista, Guevara lo repite en sus Apuntes críticos a la economía política y también en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”. Por lo tanto sus proclamas tercermundistas, antiimperialistas y anticapitalistas al mismo tiempo (radicalmente opuestas a cualquier variedad de populismo), no fueron solamente una consigna de circunstancia sino el producto de una larga reflexión política y estratégica que alcanza —así lo demuestra esta biografía— hasta la misma obra y vida de Marx y hasta la historia del movimiento obrero europeo del siglo XIX.

Por último, y pasando ya a los detalles microscópicos, no pasa desapercibido que el Che, a la hora de reconstruir y divulgar la biografía de Marx, resalte que “toda su familia estaba impregnada de tradiciones hebreas”. Esto resulta importante por dos razones. Primero, porque algunos autores han subrayado esa formación cultural familiar cuando se trata de encontrar una genealogía para la teoría marxista del fetichismo (eje central de El Capital). ¿Contiene esta teoría rasgos y huellas del mensaje libertario y redentor de los primeros profetas judíos? Los teólogos de la liberación latinoamericanos, por ejemplo, han incursionado durante las últimas décadas —con documentos originales de Marx de primera mano, incluyendo sus innumerables manuscritos depositados hoy en el Instituto Social de Ámsterdam— en ese tipo de reflexión y abordaje. Segundo, quizás lo más importante en lo que a nosotros nos atañe. En la biografía clásica de Mehring se desdibuja hasta desaparecer y esfumarse, todo vínculo entre Marx y la tradición judía de su familia (pues su padre, por razones laborales y burocráticas, debió convertirse al cristianismo protestante para poder conservar el empleo). Vínculo que en cambio sí destaca y subraya en primer plano el otro gran biógrafo de Marx, el ya mencionado bolchevique David Riazanov.

Si Guevara no leyó a Riazanov y se apoya sólo en Mehring, ¿de dónde extrajo entonces esos juicios sobre el judaísmo de Marx? (Por ejemplo, aquel pasaje donde el Che escribe: “Toda su familia estaba impregnada de tradiciones religiosas hebreas. No fue pobre pero debió haber sentido las punzadas de los prejuicios raciales”).

La biografía de Marx y Engels redactada por el Che se cierra con... el máximo dirigente de la revolución bolchevique, por quien Guevara tenía profunda admiración. Escribe el Che: “Con su desaparición se cerraba un ciclo. Debía aparecer Lenin para iniciar otro más grandioso aún en sus efectos prácticos: la liberación del proletariado”.

Aunque en sus escritos vuelve una y otra vez a Lenin y le recomienda a sus compañeros de militancia “léanse hasta el último papelito que escribió Lenin”, Guevara no lo aborda en estas páginas biográficas, porque sería harina de otro costal. Sólo cierra su biografía de Marx con él.

Pero aunque no lo analice aquí, al morir el dirigente bolchevique sobrevino la disputa. ¿De allí en más Lenin se convertiría en una momia embalsamada, una estatua de mausoleo o seguiría siendo el inspirador vivo de futuras revoluciones?

En tiempos como los nuestros, al Che Guevara le sucede lo mismo que a Lenin. También él está sometido a un tironeo. No podía ser de otra forma, a menos que convirtamos a Ernesto Guevara en una estatua, en un monumento frío, en una pieza muerta de museo.

Acercándonos al Che como alguien vivo, indomesticable, eternamente rebelde y reacio a los homenajes oficiales e institucionales que le quitan todo contenido genuino a su vida, creemos que recorrer estas páginas biográficas de marxismo robadas al olvido resulta aleccionador. Sobre todo para las nuevas generaciones.

En medio de la clandestinidad, mientras forma militantes y cuadros revolucionarios para el futuro, se entrena, preparando nuevas rebeldías y organizando nuevas insurgencias, el Che dedica sus mejores horas al estudio en detalle de los clásicos del marxismo. ¿No será hora de seguir su ejemplo?



El Padrino - Mario Puzo


El Padrino - Mario Puzo

Quién no vió la película? Una de las mejores en su estilo, el libro no queda rezagado!
Mario Puzo recreó de forma magistral la historia y vida de los italianos inmigrantes de principios del siglo XX en NY, siendo el propio autor uno de ellos, llegó a escribir muchos libros sobre la mafia, pero ninguno llegó a estar a la altura de este clásico.

Vito Corleone es el Don más respetado de Nueva York, ciudad a la que llegó como emigrante desde su Sicilia natal a los doce años. Don Corleone es implacable con sus rivales, pero es también un hombre inteligente, astuto y fiel a los principios del honor y la amistad. La vida y negocios de Don Corleone, así como los de su hijo y heredero, conforman el eje de esta obra maestra



Lucifer en La Edad Media





Lucifer en La Edad Media
(Fragmento)

El diablo y los demonios son ángeles que caen por su líbre albedrío, y son imperdonables porque no tienen ninguna circunstancia atenuante por la tentación que los lleva a la ruina. Una vez han caído forman 6 grupos, tipos u órdenes. Así, Psellos* aplicó ideas neoplatónicas a la cristianidad, de un modo original, con una taxonomía de demonios que se parecía poco a los ángeles caídos de la tradición y a las jerarquías de Dionisio. Más bien se arraigaba profundamente en la demonología natural de los neoplatónicos paganos, que suponían a los demonios moralmente ambivalentes, situados entre dioses y hombres, más que ángeles caídos, e hizo intentos más bien tibios para encajarlos en la demonología cristiana. Los demonios más altos son los leliouria, los brillantes resplandecientes, que habitan el éter, la esfera de aire rarificado más allá de la luna. Luego vienen los aeria, demonios del aire debajo de la luna; los chtonia, que habitan la tierra; y los más bajos de todos, los misofaes, odian la luz y viven ciegos y casi sin sentido en las más bajas profundidades del infierno.

Los demonios, aunque no son materia en sí mismos, están profundamente influídos por la naturaleza material de las regiones en que viven. El diablo y los demonios nos atacan y nos tientan para frustrar el plan de Dios de nuestra salvación. Abundan en todas partes: en la tierra, en el mar y en el aire. Los demonios más altos obran directamente sobre los sentidos humanos, e indirectamente sobre el intelecto, utilizando su acción imaginativa, fantásticos, para provocarnos imágenes en la mente. Los demonios más bajos tienen mentes como las de los animales. Esos espíritus burdos, emisores de gruñidos, se nos imponen toscamente, causándonos enfermedades y accidentes fatales y poseyéndonos, siendo por eso que las personas poseídas muestran a menudo un comportamiento bestial. Los demonios más bajos carecen por completo de intelecto y de libre albedrío: obran por instinto, saltan sobre los seres humanos como moscas, simplemente por que somos cálidos y estamos vivos.

Los demonios bajos pueden hablar a veces y emitir falsos oráculos, pero los más bajos de los demonios, los misofaes o aborrecedores de la luz, son completamente incapaces de comunicarse y hacen a las personas que poseen ciegas, mudas o sordas. Los demonios pueden ser vencidos por el nombre de Jesús, la señal de la cruz, la invocación de los santos, la lectura de los Evangelios, el aceite o el agua sagrados, las reliquias, la confesión o la imposición de manos. Los demonios sienten particularmente el poder de los hombres y las mujeres santos, en especial los ascetas, capaces de expulsarlos, chillando de dolor, de los cuerpos de los posesos

Esquema demonológico de Miguel Psellos
Jeffrey Burton Russell

Fuente:Hexen El Libro Negro



Garden of Delight - Radiant Sons


Garden of Delight - Radiant Sons (2000)

1. Chaos AD (R.O.C.A.N.)
2. Agony
3. Obsessed
4. Shariah
5. Astral Traveler (Guardian at the Inner Temple)
6. Twilight
7. Last Day on Earth
8. Astral Traveler


La sepultura

La Sepultura
(anonimo)


"Para ti fue hecha la casa, antes que nacieras.
Para ti fue destinada la tierra antes que salieras de tu madre.
No la hicieron aún. Su hondura se ignora.
No se sabe aún que largo tendrá.
Ahora yo te llevo a tu sitio.
Ahora te mido a ti primero y a la tierra después.
Tu casa no es muy alta. Es humilde y baja.
Cuando yazgas ahí, las vallas serán bajas, humildes las paredes.
La techumbre está cerca de tu pecho. Habitarás entonces en el polvo y sentirás frío.
Toda tiniebla y toda sombra, se pudrirá la cueva.
Esa casa no tiene puerta y no hay luz adentro.
Ahí estás firmemente encarcelado y la muerte tiene la llave.
Aborrecible es esa casa de tierra y atroz morar en ella.
Ahí estarás y te partirán los gusanos.
Ahí estás acostado lejos de tus amigos.
Ningún amigo irá a visitarte y a preguntarte si esa casa te gusta.
Nadie abrirá la puerta.
Nadie bajará a ese lugar porque muy pronto serás aborrecible a los ojos.
Tu cabeza será despojada de su cabello y la hermosura de tu pelo se apagará.


Este poema es un fragmento del Beowulf, antiquísima obra germánica en la que se inspiró Tolkien para escribir el señor de los anillos.

Los Derechos de los Trabajadores - Eduardo Galeano





Los derechos de los trabajadores
¿Un tema para arqueólogos?
Eduardo Galeano

Más de noventa millones de clientes acuden, cada semana, a las tiendas Wal-Mart. Sus más de novecientos mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas: la libertad de asociación. El fundador de Wal-Mart, Sam Walton, recibió en 1992 la Medalla de la Libertad, una de las más altas condecoraciones de los Estados Unidos.
Uno de cada cuatro adultos norteamericanos, y nueve de cada diez niños, engullen en Mc Donald's la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de Mc Donald's son tan desechables como la comida que sirven: los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse.
En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró union free, libre de sindicatos, el sector electrónico.
Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las ciento noventa obreras que murieron quemadas en Tailandia, en 1993, en el galpón trancado por fuera donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson y los Muppets.
Bush y Gore coincidieron, durante la campaña electoral del año pasado, en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo norteamericano de relaciones laborales. "Nuestro estilo de trabajo", como ambos lo llamaron, es el que está marcando el paso de la globalización que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta.
La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar cien mil años para ganar lo que gana, en un año, un ejecutivo de Nike en Estados Unidos, y que un obrero de la ibm en Filipinas fabrique computadoras que él no puede comprar.
Es la continuación de la época colonial, en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras o instrumentos de alta tecnología además de producir, como antes, caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial.
Desde 1919 se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, de esos 183 acuerdos Francia ratificó 115, Noruega 106, Alemania 76 y Estados Unidos... 14. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar a su antojo. Paradójicamente, este país que no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley es el que ahora dice que no habrá más remedio que incluir "cláusulas sociales" y de "protección ambiental" en los acuerdos de libre comercio. ¿Qué sería de la realidad sin la publicidad que la enmascara?
Esas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro relaciones públicas, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos abogados del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre. Desde que Ernesto Zedillo dejó la presidencia de México pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter & Gamble, que opera en 140 países. Además, encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes: en idioma tecnocratés, se indigna contra "la imposición de estándares laborales homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales". Traducido, eso significa: arrojemos de una buena vez al tacho de la basura toda la legislación internacional que todavía protege a los trabajadores. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud. Pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: "Para competir, hay que exprimir los limones". Los hechos son los hechos.
Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos: yo no fui. En la industria posmoderna, el trabajo ya no está concentrado. Así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota. De cada cinco obreros de Volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa. De los 81 obreros de Petrobrás muertos en accidentes de trabajo en los últimos tres años, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad. A través de trescientas empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas del mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un Estado que en nombre del socialismo se ocupa de la disciplina de la mano de obra: "Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social, para asegurar un clima favorable a los inversores", explicó recientemente Bo Xilai, secretario general del Partido Comunista en uno de los mayores puertos del país.
El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden: a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por dos siglos de luchas obreras en el mundo.
Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman sweat shops, talleres del sudor, crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en la Argentina están "en negro", sin ninguna protección legal. Nueve de cada diez nuevos empleos en toda América Latina corresponden al "sector informal", un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores, ¿serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?
En el mundo al revés, la libertad oprime: la libertad del dinero exige trabajadores presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El dios del mercado amenaza y castiga; y bien lo sabe cualquier trabajador, en cualquier lugar. El miedo al desempleo, que sirve a los empleadores para reducir sus costos de mano de obra y multiplicar la productividad, es, hoy por hoy, la fuente de angustia más universal. ¿Quién está a salvo del pánico de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un "obstáculo interno", para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que hace un año y medio explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que "hemos eliminado los obstáculos internos"?
Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide al mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío.



Scary Bitches - Lesbian Vampyres From out Space


Scary Bitches - Lesbian Vampyres From out Space (2002)

01.Lesbian vampyres from outer space
02.Werewolfe
03.You always eat the one you love
04.There's a licanthrope on the bus
05.Strange child
06.P!ss all over your grave
07.Theme from The Munsters
08.Necrofancy
09.The hole
10.Bad hair day
11.You'll end up looking like the Scary B!tches
12.Necrofancy (Roman Jong - Mark Elliott Re-mix)



El Pantano de la Luna - H. P. Lovecraft




El Pantano de la Luna
H. P. Lovecraft

Denys Barry se ha ido a alguna región remota y espantosa que desconozco. Estuve con él la última noche que pasó entre los hombres, y ol sus gritos cuando ocurrió; pero los campesinos y la policía del condado de Meath no llegaron a encontrarle a él ni a los demás, aunque batieron el terreno hasta muy lejos. Y ahora me estremezco cuando oigo cantar las ranas en los pantanos, o veo la luna en parajes solitarios.
Conocí bastante bien a Denys Barry en América, donde se había hecho rico, y le felicité cuando compró nuevamente el viejo castillo junto al pantano del soñoliento pueblo de Kilderry. Su padre procedía de Kilderry, y allí era donde deseaba disfrutar de su riqueza, en medio de escenarios ancestrales. Los hombres de su sangre habían gobernado en otro tiempo Kilderry, y habían construido y habitado el castillo; pero esos tiempos quedaban ya muy atrás, de modo que durante generaciones, el castillo permaneció vacío y en
ruinas. Después de su regreso a Irlanda, Barry me escribió a menudo, contándome cómo iba levantándose el castillo gris, torres tras torre, bajo sus cuidados, y recobrando su antiguo esplendor, cómo la hiedra comenzaba a trepar lentamente por las restauradas murallas igual que había trepado hacia muchos siglos, y cómo los campesinos le bendecían por rememorar los viejos tiempos con el oro procedente del otro lado del océano. Pero pasado un tiempo, surgieron los problemas, los campesinos dejaron de bendecirle, y le rehuyeron como a la desgracia. Y fue entonces cuando me escribió pidiéndome que le visitara, ya que se había quedado solo en el castillo, y no tenía con quien hablar, salvo los nuevos criados y braceros que había contratado en el norte.
La causa de dichos problemas estaba en el pantano, como Barry me contó la noche en que llegué al castillo. Fue un atardecer de verano cuando puse los pies en Kilderry, momento en que el oro del cielo iluminaba el verde de los montes y arboledas y el azul del pantano, donde en un lejano islote resplandecían espectralmente unas ruinas antiguas y extrañas. El crepúsculo era muy hermoso, pero los campesinos de Ballylough me previnieron contra él, y dijeron que Kilderry se había convertido en un lugar maldito, de modo que casi me estremecí al ver los altos torreones del castillo dorados como el fuego. El automóvil de Barry me esperaba en la estación, ya que Kilderry quedaba lejos del ferrocarril. Los lugareños se habían apartado del coche y de su conductor, que era un hombre del norte; pero hablaron conmigo en voz baja y con cara pálida cuando vieron que iba a ir a Kilderry. Y esa noche, después de nuestra reunión, Barry me dijo por qué.
Los campesinos se habían ido de Kilderry porque Denys Barry iba a desecar el gran pantano. A pesar de todo su amor por Irlanda, América no había dejado de influir en él, y detestaba ver desaprovechado el hermoso y vasto lugar, cuando podía sacarse turba y roturar su tierra.
Las leyendas y supersticiones de Kilderry no le conmovieron, y se rió al principio cuando los campesinos se negaron a ayudarle; luego le maldijeron, recogieron sus escasas pertenencias, al ver su determinación, y se marcharon a Ballylough. Barry mandó traer braceros del norte para que ocuparan sus puestos; y cuando le dejaron sus criados, los sustituyó del mismo modo. Pero estaba solo entre extraños, y esa era la razón por la que Barry me había pedido que fuese con él.
Cuando me enteré de cuáles eran los temores que habían movido a la gente a abandonar Kilderry, me reí como se había reído mi amigo, porque estos temores eran de lo más vagos, disparatados y absurdos. Se referían a cierta leyenda ridícula acerca del pantano, y de un siniestro espíritu guardián que moraba en las extrañas y antiguas ruinas del lejano islote que yo había visto en el crepúsculo. Corrían historias sobre luces que danzaban en la oscuridad cuando no había luna, y vientos fríos que soplaban cuando la noche era cálida; sobre espectros blancos que revoloteaban por encima de las aguas, y de una imaginada ciudad de piedra que había debajo de la pantanosa superficie. Pero por encima de todas estas espectrales fantasías, y única en su absoluta unanimidad, estaba la que hacía referencia a una maldición que aguardaba a quien se atreviese a tocar o desecar el inmenso marjal rojizo. Había secretos decían los campesinos, que no debían desvelarse; secretos que permanecían ocultos desde aquella peste que sobrevino a los niños de Partholan, en los fabulosos tiempos anteriores a la historia.
En el Libro de los Invasores se cuenta que estos hijos de los griegos fueron enterrados todos en Tallaght, pero los ancianos de Kilderry decían que una ciudad fue salvada por su patrona la diosa-luna, de suerte que los montes boscosos la ocultaron cuando las hordas de Nemed llegaron a Scythia en sus treinta barcos.
Esas eran las fantásticas historias que habían impulsado a los lugareños a abandonar Kilderry; y al oírlas, no me extrañó que Denys Barry se hubiese negado a escucharlas. No obstante, él sentía un enorme interés por las antigüedades, y propuso que explorásemos enteramente el pantano tan pronto
como lo hubiesen desecado. Había visitado con frecuencia las blancas ruinas del islote; pero si bien era evidente que su antigüedad era muy remota y su trazado muy distinto de los de la mayoría de las ruinas irlandesas, estaba demasiado avanzado su deterioro para poder dar una idea de sus tiempos
de esplendor. Ahora, el trabajo de desecación estaba a punto de empezar, y los braceros del norte estaban dispuestos a despojar al pantano prohibido de su musgo verde y de su brezal rojizo, y a matar los minúsculos arroyuelos y las plácidas charcas azules bordeadas de juncos.
Me sentía ya muy soñoliento cuando Barry terminó de contarme estas cosas; los viajes del día habían sido agotadores, y mi anfitrión estuvo hablando hasta bien avanzada la noche. Un criado me condujo a mi aposento, situado en una torre apartada que dominaba el pueblo, la llanura que se extiende al borde del pantano, y el pantano mismo; así que desde mi ventana podía contemplar, a la luz de la luna, los mudos tejados de los que habían huido los campesinos, y que ahora cobijaban a los braceros del norte, y también la iglesia parroquial con su antiguo campanario; y allá lejos, en medio de las aguas melancólicas, las ruinas antiguas y remotas del islote brillando blancas y espectrales.
Justo cuando me tumbé en la cama para dormir, me pareció oír débiles sonidos a lo lejos; sonidos frenéticos, semimusicales, que provocaron en mi extrañas agitaciones que tiñeron mis sueños. Sin embargo, al despertar a la mañana siguiente, comprendí que no había sido más que un sueño, ya que mis visiones fueron mucho más prodigiosas que el frenético sonido de flautas de la noche. Influido por las leyendas que Barry me había contado, mi mente había vagado en sueños por una majestuosa ciudad enclavada en un verde valle, donde las calles y las estatuas de mármol, las villas y los templos, los relieves y las inscripciones, proclamaban en distintos tonos el esplendor de Grecia.
Cuando le conté mi sueño a Barry, nos reímos los dos. Pero aún me reí más al ver lo perplejo que tenían a Barry los braceros del norte: era la sexta vez que se levantaban tarde; se habían despertado con gran torpeza y lentitud, y andaban como si no hubiesen descansado, aunque sabíamos que se habían acostado temprano la noche anterior.
Esa mañana y esa tarde vagué a solas por el dorado pueblo, deteniéndome a hablar de vez en cuando con los abúlicos labriegos, ya que Barry estaba ocupado con los proyectos finales para acometer la obra de drenaje. Y comprobé que los labriegos no eran todo lo felices que podían ser, ya que la mayoría se sentían desasosegados por alguna pesadilla que habían tenido, aunque no conseguían recordarla. Yo les conté mi sueño; aunque no se mostraron interesados, hasta que les hablé de los sonidos espectrales que había creído oír. Entonces me miraron de manera especial, y dijeron que les parecía recordar sonidos espectrales también.
Al anochecer, Barry cenó y me anunció que empezaría el drenaje dos días después. Me alegré; porque aunque sentía que desapareciese el musgo y el brezo y los pequeños arroyos y lagos, sentía un creciente deseo de conocer los antiguos secretos que el espeso manto deturba pudiera ocultar. Y esa noche, mis sueños sobre sonidos de flautas y peristilos de mármol terminaron de forma súbita e inquietante; porque vi descender sobre la ciudad del valle una pestilencia, y luego una avalancha espantosa de laderas boscosas que cubrió los cadáveres de las calles, dejando sin sepultar tan sólo el
templo de Artemisa, en lo alto de un pico, donde Cleis, la vieja sacerdotisa de la luna, yacía fría y muda con una corona de marfil en su cabeza plateada.
He dicho que desperté de repente y alarmado. Durante un rato, no supe si dormía o estaba despierto, ya que aún resonaba estridente en mis oídos el sonido de las flautas; pero cuando vi en el suelo el frío resplandor de la luna y los contornos de una ventana gótica enrejada, supuse y comprendí que estaba despierto, y en el castillo de Kilderry.
A continuación oí que un reloj, en algún remoto rellano de abajo, daba las dos, y ya no me cupo ninguna duda. Sin embargo, seguían llegándome aquellos aires distantes y monótonos de flautas; aires salvajes que me hacían pensar en alguna danza de faunos en la lejana Maenalus. No me dejaban dormir; así que no pudiendo más de impaciencia, salté de la cama y di unos pasos. Sólo por casualidad me acerqué a la ventana norte a contemplar el pueblo silencioso y la llanura que llega al borde del pantano. No me apetecía contemplar el paisaje, ya que quería dormir; pero las flautas me atormentaban, y necesitaba mirar o hacer algo. ¿Cómo podía sospechar que existiese lo que iba a ver? Allí, a la luz que la luna derramaba en la amplia llanura, se
desarrollaba un espectáculo que ningún mortal podría olvidar después de presenciado. Al son de unas flautas de caña que resonaban por todo el pantano, evolucionaba en silencio, misteriosamente, una multitud confusa de figuras balanceantes, girando con el mismo frenesí que danzarían en
otro tiempo los sicilianos en honor a Deméter, bajo la luna de la cosecha, junto a Cyane. La ancha llanura, la dorada luz de la luna, las oscuras sombras agitándose y, sobre todo, el sonido monótono de las flautas, me produjeron un efecto casi paralizador; sin embargo, en medio de mi temor, observé que
la mitad de todos estos maquinales e infatigables danzarines eran los braceros a quienes yo creía dormidos, mientras que la otra mitad eran seres extraños y etéreos de blanca e indeterminada naturaleza, aunque sugerían pálidas y melancólicas náyades de las fuentes encantadas del pantano.
No sé cuánto tiempo estuve contemplando el espectáculo desde la ventana de mi solitario torreón, antes de caer en un vacío sopor del que me despertó el sol de la mañana, ya muy alto.
Mi primer impulso, al despertar, fue contarle todos mis temores y observaciones a Denys Barry; pero viendo que el sol entraba ya por la enrejada ventana este, tuve el convencimiento que carecía de realidad todo lo que creía haber visto. Soy propenso a ver extrañas fantasías, aunque jamás he sido lo bastante débil como para creer en ellas. Así que en esta ocasión me limité a preguntar a los braceros; pero se habían despertado muy tarde, y no recordaban nada de la noche anterior, salvo que habían tenido sueños brumosos de sones estridentes. Este asunto de la música de flautas espectrales me atormentaba enormemente, y me pregunté silos grillos habrían empezado a turbar la noche antes de tiempo, y a embrujar las visiones de los hombres. Más tarde, ese mismo día, vi a Barry en la biblioteca estudiando los proyectos para la gran obra que debía empezar al día siguiente, y por primera vez sentí vagamente aquel temor que había impulsado a marcharse a los campesinos. Por alguna razón desconocida, me produjo miedo la idea de turbar el antiguo pantano y sus oscuros secretos, y me representé visiones terribles bajo las tenebrosas profundidades de la turba inmemorial. Me parecía una imprudencia sacar a la luz estos secretos, y empecé a desear tener algún pretexto para abandonar el pueblo y el castillo. Llegué incluso a hablarle a Barry de este tema; pero cuando se echó a reír no me atreví a continuar. De modo que guardé silencio cuando el sol se ocultó con todo su esplendor tras los montes lejanos, y Kilderry resplandeció, completamente rojo y dorado, en una llamarada portentosa.

