El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







El Vampiro Estelar - Robert Bloch




EL VAMPIRO ESTELAR - Robert Bloch

(Relato integrante del Libro Segundo de Los Mitos de Cthulhu)
Dedicado a H.P. Lovecraft

I

Confieso que sólo soy un simple escritor de relatos fantásticos. Desde mi más temprana infancia me he sentido subyugado por la secreta fascinación de lo desconocido y lo insólito. Los temores innominables, los sueños grotescos, las fantasías más extrañas que obsesionan nuestra mente, han tenido siempre un poderoso e inexplicable atractivo para mí.

En literatura, he caminado con Poe por senderos ocultos; me he arrastrado entre las sombras con Machen; he cruzado con Baudelaire las regiones de las hórridas estrellas, o me he sumergido en las profundidades de la tierra, guiado por los relatos de la antigua ciencia. Mi escaso talento para el dibujo me obligó a intentar describir con torpes palabras los seres fantásticos que moran en mis sueños tenebrosos. Esta misma inclinación por lo sinientro se manifestaba también en mis preferencias musicales. Mis composiciones favoritas eran la Suite de los Planetas y otras del mismo género. Mi vida interior se convirtió muy pronto en un perpetuo festín de horrores fantásticos, refinadamente crueles.

En cambio, mi vida exterior era insulsa. Con el transcurso del tiempo, me fuí haciendo cada vez más insociable, hasta que acabé por llevar una vida tranquila y filosófica en un mundo de libros y sueños.

El hombre debe trabajar para vivir. Incapaz, por naturaleza, de todo trabajo manual, me sentí desconcertado en mi adolescencia ante la necesidad de elegir una profesión. Mi tendencia a la depresión vino a complicar las cosas, y durante algún tiempo estuve bordeando el desastre económico más completo. Entonces fue cuando me decidí a escribir.

Adquirí una vieja máquina de escribir, un montón de papel barato y unas hojas de carbón. Nunca me preocupó la búsqueda de un tema. ¿Qué mejor venero que las ilimitadas regiones de mi viva imaginación? Escribiría sobre temas de horror y oscuridad y sobre el enigma de la Muerte. Al menos, en mi inexperiencia y candidez, éste era mi propósito.

Mis primeros intentos fueron un fracaso rotundo. Mis resultados quedaron lastimosamente lejos de mis soñados proyectos. En el papel, mis fantasías más brillantes se convirtieron en un revoltijo insensato de pesados adjetivos, y no encontré palabras de uso corriente con que expresar el terror portentoso de lo desconocido. Mis primeros manuscritos resultaron mediocres, vulgares; las pocas revistas especializadas de este género los rechazaron con significativa unanimidad.

Tenía que vivir. Lentamente, pero de manera segura, comencé a ajustar mi estilo a mis ideas. Trabajé laboriosamente las palabras, las frases y las estructuras de las oraciones. Trabajé, trabajé duramente en ello. Pronto aprendí lo que era sudar. Y por fin, uno de mis relatos fue aceptado; después un segundo, y un tercero, y un cuarto. En seguida comencé a dominar los trucos más elementales del oficio, y comencé finalmente a vislumbrar mi porvenir con cierta claridad. Retorné con el ánimo más ligero a mi vida de ensueños y a mis queridos libros. Mis relatos me proporcionaban medios un tanto escasos para subsistir, y durante cierto tiempo no pedí más a la vida. Pero esto duró poco. La ambición, siempre engañosa, fue la causa de mi ruina.

Quería escribir un relato real; no uno de esos cuentos efímeros y estereotipados que producía para las revistas, sino una verdadera obra de arte. La creación de semejante obra maestra llegó a convertirse en mi ideal. Yo no era un buen escritor, pero ello no se debía enteramente a mis errores de estilo.

Presentía que mi defecto fundamental radicaba en el asunto escogido Los vampiros, hombres-lobos, los profanadores de cadáveres, los monstruos mitológicos, constituían un material de escaso mérito. Los temas e imagenes vulgares, el empleo rutinario de adjetivos, y un punto de vista prosaicamente antropocéntrico, eran los principales obstáculos para producir un cuento fantástico realmente bueno.

Debía elegir un tema nuevo, una intriga verdaderamente extraordinaria. ¡Si pudiera concebir algo realmente teratológico, algo monstruosamente increíble!

Estaba ansioso por aprender las canciones que cantaban los demonios al precipitarse más allá de las regiones estelares, por oír las voces de los dioses antiguos susurrando sus secretos al vacío preñado de resonancias. Deseaba vivamente conocer los terrores de la tumba, el roce de las larvas en mi lengua, la dulce caricia de una podrida mortaja sobre mi cuerpo. Anhelaba hacer mías las vivencias que yacen latentes en el fondo de los ojos vacíos de las momias, y ardía en deseos de aprender la sabiduría que sólo el gusano conoce. Entonces podría escribir la verdad, y mis esperanzas se realizarían cabalmente.

Busqué el modo de conseguirlo. Serenamente, comencé a escribirme con pensadores y soñadores solitarios de todo el país. Mantuve correspondencia con un eremita de los montes occidentales, con un sabio de la región desolada del norte, y con un místico de Nueva Inglaterra. Por medio de éste, tuve conocimiento de algunos libros antiguos que eran tesoro y reliquia de una ciencia extraña. Primero me citó con mucha reserva, algunos pasajes del legendario Necronomicón, luego se refirió a cierto Libro de Eibon, que tenía fama de superar a los demás por su carácter demencial y blasfemo. Él mismo había estudiado aquellos volúmenes que recogían el terror de los Tiempos Originales, pero me prohibió que ahondara demasiado en mis indagaciones. Me dijo que, como hijo de la embrujada ciudad de Arkham, donde aún palpitan y acechan sombras de otros tiempos, había oído cosas muy extrañas, por lo que decidió apartarse prudentemente de las ciencias negras y prohibidas.

Finalmente, después de mucho insistirle, consintió de mala gana en proporcionarme los nombres de ciertas personas que a su juicio podrían ayudarme en mis investigaciones. Mi corresponsal era un escritor de notable brillantez; gozaba de una sólida reputación en los círculos intelectuales más exquisitos, y yo sabía que estaba tremendamente interesado en conocer el resultado de mi iniciativa.

Tan pronto como su preciosa lista estuvo en mis manos, comencé una masiva campaña postal con el fin de conseguir libros deseados. Dirigí mis cartas a varias uiversidades, a bibliotecas privadas, a astrólogos afamados y a dirigentes de ciertos cultos secretos de nombres oscuros y sonoros. Pero aquella labor estaba destinada al fracaso.

Sus respuestas fueron manifiestamente hostiles. Estaba claro que quienes poseían semejante ciencia se enfurecían ante la idea de que sus secretos fuesen develados por un intruso. Posteriormente, recibí varias cartas anónimas llenas de amenazas, e incluso una llamda telefónica verdadramente alarmante. Pero lo que más me molestó, fue el darme cuenta de que mis esfuerzos habían resultado fallidos. Negativas, evasivas, desaires, amenazas.... ¡aquello no me servía de nada! Debía buscar por otra parte.

¡Las librerías! Quizá descubriese lo que buscaba en algún estante olvidado y polvoriento.

Entonces comencé una cruzada interminable. Aprendí a soportar mis numerosos desengaños con impasible tranquilidad. En ninguna de las librerías que visité habían oído hablar del espantoso Necronomicón, del maligno Libro de Eibon, ni del inquietante Cultes des Goules.

La perseverancia acaba por triunfar. En una vieja tienda de South Dearborn Street, en unas estanterías arrinconadas, acabé por encontrar lo que estaba buscando. Allí, encajado entre dos ediciones centenarias de Shakespeare, descubrí un gran libro negro con tapas de hierro. En ellas, grabado a mano, se leía el título, De Vermis Mysteriis , "Misterios del Gusano".

El propietario no supo decirme de dónde procedía el libro aquél. Quizá lo había adquirido hace un par de años en algún lote de libros de segunda mano. Era evidente que desconocía su naturaleza, ya que me lo vendió por un dólar. Encantado por su inesperada venta, me envolvió el pesado mamotreto, y me despidió con amable satisfacción.

Yo me marché apresudaramente con mi precioso botín debajo del brazo. ¡Lo que había encontrado! Ya tenía referencias del libro. Su autor era Ludvig Prinn, y había perecido en la hoguera inquisitorial, en Bruselas, cuando los juicios por brujería estaban en su apogeo. Había sido un personaje extraño, alquimista, nigromante y mago de gran reputación; alardeaba de haber alcanzado una edad milagrosa, cuando finalmente fue inmolado por el fiero poder secular. De él se decía que se proclamaba el único superviviente de la novena cruzada, y exhibía como prueba ciertos documentos mohosos que parecían atestiguarlo. Lo cierto es que, en los viejos cronicones, el nombre de Ludvig Prinn figuraba entre los caballeros servidores de Monserrat, pero los incrédulos lo seguían coniderando como un chiflado y un impostor, a lo sumo descendiente de aquel famoso caballero.

Ludvig atribuía sus conocimientos de hechicería a los años en que había estado cautivo entre los brujos y encantadores de Siria, y hablaba a menudo de sus encuentros con los djinns y los efreets de los antiguos mitos orientales. Se sabe que pasó algún tiempo en Egipto, y entre los santones libios circulan ciertas leyendas que aluden a las hazañas del viejo adivino en Alejandría.

En todo caso, pasó sus postreros días en las llanuras de Flandes, su tierra natal, habitando -lugar muy adecuado- las ruinas de un sepulcro prerromano que se alzaba en un bosque cercano a Bruselas. Se decía que allí moraba en las sombras, rodeado de demonios familiares y terribles sortilegios. Aún se conservan manuscritos que dicen , en forma un tanto evasiva, que era asistido por "compañeros invisibles" y "servidores enviados de las estrellas". Los campesinos evitaban pasar la noche por el bosque donde habitaba, no le gustaban cierton ruidos que resonaban cuando había luna llena, y preferían ignorar qué clase de seres se prosternaban ante los viejos altares paganos que se alzaban, medio desmoronados, en lo más oscuro del bosque.

Sea como fuere, después de ser apresado Prinn por los esbirros de la Inquisición , nadie vio las criaturas que había tenido a su servicio. Antes de destruir el sepulcro donde había morado, los soldados lo registraron a fondo, y no encontraron nada. Seres sobrenaturales, instrumentos extraños, pócimas.... todo había desaparecido de la manera más misteriosa. Hicieron un minuciosos reconocimiento del bosque prohibido, pero sin resultado. Sin embargo, antes de que terminara el proceso de Prinn, saltó sangre fresca en los altares, y también en el potro de tormento. Pero ni con las más atroces torturas lograron romper su silencio. Por último, cansados de interrogar, arrojaron al viejo hechicero a una mazmorra.

Y fue durante su prisión, mientras aguardaba la sentencia, cuando escribió ese texto morboso y horrible, De Vermis Mysteriis, conocido hoy por los Misterios del Gusano. Nadie se explica como pudo lograrlo sin que los guardianes lo sorprendieran; pero un año después de su muerte, el texto fue impreso en Colonia. Inmediatamente después de su aparición, el libro fue prohibido. Pero ya se habían distribuido algunos ejemplares, de los que se sacaron copias en secreto. Más adelante, se hizo una nueva edición, censurada y expurgada, de suerte que únicamente se considera auténtico el texto original latino. A lo largo de los siglos, han sido muy pocos los que han tenido acceso a la sabiduría que encierra este libro. Los secretos del viejo mago sólo son conocidos hoy por algunos iniciados, quienes, por razones muy concretas, se oponen a todo intento de propagarlos.

Esto era, en resumen, lo que sabía del libro que había venido a parar a mis manos. Aun como mero coleccionista, el libro representaba un hallazgo fenomenal; pero, desgraciadamente, no podía juzgar su contenido, porque estaba en latín. Como sólo conozco unas cuantas palabras sueltas de esa lengua, al abrir sus páginas mohosas me tropecé con un obstáculo insuperable. Era exasperante poseer aquel tesoro de saber oculto, y no tener la clave para desentrañarlo.

Por un momento, me sentí desesperado. No me seducía la idea de poner un texto de semejante naturaleza en manos de un latinista de la localidad. Más tarde tuve una inspiración. ¿Por qué no coger el libro y visitar a mi amigo para solicitar ayuda? Él era un erudito, leía en su idioma a los clásicos, y probablemente las espantosas revelaciones de Prinn le impresionarían menos que a otros. Sin pensarlo más le escribí apresudaramente y muy poco después recibí su contestación. Estaba encantado en ayudarme. Por encima de todo, debía ir inmediatamente.

II

Providence es un pueblo agradable. La casa de mi amigo era antigua, de un estilo georgiano bastante caro. La planta baja era una maravilla de ambiente colonial. El piso alto, sombreado por las dos vertientes del tejado e iluminado por una amplia ventana, servía de estudio a mi anfitrión. Allí reflexionamos durante la espantosa y memorable noche del pasado abril, junto a la gran ventana abierta a la mar azulada. Era una noche sin luna, una noche lívida en que la niebla llenaba la vacía oscuridad de sombras aladas. Todavía puedo imaginar con nitidez la escena: la pequeña habitación iluminada por la luz de la lámpara, la mesa grande, las sillas de alto respaldo... Los libros tapizaban las paredes, los manuscritos se apilaban aparte, en archivadores especiales.

Mi amigo y yo estábamos sentados junto a la mesa, ante el misterioso volumen. El delgado perfil de mi amigo proyectaba una sombra inquieta en la pared, y su semblante de cera adoptaba, a la luz mortecina una apariencia furtiva. En el ambiente flotaba como el presagio de una portentosa revelación. Yo sentía la presencia de unos secretos que acaso no tardarían en revelarse. Mi compañero era sensible también a esta atmósfera expectante. Los largos años de soledad habían agudizado su intuición hasta un extremo inconcebible. No era el frío lo que le hacía temblar en su butaca, ni era la fiebre la que hacía llamear sus ojos con un fulgor de piedras preciosas. Aun antes de abrir aquel libro maldito, sabía que encerraba una maldición. El olor a moho que desprendían sus páginas antiguas traía consigo un vaho que parecía brotar de la tumba. Sus hojas descoloridas estaban carcomidas por los bordes. Su encuadernación de cuero estaba roída por las ratas, acaso por unas ratas cuyo alimento habitual fuera singularmnente horrible.

Aquella noche había contado a mi amigo la historia del libro, y lo había desempaquetado en su presencia. Al principio parecía deseoso, ansioso diría yo, por empezar enseguida su traducción. Ahora, en cambio, vacilaba.

Insistía en que no era prudente leerlo. Era un libro de ciencia maligna. ¿Quién sabe qué conocimientos demoníacos se ocultaban en sus páginas, o qué males podían sobrevenir al intruso que se atreviese a profanar sus secretos? No era conveniente saber demasiado. Muchos hombres habían muerto por practicar la ciencia corrompida que contenían esas páginas. Me rogó que abandonara mi investigación, ahora que no lo había leído aún, y que tratara de inspirarme en fuentes más saludables.

Fui un necio. Rechacé precipitadamente sus objeciones con palabras vanas y sin sentido. Yo no tenía miedo. Podríamos echar al menos una mirada al contenido de nuestro tesoro. Comencé a pasar hojas.

El resultado fue decepcionante. Su aspecto era el de un libro antiguo y corriente de hojas amarillentas y medio deshechas, impreso en gruesos caracteres latinos... y nada más, ninguna ilustración, ningún grabado alarmante.

Mi amigo no puedo resistir la tentación de saborear semejante rareza bibliográfica. Al cabo de un momento, se levantó para echar una ojeada al texto por encima de mi hombro; luego, con creciente interés, enpezó a leer en voz baja algunas frases en latín. Por último, vencido ya por el entusiasmo, me arrebató el precioso volumen, se sentó junto a la ventana y se puso a leer pasajes al azar. De cuando en cuando, los traducía al inglés.

Sus ojos relampagueaban con un brillo salvaje. Su perfil cadavérico expresaba una concentración total en los viejos caracteres que cubrían las páginas del libro. Cuando traducía en voz alta, las frases retumbaban como una letanía del diablo; luego, su voz se debilitaba hasta convertirse en un siseo de víbora. Yo tan sólo comprendía algunas frases sueltas porque, en su ensimismamiento, parecía haberse olvidado de mí. Estaba leyendo algo referente a hechizos y encantamientos. Recuerdo que el texto aludía a ciertos dioses de la adivinación, tales como el Padre Yig, Han el Oscuro y Byatis, cuya barba estaba formada de serpientes. Yo temblaba, ya conocía esos nombres terribles. Pero más habría temblado, si hubiera llegado a saber lo que estaba a punto de ocurrir. Y no tardó en suceder. De repente, mi amigo se volvió hacia mí, preso de una gran agitación. Con voz chillona y exitada me preguntó si recordaba las leyendas sobre las hechicerías de Prinn, y los relatos sobre servidores invisibles que había hecho venir desde las estrellas. Dije que sí, pero sin comprender la causa de su repentino frenesí.

Entonces me explicó el motivo de su agitación. En el libro, en un capítulo que trataba de los demonios familiares, había encontrado una especie de plegaria o conjuro que tal vez fuera el que Prinn había empleado para traer a sus invisibles servidores desde los espacios ultraterrestres. Ahora iba a escuchar, él me lo leería.

Yo permanecí sentado como un tonto, ignorante de lo que iba a pasar. ¿Por qué no gritaría entonces, por qué no trataría de escapar o de arrancarle de las manos aquel códice monstruoso? Pero yo no sabía nada, y me quedé sentado adonde estaba, mientras mi amigo, con voz quebrada por la violenta excitación, leía una larga y sonora invocación:

"Tibi, Magnum Innominandum, signa stellarum nigrarum et bufaniformis Sadoquae sigillum"...

El ritual siguió adelante; las palabras se alzaron como aves nocturnas de terror y muerte; temblaron como llamas en el aire tenebroso y contagiaron su fuego letal a mi cerebro. Los acentos atronadores de mi amigo producían un eco infinito, más allá de las estrellas más remotas. Era como si su voz, a través de enormes puertas primordiales, alcanzara regiones exteriores a toda dimensión en busca de su oyente, y lo llamara a la tierra. ¿Era todo una ilusión? No me paré a reflexionar.

Y aquella llamada, proferida de manera casual, obtuvo respuesta. Apenas se había apagado la voz de mi amigo en nuestra habitación, cuando sobrevino el terror. El cuarto se tornó frío. Por la ventana entró aullando un viento repentino que no era de este mundo. En él cabalgaba como un plañido, como una nota perversa y lejana; al oírla, el semblante de mi amigo se convirtió en una pálida máscara de terror. Luego, las paredes crujieron y las hojas de la ventana se combaron ante mis ojos atónitos. Desde la nada que se abría más allá de la ventana, llegó un súbito estallido de lúbrica brisa, unas carcajadas histéricas, que parecían producto de la más completa locura. Aquellas carcajadas que no profería boca alguna alcanzaron la última quintaescencia del horror.

Lo demás ocurrió a una velocidad pasmosa. Mi amigo se lanzó hacia la ventana y comenzó a gritar, manoteando como si quisiera zafarse del vacío. A la luz de la lámpara vi sus rasgos contraídos en una mueca de loca agonía. Un momento después, su cuerpo se levantó del suelo y comenzó a doblarse hacia atrás, en el aire, hasta un grado imposible. Inmediatamente, sus huesos se rompieron con un chasquido horrible y su figura quedó colgando en el vacío. Tenía los ojos vidriosos, y sus manos se crispaban compulsivamente como si quisiera agarrar algo que yo no veía. Una vez más, se oyó aquella risa vesánica, ¡pero ahora provenía de dentro de la habitación!

Las estrellas oscilaban en roja angustia, el viento frío silbaba estridente en mis oídos. Me encogí en mi silla, con los ojos clavados en aquella escena aterradora que se desarrollaba ante mí.

Mi amigo empezó a gritar. Sus alaridos se mezclaban con aquella risa perversa que surgía del aire. Su cuerpo combado, suspendido en el espacio, se dobló nuevamente hacia atrás, mientras la sangre brotaba de su cuello desgarrado como agua roja de un surtidor.

Aquella sangre no llegó a tocar el suelo. Se detuvo en el aire, y cesó la risa, que se convirtió en un gorgoteo nauseabundo. Dominado por en vértigo del horror, lo comprendí todo. ¡La sangre estaba alimentando a un ser invisible del más allá! ¿Qué entidad del espacio había sido invocada tan repentina e inconscientemente? ¿Qué era aquél monstruoso vampiro que yo no podía ver?

Después,aun tuvo lugar una espantosa metamorfosis. El cuerpo de mi compañero se encogió, marchito ya y sin vida. Por último, cayó en el suelo y quedó horriblemente inmóvil. Pero en el aire de la estancia sucedió algo pavoroso.

Junto a la ventana, en el rincón, se hizo visible un resplandor rojizo.... sangriento. Muy despacio, pero en forma contínua, la silueta de la Presencia fue perfilándose cada vez más, a medida que la sangre iba llenando la trama de la invisible entidad de las estrellas. Era una inmensidad de gelatina palpitante, húmeda y roja, una burbuja escarlata con miles de apéndices, unas bocas que se abrían y cerraban con horrible codicia... Era una cosa hinchada y obscena, un bulto sin cabeza, sin rostro, sin ojos, una especie de buche ávido, dotado de garras, que había brotado del cielo estelar. La sangre humana con la que se había nutrido revelaba ahora los contornos del comensal. No era espectáculo para presenciarlo un humano.

Afortunadamente para mi equilibrio mental, aquella criatura no se demoró ante mis ojos. Con un desprecio total por el cadáver fláccido que yacía en el suelo, asió el espantoso libro con un tentáculo viscoso y retorcido, y se dirigió a la ventana con rapidez. Allí, comprimió su tembloroso cuerpo de gelatina a través de la abertura. Desapareció, y oí su risa burlesca y lejana, arrastrada por las ráfagas del viento, mientras regresaba a los abismos de donde había venido.

Eso fue todo. Me quedé solo en la habitación, ante el cuerpo roto y sin vida de mi amigo. El libro había desaparecido. En la pared había huellas de sangre y abundantes salpicaduras en el suelo. El rostro de mi amigo era una calavera ensagrentada vuelta hacia las estrellas.

Permanecí largo rato sentado en silencio, antes de prenderle fuego a la habitación. Después, me marché. Me reí, porque sabía que las llamas destruirían toda huella de lo ocurrido. Yo había llegado aquella misma tarde. Nadie me conocía ni me había visto llegar. Tampoco me vio nadie partir, ya que huí antes de que las llamas empezaran a propagarse. Anduve horas y horas, sin rumbo, por las torcillas calles, sacudido por una risa idiota, cada vez que divisaba las estrellas inflamadas, cruelmente jubilosas, que me miraban furtivamente a través de los desgarrones de la niebla fantasmal.

Al cabo de varias horas, me sentí lo bastante calmado para tomar el tren. Durante el largo viaje de regreso, estuve tranquilo, y lo he estado igualmente ahora, mientras escribía esta relación de los hechos. Tampoco me alteré cuando leí en la prensa la noticia de que mi amigo había fallecido en un incendio que destruyó su vivienda.

Solamente a veces, por la noche, cuando brillan las estrellas, los sueños vuelven a conducirme hacia un gigantesco laberinto de horror y locura. Entonces tomo drogas, en un vano intento por disipar los recuerdos que me asaltan mientras duermo. Pero esto tampoco me preocupa demasiado, porque sé que no permaneceré mucho tiempo aquí.

Tengo la certeza de que veré, una vez más, aquella temblorosa entidad de las estrellas. Estoy convencido de que pronto volverá para llevarme a esa negrura que es hoy morada de mi amigo. A veces deseo vivamente que llegue ese día, porque entonces aprenderé yo también, de una vez para siempre, los Misterios del Gusano.



Two Witches - Agony Of The Undead Vampire


Two Witches - Agony Of The Undead Vampire (1992)

1. Agony
2. The hungry eyes
3. The omen
4. Dead dog's howl
5. We all fall down
6. Nightmare
7. Fetish dreams
8. Mircalla
9. Winter


Paro de las 4 x 4 en Argentina



29-03-2008
No confundir campesinos con terratenientes

Adolfo Pérez Esquivel

El paro agrario en la Argentina desde hace más de 15 días, es utilizado por sectores golpistas para desestabilizar al gobierno y seguir explotando al pueblo con total impunidad.
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Las retenciones que el gobierno impone a las exportaciones tienen diversas lecturas y contradicciones que han confundido, y generado que los sectores del campo coincidan en la protesta. Es necesario diferenciar si están juntos y revueltos para desestabilizar al gobierno, o tienen la suficiente claridad para diferenciarse en la lucha y reclamos. Hay que diferenciar y saber si están juntos, pero no revueltos y hasta dónde llega estar juntos sin quemarse.

Recuerdo esa pequeña historia que dice: “El ladrón corre hacia el Este y el policía corre hacia el Este. Los dos corren hacia el Este pero con intenciones diferentes”.

Los productores agropecuarios nunca tuvieron tantas ganancias como en los últimos años, beneficiándose por la política de cambio y las exportaciones de soja y girasol. Los indicadores son elocuentes y concretos. Sin embargo es necesario hacer un análisis de los costos que esa actividad tiene para el país, su rentabilidad y concentración de la riqueza en pocas manos. Las grandes corporaciones agropecuarias, las transnacionales han destruido, y quemado miles de hectáreas de bosques, apropiándose de grandes extensiones de tierra para plantar soja transgénica. Utilizan agroquímicos altamente contaminantes sin importarles las consecuencias para el medio ambiente y vida de los pobladores.

Por otra parte, las contradicciones del gobierno no son pocas, pero hay que reconocer que ha dado algunos pasos importantes hacia la recuperación económica y eso es positivo. El saqueo a que fue sometido el país durante la crisis de 2001 fue un golpe de Estado económico, sacando al exterior los capitales y llevando al cierre de fábricas, desabastecimiento, aumento del desempleo y pobreza, provocado por capitales financieros y el sistema bancario, que buscaron el vaciamiento del país sin importarles las consecuencias sociales.

Sectores de la llamada “clase media, acomodada” salieron estos días en “apoyo al campo” con la cacerola de acero inoxidable y cucharita de plata a apoyar el paro agrario.

La falta de memoria, a muchos les ha jugado una mala pasada. Se olvidaron que la clase media acomodada siempre creyó estar a salvo de la debacle del país. La realidad les demostró que el capital financiero no tiene amigos, tiene intereses y que también fueron víctimas del vaciamiento económico y muchos perdieron sus recursos y ahorros depositados en los bancos. Es necesario hacer memoria y saber porqué hoy nadie se hace responsable de esa situación y lamentablemente la impunidad continúa.

El gobierno tiene que asumir que se equivocó al poner las retenciones por igual y no diferenciar a los pequeños y medianos productores rurales, que son la mayoría, y muchos con serias dificultades en su producción y con sus campos hipotecados; se equivocó al juzgarlos con la misma vara con que mide a las grandes corporaciones y terratenientes que tienen ganancias exorbitantes que sacan del país y que no están dispuesto a la re-distribución de la riqueza.


Reitero, estamos frente al cuento del ladrón y el policía, en que los dos corren hacia el Este pero con intenciones diferentes.

La presidenta Cristina Fernández Kirchner pidió que levanten el paro para dialogar y encontrar una salida al conflicto. Es una medida prudente que los productores rurales no pueden dejar pasar. El diálogo es el camino para encontrar soluciones.

El gobierno no puede volver a equivocarse y tiene que diferenciar al campesino de los terratenientes. No hay que permitir ni dejarse arrastrar por los golpistas para que se enfrenten trabajadores contra trabajadores

Hay veces en la vida que la enseñanza es dura, pero se aprende. Los campesinos luchan por sus derechos y resisten en la esperanza para alcanzar a vivir con dignidad y recuperar la soberanía nacional, hoy amenazada por los grandes intereses económicos que se niegan a re-distribuir la riqueza.

El gobierno debe tener políticas claras y coherentes entre el decir y el hacer. Hoy están vendiendo el territorio nacional, devastando sus riquezas y empobreciendo al pueblo. Las retenciones son necesarias, no sólo al agro, a las empresas mineras, a las petroleras, para ello es necesario políticas públicas para evitar la explotación irracional y recuperar la soberanía perdida. Las retenciones deben dirigirse correctamente para construir el país que queremos.

Queda un largo camino a recorrer que es necesario asumir entre todos y todas.

- Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz.
Fuente


Alice Borchardt - La Loba de Plata


Alice Borchardt - La Loba de Plata


En esta fascinante novela de asombrosa originalidad y alcance, Alice Borchardt insufla vida a una época perdida, recreando de manera brillante un mundo sensual y violento... y los hombres y mujeres cuyas grandes ambiciones, traiciones y pasiones dan forma a la era en la que viven y mueren.

La decadente Roma de la Edad Oscura está enfangada en las ruinas de su grandeza. A la Ciudad Eterna llega Regeane, una hermosa joven emparentada por su madre muerta con el emperador Carlomagno. Su sangre real convierte a la muchacha en un peón involuntario en la lucha por el poder político. Pero sin que lo sepan quienes planean su destino, la sangre que ha heredado de su padre asesinado hace de ella algo más que una hija de la realeza. Con una fuerza y agilidad sobrenaturales, recuerdos primigenios que se remontan a milenios atrás, y unos sentidos tan agudos que pueden atravesar el mismo velo de la muerte, Regeane es una cambiante: mujer y loba, cazadora y presa.

Comprometida por el orden de Carlomagno con un Señor Bárbaro al que nunca ha visto, Regeane está rodeada de enemigos. El más notorio, su depravado tío y guardián, no tendrá escrúpulos en entregarla a la Iglesia a menos que le ayude en sus siniestros planes. Y si la Iglesia descubre su secreto, Regeane arderá en la hoguera.

Lírica, trepidante, sensual, y rica en detalle histórico y sensibilidad, La Loba de Plata lleva a Alice Borchardt directamente a la primera fila de las escritoras actuales. Su intrincada trama e hipnótica voz lanzan un hechizo que pocos podrán resistir.


