El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







Chávez peor que Bush



Chávez peor que Bush
Koldo Campos Sagaseta

El Latinobarómetro 2007, suerte de medidor de afectos y desafectos entre ciudadanos españoles y líderes políticos, que organiza, a falta de mejores oficios, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), ha dado sus resultados para el presente año. Chávez es el político peor valorado. Hasta George Bush ha quedado mejor.Mostrar/Ocultar

No dudo en absoluto de la fiabilidad de la encuesta. Y tampoco me sorprende el escrutinio. Hace ya muchos años y consultas que en el Estado español se ha perdido algo más que la cabeza.

La duda que me queda es para qué se hace la encuesta. Y no lo digo sólo porque, en general, las encuestas sólo sirven para confirmar lo que todo el mundo sabe o para revelar lo que a nadie le importa. Lo digo porque los verdaderos resultados de la encuesta no son los ofrecidos. Lo que esta encuesta prueba no es la mayor o menor aceptación que entre la ciudadanía hispana tienen algunos líderes políticos, sino la formidable eficacia de los grandes medios de comunicación a la hora de conformar un pensamiento único y, lo que es peor, cretino.

El País, por ejemplo, es uno de los grandes triunfadores de la encuesta. Pocos medios, como el que se afirma independiente, han observado y mantienen una campaña de descrédito tan infame y constante hacia la figura del presidente Chávez y su gobierno. No se han quedado atrás El Mundo, ABC y otros periódicos a la hora de calumniar la revolución bolivariana. Y en el amplio y clonado frente común de canales y emisoras, Chávez ha sido también el más arteramente denostado, especialmente, desde que fuera interrumpido en una cumbre de presidentes por una grosera impertinencia real.

Si en lugar de malgastar esos recursos en encuestas por todo el Estado, el CIS se hubiera limitado a recoger el parecer de los ejecutivos de los grandes medios de comunicación, el resultado hubiera sido el mismo.

Las opiniones, los criterios, no surgen de la nada, no se constituyen por divina inspiración o soplo repentino. Se conforman a partir de las informaciones que se reciben, tanto como de las que se ocultan, y en función, también, de la frecuencia con que se reitere la dosis. El Latinobarómetro, en consecuencia, no mide la opinión de los españoles sino el grado de manipulación de que pueden ser objeto.

Y a juzgar por los resultados, el grado es tan amplio como tristes las consecuencias.

No importa qué manual de conducta, qué código moral o de justicia, qué mandamientos de qué iglesia tomáramos como referencia para valorar las figuras de Chávez y George Bush, no hay lugar ni para la discusión. Y ni siquiera hace falta ser eso que llaman… “objetivo”.

Hasta la fecha, el presidente venezolano se ha impuesto en todas las contiendas electorales en las que ha participado, procesos irreprochables, y cada vez con un mayor respaldo popular. George Bush es hoy presidente de los Estados Unidos gracias a un peculiar sistema electoral que convierte en ganador al segundo, gracias también a su hermano Jeb, gobernador de la Florida, y gracias, especialmente, al fraude.

Chávez no tiene sus ejércitos asolando los “oscuros rincones del mundo” que diría Bush, ni cárceles de exterminio en distintos países, ni bases militares en los cinco continentes, ni flotas en todos los mares, ni promueve guerras preventivas o bombardeos de rutina, ni campos de tortura. El presidente venezolano no es un criminal de guerra. Tampoco un alcohólico, un cocainómano al frente de los destinos del mundo, un ignorante patán sin escrúpulos, un contumaz mentiroso, psicópata impuesto a redimir el mundo exterminándolo.

Las razones de que en el Estado español se haya vuelto a aclamar a Barrabás tienen su explicación en el papel que juegan los medios nutriendo la opinión de la ciudadanía y el aborregamiento de una masa inculta y arrogante que hace tiempo que ya sólo interpreta el mundo a través de su cartera.

Eso, nada más, es lo que la encuesta revela. La eficacia con que los grandes medios de comunicación siembran y multiplican sus patrañas, y la credulidad de tanto idiota y tanto cómplice.

fuente:

El Hijo - Horacio Quiroga




El Hijo
Horacio Quiroga
Es un poderoso día de verano en Misiones, con todo el sol, el calor y la calma que puede deparar la estación. La naturaleza plenamente abierta, se siente satisfecha de sí.
Como el sol, el calor y la calma ambiente, el padre abre también su corazón a la
naturaleza.
—Ten cuidado, chiquito —dice a su hijo; abreviando en esa frase todas las observaciones del caso y que su hijo comprende perfectamente.
—Si, papá —responde la criatura mientras coge la escopeta y carga de cartuchos los
bolsillos de su camisa, que cierra con cuidado.
—Vuelve a la hora de almorzar —observa aún el padre.
—Sí, papá —repite el chico.
Equilibra la escopeta en la mano, sonríe a su padre, lo besa en la cabeza y parte.
Su padre lo sigue un rato con los ojos y vuelve a su quehacer de ese día, feliz con la
alegría de su pequeño.
Sabe que su hijo es educado desde su más tierna infancia en el hábito y la precaución
del peligro, puede manejar un fusil y cazar no importa qué. Aunque es muy alto para su
edad, no tiene sino trece años. Y parecía tener menos, a juzgar por la pureza de sus ojos azules, frescos aún de sorpresa infantil.
No necesita el padre levantar los ojos de su quehacer para seguir con la mente la
marcha de su hijo.
Ha cruzado la picada roja y se encamina rectamente al monte a través del abra de
espartillo.
Para cazar en el monte —caza de pelo— se requiere más paciencia de la que su
cachorro puede rendir. Después de atravesar esa isla de monte, su hijo costeará la linde de cactus hasta el bañado, en procura de palomas, tucanes o tal cual casal de garzas, como las que su amigo Juan ha descubierto días anteriores.
Sólo ahora, el padre esboza una sonrisa al recuerdo de la pasión cinegética de las dos
criaturas. Cazan sólo a veces un yacútoro, un surucuá —menos aún— y regresan
triunfales, Juan a su rancho con el fusil de nueve milímetros que él le ha regalado, y su hijo a la meseta con la gran escopeta Saint-Étienne, calibre 16, cuádruple cierre y pólvora blanca.
Él fue lo mismo. A los trece años hubiera dado la vida por poseer una escopeta. Su
hijo, de aquella edad, la posee ahora y el padre sonríe...
No es fácil, sin embargo, para un padre viudo, sin otra fe ni esperanza que la vida de
su hijo, educarlo como lo ha hecho él, libre en su corto radio de acción, seguro de sus pequeños pies y manos desde que tenía cuatro años, consciente de la inmensidad de
ciertos peligros y de la escasez de sus propias fuerzas.
Ese padre ha debido luchar fuertemente contra lo que él considera su egoísmo. ¡Tan
fácilmente una criatura calcula mal, sienta un pie en el vacío y se pierde un hijo!
El peligro subsiste siempre para el hombre en cualquier edad; pero su amenaza amengua si desde pequeño se acostumbra a no contar sino con sus propias fuerzas.
De este modo ha educado el padre a su hijo. Y para conseguirlo ha debido resistir no
sólo a su corazón, sino a sus tormentos morales; porque ese padre, de estómago y vista
débiles, sufre desde hace un tiempo de alucinaciones.
Ha visto, concretados en dolorosísima ilusión, recuerdos de una felicidad que no debía surgir más de la nada en que se recluyó. La imagen de su propio hijo no ha escapado a este tormento. Lo ha visto una vez rodar envuelto en sangre cuando el chico percutía en la morsa del taller una bala de parabellum, siendo así que lo que hacía era limar la hebilla de su cinturón de caza.
Horrible caso... Pero hoy, con el ardiente y vital día de verano, cuyo amor a su hijo
parece haber heredado, el padre se siente feliz, tranquilo, y seguro del porvenir.
En ese instante, no muy lejos suena un estampido.
—La Saint-Étienne... —piensa el padre al reconocer la detonación. Dos palomas de
menos en el monte...
Sin prestar más atención al nimio acontecimiento, el hombre se abstrae de nuevo en
su tarea.
El sol, ya muy alto, continúa ascendiendo. Adónde quiera que se mire —piedras,tierra, árboles—, el aire enrarecido como en un horno, vibra con el calor. Un profundo zumbido que llena el ser entero e impregna el ámbito hasta donde la vista alcanza, concentra a esa hora toda la vida tropical.
El padre echa una ojeada a su muñeca: las doce. Y levanta los ojos al monte.
Su hijo debía estar ya de vuelta. En la mutua confianza que depositan el uno en el otro —el padre de sienes plateadas y la criatura de trece años—, no se engañan jamás.
Cuando su hijo responde: "Sí, papá", hará lo que dice. Dijo que volvería antes de las doce, y el padre ha sonreído al verlo partir.
Y no ha vuelto.
El hombre torna a su quehacer, esforzándose en concentrar la atención en su tarea.
¿Es tan fácil, tan fácil perder la noción de la hora dentro del monte, y sentarse un rato en el suelo mientras se descansa inmóvil..?
El tiempo ha pasado; son las doce y media. El padre sale de su taller, y al apoyar la
mano en el banco de mecánica sube del fondo de su memoria el estallido de una bala de
parabellum, e instantáneamente, por primera vez en las tres transcurridas, piensa que tras el estampido de la Saint-Étienne no ha oído nada más. No ha oído rodar el pedregullo bajo un paso conocido. Su hijo no ha vuelto y la naturaleza se halla detenida a la vera del bosque, esperándolo.
¡Oh! no son suficientes un carácter templado y una ciega confianza en la educación
de un hijo para ahuyentar el espectro de la fatalidad que un padre de vista enferma ve
alzarse desde la línea del monte. Distracción, olvido, demora fortuita: ninguno de estos nimios motivos que pueden retardar la llegada de su hijo halla cabida en aquel corazón.
Un tiro, un solo tiro ha sonado, y hace mucho. Tras él, el padre no ha oído un ruido,
no ha visto un pájaro, no ha cruzado el abra una sola persona a anunciarle que al cruzar un alambrado, una gran desgracia...
La cabeza al aire y sin machete, el padre va. Corta el abra de espartillo, entra en el
monte, costea la línea de cactus sin hallar el menor rastro de su hijo.
Pero la naturaleza prosigue detenida. Y cuando el padre ha recorrido las sendas de
caza conocidas y ha explorado el bañado en vano, adquiere la seguridad de que cada paso que da en adelante lo lleva, fatal e inexorablemente, al cadáver de su hijo.
Ni un reproche que hacerse, es lamentable. Sólo la realidad fría terrible y consumada:
ha muerto su hijo al cruzar un...
¡Pero dónde, en qué parte! ¡Hay tantos alambrados allí, y es tan, tan sucio el monte!
¡Oh, muy sucio ! Por poco que no se tenga cuidado al cruzar los hilos con la escopeta en la mano...
El padre sofoca un grito. Ha visto levantarse en el aire... ¡Oh, no es su hijo, no! Y
vuelve a otro lado, y a otro y a otro...
Nada se ganaría con ver el color de su tez y la angustia de sus ojos. Ese hombre aún
no ha llamado a su hijo. Aunque su corazón clama por él a gritos, su boca continúa muda.
Sabe bien que el solo acto de pronunciar su nombre, de llamarlo en voz alta, será la
confesión de su muerte.
—¡Chiquito! —se le escapa de pronto. Y si la voz de un hombre de carácter es capaz
de llorar, tapémonos de misericordia los oídos ante la angustia que clama en aquella voz.
Nadie ni nada ha respondido. Por las picadas rojas de sol, envejecido en diez años,
va el padre buscando a su hijo que acaba de morir.
—¡Hijito mío..! ¡Chiquito mío..! —clama en un diminutivo que se alza del fondo de
sus entrañas.
Ya antes, en plena dicha y paz, ese padre ha sufrido la alucinación de su hijo rodando
con la frente abierta por una bala al cromo níquel. Ahora, en cada rincón sombrío del
bosque ve centellos de alambre; y al pie de un poste, con la escopeta descargada al lado, ve a su...
—¡Chiquito..! ¡Mi hijo!
Las fuerzas que permiten entregar un pobre padre alucinado a la mas atroz pesadilla
tienen también un límite. Y el nuestro siente que las suyas se le escapan, cuando ve
bruscamente desembocar de un pique lateral a su hijo.
A un chico de trece años bástale ver desde cincuenta metros la expresión de su padre
sin machete dentro del monte para apresurar el paso con los ojos húmedos.
—Chiquito... —murmura el hombre. Y, exhausto se deja caer sentado en la arena albeante, rodeando con los brazos las piernas de su hijo.
La criatura, así ceñida, queda de pie; y como comprende el dolor de su padre, le
acaricia despacio la cabeza:
—Pobre papá...
En fin, el tiempo ha pasado. Ya van a ser las tres..
Juntos ahora, padre e hijo emprenden el regreso a la casa.
—¿Cómo no te fijaste en el sol para saber la hora..? —murmura aún el primero.
—Me fijé, papá... Pero cuando iba a volver vi las garzas de Juan y las seguí...
—¡Lo que me has hecho pasar, chiquito!
—Piapiá... —murmura también el chico.
Después de un largo silencio:
—Y las garzas, ¿las mataste? —pregunta el padre.
—No.
Nimio detalle, después de todo. Bajo el cielo y el aire candentes, a la descubierta por el abra de espartillo, el hombre devuelve a casa con su hijo, sobre cuyos hombros, casi del alto de los suyos, lleva pasado su feliz brazo de padre. Regresa empapado de sudor, y aunque quebrantado de cuerpo y alma, sonríe de felicidad.
* * *
Sonríe de alucinada felicidad... Pues ese padre va solo.
A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vacío. Porque tras él, al pie de un
poste y con las piernas en alto, enredadas en el alambre de púa, su hijo bienamado yace al sol, muerto desde las diez de la mañana.



Por un Poco de Amor

Por un Poco de Amor

Alcánzame la copa de tu pena,
que no quiero mirar su fondo oscuro,
no la bebas de golpe te lo pido,
saboréala despacio y sin apuro.
Si te embriagas de rabia o de amargura,
y te pesan los párpados de dudas
allá mismo en el fondo de tu pena,
hallarás mi comprensión desnuda,
y en la mano caliente que te brindo
no estará la recíproca esperando,
pero sí mi corazón abierto,
junto al tuyo con ansia palpitando.
No desmayes y alcánzame tu copa,
a esa pena le faltan muchas cosas,
la madura respuesta que da el tiempo
y la fuerza de lucha bondadosa.
Con un poco de amor ¡serás muy fuerte!
y si ese amor suplanta lo imposible
vencerás con el tiempo toda suerte
y serás en la lucha lo invencible.
No mendigues jamás calor ni abrigo,
que la lástima no llegue hasta tu puerta,
que el afecto prestado es el castigo
que la vida por fácil siempre oferta.
Así ha de ser desde que el mundo es mundo
desde que Dios te regaló existencia;
no la aproveches para ahogarte en ella
ni la derroches buscando experiencia.
Y recuerda que con un poco de amor
¡serás muy fuerte!
Y si ese amor suplanta lo imposible
vencerás con el tiempo toda suerte
y serás en la lucha.....¡lo invencible!

JOSE LARRALDE ( Uruguay )

Emilie Autumn - A Bit O' This & That


Emilie Autumn - A Bit O' This & That (2007)

01 . Chambermaid (Space Mix)
02 . What If (Celtic Mix)
03 . Hollow Like My Soul
04 . By the Sword
05 . I Don't Care Much
06 . I Know It's Over (Live)
07 . Find Me A Man
08 . O Mistress Mine
09 . The Star Spangled Banner
10 . All My Loving
11 . Sonata in D Minor for Violin and Continuo (Live)
12 . Ancient Grounds (Live)
13 . Always Look On The Bright Side of Life
14 . With Every Passing Day
15 . Miss Lucy Had Some Leeches (Live)


Diferencias en América Latina


Diferencias

Por J. M. Pasquini Durán

América latina está considerada en el mundo como la región más injusta, debido a la tremenda desigualdad en la distribución de las riquezas entre sus pobladores. Para encontrar las raíces de semejante diferencia habría que cavar hondo en su historia, pero lo cierto es que tanto la política como la cultura florecieron contenidas en la misma certeza.Mostrar/Ocultar

Y fue la organización económico-social del campo el nicho preferido de las mayores inequidades, pese a las enormes luchas de sus hombres y mujeres desde la Revolución Mexicana hasta el Grito de Alcorta, con remanentes semifeudales tanto en la propiedad de la tierra como en el conchabo del peón rural, sobre los que se montaron, en tiempos recientes, los emprendimientos capitalistas que hoy dominan posiciones preferentes en las cadenas de producción y comercialización. A raíz del auge de la cotización de los alimentos y el desarrollo de los biocombustibles en el mundo, fantásticas rentabilidades atrajeron al capital internacional como la mosca a la miel y, otra vez, el modelo agroexportador levantó cabeza con viejos aires oligárquicos, aunque los apellidos que sobresalen ya no sean nacidos en tiempos de la conquista española. En toda la región las luchas por los recursos naturales, la tierra y el agua entre los primeros, aparecen en las crónicas diarias como la cuna de enormes dificultades, hasta con intentos secesionistas en países como Bolivia, que atraviesan los caminos transitados por gobiernos nacidos de las urnas, por primera vez en más de un siglo contemporáneos de legítimo origen y propósitos fundacionales, cuya intención última, aunque por caminos diferentes, intenta superar aquella distinción de injusticia que señala a la América latina como la peor de todas las regiones del mundo.

La Argentina no escapó a esa actualidad. Por el contrario, desde hace 80 días la mayoría de su población asiste a un debate polarizado entre el Gobierno y cuatro entidades agropecuarias que comenzó con un pleito tributario (retenciones a la exportación de granos y oleaginosas) y derivó en una confrontación política de fondo, cuyos posibles desenlaces provocan incertidumbre y desazón en buena parte de la sociedad. Cuando se observa el conjunto del despliegue macroeconómico, la formidable demanda mundial de alimentos y la capacidad nacional para producirlos, comparadas con las múltiples necesidades de la población, aun para la mera subsistencia, el conflicto adquiere tales características irracionales que para el ciudadano común resulta inexplicable. Por lo pronto, quedó en claro que para las autoridades en general y para la sociedad, “el campo” era una presencia constante pero desconocida. Son muy pocas las voces que pueden hablar, con equidistancia y real conocimiento, de los complejos intereses que cruzan al labriego con el “pool” de siembra en una variedad complejísima de propiedad y arrendamiento de la tierra. Es inútil, por lo tanto, tratar de descifrar los aspectos técnicos de la puja tributaria inicial, puesto que cada parte exhibe una aritmética propia y las acusaciones cruzadas forman cataratas de argumentos cuya validez dura minutos, con el vértigo adicional de los tiempos televisivos.

Entre tanta polvareda y humo todavía se pueden distinguir algunos contornos esenciales del problema en cuestión. El Gobierno metió mano en la renta extraordinaria de las exportaciones de materias primas con un argumento válido: la redistribución de las riquezas a través de la gestión del Estado. En el intento cometió errores y estableció asimetrías injustificables, pero como todo gobierno, a éste también le cuesta volver sobre sus pasos para deshacer los entuertos. En nombre de esas equivocaciones, “el campo” quiso sacar provecho de la situación, exigiendo no sólo la corrección circunstanciada, sino una revisión global de las políticas públicas para el sector. Errores y aciertos de ambos lados fueron dejando poco espacio para la neutralidad o la razón. El carácter opositor del partido agrario, aunque no haya figurado en los movimientos iniciales de muchos productores, hoy es una realidad, mucho más sombría porque a su amparo renacieron los sectores de la derecha política que estaban en retiro desde el fracaso del programa neoliberal de fines del siglo pasado. La demanda de devolverle al mercado la capacidad de decisión que recuperó la política en los últimos cinco años es la “solución final” que aceptan los caciques rurales. Todo lo demás les resulta insuficiente.

Como lo han señalado diversos analistas, desde el punto de vista del progresismo democrático la liberalización de las exportaciones como quieren los ruralistas, instigados por los ideólogos del establishment, provocaría la suba del precio de los alimentos, con el consiguiente efecto sobre los salarios reales de los trabajadores, la capacidad de consumo de las clases medias y, en definitiva, sobre las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares. Los sobresaltos inflacionarios de los últimos ochenta días, disparados a partir del lockout desabastecedor, son una muestra de lo que podría suceder si el mercado vuelve a apoderarse de las políticas públicas. La política tiene muchos defectos y sus practicantes dejan mucho que desear, pero aún así es el mejor método para vivir en democracia. La experiencia de los años ’90 demostró una ecuación terrible: mercado sin Estado es igual a mafia, aquí y donde suceda. El desenlace de esta puja, por lo tanto, no puede ser indiferente para nadie. A medida que ampliaban el repertorio de exigencias y “politizaban” su protesta, los ruralistas fueron modificando también sus métodos. Del corte de ruta prepotente del primer mes, ahora pretenden sumar a su causa a intendentes, gobernadores y legisladores. Han llamado a un paro general en el interior para el lunes y pretenden acampar frente a las gobernaciones en cada capital de provincia. Ayer, se registraron los primeros incidentes en una ruta bonaerense con un puñado de manifestantes y la gendarmería. Es hora de extremas prudencias, porque más de uno, con malicia o sin ella, puede ser protagonista de provocaciones, tan útiles como la chispa en la pradera.

A propósito del camping rural, Ctera dio a conocer una declaración puntualizando: “Los docentes argentinos escuchamos con estupor al señor Hugo Biolcatti, vicepresidente de la Sociedad Rural, representante de lo más rancio de la derecha política y económica de nuestro país, anunciar la instalación de campamentos ‘como la Carpa blanca de los docentes’. {...} Durante 1003 días, en una lucha profundamente pacífica y sin ejercer ningún tipo de extorsión, los docentes de todo el país, rodeados de la solidaridad popular de la que la Sociedad Rural no fue parte, exigimos que el Estado Nacional se responsabilizara en el sostenimiento de la educación pública, lo que significó claramente el reclamo de una justa distribución de la riqueza y de la mayor intervención estatal a favor de los sectores populares. {...} La Carpa Blanca significó un compromiso con la memoria y el ejemplo de vida de Isauro Arancibia, María Vilte, Eduardo Requena, Susana Pertierra y los 600 docentes desaparecidos y asesinados por la dictadura militar de la que la Sociedad Rural, no hay que olvidarlo, fue socia y sostén”. Los maestros, por supuesto, no adhieren al paro del lunes.

El Gobierno, por su parte, también fue haciendo correcciones de forma y de fondo a su propia responsabilidad en el conflicto. Por lo pronto, anunció la morigeración de las retenciones móviles y una batería de facilidades para los pequeños productores de todo el país, incluso para los monotributistas. Los que se quedan afuera son los que evaden obligaciones impositivas o mantienen al personal “en negro” (más del cincuenta por ciento de los trabajadores rurales está en esa condición). El presidente del PJ, Néstor Kirchner, replegado sobre sus obligaciones partidarias, abandonó la metodología de la determinación individual y convocó primero a vicepresidentes y secretarios del partido y luego a diputados y senadores del oficialismo, si bien todavía no abrió la discusión interna para mejorar la participación colectiva. Más aún: debería reunir al Consejo Nacional Agropecuario, como propuso el gobernador Hermes Binner, y facilitar el debate de políticas a futuro en el Congreso Nacional, para ampliar la base democrática del consenso nacional. No importa si alguien puede entender esas aperturas como síntomas de debilidad –en todo caso, revelarían su condición humana–, sino impedir que en la confusión torrencial más de uno equivoque los bandos en pugna. Así le pasó al obispo de Santa Fe que salió a pedir que la presidenta Cristina se ocupe en persona de los ruralistas porque “eso sería una gesto de estadista”. Nada les pide, en cambio, a la Sociedad Rural y sus tres aliadas. ¿Es que los dirigentes sociales y los ciudadanos tienen sólo derechos, sin obligaciones? Estos no son momentos para la demagogia, aunque sea tan espiritual como puede esperarse de un dignatario de la Iglesia Católica.
Fuente:

Post – Mortem


Guayasamin

Post – Mortem
Mariano Bertello
I
El hombre enfundado en el guardapolvo blanco levantó suavemente la funda plástica que cubría el cuerpo inerte del muchacho. Lo miró fijamente, con un poco de lástima, y corrió un mechón de cabello negro de su frente con suma delicadeza. Observó las cuencas oculares, donde la sangre comenzaba su proceso de coagulación. Donde una vez habían reinado dos ojos azules llenos de vida ahora no había nada, solo oscuridad.
Alguien los había quitado.
Un escalofrío recorrió su espalda como un río helado. A pesar de que hacía más de veinte años que era médico forense, la vacuidad de las órbitas lo hacían sentir incómodo. Decidió bajar su mirada lentamente hacia la herida sangrante ubicada en el tronco del chico, era un tajo largo y profundo, en forma de Y invertida que abarcaba todo el pecho y el abdomen.
Con un leve temblor de manos recogió un par de pinzas que descansaban sobre una pequeña bandeja de acero resplandeciente. Con ellas tomó cada uno de los colgajos de piel y los retiró hacia los costados, dejando al descubierto la parrilla costal y los órganos internos del cuerpo.
Hizo un leve recorrido superficial con la mirada y confirmó sus sospechas.
El esternón había sido abierto con una sierra y separado para tener un mejor acceso al corazón, el cual ya no estaba en su lugar. Lo mismo había ocurrido con ambos riñones, los cuales habían sido seccionados con precisión quirúrgica. Al cabo de unos segundos retomó las pinzas y volvió a dejar todo como lo había encontrado.
Dirigió la vista una vez más a la cara del muchacho y suspiró. Le abrió la boca con un movimiento rápido pero carente de violencia alguna, y acercó su nariz a la misma.
Reconoció el aroma al instante:
- Cloroformo- musitó entre dientes.
Se acercó a la bandeja metálica y retiró un extraño aparato, mezcla de lupa y linterna, y una pinza semejante a una de depilación. Introdujo el aparato en la boca e investigó durante unos segundos. Acto seguido introdujo la pinza, y con ella retiro un delgadísimo hilo blanco, el cual fue a parar directo a una bolsa de polietileno rotulada “EVIDENCIA”.
Acabado esto, cerró la boca y ésta emitió un chasquido desagradable. Luego meneó un poco la cabeza y decidió dar por concluida la autopsia. Cubrió nuevamente el cuerpo con la mortaja plástica e hizo una pausa para respirar (si es que eso aún era posible) y aclarar su mente.
Sabía lo que debía hacer, sin embargo había muchas cosas que no entendía, y que seguramente nadie entendería tampoco. ¿Por qué había muerto el niño y no él?. Espero unos breves instantes, pero no hubo respuesta. Su mente le aventuró la posibilidad de que Dios o “alguien” le había dado algo así como una oportunidad única para corregir las cosas, una última chance para hacer justicia, y aunque ésta era una teoría un poco descabellada, se abrazó a ella, al no surgir otra opción.
Decidió que ya no podía perder más tiempo, y se encaminó con pasos lentos hacia el armario que reposaba tranquilamente contra la pared. Abrió uno de sus chirriantes cajones y retiró unas hojas de papel que tenían el membrete del hospital.
Se dirigió al pequeño escritorio y apoyó las hojas sobre el mismo. Tuvo que desechar la primera porque al parecer había rozado su guardapolvo y ahora lucía un extraño garabato de sangre.
Retiró un bolígrafo azul del portalápices y comenzó a escribir.
Con el correr de los minutos notó cómo su escritura se iba deformando, las letras se alargaban y estiraban ante sus ojos. Era claro que sus tendones se estaban endureciendo y sus manos adoptaban la forma de una garra animal.
- Me queda poco tiempo- pensó para sí mismo.
Al cabo de un rato logró terminar su cometido. Tomó el papel con las palmas de ambas manos y lo depositó lentamente sobre el cuerpo del chico. Giró torpemente sobre sus talones y avanzó trastabillando en su intento de llegar a la otra mesada de mármol disponible en la morgue. A ese punto ya no lograba pensar con claridad. Se sentía mareado y confundido, perdido en un mar de incógnitas que ya no serían respondidas.
Se tomó un pequeño descanso para recuperar el aire, pero su pecho ya no se inflaba como de costumbre. Sus músculos estaban cada vez más rígidos.
Lastimosamente consiguió sentarse sobre la mesada, se agachó con extrema dificultad y pudo escuchar cómo las vértebras de su espalda crujían como ramas secas.
Tomó el cartón identificatorio y volvió a colgarlo en el dedo gordo de su pie derecho. Luego se recostó en la mesada. No sintió el frío abrazo del mármol, pero eso no le extrañó, los nervios estaban muriendo, y con ellos la percepción de las cosas.
Con el único ojo que le quedaba (el otro y la parte izquierda de su cara habían desaparecido luego de que la bala impactara su rostro), pudo ver como se acercaba el Dr. Santos, el otro patólogo forense encargado de las autopsias, caminando enérgicamente por el pasillo.
- Bien... él sabrá qué hacer.- pensó.
Cubrió su cuerpo con una funda similar a la del muchacho, tuvo tiempo para una última sonrisa y luego todo fue oscuridad...
II
El Dr. Santos entró como una tromba a la sala de autopsias, tal era su costumbre, pero inmediatamente amainó su paso al encontrar la hoja de papel sobre el cuerpo tieso del joven Andrés Valencia. Eran las 2:30 de la madrugada, y en teoría sólo dos personas tenían acceso a la morgue después de las doce de la noche. Una de ellas era él, y la otra yacía muerta en la mesada contigua desde hacía ya más de cuatro horas.
Según los informes policiales, Valencia, el muchacho asesinado, había sido atacado mientras se recuperaba de una deshidratación en una sala intermedia en el ala Este. De acuerdo a los primeros peritajes, el asesino fue sorprendido en el momento del crimen por David Azconzábal, médico forense encargado de la morgue del hospital y compañero de Santos, quien al tratar de detener al asesino fue baleado con consecuencias nefastas, muriendo en el acto. Tres disparos, uno al corazón, uno al cuello y el último al rostro. Tres disparos, cada uno de ellos mortífero por sí solo.
Con ojos vidriosos y al borde de las lágrimas, Santos contempló desde lejos los restos de su colega con inmensa amargura.
Su mirada volvió a posarse sobre el chico, más exactamente sobre la nota que descansaba sobre su pecho. Estiró su brazo izquierdo y la recogió, leyó sus líneas en silencio y muy cuidadosamente. Cuando terminó, se tomó un breve segundo para releerla y observar el cuerpo sin vida de su colega en la mesa de autopsias. Estaba confundido.
Se llevó la mano izquierda a la boca y comprimió su labio inferior con un gesto pensativo.
“Esto no puede ser”- dijo para sus adentros, y sintió como se le aflojaban las rodillas. Miró nuevamente el cuerpo del Dr. Azconzábal, implorando por una
explicación que no llegaría nunca.
A continuación cruzó la habitación primero con pasos vacilantes y luego casi corriendo para abalanzarse sobre el teléfono. El número que marcaba era el 911.
III
Nota encontrada sobre el cadáver de Andrés Valencia por el Dr. Claudio Santos:
A quien corresponda:
Realmente no sé cómo comenzar, ni cuánto tiempo me queda, así que iré directo al grano.
Mientras realizaba un último recorrido por el ala Este antes de marcharme a casa, escuché unos sonidos extraños que salían de la habitación 217, algo así como ruidos de pelea. El sector estaba en completo silencio y no había un alma. Lo primero que pensé es que el paciente de ese cuarto se había caído de su cama o que alguien necesitaba atención urgente. Entré rápidamente en la habitación, y lo que observé me dejó sin aliento.
El Dr. Julio Minelli estaba cabalgado sobre el cuerpo de un paciente (un muchacho joven y delgado), con un bisturí ensangrentado en su mano derecha y un pañuelo en la otra. Al notar mi intromisión se sobresaltó, me miró con ojos enloquecidos y velozmente extrajo un revólver calibre .45 de su cinturón.
Mi último recuerdo consciente es la detonación del arma.
Después de eso y por un breve período de tiempo no hubo nada, absolutamente nada.
Luego llegó el dolor, un dolor terrible y lacerante, como si alguien arrancara toda la piel de mi cuerpo de un solo tirón, como si me estuviera quemando vivo, el dolor de volver a nacer.
No sabía dónde estaba, ni en qué posición me encontraba, hasta que giré la cabeza y vi a mi lado el cuerpo del joven paciente de la 217.
Una voz desconocida tronó en mi cabeza:
- “Tienes poco tiempo, así que ponte a trabajar rápido, haz lo tuyo.”
Sin detenerme a pensarlo dos veces comencé con la autopsia del chico. El examen post mortem revela la extirpación de corazón, riñones y globos oculares, el nivel de las secciones vasculares es compatible con el protocolo de transplantes, por lo que no sería extraño que la intención de Minelli sea el comercio de los mismos en el mercado negro.
En su boca hay restos de paño con esencia de cloroformo (ver evidencia).
Minelli guarda un arma en la cajonera de su oficina, la investigación determinará que se trata del mismo calibre que las balas que se alojan en mi cuerpo.
Esos son los hallazgos más significativos, los cuales pueden conducir a la policía a la detención del criminal. Por favor, vea los medios necesarios para que esto ocurra lo más pronto posible. La justicia debe ser servida, y ahora queda en sus manos.
Es todo, el tiempo se agota rápidamente. Cuiden a mi familia y envíenle todo mi amor.
“La vida encierra muchos misterios, y la muerte es quizá el más grande de todos ellos.”
D. Azconzábal
Médico Forense.
Hospital Santa Helena.



Depeche Mode - Love Will Leave


Depeche Mode - Love Will Leave (2008) remixes

01- Love Will Leave (Electric Zoom Mix) (4:55)
02- Set Me Free (Remotivate Me Release Mix Hj Edit) (4:34)
03- Strangelove (Guitars On @Cid Remix) (7:00)
04- Love Will Leave (Electric Zoom Dub) (7:09)
05- Love In Itself (Realisation Dub) (2:38)
06- Loverman (Bola Remix Data Edit) (3:15)
07- Love Will Leave (Electric Zoom Extended Edit) (9:49)
08- Personal Jesus (Alien Implant Abduction Mix) (5:49)
09- Stalker (The Last Seduction) (9:23)


En el subsuelo del infierno

En el subsuelo del infierno

Espectros infernales me acompañan,
buscando anidar en mí su enojo,
será que ni en el fondo de éste hoyo,
encontrará mi alma el reposo que yo añoro.
En el subsuelo de un infierno inhóspito y gris,
donde siluetas macabras se dejan sentir,
allí.. Con alaridos estremecientes,
escucho sollozar a mucha gente.
caballos de doce patas.. escorpiones con muelas fluorescentes...
golpean las figuras que se arrastran...
...tratando de escapar de un fuego eminente.
Aullidos espeluznantes... gritos escalofriantes,
gemidos de seres infernales..
..que me buscan para diluirme hasta el alma.
Voces feroces llenos de murmullos iracundos,
que salen los gritos a el otro mundo.
Jajajajajajajaja carcajadas llenas de espantos,
gimo, lloro, exclamo!!
Me está quemando...me está quemando!!
Al subsuelo del infierno estoy bajando!!
Quiero escapar pero no puedo,
mis culpas me llegan a pesar...así me condeno!!!
Ayyyyyyyyyyyyyyyy espeluznantes de ahogos en la garganta,
zombies que me cautivan en cadenas brasas!!
Busco los escalones que me llevan al mismo infierno...
..pero no puedo,
porque me estoy batiendo en el subsuelo infernal..
...donde figuras macabras ..sólo me llegan...a besar!!
y lavas incandescentes mis píes logran su magma pisar!!
Ohhhhhhhh de lamentos y de llantos...
...el mismo cuadro que en tierra viví...
..ahora, en éste subsuelo ..me ha tocado a mí!!

Autor: Incola

Tiamat - Amanethes


Gothic
Tiamat - Amanethes (2008)

1. The Temple Of The Crescent Moon
2. Equinox Of The Gods
3. Until The Hellhounds Sleep Again
4. Will They Come?
5. Lucienne
6. Summertime Is Gone
7. Katarraktis Apo Aima
8. Raining Dead Angels
9. Misantropolis
10. Amanitis
11. Meliae
12. Via Dolorosa
13. Circles
14. Amanes


La intrusa - Pedro Orgambide


La intrusa
Pedro Orgambide


Ella tuvo la culpa, señor juez. Hasta entonces, el día que llegó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar con mis propias manos el papel carbónico. En cuanto a esa, me pareció sospechosa desde el primer momento.
Vino con tantas ínfulas a la oficina. Además, ¡que exageración!, recibirla con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí trabajando como si nada pasara. Los otros se deshacían de elogios. Alguno, deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree usted que yo me inmuté por eso, señor juez? No. Tengo mis principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero hay cosas que me colman la medida. La intrusa, poco a poco me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el pelo, señor, y
soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo de ayer. “González –me dijo el gerente–, lamento decirle que la empresa ha decidido prescindir de sus servicios”. Veinte años, señor juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue con la alcahuetería. Y yo, que nunca dije una mala palabra, la insulté. Sí, confieso que la insulté, señor juez, y que le pegué, con todas mis fuerzas. Fui yo quien le pegó con el fierro. Le gritaba y le gritaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi carrera, la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de lata, como quien dice.

Inkubus Sukkubus - Scien and Nature


Gothic Metal
Inkubus Sukkubus - Scien and Nature (2007)

1. Science And Nature (Pump It Up)
2. Messalina
3. Nightwing
4. Sanctuary
5. Lie With Me
6. Catholic Taste
7. Inner Demon
8. Aryan Adrian
9. Three Women And The Sea
10. Fool
11. The Fallen
12. Sympathy For The Devil


El Cordobazo 29 mayo 1969


El Cordobazo

El 29 de mayo de 1969, Córdoba fue el escenario de una movilización popular que sacudiría a la dictadura de entonces. Tres jornadas de violentos enfrentamientos callejeros se generaron por la cruel represión de la policía y el ejército contra el pueblo. El dictador Onganía había colocado como interventor en Córdoba a Carlos Caballero, un hombre de su confianza, caracterizado por su gorilismo y su ineptitud. En Córdoba, la resistencia a la mal llamada "Revolución Argentina" fue muy importante desde su misma instalación, el 28 de junio de 1966, debido a la comunión entre obreros y estudiantes, siendo uno de los hechos más trágicos la muerte de Santiago Papillon el 7 de septiembre de 1966. La Delegación de la CGT de los Argentinos encabezaba la lucha contra la entrega del capital nacional a los monopolios extranjeros y la opresión al pueblo, la supresión de las conquistas laborales y las garantías y libertades individuales y públicas. Se destacaban los combativos Agustín J. Tosco, Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza y Atilio H. López, un veterano luchador peronista, miembro de la Unión Tranviarios Automotor. A ellos se sumaba la fuerza de los obreros mecánicos. El 14 de mayo de 1969 se reprime una asamblea de obreros de la industria automotriz contra la eliminación del sábado inglés. El 16 la UTA paraliza la ciudad, acompañada por Luz y Fuerza. Mientras tanto en Corrientes matan al estudiante Juan José Cabral y en Rosario a Adolfo Mario Bello.

El 26 las dos centrales obreras cordobesas adheridas a la CGT de los Argentinos y a la conducción de Azopardo proclaman un paro activo para el 29. El acatamiento fue muy impotante y la concentración fue reprimida violentamente, muriendo un obrero de Ika Renault. Luego matan a otro trabajador, lo que produce indignación. El pueblo comienza a formar barricadas y avanza sobre la policía, que se repliega. Ochenta y cinco mil obreros, treinta y cinco mil estudiantes universitarios y quince mil secundarios, junto con amas de casa, comerciantes y profesionales, escribían la historia, dando treinta mártires a la jornada.

Comenzaba el final de un dictador, pero faltaba mucho para derrocar a la dictadura. Las detenciones y persecuciones que se produjeron no sirvieron para aplacar el ansía de justicia y libertad del pueblo. Estos hechos se reproducirían luego en Catamarca, Rosario, Cipolletti, etc., ahogando el deseo de los dictadores de mantenerse en el poder.
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El Clérigo Malvado - H.P.Lovecraft




EL CLÉRIGO MALVADO
H. P. LOVECRAFT

Un hombre grave que parecía inteligente con ropa discreta y barba gris, me hizo pasar a la habitación del ático, y me habló en estos términos:
—Sí, aquí vivió él..., pero le aconsejo que no toque nada. Su curiosidad le vuelve irresponsable. Nosotros jamás subimos aquí de noche; y si lo conservamos todo tal como está, es sólo por su testamento. Ya sabe lo que hizo. Esa abominable sociedad se hizo cargo de todo al final, y no sabemos dónde está enterrado. Ni la ley ni nada lograron llegar hasta esa sociedad.
»——Espero que no se quede aquí hasta el anochecer. Le ruego que no toque lo que hay en la mesa, eso que parece una caja de fósforos. No sabernos qué es, pero sospechamos que tiene que ver con lo que hizo. Incluso evitamos mirarlo demasiado fijamente.
Poco después, el hombre me dejó solo en la habitación del ático. Estaba muy sucia, polvorienta y primitivamente amueblada, pero tenía una elegancia que indicaba que no era el tugurio de un plebeyo. Había estantes repletos de libros clásicos y de teología, y otra librería con tratados de magia: de Paracelso, Alberto Magno, Tritemius, Ilermes Trismegisto, Boreilus y demás, en extraños caracteres cuyos títulos no fui capaz de descifrar. Los muebles eran muy sencillos. Había unapuerta, pero daba acceso tan sólo a un armario empotrado. La única salida era la abertura del suelo, hasta la que llegaba la escalera tosca y empinada. Las ventanas eran de ojo de buey, y las vigas de negro roble revelaban una increíble antigüedad. Evidentemente, esta casa pertenecía a la vieja Europa. Me parecía saber dónde me encontraba, aunque no puedo recordar lo queentonces sabía.
Desde luego, la ciudad no era Londres. Mi impresión es que se trataba de un pequeño puerto de mar.
El objeto de la mesa me fascinó totalmente. Creo que sabia manejarlo, porque saqué una linterna eléctrica —o algo que parecía una linterna— del bolsillo, y comprobé nervioso sus destellos. La luz no era blanca, sino violeta, y el haz que proyectaba era menos un rayo de luz que una especie de bombardeo radiactivo. Recuerdo que yo no la consideraba una linterna corriente: en efecto, llevaba una normal en otro bolsillo.
Estaba oscureciendo, y los antiguos tejados y chimeneas, afuera, parecían muy extraños tras los cristales de las ventanas de ojo de buey. Finalmente, haciendo acopio de valor, apoyé en mi hbro el pequeño objeto de la mesa y enfoqué hacia él los rayos de la peculiar luz violeta. La luz pareció asemejarse aún más a una lluvia o granizo de minúsculas partículas violeta que a un haz continuo de luz.
Al chocar dichas partículas con la vítrea superficie del extraño objeto parecieron producir una crepitación, como el chisporroteo de un tubo vacío al ser atravesado por una lluvia de chispas. La oscura superficie adquirió una incandescencia rojiza, y una forma vaga y blancuzca pareció tomar forma en su centro. Entonces me di cuenta de que no estaba solo en la habitación.., y me guardé el proyector de rayos en el bolsillo.
Pero el recién llegado no habló, ni oí ningún ruido durante los momentos que siguieron. Todo era una vaga pantomima como vista desde inmensa distancia a través de una neblina... Aunque, por otra parte, el recién llegado y todos los que fueron viniendo a continuación aparecían grandes y próximos, como si estuviesen a la vez lejos y cerca,obedeciendo a alguna geometría anormal.
El recién llegado era un hombre flaco y moreno, de estatura media, vestido con el traje clerical de la Iglesia anglicana.
Aparentaba unos treinta años y tenía la tez cetrina, olivácea, y un rostro agradable, pero su frente era anormalmente alta.
Su cabello negro estaba bien cortado y pulcramente peinado y su cara afeitada, si bien le azuleaba el mentón debido al pelo crecido. Usaba gafas sin montura, con aros de acero. Su figura, y las facciones de la mitad inferior de la cara, eran como las de los clérigos que yo había visto, pero su frente era asombrosamente alta, y tenía una expresión más hosca e inteligente, a la vez que más sutil y secretamente perversa.
En ese momento - acababa de encender una débil lámpara de aceite—-. parecía nervioso; y antes de que yo me diese cuenta había empezado a arrojar los libros de magia a una chimenea que había junto a una ventana de la habitación (donde la pared se inclinaba pronunciadamente), en la que no había reparado yo hasta entonces. Las llamas consumían
los volúmenes con avidez, saltando en extraños colores y despidiendo un olor indeciblemente nauseabundo mientras las páginas de misteriosos jeroglíficos y las carcomidas encuadernaciones eran devoradas por el elemento devastador.
De repente, observé que había otras personas en la estancia:
hombres con aspecto grave, vestidos de clérigo, entre los que había uno que llevaba corbatín y calzones de obispo. Aunque no conseguía oír nada, me di cuenta de que estaban comunicando una decisión de enorme trascendencia al primero de los llegados. Parecía que le odiaban y le temían al mismo tiempo, y que tales sentimientos eran recíprocos. Su rostro mantenía una expresión severa; pero observé que, al tratar de agarrar el respaldo de una silla, le temblaba la mano derecha. El obispo le señaló la estantería vacía y la chimenea (donde las flamas se habían apagado en medio de un montón de residuos carbonizados e informes), preso al parecer de especial disgusto. El primero de los recién llegados esbozó entonces una sonrisa forzada, y extendió la mano izquierda hacia el pequeño objeto de la mesa. Todos parecieron sobresaltarse. El cortejo de clérigos comenzó a desfilar por la empinada escalera, a través de la trampa del suelo, al tiempo que se volvían y hacían gestos amenazadores al desaparecer.
El obispo fue el último en abandonar la habitación.
El que había llegado primero fue a un armario del fondo y sacó un rollo de cuerda. Subió a una silla, ató un extremo a un gancho que colgaba de la gran viga central de negro roble y empezó a hacer un nudo corredizo en el otro extremo.
Comprendiendo que se iba a ahorcar, corrí con idea de disuadirle o salvarle. Entonces me vio, suspendió los preparativos y miró con una especie de triunfo que me desconcertó y me llenó de inquietud. Descendió lentamente de la silla y empezó a avanzar hacia mí con una sonrisa claramente lobuna en su rostro oscuro de delgados labios.
Sentí que me encontraba en un peligro mortal y saqué el extraño proyector de rayos como arma de defensa. No sé por qué, pensaba que me sería de ayuda. Se lo enfoqué de lleno a la cara y vi inflamarse sus facciones cetrinas, con una luz violeta primero y luego rosada. Su expresión de exultación lobuna empezó a dejar paso a otra de profundo temor, aunque no llegó a borrársele enteramente. Se detuvo en seco; y agitando los brazos violentamente en el aire, empezó a retroceder tambaleante. Vi que se acercaba a la abertura del suelo y grité para prevenirle; pero no me oyó. Un instante después. trastabilló hacia atrás. cayó por la abertura y desapareció de mi vista.
Me costó avanzar hasta la trampilla de la escalera. pero al llegar descubrí que no había ningún cuerpo aplastado en el piso de abajo. En vez de eso. me llegó el rumor de gentes que subían con linternas; se había roto el momento de silencio fantasmal y otra vez oía ruidos y veía figuras normalmente tridimensionales. Era evidente que algo había atraído a la multitud a este lugar. ¿Se había producido algún ruido que yo no había oído? A continuación, los dos hombres (simples vecinos del pueblo, al parecer) que iban a la cabeza me vieron de lejos, y se quedaron paralizados. Uno de ellos gritó de forma atronadora:
—¡Ahhh!... ¿Conque eres tú? ¿Otra vez?
Entonces dieron media vuelta y huyeron frenéticamente.
Todos menos uno. Cuando la multitud hubo desaparecido vi al hombre grave de barba gris que me había traído a este lugar, de pie, solo, con una linterna. Me miraba boquiabierto, fascinado, pero no con temor. Luego empezó a subir la escalera, y se reunió conmigo en el ático. Dijo:
¡Así que no ha dejado eso en paz! Lo siento. Sé lo que ha pasado. Ya ocurrió en otra ocasión, pero el hombre se asusto y se pegó un tiro. No debía haberle hecho volver. Usted sabe qué es lo que él quiere. Pero no debe asustarse como se asustó el otro. Le ha sucedido algo muy extraño y terrible,aunque no hasta el extremo de dañarle la mente y la personalidad. Si conserva la sangre fría, y acepta la necesidad de efectuar ciertos reajustes radicales en su vida, podrá seguir gozando de la existencia y de los frutos de su saber. Pero no puede vivir aquí, y no creo que desee regresar a Londres. Mi consejo es que se vaya a América.
No debe volver a tocar ese... objeto. Ahora, ya nada puede ser como antes. El hacer —o invocar— cualquier cosa no serviría sino para empeorar la situación. No ha salido usted tan mal parado como habría podido ocurrir..., pero tiene que marcharse de aquí inmediatamente, y establecerse en otra parte. Puede dar gracias al cielo de que no haya sido más grave.
»—-Se lo explicaré con la mayor franqueza posible. Se ha operado cierto cambio en... su aspecto personal. Es algo que él siempre provoca. Pero en un país nuevo, usted puede acostumbrarse a ese cambio. Allí, en el otro extremo de la habitación, hay un espejo; se lo traeré. Va a sufrir una fuerte impresión.. aunque no será nada repulsivo.
Me eché a temblar, dominado por un miedo mortal; el hombre barbado casi tuvo que sostenerme mientras me acompañaba hasta el espejo, con la débil lámpara (es decir, la que antes estaba sobre la mesa, no el farol, más débil aún,que él había traído) en la mano. Y lo que ví en el espejo fue esto:
Un hombre flaco y moreno, de estatura media, y vestido con el traje clerical de la Iglesia anglicana, de unos treinta años, y con unos lentes sin montura y aros de acero, cuyos cristales brillaban bajo su frente cetrina, olivácea, normalmente alta.
Era el individuo silencioso que había llegado el primero y había quemado los libros.
¡Durante el resto de mi vida, físicamente, yo iba a ser ese hombre!



Héroes y Villanos - Angela Carter


Héroes y Villanos - Angela Carter

Marianne tenía ojos penetrantes, fríos, y mal genio, pero su padre la amaba. El padre era Profesor de Historia; en el comedor familiar, sobre el aparador en que guardaban la heredada vajilla de acero inoxidable, tenía un reloj al que daba cuerda todas las mañanas. Marianne pensaba que el reloj era la mascota de su padre, como lo fuera el conejito para ella, pero el conejito murió pronto y se lo entregaron al Profesor de Biología para que lo destripara, mientras que el reloj continuó con su inescrutable tic-tac. Marianne concluyó, pues, que el reloj era inmortal, pero esto no la impresionó. Mientras comía, sentada a la mesa, observaba con indiferencia el movimiento de las manecillas, pero nunca sentía que el tiempo pasase, pues estaba congelado alrededor de ella en ese apartado lugar, donde una quietud pastoral se adueñaba de todo y el infatigable reloj tallaba las horas en esculturas de hielo.
(Así empieza Héroes y villanos...)


Within Temptation - The rare, the best


Within Temptation - The rare, the best (2007)

01- Towards the end
02- Destroyed (demo)
03- The Howling
04- Deep Within
05- Deceiver of fools
06- Ice queen
07- Gatekeeper
08- Jane Doe
09- What Have you Done (rock mix)
10- Enter
11- Running up that Hill
12- Grace
13- Overcome
14- Candles
15- The Other half of me
16- What have you Done (single version)



Bocas del Tiempo (cuentos cortos) - Eduardo Galeano




Bocas del tiempo
Eduardo Galeano

El viaje
Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo.
Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.

Huellas
Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad sea dicha, aunque ya andaban erguidos y no ten ían rabo.
Un volcán cercano, ahora llamado Sadiman, estaba echando cenizas por la boca. El cenizal guardó los pasos de la pareja, desde aquel tiempo, a través de todos los tiempos. Bajo el manto gris han quedado, intactas, las huellas. Y esos pies nos dicen, ahora, que aquella Eva y aquel Adán venían caminando juntos, cuando a cierta altura ella se detuvo, se desvió y caminó unos pasos por su cuenta. Después, volvió al camino compartido.
Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda.
Algunos añitos han pasado. La duda sigue.

El nacimiento
El hospital público, ubicado en el barrio más copetudo de Río de Janeiro, atendía a mil pacientes por día. Eran, casi todos, pobres o pobrísimos.
Un médico de guardia contó a Juan Bedoian: -La semana pasada, tuve que elegir entre dos nenas recién nacidas. Aquí hay un solo respirador artificial. Ellas llegaron al mismo tiempo, ya moribundas, y yo tuve que decidir cuál iba a vivir.
Yo no soy quién, pensó el médico: que decida Dios.
Pero Dios no dijo nada.
Eligiera a quien eligiera, el médico iba a cometer un crimen. Si no hacía nada, cometía dos.
No había tiempo para la duda. Las nenas estaban en las últimas, ya yéndose de este mundo.
El médico cerró los ojos. Una fue condenada a morir, y la otra fue condenada a vivir.

Primeras letras
De los topos, aprendimos a hacer túneles.
De los castores, aprendimos a hacer diques.
De los pájaros, aprendimos a hacer casas.
De las arañas, aprendimo s a tejer.
Del tronco que rodaba cuesta abajo, aprendimos la rueda.
Del tronco que flotaba a la deriva, aprendimos la nave.
Del viento, aprendimos la vela.
¿Quién nos habrá enseñado las malas mañas? ¿De quién
aprendimos a atormentar al prójim o y a humillar al mundo?


Instrucciones para triunfar en el oficio
Hace mil años, dijo el sultán de Persia:
-Qué rica.
Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.
Un par de bocados después, el sultán dijo:
-Qué porquería.
Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosa berenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.
-Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estás echando al infierno –comentó un insidioso.
Y el poeta, que era un profeta de los medios masivos de comunicación, puso las cosas en su lugar:
-Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de l a berenjena.

La historia que pudo ser
Cristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y ni siquiera tenía pasaporte.
A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podía contagi ar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país.
Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar México y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.
Pedro de Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar en Chile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.
Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas de Massachusetts no había cuotas abiertas de inmigración.

El paso del tiempo
Seis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría el primer día de enero.
Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo.
No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.
España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial y devoraba miles y más miles de legionarios, obligó a Roma a cambiar la cuenta de sus días y los ciclos de sus asuntos de estado.
Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la capital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.
En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen sus restos. Casi nada ha quedado de esta ciudad
que cambió, para siempre, el calendario universal.
Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas, brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres y los años.

El puerto
La abuela Raquel estaba ciega cuando murió. Pero tiempo después, en el sueño de Helena, la abuela veía.
En el sueño, la abuela no tenía un montón de años, ni era un puñado de cansados huesitos: ella era nueva, era una niña de cuatro años que estaba culminando la travesía de la mar desde la remota Besarabia, una emigrante entre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela pedía a Helena que la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quería ver el puerto de Buenos Aires.
Y así, en el sueño, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega veía el puerto del país desconocido donde iba a vivir toda su vida.

El vuelo de los años
Cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje hacia el sur, desde las tierras frías de la América del Norte.
Un río fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas, va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Las mariposas vuelan sobre montañas y praderas y playas y ciudades y desiertos.
Pesan poco más que el aire. Durante los cuatro mil quilómetros de travesía, unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias; pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centro de México.
Allí descubren ese reino jamás visto, que desde lejos las llamaba.
Para volar han nacido: para volar este vuelo. Después, regresan a casa. Y allá en el norte, mueren.
Al año siguiente, cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje…

Los emigrantes, ahora
Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.
No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano.
En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.
Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente.
Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados.
Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar.
Sebastião Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes. Y las trescientas imágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Suma solamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.