Nunca sabré con seguridad si los sucesos de esa noche ocurrieron en realidad o fueron una ilusión. Ciertamente, trasciende cuanto soñemos sobre la naturaleza y el universo; sin embargo, no me es posible explicar de forma normal la desaparición que todos sabemos, cuando aquello terminó. Yo
me había retirado temprano, lleno de temor, y durante bastante rato no pude conciliar el sueño en el inusitado silencio de la torre. Reinaba una gran oscuridad; pues aunque el cielo estaba claro, la luna, muy menguada, no aparecería hasta altas horas de la noche. Tumbado en la cama, pensé en
Denys Barry y en lo que pasaría con ese pantano cuando amaneciera, y sentí un deseo casi frenético de salir a la oscuridad de la noche, coger el coche de Barry, huir corriendo a Ballylough y dejar esas tierras amenazadas. Pero antes de que mis temores cristalizasen en una acción, me había quedado dormido, y contemplaba en sueños la ciudad del valle, fría y muerta bajo un sudario de sombras tenebrosas.
Probablemente fue el estridente sonido de las flautas lo que me despertó, aunque no fueron las flautas lo primero que advertí al abrir los ojos. Estaba tendido de espaldas a la ventana este que dominaba el pantano, por donde se elevaría la luna menguante, de modo que esperaba ver proyectarse
una claridad en la pared que tenía enfrente; pero no la que efectivamente se reflejó. Un resplandor incidió en los cristales de enfrente, aunque no era el resplandor de la luna.
Fue un haz rojizo, penetrante, terrible, el que penetró por la gótica ventana, e inundó toda la cámara de un esplendor intenso y ultraterreno. Mi inmediata reacción fue extraña en semejante momento, pero sólo en la ficción se comporta el hombre de manera dramática y previsible. En vez de asomarme al pantano para averiguar cuál era la fuente de esta nueva luz, mantuve apartados los ojos de la ventana, completamente dominado por el pánico, y me vestí atropelladamente con la vaga idea de escapar. Recuerdo que cogí el revólver y el sombrero; pero antes de que todo terminase había perdido el uno sin haberlo disparado, y el otro sin habérmelo puesto. Poco después, la fascinación del resplandor rojo se impuso a mis terrores, me acerqué a l
ventana este y me asomé, mientras el sonido incesante y enloquecedor de las flautas gemía, y se propagaba por el castillo y por el pueblo.
Sobre el pantano había una riada de luz resplandeciente, escarlata y siniestra, que brotaba de las extrañas y antiguas ruinas del islote. No me es posible describir el aspecto de dichas ruinas: debí de volverme loco, porque me pareció que se levantaban incólumes, majestuosas, rodeadas de columnas,
con todo su esplendor, y el mármol de su entablamento reflejaba las llamas y traspasaba el cielo como la cúspide de un templo en la cima de una montaña. Sonaron las flautas estridentes, y comenzó un batir de tambores; y mientras observaba aterrado, me pareció distinguir oscuras formas
saltando, grotescamente recortadas contra un fondo de resplandores y de mármoles. El efecto era tremendo, absolutamente inconcebible; y allí habría seguido, contemplando indefinidamente el espectáculo, de no haber sido porque la música de las flautas, a mi izquierda, aumentaba cada vez más. Presa de un terror no exento de un extraño sentimiento de éxtasis, cruce la habitación circular y me asomé a la ventana norte, desde la que podía verse el pueblo y la llanura inmediata al pantano. Allí mis ojos se volvieron a dilatar ante un prodigio insensato, como si no acabase de apartarme de una visión que superaba la pálida naturaleza; pues en la llanura espectralmente iluminada por el resplandor rojizo desfilaba una procesión de seres cuyas
figuras no había visto más que en las pesadillas.
Medio deslizándose, medio flotando en el aire, los blancos espectros del pantano se retiraban lentamente hacia las quietas aguas y las ruinas de la isla en fantásticas formaciones que sugerían alguna antigua y solemne danza ceremonial. Sus brazos balanceantes y traslúcidos, guiados por los sones detestables de las flautas invisibles, llamaban con ritmo misterioso a una multitud de campesinos que oscilaban y les seguían dócilmente con paso ciego, insensatos y pesados, como arrastrados por una voluntad demoníaca, torpe aunque irresistible. Cuando las náyades llegaron al pantano, sin alterar su dirección, una nueva fila de rezagados tambaleantes como borrachos, salió del castillo por alguna puerta al pie de mi ventana, cruzó a ciegas el patio y la parte del pueblo que se interponía, y se unió a la serpeante columna de labriegos que andaban ya por la llanura. A pesar de la altura que me separaba, en seguida me di cuenta de que eran los criados traídos del norte, ya que reconocí la fea y voluminosa figura de la cocinera, cuya misma absurdidad resultaba ahora indeciblemente trágica. Las flautas sonaban de manera espantosa, y otra vez oí el batir de los tambores en las ruinas de la isla. Luego, silenciosa, graciosamente, las náyades se adentraron en el agua y se disolvieron, una tras otra, en el pantano inmemorial; entretanto, los seguidores, sin detener su marcha, siguieron tras ellas chapoteando pesadamente, y desapareciendo en un pequeño remolino de burbujas malsanas apenas visible bajo la luz escarlata. Y cuando el último y más patético de los rezagados, la cocinera, se hundió pesadamente y desapareció en las aguas
tenebrosas, enmudecieron las flautas y los tambores, y la cegadora luz rojiza de las ruinas se apagó instantáneamente, dejando el pueblo vacío y desolado bajo el resplandor escuálido de la luna, que acababa de salir.
Mi estado era ahora indescriptiblemente caótico. No sabiendo si estaba loco o cuerdo, dormido o despierto, me salvó un piadoso embotamiento. Creo que hice cosas ridículas, como elevar plegarias a Artemisa, a Latona, a Deméter y a Plutón.
Todo cuanto recordaba de los estudios clásicos de mi juventud me vino a los labios, mientras el horror de la situación despertaba mis más hondas supersticiones. Me daba cuenta de que acababa de presenciar la muerte de todo un pueblo, y sabía que me había quedado solo en el castillo con
Denys Barry, cuya temeridad había acarreado este destino. Y al pensar en él, me embargaron nuevos terrores y me desplomé al suelo; aunque no perdí el conocimiento, me sentí físicamente imposibilitado. Entonces noté una ráfaga helada que entró por la ventana este, por donde había salido la luna,
y empecé a oir alaridos abajo en el castillo. No tardaron estos gritos en alcanzar una magnitud y calidad imposibles de describir, y que aún me producen desvanecimiento cuando pienso en ellos. Todo lo que puedo decir es que procedían de alguien que había sido amigo mío.
En determinado momento de esos instantes espantosos, el viento frío y los alaridos me hicieron reaccionar, porque lo que recuerdo a continuación es que corría por las negras estancias y corredores, cruzaba el patio y salía a la oscuridad de la noche. Me encontraron al amanecer, vagando insensatamente cerca de BalIylough; pero lo que a mi me trastornó completamente no fue ninguno de los horrores que había visto y oído. De lo que hablaba, cuando salí lentamente de las sombras de la inconsciencia, era de un par de fantásticos incidentes que ocurrieron en mi huida; incidentes
que carecen de importancia, aunque me obsesionan incesantemente cuando estoy a solas en lugares pantanosos o a la luz de la luna.
Mientras huía de aquel castillo maldito, bordeando el pantano, oí un alboroto; un alboroto corriente, aunque distinto a cuanto había oído en Kilderry. Las aguas estancadas, hasta entonces desprovistas por completo de vida animal, hervían ahora de ranas enormes y viscosas que cantaban sin cesar en unos tonos que no guardaban relación con su tamaño. Brillaban, hinchadas y verdes, a la luz de la luna, y parecían mirar fijamente hacia la fuente del
resplandor. Seguí la mirada de una de ellas, muy gorda y fea, y vi la segunda de las cosas que me hizo perder la razón.
Extendiéndose directamente de las extrañas y antiguas ruinas del islote lejano a la luna menguante, percibí un rayo de débil y temblorosa luz que no se reflejaba en las aguas del pantano.
Y ascendiendo por el pálido sendero, mi enfebrecida imaginación se representó una sombra delgada que iba disminuyendo lentamente; una sombra vaga que se contorsionaba y debatía como si fuese arrastrada por demonios invisibles. En mi locura, vi en esa sombra espantosa un momentáneo parecido — como una caricatura increíble y repugnante— , una imagen blasfema del que había sido Denys Barry.



Lo Mostruoso en el Cine


Esbozos de una analìtica de lo monstruoso


Esbozar una analítica de lo monstruoso, en términos cinematomíticos, no resulta fácil. Nos enfrentamos, en la actualidad, con una enorme galería de monstruos que vienen haciendo su aparición en el celuloide desde los albores del cine. Desde el Nosferatu de Murnau hasta el Bram Stoker's Dracula de Coppola, los monstruos neo-góticos han inundado las pantallas. Podemos, en este sentido, distinguir tres momentos en el mito del monstruo, una etapa pre-literaria, constituida principalmente por tradiciones orales y tratados de demonología, en segundo lugar, una etapa literaria, que se consolida en el siglo XIX a partir de la literatura gótica y, finalmente, una etapa post-literaria donde los medios masivos resultan ser una pieza clave en la constitución de los mitos en torno a lo monstruoso.Mostrar/Ocultar

Parafraseando a McLuhan, podríamos decir que el medio es el pastiche, el cine produce ciertas mezclas e hibridaciones que reconfiguran el espacio teratológico clásico. El filme Frankenstein Meets the Space Monster nos presenta al monstruo combatiendo contra alienígenas, a fin de cuentas, el monstruo de Frankenstein es un cyborg terrícola. En Furakenshutain tai Baragon, la criatura se enfrenta a dinosaurios, y en Frankenstein meets the wolf man su rival es la licantropía o, en otro filme -Drácula vs Frankenstein-, el vampirismo. Estos son algunos ejemplos de los fenómenos de intertextualidad presentes en la constitución de los mitos post-literarios del monstruo de Mary Shelley. Estos entrecruzamientos, estas mezclas explosivas, son impensables en la etapa literaria, el cine rompe definitivamente las barreras literarias que antaño separaban a un monstruo de otro, produciendo algo así como una especie de esquizopoiesis teratológica, una intertextualidad de lo monstruoso que va a generar figuras cada vez más excesivas (Bambi meets Godzilla, Marv Newland, 1984).
Siguiendo esta hipótesis crono(mito)lógica, me centraré en una serie de mutaciones que se han venido produciendo en la figura del vampiro desde que éste abandonó las polvorientas páginas de la literatura gótica y se instaló cómodamente en la cultura masiva del siglo XX.
En este sentido, la incidencia de personajes antiheróicos en la cultura de masas contemporánea -Jason, Freddy Krueger, Hannibal Lecter, el vampiro Lestat, etc.- puede interpretarse como un regreso a la cultura underground del culto al monstruo, feed back al cómic de terror estadounidense de los cincuenta y las B-movies de los sesenta, resurrección de Vampirella, Creepy y sus criaturas de la oscuridad.
Cabe realizar una aclaración, los mitos masivos no nos reenvían a un arquetipo, a una supuesta (anti)naturaleza de lo monstruoso, sino que, en cambio, nos remiten a una serie de estereotipos que expresan, de forma bastante explícita, cómo la cultura occidental ha percibido la alteridad que todo monstruo -que se precie de serlo- simboliza. Analizar estas mutaciones la figura del vampiro nos ayudará a percibir el lugar que ocupa la alteridad en el imaginario del fin del siglo XX.

La desmesura y la irregularidad son, como afirma Omar Calabrese, los principios barrocos que fundan la teratología como ciencia de los monstruos.
El monstruo es, por excelencia, la desviación de la norma, aquello que está más allá del orden, de la regularidad y de la Ley. La ley de Murphy toma cuerpo en los góticos personajes de la teratología, en "el crujir de dientes y en el besuquear de los muertos en sus tumbas".

El ethos del monstruo es el de la espectacularidad que se exhibe en la obscenidad de lo hiperreal, de lo que se muestra (monstrum) en la inmediatez de una presencia sobrenatural que se mantiene en el enigma (monitum). Su carácter excesivo lo convierte en un desafío lanzado contra la naturaleza y la racionalidad. Estas figuras de la alteridad representan nuestros miedos más profundos, aquellos que nos sumergen en el corazón del caos y las tinieblas. Los monstruos transgreden lo prohibido por excelencia, los tabúes
de la muerte y el sexo son un buen instrumento para medir la transgresión de lo monstruoso en la época del SIDA. A su vez, la ambigüedad del monstruo resulta una pieza clave en la interpretación de los fenómenos mitológicos ligados al terror contemporáneo, la ambigüedad sexual del vampiro, ya presente en Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, no hizo más que aumentar a lo largo del tiempo, generando toda una gama de filmes donde la bisexualidad era la tónica romántica por excelencia, quizás The Hunger, de Tony Scott,
sea uno de los más logrados ejemplos del polimorfismo sexual del vamp post-revolución sexual.


Los noventa instauran un renacimiento de lo gótico, ahora, a la luz de un neo-romántico espíritu postmoderno, los monstruos dejan de ser "los malos de la película" para convertirse en los antihéroes del spleen terrorífico. Las relecturas de los clásicos de la literatura gótica alcanzan su clímax en 1994, con el estreno de Bram Stoker's Dracula, dirigida por Francis Ford Coppola y Mary Shelley's Frankenstein, a cargo de Kenneth Branagh, además de otra incursión en el nuevo sturm und drang de la mano de Neil Jordan, a partir de la adaptación fílmica de la novela de Anne Rice Interview with the
Vampire, publicada en 1977.

Las pseudo-adaptaciones de las clásicas novelas de Stoker y Shelley son una constante a lo largo de la historia del cine de terror, sin embargo, el fenómeno de esta década tiene que ver, sobretodo, con ciertas relecturas que se alejan más y más del espíritu de la obra original, recreando a los viejos monstruos de antaño como trágicos héroes románticos, outsiders malditos que aún creen en el amor y, efectivamente, siempre acaban enamorándose de alguna damisela. Los temibles monstruos de antaño se vuelven cada vez más humanos, paradójicamente, el amor los humaniza al mismo tiempo que los conduce a la tumba. Humanización del monstruo en clave neo-romántica, humana (in)humanidad. La visión de Coppola convierte al vampiro en un trágico enamorado, la "caza del vampiro" es, en realidad, una cruel persecución de dos almas embarcadas en un amor eterno, "love never dies".

El filme rescata al personaje histórico que dio origen al vampiro de Stoker, luego de ser sazonado por los relatos populares durante cuatro siglos. En la primera secuencia, nos topamos con una especie de prólogo -fílmico y apócrifo- que nos narra el origen de Drácula: el empalador Tepes -luego de regresar de la batalla- encuentra a su esposa Elizabeth sin vida sobre el altar de una iglesia, iracundo se revela contra la voluntad de Dios, blasfema contra el Creador y se convierte en una criatura maldita.

Elizabeth, la infortunada esposa del conde, nos remite a otro personaje histórico sobre el que se han tejido muchísimas leyendas, nos referimos a la condesa Elizabeth Bathory, la cual compartía los gustos hemoglobínicos de Vlad, afecta a los baños de sangre de jóvenes vírgenes, convencida de sus efectos cosméticos y revitalizantes. Lo interesante es que Mina, símbolo de pureza y virginidad en la novela de Stoker, se transforma -en el film de Coppola- en la reencarnación de la mismísima Elizabeth Bathory, alma gemela de Dracula y versión femenina del personaje histórico que lo precede.

A pesar de las duras críticas a las que ha sido sometido el filme de Coppola, basadas, en su mayoría, en su falta de fidelidad con respecto a la novela de Stoker -no en vano el screenplay de James V. Hart llevaba originalmente el título Dracula: the Untold Story-, creo que esta producción marca un hito realmente importante en la mitología vampírica, las críticas que han llovido sobre ella resultan exageradamente puristas y pierden de vista lo mucho que el filme expresa sobre el sentir de una época. Veamos los descargos de Coppola, cuando comenta los objetivos de esta neobarroca interpretación de la novela centenaria:

...quería hacer Drácula como un oscuro, apasionado, sueño erótico. Sobre todas las cosas, es una historia de amor entre Dracula y Mina... almas alcanzándose a través de un universo de horror y pathos.

Pues bien, el mérito de Coppola, a mi entender, es el de haber convertido una novela victoriana más o menos moralista en una historia de amor romántico-metafísica de fin de milenio, donde Drácula ya no es solamente el monstruo que sexualiza a las castas damiselas gracias a su bautismo de sangre y, por tanto, debe ser destruido por héroes decentes, leales y, por sobretodo, cristianos, sino, un ser desgarrado por la pérdida de su amada esposa, quien reencuentra -reencarnación mediante- en su viaje a Inglaterra, luego de haberse pasado siglos en orgías de sangre sin sentido, que no lograban acabar del todo con el recuerdo de su amada.


El vampiro ha dejado de ser, en la cultura contemporánea, el símbolo del mal, para convertirse en el emblema del outsider, como señala la escritora de historias vamp-underground Poppy Z. Britte, "el vampiro no es solamente popularmente convertido en un modelo de conducta". Según Britte, el asesino serial será el vampiro del nuevo milenio, lo interesante de esta radical afirmación es la humanización de la figura del vampiro convertido en psychokiller, es decir, aunque nos resulte difícil de aceptar, en un mortal de carne y hueso, la discursividad del terror convertida en nota roja, más o menos así: "Dormir todo el día. Fiesta toda la noche. Nunca envejecer. Nunca morir. Es divertido ser un vampiro". Mientras sonaba el tema central de la cinta, "People Are Strange" de The Doors, una banda de adolescentes de look amenazante -entre punk y heavy-, se deleitaba durante la noche con los placeres del rock and roll, las Harley Davidson, la cerveza y la sangre humana. Como señala Leonard Wolf, podemos observar, en la actualidad, dos
tendencias con respecto al vampiro centenario de Stoker, por un lado, las relecturas revisionistas de Dracula, que nos presentan una elite de vampiros elegantes, refinados y seductores (es el caso de Anne Rice y buena parte del cine comercial) y, por el otro, los vampiros de filmes como The Addiction de Abel Ferrara o Nadja de Michael Almereyda (o ciertas incursiones literarias como las de Poppy Z. Britte), donde estas criaturas de la noche adoptan el aspecto del antihéroe marginado, el yunkie o el psycho. En ambos casos, sin embargo, es notorio el surgimiento de una nueva mitología neo-romántica en torno a los bebedores de sangre, que rescata, como común denominador de las múltiples visiones, su condición de outsiders, las míticas figuras de la alteridad del fin del siglo XX.

*Publicado originalmente en El Huevo
Via Grecia Castillo
Fuente: Hexen, El Libro Negro

Moonspell - Night Eternal (2008)


Gothic/Doom Metal
Moonspell - Night Eternal (2008)

1. At Tragic Heights 06:51
2. Night Eternal 04:09
3. Shadow Sun 04:24
4. Scorpion Flower 04:33
5. Moon in Mercury 04:22
6. Hers is the Twilight 04:53
7. Dreamer (Lucifer and Lilith) 05:16
8. Spring of Rage 04:04
9. First Light 05:43


VA - Gothic Melancholy Vol. 4


VA - Gothic Melancholy Vol. 4

After Forever - Beyond Me
Blutengel - Black Wedding (Dark Embrace Remix)
Crematory - The Fallen
Lacuna Coil - Daylight Dancer
Leaves' Eyes - Ankomst
Macbeth - Miss Murderess
Moonspell - Devilred
Nightwish - Bless The Child
Project Pitchfork - Timekiller (And One Remix)
Sirenia - Lithium And A Lover (An Elixir For Existence)
Tapping the Vein - The River
The 69 Eyes - Hevioso
The Crüxshadows - Winter Born (This Sacrifice) (Sacrificial Acoustic Version)
The Sins Of Thy Beloved - Silent Pain
Theatre Of Tragedy - Cassandra
Therion - O Fortuna



Sé Bella y Sé Triste - Charles Baudelaire


Sé Bella y Sé Triste
Charles Baudelaire.

¿Qué importancia tiene vuestra bondad?
Se Bella y se Triste, las lágrimas
agregan encanto a tu rostro
como la lluvia al paisaje,
La tormenta rejuvenece las flores.

Te amo más cuando la alegría
huye del balcón de tu frente,
Cuando tu corazón se hunde en el horror,
Cuando sobre tus cejas se despliega
La temible nube del pasado.

Te amo cuando tus grandes ojos derraman
Un agua tibia como sangre,
Cuando a pesar de mi mano acompañante,
El peso de la angustia horada tu voz
Como un quejido agonizante.

Y aspiro, divina voluptuosidad,
Himno de profunda delicia,
Todos los sollozos de tu pecho,
Y creo que tu corazón se ilumina
con las perlas que caen de tus ojos.

Eva O - Damnation


Deathrock, Gotico
Eva O - Damnation

01. Damnation
02. One by One
03. Blood Lust
04. Ride the Madness
05. Beauty of Hell
06. Diablo
07. Are you ready to die
08. Eye to Eye
09. Who is your Father - Do you hear me
10. Harlots Tears
11. Not seen
12. Rumors of War
13. Revelation


Diamanda, La Gran Diva Gótica


Diamanda Galás - Divino tormento


Si los autoproclamados "góticos" estuvieran mejor informados, fuesen más radicales o tuvieran coraje para ir a la esencia en lugar de perderse por las ramas de la estética, ella, Diamanda Galás, sería su reina indiscutida.
Pero como los "góticos" parecen más centrados en asuntos de maquillaje, guardarropía y estilismos varios, Diamanda (da vergüenza escribirlo después de una carrera ya tan extensa) sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de la música actual.


DIAMANDA GALAS:
EL LADO OSCURO DE LAS NUEVAS MUSICAS
Por: Emma Dors.

Mujer contradictoria, enigmática, versátil compositora y artista, cuya excepcional voz tiene una riqueza de matices y registros pocas veces encontrada en el mundo de las músicas alternativas, ha sido descrita por John Gill en "Time Out London" con estas palabras: "Puta, santa, demonio, amante, loca o ángel, no hay otra voz en el rock, el jazz o la vanguardia musical con su violencia, con su abrasadora pasión y pura fuerza elemental". Y así es. Diamanda, mujer fatal, posee una energía aparentemente inextinguible que transmite a todas sus obras, sus provocativas apariciones en público y su descarado desparpajo no por ello menos teñido de seriedad en las distintas entrevistas que ha concedido a lo largo de su dilatada carrera. Acusada de blasfema, obsesionada con el vampirismo, ardiente defensora y portavoz de los seropositivos, su inconformismo y su tremenda fuerza interior la han llevado a explorar todas las posibilidades de expresión artística comprometida con los grupos marginales de nuestra sociedad, a expresar su rebeldía y su particular concepción del arte en una atmósfera siniestra, oscura, no siempre comprendida por el gran público.

