El silencio de las tumbas para nada es un silencio.
Millones de los muertos están llorando en sus tumbas,
pero nadie les puede oír… nada nunca oye…
nadie puede oírles excepto los propios muertos
No podemos morir, no, no podemos morir,
no importa si lo intentamos.
Odiamos...tememos lo viviente,
evitamos el sol,
nuestras amadas tumbas nos protegen dentro.







Javier Corcobado - A Nadie


Rock
España

Muy buen trabajo de este poeta oscuro. Lo recomiendo sin dudar! Un excelente disco!
Javier Corcobado - A Nadie (2009)




A nadie
¿Por qué estoy tan triste?
La canción del viento
En el coño del mar
Soy un niño
El futuro se desvaneció ayer
Hoy no voy a cantar ninguna canción de amor
Caballitos de anís
Si te matas
François de vacaciones
Resurrección




Javier Corcobado - A nadie (oficial)
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Javier Corcobado - Caballitos de anís.
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Corcobado se aferra al todo y la nada de forma pasional y decadente, pero sin perder un ápice de humor.
Javier Corcobado, “músico de culto, poeta y editor de sueños”, ha pasado por varias formaciones en las que su honda huella no ha dejado a nadie indiferente. Incluso los exquisitos Manta Ray se dejaron seducir por el artista, cuya producción en los años 90 fue apabullante: en forma de discos (“Tormenta de tormento”, “Arco iris de lágrimas”, los dos volúmenes de los “Boleros enfermos de amor”, “Diminuto Cielo”, “Corcobator”) y libros de poemas (“Chatarra de sangre y cielo” y “El sudor de la pistola 13”). Hace dos años publicó todos sus versos bajo el título de “Yo quisiera ser un perro.
Poesía Completa (1991-2007)”, en la editorial El Gaviero.
Su pasión por la melodía y el ruido, por el estilo de los grandes intérpretes,la chanson francesa y el blues carnoso, han hecho de su música un caso insólito en la escena del rock independiente español.
Entrevista del 2008 en Mexico.

La utilización de las nuevas tecnologías musicales desculturizan especialmente a los jóvenes, que son los que más recurren a ellas, en especial al llamado MP3.
"Desde luego, esa opción es maravillosa y como herramienta es utilizada por muchos nuevos artistas que suben su música para ser difundida sin tener que recurrir a una transnacional para recibir el apoyo, pero también tiene sus aspectos negativos, como es la obsesión por almacenar la mayor cantidad de música y la gente que lo hace ya no se preocupa por la calidad y la cultura musical, sino más bien por lograr tener cuatro días de música, cuando muchas veces no saben ni lo que tienen grabado ni cómo se llaman las canciones ni los intérpretes. Si se puede escuchar un disco de vinil, es bueno; si es en casete, maravilloso; si se trata de un CD que sea en audio y que no esté comprimido, pero sin duda la mejor forma de escuchar música es acudiendo a los conciertos", expresó el músico.
Sobre su actual visión del mundo, Corcobado afirmó que se vive una época de hipocresía en el comportamiento del ser humano, por lo que en sus canciones hace referencia a ese tipo de situaciones.
"Me gusta explorar el comportamiento de las personas entre sí. Advierto ahora mismo una falta de compasión y piedad, y visualizo que lo único que prima es el dinero y eso no cambia. Si pudiera hacer algo por este mundo, sería abolir la existencia del dinero. Creo que sería bueno, pero también es una utopía muy antigua porque el dinero es como una enfermedad y a la mayoría de la gente es lo que más le importa.
"A mí, la cuestión económica me importa mucho menos que lo artístico, pero sí requiero de ganancias que obtengo a través de mis conciertos para seguir en la lucha por la sobrevivencia", culminó convencido el músico que radica actualmente en Almería (una pequeña población al sur de Madrid)



Untoten - Schwarze Messe


gothic, darkwave, gothic rock
Alemania
Untoten - Schwarze Messe (1999)



1. Lilith
2. Die Freudlose Gasse
3. Tanz der Hexen
4. Desdemona
5. Nekrolog
6. Black Blood
7. Gunshot Wounds
8. Church of Littleton
9. Seraphine
10. Autumnal Equinox (Schwarze Messe)





untoten - "black blood"
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UNTOTEN
David A.Line, compositor, escritor y músico.
Greta Csatlós, cantante


Advierte Galeano ocupación militar



Advierte Galeano ocupación militar

El literato participó en el Segundo Encuentro de Escritores por la Tierra, en la Universidad Veracruzana

Xalapa, México.- El narcotráfico es el mejor pretexto que utilizan potencias, como Estados Unidos, para invadir países y someterlos a su control militar, denunció el escritor Eduardo Galeano, autor de Las Venas Abiertas de América Latina.


Desde esa perspectiva, agregó el escritor uruguayo, no es casualidad que el negocio de las drogas en Latinoamérica parezca incrementarse durante los gobiernos de derecha política.

"El tráfico de drogas y la producción de drogas es el pretexto más conveniente para invadir países o para someterlos a controles militares, imperiales, a veces casi secretos, pero que son reales", afirmó.

"El tráfico de drogas y la producción de drogas es el pretexto más conveniente para invadir países o para someterlos a controles militares, imperiales, a veces casi secretos, pero que son reales en el caso de Colombia, donde con el pretexto de la lucha contra las drogas hay una ocupación militar, y que en parte también empieza a ser gravemente el caso de México", apuntó

"Es en regímenes en general de derecha o gobiernos de derecha los que hacen posible que esto prospere hasta convertir los estados en narco estados, y los países en narco países", añadió durante su participación en el Segundo Encuentro de Escritores por la Tierra, en la Universidad Veracruzana, y el primer de diversos actos públicos que realizará en esta visita al País.

El dos veces ganador del Premio Casa de las Américas consideró que la mejor manera de acabar con el problema de las drogas es legalizarlas, algo poco probable porque el narcotráfico representa el mejor negocio de los grandes bancos.

Galeano llamó la atención sobre la relación entre la producción de la heroína y Afganistán, un aspecto sobre el que poco se repara, según dijo.

El 90 por ciento de la heroína que el mundo consume, se produce en Afganistán, un país ocupado por los Estados Unidos, como todo el mundo sabe, o sea que el negocio es un ciclo perfecto ¡La víbora se muerde la cola! Porque los Estados Unidos lo consumen y lo producen y ¿qué le falta, además de cobrarlo?", argumentó.

"Han invadido Afganistán en nombre de la democracia... que se sepa, democracia ahí, mucho no he visto".

Galeano, quien recibirá el doctorado Honoris Causa por la UV, presentó también su más reciente libro, Espejo: una Historia casi Universal (Siglo XXI), una obra con 600 relatos breves recogidos por todo el mundo y en los que perduran temas como la memoria colectiva, la justicia, la libertad, la dignidad o la discriminación.


El también periodista leyó algunos textos ante más de 500 personas y aprovechó para referirse a temas del orden político.

"Aunque no coincido con muchas de las cosas que está diciendo y haciendo el presidente (Barak) Obama, me parece que (su elección) es un paso muy importante en el camino de la lucha contra la discriminación racial en el mundo, y especialmente en Estados Unidos".

Sin embargo, el autor de La Canción de Nosotros y Días y Noches de Amor y de Guerra rechazó las intenciones que tiene el actual presidente estadounidense para que su país recupere su liderazgo en América Latina.

"¡Por favor, no se moleste, por favor, si hay algo que no necesitamos son salvadores, mesías, líderes, no, de eso tenemos una cantidad enorme!", pidió Galeano.

Identificado con los movimientos sociales de izquierda en Latinoamérica, el autor de 30 obras, varias de ellas convertidas en best sellers, rechazó ser condescendiente.

"No quiero escribir libros de autoayuda para la izquierda", dijo y recibió los aplausos más prolongados de la tarde.

En su opinión, los políticos de todos los partidos en Latinoamérica son los responsables de la poca participación de los jóvenes en esta materia.

"Los políticos de centro, de izquierda y de derecha desprestigian, con excesiva frecuencia, a la democracia haciendo desde el poder todo lo contrario de lo que prometen desde el llano y después se quejan de que los jóvenes no les creen", comentó.

El 1 de abril Eduardo Galeano presentará su nueva obra en el Palacio de Bellas Artes y al día siguiente en la Sala Nezahualcóyotl.


-Gracias Kaisser-

Ordo Rosarius Equilibrio - The Triumph Of Light And Thy Thirteen Shadows Of Love


neofolk, dark ambient, apocalyptic folk
Suecia

Ordo Rosarius Equilibrio - The Triumph Of Light And Thy Thirteen Shadows Of Love (1997)



1 Victory Starts Here, In The Land Of Completion (6:49)
2 Walpurgisnacht In The Grotto. Dancing With Lilith (6:45)
3 Marching Across The Stupid And Ignorant (5:09)
4 Thou Cannot Love Them All, When The Trumpet Sounds (4:42)
5 Entering The Masturbatory / Luxuria My Rubber Angel (5:01)
6 This Absolute Supper, Second Consecration (4:13)
7 Carnival (Festivity In Flesh) (5:26)
8 Invocation Ov Prosperity, Pleasure, Progress And Love (5:03)
9 Under The Rose, Coitus Excelsi. Pain, Bondage & Subjugation (3:56)
10 After Reign Cometh Sun (3:33)
11 Living By The Sword. Dying By The Sword. The Lustrous Banquet (4:26)
12 Untitled (10:58)
13 And So Forth... (1:13)



Ordo Rosarius Equilibrio - "Hell Is Where The Heart Is"
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Este video no pertenece al disco, pero está muy bueno!



ORE
Tomas Pettersson - Música, Letras, voz
Rose-Marie Larsen - Voz


Oscuridad y silencio…


Oscuridad y silencio…

Densa nube, negra,
relampagueante que
orbita a manera de halo
sobre nuestros candentes cuerpos…

Oscuridad y silencio
cómplices de un
libertino amor que
satura cada poro de
nuestras libidinosas mentes…

Amantes sedientos
que a besos vaciamos
cada gota de nuestras
ardorosas venas…

Mientras tú flotas
por un sendero bañado
de luz irreal de la Luna;
Yo me esfumo de tus sueños…

Kaisser

Moonspell - Sin Pecado


Dark/Black Metal
Portugal

Moonspell - Sin Pecado (1997)



01.Slow Down!
02.HandMadeGod
03.2econd Skin
04.Abysmo
05.Flesh
06.Magdalene
07.V.C. (Gloria Domini)
08.EuroticA
09.Mute
10.Dekadance
11.Let the Children Cum to Me...
12.The Hanged Man
13.13!