La trama del tiempo
Tenía cinco años cuando se fue.
Creció en otro país, habló otra lengua.
Cuando regresó, ya había vivido mucha vida.
Felisa Ortega llegó a la ciudad de Bilbao, subió a lo alto del monte Artxanda y anduvo el camino, que no había olvidado, hacia la casa que había sido su casa.
Todo le parecía pequeño, encogido por los años; y le daba vergüenza que los vecinos escucharan los golpes de tambor que le sacudían el pecho.
No encontró su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa de la cocina donde su madre, que le leía cuentos, había cortado de un tijeretazo al lobo que la hacía llorar. Tampoco encontró el balcón, desde donde había visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.
Al rato, los vecinos se animaron a decírselo: no, esta casa no era su casa. Su casa había sido aniquilada. Ésta que ella estaba viendo se había construido sobre las ruinas.
Entonces, alguien apareció, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:
-Soy Elena.
Se gastaron abrazándose.
Mucho habían corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.
Y dijo Elena:
-Tengo algo para ti.
Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.
Felisa la reconoció. Su madre ofrecía, en esa fuente, las galletitas de avellanas que hacía para todos.
Elena la había encontrado, intacta, entre los escombros, y se la había guardado durante cincuenta y ocho años.

La ruta de los salmones
A poco de nacer, los salmones abandonan sus ríos y se marchan a la mar.
En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje de regreso.
Desde la mar, remontan los ríos. Guiados por alguna brújula secreta, nadan a contracorriente, sin detenerse nunca, saltando a través de las cascadas y de los pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.
Vuelven para parir y morir.
En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Llegan convertidos en peces enormes, que del rosa pálido han pasado al naranja rojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.
El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco su lugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destino están cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de grava y rocas. Los salmones han cambiado y su lugar también ha cambiado. Pero ellos llevan millones de años creyendo que el regreso existe, y que no mienten los pasajes de ida y vuelta.

El paso del tiempo
Seis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría el primer día de enero.
Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo.
No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.
España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial y devoraba miles y más miles de legionarios, obligó a Roma a cambiar la cuenta de sus días y los ciclos de sus asuntos de Estado.
Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la capital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.
En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen sus restos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambió, para siempre, el calendario universal.
Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas, brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres y los años.


Si fuera posible, Comandante

Si Fuera Posible Comandante

Ah, si fuera posible sanarte
colocarte toda la carne , y toda la piel
y encauzar los ríos de tu sangre
y devolverte el alma y sacarte las balas
para devolverte el hombre .

Ah si fuera posible
reintregrarte tu uniforme
Comandante, temblarían los opresores
con solo pensarte.

Ah¡ si fuera posible
traerte tus soldados,
a la Tania a Camilo a Raúl,
otorgarles la posibilidad de rescatarnos.

Si fuera posible
lamer tu sudor y empaparnos
de tu hombría.
Vestirte de nuevo
con botas de plomo
y corazón de ángel.

Ah si fuera posible encontrar
tu fusil y tus palabras y tu sangre
bebida por la tierra y tu llanto
mordido por los dientes
temblarían los imperios
con solo nombrarte.

Diana Olmedo
Fuente

Gothic Melancholy Vol. 9


Gothic Melancholy Vol. 9


01-Autumn - Gallery Of Reality
02- Blutengel - Any Chance
03- Chiasm - Delay
04- Collide - Tempted
05- Demora - When Lights Go Out
06- Entwine - Refill My Soul
07- Epica - Run For A Fall (Acoustic)
08- Flowing Tears - Serpentine
09- HIM - Wicked Game
10- Project Pitchfork - Existence
11- Sirenia - Save Me From Myself
12- The Crüxshadows - Satellite
13- The Gathering - Confusion
14- Theatre Of Tragedy - Venus
15- ToDieFor - In The Heat Of The Night
16- Within Temptation - The Swan Song


Las Babas del Diablo - Julio Cortázar


Dibujo de Ricardo Carpani

Las Babas del Diablo
Julio Cortázar

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos

Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Contax 1. 1.2) y a lo mejor puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo, tú, ella-la mujer rubia-y las nubes. Pero de tonto sólo tengo la suerte, y sé que si me voy, esta Remington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de doblemente quietas que tienen las cosas movibles cuando no se mueven. Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es que todo esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto, que estoy menos comprometido que el resto; yo que no veo más que las nubes y puedo pensar sin distraerme, escribir sin distraerme (ahí pasa otra, con un borde gris) y acordarme sin distraerme, yo que estoy muerto (y vivo, no se trata de engañar a nadie, ya se verá cuando llegue el momento, porque de alguna manera tengo que arrancar y he empezado por esta punta, la de atrás, la del comienzo, que al fin y al cabo es la mejor de las puntas cuando se quiere contar algo).

De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se averguenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas, que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.

Y ya que vamos a contarlo pongamos un poco de orden, bajemos por la escalera de esta casa hasta el domingo 7 de noviembre, justo un mes atrás. Uno baja cinco pisos y ya está en el domingo, con un sol insospechado para noviembre en París, con muchísimas ganas de andar por ahí, de ver cosas, de sacar fotos (porque éramos fotógrafos, soy fotógrafo). Ya sé que lo más difícil va a ser encontrar la manera de contarlo, y no tengo miedo de repetirme. Va a ser difícil porque nadie sabe bien quién es el que verdaderamente está contando, si soy yo o eso que ha ocurrido, o lo que estoy viendo (nubes, y a veces una paloma) o si sencillamente cuento una verdad que es solamente mi verdad, y entonces no es la verdad salvo para mi estómago, para estas ganas de salir corriendo y acabar de alguna manera con esto, sea lo que fuere.

Vamos a contarlo despacio, ya se irá viendo qué ocurre a medida que lo escribo. Si me sustituyen, si ya no sé qué decir, si se acaban las nubes y empieza alguna otra cosa (porque no puede ser que esto sea estar viendo continuamente nubes que pasan, y a veces una paloma), si algo de todo eso... Y después del «si», ¿qué voy a poner, cómo voy a clausurar correctamente la oración? Pero si empiezo a hacer preguntas no contaré nada; mejor contar, quizá contar sea como una respuesta, por lo menos para alguno que lo lea.

Roberto Michel, franco-chileno, traductor y fotógrafo aficionado a sus horas, salió del número 11 de la rue Monsieur LePrince el domingo 7 de noviembre del año en curso (ahora pasan dos más pequeñas, con los bordes plateados). Llevaba tres semanas trabajando en la versión al francés del tratado sobre recusaciones y recursos de José Norberto Allende, profesor en la Universidad de Santiago. Es raro que haya viento en París, y mucho menos un viento que en las esquinas se arremolinaba y subía castigando las viejas persianas de madera tras de las cuales sorprendidas señoras comentaban de diversas maneras la inestabilidad del tiempo en estos últimos años. Pero el sol estaba también ahí, cabalgando el viento y amigo de los gatos, por lo cual nada me impediría dar una vuelta por los muelles del Sena y sacar unas fotos de la Conserjería y la Sainte-Chapelle. Eran apenas las diez, y calculé que hacia las once tendría buena luz, la mejor posible en otoño; para perder tiempo derivé hasta la isla Saint & endash; Louis y me puse a andar por el Quai d'Anjou, miré un rato el hotel de Lauzun, me recité unos fragmentos de Apollinaire que siempre me vienen a la cabeza cuando paso delante del hotel de Lauzun (y eso que debería acordarme de otro poeta, pero Michel es un porfiado), y cuando de golpe cesó el viento y el sol se puso por lo menos dos veces más grande (quiero decir más tibio, pero en realidad es lo mismo), me senté en el parapeto y me sentí terriblemente feliz en la mañana del domingo.

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata de estar acechando la mentira como cualquier reporter, y atrapar la estúpida silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con un pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/25O. Ahora mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) podía quedarme sentado en el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo. Y ya no soplaba viento.

Después seguí por el Quai de Bourbon hasta llegar a la punta de la isla, donde la íntima placita (íntima por pequeña y no por recatada, pues da todo el pecho al río y al cielo) me gusta y me regusta. No había más que una pareja y, claro, palomas; quizá alguna de las que ahora pasan por lo que estoy viendo. De un salto me instalé en el parapeto y me dejé envolver y atar por el sol, dándole la cara, las orejas, las dos manos (guardé los guantes en el bolsillo). No tenía ganas de sacar fotos, y encendí un cigarrillo por hacer algo; creo que en el momento en que acercaba el fósforo al tabaco vi por primera vez al muchachito.

Lo que había tomado por una pareja se parecía mucho más a un chico con su madre, aunque al mismo tiempo me daba cuenta de que no era un chico con su madre, de que era una pareja en el sentido que damos siempre a las parejas cuando las vemos apoyadas en los parapetos o abrazadas en los bancos de las plazas. Como no tenía nada que hacer me sobraba tiempo para preguntarme por qué el muchachito estaba tan nervioso, tan como un potrillo o una liebre, metiendo las manos en los bolsillos, sacando en seguida una y después la otra, pasándose los dedos por el pelo, cambiando de postura, y sobre todo por qué tenía miedo, pues eso se lo adivinaba en cada gesto, un miedo sofocado por la vergüenza, un impulso de echarse atrás que se advertía como si su cuerpo es tuviera al borde de la huida, con teniéndose en un último y lastimoso decoro.

Tan claro era todo eso, ahí a cinco metros-y estábamos solos contra el parapeto, en la punta de la isla-, que al principio el miedo del chico no me dejó ver bien a la mujer rubia. Ahora, pensándolo, la veo mucho mejor en ese primer momento en que le leí la cara (de golpe había girado como una veleta de cobre, y los ojos, los ojos estaban ahí), cuando comprendí vagamente lo que podía estar ocurriéndole al chico y me dije que valía la pena quedarse y mirar (el viento se llevaba las palabras, los apenas murmullos). Creo que sé mirar, si es que algo sé, y que todo mirar rezuma falsedad, porque es lo que nos arroja más afuera de nosotros mismos, sin la menor garantía, en tanto que oler, o (pero Michel se bifurca fácilmente , no hay que dejarlo que declame a gusto). De todas maneras, si de antemano se prevé la probable falsedad, mirar se vuelve posible; basta quizá elegir bien entre el mirar y lo mirado, desnudar a las cosas de tanta ropa ajena. Y. claro, todo esto es más bien difícil.

Del chico recuerdo la imagen antes que el verdadero cuerpo (esto se entenderá después), mientras que ahora estoy seguro que de la mujer recuerdo mucho mejor su cuerpo que su imagen. Era delgada y esbelta, dos palabras injustas para decir lo que era, y vestía un abrigo de piel casi negro, casi largo, casi hermoso. Todo el viento de esa mañana (ahora soplaba apenas, y no hacía frío) le había pasado por el pelo rubio que recortaba su cara blanca y sombría-dos palabras injustas-y dejaba al mundo de pie y horriblemente solo delante de sus ojos negros, sus ojos que caían sobre las cosas como dos águilas, dos saltos al vacío, dos ráfagas de fango verde. No describo nada, trato más bien de entender. Y he dicho dos ráfagas de fango verde.

Seamos justos, el chico estaba bastante bien vestido y llevaba unos guantes amarillos que yo hubiera jurado que eran de su hermano mayor, estudiante de derecho o ciencias sociales; era gracioso ver los dedos de los guantes saliendo del bolsillo de la chaqueta. Largo rato no le vi la cara, apenas un perfil nada tonto- pájaro azorado, ángel de Fra Filippo, arroz con leche y una espalda de adolescente que quiere hacer judo y que se ha peleado un par de veces por una idea o una hermana. Al filo de los catorce, quizá de los quince, se le adivinaba vestido y alimentado por sus padres, pero sin un centavo en el bolsillo, teniendo que deliberar con los camaradas antes de decidirse por un café, un coñac, un atado de cigarrillos. Andaría por las calles pensando en las condiscípulas, en lo bueno que sería ir al cine y ver la última película, o comprar novelas o corbatas o botellas de licor con etiquetas verdes y blancas. En su casa (su casa sería respetable, sería almuerzo a las doce y paisajes románticos en las paredes, con un oscuro recibimiento y un paragüero de caoba al lado de la puerta) llovería despacio el tiempo de estudiar, de ser la esperanza de mamá, de parecerse a papá, de escribir a la tía de Avignon. Por eso tanta calle, todo el río para él (pero sin un centavo) y la ciudad misteriosa de los quince años, con sus signos en las puertas, sus gatos estremecedores, el cartucho de papas fritas a treinta francos, la revista pornográfica doblada en cuatro, la soledad como un vacío en los bolsillos, los encuentros felices, el fervor por tanta cosa incomprendida pero iluminada por un amor total, por la disponibilidad parecida al viento y a las calles.

Esta biografía era la del chico y la de cualquier chico, pero a éste lo veía ahora aislado, vuelto único por la presencia de la mujer rubia que seguía hablándole. (Me cansa insistir, pero acaban de pasar dos largas nubes desflecadas. Pienso que aquella mañana no miré ni una sola vez el cielo, porque tan pronto presentí lo que pasaba con el chico y la mujer no pude más que mirarlos y esperar, mirarlos y...). Resumiendo, el chico estaba inquieto y se podía adivinar sin mucho trabajo lo que acababa de ocurrir pocos minutos antes, a lo sumo media hora. El chico había llegado hasta la punta de la isla, vio a la mujer y la encontró admirable. La mujer esperaba eso porque estaba ahí para esperar eso, o quizá el chico llegó antes y ella lo vio desde un balcón o desde un auto, y salió a su encuentro, provocando el diálogo con cualquier cosa, segura desde el comienzo de que él iba a tenerle miedo y a querer escaparse, y que naturalmente se quedaría, engallado y hosco, fingiendo la veteranía y el placer de la aventura. El resto era fácil porque estaba ocurriendo a cinco metros de mí y cualquiera hubiese podido medir las etapas del juego, la esgrima irrisoria; su mayor encanto no era su presente, sino la previsión del desenlace. El muchacho acabaría por pretextar una cita, una obligación cualquiera, y se alejaría tropezando y confundido, queriendo caminar con desenvoltura, desnudo bajo la mirada burlona que lo seguiría hasta el final. o bien se quedaría, fascinado o simplemente incapaz de tomar la iniciativa, y la mujer empezaría a acariciarle la cara, a despeinarlo, hablándole ya sin voz, y de pronto lo tomaría del brazo para llevárselo, a menos que él, con una desazón que quizá empezara a teñir el deseo, el riesgo de la aventura, se animase a pasarle el brazo por la cintura y a besarla. Todo esto podía ocurrir, pero aún no ocurría, y perversamente Michel esperaba, sentado en el pretil, aprontando casi sin darse cuenta la cámara para sacar una foto pintoresca en un rincón de la isla con una pareja nada común hablando y mirándose.

Curioso que la escena (la nada, casi: dos que están ahí, desigualmente jóvenes) tuviera como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo, y que mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad. Me hubiera gustado saber qué pensaba el hombre del sombrero gris sentado al volante del auto detenido en el muelle que lleva a la pasarela, y que leía el diario o dormía. Acababa de descubrirlo porque la gente dentro de un auto detenido casi desaparece , se pierde en esa mísera jaula privada de la belleza que le dan el movimiento y el peligro. Y sin embargo el auto había estado ahí todo el tiempo, formando parte (o deformando esa parte) de la isla. Un auto: como decir un farol de alumbrado, un banco de plaza. Nunca el viento, la luz del sol, esas materias siempre nuevas para la piel y los ojos, y también el chico y la mujer, únicos, puestos ahí para alterar la isla, para mostrármela de otra manera. En fin, bien podía suceder que también el hombre del diario estuviera atento a lo que pasaba y sintiera como yo ese regusto maligno de toda expectativa. Ahora la mujer había girado suavemente hasta poner al muchachito entre ella y el parapeto, los veía casi de perfil y él era más alto, pero no mucho más alto, y sin embargo ella lo sobraba, parecía como cernida sobre él (su risa, de repente, un látigo de plumas), aplastándolo con sólo estar ahí, sonreír, pasear una mano por el aire. ¿Por qué esperar más? Con un diafragma dieciséis, con un encuadre donde no entrara el horrible auto negro, pero sí ese árbol, necesario para quebrar un espacio demasiado gris...

Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía, y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial. No tuve que esperar mucho. La mujer avanzaba en su tarea de maniatar suavemente al chico, de quitarle fibra a fibra sus últimos restos de libertad, en una lentísima tortura deliciosa. Imaginé los finales posibles (ahora asoma una pequeña nube espumosa, casi sola en el cielo), preví la llegada a la casa (un piso bajo probablemente, que ella saturaría de almohadones y de gatos) y sospeché el azoramiento del chico y su decisión desesperada de disimularlo y de dejarse llevar fingiendo que nada le era nuevo. Cerrando los ojos, si es que los cerré, puse en orden la escena, los besos burlones, la mujer rechazando con dulzura las manos que pretenderían desnudarla como en las novelas, en una cama que tendría un edredón lila, y obligándolo en cambio a dejarse quitar la ropa, verdaderamente madre e hijo bajo una luz amarilla de opalinas, y todo acabaría como siempre, quizá, pero quizá todo fuera de otro modo, y la iniciación del adolescente no pasara, no la dejaran pasar, de un largo proemio donde las torpezas, las caricias exasperantes, la carrera de las manos se resolviera quién sabe en qué, en un placer por separado y solitario, en una petulante negativa mezclada con el arte de fatigar y desconcertar tanta inocencia lastimada. Podía ser así, podía muy bien ser así; aquella mujer no buscaba un amante en el chico, y a la vez se lo adueñaba para un fin imposible de entender si no lo imaginaba como un juego cruel, deseo de desear sin satisfacción, de excitarse para algún otro, alguien que de ninguna manera podía ser ese chico.

Michel es culpable de literatura, de fabricaciones irreales. Nada le gusta más que imaginar excepciones, individuos fuera de la especie, monstruos no siempre repugnantes. Pero esa mujer invitaba a la invención, dando quizá las claves suficientes para acertar con la verdad. Antes de que se fuera, y ahora que llenaría mi recuerdo durante muchos días, porque soy propenso a la rumia, decidí no perder un momento más. Metí todo en el visor (con el árbol, el pretil, el sol de las once) y tomé la foto. A tiempo para comprender que los dos se habían dado cuenta y que me estaban mirando, el chico sorprendido y como interrogante, pero ella irritada, resueltamente hostiles su cuerpo y su cara que se sabían robados, ignominiosamente presos en una pequeña imagen química.

Lo podría contar con mucho detalle, pero no vale la pena. La mujer habló de que nadie tenía derecho a tomar una foto sin permiso, y exigió que le entregara el rollo de película. Todo esto con una voz seca y clara, de buen acento de París, que iba subiendo de color y de tono a cada frase. Por mi parte se me importaba muy poco darle o no el rollo de película, pero cualquiera que me conozca sabe que las cosas hay que pedírmelas por las buenas. El resultado es que me limité a formular la opinión de que la fotografía no sólo no está prohibida en los lugares públicos, sino que cuenta con el más decidido favor oficial y privado. Y mientras se lo decía gozaba socarronamente de cómo el chico se replegaba, se iba quedando atrás-con sólo no moverse-y de golpe (parecía casi increíble) se volvía y echaba a correr, creyendo el pobre que caminaba y en realidad huyendo a la carrera, pasando al lado del auto, perdiéndose como un hilo de la Virgen en el aire de la mañana.

Pero los hilos de la Virgen se llaman también babas del diablo, y Michel tuvo que aguantar minuciosas imprecaciones, oírse llamar entrometido e imbécil, mientras se esmeraba deliberadamente en sonreír y declinar, con simples movimientos de cabeza, tanto envío barato. Cuando empezaba a cansarme, oí golpear la portezuela de un auto. El hombre del sombrero gris estaba ahí, mirándonos. Sólo entonces comprendí que jugaba un papel en la comedia.

Empezó a caminar hacia nosotros, llevando en la mano el diario que había pretendido leer. De lo que mejor me acuerdo es de la mueca que le ladeaba la boca, le cubría la cara de arrugas, algo cambiaba de lugar y forma porque la boca le temblaba y la mueca iba de un lado a otro de los labios como una cosa independiente y viva, ajena a la voluntad. Pero todo el resto era fijo, payaso enharinado u hombre sin sangre, con la piel apagada y seca, los ojos metidos en lo hondo y los agujeros de la nariz negros y visibles, más negros que las cejas o el pelo o la corbata negra. Caminaba cautelosamente, como si el pavimento le lastimara los pies; le vi zapatos de charol, de suela tan delgada que debía acusar cada aspereza de la calle. No sé por qué me había bajado del pretil, no sé bien por qué decidí no darles la foto, negarme a esa exigencia en la que adivinaba miedo y cobardía. El payaso y la mujer se consultaban en silencio: hacíamos un perfecto triángulo insoportable, algo que tenía que romperse con un chasquido. Me les reí en la cara y eché a andar, supongo que un poco más despacio que el chico. A la altura de las primeras casas, del lado de la pasarela de hierro, me volví a mirarlos. No se movían, pero el hombre había dejado caer el diario; me pareció que la mujer, de espaldas al parapeto, paseaba las manos por la piedra, con el clásico y absurdo gesto del acosado que busca la salida.

Lo que sigue ocurrió aquí, casi ahora mismo, en una habitación de un quinto piso. Pasaron varios días antes de que Michel revelara las fotos del domingo; sus tomas de la Conserjería y de la Sainte&endash;Chapelle eran lo que debían ser. Encontró dos o tres enfoques de prueba ya olvidados, una mala tentativa de atrapar un gato sombrosamente encaramado en el techo de un mingitorio callejero, y también la foto de la mujer rubia y el adolescente. El negativo era tan bueno que preparó una ampliación; la ampliación era tan buena que hizo otra mucho más grande, casi como un afiche. No se le ocurrió (ahora se lo pregunta y se lo pregunta) que sólo las fotos de la Conserjería merecían tanto trabajo. De toda la serie, la instantánea en la punta de la isla era la única que le interesaba; fijó la ampliación en una pared del cuarto, y el primer día estuvo un rato mirándola y acordándose, en esa operación comparativa y melancólica del recuerdo frente a la perdida realidad; recuerdo petrificado, como toda foto, donde nada faltaba, ni siquiera y sobre todo la nada, verdadera fijadora de la escena. Estaba la mujer, estaba el chico, rígido el árbol sobre sus cabezas, el cielo tan fijo como las piedras del parapeto, nubes y piedras confundidas en una sola materia inseparable (ahora pasa una con bordes afilados, corre como en una cabeza de tormenta). Los dos primeros días acepté lo que había hecho, desde la foto en sí hasta la ampliación en la pared, y no me pregunté siquiera por qué interrumpía a cada rato la traducción del tratado de José Norberto Allende para reencontrar la cara de la mujer, las manchas oscuras en el pretil. La primera sorpresa fue estúpida; nunca se me había ocurrido pensar que cuando miramos una foto de frente, los ojos repiten exactamente la posición y la visión del objetivo; son esas cosas que se dan por sentadas y que a nadie se le ocurre considerar. Desde mi silla, con la máquina de escribir por delante, miraba la foto ahí a tres metros, y entonces se me ocurrió que me había instalado exactamente. en el punto de mira del objetivo. Estaba muy bien así; sin duda era la manera más perfecta de apreciar una foto, aunque la visión en diagonal pudiera tener sus encantos y aun sus descubrimientos. Cada tantos minutos, por ejemplo cuando no encontraba la manera de decir en buen francés lo que José Alberto Allende decía en tan buen español, alzaba los ojos y miraba la foto; a veces me atraía la mujer, a veces el chico, a veces el pavimento donde una hoja seca se había situado dmirablemente para valorizar un sector lateral. Entonces descansaba un rato de mi trabajo, y me incluía otra vez con gusto en aquella mañana que empapaba la foto, recordaba irónicamente la imagen colérica de la mujer reclamándome la fotografía, la fuga ridícula y patética del chico, la entrada en escena del hombre de la cara blanca. En el fondo estaba satisfecho de mí mismo; mi partida no había sido demasiado brillante, pues si a los franceses les ha sido dado el don de la pronta respuesta, no veía bien por qué había optado por irme sin una acabada demostración de privilegios, prerrogativas y derechos ciudadanos. Lo importante, lo verdaderamente importante era haber ayudado al chico a escapar a tiempo (esto en caso de que mis teorías fueran exactas, lo que no estaba suficientemente probado, pero la fuga en sí parecía demostrarlo). De puro entrometido le había dado oportunidad de aprovechar al fin su miedo para algo útil; ahora estaría arrepentido, menoscabado, sintiéndose poco hombre. Mejor era eso que la compañía de una mujer capaz de mirar como lo miraban en la isla; Michel es puritano a ratos, cree que no se debe corromper por la fuerza. En el fondo, aquella foto había sido una buena acción.

No por buena acción la miraba entre párrafo y párrafo de mi trabajo. En ese momento no sabía por qué la miraba, por qué había fijado la ampliación en la pared; quizá ocurra así con todos los actos fatales, y sea ésa la condición de su cumplimiento. Creo que el temblor casi furtivo de las hojas del árbol no me alarmó, que seguí una frase empezada y la terminé redonda. Las costumbres son como grandes herbarios, al fin y al cabo una ampliación de ochenta por sesenta se parece a una pantalla donde proyectan cine, donde en la punta de una isla una mujer habla con un chico y un árbol agita unas hojas secas sobre sus cabezas.