Death Sentence


Death Sentence (2007) DVDRip


CD1

Subt

Mario versus Mario




Mario Benedetti - Ni Corruptos Ni Contentos
El innegable talento demostrado por Mario Vargas Llosa en sus siete novelas, los premios y honores acumulados en más de veinte años, así como
la extraordinaria difusión alcanzada por sus libros, han generado y generan una razonable expectativa ante cada uno de sus comentarios y
opiniones, aun cuando no se limiten al campo específico de la literatura.
En los últimos años, el autor de La casa verde ha mostrado cierta preocupación por explicar sus preferencias y desencantos políticos. Entre
las primeras figura, por ejemplo, el Gobierno de su país, encabezado por Fernando Belaúnde Terry; entre los segundos están la revolución cubana y,
de un tiempo a esta parte, la revolución sandinista. Desde 1960 a la fecha, Vargas Llosa ha efectuado un viraje espectacular en sus predilecciones políticas, y si bien siempre se ha esforzado por demostrar que su desvelo especial es la libertad, lo cierto es que hace quince años era entusiastamente apoyado por las izquierdas latinoamericanas, y hoy en cambio es halagado y arropado por las derechas. Es claro que en aquel
apoyo y en este sostén caben anchas franjas de malentendidos que no corresponden al autor en cuestión, pero de todas maneras son señales a
tener en cuenta. Las izquierdas suelen equivocarse en sus fervores; las derechas, casi nunca.
Me parece absolutamente legítimo que un escritor, y más si es alguien conocido y admirado como Vargas Llosa, se sienta tan presionado por la
realidad como para pronunciarse frecuentemente sobre ella. La circunstancia de que muchos intelectuales latinoamericanos, a pesar de no
practicar la obsecuencia ni la obediencia ciega que suele atribuirnos Vargas Llosa, mantengamos nuestra adhesión a las revoluciones de Cuba y
Nicaragua no nos impide comprender que vanos aspectos de esas realidades hieran, vulneren o incluso descalabren ciertas pautas y arquetipos de
otros intelectuales. De modo que mientras Vargas Llosa se limitó a expresar su visión personal de lo que consideraba un sistema político ideal (modelo que, con los años, se fue desplazando de Cuba a Israel), así como sus implacables juicios ante los arduos procesos revolucionanos, la distancia entre sus posiciones y las de la mayoría de los intelectuales latinoamericanos sigue creciendo, pero el respeto mutuo se mantuvo. Hoy
Vargas Llosa reconoce de manera explícita (véase la entrevista concedida a Valeno Riva en Panorama, Roma, 2 de enero de 1984) que su postura es francamente rninoritana entre los intelectuales de nuestros países.
Esa comprobación no sólo lo sacude y lo irrita, sino que lo lleva a un nivel de agravios que no suele ser moneda corriente en el mundo cultural
latinoamericano, donde siempre han existido y coexistido enfoques diversos y hasta contradictorios.
Frecuentemente leo artículos de Vargas Llosa y entrevistas que concede a los medios de comunicación; sin embargo, en el reportaje de Panorama antes mencionado encuentro por vez primera algunas tajantes afirmaciones que
nunca vi reflejadas en sus colaboraciones latinoamericanas. Pude leer esa nota porque unos amigos me la enviaron desde Italia debido a que yo era allí directamente aludido. Corruptos y contentos titula Valerio Riva a toda página el artículo en cuestión, sintetizando así el diagnóstico de su ilustre interlocutor acerca de sus colegas latinoamericanos. Sólo menciona tres excepciones (aclara que «hay que buscarlas con linterna»); Octavio Paz, Jorge Edwards y Ernesto Sábato, pero tengo mis dudas de que este
último se sienta halagado por integrar la terna. Según declara Vargas Llosa, el llamado caso Padilla le restituyó la soberanía individual, y
desde entonces ya no se siente «una suerte de zombi, de robot, de instrumento», como sugiere que todavía han de sentirse muchos de sus
colegas. Traza una línea divisoria entre los intelectuales de Europa y los de América Latina: «Entre los intelectuales europeos de izquierda ha
tenido lugar un saludable replanteamiento, pero en América Latina la mayoría baila aún obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pavlov». Cuando Valerio Riva le pregunta cuántos y quiénes son esos
«intelectuales condicionados», Vargas Llosa responde: «Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Julio Cortázar. Éstos son los más ilustres, pero luego hay un número infinito de intelectuales medianos y menores, todos perfectamente manipulados, subordinados, corruptos. Corruptos por el reflejo condicionado del miedo de afrontar el mecanismo de satanización que posee la extrema izquierda. (...) Intelectuales respetabilísimos tragan las mentiras más infames simplemente para no ser triturados por ese mecanismo de difamación».
Entiendo que el propio Vargas Llosa no es una aceptable prueba de su teoría, ya que desde hace años se viene despachando a gusto sobre algunas
de nuestras más firmes convicciones, y sin embargo no parece haber sido muy triturado: no sólo no recuerdo que nadie lo haya tratado de «corrupto y contento», ni siquiera de «perro de Pavlov», sino que más bien ha sido promocionado, elogiado, editado, premiado y traducido como pocos escritores de este mundo. Tal vez su caso podría ser ejemplo del extraordinario apoyo que puede lograr un escritor cuando, además de
producir excelentes obras, ataca las posiciones y actitudes de izquierda.
Realmente, Vargas Llosa no es demasiado convincente como modelo de intelectual triturado.
Pero no se detiene allí: «En los países del Tercer Mundo y sobre todo en América Latina, el intelectual es un elemento fundamental del
subdesarrollo. No es alguien que lucha contra el subdesarrollo, sino que él mismo es un factor de subdesarrollo, ya que es un gran propagador de
estereotipos y crea reflejos intelectuales condicionados. Al repetir todos los lugares comunes de la propaganda, termina por obstruir cualquier posibilidad de creación de nuevas fórmulas de liberación», Tengo la impresión de que la teoría de los reflejos condicionados ha ido
condicionando a Vargas Llosa. Gracias a Pavlov sabemos ahora que el subdesarrollo no es una consecuencia del desarrollado y subdesarrollante
imperialismo, ni de las intocables transnacionales, ni del extendido analfabetismo, sino del alfabetizado y maligno intelectual. Toda una
revelación, aunque nos sea difícil imaginar (quizá debido a que somos zombis o robots) que Carpentier o Neruda resulten más culpables de
nuestras miserias que la United Fruit o la Anaconda Copper Mining. Es probable que cuando Vargas Llosa menciona el carácter corrupto (y
contento) de la mayoría de los escritores latinoamericanos esté pensando en el oro de Moscú. Lamentamos desilusionarlo. Ni los mejores atornillados robots de entre nosotros hemos tenido acceso a esa cuota áurea. Supongo que no se referirá a los derechos de autor generados en los países socialistas, en primer término porque son harto dificiles de cobrar, y en segundo, porque el propio Vargas Llosa ha sido profusamente publicado por las editoriales comunistas.
A un intelectual del alto rango artístico de Vargas Llosa debe exigírsele una mínima seriedad en los planteos políticos, particularmente cuando éstos ponen en entredicho la probidad de sus colegas. Hablar de «corruptos y contentos» en una rejón del mundo en la que hay tantos intelectuales
perseguidos, prohibidos, exiliados; donde hay por lo menos veintiocho poetas (incluido su compatriota Javier Heraud) que perdieron la vida por causas políticas; un continente que ha conocido el holocausto de Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo; la desaparición de Julio Castro; el
asesinato de Roque Dalton e Ibero Gutiérrez; la prisión de Carlos Quijano y Juan Carlos Onetti; la tortura de Mauricio Rosencof y la muerte heroica
de Leonel Rugania; hablar de «corruptos y contentos» en ese marco de discriminación y de riesgo, de amenazas y de crimen es, por lo menos, una actitud insoportablemente frívola.
Ni corruptos ni contentos. El segundo calificativo es casi tan grave como el primero, y revela el mismo desconocimiento del material humano que hoy sostiene y profundiza la cultura de América Latina. ¿Cómo podremos estar contentos si en cada minuto muere un niño en América Latina debido a hambre o a enfermedad; si cada cinco minutos ocurre un asesinato político en Guatemala; si hay treinta mil desaparecidos en Argentina?
Confieso que, en el fondo, ésta ráfaga de agravios, esta virulenta ofensiva que Vargas Llosa dedica a aquellos intelectuales que no comparten sus ideas, me decepciona bastante. Precisamente por haber disfrutado tanto, como lector, de la obra de Vargas Llosa, me entristece particularmente esta injusta diatriba, esta falta de mínimo respeto a quienes, como él, aunque probablemente no tan bien como él, luchamos a diario con la palabra y tratamos de convertirla en literatura, es decir, en patrimonio de todos. Hace tiempo que nos hemos resignado a que no esté con nosotros, en nuestra trinchera, sino con ellos, en la de enfrente, pero en cambio no podemos resignarnos a que, por diferencias ideológicas o amparado quizá en las dispensas de la fama, recurra al golpe bajo, al juego ilícito, para reforzar sus respetables argumentos.
Afortunadamente, la obra de Vargas Llosa está netamente situada a la izquierda de su autor, y seguirá siendo leída con fruición por los zombis, los robots y los perros de Pavlov.




Mario Vargas Llosa - Entre Tocayos
Aunque con cierto atraso, quiero comentar, ahora que tengo un respiro, el artículo de mi amigo Mario Benedetti acusándome de frivolidad política y de recurrir ("amparado quizá en las dispensas de la fama") al golpe bajo y al juego ilícito en el debate ideológico, que apareció en EL PAIS (9 de abril de 1984) y que ha sido luego reproducido en medio mundo (de Holanda a Brasil).
Aunque no veo a Benedetti hace una punta de años y aunque nuestras ideas políticas se han distanciado, mi afecto por él buen compañero con quien compartí desvelos políticos y literarios en los sesenta y setenta no ha variado, y menos mi admiración por su buena poesía y sus excelentes narraciones. Soy incluso atento lector de sus artículos, a los que, a pesar de discrepar a menudo con ellos, tengo por un modelo de periodismo bien escrito. Me apena por eso que me haya creído capaz de insultarlo en aquella entrevista aparecida en Italia en la revista Panorama y que Valerio Riva tituló, aparatosamente, "Corruptos y contentos". Una de las cosas que tengo claras es que la única manera de que la controversia intelectual sea posible es excluyendo de ella los insultos, y desafío a que, aun buscando con lupa, alguien los encuentre en un texto firmado por mí. De las entrevistas estoy menos seguro, Benedetti sabe tanto como yo las sutiles o brutales alteraciones de que uno es víctima cuando las concede, sobre todo si ellas rozan el tema político, siempre incandescente tratándose de América Latina.
La entrevista de Panorama es fiel en esencia a lo que dije, no en el énfasis dado a ciertas frases. Algunos asuntos que toqué en ella, es cierto, exigían un desarrollo y una matización más cuidados para no parecer meros ucases. Como ellos son de sobresaliente actualidad, vale la pena retomarlos en esta polémica --cordial-- con mi tocayo.
El primero es: el intelectual, como factor del subdesarrollo político de nuestros países. Subrayo político porque éste es el nudo de la cuestión. Hay una extraordinaria paradoja en que la misma persona que, en la poesía o la novela, ha mostrado audacia y libertad, aptitud para romper con la tradición, las convenciones y renovar raigalmente las formas, los mitos y el lenguaje, sea capaz de un desconcertante conformismo en el dominio ideológico, en el que, con prudencia, timidez, docilidad, no vacila en hacer suyos y respaldar con su prestigio los dogmas más dudosos e incluso las meras consignas de la propaganda.
Examinemos el caso de los dos grandes autores que Benedetti menciona -Neruda y Carpentier- preguntándome burlonamente si ellos son más culpables de nuestras miserias "que la United Fruit o la Anaconda Cooper Mining". Tengo a la poesía de Neruda por la más rica y liberadora que se ha escrito en castellano en este siglo, una poesía tan vasta como es la pintura de Picasso, un firmamento en el que hay misterio, maravilla, simplicidad y complejidad extremas, realismo y surrealismo, lírica y épica intuición y razón y una sabiduría artesanal tan grande como capacidad de invención. ¿Cómo pudo, ser la misma persona que revolucionó de este modo la poesía de la lengua el disciplinado militante que escribió poemas en loor de Stalin y a quien todos los crímenes del estalinismo -lar purgas, los campos, los juicios fraguados, las matanzas, la esclerosis del marxismo- no produjeron la menor turbación ética, ninguno de los conflictos y dilemas en que sumieron a tantos artistas? Toda la dimensión política de la obra de Neruda se resiente del mismo esquematismo conformista de su militancia. No hubo en él duplicidad moral: su visión del mundo, como político y como escritor (cuando escribía de política) era maniquea y dogmática. Gracias a Neruda, incontables latinoamericanos descubrimos la poesía; gracias a él -su influencia fue gigantesca- innumerables jóvenes llegaron a creer que la manera más digna de combatir las iniquidades del imperialismo y de la reacción era oponiéndoles la ortodoxia estalinista.
El caso de Alejo Carpentier no es el de Neruda. Sus elegantes ficciones encierran una concepción profundamente escéptica y pesimista de la historia, son bellas parábolas, de refinada erudición y artificiosa palabra, sobre la futilidad de las empresas humanas. Cuando, en los años finales, este esteta intentó escribir novelas optimistas, más en consonancia con su posición política debió violentar algún centro vital de su fuerza creadora, herir su visión inconsciente, porque su obra se empobreció artísticamente. Pero, ¿qué lección de moral política dio a sus lectores latinoamericanos este gran escritor? La de un respetuoso funcionario de la revolución que, en su cargo diplomático de París, abdicó enteramente de la facultad, no digamos de criticar, sino de pensar políticamente. Pues todo cuanto dijo, hizo o escribió en este campo, desde 1959, no fue opinar lo que significa arriesgarse, inventar, correr el albur del acierto o el error, sino repetir beatamente los dictados del Gobierno al que servía.
Se me reprochará seguramente ser mezquino y obtuso: ¿acaso el aporte literario de un Neruda o un Carpentier no es suficiente para que nos olvidemos de su comportamiento político? ¿Vamos a volvemos unos inquisidores exigiendo de los escritores no sólo que sean rigurosos, honestos y audaces a la hora de inventar, sino también en lo político y en lo moral? Creo que en esto Mario Benedetti y yo estaremos de acuerdo.
En América Latina, un escritor no es sólo un escritor. Debido a la naturaleza terrible de nuestros problemas, a una tradición muy arraigada, al hecho de que contamos con tribunas y modos de hacernos escuchar, es también alguien de quien se espera una contribución activa en la solución de los problemas. Puede ser ingenuo y errado sería más cómodo para nosotros, sin duda, que en América Latina se viera en el escritor alguien cuya función exclusiva es entretener o hechizar con sus libros. Pero Benedetti y yo sabemos que no es así; que también se espera de nosotros -más, se nos exige- pronunciarnos continuamente sobre lo que ocurre y que ayudemos a tomar posición a los demás. Se trata de una tremenda responsabilidad. Desde luego que un escritor puede rehuirla y, pese a ello, escribir obras maestras. Pero quienes no la rehuyen tienen la obligación, en ese campo político donde lo que dicen y escriben reverbera en la manera de actuar y pensar de los demás, de ser tan honestos, rigurosos y cuidadosos como a la hora de soñar.
Ni Neruda ni Carpentier me parecen haber cumplido aquella función cívica como cumplieron la artística. Mi reproche, a ellos y a quienes, como lo hicieron ellos, creen que la responsabilidad de un intelectual de izquierda consiste en ponerse al servicio incondicional de un partido o un régimen de esta etiqueta, no es que fueran comunistas. Es que lo fueran de una manera indigna de un escritor: sin reelaborar por cuenta propia, cotejándolos con los hechos, las ideas, anatemas, estereotipos o consignas que promocionan; que lo fueran sin imaginación y sin espíritu crítico, abdicando del primer deber del intelectual: ser libre. Muchos intelectuales latinoamericanos han renunciado a las ideas y a la originalidad riesgosa, y por eso entre nosotros el debate político suele ser tan pobre: invectiva y clisé. Que haya acaso entre los escritores latinoamericanos una mayoría en esta actitud parece confortar a Mario Benedetti y darle la sensación del triunfo. A mí me angustia, pues ello quiere decir que, a pesar de la riquísima floración artística que nuestro continente ha producido, aún no salimos del oscurantismo ideológico.
Hay, por fortuna, algunas excepciones, dentro de la pobreza intelectual que caracteriza a nuestra literatura política, como los autores que cité en la entrevista: Paz, Edwards, Sábato. No son los únicos, desde luego. En los últimos años, para mencionar sólo el caso de México, escritores como Gabriel Zaid y Enrique Krauze han producido espléndidos ensayos de actualidad política y económica. ¿Pero por qué estas excepciones son tan escasas? Creo que hay dos razones. La primera: los estragos y horrores de las dictaduras militares llevan al escritor ansioso de combatirlas a optar por lo que le parece más eficaz y expeditivo, a evitar toda aquella matización, ambigüedad o duda que pudiera confundirse con debilidad o "dar armas al enemigo". Y la segunda: el terror a ser satelizado si ejercita la crítica contra la propia izquierda, la que, así como ha sido inepta en América Latina para producir un pensamiento original, ha demostrado urja maestría insuperable en el arte de la desfiguración y la calumnia de sus críticos (tengo un baúl de recortes para probarlo).
Benedetti cita a un buen número de poetas y escritores asesinados, encarcelados y torturados por las dictaduras latinoamericanas (es significativo de lo que trato decir que olvida mencionar a un solo cubano, como si no hubieran pasado escritores por las cárceles de la isla y no hubiera decenas de intelectuales de ese país en el exilio. De otro lado, por descuido, coloca a Roque Dalton entre los mártires del imperialismo: en verdad, lo fue del sectarismo, ya que lo asesinaron sus propios camaradas). ¿He puesto en duda alguna vez el carácter sanguinario y estúpido de estas dictaduras? siento por ellas la misma repugnancia que Benedetti. Pero, en todo caso, aquellos asesinatos y abusos muestran la crueldad y ceguera de quienes los cometieron, y no necesariamente la clarividencia política de sus víctimas. Que algunas de ellas la tuvieran, desde luego. Otras carecían de ella. El heroísmo no resulta siempre de la lucidez, muchas veces es hijo del fanatismo. El problema no está en la brutalidad de nuestras dictaduras, sobre lo que Benedetti y yo coincidimos, así como en la necesidad de acabar con ellas cuanto antes. El problema es: ¿con qué las reemplazamos?, ¿con Gobiernos democráticos, como yo quisiera?, ¿o con otras dictaduras, como la cubana, que él defiende?
Defender la opción democrática para América Latina no es excluir ninguna reforma, aun las más radicales, para la solución de nuestros problemas, sino pedir que se hagan a través de Gobiernos nacidos de elecciones y que garanticen un estado de derecho en el que nadie sea discriminado en razón de sus ideas.
Esta opción no excluye, por supuesto, que un partido marxista - leninista suba al poder y, por ejemplo, estatice toda la economía. Yo no lo deseo para mi país, porque creo que si el Estado monopoliza la producción, la libertad tarde o temprano se esfuma y nada prueba que esta fórmula --y su alto precio--- saque a una sociedad (del subdesarrollo. Pero si es éste el modelo por el que votan los peruanos lucharé porque se respete su decisión y porque, dentro del nuevo régimen, la libertad sobreviva. (No se trata de una hipótesis académica: en las últimas elecciones municipales, la extrema izquierda ganó la alcaldía de Lima, además de muchas otras en el resto del país).
Mi oposición al régimen cubano, como al chileno, uruguayo o paraguayo no es por lo que hay en ellos de distinto --que es mucho - sino de común: que las políticas que practican se decidan y se impongan de manera vertical, sin que los pueblos que las sufren o se benefician de ellas puedan aprobarlas, desaprobarlas o enmendarlas. Sobre la índole de estas políticas particulares siempre he preferido pronunciarme de manera no general, sino específica (en contra de la pena de muerte, de cualquier intervención extranjera, a favor de una moderada intervención del Estado en la economía, etcétera), advirtiendo que estas opiniones no estaban exentas a veces de dudas y sujetas, por tanto, a revisión. En lo único que creo haber mantenido una posición firme hace 14 años es en la defensa de unas reglas de juego que permitan la coexistencia de puntos de vista diferentes en el seno de la sociedad, la mejor contra la represión, las censuras y las cuentas civiles que han signado nuestra historia y nos han hundido en el subdesarrollo económico y la barbarie política.
¿A qué viene esta autoconfesión en el diálogo que me opone a Mario Benedetti? A que defender esta tesis en América Latina es extremadamente difícil para un escritor. Quien Ia defiende se ve pronto atrapado en esa maquinaria denigratoria que mencioné a Valerio Riva y que conviene como anillo al dedo a los dos extremos del espectro ideológico, distanciados en todo salvo en promocionar esta falsedad: que la alternativa, para los pueblos latinoamericanos, no es entre la democracia y las dictaduras (marxistas o neofascistas), sino entre la reacción y la revolución, encarnadas ejemplarmente por Pinochet y Fidel Castro.
Que esta alternativa es falsa se encargan de probarlo, cada vez que son consultados, los propios pueblos latinoamericanos. Así lo han hecho, hace poco, en Argentina, Venezuela y Ecuador, votando por Gobiernos que, más a la derecha o más a la 1zquierda, son de índole inequívocamente democrática. Incluso en elecciones menos genuinas --porque hubo fraude o porque no participó la extrema izquierda -, como las de Panamá y El Salvador, el mandato popular, en favor de la moderación y la tolerancia, ha sido clarísimo.
Sin embargo, un gran número de intelectuales latinoamericanos se niegan a ver esta evidencia -la voluntad popular de convivencia y de consenso-- descartan la opción democrática como una mera farsa. De este modo contribuyen a que la democracia lo sea, es decir, a que funcione mal y a menudo colapse. Su abstención u hostilidad ha impedido que esta opción democrática, que es la de nuestros pueblos, se cargue de ideas originales, de sustancia intelectual innovadora, y se adapte a nuestras complejas realidades de una manera eficiente. Nuestros intelectuales revolucionarios han sido un obstáculo considerable, además, para que este tema fuera al menos debatido, ya que, siguiendo la vieja tradición oscurantista de la excomunión, se han limitado a precipitar, a sus colegas que defendíamos aquella opción, al infierno ideológico de los réprobos (la reacción).
Mario Benedetti dice esto de mi: "Hace tiempo que nos hemos resignado a que no esté con nosotros, en nuestras trincheras, sino con ellos, en Ia de enfrente..." ¿Quiénes son ellos? ¿Quienes están conmigo en esta trinchera de enfrente? Benedetti es un exiliado, una víctima de la dictadura militar que agobia a su país, un enemigo de los regímenes más oprobiosos, como el de Stroessner o el de Baby Doc. Si yo estoy entre sus enemigos yo soy, pues, una de estas alimañas. ¿De qué otra manera puede entenderse si no lo que la astuta frase sugiere? En ellos nos confunde, a mí y a aquellas escorias, en esa trinchera que por lo visto compartimos. Hay una guerra y dos enemigos enfrentados. De un lado la reacción y del otro la revolución. ¿Lo demás es literatura?
Eso es lo que he llamado el mecanismo de satanización que a él le provoca hilaridad. ¿No es su propio artículo una prueba de que existe? Es verdad que mis libros se publican en los países comunistas. Pero es verdad también que, a diferencia de él, que puede dedicar sus artículos a explicar lo que es y lo que quiere en política, yo debo dedicar mucho tiempo, tinta y paciencia a aclarar Io que no soy y a rectificar las tergiversaciones y caricaturas que me atribuyen los que se niegan en América Latina a distinguir entre un sistema democrático y una dictadura de derecha.
Hace apenas unas semanas, para no ir muy lejos, tuve que explicar a unos lectores holandeses despistados por el artículo de mi tocayo que - al revés de lo que éste sugiere - yo soy un adversario tan acérrimo como él de los tiranuelos que lo exiliaron y que nuestras diferencias no consisten en que yo defienda la reacción y él el progreso, sino, aparentemente, en que yo critico por igual a todos los regímenes que exilian (o encarcelan o matan) a sus adversarios, en tanto que a él esto le parece menos grave si se hace en nombre del socialismo. ¿Estoy, a mi vez, caricaturizando su posición? Si es así, retiro lo dicho. Pero la verdad es que no recuerdo haber leído nunca una sola palabra suya de admonición o protesta por ningún abuso contra los derechos humanos cometido en algún país socialista. ¿O es que allí no se cometen?
Luchar contra la satanización es largo, aburrido, frustrante, y no debe sorprender que muchos intelectuales latinoamericanos prefieran no dar esa batalla, callando o resignándose a aceptar el chantaje. Si para un escritor de las luces de Benedetti no es posible diferenciar entre un partidario de la democracia y un fascista -a los que amalgama dentro de su rígida geometría ideológica: ellos y nosotros -, ¿qué se puede esperar de quienes, compartiendo sus afinidades políticas, carecen de su cultura, sutileza y sintaxis?
Yo sé lo que se puede esperar: las elucubraciones periodísticas de un Mirko Lauer, por ejemplo (para citar lo peor). Las invectivas son, desde luego, lo de menos. Lo de más es la sensación de hallarse continuamente en una posición absurda, arrastrado a un debate empobrecedor, a un pugilismo intelectual de cloaca. Eso es lo que ocurre cuando uno intenta hablar del problema de la libertad de expresión y le preguntan cuánto gana, por qué escribe en tal periódico y no en el otro y si sabía quién financió el congreso en el que participó. Todos esos son indicios, al parecer, de que uno es halagado y arropado por las derechas. Quienes utilizan estos argumentos en el debate saben muy bien que ellos no lo son, sino chismografías que lo degradan hasta hacerlo imposible. ¿Para qué los emplean, pues? Para evitar el debate, justamente; porque, dentro de esa tradición de absolutismo ideológico que tanto daño nos ha hecho, entienden la política más como un acto de fe que como quehacer racional. Por ello no quieren convencer o refutar al adversario sino descalificarlo moralmente, para que todo lo que salga de su boca -de su pluma-, por venir de un réprobo, sea reprobable, indigno incluso de refutación.
Pese a todo, sin embargo, hay que romper el círculo vicioso y tratar de que el diálogo se establezca y vaya atrayendo a un número cada vez mayor de intelectuales. Sólo así llegará a ser la política, entre nosotros, como lo es ya la literatura, cotejo de ideas, experimentación, pluralidad, innovación, fantasía, creación. A diferencia de lo que él piensa de la mía, yo creo que la posición que defiende Mario Benedetti debe tener derecho de ciudad porque el pensamiento socialista - marxista - leninista o no - tiene mucho que aportar a América Latina. Sólo le pido que admita que ninguna posición tiene la prerrogativa de la infalibilidad y que todas deben, por tanto, entrar, con las adversarias, en un diálogo que nos enriquecerá a todos, modificando
o reforzando nuestras tesis. Lo que nos opone no son tanto los contenidos, como las formas a través de las cuales estos contenidos deben materializarse. Discutamos, pues, sobre las formas políticas.
A muchos mortales les parecerá una pérdida de tiempo. Pero nosotros, escritores, sabemos que la forma determina el contenido de la literatura. Las formas son los medios en el orden político. Discutir civilizadamente sobre los medios es, ya, una manera de civilizarlos y de contribuir al prog:eso de nuestras tierras. Porque los medios políticos requieren en América Latina una. reforma tan profunda como la economía y el orden social para que salgamos de veras del subdesarrollo.




Mario Benedetti - Ni cínicos ni oportunistas
Parece que, en un reciente viaje a Holanda, Mario Vargas Llosa tuvo que responder a varias preguntas relacionadas con mi artículo «Ni corruptos ni contentos», originalmente aparecido en El País y posteriormente reproducido en el diario holandés Volkskrant. A mí, en cambio, me acosaron (estuve en Amsterdam pocos días después) con preguntas referidas a las declaraciones de mi tocayo. Como no sé holandés, tuve que hacer confianza en mis traductores, y ellos me dijeron que, según Vargas Llosa, lo de «corruptos y contentos» había sido una mala interpretación del periodista italiano Valeno Riva, y dejó constancia de que sólo había querido decir que los escritores latinoamericanos éramos «cínicos y oportunistas». Tengo conmigo un ejemplar del semanario holandés HP, en el que apareció la entrevista, y, efectivamente, allí están, en medio de un piélago de palabras holandesas, algunas que se parecen bastante a las de otras lenguas más accesibles: latjnamerikaanse schrijvers, cynisch y opportunist. Cuando un periodista holandés me pidió un comentario sobre los nuevos calificativos, le respondí que tal vez se trataba de un nuevo malentendido y que probablemente el entrevistado sólo había querido decir que éramos «holgazanes y rateros».
Como bien lo señala Vargas Llosa en sus artículos («Entre tocayos», I y II, El País, 14 y 15 de junio de 1984), en verdad hace muchos años que no nos vemos, y esta polémica ha servido al menos para enteramos de que nos seguimos leyendo mutuamente y con gusto. Con ello ha quedado claro que nuestras diferencias no son específicamente literarias. Este nuevo artículo no es para prolongar la polémica. Creo que ya somos bastante maduros como para alimentar la ilusión de que los argumentos de uno vayan a conmover las convicciones del otro, y viceversa. Simplemente, creo conveniente dejar constancia de algunas observaciones y rectificaciones en un nivel meramente informativo.
Nuestra mayor e irremediable diferencia está en que Vargas Llosa entiende (y no pongo en duda su sinceridad) que cualquier escritor latinoamericano que hoy apoye revoluciones como la cubana o la nicaragüense no lo hace libremente y por convicción, sino por «un desconcertante conformismo en el dominio ideológico», Personalmente, tengo mejor opinión de mis colegas, y sin perjuicio de que pueda existir (¿por qué no?) algún sectario u obsecuente, creo (y espero que mi tocayo tampoco ponga en duda mi sinceridad) que la gran mayoría de escritores latinoamericanos que han apoyado y apoyan esas revoluciones lo hacen por propia decisión y no por corrupción, ni por cinismo, ni por oportunismo. Eso es lo que me conforta, y no, como dice Vargas Llosa, el que los intelectuales hayan renunciado a las ideas y a la originalidad riesgosa. Justamente porque no han renunciado a sus ideas y a sus riesgos es que frecuentemente son víctimas de formas de represión (cárcel, torturas, destierro, negación de visados, amenazas, etcétera.) que él, afortunadamente, no ha sufrido.
Por otra parte, al retornar mi mención de Neruda, Vargas Llosa habla exclusivamente de sus «poemas en loor de Stalin», y no de sus autocríticas a ese respecto, que constan en Memorial de Isla Negra y también en sus memorias. Aunque con rumbos ideológicos contrarios, la evolución de Neruda acerca de Stalin siguió un proceso bastante similar al de Vargas Llosa con respecto a Cuba. Sólo que él juzga su propio cambio como un signo de libertad, y, en cambio, el de Neruda ni siquiera lo menciona.
Vargas Llosa me reprocha que, al citar «a un buen número de poetas y escritores asesinados, encarcelados y torturados por las dictaduras latinoamericanas», olvide mencionar a un solo cubano y, en cambio, por descuido, coloque a Roque Dalton «entre los mártires del imperialismo: en verdad, lo fue del sectarismo, ya que lo asesinaron sus propios camaradas». En realidad, yo hablo de veintiocho poetas «que perdieron la vida por razones políticas» y no incluyo al poeta salvadoreño «entre los mártires del imperialismo». A mayor abundamiento, le recuerdo que en mi antología Poesía trunca (publicada en La Habana y en Madrid), que incluye a esos veintiocho poetas, digo textualmente al hablar de Roque Dalton: «Enrolado en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), organización salvadoreña, regresó clandestinamente a su patria, y el lo de mayo de 1975 fue asesinado en su país por una pequeña fracción ultraizquierdista de esa misma organización». Por otra parte, en esa antología figuran cinco poetas cubanos, todos ellos asesinados por la dictadura de Batista, ya que, como es obvio, el gobierno revolucionario no ha matado a ningún escritor.
Mi tocayo se agravia porque yo hablo de «ellos» y «nosotros», deduciendo que al incluirlo en el primer rubro lo estoy asimilando al clan de «alimañas» y «escorias» como Stroessner o Baby Doc, y juzga que eso es un «mecanismo de satanización», jamás se me ocurrida confundir al autor de La casa Verde con un fascista ni con un sádico como los que menciona. Cuando digo «nosotros» me refiero a quienes defendemos las revoluciones latinoamericanas, y pese a sus carencias y eventuales errores, las consideramos fundamentales y funcionales para la liberación de nuestros pueblos. Cuando digo «ellos» me refiero a quienes indiscriminadamente las acosan, renuncian a comprenderlas y contribuyen a bloquearlas con su desinformación. No sólo los «neofascistas» y las «alimañas» ejercen esa tarea; también los «reaccionarios de izquierda», que no faltan.
Es obvio que a mi tocayo ya no lo seducen las revoluciones; más bien reclama que las reformas, aun las más radicales, «se hagan a través de gobiernos nacidos de elecciones», (La memoria de Salvador Allende y los archivos de la CIA podrían aportar algo a este respecto). Eso, por supuesto, excluye a todas las revoluciones que en el mundo han sido, desde la francesa a la soviética, desde la mexicana a la argelina, desde la cubana a la nicaragüense. Quizá mi tocayo haya olvidado que aun la revolución norteamericana debió esperar trece años desde la declaración de independencia hasta la elección y asunción de su primer presidente constitucional. La exigencia electoral de Vargas Llosa incluye, en cambio, a gobernantes como Somoza, Stroessner y otras «alimañas» que nunca olvidaron ese requisito formal. Y también comprende a El Salvador, en cuyos recientes comicios la exclusión de la izquierda, según Vargas Llosa, «limita pero no invalida el proceso». Este último caso se podría conectar con las anunciadas elecciones en mi país. Por supuesto, aspiro a una salida democrática, pero es evidente que si esas relaciones se realizan (como lo exigen los militares) sin amnistía y con proscripciones, el proceso quedará invalidado. O sea, que hay democracia semántica para todos los gustos.
No es cierto, como afirma Vargas Llosa, que nunca me haya pronunciado negativamente sobre hechos y actitudes del mundo socialista que hayan sido violatorias de los derechos humanos. Digamos que las invasiones nunca me gustaron, y ahí están sendos artículos, con mi opinión contraria y con mi firma, publicados en Marcha, de Montevideo, cuando las invasiones soviéticas de Hungría y Checoslovaquia. (Por cierto que este último fue reproducido en La Habana, pese a que, obviamente, no coincidía con la posición del Gobierno cubano). Sobre la invasión de Afganistán, mi opinión negativa figura en más de un artículo publicado en estas mismas páginas. Reconozco, sin embargo, que éstos no son mis temas prioritarios.
Creo que para el proceso de liberación económica, social y política de América Latina, el enemigo no es exactamente la URSS, sino, definitivamente, Estados Unidos. (En una reciente encuesta europea, el pueblo español opinó en el mismo sentido). Hasta ahora, al menos, todos los bloqueos, invasiones, adiestramientos de torturadores, campañas de esterilización e intereses leoninos, que sufren nuestros países, no provienen de la Unión Soviética, sino de Estados Unidos. De modo que también en las alertas hay prioridades.
Por tales razones, y no por cinismo, los uruguayos no entendemos muy bien, por ejemplo, que Vargas Llosa haya prestigiado con su nombre y su celebridad un congreso de intelectuales organizado, creo que en Colombia, por la secta Moon. Sé que mi tocayo declaró a un periódico montevideano que allí había podido expresarse con absoluta libertad, y no lo dudo, ya que las implacables críticas que él generalmente dedica a los intelectuales de izquierda deben haber sonado como música celestial en los oídos del surcoreano. Sin Myung Moon y/o los adeptos de la Iglesia de la Unificación. Por si no lo sabe, le informo que los moonies han invadido literalmente Uruguay (hotelería, bancos, prensa, editoriales, imprentas, etcétera, figuran entre sus vertiginosas adquisiciones), todo ello con la complicidad de la dictadura. Ya hay quienes dicen que muy pronto la capital uruguaya se Ilamará «Moontevideo». El dictador teniente general Gregorio (Goyo) ÁIvarez (uno de sus más cercanos familiares es el vicepresidente del conglomerado nacional de la Moon) ha dicho: «Es una secta religiosa basada fundamentalmente en su lucha contra el comunismo, que aspira a hacer inversiones en nuestro País en el campo de la construcción y en el área del periodismo», y agregaba: «Con respecto a la lucha contra el comunismo, es obvio decir que pensamos igual», ¿Vale la pena aclarar que mi conflictivo pronombre «ellos» también incluye a los moonies?
Hace ya unos cuantos años que mi tocayo señaló, con una imagen que hizo carrera, que la literatura ha de ser siempre subversiva y que el escritor debe ser una suerte de buitre que esté siempre dando vueltas sobre la carroña. Reconozco que mi vocación de buitre es prácticamente nula, y también que la capacidad subversiva del la literatura es viable y defendible cuando el escritor distingue honestamente algo que subvertir, pero no como obligación eterna y menos como un deporte. Parece claro y elemental que si lucho por una sociedad más justa, cuando ese cambio, así sea primariamente, se produce, tratar de subvertir la situación equivaldría a proclamar una vuelta a la injusticia.
Concuerdo con mi tocayo en que a ambos nos gustan las novelas largas, pero, en cambio, no estoy tan seguro de que nos pongamos de acuerdo sobre las razones y el color de la injusticia. Lo demás es (efectivamente) literatura, aunque sea tan buena como la de Mario Vargas Llosa.