GENESIS
Diamanda Galas nace en San Diego, California, si bien su familia es de origen griego. Diamanda ha visitado en ocasiones a sus parientes griegos de Atenas y Manati (cerca de Esparta) - también los tiene en Katarsos, Egipto, Esmirna y Turquía -. Sobre su cultura de origen, la artista comenta su dureza, su fama de ser tierra de "vendettas", una cultura donde domina el poder masculino, y que es este rasgo, el masculino, el que ella desarrolla en sus actuaciones. Otro rasgo que destaca de su cultura de origen es el materialismo, motivo por el cual su familia no comprende el estilo de vida agitanado que Diamanda adoptaría, siempre de gira, moviéndose de un lado a otro, sin ahorrar para el futuro.

Su padre, profesor de mitología griega, tocaba el bajo y el trombón en una orquesta de jazz, y la iniciaría en la música (especialmente la música tradicional griega y árabe), ya que solía tocar con él. En aquel entonces Diamanda se dedicaba al piano, no a cantar, pues según su padre, "sólo los idiotas y las putas son cantantes." Por ello no estudiaría ópera hasta mucho más tarde, debido a la absoluta actitud de rechazo que su padre tenía hacia las cantantes de ópera en especial. Sin embargo, a Diamanda no le faltó una extensa formación musical. Dadas sus innatas cualidades musicales, pronto se licencia en la carrera de Música, y a los catorce años se convierte en concertista de la Orquesta Sinfónica de San Diego. Además, estudia las artes escénicas en la Universidad de California. Posteriormente se interesa por el blues y el free jazz. Del piano pasa a los teclados. Sin embargo aún tardaría en descubrir su voz. No fue sino hasta 1974, cuando se dedicaba a cosas que nada tenían que ver con la música, en una época en que Diamanda se cuestionaba todo lo que había hecho anteriormente. Solía cantar mientras trabajaba en la calle, con un grupo de travestis en Oakland, y fue entonces cuando empezó a interesarse por sus facultades vocales. Sus primeros pasos en esta dirección la llevarían al Gospel, y posteriormente a una exploración más profunda de esta faceta vocal en diversos campos. Galas empezó actuando en hospitales para enfermos mentales y sanatorios en San Diego entre 1975 y 1977, fecha en que lo dejó, ya que no se considera una terapeuta. Sin embargo la experiencia le resultaría interesante. Fue allí donde desarrollaría su técnica vocal, rompiendo con las normas preestablecidas de la música, utilizando la voz como respuesta visceral del cuerpo y expresión anímica por excelencia.

ACTIVISTA COMPROMETIDA
Cuando su hermano Philip Dimitri Galas (1954-1986), ya entonces un famoso libretista y productor teatral, se contagia de SIDA, Diamanda se siente muy afectada, ya que ambos estaban muy unidos. Un brillante guionista teatral y actor, cuyo trabajo venía financiado a través de Galas Exotic Cards, negocio que emprendiera en San Francisco en 1978, inspiraría a Diamanda en su adolescencia. Fue él quien la llevó a pasar del free jazz a la música de cabaret, a interesarse por las obras de Nietzsche, Antonin Artaud, Gerard Nerval Artaud, Gore Vidal, Baudelaire, y Lautreamont, entre otros, y con quien compartiría su afición a Edgar Allan Poe. Estas lecturas influirían, cómo no, su trabajo.

Desde 1983 Diamanda ha emprendido una cruzada en pro de los enfermos de SIDA, y no necesariamente debido a la enfermedad de su hermano, según ella misma afirma, pues ya dos años antes de que a Philip se le diagnosticara el virus, ella era una ferviente activista en este campo. Su preocupación real por este marginado colectivo viene plasmada en su trilogía The Plague Mass ("Misa de la Plaga"), un polémico oratorio-denuncia. Mucha gente de los círculos artísticos la presionaron en contra de su proyecto. Pese a ello, la artista continuó trabajando en su trilogía en Londres, sin importarle que la consideraran un bicho raro. Diamanda niega que este trabajo refleje un sentimentalismo sensiblero como el que algunos, según ella, "misóginos", le achacan, trivializando su mensaje. Pese a ser seronegativa, Diamanda se ha involucrado plenamente en la causa de los seropositivos, no de boquilla, sino trabajando realmente codo a codo con ellos. Dedica su tiempo a los pacientes de SIDA abandonados por sus familias. Y se esfuerza sin descanso por conseguir un adecuado desarrollo de la investigación en la enfermedad y las mejoras legislativas para proteger a este colectivo. Aun así, en ocasiones se ha visto rechazada por algunos enfermos, tal vez por el tono agresivo que adopta en su actuación, a veces interpretado como provocación más que como una denuncia. No es de extrañar que haya chocado incluso a algunos de los afectados por el virus. No obstante, Diamanda señala que su intención no es terapéutica sino artística. Pese a su interés en el tema, no hay que confundir los términos. Ello no obsta para que su preocupación por los enfermos de SIDA sea real y auténtica.

Cierto, quien no tiene el virus difícilmente puede comprender lo que sienten realmente los enfermos, pero Diamanda cree en el poder de la empatía, en la capacidad humana de contribuir a este colectivo. Y por ello no limita su interés a los seropositivos, sino que su simpatía se extiende a otros colectivos. En sus trabajos la artista explora el mundo de la esquizofrenia, la afasia, la demencia, visualizando tales comportamientos como una reacción casi racional a situaciones de aislamiento extremo, intolerables e incluso irracionales, en términos de una catarsis personal. Diamanda entiende de tal aislamiento, ya que así lo vivió en su infancia, y aun hoy suele buscar la soledad con frecuencia. Tras sufrir durante cuatro años de una hepatitis crónica (Hepatitis C), también comprende perfectamente el desánimo que afecta a todo colectivo de enfermos - sea de SIDA, hepatitis, ciertos tipos de cáncer o cualquier otra enfermedad considerada incurable, y denuncia la tendencia del estamento médico a negarse a colaborar con el paciente para encontrar tratamientos adecuados, o su renuencia a admitir su ignorancia repecto a éstos. Para ella, lo más peligroso respecto a la epidemia de SIDA es la manera en que se nos condiciona a pensar en la enfermedad, como algo que de modo inevitable lleva a la muerte. Cree inadecuados los tratamientos con alfa-interferón o medicinas placebo, cuando lo que sería de esperar es que los médicos trabajaran conjuntamente con el paciente en hallar el modo de estimular el sistema inmunológico mediante terapias combinadas, aunque sean experimentales, en vez de rechazar tales iniciativas, por no mencionar las terapias alternativas, de modo que si a uno le diagnostican alguno de estos virus, lo único que le queda al enfermo es ir preparando su funeral. Lo que más le molesta es la actitud de la sociedad ante epidemias como el SIDA, pues ante el temor a contagiarse margina y desprecia a todo un colectivo, trivializando de un modo cobarde lo que debería afectarnos a todos. Para ella tal actitud no es sino una señal de desorden mental social, propio de los que conciben de modo simplón el mundo. La desinformación que causa este aislamiento y confusión se encuentran también en la investigación en el campo de las enfermedades mentales, y tanto los enfermos de SIDA como los pacientes que sufren desórdenes mentales se encuentran impotentes y desamparados ante la sociedad en general; y si comentan cualquier cosa sobre sus enfermedades se les suele considerar sospechosos, cuando no indeseables.

EL LADO OSCURO DEL ARTE
Además de representar a los seropositivos y enfermos mentales, Diamanda también denuncia las situaciones que llevan a la muerte a muchos inocentes. La separación y la muerte son temas que explora en sus obras con la misma pasión con que ha explorado otras situaciones desde que iniciara su carrera. En su segundo trabajo, llamado Diamanda Galas, publicado en 1984 bajo el sello Metalanguage Records, tan solo hay dos temas, el primero de los cuales es "Tragouthia apo to Aima Exoun Fonos" ("Cántico de la Sangre de los Reclusos Asesinados"): esta angustiosa pieza trata de la tortura de los prisioneros políticos por la Junta griega; y el segundo, "Panoptikon", ("Muchos Ojos"), refleja modelos de claustrofobia y paranoia. Su trabajo siempre se relaciona con una persona en situación de aislamiento forzoso, ya sea éste impuesto desde fuera, o desde dentro, desde la perspectiva bioquímica o social, causada por la esquizofrenia o no. Gran parte de sus obras se centran en el lado oscuro de la persona. Según afirma, el hecho de ser conscientes de este lado oscuro de la psique nos capacita para afrontar las dificultades y golpes de la vida. Por ejemplo, en sus dos últimos años de vida, su hermano Philip, lejos de amilanarse, trabajó duramente con el fin de ver completada su obra, con la ilusión de que ésta le sobreviviera.

En su obra Insekta, la artista trabaja el tema del aislamiento una vez más, con un tratamiento vocal que revela el punto de vista desde ambos lados de la jaula de la soledad forzosa del individuo. En su actuación en el Lincoln Center, la jaula cuelga del techo. Se trata de una torturada pieza sobre el trato que reciben ciertas comunidades anónimas, como son las personas encerradas en instituciones mentales cuyos familiares no pueden o no desean salvarles. Insekta da voz a las situaciones en que los pacientes son violados y/o maltratados en medio de la noche. Para estas personas, la única libertad es la de sus pensamientos.

En Vena Cava la artista trata de nuevo el tema de una persona que se encuentra en una situación de aislamiento, en una especie de confinamiento en solitario. En ella las vocalizaciones son más sutiles que en su trilogía, el texto refleja una mayor introversión, y la voz conlleva una mayor dosis de consciencia, siendo más internalizada que en la Plague Mass. Esta obra, considerada satánica por algunos, le supuso a Diamanda Galas ver vetado su trabajo, tanto por parte de la Iglesia como por parte de los defensores de la eutanasia en la versión en cinta magnética de Final Exit, por lo que no pudo incluir todo el material que había preparado para Vena Cava tal como era su deseo.

UNA VOZ, MUCHOS GENEROS
Diamanda no se ha limitado a un solo género musical, sino que los ha explorado todos: ha cantado música de Puerto Rico, Salsa, música cubana, blues e incluso flamenco. Su fuerza en el escenario y su versatilidad en el aspecto musical atraen la atención de los compositores Pierre Boulez, Iannis Xenakis y Vinko Globokar, por citar algunos. Este último la invita a intervenir en su obra Un jour comme un autre. Diamanda tambien colabora con Test Department, Einsturzende Neubaten, Nick Cave, D. Thomas, y Henry, entre otros.

Asimismo ha actuado en clubs punk como Club Lingerie en Los Angeles, y en otro tipo de clubs, por ejemplo, el I-beam, Club Nine y Danceteria en la ciudad de Nueva York. Pocos artistas pueden alegar una gama tan variada de actividades. Su introdución en el mundo de las Nuevas Músicas vino de la mano de sus propias improvisaciones, aunque no niega la influencia que en ella tuvo John Coltrane.

En el desarrollo de su voz Diamanda reconoce haber recibido una cierta influencia de Cecil Taylor, Sun Ra, o Artaud, aunque para ella tales influencias sólo tienen un carácter marginal. Pese a haber realizado un Master en música, Galas se autoconsideraba una especie de proscrita de los niveles academicistas normales, por lo que terminó abandonando la institución académica, al considerar que ésta no le permitía desarrollar su creatividad libremente. Diamanda tratará de sacarle el máximo partido a su voz, comparable a la de Meredith Monk, Joan LaBarbara, María Callas o Fatima Miranda, por no mencionar a Cathy Berberian, virtuosa de la voz de vanguardia, cuyos experimentos vocales servirían de inspiración a Diamanda, a la vez que ésta supera dicho virtuosismo al desarrollar nuevas técnicas vocales propias en las que tan pronto sobrepone episodios y grupos vocales añadiendo significado musical al conjunto, bien en cortos movimientos o bien en un flujo ininterrumpido de voz, como improvisa nuevos efectos vocales, siempre de modo innovador y jamás adaptándose a las tradiciones vocales reiterativas del método clásico de la elaboración temática convencional, ni tampoco conforme al método minimalista de Philip Glass o modular de Steve Reich, de modo que la artista parece enfatizar más bien la discontinuidad vocal que la continuidad. Además, su tratamiento del texto oral en sus composiciones, sigue una pauta irregular en que el texto va desintegrándose, distorsionándose, de modo que el lenguaje no es tanto un vehículo que transmita información de por sí sino más bien una presencia sónica críptica y poderosa, en la que el énfasis entre lo puramente musical y lo oral va cambiando de punto de mira, en una especie de collage sonoro con significado aural cambiante e innovador, todo ello sintetizado en una serie de sutiles metamorfosis que varían en cada actuación.

Diamanda ha estado trabajando durante largos años con su profesor de bel canto, Frank Kelly, llegando a alcanzar tres octavas y media perfectamente bien. Su compenetración con el medio electrónico le permite controlar su actuación en todo momento. Para ella el escenario es sagrado y ello le exige dar lo mejor de sí misma en cada ocasión. Por esta razón suele cuidar la puesta en escena hasta en sus más ínfimos detalles, como son los juegos de luces, las cuestiones técnicas en el aspecto electrónico, la producción de cintas magnéticas, es decir, todo. Le gusta controlar todos y cada uno de los aspectos de sus actuaciones con el fin de garantizar la máxima profesionalidad posible. Diamanda cree que actuar no es experimentar ni buscar una catarsis, sino un sacrificio y una entrega de su arte que exige una muy cuidada preparación. Sus trabajos reflejan una atmósfera siniestra, diabólica, oscura e inquietante. En su afán de explorar todos los campos musicales, produce diversos espectáculos en que incluye unas tétricas puestas en escena y sonidos electrónicos perturbadores, a veces inspirados en un sombrío romanticismo casi hipnótico que transmite dolor, angustia, terror, impotencia o desesperación. Sus trabajos incluyen el uso de distintos idiomas, como son el inglés, francés, su griego natal o el italiano, e incluso llega a crear enigmáticos lenguages utilizando para ello complicadas onomatopeyas y timbres de voz distorsionados. Este último aspecto se ve reflejado en sus actuaciones en producciones de cine de terror, la más notable de las cuales es el Drácula de Coppola, donde encarna a una de las novias del vampiro, al tiempo que participa con su voz en la banda sonora, contribuyendo a la atmósfera de terror con su particular interpretación de las voces de ultratumba. Galas siempre se ha sentido fascinada por el tema de los vampiros, pero ni ella misma sabe la razón de tal fascinación. Una de las vampiras que más la ha inspirado, por ejemplo, para actuar en esta película, fue precisamente la figura de la condesa Bathory, famosa vampiresa lesbiana que, con una edad de quinientos años, solía seducir a jóvenes doncellas vírgenes para rejuvenecer bebiendo su sangre.

PARTITURAS CINEMATICAS
Respecto al modo como Galas hace su música, la artista explica que sus partituras son como notas de cine. Pese a que no recibió una formación adecuada como compositora, es perfectamente capaz de leer música, y le molestan los músicos que alardean de no hacerlo. Aunque no sepa muy bien escribir música, pues se centró en la actuación experimental, y en especial, dada la circunstancia de que lo que hace es tan extraño, tan rápidamente cambiante, considera que sería muy difícil escribir sus creaciones con la notación convencional. En ocasiones sí lo ha hecho para algunas personas, pero no lo considera esencial. Prefiere escribir su música a su manera, anotando la modulación y manipulación espacial, el timbre que usa en cada momento, el aspecto lingüístico a destacar en cada modulación, el tono y alcance del mismo, algunos símbolos para señalar los enlaces vocales, silencios, pausas, reverberación, incluso la iluminación en cada actuación, la electrónica, todo, más como si se tratase de una obra de teatro o un guión cinenatográfico que una partitura convencional. Su particular forma de entender la notación musical es cinemática, más parecida a la poesía, e incluye todos los aspectos vocales, gestuales, técnicos y dramáticos que sus complejas puestas en escena exigen.

Diamanda se ve a sí misma como una especie de actriz o intérprete electroacústica, pues utiliza su voz con cuatro o cinco micrófonos, dos unidades de delay, a veces dos armonizadores, ecualización estéreo selectiva para ciertos fragmentos, etc. Es decir, su voz se convierte así en un nuevo instrumento que forma parte de un todo electrónico. De tal modo que no es una simple voz que suena con instrumentos electrónicos sino que ésta se convierte en voz electrónica de un modo literal. Diamanda Galas pone un gran énfasis en distinguir entre las cualidades acústicas y electrónicas de su voz. Para ella, sus tres octavas y media de registro vocal en las que se ha entrenado, son la parte acústica de su repertorio, mientras que lo electroacústico es la interface que establece entre las posibilidades ofrecidas por la voz humana, los efectos extraños de sonido que ofrece el medio electrónico en la manipulación de esta voz mediante líneas de delay, o procesamiento analógico o digital, el procesamiento de cada señal. Diamanda da como ejemplo la producción de un sonido vocal cualquiera procesado con un delay de, por ejemplo, 250 milisegundos que lo convierte en un coro, en que el nuevo instrumento es producido vocalmente, transformando toda la habitación en instrumento a su vez, ya que la resonancia de esta voz cambia con todo el equipo, al crear el soporte electrónico una nueva sonoridad. La diferencia equivaldría a la existente entre una guitarra acústica y otra eléctrica. En su particular versión, su "guitarra" son sus cuerdas vocales, y no es fácil conseguir estos efectos con su voz por este motivo.

ALBUMES POLEMICOS
La producción discográfica de Diamanda es tan ecléctica como sus espectaculares actuaciones en directo. Su primera obra, publicada en 1982, fue Litanies of Satan, obra en la que colabora Dave Hunt, una de cuyas composiciones es una adaptacion de la obra de Charles Baudelaire, los Poemas de la Revuelta, y más concretamente su poema Les Litanies de Satan, dedicado a los que por causa de la opresión por parte del gobierno son condenados al aislamiento y alienación social. Este álbum incluye cinta magnética, voces y tratamientos electrónicos. El segundo y último tema, "Wild Women With Steak Knives", expresa sórdidas relaciones humanas y espirituales con su versátil voz. Diamanda comenta que a raíz de esta obra, sus conciertos se vieron cancelados por la presión social de grupos moralistas diversos. Este álbum sin duda contribuiría a que se la considerase una satanista, impía y blasfema. De su segundo disco, Diamanda Galas (1984), ya hemos hablado antes.

Otra obra de esta carismática y polémica artista que podemos citar es por ejemplo, The Singer, un trabajo en el que la artista agrupa una serie de viejos blues, escritos por Willie Dixon, M. Bloomfleid, Jay Hawkins y Roy Acuff. En este álbum Diamanda incluye además algunos arreglos de temas más o menos tradicionales realizados por ella misma, acompañados de su piano o de su órgano Hammond. En este álbum, sólo el último tema, "Judgement Day", fue compuesto por Galas. Les Yeux Sans Sang es otra obra compuesta por esta artista, desarrollada a partir de su obra Wild Women With Steak Knives, y estrenada en 1984 en el Horizon's Festival de la Filarmónica de Nueva York.

LA "MISA DE LA PLAGA"
Pero es sin lugar a dudas su trilogía The Masque of the Red Death, a la que se refiere con el título genérico de Plague Mass, su obra cumbre por excelencia. Plague Mass viene a ser un oratorio en el que, según explica el New York Times, la autora "denuncia con dureza a la gente que considera el SIDA un castigo divino", y el Observer lo califica de "la más profunda contribución musical que jamás se hizo en apoyo de la comunidad de enfermos de SIDA". En esta obra la autora refleja sus ideas a través de un individuo que se convierte en el portavoz de grupos de gente marginada, muchos de los cuales ya no pueden hablar por sí mismos, en el contexto de la sociedad. Asimismo implica al individuo que se opone a otros grupos sociales. En la Plague Mass los temas vienen a ser declamados más que cantados. Diamanda utiliza aquí los Salmos bíblicos y el Levítico, el conjunto de textos de la ley mosaica en que se detallan los procedimientos a seguir en caso de cuarentena, al modo tradicional en que los clérigos suelen referirse a la homosexualidad, y los rituales en demanda de protección de la divinidad. Por ejemplo, en el salmo 88, se inicia el ritual con la frase. "Oh, Señor, Dios de mis salvación, he clamado día y noche ante tí... Inclina tu oído a mi súplica". The Masque Of The Red Death, directamente inspirada por la obra homónima de Poe, aunque también contiene temas basados en muchas otras fuentes, y relacionada con una multitud de convicciones, consiste en tres álbumes, al cual se le añadiría posteriormente una cuarta entrega, cada uno de los cuales refleja una perspectiva distinta de la crisis del SIDA. Esta trilogía más su conclusión constituyen pues, la Misa de la Plaga, un documento musical de la epidemia en nuestros días. La primera parte de esta saga sería la presentada al festival Ars Electronica en 1986, actuación desarrollada en los astilleros de Linz en Austria, el escenario ideal para tan ambiciosa obra, en la que la misma autora interpreta todos y cada uno de los instrumentos utilizados, además de las voces pregrabadas y voz en directo.

The Divine Punishment ("El Castigo Divino"), inicio de esta Misa, dedicada a Tom Hopkins (muerto en 1985), se basa en textos extraídos del Antiguo Testamento, e incluye dos piezas al estilo de sendas suites: "Deliver Me from Mine Enemies" ("Libérame de mis enemigos"), pieza en que las voces denuncian pulsantes al tiempo que una nebulosa orden, "This Is The Law of the Plague" ("Esta es la ley de la plaga"), contribuye a crear una atmósfera ominosa y terrible: "Y el sacerdote buscará la plaga en un bulto, y una pústula, y una mancha brillante. Y el sacerdote encerrará a aquél que tenga la plaga. Y los llevará a un lugar impuro. El los separará en su impureza. Esta es la ley de la plaga: enseñar lo que es puro y lo que es impuro". A continuación la víctima clama con los salmos 59, 22 y 88: "¿Por qué me has abandonado?", tal como hiciera Jesús más tarde en el Calvario. A esta angustiada pregunta le sigue una súplica, "Libérame de mis enemigos, Oh, Dios mío", terminando con la no menos angustiosa pregunta, "¿Mostrarás tus maravillas a los muertos?", una lúgubre imploración de los condenados. Al mismo tiempo se oyen resonar onomatopeyas asfixiantes, ecos de leyendas de la antigua Grecia, torturados lamentos, voces que parecen proceder de fuegos fatuos, chirridos como de puertas vocalmente logrados, aterradores sonidos que recuerdan bestias reptantes ascendiendo a la superficie procedentes de un amargo abismo... Diamanda define esta entrega como una geografía de la mentalidad de la plaga. Para ella son las voces maldicientes de los acusadores las que condenan a las víctimas de la enfermedad como "impuros". En este segmento la artista recita partes del Levítico, concretamente un texto que juzga sin compasión a los afligidos por el mal. El Dios del Antiguo Testamento no ofrece redención ni salvación alguna. La Peste es el Castigo Divino, entendido en los mismos términos que defienden los evangelistas actuales. Diamanda sostiene que el Dios de esos acusadores homófobos es un Dios maligno, traidor, y en este sentido la actriz se pone de parte de los que se rebelan contra tal Dios. Si ello la sitúa en el bando de Satán, bien está. Tomando el punto de vista de Milton en Paradise Lost ("El Paraíso Perdido"), "es mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo". Por supuesto, tales ideas conllevaron que se la tachase de blasfema, satánica y bruja. Galas se siente orgullosa de ello, ya que las brujas no eran sino personas que en su día rehusaron alinearse con los poderes religiosos del momento, siendo ejecutadas por pensar de modo independiente. En este álbum, con la segunda suite, "Free among the Dead" ("Libre entre los muertos"), una pieza que contiene complejos arreglos vocales e inflexiones al estilo blues, Diamanda le da la vuelta al antiguo Dios vengador y recita textos de los Salmos y Lamentaciones a un emergente Dios compasivo: "Líbrame de mis enemigos, Señor. Los poderosos se han unido contra mí". Este fragmento desmiente las acusaciones de satanismo, ya que el rebelarse contra el Dios de los acusadores no implica tal cosa. El mismo Jesucristo, Hijo de Dios, señala la artista, se rebeló contra el viejo orden. La conclusión, "Sono L'Antichristo," ("Soy el Anticristo") es un auténtico revulsivo escrito por la misma Galas. En ella el condenado abraza términos reprobatorios y los arroja a la cara de sus jueces: "Soy el Azote Divino, soy el Sagrado Idiota. Soy la Mierda de Dios. Soy el Desecho de Dios. Soy la Señal. Soy la Plaga. Soy el Anticristo." En italiano, tal como Diamanda canta esta Letanía, la palabra para la plaga (pestilenza) conlleva una mayor carga semántica aún. El órgano suena cada vez con más fuerza en un crescendo cacofónico incorporando sonidos como los de una serpiente cascabel, y la voz de la artista pone los pelos de punta. El oyente experimenta puro nervio, una aflicción y desafío que le llegan a lo más hondo del alma, en una inquietante y aterradora atmósfera, desgarradora, apocalíptica, visceral. Este trabajo fue merecidamente premiado en el festival Ars Electronica celebrado en Linz, Austria, en 1986.