Pero las manos ya eran demasiado. Acababa de escribir: Donc, la seconde clé réside dans la nature intrinsèque des difficultés que les sociétés-y vi la mano de la mujer que empezaba a cerrarse despacio, dedo por dedo. De mí no quedó nada, una frase en francés que jamás habrá de terminarse, una máquina de escribir que cae al suelo, una silla que chirría y tiembla, una niebla. El chico había agachado la cabeza, como los boxeadores cuando no pueden más y esperan el golpe de desgracia; se había alzado el cuello del sobretodo, parecía más que nunca un prisionero, la perfecta víctima que ayuda a la catástrofe. Ahora la mujer le hablaba al oído, y la mano se abría otra vez para posarse en su mejilla, acariciarla y acariciarla, quemándola sin prisa. El chico estaba menos azorado que receloso, una o dos veces atisbó por sobre el hombro de la mujer y ella seguía hablando, explicando algo que lo hacía mirar a cada momento hacia la zona donde Michel sabía muy bien que estaba el auto con el hombre del sombrero gris, cuidadosamente descartado en la fotografía pero reflejándose en los ojos del chico y (cómo dudarlo ahora) en las palabras de la mujer, en las manos de la mujer, en la presencia vicaria de la mujer. Cuando vi venir al hombre, detenerse cerca de ellos y mirarlos, las manos en los bolsillos y un aire entre hastiado y exigente, patrón que va a silbar a su perro después de los retozos en la plaza, comprendí, si eso era comprender, lo que tenía que pasar, lo que tenía que haber pasado, lo que hubiera tenido que pasar en ese momento, entre esa gente, ahí donde yo había llegado a trastrocar un orden, inocentemente inmiscuido en eso que no había pasado pero que ahora iba a pasar, ahora se iba a cumplir. Y lo que entonces había imaginado era mucho menos horrible que la realidad, esa mujer que no estaba ahí por ella misma, no acariciaba ni proponía ni alentaba para su placer, para llevarse al ángel despeinado y jugar con su terror y su gracia deseosa. El verdadero amo esperaba, sonriendo petulante, seguro ya de la obra; no era el primero que mandaba a una mujer a la vanguardia, a traerle los prisioneros maniatados con flores. El resto sería tan simple, el auto, una casa cualquiera, las bebidas, las láminas excitantes, las lágrimas demasiado tarde, el despertar en el infierno. Y yo no podía hacer nada, esta vez no podía hacer absolutamente nada. Mi fuerza había sido una fotografía, ésa, ahí, donde se vengaban de mí mostrándome sin disimulo lo que iba a suceder. La foto había sido tomada, el tiempo había corrido; estábamos tan lejos unos de otros, la corrupción seguramente consumada, las lágrimas vertidas, y el resto conjetura y tristeza. De pronto el orden se invertía, ellos estaban vivos, moviéndose, decidían y eran decididos, iban a su futuro; y yo desde este lado, prisionero de otro tiempo, de una habitación en un quinto piso, de no saber quiénes eran esa mujer y ese hombre y ese niño, de ser nada más que la lente de mi cámara, algo rígido, incapaz de intervención. Me tiraban a la cara la burla más horrible, la de decidir frente a mi impotencia, la de que el chico mirara otra vez al payaso enharinado y yo comprendiera que iba a aceptar, que la propuesta contenía dinero o engaño, y que no podía gritarle que huyera, o simplemente facilitarle otra vez el camino con una nueva foto, una pequeña y casi humilde intervención que desbaratara el andamiaje de baba y de perfume. Todo iba a resolverse allí mismo, en ese instante; había como un inmenso silencio que no tenía nada que ver con el silencio físico. Aquello se tendía, se armaba. Creo que grité, que grité terriblemente, y que en ese mismo segundo supe que empezaba a acercarme, diez centímetros, un paso, otro paso, el árbol giraba cadenciosamente sus ramas en primer plano, una mancha del pretil salía del cuadro, la cara de la mujer, vuelta hacia mí como sorprendida, iba creciendo, y entonces giré un poco, quiero decir que la cámara giró un poco, y sin perder de vista a la mujer empezó a acercarse al hombre que me miraba con los agujeros negros que tenía en el sitio de los ojos, entre sorprendido y rabioso miraba queriendo lavarme en el aire, y en ese instante alcancé a ver como un gran pájaro fuera de foco que pasaba de un solo vuelo delante de la imagen, y me apoyé en la pared de mi cuarto y fui feliz porque el chico acababa de escaparse, lo veía corriendo, otra vez en foco, huyendo con todo el pelo al viento, aprendiendo por fin a volar sobre la isla, a llegar a la pasarela, a volverse a la ciudad. Por segunda vez se les iba, por segunda vez yo lo ayudaba a escaparse, lo devolvía a su paraíso precario. Jadeando me quedé frente a ellos; no había necesidad de avanzar más, el juego estaba jugado. De la mujer se veía apenas un hombro y algo de pelo, brutalmente cortado por el cuadro de la imagen; pero de frente estaba el hombre, entreabierta la boca donde veía temblar una lengua negra, y levantaba lentamente las manos, acercándolas al primer plano, un instante aún en perfecto foco, y después todo él un bulto que borraba la isla, el árbol, y yo cerré los ojos y no quise mirar más, y me tapé la cara y rompí a llorar como un idiota.

Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con alfileres en la pared de mi cuarto. Fue lo que vi al abrir los ojos y secármelos con los dedos: el cielo limpio, y después una nube que entraba por la izquierda, paseaba lentamente su gracia y se perdía por la derecha. Y luego otra, y a veces en cambio todo se pone gris, todo es una enorme nube, y de pronto restallan las salpicaduras de la lluvia, largo rato se ve llover sobre la imagen, como un llanto al revés, y poco a poco el cuadro se aclara, quizá sale el sol, y otra vez entran las nubes, de a dos, de a tres. Y las palomas, a veces, y uno que otro gorrión.



Narsilion - Nerbeleth


Narsilion - Nerbeleth (2004)

1 Prelude (1:49)
2 A Night In Fairyland (6:54)
3 Lost Horizons (6:23)
4 Dreams About The Eternity (3:44)
5 My Falling Darkness (7:17)
6 El Llanto De Las Sirenas (7:14)
7 The Voice Of Sin (3:30)
8 Mirror Of Nature (7:41)
9 Existencia Encantada (3:52)
10 My Pagan Land (6:04)
11 Nerbeleth (5:14)


La Muerte Natural de Marulanda



La muerte natural de Marulanda
César Jérez
Agencia Prensa Rural
Se murió de viejo, tal vez en el momento menos oportuno para las FARC, cuando la guerrilla encaja una cadena de duros golpes y la noticia de su muerte le baja decibeles al escándalo del poder mafioso en Colombia.Mostrar/Ocultar


Dicen que Marulanda nunca conoció el mar, no le alcanzó el tiempo. El albur de la guerra y la añorada por sus enemigos muerte violenta del guerrillero, lo llevaron en la dirección geográfica contraria, a la altura del páramo, a los ríos gruesos y a la espesura de la selva.

Cuentan que cuando Marulanda se enguerrilleró con los liberales junto a catorce de sus primos no sabía leer ni escribir. No había escuelas ni maestros. Como no las hay todavía por el mudo rural en el que transcurre la guerrilla. Se puede leer en alguna de las pocas entrevistas que concedió que su sueño infantil era ser un campesino como lo fueron en su familia.

La historia de un país con una enorme capacidad para recrear la muerte y la violencia promovida por el mal gobierno convirtieron a Pedro Antonio Marín en Manuel Marulanda, transformaron a un campesino en un guerrero trashumante, a un liberal en comunista y a una persona sin educación formal en un dirigente político capaz de fundar una guerrilla, además, en un geógrafo de a pie, que sin embargo no conoció físicamente el Caribe o el Pacífico.

La historia reciente de Colombia ha sido la historia de su vida. Los que lo odiaron dedicaron toda su existencia a rumiar su anhelada muerte mientras se morían ellos mismos en la espera; los que lo aman se han dedicado a narrar su vida impenetrable para la muerte, sus proezas de combatiente, su sueño de una nueva Colombia, hasta convertirlo en un mito legendario. Bandido para unos. La revolucionaria esperanza para otros.

Mientras se moría de muerte natural el ruido de la guerra atronaba la montaña. 526 granadasde mortero y 114 bombardeos aéreos eran lanzados sobre su presunto paradero, según el comandante de las fuerzas militares. Nunca le pegaron un tiro.

Se murió de viejo, tal vez en el momento menos oportuno para las FARC, cuando la guerrilla encaja una cadena de duros golpes y la noticia de su muerte le baja decibeles al escándalo del poder mafioso en Colombia. Ahora buscan su cadáver por entre la selva para verificarle las heridas mortales y tratar de ganar algo más en esta guerra.

Pero como escribió Arturo Alape, tal vez la persona de afuera de las FARC que más conoció a Marulanda, refiriéndose a los códigos que enmarcaron la persecución contra el alzado en armas: "La muerte natural del perseguido sería un duro golpe en el corazón del perseguidor, al tocar las sensibles fibras de su odio acumulado, y dejar sin argumentos su razón de ser, porque se le ha escapado la víctima como se escapa el polvo entre las manos…Ese ciclo fatal de perseguidor - perseguido…, tiene en el rostro de la muerte natural, su más terrible enemigo…El signo de la persecución de la muerte en la vida del otro, ha sido herida, cicatriz, tatuaje sobre la geografía y el cuerpo de la reciente historia de Colombia. ¿Cuándo terminará este ciclo? La respuesta está en la sangré que fluye en la vida del hombre."

En una de sus últimas apariciones en televisión, un periodista le pregunta al veterano combatiente sobre la humanización de la guerra. La respuesta fue una síntesis filosófica que refleja la visión del guerrero circunstancial: "¿dígame usted, qué guerra es humana?, la guerra no hay que humanizarla, hay que acabarla."

Preguntas - Juan Gelman


Preguntas
Juan Gelman


Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quien eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte, mezclarme en tus cabellos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.



Misteriosa Oscuridad


Misteriosa Oscuridad

Sobre suaves y acolchonadas sábanas de seda, sentía la tranquilidad de un ambiente silencioso y lleno de un aroma a rosas que encantaba al olfato. Dulces melodías de un violín se escuchaban a lo lejos junto a extraños suspiros sin sentido que hacían que todo pareciera un sueño inolvidable. Sin dolor físico, sin penas, sin preocupaciones, sólo habitaba la soledad. Raramente la sangre de mis venas no se sentía fluir y los latidos de mi corazón estaban ausentes. El desespero llegó a mí cuando me percato que no existía respiración en mis pulmones, ni visión alguna frente a mis ojos y que mi cuerpo estaba inmóvil y posicionado frígidamente boca arriba. Duda y confusión llenaron mi ser, decidiéndome a averiguar que estaba ocurriendo aparté mi mente de todo pensamiento. Agudicé mis sentidos y me enfoqué en el aroma. ¿Flores? Si. Raramente el olor a flores llegó nuevamente a mí, pero esta vez más específico, arreglos de flores me rodeaban. El calor de velas se sintió un instante y lejanas voces comenzaron a oírse cerca de mí. Mi príncipe, su voz destacaba entre las demás y su cercanía eliminó mi sentimiento de soledad. Pero ¿porqué lloras, mi dulce amor? Entonces sus manos acariciaron las mías, lágrimas caían sobre ellas. Comenzó a hablarme: - Amor mío, doncella de mi alma, fuiste y sigues siendo tan hermosa, tan frágil. Tu vida fue mía y la mía fue tuya. Tantos atardeceres que no podremos volver a ver, tantas noches de pasión que nunca volverán, tantas sonrisas tuyas que me voy a perder. ¿Porqué me abandonas de esta manera?-
¿¿¿Abandonar???
Pero si estoy aquí contigo, ¿porqué hablas así? Me pregunto. Mi voz, ¿donde está mi voz? Las palabras se ahogan dentro de mí sin ser declamadas. Se escucha un golpe sobre madera. Pero ¿donde estoy? Otro golpe, esta vez rendido. Mi amado está golpeando, pero ¿qué golpea?... Se aclara mi mente y llegan conclusiones ciertas... Aquí estoy, inmóvil y quieta entre suaves sedas dentro de un sólido ataúd de madera. Sollozos, flores y melancólicas melodías acompañan los tristes sentimientos de los que aquí están en mi última velada. Mi amado príncipe sufre sobre mi ataúd. Y así descubro que estoy muerta, que este es mi funeral...

Leaves' Eyes - Vinland Saga


Leaves' Eyes - Vinland Saga (2005)

1. Vinland Saga (3:12)
2. Farewell Proud Men (4:04)
3. Elegy (5:07)
4. Solemn Sea (3:44)
5. Leaves' Eyes (3:59)
6. Thorn (4:05)
7. Misseri (Turn Green Meadows into Grey) (3:50)
8. Amhrán (Song of the Winds) (2:48)
9. New Found Land (3:28)
10. Mourning Tree (4:03)
11. Twilight Sun (3:22)
12. Ankomst (3:55)


El Libro de los Espíritus (parte 1)


El Libro de los Espíritus (parte 1)




I N T R O D U C C I O N

Tras la muerte física la persona accede a otro plano llamado Mundo Astral donde continua su existencia. En este plano de existencia vivirá haciendo uso de sus dos cuerpos superiores (cuerpo astral y mental), pero será precisamente el cuerpo astral el vehículo idóneo para desenvolverse en el. La persona muerta -al igual que cada uno de nosotros- fue ciudadano en transito de ese mundo a lo largo de toda su existencia terrenal, porque cada noche, durante el sueño, se produce el mismo desdoblamiento de los cuerpos que en el acto de la muerte, pero sin ruptura del cordón. De este modo, cada noche el cuerpo astral vive plenamente en su mundo sin la limitación que supone el cuerpo físico. No importa si al despertar la persona retiene a nivel consciente las impresiones recibidas allí, puesto que surtirán efecto, de todos modos, en su vida ordinaria. Es curiosa, en ese sentido, la popular referencia de "lo consultaré con la almohada" antes de tomar una decisión y que sin duda responde u a una ancestral intuición de que durante el sueño uno puede conocer determinadas respuestas porque accede "allí" donde estas son conocidas. El mundo astral es tan nuestro como el planeta que nos acoge porque pasamos en el una buena parte de nuestra vida diaria, aunque no lo
recordemos o lo hagamos vagamente. El cuerpo astral puede sentir deseos pero no puede percibir sensaciones al faltarle el cuerpo físico (una vez
muerta la persona).
Hablamos del mundo astral y de sus diferentes niveles como dimensiones que el ser humano transita después de la muerte física, pero no podemos pensar que aquel sea un mundo deshabitado que acoge en su soledad al ser fallecido. La religión, en una simplificación excesiva, identifica a dos categorías de seres como habitantes habituales de ese mundo: los ángeles y
santos por un lado y los demonios por otro. Pero la cosa no es tan simple si nos atenemos a la "otra ciencia", y la organización "social" de aquel mundo se intuye extremadamente compleja e inaccesible a hombre común.
Podemos no obstante, aproximarnos a la realidad observando lo mas esencial. La zona purgatorial -recordemos que comprende las tres regiones inferiores, incluido el infierno- es la sede natural de los luciferianos, es decir, de aquellos ángeles que, según las escrituras, se revelaron y Dios arrojó al abismo. Dicen los ocultistas que los luciferianos trabajan para recuperar el rango perdido y, entre sus funciones, está la de ayudar al humano fallecido en la ineludible tarea de asumir sobre si las energías infernales creadas por el durante su vida- lo que comúnmente llamamos pecados- y que conlleva un determinado tormento. Es natural que atribuyamos los sufrimientos infernales a los luciferianos dada su
colaboración en el proceso, pero se comprende fácilmente, después de lo dicho, que ellos no son sino unos meros agentes puestos al servicio de una
necesidad regeneradora promovida por el propio hombre.
Otro tipo de habitantes de esa zona son los elementales, llamados así por que a su vez, constituyen los elementos básicos de la creación: fuego, agua, aire y tierra. Son entidades energéticas muy poco evolucionadas que no tienen consciencia de si mismas, y cuya función consiste en ser material al servicio de otro ser superior que los maneje. Los elementales que habitan en esas bajas regiones del astral son los utilizados en las
prácticas de magia negra. El hombre que conozca determinadas claves puede manejarlos a su antojo. De la misma manera podemos comprender que los
elementales no producen ninguna acción por si mismos.
También existen en esa zona los llamados artificiales, que toman ese nombre porque no son entidades vivas en si, sino creaciones humanas.
Trataré de explicarlo: cuando el hombre vivo siente un deseo, automáticamente se crea una imagen de ese deseo en el mundo astral y si dicho deseo es repetido intensamente, la imagen creada se convierte en permanente y tiene su tipo de vida en ese mundo. En esas bajas regiones existen artificiales creados por el hombre, pero únicamente aquellos generados por el odio, venganza, lujuria, etc. Tales colectivos actúan como una fuerza impulsora capaz de inspirar las mas bajas pasiones en los seres vivos. Hay dos artificiales especialmente característicos en esa
zona: el Guardián del Umbral y el Tentador, de los que se hablará posteriormente.
Finalmente digamos que también son habitantes de esa zona los seres humanos en sueños. Allí puede tener encuentros con familiares fallecidos
recientemente y tales experiencias no suelen ser reconfortantes. El panorama cambia radicalmente cuando nos elevamos a las zonas celestiales.
Las tres regiones superiores del mundo astral el cielo y, en consecuencia, la sede de los ángeles estructurados en nueve jerarquías: Ocoros, Serafines, Querubines, Tronos, Potestades, Virtudes, Dominaciones, Principados, Arcángeles y Ángeles. Ellos viven en este mundo de la misma
manera que los humanos en la Tierra y se ocupan de la organización de la vida allí. También se encuentran en esa región los elementales, pero a
diferencia de los que referíamos al hablar de la zona purgatorial, estos son los que pueden ser creados para crear armonía, belleza, salud, bienestar... Al igual que los otros, también el hombre puede utilizarlos, solo que, en esta ocasión, podrá hacer auténticos milagros gracias a
ellos. Del mismo modo existen los Artificiales, pero aquí son el fruto de deseos sublimes de los hombres que también inspiran nobles acciones a los vivos. En los espacios celestiales existen igualmente unas entidades llamadas Espíritus Grupales. Están mucho mas avanzadas que el hombre, y su función es la de promover y controlar la evolución de las diferentes especies animales hasta que estos alcancen su individualidad. A esta región acceden igualmente las almas de los niños que mueren antes de los
14 años, viviendo un auténtico paraíso.

ESTRUCTURA DEL MUNDO ASTRAL
El mundo astral viene a ser una esfera que contiene dentro de si al planeta Tierra, al cual interpenetra parcialmente y luego sobrepasa en
muchos kilómetros. Hay una zona -la mas baja del mundo astral-, que se entremezcla con la corteza terrestre donde habitamos los humanos, de tal
manera que las formas de vida de aquella dimensión se mueven entre nosotros aunque resulten invisibles al ojo humano, al igual que resulta invisible un sentimiento, siendo que esta formado de la misma energía. El resto del mundo astral es una espesa capa del mundo celeste que nos rodea.
Pero tal mundo no es nada simple y la complejidad de formas de vida existentes en nuestro planeta es basura en comparación a lo que allí existe. El mundo astral esta integrado por 7 niveles o regiones formadas por sustancia, o energía, cada vez mas sutil a medida que nos elevamos.
Tales niveles son conocidos con los siguientes nombres, comenzando por el mas denso:
1 - Región de las Pasiones y Viles Deseos ¦ Zona
2 - Región de la Impresionabilidad ¦ Purgatorial
3 - Región de los Anhelos ¦ Infierno
4 - Región de los Sentimientos ¦ Zona neutra - Limbo
5 - Región de la Vida del Alma ¦
6 - Región de la Luz del Alma ¦ Cielo
7 - Región del Poder del Alma ¦

NATURALEZA DEL CUERPO ASTRAL
El ser humano dispone de un cuerpo físico mediante el cual puede "hacer" cosas en el sentido de realización o de ejecución práctica mas estricto, de tal manera que la mas insignificante acción sería imposible sin la existencia de dicho vehículo: el cuerpo físico esta diseñado para expresar los efectos de causas remotas, para hacer visible, tangible, lo que antes fue un deseo y mucho antes una idea. Producir ideas es la función del cuerpo mental, mientras que producir deseos la del cuerpo astral que finalmente se llevan a cabo por el cuerpo físico. La idea surge primero, después aparece el deseo de llevarla a cabo o de vivirla y
finalmente se produce el hecho.

VIAJE ASTRAL
Todos los seres humanos accedemos cada noche, durante el sueño al mundo astral, y ese es un viaje natural que responde a una dinámica necesaria en
el desarrollo humano y, por lo tanto, provista en el orden de la creación.
Esas visitas nocturnas procuran a la persona energías y experiencias que le ayudan mas tarde en su vida física, puesto que allí es asistido por
entidades espirituales mas avanzadas que le aconsejan y guían. Tales viajes suelen no ser recordados por la persona al despertar y, aún cuando los recuerden, la descripción de aquel mundo es diferente de una persona a otra. Aquel es el hábitat natural de los ángeles y solo estos conocen su compleja estructura, mientras que el hombre cuando accede allí, solo tiene una visión parcial y esa es la que testimonia la suya personal.

EL GUARDIAN DEL UMBRAL Y EL TENTADOR
Hay dos variedades excepcionales de artificiales. El Guardián del Umbral es todas las acciones, deseos y sentimientos innobles ejercidos por uno mismo o suscitados en los demás por las propias acciones. Es decir, todo lo malo que salga de nosotros hacia los demás y lo malo generado por
los demás a nosotros mismos; esto constituye una imagen de nuestra personalidad inferior en el bajo astral, un artificial que representa la parte perversa del individuo. Esto es la primera imagen que aparece en el fallecido una vez en el mundo astral. El Tentador es la figura de otro artificial generado exclusivamente por los deseos repetidos por el individuo y que, una vez desarrollado, es capaz de movilizar las energías internas de este en orden a la satisfacción de tales deseos.

EL ANGEL CUSTODIO
Es el artificial que refleja nuestros impulsos mas nobles y elevados.
Esta formado por todo el bien que nuestra actuación produce en los demás, por nuestros mas nobles sentimientos y por todo lo bueno que hemos suscitado en los otros y que provoca en ellos nobles deseos hacia nosotros mismos. La persona que haya desarrollado un potente ángel custodio esta realmente protegida contra las energías procedentes de los bajos astrales.


Nine Inch Nails: The Perfect Drug


Nine Inch Nails: The Perfect Drug (Versions) (1997)

1 The Perfect Drug (Remix By Jack Dangers) (7:39)
2 The Perfect Drug (Remix By Luke Vibert) (6:59)
3 The Perfect Drug (Remix By Keith Hillebrandt & Trent Reznor) (8:25)
4 The Perfect Drug (Recreation By Jonah Sharp) (5:48)
5 The Perfect Drug (Remix By The Orb) (6:17)
6 The Perfect Drug (Original Version) (5:15)


Entre la espada y la pared




Entre la espada y la pared
Cristina Peri Rossi

El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela; si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues, que pretenda establecerse entre ellas, es falsa, y como tal, la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared, menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe –la espada, la pared– comprenderán enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes (que yo disimulo por pudor) y el frío de la pared congestiona mis pulmones, aunque yo toso con discreción. Si consiguiera escurrirme (imposible salvación), la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido
tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera.
Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la
espada avanza.
He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque
dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces me olvido que se trata de una pared de hielo, y, cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza.
He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas
se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión pulmonar o me desangraré a causa de una herida; esto no me preocupa.
Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe un lugar donde vivir.



Within Temptation - Restless


Within temptation - Restless (1997)

1. Restless (single mix)
2. Restless (orchestral mix)
3. Pearls of Light


Mitología Griega


Mitología Griega


Orfeo Y Eurídice

En tiempos antiguos, había un rey de Tracia llamado Eagro. Como las mujeres mortales no le satisfacían, se enamoró de la musa Calíope. A ella también le gustó y de su unión nació un niño, al que llamaron Orfeo. Calíope tenía el don divino de poder cantar, que enseñó con destreza a su hijo. Tan hermosos eran los cantos del niño que el propio dios Apolo estaba encantado, y le regaló una lira que tocó con tanta dulzura que hasta las piedras lloraban.Mostrar/Ocultar


Cuando creció, apareció un heraldo que le anunció el intento de Jasón de traer de vuelta el vellocino de oro. Se unió gustoso a los otros valientes griegos en el viaje, utilizando su música para vencer las muchas dificultades que en el camino surgieron. Pero deseaba volver a Tracia, pues estaba enamorado de una bella doncella llamada Eurídice. No obstante, el amor no se mostró generoso con ellos: justo después de casarse, ella dio con una víbora que la mordió y murió.

Orfeo se mostró inconsolable. Con su arpa en la mano, tomó la senda de los espíritus de los muertos y descendió a los infiernos. En su camino, encantó con sortilegios todos los guardianes hasta que consiguió llegar a la morada del dios Hades, señor del inframundo. Intercedió a Hades y a Perséfone a favor de su Eurídice y juró que si no conseguía volver a la tierra con ella, permanecería en el mundo de los muertos para siempre. Sus corazones se ablandaron con los cantos de Orfeo y los dioses cedieron. Le dijeron que se marchase y que su mujer iría tras él pero que no podría durante el viaje de vuelta mirar hacia atrás, so pena de perderla para siempre. Justo cuando volvía a la superficie, se giró para ver si no se había perdido en la espesa niebla. Ella estaba justo detrás de él, pero aún no había llegado a la superficie. Hermes, el mensajero, que les había seguido, invisible, la cogió y tiró de ella para devolverla al mudo de los muertos. Orfeo sólo tuvo un breve instante para levantar su velo y mirar su cara una última vez. Entonces, despareció. Con el corazón destrozado, Orfeo no podía soportar mirar a otra mujer, y durante los tres años siguientes, sirvió de sacerdote en el templo de Apolo. Las muchachas seguían acosándolo, pero las rechazaba, lo que les provocaba indignación. Orfeo no había perdido el deseo sino que ahora su pasión era el amor de los muchachos. Enseñó a los hombres de la Tracia el arte de amar muchachos y les reveló que, a través de ese amor, se podía volver a sentir la juventud, tocar la inocencia de la juventud, oler las flores de la primavera. Tuvo muchos amantes. El más destacado era el joven Calais, el alado, hijo de Boreo, el viento del Norte, su amigo y compañero en el Argos.

Pero el destino había dispuesto que su amor por Calais tendría un final abrupto. A principios de una primavera, durante las dionisiacas, ocurrió, cuando las mujeres de la Tracia asumían el papel de Ménades, las alegres y desbocadas sirvientes de Dionisio, el dios del vino, de la pasión y del abandono. Odiaban a Orfeo por haberlas rechazado cuando lo deseaban, por reservarse para los muchachos que ellas habían codiciado y por reírse tan abiertamente de su amor. Un día, cantó con tal dulzura que incluso los pájaros se callaron para escucharlo y los árboles se habían inclinado para oírlo mejor; cantaba a los dioses que han amado a muchachos, a Zeus y Ganímedes, a Apolo y sus amantes, a cómo incluso los dioses pueden perder a sus amados cuando les atrapan las garras de la muerte.

Ausente en su música, no se notó la presencia de las airadas Ménades en la linde del bosque. En un rapto de rabia, cayeron sobre él. "¿No tienes tiempo para nosotras, oh, dulce y hermoso muchacho?" gritó una. "Nuestros cuerpos, nuestras voces, no tienen el poder de encantarte, hombre antinatural?" gritó otra. "¡Conoce, pues, la furia de aquello que desprecias!" gritaron y todas le pegaron con ramas de árboles hasta tirarlo al suelo, desgarraron su cuerpo en pedazos y echaron sus restos al río. Orfeo, el más encantador de los hombres, murió pero su cabeza y su lira se alejaron flotando por el río Hebros, aún cantando, y siguió navegando sin rumbo hasta llegar a la isla de Lesbos, donde, al llegar a la playa, una gran serpiente se precipitó sobre él, pero fue convertida en piedra por Apolo. Colocaron su cabeza en una gruta sagrada, donde formuló profecías durante muchos años. A petición de Apolo y de las Musas, su lira fue llevada volando por Zeus a los cielos, donde aún hoy puede verse en forma de constelación de estrellas.

Mientras tanto, Orfeo se halló nuevamente en el inframundo, esta vez para siempre y paseó allí felizmente por sus Campos Elíseos, una vez más inseparable de su Eurídice.

Plutarco nos cuenta que las Ménades que asesinaron a Orfeo fueron castigadas por sus maridos, que las dejaron marcadas con tatuajes en brazos y piernas. Otros dicen que los dioses, furiosos con ellas, iban a haberlas matado por sus faltas pero que Dionisio las castigó atándolas al suelo con raíces, convirtiéndolas posteriormente en robles.


Poseidón y Pelops

Tántalo, rey de Sigilo, primera ciudad construida por el hombre, era hijo de Zeus y gran amigo suyo. El rey de los dioses le confió muchos secretos y le invitó a menudo a los banquetes del Monte Olimpo para compartir con él ambrosía y néctar divinos. Pero Tántalo, cegado por el orgullo, traicionó la confianza de Zeus, revelando sus secretos y robando manjares del Olimpo para que los probasen sus amigos mortales. Una vez invitó a los dioses a un festín en su casa y como quiso servirles lo mejor, hizo que cortasen en trozos y guisasen a su hijo Pelops (cuyo nombre significa "Cara Fangosa") sin que le dijesen una palabra a su madre Dione. Los dioses no tocaron la comida, excepto Deméter quien tan distraída estaba por la reciente pérdida de su Perséfone, su hija, que mordió el hombro -el mejor corte- que le habían puesto en el plato. Por sus crímenes, el reino de Tántalo fue reducido a escombros. Murió a manos del propio Zeus y echado al pozo más profundo del Hades, donde había de sufrir eterno tormento de sufrir eternamente hambre y sed eternas.

Una vez castigado el padre, Zeus se aplicó a la tarea de devolver al hijo a la vida. Ordenó a Hermes que reuniese todas las piezas y las volviese a echar al caldero, tras lo que produjo un hechizo. Se puso a hervir de nuevo y el hada Cloto volvió a unir las piezas. Deméter sustituyó el hombre que había comido por uno hecho del marfil más puro. Con el tiempo, el hombro blanco sería una característica que designaría a todos los descendientes de Pelops. Rea, la madre de todos los dioses, le insufló nueva vida mientras que Pan bailaba un baile de alegría en torno al fuego.