Fuente

Nirvana - Bleach


Nirvana - Bleach (1989)

1. Blew (Cobain) - 2:54
2. Floyd the Barber (Cobain) - 2:17
3. About a Girl (Cobain) - 2:48
4. School (Cobain) - 2:42
5. Love Buzz (VanLeeuwen) - 3:35
6. Paper Cuts (Cobain) - 4:05
7. Negative Creep (Cobain) - 2:55
8. Scoff (Cobain) - 4:10
9. Swap Meet (Cobain) - 3:02
10. Mr. Moustache (Cobain) - 3:23
11. Sifting (Cobain) - 5:22
12. Big Cheese (Cobain) - 3:42
13. Downer (Cobain) - 1:42


Sombra de Mi




SOMBRA DE MI
(Virginia Núñez Ochoa)
Tardamos más de cuatro horas en llegar, pero el espectáculo que por fin
se presentó ante mis ojos, hizo que me importase bien poco el cansancio. Una
enorme casa colonial, que en tiempos debió ser de un esplendor majestuoso, se
abría paso entre la creciente vegetación y los gigantescos robles que la
flanqueaban. A pesar de estar construida con piedra y, sobre todo, madera,
parecía estar perfectamente conservada, con su reciente instalación de agua
corriente y electricidad como única remodelación.
Nos acercamos lentamente con el coche mientras contemplábamos todo
lo que nuestros ojos eran capaces de captar. Mi amiga sólo estuvo allí una vez,
pero era tan pequeña que no recordaba nada excepto las extrañas estatuas
cubiertas de líquenes que más tarde encontraríamos en la parte posterior.
Tras sacar las maletas del calor infernal de aquel coche, nos dispusimos
a entrar, cámara de fotos en mano, al que sería nuestro hogar durante aquel
verano. Cuando mi amiga abrió la puerta, dejamos los bultos en la entrada y
nos dispusimos a explorarla con avidez: empezamos por abrir todas las
cortinas de los grandes ventanales que recorrían la primera planta y, de
inmediato, las habitaciones se inundaron de los cálidos rayos que el sol emitía
a esa hora de la tarde. Y a pesar de haberle devuelto la vida, la casa parecía
fría y distante.
No le comenté nada a mi amiga puesto que allí habían vivido gran parte
de sus antepasados, pero el hecho de retirar todas las telas que protegían del
polvo a los muebles y limpiar un poco por encima todo aquello, no le restó ese
aire inquietante.
Nuestro siguiente paso fue comprobar el correcto funcionamiento de las
instalaciones de agua y luz. En cuanto al agua no hubo ningún problema pues
salía fresca y clara tanto en la cocina como en los dos cuartos de baño; pero en
lo referente a la luz, nos llevamos una pequeña decepción al ver que no había
corriente en ninguna habitación, a pesar de haber accionado correctamente el
interruptor principal. Afortunadamente, la casa nunca había tenido luz
eléctrica, por lo que estaba perfectamente provista de velas, candelabros e
incluso viejas lámparas de gas de gran valor.
Después de acondicionar las habitaciones que íbamos a ocupar, la mía
en el piso inferior, la de mi amiga en el superior, me sentí más tranquila, ya
fuese por el cansancio acumulado durante tantas horas de trabajo o por el
hecho de que nos esperaba una suculenta comida hecha a base de los
bocadillos que habíamos comprado en una gasolinera del camino.
Durante la cena, aproveché para interrogar a mi amiga acerca de la casa
y su familia, pero lo que me contó no me aportó demasiada información,
puesto que lo único que sabía era que había pertenecido hasta el día de su
muerte a su tía-abuela, y que ahora le había correspondido en herencia directa
no sabiendo muy bien porqué. Eso y una larga lista a modo de inventario de
las habitaciones y objetos que la casa contenía, y la extraña advertencia de
cerrar todas las noches puertas y ventanas a cal y canto. Una petición cuando
menos extraña, teniendo en cuenta el clima reinante en aquella región y a la
que no presté mucha atención, cosa de la que más tarde me arrepentiría
enormemente.
Dimos un pequeño paseo, antes de irnos a dormir, por los parcialmente
abandonados jardines, aunque más que de jardines debería hablar de bosques
pues la vegetación lo ocupaba todo. Mientras el sol se ponía fuimos a echar un
vistazo a las estatuas que mi amiga recordaba vagamente por el miedo que le
produjeron en su día. Y no era para menos, pues a pesar de ser réplicas
prácticamente exactas de esculturas clásicas como la Venus de Milo o el
Hermes de Praxiteles y a pesar de la oscuridad creciente y las hierbas, hongos
y ramas que las cubrían en gran parte, destacaba claramente la ausencia de sus
ojos. No era que no se los hubieran hecho o que no tuvieran pupilas y
pareciesen ojos ciegos, sino que habían sido arrancados sin ningún cuidado de
sus fríos rostros y ahora esa no-mirada producía un horror fuera de mi propio
conocimiento.
Con esta imagen cuando menos desconcertante y la curiosa presencia de
un único y enorme árbol muerto en toda la propiedad nos fuimos a acostar,
cumpliendo debidamente con la advertencia, más que nada porque aún hacía
algo más de fresco en la casa que fuera.
No dormí bien. Tuve un sueño muy inquieto y vívido en el que las
estatuas de piedra me miraban con sus cuencas vacías y avanzaban casi de
forma imperceptible hacia mí. Lo achaqué al cambio de cama que nunca me
había sentado bien y al tremendo cansancio que hacía palpitar mis músculos,
unido todo ello a aquella fea visión.
A la mañana siguiente, terminamos de instalarnos y fuimos al pueblo
más cercano, a unos veinte kilómetros, para un conveniente aprovisionamiento
e intentar localizar a un buen electricista que nos solucionase el problema. Nos
prometieron que localizarían a uno que solía trabajar en un pueblo cercano,
algo más grande que este, aunque tardaría varios días en venir debido a la
acumulación de trabajo que tenía. Así que resignadas volvimos a casa.
Desde luego aquel rincón del mundo era un lugar fabuloso para
descansar y, sobre todo, para intentar acabar mi tesis con la máxima
tranquilidad posible y por suerte mi amiga nunca había sido muy habladora,
siempre parecía estar en su mundo y nunca me molestaba mientras yo
trabajaba. Repartimos los turnos para ocuparnos de las tareas domésticas y la
comida, aunque hasta que el electricista no pudiese venir, no podríamos
preparar nada caliente.
Unos días después, la casa se aclimató por completo al exterior y hacía
tanto calor en ella como fuera, con lo que pasábamos mucho tiempo bajo
reparadoras duchas de agua fría. Mi tesis iba viento en popa y mi amiga
ocupaba su tiempo intentando crear un pequeño nuevo jardín frente a la casa
aprovechando la sombra de los robles y quitando maleza y malas hierbas de
todas partes. Realmente iba a ser un buen verano y aunque no dormía muy
bien por las noches con las siempre presentes e inquietantes estatuas, una
buena siesta solucionaba el problema en el acto.
Había pasado una semana desde que llegamos y permanecía en mi
enorme cama con los ojos como platos sin parar de dar vueltas entre el sudor,
por lo que me levanté varias veces para darme una rápida ducha y así
refrescarme. El calor era tan insoportable que tuve que levantarme una vez
más para abrir de par en par la ventana por si entraba algo de aire. Me quedé
escrutando la noche hasta que me acostumbré a la oscuridad y pude ver casi
claramente lo que me rodeaba: allí se elevaba el viejo roble muerto y fue una
suerte que desde mi habitación no se viesen aquellas siniestras estatuas.
Cuando empecé a distinguir la mayoría de las estrellas que conocía volví a la
cama y, por primera vez desde que llegué, pude dormir profundamente.
Al anochecer del día siguiente cayó un pequeño chaparrón, típico de los
días de bochorno veraniego, arruinando la preparación del terreno que mi
amiga había estado realizando para su jardín, lo que hizo que nos
recluyéramos en casa a la luz de la lámpara de gas de la cocina. El electricista
no aparecía y ya no soportábamos más los fiambres, el pan de molde ni las
galletitas saladas.
Nos fuimos a dormir de bastante mal humor y, gracias al ligero frescor
que la lluvia había dejado me quedé dormida en seguida. No tardé en despertar
ante la agobiante sensación de ser observada y al mirar por la ventana vi, o
creí ver, una horrenda figura alargada totalmente negra: no oscura, sino
completamente negra. Una figura de más de dos metros que parecía estar
cubierta como por un hábito que le daba un a forma indefinible, como una
sombra de aspecto semihumano tremendamente alargada, siendo yo incapaz
de diferenciar si tenía brazos o piernas, me miraba fijamente a los ojos bajo el
cobijo del enorme roble. No veía sus ojos, pero sentía como su frío brillo de
hielo me atravesaba.
Por tener una mente racional y confiar en ella, me autoconvencí de que
aquello no estaba ocurriendo y a pesar del temblor de mi cuerpo y el calor,
cerré la ventana completamente.
Ya por la mañana y tras una larga noche en vela, un absurdo impulso
me llevó a comprobar sobre el terreno si en las cercanías del árbol alguien (o
algo) había dejado sus huellas en el barro. Naturalmente las únicas huellas que
encontré eran las que yo misma iba dejando, así que me di una palmada en la
frente para recordarme lo tonta que era y entré a la casa para proseguir con mi
trabajo.
Así transcurrieron algunos días: con mucho calor, sin electricidad, sin
electricista, sin hablarnos apenas, sin comida decente, sin dormir...
Una noche en la que yo, como tantas anteriores, no conseguía conciliar
el sueño, encendí mi lámpara de gas y empecé a leer una vieja novela que
había encontrado en mi equipaje. Se llamaba It y era de un prolífico escritor
americano cuyo nombre al igual que otros tantos no logro recordar. Mientras
estaba enfrascada en su apasionante trama, volví a sentir la aplastante
sensación de estar siendo observada. Aparté la mirada del libro y la posé en la
ventana abierta. Al principio no vi nada un poco deslumbrada por la pequeña
llama de mi lámpara, pero luego pude distinguir para mi tormento esa
abominable figura al pie de la ventana. Mirándome.
A pesar de la parálisis de mi mente, mi cuerpo reaccionó como si le
hubiese caído aceite hirviendo y, de forma instintiva, lancé la lámpara hacia el
extraño sin ser consciente de que podría provocar un nefasto incendio. Una
vez segura de que allí fuera no había nada, me armé de valor y me asomé para
ver los daños causados, pero por fortuna la lámpara estaba rota y apagada;
nada de fuego y ni rastro de la que la que sin duda alguna era una alucinación.
Sin comentar nada de esto a mi amiga por temor a que se riese de mí y
haciendo honor de mi científica y, sobre todo, escéptica mente, transcurrieron
los últimos días del verano. En vista de que el electricista no aparecería nunca
por allí, nos habíamos hecho con un hornillo de gas (idea que tardó más de la
cuenta en ocurrírsenos), lo que permitió que nuestra estancia en aquella
enorme finca resultase más agradable, seguramente gracias a poder llenar
nuestros estómagos con comida de verdad y a que mi amiga estaba de un
excelente humor al empezar a dar sus frutos su dura afición.
Nunca me recuperé de lo que me sucedió una de las últimas noches de
aquel maldito verano.
Soplaba ligeramente el aire en aquellos días finales de agosto y el
sonido de las hojas bailando al son de su compás me mecía hacia un profundo
y plácido sueño. En cierto momento de la noche noté de nuevo la espeluznante
presencia, esta vez acompañada de una cercana y pausada respiración que no
me pertenecía, puesto que la mía era acelerada hasta alcanzar un ritmo
insoportable. Sabía que estaba allí conmigo y me estaba volviendo loca la idea
de abrir los ojos y descubrir de nuevo a ese espanto que me observaba y se
introducía en mí a través de ellos. Pero no pude más y los abrí.
Intenté gritar con todas mis fuerzas, intenté moverme, intenté pensar,
intenté morir... pero mi cuerpo no me respondía porque ya no era mi cuerpo.
Un hilillo de saliva caía por la comisura de mis labios mientras los ojos
verdes que en su día fueron míos intentaban salirse de sus órbitas. La boca
abierta en su máxima capacidad dejaba escapar un penoso y débil sonido que
no era otro que el de mi dolorosa e inútil respiración. Mi cuerpo estaba
totalmente agarrotado por la tensión... Eso estaba frente a mí, a los pies de mi
cama y casi rozaba el techo con lo que supuse era su negra cabeza
indiferenciable de su negro cuerpo.
Yo ya no era yo, mi mente ya no funcionaba, mi cuerpo no reaccionaba
los estímulos y cuando el horror absoluto se inclinó sobre mí...
Oscuridad.
La siguiente vez que fui consciente de la que creía era mi existencia fue
en la cama de un centro psiquiátrico. Yo lo llamo manicomio.
Ahora estoy sentada en una silla con correas. Me permiten escribir con
una cera de color verde. Dicen que de otra forma podría hacerme daño a mi
misma. Dicen que estuve más de diez años en coma. Dicen que no soy dueña
de mi mente ni de mi cuerpo, y sé que es verdad. Dicen que ya no saldré de
allí. Dicen que estoy loca.
A veces intento pensar en mi vida anterior, en la gente que conocía...
pero como ya he dicho antes no recuerdo los nombres de nadie, tampoco el de
mi amiga ni el de aquel escritor que en su día supe que era tan bueno. Todo
eso es oscuridad para mí, al igual que los recuerdos que una vez tuve. Sólo
aparece en mi mente todo lo que ocurrió desde el día que llegué a esa maldita
casa. (No hice caso de la estúpida advertencia de una estúpida vieja
moribunda.)
Y ahora sólo puedo pensar en ello. Una y otra vez.
Pero no estoy loca. Porque ya no soy yo.
No me dejan morir.
Tardamos más de cuatro horas en llegar, pero el espectáculo que por fin
se presentó ante mis ojos, hizo que me importase bien poco el cansancio. Una
enorme casa colonial, que en tiempos debió ser de un esplendor majestuoso, se
abría paso entre la creciente vegetación y los gigantescos robles que la
flanqueaban. A pesar de estar construida con piedra y, sobre todo, madera,
parecía estar perfectamente conservada...
Una y otra vez.
No me dejan morir.
FIN.



Two Witches - Phaeriemagick


Two Witches - Phaeriemagick (1993)

1. Shadowdance
2. Games
3. Hope
4. Phaeriemagick
5. Sunset
6. Teardrop
7. Symphony
8. Portrait
9. Moonshadow


La sedición del “campo” argentino




28-03-2008
La insurrección sojera revela la necesidad de contar con una política de desarrollo integral para el país
La sedición del “campo”

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La rebelión de un sector del campo contra el grueso de la sociedad, puesta de manifiesto por las concentraciones de esta semana, es expresiva de un viejo problema argentino: la irreductible hostilidad de la clase alta a toda redistribución del ingreso que remotamente afecte sus bolsillos, y a la inconsciencia y el seguidismo de un buen sector del medio pelo porteño y de los productores rurales medianos, incapaces de diferenciar sus intereses de los de la Sociedad Rural y atentos sobre todo a los réditos que deducen de unas explotaciones que representan una escasa o nula inversión tecnológica y que, amén de no concentrar mano de obra, suponen un grave peligro ecológico que, si no es atendido con cuidado a través de la necesaria rotación de los cultivos, arriesga destruir la feracidad de nuestro suelo.

El papel de estos sectores es servir de ariete seudo popular para exteriorizar una protesta que, en el fondo, deviene del modelo sistémico impuesto por el neoliberalismo, que a partir de 1976 barrió con la mitad de los productores agropecuarios, permitiendo la recuperación, por la oligarquía y las transnacionales, de inmensas cantidades de terrenos, que antes habían sido un modelo de producción de alimentos, “para reemplazarlos por un modelo factoría productor de forrajes baratos para la exportación”, como expresa la declaración del Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero. Que este “detalle” no haya sido asimilado por los productores de la Federación Agraria dice mucho de la miopía a que induce la ignorancia de la historia.

No voy a solidarizarme a pleno con el gobierno, que ha dejado tantos frentes abiertos por su inhabilidad para atender a los reclamos de los pequeños productores y por su actitud de dejar hacer ante la exteriorización de las protestas ilegales que comenzaron con los cortes de ruta protagonizados por los piqueteros “paquetes” de Gualeguaychú; pero el aumento parcial de las retenciones es parte de un intento –positivo– para desalentar el monocultivo de la soja transgénica forrajera.

Ambigüedad

El problema reside, sin embargo, en la ambigüedad de la política estatal, que no termina de romper con el modelo neoliberal que asignó a la Argentina un papel de proveedor de alimentos de baja calidad explotados por los lobbies transnacionales y terratenientes. Esa política no se determina a transferir parte de la riqueza generada por ese diseño productivo primario a la construcción de un país integrado y basado en la tecnificación y diversificación del campo y en la recreación y potenciación de la industria nacional, la única que puede terminar con el desempleo y poner al país en un pie de igualdad tecnológica con los países desarrollados del mundo.

Es difícil que una actitud semejante sea asumida por el gobierno, sin embargo, debido a una ambivalencia ética que le permite hacer coincidir, por ejemplo, la entrega de los yacimientos de la cuenca del Golfo de San Jorge, en Santa Cruz, con un discurso nacionalista que nunca termina de encarnarse en actos y en programas que pongan las cosas en claro; que diseñe un proyecto nacional y que designe a los enemigos de este.

Sin embargo, creo que en este momento es importante recalcar que, pese a sus defectos, el gobierno de Cristina Fernández está consagrado por una abrumadora mayoría electoral, que se configura como la única autoridad nacional legítima y que el Estado debe hacerse respetar frente a las fuerzas que, de una u otra manera, han encarnado el proyecto neoliberal repudiado por la masa del país. La cabeza política más visible de la oposición parece estar dispuesta sin embargo a recabar el apoyo de los más distinguidos personeros de ese proyecto. Resulta chocante, en efecto, que Elisa Carrió, autoerigida en arquetipo de la autoridad moral en el país, pueda asociarse a nombres como los de Mauricio Macri y Ricardo López Murphy, expresivos de ese modelo, y suscite además las simpatías del menemismo y el cavallismo...

Estamos en presencia de un intento de desestabilizar la situación política que puede estar dirigido, inclusive, al derrocamiento del gobierno. Muchos de los participantes de la manifestación nocturna del martes pasado, hasta cierto punto orquestada por la televisión privada, deben haber pensado en reeditar la pueblada del 19 de diciembre de 2001. No toman en cuenta, sin embargo, que por entonces se estaba en un país envuelto en una auténtica crisis, mientras que hoy ésta es artificial y determinada por un lock out patronal derivado del apetito por una mayor apropiación de las ganancias. La diferencia es esencial y pone un límite a la protesta. Esta sólo podrá prosperar si el gobierno nacional depone sus responsabilidades y no articula una respuesta. Es hora de que la encuentre.
Enrique Lacolla
www.prensared.com.ar

Tarja Turunen - You Would Have Loved This


Tarja Turunen - You Would Have Loved This (single 2006)

01. You would have loved this (radio version)
02. Walking in the air (single vesion)
03. You would have loved this (single version)



El Teatro del Bien y del Mal - Eduardo Galeano


EL TEATRO DEL BIEN Y DEL MAL
(Eduardo Galeano)

En la lucha del Bien contra el Mal, siempre es el pueblo quien pone los muertos. Los terroristas han matado a trabajadores de cincuenta países, en Nueva York y en Washington, en nombre del Bien contra el Mal. Y en nombre del Bien contra el Mal, el presidente Bush jura venganza: "Vamos a eliminar el Mal de este mundo", anuncia.
¿Eliminar el Mal? ¿Qué sería del Bien sin el Mal? No sólo los fanáticos religiosos necesitan enemigos, para justificar su locura. También necesitan enemigos, para justificar su existencia, la industria de armamentos y el gigantesco aparato militar de Estados Unidos.
Buenos y malos, malos y buenos: los actores cambian de máscaras, los héroes pasan a ser monstruos y los monstruos héroes, según exigen los que escriben el drama.
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Eso no tiene nada de nuevo. El científico alemán Werner Von Braun fue malo cuando inventó los cohetes V-2, que Hitler descargó sobre Londres, pero se convirtió en bueno el día en que puso su talento al servicio de Estados Unidos. Stalin fue bueno durante la Segunda Guerra Mundial y malo después, cuando pasó a dirigir el Imperio del Mal. En los años de la Guerra Fría, escribió John Steinbeck: "Quizá todo el mundo necesita rusos. Apuesto a que también en Rusia necesitan rusos. Quizá ellos los llaman americanos". Después, los rusos se abuenaron. Ahora, también Putin dice: "El Mal debe ser castigado".
Saddam Hussein era bueno, y buenas eran las armas químicas que empleó contra los Iraníes y los Kurdos. Después, se amaló. Ya se llamaba Satán Hussein cuando Estados Unidos, que venía de invadir Panamá, invadió Irak porque Irak había invadido Kuwait. Bush padre tuvo a su cargo esta guerra contra el Mal. Con el espíritu humanitario y compasivo que caracteriza a su familia, mató a más de cien mil iraquíes, civiles en su gran mayoría.
Satán Hussein sigue estando donde estaba, pero este enemigo número uno de la humanidad ha caído a la categoría de enemigo número dos. El flagelo del mundo se llama, ahora, Osama Ben Laden. La CIA le había enseñado todo lo que sabe en materia de terrorismo: Ben Laden, amado y armado por el gobierno de Estados Unidos, era uno de los principales "guerreros de la libertad" contra el comunismo en Afganistán.
Bush padre ocupaba la vicepresidencia cuando el presidente Reagan dijo que estos héroes eran "el equivalente moral de los Padres Fundadores de América". Hollywood estaba de acuerdo con la Casa Blanca. En esos tiempos se filmó Rambo 3: los afganos musulmanes eran los buenos. Ahora son malos malísimos, en tiempos de Bush hijo, trece años después.
Henry Kissinger fue de los primeros en reaccionar ante la reciente tragedia. "Tan culpables como los terroristas son quienes les brindan apoyo, financiación e inspiración", sentenció, con palabras que el presidente Bush repitió horas después.
Si eso es así, habría que empezar por bombardear a Kissinger. El resultaría culpable de muchos más crímenes que los cometidos por Ben Laden y por todos los terroristas que en el mundo son. Y en muchos más países: actuando al servicio de varios gobiernos estadounidenses, brindó "apoyo, financiación e inspiración" al terror de Estado en Indonesia, Camboya, Chipre, Sudáfrica, Irán, Bangladesh y en los países sudamericanos que sufrieron la guerra sucia del Plan Cóndor.
El 11 de setiembre de 1973, exactamente 28 años antes de los fuegos de ahora, había ardido el palacio presidencial en Chile. Kissinger había anticipado el epitafio de Salvador Allende y de la democracia chilena, al comentar el resultado de las elecciones: "No tenemos por qué aceptar que un país se haga marxista por la irresponsabilidad de su pueblo".
El desprecio por la voluntad popular es una de las muchas coincidencias entre el terrorismo de Estado y el terrorismo privado. Por poner un ejemplo, la ETA, que mata gente en nombre de la independencia del País Vasco, dice a través de uno de sus voceros: "Los derechos no tienen nada que ver con mayorías y minorías".
Mucho se parecen entre sí el terrorismo artesanal y el de alto nivel tecnológico, el de los fundamentalistas religiosos y el de los fundamentalistas del mercado, el de los desesperados y el de los poderosos, el de los locos sueltos y el de los profesionales de uniforme.
Todos comparten el mismo desprecio por la vida humana: los asesinos de los cinco mil ciudadanos triturados bajo los escombros de las Torres Gemelas, que se desplomaron como castillos de arena seca, y los asesinos de los 200 mil guatemaltecos, en su mayoría indígenas, que han sido exterminados sin que jamás la tele ni los diarios del mundo les prestaran la menor atención. Ellos, los guatemaltecos, no fueron sacrificados por ningún fanático musulmán, sino por los militares terroristas que recibieron "apoyo, financiación e inspiración" de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos.
Todos los enamorados de la muerte coinciden también en su obsesión por reducir a términos militares las contradicciones sociales, culturales y nacionales. En nombre del Bien contra el Mal, en nombre de la única Verdad, todos resuelven todo matando primero y preguntando después. Y por ese camino, terminan alimentando al enemigo que combaten.
Fueron las atrocidades de Sendero Luminoso las que en gran medida incubaron al presidente Fujimori, que con considerable apoyo popular implantó un régimen de terror y vendió el Perú a precio de banana.
Fueron las atrocidades de Estados Unidos en Oriente Medio las que en gran medida incubaron la guerra santa del terrorismo de Alá. Aunque ahora el líder de la Civilización esté exhortando a una nueva Cruzada, Alá es inocente de los crímenes que se cometen en su nombre. Al fin y al cabo, Dios no ordenó el Holocausto nazi contra los fieles de Jehová y no fue Jehová quien dictó la matanza de Sabra y Chatila ni quien mandó expulsar a los palestinos de su tierra.
¿Acaso Jehová, Alá y Dios a secas no son tres nombres de una misma divinidad?
Una tragedia de equívocos: ya no se sabe quién es quién. El humo de las explosiones forma parte de una mucho más enorme cortina de humo que nos impide ver.
De venganza en venganza, los terrorismos nos obligan a caminar a los tumbos.
Veo una foto, publicada recientemente: en una pared de Nueva York, alguna mano escribió: "Ojo por ojo deja al mundo ciego".
La espiral de la violencia engendra violencia y también confusión: dolor, miedo, intolerancia, odio, locura.
En Porto Alegre, a comienzos de este año, el argelino Ahmed Ben Bella advirtió: "Este sistema, que ya enloqueció a las vacas, está enloqueciendo a la gente".
Y los locos, locos de odio, actúan igual que el poder que los genera.
Un niño de tres años, llamado Luca, comentó en estos días: "El mundo no sabe dónde está su casa". El estaba mirando un mapa. Podía haber estado mirando un noticiero.

Angizia - Ein Toter fährt gern Ringelspiel


Angizia - Ein Toter fährt gern Ringelspiel (2004)

1.Klopfzeichen, 1947
2.Ein Toter fährt gern Ringelspiel
3.Macht die Säge "siege-sage"
4.Schaukelkind
5.Der Teufel hält die Fäden
6.Mit einem purpurroten Leichenkarren
7.Macht Platz und lasst die Toten vor!
8.Das Mädchen im Prinzessinnenkleid
9.Klezmerabend
10.Totenackerswing
11.Du wundervoller Zeitvertreib
12.Liebt dich Range die Dohle?
13.Schwarze Puppen
14.Es reiten die Toten so schnell
15.Die flüchtige Leiche
16.Das Gerippe geht dem Ausgang zu
17.Die graue Welt macht keine Freude mehr
18.Er blieb noch ein Weilchen am Leben
19.Zehn tote Hampelmänner
20.Der Kirchhof spielt zum Leichenschmaus
21.Hoppa Hoppa Reiter (Requiemmix)
22.Mein Gaul, mein Gaul verreckt im Dreck
23.Siehst du dein Köpfchen im Spiegel? Nein.
24.Der Vorhang fällt




Vampiros





Clasificación de los Vampiros:

Asanbosam:
Asanbosam es un vampiro Africano. Son vampiros normales sólo que ellos tienen ganchos en lugar de pies. Muerden a sus víctimas en el dedo pulgar.
Adze:
Un espíritu del vampiro que mora en las tribus de hechiceros, de la gente que habita parte del sudeste de Ghana y del Togo meridional en África. La Adze vuela en forma de luciérnaga pero, si está cautiva, cambia y se convierte en un ser humano. Bebe sangre, el aceite de palma y el agua de coco y sus presas son niños, especialmente los que son hermosos.
Algul:
Un vampiro árabe. La forma de este vampiro es tradicional un demonio femenino que se da festines con bebés muertos.
Alp:
Este vampiro alemán es asociado con el boogeyman y el incubus, normalmente ronda por las noches y en los sueños de las mujeres. Viola y succiona la sangre de las mujeres entrando en su alcoba a traves de sus sueños eróticos, cuado ellas sueñan él se materializa fisicamente. Las manifestaciones físicas de esta criatura pueden ser muy peligrosas. Siempre relacionados con las pesadillas, el Alp es masculino, algunas veces se transforma en el espíritu de un pariente recientemente difunto. Los niños pueden convertirse en Alp cuando una madre utiliza el ´collar de caballo´ para facilitar el parto. Durante la edad media el Alp aparece en forma de gato, de cerdo, de pájaro u otrobayfanimal, incluyendo un perro del demonio de lechorus en Colonia, así conecta el hombre lobo dentro de esta leyenda. En todas sus manifestaciones el Alp se conoce por el uso de un sombrero. El espíritu puede volar como un pájaro, puede montar como un caballo y se le acredita con cierta actitud galante. El Alp bebe la sangre de los pezones de los hombres y de los niños pero prefiere la leche de las mujeres. Porque es de esta forma que el Alp toma control de los sueños.
Aswang:
Un vampiro de las Filipinas, se cree que de día es una hermosa mujer y por la noche un demonio alado. El Aswang puede vivir una vida normal durante el día. Pero en la noche es conducida por pájaros a las casas de sus víctimas. Su alimento es siempre sangre, y prefiere alimentarse de niños. Esta criatura se reconoce por su forma al terminar de alimentarse, ella parece hinchada casi embarazada. Si el Aswang lame la sombra de las personas se cree que esta persona morirá pronto.
Baital:
Baital es el vampiro indio, su forma natural es mitad hombre, mitad murciélago, mide medio metro. Ingiere vísceras y sangre de animales y humanos.
Bajang:
Un vampiro Malayo, se asume que es hombre, aparece como un gato y normalmente como niños amenazadores. El Bajang se puede esclavizar y se obsequia de una generación. Se mantiene en un tabong (recipiente de bambú) el cuál es protegido por varios encantos. Mientras que él está encarcelado se alimenta con huevos y se tornara en su contra si no se le proporciona bastante alimento. El amo de este demonio puede enviarlo a infligir daño a sus enemigos, el enemigo generalmente muere tiempo después de una enfermedad misteriosa. Según tradiciones el Bajang vino del cuerpo de un niño recién nacido, y puesto fuera de él por varios encantos. La leyenda cuenta que en su forma de gatos si es acariciado se transforma en un niño que succionará la sangres de quien lo toca.
Baobhan-sith:
Este vampiro Escocés normalmente se disfraza como una hermosa virgen así engañando a sus víctimas y allí mismo dándoles muertes. Baobhan-sith aparece vestido en verde.
Bhuta:
Vampiro de la India, normalmente es creado por la muerte violenta de un individuo. El Bhuta se encuentra en los cementerios o en lugares solitarios y oscuros, comiendo excremento o intestinos.
Brahmaparush:
Un vampiro de la India que goza el consumir seres humanos. Esta criatura bebe la sangre de sus víctimas a través de su cráneo, luego come el cerebro y finalmente procede a envolver con intestinos el cuerpo de sus víctimas y realiza una danza ritual.
Bruxa:
Un vampiro femenino de Portugal. El Bruxa es transformado en su forma vampírica por medio de la brujería. Ella sale de su hogar en la noche en forma de pájaro y su actividad más frecuente es atormentar viajeros perdidos y cansados. Dicen que generalmente aparece como una hermosa mujer y lleva una vida normal en el día, usando a los niños como su alimento predilecto.
Cordewa:
Una bruja encontrada entre los Oraons, con la capacidad de convertir su alma en un ´gato vampiro´. Se dice que si el gato lame los labios de una persona, esta muere al poco tiempo.