En la segunda parte de esta compleja trilogía, Saint Of The Pit (Santo Del Abismo", 1986) Diamanda habla por boca de los que, como Cristo, fueron crucificados por sus creencias. Diamanda da aquí voz a los afligidos por esta muerte lenta, agonizante. Junto a sus propios textos, incluye otros de la escuela simbolista francesa, de poetas del siglo XIX, tales como Baudelaire, Corbiere y Nerval, al ritmo insistente e insidioso de los cánticos gregorianos. La inclusión de estos poemas puede responder a un rasgo sentimental por parte de la artista, ya que según ella misma dice, su hermano le dio su libro favorito de poesía francesa en su lecho de muerte. Para Diamanda no hay mejor homenaje a su memoria y a la de los martirizados como él, que el incluir estos poemas en su obra. No en vano ve Diamanda a las víctimas de la plaga del SIDA como santos actuales abandonados por una sociedad cruel y carente de la más mínima compasión. El álbum pasa del punto de vista externo propio de la comunidad al estado mental interno de la víctima. La obra se abre con una ominosa introducción, "La Treiziemen Revient," un solo de órgano Hammond. En este momento tiene lugar una transformación espiritual, en que el dolor purga el alma, reflejándose ello en una octava arquetípica, donde la intensa ira impotente se diluye. A esta pieza le sigue "Deliver Me," ("Líbrame") en un solo vibrante, como un lamento propio de la música del Oriente Medio tan angustioso que mueve al oyente en lo más profundo de su alma. Los gemidos de la cantante semejan flechas ardientes dirigidas hacia lo más profundo de la esencia humana. La última sección de esta parte, cantada en francés, es un poema de Baudelaire, que empieza: "No más ira, no más rencor: Os derrotaré como los carniceros cayeron ante el hacha. Como Moisés golpeó la roca en Horeb, así os haré llorar".



La Decadencia de la Bolita - Alejandro Dolina





LA DECADENCIA DE LA BOLITA
( Por Alejandro Dolina )

Resulta dificil hablar sobre la desaparicion del juego de la bolita sin entrar en espinosas controversias.
Desde luego se trata de un asunto complejo y puede ser examinado segun criterios muy diferentes.
Las personas sencillas afirman simplemente que se trata de una decision de los chicos, arbitraria, inexplicable y -por lo tanto- indigna de ser discutida.
Los psicologos, antropologos, electrotecnicos y aun los contadores suelen llamar la atencion sobre la influencia de otros entretenimientos de emocion mas sostenida, como la television, el billar japones, el cerebro magico o las palabras cruzadas.
Los Refutadores de Leyendas niegan que haya existido jamas un juego semejante y se oponen con argumentos inexpungables al mito de la vieja
niñez romantica.
Por el contrario, los Hombres Sensibles aseguran que la desaparicion del juego de las bolitas es el resultado de una conjura universal.
Este punto de vista es muy interesante y vale la pena elucidarlo.
En su monografia Faltan Bolitas, el pensador de Flores, Manuel Mandeb, plantea un interrogante que nos deja perplejos. Veamos.
"... Este juego parece haber empezado a languidecer en 1960. Pero puede afirmarse que en ese momento ya hacia por lo menos cincuenta años que se jugaba. Entonces habia veinte millones de habitantes en el pais, y no era demasiado audaz afirmar que, en el medio siglo de su auge, el juego de la bolita habia sido practicado por diez millones de individuos en uno y otro momento de sus vidas. Ahora bien: cuantas bolitas poseia cada niño aficionado, como promedio? Digamos cincuenta. Multipliquemos: cincuenta por diez millones.
Son quinientos millones de bolitas. Bien, volvamos al presente: alguno de ustedes ha visto una bolita en el ultimo año? Seguramente no. Yo pregunto:
donde estan los quinientos millones de bolitas? Quien las tiene? "Y no me digan que el tiempo las destruyo porque el viento y la lluvia no son suficientes para destrozar una bolita...
"...Las canchas han sido arrasadas y hasta pavimentadas, los hoyos fueron rellenados, los jugadores se han visto tentados por otras disciplinas.
Alguien esta borrando todo vestigio del paso de las bolitas por esta tierra..."
Inspirado quizas en el trabajo de Mandeb, este texto pretende asentar las reglas, la tecnica y la estrategia de las bolitas. La tarea no es tan facil
como parece. A favor de la campaña desarrollada por los Refutadores de Leyendas y Los Amigos del Olvido, casi nadie recuerda los reglamentos.
Por lo demas, todos sabemos que en cada cuadra habia matices en la interpretacion de cada norma ludica.
No obstante, luego de la publicacion de esta nota, es probable que algun pequeño número de Pibes Sensibles se ponga a jugar, aunque mas no sea a modo de desplante ante el Universo.

I- LAS BOLITAS
Se trata de pequeñas esferas, casi siempre de vidrio. Su diametro es variable: las mas chicas se llaman "piojos" o "pininas", las medianas son
las mas frecuentes y estan tambien las grandes o "bolones", que suelen utilizarse en el juego del Triangulo.
Años atras podian reconocerse diferentes pelajes de bolitas.
Las mas hermosas eran las "lecheras". En ellas predominaba el blanco, siempre mezclado con algun otro color. Eran semiopacas, no se podia
ver a traves de ellas y la variedad de diseños y combinaciones era enorme.
Estaban tambien las semitransparentes, de colores frios, casi siempre verdes o azules. Eran como cachos de sifon. En el interior a veces se
adivinaba un filamento gelatinoso y mas bien repugnante. Salvo excepciones, eran unas bolitas de porqueria.
Sin embargo, la ultima generacion de niños jugadores solo conocio esas bolitas.
Las lecheras desaparecieron misteriosamente. Miles de personas jamas han visto una. Las mas recientes son las llamadas "bolitas japonesas"
mas livianas que las convencionales, y totalmente inutiles para jugar.
Su aspecto es el de una esfera transparente con un papelito de color en su interior.
Todo niño poseia una bolita preferida, que era la que utilizaba para jugar.
Se la llamaba "puntera". El resto de las bolitas servia para pagar las deudas provinientes del juego. Si acaso una racha adversa obligaba al niño
a entregar la puntera, se le otorgaba a esta noble bolita el valor de cuatro o cinco.
Tambien pueden citarse -como curiosidad- las bolitas de barro, los aceritos y hasta las de plastico (indefectiblemente ovaladas).
La identidad de los fabricantes de bolitas es un enigma. Nunca hubo marcas, ni envases ni publicidad. Algo muy raro debe haber en todo esto.

II - EL JUEGO DEL HOYO Y LA QUEMA
Pueden participar dos o mas jugadores, El juego tiene lugar en una cancha de unos 5 metros de largo por 2 de ancho. La superficie de este terreno debe ser de tierra, pareja y arida, tal como la de las canchas de bochas aunque no tan blanda.
Es de buen gusto que un pequeño arbol se situe en uno de ls costados.
En realidad, los mejores lugares para instalar canchas de bolitas son los rectangulos de tierra que existen en las veredas del Gran Buenos Aires. En la Capital, como se sabe, las veredas llegan hasta el cordon y los espacios sin baldosas que rodean a los arboles son insuficientes. Por eso los chicos de la Provincia han sido siempre mas diestros en este juego.
Hay cuatro lineas que limitan la cancha y una que la divide en dos, llamada "mita". En el centro exacto de una de esas dos mitades, se encuentra
el hoyo.
Y aqui nos topamos con otro punto de discusion. Algunos prefieren excavar el hoyo con una chapita de naranjin. Otros entierran una bolita y, despues de extraerla ensanchan el crater resultante. Los mas desaprensivos clavan el taco en la tierra, y lo hacen girar, obteniendo de este modo enormes cacerolas que desvirtuan el caracter del juego.
Los jugadores se situan detras de la linea de salida, que es la linea mas corta mas lejana del hoyo. Uno a uno van lanzando sus bolitas, tratando de colocarlas en el lugar mas cercano al citado agujero. Esto es de capital importancia, pues despues del tiro de salida, el primero en jugar sera
quien se encuentre mas proximo al hoyo. De este modo, si uno observa que el jugador anterior ha conseguido arrimar demasiado bien, mejor
sera que no trate de superar esa marca y busque los lugares mas seguros de la cancha.
El objeto del juego, aclaremos, es embocar en el hoyo y hacer impacto en las bolitas de los contrarios ("quema"). Los jugadores "quemados"
van egresando del juego y pagando a quien los quemo. Cuando queda solamente uno, termina la ronda y comienza otra.
Cada participante va evolucionando con su bolita conforme a una cierta estrategia. Algunos persiguen a su presa y se van acercando cada vez
mas, aun a riesgo de quedar ofreciendo un blanco facil. Otros buscan siempre
los lugares lejanos y hacen tiros largos (es decir "rugen"). Si una bolita sale fuera de la cancha debe permanecer en el lugar donde ha quedado para que los otros jugadores le tiren, si asi lo desean. Al corresponderle nuevamente el turno, el jugador podra efectuar su tiro desde cualquier punto de la linea atravesada por su bolita al salir.

III - LA BOLITA Y EL CANTO
Para obtener prioridades y anunciar decisiones o reclamar la vigencia de ciertas reglas es necesario -en la bolita- pronunciar a voz en cuello algunos conjuros predeterminados. Veamos una pequeña coleccion de ellos.
"Bolita cola": es en realidad la invitacion o desafio a jugar y tambien la reserva del privilegio de tirar ultimo. Tambien puede decirse "Bolita cola, no puntie", esclarecedora frase que indica que uno no tiene intenciones de someterse a nungun "punteo" o arrimada previa, para establecer el orden de salida.
"Mita al medio, buena al tiro": canto que solo puede realizar el que tira ultimo en la salida. Si el tipo considera que alguno de sus rivales está demasiado cerca del hoyo, le suelta el canto y le da el hoyo por embocado.
Pero -eso si- lo obliga a poner su bolita en la mita, expuesta a su disparo inicial.
"Buen repe": ante la proximidad de la pared, se grita este conjuro para indicar que si el impacto se produce de rebote, tambien sera valido.
El canto contrario es "mal repe".
"Pica paso": declaracion de voluntad que asegura la posibilidad de colocar nuestra bolita a un paso de distancia, si un pique traicionero la pone a merced del rival. Algunos niños tahures suelen retrucar "de hormiguita", para reclamar que el paso sea pequeño. "Voladora", agrega, entonces el primer niño. Y se manda un paso de cuatro metros. Tambien puede aullarse "pica no paso".
"Cuantas quiera": Como el jugador que emboca en el hoyo o realiza una quema vuelve a tirar, muchos niños proceden a sacudir tres o cuatro quemas seguidas a la misma bolita, con el fin de irse acercando a otros objetivos. Para poder hacerlo debe pronunciar las palabras que encabezan este fragmento.
"Corta, retira no garpa": salvedad con que el pequeño que va ganando anuncia su derecho a abandonar el juego en cualquier momento, sin
que este raje le resulte oneroso.
"Bien sonati": exigencia mas bien ranfañosa, segun la cual se pretende que los impcatos hechos en nuestra bolita hagan ruido o no se paguen.
"Mueve pajita, garpa bolita": pareado pentasilabo que es de lo ultimo y se profiere cuando la bolita contraria esta en medio del pastito.
Existen infinidad de formulas "buena linea recorrida", "hoyo antes de quema", "buena mengua", etc. Cuando se quieren evitar los recoes que provocan estos cantos, se juega "a todas buenas", es decir, sin cantar.

IV - COMO EMPUÑAR LA BOLITA
Para efectuar el disparo, debe colocarse la mano izquierda alzandose sobre sus dedos en el punto exacto donde estaba la bolita. La mano derecha
descansara sobre la izquierda y empuñara la bolita. Los zurdos haran exactament lo contrario.
Hay dos formas clasicas de tomar la bolita: la antigua, despreciada muchas veces, y la moderna. En la primera la bolita se aloja detras del índice. En la segunda, detras del mayor, sirviendo el indice como guia o mira.
Hay algo mas. Algunos pibes muleros suelen extender la mano hacia adelante acercandose a la bolita del adversario. Esta demasia se conoce
con el nombre de "ganfia o gañote" y es el origen de innumerables reyertas.
En este punto conviene aclarar la existencia de otros juegos de bolita: "el triangulo, el gayito, la troya, la cuarta". Pasaremos por alto la complicada explicacion de sus reglas.

El pasto ya ha crecido sobre las canchas. Los chicos ya no tienen las rodillas sucias. Los pantalones de medidas infantiles no tienen bolsillos.
El pavimenteo y las baldosas lo cubren casi todo. Mandeb quiza tenia razon.
Existe una conjura universal para impedir el juego de la bolita.
Alguien tiene que ocuparse de indagar las razones de este complot y -si es posible- desbaratarlo.
Y hay que encontrar los quinientos millones de bolitas perdidas.
Hace pocos dias, el autor de esta nota trato de dar con el frasco donde guardaba unas pocas docenas. No estaba. Tampoco estaba la caja de las chapitas, el album de figuritas ni el trompo ni los autitos con masilla.
Algo malo debe estar ocurriendo.




Rayuela - Julio Cortázar


Rayuela - Julio Cortázar

Rayuela, es posiblemente la novela más conocida, y en la que novedad adquiere rasgos más acusados; desde su peculiar e innovadora estructura, en la que se entremezclan a modo de puzzle, capítulos y recortes, que a modo de juego combinatorio, ofrece al lector una infinidad de posibles lecturas.
Junto a la estructura es muy destacable, la caracterización de los personajes, especialmente en su aspecto psicológico, lo que otorga a Rayuela una mayor profundidad y complejidad. Gravitando alrededor de temas como el arte, la vida o la muerte, Cortázar acomete un incisivo análisis de la condición humana mediante uno de sus protagonistas, Oliveira. Desde la autocrítica, la ironía e incluso la incongruencia, se denuncia la falta de autenticidad de la vida y de la literatura tradicional en sus vertientes estéticas y psicológicas. Es una reivindicación de la renuncia a la acción como protesta contra el conformismo. Aunque el propio escritor la consideró como una “novela puente” entre lo que está perdido y lo que es recuperable, lo cierto es que esto último es muy poco dado el tono demoledor, cuando no amargo que recorre la totalidad de la novela.



La gran locura de las brujas




La gran locura de las brujas
Marvin Harris

La mayor parte de la gente no sabe que los levantamientos de índole militar-mesiánica eran tan corrientes en la Europa de los siglos XIII al XVII como lo habían sido en Palestina durante las épocas griega y romana. Ni tampoco que la Reforma Protestante constituye en muchos aspectos la culminación o el resultado de esta agitación mesiánica. Como sucedió con sus predecesores en Palestina, los brotes de fervor mesiánico en Europa se dirigían contra el monopolio de la riqueza y el poder que detentaban las clases gobernantes. Mi explicación de la locura de la brujería consiste en que fue en gran parte .creada y sostenida por las clases gobernantes como medio de suprimir esta ola de mesianismo cristiano.

No es accidental el que la brujería empezara a tomar un auge creciente junto con violentas protestas mesiánicas contra las injusticias sociales y económicas. El Papa autorizó el empleo de la tortura contra las brujas poco antes de la Reforma Protestante, y la locura de la brujería alcanzó su apogeo durante las guerras y revoluciones de los siglos XVI y XVII que pusieron fin a la era de unidad cristiana.

Para las masas europeas, el ocaso del feudalismo y el surgimiento de monarquías nacionales fuertes fue un período de gran tensión. El desarrollo del comercio, los mercados y la banca obligó a los propietarios de tierra y capital a desarrollar empresas orientadas hacia la maximización de los beneficios. Esto sólo se podía alcanzar poniendo fin a las relaciones paternalistas de pequeña escala características de los burgos y los señoríos feudales. Las tierras se dividieron, los siervos y criados fueron sustituidos por aparceros y arrendatarios campesinos, y los señoríos independientes se convirtieron en empresas agrícolas de cultivos comercializables. La gente del campo perdió sus parcelas de subsistencia y sus granjas familiares, y gran cantidad de campesinos desposeídos marcharon a las ciudades en busca de empleo como trabajadores asalariados. A partir del siglo XI la vida se volvió más competitiva, impersonal y comercializada, empezó a regirse más por el beneficio que por la tradición.

A medida que crecía la depauperación y la alienación, cada vez más gente empezó a hacer predicciones sobre la segunda venida de Cristo. Muchos vieron que el final del mundo se manifestaba ante sus ojos en el pecado y la lujuria de la Iglesia, la polarización de la riqueza, la escasez y las pestes, la expansión del Islam y las guerras incesantes entre facciones rivales de la nobleza europea.

El principal teórico del mesianismo de la Europa Occidental fue Joaquín de Fiore, cuyo sistema profético ha sido calificado por el historiador Norman Cohn de «el más influyente de los conocidos en Europa hasta la aparición del marxismo». Entre 1190 y 1195 Joaquín, que era un abad calabrés, descubrió cómo calcular el momento en que el presente mundo del sufrimiento daría paso al reino del espíritu. Joaquín creía que la primera edad del mundo era la Edad del Padre, la segunda la Edad del Hijo, la tercera la Edad del Espíritu Santo. La tercera edad sería el Sabbath o día de descanso, en el que no habría necesidad de riqueza o propiedad, trabajo, alimento o abrigo; la existencia sería puro espíritu y todas las necesidades materiales serían superfluas. Las instituciones jerárquicas como el Estado y la Iglesia se- rían sustituidas por una comunidad libre de seres perfectos.

Joaquín predijo que la Edad del Espíritu empezaría hacia el año 1260. Esta fecha se convirtió en el objetivo de varios movimientos de corte militar-mesiánico basados en la creencia de que el emperador Federico II (1194- 1250), iba a anunciar la Tercera Edad.

Federico desafió abiertamente el poder del Papa, lo que causó la colocación de su reino bajo un entredicho papal que prohibía el bautismo, el matrimonio, la confesión y los demás sacramentos. El ala fanática de la pobreza de la orden franciscana, conocida como los Espirituales, apoyó a Federico. Afirmaban que Federico pronto realizaría el papel de Cristo, limpiando la Iglesia de riqueza y lujo y destruyendo al clero. Federico fue proclamado en Alemania Salvador por los predicadores errantes de Joaquín, quienes denunciaron al Papa, administraron sacramentos y dieron la absolución desafiando la prohibición papal. Uno de estos predicadores, el hermano Arnoldo, dijo en Suabia que Cristo volvería en el año 1260 y confirmaría el hecho de que el Papa era el Anticristo, y el clero los «miembros» del Anticristo. Todos ellos serían condenados por vivir en el lujo, y explotar y oprimir al pobre. Federico II confiscaría entonces la gran riqueza de Roma y la distribuiría entre los pobres, los únicos cristianos verdaderos.

Como ocurrió con el mesías cristiano la muerte prematura de Federico en el año 1250 no destruyó las fantasías mesiánicas asociadas con su gobierno. Se convirtió en un «Emperador Durmiente», y en el año 1284 un hombre que afirmaba ser el Federico «despertado» atrajo seguidores en Neuss antes de ser quemado por herejía. Cientos de años más tarde, todavía serían quemados algunos Federicos salvadores.

Norman Cohn describe un documento militar-mesiánico conocido como el Libro de los Cien Capítulos escrito a principios del siglo XVI, que predecía el retorno de Federico sobre un caballo blanco para gobernar al mundo entero. El clero, desde el Papa hasta el último sacerdote, seria aniquilado al ritmo de 2.300 por día. El emperador también mataría a todos los prestamistas, los mercaderes fraudulentos y los juristas sin escrúpulos. Se confiscaría toda la riqueza para distribuirla entre los pobres; la propiedad privada sería abolida, y todas las cosas se tendrían en común: «Toda propiedad se convertirá en una sola propiedad, entonces habrá un solo pastor y un solo redil».

Como preparación para la tercera edad predicha por Joaquín de Fiore, bandas de hombres especializados en autoflagelarse con correas con puntas de hierro comenzaron a recorrer las ciudades. Al llegar a las plazas, estos «flagelantes» se desnudaban hasta la cintura y se azotaban en la espalda hasta que fluía la sangre. Inicialmente los flagelantes practicaban la penitencia como medio de «enderezar la senda» para la tercera edad. Pero sus actividades se volvieron cada vez más subversivas y anticlericales, especialmente en Alemania después del año 1260. Cuando empezaron a afirmar que el simple acto de participar en una de sus procesiones absolvía a un hombre de pecado, la Iglesia les declaró herejes y se vieron obligados a actuar en secreto. Salieron a la superficie en el año 1348 cuando la Peste Negra asolaba Europa. Los flagelantes culparon a los judíos de la Peste Negra e incitaron a las masas en todas las ciudades para masacrar a los habitantes judíos. Poniéndose por encima del Papa y del clero, afirmaban que su sangre tenía el poder de redimir y que eran un ejército de santos que salvaría al mundo de la ira de Dios. Apedreaban a los sacerdotes que intentaban detenerlos, interrumpían los oficios religiosos habituales, confiscaban y redistribuían los bienes de la Iglesia.

El movimiento de flagelantes culminó en una sublevación mesiánica dirigida por Kontad Schmid, quien afirmaba ser el Emperador Dios Federico. Schmid azotó a sus seguidores y les bañó en su propia sangre como una forma superior de bautismo. Como los creyentes en el cargo de Nueva Guinea, la gente de Turingia vendió sus posesiones, rehusó trabajar y se preparó a ocupar su puesto en el coro angélico que estaría más próximo al Emperador-Dios después del Juicio Final. Este acontecimiento estaba fijado para el año 1369. Merced a la intervención enérgica de la Inquisición, Schmid fue quemado antes de poder ultimar su obra. Años más tarde, todavía se veían flagelantes en Turingia, y trescientos de ellos fueron quemados en un solo día en el año 1416.