Pelops salió renovado del caldero y, aunque antes ya era hermoso, su belleza era ahora incomparable. Poseidón, dios de los mares, vio al radiante muchacho, de quien se enamoró al momento. Con su corazón embargado por el deseo, lo alzó a su carro, tirado por corceles dorados, y se lo llevó al Olimpo. Dione, su madre, envió hombres a buscarlo por todo Sipilo, pero no hallaron ni rastro del muchacho. Arriba en el Olimpo, Poseidón nombró a Pelops su copero y amante. Alimentó al joven con ambrosía, lo paseó en su carro mágico y lo hubiese retenido para siempre a su lado pero los otros dioses, escarmentados por lo que había pasado con su padre, decretaron la vuelta de Pelops a la tierra. Poseidón se separó de su amigo con tristeza, mientras lo cubría de regalos.

Más tarde, cuando la primera barba ensombreció sus mejillas, Pelos se enamoró de la encantadora Hipodamia, hija del rey Oenomaos. Pero su padre, que había sido avisado por un oráculo de que hallaría la muerte a manos de su propio yerno, había dispuesto que quien pretendiese su mano debería ganarle en una carrera de carros o perder su vida. No tenía miedo de perder, pues sus yeguas eran las más rápidas de toda Grecia, caballos divinos dados por su padre, Ares, dios de la guerra, y su carretero, Mirtilo, era hijo de Hermes y conductor sin parangón. Doce valientes príncipes habían pretendido a la joven en matrimonio y perecieron víctimas de su lanza de bronce. Pelops, que no era tampoco mal carretero, puesto que un dios le había enseñado a hacerlo, no se arriesgó. Bajó a la orilla del mar y llamó a su antiguo amante y profesor, a quien pidió ayuda: "Escucha Poseidón, si en algo estimaste nuestro amor, dulce regalo de Afrodita, bloquea la atrevida lanza de Oenomaos y consigue que mi carro sea el más rápido. A mí me corresponde arriesgar la vida y a ti, ayudarme a ganar."

El dios, encantado de ayudar, le entregó un carro de oro que podía correr sobre las olas del océano sin mojarse siquiera, tirado por una reata de caballos alados, incansables e inmortales. De vuelta en palacio, Pelops, aún preocupado por la carrera, sobornó a Mirtilo, a quien prometió que podría pasar la noche de bodas con Hipodamia. Mirtilo, quien estaba secretamente enamorado de ella, saboteó el carro del rey. Al empezar la carrera, Pelops salió como una flecha, mientras que el rey Oenomaus, con Mirtilo a las riendas, corría cuanto podía tras él. Justo cuando se acercaron a Pelops tanto que el rey estuvo a punto de atravesarlo con su espada, las ruedas de su carro salieron desprendidas y, enredado en las riendas, fue arrastrado por sus caballos hasta morir. Así, Pelops se hizo con la mano de Hipodamia y consiguió el trono de Pisa. Pero, como ya no necesitaba a Mirtilo, lo mató para no tener que cumplir el trato. Pelops e Hipodamia tuvieron muchos hijos y Pelops engendró otro con la ninfa Axioche, un bastardo a quien nombró Crísipo. Pero sobre ellos pesaba la maldición de Mirtilo, que Hermes se encargaría de cumplir.

En desagravio por la muerte de Oenemaos, Pelops fundó un gran festival que se celebraría cada cuatro años en honor del rey, que llamó los Juegos Olímpicos. Después, Heracles (nieto de Pelops), decretó que serían en honor de Pelops y que los sacrificios que habían de hacerse en su honor debían tener lugar incluso antes que los dedicados a su padre Zeus.

Hércules e Hilas

En cuanto al amor que unía a Hércules e Hilas, el poeta Teócrito, cuyas obras fueron escritas 300 años antes de nuestra era, dijo que: "No somos los primeros mortales que vemos belleza allí donde hay belleza.. No, incluso el hijo de Anfitrión, con su corazón de bronce, aquél que derrotó al salvaje león de Nemea, amaba a un muchacho encantador, Hilas, de largo y rizado cabello. Y, igual que un padre a un hijo amado, le enseñó todas las cosas que le hicieron poderoso y reputado".

Y fueron inseparables, tanto de noche como de día. Así, moldeó al joven según sus deseos y, al estar junto a él, consiguió que alcanzase la auténtica talla de un hombre. Cuando Jasón se hizo al mar tras el Vellocino de Oro, y todos los nobles fueron con él, de todas las ciudades, a la rica ciudad de Yolcos, también vino él, el hombre de los muchos trabajos, hijo de la noble Alcmena.Y el valiente Hilas, en la flor de la edad, fue con él a bordo del Argos, ese barco de gran frustre, para portar sus flechas y custodiar su arco."

Tras muchas aventuras, y no poca lucha, arribó un día el barco a la costa de Misia y los nobles héroes celebraron una competición para saber quién era el más fuerte. Uno tras otro, los héroes se fueron cansando, hasta que sólo quedaron Jasón y Hércules. Y tan poderosamente impulsaba Hércules su remo que los fuertes remaches del barco temblaban con cada impulso, hasta que finalmente el palo del remo, de madera y tan grueso como su propio antebrazo, se partió en dos. La mitad del remo cayó al mar y la otra mitad, con Hércules, al suelo del barco. Y se sentó en silencio, mirando alrededor suyo, porque sus manos no solían estar inactivas.
A pesar de su agotamiento, los demás héroes se volvieron a poner a remar y, al caer del día, casi a la hora de la cena, llegaron al puerto misio de Kios, a la embocadura del río del mismo nombre. Como tenían buenas relaciones con ellos, los misios los acogieron cálidamente y satisficieron sus necesidades de provisiones y ovejas y gran cantidad de vino. Tras ello, algunos héroes reunieron madera seca, otros tomaron en las praderas grandes frazadas de hojas de árboles para hacer camastros mientras que otros se pusieron a frotar unos palos para empezar un fuego, mientras que otros mezclaban vino y agua en los peroles para preparar el festín, tras sacrificar uno de los corderos al anochecer en honor a Apolo Delio, dios protector de los barcos zarandeados por las olas. Pero el hijo de Zeus, deseando que sus compañeros pudiesen disfrutar la fiesta, se adentró en un bosque para poder arrancar un abeto y hacerse un nuevo remo.

Mientras, Hilas tomó un cántaro de bronce y se alejó solo, buscando un manantial sagrado, con la intención de coger agua para la cena de Hércules y tenerlo todo dispuesto para él para la cena. Pues Hércules le había inculcado tales hábitos desde que lo tomó con él, siendo aún un niño, de manos de su padre Teidamas, rey de los Driopes, a quien había matado en una pelea por un buey.

Hilas se dirigió rápidamente al manantial, que la gente del lugar llamaba Pegas. Las danzas de las ninfas [espíritu de la naturaleza] acababan de empezar, porque era su costumbre de las que moraban el lugar honorar a Artemisa con cánticos y danzas por la noche. La jerarquía de aquéllas que moraban en las cimas de las montañas y las cañadas era muy inferior de la de las que guardaban los bosques, pero Driope, una ninfa acuática, estaba incorporándose en el manantial, y vio al muchacho en su orilla, refulgiendo con ese matiz rosado de su belleza y dulce gracia, pues sobre él brillaba la luna llena, radiante en el cielo. Afrodita, la diosa del amor, hizo que su corazón flaquease y en su confusión, prácticamente enloqueció de amor.

En cuanto el incauto muchacho introdujo el cántaro en la corriente y el agua empezó a sonar al golpear contra el bronce, ella dejó caer su brazo izquierdo sobre el cuello de él, mientras reprimía las ganas de besar sus tiernos labios y, con su mano derecha, asió su hombro y le hizo caer en la niebla del remolino. Su grito ahogado sólo pudo ser oído por el héroe Polifemo, hijo de Elato. Inmediatamente, sacó su espada y se dirigió a Pega, temiendo que el joven hubiese sucumbido a bestias salvajes o a hombres que le hubiesen tendido una emboscada y se lo llevasen.

Pero el único resultado de su búsqueda fue el cántaro. Corriendo de un lado al otro, blandiendo su espada desnuda, dio con el propio Hércules, que avanzaba en la oscuridad. Le contó rápidamente lo ocurrido, con el corazón desbocado: "Mi pobre amigo, lamento ser portador de tan amargas noticias. Hilas ha ido al manantial y no ha podido volver, le oí cómo gritaba pidiendo ayuda, quizás víctima de ladrones que le han atacado y llevado consigo, quizás víctima de bestias que lo han desgarrado en pedazos".

Al oír Hércules esas palabras, brotó el sudor de sus sienes y le hirvió la sangre en su corazón airado. Iracundo, abatió el abeto y salió corriendo sin rumbo por el sendero; gritó tres veces "¡Hilas!" tan alto como pudo, con una voz tan profunda que no era suya, y el joven respondió tres veces, pero su voz apenas se oyó, atenuada por el agua.

Como el toro picado por el tábano, que ni atiende a su rebaño ni presta atención a sus pastores y ora corre, ora se para, así vagó sin rumbo fijo, Hércules furioso por el denso bosque, gritando a los lejos con aullidos fuertes y ensordecedores, cual bestia dolorida. Él y Polifemo buscaron toda la noche, e hicieron que se les uniesen todos los misios, pero sin resultado, pues Hilas había sido seducido por las ninfas y se quedó a vivir con ellas en una cueva bajo el agua.

Reunió pues Hércules a todos los Misios y les amenazó con asolar su tierra si no descubrían cuál había sido la suerte de Hilas, estuviese vivo o muerto. Para apaciguarle, designaron a los hijos más nobles y se los dieron en prenda, jurando que jamás abandonarían la tarea de buscarle, en prueba de lo cual, mucho tiempo después, los Misios realizaban sacrificios en Prusa, cerca de Pegas.

El sacerdote pronunciaba su nombre y los otros vagaban por las montañas llamando a voces al hijo de Teiodamas. También buscaron en la ciudad de Tracis, donde Hércules envió a los chicos que le fueron mandados desde Kios como rehenes.

Pedro y El Capitán - Mario Benedetti


Pedro y El Capitán - Mario Benedetti



Prólogo
El tema de Pedro y el Capitán lo pensé inicialmente como una novela, e incluso le había puesto título: El cepo. Recuerdo que en un reportaje que en 1974 me hizo el crítico uruguayo Jorge Ruffinelli, como él me preguntara sobre mis proyectos literarios de entonces, le hablé justamente de una eventual futura novela, llamada El cepo, y le dije, más o menos: "Va a ser una larga conversación entre un torturador y un torturado, en la que la tortura no estará presente como tal, aunque sí como la gran sombra que pesa sobre el diálogo. Pienso tomar al torturador y al torturado no sólo en la prisión o en el cuartel, sino mezclados con la vida particular de cada uno." Bueno, pues eso es en realidad Pedro y el Capitán.

Yo definiría la pieza como una indagación dramática en la psicología de un torturador. Algo así como la respuesta a por qué, mediante qué proceso, un ser normal puede convertirse en un torturador. Ahora bien, aunque la tortura es, evidentemente, el tema de la obra, como hecho físico no figura en la escena. Siempre he creído que, como tema artístico, la tortura puede tener cabida en la literatura o el cine, pero en el teatro se convierte en una agresión demasiado directa al espectador y, en consecuencia, pierde mucho de su posibilidad removedora. En cambio, cuando la tortura es una presencia infamante, pero indirecta, el espectador mantiene una mayor objetividad, esencial para juzgar cualquier proceso de degradación del ser humano.

La obra no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia. La distancia entre uno y otro es, sobre todo, ideológica, y es quizá ahí donde está la clave para otras diferencias, que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ante el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre traición y lealtad.

Otro aspecto a destacar es que la obra, de alguna manera, propone una relación torturador-torturado, que, aunque ha sido escasamente tocada por el teatro, se da frecuentemente en el ámbito de la verdadera represión, por lo menos en la que se practica en el Cono Sur. En Pedro y el Capitán los cuatro actos son meros intermedios, treguas entre tortura y tortura, son los breves períodos en que el interrogador "bueno" recibe al detenido, que ha sido previa y brutalmente torturado, y, en consecuencia, es de presumir que tiene las defensas bajas.

El torturado puede no ser sólo una víctima indefensa, condenada a la inevitable derrota o a la delación. También puede ser (y la historia reciente demuestra que miles de luchadores políticos la han encarado así) un hombre que derrota al poder aparentemente omnímodo, un hombre que usa su silencio casi como un escudo y su negativa casi como un arma, un hombre que prefiere la muerte a la traición. Pero aun para sostener esa actitud digna, entera, insobornable, el preso debe fabricarse sus propias verosímiles defensas y convencerse a sí mismo de su inexpugnabilidad. Cuando Pedro inventa la metáfora de que en realidad ya es un muerto, está sobre todo inventando una trinchera, un baluarte tras el cual resguardar su lealtad a sus compañeros y a su causa. En la obra hay dos procesos que se cruzan: el del militar que se ha transformado de "buen muchacho" en verdugo; el del preso que ha pasado de simple hombre común a mártir consciente. Pero quizá la verdadera tensión dramática no se dé en el diálogo sino en el interior de uno de los personajes: el Capitán.

No he querido representar en el preso a un militante de uno u otro sector político. La durísima represión ha abarcado virtualmente todo el espectro de la izquierda uruguaya, y hasta ha alcanzado a otros sectores de oposición, como pueden ser la Iglesia o los partidos tradicionales. Pedro es simplemente un preso político de izquierda que no delata a nadie, y que de algún modo humilla a su interrogador, venciéndolo mientras agoniza. Cada uno de los cuatro actos concluye con un no.

De más está decir que, aun en medio de la derrota que hoy sobrellevamos, no estoy por una literatura –y menos por un teatro– derrotista y lloriqueante, destinados a inspirar lástima y conmiseración. Tenemos que recuperar la objetividad, como una de las formas de recuperar la verdad, y tenemos que recuperar la verdad como una de las formas de merecer la victoria.





El Árbol - H.P.Lovecraft




El Árbol
H. P. Lovecraft


En una ladera verdeante del monte Maenalus, en Arcadia, hay un olivar que rodea una villa en ruinas. Muy cerca existe una tumba, en otro tiempo tan hermosa como la casa. En un extremo de ese sepulcro, de modo que sus curiosas raíces desplazan los manchados bloques de mármol pentélico, crece un olivo asombrosamente grande y de formas repugnantes; y se asemeja tan grotescamente a una figura humana, o al cadáver contorsionado de un hombre, que los campesinos temen pasar por allí de noche, cuando la luna ilumina débilmente sus ramas retorcidas. El monte Maenalus fue paraje predilecto del terrible Pan, que cuenta con muchos compañeros extraños; y los pastores sencillos creen que el árbol tiene alguna horrenda relación con los misteriosos panisci; pero un viejo colmenero que vive en una choza vecina me contó una historia muy distinta.
Hace muchos años, cuando la villa de la ladera era nueva y esplendorosa, vivían en ella dos escultores, Kalós y Musides.
Sus obras eran alabadas desde Lydia a Neápolis, y nadie se atrevía a decir que el uno aventajase al otro en habilidad. El Hermes de Kalós se alzaba en un santuario de Corinto y la Pallas de Musides coronaba una columna de Atenas próxima al Partenón. Todos los hombres rendían homenaje a Kalós y a Musides, y se maravillaban de que no hubiese ni una sombra de celos artísticos que enfriara el calor de su fraterna amistad.
Pero aunque Kalós y Musides vivían en imperturbable armonía, sus naturalezas no eran iguales. Mientras Musides disfrutaba por la noche entregándose a las diversiones urbanas de Tegea, Kalós prefería quedarse en casa; entonces salía furtivamente, a escondidas de sus esclavos, y acudía al frío retiro del olivar. Allí meditaba las visiones que llenaban su mente, y allí concebía las hermosas formas que luego inmortalizaba trasladándolas al mármol. Los ociosos decían que Kalós conversaba con los espíritus del olivar, y que sus estatuas no eran sino imágenes de los faunos y las dríadas que él veía allí.., ya que nunca copiaba sus obras de ningún modelo vivo.
Tan famosos eran Kalós y Musides, que a nadie extrañó que el tirano de Siracusa les enviara emisarios para hablar de la costosa estatua de Tyché que había proyectado erigir en su ciudad. De enorme tamaño e ingenio debía ser esta obra, pues quería que fuese una maravilla para las naciones y una meta para los viajeros. Aquél cuya obra resultara elegida sería exaltado más allá de cuanto cabe imaginar; honor para el que Kalós y Musides fueron invitados a competir. Su amor fraternal era bien conocido, y el astuto tirano supuso que cada uno, en vez de ocultar su obra al otro, le ofrecería ayuda
y consejo, que este entendimiento produciría dos imágenes de inusitada belleza, y que aquella que destacase eclipsaría incluso los sueños de los poetas.
Con alegría aceptaron los escultores la oferta del tirano, y durante los días siguientes sus esclavos oyeron el incesante golpear de los cinceles. Kalós y Musides no se ocultaban sus obras; pero sólo ellos las veían. Salvo los suyos, ningún par de ojos contemplaba las dos divinas figuras que los hábiles golpes liberaban de los toscos bloques que las habían tenido aprisionadas desde los orígenes del mundo.
Por las noches, como siempre, Musides acudía a divertirse a los salones de Tegea, mientras Kalós vagaba a solas por el olivar. Pero a medida que transcurría el tiempo, los hombres observaban que le faltaba alegría al en otro tiempo chispeante Musides. Era extraño, se decían, que la depresión se hubiese apoderado de quien tantas probabilidades tenía de ganar la más alta recompensa del arte. Transcurrieron muchos meses; sin embargo, el rostro afligido de Musides no reflejaba otra cosa que la tensa expectación que la empresa despertaba.
Luego, un día, Musides habló de la enfermedad de Kalós, y ya nadie se maravilló de su tristeza, porque todos sabían lo hondo y sagrado que era el afecto de los dos escultores. Así que muchos fueron a visitar a Kalós, y pudieron comprender la palidez de su rostro; pero también vieron en él una feliz serenidad que hacía su mirada más mágica que la mirada de Musides, el cual, devorado por esta ansiedad, apartaba a todos los esclavos en sus ansias por alimentar y cuidar al amigo con sus manos. Ocultas detrás de pesadas cortinas, aguardaban las figuras inacabadas de Tyché, a las que apenas
se acercaban ya el enfermo y el fiel compañero que le asistía.
Y Kalós a pesar de que estaba inexplicablemente cada vez más débil, a pesar de los auxilios de los sorprendidos médicos y los cuidados de su amigo, pedía a menudo que le llevasen al olivar que él tanto armaba. Allí rogaba que le dejasen, como si deseara hablar a solas con los seres invisibles. Musides siempre complacía sus deseos, aunque sus ojos se llenaban visiblemente de lágrimas, viendo que Kalós hacía más caso de los faunos y de las dríadas que de él.
Por último, se acercó el final, y Kalós empezó a hablar de cosas del más allá. Musides, llorando, le prometió un sepulcro más hermoso que la tumba del propio Mausolo; pero Kalós le rogó que no le hablase más de glorias de mármol.
Sólo un deseo obsesionaba ahora el pensamiento del moribundo: que enterrasen junto a su sepulcro, cerca de su cabeza, unas ramitas de olivo del olivar. Y una noche, estando a solas en la oscuridad del olivar, murió Kalós.
El sepulcro de mármol que el afligido Musides esculpió para su amigo del alma fue inefablemente hermoso. Nadie más que el propio Kalós habría podido emular sus bellos bajorrelieves, donde se revelaban todos los esplendores del Eliseo. Pero no olvidó Musides enterrar junto a la cabeza de Kalós las ramas de olivo que su amigo le había pedido.
Cuando el vivo dolor dio paso a la resignación, Musides volvió a trabajar con diligencia en su figura de Tyché. Todo el honor sería ahora para él, ya que el tirano de Siracusa no quería la obra más que de él o de Kalós. Su trabajo le permitía ahora dar libre curso a su emoción, y trabajaba con más constancia cada día, y eludía las diversiones a las que antes se entregaba. Entretanto, pasaba las noches junto a la tumba de su amigo, cerca de cuya cabeza había brotado un joven olivo. Tan rápido era el crecimiento de este árbol, y tan extraña su forma, que quienes lo contemplaban prorrumpían en exclamaciones de sorpresa. En cuanto a Musides, parecía producirle a la vez fascinación y temor.
Tres años después de la muerte de Kalós, Musides envió un emisario al tirano, y en el ágora de Tegea se corrió la voz de que la enorme estatua estaba terminada. A la sazón, el árbol que había crecido junto a la tumba había adquirido unas proporciones asombrosas, superiores a todos los árboles de su especie, y extendía una rama corpulenta por encima del recinto donde Musides trabajaba. Como eran muchos los visitantes que acudían a contemplar el árbol prodigioso, así como a admirar el arte del escultor, Musides casi nunca estaba solo. Pero no le importaba esta multitud de invitados; al contrario, parecía más temeroso de quedarse solo, ahora que su absorbente obra estaba terminada. El viento desolado de la montaña, suspirando entre el olivar y el árbol de la tumba, producía, de manera extraña, sonidos vagamente articulados.El cielo estaba oscuro la tarde en que los emisarios del tirano llegaron a Tegea. Se sabía que venían a llevar se la gran imagen de Tyché, y a traer eterna gloria a Musides, por la cual los proxenoi les dispensaron una cálida acogida. Por la noche, se desató una tormenta de viento en la cumbre del Maenalus, y los hombres de la lejana Siracusa se alegraron de poder descansar a cubierto en la ciudad. Hablaron de su ilustre tirano y del esplendor de su capital, y se alegraron por la belleza de la estatua que Musides había esculpido para él.
Entonces los de Tegea les contaron lo grande que era la bondad de Musides y su profunda aflicción por su amigo; y cómo ni siquiera los inminentes laureles del arte podían consolarle de la ausencia de Kalós, quien quizá los habría ceñido en su lugar. Y también les hablaron del árbol que crecía junto a la cabeza de Kalós. Pero el viento aullaba horriblemente, y los de Siracusa y los arcadios elevaron sus plegarias a Eolo.Cuando el sol salió por la mañana, los proxenoi condujeron a los emisarios del tirano, ladera arriba, a la morada del escultor; sin embargo, el viento de la noche había hecho cosas muy extrañas. Los gritos de los esclavos se elevaban en medio de un escenario de desolación; y en el olivar no se alzaban ya las espléndidas columnatas de la inmensa residencia donde había soñado y trabajado Musides. Aisladas y rotas, sólo quedaban las viviendas humildes y los muros
inferiores, pues sobre el suntuoso peristilo se había derrumbado la pesada rama del árbol extraño, reduciendo el majestuoso poema de mármol a un montón de ruinas deplorables. Los extranjeros y los tegeos se quedaron horrorizados, y se volvieron hacia el árbol siniestro y gigantesco, cuya silueta parecía misteriosamente humana, y cuyas raíces se hundían en el esculpido sepulcro de Kalós. Y el miedo y el espanto de todos aumentó cuando registraron el recinto derruido y no encontraron rastro alguno del bondadoso Musides y la maravillosamente modelada imagen de Tyché.
En las tremendas ruinas sólo reinaba el caos, y los representantes de ambas ciudades se vieron decepcionados: los emisarios, por haberse quedado sin la estatua; los habitantes de Tegea, por haberse quedado también sin artista al que coronar. No obstante, los de Siracusa consiguieron, poco después, una espléndida estatua de Atenea, y los tegeos se consolaron erigiendo en el ágora un templo de mármol conmemorando el talento, las virtudes y la piedad fraterna de Musides.
Pero aún sigue allí el olivar, así como el árbol que crece en la tumba de Kalós; el viejo colmenero me ha contado que a veces sus ramas susurran, cuando sopla el viento por la noche, y repiten una y otra vez; «¡Oída! ¡Oída!... ¡Yo sé! ¡Yo sé».



Anabantha - Letanías Capítulo Prohibido


Anabantha - Letanías Capítulo Prohibido (2006)

01 - El Alta De Las Pasiones Desoladoras
02 - Caen Las Hojas (Sentido Pésame II)
03 - Ay De La Noche
04 - Sangre
05 - Encrucijada
06 - Eres Tú
07 - Velo Negro
08 - Una Lágrima
09 - La Hoguera
11 - El Altar de las Pasiones Desoladoras (Live)
12 - Sangre (Live)


Ciencia - Héctor G. Oesterheld


Ciencia
Héctor G. Oesterheld*

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy
pequeño y muy extraño.
Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y
más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no
consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el
sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes,
descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por
fin contestar hasta el último porqué.
En algún lugar de Marte se halla ese cristal.
Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables
arenales.
Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo,
el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre
los dedos.
Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.


* Vastamente conocido por la extraordinaria historieta El Eterneuta.
Oesterheld nació en Buenos Aires en 1919, y fue desaparecido por la Dictadura Militar en 1977,al igual que sus cuatro hijas.
Guionista, escritor, en 1956 fundó la editorial Frontera,una de las más significativas de la historieta argentina: de allí nacieron revistas como Hora Cero y Frontera. Una historieta memorable es Mort Cinder y, por supuesto,la célebre El Eternauta, que es de 1957. Algunos guiones:Doctor Morgue, Vida del Che, Galac-Master. Oesterheld fue ilustrado por los mejores dibujantes argentinos y extranjeros, como Alberto Brescia, Francisco Solano López,Hugo Pratt.

El legado histórico de Sandino



El legado histórico de Sandino
Manuel Moncada Fonseca

I. Veneración y respeto a los héroes y mártires

Augusto C. Sandino (18 de mayo de 1895, 21 de febrero de 1934), héroe guerrillero que combatió en Nicaragua contra la intervención militar yanqui de los años veinte e inicios de los treinta del siglo XX, consideraba un deber patriótico el respeto y la veneración a los héroes y mártires, juzgando que ello era clave para hacerle frente al invasor yanqui. No fue por albur que estimaba su propia lucha una continuación de la que, en 1912, librara el general Benjamín Zeledón, héroe del Coyotepe y la Barranca , en contra de esas mismas fuerzas . “Seríamos indignos -decía- de ser descendientes de quienes lo somos si por cobardes permitiéramos que piratas perversos profanen las tumbas de aquellos héroes” .Mostrar/Ocultar

Para él la lucha de un pueblo contra sus enemigos, internos o externos, no puede tener propósitos mezquinos y, por eso, refiriéndose a José María Moncada (quien suscribiera el 4 de mayo de 1927 una vergonzante paz que le significó embolsarse la promesa yanqui de la presidencia de la república a partir de 1929) dice: “¿Qué puede esperar el pueblo del hipócrita que se ha servido de la sangre de los héroes para alcanzar prebendas y puestos públicos? El pueblo que lo juzgue” . Y repudiando esa actitud claudicante, anota: “...tiré la mirada hacia atrás y vi la estela de cadáveres de mis compañeros. ¿Cómo podría ser que [...] imitara al cobarde de Moncada? ¿No hubiera valido más no haber tomado armas si por miedo las debíamos soltar? Pues no. [...] no quisimos dejar de cumplir con lo que antes nos propusimos hasta llevarlo al fin” .

Sandino y Moncada son entonces polos opuestos; expresiones de intereses de clase diferentes: la posición del segundo es una manifestación concreta del sentir de los oligarcas que, aunque aborrecen a los pueblos, se sirven de ellos para enriquecerse a su costa; la del primero, por el contrario, refleja los intereses de los oprimidos: para él, la sangre de los patriotas se derrama sólo en aras de hacer realidad las aspiraciones de las grandes mayorías.