Moonspell - Magdalene
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MOONSPELL
Fernando Ribeiro (voz)
Ricardo Amorim (guitarra)
Pedro Paixão (teclados)
Miguel Gaspar (batería)
Aires Pereira (bajo)





La Casa De Los Espíritus - Edward Bulwer-Lytton







La Casa De Los Espíritus

Edward Bulwer-Lytton



Uno de mis amigos, hombre de letras y filósofo, me decía un día, medio en broma, medio en serio:
—Imagine usted, querido amigo, que he descubierto una casa frecuentada, en pleno centro de Londres.
—¿Realmente frecuentada? ¿Y por quién? ¿Por fantasmas?
—No puedo responder a esta pregunta. Esto es todo lo que yo sé: hace seis semanas, mi mujer y yo, íbamos a la búsqueda de un apartamento amueblado. Al pasar por una calle tranquila, vimos en la ventana de una casa un cartel: Apartamento amueblado. El lugar nos convenía. Entramos en la casa. Nos gustó. Alquilamos el apartamento por semanas y... lo abandonamos al cabo de tres días. Nada en el mundo habría podido obligar a mi mujer a permanecer allí por más tiempo. Y debo decir que no me sorprendo de ello.
—Pues ¿qué vieron?
—Le ruego me perdone. No tengo ningún deseo de pasar por un soñador supersticioso. Tampoco querría, por otra parte, hacerle admitir, ante mi única afirmación, lo que usted no podría creer sin el control de sus propios sentidos. Déjeme decirle que no es tanto lo que hemos visto y oído (pues podría usted creernos víctimas de nuestra imaginación, o de una impostura) lo que nos hizo salir de allí, como el indefinible terror que se apoderaba de nosotros cada vez que pasábamos por delante de la puerta de una habitación vacía, en la cual, por otra parte, jamás habíamos visto ni oído nada. Y lo más extraño, es que por primera vez en mi vida, estuve de acuerdo con mi mujer -necia mujer, por otra parte— y le concedí que después de tres noches de permanecer allí, no era posible permanecer ni una más. La cuarta mañana, pues, llamé a la mujer que guardaba la casa y nos servía, le dije que las habitaciones no eran de nuestro agrado, y que no queríamos finalizar la semana. Ella respondió secamente:
—Ya sé por qué; ustedes, sin embargo, se han quedado más tiempo que ningún otro inquilino. Son pocos los que han permanecido dos noches. Y ni uno ha quedado a la tercera. Sin embargo, creo que han sido muy amables con ustedes.
—Ellos... ¿quiénes?, —pregunté yo, simulando una sonrisa.
—¡Oh, pues... los que frecuentan la casa, sean quienes fueren! Yo no me preocupo. Los recuerdo hace muchos años, cuando yo vivía en la casa, pero entonces no como criada. Sé que un día causarán mi muerte. Pero no me inquieto mucho pues soy vieja, y de todos modos moriría pronto. Y entonces, seguiré con ellos en la casa.
La mujer hablaba con una tranquilidad tan aterradora, que realmente fue una especie de temor lo que me impidió seguir la conversación. Pagué el alquiler de la semana, y mi mujer y yo nos sentimos muy afortunados al poder irnos tan pronto.
—Me intriga usted —dije—, y nada me gustaría tanto como dormir en una casa frecuentada. Deme la dirección, se lo ruego, de la casa que ha abandonado tan vergonzosamente.
Mi amigo me dio la dirección, y cuando nos separamos, me dirigí directamente a la casa indicada.
Está situada en el lado norte de Oxford Street, en un lugar triste y respetable.
Encontré la casa cerrada, sin ningún cartel en la ventana, y nadie me respondió cuando llamé. Cuando iba a regresar, un muchacho que recogía botes de estaño por los alrededores, me dijo.
—¿Desea usted algo de esta casa, caballero?
—Sí, he oído decir que estaba vacía.
—¡Déjelo! La mujer que la guardaba murió hace tres semanas, y nadie quiere vivir allí aunque Mr. J... ofrezca mucho. Le ha ofrecido a mi madre que trabajaba en su casa durante el día una libra a la semana para abrir y cerrar las ventanas, y ella ha rechazado su oferta.
—¿La ha rechazado? ¿Por qué?
—La casa está encantada, y la mujer que vivía aquí, fue encontrada muerta en su cama, con los ojos desmesuradamente abiertos. Dicen que el diablo la estranguló...
—¡Bah... habla de Mr. J.... ¿Es el propietario?
—Sí.
—¿Dónde vive?
—En G... Street, núm...
—¿Qué hace? ¿Qué negocios tiene?
—Nada, caballero, nada especial... un simple particular.
Di al muchacho la propina que merecía su información, y me fui a ver a Mr. J..., G... Street, cuya calle se encontraba en el extremo de la que desembocaba en la casa encantada.
Fui lo bastante afortunado como para encontrarle en su casa. Era un hombre de edad, de aspecto inteligente y maneras corteses.
Le dije mi nombre, y le expliqué francamente el asunto. Le dije haberme enterado de que la casa estaba encantada, que tenía, muchos deseos de ver de cerca una casa que gozara de una reputación tan equívoca, y que le estaría muy obligado si quisiera permitirme alquilarla, aunque no fuera más que por una noche. Estaba dispuesto a pagar este favor al precio que él quisiera.
—Caballero, —me dijo Mr. J... con gran cortesía—, la casa está a su disposición por todo el tiempo que desee. El precio está fuera de discusión. Todas las ventajas serán para mí, si usted consigue descubrir la causa de los extraños fenómenos que la privan actualmente dé todo valor. No puedo alquilarla, pues me resulta imposible poner a una sirvienta para mantener el orden y abrir la puerta. Desgraciadamente, está encantada — me permito expresarme así— no solamente de noche, sino también de día. No obstante, por la noche, los fenómenos son más desagradables, y a veces de un carácter netamente alarmante. La pobre vieja que murió allí hace tres semanas, era una mendiga que había retirado de una «casa de trabajo», porque en su infancia había sido conocida por alguno de mi familia, y otro tiempo había estado a punto de alquilar la casa de mi tío. Era una mujer de una educación superior, y de espíritu sólido, la única, además, a quien pude convencer de que viviera en la casa. De hecho, desde su muerte repentina, y después de la encuesta del coronel que le dio una notoriedad en el vecindario, he acabado por desesperar de encontrar a alguien que la ocupe, y menos aún un inquilino, y la he retirado voluntariamente del alquiler durante un año, hasta que alguien pagara el interés y las cargas.
—¿Cuánto tiempo hace que esta casa tiene un renombre tan siniestro?
—Difícilmente podría decírselo, pero hace ya varios años. La vieja de la que le he hablado, decía que estaba ya encantada cuando ella la alquiló, hace de esto treinta o cuarenta años. El hecho es que yo he pasado toda mi vida en las Indias, al servicio de la Compañía. Volví a Inglaterra el año pasado para heredar la fortuna de uno de mis tíos, y entre otras cosas, estaba esta casa. La encontré cerrada y vacía. Tenía la reputación de estar encantada, y nadie quería vivir en ella. Yo me reía de esta historia que suponía vana. Gasté algún dinero en reparar la mansión, añadiendo a su mobiliario antiguo algunos objetos modernos, la puse en alquiler y la contraté por un año. El inquilino era un coronel de media paga. Llegó con su familia, una hija y un hijo y cuatro o cinco criados. Todos abandonaron la casa al día siguiente. Y aunque cada uno declaró haber visto una cosa distinta de los demás, lo que todos habían visto era igualmente aterrador. No podía, en conciencia, perseguir ni atacar al coronel por ruptura de contrato. Entonces alojé a la mujer de la que le he hablado, dándole permiso para alquilar la mansión. No he tenido jamás ni un solo inquilino que se haya quedado más de tres días. No le repetiré sus historias, pues los mismos fenómenos no se han repetido jamás dos veces. Vale, más que juzgue por usted mismo, y en vez de entrar en la casa con ideas preconcebidas, esté preparado únicamente a ver o a oír algo anormal y adopte todas las precauciones que le apetezcan.
—Sí. Pasé en ella, no solamente una noche, sino tres horas a plena luz. Mi curiosidad no quedó satisfecha, sino enfriada. No tengo deseo alguno de renovar la experiencia. No puede achacarme, caballero, que no sea lo suficientemente franco. A menos que su interés no esté excitado en alto grado, y sus nervios extremadamente templados, añadiré honradamente que le aconsejo que no pase ni una noche en esta casa.
—Mi interés está sumamente excitado —repliqué—, y aunque sólo un cobarde se atreve a presumir de sus nervios en situaciones totalmente extrañas y fuera de lo corriente, los míos han estado de tal modo habituados a toda clase de peligros, que tengo derecho a
contar con ellos, incluso en una casa encantada.
Mr. J... no añadió nada. Tomó de su escritorio las llaves de la casa, me las dio y, tras agradecerle cordialmente su franqueza y su amabilidad, me llevé mi trofeo.
Una vez en mi casa, impaciente por hacer la experiencia, llamé a mi hombre de confianza, un joven de espíritu alegre, de temperamento poco temeroso y tan desprovisto de prejuicios supersticiosos como el que más.
—F... —dije—, ¿recuerdas en Alemania, cuán decepcionados estuvimos al no encontrar fantasmas en aquel viejo castillo que decían que estaba encantado por una aparición sin cabeza? ¡Pues bien!, he oído hablar de una casa en Londres que, tengo razones para creerlo, está realmente encantada. Tengo la intención de ir a pasar la noche allí. Por lo que me han dicho, no hay duda que hay que ver y oír cosas horribles. Si te llevo con migo, ¿puedo contar con tu presencia de espíritu suceda lo que suceda?
—¡Oh!, señor, tenga confianza en mí, se lo ruego, —respondió F..., haciendo una mueca de placer.
—Muy bien; aquí están las llaves de la casa, y aquí la dirección. Ve, escógeme una buena habitación, y puesto que el lugar está deshabitado desde hace varias semanas, enciende un buen fuego, airea las habitaciones y asegúrate de que hay candelabros y combustible. Toma mi revólver y mi daga, y ármate tú también así, y si no estamos equipados contra una docena de fantasmas, somos una mala pareja de ingleses.
Tenía que resolver el resto del día, asuntos tan urgentes, que no volví a tener tiempo de pensar en la aventura nocturna en la que había comprometido mi honor. Cené solo y muy tarde, y leí mientras comía, según mi costumbre. Escogí uno de los volúmenes de ensayos de Macaulay. Me dije que me llevaría el libro conmigo. Había en aquel volumen tanta vida y tanta realidad, que me serviría de antídoto contra las influencias perniciosas de la superstición.
Me lo puse en el bolsillo y, hacia las nueve y media, me dirigí tranquilamente hacia la casa encantada. Llevaba conmigo uno de mis perros favoritos, un bull extremadamente vivo, atrevido y vigilante, al que le gustaba merodear por los rincones oscuros y los pasajes misteriosos, en busca de ratas; es decir el perro por excelencia, para la caza de los fantasmas.
Era una noche de verano, pero fresca, con un cielo oscuro y cubierto. Había claro de luna, una luna débil y sin brillo, pero era la luna al menos, y si las nubes lo permitían, después de medianoche el cielo se aclararía.
Llegué a la casa, llamé, y mi criado acudió a abrirme con una alegre sonrisa.
—Todo perfecto, señor, y muy agradable.
—¡Oh! —dije yo, un poco contrariado—. ¿No has visto ni oído nada extraño?
—Oh, sí, tengo que confesar que he oído algo extraño.
—¿Qué?
—Unos pasos detrás de mí, y una vez o dos un ruido muy ligero, como un suspiro muy cerca de mi oído, nada más.
—No pareces asustado.
—¡No lo estoy en absoluto, señor¡ Y la mirada valerosa del buen hombre, me aseguró al menos una cosa, y es que sucediera lo que fuese, no me abandonaría.
Estábamos en el vestíbulo, con la puerta de entrada cerrada, y mi atención se había apartado de mi perro. Había avanzado primero de bastante buen grado, pero se arrastraba ahora cerca de la puerta, gimoteando por salir. Cuando le hube acariciado la cabeza, y le hube animado, pareció reconciliarse con la situación y nos siguió a F... y a mí a través de la casa, sin separarse ni una pulgada de mi lado, en lugar de aventurarse hacia delante, como tenía por costumbre hacer en todos los lugares extraños.
Visitamos primero los sótanos, la cocina y las demás dependencias, especialmente las bodegas, donde descubrimos algunas botellas de vino cubiertas de telas de araña, y que, según todas las apariencias, no habían sido tocadas desde hacía años. Estaba claro que los espíritus no eran aficionados a la botella. No descubrimos ninguna otra cosa que fuera interesante. Había un siniestro patio rodeado de elevadas paredes cuyas piedras estaban húmedas, y en donde, gracias a la humedad por una parte, y por otra parte al polvo y al hollín, nuestros pies dejaban al pasar, huellas cenagosas. Allí apareció el primer fenómeno extraño, del que fui testigo en aquélla extraña mansión. Vi delante de mí, formarse en el mismo momento la huella de un pie, como si el pie estuviera allí. Me detuve, llamé a mi criado, y le mostré la cosa. Delante de aquella huella se dibujó inmediatamente otra. La vimos los dos. Avancé rápidamente hacia aquel lugar, y la huella avanzó, delante de mí; era una huella pequeña, como la de un niño. La impresión era demasiado débil para que pudiera distinguirse claramente su forma, pero a los dos nos pareció que debía ser la de un pie desnudo.
Este fenómeno cesó, cuando llegamos a la pared opuesta, y no se produjo a la vuelta. Subimos las escaleras, y entramos en las habitaciones de la planta baja, un comedor, un saloncito, y una tercera habitación más pequeña aún, que aparentemente había estado destinada a algún criado, las tres silenciosas como la muerte. Visitamos los salones que nos parecieron decorados recientemente y muy nuevos. En la habitación que daba a la fachada, me senté en un sillón. F... dejó sobre la mesa el candelabro que nos había iluminado. Le dije que cerrara la ventana. Cuando se volvía para hacerlo, una silla, abandonó silenciosa y rápidamente la pared de enfrente, y se paró delante de mí, a un metro aproximadamente de mi sillón.
—¡Vaya! —dije riendo a medias—, esto es mejor que las mesas giratorias.
Mientras yo reía, mi perro volvió la cabeza y se puso a aullar.
F... no había visto el movimiento de la silla. En aquel momento trataba de tranquilizar al perro. Yo seguía observando la silla e imaginé ver entonces una figura humana, de un azul pálido vaporoso pero de un contorno tan impreciso, que difícilmente podía dar crédito a mis sentidos. El perro estaba tranquilo.