Churel:
Un vampiro parecido a un fantasma el cual se encuentra en la India, normalmente tiene forma de mujer, la cual ha muerto embarazada durante el festival de Dewali. Ella odia la vida con un rencor incomparable el cual vuelve en contra de sus familiares. Se dice que El Churel tiene una apariencia un tanto vil, posee pechos que le cuelgan, labios feos y gruesos, una lengua negra y pelo descuidado.
Civateo:
Esta bruja-vampiro se encontraba entre las leyendas Aztecas. Dicho ser es sirviente de varias deidades lunares, se asume que es una noble mujer quien ha muerto al dar a luz. Los niños son su alimento favorito, muriendo de una enfermedad poco después del ataque. Estos vampiros aparecen con las caras blancas, las manos cubiertas con tiza blanca, y los huesos dibujados en su ropa.
Danag:
Este Vampiro filipino es una de las especies más antiguas, responsable por plantar el ´taro´ a lo largo de las islas. El Danag trabajó con los seres humanos por muchos años pero la sociedad terminó cuando un día una mujer le cortó un dedo a un Danag, él succionó su herida, viendo el placer que le produjo el sabor de la sangre él dreno completamente su cuerpo, por lo que ahora necesita beber la sangre de los demás.
Dearg-due:
Una criatura temida de Irlanda, cuyo nombre significa ´ Red Blood Sucker. ´ Este vampiro data de la época céltica, y aun se le teme. La única manera de contener sus depredaciones es apilar piedras sobre cualquier sepulcro sospechado y así contener tal bestia. El cuento más famoso del Dearg-due es la historia de una mujer hermosa enterrada en Waterford, en una pequeña de la iglesia cerca de un árbol. Varias veces al año ella se levantaba de su tumba, usando su apariencia para llevar a su víctima a la tumba.

Doppelsauger:
Este vampiro alemán se encuentra en las regiones norte, entre los Wends (una raza de Eslava). El Doppelsauger comerá las partes carnosas del pecho y así dejara ir la esencia de la vida.
Empusas:
Una criatura vampiro de la mitología griega, se dice que generalmente esta a la orden de la diosa Hecate. Es descrita como un demonio que de cuando en cuando toma forma humana. La mayoría de las veces se parece a una mujer de Fenicia.
Eretica:
El vampiro ruso, es típico que este vampiro sea un hereje que ha vuelto de la muerte. Se dice que era una mujer la cual vendió su alma en vida y después vuelve en la forma de una vieja mujer. En el anochecer el grupo de Ereticy se encuentran en un barranco y realizan una forma de sabbat. Dicho ser, es activo solamente en el otoño, era creencia que con solo mirar a los ojos de esta criatura se obtiene la muerte
Estrie:
Este espíritu hebreo, siempre con forma femenina y vive entre humanidad para satisfacer su necesidad de sangre. Su presa favorita son los niños, pero cuando la necesidad de comida se hace imperiosa ninguna criatura esta a salvo.
Gayal:
Este vampiro de India surge por la mala practica de los rituales de entierro. Cuando el Gayal vuelve toma venganza sobre sus hijos u otro familiar cercano.
Impundulu:
Este vampiro es sirviente de una bruja y se encuentra en la región este de África. Es pasado de madre a hija y sé utilizada generalmente para infligir el sufrimiento de los enemigos. Se dice que tiene un apetito insaciable y hay que mantenerlo continuamente alimentado, también puede tomar la forma de un hombre hermoso y así transformarse en amante.
Incubos:
Sin duda una de las formas más famosas de vampiros, la forma masculina del Sucubo, el Incubo solia visitar a mujeres en la noche, y hacerse su amante y atormentar sus sueños. Él posee todas las características del vampiro, cada noche visitas a sus víctimas, para así poder drenar la vida y a la fuerza de sus cuerpos con el deseo sexual extremo. Vampiros semejantes se han encontrado en comunidades gitanas y Eslavas.
Jararacas:
Vampiro brasileño, se cree que aparece en forma de serpiente, se alimenta del pecho de una mujer.
Jigarkhwar:
Una bruja vampiro la cual se encuentra en cierta región de India. Ella se alimenta extrayendo el hígado de las personas con mirada fija y varios encantamientos. El hígado después se cocina y se come, en este caso la víctima muere.
Katalkanas:
El vampiro de Creta es como muchos de los originales, pero sólo puede ser matado haciéndole un tajo en la cabeza y echándole vinagre hervido.
Krvopijac:
Estos son vampiros búlgaros. Se parecen a los vampiros normales, pero tienen un solo orificio nasal y una lengua puntiaguda. Se pueden inmovilizar poniendo rosas alrededor de sus tumbas. Puede ser destruido por un mago, que lo debe poner en una botella y tirarlo a una hoguera.
Kasha:
Este vampiro japonés se alimenta de cadáveres en sepulcros o bien los devora antes de la cremación.
Kozlak:
De este vampiro de Dalamtian poco se sabe. También es frecuente entre la creencia Croata.
Kuang-shin:
Vampiro chino, causado por la posesión demoniaca de un cadáver recientemente difunto. Este vampiro tiene una apariencia aterrorizante, a medida que se va haciendo mas viejo también gana habilidades, se rumorea que tiene la capacidad de volar.
Lamia:
Se supo de Lamias en la Roma antigua y Grecia. Son vampiros hembras, que a menudo aparecían mitad humano, mitad animal (a menudo la parte baja era una serpiente). Comen la carne de sus víctimas disfrutándolo tanto como cuando beben sangre. Se puede matar a un Lamia usando armas normales.
Langsuir:
Vampiro malayo con la forma de una mujer hermosa. Se dice que posee uñas extremadamente largas, viste trajes verdes y tiene pelo negro que llega a sus tobillos. Ella se alimenta con la sangre de los niños.
Leanhaum-shee:
Este es un misterio del folclore irlandés, realmente no es un vampiro pero su comportamiento si lo es. Ella utiliza su belleza increíble para engañar a los hombres a usando sus hechizos los pone bajo su encanto. La víctima es apartada y lentamente drenada de toda fuerza vital.
Lobishomen:
Este es un vampiro portugués y brasileño, cuyas víctimas son principalmente mujeres. Este vampiro no mata realmente a sus víctimas solo toma pequeñas dosis de sangre. Después de su ataque las mujeres presentan tendencias ninfomaníacas.
Loogaroo:
Vampiro del folclore haitiano, la palabra "loogaroo" se formó al pronunciarse incorrectamente una palabra de origen francés loup-garou (hombre lobo). El loogaroo surgió cuando los esclavos africanos aceptaron la demonología francesa uniendola a su vampirología africana. Según sus creencias el loogaroo es normalmente una mujer que tras pactar con el Demonio debe rendirle culto cada noche, para ello debe arrancarse su piel humana y mostrar su verdadero aspecto vampírico, la piel se guardaba en un árbol secreto y procede a buscar sangre, en una forma incorporea como si se tratasen de una bola de fuego que puede entrar en cualquier habitación.
Lugat:
Se dice que este vampiro albanés es razonablemente inofensivo, solo toma poca sangre de sus víctimas, no llegando a causarles mayores daños.
Mara:
Vampiro Eslavo, también se encuentra en las leyendas de la gente de Kashube en Canadá. Se cree que es el espíritu de una mujer sin bautizar, la consideran un terrible visitante nocturno que oprime a sus víctimas. En la leyenda Eslava una vez que el Mara bebe la sangre de una persona ella se transforma en su amante y volverá a visitarlo hasta causarle la muerte. También se cree que le apetece la sangre de los niños.

Masan:
Vampiro de la India es generalmente el fantasma de un niño, que se deleita en atormentar y matar a otros niños.
Masani:
Vampiro femenino de la India, se dice que es el espíritu de la tierra de las tumbas. Su piel es de color negro y su cacería comienza en la noche generalmente por algún rezo a un difunto. Cualquier persona que pase por el sitio del entierro será atacada.
Mormo:
Este vampiro de la mitología griega es sirviente de la diosa Hecate y se cree que viene del submundo.
Moroii:
Un vampiro rumano en vida. Puede ser hombre o mujer, y muestra muchas de las características de un Strigoii.
Muroni:
Este vampiro se encuentra en la región de Valaquia en Rumania. Se dice que tiene la capacidad de cambiar en diversas formas animales. En una de estas transformaciones el Muroni puede matar con mayor facilidad.
Nosferatu:
Nosferatu es otro nombre para el vampiro original, que se llama también vampire o vampyre.
Nachzeher:
Vampiro que se encuentra en Kashubes al Norte de Europa. Este vampiro tiene la capacidad de matar a sus parientes por medios psíquicos.
Nelapsi:
Este vampiro eslovaco puede causar un gran daño a los seres vivientes. Se dice que el Nelapsi ha devastado aldeas enteras. También tiene la capacidad de matar con un solo vistazo.
Neuntoter:
Vampiro alemán, considerado ser un gran portador de plagas.
Obayfo:
Este vampiro viviente se encuentra entre la gente de Ashanti en la Costa de Oro en África. Se cree que puede ser tanto un hombre como una mujer y que por las noches deja su cuerpo humano para alimentarse. También se cree que le gustan los jóvenes y además puede causar daños en las cosechas.
Pacu pati:
Poderoso vampiro de la India. La criatura es el Señor de todos los seres que cometen travesuras. Aparece en la noche en cementerios y en lugares de ejecución.
Pelesit:
Vampiro Malayo. Este vampiro invade el cuerpo de las personas, causando enfermedades y muerte. Las víctimas deliran y se encuentran bajo su posesión.
Pennangalan:
Este vampiro Malayo vuela por las noches solamente con su cabeza y su cuello con sus intestinos colgando debajo. La criatura es siempre femenina y se alimenta generalmente de niños o mujeres de parto.
Pijavica:
Vampiro esloveno. Es creado como consecuencia de una mala vida llevada por una persona, tal como el incesto. Se alimenta de parientes o descendientes.
Pisacha:
Este vampiro de la India dista ser una criatura creada por los vicios de la humanidad. Por el contrario, el Pisacha es una deidad malvada, su pasatiempo favorito es el consumo de cadáveres frescos, también puede curar enfermedades, pero esto lo hace solo en raras ocasiones.
Polong:
Vampiro de Malasia, creado embotellando pedazos de un hombre asesinado se usa para realizar ciertos rituales arcaicos, se crea un enlace entre el creador del Polong permitiendo que el se alimente un poco cada día por medio de su dedo. El Polong es asociado con el Pelesit.
Ramanga:
Este vampiro viviente se encuentra en Madagascar. Es sirviente de los ancianos de la tribu, el Ramanga consumiría los recortes de las uñas y la sangre derramada de un miembro noble de la tribu.
Strigoils:
Este es el vampiro Rumano. Strigoiuls es como muchos de los vampiros originales, pero les gusta atacar en bandadas. Se pueden matar poniendo ajo en su boca o quitando su corazón.
Sucubos:
Este es un vampiro europeo. La manera de alimentarse es teniendo relaciones sexuales agotadoras con la víctima, alimentándose de la energía sexual. Ellos pueden asumir la apariencia de otras personas. A menudo visitarán a la misma víctima más de una vez. La víctima de un Succubus experimentará las visitas como sueños.
Sbenefici benefeci:
Un vampiro italiano, distando de ser una deidad es enemigo mortal de todos los vampiros.
Talamaur:
Este vampiro viviente se encuentra en Australia. Esta criatura puede comunicarse con el mundo de los espíritus, haciendo a alguno de estos espíritus su sirviente. El Talamaur puede enviar su alma para drenar la esencia vital restante de un cadáver fresco.
Tlaciques:
Estas brujas Vampiros fueron encontradas entre los indios de Nahuatl en Méjico. Pueden convertirse en una bola de fuego o en un pavo, y en estas formas se pueden alimentar inadvertidamente.
Ubour:
Este vampiro búlgaro es creado cuando una persona muere violentamente o el espíritu rechaza dejar el cuerpo. Estos restos permanecerán enterrados cuarenta días y entonces se levantara de la tumba. No beberá sangre hasta que se extinguen sus otras fuentes del alimento. Se dice que el Ubour puede crear cierto resplandor con su movimiento.
Upier:
Vampiro polaco bastante inusual, este vampiro se levanta a mediodía y regresa a descansar a medianoche. Se cree que tiene una lengua con púas y consume cantidades excesivas de sangre. La fascinación de esta criatura por la sangre va mucho más allá que la de otros vampiros.
Upir:
Este vampiro se encuentra en Ucrania, lo que se observa en esta especie es el gran consumo de pescados.
Upyr:
Este vampiro ruso sé considerado como extremadamente vicioso. Primero atacará a los niños y enseguida continuará matando a los padres. Como el Upier el Upyr se levanta durante el día y duerme en la noche, y es por esta razón que su aspecto es bastante humano.
Ustrel:
Este vampiro búlgaro caza exclusivamente ganado. Se cree que es el espíritu de un niño recientemente muerto el cual no se ha bautizado.
Utukku:
Espíritu de un vampiro Babilónico, visto a veces como un demonio. Se cree que puede ser el espíritu de una persona recientemente difunta que ha vuelto del sepulcro por una razón desconocida.
Upierczi:
Estos vampiros tienen sus orígenes en Polonia y Rusia llamados también Viesczy. Tienen un aguijón debajo de la lengua en lugar de los colmillos. Están activos del mediodía a la medianoche y pueden ser destruidos cuando su cuerpo es quemado. Cuando el cuerpo ya esta quemado estallará y aparecerán animales (ratas, etc.). Si cualquiera de estas criaturas escapa, entonces el espíritu del Upierczi escapará y volverá para buscar venganza.
Vlokoslav:
Vampiros Serbios también llamados Mulos. Normalmente aparecen como personas que llevan ropa blanca. Están activos tanto de día como por la noche pudiendo asumir forma de caballos y ovejas. Ellos comen a sus víctimas y beben su sangre. Pueden ser matados cortando un dedo del pie, o por apretar una uña en su cuello.
Varacolaci:
Este vampiro rumano es considerado como uno de los más poderosos. Se dice que tiene la capacidad de causar eclipses lunares y solares. Pueden aparecer como un ser humano con la piel pálida y con la piel seca. Pueden transportarse astralmente.
Volkodlak:
Esta especie se encuentra en Eslovenia, conectada de alguna forma con las leyendas de los hombres lobos.
Vrykolakas:
Especie de vampiro encontrado en las regiones del Adriático y del Egeo. Es creado por varios medios incluso por llevar una vida inmoral. Viaja en la obscuridad y golpea las puertas, diciendo en voz alta el nombre de algunos de los habitantes de esa casa, si se responde esa persona muere poco tiempo después. Obtiene ciertas habilidades a medida que pasa el tiempo.
Vrikolatios:
Una especie de vampiro se encuentra en la isla de Santorini.
Zmeu:
Esta figura vampírica se encuentra en Moldavia. Toma la forma de una llama y entra en el cuarto de una muchacha o de una viuda joven. Una vez dentro, la llama se convierte en hombre, el cual las seduce

¿Como Matarlos?
Se debe atravesar el cuerpo del vampiro con una estaca de modo que se clave en la tierra para asegurarlo a la tumba. La estaca debe ser de un rosal silvestre, álamo o fresno. En algunas zonas se prefería un hierro al rojo en lugar de madera. Se debería quemar el cuerpo o al menos enterrarlo en un cruce de caminos.


Si no se encuentra al vampiro pronto, sus primeras víctimas serán sus familiares cercanos, luego prosigue con sus vecinos y demás habitantes del pueblo. Recordemos que esto es así porque los vampiros no pueden en principio alejarse demasiado de sus sepulcros ya que deben retornar a su morada con las primeras luces del alba.

Si el vampiro logra escapar de una emboscada existe el riesgo de que suba a lo alto del campanario, y grite el nombre de los cazadores, quienes morirán inevitablemente. En determinados sitios, el monstruo hace sonar el toque de los difuntos, y todos los que lo escuchan mueren instantáneamente en el lugar que estén. Si no se lo mata en los primeros siete años de vida vampírica, el engendro adquirirá renovados poderes, trayendo aún más ruina y desolación.

Existía también un método no carente de artificios para matar a una de estas criaturas; consiste en dejar en el ataúd de quien se sospecha que podría volver de la muerte un manojo de sogas entrelazadas con cientos de nudos. Si el muerto se despierta a su nueva vida nocturna encontrará el irresistible impulso de desanudar la madeja, pasará largos y amargos días intentando en vano hasta que finalmente se consumirá.

Como Atraerlo

Una de las formas más utilizadas para atraer a un vampiro consistía en elegir un niño o una niña, lo suficientemente jóvenes como para ser vírgenes, y sentarlos sobre un caballo de color negro, que también fuera virgen (algo obsesionados nuestros ancestros, lo sé) y que no hubiera tropezado nunca. Se llevaba al caballo al cementerio y se lo hacía pasar sobre las tumbas. Si se negaba a pasar sobre una de ellas, era una clara señal de que allí estaba enterrado un vampiro; entonces se sentaba a los niños sobre la lápida, y cuando cayese la noche El Muerto seguiría invariablemente el rastro dejado por el aroma de los infantes.

Esta creencia está muy bien descripta en la novela de Ann Rice, Interview with a vampire.

Algunos folkloristas sostienen que las lápidas en un principio no eran para llevar inscripciones que ilustren sobre la vida pasada del difunto, sino como un método para impedir que los vampiros se alcen de sus tumbas.

Existen otros métodos, acaso más modernos, para atraer a los vampiros; los cuales consisten en aplicar al revés los métodos tradicionales para alejarlos. Por ejemplo: Así como los vampiros aborrecen el ajo, adoran el aroma de las amapolas, razón de más para utilizarlas en caso de intentar convocar a un vampiro, o a cualquier otra entidad nocturna.

En los mitos del este de Europa, encontramos muy pocos remedios tradicionales para convocar a los vampiros, ya que en esa zona, los vampiros suelen ser bastante poco agradables y de existencia miserable. Voltaire solía burlarse de esto, diciendo que la creencia en vampiros es proporcional a la ignorancia de los pueblos que profesan su fe.

Pero en la iluminada cultura de la Europa de Voltaire, también se agitaba el gérmen del vampirismo, el cual adquiría muchas e incongruentes formas. Las leyendas fueron ganando en sutilezas, en pequeñas contradicciones que aumentaron lentamente la creencia en los vampiros.

Se empezó a creer que los vampiros pueden ingresar en una habitación sólo cuando la víctima lo permitía, conscientemente o no. Veamos algunas formas en las que un vampiro podía hacerse presente en el lecho de una dama:

No era necesaria la ausencia de objetos religiosos; ya que los vampiros no temen ningún símbolo en presencia de personas frívolas, sólo los aborrecen cuando las cruces y relicarios sirven como armas en manos de hombres de intensa fe. Las rosas, en cambio, producen en los vampiros un fuerte rechazo, especialmente las blancas. Tampoco es recomendable tener un recipiente con agua en la habitación, particularmente cerca del lecho, ya que los vampiros no pueden cruzar ningún límite marcado con agua; y esto funciona, dentro de la leyenda claro, tanto para los ríos, como para un simple vaso con agua.

Es importante destacar, que una vez que el vampiro se ha hecho presente en la solitaria habitación, tanto la ignota dama como el vampiro son igualmente responsables por el bienestar del otro. Nos explicamos:

Así como un vampiro necesita una invitación para hacerse presente en una casa, también necesita de una autorización para abandonarla. Motivo por el cual, los vampiros suelen alimentarse visitando el cuarto de sus desdichadas amantes, pero jamás les dan muerte dentro de aquellos límites; ya que sin la autorización de la víctima, el vampiro no podrá abandonar el lugar.

Es entonces que la mujer y el vampiro deben complementarse: él leerá sus deseos más recónditos, incluso aquellos de los cuales la mujer no es enteramente consciente, y saciará todos sus apetitos a medida que la vida va derramándose sobre las sábanas. Ella le ofrecerá el cáliz de su cuello palpitante; se irá diluyendo entre sus lascivos abrazos; pero el placer será apenas una anticipación, jamás terminará de consumarse, y cuando la sombra del vampiro abandone la habitación, nuestra desconocida Dama creerá haber tenido un sueño espantoso, sentirá sobre sus labios los ecos de un beso frío, helado como la tumba; su cuerpo temblará, sus lívidos dedos recordaran la textura etérea de un cuerpo masculino.

No recordará el rostro de su siniestro visitante. La noche será como una pesadilla agitándose en aquel rincón de la mente al que no podemos acceder. ¿Sucedió aquello?, se preguntará.

La imaginamos debatiéndose al intentar conciliar el sueño, la mente atribulada por las dudas, y por el horror. La habitación parece cerrarse sobre ella; las paredes bañadas en sombras, las cortinas danzando suavemente con la brisa nocturna.

La soñamos acariciando la lubricidad de su sexo en las tinieblas; intentando recordar un momento que acaso jamás tuvo lugar. Entonces verá, sobre la blanca palidez de las sábanas, una diminuta perla púrpura, la joya roja de sus venas; y ya no habrán más dudas.

No sabemos si nuestra imaginada doncella volverá a dormir con las ventanas abiertas, aunque sospechamos que sí.

¿Como Convertirse En Un Vampiro?
La manera más común es, por supuesto, ser mordido por un vampiro. Pero no todos los métodos de transformación son tan conocidos; algunos, son de hecho bastante complicados de comprender, ya que es imposible establecer un nexo entre ciertos actos, en apariencia inocentes, y su posterior consecuencia como desencadenante de una transformación vampírica.

En Hungría, por ejemplo, se condenó a una mujer en el siglo XIII por haber concebido durante un viernes santo y luego destetar al bebé prematuramente. Como todos sabemos, o simulamos saber, esta es una clara señal de que el niño sería un vampiro.

Las incongruencias siguen, aunque algunas mantienen cierto método racional: En europa occidental, si alguna mujer no consumía suficiente sal durante el embarazo sería la madre de un no-vivo. En esta tradición, se asocia un remedio tradicional contra el demonio, y se lo aplica ante la posible aparición de uno de sus agentes: el vampiro.

Pero las formas más populares de convertirse en un vampiro eran mediante el suicidio y la brujería. Hoy podemos burlarnos de tales supercherías, pero en su momento se trataban de verdades incuestionables para el común de la gente. Incluso durante la fiebre inquisidora, en la cual se quemaban cientos de personas basándose en argumentos pueriles, el clero había logrado que los reinos europeos adquiriesen un asistente para sus verdugos, cuya tarea consistía en evitar que las brujas y magos negros se apropiasen del semen que solía brotar de los condenados a la horca; el cual era utilizado en distintas pociones, con el único fin de conseguir que los muertos se alcen de sus tumbas.

Claro que no todos lo métodos de transformarse en vampiros eran tan espantosos: Por ejemplo, los errores gramaticales del latín pronunciados durante un entierro también eran factores a tener en cuenta. Existía también algo que sucedía poco, incluso en aquella época llena de prodigios; y era la transformación por la pasión. Nos explicamos:

Aquí no se trata de una maldición adquirida, ni de oscuros ritos al amparo de la noche; sino de un llamado de la sangre, algo predestinado. El alma de un vampiro puro vibra en el cuerpo de un humano adecuado, influye en sus pensamientos, aviva sus deseos, exalta sus sentidos. Con el tiempo llega la derrota, tan inevitable cómo anhelada. El hombre se abandona con dulzura a su pasión; y contempla la Noche con nuevos ojos.

Kit ideal Para Matarlos

Este kit para matar Vampiros ha sido vendido en ebay recientemente en 1000,00 dólares en los EE.UU..
Los elementos en el cuadro adjunto son los siguientes:
Un martillo de madera (6,5 pulgadas de longitud), cuatro participaciones de 6 pulgadas cada uno) ---
El martillo de madera ha aplicado una pequeña cruz santa.
La cara inferior contiene: el libro de la oración, crucifijo, cuchillo y ocho botellas con
Pamant ( suelo santo), Agheazma (agua bendita), Mir (unción de aceite), Tamaie (incienso santo),
Usturoi (ajo), el suero de color rojo, azul y suero pócima secreta. Creemos que un monje rumano
De Transilvania ha creado esta caja durante el período de 1870-1890.

El Libro de Oración de edad es antiguo en idioma rumano (chirilica), del siglo 19 tiene tapas duras.
Hay un mito en decir quien es capaz de leer de este libro, que será capaz de ganar la lucha contra las fuerzas oscuras, demonios, vampiros y otras criaturas demoníacas.

El cuchillo es de 13,1 pulgadas de largo con un mango de metal. Está hecho de metal pesado y puede ser fácilmente tirado - que siempre en el blanco con la punta afilada. Tiene un tema gótico y detalles de los colmillos.

La caja de metal contiene una jeringa y que puede ser utilizado para inyectar ajo líquido o secreto sueros en vampiros. Cuenta con una pequeña cruz en la que se hizo de plata.

La jeringa puede mantener temperaturas de hasta 200 grados Celsius. La cruz es muy antigua,con una hermosa piedra en negro es muy antiguo en una cadena de metal.la pinza tiene los dientes de metal (7,5 pulgadas) se utilizó en el pasado para eliminar los dientes de vampiro.

También existe una herramienta especial llamada Dentol (5,5 pulgadas) utilizado en el pasado para eliminar los
dientes de vampiro. Algunos expertos afirman que Kits para matar vampiros como el presente son muy poco común en los siglos XVIII y XIX entre los viajeros a Europa del Este,
Especialmente los Cárpatos, y podia ser solicitado a la mesa de conserje de su hotel.
Otros afirman que los kits fueron creados en América en el siglo XX y no son nada más que un poco románticismo de curiosidades

Fuente:



Discografía de Lacrimosa y algo más


Con enlaces que funcionan:
Discografía de Lacrimosa (no oficial...casi completa )
o será mejor decir discografía de Tilo??

Christian Dörge & Tilo Wolf - Lycia (1989)

Lacrimosa - Clamor (Demo -1991)

Lacrimosa - Angst (1991)

Lacrimosa - Alleine zu zweit ( single - 1991)

Lacrimosa - Einsamkeit (1992)

Lacrimosa - Alles Lüge (single- 1993)

Lacrimosa - Satura (1993)

Lacrimosa - Schakal (Single - 1994)

Lacrimosa - Inferno (1995)

Lacrimosa - Stolzes Herz (Single - 1996)

Lacrimosa - Stille (1997)

Lacrimosa - Live (1998)

Lacrimosa - Elodia (1999)

Lacrimosa - Fassade (2001)

Lacrimosa - Der Morgen Danach (single - 2001)

Lacrimosa - Durch Nacht Und Flut (single - 2002)

Lacrimosa - Echos (2003)

Lacrimosa - Lichtgestalt (2005)

Lacrimosa - Lichtgestalten - EP (2005)

Lacrimosa - Singles Collection (2005)

Lacrimosa - Lichtjahre (Promo - 2007)

Lacrimosa - Lichtjahre (Limited Edition - 2007)


SnakeSkin - Music For The Lost

SnakeSkinn - Cantatronic (2006)


La Cabeza - Robert Bloch




LA CABEZA
Robert Bloch

Una mañana, cuando Jon tenía diez años, llovía demasiado como para que él saliera a matar a alguien.

Desde la parte superior de la cueva contempló la tormenta, diciéndose que la lluvia era marica, hermano. Pero se sentía bien.

Entonces Jon guardó el cuchillo debajo del cinturón de su slip y bajó a los túneles para buscar a alguien a quien pudiera hacérselo. Sólo que no podía atrapar ninguno de los más chicos porque corren cuando lo ven venir. Y sabe que si no tuviera cuidado alguno de los grandes se lo haría a él.

A él no le atraía, ni cuando lo hizo Grope, pero al menos Grope impedía a los otros ofenderlo. Grope era el más grande de toda la cueva, y no dejaba que nadie se lo hiciera a sus damas mayores o sus chicos excepto él.

La bronca existía, Grope había salido a cazar cabezas con la pandilla y Jon no confiaba en los otros. Aunque llovía las mujeres estaban afuera en los campos y los chicos corrían sueltos por la cueva con sus cuchillos y mazas, produciendo ruido. Cuando recorría los túneles laterales, Jon pudo escuchar los sonidos exteriores —risas y gritos y lamentos.

Entonces Jon se mantuvo en medio de la gran cueva donde las hogueras de las cocinas iluminaban el camino. Cada banda tenía la suya, con un tullido cuidando que nunca se apagara. Los tullidos eran muy viejos para cazar o trabajar en los campos y no podían hacer más, por lo que a la mayoría se los mataba, pero siempre dejaban algunos para cuidar las hogueras.

Los chicos nunca iban a las hogueras solos. Jon recuerda que una vez cuando él era un pequeño, Grope encuentra un chico que trata de robar comida de una olla. Grope lo agarra y lo estrella contra una roca. Luego ella misma termina en la olla. Los otros chicos ríen, ja, ja, pero no olvidan. Y después de eso se mantienen lejos de las hogueras, excepto a la hora de comer.

Por eso, era seguro quedarse en la gran cueva ahora, pero Jon estaba inquieto, quería hacer algo. Entonces agarró una antorcha y bajó al túnel lateral de Grope muy despacio y con cuidado, por si alguien se escondía allí. Pero el túnel estaba vacío y él se arrastró en la oscuridad hasta que pasó el lugar donde se duerme y encuentra el hueco de entrada a las madrigueras más allá. Había muchas madrigueras retorcidas a través de la roca y Jon conocía bien su camino. Casi nunca nadie va hasta allí.

Había rocas caídas dentro de los túneles, demasiadas para que los grandes treparan, pero Jon empezó a trepar cuando era un chico pequeño y fue siempre el único. Así encontró el lugar secreto.

El lugar secreto estaba muy abajo. Jon pasó por rocas caídas, donde las paredes eran lisas. No rocas, las paredes, sino algo más. Como su cuchillo, duro y brillante. Y entonces él fue donde estaba el zumbido.

Cuando acudió allí por primera vez, el zumbido lo asustó, pero se acostumbró después de un tiempo. Nunca lo lastima, sólo algún ruido detrás de las paredes lisas. Ahora se quedó donde no necesitaba antorcha porque había luz. La luz venía de algún lado atrás como el zumbido.

Nadie sabía del zumbido o la luz y Jon nunca lo contó porque era parte del secreto.

El secreto residía en una pequeña cueva de la pared lisa con más zumbido y guiños de luces de abajo de un estante con perillas. Jon recuerda cómo lo asustó hace tiempo ver la gran burbuja brillante en el estante, que él trató de romperlo con una roca pero la roca rebotó. Entonces él tuerce perillas que no se aflojan, pero viene más luz de la burbuja brillante y luego pudo ver lo que había dentro.

Eso era el secreto real, flotando dentro de la burbuja con las cosas largas y finitas que le salían de las orejas y el cuello.

Una gran cabeza, toda arrugada y peluda. Ojos bien cerrados, boca cerrada también. Muerta.

Hasta que Jon tuerce perillas como hizo la primera vez. Ahora las chispas saltan de las cosas largas y finitas.

Los ojos se abren, lo miran. La boca se abre también.

Y la cabeza dice, "Buen día, Jon."

Buen día, Jon.

Pudo oír su voz que lo decía, pero pudiera ser que no fuera la mañana: el tiempo no tenía importancia aquí. Y no era realmente su voz —sólo la emisión artificial del mecanismo alimentado por el débil impulso eléctrico de su lengua y nervios laríngeos; amplificada electrónicamente, como su audición.

¿Cómo era la vieja frase? Inteligentes como el demonio, estos chinos. Inapropiado, por supuesto. Los chinos no habían perfeccionado esta variación de la técnica criónica; de hecho se había llegado a ella exactamente antes del amenazado holocausto termonuclear. Ellos habían anticipado los resultados, y ésta era la solución. Una solución química, en la cual el cerebro era preservado y reactivado eléctricamente.