Una manera de librarse de los pobres alienados que provocaban disturbios era reclutar su ayuda en las Guerras Santas o Cruzadas, que pretendían reconquistar Jerusalén del Islam. No obstante varias de estas cruzadas fracasaron y se convirtieron en movimientos revolucionarios mesiánicos dirigirlos contra el clero y la nobleza. En la Cruzada de los Pastores, por ejemplo, un monje renegado llamado Jacobo afirmó haber recibido una carta de la Virgen María convocando a todos los pastores para liberar el Santo Sepulcro. Decenas de millares de pobres siguieron a Jacobo a todas partes, armados con horcas, hachas y puñales que blandían en el aire cuando entraban en una ciudad, intimidando a las autoridades para que les dieran una recepción adecuada. Jacobo tuvo visiones, curó enfermos, dio banquetes milagrosos en los que el alimento aparecía con más rapidez de la que podía ser comido, denunció al clero y mató a todos los que se atrevieron a interrumpir sus sermones. Sus seguidores marcharon de ciudad en ciudad, atacando a los clérigos o ahogándoles en el río.

La interacción entre los intereses esencialmente conservadores pero enfrentados de la Iglesia y el Estado y la amenaza de una revolución radical de las clases bajas acercaron a Europa cada vez más a la Reforma Protestante. Podemos ver cómo se realizó este proceso en el movimiento de los husitas de la Bohemia del siglo xv, Los husitas confiscaron los bienes de la Iglesia e intentaron obligar al clero a vivir una vida de pobreza apostólica. Como represalia, el Papa y sus aliados iniciaron una serie de campañas represivas conocidas en la actualidad, como las Guerras Husitas. A medida que se propagaba la violencia surgió de entre las masas depauperadas un tercer grupo de combatientes, conocidos como los taboritas, nombre derivado de Tabor en el Monte de los Olivo donde Jesús predijo su segunda venida. Para los taboritas, las Guerras Husitas marcaban el inicio del fin del mundo. Se lanzaron a la batalla para «lavar sus manos en sangre», dirigidos por profetas mesiánicos que insistían en que todo sacerdote auténtico tenía la obligación de perseguir, herir y matar a todo pecador.

Tras el exterminio del enemigo, los taboritas esperaban que se iniciaría la tercera edad de Joaquín de Fiore. No habría sufrimientos físicos ni necesidades materiales; el mundo se tornaría una comunidad de amor y paz, sin impuestos, propiedad o clases sociales. En el año 1419, millares de estos «espíritus libres» bohemios (los precursores del estilo de vida «bohemio») establecieron una comuna cerca de la ciudad de Usti en el río Luzhnica. Se ganaban la vida mediante correrías en el campo, arrebatando y llevándose como botín todo lo que podían coger, puesto que como hombres de la Ley de Dios, se creían con derecho a apoderarse de todo lo que pertenecía a los enemigos de Dios.

Movimientos similares se repitieron en Alemania durante el siglo XV. Por ejemplo, en el año 1476 un pastor llamado Hans Böhm tuvo una visión de la Virgen María, quien le dijo que de ahora en adelante los pobres deberían rehusar todo pago de impuestos y diezmos como preparación para el reino venidero. Todas las gentes pronto vivirían juntas sin distinción de rango; todo el mundo tendría igual acceso a los bosques, agua, pastos y zonas de caza y pesca. Muchedumbres de peregrinos avanzaron sobre Niklashausen desde toda Alemania para ver al «Joven Santo». Caminaban en largas columnas, se saludaban unos a otros como «hermanos», y entonaban cantos revolucionarios.

No podemos comprender la forma específica que finalmente alcanzó la reforma protestante prescindiendo de la alternativa militar-mesiánica radical que estremeció tanto a los poderes seculares como a la Iglesia. Lutero estaba convencido, al igual que muchos antes que él, que vivía en los Ultimos Días, que el Papa era el Anticristo y que el papado tendría que ser destruido antes de realizarse el Reino de Dios. Pero el Reino de Dios de Lutero no sería de este mundo; y creía que la manera adecuada de realizarlo sería mediante la predicación en vez de la sublevación armada. La nobleza alemana acogió con agrado la mezcla de piedad radical y política conservadora de Lutero. Era la combinación adecuada para liberarse del gobierno papal sin aumentar el riesgo de la agitación social.

Thomas Müntzer, al principio discípulo de Lutero, proporcionó el contrapunto radical al movimiento de Lutero. Lutero y Müntzer eligieron lados opuestos en la gran rebelión campesina del año 1525. Lutero condenó a los campesinos en su panfleto, «Contra las bandas ladronas y asesinas de campesinos» al que Müntzer replicó que las gentes que apoyaban a Lutero eran también «ladrones que utilizaban la ley para prohibir a otros robar». Müntzer insistía en que lo que Lutero llamaba ley de Dios era simplemente un dispositivo para proteger la propiedad. Los «culpables de la usura, el hurto y el robo son nuestros Señores y Príncipes». Acusó a Lutero de fortalecer el poder de los «canallas impíos, para que continúen con sus viejas costumbres». Müntzer, convencido de que la sublevación de los campesinos señalaba el inicio del Nuevo Reino, asumió el mando del ejército campesino. Comparó su papel al de Gedeón en la batalla contra los medianistas, y en la víspera del encuentro con el enemigo comunicó a sus seguidores -campesinos mal pertrechados y sin entrenamiento- que Dios le había hablado y le había prometido la victoria. Afirmó que él mismo les protegería cogiendo las balas de cañón en la manga de su capote. Dios no permitiría nunca que su pueblo elegido pereciera. Tras los primeros cañonazos, los campesinos rompieron filas y cinco mil de ellos fueron exterminados mientras huían. El propio Müntzer fue torturado y decapitado poco después.

El ala radical de la Reforma continuó con toda su fuerza durante el siglo XVI y la primera parte del XVII. Conocido como el movimiento de los anabaptistas, dio origen a no menos de 40 sectas diferentes y a docenas de levantamientos milítar-mesiánicos siguiendo la tradición de los taboritas y de Müntzer. Tanto los gobernantes católicos como los protestantes les consideraron como una conspiración herética omnipresente para destruir todas las relaciones de propiedad y redistribuir la riqueza de la Iglesia y del Estado entre los pobres. Por ejemplo, uno de los discípulos de Müntzer, Hans Hut, anunció que Cristo retornaría en el año 1528 para inaugurar el reino de Dios, con el amor libre y la comunidad de bienes. Los anabaptistas juzgarían a los falsos sacerdotes y pastores. Los reyes, nobles y grandes de la tierra serían encadenados, Melchoir Hoffman, otro seguidor ale Müntzer, predijo que el mundo acabaría en el año 1533. A Hoffman le sucedió un panadero, Jan Matthys de Haarlem, quien predicaba que el justo debía empuñar la espada y preparar activamente el camino para Cristo limpiando la tierra de impíos.

En el año 1534 Münster, Westfalia, se convirtió en el centro del movimiento anabaptista. Todos los católicos y protestantes fueron expulsados y se abolió la propiedad privada. Pronto asumió el liderazgo Juan de Leyden, quien afirmó ser el sucesor de David y exigió honores reales y obediencia absoluta en lo que los anabaptistas llamaron su «Nueva Jerusalén».

Motivos mesiánicos radicales similares animaban a las clases bajas en Inglaterra durante el siglo XVII, proporcionando gran parte de la energía para la Guerra Civil Inglesa. El ejército New Model (de nuevo cuño), de Oliver Cromwell, estaba integrado por millares de voluntarios que creían que un reino de «santos» se establecería en suelo inglés y que Cristo descendería para gobernar sobre ellos. En el año 1649 Gerrad Winstanley recibió una visión que le mandó prepararse para el fin del mundo estableciendo una comunidad de «cavadores» (diggers) en la que no habría propiedad privada, ni distinción de clases, ni forma alguna de coerción. Y en 1656, antiguos partidarios de Cromwell, los Hombres de la Quinta Monarquía, le declararon Anticristo e intentaron establecer un nuevo reino de santos por la fuerza de las armas (la Quinta Monarquía aludía al milenio durante el que Cristo reinaría).

¿Qué tiene que ver todo esto con la brujería? Como he señalado al principio del capítulo, hay una estrecha relación cronológica entre el inicio de la locura de las brujas y el desarrollo del mesianismo europeo. El sistema de caza de brujas ideado por Institor y Sprenger fue aprobado por Inocencio VIII en un momento en que Europa rebosaba de movimientos mesiánicos y profecías de la tercera edad. Alcanzó su punto culminante como consecuencia de la reforma -tanto Lutero como Calvino creían ardientemente en los peligros de la brujería- al igual que los violentos y radicales movimientos de protesta basados en las doctrinas mesiánicas revolucionarias de la tercera edad.

¿Hay una explicación práctica del desarrollo paralelo de la protesta social mesiánica y la locura de la brujería? Un punto de vista convencional consiste en que la propia brujería constituía una forma de protesta social. Por ejemplo, según el profesor Jeffrey Burton Russell, experto en la historia de la disensión medieval, la brujería, el misticismo, los flagelantes y la herejía popular corresponden todos a la misma categoría. «Todos rechazaban, en un grado u otro, una estructura institucional que se consideraba defectuosa». No estoy de acuerdo. Para explicar la locura de la brujería como protesta social, hay que ir más lejos y adoptar la visión de la «realidad» propuesta por El Martillo de las Brujas. Hay que creer que Europa estaba infestada de gentes que amenazaban el statu quo reuniéndose para rendir culto al diablo. Pero si las verdaderas brujas voladoras eran sobre todo «viajeras» del beleño, entonces no entran en la misma categoría que los taboritas o los anabaptistas, de la misma manera que los drogadictos tampoco pertenecen a la misma categoría que las Panteras Negras. El que algunas personas aquí y allá tuvieran alucinaciones de relaciones sexuales con el diablo, o hechizaran a la vaca del vecino, no representaba una amenaza para la supervivencia de las clases acaudaladas y gobernantes. Probablemente las brujas provenían de las clases frustradas y descontentas; pero esto no las convierte en elementos subversivos. Para que un movimiento constituya una protesta seria contra un orden establecido, debe tener doctrinas explícitas de crítica social o emprender una línea de acción peligrosa o amenazadora. Hicieran lo que hicieran las brujas en sus aquelarres, si es que alguna vez los hubo, no ha quedado testimonio alguno de que se dedicaran a condenar el lujo de la Iglesia o a pedir la abolición de la propiedad privada y el fin de las diferencias de rango y autoridad. Si lo hicieron, no eran brujas sino valdenses, taboritas, anabaptistas o miembros de alguna otra secta político-religiosa radical, muchos de los cuales fueron sin duda quemados por brujería en vez de por sus creencias mesiánicas.

Para comprender la locura de las brujas debemos estar dispuestos a identificar una especie de realidad que es al propio tiempo distinta y opuesta a la conciencia de estilo de vida de las brujas y de los inquisidores. Según el profesor Russell, bastaba con que el clero y la nobleza creyeran que la brujería era peligrosa y subversiva. «Lo que la gente creía que sucedía», señala, «es tan interesante como lo que sucedió "objetivamente", y mucho más cierto». Pero este es precisamente el punto sostenido por Institor y Sprenger: “¡sois responsables de lo que hacéis en los sueños de otros!”

Tenemos que decidirnos sobre ciertos sucesos. Else Gwinner no tuvo relaciones sexuales con el diablo, y esto no es una conclusión sin interés o incierta si consideramos el hecho de que fue carbonizada por haberlas tenido.

Como sucede con cada uno de los estilos de vida aparentemente extraños que hasta ahora hemos examinado, la locura de las brujas no se puede explicar en términos de la conciencia de la gente que participó en ella. Todo depende de la disposición del observador a consentir u oponerse a las fantasías de los diferentes participantes.

Si la brujería era una herejía peligrosa, como insistía la Inquisición, no hay ningún misterio en la obsesión represora del Santo Oficio. Si, por el contrario, era una actividad relativamente inofensiva, si no en gran parte alucinatoria, ¿por qué se empleó tanto esfuerzo en suprimirla, especialmente en un momento en que la Iglesia estaba siendo empujada hasta los límites de sus recursos por la gran ola militar-mesiánica del siglo XV?

Esto nos lleva a una cuestión crucial que concierne a la distinción entre lo que sucedió de verdad y lo que la gente pensaba que sucedió. ¿Es cierto que la Inquisición estaba consagrada a la represión de la herejía brujeríl? El supuesto de que la principal ocupación de los cazadores de brujas era la aniquilación de éstas se basa en la conciencia de estilo de vida que profesaban los propios inquisidores. Pero el supuesto contrario -a saber, que los cazadores de brujas hicieron un esfuerzo extraordinario para aumentar el aprovisionamiento de brujas y difundir la creencia de que las brujas eran reales omnipresentes y peligrosas- se asienta en muy sólidos elementos de juicio. ¿Por qué deben aceptar los estudiosos modernos las premisas de la conciencia de estilo de vida de los inquisidores? La situación exige que nos preguntemos no por qué estaban los inquisidores obsesionados con destruir la brujería, sino más bien por qué estaban tan obsesionados en crearla.

Prescindiendo de lo que ellos o sus víctimas pudieran haber pretendido, el efecto inevitable del sistema inquisitorial fue hacer más verosímil la brujería y, por tanto, incrementar el número de acusaciones de brujería.

El sistema de caza de brujas estaba demasiado bien diseñado, fue demasiado duradero, severo y tenaz. Y sólo se pudo sostener gracias a intereses duraderos, severos y tenaces. El sistema brujeril y la locura de las brujas tenían usos prácticos y mundanos diferentes de los fines declarados de los cazadores de brujas. No me refiero aquí a los emolumentos y pequeñas ventajas que he descrito antes: la confiscación de propiedades de los acusados y los honorarios percibidos por los gastos de tortura y ejecución. Estas recompensas ayudan a explicar por qué los técnicos de la caza de brujas realizaban su trabajo con tanto entusiasmo. Pero tales beneficios formaban parte del aparato de caza de brujas en vez de ser una de sus causas.

Sugiero que la mejor manera de comprender la causa de la manía de las brujas es examinar sus resultados terrenales en lugar de sus intenciones celestiales. El resultado principal del sistema de caza de brujas (aparte de los cuerpos carbonizados) consistió en que los pobres llegaron a creer que eran víctimas de brujas y diablos en vez de príncipes y papas. ¿Hizo agua vuestro techo, abortó vuestra vaca, se secó vuestra avena, se agrió vuestro vino, tuvisteis dolores de cabeza, falleció vuestro hijo? La culpa era de un vecino, de ese que rompió vuestra cerca, os debía dinero o deseaba vuestra tierra, de un vecino convertido en bruja. ¿Aumentó el precio del pan, se elevaron los impuestos, disminuyeron los salarios, escaseaban los puestos de trabajo? Obra de las brujas. ¿La peste y el hambre destruyen una tercera parte de los habitantes de cada aldea y ciudad? La audacia de las diabólicas e infernales brujas no conocía límites. La Iglesia y el Estado montaron una denodada campaña contra los enemigos fantasmas del pueblo. Las autoridades no regatearon esfuerzo alguno para combatir este mal, y tanto los ricos como los pobres podían dar las gracias por el tesón y el valor desplegados en la batalla.

El significado práctico de la manía de las brujas consistió, así, en desplazar la responsabilidad de la crisis de la sociedad medieval tardía desde la Iglesia y el Estado hacia demonios imaginarios con forma humana. Preocupadas por las actividades fantásticas de estos demonios, las masas depauperadas, alienadas, enloquecidas, atribuyeron sus males al desenfreno del Diablo en vez de a la corrupción del clero y la rapacidad de la nobleza. La Iglesia y el Estado no sólo se libraron de toda inculpación, sino que se convirtieron en elementos indispensables. El clero y la nobleza se presentaron como los grandes protectores de la humanidad frente a un enemigo omnipresente pero difícil de detectar. Aquí había, por fin, una buena razón para pagar diezmos y someterse al recaudador de impuestos. Servicios vitales que atañían directamente a la vida en este mundo y no a la de ultratumba se prestaban con ruido y furia, llama y humo. Los esfuerzos de las autoridades por hacer la vida algo más segura eran hechos palpables; se podía oír realmente los gritos de las brujas cuando bajaban al infierno.

¿Quienes fueron los chivos expiatorios? El singular estudio de H. C. Erik Midelfort sobre 1.258 ejecuciones por brujería en el suroeste de Alemania entre 1562 y 1684 muestra que el 82 % de las brujas eran mujeres. Ancianas indefensas y parteras de la clase baja eran normalmente las primeras en ser acusadas en cualquier brote local. Cuando se arrancaban nuevos nombres a las primeras víctimas, destacaban los niños de ambos sexos y los hombres. Durante la fase culminante de pánico caracterizada por ejecuciones en masa, solían morir mesoneros, unos pocos mercaderes acaudalados y algún que otro magistrado y maestro. Pero cuando las llamas rozaban los nombres de las gentes que gozaban de alto rango y poder, los jueces perdían confianza en las confesiones y cesaba el pánico. Rara vez se amenazaba a los médicos, juristas y profesores de universidad. Evidentemente los propios inquisidores y el clero en general también estaban totalmente a salvo. Si en alguna ocasión una pobre alma desorientada era lo bastante necia para haber visto al Obispo o al príncipe heredero en un aquelarre reciente, sin duda se ganaba torturas inenarrables. No es de extrañar que Midelfort sólo pudiera encontrar tres casos de acusaciones de brujería contra miembros de la nobleza, y que ninguno de ellos fuera ejecutado.

Lejos de ser «el reflejo de una estructura institucional que se consideraba defectuosa», la manía de las brujas era parte integral de la defensa de esa estructura institucional. Podemos comprender mejor esto comparando la manía de las brujas con su antítesis contemporánea, el mesianismo militar. La manía de las brujas y los movimientos militar-mesiánicos incorporaban temas religiosos populares que en parte eran aprobados por la Iglesia establecida. Ambos se basaban en la conciencia de estiló de vida existente, pero con consecuencias radicalmente diferentes. El mesianismo militar reunió a los pobres y desposeídos. Les proporcionó un sentido de misión colectiva, disminuyó la distancia social, les hizo sentirse «hermanos». Movilizó a las gentes en todas las regiones, focalizó sus energías en un tiempo y lugar concretos, y llevó a batallas campales entre las masas desposeídas y depauperadas y las clases situadas en la cima de la pirámide social. Por el contrario, la manía de la brujería dispersó y fragmentó todas las energías latentes de protesta. Desmovilizó a los pobres y desposeídos, aumentó la distancia social, les llenó de sospechas mutuas, enfrentó al vecino contra el vecino, aisló a cada uno, hizo a todos temerosos, aumentó la inseguridad de todo el mundo, hizo a cada uno sentirse desamparado y dependiente de las clases gobernantes, centró la cólera y frustración de todo el mundo en un foco puramente local. De esta manera evitó que los pobres afrontaran al establishment eclesiástico y secular con peticiones de redistribución de la riqueza y nivelación del rango. La manía de las brujas era el reverso del mesianismo radical militar. Era la bola mágica de las clases privilegiadas y poderosas de la sociedad. Este era su secreto.

Los enigmas de la cultura



Leaves' Eyes - Lovelorn


Leaves' Eyes - Lovelorn (2004)

1. Norwegian Lovesong – 3:43
2. Tale Of The Sea Maid – 3:48
3. Ocean's Way – 3:32
4. Lovelorn – 4:11
5. The Dream – 4:59
6. Secret – 4:31
7. For Amelie – 3:38
8. Temptation – 3:44
9. Into Your Light – 5:33
10. Return To Life – 4:07


Lugo: victoria en Paraguay




Por Lugo, ¡Aleluya!

Ángel Guerra
La Jornada
La victoria de Fernando Lugo en las elecciones paraguayas fortalece el equipo de líderes que al frente de gobiernos populares y progresistas se extiende por la geografía latinoamericana impulsado por la lucha de los pueblos contra el neoliberalismo, por la verdadera independencia, la democracia participativa y protagónica y la unidad e integración regional. Su elección reitera la clara tendencia de América Latina a romper con el círculo vicioso de la tramposa “alternancia” made in USA entre partidos con igual orientación ideológica; ergo, el cambio para que todo siga igual…y peor. Se inscribe, además, en la rica tradición de los sacerdotes comprometidos con los pobres al sur del río Bravo desde los primeros movimientos independentistas del siglo XIX. Curas fueron Hidalgo y Morelos, revolucionarios radicales de su tiempo opuestos a la esclavitud y la servidumbre; el cubano Félix Varela, de quien José Martí afirmó que fue “el primero que nos enseñó a pensar”; y en el siglo XX Camilo Torres, precursor de la teología de la liberación, conductor de multitudes, guerrillero y promotor de la lucha continental contra el imperialismo, por sólo mencionar algunos exponentes cimeros del cristianismo fiel a sus raíces primigenias de justicia social y fraternidad entre los seres humanos.
El ex obispo de San Pedro de Ycuamandyu derrotó convincentemente a la candidata del gobernante Partido Colorado -bastión junto al ejército desde 1954 del stronismo(con o sin Stroessner)- pese a la feroz campaña en su contra de los medios de (des)información. Ello es resultado del progresivo agrietamiento del sistema de dominación del imperialismo en nuestra América, de la creciente conciencia de las masas y de la crisis terminal del bloque oligárquico que ha regido a Paraguay por más de 60 años. Pero no habría sido posible sin la capacidad del abanderado de la Alianza Patriótica para el Cambio, unida a su extraordinario carisma, para encausar la coyuntura hacia una salida popular. El “obispo de los pobres” consiguió encarnar los anhelos de auténtico cambio de un pueblo reprimido y empobrecido como pocos en Latinoamérica, harto del saqueo del erario, el entreguismo de sus gobernantes y la corrupción. Comprendió la necesidad de aglutinar una amplia y heterogénea coalición de sectores inconformes para iniciar la ruta reivindicativa, que nucleada alrededor de los movimientos y organizaciones sociales más combativos y a la izquierda, inteligentemente sumó también al Partido Liberal Radical Autentico, en el que militan segmentos conservadores.
No existe una receta única y válida para todos los casos en el difícil arte de lograr por vía política la independencia, el cambio social y la integración regional, ya que sus protagonistas deben discernir la estrategia y tácticas a seguir frente a realidades políticas y sociales disímiles entre sí, aunque enlazadas por los comunes problemas del subdesarrollo, la dependencia, la balcanización y el aislamiento a que empujaron a nuestros pueblos los grandes poderes mundiales y las oligarquías. Exige, en primer lugar, un compromiso indeclinable con la soberanía nacional y los intereses de la mayoría pero también flexibilidad y talento para sumar el mayor número posible de fuerzas dentro, y también, fuera del país, pues está demostrado que a veces es posible y necesario concertar acciones entre gobiernos de distinto cuño ideológico, como ocurrió al derrotar el ALCA en mar del Plata y, más recientemente, lograr la censura unánime a la agresión contra Ecuador en el Grupo de Río.
El imperialismo y las oligarquías están resueltos a no ceder un milímetro de sus privilegios aunque corra la sangre. Allí está Bolivia, empujada al fratricidio si no se le atan con urgencia las manos a los conspiradores apoyados por Washington. Mañana puede ser Paraguay o de nuevo Venezuela. ¡Necesitamos nuevos Lugos en América Latina!



Era - Reborn (2008)


Era - Reborn (2008)

01 - Sinfoni Deo
02 - Reborn
03 - Dark Voices
04 - Come Into My World
05 - Prayers
06 - Thousand Words
07 - After Thousand Words
08 - Kilimandjaro
09 - Last Song
10 - Come Into My World (Remix)

Pass: vinyl


Bolivia, uno de los países mas pobres.



Bolivia, uno de los países más pobres del mundo.

El pueblo boliviano unos de los más explotados de América Latina. Sin embargo demuestra haber conservado su dignidad y por lo consiguiente sigue en pie de lucha para defender su soberanía.Mostrar/Ocultar
En octubre de 2003, un extraordinario levantamiento desafió el Imperio, sacando del poder al Presidente Sánchez de Lozada , "el Gringo", quien representaba los intereses de las grandes transnacionales de EE UU. La "Guerra del Gas" de 2003 es el último de una serie de enfrentamientos, que el pueblo boliviano ha ganado con coraje y con sangre. Una batalla en contra del robo sistemático de sus recursos naturales.