La veneración y respeto a los héroes y mártires tenían para Sandino un sentido práctico: imitarlos en la lucha significaba garantizar la soberanía nacional, porque en el combate pasado y presente, en su mantenimiento perenne, descubre la clave para evitar la desaparición de la soberanía de un pueblo. Por ello dice: “Combatir, combatir y sólo combatir, he ahí nuestra única misión, nuestro más alto deber. El sometimiento y la quietud sólo nos pueden acarrear el descrédito y la desaparición como pueblos autónomos” .

II. Poder Nacional Revolucionario

El héroe de las Segovias siempre sostuvo la necesidad de un poder nacional basado en las fuerzas e intereses del pueblo. Su nacionalismo no fue ingenuo; no encerraba la creencia errónea en que no importaba quién gobernara el país con tal que fuese nicaragüense. Mas no hay nada que se aleje tanto de la verdad como esta creencia ya que, como él mismo aclara, percibe la causa de Nicaragua desde sus dos aspectos: “Primero: considerándola, dentro de la nacionalidad Latinoamericana […] y segundo: lo relativo a la política interior del país” .

Sandino no se confunde en modo alguno: sabe que los intereses de los oprimidos son contrapuestos a los de los opresores. Y sólo en la medida en que se comprenda el carácter antagónico de las relaciones establecidas entre clases opuestas, se puede garantizar el triunfo de la causa antiimperialista . De esta suerte, el objetivo estratégico que tuvo siempre en mente consistió en que el pueblo tomara “las Riendas del Poder Nacional”. Previamente, sin embargo, debía lograrse la expulsión del invasor yanqui del suelo patrio, lo que planteaba ya la hegemonía popular en la conducción de la lucha. Al respecto anotaba: “…los dirigentes políticos conservadores y liberales […] son una bola de canallas, cobardes y traidores incapaces de […] dirigir a un pueblo tan patriota y tan valeroso como el nuestro”. Por ello, agrega, las fuerzas populares debieron improvisar a sus propios jefes .

De que su propósito final consistía en derribar el poder de los opresores dan testimonio muchos de sus escritos. A manera de ilustración, leamos el siguiente: “Los despechados dicen que Sandino y su ejército son bandidos […] quiere decir que antes de dos años Nicaragua estará convertida en un país de bandidos, supuesto que antes […] nuestro ejército habrá tomado las riendas del Poder Nacional, para mejor suerte de Nicaragua…” .

A su vez, Carlos Fonseca, su indiscutible continuador, llamaba a que la lucha contra la dictadura militar somocista, como expresión real de los intereses del imperio y de los opresores locales, estuviera hegemonizada por el FSLN, y no por los opositores burgueses. Hacia ver que, ante el crecimiento del movimiento revolucionario, dichas fuerzas echarían a andar sus maniobras a fin de arrebatarle al pueblo la victoria de las manos. En consecuencia, ante los revolucionarios se debían trazar dos grandes tareas: 1) derrocar a la dictadura militar somocista y 2) garantizar el triunfo definitivo de la nación oprimida sobre las fuerzas explotadoras .

III. Democracia

Cuando el 4 de mayo de 1927 José María Moncada pactó con Henry L. Stimson (representante del imperio en Nicaragua), poniéndose así fin a la Guerra Constitucionalista de 1926-1927), Sandino expresó que sentía un profundo desprecio hacia él puesto que, con su traición, había frustrado las esperanzas del pueblo de ser libre . Todo porque lo que hacía, pensaba y sentía el líder guerrillero se orientaba a la defensa de los intereses de los oprimidos en contra de los sustentados por las minorías explotadoras, lo cual no asombra para nada: al héroe le tocó compartir su suerte con la absoluta mayoría de los nicaragüenses, que soportaban una vida llena de privaciones y de grandes sufrimientos, a causa de que la nación en que nacieron y vivían le pertenecía a los oligarcas y, sobretodo, a los banqueros yanquis. Sandino es del pueblo y, por ello, comprende su protesta. Por lo mismo, expresa que su mayor honra es haber surgido del seno de los oprimidos . Eso motiva que todo su ser se vuelque contra el hambre y la miseria en que éstos viven a causa de la doble explotación a la que se ven sometidos: la de los capitalistas nacionales y la de los capitalistas yanquis. Así proclama que, con su espada, defenderá el decoro nacional y dará redención a los oprimidos.

De esta suerte, para Sandino defender la soberanía nacional significaba combatir lo que representaba para el país la presencia militar de los marinos yanquis en su suelo; propiamente, que estas fuerzas foráneas hacían posible la explotación despiadada del pueblo y el saqueo indiscriminado de sus riquezas. De esta forma, estimaba que la causa principal del atraso material que reinaba en la nación y de los obstáculos, por ejemplo, para construir ferrocarriles (que enlazaran estrechamente a todas sus regiones) y escuelas (en las que los trabajadores tuvieran la posibilidad de librarse de la ignorancia), residía en el dominio que el imperio yanqui ejercía sobre Nicaragua. Ese dominio impedía fomentar el desarrollo de la industria y el comercio , porque, aparte de las riquezas naturales, estaba posesionado, prácticamente, de todas las entradas del Estado: bancos, aduanas, ferrocarriles, etc. Eran, pues, los banqueros de Wall Street los verdaderos dueños de Nicaragua. Y la principal base de apoyo de ese dominio sobre el país eran los capitalistas locales. Ellos eran -acota Sandino- “los primeros y directamente responsables de cuanto ha venido pasando en Nicaragua”, porque ellos trajeron a los mercenarios yanquis al territorio nacional .

Mas si estaba decidido a tomar el poder no era para entregarlo a cualquiera que hiciera uso del mismo como conviniera a sus intereses personales, sino para “proceder a la organización de grandes cooperativas de obreros y campesinos nicaragüenses”, de modo que las riquezas naturales se explotaran en provecho de las grandes mayorías . En la misma línea, contemplaba como derecho de los trabajadores el control militar del país y el desalojo del poder a cualquier gobierno que incumpliera con sus responsabilidades ante toda la sociedad. Con relación a la tierra, estimaba que debía ser del Estado a fin de que fuera trabajada colectivamente .

En un plano más profundo de la comprensión de las cosas, sus escritos evidencian que, para él, la causa fundamental de la explotación del hombre por el hombre descansaba en el hecho real de que unos cuantos hombres eran los dueños de los medios de subsistencia. Así, por ejemplo, se observa en la siguiente declaración: “La tierra produce todo lo necesario para la alegría y comodidades del género humano, pero […] por largos millones de siglos, la injusticia se enseñoreó sobre la tierra y las grandes existencias de lo necesario para la vida del género humano, han estado en manos de unos pocos señores, y la gran mayoría de los pueblos, careciendo hasta de lo indispensable, y quizás, hasta se han muerto de hambre, después de haber producido con su sudor lo que otros derrochan con francachela. Pero ya habrá justicia y la guerra de los opresores de pueblos libres será matada por la guerra de libertadores y después habrá justicia y como consecuencia habrá paz, sobre la tierra” .

Como puede apreciarse, para Sandino la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación era la causa de la injusticia reinante entre los hombres y de la lucha de clases.

IV. Antiimperialismo

Para comprender en su plena dimensión las ideas de Sandino, resulta importante estudiar su antiimperialismo. Debe partirse de que éste, al igual que su nacionalismo y su internacionalismo, guarda una estrecha relación orgánica con los intereses de clase que él representaba: los del pueblo trabajador. Conviene, pues, estar claros de esto porque ello permite afirmar, con entera libertad, que su antiimperialismo no se reducía a la mera expulsión de los marinos yanquis de Nicaragua; trascendía este objetivo; entrañaba mucho más que eso. El antiimperialismo suyo, era integral, se contraponía a todas las formas de explotación impuestas desde afuera y, en ese mismo grado, a la que se ejercía directamente por las clases opresoras criollas.

No obstante, Sandino comprendía que, en el momento en que a él le correspondió encabezar la lucha del pueblo nicaragüense contra la intervención yanqui, se hacía necesario contemplar esa lucha desde una óptica nacional. Significa que, aunque su objetivo final halla sido la destrucción del poder de los opresores en general, se planteaba la Unidad Nacional más amplia posible para hacerle frente al enemigo fundamental de los pueblos: el imperio yanqui y, sobre todo, a la forma en que dicho dominio se realizaba en Nicaragua; es decir, al régimen de ocupación militar del país por parte de los marinos estadounidenses.

Su proposición de un frente único debía involucrar a obreros, campesinos, comerciantes, industriales, “es decir a todos los elementos cuyos intereses vitales son contrarios a los intereses imperialistas para que, pasando sobre sus divergencias particulares se unifiquen, formando un sólo ejército, con un mismo programa, una misma táctica, un objetivo común y una misma disciplina” .

Puede constatarse sobre la base de lo expuesto, que su antiimperialismo no era extremista, sino realista, apreciaba con claridad el momento histórico. Quiere significarse que, aunque Sandino reconocía la existencia de divergencias entre los diversos sectores que rechazaban, en mayor o menor grado, el dominio imperial en suelo patrio, insistía en que la unificación de estas fuerzas en un frente único constituía una necesidad de la lucha antiintervencionista. Dicha necesidad se planteaba a fin de “que los enemigos de la libertad de Nicaragua y el continente no continúen haciendo la confusión mental, de las diferentes clases sociales que deben luchar contra el imperialismo haciéndonos aparecer como radicales en los momentos en que la lucha debemos llevarla en forma de frente único…” .

Esta política flexible que Sandino acaba de definir, permitió al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSNN) lograr el apoyo de distintos sectores del pueblo influenciados por el liberalismo pero que, tras la traición del Espino Negro del 4 de mayo de 1927, comenzaron a ver en Moncada a un traidor: “... hemos logrado con nuestra actitud -escribía- reorientar la lucha nacionalista por el Partido Liberal" porque "el liberalismo reúne en su seno distintas capas sociales y si en estos momentos hacemos diferenciaciones entre esas capas solamente iremos contra la lógica en nuestro perjuicio” .

La lucha que Sandino encabezó contra la intervención yanqui culminó el primero de febrero de 1933, con la expulsión de esa fuerza foránea. El dominio de EEUU sufrió un gran golpe, pero aún no concluía. En sustitución de los marinos quedó la Guardia Nacional. Y en la administración de los asuntos internos de Nicaragua, la base del apoyo local del imperio yanqui: liberales y conservadores. Sin embargo, el pueblo no comprendió de inmediato la persistencia de estos intereses externos en suelo patrio; situación que hizo desfavorable la continuación de la lucha armada.

Sandino percibió claramente esas nuevas condiciones; rápidamente captó que la elección del liberal Juan Bautista Sacasa como presidente fue una maniobra imperialista tendiente a evitar que la salida de los marinos yanquis provocara manifestaciones desbordantes. Dada la popularidad de que gozaba el personaje electo, dicha maniobra surtió el efecto esperado. Esta popularidad, prácticamente, obligó A Sandino a variar las condiciones de paz que inicialmente le hiciera a Sacasa . Las partes conducentes de estas condiciones fueron: 1) conocer el programa político de Sacasa, tanto para convencerse de que, en efecto, prescindiría de toda intromisión extraña en los asuntos internos de Nicaragua; como para determinar los propósitos de su gobierno en relación con la Guardia Nacional ; 2) mantener el control militar del país para garantizar el orden interior y "repeler cualquier agresión que quisiera hacérsele al Gobierno constituido de Nicaragua" .

No obstante, al firmarse el Convenio de Paz del 2 de febrero de 1933, quedó establecido el desarme gradual del EDSNN que Sandino creara y comandara . Pero más que disposición de acatar los acuerdos del convenio, esto constituía un compromiso que el héroe nunca tuvo en mente realizar. Se trataba de algo que sus tropas se vieron obligadas a aceptar para evitar el desencadenamiento inmediato de una guerra civil que, en esos momentos, solo hubiera servido para justificar el retorno de los marinos yanquis, máxime cuando el pueblo no estaba claro de lo que ahora ocurría en el país: “Soy independiente del Gobierno -expresa en una carta- y la paz se firmó para evitar el regreso de la intervención armada, que apenas estaba detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año, porque se imaginaron que continuaríamos la guerra entre nosotros mismos […] Ese es el secreto por el cual no salgo del Norte para estar pendiente de todos los momentos en que se presente la oportunidad de restaurar también nuestra independencia política y económica” .

Si de esta forma se demuestra que su lucha no culminaba por el sólo hecho de haberse retirado los marinos yanquis, otra carta suya explica con profusión los motivos que lo llevaron a firmar la paz: Desaparecida, aparentemente, la intervención armada contra Nicaragua, “los ánimos se enfriaban, porque la intervención política y económica el pueblo la sufre, no la mira y lo peor, no la cree, y esa situación nos colocaba en condiciones difíciles, mientras tanto el Gobierno se preparaba para recibir un empréstito de varios millones de dólares y reventarnos la madre a balazos y afianzar más fuerte la intervención política, económica y militar del país, y con haber sido ese Gobierno electo por los liberales, principalmente de León, nuestras filas tenían que minorarse, aunque por otra estábamos agotados en recursos económicos y bélicos y por todo lo dicho habríamos tenido un fracaso...” Luego agrega que las tropas del EDSNN se vieron impedidas de replegarse tácticamente a Centro América, dado que la convulsionada situación de los países que la integran implicaba un serio peligro para los patriotas que allí llegaban .

Con todos los inconvenientes que la paz de 1933 pudo implicar para los patriotas sandinistas, conviene señalar que Anastasio Somoza García miraba en ella un claro peligro para la existencia de la Guardia Nacional que él, por mandato yanqui, encabezaba: “La paz estaba acordada en el papel, pero no en el alma de los nicaragüenses -escribe-, que contemplaban el rifle homicida en las manos de los viejos soldados de Sandino, autorizados ahora, por un convenio que pudo llevar a Nicaragua a las mayores desgracias...” Y concluye así: “El calvario de las Segovias continuó, ahora legalizado por los dos partidos históricos” .

En síntesis, si al momento de la intervención militar yanqui el principal objetivo de Sandino consistía en lograr la expulsión del invasor, tras alcanzarse este objetivo, se planteó la liquidación del poder libero-conservador y del instrumento fundamental con que el imperio y sus lacayos garantizaban su dominación: la Guardia Nacional , sustituta de los marinos yanquis en Nicaragua. Esta era la forma trazada por el héroe para alcanzar la redención de los oprimidos, pero las circunstancias históricas no le permitieron llevar a feliz término su lucha: murió asesinado por órdenes yanquis el 21 de febrero de 1934.

V. Internacionalismo

Su internacionalismo no se contraponía, en ningún sentido, a su nacionalismo. La razón de ello estriba en que él héroe era nacionalista porque se oponía a cualquier injerencia extraña en los asuntos internos de Nicaragua, ya que ello atentaba contra los intereses del pueblo nicaragüense, le despojaba de sus riquezas, lo explotaba inhumanamente y lo obligaba, por la fuerza de las armas, a aceptar este orden injusto de cosas. Pero el imperio no sólo atenta contra Nicaragua, lo hace también contra todos los países de la tierra en los que encuentra condiciones para imponer o fortalecer su dominio. Esta realidad plantea como necesidad contemplar la lucha antiimperialista de un pueblo únicamente como episodio de la que libran los demás pueblos contra el mismo enemigo, tal como Sandino la entendía. Plantea, por tanto, la fraternidad y apoyo mutuo entre los pueblos, puesto que el imperio es considerablemente más poderoso que cualquier pueblo por separado; mas nunca supera la fuerza conjunta de los pueblos, la de las fuerzas democráticas y revolucionarias del mundo entero.

Si los patriotas sandinistas lograron la expulsión del invasor fue porque la lucha armada que en contra de éste libraron gozó del apoyo solidario de los pueblos. Lo mismo puede afirmarse en torno al Triunfo Popular alcanzado el 19 de Julio de 1979: el pueblo derrocó a la dictadura militar somocista gracias, en primer lugar, a su heroica lucha, librada durante más de 50 años. Sin embargo, sin el apoyo de otros pueblos, sin el aislamiento internacional de la dictadura, por su política entreguista y antipopular; y sin la denuncia que muchos gobiernos –sobre todo el cubano- hicieron de los planes de intervención para conservar al somocismo, la lucha del pueblo nicaragüense se hubiera visto aislada y, por ello, frustrada.

Veamos cómo Sandino entendía el internacionalismo: en primer lugar, debemos anotar que el planteamiento de Frente único, lo hacía extensivo a todos los pueblos y gobiernos latinoamericanos. “ La América Latina -decía- unida, se salvará, desunida, perecerá”. Y llamaba a luchar por esa unificación como medio “para asegurar la verdadera independencia de nuestros pueblos...” . “Ustedes -increpaba a los gobernantes latinoamericanos de esa época- están en la obligación de hacer comprender al pueblo de América Latina que entre nosotros no deben existir fronteras, y todos estamos en el deber preciso de preocuparnos por la suerte de cada uno de los pueblos de la América Hispana , porque todos estamos corriendo la misma suerte ante la política colonizadora y absorbente de los imperialistas yanques” . Advertía que los imperialistas no se contentarían sino hasta haber conquistado a toda América Latina y agregaba: “Es verdad que el Brasil, Venezuela y el Perú no tienen problemas de intervención […] pero, si esos gobiernos tuvieran más conciencia de su responsabilidad histórica no esperarían que la conquista hiciera sus estragos, en su propio suelo y acudirían a la defensa de un pueblo hermano...”

Por último, concluía que es a los pueblos a los que, en última instancia, corresponde detener el avance del imperio. Con ello, quería significar que cuando los gobiernos no obedecen al mandato de sus pueblos; cuando se convierten en cómplices de la intervención extranjera y colocan en manos ajenas las riquezas naturales de los países que dirigen, los pueblos deben comenzar por darse “a respetar en su propia casa, y no permitir que déspotas sanguinarios como Juan Vicente Gómez y degenerados como Leguía, Machado y otros, nos ridiculicen ante el mundo...” En relación con la lucha de los patriotas nicaragüenses, expresaba: “... nuestra acción libertadora en Nicaragua, solamente es un episodio de la acción conjunta que habrá de emprender el pueblo de este continente contra el imperialismo yanque”. Pero su Latinoamericanismo era sólo parte integral de su internacionalismo; su lucha la concibe, por tanto, de carácter universal, no asombra que dijera: “...si en los actuales momentos históricos nuestra lucha es nacional y racial, ella devendrá internacional conforme se unifiquen los pueblos coloniales y semicoloniales con los pueblos de las metrópolis imperialistas” .

Fuente


Steinkind - Deutschland Brennt


Steinkind - Deutschland Brennt (2007)

01. Deutschland Brennt (original version) (4:45)
02. Deutschland Brennt (radio edit) (3:35)
03. Deutschland Brennt (Haujobb rmx) (5:36)
04. Deutschland Brennt (Xotox rmx) (4:53)
05. Steinkind (4:16)
06. Trink Mich (4:52)


En Pie - Mario Benedetti

En pie
Mario Benedetti


Sigo en pie
por latido
por costumbre
por no abrir la ventana decisiva
y mirar de una vez a la insolente
muerte
esa mansa
dueña de la espera

sigo en pie
por pereza en los adioses
cierre y demolición
de la memoria

no es un mérito
otros desafían
la claridad
el caos
o la tortura

seguir en pie
quiere decir coraje

o no tener
donde caerse
muerto.

Cuento de Horror - Marco Denevi




Cuento de horror
Marco Denevi

La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses), resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:
–Thaddeus, voy a matarte.
–Bromeas, Euphemia –se rió el infeliz.
–¿Cuándo he bromeado yo?
–Nunca, es verdad.
–¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?
–¿Y cómo me matarás? –siguió riendo Thaddeus Smithson.
–Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.
El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza.
Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.



La Cosmología De Los Templos De Tiahuanaco




La Cosmología De Los Templos De Tiahuanaco

Por William Sullivan

Sólo recientemente han llegado hasta la imprenta descripciones del núcleo ceremonial de Tiahuanaco. Todo el complejo ceremonial de Tiahuanaco se halla rodeado por un foso cuyo propósito, por utilizar las palabras de Alan Kolata, fue el de evocar la imagen del núcleo de la ciudad como una "isla", es decir, el de separar el mundo ordinario y cotidiano del "espacio y tiempo de lo sagrado". Eliade ha documentado esta misma utilización simbólica en el Viejo Mundo, así como en el mundus romano o foso circular, que "constituyó el punto donde se encontraban las regiones bajas y el mundo terrestre". El propósito de tales cercos era el de crear el espacio sagrado dentro del cual pudiera construirse el templo o modelo del cosmos, es decir, la zona donde se cruzaban los mundos terrestre superior (divino) y subterráneo. Como hemos visto en la explicación de Eliade, el simbolismo central de tales estructuras de templos era el de la montaña cósmica que representaba el ombligo de la Tierra que conectaba las tres regiones.

La estructura dominante del centro sagrado de Tiahuanaco era la Akapana, una pirámide truncada de más de unos diecisiete metros de altura, llamada por Kolata "la montaña sagrada de Tiwanacu".
La pirámide Akapana tenía siete niveles. El número siete, como ya se ha indicado, aparece asociado con el "padre cielo", que equivale al uso de las coordenadas polar y ecuatorial, expresadas mediante referencia a las direcciones cardinales. El antiguo sistema aymará de orientación tenía siete
direcciones, empleando cuatro direcciones cardinales junto con el centro y el nadir. La Akapana está orientada en las direcciones cardinales.
La misma idea encontramos en la relación entre el contiguo complejo de estructuras llamado el templo Semisubterráneo y el Kalasaya. Aparecen trazados a lo largo de un eje este-oeste, que habla de los puntos de salida y puesta del Sol en los equinoccios, cuando el Sol cruza el ecuador celeste. Las estrellas que van hacia arriba y hacia el oeste desde el templo
Semisubterráneo hasta el nivel del suelo conducen directamente a una segunda escalera que se eleva en los recintos situados por encima de la planta baja del Kalasaya, donde la estatua monolítica de un dios ( la llamada Estela Ponce) miraba hacia el este, de espaldas al templo Semisubterráneo.

La configuración mental de la línea del equinoccio como una escalera no hace pensar inmediatamente en la constelación andina chacana (escalera), las tres estrellas del Cinturón de Orión, que están sobre el ecuador celeste.

Estas estructuras relacionadas axialmente también se relacionan con la cosmología religiosa asociada con el mito de emergencia surgido en el Titicaca. Como ya hemos visto, en el simbolismo arquitectónico celeste, el suelo de la casa, que representa el trópico meridional debería estar, estrictamente hablando, por debajo de la planta baja, así que ésta represente el ecuador celeste. Tal como indica su nombre, el templo Semisubterráneo fue construido a unos dos metros por debajo del nivel de la planta baja, abierto al aire. En consecuencia y nuevamente en términos estrictos, el subterráneo tenía que representar el trópico meridional y el acceso a la tierra de los muertos. (Del mismo modo, se decía que el suelo del patio del juego de pelota de Quiché descansaba sobre el tejado de la casa de los señores del inframundo.) Concuerda con esta interpretación el hecho de que las huacas de linaje de las tribus agrícolas que participan de la esfera de influencia tiahuanacana se encontraron hundidas en el suelo del templo Semisubterráneo. En medio de esta disposición, una segunda estela, llamada la Estela Bennett, que contiene una compleja información relativa al año agrícola, miraba hacia el oeste (la dirección celeste asociada con la Luna, la noche, la lluvia y la muerte), de espaldas a la Estela Ponce, en el recinto elevado del Kalasaya. Y, a la inversa, la Estela Ponce, por encima del Kalasaya, dominaba una vista del horizonte oriental.

Un segundo patio hundido más pequeño aparecía situado en lo alto del séptimo nivel de la pirámide Akapana. Lo mismo que con el modelo del Viejo Mundo, en el que lo alto de la montaña del templo sagrado representa el "ombligo de la Tierra", el patio hundido de Akapana era, simbólicamente hablando, un omphalos. Este patio hundido fue trazado en forma de una plaza sobrepuesta a una cruz griega . La cruz, que representa las direcciones cardinales y está orientada hacia ellas (y por lo tanto hace referencia a las coordinadas polar y ecuatorial) representa el ámbito celeste, o padre cielo. La plaza, tal como ya hemos encontrado en la forma de las maras cuadrangulares, o piedras de amolar "femeninas" (que toman su nombre de la palabra aymará que significa "año"), marcan en sus esquinas los puntos cardinales que representan los lugares de salida y puesta de los soles solsticiales, es decir, los parámetros de la "tierra celeste" según vienen determinados por el plano eclíptico. Si conectamos las esquinas, se forma las diagonales, y la X marca el lugar, el centro, el ombligo de la diosa tierra. Este simbolismo ya se ha observado en el unanacha de Viracocha en el diagrama de Pachacuti Yamqui, situado como está por encima de la cruz intercardinal, designada como femenina, que encontramos por debajo; y, también, precisamente este mismo simbolismo se encuentra entre los quiché, donde el Dios-Siete, representado jeroglíficamente como Osa Mayor y Orión, aparece trazado sobre el ombligo de la Diosa tierra.

Una segunda característica singular del patio hundido de Akapana sólo ha sido descubierta recientemente. Este patio sirvió como un dispositivo de recogida del agua de lluvia, y estaba conectado con un sistema de drenajes que vertían el agua fuera de los muros verticales de cada nivel, que llevaban el agua horizontalmente por debajo de la superficie de cada tramo y luego la vertían de nuevo, haciéndola caer así en cascada por todos los niveles de la pirámide.

Así pues, los constructores de Tiahuanaco construyeron una "montaña llena de agua" a la vista de un lago y de una isla llamados Titicaca, o "Acantilado del León", donde el agua brotaba desde un acantilado y cuya jeroglíflica en México (una montaña con colmillos y una cueva en la base) representaba el pueblo, alteptl, que significaba literalmente "montaña llena de agua". Y como cualquier verdadera montaña cósmica, la Akapana reciclaba también las aguas de la vida espiritual, cuyo nacimiento se encontraba en lo alto de la montaña cósmica, en el solsticio de junio, en el ámbito de la Vía Láctea. (*)

(*) Fuente: William Sullivan, El secreto de los incas. Los misterios de una civilización perdida., Ed. Grijalbo.
Fuente





Nuevos hallazgos dan luces sobre Akapana

La Paz | La Prensa.- Nuevos restos óseos humanos y animales, una llamita de oro, escamas de pescado y cerámica fragmentada se encontraron en las excavaciones que se realizan en Akapana, lo que confirma el carácter religioso de la pirámide tiawanacota, informó el titular de la Dirección Nacional de Arqueología (UNAR), Javier Escalante.

En mayo de este año empezó la segunda fase de las excavaciones en Akapana, parte del complejo arqueológico de las ruinas de Tiawanaku (a 70 kilómetros de La Paz) erigido por una civilización entre el año 1.500 antes de Cristo y el año 1172 de nuestra era.

Las excavaciones se realizan en los sectores este, oeste y norte de la pirámide, y sobre los muros uno y dos.

"Nuestra meta es llegar a despejar de mil a 1.500 metros cuadrados en este proceso. En la anterior etapa se descubrieron cerca a 800 metros cuadrados", explicó Escalante.

El arqueólogo explicó que de los restos óseos encontrados recientemente, la mayoría corresponde a llamas, perros, taruja y uri, así como a humanos víctimas de sacrificios.

"Justamente, se trabaja con el antropólogo físico Danilo Villamor en los hallazgos de los huesos humanos y está confirmado que la mayoría son restos que corresponden a gente sacrificada", sostuvo el director de la Dinar.

PARTE DE SIETE ESTRUCTURAS

Akapana es una de las siete estructuras de carácter ceremonial y político que forma parte del complejo de Tiawanaku.

"Está ligada a lo que es el alaxpacha. Las deidades celestes y la cerámica que se encuentra en el área está siempre relacionada con el cóndor", sostuvo.

Agregó que el proyecto arqueológico implica el trabajo de un equipo multidisciplinario ya que participan más de un centenar de personas, entre obreros, técnicos y especialistas de diversas áreas.