Era la única salida que habían encontrado. No podían salvar la atmósfera, no podían salvar los artefactos, no podían salvar la vida humana. Pero tal vez, bajo estas condiciones, pudieran salvar el conocimiento.

Razonaron que todo conocimiento registrado es perecedero —libros y cintas y microfilms están sujetos a la desintegración. O, aunque se preserven, a la mala interpretación. Y las computadoras no eran la solución; no se podía generar energía perpetua ni mantenerla en una escala suficiente como para alimentar grandes unidades, y no tendrían ninguna utilidad para quien no tuviera un sofisticado entrenamiento.

La única fuente segura de sabiduría seguía siendo la mente. Seleccionad las mentes, seleccionad los poquísimos psicológicamente aptos para soportar semejante stress y preservadlos. Ubicadlos en refugios de seguridad estratégicamente situados a gran profundidad, y enganchadlos a los mecanismos autosuficientes de input y output. Más tarde o más temprano alguien los encontrará. Habrá supervivientes; eventualmente la atmósfera se desprenderá de la polución. Entonces los remanentes de la raza humana, preparados para la regeneración, tropezarían con las reservas secretas, las secretas fuentes de ciencia y arte y saber que estaban esperando para reconstruir un nuevo mundo de las ruinas.

Ese había sido el plan. Había otras mentes enterradas en varios lugares subterráneos de alta seguridad; podía ser que no hubieran sido aún descubiertas, podía ser que no lo fueran nunca. Pero la ley de posibilidades, la ley de accidente, había llevado a esta resurrección.

Yo soy la resurrección y la vida, dijo el Señor. Y un pequeño niño los conducirá. Un niño, merodeando por las cuevas y dando con esta unidad, manipulando torpemente los artilugios extraños, reactivando su conciencia.

Miró a la criatura agachada frente a él. Borrosa, indistinta, fuera de foco. Mejor corregir eso.

—Jon, ¿puedes oírme?

La figura agachada cabeceó.

-Bien. Ahora escucha atentamente. ¿Recuerdas lo que te dije las otras veces que viniste, sobre los interruptores?

La criatura pestañeó. Algo lo estaba desconcertando. Interruptor. No entendía la palabra. ¿Qué término conocería?

—La perilla, Jon. La perilla de la izquierda.

La criatura cabeceó nuevamente, y se inclinó hacia adelante.

—Allí. Empújala para arriba. Despacio —no mucho— solo un poquito. Así está mejor.

Sí, ahora podía ver con claridad. ¿Pero era mejor? ¿Era realmente mejor tener una visión clara de esta figura semidesnuda, este antropoide blanco? Ni siquiera blanco, en realidad, sino un nuevo cruce étnico de Caucásico y Negroide, un producto de generaciones de endogamia en la oscuridad perdida.

Sus confrontaciones previas habían producido poco más que el conocimiento del nombre de Jon; su gente no tenía historia, ninguna conciencia de continuidad. Por lo que Jon sabía, siempre habían vivido en cuevas, siempre escarbando la cicatrizada superficie exterior y superior para encontrar yemas para los cocimientos, siempre cazando grupos de otras cuevas para complementar ocasionalmente con carne su dieta diaria. Tenían fuego, resguardo, armas toscas, la semblanza de supervivencia de una subcultura urbana basada en el concepto de agrupación y territorio. Todo esto era lo que había recogido en pacientes interrogatorios, y tal vez era todo. Salvajes.

Desechó la idea; no era importante. Lo que importaba ahora era que esta criatura era todo lo que quedaba de la humanidad. La esperanza del futuro, la única esperanza superviviente.

Podía hablar. "Cuéntame algo, hermano."

Hermano. Esta criatura pertenecía a la humanidad, a lo que quedaba de ella. Despojado de todo, arrancado de la civilización, su lenguaje se reducía a una jerga tosca.

Dios, ¿cómo se podía educar esto? ¿Cómo podría tan sólo comunicarse con claridad? Pero tenía que hacerlo, debía, era el único camino.

—Cómo hablar de algo, hermano.

Y él habló.

Otra vez, como tantas otras antes, le contó a Jon la historia. Le contó de los viejos tiempos, los días de la inocencia antes de las guerras, cuando la gente caminaba libre y orgullosa sobre la faz de la tierra y construía sus ciudades resplandecientes cuyas agujas se perdían en lo alto; construían sus esperanzas más altas aún, remontándose a las estrellas.

Eso es lo que era para Jon, un cuento. Estaba escuchando, siempre escuchaba, pero obviamente no creía. No más de lo que la humanidad había creído en el Jardín del Edén.

De algún modo, por supuesto, este nuevo mundo era el Jardín del Edén del cual hablaba —la Tierra antes de la Caída. Y la creciente disidencia que había conducido a la guerra —la lucha racial, política, religiosa, ideológica, sexual, con su falta de comunicación a todo nivel— había sido como la torre de Babel. Hasta la misma guerra final era como un Diluvio que aniquilaba el mundo. Sus supervivientes no se refugiaron en la cima de las montañas; en su lugar estaban dentro de ellas. Los hijos de Noé, agazapados en esta cueva.

Se escuchó a sí mismo —a la emisión mecánica de su pensamiento- y reconoció en qué medida todo ello sonaba como un cuento de hadas. Así le sonaban a él los relatos bíblicos en los viejos tiempos. Fábulas, fantasías, folklore. Si para él había sido difícil concebir la simplicidad del Jardín del Edén, cuánto más difícil debía de ser para Jon percatarse de la realidad de una civilización complicada.

Y sin embargo era verdad. Había existido la esperanza de un paraíso en la tierra, hasta que la humanidad lo convirtió en un infierno. Para la mayoría, el infierno había sido una horrorosa pesadilla de dolor y miedo, repentina y breve, seguida de un olvido piadoso. Pero el verdadero significado de infierno les había sido revelado solamente a unos pocos, como él. Él sabía realmente lo que era el infierno.

El infierno era eterno.

El infierno era una oscuridad que nunca moría, una pesadilla que nunca terminaba. El infierno era el dolor y el miedo de estar vivo y consciente en esa oscuridad, absolutamente aislado, incapacitado de ver, o hablar o aun moverse. El infierno era estar a solas con sus pensamientos para siempre; pensamientos que no dormían jamás, pensamientos que resonaban eternamente con un griterío inaudible que destrozaba el cráneo.

Ése era su infierno, antes de que Jon lo encendiera. Y ése era su infierno cuando Jon lo apagaba, dejándolo solo en la oscuridad.

Por eso ahora no importaba realmente si Jon le creía o no, siempre que estuviera dispuesto a escucharlo. Porque si estaba escuchando no lo apagaría.

Sigue hablando, manténlo interesado. Cuéntale de cualquier cosa, de todo. Del radar, los láseres, la fisión, la fusión, los super y subsónicos, el microcosmos, el macrocosmos, los dáctilos y pterodáctilos, de todas las maravillas y tropiezos del mundo.

—Y entonces, Jon, comenzarnos la conquista del espacio. Aterrizamos en la luna.

—Ya lo contaste —Jon se puso de mal humor; estaba aburrido—. Cuenta de grandes matanzas.

Grandes matanzas. La guerra. Él no quería hablar de la guerra; eso era Información Reservada, Alta Seguridad, las órdenes selladas y la directiva que lo habían mandado aquí al Área Secreta. Operación Supervivencia —así la habían denominado, el procedimiento que lo situó bajo el cuchillo en el momento mismo en que la tierra temblaba y las cimas se derrumbaban sobre su cabeza. Pero había obedecido, todos habían obedecido; los científicos y cirujanos transpirando al esgrimir sus escalpelos bajo las hirvientes luces electrónicas antes de la oscuridad final. Sus palabras le volvieron a la mente.

—Pero maldito sea, ¿no lo entiende? No es la muerte ¡estará vivo! Es inevitable que alguien lo encuentre tarde o temprano y cuando esto suceda, cuando lo enciendan, usted renacerá. Y también la raza humana renacerá con el saber por usted conservado.

Ésa era la esperanza que había sido depositada junto a él en la oscuridad, el propósito que lo había sostenido a través del vacío terrible, interminable.

Pero eso no era lo que Jon quería oír. Estaba nuevamente reticente, rascándose una axila.

Más matanza —dijo Jon—. Bombas. Tú sabes, hermano.

—Yo no sé —dijo él—. Y tú tampoco sabes. Tú no eres un hombre —eres un niño. Por eso debes escucharme, escucharme y aprender. Hay otras cosas en la vida además de matar y comer y copular. Si me escuchas puedo enseñarte.

—Cuenta cómo haces bombas —Jon sonrió—. Algún día yo mato a Grope.

—No, esa no es la forma.

Jon sacudió la cabeza porfiadamente.

—¡Cuéntame!

Contarle ¿qué? Dónde estaban las palabras, cómo podía llegar a él, enseñarle, rescatarlo del salvajismo, sacar a su gente de la barbarie. ¿Y qué palabras servirían —las de Jesús, Buda, Mahoma, Lao Tsé, Platón, Spinoza, Confucio, Shakespeare? ¿Qué profetas, sacerdotes, filósofos, sabios o eruditos en la historia de la humanidad le podían mostrar la solución?

Tenía que encontrar ahora esas palabras, por el bien de Jon, por su propio bien, aunque sólo fuera para que no lo apagara, para no ser vuelto a ese silencio incesante, a esa oscuridad ciega. Un cerebro, enterrado vivo dentro de una montaña.

Montaña. Desierto. ¿No había conducido Moisés a una multitud nómada a través del desierto, y escalado una montaña? Supongamos que la Babel bíblica y el Diluvio fueran alegorías. Supongamos que hubiera habido entonces una destrucción termonuclear ¿y la misma solución? Los científicos de una civilización olvidada habían dado con el secreto de la salvación, preservando una inteligencia viva hasta el día en que fuera encontrada por algún primitivo sobreviviente, escondida a la espera de traer nuevamente al mundo la luz de la verdad. Supongamos que Moisés hubiera ido a las montañas, encontrado la cueva, tropezado con ese mecanismo, encendiéndolo, y oído la voz de Dios.

Firme, ahora, A Dios no le espantaría la oscuridad como le espantaba a él, Dios no tendría temor de ser apagado. Tú no eres Dios. Recuérdalo.

Pero puedes ser la voz de Dios.

Tú puedes ser la voz de Dios y Jon puede ser Moisés. Háblale con las palabras de Dios, para que pueda conducir a su gente a la Tierra Prometida.

—No matarás —dijo.

Jon frunció el ceño, sacudiendo la cabeza.

—Yo mato a Grope. Ves.

—No. Grope es tu padre. Honra a tu padre y a tu madre, ¿entiendes?

Jon gesticuló, los ojos desasosegados, resentidos. No estaba interesado.

¡Pero tenía que haber un camino! Un camino para la salvación de Jon y de los otros, un camino para la salvación de sí mismo. Porque si era apagado otra vez, sabía que se volvería loco, final e irrevocablemente loco, y no habría ninguna voz de Dios, sólo el contorsionar, el arañar, el desesperado retorcerse de su cerebro a punto de explotar, sólo en la oscuridad, para siempre. Habría oscuridad en los cielos y la tierra, y sin su voz, Dios estaría muerto. Jon estaba buscando la perilla. Buscando, aburrido e impaciente.

Él no podía impedirlo. Sólo Dios tenía ese poder. Salvación. La salvación por medio de la oración. Sí, ése era el camino.

Entonces habló. Habló las únicas palabras que salvarían al mundo, las palabras que nunca morían, las palabras de sabiduría, las palabras de los tiempos, las palabras de Dios.

—El Señor es mi pastor: Nada me faltará. Él me ha hecho yacer en verdes praderas; Él me ha conducido a las aguas calmas. Él ha restaurado mi alma.

Ahora Jon escuchaba. ¿Entendería? ¿Había quedado en esta criatura la humanidad suficiente como para comprender la verdad? La respuesta decidiría para siempre su destino, el destino de Jon, el destino del mundo, el destino de Dios.

Entonces Jon sonrió y la respuesta llegó.

—Eso es basura, hermano —dijo Jon.

Y lo apagó.



Death In June - The Rule Of Thirds


Death In June - The Rule Of Thirds (2008)

1 The Glass Coffin (5:55)
2 Forever Loves Decay (4:04)
3 Jesus, Junk And The Jurisdiction (4:09)
4 Idolatry (3:35)
5 Good Mourning Sun (3:58)
6 The Perfume Of Traitors (3:45)
7 Last Europa Kiss (2:09)
8 The Rule Of Thirds (4:13)
9 Truly Be (2:45)
10 Their Deception (3:08)
11 My Rhine Atrocity (3:35)
12 Takeyya (3:32)
13 Let Go (4:10)


Zeitgeist, La Película


(Para ver la película, clic en la imagen.)



Zeitgeist es un documental sin ánimo de lucro del año 2007 producido por Peter Joseph con difusión por Internet (mediante Google Video). Aunque grabado originalmente en inglés es posible encontrarlo con subtítulos en español. Es un documental a manera de intrahistoria, intenta partir de un análisis racionalista e histórico de la estrategia y cálculo político, de varias creencias religiosas e instituciones políticas y económicas, en especial el cristianismo, los ataques del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo, y la Reserva Federal y el sistema financiero internacional. El propio título, Zeitgeist, quiere decir "espíritu guardián del siglo", es decir, la experiencia del clima cultural dominante.

Plantea la existencia de mecanismos de dominación absoluta dentro a las instituciones de control social convencionales, más que enfocarse en que si las intenciones son ocultas o manifiestas explora los métodos de convencimiento individual y asentimiento social de la sociedad civil ante sus dominadores. Zeitgeist desvela las grandes mentiras históricas y actuales que nos ahogan brutalmente a todos. Desde su publicación gratuita en Google Video en primavera de 2007, la película ha sido vista más de 5 millones de veces.

Los eventos fueron simplificados para las masas, con la intención de generar la conciencia general y discusión en cuanto a un tema que bajo la deitificación se considera tabú discutir.
Sin embargo, según algunas personas, trataría ciertos lugares comunes de las teorías de la conspiración a pesar de que no contiene mensajes esotéricos en su enfoque, ni presenta una "conspiración" de alguna sociedad secreta concreta, como es costumbre en las teorías conspirativas. Otras opiniones afirman que se trataría más del formato de documental que transmite tal impresión mas no la mayoría de su contenido (con excepción de la segunda mitad del tercer capítulo sobre el futuro geopolítico mundial).

Zeitgeist, (o espíritu de época), no es un análisis sobre religión, sobre medios, ni economía, mucho menos desde una perspectiva marxista. Zeitgeist es sobre la fabricación de mitos, de creencias, de valores; que se transforman en prácticas concretas y reales, mitos que moldean el espíritu (lo intangible) de una época y lo hacen real. No se trata de si es (más) verdad o no es verdad cada de uno de los hechos descriptos por la película, sino sobre como se fabrican los mitos.

Desde esta interpretación podemos agregarle un poco más de pimienta a la película, puesto que como dicen "te deja pensando", podemos pensar que el documental también está proponiendo (fabricando) un mito, o un Zeitgeist, que modifique nuestro espíritu para hacer cosas concretas. Ahora es donde.
Capítulos

El documental está estructurado en tres partes. La primera es una exposición del cristianismo como un mito, un híbrido astrológico-literario. Este mito constituye el terreno abonado sobre el que pueden funcionar nuevos mitos en los que las masas crean ciegamente y así ser manejados con mayor facilidad. La segunda parte expone el funcionamiento de la propaganda y adoctrinación mediática, logrando que los propios ciudadanos asientan ser más controlados por sus gobiernos. La tercera sección habla sobre la geopolítica y economía global enfocándose en el monopolio del dinero (junto a la especulación financiera) y el gasto militar.

Primera parte: La historia más grande jamás contada

En la primera parte del documental se describen las similitudes que existen entre religiones antiguas y el cristianismo.

Por medio de una serie de acontecimientos y fechas se relacionan las narraciones religiosas más conocidas con la descripción astrológica que los egipcios relatan sobre el dios Horus en forma de historia mitológica.

Se hace hincapié en que ciertos atributos de mitos anteriores fueron copiados y atribuídos por los primeros cristianos al Jesús histórico.

Segunda parte: Todo el mundo es un escenario

En este capítulo se intenta demostrar que los ataques del 11S en Nueva York y los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres fueron en realidad perpetrados por algún grupo de poder de EE.UU..

Esta operación de bandera falsa estaría dirigida para conseguir el beneplácito de la sociedad estadounidense para iniciar las reformas necesarias que permitirían el comienzo de una serie de "invasiones" de puntos estratégicos como son Afganistán, Irak e Irán

Tercera parte: No prestes atención a los hombres detrás de la cortina

En el último capítulo se detalla el nacimiento del Banco Central, la evolución del sistema monetario y por último los supuestos fines de los hombres detrás de la cortina, que irían desde la implantación de chips RFID en todas las personas del planeta, hasta la declaración de un gobierno global.

Es el capítulo donde a partir de la segunda mitad, específicamente en el tema sobre el futuro de la geopolítica, más se mezclan proyecciones sobre sucesos futuros sin el análisis histórico, siendo este capítulo el único que podría ser considerado con toques conspiracionistas, a diferencia de los anteriores que tienden más a la intrahistoria.

Activismo del creador

En el sitio web oficial de Zeitgeist, dentro de la sección Activismo, pueden encontrarse artículos donde se leen diferentes protestas breves. Básicamente están criticando el Estado policial, el sistema educativo actual y denunciando lo que puede considerarse mentiras sobre lo que ocurrió el 11-S .

Dentro de la sección antes mencionada llama la atención su apoyo para la Presidencia de los Estados Unidos a Ron Paul, político estadounidense antes miembro del Partido Liberal y ahora miembro del Partido Republicano, del cuál reconoce que "no es perfecto" pero que ha prometido abolir la Reserva Federal, se ha opuesto radicalmente a la unión de Estados del Norte, promete poner fin al Impuesto a los Ingresos (denunciado en el documental como anticonstitucional) y que ha anunciado su deseo de abolir el IRS.

Fuente




“Mientras más empieces a investigar en lo que creemos que entendemos, de donde venimos, en lo que pensamos que hacemos, más empezarás a ver que nos han mentido. Nos han mentido todas las instituciones... Las instituciones religiosas de este mundo fueron puestas allí por la misma gente que te dio tu gobierno, tu educación corrupta, que preparó los carteles bancarios internacionales. Porque a nuestros dueños les importa un bledo sobre ti o tu familia. Todo lo que les interesa es lo que siempre les ha interesado, y eso es controlar todo este maldito mundo... No sé lo que Dios es, pero sé lo que no es, y al menos hasta que estés preparado para mirar la entera verdad, donde sea que te lleve y quien sea el que te guíe; si quieres mirar para otro lado o si quieres ser parcial, entonces en algún punto vas a tener que darte cuenta de que estás lidiando con la justicia divina. Mientras más te educas, más entiendes de dónde vienen las cosas; las cosas se vuelven más obvias y empiezas a ver mentiras por todos los lados”.


Gracias a Alfredo R.M. por su amabilidad en pasarme los datos y links!

Evo Morales:No tenemos el poder aún.




EVO MORALES: "Hemos llegado al gobierno pero no tenemos el poder todavía"
Néstor Kohan e Itai Hagman - 06.03.08

El colectivo AMAUTA de Argentina ha sido invitado a Bolivia para inaugurar varias Cátedras Che Guevara y Escuelas de Formación Política. Dos de ellas fueron organizadas por compañeros del MAS (incluyendo desde diputados y equipos de gobierno hasta militantes de base). La otra por la organización Patria Insurgente. No resulta casual que en las diversas lecturas del proceso político y social que actualmente vive Bolivia, la herencia del Che Guevara continúa inspirando los anhelos y proyectos de transformación social radical. Como parte de esas muchas actividades realizamos una entrevista con el compañero Evo Morales, que a continuación reproducimos.

En plena efervescencia política, el colectivo AMAUTA de Argentina ha sido invitado a Bolivia para inaugurar varias Cátedras Che Guevara y Escuelas de Formación Política. Dos de ellas fueron organizadas por compañeros del MAS (incluyendo desde diputados y equipos de gobierno hasta militantes de base). La otra por la organización Patria Insurgente. Más allá de los matices políticos de estas diversas iniciativas, AMAUTA se encontró en todos esos espacios con antiguos militantes y combatientes del ELN (Ejército de Liberación Nacional), fundado por el Che Guevara y sus compañeros. Algunos de ellos lo conocieron personalmente a Robi Santucho. Otros lucharon en Chile, en Nicaragua y en otros países. No resulta casual que en las diversas lecturas del proceso político y social que actualmente vive Bolivia, la herencia del Che Guevara continúa inspirando los anhelos y proyectos de transformación social radical.
Bolivia se encuentra hoy en medio de un agudo conflicto político donde la derecha más recalcitrante, alentada y asesorada por la CIA y la USAID, pretende independizarse y lanzar una insurrección armada contrarrevolucionaria al estilo del golpe de Estado que los escuálidos organizaron en Venezuela en el año 2002.
Solidarios con el proceso de transformación social recién iniciado por nuestros hermanos bolivianos, además de inaugurar varias Cátedras Che Guevara, nuestro colectivo participó en las manifestaciones callejeras. Portando en conjunto la bandera internacionalista de AMAUTA militantes argentinos y hermanos bolivianos marchamos por La Paz, todos entremezclados con las nutridas columnas de los mineros (que hacían tronar sus dinamitas), los campesinos, las comunidades indígenas y compañeros de la Universidad Nacional de la mina Siglo XX, formada por la Federación de Mineros. Lo hicimos convencidos que nuestra lucha antimperialista y por el socialismo es continental y abarca toda la patria grande. Nuestro campo de batalla alcanza todo el mundo. El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. No hay fronteras en esta lucha a muerte. Cada destacamento constituye apenas una pequeña parte de un movimiento internacionalista de alcance continental que recién comienza a gestarse con nuevas generaciones. Las luchas más radicales todavía no han empezado. Nada de nostalgias paralizantes. Lo mejor está por delante.
Como parte de esas muchas actividades realizamos una entrevista con el compañero Evo Morales, que a continuación reproducimos [en la entrevista también estuvieron presentes compañeros de la agencia de noticias argentina Bolibar].


AMAUTA: Nosotros formamos parte de la Cátedra Che Guevara de Buenos Aires y hemos venido invitados a Bolivia a inaugurar diversas Cátedras Che Guevara. Nos gustaría saber cuándo fue la primera vez que usted escuchó hablar del Che. ¿Cómo lo recuerda?

Evo Morales: La primera vez que escuché hablar del Che Guevara fue en el Chapare. Si no recuerdo mal fue en el año 1980, cuando yo tenía 18 ó 19 años.

AMAUTA: ¿Quién le habló por primera vez del Che? ¿Compañeros de militancia? ¿La familia?

Evo Morales: Fueron compañeros de militancia. Eran dirigentes sindicales. En 1980, en plena dictadura militar de García Meza. Tuvimos un gran problema. A un hermano lo quemaron vivo. Fue el equipo de lucha contra el narcotráfico, narcóticos, la estructura de represión de Luis García Meza Tejada, el general golpista que ahora está en la cárcel en Chonchocorro. Hasta ese momento yo tenía la idea de que el presidente, aunque fuera dictador o demócrata, era presidente para mí. El presidente tenía que ser el padre de todos los bolivianos. ¿Cómo el funcionario del presidente va a hacer quemar a su pueblo, a su hijo? ¡Yo no lo podía entender! Yo estaba en la cancha de fútbol, con un grupo de jóvenes... El dirigente del sindicato llama y convoca a una reunión de emergencia, dice que hay que salir a una marcha, que han quemado a un hermano de un sindicato. ¡Yo no lo podía entender! ¿Cómo el presidente podía hacer quemar al pueblo? Los jóvenes que jugábamos al fútbol decidimos que había que apoyar al sindicato y decidimos ir a la marcha. Ya en la concentración nos preguntamos qué podíamos hacer. Había unos calendarios grandes, con la plata de Estados Unidos, de USAID... entonces en esos cartones, del lado que estaban vacíos escribimos VIVAN LOS DERECHOS HUMANOS, RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS, empapelamos el carro para ir a la concentración. Era quizás la mejor delegación que llegaba a esa concentración por los derechos humanos y en repudio a esa acción de quemar vivo a un hermano. Y ahí aparece un dirigente hablando del Che, nos dice que el Che estaba por Chapare... que había un compañerito viejito que todavía estaba vivo y siempre hablaba del Che. Parece que había un dirigente sindical, un tal Vargas, que murió por allá y estaba planificando para que el Che entre a la zona del Chapare. Casi todos estaban muertos los que hablaban del Che. Entonces era muy interesante todo eso... ahí empecé a profundizar, a comprar unos libros, pero... ¡esos libros hablaban todo lo contrario del Che! [risas]. Y entonces luego compré otros libros que hablaban bien del Che y me encantaron.

AMAUTA: ¿Qué opinión tiene hoy del Che Guevara?

Evo Morales: Yo creo que el Che Guevara fue, es y seguirá siendo el símbolo de las revoluciones en todo el mundo.

AMAUTA: ¿Y qué opina de su compañero, Fidel Castro, quien se acaba de retirar del gobierno de Cuba?

Evo Morales: Tanto Fidel como el Che serán dos yuntas, serán los dos grandes símbolos en todo el mundo...

AMAUTA: Usted conoció a Fidel personalmente...

Evo Morales: Sí, varias veces.

AMAUTA: ¿Qué opinión tiene de él?

Evo Morales: Yo creo que es un maestro, un sabio. Es el mejor “médico” del mundo. Yo llegué a la conclusión, a partir de la colaboración del pueblo cubano, de su gobierno y de su comandante con el pueblo boliviano que el país más humillado, reprimido y bloqueado por el imperio es el más solidario con los pueblos del mundo.

AMAUTA: En la lucha actual de los pueblos del mundo, incluido el pueblo boliviano, la lucha contra el imperialismo y la defensa de los recursos naturales es fundamental. ¿Qué relación tiene el actual gobierno de Bolivia con las empresas petroleras multinacionales?

Evo Morales: Lo que dijimos durante la campaña electoral: sobre nuestros recursos naturales queremos socios... ¡no patrones! En el primer año, cuando nacionalizamos durante el 2006, hubo mucha susceptibilidad. En el 2007 consolidamos los nuevos contratos y ahora pasamos al tema de inversión. Hay relaciones no siempre tan confiables con algunas empresas.

AMAUTA: ¿Hay alguna perspectiva de nacionalizarlas?

Evo Morales: La nacionalización consiste en que el Estado asuma el control efectivo de sus recursos de gas e hidrocarburos. Hubo récords de inversión. En 1998 hubo 600 millones de dólares de inversión, en el marco de la privatización, mal llamada “capitalización”. Ahora, en cambio, entre el Estado y las empresas tenemos 2.300 millones de dólares de inversión para el sector hidrocarburífero.

AMAUTA: ¿Hay posibilidad de nacionalizar las empresas privadas en el área de los hidrocarburos?

Evo Morales: Una cosa es que pase a propiedad de los bolivianos los hidrocarburos y el gas y otra cosa es la inversión privada, por decir en ductos. Si hay inversión respectamos esa inversión. Cualquier inversionista tiene todo el derecho de invertir, recuperar su inversión y tener derecho a las utilidades. En eso somos respetuosos, pero en el tema gas y en el tema petróleo, el pueblo boliviano tiene la mayor propiedad. Eso es lo que hemos nacionalizado. Lo que hemos cambiado es que antes el 18% quedaba para el pueblo boliviano y el 82% se lo llevaban las grandes empresas. Nosotros hemos invertido esa relación. Ahora el pueblo boliviano se queda con el 82% y a las empresas les corresponde el 18%.
En cuanto a este tema, en el año 2005 ¿cuánto ingresaba al tesoro del Estado? Pues 300 millones de dólares por hidrocarburos. El año pasado llegamos a 1.930 millones de dólares. Con lo que nos debe Brasil, el año pasado hemos recibido 2.300 millones de dólares por los hidrocarburos. ¡Esa es la nacionalización! De esos recursos y esa renta nacionalizada hemos destinado una parte importante a un bono popular, el bono Juancito Pinto, destinado a la niñez. Eso significó una revolución social.

AMAUTA: ¿Cuáles son los principales problemas que afronta el gobierno?

Evo Morales: Uno de nuestros problema está en la fiscalización. Ahí tengo un problema. En el marco de la austeridad yo me rebajé mi sueldo de 40.000 bolivianos a 15.000 bolivianos. Hay algunos “expertos” en el tema de hidrocarburos que no están dispuestos a ganar menos que el presidente. Como ganan más de 50.000 bolivianos se van a trabajar a las multinacionales. Yo siento que nuestras universidades públicas no forman patriotas. Forman profesionales por la plata y no por la patria. Por esa razones tenemos nuestra debilidad. Estamos debatiendo. Necesitamos definir políticas, proyectos y programas para la industrialización. El próximo año debe ser el año de la industrialización. Ya estamos sentando algunas bases en ese sentido. Estamos buscando socios, como Estado, básicamente entre otras empresas de Estado.

AMAUTA: ¿Qué sucede con el problema de la tierra, con los procesos de reforma y revolución agraria?

Evo Morales: Bueno, hay una profunda diferencia entre la reforma agraria y la revolución agraria. La reforma agraria de 1952 y 1953 (1) se ha producido bajo un levantamiento permanente indígena, con fusil al hombro, que obligó a los partidos y gobiernos de turno a realizar una reforma agraria. Pero esa reforma agraria de 1952 ha dejado minifundios, surcofundios, latifundios (sobre todo en el oriente boliviano)... Nosotros ahora, dentro de una revolución agraria nos hemos planteado la redistribución de la tierra. En dos años hemos llegado a redistribuir más de 10 millones de hectáreas, a nivel titular. Mientras que los gobiernos anteriores, a lo largo de 10 años llegaron a sanear 10 millones. Nosotros lo hicimos en dos años. A ellos cada hectárea saneada les costó diez dólares, a nosotros nos constó un dólar por hectárea. ¡Una tremenda diferencia! La revolución agraria tiene cuatro componentes: la redistribución, acabar con el latifundio (improductivo, especialmente), luego la mecanización (entregamos más de mil tractores), los créditos y la apuesta por productos ecológicos. También está el tema del comercio. Frente a los tratados de Libre Comercio (TLC), hemos tratado de promover un tratado de comercio justo entre los pueblos (TCP), que nos está costando un poco implementarlo.

AMAUTA: ¿Qué relación guarda ese tipo de tratados con el ALBA?

Evo Morales: Son parte: el ALBA contra el ALCA, y el TCP contra el TLC. El ALBA y el TCP son dos yuntas que trabajan en la misma dirección.

AMAUTA: Actualmente Bolivia vive la reacción de las regiones conocidas como la medialuna, aquellas regiones autonómicas y separatistas gobernadas por la derecha que no aceptan subordinarse al gobierno central. Si estas regiones se sublevan y deciden declarar su autonomía e independencia, rompiendo la unidad nacional del estado boliviano, al estilo de Kosovo y bajo influencia norteamericana, ¿el gobierno central, el gobierno del MAS, tienen fuerza suficiente como para imponerse a esa desestabilización promovida por la derecha?

Evo Morales: Hay que recordar que el poder es del pueblo, no del gobierno del MAS ni de Evo Morales. Hemos llegado al gobierno pero no tenemos el poder todavía. Estamos en un proceso en el cual hay que pensar como construir el poder del pueblo, yo creo en las fuerzas sociales.

AMAUTA: ¿Esas fuerzas sociales cómo operarían frente a un posible levantamiento insurreccional de la derecha?

Evo Morales: Habría que preguntarle a ellas cómo operarían...

AMAUTA: Qué función cumplirían las Fuerzas Armadas en ese conflicto?

Evo Morales: Hasta ahora están muy identificados. Yo me he impresionado, pese a que todos los altos mandos militares son mis mayores... En la cultura andina, en la cultura indígena, un menor no puede dirigir a una persona mayor. Yo doy sugerencias, no tengo ese carácter de dar instrucciones. Aunque como capitán general de las Fuerzas Armadas de la nación yo podría dar instrucciones. ¿Por qué tienen respeto? Yo he prestado mi servicio militar obligatorio. Casi todos los presidentes nunca han ido a los cuarteles, no han prestado servicio militar. Como presidentes mandaban e instruían, utilizaban políticamente, no respetaban la institucionalidad. Yo, Evo, como ex soldado, respeto y me hago respetar. Los militares respetan entonces la institucionalidad.

AMAUTA: ¿No hay peligro de golpe de Estado?