Los cocaleros de la zona tropical resisten unidos la guerra que en su contra ha venido liberando el gobierno americano para la erradicación forzosa del único cultivo que permite sobrevivir a miles de hogares campesinos. La militarización del territorio se lleva a cabo bajo los mismos esquemas de la lucha en contra el terrorismo que, ya sirvió a EE UU como excusa para saquear y destruir Afghanistán e Irak.

Chávez: "El imperio ha escogido como blanco a Bolivia"

Bolpress
“El imperio quiere frenar la integración de Suramérica y ha escogido, ahora, como blanco a Bolivia. Golpear a Bolivia es golpear el corazón geopolítico de Suramérica, porque, en definitiva, no quieren que nazca esta gran patria: América Latina y el Caribe”, advirtió.

El Jefe de Estado hizo este señalamiento a propósito de la reunión cumbre extraordinaria de la Alternativa Bolivariana de los pueblos de nuestra América (Alba), llevada a cabo en el salón Ayacucho del Palacio de Miraflores junto con sus homólogos de Bolivia, Evo Morales; de Nicaragua, Daniel Ortega, así como con el vicepresidente de Cuba, Carlos Lage.

“Una cumbre para enfrentar la problemática alimentaria, para acordar solidaridad plena con Bolivia ante este plan imperial”, recalcó Chávez Frías.

El Presidente señaló que Venezuela reconoce el Estado de Bolivia, 'esa gran patria donde Bolívar soñó con la utopía de Tomás Moro: Muchas cosas nos unen con Bolivia, un compromiso profundo, histórico, vital, existencial”.

Para el Jefe de Estado, el hecho de que en Bolivia estén concentradas las grandes riquezas de gas y de petróleo es lo que mueve al imperio, desesperado, buscando retomar el control como lo tuvieron en la nación boliviana durante mucho tiempo, 'pero llegó Evo Morales y nacionalizó la actividad energética en su país, como nosotros, aquí, en Venezuela”.

Chávez Frías advirtió que si el imperio desestabiliza Bolivia, también es un plan contra Brasil.

“Yo estoy seguro de que si Bolivia fuese desestabilizada y ocurriese lo que Fidel Castro llama una tragedia, el gas que fluye desde allí hacia Río de Janeiro, San Pablo y que sostiene gigantescas industrias del complejo industrial brasileño, lo más seguro es que ese gas de detenga y entraría Brasil en crisis económica, energética, social y política”, sostuvo.

Igualmente, indicó que lo mismo pudiera pasar con Argentina.

“Hay una situación de altísima fragilidad energética en el Cono Sur y el ritmo de crecimiento de Brasil, de Argentina y de Chile, en parte, lo sostiene el gas de Bolivia, con grandes dificultades”, dijo.

Así que Chávez Frías insistió en que si el imperio golpea a Bolivia y la desestabiliza, estaría desestabilizando al Cono Sur completo: Brasil, Argentina, Chile, “pero Venezuela no podría, ya que no tenemos capacidad para sostener suministros extraordinarios de energía en una situación como ésta”.

Además, sostuvo que el precio del petróleo y del gas se pudiera dispararse en el ámbito internacional.

“Golpe contra Venezuela, petróleo; invasión contra Irak, petróleo; agresiones y amenazas contra Irán, petróleo; golpe imperialista y desestabilización contra Bolivia, gas-petróleo-energía. Es el imperio y debemos darnos cuenta”, expresó.

No obstante las advertencias del Presidente, Chávez Frías manifestó que esta cumbre la culminan con optimismo, “porque sabemos que al frente de Bolivia está un líder auténtico, no improvisado; es un verdadero líder del pueblo boliviano, amado y querido por las grandes mayorías de Bolivia y de los pueblos de nuestra América. Estamos seguro de que Evo, al frente del pueblo, va a sortear las dificultades y va a conducir la nave boliviana hacia los puertos de la dicha, la grandeza y la felicidad”.

Agregó: “Bolivia es y será siempre para nosotros un amor desenfrenado de libertad, de igualdad, de justicia, de paz, de patria grande y de patria buena”.

Un Dragón en mi Garage - Carl Sagan


Carl Sagan – "El mundo y sus demonios"
Capítulo 10: "Un dragón en el garaje"

"En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca."

Supongamos (sigo el método de terapia de grupo del psicólogo Richard Franklin) que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!

- Enséñemelo – me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.

- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

- Buena idea – replico – , pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarrestro cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

Diamanda Galas - Guilty Guilty Guilty


Diamanda Galas - Guilty Guilty Guilty (2008)

1. 8 Men and 4 Women
2. Long Black Veil
3. Down So Low
4. Interlude (Time)
5. Autumn Leaves
6.O Death
7. Heaven Have Mercy


Boquitas Pintadas - Manuel Puig


Boquitas Pintadas - Manuel Puig

Subtitulada por Manuel Puig "folletín", Boquitas pintadas es una novela deliberadamente sentimental, pero también llena de ironía y de influencias joycianas, expresión de la definitiva madurez creativa de Manuel Puig. Sus personajes, perseguidos por un pasado turbio e inmersos en la sordidez de un mundo aparentemente feliz, deambulan por la historia cargando con sus vidas superficiales y sirven al autor de pretexto para elaborar un retrato descarnado de la sociedad argentina. Una novela lúcida e irónica que, pese a su apariencia, es dura como una roca.
A lo largo de la novela encontramos que se tratan varios temas relacionados con el contenido de los tangos, el amor, el engaño, el tiempo, el odio, son algunos de ellos, también los personajes nacidos en el barrio, en el arrabal, en una sociedad estrecha, protagonistas de la desventura, del desengaño, del amor.


La Casa Encantada - Virginia Woolf




La Casa Encantada

Virginia Woolf

A cualquier hora que una se despertara, una puerta se estaba cerrando. De cuarto en cuarto iba, cogida de la mano, levantando aquí, abriendo allá, cerciorándose, una pareja de duendes.

«Lo dejamos aquí», decía ella. Y él añadía: «¡Sí, pero también aquí!» «Está arriba», murmuraba ella. «Y también en el jardín», musitaba él. «No hagamos ruido», decían, «o les despertaremos.»

Pero no era esto lo que nos despertaba. Oh, no. «Lo están buscando; están corriendo la cortina», podía decir una, para seguir leyendo una o dos páginas más. «Ahora lo han encontrado», sabía una de cierto, quedando con el lápiz quieto en el margen. Y, luego, cansada de leer, quizás una se levantara, y fuera a ver por sí misma, la casa toda ella vacía, las puertas quietas y abiertas, y sólo las palomas torcaces expresando con sonidos de burbuja su contentamiento, y el zumbido de la trilladora sonando allá, en la granja. «¿Por qué he venido aquí? ¿Qué quería encontrar?» Tenía las manos vacías. «¿Se encontrará acaso arriba?» Las manzanas se hallaban en la buhardilla. Y, en consecuencia, volvía a bajar, el jardín estaba quieto y en silencio como siempre, pero el libro se había caído al césped.

Pero lo habían encontrado en la sala de estar. Aun cuando no se les podía ver. Los vidrios de la ventana reflejaban manzanas, reflejaban rosas; todas las hojas eran verdes en el vidrio. Si ellos se movían en la sala de estar, las manzanas se limitaban a mostrar su cara amarilla. Sin embargo, en el instante siguiente, cuando la puerta se abría, esparcido en el suelo, colgando de las paredes, pendiente del techo... ¿qué? Yo tenía las manos vacías. La sombra de un tordo cruzó la alfombra; de los más profundos pozos de silencio la paloma torcaz extrajo su burbuja de sonido. «A salvo, a salvo, a salvo...», latía suavemente el pulso de la casa. «El tesoro está enterrado; el cuarto...», el pulso se detuvo bruscamente. Bueno, ¿era esto el tesoro enterrado?

Un momento después, la luz se había debilitado. ¿Afuera, en el jardín quizá? Pero los árboles tejían penumbras para un vagabundo rayo de sol. Tan hermoso, tan raro, frescamente hundido bajo la superficie el rayo que yo buscaba siempre ardía detrás del vidrio. Muerte era el vidrio; muerte mediaba entre nosotros; acercándose primero a la mujer, cientos de años atrás, abandonando la casa, sellando todas las ventanas; las estancias quedaron oscurecidas. Él lo dejó allí, él la dejó a ella, fue al norte, fue al este, vio las estrellas aparecer en el cielo del sur; buscó la casa, la encontró hundida bajo la loma. «A salvo, a salvo, a salvo», latía alegremente el pulso de la casa. «El tesoro es tuyo.»

El viento sube rugiendo por la avenida. Los árboles se inclinan y vencen hacia aquí y hacia allá. Rayos de luna chapotean y se derraman sin tasa en la lluvia. Rígida y quieta arde la vela. Vagando por la casa, abriendo ventanas, musitando para no despertarnos, la pareja de duendes busca su alegría.

«Aquí dormimos», dice ella. Y él añade: «Besos sin número.» «El despertar por la mañana...» «Plata entre los árboles...» «Arriba...» «En el jardín...» «Cuando llegó el verano...» «En la nieve invernal...» Las puertas siguen cerrándose a lo lejos, distantes, con suave sonido como el latido de un corazón.

Se acercan más; cesan en el pasillo. Cae el viento, resbala plateada la lluvia en el vidrio. Nuestros ojos se oscurecen; no oímos pasos a nuestro lado; no vemos a señora alguna extendiendo su manto fantasmal. Las manos del caballero forman pantalla ante la linterna. Con un suspiro, él dice: «Míralos, profundamente dormidos, con el amor en los labios.»

Inclinados, sosteniendo la linterna de plata sobre nosotros, nos miran larga y profundamente. Larga es su espera. Entra directo el viento; la llama se vence levemente. Locos rayos de luna cruzan suelo y muro, y, al encontrarse, manchan los rostros inclinados; los rostros que consideran; los rostros que examinan a los durmientes y buscan su dicha oculta.

«A salvo, a salvo, a salvo», late con orgullo el corazón de la casa. «Tantos años...», suspira él. «Me has vuelto a encontrar.» «Aquí», murmura ella, «dormida; en el jardín leyendo; riendo, dándoles la vuelta a las manzanas en la buhardilla. Aquí dejamos nuestro tesoro...» Al inclinarse, su luz levanta mis párpados. «¡A salvo! ¡A salvo! ¡A salvo!», late enloquecido el pulso de la casa. Me despierto y grito: «¿Es este el tesoro enterrado de ustedes? La luz en el corazón.»



Tristezas de la Luna - Charles Baudelaire


Tristezas de la Luna

Charles Baudelaire

Esta noche, la luna sueña con más pereza;
Tal como una beldad, sobre numerosos cojines,
Que con mano distraída y leve acaricia
Antes de dormirse, el contorno de sus senos,
Sobre el dorso satinado de las muelles eminencias,
Desfalleciente, ella se entrega a largos espasmos,
Y pasea sus miradas sobre las imágenes blancas
Que trepan hasta el azur como floraciones.
Cuando, a veces, sobre este globo, en su languidez ociosa,
Ella deja escapar una lágrima furtiva,
Un poeta piadoso, enemigo del sueño,
En la cavidad de su mano coge esta lágrima pálida,
Con reflejos irisados, como un fragmento de ópalo,
Y la coloca en su corazón lejos de las miradas del sol.

Dream of the witch (varios)


Gothic rock
Dream of the witch (varios)

01- Sirenia: Voices Within
02- Leaves'Eyes: Norwegian Love
03- Magica: Mountains of Fire
04- Nightwish: Planet Hell
05- Trail of Tears: Splendid Coma
06- Ayreon: BeyondThe Last Horizon
07- Theatre of Tragedy: Image
08- Epica: Run For Afall
09- Tristania: World of Glass
10- Lacuna Coil:Heir of a Dying
11- Witin Temptation: Enter
12- Xandria: Kill The Sun
13- After Forever: Sins of Idealism
14- Liv Kristine: Good Vibes, Bad Vibes
15- Evanescence: Bring Me To Live
16- Ambeon: High
17- Lacrimosa: Spiderman2


Roberto Arlt - El Juguete Rabioso


Roberto Arlt - El Juguete Rabioso

Silvio Astier, protagonista de la obra, es un adolescente humillado por una atroz pobreza de la cual lucha por escapar. Mientras lo intenta, no logra más que tropiezos y desventuras que lo sumergen, lentamente, en los suburbios de un oscuro pesimismo. Rodeado de personajes ruines y de situaciones entre absurdas y desesperadas, resiste los caprichos y las intolerancias de sus semejantes, sin alcanzar nunca un mínimo atisbo de mejoría en su situación dentro de la sociedad. Finalmente, la trama lo conduce a la decisión de suicidarse, proyecto que también ve frustrado, por lo que se convierte a sí mismo en una suerte de “muerto en vida”, renunciando a su lucha y alejándose a través de una traición en apariencia contradictoria. De modo que, ante el fracaso de todos sus proyectos, decide reemplazar su deseo económico por el de venganza; humillando, por el sendero de la violencia, a ese mundo del cual nunca pudo ser parte.


El Infierno




El Infierno

"En el Infierno un diablo grita a otro «Pega, desuella, ahoga, mata, asesina sin perder tiempo; pon sin tardanza a éste en las llamas, arroja a éste a los hornos y a las calderas hirvientes». Y las mujeres vanas tendrán entre sus brazos un crudelísimo dragón inflamado, o si mejor lo prefieren un diablo en forma de dragón, el cual les ligará con su cola serpentina los pies y las piernas, al mismo tiempo que herirá todo su cuerpo con sus crueles garras, pondrá su babeante y apestosa boca sobre la de las condenadas y vomitará dentro de ellas llamas de fuego y azufre con ponzoña... y finalmente, este dragón les causará mil dolores... y todos los condenados gritarán azuzando contra ellas a los demonios".

Desde muy antiguo se concibió al Universo como una "esfera" dividida en tres planos físicos, cada uno representaba la morada de los dioses, los hombres y los demonios: Cielo, Tierra y Averno respectivamente. El Averno, o Infierno, era el lugar donde habitaba Satán, los diablos y los demonios, y era, por descripción mayoritaria, una región inhóspita y de oscuridad eterna, geológicamente caracterizada por desiertos insondables y profundísimas cuevas.

El Infierno (del latín infernum, "Inferior") o Averno (del latín avernus, "Infierno") fue creado por Dios desde antes que el mundo físico existiera... "Antes no hubo cosas temporales, sino cosas eternas"; no obstante, algunos dicen que surgió como consecuencia natural e inmediata del pecado. Está situado en el centro de la Tierra, según la creencia general, su fuego es cien veces más caliente y sus llamas más abrasadoras, y por lo habitual se dice que no es uno, sino cuatro en total: Infierno, Purgatorio y Limbos (dos: Limbo de los Justos o Seno de Abraham y Limbo de los Niños).

"Una descripción de Sir Owein acerca del lugar, ubicado en la caverna que daba paso al Purgatorio de San Patricio, en Lough Derg (Irlanda), detalla que es 'una extensa llanura, lugar lleno de dolores y miserias. Estaba cubierto de desdichados de ambos sexos y de toda edad, desnudos y tendidos boca abajo, sujetos al suelo con clavos de hierro candente, horriblemente torturados; los demonios corrían por sus espaldas y los martirizaban a latigazos. En otra llanura en que los condenados yacían de espaldas: dragones de fuego estaban sentados en sus pechos, en los que hundían sus dientes de fuego; otros tenían alrededor del cuello, brazos y piernas, serpientes de fuego que metían los dardos de sus horribles bocas en sus corazones. Algunos tenían en el pecho sapos enormes y hediondos que con sus gargantas disformes hozaban en sus carnes, buscando el corazón. En otro lugar, los condenados estaban colgados en ganchos de hierro enrojecido, en medio de humaredas de azufre o atados a ruedas de fuego, o eran rociados sin cesar con metales derretidos".
"Desde una alta montaña se observan a los reos en inmensa multitud, que enteramente desnudos y curvados sobre la punta de los pies, vueltos al lado Norte, pálidos de espanto, esperaban la Muerte. De pronto, se levantó un violento torbellino de viento y los lanzó a todos al otro lado de la montaña, a un río fétido y frío, en el que cayeron gimiendo y llorando. Había una llama negra que salía de un pozo y exhalaba sofocante olor a azufre; esta llama lanzaba al aire cuerpos de hombres desnudos que parecían centellas de fuego, y que luego volvían a caer en el pozo ardiente: cuanto más se descendía en él, mayor era el abismo y más atroz el suplicio...'"

A través de tratados demonológicos antiguos, se arguye que el Infierno está dividido en siete círculos:
Gehenna, para los musulmanes;
Ladha, para los judíos;
Holama, para los cristianos;
Suir, para los sabios;
Sakar, para los magos;
Djahem, para los idólatras;
Harvigar, para los ateos.

Dentro de estos siete círculos hay otros siete círculos concéntricos, destinados a los pecados de los sentidos y de las partes corporales:
Sichin, el de la vista;
Alhathma, el del oído;
Ladhi, el de la lengua;
Sacar, el de las manos;
Asair, el del vientre;
Alchahim, el del sexo;
Chahanam, el de los pies.

Además, tiene siete puertas de acceso, guardadas cada una por diecinueve ángeles; los condenados están entre las llamas y el azufre, sujetos a grillos y cadenas, rodeados de serpientes, ranas y cornejas.

El lugar se halla distribuido en dos partes: Una está destinada a castigar los pecados externos o de acción; la otra, los internos o de pensamiento... En una parte se encuentran los ateos y los incrédulos, en la otra los politeístas y los hipócritas.
Las penas del Infierno o Báratro (del latín barathrum, y éste del griego "Averno") se designan con palabras latinas, y son:
Pix, pez hirviendo;
Nix, nieve helada;
Nox, noche oscura;
Vermis, repugnantes gusanos;
Flagra, fuego ardiente;
Vincula, pesadas cadenas;
Pus, supuración asquerosa;
Pudor, innoble vergüenza;
Horror, horror sin fin.

La mitología Clásica muestra al Averno como un "inmenso globo distante del Cielo tres veces lo que el centro de la Tierra del Polo, roeado de tres bóvedas de fuego devorador; está circundado por cinco ríos antiguos:
Stix / Estigia,
Aqueronte / Aquerón,
Cocyto / Cocitos,
Flegetón / Pirifligetón,
Leteo.

En el portal están la Muerte y el Pecado y comunica con el mundo por un puente construido cuando Adán pecó. Dentro, las Furias arrastran a los precitos del hielo al fuego y del fuego al hielo..."



Scary Bitches - Creepy Crawlies


Batcave Deathrock Postpunk
Scary Bitches - Creepy Crawlies (2004)


01. Birds and Bees
02. This is Not My Idea of Fun
03. I'm the Woman that Killed Jack the Ripper (Roman Jugg/Mark Elliott Remix)
04. I was the Devil's Child
05. Cold Callers
06. It's Just Not Funny Anymore
07. Seven
08. Hey Mr. Vampyre
09. Blue
10. Creepy Crawlies
11. Ghost Riders in the Sky
12. Transylvanian Folk Song?


La Biblioteca de Alejandría e Hipatia - Carl Sagan




La Biblioteca de Alejandría e Hipatia en Cosmos

Carl Sagan

Sobre las Bibliotecas

Cuando nuestros genes no pudieron almacenar toda la información necesaria para la supervivencia, inventamos lentamente los cerebros. Pero luego llegó el momento, hace quizás diez mil años, en el que necesitamos saber más de lo que podía contener adecuadamente un cerebro. De este modo aprendimos a acumular enormes cantidades de información fuera de nuestros cuerpos. Según creemos somos la única especie del planeta que ha inventado una memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros. El almacén de esta memoria se llama biblioteca.

Un libro se hace a partir de un árbol. Es un conjunto de partes planas y flexibles (llamadas todavía "hojas") impresas con signos de pigmentación oscura. Basta echarle un vistazo para oír la voz de otra persona que quizás murió hace miles de años. El autor habla a través de los milenios de modo claro y silencioso dentro de nuestra cabeza, directamente a nosotros. La escritura es quizás el mayor de los inventos humanos, un invento que une personas, ciudadanos de épocas distantes, que nunca se conocieron entre sí. Los libros rompen las ataduras del tiempo, y demuestran que el hombre puede hacer cosas mágicas.

Algunos de los primeros autores escribieron sobre barro. La escritura cuneiforme, el antepasado remoto del alfabeto occidental, se inventó en el Oriente próximo hace unos 5.000 años. Su objetivo era registrar datos: la compra de grano, la venta de terrenos, los triunfos del rey, los estatutos de los sacerdotes, las posiciones de las estrellas, las plegarias a los dioses. Durante miles de años, la escritura se grabó con cincel sobre barro y piedra, se rascó sobre cera, corteza o cuero, se pintó sobre bambú o papiro o seda; pero siempre una copia a la vez y, a excepción de las inscripciones en monumentos, siempre para un público muy reducido. Luego, en China, entre los siglos segundo y sexto se inventó el papel, la tinta y la impresión con bloques tallados de madera, lo que permitía hacer muchas copias de una obra y distribuirla. Para que la idea arraigara en una Europa remota y atrasada se necesitaron mil años. Luego, de repente, se imprimieron libros por todo el mundo. Poco antes de la invención del tipo móvil, hacia 1450 no había más de unas cuantas docenas de miles de libros en toda Europa, todos escritos a mano; tantos como en China en el año 100 a. de C., y una décima parte de los existentes en la gran Biblioteca de Alejandría. Cincuenta años después, hacia 1500, había diez millones de libros impresos. La cultura se había hecho accesible a cualquier persona que pudiese leer. La magia estaba por todas partes.

Más recientemente los libros se han impreso en ediciones masivas y económicas, sobre todo los libros en rústica. Por el precio de una cena modesta uno puede meditar sobre la decadencia y la caída del Imperio romano, sobre el origen de las especies, la interpretación de los sueños, la naturaleza de las cosas. Los libros son como semillas. Pueden estar siglos aletargados y luego florecer en el suelo menos prometedor.

Las grandes bibliotecas del mundo contienen millones de volúmenes, el equivalente a unos 1014 bits de información en palabras, y quizás a 1015 en imágenes. Esto equivale a diez mil veces más información que la de nuestros genes, y unas diez veces más que la de nuestro cerebro. Si acabo un libro por semana sólo leeré unos pocos miles de libros en toda mi vida, una décima de un uno por ciento del contenido de las mayores bibliotecas de nuestra época. El truco consiste en saber qué libros hay que leer. La información en los libros no está preprogramada en el nacimiento, sino que cambia constantemente, está enmendada por los acontecimientos, adaptada al mundo. Han pasado ya veintitrés siglos desde la fundación de la Biblioteca alejandrina. Si no hubiese libros, ni documentos escritos, pensemos qué prodigioso intervalo de tiempo serían veintitrés siglos. Con cuatro generaciones por siglo, veintitrés siglos ocupan casi un centenar de generaciones de seres humanos. Si la información se pudiese transmitir únicamente de palabra, de boca en boca, qué poco sabríamos sobre nuestro pasado, qué lento sería nuestro progreso. Todo dependería de los descubrimientos antiguos que hubiesen llegado accidentalmente a nuestros oídos, y de lo exacto que fuese el relato. Podría reverenciarse la información del pasado, pero en sucesivas transmisiones se iría haciendo cada vez más confusa y al final se perdería. Los libros nos permiten viajar a través del tiempo, explotar la sabiduría de nuestros antepasados. La biblioteca nos conecta con las intuiciones y los conocimientos extraídos penosamente de la naturaleza, de las mayores mentes que hubo jamás, con los mejores maestros, escogidos por todo el planeta y por la totalidad de nuestra historia, a fin de que nos instruyan sin cansarse, y de que nos inspiren para que hagamos nuestra propia contribución al conocimiento colectivo de la especie humana. Las bibliotecas públicas dependen de las contribuciones voluntarias. Creo que la salud de nuestra civilización, nuestro reconocimiento real de la base que sostiene nuestra cultura y nuestra preocupación por el futuro, se pueden poner a prueba por el apoyo que prestemos a nuestras bibliotecas.