—Toma esta silla que está delante de mí, y vuélvela a poner junto a la pared —le dije a F...
F... obedeció.
—¿Ha sido usted, señor? —preguntó, volviéndose bruscamente.
—¿Yo? ¿El qué?
—Algo me ha tocado. Lo he notado claramente en el hombro... justamente aquí, mire.
—No —dije yo—. Pero tenemos aquí, a algún bromista y, aunque no podamos descubrir sus artificios, les prenderemos, antes de que logren asustarnos.
No nos quedamos por más tiempo en los salones; de hecho, eran tan húmedos y tan lúgubres que prefería subir a las habitaciones donde había fuego encendido. Cerramos las puertas con cerrojo, precaución que habíamos tomado en todas las habitaciones que habíamos explorado en la planta baja.
La habitación que mi criado había escogido para mí, era la mejor del piso, grande, con dos ventanas a la calle. La cama de pilares, que ocupaba un gran espacio, estaba colocada delante del fuego, claro y brillante; una puerta en la pared izquierda, entre la cama y la ventana, comunicaba esta habitación con la que mi criado se había reservado para sí. Era ésta una pequeña habitación amueblada con un diván y no comunicaba con el rellano por ninguna otra puerta, más que por la que se abría a la habitación que yo ocupaba. A cada lado del hogar, había dos armarios sin cerradura formando cuerpo con el muro, y recubiertos del mismo papel de un castaño deslucido. Examinamos las estanterías. Encontramos solamente cintas de vestidos femeninos, nada más, tanteamos los tabiques, evidentemente sólidos, y las paredes exteriores del edificio.
Habiendo terminado la inspección de aquellos aposentos, tras haberme calentado unos instantes, y encendido mi cigarro, emprendí, acompañado de F..., nuevas investigaciones. Sobre el rellano aparecía otra puerta. Estaba cerrada con doble llave.
—Señor —exclamó mi criado, sorprendido—, he abierto esta puerta al mismo tiempo que las otras cuando vine antes. No ha podido ser cerrada por el interior, porque...
Antes de que hubiera acabado la frase, la puerta, que ninguno de nosotros había tocado, se abrió tranquilamente por sí misma. Nos 'miramos un instante. El mismo pensamiento nos acudió a la mente. Alguna intervención humana, podía al fin ser descubierta. Me interné en la habitación, seguido de mi criado; una triste y pequeña habitación blanca, sin muebles, con algunas cajas vacías y cestos en un rincón, y una pequeña ventana cuyos postigos estaban cerrados; no había chimenea, y ninguna otra puerta además de la que habíamos usado para entrar; no había alfombra en el suelo, el parquet parecía muy viejo, desigual, remendado en algunos lugares según se veía por las planchas claras, pero ni un ser viviente, ni un lugar visible donde alguien hubiera podido ocultarse. Cuando inspeccionábamos con mayor detenimiento el lugar, la puerta que nos había dejado paso, se cerró con tanta tranquilidad como se había abierto. Estábamos cogidos.
En el primer momento, me sentí invadido de un indecible horror. No fue así con F...
—Dios mío, no crea que estamos cogidos en la trampa, señor. De una patada, podría reducir esta hipócrita puerta a astillas.
—Prueba primero si puedes abrirla con las manos —dije yo, desembarazándome de mi aprensión—, mientras yo abro las ventanas y miro al exterior.
Quité los seguros de los postigos; la ventana se abría al patio que he descrito ya; no había ningún saliente visible, que cortara el corte a pico de la pared. El que bajara por aquella ventana, no se detendría antes de caer en las piedras del patio.
F.... entre tanto, había tratado vanamente de abrir la puerta. Daba vueltas a mí alrededor, y me pidió permiso para emplear la fuerza. Y debo reconocer con toda justicia, que lejos de despertarse en él terrores supersticiosos, la tranquilidad de sus nervios y su alegría inquebrantable en circunstancias tan extrañas, excitaron mi admiración, y tuve, que felicitarme por tener un compañero tan bien adaptado a todas las situaciones.
Le di, contento, el permiso que pedía. Pero aunque era un hombre de una fuerza poco común, su fuerza fue tan inútil como su empeño. La puerta permaneció inquebrantable, a pesar de los vigorosos golpes. Jadeante y palpitando, se detuvo. Me encarnice a mi vez con a puerta, pero en vano. Cuando abandoné, la sensación de horror me anegó nuevamente, pero ahora era un horror más frío y más obsesionante.
Experimentaba como si una extraña y terrible exhalación se desprendiera de las hendiduras de aquel rugoso parquet, y llenara la atmósfera de una perniciosa influencia hostil a la vida humana. La puerta ahora se estaba abriendo otra vez, tranquilamente, como por su propia voluntad. Nos precipitamos al rellano. Vimos los dos una enorme luz pálida, que se movía delante de nosotros, y subía las escaleras desde el rellano hacia las azoteas.
Yo seguí al resplandor, y mi criado me siguió a mí. La luz entró a la derecha del rellano, en un granero cuya puerta estaba abierta. Yo entré al mismo tiempo. La luz se condensó en un minúsculo glóbulo excesivamente vivo y brillante; se inmovilizó un instante sobre una cama, en un rincón, luego se puso a temblar y desapareció. Nos acercamos a la cama y la examinamos; era una cama de dosel como se encuentran en los graneros reservados a los criados. Sobre la cómoda que había al lado, descubrirnos un viejo chal de seda muy estropeado, con una aguja olvidada en un desgarrón a medio coser.
El chal estaba cubierto de polvo, probablemente había pertenecido a la vieja que había muerto hacía poco en la casa, y aquella podía ser su habitación. Tuve la curiosidad de abrir los cajones; en ellos hablan viejos restos de ropas de mujer, y dos cartas atadas por una estrecha cinta de seda, de un amarillo endeble. Me tomé la libertad de apoderarme de las cartas. No encontramos en la habitación ninguna otra cosa digna de interés y la luz no volvió a aparecer. Pero oírnos claramente, cuando nos disponíamos a salir, un ruido de pasos sobre el suelo, justamente delante de nosotros. Recorrimos las otras buhardillas, y los pases nos precedieron. No había nada que ver, sólo el ruido de pasos. Tenía las cartas en la mano. Cuando bajábamos las escaleras, noté claramente que algo rozaba mi muñeca y advertí como un ligero esfuerzo para quitarme las cartas. No hice otra cosa sino apretarlas y el esfuerzo cesó. Volvimos a la habitación, y entonces me di cuenta de que mi perro no nos había seguido. Estaba acurrucado junto al fuego, y temblaba. Yo estaba impaciente por examinar las cartas, y mientras leía, mi criado abrió una cajita donde había dejado las armas que yo le había ordenado que llevara. Las cogió, las dejó sobre la mesita a la cabecera de mi cama, y se puso a apaciguar al perro, que pareció no ocuparse demasiado de sus cuidados.
Las cartas eran breves, y llevaban fecha de treinta y cinco años antes. Eran evidentemente las cartas de un amante a su amante, o de un marido a su joven esposa. No solamente los términos, sino las alusiones a un precedente viaje, indicaban que su autor había sido marino. La ortografía y la escritura eran las de un hombre poco letrado, y el mismo lenguaje era violento. En los términos de ternura, se expresaba un rudo y salvaje amor; pero aquí y allá aparecían ininteligibles alusiones a un secreto, no un secreto de amor, sino algo parecido a un crimen.
«Debemos amarnos», es una de las frases que recuerdo, «Porque todos nos detestarían si supieran...» Y luego: «No dejes que nadie duerma en la misma habitación que tú, pues hablas, mientras duermes».
Y de nuevo: «Lo que está hecho, hecho está. Y te repito que nada puede prevalecer contra nosotros, a menos que los muertos vuelvan a la vida».
Aquí había una frase subrayada, mejor escrita, que parecía trazada por una mano de mujer. Y lo hacen. Al final de la carta más reciente, la misma mano femenina había trazado estas palabras: «perdido en el mar el 4 de junio, el mismo día que...»
Dejé las cartas, y me puse a reflexionar sobre su contenido. Temiendo, sin embargo, que este tipo de pensamientos me indispusiera mi sistema nervioso y determinado a mantener mi espíritu en buen estado, en perspectiva de todo lo que aquella noche podía aún ofrecerme de maravilloso, me levanté, dejé las cartas sobre la mesa, aticé el fuego aún brillante y alegre, y abrí mi volumen de Macaulay. Leí tranquilamente hasta las once y media. Me eché entonces completamente vestido, en la cama, y permití a mi criado que se retirara a su habitación, recomendándole, no obstante, que se mantuviera despierto. Le rogué igualmente que dejara abierta la puerta entre nuestras habitaciones y, solo al fin, puse dos candelabros sobre la mesilla de noche. Dejé mi reloj al lado de las armas y cogí de nuevo el Macaulay. Delante de mí el fuego brillaba, y en el hogar el perro parecía dormir. Al cabo de unos veinte minutos, sentí pasar como una flecha, junto a mi mejilla, una corriente de aire excesivamente fría. Pensé que la puerta de la derecha, que comunicaba con el rellano se había abierto, pero no, seguía cerrada. Miré entonces a la izquierda y vi que las llamas de las velas estaban inclinadas por un soplo tan violento como el viento. En aquel momento, el reloj que se encontraba al lado del revólver abandonó lentamente la mesa y aunque no había ninguna mano visible, desapareció. Habiéndome armado, me puse a mirar el suelo; no había rastro del reloj. Tres golpes sordos lentos, se oyeron claramente a la cabecera de la cama. Mi criado llamó.
—¿Es usted, señor?
—No. Estate alerta.
El perro se había levantado y, sentado sobre sus cuartos traseros, sus orejas se agitaban vivamente de atrás hacia delante. Tenía los ojos fijos en mí con una mirada tan extraña, que toda mi atención estaba atraída por él. Lentamente, se levantó, con el pelo erizado, y se quedó rígido, con la mirada salvaje. Mi criado, salia de su habitación, y si he tenido jamás la ocasión de ver el horror pintado sobre algún rostro humano, fue esta vez. Si le hubiera encontrado en la calle, no hubiera podido reconocerle, tan alterado estaba su rostro. Rápidamente, pasó junto a mí, diciendo en un soplo que parecía salir apenas de sus labios:
—Deprisa, deprisa, ¡está detrás de mí! Llegó a la puerta del rellano, la abrió y se precipitó hacia abajo. Yo le seguí involuntariamente, gritándole que se detuviera. Pero sin oírme, bajaba dando tumbos por la escalera, golpeando la baranda, y saltando varios peldaños a la vez. Desde donde yo estaba, oí que abría la puerta de la calle y la cerraba detrás de sí. Estaba solo en la casa encantada.
Por un instante, permanecí indeciso, no sabiendo si seguir a mi criado. El orgullo y la curiosidad me impidieron esta huida humillante. Me reintegré a mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí, y me dirigí prudentemente hacia el gabinete interior. No vi nada que
justificara el terror de mi criado. Examiné de nuevo cuidadosamente las paredes, para ver si existía alguna puerta oculta. No encontré rastro alguno, ni una hendidura en el papel castaño del tapizado.
¿Cómo había entrado, pues, en aquella habitación, fuese lo que fuese lo que le había aterrado, sino a través de la mía? Volví a mi habitación, cerré con doble llave la puerta de comunicación y me mantuve dispuesto y atento a la menor alarma. Advertí que el perro se había retirado a un rincón de la habitación, y se apretaba contra la pared, como si hubiera querido abrirse paso con todas sus fuerzas. Fui hacia él y le hablé. La pobre bestia estaba evidentemente aterrorizada. Mostraba los dientes, la saliva le manaba de la boca, y ciertamente me hubiera mordido si la hubiera tocado. No parecía reconocerme. Aquel que ha visto en el jardín zoológico un conejo fascinado por una serpiente, acurrucándose en un rincón, puede formarse una idea del terror que el perro parecía experimentar. Todos mis esfuerzos para apaciguarle fueron vanos, y temiendo que su mordedura fuera, en el estado en que se encontraba, tan peligrosa como la de un perro rabioso, le dejé, coloqué mis armas sobre la mesa, al lado del fuego, me senté y volví a mi Macaulay.
Con el objeto de que no parezca que trato de hacer creer al lector que me hallaba en posesión de mayor valor, o presencia de ánimo de lo que puede concebir, voy a introducir aquí, y ruego me perdonen, una o dos observaciones personales.
Como yo creo que la presencia de ánimo, o lo que se llama valor, es proporcional a la costumbre de encontrarse en circunstancias que lo reclamen, diré que yo estaba más que suficientemente familiarizado con los fenómenos maravillosos. Había encontrado casos realmente extraordinarios en diferentes partes del mundo, casos que, si tuviera que relatarlos, no serían dignos de crédito alguno, y no serían tenidos en cuenta como influencias sobrenaturales. Mi teoría es que lo sobrenatural se confunde con lo imposible y que lo que es reconocido como tal, proviene simplemente de la aplicación de leyes naturales que ignoramos. Así, pues, si un fantasma se me aparece, yo no tengo derecho a decir: «Vaya, existe lo sobrenatural», sino «Vaya, la aparición de un espíritu, contrariamente a lo que había creído hasta ahora, entra en el dominio de las leyes naturales y no de las sobrenaturales».
Así, pues, en todo lo que había visto y en todos los milagros que los aficionados de la época al misterio han relatado como hechos, había siempre una intervención humana. En el continente, se encuentran magos que afirman poder hacer salir a los espíritus. Suponiendo incluso que sean sinceros, mientras que la forma material del mago está presente, constituye el elemento esencial material, por el cual. a causa de ciertas originalidades de constitución, ciertos fenómenos extraños se manifiestan a nuestros sentidos. Admitiendo incluso los cuentos de la «Spirit Manifestation in América», tales como la producción de música u otros sonidos, la escritura sobre papel sin el concurso de una mano visible, los movimientos de objetos o muebles sin intervención humana aparente, la vista y el contacto de manos que no parecen pertenecer a cuerpo alguno, se encontrará siempre el médium, ser vivo capaz de conseguir semejantes fenómenos, a causa de ciertas particularidades en su constitución. En una palabra, en el origen de todas estas maravillas, suponiendo que no sean el resultado de una impostura, debe haber un ser semejante a nosotros, por el cual, o bajo la influencia del cual, estos efectos caen sobre nuestros sentidos.