Es el caso del trabajo de paninología o rescate de la tierra y el polvo que se realiza. Las excavaciones de Akapana son parte del programa de cinco años Cultura para el Desarrollo que respaldan financieramente la Corporación Andina de Fomento (CAF), la Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce) y el municipio de Tiawanaku. La segunda fase del proyecto representa una inversión de 100 mil dólares.




Nirvana - In Utero


Nirvana - In Utero (1993)

01- Serve the Servants.
02- Scentless Apprentice.
03- Heart-Shaped Box.
04- Rape Me.
05- Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle.
06- Dumb.
07- Very Ape.
08- Milk It.
09- Pennyroyal Tea.
10- Radio Friendly Unit Shifter.
11- Tourette's.
12- All Apologies.
13- Gallons Of Rubbing Alcohol Flow Through The Strip.


Jaque mate para América Latina



Debilitados Evo y las FARC, Washington inicia jaque mate contra Hugo Chávez y Rafael Correa

Heinz Dieterich
Rebelión

1. El escenario del jaque mate

Washington ha llegado a la conclusión de que:
1. las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han perdido su capacidad operativa;
2. que ha logrado neutralizar el gobierno de Evo Morales con la creación de un Estado paralelo en las cuatro provincias de la “Nación Camba”;
3. que sus éxitos en Colombia y Bolivia le proporcionaron el escenario para iniciar el jaque mate contra los gobiernos de Hugo Chávez y Rafael Correa. Esta es la razón de las crecientes provocaciones militares de las tropas de Uribe, de los militares estadounidenses en el Caribe y de la reactivación de la Cuarta Flota Imperial.Mostrar/Ocultar



2. Elemento estratégico del “plan maestro”: la neutralización de las FARC

La estrategia de Washington para destruir a las fuerzas de liberación latinoamericanas ha sido flexible, integrando nuevos desafíos en la medida en que se presentaban, superando derrotas parciales y llevando la contienda hemisférica hacia el campo que le conviene, el propagandístico-militar.

El punto de partida del plan fue la destrucción de las fuerzas guerrilleras en Colombia. La Guerra del Alto Cenepa entre Ecuador y Perú (1995) le permitió a Washington dar el primer gran paso al respeto, al desplazar el centro de gravitación de las FFAA del Ecuador hacía la frontera con Colombia, para ser el yunque contra el cual el martillo de las Fuerzas Armadas colombianas-estadounidenses-israelíes iba a destruir a las FARC y al ELN. Este triunfo imperial se complementó con el Plan Colombia, en 1999, y la instauración en el poder del “Señor de las Sombras”, Álvaro Uribe, en 2002.

3. El fracasado golpe militar en Venezuela cataliza la agresión imperialista

Cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia en Venezuela y demostró que no iba a acomodar su proyecto nacional a los intereses oligárquíco-imperiales, se convirtió en el segundo blanco estratégico de Washington en Tierra Firme. La decisión que tomó la Casa Blanca fue, removerlo en un plazo de dos a tres años mediante un golpe de Estado. Al fracasar el coup d´etat de abril de 2002, la estrategia de destrucción fue replanteada con un mayor horizonte de tiempo.

El fracaso en Caracas hizo más imperiosa la destrucción de las FARC, porque Colombia solo sirve de plataforma de agresión militar ---según el modelo de destrucción del Sandinismo desde Honduras--- sin columnas guerrilleras en su retaguardia. De ahí que la Casa Blanca planeó la neutralización de la capacidad operativa de las FARC en torno al año 2007-2008, para desatar una ofensiva generalizada contra Chávez y las fuerzas bolivarianas, a partir del 2008-2009.

4. Evo Morales y Rafael Correa desafían el plan maestro

Cuando Evo Morales asume la presidencia en Bolivia en enero del 2006 y comienza a practicar el proyecto del desarrollismo nacionalista-regional democrático de Hugo Chávez, se convierte en el tercer blanco estratégico de Washington. Al igual que en Venezuela con la planeación original del golpe, Washington pretende liquidar el nuevo gobierno boliviano en apenas dos a tres años y lo logra por la vía del separatismo, del caballo de Troya de la Asamblea Constituyente y la formación de la CONFILAR.

Se repite el patrón de actuación imperialista con la llegada al poder de Rafael Correa, en enero del 2007. Las puntas de lanza que moviliza el imperialismo en su contra, son la oligarquía de Guayaquil, donde se fundó la CONFILAR (2006), y el descontento del movimiento indígena organizado en la CONAIE. Washington calcula que a finales del 2008, inicios del 2009, se podrán ver los primeros debilitamientos del gobierno, causados por su política de desestabilización.

5. El software decide la batalla por América Latina

La hipótesis del Pentágono es que la pérdida de capacidad operativa de las FARC y de Evo Morales son irreversibles, situación que permite desatar ya la subversión paramilitar-militar desde Colombia, y la militar desde la Cuarta Flota estadounidense, contra Venezuela y Ecuador.

De la validez de este supuesto depende, en gran medida, el futuro del proyecto bolivariano de América Latina. Es posible razonar que la crisis estructural de las FARC es comparable a la crisis estructural del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), en El Salvador, en 1984, que fue superada por medidas acertadas del Frente; y que Evo Morales puede recuperar la iniciativa estratégica para un proyecto popular.

El análisis correcto de los meritos y falacias de la hipótesis de Washington es vital para América Latina. Ojala, que los líderes estatales y populares de América Latina estén a la altura teórica de esta peligrosa coyuntura. Porque el éxito general del plan maestro de Washington, pese a algunas derrotas parciales, demuestra el terrible precio que tendríamos que pagar por el triunfalismo y la subestimación de este bestial enemigo.

Fuente


Paradise Lost - Symbol of Life


Paradise Lost - Symbol of Life (2002)

1.Isolate 03:44
2.Erased 03:32
3.Two Worlds 03:29
4.Pray Nightfall 04:11
5.Primal 04:23
6.Perfect Mask 03:46
7.Mystify 03:49
8.No Celebration 03:48
9.Self Obsessed 03:07
10.Symbol of Life 03:56
11.Channel for the Pain 03:53
12.Xavier (Dead Can Dance cover) 06:07
13.Small Town Boy (Bronski Beat's cover) 05:17

Pass:www.ibadeath.org


La Noche - Guy de Maupassant




La noche
Guy de Maupassant, 1887

Amo la noche con pasión. La amo, como uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo, profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos, que escuchan su silencio, con toda mi carne que las tinieblas acarician. Las alondras cantan al sol, en el aire azul, en el aire caliente, en el aire ligero de la mañana clara. El búho huye en la noche, sombra negra que atraviesa el espacio negro, y alegre, embriagado por la negra inmensidad, lanza su grito vibrante y siniestro.
El día me cansa y me aburre. Es brutal y ruidoso. Me levanto con esfuerzo, me visto con desidia y salgo con pesar, y cada paso, cada movimiento, cada gesto, cada palabra, cada pensamiento me fatiga como si levantara una enorme carga.
Pero cuando el sol desciende, una confusa alegría invade todo mi cuerpo. Me despierto, me animo. A medida que crece la sombra me siento distinto, más joven, más fuerte, más activo, más feliz. La veo espesarse, dulce sombra caída del cielo: ahoga la ciudad como una ola inaprensible e impenetrable, oculta, borra, destruye los colores, las formas; oprime las casas, los seres, los monumentos, con su tacto imperceptible.
Entonces tengo ganas de gritar de placer como las lechuzas, de correr por los tejados como los gatos, y un impetuoso deseo de amar se enciende en mis venas.
Salgo, unas veces camino por los barrios ensombrecidos, y otras por los bosques cercanos a París donde oigo rondar a mis hermanas las fieras y a mis hermanos, los cazadores furtivos.
Aquello que se ama con violencia acaba siempre por matarle a uno.
Pero ¿cómo explicar lo que me ocurre? ¿Cómo hacer comprender el hecho de que pueda contarlo? No sé, ya no lo sé. Sólo sé que es. Helo aquí.
El caso es que ayer –¿fue ayer?–. Sí, sin duda, a no ser que haya sido antes, otro día, otro mes, otro año –no lo sé–. Debió ser ayer; pues el día no ha vuelto a amanecer; pues el Sol no ha vuelto a salir. Pero, ¿desde cuándo dura la noche? ¿desde cuándo...? ¿Quién lo dirá? ¿Quién lo sabrá nunca?
El caso es que ayer salí como todas las noches después de la cena. Hacía bueno, una temperatura agradable, hacía calor. Mientras bajaba hacia los bulevares, miraba sobre mi cabeza el río negro y lleno de estrellas recortado en el cielo por los tejados de la calle, que se curvaba y ondeaba como un auténtico torrente, un caudal rodante de astros.
Todo se veía claro en el aire ligero, desde los planetas hasta las farolas de gas. Brillaban tantas luces allá arriba y en la ciudad que las tinieblas parecían iluminarse. Las noches claras son más alegres que los días de sol espléndido.
En el bulevar resplandecían los cafés; la gente reía, pasaba, o bebía. Entré un momento al teatro; ¿a qué teatro? ya no lo sé. Había tanta claridad que me entristecí y salí con el corazón algo ensombrecido por aquel choque brutal de luz en el oro de los balcones, por el destello ficticio de la enorme araña de cristal, por la barrera de fuego de las candilejas, por la melancolía de esta claridad falsa y cruda.
Me dirigí hacia los Campos Elíseos, donde los cafés concierto parecían hogueras entre el follaje. Los castaños radiantes de luz amarilla parecían pintados, parecían árboles fosforescentes. Y las bombillas eléctricas, semejantes a lunas destelleantes y pálidas, a huevos de luna caídos del cielo, a perlas monstruosas, vivas, hacían palidecer bajo su claridad nacarada, misteriosa y real, los hilos de gas, del feo y sucio gas, y las guirnaldas de cristales coloreados.
Me detuve bajo el Arco de Triunfo para mirar la avenida, la larga y admirable avenida estrellada, que iba hacia París entre dos líneas de fuego, y los astros, los astros allá arriba, los astros desconocidos, arrojados al azar en la inmensidad donde dibujan esas extrañas figuras que tanto hacen soñar e imaginar.
Entré en el Bois de Boulogne y permanecí largo tiempo. Un extraño escalofrío se había apoderado de mí, una emoción imprevista y poderosa, un pensamiento exaltado que rozaba la locura.
Anduve durante mucho, mucho tiempo. Luego volví.
¿Qué hora sería cuando volví a pasar bajo el Arco de Triunfo? No lo sé. La ciudad dormía y nubes, grandes nubes negras, se esparcían lentamente en el cielo.
Por primera vez, sentí que iba a suceder algo extraordinario, algo nuevo. Me pareció que hacía frío, que el aire se espesaba, que la noche, que mi amada noche, se volvía pesada en mi corazón. Ahora la avenida estaba desierta. Solos, dos agentes de policía paseaban cerca de la parada de coches de caballos y, por la calzada iluminada apenas por las farolas de gas que parecían moribundas, una hilera de vehículos cargados con legumbres se dirigía hacia el mercado de Les Halles. Iban lentamente, llenos de zanahorias, nabos y coles. Los conductores dormían, invisibles, y los caballos mantenían un paso uniforme, siguiendo al vehículo que los precedía, sin ruido sobre el pavimento de madera. Frente a cada una de las luces de la acera, las zanahorias se iluminaban de rojo, los nabos se iluminaban de blanco, las coles se iluminaban de verde, y pasaban, uno tras otro, estos coches rojos; de un rojo de fuego, blancos, de un blanco de plata, verdes, de un verde esmeralda.
Los seguí, y luego volví por la calle Royale y aparecí de nuevo en los bulevares. Ya no había nadie, ya no había cafés luminosos, sólo algunos rezagados que se apresuraban. Jamás había visto un París tan muerto, tan desierto.
Una fuerza me empujaba, una necesidad de caminar. Me dirigí, pues, hacia la Bastilla. Allí me di cuenta de que nunca había visto una noche tan sombría, porque ni siquiera distinguía la columna de Julio, cuyo genio de oro se había perdido en la impenetrable oscuridad. Una bóveda de nubes, densa como la inmensidad, había ahogado las estrellas y parecía descender sobre la tierra para aniquilarla.
Volví sobre mis pasos. No había nadie a mi alrededor. En la Place du Château d'Eau, sin embargo, un borracho estuvo a punto de tropezar conmigo, y luego desapareció. Durante algún tiempo seguí oyendo su paso desigual y sonoro. Seguí caminando. A la altura del barrio de Montmartre pasó un coche de caballos que descendía hacia el Sena. Lo llamé. El cochero no respondió. Una mujer rondaba cerca de la calle Drouot: «Escúcheme, señor». Aceleré el paso para evitar su mano tendida hacia mí. Luego nada. Ante el Vaudeville, un trapero rebuscaba en la cuneta. Su farolillo vacilaba a ras del suelo. Le pregunté:
–¿Amigo, qué hora es?
–¡Y yo qué sé! –gruñó–. No tengo reloj.
Entonces me di cuenta de repente de que las farolas de gas estaban apagadas. Sabía que en esta época del año las apagaban pronto, antes del amanecer; por economía; pero aún tardaría tanto en amanecer...
«Iré al mercado de Les Halles –pensé–, allí al menos encontraré vida.»
Me puse en marcha, pero ni siquiera sabía ir. Caminaba lentamente, como se hace en un bosque, reconociendo las calles, contándolas.
Ante el Crédit Lyonnais ladró un perro. Volví por la calle Grammont, perdido; anduve a la deriva, luego reconocí la Bolsa, por la verja que la rodea. Todo París dormía un sueño profundo, espantoso. Sin embargo, a lo lejos rodaba un coche de caballos, uno solo, quizás el mismo que había pasado junto a mí hacía un instante. Intenté alcanzarlo, siguiendo el ruido de sus ruedas a través de las calles solitarias y negras, negras como la muerte.
Una vez más me perdí. ¿Dónde estaba? ¡Qué locura apagar tan pronto el gas! Ningún transeúnte, ningún rezagado, ningún vagabundo, ni siquiera el maullido de un gato en celo. Nada.
«¿Dónde estaban los agentes de policía? –me dije–. Voy a gritar; y vendrán.» Grité, no respondió nadie.
Llamé más fuerte. Mi voz voló, sin eco, débil, ahogada, aplastada por la noche, por esta noche impenetrable.
Grité más fuerte: «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!».
Mi desesperada llamada quedó sin respuesta. ¿Qué hora era? Saqué mi reloj, pero no tenía cerillas. Oí el leve tic–tac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría. Parecía estar viva. Me encontraba menos solo. ¡Qué misterio! Caminé de nuevo como un ciego, tocando las paredes con mi bastón, levantando los ojos al cielo, esperando que por fin llegara el día; pero el espacio estaba negro, completamente negro, más profundamente negro que la ciudad.
¿Qué hora podía ser? Me parecía caminar desde hacía un tiempo infinito pues mis piernas desfallecían, mi pecho jadeaba y sentía un hambre horrible.
Me decidí a llamar a la primera cochera. Toqué el timbre de cobre, que sonó en toda la casa; sonó de una forma extraña, como si este ruido vibrante fuera el único del edificio.
Esperé. No contestó nadie. No abrieron la puerta. Llamé de nuevo; esperé... Nada.
Tuve miedo. Corrí a la casa siguiente, e hice sonar veinte veces el timbre en el oscuro pasillo donde debía dormir el portero. Pero no se despertó, y fui más lejos, tirando con todas mis fuerzas de las anillas o apretando los timbres, golpeando con mis pies, con mi bastón o mis manos todas las puertas obstinadamente cerradas.
Y de pronto, vi que había llegado al mercado de Les Halles. Estaba desierto, no se oía un ruido, ni un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manojo de verduras o flores. Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto.
Un espantoso terror se apoderó de mí. ¿Que sucedía? ¡Oh Dios mío! ¿Qué sucedía?
Me marché. Pero, ¿y la hora? ¿Y la hora? ¿Quién me diría la hora?
Ningún reloj sonaba en los campanarios o en los monumentos. Pensé: «Voy a abrir el cristal de mi reloj y tocaré la aguja con mis dedos». Saqué el reloj... ya no sonaba... se había parado. Ya no quedaba nada, nada, ni siquiera un estremecimiento en la ciudad, ni un resplandor; ni una vibración de un sonido en el aire. Nada. Nada más. Ni tan siquiera el rodar lejano de un coche, nada.
Me encontraba en los muelles, y un frío glacial subía del río.
¿Corría aún el Sena?
Quise saberlo, encontré la escalera, bajé... No oía la corriente bajo los arcos del puente... Unos escalones más... luego la arena... el fango... y el agua... hundí mi brazo, el agua corría, corría, fría, fría, fría... casi helada... casi detenida... casi muerta.
Y sentí que ya nunca tendría fuerzas para volver a subir... y que iba a morir allí abajo... yo también, de hambre, de cansancio, y de frío.



Lilith

La primera vez que probé el fruto de los Árboles
sentí a las semillas de la Vida y el Conocimiento
quemar dentro de mí
juré ese día que no volvería atrás.

La primera vez que probé la carne de la muerte
sentí el sabor de la sangre
y el crujir de los huesos
juré ese día que no moriría.

La primera vez que probé mi propia sangre
sentí la urgencia y la agitación
de mi propia vida en mis labios
juré ese día amarme a mí misma
sobre todas las cosas.

La primera vez que probé la luz de la luna
sentí su brillo en mi vientre
y su salvaje ternura
juré ese día que caminaría de noche.

La primera vez que probé el amor de un dios
sentí el desgarrador alzarse de canción y fuego,
juré ese día que acariciaría la carne.

La primera vez que probé la sal del mar
sentí mi sangre convertirse en agua
mientras el cielo caía tras de mi
juré ese día que descendería y regresaría con maravillas.

La primera vez que probé el amor de un niño
grité con la alegría de una nueva vida
y lloré por lo que había perdido y ganado
juré ese día nutrir la vida
como antes abrazara la muerte.

Juro por tres veces tres veces
tres
que estos siete momentos serán mios
y que nada que transpire,
ni dios, ni hombre, ni bestia, me los quitará.

Lo juro por mí misma
y por mi inmortalidad.


Palabras que Lilith se dijo a sí misma cuando se vistió con el Manto de la Luna (del libro Revelaciones de la Madre Oscura)

Las revelaciones de la Madre Oscura - Rachel Dolium


Las revelaciones de la Madre Oscura - Rachel Dolium
(Vampiro: La Mascarada Novelas)

Las Revelaciones de la Madre Dark es un libro de ficción escrito en un estilo similar al Libro de Nod para White Wolf, Inc 's Vampiro: La Mascarada juego de rol.

Las revelaciones de la Madre Oscura se divide en tres partes principales:

Primer Círculo: El Libro de la Serpiente:Relata el jóven idealismo de la Madre, su creación, dificultades y ascensión desde un juguete deseado a la divinidad.

Segundo círculo: El Libro del Buho: Refleja su búsqueda personal y la fundación de Elona, el Primer Jardín de la Esperanza y D'hainu, el Segundo Jardín de la Renovación. Este último jardín proporciona un hogar a Lilith, su consorte Lucifer y sus hijos. Cuando Caín descubre (o es guiado hacia) ese lugar, cambia el curso de la humanidad y de todos los nuestros.

Tercer círculo: El Libro del Dragón: Cierra el círculo al describir la plantación de Bahara, el Tercer Jardín de los Pesares. Desde lugar-que-no-es-un-lugar Lilith invoca a los espíritus de la Tormenta y el tormento y declara una larga noche de sufrimiento... especialmente para los hijos de Caín.




Lilith y Caín ¿Rebeldes o revelaciones?





Mitologías
Lilith y Caín ¿Rebeldes o revelaciones?

Por Ozziel Nájera
Muchos hemos escuchado estos nombres y puede ser que también conozcamos un poco del mito que los rodea como arquetipos de la rebeldía y de la revelación. Lilith y Caín son dos de las figuras expulsadas de las sagradas escrituras: Lilith es solamente mencionada en un solo pasaje en toda la Biblia (Isaías 34, 14). mientras que Caín, el primer homicida según la mitología hebrea, es desterrado posteriormente del asesinato de su hermano menor Abel, para así echarse a espaldas una terrible maldición divina y una ridícula descendencia comparada con la descendencia de Set o Noe.

La figura de Lilith la podemos encontrar en un largo periodo de la humanidad habitando en desiertos y ciudades desoladas, malversando el sueño a los hombres, en busca de la sangre de los niños, para saciar su desbordante sexualidad y nuevamente huir al desierto o al mar en donde encuentra armonía entre las lechuzas. Posiblemente el antecedente más remoto que poseemos sobre la brujería, espíritus malignos y vampiros sea Lilith. Su primer advenimiento se presenta en el poema de Gilgamesh, un antiguo texto literario mesopotámico, que reúne gran parte de su mitología. Los sumerios la representaban como una especie de mujer pájaro con patas y garras de lechuza parada sobre un par de chacales y a sus lados con dos lechuzas, sus pájaros sagrados, la escultura que data del 2000 a.C. así lo prueba. Más adelante los asirios y babilonios la absorben como un demonio alado. Esta figura influiría en las culturas hebreas antiguas quienes representaron a Lilith como espíritu nocturno o demonio femenino. Esta idea se extendería hasta Grecia asumiendo el nombre de Lamia.

El mito indica que Lilith acostumbraba salir por las noches en busca del semen desperdiciado de los hombres solos para fertilizarse y crear demonios. Los hebreos se protegen de ella lanzando conjuros. Dentro de la Biblia no se le da gran importancia, en el Talmud se le imagina como una mujer demonio y ya al entrar la Edad Media se le considera consorte de Yahveh.
Lilith representa el arquetipo de lo femenino negado por una cultura patriarcal y ha servido como estandarte del feminismo. Ella fue la única capaz de articular el impronunciable y verdadero nombre de Dios. Es la efigie del erotismo femenino, de la sexualidad desbordante y natural de la mujer que aparece intensamente atractiva, y a la vez, potencialmente peligrosa en los sueños de los hombres solos. "Lilith comparte la misma historia de las sirenas, las amazonas, las hetairas1, todas ellas figuras femeninas que han intentado asumirse como mujeres libres, sin ninguna necesidad de someterse a los hombres".

Los primeros datos de Lilith se ubican a mediados del tercer milenio antes de nuestra era, en la época sumeria, en el área conocida como Mesopotamia. Se encuentra como Lillake en una tablilla sumeria del año 2000 a.C. hallada en Ur, que abarca el relato de Gilgamesh y el sauce. Aquí se refiere a Lilith como un demonio hembra que habita en un sauce custodiado por la diosa Inanna en las riveras del Éufrates. En la tablilla XII se localiza la narración siguiente:

"Entre sus raíces, la serpiente "que no conoce reposo"
había situado su nido;
en su copa, el pájaro de la Tempestad,
había colocado su cría;
en el centro Lillake construyó su casa.
(...)
Gilgamesh se quita de su talle su armadura,
Cuyo peso es de cincuenta minas.
(...)
Gilgamesh empuñó su hacha en la mano,
(hacha) que pesaba siete talentos y siete minas,
y entre las raíces del árbol golpeó
a la serpiente "que no conoce reposo";
y en su copa el pájaro de la Tempestad
le robó su pequeñuelo, teniendo que huir
el pájaro a la montaña.
Gilgamesh destruyó la casa de Lillake
Y dispersó sus escombros.
Cortó el árbol por las raíces, golpeó su copa,
Y luego las gentes de la ciudad vinieron a cortarla.
Entregó el tronco a la brillante Inanna
Para hacerse un lecho,
(Gilgamesh) con las raíces fabricó un pukku y con la copa un mikku".

Es fascinante la correspondencia que desde entonces asocia a Lilith con serpientes, aves nocturnas como las lechuzas y dragones. El nombre "Lilith" proviene del vocablo asirio-babilónico lilitu, "demonio femenino" o "espíritu del viento", que constituía parte de una tríada mencionada en los conjuros babilónicos. La etimología popular hebrea al parecer derivó "Lilith" de layit, que significa "noche" de ahí su relación con un monstruo nocturno y peludo, cosa que también pasa en la tradición popular árabe.

La demonología de Mesopotamia ejerció gran influencia sobre las ideas hebreas y cristianas en torno a los demonios y al diablo. Los demonios de Mesopotamia eran por lo regular espíritus hostiles de menor dignidad y con menos poder que los dioses. Algunas veces se les consideraban hijuelos de Tiamat. Prácticamente existían demonios para todos los males humanos de entre los cuales figuraba Lilitu o Ardat Lili como uno de los más aterradores valiendo como prototipo ancestral de la Lillith bíblica. Lilitu era la representación de una "virgen de desolación", frígida, estéril, que vagaba de noche para atacar a los hombres como súcubo o bebiéndoles la sangre.

El mito hebreo cuenta una historia distinta pero profundamente asociada con la Lilith sumeria: Adán aburrido y celoso de que los animales tenían una pareja (hembra-macho) sugirió a Dios que remediara esa injusticia. Entonces Dios creó a Lilith de la misma manera que a Adán, aunque utilizando sedimento en lugar de polvo puro. La relación entre Adán y Lilith al parecer no resultó bastante grata para ambos y pronto empezaron a generarse diferencias, pues ambos poseían la misma fuerza.

Robert Graves y Rafael Patai refieren este mito de la siguiente manera:

---" Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos, pues cuando el deseaba yacer con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura reclinada que él exigía. "¿Porqué he de yacer debajo de ti? -preguntaba-. Yo también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual."" Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilit pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó.
Adán se quejó a Dios: "Mi compañera me ha abandonado". Dios envió inmediatamente a los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof para que buscaran a Lilit y la hicieran volver. La encontraron junto al mar Rojo, región que abundaba en demonios lascivos, con los cuáles engendró lilim (hijos) a razón de más de cien al día. "¡Regresa con Adán de inmediato -dijeron los ángeles- o te ahogaremos!" Lilit preguntó: "¿Cómo puedo regresar con Adán y vivir como una esposa honesta después de mi estancia en el mar Rojo?". "¡Si te niegas morirás!", replicaron ellos."¿Cómo puedo morir -volvió a preguntar Lilit- si Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los recién nacidos: de los niños hasta el octavo día de vida, el de su circuncisión, y de las niñas hasta el vigésimo día? No obstante, si alguna vez veo vuestros tres nombres o vuestras efigies en un amuleto sobre un recién nacido, prometo perdonarle la vida." Los ángeles accedieron al trato, pero Dios castigó a Lilit haciendo que un centenar de sus hijos demoníacos perecieran cada día; y cuando ella no podía destruir la vida de un infante debido al amuleto angelical, se volvía en rencor contra los suyos propios." ----

Ahora bien, cabe preguntarnos: ¿porqué Dios no destruye a Lilith quien se atrevió a pronunciar su nombre mágico? (las diferencias entre los mitos de la Creación de Génesis 1 y 2, que permiten suponer que Lilith fue la primera compañera de Adán, según Graves y Patai es resultado de haber entrelazado a la ligera una tradición judía primitiva con otra sacerdotal posterior). La imagen de Lilith cambió entrando la edad media en donde se le situó en el lugar de consorte de Yahveh quien al buscar una compañera recurrió a Lilith; como resultado de ello se despliegan tantas enfermedades, guerras, muertes y males que acechan al mundo y que cesarán en el momento en que Yahveh y Lilith dejen de pecar.

Jorge Luis Borges en su Libro de los seres imaginarios describe a Lilith de la siguiente manera:

--- "era una serpiente; fue la primera esposa de Adán y le dio glittering sons and radiant daughters (hijos resplandecientes e hijas radiantes). Dios creó a Eva, después; Lilith para vengarse de la mujer humana de Adán, la instó a probar del fruto prohibido y a concebir a Caín, hermano y asesino de Abel"---

La historia de Caín se muestra igualmente interesante pues está vinculada directamente con el sacrificio, la sangre, la inmortalidad y como si no bastara, con Lilith. Graves y Patai señalan que algunos textos hablan sobre Samael disfrazado como serpiente, quien tras haber hecho que el hombre comiera del árbol de la Ciencia engendró a Caín con Eva; "de ese modo, contaminó toda la descendencia habida de la posterior unión de Eva y Adán". También hablan sobre los celos de Samael ante la imagen de Eva y Adán en al acto sexual sin la menor vergüenza. Siendo así, Samael esperó a que Adán yaciera con Eva y se quedase dormido, y en aquel momento tomó su lugar. Eva se entregó a él y concibió a Caín.