Sobre la Biblioteca de Alejandría

Fue en Alejandría, durante los seiscientos años que se iniciaron hacia el 300 a. de C., cuando los seres humanos emprendieron, en un sentido básico, la aventura intelectual que nos ha llevado a las orillas del espacio. Pero no queda nada del paisaje y de las sensaciones de aquella gloriosa ciudad de mármol. La opresión y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandría. Su población tenía una maravillosa diversidad. Soldados macedonios y más tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristócratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judíos, visitantes de la India y del África subsahariana —todos ellos, excepto la vasta población de esclavos— vivían juntos en armonía y respeto mutuo durante la mayor parte del período que marca la grandeza de Alejandría.

La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimuló el respeto por las culturas extrañas y una búsqueda sin prejuicios del conocimiento. Según la tradición —y no nos importa mucho que esto fuera o no cierto— se sumergió debajo del mar Rojo en la primera campana de inmersión del mundo. Animó a sus generales y soldados a que se casaran con mujeres persas e indias. Respetaba los dioses de las demás naciones. Coleccionó formas de vida exóticas, entre ellas un elefante destinado a su maestro Aristóteles. Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque tenía que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, con la tumba monumental de Alejandro y con un enorme faro, el Faros, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Pero la maravilla mayor de Alejandría era su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institución dedicada a las especialidades de las Nueve Musas). De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeo, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. Sin embargo, este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían llegado a su edad adulta. El genio florecía en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.

Además de Eratóstenes, hubo el astrónomo Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría y que en cierta ocasión dijo a su rey, que luchaba con un difícil problema matemático: "no hay un camino real hacia la geometría"; Dionisio de Tracia, el hombre que definió las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometría; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón de Alejandría, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de Autómata, la primera obra sobre robots; Apolonio de Pérgamo. el matemático que demostró las formas de las secciones cónicas (1) —elipse, parábola e hipérbola—, las curvas que como sabemos actualmente siguen en sus órbitas los planetas, los cometas y las estrellas; Arquímedes, el mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci; y el astrónomo y geógrafo Tolomeo, que compiló gran parte de lo que es hoy la seudociencia de la astrología: su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1500 años, lo que nos recuerda que la capacidad intelectual no constituye una garantía contra los yerros descomunales. Y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, matemática y astrónoma, la última lumbrera de la biblioteca, cuyo martirio estuvo ligado a la destrucción de la biblioteca siete siglos después de su fundación, historia a la cual volveremos.

Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro tenían ideas muy serias sobre el saber. Apoyaron durante siglos la investigación y mantuvieron la biblioteca para que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las mejores mentes de la época. La biblioteca constaba de diez grandes salas de investigación, cada una dedicada a un tema distinto, había fuentes y columnatas jardines botánicos, un zoo, salas de disección, un observatorio, y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones críticas de las ideas.

El núcleo de la biblioteca era su colección de libros. Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano. ¿Qué destino tuvieron todos estos libros? La civilización clásica que los creó acabó desintegrándose y la biblioteca fue destruida deliberadamente. Sólo sobrevivió una pequeña fracción de sus obras junto con unos pocos y patéticos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas, que orbita el Sol como ellos, y que las estrellas están a una enorme distancia de nosotros. Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

Hemos superado en mucho la ciencia que el mundo antiguo conocía, pero hay lagunas irreparables en nuestros conocimientos históricos. Imaginemos los misterios que podríamos resolver sobre nuestro pasado si dispusiéramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandría. Sabemos que había una historia del mundo en tres volúmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilonio llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creación hasta el Diluvio un período al cual atribuyó una duración de 432.000 años, es decir cien veces más que la cronología del Antiguo Testamento. Me pregunto cuál era su contenido.

[...]

Sólo en un punto de la historia pasada hubo la promesa de una civilización científica brillante. Era beneficiaria del Despertar jónico, y tenía su ciudadela en la Biblioteca de Alejandría, donde hace 2.000 años las mejores mentes de la antigüedad establecieron las bases del estudio sistemático de la matemática, la física, la biología, la astronomía, la literatura, la geografía y la medicina. Todavía estamos construyendo sobre estas bases. La Biblioteca fue construida y sostenida por los Tolomeos, los reyes griegos que heredaron la porción egipcia del imperio de Alejandro Magno. Desde la época de su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su destrucción siete siglos más tarde, fue el cerebro y el corazón del mundo antiguo.

Alejandría era la capital editorial del planeta. Como es lógico no había entonces prensas de imprimir. Los libros eran caros, cada uno se copiaba a mano. La Biblioteca era depositaria de las copias más exactas del mundo. El arte de la edición crítica se inventó allí. El Antiguo Testamento ha llegado hasta nosotros principalmente a través de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca de Alejandría. Los Tolomeos dedicaron gran parte de su enorme riqueza a la adquisición de todos los libros griegos, y de obras de África, Persia, la India, Israel y otras partes del mundo. Tolomeo III Evergetes quiso que Atenas le dejara prestados los manuscritos originales o las copias oficiales de Estado de las grandes tragedias antiguas de Sófocles, Esquilo y Eurípides. Estos libros eran para los atenienses una especie de patrimonio cultural; algo parecido a las copias manuscritas originales y a los primeros folios de Shakespeare en Inglaterra. No estaban muy dispuestos a dejar salir de sus manos ni por un momento aquellos manuscritos. Sólo aceptaron dejar en préstamo las obras cuando Tolomeo hubo garantizado su devolución con un enorme depósito de dinero. Pero Tolomeo valoraba estos rollos más que el oro o la plata. Renunció alegremente al depósito y encerró del mejor modo que pudo los originales en la Biblioteca. Los irritados atenienses tuvieron que contentarse con las copias que Tolomeo, un poco avergonzado, no mucho, les regaló. En raras ocasiones un Estado ha apoyado con tanta avidez la búsqueda del conocimiento.

Los Tolomeos no se limitaron a recoger el conocimiento conocido, sino que animaron y financiaron la investigación científica y de este modo generaron nuevos conocimientos. Los resultados fueron asombrosos: Eratóstenes calculó con precisión el tamaño de la Tierra, la cartografió, y afirmó que se podía llegar a la India navegando hacia el oeste desde España. Hiparco anticipó que las estrellas nacen, se desplazan lentamente en el transcurso de los siglos y al final perecen; fue el primero en catalogar las posiciones y magnitudes de las estrellas y en detectar estos cambios. Euclides creó un texto de geometría del cual los hombres aprendieron durante veintitrés siglos, una obra que ayudaría a despertar el interés de la ciencia en Kepler, Newton y Einstein. Galeno escribió obras básicas sobre el arte de curar y la anatomía que dominaron la medicina hasta el Renacimiento. Hubo también, como hemos dicho, muchos más.

Alejandria era la mayor ciudad que el mundo occidental había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar, aprender. En un día cualquiera sus puertos estaban atiborrados de mercaderes, estudiosos y turistas. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, nubios, fenicios, italianos, galos e íberos intercambiaban mercancías e ideas. Fue probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido auténtico: ciudadano, no de una sola nación, sino del Cosmos (2). Ser un ciudadano del Cosmos...

Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría? No puedo daros una respuesta sencilla. Pero lo que sí sé es que no hay noticia en toda la historia de la Biblioteca de que alguno de los ilustres científicos y estudiosos llegara nunca a desafiar seriamente los supuestos políticos, económicos y religiosos de su sociedad. Se puso en duda la permanencia de las estrellas, no la justicia de la esclavitud. La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados. La investigación les benefició poco. Los descubrimientos en mecánica y en la tecnología del vapor se aplicaron principalmente a perfeccionar las armas, a estimular la superstición, a divertir a los reyes. Los científicos nunca captaron el potencial de las máquinas para liberar a la gente (3). Los grandes logros intelectuales de la antigüedad tuvieron pocas aplicaciones prácticas inmediatas. La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla.

Sobre Hipatia y la Biblioteca de Alejandría

El último científico que trabajó en la Biblioteca fue una matemática, astrónoma, física y jefe de la escuela neoplatónica de filosofía: un extraordinario conjunto de logros para cualquier individuo de cualquier época. Su nombre era Hipatia. Nació en el año 370 en Alejandría. Hipatia, en una época en la que las mujeres disponían de pocas opciones y eran tratadas como objetos en propiedad, se movió libremente y sin afectación por los dominios tradicionalmente masculinos. Todas las historias dicen que era una gran belleza. Tuvo muchos pretendientes pero rechazó todas las proposiciones matrimoniales. La Alejandría de la época de Hipatia —bajo dominio romano desde hacía ya tiempo— era una ciudad que sufría graves tensiones. La esclavitud había agotado la vitalidad de la civilización clásica. La creciente Iglesia cristiana estaba consolidando su poder e intentando extirpar la influencia y la cultura paganas. Hipatia estaba sobre el epicentro de estas poderosas fuerzas sociales. Cirilo, el arzobispo de Alejandría, la despreciaba por la estrecha amistad que ella mantenía con el gobernador romano y porque era un símbolo de cultura y de ciencia, que la primitiva Iglesia identificaba en gran parte con el paganismo. A pesar del grave riesgo personal que ello suponía, continuó enseñando y publicando, hasta que en el año 415, cuando iba a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado. Cirilo fue proclamado santo.

La gloria de la Biblioteca de Alejandría es un recuerdo lejano. Sus últimos restos fueron destruidos poco después de la muerte de Hipatia. Era como si toda la civilización hubiese sufrido una operación cerebral infligida por propia mano, de modo que quedaron extinguidos irrevocablemente la mayoría de sus memorias, descubrimientos, ideas y pasiones. La pérdida fue incalculable. En algunos casos sólo conocemos los atormentadores títulos de las obras que quedaron destruidas. En la mayoría de los casos no conocemos ni los títulos ni los autores. Sabemos que de las 123 obras teatrales de Sófocles existentes en la Biblioteca sólo sobrevivieron siete. Una de las siete es Edipo rey. Cifras similares son válidas para las obras de Esquilo y de Eurípides. Es un poco como si las únicas obras supervivientes de un hombre llamado William Shakespeare fueran Coriolano y Un cuento de invierno, pero supiéramos que había escrito algunas obras más, desconocidas por nosotros pero al parecer apreciadas en su época, obras tituladas Hamlet, Macbeth, Julio César, El rey Lear, Romeo y Julieta.

Notas

1. Llamadas así porque pueden obtenerse cortando un cono en diferentes ángulos. Dieciocho siglos mas tarde Johannes Kepler utilizaría los escritos de Apolonio sobre las secciones cónicas para comprender por primera vez el movimiento de los planetas.
2. La palabra cosmopolita fue inventada por Diógenes, el filósofo racionalista y crítico de Platón.
3. Con la única excepción de Arquímedes, quien durante su estancia en la Biblioteca alejandrina inventó el tornillo de agua, que se usa todavía hoy en Egipto para regar los campos de cultivo. Pero también él considero estos aparatos mecánicos como algo muy por debajo de la dignidad de la ciencia.




El Túnel





El Túnel
Andrés Moreno Galindo

Supe que no había sido una buena idea entrar en aquel antro en cuanto puse los pies en el umbral y me encontré delante de las oscuras y pesadas cortinas que ocultaban la entrada, arrastrado por mis amigos en una de tantas noches de risas y vino. La Caverna , se llamaba, no sé si por el enésimo homenaje del enésimo fan de los Beatles o, simplemente, para dar una coartada a un mugriento sótano en el que no se había invertido mucho en decoración. El casoes que, abotargado por el abundante trasiego de alcohol de aquella noche y confiado por la presencia de mis amigos, creí que mi miedo yacería anestesiado en algún recoveco de mi atormentada mente, o que la decoración de "La Caverna" sería tan burda que, mas que al miedo, movería a la risa. Así que, intentando olvidar mis terrores pasados, trastabillando y farfullando alguna que otra incoherencia, me autoproclamé abanderado de aquella alegre pandilla de borrachines, aparté con teatral decisión las cortinas y, por inercia, di tres o cuatro pasos por un largo, negro y rocoso túnel, antes de caer de rodillas en el suelo, gritando aterrorizado y tapándome la cara con las manos, con la pesadilla latiendo como un negro corazón enloquecido dentro de mi cabeza. Lejos de darme valor, el alcohol me dejó todavía más inerme y desprotegido, amplificando mi pánico hasta el punto de quedar paralizado en el suelo. Grité todavía más fuerte cuando sentí que unas manos me agarraban por los brazos y me arrastraban por el suelo, hasta que sentí el roce de la cortina de la entrada en mi cara y comprendí que alguien me estaba sacando a rastras del local, sentándome en un banco de la calle e intentando calmarme al mismo tiempo. Podía oir dentro del local las beodas risotadas de mis amigos, riendo ignorantes mi presunta broma. Cuando por fin pude calmarme, quité las manos de delante de mi cara y me encontré frente a frente a Rafa, mi viejo, fiable, juicioso y responsable amigo., a quien mi ataque de pánico acababa de arrancar de golpe de la grata compañía de Baco, haciéndole compartir conmigo un brusco y desagradable viaje hacia la sobriedad. Me miraba fijamente a los ojos, en su cara la vieja máscara mezcla de perplejidad y preocupación que yo tan bien conocía, quizás por ser la persona que más la provocaba.

-¿Estás mejor, socio?. Quizás deberías dejar de intentar secar La Rioja tú solo. ¿Quieres que llame a un taxi?.

Conseguí dominar paulatinamente mis estremecimientos y temblores y miré fijamente a Rafa. Nuestra amistad se remontaba a la época en la que nuestros traseros compartían pupitre en el colegio, y había permanecido intacta a lo largo de más de veinte años consiguiendo unir regularmente a dos tipos que habían seguido caminos radicalmente distintos en la vida. Muchas veces me había parado a pensar en los motivos que mantenían nuestra amistad. Éramos como un racimo del cual se desprendían más y más amigos, de esos que luego te encontrabas por la calle e intentaban evitarte, o como mucho musitaban un inaudible y vergonzoso saludo, azorados ante un encuentro tan fortuito como poco deseado. Pero Rafa y yo seguíamos viéndonos. Supongo que yo, inconscientemente, anhelaba un poco de la estabilidad que presidía la vida de mi amigo, un tipo tan feliz, tan centrado y con las ideas tan claras que, con franqueza, a veces me daban ganas de abofetearlo sin piedad y sacarle el secreto de su asquerosa felicidad a golpes. Pienso que Rafa, por su parte, veía en mí la inconsciencia y la total inmadurez de sus dieciséis años conservada incólume en su amigo de treinta y cuatro, y de vez en cuando se pegaba el gustazo de correrse una juerga como la de hacía años, acompañando al viejo Toni en la habitual ruta de antros infames y lupanares varios que eran el centro de mi existencia. Creo sinceramente que esas noches de presunta diversión le servían para comprobar lo penoso de mi existencia de perdedor voluntario e inconsciente. Así podía dejarme en mi casa por las mañanas en un estado semicomatoso, balbuceando incoherencias frente a las viejas fotos de alguna buena chica que había tenido la momentánea desgracia de cruzarse en mi camino y a la cual yo había fallado estrepitosamente, y largarse a buscar los brazos de su mujer, con una dosis de juerga que le duraría para un par de meses. El caso es que ahora lo tenía delante de mí, y en ese momento supe que tenía que contárselo. Me daba igual que pensara que mi mente había largado amarras definitivamente hacia el mundo de la locura. Me importaba un bledo que no me creyera, que no me tomara en serio, que me recordara por enésima vez que llevaba demasiado tiempo jugando con mi estabilidad mental. La idea se me fijó en la cabeza mientras oía nuevamente a mi preocupado amigo.

-¡Reacciona, joder, que me estás asustando!.

Lancé un hondo suspiro, moví las manos para tranquilizarlo y me sorprendí a mi mismo abriendo la boca y articulando un discurso pausado, tranquilo y suave, en el que se mezclaban el anhelo de que Rafa me creyera y la tranquilidad que me producía sacar a pasear durante unos instantes al engendro que me martirizaba. Sólo cuando miraba la entrada de "La Caverna" un estremecimiento me volvía a recorrer la espalda. Vomité mi historia ante la única persona de las que me conocían que podría creerme, cientos de nubecillas de vaho saliendo de mi boca en aquella noche surcada por un frío cortante y estremecedor...

"Rafa, te voy a contar algo que me está corroyendo el alma desde hace unos meses, y esta vez no tiene nada que ver con las mujeres ni con la bebida –con esta última afirmación capté definitivamente el interés de Rafa, al que suponía pacientemente predispuesto a otra sesión de confesiones sentimentales a cargo de su desequilibrado amigo-.Estos últimos meses he estado más ilocalizable que de costumbre. Cuando rompí con Paula me quedé bastante hecho polvo,no quise saber nada de nadie que me recordara esa historia, ni siquiera de ti –mi amigo se encogió de hombros, haciéndose cargo de la situación, como siempre- Encontré trabajo en una librería del centro de la ciudad, algo sin complicaciones, simplemente para pagar el alquiler y las dosis de euforia pasajera a cargo de esa simpática agrupación de duques, condes y marqueses con denominación de origen que tan gratos me son. Como puedes suponer, por mi brillantísimo currículo académico y mis numerosos doctorados –Rafa sonrió ante mi ironía- fui a parar de cabeza al almacén de la tienda como principal y único responsable del Departamento de Movimiento Masivo de Enormes Cajas de Libros, que tenía a su cargo varios departamentos más, todos relacionados con tareas eminentemente físicas, y que también me tenían a mí como único responsable. El almacén estaba situado dos pisos por debajo del nivel de la calle y era enorme, una gran nave de la cual partían dos anchos pasillos que daban acceso a los vestuarios y la sala de máquinas, por un lado, y a los despachos y oficinas por el otro. Yo trabajaba en la nave grande, rodeado por cientos y cientos de libros, que si bien al principio habían llamado poderosamente mi atención –ya sabes lo mucho que me gusta leer- había acabado por ignorar, o intentar ignorar, ya que rara era la semana que no compraba dos o tres, y mi exiguo sueldo se resentía considerablemente. Mi horario comenzaba a las dos de la tarde y finalizaba a las diez de la noche, cuando se cerraba la tienda, un horario que me permitía entregarme a mis pequeñas dosis de autodestrucción nocturna y recuperarme razonablemente por las mañanas para llegar de nuevo al trabajo en un estado más o menos presentable. El personal de oficinas se iba a las siete de la tarde, y durante esas tres horas yo era la única persona que trabajaba en aquella inmensa nave, trajinando con cajas y libros, y sintiendo siempre el continuo zumbido del aire acondicionado en mis oídos. Sólo de tarde en tarde bajaba algún empleado de la tienda a buscar algún libro, o simplemente a charlar un rato conmigo, más por escapar de la pesadez de los clientes que por la enjundia de mi conversación, pero la mayor parte del tiempo trabajaba solo, un trabajo monótono que normalmente me permitía aislarme de lo que sucedía tras la puerta de acero del almacén, trabajando de una forma mecánica y monocorde, fumando y, en ocasiones, bebiendo el cava barato que se servía en las presentaciones de los libros y que algún inconsciente había dejado bajo mi responsabilidad, aunque el sabor de aquel brebaje tampoco me predisponía a grandes alegrías etílicas. El caso es que en aquella tienda había encontrado cierto orden frágil e inestable dentro de la caótica vorágine en que se había convertido mi existencia.

Como ya te he dicho, de tanto en tanto bajaba al almacén algún empleado de la tienda, por motivos no siempre relacionados con el trabajo. De entre todos, a quien más solía ver por mis dominios subterráneos era a J., cuyas amplísimas y no muy bien delimitadas funciones en la tienda le permitían moverse por la misma a sus anchas sin tener que dar demasiadas explicaciones de sus movimientos.. Entre los dos había nacido casi instantáneamente una fuerte corriente de simpatía, y era una de las pocas personas que lograba arrancarme una sonrisa incluso en mis peores días. Aquel tipo había nacido prácticamente en la tienda, y conocía al dedillo todos sus recovecos. Supe de la existencia del túnel un día que, entre los dos, movimos unas enormes pilas de cajas amontonadas en un cuartito situado en una esquina del almacén, justamente en la parte opuesta a las oficinas y a la salida hacia la tienda. El caso es que, al mover las cajas, donde yo esperaba ver la pared del cuartito apareció un tramo de escaleras que descendía un par de metros hacia un pequeño rellano, a la derecha del cual se abría la entrada a un túnel excavado en la tierra cuyo final yo no acertaba a distinguir. De la entrada del túnel surgía un desagradable olor a fango corrompido, a aire viciado, a lobreguez. J. me miró, sin duda divertido ante mi sorpresa y perplejidad, soltándome a bocajarro un detallado y farragoso muestrario de todas las explicaciones humorísticas que había imaginado para justificar la construcción de aquel extraño túnel, antes de concluir que no tenía ni idea de las causas que habían motivado su excavación. Sólo acertó a explicarme que el túnel corría paralelo a la pared del fondo del almacén, bajo la calle, acabando en otras escaleras similares a las que habíamos dejado al descubierto y que finalizaban en una pequeña puerta también cegada por cajas de libros y paquetes de bolsas de plástico. Según él, a unos diez metros se abría hacia la izquierda otro pequeño túnel, perpendicular al primero y de unos dos metros de longitud, sin salida, como si su excavación se hubiese interrumpido abruptamente. Siempre había sentido cierta aprensión hacia las cuevas, por pequeñas que fuesen, naturales o artificiales, pero en aquella ocasión pudo más mi curiosidad, y di un par de pasos dentro de la oquedad, cubierta por una espesa capa de telarañas. El olor a limo pútrido era allí más intenso. El pasadizo era estrecho, un túnel artificial sin ningún tipo de instalación eléctrica, ni cable, ni respiradero, nada que justificase las molestias de perforarlo. Sólo una larga, húmeda, sucia y estrecha cueva artificial que contrastaba poderosamente con el enorme y aséptico almacén del cual sólo la separaba una pared. Me sobrecogió la sensación de extrema soledad y desamparo que experimenté en el umbral de aquel túnel, y recuerdo que pensé que podría enloquecer si alguien me encerrara allí dentro, aunque sólo fuese durante unos minutos. Giré la cabeza y observé a J., mi compañero, que observaba la entrada con la misma expresión de indefinible temor que estaba seguro se reflejaba en mi rostro. Antes de girarnos los dos hacia los escalones y volver en silencio hacia el almacén, me fijé en un detalle que, en aquel momento, sólo catalogué como un dato curioso, un detalle que ahora me llena de pavor y horror. Las paredes de la cueva, por lo menos hasta donde yo alcanzaba a verlas, estaban ennegrecidas, como si alguien hubiera encendido un gran fuego dentro del túnel, cosa que en aquel momento me pareció tan sin sentido como la construcción del mismo.

Yo hubiera vuelto a cegar la entrada a la cueva inmediatamente con decenas, cientos de cajas y bolsas, y estoy completamente seguro de que J. hubiera secundado con entusiasmo mi idea, pero nuestro jefe quería inventariar las bolsas y tuvimos que dejar libre acceso al pútrido túnel. Sería cosa de un par de días, y me resigné, añadiendo el malestar y la desazón que aquella situación me producía a tantas otras sensaciones negativas que por aquel entonces campaban a sus anchas por mi mente.

Todo ocurrió el día siguiente. Yo siempre había pensado que ese tipo de cosas necesitan su tiempo, generar una serie de indicios, provocar una situación de desazón paulatina en la víctima, hacerle dudar de sus sentidos hasta conducirlo hacia una traca final de horror y espanto. Pero estaba equivocado. Eso sucedió de repente, sin previo aviso. Y yo no era ninguna víctima. Simplemente, estaba una vez más en el lugar y momento equivocados.