Sucede así en el fenómeno ahora conocido con el nombre de mesmerismo o magnetismo animal, en que el espíritu de la persona tratada está influenciado por un agente material vivo. Suponiendo incluso que un paciente sometido al método de Mesmer pueda realmente cumplir la voluntad de un hipnotizador que se halla a cien millas de distancia, esta pasividad no es menos el resultado de una acción material; y es por medio de un fluido material —llámenle eléctrico, o lo que quieran— que tenga el poder de atravesar el espacio y de pasar a través de los obstáculos, que el efecto material es transmitido de uno a otro.
De ahí que todo aquello de lo que había sido testigo, y lo que esperaba ver aún en aquella extraña casa, me parecía causado por un médium tan mortal como yo mismo. Y esta idea me preservaba necesariamente del terror que habrían experimentado a través de las aventuras de esta memorable noche, aquellos que miran estos fenómenos como obra de las fuerzas sobrenaturales y no como operaciones propias de la Naturaleza.
Así pues, todo lo que se presentaba o podía aún presentarse, se me aparecía como procedente de alguien que tuviera el don natural de hacer aparecer tales cosas, y un motivo para hacerlo, y yo sacaba de mi teoría un interés más filosófico que supersticioso.
Puedo decir sinceramente que estaba tan tranquilo como hubiera podido estarlo cualquier sabio en espera de los efectos de una determinada combinación química que ofreciera, sin embargo, algún peligro.
Naturalmente, cuanto más lograra tranquilizar a mi imaginación, más dispuesto estaría mi espíritu para la observación que quería hacer, por esta razón, concentraba todo mi pensamiento y todas mis miradas en el vigoroso y claro buen sentido de las páginas de Macaulay.
Vine a observar que algo se interponía entre la página y la luz, pues la página se encontraba oscurecida por una sombra. Lo que miré y vi me es difícil, por no decir imposible de describir. Era una oscuridad del ambiente, siguiendo contornos poco definidos. No puedo decir que se pareciera a un hombre, y no obstante aquello tenía más parecido con una forma humana, o más bien su sombra, que con cualquier otra cosa. Se alzaba, totalmente diferenciada del aire y de la luz, y sus dimensiones parecían enormes, pues la parte de arriba, tocaba el techo. Cuando la miraba, fui presa de una impresión de frío intenso. Si un iceberg se hubiera encontrado delante de mí, no me habría congelado más, y, por otra parte, el frío que emanara de un iceberg hubiera sido puramente físico.
Estoy convencido de que aquel frío no era causado por el miedo. Seguía mirando y creo — aunque no puedo precisarlo— que vi dos ojos mirándome desde lo alto. Por un instante, creí verlos claramente, y al instante siguiente, parecían haber desaparecido. Pero dos rayos
de una luz azul pálido atravesaron varias veces la sombra, como si cayeran del lugar donde me había parecido ver los ojos.
Traté de hablar, pero me faltó la voz. Pude solamente pensar: «¿Es esto miedo? No, no es miedo». Traté de levantarme; en vano. De hecho, mi impresión era estar sujeto por una fuerza irresistible, como un inmenso abatimiento, una impotencia total de luchar contra una fuerza superior a las fuerzas humanas como la que se debe experimentar físicamente en una tempestad en el mar, en una explosión, o ante cualquier terrible bestia feroz, como un tiburón en el océano; pero en mí era una impresión moral. Otra voluntad se oponía a la mía, era más fuerte que la mía, como el rayo, el fuego o el tiburón son superiores, en fuerza material, al hombre.
Y ahora, a medida que esta impresión se desarrollaba en mí, era presa del horror, un horror tal que ninguna palabra podría describirlo. Únicamente el orgullo, sino el valor, me contenía aún, y pensaba: «Esto es el terror y no el temor; mi razón la rechaza. Una alucinación..., no tengo miedo».
Con un violento esfuerzo, conseguí al fin tender la mano hacia el arma colocada encima de la mesa, y cuando hacía este gesto recibí en el brazo y en el hombro un golpe tal, que mi brazo cayó inerte a mi lado. Y para aumentar aún el horror de la situación, la luz de las velas empezó a declinar suavemente, no era como si se hubieran apagado, sino que la llama parecía alejarse gradualmente y así sucedía también con el fuego; la luz se retiraba de los carbones; en algunos minutos, la habitación quedó sumida en la oscuridad.
La angustia que me cogió al sentirme en aquella habitación oscura, con aquella cosa oscura cuyo poder se hacía sentir tan intensamente, me produjo una reacción nerviosa.
De hecho, mi terror había alcanzado un grado tal que mis sentidos me abandonaron, y rompí el encanto. Lo rompí, efectivamente, pues encontré mi voz, pero esa voz era un grito penetrante. Recuerdo que aullé, estas palabras: «No tengo miedo, mi alma no teme nada», y en el mismo instante encontré fuerzas para levantarme. Inmediatamente, en las tinieblas, me precipité hacia una de las ventanas, corrí la cortina y abrí las persianas; mi primer pensamiento fue: «¡Luz!». Y cuando vi la luna alta, clara y tranquila, sentí una alegría tal, que era capaz de compensar mi terror precedente. Era la luna, y más luz de los faroles en la calle desierta.
Me volví hacia la habitación para mirar en el interior; la luna penetró en la sombra, muy débil, pero era la luz. Como quiera que fuese, la cosa había desaparecido; sólo había una sombra ligera que parecía ser la sombra misma de la otra sobre la pared opuesta. Mis ojos se volvieron entonces hacia la mesa, una vieja mesa de caoba que no cubría tapete alguno, y de debajo de esta mesa, surgió una mano, visible únicamente hasta el puño. Era una mano aparentemente de carne y hueso como la mía, pero la mano de una persona de edad, flaca, arrugada y pequeña, una mano de mujer. Se apoderó cuidadosamente de las cartas que se encontraban sobre la mesa; luego, cartas y mano se desvanecieron. En seguida se repitieron los tres golpes sordos que había oído a la cabecera de la cama, antes de que empezara aquel drama extraordinario.
Cuando cesaron, sentí que toda la habitación vibraba sensiblemente, y al extremo de ésta se elevaron, como apareciendo del suelo, unas gotas o bolas de luz coloreada, verdes, amarillas, rojas, azules. De arriba abajo, de atrás hacia delante, aquí y allá como un ballet,las gotas empezaron a hallar, lentas o rápidas, cada una según su capricho. Una silla se había movido y se había colocado al otro lado de la mesa. Y de repente, pareció salir la forma de una mujer. Era realmente como la forma de un cuerpo, como una pálida figura de muerta. El rostro era joven, de una extraña y conmovedora belleza. La garganta y los hombros estaban descubiertos, y el resto del cuerpo envuelto en un amplio vestido de un blanco de nube.
Estaba ocupada en peinar sus largos cabellos rubios que caían sobre los hombros, sus ojos no estaban vueltos hacia mí, sino que miraban hacia la puerta. En un plano alejado, la sombra se iba haciendo más densa. Y de nuevo, creí ver en lo alto dos ojos brillantes que parecían mirar la forma de la mujer sentada. Como viniendo de la puerta, aunque ésta permaneciera cerrada, surgió otra forma, igualmente clara, igualmente espantosa, la forma de un hombre, y de un hombre joven. Llevaba el traje del siglo pasado, o una imagen de este traje, pues ambos, hombre y mujer, no eran más que sombras impalpables, fantasmas, simulacros. Y había algo grotesco aunque aterrador en el contraste entre los aderezos rebuscados de sus formas corporales, con sus puños, sus puntillas y sus rizos, y el silencio de fantasmas de éstos. Cuando el fantasma del hombre se acercaba al de la mujer, la sombra se desprendió de la pared y los tres quedaron inmersos un instante en la oscuridad. Cuando el pálido resplandor apareció nuevamente, los dos cuerpos parecían presos en las garras de la sombra que se alzaba entre ellos; había ahora una mancha de sangre en el pecho de la mujer. El fantasma del hombre estaba empalado en su espada, y la sangre manaba rápidamente de los puños y de las puntillas; la sombra de la forma que se alzaba entre ellos los recubrió: habían desaparecido.
De nuevo, surgieron las bolas de luz y empezaron a viajar y a girar, haciéndose cada vez más numerosas y desordenadas en sus movimientos. La puerta que se encontraba a la derecha del hogar, cerrada hasta entonces, se abrió, y en el dintel apareció una mujer de edad. Tenía en sus manos las cartas, las mismas cartas sobre las que había visto cerrarse la mano. Detrás de ella, oí un paso. La mujer dio una vuelta alrededor de la habitación como para escuchar, y luego abrió las cartas y empezó a leerlas; por encima de su hombro, pude ver el rostro lívido de un ahogado, pálido e hinchado, con los cabellos llenos de algas; a sus pies, la forma de un cuerpo; al lado del cuerpo un niño acurrucado, un miserable niño, asquerosamente sucio, con un rostro hambriento y unos ojos de bestia acorralada. Cuando quise mirar el rostro de la vieja, las arrugas y los surcos desaparecieron, dando paso a una cara joven, de mirada dura y glacial, pero joven. Luego, la sombra recubrió la visión, y todo volvióse oscuro nuevamente.
Nada subsistía ya de todo aquello, más que la sombra sobre la que mis ojos se volvieron y permanecieron fijos hasta que vi aparecer de nuevo sus ojos, unos ojos malsanos de serpiente. Las pompas de luz reaparecieron también, y emprendieron su danza desordenada y turbulenta, mezclándose con los rayos de la luna. Ahora, de estas mismas partículas, nacían, como escamas de un huevo, cosas monstruosas que llenaron el aire; larvas exangües, tan repugnantes, que no puedo describirlas mejor que recordando al lector el movimiento intenso que únicamente el microscopio puede ofrecer a las miradas en una gota de agua, por ejemplo; cosas transparentes, viscosas, ágiles, persiguiéndose unas a otras, devorándose unas a otras, formas que jamás se han podido ver a simple vista.
Como sus contornos no tenían simetría, sus movimientos eran desordenados. No había ningún orden en sus evoluciones, giraban a mi alrededor, y me rodeaban cada vez más numerosas, rápidas y ligeras, apretándose encima de mi cabeza, trepando a lo largo de mi brazo derecho, que yo había alzado involuntariamente para protegerme. En ciertos instantes, me sentí tocado, pero no por ellas; eran unas manos invisibles que me tocaban. Una vez, experimenté la sensación de unos dedos suaves y fríos contra mi garganta. Tuve la impresión de que estaba en peligro, y concentré todas mis facultades en mi voluntad de defenderme y resistir. Antes que nada, aparté mi mirada de la sombra, de aquellos extraños ojos de serpiente, ahora netamente claros, porque sabía que era allí, y en ninguna otra parte a mi alrededor, donde residía la voluntad, una voluntad mala, intensa, creadora y activa, capaz de quebrar la mía.
La pálida atmósfera de la habitación, se iba haciendo roja como la atmósfera próxima a una explosión. Las repugnantes larvas seguían creciendo, y ahora parecían borbotear en un fuego. De nuevo la habitación vibró y dejó oír los tres golpes regulares; de nuevo todas las cosas cayeron en la sombra, como si fuera de ella que emanara todo, y a ella, que todo volviera.
Cuando la oscuridad cedió, la sombra había desaparecido. Solamente entonces, cuando se había alejado, volvió a encenderse la llama de las velas, y también el fuego del hogar. Toda la habitación se volvió calma, apacible, como antes de la visión. Las dos puertas se habían vuelto a cerrar, y la puerta de comunicación estaba cerrada bajo doble llave. En el rincón de la pared, donde se había acurrucado convulsamente, el perro seguía tendido. Le llamé, y no hizo ningún movimiento; me acerqué: el animal estaba muerto, con los ojos desorbitados, la lengua fuera, y la espuma en los labios. Experimenté una viva sensación de tristeza ante la pérdida de mi pobre compañero, y también un remordimiento. Me acusé de su muerte, y le creí muerto de miedo. Pero cuál no fue mi sorpresa al advertir que tenía la nuca rota. ¿Había ocurrido en la oscuridad? ¿No había requerido aquel acto la mano de un hombre como yo? ¿No había necesitado esta muerte de una influencia humana? Tenía una buena razón para creerlo. No puedo sacar deducciones, no puedo hacer otra cosa que relatar fielmente los hechos. Que el lector deduzca de ellos lo que le plazca.
Otra circunstancia sorprendente, mi reloj se encontraba de nuevo en la mesa, de dónde yo lo había visto desaparecer tan misteriosamente; pero estaba parado en el momento en que había sido, por así decirlo, raptado; y después, a pesar de toda la pericia del relojero, el hecho es que si se pone en marcha, lo hace de un modo extraño y poco corriente durante algunas horas, y se detiene luego en un punto muerto..., pero este detalle es insignificante.
No sucedió nada más durante el resto de la noche. Por otra parte, no tuve que esperar mucho la llegada del día, pero no quise dejar la casa encantada hasta que fuera día claro. Antes de irme, volví a la pequeña habitación donde mi criado y yo nos habíamos quedado emocionados. Tenía claramente la impresión —y no sé claramente por qué— de que era en aquella habitación donde se encontraba el mecanismo del fenómeno que había tenido sus efectos en la mía.
Y aunque entrase ahora, a plena luz del día, con el sol brillando a través de los cristales, sentí subir del suelo aquella misma impresión de horror que había experimentado la víspera, agravada ahora por todo lo que había sucedido en mi habitación. No pude soportar el permanecer allí más de medio minuto; bajé las escaleras, y oí otra vez con claridad unos pasos delante de mí. Cuando abrí la puerta de la calle, oí claramente una ligera risa. Volví a mi domicilio, creyendo encontrar a mi cobarde criado. Pero no había hecho aún su aparición. No supe nada más de él durante tres días, fecha en que recibí una carta procedente de Liverpool. Hela aquí.