Evo Morales: Bueno, ¿quién podría garantizar eso? Pero hasta ahora no tengo nada de qué quejarme de las Fuerzas armadas, ya que respetan la institucionalidad. Pero lo importante que hay que destacar es que nuestro gobierno respeta y defiende las autonomías pero se opone al separatismo, bandera de las derechas oligárquicas y racistas. Esas derechas, sobre todo de Santa Cruz de la Sierra donde no todo el pueblo sino pequeños grupos, a mí me dicen “mono”, “indio”, “macaco”... Cuando las derechas separatistas me pedían un referendum revocatorio yo les contesté: “¿por qué no nos sometemos todos a un referéndum revocatorio?” Ellos se asustaron y no quisieron. La gente de Santa Cruz promovía de manera ilegal un estatuto autonómico. Después de que perdieron la “mamadera” a nivel nacional, ahora quieren seguir mamando a nivel departamental para no perder la mamadera por completo. Eso a nivel económico. A nivel político el problema para ellos es Evo Morales. No aceptan que un indio gobierne Bolivia. Hay una cuestión de codicia, de envidia, de poder. Ellos, la derecha, utilizan el problema de la autonomía y la capitalidad para mantener sus cuotas de poder. Por eso, con todo el pueblo movilizado, hemos impulsado que el Congreso apruebe una convocatoria a un referéndum para que todo el pueblo se exprese sobre la nueva constitución política del Estado boliviano. Esta constitución garantiza la autonomía pero rechaza el separatismo. El estatuto autonómico tiene consecuencias como la siguiente: si un argentino llega a Santa Cruz y quiere adquirir derechos políticos, lo tiene que hacer como cruceño, no como boliviano. Lo mismo en el tema tierras, que según esos estatutos serían de propiedad departamental y no de todos los bolivianos y bolivianas. Entonces la nueva constitución garantiza autonomía e igualdad entre todos los departamentos pero en el marco de la unidad nacional. Se va a garantizar la autonomía: autonomía como comunidad, pero sin independencia, separación ni desmembramiento de Bolivia. El reclamo separatista no le pertenece a todo Santa Cruz sino a una minoría. Y la dinámica de las mayorías y las minorías es importada. En las comunidades se funciona de otra manera, allí es por consenso, no por mayoría y minoría.

AMAUTA: Estados Unidos está jugando un papel muy activo en esta demanda de autonomía separatista. ¿Cómo visualiza usted ese rol del imperialismo norteamericano en Bolivia?

Evo Morales: La responsabilidad de los diplomáticos es hacer diplomacia, comercio, etc, no hacer política. Pero el embajador de Estados Unidos en Bolivia hace política. Incluso el embajador de EEUU está en Santa Cruz, no en La Paz. Sus operaciones son muy sospechosas pero poco a poco le vamos cortando las alas. Hemos tenido muchos problemas con la embajada de EEUU y con USAID. Esta institución norteamericana convoca a las ONGs y les ofrece plata con la condición de que hagan oposición a Evo Morales. A algunos dirigentes campesinos les daban 2.500 ó 3.000 dólares al mes... y cuando nosotros hablábamos con estos compañeros nos decían “hay que aprovechar la plata de los gringos”. A Algunas organizaciones les han dado hasta 20.000 dólares con la condición de que no aprueben a Evo Morales. Las ONGs se meten para manejar ese dinero. También hay muchos otros problemas como el espionaje. La CIA también está metida. Pero en resumen el embajador de EEUU con todos sus equipos, encabezan la conspiración contra el gobierno de Evo Morales. Nosotros tenemos el derecho de garantizar el respeto mutuo entre ambos países.

AMAUTA: Los norteamericanos tienen bases militares en Bolivia, ¿no es cierto?

Evo Morales: En algunos aeropuertos de Bolivia ellos tienen hangares cerrados...

AMAUTA: ¿hay posibilidades de que se vayan?

Evo Morales: Estamos viendo, es todo un proceso, pero ya no es como antes. Antes la DEA operaba, controlaba en los retenes, comandaba en las Fuerzas Armadas y en la policía pero eso se terminó. Si están por allí en algunos aeropuertos se ocultan, filman o toman fotografías... creen que no me doy cuenta, pero ¡me doy cuenta! Algunas veces les hemos dicho al oficial boliviano que dejen de sacar fotografías. Ellos se escapan, se ocultan. Vamos a seguir revisando convenios. Pero es un proceso. No podemos creer que todos los funcionarios en el Estado boliviano son hoy revolucionarios. Tenemos que hacerlo con tiempo. Lo importante es que nosotros tenemos pleno derecho de hacernos respetar frente a la injerencia de Estados Unidos.

NOTAS

(1) Sobre los procesos sociales y políticos que Bolivia experimentó a partir de 1952, recomendamos consultar el libro La revolución boliviana de 1952 de Noel Pérez (compañero integrante del Colectivo AMAUTA). La Habana, Ocean Sur [Colección «Historias desde abajo»], de próxima aparición.
Fuente



Nurzery (Rhymes) - Thorns (2008)


Nurzery (Rhymes) - Thorns (2008)

01. Thorn Contamination
02. Cuore Sanguinato
03. Stigmatized
04. My Babylon
05. Thorn Disease
06. Confession
07. Bloodline
08. Du!
09. Coroner
10. Thorn Detoxication
11. Son Of God
12. Circle Of Pain
13. Defy
14. Thorn Healing?


La Caza de Brujas




La caza de brujas

El estudio de la Europa Moderna, no se puede dejar de considerar un fenómeno singular y único que marcó a este rico período: la caza de brujas.
Durante el siglo XVI Europa se ve infectada de denuncias sobre brujería. Miles de personas sospechadas de esta práctica eran detenidas y sometidas a interrogatorios, tanto por las autoridades civiles como por la temible Inquisición. La simple probabilidad de caer en sus manos llenaba de terror. El uso de tortura, tanto para lograr la confesión o simplemente para la confirmación de ésta, era lo habitual. Y las penas podían ir desde la abjuración pública y el uso del sanbenito – un hábito amarillo con una cruz roja, cada vez que salía de su casa - muestra pública de vergüenza y humillación, hasta la condena a muerte en la hoguera .
Ocupaba un lugar destacado en las delaciones e interrogatorios la descripción de las prácticas y reuniones nocturnas sabáticas celebradas por los miembros de sectas de brujos. Estas descripciones incluían la negación de la fe, el pacto satánico, la orgía sexual, el sacrificio de niños, el vuelo nocturno, el ejercicio de poderes maléficos contra hombres, animales y cosechas, junto con la inversión de los valores del culto cristiano, que introducían el caos en el orden divino, social y simbólico de las asustadas poblaciones.

El resultado de estas denuncias llevó a la muerte a miles de personas. La caza de brujas alcanzó su clímax entre los siglos XV y XVII, siendo para el siglo XVIII sólo un recuerdo. ¿ Cómo llegó a construirse la imagen de la bruja satánica, de manera tal como para generar psicosis colectivas? ¿ Tenían las prácticas descriptas un trasfondo real? Y: ¿cuál fue la razón que hubo tras la construcción de esta imagen?
La clave para entender este fenómeno la tenemos que buscar en la historia del pensamiento, en particular en el religioso. Así como la idea bíblica de la existencia del diablo llevó siglos de elaboración teológica , la figura del brujo o hechicero como agente del demonio y las prácticas supersticiosas como hechos satánicos, llevó siglos de composición por los pensadores de la Iglesia.

Algunos investigadores sostienen que el inicio de la caza de brujas y la configuración del sabbat se encuentran en el siglo XIV, mientras que otros afirman que recién en el XV hay pruebas claras de este hecho. Carlo Ginzburg en Historia Nocturna plantea la tesis de que esta nueva imagen de la brujería practicada por grupos que celebraban reuniones nocturnas surge en los Alpes Occidentales a mediados del siglo XIV . Si bien, fuentes como el Fornicarius – que utiliza Ginzburg – demuestran que la brujería ya era un hecho reconocido como satánico en ese siglo, la imagen completa del sabbat y del vuelo nocturno, característica del fenómeno, no están presentes aún. Es recién a comienzos del siglo XV cuando comienza con intensidad la persecución y condena de individuos por la acusación de brujería y elementos del estereotipo del aquelarre ya se encuentran plenamente desarrollados en los registros de los interrogatorios. Ya se había cristalizado la imagen completa de la bruja que había realizado un pacto con el diablo, con el fin expreso de dañar al prójimo, que celebraba con sus compañeros reuniones nocturnas, donde se practicaban los hechos más aberrantes. Fray Martín de Castañega en su Tratado de las supersticiones y hechicerías (Logroño, l529) describe las ideas que circulaban con respecto a estas ceremonias al relatar: "Más muchos de los sacrificios antiguos diabólicos y las más solemnes, se celebraban con sangre humana, ofreciendo, degollando y sacrificando a sus propios hijos e hijas al demonio". Esta costumbre de devorar niños o ofrecerlos en sacrificio al demonio, era uno de los elementos característicos del estereotipo de las brujas, así como también el vuelo nocturno.

Se emprende de esta manera una caza despiadada contra personas que en muchos de los casos eran depositarias de sabiduría y costumbres ancestrales, como el uso de ciertas hierbas con propósitos curativos o amatorios, y que durante siglos habían sido aceptadas y respetadas dentro de las comunidades; pero que, ahora, producto de esta deliberada construcción ideológica, se veían desplazados de la misma, considerados enemigos de la fe y de los verdaderos cristianos.
El diferente, el otro, el marginal siempre ha sido y aún hoy lo es, la figura sospechada. Ante el menor hecho adverso el diferente es señalado como responsable. Así fue como en el medioevo europeo el leproso, el judío, el hereje fueron las víctimas constantes, acusadas de todos los males que sucedían en la comunidad. Si ocurría una epidemia, ellos eran los responsables, pues habían envenenado las aguas con polvos . Los rumores circulaban y como consecuencia de esto miles de individuos entre ellos perdían la vida. A comienzos de la modernidad fueron reemplazos por la figura estereotipada del brujo o bruja, un ser al margen de la sociedad, capaz de todos los crímenes y males posibles, el culpable por excelencia.
El análisis de un caso particular ocurrido en San Miniato un pueblo del ducado de Florencia en 1594, nos puede ayudar a entender lo expuesto con anterioridad sobre lo que se encontraba detrás de esta caza o persecución de "brujas". Es el proceso contra una mujer viuda de unos sesenta años, que ejercía el oficio de partera y curandera. Pocos años antes se había mudado al pueblo de Bagno, y es allí donde es denunciada como bruja ante las autoridades por sus mismos vecinos. Varios elementos significativos se pueden inferir de estos pocos datos. La acusada era mujer, viuda y extranjera en el pueblo, tres elementos que señalaban su vulnerabilidad y que, a la vez, la hacían sospechosa. En el Malles Maleficarum, un célebre tratado de demonología de l486 encontramos lo siguiente: " Toda brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres es insaciable" . Fray Martín de Castañega en el capítulo V de su Tratado se explaya sobre las razones de que haya más mujeres que hombres consagradas al demonio y agrega "... más son de las mujeres viejas y pobres... porque como en los otros vicios la pobreza es muchas veces ocasión de muchos males" . La misoginia era habitual, no sólo en la redacción de los tratados de demonología sino en las relaciones cotidianas. A su vez Castañega señala a la pobreza como otro factor descalificador. La discriminación está claramente presente.
Los oficios que ejercía de partera y curandera, la colocaban en un terreno peligroso, pues ambos estaban asociados con prácticas diabólicas. Castañega en su Tratado escribe sobre las parteras: "... (Satanás) hace que los ministros, en la más sutil y secreta manera que pueden maten niños, como lo hacen muchas parteras brujas..." . La recolección de plantas, el conocimiento de su papel terapéutico y su empleo para sanar enfermedades era transmitido de generación en generación a través de la línea femenina. Por siglos estas mujeres cumplieron un importante papel en sus comunidades. Eran las encargadas de mantener y transmitir conocimientos ancestrales, pero la construcción del modelo cristiano de superstición, hizo de ellas objeto de sospecha, colocándolas al margen de la sociedad, en la posición de agentes del diablo. De tal manera que, ante una situación de malestar social, como carestías, pestes, guerras - como era la de fines del siglo XVI en Italia, época en que vivió Gostanza - las hacía las víctimas seguras de una persecución. Posiblemente la envidia y los celos hayan sido los móviles que llevaron a sus vecinos (y posiblemente a médicos) a denunciarla. El hecho de que varios niños a los que ella ayudó a nacer hubiesen muerto, motivó la oleada de denuncias en su contra. Su condición de miembro reciente de la comunidad, sin raíces en el pueblo, la hacía doblemente sospechosa.

Poco después de su arresto comienza el interrogatorio que dura cinco días. Fácil es adivinar la presión psicológica que esta anciana experimenta. Gostanza niega los cargos, por lo tanto la someten a tortura, al parecer al tormento llamado potro . A pesar de la tortura, Gostanza niega las acusaciones, el inquisidor, le hace una serie de preguntas sobre reuniones nocturnas, hechizos sobre niños, el fin es que ella confirme su participación en reuniones satánicas, y que su descripción encaje en el modelo existente de bruja. Dos días después, la vuelven a someter a tortura, al fin ella dice "Si queréis que os diga mentiras, las diré...". Allí comienza la confesión. Describe el aquelarre, su relación con el diablo, su vuelo en escoba, como se convierte en gato, y bebe sangre de niños. Describe todo lo que los inquisidores esperaban. Diez días después el propio Inquisidor de Florencia, un hombre más ilustrado, va a tomar a su cargo los interrogatorios. Gostanza comienza a describir su vida, su rapto a los ocho años para ser entregada al hombre que será su esposo. El abuso a esa tierna edad, y su huida de la realidad, como encontraba refugio en el bosque y en sus fantasías. La imagen que ella presenta del aquelarre es una construcción donde se entremezclan sus propios anhelos, expectativas, y sueños, con la imagen elaborada de las reuniones satánicas. Un cuento lleno de elementos folclóricos, probablemente recuerdos infantiles e historias que escuchara. Presenta al diablo como un esposo amoroso, diferente del que tuvo, y a la "Ciudad del Diablo", donde se celebran las reuniones, como "una ciudad de oro, más bella que Florencia" muy distinta del ambiente cotidiano y gris donde se mueve. La fantasía que proyecta en su relato claramente muestra su huida de la realidad, el deseo de encontrar en este mundo ficticio la protección contra la dureza, exigencia y frustraciones de su mundo real.
El inquisidor se convence de hallarse sólo ante una visionaria. Tras veintiún días de interrogatorio es liberada. La Inquisición está menos dispuesta a dejarse llevar por estas historias que los tribunales civiles. Durante todo el siglo XVI el Santo Oficio mostró mayor prudencia en esos casos que los tribunales civiles, siendo éstos responsables del mayor número de ajusticiamentos por hechicería. La Inquisición prefería atender, y con severidad, los casos de herejía .
Toda fantasía tiene una fuerte base real. Y en el caso de la detallada reconstrucción del fantástico mundo descripto por Gostanza, se amalgaman visiones derivadas de su instrucción religiosa - la aprendida por los predicadores de campaña - y la cultura y saber populares, de largos siglos de elaboración y transmisión campesina. Todo esto coloreado por sus propias vivencias y al entorno social que le tocó vivir.
La persecución de la brujería fue sin duda uno de los mecanismos puestos en marcha con el fin de destruir la cultura popular, y sus antiguos saberes. En los procesos de brujería se destaca una gran mayoría de mujeres acusadas y esto era así porque las mujeres eran precisamente las encargadas de custodiar esta sabiduría popular. Ellas eran las que presidían veladas nocturnas – posiblemente de aquí se derive la imagen del sabbat - que constituían unos de los mecanismos más tradicionales de transmisión cultural en el campesinado. Veladas en las que, junto al relatos de cuentos y de sucesos pasados, se enseñaban costumbres morales o se transmitían saberes sobre plantas y astros. El universo mágico se entremezclaba con la percepción popular del mundo. José Luis Romero en La cultura Occidental, planteaba que la realidad e irrealidad se confundían y entrecruzaban constantemente en la mente del hombre medieval, donde el sentimiento mágico del germano o la adivinación de lo misterioso que anidaba en los antiguos celtas pervivía, mezclándose con el dogma cristiano. Todo esto daba como resultado un rico mundo mítico .
La demonización de estas antiguas prácticas llevó a la intolerancia y a la persecución. La imagen del brujo satánico fue un importante mecanismo de control social y de dominio sobre el diferente. La manera más eficaz de imponer una cultura hegemónica y destruir de manera sistemática la cultura y saber populares. Esta enculturación fue parte de un largo proceso de cambio, que abarcó desde la destrucción económica del campesinado, de su forma de vida y cultura hasta la imposición de un nuevo sentido del tiempo y del trabajo propios del naciente capitalismo.
Se puede decir que el proceso de destrucción de la cultura popular arrancó desde la difusión del cristianismo en Europa, pero es en el siglo XVI, donde este ataque se da con mayor vigor. La separación entre cultura de elite y cultura popular es muy notable a partir de este siglo. Así, la centralización del Estado, los cambios económicos, la Reforma religiosa, la Contrarreforma, la imprenta, entre otros aspectos que marcaron este siglo, forma el marco en el cual insertar y tratar de comprender el complejo fenómeno de la caza de brujas.
Esta persecución termina prácticamente para mediados del siglo XVIII. En Inglaterra la última ejecución se registra en l684, en Estados Unidos en l692, en Francia en 1745 y en Alemania en 1775 (29). Fueron precisamente las altas autoridades teológicas, jurídicas y políticas que la habían iniciado, las que terminaron por eliminarla. El modelo preponderante de superstición va a pasar a ser el científico- racionalista. Uno de sus grandes exponentes, Voltaire (1674- l778), en sus Cartas Filosóficas razonaba: "Me parece que la naturaleza humana no tiene necesidad de lo verdadero para caer en lo falso... el primer hombre que se puso enfermo creyó sin esfuerzo en el primer charlatán. Nadie ha visto hombres – lobos, ni brujos y muchos han creído" .
La superstición va a volver a ser nuevamente producto de la ignorancia y así, la creencia en la bruja satánica y sus abominables hechos, que segara tantas vidas, pasará a ser solo un recuerdo.
http://www.temakel.com/histbrujeria.htm


Dream of The Dragon (varios)


Dream of The Dragon

01-Aemen : Time
02- Sirenia: A Shadow of Your
03- Epica: Facade of Reality
04- Leaves Eyes: Into your Light
05- Lacuna Coil: selfdeception
06- Nightwish: Wish I Had an Angel
07- Ambeon: Ashes
08- Tristania: The Shining Pad
09- Evanescence: Going Under
10- Trail of Tears: Denial and Pride
11- After Forever: Digital Deceit
12- Theatre of Tragedy - Let Your Down
13- Ayreon: Loser
14- Xandria: Ravenheart
15- Within Temptation: Running Up
16- Mágica: Redemption


En el Submundo del Terror - Stephen King




EN EL SUBMUNDO DEL TERROR
Stephen King
(Fui un profanador de tumbas adolescente)

CAPÍTULO UNO
Era como una pesadilla. Como uno de esos sueños irreales de los que te despiertas a la mañana siguiente. Sólo que esta pesadilla estaba sucediendo de verdad. Delante de mí alcanzaba a distinguir la linterna de Rankin: un gran ojo amarillo en la sofocante oscuridad estival. Me tropecé con una lápida y por poco no me desparramo de bruces. Rankin se volvió hacia mí, siseando un juramento:
-¿Es que quieres despertar al vigilante, imbécil?
Susurré una respuesta y continuamos andando sigilosamente. Por fin, Rankin se detuvo y enfocó el haz de la linterna sobre una lápida recientemente cincelada. En ella podía leerse:

DANIEL WHEATHERBY

1899-1962

Reunido con su amada esposa en una tierra mejor

Sentí que me ponían una pala en las manos y, repentinamente, estuve seguro de que no podría hacerlo. Pero entonces recordé al administrador de becas meneando su cabeza y diciendo: Temo que no podemos darte más tiempo, Dan. Tendrás que irte hoy mismo. Te ayudaría de alguna forma si pudiera, créeme...
Excavé en la todavía blanda tierra y la arrojé por sobre mi hombro. Unos quince minutos después mi pala entró en contacto con la madera. Ambos nos pusimos a ensanchar el agujero rápidamente, hasta que la linterna de Rankin reveló el ataúd. Nos metimos en el pozo y lo izamos.
Atontado, contemplé cómo Rankin le atizaba a los cerrojos con la pala. Luego de unos pocos golpes éstos se rompieron y pudimos alzar la tapa. El cadáver de Daniel Wheatherby nos miró con ojos vidriosos. Sentí que el horror se derramaba lentamente sobre mí. Siempre creí que los ojos permanecían cerrados cuando uno estaba muerto.
-No te quedes allí -susurró Rankin-; son casi las cuatro. ¡Tenemos que largarnos de aquí!
Envolvimos el cuerpo con una manta y regresamos el ataúd al pozo. Lo tapamos y reemplazamos el césped, rápido pero cuidadosamente. Dispersamos toda la tierra que nos sobró.
Para cuando cargábamos con el cuerpo amortajado de blanco ya los primeros rastros del alba comenzaban a iluminar el cielo oriental. Atravesamos la valla que bordeaba el cementerio y nos internamos en el bosque que lo limitaba por el oeste. Rankin se abrió paso expertamente durante unos cuatrocientos metros hasta que lo cruzamos y llegamos al automóvil, que seguía estacionado donde lo habíamos dejado, en una rodada abandonada y cubierta de malezas que alguna vez había sido un camino. El cadáver fue a parar al baúl. Poco después nos unimos al flujo de automovilistas que se apresuraban en alcanzar el tren de las seis.
Me contemplaba las manos como si nunca antes las hubiera visto. La mugre que tenía bajo mis uñas había estado amontonada sobre el lugar de reposo final de un hombre, menos de veinticuatro horas atrás. Se sentía inmundo.
La atención de Rankin se concentraba por entero en la conducción del coche. Al mirarlo comprendí que el repulsivo acto que acabábamos de cometer no le preocupaba en lo más mínimo; para él se trataba de un trabajo más. Nos desviamos de la carretera principal y empezamos a remontar el sinuoso, estrecho y sucio camino. Y entonces salimos al espacio abierto y pude verla, la mansión victoriana que se elevaba en la cumbre de la empinada pendiente. Rankin dió la vuelta y sin decir una palabra enfiló hacia la escarpada roca de un acantilado que se alzaba durante otros doce metros más, un poco a la derecha de la casa.
Se produjo un horrendo sonido chirriante y se abrió una parte de la colina lo suficientemente ancha como para permitir el paso del automóvil. Rankin nos condujo adentro y apagó el motor. Nos encontramos en una estancia pequeña, con forma de cubo, que servía como garaje oculto. En ese momento se abrió una puerta al otro extremo y un hombre alto y rígido se nos acercó.
El rostro de Steffen Weinbaum parecía una calavera; tenía unos ojos insondables y una piel que se le tensaba tanto sobre los pómulos que la carne era casi transparente.
-¿Dónde está? -su voz era profunda, ominosa.
En silencio, Rankin se bajó y yo lo seguí. Rankin abrió el baúl y sacamos la figura envuelta en la manta.
Weinbaum asintió lentamente.
-Bien, muy bien. Tráiganlo al laboratorio.


CAPÍTULO DOS

Mis padres murieron en un accidente automovilístico cuando yo tenía trece años. Quedé solo y tendría que haber ido a parar a un orfanato. Pero el testamento de mi padre reveló que me había dejado una sustancial suma de dinero, y yo tenía mucha confianza en mí mismo. Los de asistencia social nunca me rondaron y a los trece años me ví abandonado en el extraño rol de ser el único inquilino de mi propia casa. Pagué la hipoteca de la cuenta del banco e intenté estirar los dólares tanto como fuera posible.
El dinero escaseaba para cuando tuve dieciocho años y terminé el colegio, pero igual quise ingresar en la universidad. Vendí la casa por diez mil dólares por intermedio de un comprador de bienes raíces. A comienzos de septiembre todo se me vino encima. Recibí una carta muy amable de Erwin, Erwin y Bradstreet, Abogados. Para ponerlo en el idioma del hombre de la calle, la carta decía que el departamento comercial en el que mi padre había estado empleado había llevado una auditoría general de sus libros; parecía que faltaban quince mil dólares y que tenían pruebas de que mi padre se los había robado. El resto de la carta simplemente manifestaba que si yo no pagaba los quince mil dólares iríamos a la corte y que intentarían duplicar aquella cantidad.
Todo aquello me trastornó y, por esa razón, aquellas preguntas que se me tendrían que haber ocurrido no lo hicieron. ¿Por qué no descubrieron antes el error? ¿Por qué me estaban ofreciendo arreglar el asunto sin ir a la corte?
Fui hasta la oficina de Erwin, Erwin y Bradstreet y discutimos el tema. Para decirlo en pocas palabras, pagué la suma que me estaban pidiendo y me quedé sin dinero.
Al día siguiente busqué la firma Erwin, Erwin y Bradstreet en la guía telefónica. No figuraba. Me dirigí a su oficina y encontré un cartel de Se Alquila en la puerta. Fue entonces cuando comprendí que había sido estafado como un niño incauto; cosa que, reflexioné miserablemente, era justo lo que yo era.
A los de la universidad los engañé durante mis primeros meses, pero finalmente descubrieron que no había sido convenientemente matriculado.
Ese mismo día conocí a Rankin en un bar. Fue mi primera experiencia en una taberna. Tenía una licencia de conducir falsificada, así que pedí los whiskys suficientes como para emborracharme. Imaginé que lograrlo me llevaría algo así como dos whiskys puros, ya que nunca antes de aquella noche había tomado más que una botella de cerveza.
El primero me sentó bien; el segundo logró que mi problema pareciera más inconsistente. Me estaba zampando el tercero cuando Rankin entró en el bar.
Se sentó en el taburete junto al mío y me miró con atención.
-¿Tienes algún problema? -le pregunté bruscamente.
Rankin sonrió.
-Sí, ando buscando un ayudante.
-¿Ah, sí? -le pregunté, interesado-. ¿Te refieres a que quieres contratar a alguien?
-Sí.
-Bien, soy tu hombre.
Comenzó a decir algo pero luego cambió de idea.
-Mejor vayamos a un reservado y conversémoslo, ¿te parece?
Nos dirigimos a un reservado y comprendí que me estaba arriesgando demasiado. Rankin tiró de la cortina.
-Así está mejor. Ahora, ¿quieres un trabajo?
Asentí.
-¿Te preocupa de qué pueda tratarse?
-No. ¿Cuánto es la paga?
-Quinientos el trabajo.
Se evaporó un poco la niebla rosada que me rodeaba. Algo no andaba bien allí. No me gustó nada la forma en que usó la palabra "trabajo".
-¿A quién tengo que matar? -pregunté con una sonrisa poco jovial.
-No tienes que hacerlo. Pero antes de que pueda decirte de qué se trata, tendrás que hablar con el señor Weinbaum.
-¿Quién es?
-Es un... científico.
La niebla se evaporó más aún. Me levanté.
-Uh-uh. No tengo interés en servir de conejito de indias. Consíguete a otro flaco.
-No seas idiota -me dijo-. Nadie te hará daño.
-Bien, vamos -respondí, en contra de mi buen juicio.


CAPÍTULO TRES

Tras una recorrida por la casa que incluyó al laboratorio, Weinbaum se refirió al propósito de mi labor. Vestía un guardapolvo blanco y había algo en él que hacía que me estremeciera por dentro. Se apoltronó en la sala y me señaló un asiento. Rankin había desaparecido. Weinbaum me observó con esos ojos penetrantes y una vez más sentí que me atravesaba una corriente helada.
-Se lo explicaré de este modo -dijo-; mis experimentos son demasiado complicados como para describirlos con lujo de detalles, pero están relacionados con la carne humana. Con carne humana muerta.
Empecé a notar que sus ojos se iluminaban con llamaradas vacilantes. Parecía una araña lista para zamparse una mosca, y toda la casa era su tejido. El sol se inflamaba al oeste, y profundos charcos de sombras se extendían por el cuarto, ocultando su rostro, pero dejando los relucientes ojos, como si se movieran en la creciente oscuridad.
Él continuaba hablando:
-A menudo, las personas donan sus cuerpos a los institutos científicos para su estudio. Desafortunadamente soy un hombre que trabaja en solitario, de modo que tengo que recurrir a otros métodos.
El horror saltó sonriendo desde las sombras, y por mi mente se filtró la horrible imagen de dos hombres cavando a la luz de una luna imprecisa. Una pala golpeaba la madera; el ruido congeló mi alma. Me puse de pie de un salto.
-Creo que puedo encontrar el camino hasta la puerta, señor Weinbaum.
Se rió suavemente.
-¿Le comentó Rankin cuál es la paga por este trabajo?
-No estoy interesado.
-Mal hecho. Esperaba que pudiera verlo a mi manera. No le llevaría más de un año ganar el dinero suficiente como para volver a la universidad.
Me sobresalté, experimentando la extraña sensación de que aquel hombre estaba escrutando mi alma.
-¿Cuánto sabe de mí? ¿Cómo lo averiguó?
-Tengo mis recursos -rió entre dientes de nuevo-. ¿Va a reconsiderarlo?
Vacilé.
-¿Hacemos la prueba? -me preguntó suavemente-. Estoy convencido de que ambos podemos llegar a un mutuo entendimiento.
Tuve la terrible impresión de estar hablando con el mismísimo diablo, que de algún modo me había obligado a venderle mi alma.
-Preséntese aquí a las ocho en punto, pasado mañana a la noche -me dijo.
Así fue como todo empezó.

En cuanto Rankin y yo ubicamos el cadáver envuelto de Daniel Wheatherby sobre la mesa del laboratorio se encendieron unas luces detrás de unos paneles rectangulares que parecían tanques de vidrio.
-Weinbaum -sin darme cuenta, había olvidado llamarlo "señor"-; me parece...
-¿Ha dicho algo? -preguntó, con sus ojos atravesando los míos. El laboratorio pareció alejarse. Sólo quedábamos nosotros dos, precipitándonos en un submundo repleto de horrores que estaban más allá de la imaginación.
Rankin entró vestido con una blanca chaqueta corta, y rompió el hechizo al decir:
-Todo listo, profesor.
Rankin me detuvo en la puerta.
-El viernes, a las ocho.
Un escalofrío helado y terrible me corrió por la espalda cuando miré hacia atrás. Weinbaum había tomado un escalpelo y estaba cortando la sábana que cubría el cuerpo. Ambos me miraron de manera extraña y yo me largué de allí.
Me subí al auto y rápidamente desanduve el angosto y sucio sendero. No volví la mirada. El aire era puro y caliente, con una promesa de verano en ciernes. El cielo era azul, con algodonosas nubes blancas deslizándose por la cálida brisa estival. La noche anterior parecía una pesadilla, un sueño vago que, como todas las pesadillas, se vuelve irreal y transparente cuando resplandece la brillante luz del día. Pero cuando conduje más allá de las verjas de hierro del Cementerio Crestwood comprendí que no se trataba de un sueño. Cuatro horas atrás mi pala había removido la tierra que cubría la tumba de Daniel Wheatherby.
Un nuevo pensamiento me asaltó por primera vez. ¿Qué le estaban haciendo al cuerpo de Daniel Wheatherby en ese momento? Relegé la pregunta a un profundo rincón de mi mente y apreté el acelerador. Me concentré en manejar el auto, agradecido por haber alejado de mi mente, al menos durante un rato, la terrible acción que había llevado a cabo.