Ese día amaneció lluvioso, no con la lluvia fuerte, espesa y fresca que limpia y deja olor a tierra mojada incluso en el negro y sucio corazón de una gran ciudad. Unas negruzcas nubes destilaban una fina y caliente llovizna que dejaba una película oleaginosa y resbaladiza en las aceras de la ciudad y una pátina de mal humor en las almas de los viandantes. Entré en el almacén a las dosde la tarde, chafado por el terrible bochorno de un mes de julio y con la ropa pegada al cuerpo como una caliente funda de tela. El aire acondicionado no funcionaba, y la ausencia de su zumbido contribuía a hacer del almacén un sitio ominoso y tétrico, como una gigantesca tumba cuyo silencio absoluto sólo era roto por el ruido del agua al circular por las cañerías del techo. Veía en la esquina del almacén la puerta del cuartito, y un escalofrío recorría mi espalda al imaginar los cuatro peldaños que descendían hacia la boca del túnel, con sus paredes renegridas y calcinadas. Comencé a trabajar compulsivamente, pensando que el trajín me distraería de mis temores, pero no podía dejar de pensar en la negra herida que corría tras la pared del almacén, solamente a un par de metros de donde yo tenía mi mesa. La mitad del personal de la tienda estaba de vacaciones, y los que quedaban estaban demasiado atareados o demasiado agotados como para bajar a charlar conmigo. Incluso J. tenía fiesta aquel día, por lo cual tenía el almacén para mí solo, precisamente el día que menos deseaba la soledad. A eso de las nueve de la noche subí las dos plantas de la tienda para tirar unos cartones en el contenedor de la calle. La pegajosa llovizna de la tarde había derivado en una furiosa tormenta. Un cielo negro y encapotado vomitaba furiosamente espesas cortinas de agua, y a cortos intervalos de tiempo trallazos de electricidad preludiaban el estampido colérico de unos truenos potentes como no recordaba hace tiempo. Recuerdo que pensé que aquella tormenta era lo más parecido a un bombardeo nocturno sobre la ciudad, y estuve haciendo cábalas durante unos instantes sobre el sitio donde me escondería si de repente comenzaran a caer bombas cerca. Ahora, aquellos pensamientos me parecen extrañamente premonitorios.

Bajé al almacén a eso de las nueve y cuarto de la noche, cruzando una tienda semivacía, sólo ocupada por dos o tres empleados contratados para suplir al personal de vacaciones. Desde mi puesto de trabajo me llegaba el sonido de los estampidos de los truenos, amortiguados por los dos pisos que había por encima del almacén. Más o menos a las nueve y media, cuando sólo me quedaba media hora para largarme, comenzó el apagón. Una oscuridad total se adueñó del almacén. Solamente brillaba muy débilmente una luz de emergencia situada sobre la entrada al cuartito de la cueva, con una fosforescencia lechosa que la dotaba de una atmósfera lóbrega e irreal, que sólo permitía distinguir muy vagamente los contornos de las cajas que estaban a su alrededor.

Por aquellas fechas, estaba intentando dejar de fumar, por el científico método de esconder mechero y cigarrillos en lugares extraños, con la intención de no encontrarlos cuando las ganas de fumar se hicieran muy intensas. Normalmente siempre los encontraba, era para lo único que tenía algo de memoria, por lo que seguía fumando como siempre. Pero en aquella ocasión no hubo manera. Busqué en mis cubetas como un loco, intentando localizar mi mechero para acceder a la puerta del almacén sin tropezar ni golpearme con nada, los nervios a flor de piel, intentando no mirar hacia la espectral entrada del cuarto, preso de un progresivo pánico que se enseñoreaba de los territorios de mi mente donde se suponía tenía que reinar la lógica y la serenidad. Fue mientras buscaba frenéticamente el mechero cuando aquel horrible olor inundó el almacén, dejándome clavado en el sitio. Olía a quemado, pero en ningún momento pensé en un cortocircuito o en un incendio. Ojalá hubiera sido eso. El olor que me hacía temblar y respirar rápida y entrecortadamente era olor a carne quemada. Sólo podía pensar en gente ardiendo, incendios en discotecas, los cuerpos calcinados y horriblemente retorcidos de los cadáveres de aquel camping arrasado por una gigantesca nube de gas abrasador, herejes en la hoguera gritando enloquecidos de dolor, madres con sus hijos saltando envueltos en llamas desde pisos ardiendo. Un humo espeso, ocre, químico, invadió el almacén, y de pronto una extraña y vívida luz comenzó a salir del cuartito del túnel. Era una luz cambiante, como proyectada por una inmensa hoguera que alguien hubiera encendido dentro del túnel, una luz que se deslizaba entre el humo creando una niebla fosforescente y espectral, que difuminaba los objetos, permitiendo apenas entrever sus formas. Fue entonces cuando las cosas comenzaron a salir del cuarto, apenas entrevistas entre la espesa humareda, pequeñas, negras, horribles parodias de diminuto cuerpo humano de miembros retorcidos y humeantes. Ni siquiera noté el caliente flujo de orina deslizarse por mis piernas. No podía apartar la vista de aquellas horribles cosas que avanzaban hacia mí, apartando penosamente las cajas con aquellos sarmentosos dedos calcinados. En lo que era, o había sido la cabeza brillaban dos ascuas incandescentes inyectadas en sangre, y una horrible abertura sanguinolenta dejaba escapar gemidos semejantes a los de un agonizante presa de espantosos dolores. Conseguí retroceder un par de metros antes de volver a quedar paralizado de terror. Aquellas cosas estaban frente a mí. Noté docenas de puntos rojos fijados en mí, los enloquecedores gemidos de aquellas criaturas llenaban el almacén de una sinfonía de dolor y locura. Pensé que iban a atacarme, a despedazarme, a arrastrarme con ellos a la cueva, a algún pozo que comunicaba directamente con el infierno, pero entonces comenzaron a cogerse de la mano, entrelazando penosamente aquellos dedos deformados y retorcidos, alineándose, formando en pocos segundos tres o cuatro organizadas filas, como una horripilante remedo de una compañía militar preparada para pasar revista o para desfilar, o como...¡¡Dios, de pronto lo comprendí!!. Grité y grité frente a aquellas desdichadas criaturas, enloquecido por la verdad que se abría paso en mi mente, y los gritos me dieron la fuerza suficiente para salir corriendo de aquel maldito lugar, golpeándome contra cajas, columnas, qué se yo. Abrí como pude la puerta del almacén y avancé entre el viscoso humo que llenaba la tienda. Avanzaba por la tienda desierta y los libros y las estanterías comenzaban a arder a mi paso, pero yo sabía que ni aquel humo me asfixiaría ni aquellas llamas me quemarían. Sería algo más sutil lo que me ahogaría y quemaría hasta el fin de mis días. Por fin, la mano enguantada de un bombero me sujetó por el hombro y me arrastró hacia la calle, donde mis asustados compañeros observaban el súbito, inexplicable y voraz incendio que estaba arrasando la tienda hasta los cimientos. En esas circunstancias, mi estado de nervios pasó completamente desapercibido. Creo que fuiel único que vio, mientras me arrastraban hacia la ambulancia, a aquel grupo de cosas negras intentar avanzar entre las llamas hacia la salida, desorientados en un sitio que ya no les era familiar".

Apenas había podido musitar las últimas palabras, sobrecogido por sollozos entrecortados. Rafa me miró, callado, observando los regueros de lágrimas que se deslizaban por mi cara, hasta que conseguí calmarme.

-Eso es todo. Como te he dicho antes, finge que me crees, aunque pienses que estoy loco. Ayúdame a soportar este espanto.

-Te creo, amigo – si era una actuación, era bastante buena-, por lo menos creo la mayor parte de lo que me dices. Pero hay una cosa....

Sí, ya sé a qué te refieres. Pensé que no me lo preguntarías, de hecho me hubiera gustado que no lo hicieras, pero veo que tu curiosidad es más grande que tu horror. A mí me pasó lo mismo. Aunque ya sospechaba el porqué del extraño comportamiento de aquellas criaturas, quise saber más. He estado investigando un poco por mi cuenta, buscando la confirmación a mis sospechas. Ojalá no lo hubiera hecho. Ese edificio no ha sido siempre una librería, ni siquiera una tienda. Hace unos cincuenta años también había libros, sí, pero eran los que estudiaban los niños de la escuela Mossén Jacint Verdaguer –el rostro de mi amigo palideció intensamente, intuyendo la terrible verdad-. He visto la foto en viejos periódicos de la época, durante la Guerra Civil española, y he hablado con un par de maestros que, para su desgracia, han sobrevivido a aquel espantoso acontecimiento. Fue un hecho acallado, como tantos otros, por las fuerzas de ocupación nacionales. La mayor parte de los niños que asistían al colegio Jacint Verdaguer eran hijos de dirigentes republicanos. Cuando las tropas nacionales entraron en Barcelona, unos cuarenta niños permanecían en el colegio; sus padres, que no habían podido huir a tiempo, temían represalias por parte de los vencedores, y querían mantener a sus hijos alejados de ellos durante un tiempo. Fue un inmenso error. Un cuerpo de requetés borrachos de aguardiente y victoria entró en el colegio y lo arrasaron a sangre y fuego. Machacaron a golpes a los profesores y los obligaron a bajar al sótano, justo donde se encontraba el almacén de la tienda. Uno de ellos llevaba un lanzallamas –en los ojos de mi amigo se reflejaba un espanto sin límites-. . Los profesores les suplicaron que dejaran marchar a los niños, arracimados muertos de miedo en un refugio antiaéreo excavado a toda prisa durante el último mes, pero ellos iban demasiado borrachos, eran demasiado fanáticos, y se burlaron de ellos, escupiendo proclamas fascistas y gritando que iban a acabar con toda la prole roja sobre la faz de la tierra. El soldado del lanzallamas estuvo media hora vomitando fuego dentro de aquel túnel. El maestro que me lo explicó lloraba al contármelo. Me dijo que los gritos de aquellos niños no le habían permitido una noche de paz en cincuenta años, y el pobre hombre no sabía que estaba describiendo también mi futuro. Supongo que ya sabrás qué eran esas cosas calcinadas que salieron de su refugio y se alinearon frente a mí en el almacén, en filas, como hacían siempre, creyendo que por fin un profesor había venido a sacarlos de allí.

Christian Dörge- Antiphon


Electro / Experimental / Psychedelic
Christian Dörge- Antiphon (1995)

01- Prolog
02- Stilleben
03- Zerbrechlich
04- Französische filmszenen1
05- Im Cafe
06- Französische filmszenen2
07- Imperialistische logik
08- An der mole
09- Unsichtbare Grenzen
10- Tristana- furie des verschwindens




Por qué cantamos - Mario Benedetti


Por qué cantamos
Mario Benedetti

Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil

usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza

usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro

usted preguntará por que cantamos

cantamos por qué el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

Emilie Autumn - 4 O'Clock


Emilie Autumn - 4 O'Clock (2008)

01. 4 O'Clock
02. My Fairweather Friend
03. Gothic Lolita (Bad Poetry Mix by Sieben)
04. Swallow (Filthy Victorian Mix By Perfidious Words)
05. Swallow (Oyster Mix By Punto Omega)
06. Organ Grinder
07. Excerpts From The Upcoming Book "The Asylum"
08. Words From "The Asylum"
09. Untitled (Hidden Track)


El Corazón Delator - Edgar Allan Poe




El Corazón Delator
Edgar Allan Poe

¡Cierto! Soy nervioso, terriblemente nervioso. Siempre lo he sido y lo soy, pero, ¿podría decirse que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, no los había embotado ni destruido. Sobre todo, tenía el sentido del oído agudo. Oía todo sobre el cielo y la tierra. Oía muchas cosas del infierno. ¿Cómo voy a estar loco, entonces? Escuchen y observen con cuánta tranquilidad, con cuánta cordura puedo contarles toda la historia.

Me resulta imposible decir cómo surgió en mi cabeza esa idea por primera vez; pero, una vez concebida, me persiguió día y noche. No perseguía ningún fin. No estaba colérico. Yo quería mucho al viejo. Nunca me había hecho nada malo. Nunca me había insultado. No deseaba su dinero. Creo que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre. Era un ojo de un color azul pálido, con una fina película delante. Cada vez que posaba ese ojo en mí, se me enfriaba la sangre; y así, muy gradualmente, me fui decidiendo a quitarle la vida al viejo y librarme así aquel ojo para siempre.

Pues bien, así fue. Ustedes creerán que estoy loco. Pero los locos no saben nada. En cambio yo... deberían haberme visto. Deberían haber visto con qué sabiduría procedí, con qué cuidado, con qué previsión, con qué disimulo me puse a trabajar. Nunca había sido tan amable con el viejo como la semana antes de matarlo. Pero eso sí: cada noche, cerca de medianoche, yo hacía girar el picaporte de su puerta y la abría, con mucho cuidado. Y después, cuando la había abierto lo suficiente como para pasar mi cabeza, levantaba una linterna cerrada, completamente cerrada, de modo que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Cómo se habrían reído ustedes si hubieran visto con qué astucia pasaba la cabeza! La movía muy despacio, muy lentamente, para no molestar el sueño del viejo. Me llevaba una hora meter toda la cabeza por esa abertura, hasta verlo durmiendo en su cama. ¡Ja! ¿Podría un loco actuar con tanta prudencia? Y luego, cuando mi cabeza estaba bien dentro de la habitación, abría la linterna con cautela, con mucho cuidado (porque las bisagras hacían ruido), hasta que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Hice todo esto durante siete largas noches, cada noche cerca de las doce, pero siempre encontraba el ojo cerrado y era imposible hacer el trabajo, ya que no era el viejo quien me irritaba, sino su ojo. Y cada mañana, cuando amanecía, iba sin miedo a su habitación y le hablaba resueltamente, llamándole por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Por tanto verá usted que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que cada noche, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

La octava noche, fui más cuidadoso aún cuando abrí la puerta. El minutero de un reloj se mueve más rápido de lo que se movía mi mano. Nunca antes había sentido el alcance de mi fuerza, de mi sagacidad. Casi no podía contener mi impresión de triunfo, al pensar que estaba abriendo la puerta poco a poco, y él ni siquiera soñaba con mis secretas acciones e ideas. Me reí entre dientes ante esa idea. Y tal vez me oyó porque se movió en la cama, de repente, como sobresaltado. Pensará ustedes que retrocedí, pero no. Su habitación estaba tan negra como la pez, ya que él cerraba las persianas por miedo a los ladrones; entonces, sabía que no me vería abrir la puerta y seguí empujando suavemente, suavemente.

Ya había introducido la cabeza y estaba para abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló con el cierre metálico y el viejo se incorporó en la cama, gritando:

-¿Quién anda ahí?

Me quedé quieto y no dije nada. Durante una hora entera, no moví ni un sólo músculo y mientras tanto no oí que volviera a acostarse en la cama. Aún estaba sentado, escuchando, como había hecho yo mismo, noche tras noche, escuchando los relojes de la muerte en la pared.

Oí de pronto un leve quejido y supe que era el quejido que nace del terror, no era un quejido de dolor o tristeza. ¡No! Era el sonido ahogado que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Yo conocía perfectamente ese sonido. Muchas veces, justo a medianoche, cuando todo el mundo dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su temible eco, los terrores que me enloquecían. Digo que lo conocía bien. Sabía lo que el viejo sentía y sentí lástima por él, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Sabía que él había estado despierto desde el primer débil sonido, cuando se había vuelto en la cama. Sus miedos habían crecido desde entonces. Había estado intentando imaginar que aquel ruido era inofensivo, pero no podía. Se había estado diciendo a sí mismo: "No es más que el viento en la chimenea, no es más que un ratón que camina sobre el suelo", o "No es más que un grillo que cantó una sola vez". Sí, había tratado de convencerse con estas suposiciones, pero era en vano. Todo en vano, ya que la muerte, se había deslizado furtiva y envolvía a su víctima. Y era la fúnebre influencia de aquella imperceptible sombra la que le llevaba a sentir, aunque no la veía ni oía, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Cuando hube esperado mucho tiempo, muy pacientemente, sin oír que se acostara, decidí abrir un poco, muy poco, una ranura en la linterna. Entonces la abrí -no sabe usted con qué suavidad- hasta que, por fin, un solo rayo, como el hilo de una telaraña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo del buitre.

Estaba abierto, abierto del todo y me enfurecí mientras lo miraba, lo veía con total claridad, de un azul apagado, con aquella terrible película que me helaba el alma. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, ya que había dirigido el rayo, como por instinto, exactamente al punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que ustedes creen locura es solo mayor agudeza de los sentidos? Luego llegó a mis oídos un suave, apagado y rápido sonido como el que hace un reloj cuando está envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latido del corazón del viejo. Aumentó mi furia, como el redoblar de un tambor estimula al soldado en batalla.

Sin embargo, incluso en ese momento me contuve y seguí callado. Apenas respiraba. Mantuve la linterna inmóvil. Intenté mantener con toda firmeza la luz sobre el ojo. Mientras tanto, el infernal latido del corazón iba en aumento. Crecía cada vez más rápido y más fuerte a cada instante. El terror del viejo debía de ser espantoso. Era cada vez más fuerte, más fuerte... ¿Me entiende? Le he dicho que soy nervioso y así es. Pues bien, en la hora muerta de la noche, entre el atroz silencio de la antigua casa, un ruido tan extraño me llenaba de un terror incontrolable. Sin embargo, por unos minutos más me contuve y me quedé quieto. Pero el latido era cada vez más fuerte, más fuerte. Creí que aquel corazón iba a explotar. Y se apoderó de mí una nueva ansiedad: ¡Los vecinos podrían escuchar el latido del corazón! ¡Al viejo le había llegado la hora! Con un fuerte grito, abrí la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez, sólo una vez. En un momento, lo tiré al suelo y arrojé la pesada cama sobre él. Después sonreí alegremente al ver que el hecho estaba consumado. Pero, durante muchos minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Sin embargo, no me preocupaba, porque el latido no podría oírse a través de la pared. Finalmente, cesó. El viejo estaba muerto. Quité la cama y examiné el cuerpo. Sí, estaba duro, duro como una piedra. Pasé mi mano sobre el corazón y allí la dejé durante unos minutos. No había pulsaciones. Estaba muerto. Su ojo ya no volvería a molestarme.

Si aún me creen ustedes loco, no pensarán lo mismo cuando describa las sabias precauciones que tomé para esconder el cadáver. La noche avanzaba y trabajé con rapidez, pero en silencio. En primer lugar descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, los brazos y las piernas. Después levanté tres planchas del suelo de la habitación y deposité los restos en el hueco. Luego coloqué las tablas con tanta inteligencia y astucia que ningún ojo humano, ni siquiera el del viejo, podría haber detectado nada extraño. No había nada que limpiar; no había manchas de ningún tipo, ni siquiera de sangre. Había sido demasiado precavido para eso. Todo estaba recogido. ¡Ja, ja!

Cuando terminé estas tareas, eran las cuatro... pero seguía oscuro como medianoche. Al sonar la campanada de la hora, golpearon la puerta de la calle. Bajé a abrir muy tranquilo, ya que no había anda que temer. Entraron tres hombres que se presentaron, muy cordialmente, como oficiales de la policía. Un vecino había oído un grito durante la noche, por lo cual había sospechas de algún altercado. Se había hecho una denuncia en la policía, y los oficiales habían sido enviados a registrar el lugar. Sonreí, ya que no había nada que temer. Di la bienvenida a los caballeros. Dije que el alarido había sido producido por mí durante una pesadilla. Dije que el viejo estaba fuera, en el campo. Llevé a los visitantes por toda la casa. Les dije que registraran, a que registraran bien. Por fin los llevé a su habitación, les enseñé sus caudales, seguros e intactos. En el entusiasmo de mis confidencias, llevé sillas al cuarto y les dije que descansaran allí mientras yo, con la salvaje audacia que me daba mi triunfo perfecto, colocaba mi silla sobre el mismo lugar donde reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se mostraron satisfechos. Mi forma de proceder los había convencido. Yo me sentía especialmente cómodo. Se sentaron y hablaron de cosas comunes mientras yo les contestaba muy animado. Pero, de repente, empecé a sentir que me ponía pálido y deseé que se fueran. Me dolía la cabeza y me pareció oír un sonido; pero ellos se quedaron sentados y siguieron conversando. El ruido se hizo más claro, cada vez más claro. Hablé más como para olvidarme de esa sensación; pero cada vez se hacía más claro... hasta que por fin me di cuenta de que el ruido no estaba dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero hablé con más fluidez y en voz más alta. Sin embargo, el ruido aumentaba. ¿Qué hacer? Era un sonido bajo, sordo, rápido... como el sonido de un reloj de pulsera envuelto en algodón. Yo trataba de recobrar el aliento... pero los oficiales no oían nada. Hablé más rápido, con vehemencia, pero el ruido seguía aumentando. Me puse de pie y empecé a discutir sobre cosas insignificantes en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Caminé de un lado a otro con pasos fuertes, como furioso por las observaciones de aquellos hombres; pero el sonido seguía creciendo. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré. Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del suelo, pero el ruido aumentaba cada vez más. Crecía y crecía y era cada vez más fuerte. Y sin embargo los hombres seguían conversando tranquilamente y sonreían. ¿Era posible que no oyeran? ¡Dios Todopoderoso! ¡No, no! ¡Claro que oían! ¡Y que sospechaban! ¡Sabían! ¡Y se estaban burlando de mi horror! Así lo pensé entonces y así lo pienso ahora. Pero cualquier cosa era preferible a esta agonía. Cualquier cosa era más soportable que este espanto. ¡Ya no aguantaba más sus hipócritas sonrisas! Sentía que debía gritar o morir. Y entonces, otra vez, escuchen... ¡más fuerte..., mas fuerte..., más fuerte!

-¡No finjan más, malvados! -grité- . ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esas tablas!... ¡Aquí..., aquí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!



Don Quijote de Las Paradojas - Eduardo Galeano




Don Quijote de Las Paradojas
Eduardo Galeano

Nació en prisión esta aventura de la libertad. En la cárcel de Sevilla, "donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace habitación", fue engendrado Don Quijote de la Mancha. El papá estaba preso por deudas. Exactamente tres siglos antes, Marco Polo había dictado su libro de viajes en la cárcel de Génova, y sus compañeros de prisión habían escuchado, y escuchándolo habían viajado.
***

Cervantes se propuso escribir una parodia de las novelas de caballería. Ya nadie, o casi nadie, las leía. Estaban pasadas de moda. La tomadura de pelo fue un esfuerzo digno de mejor causa. Y sin embargo, esa inútil aventura literaria resultó mucho más que su proyecto original, viajó más lejos y más alto y se convirtió en la novela más popular de todos los tiempos y de todas las lenguas. Merece gratitud eterna el caballero de la triste figura. A don Quijote los libros de caballería le habían quemado la cabeza, pero él, que se perdió por leer, salva a quienes lo leemos. Nos salva de la solemnidad y del aburrimiento.
***

Famosos estereotipos: don Quijote y Sancho Panza, el caballero y su escudero, la locura y la cordura, el soñador hidalgo con la cabeza en las nubes y el labriego rústico de pata en tierra. Es verdad que don Quijote se vuelve loco de remate cada vez que monta a Rocinante, pero cuando desmonta suele decir frases que vienen del más puro sentido común, y en ocasiones pareciera que se hace el loco sólo por cumplir con el autor o el lector. Y Sancho Panza, el ramplón, el bruto, sabe ejercer con ejemplar sutileza su gobierno de la ínsula de Barataria.
***

Tan frágil que parecía y fue el más duradero. Cada día cabalga con más ganas, y no sólo por la manchega llanura. Tentado por los caminos del mundo, el personaje se escapa del autor y en sus lectores se transfigura. Y entonces hace lo que no hizo, y dice lo que no dijo. Don Quijote jamás pronunció la más famosa de sus frases. "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos" no figura en la obra de Cervantes. ¿Qué anónimo lector habrá sido el autor?
***

Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parece destinado a la derrota y al ridícul