«Señor, le pido humildemente perdón, aunque apenas puedo creer que me lo conceda, a menos que, y Dios no lo quiera, no haya visto usted lo que yo vi. Sé que necesitaré años para recobrarme. En cuanto a hallarme en estado de servir, desde luego que no. Me voy, pues, a Melbourne, a casa de mi cuñado. El barco sale mañana. Tal vez el largo viaje me hará bien. No hago más que estremecerme y temblar e imaginarme que "aquello" me persigue. Le ruego humildemente, señor, que haga enviar mis ropas y los sueldos que me debe, a mi madre, en Walworth. John sabe su dirección.»

La carta terminaba con otras excusas, un poco incoherentes y detalles explicativos concernientes a los bienes de los que él se había ocupado.
Esta defección podrá tal vez suscitar la sospecha de que el hombre tenía deseos de ir a Australia y se había aprovechado fraudulentamente de los acontecimientos de la noche.
No veo nada que pueda refutar esta opinión; aún más, pienso que les parecerá a muchas personas la solución más probable de estos sucesos inexplicables. Mi fe en mi propia teoría permanece íntegra. Volví por la noche a la casa, con desconfianza, para recoger los objetos que había dejado allí y el cuerpo de mi pobre perro.
Nadie me turbó en mi tarea, y no se produjo ningún incidente notable, excepto al subir y bajar las escaleras, que oí otra vez el ruido de pasos.
Al salir de la casa, me dirigí a casa de mister J... Le devolví las llaves, le dije que mi curiosidad estaba ampliamente satisfecha y empecé a relatarle rápidamente lo que había sucedido; pero él me hizo callar y me dijo, muy cortésmente, que no encontraba ningún interés en un misterio que jamás había sido resuelto.
Me decidí finalmente a hablarle de las dos cartas que había leído, así como de la manera extraordinaria como habían desaparecido, y le pregunté si habían sido dirigidas a la mujer que había muerto en la casa, y si había en su historia alguna cosa que pudiera confirmar las sospechas que estas cartas podían suscitar. Mister J... pareció estremecerse, y después de haber reflexionado durante algunos minutos, respondió:
—Sé pocas cosas de la historia de esta mujer, salvo, como le he dicho ya, que su familia conocía a la mía. Pero usted reaviva algunas vagas sospechas que alimenté en otro tiempo contra ella. Voy a hacer una encuesta y le informaré del resultado. Y entre tanto, incluso aunque podamos admitir la creencia popular en el hecho de que una persona que ha sido durante su vida el autor o la víctima de un crimen puede volver después de su muerte al teatro de sus crímenes, haré observar que la casa ya estaba frecuentada por extrañas visiones y ruidos raros antes de que esta mujer muriese. ¿Sonríe usted? ¿Qué piensa?
—Digo que estoy convencido de que si vamos hasta el fondo del misterio, encontraremos alguna influencia humana en la base de todo esto.
—¿Cómo? ¿Cree usted en una impostura? ¿Por qué razón?
—No en una impostura en el sentido ordinario de la palabra. Si yo estuviera sumido en un profundo sueño del que no pudiera usted despertarme, y en este sueño pudiera responder a preguntas con una precisión de la que sería incapaz estando despierto podría decirle, por ejemplo, cuánto dinero tiene usted en los bolsillos, o escribirle sus propios pensamientos, no es necesariamente una impostura, pero tampoco un efecto sobrenatural.
Yo podría estar, sin saberlo, sin estar presente en mí mismo, bajo una influencia mesmérica impuesta a distancia por una persona que hubiera adquirido sobre mí un poder cualquiera en un encuentro precedente.
—Pero si bien un hipnotizador puede afectar de este modo a una persona viva, ¿le cree usted capaz de influir objetos inanimados, de desplazar sillas, o de abrir puertas?
—¿O de impresionar a los sentidos con el fin de hacerle creer en tales efectos, si usted no ha estado nunca en relación con la persona en cuestión? No. Lo que comúnmente se llama mesmerismo, no podría lograrlo; pero puede existir un poder semejante, o hasta superior al mesmerismo, tal como el llamado antiguamente «magia». No llegaré a afirmar que un poder semejante pueda estar igualmente aplicado a los objetos materiales. Pero si fuera así, no sería contra la Naturaleza, sería, por el contrario, un raro poder que ésta otorga a ciertas constituciones particulares y cultivado por la práctica hasta llegar a un grado extraordinario. Que un poder semejante pueda obrar sobre un muerto, es decir, sobre ciertos pensamientos y recuerdos que el muerto pueda conservar, y obligar a que se haga aparente a nuestros sentidos, no lo que algunos llaman vulgarmente «el alma», lo cual está más allá del alcance humano, sino más bien algo como un fantasma de lo que ha sido en la tierra el soporte visible, esto es una teoría muy antigua, y un poco pasada de moda sobre la cual no aventuraría ninguna opinión. Pero no puedo admitir que este poder sea sobrenatural. Déjeme ilustrar lo que acabo de decir, con una experiencia de Paracelsus, descrita como fácil de hacer y que el autor de Curiosities of Literature cita como prueba:
«Una flor se marchita. La quemáis. Allí dónde han ido los elementos de esta flor, cuando estaba viva, no lo sabéis; no podréis encontrarlos ni reunirlos. Pero podéis, por medio de la química, de las cenizas de esta flor, hacer surgir un espectro de ésta, con todas las apariencias de vida». Puede suceder así con los humanos. El alma ha escapado como la esencia o los elementos de la flor... Pero podéis resucitar un espectro. Y este fantasma, aunque la creencia popular lo tenga por el alma del difunto, no debe ser confundido con ella. No es más que una imagen del muerto. Lo que más nos sorprende en las más acreditadas historias de fantasmas, es la ausencia de lo que llamaremos «alma», es decir, de una inteligencia superior libre de toda traba. Estas apariciones salen generalmente de pequeños objetos o de la nada. Hablan raramente, y si esto sucede, expresan ideas que no son superiores a las de la mayoría de los mortales. Espiritistas americanos han publicado volúmenes de comunicaciones en prosa o en verso, que dicen y afirman haber sido hechas por los muertos más ilustres, Shakespeare o Bacon. Estas comunicaciones no son ciertamente de otro orden que las que habrían hecho personas de un cierto talento y de una cierta educación aún en vida; son, en todo caso, sorprendentemente inferiores a lo que Shakespeare, Bacon o Platón, escribieron, en vida. Y lo que es más notable todavía, no contienen ninguna idea que no existiera ya sobre la tierra. Por ello, si tales fenómenos, admitiendo que sean reales, pueden existir, veo que muchos de ellos la filosofía los puede poner en duda, pero ninguno que pueda negar, y en todo caso, ninguno que sea sobrenatural. Son únicamente ideas transmitidas de una manera o de otra —no hemos descubierto aún el medio— de un espíritu mortal a otro espíritu mortal. Igualmente, aunque el hecho de hacer bailar a las mesas, de hacer aparecer formas en un círculo mágico o manos sin cuerpos apoderándose de ciertos objetos, o una sombra como la que se me apareció a mí, hiele la sangre, estoy convencido de que todo está transmitido por agentes materiales tales como ondas eléctricas. En ciertos organismos existen causas químicas que pueden producir efectos seudomilagrosos de naturaleza química; en otros circula un fluido eléctrico, y estos últimos pueden dar nacimiento a fenómenos eléctricos.
Estos fenómenos no difieren de la ciencia ordinaria más que en esto: que no tienen fin, ni objeto, son totalmente pueriles y fútiles. No conducen a ningún resultado práctico, y por esta razón, el mundo no los tiene en cuenta y los verdaderos sabios no los han cultivado.
Pero estoy absolutamente seguro de que en el origen le todo lo que he visto u oído, se encuentra un hombre como yo; y estoy inconscientemente convencido de su existencia tan sólidamente como de sus efectos, por la razón siguiente: me ha dicho usted mismo que no ha habido dos personas que hayan observado los mismos fenómenos. ¡Pues bien! Observe igualmente que no existen dos personas que hayan tenido jamás el mismo sueño.
Si se tratara de una impostura corriente, la maquinación estaría construida para dar resultados apenas diferentes: si se tratara de un hecho de orden sobrenatural, emanando del Todopoderoso, se produciría igualmente con un objeto bien definido Estos fenómenos no pertenecen, pues, a ninguna de estas dos clases. Mi opinión es que proceden de un espíritu en este momento muy alejado, y que no tiene intenciones muy claras; que estos hechos son el resultado de pensamientos desviados, inestables, cambiantes y a medio formar; en una palabra, que pueden ser los sueños de este espíritu, puesto en acción, y hechos sustánciales sólo a medias; que este espíritu posee un inmenso poder, capaz de poner la materia en movimiento, que es malvado y destructivo. Creo en una fuerza material que ha matado a mi perro, y esta fuerza hubiera sido suficiente para matarme, si me hubiera dejado subyugar por el terror, como fue el caso de mi perro, si mi inteligencia y mi espíritu no me hubieran dado la fuerza de resistir por medio de la voluntad.
—¡Ha matado a su perro! Es aterrador. Efectivamente, es muy extraño que ningún animal haya podido resistir el permanecer en aquella casa; ni siquiera un gato. Además, no hay ratas ni ratones.
—El instinto de los animales les hace descubrir las influencias nefastas a su existencia. La razón humana es menos sutil, pero es más resistente. Ya basta. ¿Ha comprendido usted mi teoría?
—Sí, aunque imperfectamente. Y acepto esta fantasía (y perdone el término), aunque llena de rarezas, más fácilmente que la noción de fantasmas y de espectros de la que estamos embebidos desde la infancia. Pero en cuanto a mi pobre casa, el mal sigue siendo, el mismo. ¿Qué podré hacer de ella?
—Voy a decirle lo que yo haría. Estoy íntimamente convencido de que la pequeña habitación sin amueblar, que se encuentra a la derecha de la puerta de la habitación que yo he ocupado, es el punto de partida, receptáculo de las influencias que encantan la casa y le aconsejo que desguarnezca las paredes, que cambie el suelo, e incluso que la destruya completamente. He observado que se aparta del cuerpo principal, que está construida por encima del patio, y que podría ser demolida sin causar perjuicio al resto de la mansión.