CAPÍTULO CUATRO

El paisaje de California se borroneaba a medida que aumentaba la velocidad. Los neumáticos chirriaron en una curva y, cuando salí de ella, varias cosas sucedieron al mismo tiempo.
Vi a una camioneta imprudentemente estacionada en medio de la línea blanca, a una muchacha de unos dieciocho años corriendo justo hacia mi auto, y a un hombre mayor detrás de ella. Clavé los frenos, que explotaron como bombas. Maniobré el volante y el cielo de California de repente se encontró debajo de mí. Entonces todo se acomodó y comprendí que había dado una vuelta de campana. Por un momento quedé aturdido, pero entonces un grito fuerte y chillón, penetrante, me atravesó la cabeza.
Abrí la puerta y corrí a toda velocidad por la ruta. El hombre tenía a la muchacha y estaba arrastrándola hacia la camioneta. Era más fuerte que ella, pero la chica le estaba arrancando unos centímetros de piel por cada paso que él daba.
El tipo me descubrió.
-Tú te quedas donde estás, compañero. Yo soy su tutor.
Me detuve y me sacudí las telarañas de mi cerebro. Era exactamente lo que él había estado esperando. Cargó con un puñetazo que me asestó a un lado de la barbilla y me derribó al suelo. Agarró a la muchacha y prácticamente la arrojó dentro de la cabina.
Cuando logré levantarme él ya estaba en el asiento del conductor y haciendo rechinar los neumáticos. Pegué un salto y me subí al techo justo cuando arrancaba. Por poco no salí despedido, aunque tuve que arañar como cinco capas de pintura para poder sujetarme. Entonces extendí un brazo a través de la ventanilla abierta y lo sujeté del cuello; con una maldición, el tipo me agarró de la mano. Dio un volantazo, y el camión giró locamente al borde de un empinado terraplén.
Lo último que recuerdo es la trompa del camión apuntando hacia abajo. Entonces mi contrincante me salvó la vida al pegarme un tirón del brazo; salí dando volteretas justo cuando el camión se zambullía por el precipicio.
Aterricé duro, aunque la piedra en la que aterricé lo era más. Todo se desvaneció.
Algo fresco me tocó la frente cuando recuperé el sentido. Lo primero que vi fue la luz roja que destellaba en el techo del auto de aspecto oficial, estacionado junto al terraplén. Me erguí de repente, y unas manos suaves me empujaron hacia abajo. Unas manos agradables, las manos de la muchacha que me había metido en este enredo.
Tenía a un Agente de la Policía de Carreteras sobre mí, y a una voz oficial que me decía:
-La ambulancia está en camino. ¿Cómo se encuentra?
-Machucado -le dije, sentándome de nuevo-. Aunque dígale a la ambulancia que se largue. Estoy bien.
Intentaba sonar impertinente. La policía era lo último que necesitaba luego del "trabajito" de las últimas noches.
-¿Qué puede decirme sobre esto? -preguntó el policía, sacando una libreta de notas. Antes de contestarle caminé sobre el terraplén. El estómago me dio un vuelco. La camioneta estaba enterrada de trompa en el suelo de California, y mi compañero de boxeo estaba transformando a aquella buena tierra de California en un barro rojizo con su propia sangre. Yacía grotescamente, con una mitad dentro de la cabina, y con la otra mitad fuera. Los fotógrafos estaban haciendo sus tomas. Estaba muerto.
Retrocedí. El agente de policía me miraba como esperando que vomitara pero, gracias a mi nuevo trabajo, mi estómago era admirablemente fuerte.
-Yo venía conduciendo desde el distrito de Belwood -le respondí-, aparecí doblando aquella curva…
Le conté el resto de la historia con la ayuda de la muchacha. Justo cuando terminé llegó la ambulancia. A pesar de mis protestas y de las de mi todavía anónima amiga, fuimos empujados a la parte trasera.
Dos horas después teníamos el visto bueno de salud por parte del agente de policía y de los doctores, y nos pidieron que testimoniáramos en las pesquisas de la semana siguiente.
Encontré mi automóvil en el bordillo. Se encontraba un poco peor que antes, aunque las ruedas reventadas habían sido reemplazadas. ¡En el salpicadero había una factura que daba cuenta de los gastos del camión grúa, de los neumáticos, y del escuadrón de limpieza! Ascendía a casi doscientos cincuenta dólares; la mitad del cheque por el trabajo de la noche anterior.
-Pareces preocupado -dijo la chica.
Me volví hacia ella.
-Um, sí. Bien, ya que esta mañana casi nos asesinan juntos, ¿qué te parece si me dices cómo te llamas y vamos a almorzar a algún lado?
-De acuerdo -dijo ella-. Mi nombre es Vicki Pickford. ¿Y el tuyo?
-Danny -respondí inexpresivamente mientras nos apartábamos del bordillo. Cambié de tema con rapidez-. ¿Qué sucedió esta mañana? Le escuché decir a ese tipo que era tu tutor...
-Sí -confirmó.
Me reí.
-Mi nombre es Danny Gerad. Te enterarás por los diarios vespertinos.
Ella sonrió gravemente.
-De acuerdo. Era mi custodio. También era un borrachín y un tipo despreciable.
Sus mejillas se tiñeron de rojo. La sonrisa desapareció.
-Lo odiaba, y me alegro de que haya muerto.
Me echó una mirada cortante y por un instante vislumbré el húmedo brillo del miedo en sus ojos; luego recuperó su autocontrol. Estacionamos y comimos el almuerzo.
Cuarenta minutos después pagué la cuenta con mi dinero recientemente adquirido y regresamos al auto.
-¿Hacia dónde? -pregunté.
-Motel Bonaventure -dijo ella-. Es donde estoy parando.
Ella notó un sobresalto de curiosidad en mis ojos y suspiró.
-Está bien, estaba huyendo. Mi tío David me encontró e intentó arrastrarme de vuelta a casa. Cuando le dije que no iría me metió en la camioneta. Estábamos pasando esa curva cuando le arrebaté el volante de las manos. Entonces llegaste tú.
Se encerró en sí misma como una almeja y no intenté obtener más nada de ella. Había algo extraño en su historia; no quise presionarla. La acerqué hasta la playa de estacionamiento y apagué el motor.
-¿Cuándo puedo verte de nuevo? -pregunté-. ¿Qué tal si vemos una película mañana?
-Seguro -contestó.
-Pasaré a buscarte a las siete y media -le dije y me alejé, reflexionando pensativamente en los eventos que me habían ocurrido en las últimas veinticuatro horas.


CAPÍTULO CINCO

Cuando entré en el departamento el teléfono estaba sonando. Lo descolgué y tanto Vicki como el accidente y el luminoso mundo laboral de la California suburbana se fundieron en un submundo de sombras, de seres fantasmas. La voz que susurraba fríamente en el receptor era la de Weinbaum.
-¿Problemas? -inquirió con suavidad, aunque había un tono ominoso en su voz.
-Tuve un accidente -le contesté.
-Leí acerca de eso en el diario… -la voz de Weinbaum se arrastró. El silencio descendió sobre nosotros durante un momento y luego dije:
-¿Eso significa que me está descartando?
Esperé que dijera que sí; yo no tenía la valentía suficiente para renunciar.
-No -respondió con suavidad-, tan sólo quería asegurarme de que no reveló nada sobre el... trabajo... que está realizando para mí.
-Pues bien, no lo hice -le dije lacónicamente.
-Mañana a la noche -me recordó-. A las ocho.
Hubo un click y luego el tono de discar. Me estremecí y colgué el receptor. Tenía la extrañísima sensación de acabar de cortar una comunicación con la tumba.
La mañana siguiente a las siete y media en punto pasé a buscar a Vicki por el Motel Bonaventure. Ella estaba ataviada con un vestido que le daba un aspecto estupendo. Le silbé por lo bajo; ella se ruborizó encantadoramente. No hablamos del accidente.
La película era buena y nos tomamos de la mano parte del tiempo, comimos palomitas de maíz parte del tiempo, y nos besamos una o dos veces. Todo aquello en una tarde agradable.
El segundo detalle importante sucedió llegando al climax de la película, cuando un acomodador bajó por el pasillo.
Se detenía en cada fila y parecía irritado. Finalmente se plantó en la nuestra. Barrió la fila de asientos con el haz de la linterna y preguntó:
-¿El señor Gerad? ¿Daniel Gerad?
-¿Sí? -pregunté, sintiendo la culpa y el miedo corriendo a través de mí.
-Hay un caballero en el teléfono, señor. Dice que es una cuestión de vida o muerte.
Vicki me miraba sobresaltada mientras yo seguía al acomodador apresuradamente. Alertaron a la policía. Mentalmente tomé nota de mis únicos parientes vivos. La tía Polly, la abuela Phibbs y mi tío abuelo Charlie; hasta donde yo sabía todos ellos seguían con vida.
Podrían haberme derribado con una pluma cuando levanté el receptor y escuché la voz de Rankin.
Habló rápidamente, con una cruda señal de miedo en su voz:
-¡Ven aquí, ahora mismo! Necesitamos...
Había sonidos de lucha, un grito ahogado, luego un chasquido y el tono vacío del discado.
Colgué y regresé a toda prisa junto a Vicki.
-Ven -le dije.
Me siguió sin preguntarme nada. Al principio pensé en conducir hasta el motel, pero el grito ahogado me hizo decidir que se trataba de una emergencia. Ni Rankin ni Weinbaum me gustaban, pero sabía que tenía que ayudarlos.
Nos largamos.
-¿De qué se trata? -preguntó Vicki ansiosamente, mientras yo pisaba el acelerador y hacía patinar el automóvil.
-Mira -le dije-, algo me dice que tienes tus propios secretos con respecto a tu tutor; yo también tengo los míos. Por favor, no preguntes.
Ella no volvió a hablar.
Tomé posesión de la senda de paso. El velocímetro subió de ciento veinte a ciento treinta, continuó aumentando y tembló al borde de los ciento cuarenta. Entré en el desvío en dos ruedas, y el auto se zarandeó, se aferró al piso y empezó a volar por el sendero.
Podía ver la casa, siniestra y lúgubre contra el cielo encapotado. Detuve el auto y me encontré afuera en un segundo.
-Espera aquí -le grité a Vicky por sobre mi hombro.
Había una luz encendida en el laboratorio; abrí la puerta violentamente. Estaba vacío pero arrasado. El lugar era un lío de tubos de ensayo rotos, aparatos destrozados y, sí, unas manchas sangrientas que cruzaban la puerta entornada que llevaba al garaje en sombras. Entonces advertí el líquido verde que fluía por el suelo en pegajosos riachuelos. Por primera vez noté que se había roto uno de los diversos tanques. Caminé por encima de los otros dos. Las luces que tenían adentro estaban apagadas, y los paneles que los cubrían no dejaban ver qué podrían haber tenido dentro o, ya que estamos, qué era lo que todavía tenían.
No tenía tiempo para andar mirando. No me gustó nada la vista de la sangre, todavía fresca y sin coagular, que se dirigía a la puerta delantera del garaje. Abrí la puerta con cuidado y entré en el garaje. Estaba oscuro y no sabía dónde buscar el interruptor de la luz. Me maldije por no traer la linterna que guardaba en la guantera. Me adelanté unos pocos pasos y me di cuenta de que una corriente de aire frío me soplaba contra la cara; avancé hacia ella.
La luz del laboratorio arrojaba un dorado pozo de luz a todo lo largo del suelo del garaje, aunque no llegaba a alumbrar nada en esa espesa negrura. Regresaron todos mis infantiles miedos a la oscuridad. Una vez más me introduje en esos reinos del terror que sólo un niño puede llegar a conocer. Comprendí que la sombra que me espiaba desde la oscuridad no podría disiparse con ninguna luz brillante.
De repente, mi pie derecho pisó el vacío. Adiviné que la corriente de aire provenía de una escalera en la que casi me había caído. Lo debatí durante un momento, pero luego me volví y atravesé de prisa el laboratorio y corrí hacia el auto.


CAPÍTULO SEIS

Vicki se me vino encima en cuanto abrí la puerta del auto.
-¿Danny, qué estás haciendo aquí?
Su tono de voz me hizo mirarla con atención. Su rostro se veía aterrorizado bajo el enfermizo resplandor de la luz.
-Trabajo en este lugar -expliqué brevemente.
-Al principio no advertí donde nos encontrábamos -dijo ella, con lentitud-. Sólo una vez estuve aquí.
-¿Has estado aquí antes? -exclamé- ¿Cuándo? ¿Y por qué?
-Una noche -dijo reservadamente-, le traje la comida al tío David. Se la había olvidado.
El nombre hizo sonar una campanilla en mi mente. Ella comprendió que yo intentaba recordar de quién se trataba.
-Mi tutor -explicó-. Quizás lo mejor sería que te cuente toda la historia. Probablemente sepas que no se suele designar como tutor a las personas que tienen problemas con la bebida. Bien, el tío David no siempre los tuvo. Hace cuatro años, cuando papá y mamá murieron en un choque de trenes, el tío David era la persona más amable que te puedas imaginar. La corte lo designó como mi tutor hasta que yo llegara a la mayoría de edad, con mi sustento completo.
Se quedó callada durante un momento, reviviendo sus recuerdos, y la expresión que le cruzó por los ojos no fue nada agradable; luego continuó el relato.
-Hace dos años cerró la compañía en la que trabajaba como vigilante nocturno, y mi tío se quedó sin trabajo. Estuvo desempleado durante casi año y medio. Comenzamos a desesperarnos, con tan sólo los cheques de asistencia social para alimentarnos y con la universidad amenazando con suspenderme. Entonces consiguió un trabajo. Era bien pago y originaba sumas fabulosas. Solía bromear sobre los bancos que había tenido que robar. Una noche él me miró y me dijo: "No se trata de bancos".
Sentí que el miedo y la culpa me daban golpecitos en el hombro con unos dedos fríos. Vicki siguió hablando.
-Comenzó a volverse irritable. Empezó a traer whisky a la casa y a emborracharse. Me esquivaba en las ocasiones en que le preguntaba por su trabajo. Una noche me dijo que dejara de molestarlo y que me metiera en mis propios asuntos.
"Lo vi derrumbarse delante de mis propios ojos. Hasta que una noche se le escapó un nombre; Weinbaum, Steffen Weinbaum. Un par de semanas después olvidó llevarse su comida de medianoche. Busqué el nombre en la guía telefónica y se la llevé. Se puso terriblemente furioso, como nunca lo había visto.
"En las semanas que siguieron se quedaba más y más tiempo en esta casa horrible. Una noche, cuando volvió a casa, me pegó. Yo decidí escapar. El tío David que conocía estaba muerto, al menos para mí. Pero me atrapó... y entonces llegaste tú.
Se quedó callada.
Me estremecí de la cabeza a los pies. Tenía una idea bastante aproximada acerca de qué fue lo que hizo el tío de Vicki para ganarse la vida. La época en la que Rankin me había contratado coincidía con aquella en la que el tutor de Vicki perdiera el control. En ese instante estuve a punto de arrancar el auto y largarme, a pesar de la salvaje carnicería del laboratorio, a pesar de la escalera secreta, incluso a pesar del reguero de sangre en el piso. Pero entonces un grito lejano y débil llegó hasta nosotros. Manoteé el botón del compartimiento de la guantera, metí la mano dentro, y la revolví hasta encontrar la linterna.
La mano de Vicki me apretó el brazo.
-No, Danny. Por favor, no lo hagas. Sé que algo terrible está pasando aquí. ¡Condúcenos lejos de eso!
El grito sonó de vuelta, esta vez más debilitado, y tomé una determinación: agarré la linterna. Vicki me adivinó la intención.
-Muy bien, iré contigo.
-Uh-uh -dije-. Tú te quedas aquí. Tengo el presentimiento de que hay algo... suelto allí afuera. Tú te quedas aquí.
Volvió al asiento de mala gana. Cerré la puerta y regresé corriendo al laboratorio. Entré de nuevo al garaje, sin detenerme. La linterna alumbró el agujero oscuro donde la pared se había deslizado para revelar la escalera. Con la sangre tamborileándome densamente en las sienes, me aventuré allí abajo. Fui contando los escalones, apuntando con la linterna hacia las anodinas paredes, hacia la impenetrable oscuridad de las profundidades.
-Veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés...
Al llegar al treinta, la escalera se convirtió repentinamente en un corto pasadizo. Empecé a atravesarlo sigilosamente, deseando tener a mano un revólver o incluso un cuchillo que me hiciera sentir un poco menos desnudo y vulnerable.
De repente un grito, terrible y colmado de miedo, resonó en la oscuridad que tenía enfrente. Era el sonido del terror, el sonido de un hombre enfrentado con algo salido de los más profundos fosos del horror. Comencé a correr. Mientras lo hacía advertí que la fría corriente de aire me estaba soplando directamente en la cara. Supuse que el túnel debía dar al exterior. Y entonces me tropecé con algo.
Era Rankin, tirado en el charco de su propia sangre; sus ojos contemplaban el techo con un horror vidrioso. La parte trasera de su cabeza estaba aplastada.
Delante de mí escuché el disparo de una pistola, una maldición, y otro grito. Corrí hacia allí y por poco me caigo de bruces al tropezar con unos nuevos escalones. Al subirlos distinguí, allá arriba, una escalera vagamente enmarcada contra una abertura cubierta con malezas. Las hice a un lado y me encontré con un cuadro sorprendente: silueteada contra el cielo, una figura alta que sólo podía ser de Weinbaum, con un revólver colgándole de una mano, y mirando hacia el suelo en sombras. Incluso las nubes, que se habían abierto brevemente para dejar pasar la luz de las estrellas, volvieron a cerrarse.
Él me escuchó y se dio vuelta con prontitud, con sus ojos vidriosos como linternas rojas en la oscuridad.
-Oh, es usted, Gerad.
-Rankin está muerto -le dije.
-Lo sé -respondió-. Usted podría haberlo evitado llegando un poco más rápido.
-Oh, cállese -le contesté, enojado-. Me apuré...
Fui interrumpido por un sonido que, desde entonces, me ha venido persiguiendo en mis pesadillas, un horroroso sonido maullante, como si se tratara del grito de dolor de alguna rata gigantesca. Por el rostro de Weinbaum vi pasar el reconocimiento, el miedo, y finalmente un parpadeo de determinación, todo en cuestión de segundos. Me sentí profundamente aterrorizado.
-¿Qué es eso? -pregunté con la voz estrangulada.
Como al descuido, con toda su afectada indiferencia, barrió el fondo del pozo con el haz de luz, y alcancé a notar que su mirada se apartaba de algo.
La cosa maulló de nuevo y experimenté otro espasmo de miedo. Estiré el cuello para poder ver qué clase de horror yacía en aquel pozo, un horror capaz de lograr que incluso Weinbaum gritara de abyecto terror. Y justo antes de que pudiera verlo, un horrible alarido de espanto se alzó y desplomó desde el difuso contorno de la casa.
Weinbaum dejó de alumbrar el pozo con su linterna y la apuntó contra mi cara.
-¿Quién fue? ¿Con quién vino usted? -preguntó.
Pero yo tenía mi propia linterna encendida, de modo que volví a atravesar corriendo el pasadizo, con Weinbaum pegado a mis talones. Había reconocido el grito. Ya lo había oído antes, cuando una muchacha asustada casi se abalanza contra mi auto mientras huía de su maniático tutor.
¡Vicki!


CAPÍTULO SIETE

Escuché que Weinbaum ahogaba un grito cuando entramos en el laboratorio. El lugar estaba inundado del líquido verde. ¡Los otros dos recipientes estaban rotos! Sin detenerme, transpuse los recipientes destruídos y vacíos y salí por la puerta. Weinbaum no me siguió.
No había nadie en el coche; la puerta del lado del pasajero estaba abierta. Barrí el suelo con la luz de mi linterna. Aquí y allá se veían las huellas de una chica que calzaba tacones altos, una chica que tenía que ser Vicki. El resto de las huellas fueron borradas por algo monstruoso; vacilo al intentar considerarla una huella. Era más bien como si algo grande se hubiera arrastrado en dirección al bosque. Su enormidad quedó demostrada, además, cuando descubrí los arbolillos quebrados y la maleza aplastada.
Volví corriendo al laboratorio, donde Weinbaum estaba sentado con la cara pálida y estirada, contemplando los tres tanques vacíos y destrozados. El revólver estaba sobre la mesa; me apoderé de él y me dirigí hacia la puerta.
-¿Adónde se piensa que va con eso? -interpeló, poniéndose de pie.
-Afuera, en busca de Vicki -gruñí-. Y si llega a estar herida o... -no terminé la frase.
Me precipité en la aterciopelada oscuridad de la noche. Me zambullí en el bosque con la pistola en una mano y la linterna en la otra, siguiendo el sendero trazado por algo en lo que no quería pensar. La pregunta vital que me ardía en la mente era si tenía a Vicki o si aún la estaba arrastrando. Si la tenía en su poder…
Mi pregunta fue respondida por un grito agudo que no sonó demasiado lejos de mí.
Salí corriendo, más rápidamente ahora, cuando de repente aparecí en un claro.
Quizás sea porque quiero olvidarlo, o tal vez sólo porque la noche era oscura y comenzaba a ponerse brumosa, pero lo cierto es que tan solo puedo recordar cómo Vicki apareció a la luz de mi linterna, corriendo hacia mí, para enterrar su cabeza contra mi hombro y sollozar.
Una enorme sombra se me acercó maullando de manera asquerosa, volviéndome casi loco del terror. Atropelladamente, escapamos de aquel horror en la oscuridad, de regreso a las reconfortantes luces del laboratorio, lejos del nunca visto terror que acechaba en la negrura. Mi cerebro, enloquecido por el miedo, me decía que si sumabas dos y dos obtenías un cinco.
Los tres tanques habían contenido tres cosas provenientes de los más oscuros abismos de una mente retorcida. Una había escapado; Rankin y Weinbaum la persiguieron. Había matado a Rankin, pero Weinbaum la hizo caer en el pozo disimulado. La segunda cosa se debatía ahora torpemente en el bosque, y de repente recordé que, fuera lo que fuese, era muy grande y le había llevado bastante tiempo arrastrarse hasta allí. Entonces comprendí que había retenido a Vicki en una hondonada. ¡Había llegado al fondo... con mucha facilidad! Pero, ¿y volver a escalarla? Estaba casi seguro de que no podría lograrlo.
Dos de ellas se encontraban fuera del juego. Pero, ¿dónde estaba la tercera? Mi pregunta fue respondida en ese preciso instante por un grito proveniente del laboratorio. Y por un… maullido.


CAPÍTULO OCHO

Corrimos hasta la puerta del laboratorio y la abrimos. Estaba vacío; los gritos y los terribles sonidos maullantes provenían del garaje. Llegué a la puerta, y desde aquel entonces he estado agradecido de que Vicki se quedara en el laboratorio y se ahorrara la visión que me ha despertado de mil espantosas pesadillas.
El laboratorio estaba en sombras y lo único que podía distinguir era una enorme mancha moviéndose perezosamente. ¡Y los alaridos! Gritos de terror, los gritos de un hombre que se está enfrentando a un monstruo salido de los abismos del infierno. Algo maullaba espantosamente y parecía jadear complacido.
Mi mano se movió en busca de la llave de la luz. ¡Allí estaba, la encontré! La luz inundó el cuarto, iluminando un cuadro de horror que era el resultado del asunto de la tumba en el que había participado, tanto el tío muerto como yo.
Un gusano grande y blanquecino se retorcía en el suelo del garaje, reteniendo a Weinbaum con sus ventosas extendidas, alzándolo hacia esa boca rosa y goteante de la que provenían los desagradables maullidos. Las venas, rojas y pulsantes, sobresalían bajo su carne viscosa, y millones de diminutos gusanos serpenteaban en las vasos sanguíneos, en la piel, incluso formaban un gran ojo que me miró fijamente. Un inmenso gusano, compuesto de centenares de millones de gusanos, los festejantes de la carne muerta que Weinbaum había utilizado tan desvergonzadamente.
Inmerso en el submundo del terror, disparé el revólver una y otra vez. La cosa maulló y se convulsionó.
Weinbaum gritó algo mientras era arrastrado inexorablemente hacia la boca que esperaba. Aunque no podía creerlo, logré entenderle por sobre el horroroso sonido que producía la criatura.
-¡Dispárele! ¡Por el amor del cielo, dispárele!
Entonces noté los pegajosos charcos de líquido verde que, provenientes del laboratorio, se rebalsaban sobre el suelo. Me puse a buscar mi encendedor, lo encontré y lo accioné frenéticamente. De repente recordé que había olvidado cambiarle la piedra. De modo que busqué la cajita de fósforos, saqué uno y con aquél encendí todos los demás. Lo hice justo cuando Weinbaum gritaba por última vez. Distinguí su cuerpo a través de la translúcida piel de la criatura, que aún se sacudía mientras miles de gusanos se le pegaban como sanguijuelas. Sintiendo náuseas, arrojé los fósforos encendidos en el rezume verde. Era inflamable, tal como lo imaginaba. Estalló en llamas resplandecientes. La criatura se enroscó en una asquerosa pelota de carne pulsante y podrida.
Me volví y salí a los trompicones hasta donde se encontraba Vicki, pálida y temblorosa.
-¡Vamos! -le dije-; salgamos de aquí! ¡Todo el lugar va a arder!
Nos abalanzamos dentro del auto y nos alejamos a toda velocidad.


CAPÍTULO NUEVE

No queda mucho por agregar. Imagino que habrán leído todo lo referente al fuego que arrasó el distrito residencial Belwood de California, y que barrió con casi veinte kilómetros cuadrados de bosques y casas residenciales. No podría sentirme demasiado mal acerca de aquel incendio. Calculo que cientos de personas habrían sido exterminadas por las gigantescas cosas-gusano que Weinbaum y Rankin estaban engendrando. Volví a aquel lugar en el auto, luego del incendio. Todo estaba lleno de ruinas carbonizadas. No quedaban restos reconocibles del horror contra el que luchamos esa última noche, y, tras buscar durante un rato, encontré un armario de metal. Adentro tenía tres cuadernos de anotaciones.
Uno de ellos era el diario de Weinbaum. Lo leí con detenimiento. Revelaba que estaban experimentando con la carne muerta, exponiéndola a los rayos gamma. Un día observaron una cosa extraña: algunos de los gusanos que se arrastraban sobre la carne estaban creciendo, agrupándose. Con el tiempo fueron creciendo juntos, formando tres grandes gusanos por separado. Quizás la bomba radiactiva había acelerado la evolución.
No lo sé.
Además, no quiero saberlo.
Supongo que, en cierto modo, tuve algo que ver con la muerte de Rankin; la carne del cadáver cuya tumba yo mismo había profanado quizás había alimentado a la misma criatura que lo terminó matando.
Vivo con ese pensamiento. Pero creo que puede haber un perdón. Me estoy esforzando por conseguirlo. O, más bien, ambos nos estamos esforzando.
Vicki y yo. Juntos.



Lacrimosa - Lichtjahre


Lacrimosa - Lichtjahre (Limited Edition - 2007)

CD1
01 Lacrimosa Theme
02 Kelch der Liebe
03 Schakal
04 Ich bin der brennende Komet
05 Malina
06 Alles Luge
07 Not every pain hurts
08 Letzte Ausfahrt: Leben
09 Halt mich
10 Alleine zu zweit
11 Durch Nacht und Flut
12 The turning point


CD2
01 Road to pain
02 Vermachtnis der Sonne
03 Tranen der Sehnsucht
04 Seele in Not
05 The party is over
06 Ich verlasse heut’ Dein Herz
07 Stolzes Herz
08 Der Morgen danach
09 Siehst Du mich im Licht?
10 Copycat
11 Lichtgestalt
12 The last Millennium

CD1

CD2

Nunca Más (CONADEP)




En 1983 un civil, Raúl Alfonsín, a 5 días de haber sido elegido Presidente de la Nación Argentina, nombró un grupo de eminentes argentinos para formar la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP).

La Comisión envió a sus miembros por toda la Argentina, España, México, Venezuela, y otros países para recoger testimonios.

Con la creación de la CONADEP mucha gente se animó a decir lo que había guardado por mucho tiempo. Así fue como, luego de 280 días de sacrificada labor, la Comisión entregó, el jueves 20 de Septiembre de 1984 lo que está considerado el monumento jurídico de las 50 mil páginas más importantes de la historia de los Derechos Humanos.

Esta Comisión realizó en muchas ocasiones visitas protocolares a las más altas autoridades de los gobiernos provinciales, quienes le brindaron su apoyo a todas las actividades realizadas. Esto sirvió, también, para coordinar los procedimientos de verificación de los Centros Clandestinos de Detención, para lo cual hubo que buscar a los testigos en sus domicilios, por lo que a veces tuvieron que recorrer largas distancias.

La labor desplegada permitió comprobar que el marco de la tragedia se extiende hasta los límites más largos del territorio nacional.

La Comisión determinó que el gobierno militar había producido más de 9000 desaparecidos. Se publicó una selección de los testimonios bajo el título de “Nunca Más”.

El documento registraba “...la mayor tragedia Argentina contemporánea y la más salvaje”...“Organizados sistemáticamente con premeditación y alevosía”... y que “...la tortura fue el método normal para el tratamiento de los prisioneros”.

Fue tan minucioso el trabajo de la CONADEP, que la Fiscalía basó su acusación en el informe de sus miembros.

Sin esos antecedentes mencionados internacionalmente no hubiera sido posible enjuiciar a los Comandantes con cargos tan documentados.

Vale la pena remarcar el prólogo que los miembros de la Comisión redactaran al informe elaborado, a título de conclusión de la labor desempeñada:

"Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: “Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura”.

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un territorio infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces institucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo, para alcanzar la tenebrosa de categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimiento y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de las personas a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aún en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria.

De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología de terror planificada por los altos mandos?¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medio de información que esto supone?¿Cómo puede hablarse de “excesos individuales”? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: “Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores”. Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los “excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia”, revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.

Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día mediante procedimientos ostensibles de la fuerza de seguridad que ordenaban “zona libre” a las comisarías correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzana y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones mientras el resto del comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: “Abandonad toda esperanza los que entráis”.

De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra -¡triste privilegio argentino!- que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.

Arrebataron por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado?¿Por qué?¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus celdas, la justicia los desconocía y los hábeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbre y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inútiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien le recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa.

En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y otros una tendencia conciente o inconsciente a justificar el horror: “por algo será”, se murmuraba en voz baja, como queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimiento sin embargo vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los “subversivos”, con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada porque el epíteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como impredecible. En el delirio semántico encabezado por calificaciones como “marxismo-leninismo”, “apátridas”, “materialistas y ateos”, “enemigos de los valores occidentales y cristianos”, todo era posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado la enseñanza de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esos amigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores.

Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma algunas descabelladas esperanzas.

De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de 9000. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aún vacilan por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.

Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua, porque debíamos recomponer un tenebroso rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado deliberadamente todos los rasgos, se ha quemado toda la documentación y hasta se han demolido edificios. Hemos tenido que basarnos, pues, en la denuncia de los familiares, en la declaración de aquellos que pudieron salir del infierno y aún en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron a nosotros para decir lo que sabían.

En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de “la guerra sucia”, de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, y de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente.

Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en éstas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crímenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia.

Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo.

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el período que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, qué solo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra pátria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado".
Fuente:




Nunca más






1976 - 2008

24 de Marzo

Día Nacional de la Memoria

por la Verdad y la Justicia

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madres de la plaza, el pueblo las abraza...


Two Witches - Bites & Kisses


Two Witches - Bites & Kisses (1996)

1. Requiem
2. Bites And Bloody Kisses
3. Vampire Empire - Crimson mix
4. The Angel of Pain
5. We All Fall Down
6. My Own
7. Dreamworld -Doomed To Infinity
8. Home At Last
9. Winter
10. Maybe Next Year
11. Burn The Witch
12. Hope
13. Naughty
14. The Hungry Eyes
15. Dead Dog's Howl


“Lucharé hasta que me muera”




“Lucharé hasta que me muera”

Por Mariana Carbajal

A los 78 años, Blanca Santucho tiene dos anhelos que la desvelan: encontrar el cuerpo de su hermano Mario Roberto “para hacer el duelo y darle cristiana sepultura” y lograr que el apellido de su familia “deje de estar demonizado en la Argentina”. “Quiero ver algo antes de irme de este mundo”, dice con lo ojos humedecidos y el pañuelo blanco cubriéndole el cabello dorado. Blanca es hermana del líder del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), asesinado el 19 de julio de 1976 por un grupo comando del Ejército y de la Policía Federal, junto a Benito Jorge Urteaga. La familia de Blanca fue diezmada por el terrorismo de Estado: “Tenemos once miembros entre muertos y desaparecidos: seis de ellos son mujeres”, recuerda Blanca. Son cinco hermanos, una hermana, tres cuñadas y dos sobrinas.

Para que la memoria de los suyos no se pierda en el olvido, escribió hace algunos años Nosotros, los Santucho, un libro que recorre la historia familiar, desde que su padre, don Francisco, procurador judicial y diputado radical, se asentó en Santiago del Estero y se casó con Elmina Juárez. De ese matrimonio nacieron siete hijos, entre ellos Blanca, la única mujer. Pero la madre falleció antes de cumplir 40 años y don Francisco se casó con su hermana, Manuela del Carmen Juárez. Mario Roberto Santucho fue el primogénito de esta segunda unión y, en su carácter de séptimo hijo varón, fue ahijado del presidente Agustín P. Justo. Después, vendrían dos hijos más.

En un nuevo aniversario del golpe militar, Blanca quiere recordar a sus hermanos, a sus cuñadas, a sus sobrinas, todos militantes del ERP, salvo uno de sus hermanos, Carlos, que era peronista: “No han sido personas que iban como locas tirando tiros. Han tenido un ideal. Han entregado su vida por los demás”, dice esta mujer, escribana ya jubilada, que a pesar de no haber militado políticamente debió exiliarse primero en Cuba y después en Suiza junto a sus padres, para preservar sus vidas durante la última dictadura militar. Blanca nunca se casó ni tuvo hijos.