--- "Como el rostro del infante Caín tenía un brillo angelical, Eva supo que Adán no había sido el padre y, en su inocencia exclamó: "¡He adquirido un varón con el favor de Yahveh!"
Otros explican el nombre de Caín diciendo que nada más nacer se puso en pie, salió corriendo y regresó con una espiga de trigo que dio a Eva; entonces ella le llamó Caín que significa "tallo".
Después Eva dio a luz a un segundo hijo, a quien llamó Abel, que quiere decir "soplo" o, según otros, "vanidad" o "pena" previniendo su pronta muerte. Esa revelación la tuvo en un sueño: veía a Caín bebiendo la sangre de Abel y rechazando su apenada súplica de que le dejar unas pocas gotas. Cuando Eva contó a Adán su sueño, el le dijo: "Debemos separar a nuestros hijos". En consecuencia, Caín creció como agricultor y Abel como Pastor; y cada uno vivía en su propia choza."---

La famosa escena del fratricidio de Caín y Abel es ampliamente conocida, y mencionada en el Antiguo Testamento.

--- " Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; Mas no miró propicio a Caín y a la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera y decayó su semblante".---

Las ofrendas que Caín llevaba a Jehová eran de tipo vegetal, mientras que las de Abel eran animales, las cuales al parecer eran mucho más agradables a Dios. Es normal que el sentimiento de Caín halla sido el de envidia acompañado del de superar la ofrenda de Abel. Muchas versiones señalan que Abel fue asesinado por la envidia y celos de Caín, otras según Graves y Patai indican que fue por la repartición de tierras, por odio contra un dios injusto, por contraer nupcias cada uno con la hermana gemela del otro, o finalmente porque ¿qué mejor ofrenda podía recibir Dios sino era a su mejor adorador sacrificado? En The Book Of Nod, escrito en 1997 para el juego de rol Vampire The Masquerade, podemos encontrar una especie de defensa de Caín quien de manera justificada explica el sacrificó de su hermano y el fin:

---"Y mi hermano, querido Abel, me dijo: "Caín, no has traído un sacrificio, un regalo de la prima parte de tu alegría, para quemarlo en la ara de Aquél en lo Alto". Yo lloré lágrimas de amor cuando, con mis útiles puntiagudos, sacrifiqué aquello que era la parte primera de mi alegría, mi hermano. Y la Sangre de Abel cubrió el altar, y olía dulce mientras ardía. Pero mi Padre dijo: "Maldito estás, Caín, quien mataste a tu hermano. Como yo fui expulsado, así lo serás tú". Y Él me exilió a vagar en la oscuridad, la tierra de Nod..."---

Nadie antes había contemplado lo maravilloso que podía haber resultado el sacrificio de Abel, no su asesinato. Tal vez sea el resultado de la visión que nos han enseñado a contemplar la muerte como un final y no como una ofrenda de la cual se puede aprender, como un sacrificio de amor a Dios.

Cabe preguntarnos ¿Porqué Dios no castigó con la muerte al asesino de su hijo más noble y querido? La maldición que Jehová dejó caer sobre Caín fue, según el Antiguo Testamento, que la tierra no volvería a dar su fuerza por haber absorbido la sangre de Abel, condenándolo a estar errante y extranjero a donde fuese, marcándolo con una señal en la frente para que aquel que lo encontrara no lo pudiera matar, de lo contrarío sería vengado siete veces. De esta forma Caín fue hacia el oriente del Edén a habitar la tierra de Nod donde conoció a su mujer con quien tuvo descendencia. Graves y Patai señalan que Dios inflingió a Caín siete castigos peores que la muerte, a saber un cuerno vergonzoso que crecía de su frente, el grito "¡Fraticida!" que resonaba por valles y montañas, una parálisis que le hacía agitarse como una hoja de álamo, un hambre voraz que nunca se saciaba, la decepción de todos sus deseos, una perpetua falta de sueño y la orden de que ningún hombre debía ofrecerle amistad ni matarle. Habría que preguntarnos ¿porqué a Adán y a Eva los maldijo quitándoles la inmortalidad y a Caín defendiéndolo de la muerte? Tras el nacimiento de su primogénito Henoc, Dios permitió a Caín descansar de su vida de vagabundo errante y construir una ciudad llamada Henoc honrando la ocasión.

Finalmente, queda por resolver una duda: ¿Con qué mujer pudo tener descendencia Caín si estaba expulsado de Edén? Según Graves y Patai había una primera Eva que al ser creada frente Adán le generó asco y tuvo que ser escondida, esa podría ser quizás una respuesta, la otra opción que queda es Lilith, lo cual no parece tan disparatado puesto que ambos fueron expulsados de Edén escapando así a la muerte pero no con ello a la desgracia eterna. Como podemos ver esta pareja constituye parte importante dentro de nuestra mitología judeocristiana puesto que su función no solamente es la de mostrar el castigo al rebelde, sino también la de la revelación de un orden que refleja la iniquidad de un sistema patriarcal y mitológico que justifica la represión de un género, edad, grupo racial o posición social. Nuestra civilización necesita que incorporemos estas figuras cuanto antes puesto que su expulsión simboliza la negación de nuestras facetas oscuras que, mientras sigan escondidas y sin incorporación a la psique, van a seguir manifestándose a través de la violencia, enfermedad, el caos y la destrucción que reinan en nuestros días. Es menester que comencemos a cambiar nuestra fragmentada manera de percibir a los demás y a nosotros mismos. Ha llegado la hora de quitarle su marca a Caín y de extraer del exilio a Lilith para hacer una sociedad más completa, que de expresión a todo aquél que decida manifestarse.




Era - Era


Era - Era (1997)

01. Era
02. Ameno (vocals by Guy Protheroe and Harriet Jay)
03. Cathar rhythm (vocals by Eric Geisen and Harriet Jay)
04. Mother (vocals by Florence Dedam)
05. Avemano (vocals by Harriet Jay)
06. Enae volare mezzo (vocals by Guy Protheroe and Murielle Lefebvre)
07. Mirror
08. Sempire d'amor
09. After time (vocals by Florence Dedam)
10. Impera
11. Ameno (HQ remix)

Pass: vinyl


Sentimientos disueltos en el alma


Sentimientos disueltos en el alma

Acurrucado en un rincón
con el alma en pedazos escribo sentimientos.
La fealdad de mi interior se mimetiza
con el aspecto de la lúgubre habitación
donde todo parecería muerto, quieto y helado.
Detenidamente observo tu retrato
dentro de mi cabeza,
donde lo guardo desde aquel día.
La melancolía y tristeza caminan de la mano
por el grotesco bosque
de mis emociones.
Lentas y en silencio
las lágrimas transparentes
recorren mi piel con suavidad,
mientras que las rojas arañan mi cuerpo
y me sumergen en un sueño infinito.
Aun sostengo entre mis dedos
aquella hoja plateada,
la que me ayuda a segregar mis penas
a través de mis brazos ya desganados.
De repente siento como mi todo
se disuelve entre el aire viciado
que flota a mi alrededor
y penetra por mis poros al mismo tiempo
ante mi sin vida mirada perdida.
Mis días, mi tiempo
parecen un sueño paranoico
donde nada tiene sentido,
solo una serie de eventos
que transcurren al azar.
No me había dado cuenta
pero el círculo rojo
que rodea mis pies
es cada vez más amplio.
Estoy ahora recostado sobre él
y solo dejo a mi cuerpo
enfriarse, mi vista nublarse
y sentir la belleza
de cada segundo que pasa,
hasta que la luz que llevo dentro
se consuma para siempre.
Dejando como recuerdo
el transporte inerte
que soporto mis penas
todos estos años.

Aquel Cementerio




Aquel Cementerio

Me levanté y no sé de donde.

Aquel simple gesto me resultaba ya familiar, pero a pesar de ello, a pesar de... Me duelen los huesos, no es un dolor vasto, más bien es suave pero localizado, sobre todo las piernas y la garganta. Sí, la garganta, quiero tocarla, acariciarla, pero no puedo; me duele.

Quisiera llorar, estremecerme, humedecer mis mejillas con lágrimas, muchas lágrimas y ver como la gente se apiada de mí, como se compadece ÉL. Quiero... quiero... pero no puedo y no lo entiendo.

Este sitio... siempre acabo en el mismo lugar; lóbrego, álgido. Despertar y cegarme con el sol, ¡sí!, pero no.

Esa luna. Este sueño.

Siempre me despierto; siempre aquí. Hoy la luna está en otro lugar ¿o soy yo?, no lo sé, no me importa, hace tiempo que... ¡Ah! ¡Ese dolor!.

Si al menos un espejo, un reflejo me permitiese ver que me pasa, lo comprendería, lo entendería y dormiría mejor. Todos los días busco un espejo para ver mi imagen pero NUNCA la encuentro, siempre se esconde.

Está todo tan oscuro, tan lúgubre; no veo nada y me desconcierta. Aquellas cruces me sobrecogen, están por todos lados, me rodean. Son tantas las noches que he pasado por aquí... son tan frías.

Cuando me acerco a aquella, la del rincón... ...ella era rubia, cara angelical y ojos alegres, pero se tiñeron de tristeza, de amargura. Su corazón sufría y sufría. Aquel hombre, daba todo por aquel hombre. Se enamoró pronto y le entregó su vida, pero él... Él le pegaba, cada día, cada vez más fuerte y ella lloraba abrazada a su corazón. Aquellos golpes le arrancaban ilusiones, ambiciones... hasta que un día se vació. "Esos golpes, me duelen sus golpes". Allí tirada en el suelo llorando... "¡No me pegues más! ¡Ah! ¡Me haces daño!".... Por fin se va, siempre lo hace. Pero su rostro... ¡no!, su rostro. Se levanta, pero no puede, se arrastra; como yo.

Aquel suelo, aquellas paredes, esa sangre, todo está lleno de sangre; sus manos, su cara, mi cara. Por fin LLEGARÁ junto aquella puerta, aquel armario, aquellas pastillas..."¡No, no!" Pero no me oye, es demasiado tarde; su boca, esos ojos cansados, tristes y ese sueño, ese sueño eterno. "¿¡¡Por qué!!?"

No puedo seguir mirando, siempre acaba igual, siempre lo mismo, odio todo y sin embargo me gusta, me gusta odiar, es una sensación placentera que alimenta mi curiosidad, mi vacío, mi aburrimiento, mi espera.

Avanzo cada vez más fatigada... ... aquella zona es muy oscura, sin embargo un impulso incontrolado provoca que mis pasos se orienten hacía AQUEL lugar. Siempre lo he intentado evitar y a pesar de la oscuridad, sé que tras aquellos matorrales hay una pequeña tumba que me gusta. Es una cruz pequeña... ...era un NIÑO moreno, de ojos azules, ERA travieso, alegre, pero aquel día lloraba sin cesar en aquella habitación, "¡Basta, basta!" gritaba, "¡Basta, basta!" mientras sangraba y sudaba. Sus ojos estaban rojizos, sus pupilas dilatadas y sus lágrimas mojaban aquel roído colchón. Él, sin embargo, reía con gestos placenteros, mientras su cuerpo se convulsionaba cada vez más fuerte. Le golpeaba, le cogía de las piernas con fuerza ¿por qué a él?, no lo entiendo, pero es normal, YO no entiendo tantas cosas... La palidez de aquel niño contrastaba con las marcas de sufrimiento que dibujaban su pequeño cuerpo. Apretaba cada vez más fuerte, esas rudas manos, esa virgen y fina piel, ese dolor, mi dolor. Encima de él, AQUEL individuo vaciaba su poder, "¡Quiero irme!", pero no puedo; estoy tumbada en el suelo, la húmeda tierra empapa mi piel, no puedo moverme, igual que aquel niño. "¡Intenta escapar!", pero no me oye, sigue allí mientras aquel HOMBRE le desgarra sin pudor alguno.

ERA horrible. "¡Silencio!" Se oyen voces. Una mujer, "¡Detrás de la puerta! ¡ Detrás de la puerta!". La puerta se abre y un grito recorre las paredes de la habitación mientras MI rostro se oculta tras sus manos. La mujer se abalanza sobre el hombre, PADRE de todos los males, pero este sonríe. Aquel cuchillo... aquel fino metal le desgarra el estómago, ella se derrumba y cae al suelo mientras presiona la herida con ambas manos y maldice su existencia. A mí también me duele, pero yo no sangro, NUNCA lo hago, ella sí, hasta que sus ojos se cierran, hasta que se duerme... El niño corre, con el cuerpo medio desnudo, "¡Corre! ¡Corre!" SALDRÉ en tu ayuda. Él, enloquecido por el placer DE matar, le busca, le persigue AQUÍ y allí. El niño no puede más PORQUE le duelen las piernas; como a mí. Está aterrado, se esconde, espera callado, sollozando, pero el olor a sangre le delata, su cuerpo es levantado en el aire y en décimas de segundos ve como un resplandor recorre de izquierda a derecha su cuello, su pequeño, fino y virgen cuello...

Deseo irme, ESTOY harta, todo es sufrimiento, dolor, locura... aquel, aquella, aquellos... todo está MUERTO, todos murieron "¡Basta!" Espero irme pronto, ya queda menos. Sé que hoy vendrá y me iré con él, me dijo que esperase aquí, que me llevaría a otro lugar pero tarda. ¿Me habrá abandonado? Prefiero pensar que no encuentra este paraje, yo mientras espero, no tengo prisa.



Rammstein - Underworld's Trip


Rammstein - Underworld's Trip (2008)

CD 1:
01. Reise, Reise
02. Mein Teil
03. Dalai Lama
04. Keine Lust
05. Los
06. Amerika
07. Moskau
08. Morgernstern
09. Stein Um Stein
10. Ohne Dich
11. Amour

CD 2:
01. Ohne Dich(Original) (Speed Version)
02. Morgernstern (High Tone Version)
03. Morgernstern (Low Tone Version)
04. Stein Um Stein (Speed Version)

Password: underworld


Alma VII - Voltaire, diccionario Filosófico




Alma -VII
Diccionario Filosófico - Voltaire

Debo confesar que siempre que examino al infatigable Aristóteles, al doctor Angélico y al divino Platón, tomo por motes estos epítetos que se les aplican. Me parecen todos los filósofos que se han ocupado del alma humana, ciegos, charlatanes y temerarios, que hacen esfuerzos para persuadirnos de que tienen vista de águila, y veo que hay otros amantes de la filosofía, curiosos y locos, que los creen bajo su palabra, imaginándose que de ese modo ven algo.

No vacilo en colocar en la categoría de maestros de errores a Descartes y a Malebranche. Descartes nos asegura que el alma del hombre es una substancia, cuya esencia es pensar que piensa siempre, y que se ocupa desde el vientre de la madre de ideas metafísicas y de acciones generales que olvida en seguida. Malebranche está convencido de que todo lo vemos en Dios. Si encontró partidarios, es porque las fábulas más atrevidas son las que mejor recibe la débil imaginación del hombre.

Muchos filósofos han escrito la novela del alma; pero un sabio es el único que ha escrito modestamente su historia. Compendiaré esa historia según yo la concibo. Comprendo que todo el mundo no estará acorde con las ideas de Locke: pudiera ser que Locke tenga razón contra Descartes y Malebranche, y que se equivoque para la Sorbona; pero yo hablo desde el punto de vista de la filosofía, no desde el punto de las revelaciones de la fe.

Sólo me corresponde pensar humanamente. Los teólogos que decidan respecto a lo divino: la razón y la fe son de naturaleza contraria. En una palabra, voy a insertar un extracto de Locke, a quien yo censuraría si fuese teólogo, pero a quien patrocino como una hipótesis, como conjetura filosófica humanamente hablando. Se trata de saber lo que es el alma.

1º La palabra alma es una de esas palabras que pronunciamos sin entenderlas, sólo entendemos las cosas cuando tenemos idea de ellas, no tenemos idea del alma, luego no la comprendemos.

2º Se nos ha ocurrido llamar alma a la facultad de sentir y de pensar, así como llamamos vida a la facultad de vivir y voluntad a la facultad de querer.

Algunos razonadores dijeron en seguida a esto: –El hombre es un compuesto de materia y de espíritu; la materia es extensa y divisible, el espíritu ni es una cosa ni otra, luego es de naturaleza distinta. Es una reunión de dos seres que no han sido creados el uno para el otro y que Dios unió a pesar de su naturaleza. Apenas vemos el cuerpo, y absolutamente no vemos el alma. Esta no tiene partes; luego es eterna: tiene ideas puras y espirituales, luego no las recibe de la materia: tampoco las recibe de sí misma; luego Dios se las da, luego ella aporta al nacer la idea de Dios y del infinito, y todas las ideas generales.

Humanamente hablando, contesto a dichos razonadores, diciéndoles que son muy sabios. Empiezan por concedernos que existe el alma, y luego nos explican lo que debe ser: pronuncian la palabra materia, y deciden de plano lo que la materia es. Pero yo les replico: No conocéis ni el espíritu ni la materia. En cuanto al espíritu, sólo le concedéis la facultad de pensar; y en cuanto a la materia, comprendéis que ésta no es más que una reunión de cualidades, de colores, de extensiones y de solideces; a esa reunión llamáis materia, y marcáis los límites de ésta y los del alma antes de estar seguros de la existencia de una y de otra.

Enseñáis gravemente que las propiedades de la materia son la extensión y la solidez; y yo os repito modestamente que la materia tiene otras mil propiedades, que ni vosotros ni yo conocemos. Aseguráis que el alma es indivisible y eterna, dando por seguro lo que es cuestionable. Obráis casi lo mismo que el director de un colegio que, no habiendo visto un reloj toda su vida, le pusieran en las manos de repente un reloj de repetición inglés. Ese director, como buen peripatético, queda sorprendido viendo la precisión con que las saetas dividen y marcan el tiempo, y se asombra de que el botón oprimido por el dedo, haga tocar la hora que la saeta marca. El filósofo no duda un momento de que dicha máquina tenga un alma que la dirige y que se manifiesta por medio de los resortes. Demuestra científicamente su opinión, y compara esa máquina con los ángeles, que imprimen movimiento a las esferas celestes, sosteniendo en clase una agradable tesis sobre el alma de los relojes, uno de sus discípulos abre el reloj, en el que no ve más que las ruedas y los muelles, y sin embargo, sigue sosteniendo siempre el sistema del alma de los relojes, creyéndole demostrado. Yo soy el estudiante que abre el reloj, que se llama hombre, y que en vez de definir con atrevimiento lo que no comprendemos, trata de examinar por grados lo que deseamos conocer.

Tomemos un niño desde el momento en que nace, y sigamos paso a paso el progreso de su entendimiento. Me habéis enseñado que Dios se tomó el trabajo de crear un alma para que se alojara en el cuerpo de dicho niño cuando éste tuviera cerca de seis semanas, y que cuando se introduce en su cuerpo está provista de ideas metafísicas, conoce el espíritu, las ideas abstractas y el infinito; en una palabra, es sabia. Pero desgraciadamente sale del útero con una completa ignorancia; pasa dieciocho meses sin conocer más que la teta de la nodriza, y cuando llega a la edad de veinte años, y se pretende que esa alma recuerde las ideas científicas que tuvo cuando se unió a su cuerpo, es muchas veces tan obtusa, que ni siquiera puede concebir ninguna de aquellas ideas. El mismo día que la madre pare al citado niño con su alma, nacen en la casa un perro, un gato y un canario. Al cabo de dieciocho meses, el perro es excelente cazador, al año el canario canta muy bien, y el gato al cabo de seis semanas posee todos los atractivos que ha de poseer el niño, al cumplir cuatro años, no sabe nada. Supongo que yo sea un hombre grosero, que he presenciado tan prodigiosa diferencia y que no he visto nunca ningún niño; pues desde luego creo que el gato, el perro y el canario, son criaturas muy inteligentes, y que el niño es un autómata. Pero poco a poco voy apercibiéndome de que el niño tiene ideas, memoria y las mismas pasiones que esos animales, y entonces comprendo que es una criatura razonable como ellos. Me comunica diferentes ideas por medio de las palabras que aprendió, como el perro por sus distintos gritos me hace conocer sus diversas necesidades. Me apercibo de que a los siete u ocho años el niño combina en su cerebro casi tantas ideas como el perro de caza en el suyo, y que por fin, pasando los años consigue adquirir gran numero de conocimientos ¿Entonces qué debo pensar de él? Que es de una naturaleza completamente diferente. No puedo creerlo porque vosotros veis un imbécil al lado de Newton, y sostenéis que uno y otro son de la misma naturaleza, con la única diferencia del más al menos. Para asegurarme de la verosimilitud de mi opinión probable, estudio al perro y al niño cuando están despiertos y cuando duermen. Hago que los sangren a uno y a otro, y sus ideas parece que salgan de ellos con la sangre. Puestos en ese estado, los llamo y no me contestan, y si me esfuerzo en hablar con ellos, no lo consigo. Luego los examino durante su sueño me doy cuenta de que el perro, después de comer muy bien, sueña y grita como si estuviera cazando y el niño sueña que habla con su novia y la enamora. Si uno y otro comen frugalmente, ni uno ni otro sueña, en una palabra, veo en ellos que la facultad de sentir, de apercibirse, de expresar las ideas se desarrolla poco a poco y se debilita también por grados. Encuentro entre el niño y el perro muchos más puntos de contacto que encuentro entre el hombre de talento y el hombre absolutamente imbécil ¿Qué opinión tendré, pues, de esa naturaleza? La que todos los pueblos tuvieron antes que la ciencia egipcia ideara la espiritualidad, la inmortalidad del alma

Hasta sospecharé, con apariencias de verdad, que Arquimedes y un topo son de la misma especie, aunque de género diferente; que la encina y el grano de mostaza están formados por los mismos principios, aunque aquélla sea un árbol grande y ésta una planta pequeña. Creeré que Dios concedió porciones de inteligencia a las porciones de materia organizada para pensar, que la materia está dotada de sensaciones proporcionadas a la finura de sus sentidos, que éstos las proporcionan según la medida de nuestras ideas. Creeré que la ostra tiene menos sensaciones y menos sentido, porque teniendo el alma dentro de la concha, los cinco sentidos son inútiles para ella. Hay muchos animales que sólo están dotados de dos sentidos; nosotros tenemos cinco, y por cierto que son muy pocos. Es de creer que en otros mundos existan otros animales que estén dotados de veinte o de treinta sentidos y otras especies mucho más perfectas que tengan muchos más.

Esta parece la manera más lógica de razonar, quiero decir, de sospechar y de adivinar. Indudablemente pasó mucho tiempo antes que los hombres fueran bastante ingeniosos para inventar un ser desconocido que está en nosotros, que nos hace obrar, que no es completamente nosotros, y que vive después que nosotros morimos. De ese modo se llegó por grados a concebir idea tan atrevida. Al principio, la palabra alma significó vida, y era común para nosotros y para los demás animales; luego nuestro orgullo nos hizo sospechar que el alma sólo correspondía al hombre, y entonces inventamos una forma substancial para las demás criaturas: el orgullo humano pregunta en qué consiste la facultad de apercebirse y de sentir que se llama alma en el hombre e instinto en el bruto. Dilucidaré esa cuestión cuando los físicos me enseñen lo que es la luz, el sonido, el espacio, el cuerpo y el tiempo. Repetiré con el sabio Locke: La filosofía consiste en detenerse cuando la antorcha de la física no nos alumbra

Observo los efectos de la naturaleza; pero confieso que, como vosotros, tampoco conozco los primeros principios. Todo se reduce a que no debo atribuir a muchas causas, y mucho menos a causas desconocidas, lo que puedo atribuir a una causa conocida: puedo atribuir a mi cuerpo la facultad de pensar y de sentir, luego no debo buscar la facultad de sentir y de pensar en lo que se llama alma o espíritu, del que no tengo la menor idea. Os subleváis contra esta proposición, y creéis que es irreligiosidad atreverse a decir que el cuerpo pueda pensar ¿Pero qué contestaríais –respondería Locke,– si os dijera que vosotros sois también culpables de irreligión, porque os atrevéis a limitar el poder de Dios? ¿Quién, sin ser impío, puede asegurar que es imposible para Dios dotar a la materia de la facultad de sentir y de pensar? Sois al mismo tiempo débiles y atrevidos, aseguráis que la materia no piensa, únicamente porque no concebís que la materia pueda pensar.

Grandes filósofos, que decidís sobre el poder de Dios, y al mismo tiempo concedéis que puede Dios convertir una piedra en un ángel {(1) San Mateo, cap III, vers. 9.}, ¿no comprendéis que según vuestras mismas teorías y en el citado caso, Dios concedería a la piedra la facultad de pensar? Si la materia de la piedra desapareciera, no sería piedra ya, sería ángel. Por cualquier parte que cuestionéis, os veréis obligados a confesar dos cosas, vuestra ignorancia y el poder inmenso del Creador: vuestra ignorancia niega que la materia pueda pensar, y la omnipotencia del Creador nos demuestra que le es posible conseguir que la materia piense.

Conociendo que la materia no perece, no debéis negar a Dios el poder de conservar en esa misma materia la mejor de las cualidades de que la dotó. La extensión subsiste sin cuerpo por sí misma, ya que hay filósofos que creen en el vacío; los accidentes subsisten independientes de la substancia para los cristianos que creen en la substanciación. Decís que Dios no puede hacer nada que implique contradicción, pero para encontrar ésta se necesita saber muchísimo más de lo que sabemos; y en esta materia sólo sabemos que tenemos cuerpo y que pensamos. Algunos que aprendieron en la escuela a no dudar, y que toman por oráculos los silogismos que en ellas les enseñaron y las supersticiones que aprendieron por religión, tienen a Locke por impío peligroso. Debemos hacerles comprender el error en que incurren y enseñarles que las opiniones de los filósofos jamás perjudicaron a la religión. Está probado que la luz proviene del sol, y que los planetas giran alrededor de ese astro: por esto no se lee con menos fe en la Biblia que la luz se formó antes que el sol, y que el sol se paró ante la aldea de Gabaón. Está demostrado que el arco iris lo forma la lluvia y por eso no deja de respetarse el texto sagrado, que dice que Dios puso el arco iris en las nubes, después del diluvio, como signo de que ya no habría más inundaciones.

Los misterios de la Trinidad y de la Eucaristía, que contradicen las demostraciones de la razón, no por eso dejan de reverenciarlos los filósofos católicos, que saben que la razón y la fe son de diferente naturaleza. La idea de los antípodas fue condenada por los papas y los concilios; y luego otros papas reconocieron los antípodas, a donde llevaron la religión cristiana, cuya destrucción creyeron segura en el caso de poder encontrar un hombre, que, como se decía entonces, tuviera la cabeza abajo y los pies arriba, con relación a nosotros, y que, como dice San Agustín, hubiera caído del cielo.



Quizá el amor...


Quizá el amor...


Quizá el amor es simplemente esto:
entregar una mano a otras dos manos,
olfatear una dorada nuca
y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.


El grito y el dolor se pierden, dejan
sólo las huellas de sus negros rebaños,
y nada más nos queda este presente eterno
de renovarse entre unos brazos.


Maquina la frente tortuosos caminos
y el corazón con frecuencia se confunde,
mientras las manos, en su sencillo oficio,
torpes y humildes siempre aciertan.


En medio de la noche alza su queja
el desamado, y a las estrellas mezcla
en su triste destino.
Cuando exhausto baja los ojos, ve otros ojos
que infantiles se miran en los suyos.


Quizá el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y olvidarse.
Cada uno perman