—Y piensa usted que haciendo esto...
—Tendrá que cortar los hilos del telégrafo. Pruébelo estoy convencido de que tengo razón, y quiero pagar la mitad de los gastos, si usted me permite que dirija los trabajos.
—No, puedo soportar los gastos. En cuanto a lo demás, permítame que le escriba.
Unos diez días más tarde, recibí una carta de mister J... diciéndome que había visitado la casa después de nuestra entrevista; que había encontrado las de cartas que yo había descrito y las había vuelto a guardar en el cajón de donde las había sacado; que las había leído con la misma desconfianza que yo y que había empezado una encuesta concerniente a la mujer a quien yo sugerí que las cartas, habían sido escritas. Parece ser que treinta y seis años antes, un año antes de la fecha de las cartas, la mujer se había casado en contra de la opinión de los suyos con un americano de un carácter muy especial; de hecho, siempre había sido considerado como un pirata. La mujer era la hija de unos comerciantes dignos, y había ocupado el cargo de directora en un parvulario, antes de su matrimonio.
Tenía un hermano rico, según decían, padre de un niño de seis años. Un mes después de la boda, el cuerpo de este hermano había sido encontrado en el Támesis cerca del puente de Londres, llevaba en el cuello señales de violencia, pero los indicios no eran suficiente para clausurar la encuesta de otro modo que con esta palabras. «Encontrado ahogado». El americano y la mujer tomaron al niño a su cargo, pues el hermano difunto había manifestado en vida la voluntad de que su hermana se ocupara de él, y si a él le sucedía algo la instituía como heredera. El niño murió seis meses después; se supone que fue por causa de negligencia y de malos tratos. Los vecinos atestiguaron haber oído gritos durante la noche. El cirujano que le examino después de su muerte, dijo que estaba subalimentado y que su cuerpo estaba cubierto de señales lívidas: Parece ser que durante una noche de invierno, había tratado de escaparse, había saltado al patio, y tras intentar escalar el muro, había sido encontrado por la mañana, muerto sobre las piedras. Pero aunque hubo evidencia de crueldad, no había prueba alguna de asesinato, y la tía y su marido pudieron excusarse, alegando la excesiva insubordinación y la perversidad del niño, al que otros tachaban de pobre de espíritu. Sin embargo, tal como debía suceder a la muerte del huérfano, la tía heredó la fortuna de su hermano.
Antes de que hubiera terminado el primer año de matrimonio, el americano abandonó Inglaterra y no apareció más por aquí. Consiguió pasaje en un barco que se hundió con cuerpos y bienes en el Atlántico dos años más tarde. La viuda vivía en la opulencia. Pero algunos reveses de fortuna se abatieron sobre ella. Un banco quebró, fue perdida una inversión, emprendió un pequeño comercio y fue reconocida como insolvente; fue bajando cada vez más, desde gobernante hasta criada para todo, no pudiendo conservar ningún empleo, aunque jamás tuvieron que achacarle nada decisivo. Estaba considerada como una mujer sobria, honesta y particularmente tranquila en sus costumbres; y no obstante, todo le salía mal; de este modo, había acabado por caer en la «casa de trabajo» de donde mister J... la había sacado para emplearla en la misma casa donde había reinado como dueña durante el primer año de su matrimonio.
Mister J... añadía que él había pasado una hora solo en la habitación vacía que yo le había aconsejado que derribara, y que su impresión de angustia había sido tal, aunque no hubiera oído ni visto nada, que se había decidido a desguarnecer las paredes y a cambiar el recubrimiento del suelo, tal como yo le había aconsejado. Había contratado personal para este efecto, e iban a empezar el día que yo tuviera a bien indicarle. El día fue fijado.
Me dirigí a la casa encantada; entramos en la lúgubre habitacioncita, levantamos el plinto y luego el recubrimiento del suelo. Bajo las vigas encontramos, cubierta de basura, una trampa apenas lo bastante ancha para permitir el paso de un hombre.
Estaba cerrada con candados y remaches. Al abrirla, descubrimos una pequeña habitación, de cuya existencia jamás se había sospechado. En aquella habitación había una ventana y una chimenea, pero, con toda evidencia, habían sido tapiadas las dos, muchos años antes. Con la ayuda de velas, examinamos el lugar. Contenía únicamente algunos muebles carcomidos, tres sillas, un banco de encina, una mesa, todo del estilo de hace ochenta años. Había una cómoda junto a la pare donde encontramos, medio podridos, los objetos de vestir como los usaban, hace un siglo, los caballeros de algún rango; hebillas de acero y botones como llevan aún ahora en las levitas, una elegante espada y en un traje que en otro tiempo había estado adornado con encajes de oro, pero que actualmente estaba negrecido y sucio por la humedad, encontramos nueve guineas, algunas monedas de plata y una ficha de marfil probablemente para una recepción de hacía mucho tiempo. Pero nuestro principal descubrimiento fue una especie de caja fuerte de hierro, fija a la pared, que nos costó mucho trabajo abrir.
En aquel cofre encontramos tres departamentos, dos pequeños cajones. Alineadas sobre las tablas, había unas botellitas de cristal herméticamente cerradas. Contenían esencias volátiles incoloras, sobre las cuales diré únicamente que no eran venenos; el fósforo y el amoniaco entraban en la composición de algunas de ellas. Encontramos también unos curiosos tubos de cristal, una pequeña barrita de hierro, con una pesada maza de cristal de roca y otra de ámbar, así como un poderoso imán.
En uno de los cajones encontramos una miniatura en oro, cuyos colores tenían una frescura notable aún a costa del tiempo que hacía que se hallaba allí. El retrato era el de un hombre de edad madura, de unos cuarenta y siete o cuarenta y ocho años Era un rostro sorprendente, de los más impresionantes. Si pueden ustedes imaginar alguna enorme serpiente transformada en hombre y conservando, bajo los rasgos humanos, el carácter de la serpiente, tendrán una imagen mejor de la que podría ofrecerles una descripción. Estos eran los rasgos: amplitud y llaneza de la frente, elegancia puntiaguda de los contornos, suavizando la fuerza de una mandíbula implacable, la mirada alargada, grande terrible, con destellos verdosos como la esmeralda, una especie de tranquilidad imperturbable, como nacida de la conciencia de un inmenso poder.
Maquinalmente, di vuelta a la miniatura para examinar el reverso, y en la cara posterior observé un pentágono grabado. En medio de éste una escalera cuyo tercer peldaño estaba formado por la fecha de 1765.
Al mirar desde más cerca, encontré un resorte; apretando éste, se abría la parte posterior de la miniatura como una tapadera. En el lado interior de la tapadera, estaba grabado: «A ti, Mariana, sé fiel en la vida y en la muerte a...» Aquí seguía un nombre que no mencionaré, pues me resultaba algo conocido. Lo había oído mencionar a los viejos en mi juventud como perteneciente a un charlatán famoso que había causado sensación en Londres durante un año, y había huido del país bajo acusación de doble asesinato, perpetrado en su propia casa, de su amante y su rival. No dije nada de ello a mister J..., a quien entregué la miniatura.
Habíamos abierto sin dificultad el primer cajón del cofre, pero nos costó mucho trabajo abrir el segundo: no estaba cerrado con llave, pero resistió a todos los esfuerzos, hasta que insertamos en la hendidura la hoja de un cuchillo. Cuando lo abrimos, encontramos en su interior un singular aparato de los más perfectos en su género.
Sobre un librito delgado, una plaqueta más bien, se encontraba un platillo de cristal lleno de un líquido claro sobre el que flotaba una especie de brújula cuya aguja giraba rápidamente. Pero en lugar de los signos ordinarios de la brújula, se podían leer siete extraños caracteres, bastante semejantes a los que utilizan los astrólogos para designar a los planetas, Un olor particular, ni fuerte ni desagradable, salía de aquel cajón recubierto de una madera que enseguida identificamos como nogal.
Cualquiera que fuera la causa de aquel olor, producía un extraño efecto sobre los nervios. Experimentamos los dos, así como los dos obreros que se encontraban en la habitación, una sensación de dolor agudo que iba del extremo de los dedos hasta la raíz de los cabellos. Impaciente por examinar la plaqueta, cogí el platillo. Al hacer esto, la aguja de la brújula se puso a girar a una velocidad excesiva y sentí un golpe que se extendió por todo el cuerpo, tan fuerte, que dejé caer el platillo al suelo. El líquido se derramó, el platillo se rompió, la brújula rodó hasta el extremo de la habitación y en el mismo instante, las paredes temblaron como si un gigante las hubiera sacudido.
Los dos obreros se quedaron tan asustados, que se lanzaron a la escalera por la que habían bajado a la habitación.
Entre tanto, ya había abierto la plaqueta. Estaba encuadernada con cuero y cierre de plata. Contenía una única hoja de pergamino, y en aquella hoja estaba escrito en el interior de un doble pentágono, en viejo latín monástico, una frase que se puede traducir literalmente por estas palabras: «Sobre todo objeto palpable que se encuentre en esta casa, animado o inanimado, vivo o muerto, como se mueven las agujas, así actúa mi voluntad. Maldita sea la casa y que sus habitantes sean atormentados para siempre».
No encontramos nada más. Mister J... quemó la plaqueta y su anatema. Arrasó hasta los cimientos la parte del edificio que ocultaba la habitación secreta, y la que se encontraba encima de ella. Tuvo entonces el valor de vivir él mismo en la casa durante un mes, y no pudo encontrarse en todo Londres una casa más tranquila y más confortable.
En consecuencia, la alquiló, y su inquilino no se quejó jamás.