“Sigo luchando y luchando y seguiré hasta que me muera”, dice. Su lucha –cuenta– hoy está centrada en la búsqueda de los restos de Roby, como lo llamaban a Mario Roberto. Este Santucho había estudiado en Tucumán y fundado el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en 1968 y el ERP en 1970.

Blanca dice que tiene la certeza de que su cuerpo está enterrado en Campo de Mayo. La orden que dio el 6 de noviembre último el ex presidente Néstor Kirchner, a través de un decreto, de que se arbitren todos los medios para que se ubiquen los cadáveres de Santucho y de Urteaga, le dio la esperanza de que podrá recuperarlo pronto y llevarlo al panteón familiar. Blanca sostiene que el cuerpo de su hermano “fue preservado, porque era el enemigo público número uno del Ejército”. “Sabemos también que fue exhibido en el museo de la subversión que funcionó en Campo de Mayo entre 1976 y 1978. Y que (Antonio) Bussi lo exhibió como trofeo de guerra”.

Mario Roberto y Urteaga, líderes del ERP, fueron asesinados el 19 de julio de 1976, por un grupo comando integrado por hombres del Batallón 601 del Ejército y de la Policía Federal, al mando del capitán Juan Carlos Leonetti. Estaban en un departamento de Villa Martelli junto a Liliana Delfino, pareja de Santucho, Domingo Mena y Ana Lanzillotto –embarazada de seis meses–, todos ellos permanecen desaparecidos.

“Días antes, el 13 de julio, habían secuestrado a mi hermana Manuela Elmina, que era abogada, y a mi cuñada Cristina Navajas de Santucho, que era socióloga. Manuela fue vista en tres centros clandestinos, Automotores Orletti, La Cacha y Pozo de Banfield. Cristina dio a luz una niña en el Pozo de Banfield. Ella y su beba fueron trasladadas de ahí el 21 de abril de 1977 y no se las vio nunca más. Cristina también está desaparecida. A Cristina y a Manuela las obligaron a ver la muerte de Carlos en Automotores Orletti. Liliana Delfino era psicóloga. Permaneció casi un año en Campo de Mayo, donde fue sometida a terribles torturas y se presume que su cuerpo fue arrojado al mar”, va contando Blanca cada una de las pérdidas familiares.

La primera ocurrió en 1972, en la masacre de Trelew: Ana María Villarreal, una de los 19 militantes de izquierda acribillados por marinos en la Base Almirante Zar. Era la esposa Mario Roberto Santucho, con quien tuvo tres hijas, que hoy viven en Suiza, Bolivia y Buenos Aires. Después, el 22 de diciembre de 1975, vendría el secuestro de María del Valle Santucho, sobrina de Blanca, hija única de su hermano Carlos. “Era estudiante de Derecho. Sus restos fueron hallados y reconocidos por el Equipo Argentino de Antropología Forense”, recuerda Blanca.

“Mi hermano Amílcar y Manuela habían asumido la defensa de presos políticos e integraron la Asociación de Abogados de la Capital Federal. Los dos fueron amenazados por Triple A. Amílcar abandonó el país y fue detenido en abril de 1975 en Asunción, Paraguay, y fue liberado gracias a la intensa campaña internacional desarrollada por mis padres en 1980. Se refugió en Suecia y retornó en 1983 para reiniciar sus actividades políticas. Pero su salud estaba minada por las enfermedades que contrajo en prisión y murió en 1995”, sigue Blanca. Su hermano Francisco fue desaparecido en abril de 1975 y Omar, asesinado en el monte tucumano en octubre del mismo año.

Blanca tiene también una sobrina desaparecida. “Mercedes Elmina Santucho era estudiante de Filosofía. Fue secuestrada en Córdoba en abril de 1977. Estuvo en el campo de concentración La Perla. Están buscando sus restos”, dice esta mujer, sobreviviente del horror de los setenta.

El reclamo por la localización del cuerpo de Mario Roberto Santucho y el de Urteaga lleva, en realidad, ya muchos años. Se han realizado numerosas excavaciones sin resultado. Blanca y su abogado Manuel Gaggero están convencidos de que las Fuerzas Armadas tienen la información sobre el paradero de los restos de ambos. “La declaración del suboficial ‘arrepentido’ Víctor Ibáñez aportó información sobre el lugar donde se encontrarían los cuerpos cuando admitió que fueron enterrados en Campo de Mayo, cerca de donde funcionó el Museo contra la Subversión. Se buscó en el predio que señaló el represor y no se hallaron los cadáveres. Durante la investigación fue hallada una foto de Santucho aparentemente muerto y se pudo recuperar su diploma de contador: ambos documentos eran exhibidos como ‘trofeos de guerra’ por Antonio Bussi”, señala Blanca.

Según la versión que quiso instalar la dictadura, los líderes guerrilleros murieron en un “enfrentamiento” y sus acompañantes fueron “trasladados” a Campo de Mayo. Una semana después de presentarse en la prensa como “una victoria en la lucha contra la guerrilla subversiva”, el tema desapareció de los medios de comunicación.

Actualmente hay cuatro expedientes en la Justicia que rastrean los restos de Santucho y Urteaga. Una de las causas es una información sumaria que se sustancia desde 1995, en el Juzgado Federal de San Martín a cargo de Martina Forns. “Reunimos una serie de pruebas e hicimos excavaciones en Campo de Mayo”, contó a Página/12 el abogado Gaggero. Hay otro expediente judicial en el Juzgado Criminal y Correccional de San Martín y otra causa abierta en el Juzgado Contencioso Administrativo Federal Nº 1 de Capital Federal. También una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Nos han pedido que enviemos toda la información reunida”, señaló Gaggero.

Blanca tiene esperanza. No quiere morirse sin encontrar los restos de su hermano Roby.
Fuente:



Hocico - Wrack and Ruin


Hocico - Wrack and Ruin

1 El Infierno Que Viene
2 Tales From The Third World
3 Bizarre Words
4 Spirits Of Crime
5 Born To Be (Hated) - Original Odium
6 Love Posing As a Prostitute
7 Ecos
8 Oración Nocturna
9 Death As A Gift
10 Padre No Nuestro


pass: haRD

Brevísima Historia del Tiempo - Stephen Hawking


Brevísima Historia del Tiempo - Stephen Hawking

Del big bang a los agujeros negros , es un libro de divulgación científica escrito por el profesor Stephen Hawking y publicado por primera vez en 1988.
Trata de explicar varios temas de cosmología, incluyendo el Big Bang, los agujeros negros, los conos de luz y la Teoría de supercuerdas al lector no-especialista en el tema. Su principal objetivo es dar una visión general del tema pero, inusual para un libro de divulgación, también intenta explicar algo de matemáticas complejas.

El autor advierte que ante cualquier ecuación en el libro el lector podría verse en problemas, por lo que incluye sólo una sencilla ecuación: E=mc².

En Septiembre del 2005 salió a la venta Brevísima Historia del Tiempo, en colaboración con Leonard Mlodinow, una versión condensada del original; fue actualizado para tratar nuevos temas surgidos por nuevas investigaciones científicas en el campo.


Two Witches - The Singles Collection


Two Witches - The Singles Collection (2005)

01. Spirit Sacrifice (Project Pitchfork Remix)
02. The Sinner
03. Requiem
04. We All Fall Down
05. Maybe Next Year
06. My Own
07. Eternal Passion (Chaos Research Remix)
08. Irresistible (Godlike Remix)
09. Open Your Eyes (Intra-Venus Remix)
10. The Dark Angels Of Sin (Soil And Eclipse Remix)
11. King Volcano (Shadowplay Version)
12. Spirit Sacrifice
13. Dead Dog's Howl
14. The Omen
15. Bites And Bloody Kisses
16. May You Be In Heaven (Piano Version)
17. Vampire Empire (Crimson Mix)


Pass:ManHunter



Los Rostros de los Muerte




Los Rostros de los Muerte

Desde que somos niños y adquirimos un mínimo de entendimiento, sabemos que un día tendremos que enfrentarnos a ella. Filósofos, médicos, científicos y un sinfín de estudiosos han intentado desvelar sus misterios sin obtener respuestas absolutas. Difuntos, almas errantes, fantasmas...
Desde el punto de vista fisiológico nuestro final es bastante sencillo: el corazón deja de latir, los pulmones ya no oxigenan nuestra sangre y el cerebro muere asfixiado por falta de oxígeno. Para la mayoría de los pueblos, pasamos a otra dimensión o a otra vida en un lugar muy parecido al nuestro, aunque aquí el devenir cotidiano será mucho más placentero, ya que no existe el dolor.

Sin embargo, no todos opinan de la misma forma. También los hay que encontraron su felicidad en esta vida y no desean partir a otro lugar. De esta manera, los Arunta de Australia creen que sus almas vagarán por las cercanías de su poblado hasta que consigan aferrarse a las ramas de algún árbol. Después andarán al acecho de alguna joven que les atraiga y en un descuido la fecundarán para perpetuar su existencia en la figura de su hijo. Las viudas de los aborígenes de las Islas Trobiand se untan el cuerpo con grasa y hollín, para que a sus maridos ya fallecidos les repugne el olor y no vuelvan a copular con ellas.

Hay otros métodos menos desagradables para que los espíritus de nuestros cónyuges dejen de molestarnos. Así lo entendieron al menos algunos pueblos de África occidental. Aquí, las viudas fornican con otros hombres del poblado o con forasteros, para que de esta forma su marido las rechace por su infidelidad y no vuelva jamás con ellas.

Estos ritos pudieran parecernos estúpidos y sin sentido, pero existen hoy en día algunos casos de asedio protagonizados por entes, que darían fundamento a tales creencias. Éste es el caso de la joven filipina Clara Villanueva, que en mayo de 1951 denunció a la policía de Manila los ataques por parte de un sujeto de estatura pequeña y ojos saltones, al que sólo ella podía ver. El ataque fue de tal magnitud que algunas de las heridas se infectaron, tardando varios días en sanar. De todas formas, no siempre que el espíritu de una persona se "queda" en nuestro mundo, es con unas connotaciones desagradables. El folclore popular nos ofrece un inmenso abanico a gusto de cada uno. Así por ejemplo, los Tchermises de Finlandia creen que nos reencarnamos en pez; aunque para originales nadie como los Lushei de la India, que están convencidos que nuestra alma sigue vagando por la tierra en forma de abejorro.

En ocasiones no es sólo el espíritu del fallecido el que retorna desde el más allá. También puede regresar incluso su cuerpo, como es el caso de los famosos zombis de Haití. Los ritos funerarios en aquellas lejanas tierras presentan unas características muy especiales. La noche que precede al entierro, mientras los familiares lloran y se lamentan por la terrible pérdida, sus amigos bailan y se emborrachan de forma que el muerto se lleve un buen recuerdo de los presentes y no tenga ganas de volver.

La Atracción de la Muerte

En contra de lo que pudiera parecernos, todos nos sentimos atraídos de una forma u otra por la muerte. Así lo definió Sigmund Freud, el padre de la psicología moderna, en su obra Tótem y tabú. El sabio austríaco describió en su teoría global de la personalidad, el instinto de Thanatos, una faceta de nuestra psique que nos empuja constantemente hacia el fin.

Freud se basó en las filosofías orientales a la hora de realizar estas conjeturas. En estas latitudes los conceptos religiosos eran radicalmente distintos a los cristianos, así que indagó en por qué aquellas gentes practicaban suicidios rituales, e incluso adoraban a dioses que representaban a la parca. Así es fácil comprender, no sólo como a los Kamikazes no les importaba sacrificarse por su emperador, sino también como el suicidio ritual practicado por los samurais o por las mujeres hindúes era una práctica considerada normal. Existió en oriente un grupo religioso que confundió esta concepción rescatada por Freud con la simple violencia en su más puro estado; me refiero a los famosos Thugs o Phansigars.

El fundamento de sus terribles crímenes se hallaba en uno de los episodios de la creación del mundo relatado en el Purana. Según el texto sagrado, los seres humanos no podían establecerse en la Tierra debido a que los demonios segaban la vida de cualquier mortal que pusiera un pie sobre sus territorios.
Kali comenzó una feroz lucha contra ellos, pero cuando los hería, por cada gota de sangre derramada surgía un nuevo gigante, lo que convertía su derrota en un logro prácticamente imposible. Entonces, la diosa creó a dos hombres con sus gotas de sudor, dándole a cada uno de ellos un pañuelo con el que poder estrangular a los entes demoniacos. La batalla concluyó con la victoria de Kali y de sus dos hijos, que a la sazón se convertirían en los primeros Thugs. Por un lado es, por supuesto, un hecho terrible; no en vano Kali es una mezcla entre diosa y demonio, y su misión es arrancar la vida. Pero de otro, la mitología atribuye a este ser sobrenatural un protagonismo básico a la hora de la creación de la Humanidad, ya que gracias a ella nosotros estamos hoy en día sobre la faz de la Tierra. Los Thugs, -palabra hindú que significa "engaño"- constituyeron una secta que alcanzó el millón de adeptos a finales del siglo XVIII, y su forma de actuar -aunque guiada por la superstición-, estuvo siempre caracterizada por una gran sutileza. Se introducían en las caravanas haciéndose pasar por simples viajeros, y una vez ganada la confianza de los demás miembros del grupo aprovechaban cualquier descuido para estrangular a sus víctimas. Para ello utilizaban un paño anudado a la cintura, llamado rumal.

Culto a la Muerte

Hace medio millón de años varios grupos de homínidos comenzaron a practicar los primeros rituales de la Historia, basados en la idea de la inmortalidad. En este primer momento se limitaron simplemente a orientar los huesos de los difuntos hacia el este, además de tintar sus restos de color rojo. Con ello se identificaba la resurrección del espíritu con la salida del Sol y las tonalidades rojas aportaban la esencia de la vida, que según sus creencias era la sangre.

A finales del siglo XX, la moderna Neurofisiología ha intentado comprender cómo surgió en nosotros el concepto de alma, basando su explicación en los procesos psíquicos de la percepción. Según varios científicos, esto se produce cuando adquirimos conciencia de ser nosotros mismos, aunque hasta ahora nadie ha podido explicar como unos procesos bioquímicos son capaces de crear un concepto filosófico tan sumamente complicado. A la vez que el hombre tomó consciencia de sí mismo, y pensó que su alma era inmortal, se creó la religión, y con ella los diversos métodos para llegar hasta otra vida en el más allá. Las primeras enseñanzas de tipo trascendente nacían con el ánimo de explicar un Universo que se hacía caprichoso e ininteligible para los antiguos habitantes del planeta. Así se crearon las primeras religiones animistas, que se iban haciendo más complejas con el paso de los siglos.

Marcados por diversas circunstancias, los diferentes credos surgidos imponían a sus seguidores preceptos distintos para conseguir la inmortalidad del alma, bien sea regresando de nuevo a esta vida, o continuando la existencia en otro plano de la realidad. Pese a que el proceso de creación de las religiones es en sí bastante sencillo, la diversidad humana ha contribuido a formar una inmensa cantidad de ritos, tan radicalmente distintos como lo somos nosotros mismos.

Pero, prácticamente ninguna religión describe cómo es la vida en el más allá, aunque sí se esfuerzan en contarnos cómo sería el paso a otra existencia, de no hacer caso de los mandamientos divinos. Utilizando lo trascendente, en forma de amenaza. Tan sólo ha existido un grupo que no sólo se limitaba a describir el Paraíso, sino que daba la posibilidad en vida, de viajar hasta él. Surgió en el siglo XI de la mano de Ibn Al Sabbah y su aparición estuvo marcado por motivos políticos más que místicos. Este imam afincado en Persia fue capaz, mediante las más sutiles tretas, de reunir un temible ejercito de fanáticos que sembró el terror durante siglos en Asia Menor. Fueron conocidos como los Hashshasin, palabra árabe que significa "consumidor de hachís". Y su fama fue tal, que nuestro actual vocablo "asesino" deriva directamente del nombre de los miembros de esta secta. Ibn Al Sabbah se dedicaba a reclutar muchachos jóvenes para llevarlos a su fortaleza de Alamut. Una vez allí se les instruía en el manejo de las armas, a lo que dedicaban gran parte del día. A la vez el imam les suministraba droga, consiguiendo con ello que los guerreros permanecieran constantemente en un estado semi-místico. Cuando su líder espiritual lo creía conveniente, aumentaba la dosis de hachís hasta que el elegido caía inconsciente. Entonces lo trasladaba a otro ala del castillo, donde se encontraba con un jardín paradisiaco, lleno de hermosas mujeres. El guerrero pasaba allí varios días disfrutando, hasta que otro aumento en la dosis volvía a dejarlo inconsciente. Era el momento de regresar con el resto de soldados. Cuando despertaba, Ibn Al Sabbah, a modo de Mesías, le decía "que gracias a sus poderes había estado en el paraíso, y si moría por él, toda la eternidad la pasaría allí". La entrega de los jóvenes era tal, que no dudaban en acatar sus órdenes, aunque en ello les fuera la vida. Esta experiencia "ultraterrena" provocaba que los "asesinos" no se preocuparan de huir después de perpetrar sus crímenes, ya que habían probado en vida las mieles del Edén.

fuente; http://www.escalofrio.com/n/Misterios




Angizia - 39 Jahre Für Den Leierkastenmann


Gothic,Opera, Neoclassic
Angizia - 39 Jahre Für Den Leierkastenmann

01 - Eruffnung
02 - Mein Jahr in Lemberg, 1911
03 - Mehmet Und Die Zirkusstadt
04 - Zinnsoldaten und Kanonen, 1917
05 - Anastasia Spennocchi, 1920
06 - Der Wein der Lumpensammler, 1923
07 - Lied Fur Die Armut Anderer Leute
08 - Judenkinder oder die komodie vom Krieg
09 - Die Zinnoberrote Marionette
10 - Unterstadt - Oberstadt - Zirkusstadt
11 - Die Linke Hand Des Musikanten
12 - Komik Und Elegische Momente
13 - Blumen von Tschandravatii, 1938
14 - Eine ungelebte Stunde, 1941
15 - Ithzak Kaufmann Und Das Bindfadencello
16 - Der Lustige Tote
17 - Epilog Aus Der Judengruft
18 - Mein letztes Stuck


Claro de Luna - Guy de Maupassant




Claro de Luna - Guy de Maupassant

El padre Marignan llevaba con gallardía su nombre de guerra. Era un hombre alto,
seco, fanático, de alma exaltada, pero recta. Decididamente creyente, jamás tenía una
duda. Imaginaba con sinceridad conocer perfectamente a Dios, penetrar en sus
designios, voluntades e intenciones.
A veces, cuando a grandes pasos recorría el jardín del presbiterio, se le planteaba a su
espíritu una interrogación: "¿Con qué fin creó Dios aquello?" Y ahincadamente buscaba
una respuesta, poniéndose su pensamiento en el lugar de Dios, y casi siempre la
encontraba. No era persona capaz de murmurar en un transporte de piadosa
humildad: "¡Señor, tus designios son impenetrables!" El padre Marignan se decía a sí
mismo: "Soy siervo de Dios; debo, por tanto, conocer sus razones de obrar y adivinar
las que no conozco."
Todo le parecía creado en la naturaleza con una lógica absoluta y admirable. Los
principios y fines se equilibraban perfectamente. Las auroras se habían hecho para
hacer alegre el despertar, los días para madurar el trigo, las lluvias para regarlo, las
tardes oscuras para predisponer al sueño, y las noches para dormir. Las cuatro
estaciones correspondían totalmente a las necesidades de la agricultura; y jamás el
sacerdote sospecharía que no hay intenciones en la naturaleza, y que todo lo que
existe, al contrario de lo que él pensaba, se sometió a las duras necesidades de las
épocas, de los climas y de la materia.
Sin embargo, el padre Marignan odiaba a las mujeres, las odiaba inconscientemente y
las despreciaba por instinto. Repetía casi siempre las palabras de Cristo: "Mujer, ¿qué
hay de común entre tú y yo?" Y entonces añadía: "Se diría que el mismo Dios estaba
descontento de aquella creación suya." Para él, la mujer era la criatura doce veces
impura de que habla el poeta. Era el ser tentador que había arrastrado al pecado al
primer hombre y que continuaba la obra infernal, el ente flaco, peligroso,
misteriosamente perturbador. Y más aún, que su cuerpo de perdición detestaba a su
alma amorosa.
En alguna ocasión había sentido esa ternura femenina envolviéndole, y aunque se
supiese inexpugnable, se exasperaba ante la necesidad de amar que palpitaba
incesantemente en tales criaturas.
En su opinión, la mujer sólo existía para tentar al hombre y probarlo. Nadie debería
aproximarse a ella sin las precauciones defensivas y los recelos que se tienen ante las
celadas. Y en verdad se parecía a una celada, de labios suplicantes y brazos abiertos,
tendida al hombre.
El padre Marignan apenas tenía indulgencia para las religiosas, cuyo voto las hacía
inofensivas; pero, a pesar de ello, las trataba con rudeza, porque sentía que, latente
en el fondo de sus corazones enclaustrados, tenían aquella perpetua ternura,
alcanzándole a él, aunque fuese cura.
La presentía en aquellas miradas más húmedas de piedad que las de los frailes, en
aquellos éxtasis donde se transparentaba siempre la mujer, en aquellos transportes de
amor a Cristo que le indignaban, porque en ellas todo era materia; veía la maldita
ternura en la propia docilidad, en la dulzura de la voz cuando le hablaban, en los ojos
puestos en el suelo, en las lágrimas resignadas, si él las reprendía con dureza.
Sacudía la sotana en las puertas del convento y salía de allí rápidamente como si
huyese de un peligro.
Tenía el cura una sobrina que vivía con su madre en una casita próxima. Se le había
metido en la cabeza hacer de ella una hermana de la caridad.
Era bonita, alegre y zalamera. Cuando el padre la reprendía se limitaba a reír, y
cuando la regañaba de veras lo besaba con vehemencia, apretándolo contra su
corazón, mientras el sacerdote, involuntariamente, procuraba deshacerse de aquel
abrazo, que al mismo tiempo le proporcionaba una dulce alegría y despertaba en él la
sensación de paternidad que yace en el fondo de todo hombre.
Muchas veces le hablaba de Dios, de su Dios, mientras caminaban por los campos;
pero la joven no le escuchaba y miraba el cielo, las hierbas, las flores, con una alegría
de vivir que se le asomaba a los ojos. En algunas ocasiones corría para coger una
mariposa, exclamando al traerla consigo: "Mire tío, ¡qué linda es! ¡Hasta siento deseos
de besarla!" Y esta necesidad de besar bichos o flores encorajinaba, irritaba y revolvía
al padre, que una vez más tropezaba con la enraizada ternura que germina siempre en
el corazón femenino.
Pero un día, la mujer del sacristán, que cuidaba de las faenas domésticas de la casa
del padre Marignan, le comunicó cautelosamente que su sobrina tenía un enamorado.
Sintió un asombro tan grande, que quedó sofocado, sin poder hablar, con la cara llena
de jabón, pues en aquel momento empezaba a afeitarse.
Tan pronto como se halló en estado de reflexionar y de poder pronunciar alguna
palabra, exclamó:
—¡Está usted mintiendo, Melania! ¡Eso no es verdad!
Mas la campesina juró solemnemente:
—¡Que Nuestro Señor no me dé más de una hora de vida si yo le miento, señor cura!
Ella se entrevista con él todas las noches después que su señora hermana está
acostada. Se encuentran en las márgenes del río. Si quisiera verlos e ir allá, es entre
las diez y la media noche.
El párroco dejó el afeitado de su cara y púsose a pasear de un lado para otro, como
hacía siempre en las ocasiones de grave meditación. Cuando volvió a afeitarse, se
cortó tres veces entre la nariz y la oreja.
Durante todo el día se mantuvo silencioso, lleno de indignación y de cólera; a su
indignación de eclesiástico ante el invencible amor, se unía una exasperación de padre
moral, de tutor, de director espiritual engañado, eludido por una criatura; esa cólera
egoísta de los padres a quienes la hija anuncia que hizo sin ellos y sin su
consentimiento la elección del marido.
Después de comer intentó leer un rato, pero no lo consiguió; se sentía cada vez más
indignado. Al sonar las diez tomó el bastón, una enorme rama de árbol que llevaba
siempre en sus caminatas nocturnas cuando iba a llevar los Sacramentos a algún
moribundo. Contempló sonriendo la enorme garrota con sólido puño campesino
mientras la agitaba amenazadoramente, y, de repente, la levantó y, con los dientes
apretados, golpeó una silla, cuyo respaldo roto cayó al suelo.
Al abrir la puerta para salir, se detuvo sorprendido por la extraordinaria luz de la luna,
bella como casi nunca suele verse.
Poseedor de un espíritu entusiasta, espíritu que todos los padres de la iglesia, esos
poetas soñadores, deberían tener, se sintió repentinamente distraído de lo que tanto le
preocupaba, impresionado por la grandiosa y serena belleza de la pálida noche.
En el jardincillo del presbiterio, bañado por suave luz, los árboles en flor alineados en
filas, dibujaban sobre el paseo sus sombras de frágiles ramos de hojas que nacían, en
tanto la madreselva gigante, unida al muro de la casa, exhalaba deliciosos aromas
como azucarados, que vagaban en la noche fresca y clara como un alma perfumada.
El párroco respiró hondo, bebiendo el aire como los ebrios beben vino, y fue
caminando a pasos lentos, feliz, maravillado, olvidándose casi de la sobrina.
Cuando llegó al campo se paró para contemplar la llanura inundada por la luna
acariciadora, sumergida en el encanto suave y lánguido de las noches serenas.
Las ranas lanzaban al espacio, incesantemente, sus notas cortas y metálicas, y
ruiseñores lejanos dejaban oír una música que provocaba los sueños y no obligaba a
pensar, esa música leve y vibrante que parece creada para los besos, bajo la seducción
de la luna.
El cura continuó su camino con el corazón turbado sin que supiese el porqué. Sentíase
de repente débil y agotado; tenía deseos de sentarse, de quedarse allí a contemplar y
admirar a Dios a través de su obra.
A lo lejos, siguiendo las ondulaciones del riachuelo, serpenteaba la línea extensa de los
chopos. Una neblina fría, un vapor blanco que atravesaban los rayos de luna,
tornándolo plateado y brillante, estaba suspendido alrededor y encima de sus
márgenes y envolvía el curso tortuoso de las aguas en una especie de algodón leve y
transparente.
Una vez más se detuvo el padre Marignan, empapado hasta el fondo de su alma de un
enternecimiento creciente, irresistible. Y una vaga inquietud lo iba invadiendo; sentía
nacer dentro de sí una de sus habituales interrogaciones:
¿Con qué fin había creado Dios semejante noches? Pues, si estaban destinadas al
sueño, a la inconsciencia, al reposo, al olvido de todo, ¿para qué hacerlas más bellas
que los días, más dulces que las auroras y las tardes? Y ¿por qué razón ese astro lento
y seductor (más poético que el sol y que parece destinado, de tal manera es discreto,
a iluminar cosas demasiado deliciosas y misteriosas para la luz del día) transformaba
las tinieblas en transparencia?
¿Por qué razón el más hábil de los pájaros cantores no descansaba como los otros y se
hacía oír en la sombra perturbadora?
¿Para qué envolvía el mundo aquel fino velo?
¿Y porqué los estremecimientos del corazón, la emoción del alma y la languidez del
cuerpo?
¿A quién estaba destinado aquel desdoblar de encantos que los hombres no
contemplaban, porque reposaban en sus lechos?
¿Para quién, entonces, ese espectáculo sublime, esa abundancia de poesía lanzada del
Cielo a la tierra?
Y el párroco no encontraba explicación. Pero he aquí que distantes, a la orilla del
prado, bajo la bóveda de los árboles húmedos y brillantes de rocío, habían aparecido
dos sombras caminando muy unidas.
El hombre era más alto e iba abrazado al cuello de su compañera; de vez en cuando la
besaba en la cabeza. Sus figuras animaron de repente el paisaje inmóvil que los
rodeaba como un marco divino creado para ellos.
Se diría que no eran más que un solo ser para quien se destinaba aquella tranquila y
silenciosa noche; venían en dirección al sacerdote como una respuesta viva, la
respuesta que el Señor concedía a su pregunta.
El continuó allí con el corazón palpitante, turbado, imaginando ver una escena bíblica
como los amores de Ruth y Booz o la realización de un designio de Dios en uno de
aquellos grandes cenáculos de que hablan las Escrituras. Se acordó de los versículos
del Cantar de los Cantares, de las llamadas de amor, de todo el calor de ese poema
ardiente de ternura.
Y se dijo a sí mismo: "Tal vez Dios hiciese estas noches para velar de ideal los amores
de los hombres."
Iba retrocediendo frente a la abrazada pareja que avanzaba siempre. Era la sobrina,
sin duda. Sin embargo, el sacerdote se preguntaba a sí mismo si no iría él a
desobedecer a Dios. Pues, ¿no era que Dios permitía el amor al rodearlo de un
esplendor así?
Y el cura huyó, desorientado, casi con vergüenza, como si acabase de penetrar en un
templo en el que no tuviera derecho de entrar.


Ataraxia - Sous le Blanc Rosier


Ataraxia - Sous le Blanc Rosier (2007)

CD1

01- Hovering
02- Lucretia
03- Orlando A Male
04-The Gentle Sleep
05- Blanche
06- Bonthrop
07- La Lira D'Apollo
08- Cobalt
09- Il Violino Incantato
10- Etretat
11- Migratio Animae

CD2

01- Antinea
02- Belle Jolande
03- Agharti
04- Filava Melis
05- Incabala
06- Mnemosine
07- Nei Sotterranei Dell'Opera
08- Outremer
09- Alsicon
10- Keladine
11- To Be Without Being



Anne Rice- Crónicas vampíricas 8


Anne Rice- Crónicas vampíricas

VIOLÍN


Un misterioso violinista aparece cada día frente a la casa de Triana, recientemente viuda, y toca para ella. Triana, que lo está pasando realmente mal, se siente fascinada por la música de su violín, y una noche le invita a su casa. Así es como Triana conoce al fantasma del príncipe Stefanovsky, el cual pretende hacerla enloquecer con su música.

HACIA EL EDÉN


Elliot Slater desea lo que mas temor le inspira. después de un largo período de educación con el maestro Martin, firma un contrato por dos años para ingresar como esclavo en un club sadomasoquista en las islas del Caribe. El Club es un paraíso artificial en que todas las fantasías se cumplen y donde lo más difícil es aprender la absoluta sumisión. En él, Elliot conoce el placer mas profundo y el mayor miedo. Todos soñamos con lo prohibido pero sólo algunos convierten en realidad sus sueños.

PD: Libro con contenido erotico, escrito por Anne Rice bajo el pseudonimo de Anne Rampling.


EL DUEÑO DE RAMPLING GATE



Rampling Gate: ¡era tan real para nosotros en aquellas viejas pinturas, alzándose como un castillo de hadas por encima del bosque oscuro que lo rodeaba! Una mole de piedra rematada en tejados de caballete y chimeneas, entre dos inmensos torreones; paredes de piedra gris cubiertas de hiedra, ventanas que reflejaban las nubes huidizas.
Pero ¿por qué papá nunca fue allí? ¿Por qué nunca nos llevó? ¿Y por qué en su lecho de muerte, en los meses sombríos que siguieron al fallecimiento de mamá, dijo a mi hermano Richard que Rampling Gate había de ser destruido piedra por piedra? Ramplíng Gate, que siempre había pertenecido a los Rampling; Ramplíng Gate, que había subsistido impávido más de cuatrocientos años.

After Forever - Emphasis


After Forever - Emphasis (2002)

1-Emphasis
2-Who Wants To Live Forever
3-Imperfect tenses
4-Intrinsic


Misterios de Las Vírgenes Negras




Las Vírgenes Negras han supuesto siempre un misterio para los amantes de los temas esotéricos y una peculiaridad para los creyentes católicos. Veneradas en muchos países del mundo, cada una tiene un nombre y una leyenda por la que se da explicación al tono oscuro que tinta su piel y la de su hijo Jesús. Sin embargo, los estudios realizados acerca de su origen apuntan a mitos y creencias ancestrales procedentes de la prehistoria.

El legado del color negro de la Virgen procede de cultos anteriores de las diosas madres Isis, Belisana o Artemisa que, a su vez, proceden de la adoración en la prehistoria de los meteoritos caídos a la Tierra, que eran venerados como fuente de vida.

En la mitología celta toda la simbología sagrada giraba en torno a la Madre Tierra, llamada Belisana. Los rituales se realizaban en torno a elementos como el fuego y el agua y se cocían pociones mágicas con las plantas al alcance de aquella civilización, cuyas propiedades eran aprovechadas no sólo como medicinas sino tambi