Before The Dawn - Soundscape Of Silence


Gothic / Melodic Death Metal
Finland
Before The Dawn - Soundscape Of Silence (2008)



1. Dying Sun 03:11
2. Exile 03:59
3. Silence 03:01
4. Dead Reflection 03:41
5. Hide Me 03:30
6. Fabrication 03:50
7. Saviour 03:14
8. Monsters 04:50
9. Cold 04:09
10. Last Song 02:52
11. Ignite (bonus track) 03:05




Before The Dawn - Dying Sun
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BEFORE THE DAWN
Tuomas Saukkonen - Guitar, Vocals, Drums, Synth
Lars Eikind - Bass, Vocals
Juho Räihä - Guitar





Fragm de Lestat, El Vampiro


Recordemos este bello libro...


[...]
Akasha me tomó entre sus brazos y me atrajo hacia ella, y noté su mano como Marius la había descrito, cogiéndome la cabeza delicadamente, con toda suavidad, hasta que noté mis dientes contra su cuello.

No vacilé. No pensé en los brazos que me estrechaban, que podían estrujarme y acabar conmigo en un instante. Noté los colmillos atravesando la piel como si rompiesen una corteza glacial y la sangre manó humeante a mi boca.
¡Oh, sí, sí...! ¡Oh, sí,! Yo le había pasado el brazo por encima de su hombro izquierdo y meagarraba a ella, a mi estatua viviente, y no importaba que fuera más dura que el mármol: era así como debía ser, era perfecta, mi madre, mi amante, mi poderosa, y su sangre penetraba hasta la última partícula pulsante de mi cuerpo con los hilos de su ardiente telaraña. Pero sus labios ya estaban contra mi garganta. Akasha me estaba besando, besaba la arteria por la cual fluía con tal violencia su propia sangre. Sus labios se abrían sobre mi cuello y, mientras yo chupaba su sangre con todas mis fuerzas, mientras los borbotones de rojo líquido pasaban por mi boca antes de extenderse por todo mi ser, noté la inconfundible sensación de sus colmillos hincándose en mi cuello.
Y noté cómo, al mismo tiempo que su sangre pasaba a mí, la mía era aspirada súbitamente de mis venas palpitantes.
Visualicé aquel trémulo circuito y aún lo percibí más divinamente porque todo lo demás dejó de existir y sólo quedaron nuestras bocas apretadas contra la garganta del otro, y el mutuo trasvase de sangre con su inagotable latir. No hubo sueños ni visiones, sólo aquello, aquella sensación maravillosa, ensordecedora y cálida, y no importaba nada más, absolutamente nada más, salvo que aquello no terminara nunca. El mundo de las cosas que tenían peso, que ocupaban espacio y que interrumpían el paso de la luz, había desaparecido.
Y, con todo, un sonido horrible perturbó el éxtasis. Un sonido desagradable, como el de una piedra al cuartearse, como el de una losa arrastrada por el suelo. Debía ser Marius. No, Marius, no te acerques. Vuelve atrás, no nos toques. No nos separes.
[...]

Anne Rice
Lestat El Vampiro

Poema Al Príncipe - Pier Paolo Pasolini



Poema Al Príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

Pier Paolo Pasolini
De “La religión de mi tiempo” 1961

Artrosis - In Nomine Noctis


Gothic Metal
Polonia

Artrosis - In Nomine Noctis (2001)



01. Hidden dimension
02. (
03. World without end
04. Hypnosis
05. Towards the top
06. TNothingness
07. Crazy
08. )
09. The request
10. To evil




Artrosis - Hipnosis
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ARTROSIS
Medeah (Magdalena Stupkiewicz (Dobosz)) – vocals
MacKozer (Krystian Kozerawski) – guitar
Remo (Remigiusz Mielczarek) – bass
Migdal (Lukasz Migdalski) – keyboards
Swicol (Pawel Swica) – drums





Las Flores del Mal - Charles Baudelaire



Las Flores del Mal
Charles Baudelaire



Alma sorda y cruel, ven a mi pecho,
idolatrado tigre, monstruo de aspecto indolente,
mis temblorosos dedos quiero hundir
en la espesura de tu larga melena eternamente;

En enaguas llenas de tu perfume
mi dolorida cabeza sepultar
y como flor marchita respirar
el suave hedor de amor que me consume.




Prohibidos en Francia por ofensa a la moral y a las buenas costumbres, los poemas reunidos en este volumen debieron aguardar noventa y dos años hasta su revindicación pública.


Reseña




Las flores del mal. Charles Baudelaire / 1859 / Poesía maldita/ Francia

Encontrar la belleza que se esconde tras lo más feo y maldito. Baudelaire convirtió en tema poético lo impensable en su época.

LUIS ANTONIO DE VILLENA

Aparecidas inicialmente en 1859, Las flores del mal (Les fleurs du mal) recogen la práctica totalidad de la poesía en verso que escribiera Charles Baudelaire (1821-1867), poeta que revolucionó las bases y los resultados de la poesía francesa moderna y —a su través— los de toda la poesía europea. Su amigo y maestro Théophile Gautier (romántico precursor del simbolismo) escribió un artículo sobre Las flores del mal —al poco de su aparición— donde hablaba de un fisson nouveau (un temblor nuevo) en la poesía francesa.

Era cierto. Esa primera edición tuvo problemas con la censura, que mandó retirar —por obscenos— algunos poemas, de contenido o alabanza lésbicos, que en las ediciones posteriores aparecerían bajo el rótulo de Pièces condamnées, o sea poemas condenados. En una primera intención, Baudelaire pensó titular su libro Las lesbianas. Partiendo de una cosmovisión romántica, en la que el artista es el desclasado por antonomasia de la sociedad burguesa (que predica el Bien, su Bien, como basamento del orden del mundo) Baudelaire, desalentado por esa sociedad filistea y obtusa, prefiere el camino del Mal, que no sería a la postre, sino una manera distinta del Bien.

Nace así el malditismo, la búsqueda de la autodestrucción, la inmolación sacral del artista como víctima. Su afición, queridamente amoral, al ajenjo, a la lujuria, a un desorden sensual en que terminará viendo, además, un modo de inspiración. A todo ese malditismo —tema de la nueva poesía— hay que añadir una escrupulosa y magnífica perfección formal, un ritmo que ensaya novedades y una manera de adjetivar, ruptural y rotunda, esteticista y simbolista, que potencia y embellece la novedad y el talento de ese nuevo temblor, que hace de Baudelaire, no solamente un poeta de primerísima fila, sino el padre directo o indirecto de toda la moderna poesía occidental. De él nacen Rimbaud y Verlaine, pero también Mallarmé, Apollinaire y hasta T. S. Eliot. Sin Baudelaire la poesía actual no sería la que conocemos.

Durante toda su vida Baudelaire siguió aumentando Les fleurs du mal cuya tercera y definitiva edición apareció en diciembre de 1868 —algo más de un año tras la muerte de su autor— con prefacio de Gautier, al que iba dedicada. Poemas como Lesbos, Los gatos, La cabellera o Don Juan en los Infiernos —entre tantísimos— cantan la arrogancia dandi del maldito, su hipersensibilidad, su distiguido amor por lo raro, su espiritual sed de lujuria, su ansia de derrocar tabúes para llegar, al fin y casi imposiblemente —el buen burgués no perdona— a un mundo perfecto, sensual y lujoso, sin clero y sin policía.

El juego de las sinestesias, los perfumes que hablan y los colores que sienten forman parte del inmenso legado que se debe a este libro capital cuyo sagrado malditismo llenó la literatura de entresiglos, y es el mismo mal que respira en el título, a veces poco entendido, de Manuel Machado, El mal poema. El mal sacro de los hijos y nietos de Baudelaire, a quien no puede desdeñar poeta ninguno. Hablamos de un genio.
fuente




Crimfall - As The Path Unfolds



Epic/Symphonic/Power/Viking/Folk Metal
Finland
Crimfall - As The Path Unfolds... (2009)



01. Neothera Awakening
02. The Crown of Treason
03. Wildfire Season
04. Where Waning Winds Lead
05. Sun Orphaned
06. Ascension Pyre
07. Shadow Hearth
08. Non Serviam
09. Aubade
10. Hundred Shores Distant
11. Novembre




Crimfall - Where Waning Winds Lead
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CRIMFALL
Jakke Viitala: Guitars, Orchestra
Mikko Häkkinen: Vocals
Helena Haaparanta: Vocals





El fin - Frederic Brown



El fin
Frederic Brown
El profesor Jones venía trabajando en la teoría del tiempo desde hacía varios años.
–Encontré la ecuación-clave –le dijo un día a su hija.
El Tiempo es un campo. Esta máquina que yo construí puede manipular, hasta invertir, ese campo.
Oprimiendo un botón mientras hablaba, continuó: –Esto hará que el tiempo camine para atrás para camine tiempo el que hará Esto: – Continuó, hablaba mientras botón un oprimiendo.
–Campo ese, invertir hasta, manipular puede construí yo que máquina esta. Campo un es Tiempo el. –Hija su a día un dijo le– Clave-ecuación la encontré–.
Años varios hacía desde tiempo del teoría la en trabajando venía Jones profesor el.

El hombre de la arena - E. T. A. Hoffmann



El hombre de la arena
E. T. A. Hoffmann






«…nadie más que él podía ser el hombre de la arena. Pero ya no lo veía como aquel espantajo de cuentos de abuela que buscaba ojos de niño para llevar alimento al nido de búhos. ¡No! Ahora era un monstruo que allí donde intervenía llevaba pena, desgracia, ruina temporal, eterna.»

El hombre de la arena, ese personaje familiar que entraba por las noches en las casas de los niños, encuentra en el relato de Hoffmann su mito y alcanza su máxima estatura: la del terror incubado en la infancia, el miedo alimentado cada noche que desencadena la demencia.



Trobar De Morte - Legends Of Blood And Light



medieval, neofolk, ethereal, folk, neoclassical
España

Trobar De Morte - Legends Of Blood And Light (2008)



Of Blood...
1. No Return
2. Talisman
3. Morrigan
4. In Nomine Filius Mortis
5. Inside The Infinite Abyss
6. El Ultimo Aliento
7. Awareness
Of Light...
8. Esperit De Reserca
9. The Last Unicorn
10. The Sorceress
11. El Arbol De Las Lágrimas De Cristal
12. The Seahorse
13. The Fairies Wind




Trobar De Morte - The Sorceress
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Trobar de morte- In Nomine Filius Mortis
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TROBAR DE MORTE
Lady Morte: Voz, música, Líricas y Percusión.
Arianne: Voz y Percusión.
Armand: Batería, Darbuka y Bajo.





El mundo de los sueños, las hadas, hermosos y profundos bosques, la regresión a una época medieval inexistente, donde las brujas danzan alrededor del fuego y consultan sus deseos con la noche y las estrellas… donde el mar susurra el nombre secreto del viento y la luna nos adormece con sus dulces nanas…todo esto da vida a “Trobar de Morte”.

El engendro maldito - Ambrose Bierce






El engendro maldito
Ambrose Bierce


I - No siempre se come lo que está sobre la mesa
A la luz de una vela de sebo colocada en un extremo de una rústica mesa, un hombre leía algo escrito en un libro. Era un viejo libro de cuentas muy usado y, al parecer, su escritura no era demasiado legible porque a veces el hombre acercaba el libro a la vela para ver mejor. En esos momentos la mitad de la habitación quedaba en sombra y sólo era posible entrever unos rostros borrosos, los de los ocho hombres que estaban con el lector. Siete de ellos se hallaban sentados, inmóviles y en silencio, junto a las paredes de troncos rugosos y, dada la pequeñez del cuarto, a corta distancia de la mesa. De haber extendido un brazo, cualquiera de ellos habría rozado al octavo hombre que, tendido boca arriba sobre la mesa, con los brazos pegados a los costados, estaba parcialmente cubierto con una sábana. Era un muerto.

El hombre del libro leía en voz baja. Salvo el cadáver todos parecían esperar que algo ocurriera. Una serie de extraños ruidos de desolación nocturna penetraba por la abertura que hacía de ventana: el largo aullido innombrable de un coyote lejano; la incesante vibración de los insectos en los árboles; los gritos extraños de las aves nocturnas, tan diferentes del canto de los pájaros durante el día; el zumbido de los grandes escarabajos que vuelan desordenadamente, y todo ese coro indescifrable de leves sonidos que, cuando de golpe se interrumpe, creemos haber escuchado sólo a medias, con la sospecha de haber sido indiscretos. Pero nada de esto era advertido en aquella reunión; sus miembros, según se apreciaba en sus rostros hoscos con aquella débil luz, no parecían muy partidarios de fijar la atención en cosas superfluas.

Sin duda alguna eran hombres de los contornos, granjeros y leñadores.

El que leía era un poco diferente; tenía algo de hombre de mundo, sagaz, aunque su indumentaria revelaba una cierta relación con los demás. Su ropa apenas habría resultado aceptable en San Francisco; su calzado no era el típico de la ciudad, y el sombrero que había en el suelo a su lado (era el único que no lo llevaba puesto) no podía ser considerado un adorno personal sin perder todo su sentido. Tenía un semblante agradable, aunque mostraba una cierta severidad aceptada y cuidada en función de su cargo. Era el juez, y como tal se hallaba en posesión del libro que había sido encontrado entre los efectos personales del muerto, en la misma cabaña en que se desarrollaba la investigación.

Cuando terminó su lectura se lo guardó en el bolsillo interior de la chaqueta. En ese instante la puerta se abrió y entró un joven. Se apreciaba claramente que no había nacido ni se había educado en la montaña: iba vestido como la gente de la ciudad. Su ropa, sin embargo, estaba llena de polvo, ya que había galopado mucho para asistir a aquella reunión.
Solamente el juez le hizo un breve saludo.
-Lo esperábamos -dijo-. Es necesario acabar con este asunto esta misma noche.
-Lamento haberlos hecho esperar -dijo el joven, sonriendo-. Me marché, no para eludir su citación, sino para enviar a mi periódico un relato de los hechos como el que supongo quiere usted oír de mí.
El juez sonrió.
-Ese relato tal vez difiera del que va a hacernos aquí bajo juramento.

-Como usted guste -replicó el joven enrojeciendo con vehemencia-. Aquí tengo una copia de la información que envié a mi periódico. No se trata de una crónica, que resultaría increíble, sino de una especie de cuento. Quisiera que formara parte de mi testimonio.

-Pero usted dice que es increíble.

-Eso no es asunto suyo, señor juez; si yo juro que es cierto.

El juez permaneció en silencio durante un rato, con la cabeza inclinada. El resto de los asistentes charlaba en voz baja sin apartar la mirada del rostro del cadáver. Al cabo de unos instantes el juez alzó la vista y dijo:

-Continuemos con la investigación.

Los hombres se quitaron los sombreros y el joven prestó juramento.

-¿Cuál es su nombre? -le preguntó el juez.

-William Harker.

-¿Edad?

-Veintisiete años.

-¿Conocía usted al difunto Hugh Morgan?

-Sí.

-¿Estaba usted con él cuando murió?'

-Sí, muy cerca.

-Y ¿cómo se explica...? su presencia, quiero decir.

-Había venido a visitarlo para ir a cazar y a pescar. Además, también quería estudiar su tipo de vida, tan extraña y solitaria. Parecía un buen modelo para un personaje de novela. A veces escribo cuentos.

-Y yo a veces los leo.

-Gracias.

-Cuentos en general, no me refería sólo a los suyos.

Algunos de los presentes se echaron a reír.

En un ambiente sombrío el humor se aprecia mejor. Los soldados ríen con facilidad en los intervalos de la batalla, y un chiste en la capilla mortuoria, sorprendentemente, suele hacernos reír.

-Cuéntenos las circunstancias de la muerte de este hombre -dijo el juez-. Puede utilizar todas las notas o apuntes que desee.

El joven comprendió. Sacó un manuscrito del bolsillo de su chaqueta y, tras acercarlo a la vela, pasó las páginas hasta encontrar el pasaje que buscaba. Entonces empezó a leer.


II - Lo que puede ocurrir en un campo de avena silvestre
«...apenas había amanecido cuando abandonamos la casa. Íbamos en busca de codornices, cada uno con su escopeta, y nos acompañaba un perro. Morgan dijo que la mejor zona estaba detrás de un cerro, que señaló, y que cruzamos por un sendero rodeado de arbustos. Al otro lado el terreno era bastante llano y espesamente cubierto de avena silvestre. Cuando salimos de la maleza Morgan iba unas cuantas yardas por delante de mí. De repente oímos, muy cerca, a nuestra derecha y también enfrente, el ruido de un animal que se revolvía con violencia entre unas matas.

»-Es un ciervo -dije-. Ojalá hubiéramos traído un rifle.

»Morgan, que se había parado a examinar los arbustos, no dijo nada, pero había cargado los dos cañones de su escopeta y se disponía a disparar. Parecía algo excitado y esto me sorprendió, pues era célebre por su sangre fría, incluso en momentos de súbito e inminente peligro.

»-Venga -dije-. No esperarás acabar con un ciervo a base de perdigones, ¿verdad?

»No contestó, pero cuando se volvió hacia mí vi su rostro y quedé impresionado por su expresión tensa. Comprendí entonces que algo serio ocurría, y lo primero que pensé fue que nos habíamos topado con un oso. Colgué mi escopeta y avancé hasta donde estaba Morgan.

»Los arbustos ya no se movían y el ruido había cesado, pero mi amigo observaba el lugar con la misma atención.

»-Pero ¿qué pasa? ¿Qué diablos es? -le pregunté.

»-¡Ese maldito engendro! -contestó sin volverse.

Su voz sonaba ronca y extraña. Estaba temblando.

»Iba a decir algo cuando vi que la avena que había en torno al lugar se movía de un modo inexplicable. No sé cómo describirlo. Era como si, empujada por una ráfaga de viento, no sólo se cimbreara sino que se tronchaba y no volvía a enderezarse; y aquel movimiento se acercaba lentamente hacia nosotros.

»Aunque no recuerdo haber pasado miedo, nada antes me había afectado de un modo tan extraño como aquel fenómeno insólito e inenarrable. Recuerdo -y lo saco a colación porque me vino entonces a la memoria- que una vez, al mirar distraídamente por una ventana, confundí un cercano arbolito con otro de un grupo de árboles, mucho más grandes, que estaban más lejos. Parecía del mismo tamaño que éstos, pero al estar más clara y marcadamente definido en sus detalles, no armonizaba con el resto. Fue un simple error de perspectiva pero me sobresaltó y llegó incluso a aterrorizarme. Confiamos tanto en el buen funcionamiento de las leyes naturales que su suspensión aparente nos parece una amenaza para nuestra seguridad, un aviso de alguna calamidad inconcebible. Del mismo modo, aquel movimiento de la maleza, al parecer sin causa, y su aproximación lenta e inexorable resultaban inquietantes. Mi compañero estaba realmente asustado; apenas pude dar crédito a mis ojos cuando le vi arrimarse la escopeta al hombro y vaciar los dos cañones contra el cereal en movimiento. Antes de que el humo de la descarga hubiera desaparecido oí un grito feroz -un alarido como el de una bestia salvaje- y vi que Morgan tiraba su escopeta y, a todo correr, desaparecía de aquel lugar. En ese mismo instante fui arrojado al suelo por el impacto de algo que el humo ocultaba -una sustancia blanda y pesada que me embistió con gran fuerza.

»Cuando me puse de pie y recuperé mi escopeta, que me había sido arrebatada de las manos, oí a Morgan gritar como si agonizara. A sus gritos se unían aullidos feroces, como cuando dos perros luchan entre sí. Completamente aterrorizado, me incorporé con gran dificultad y dirigí la vista hacia el lugar por el que mi amigo había desaparecido. ¡Que Dios me libre de otro espectáculo como aquél! Morgan estaba a unas treinta yardas; tenía una rodilla en tierra, la cabeza, con su largo cabello revuelto, descoyuntada espantosamente hacia atrás, y era presa de unas convulsiones que zarandeaban todo su cuerpo. Su brazo derecho estaba levantado y, por lo que pude ver, había perdido la mano. Al menos yo no la veía. El otro brazo había desaparecido. A veces, tal como ahora recuerdo aquella escena extraordinaria, no podía distinguir más que una parte de su cuerpo; era como si hubiera sido parcialmente borrado (ya sé, es extraño, pero no sé expresarlo de otra forma) y al cambiar de posición volviera a apreciarse de nuevo en su totalidad.

»Debió de ocurrir todo en unos pocos segundos, durante los cuales Morgan adoptó todas las posturas posibles del obstinado luchador que es derrotado por un peso y una fuerza superiores. Yo sólo lo veía a él y no siempre con claridad. Durante el incidente soltaba gritos y profería maldiciones acompañadas de unos rugidos furiosos como nunca antes había oído salir de la garganta de un hombre o una bestia.

»Permanecí en pie por un momento sin saber qué hacer, hasta que decidí tirar la escopeta y correr en ayuda de mi amigo. Creí que estaba sufriendo un ataque o una especie de colapso. Antes de llegar a su lado, lo vi caer y quedar inerte. Los ruidos habían cesado pero volví a ver, con un sentimiento de terror como jamás había experimentado, el misterioso movimiento de la avena que se extendía desde la zona pisoteada en torno al cuerpo de Morgan hacia los límites del bosque. Sólo cuando hubo alcanzado los primeros árboles, aparté la vista de aquel insólito fenómeno y miré a mi compañero. Estaba muerto.»


III - Un hombre, aunque esté desnudo, puede estar hecho jirones
El juez se levantó y se acercó al muerto. Tiró de un extremo de la sábana y dejó el cuerpo al descubierto. Estaba desnudo y, a la luz de la vela, mostraba un color amarillento. Presentaba unos grandes hematomas de un azul oscuro, causados sin duda alguna por las contusiones, y parecía que lo habían golpeado en el pecho y los costados con un garrote. Había unas horribles heridas y tenía la piel desgarrada, hecha jirones.

El juez llegó hasta el extremo de la mesa y desató el nudo que sujetaba un pañuelo de seda por debajo de la barbilla hasta la parte superior de la cabeza. Al retirarlo vimos lo que tenía en la garganta. Los miembros del jurado que se habían levantado para ver mejor lamentaron su curiosidad y volvieron la cabeza. El joven Harker fue hacia la ventana abierta y se inclinó sobre el alféizar, a punto de vomitar. Después de cubrir de nuevo la garganta del muerto, el juez se dirigió a un rincón de la habitación en el que había un montón de prendas. Empezó a coger una por una y a examinarlas mientras las sostenía en alto.

Estaban destrozadas y rígidas por la sangre seca. El resto de los presentes prefirió no hacer un examen más exhaustivo. A decir verdad, ya habían visto este tipo de cosas antes. Lo único que les resultaba nuevo era el testimonio de Harker.

-Señores -dijo el juez-, estas son todas las pruebas que tenemos. Ya saben su cometido; si no tienen nada que preguntar, pueden salir a deliberar.

El presidente del jurado, un hombre de unos sesenta años, alto, con barba y toscamente vestido, se levantó y dijo:

-Quisiera hacer una pregunta, señor. ¿De qué manicomio se ha escapado este último testigo?

-Señor Harker -dijo el juez con tono grave y tranquilo-; ¿de qué manicomio se ha escapado usted?

Harker enrojeció de nuevo pero no contestó, y los siete individuos se levantaron y abandonaron solemnemente la cabaña uno tras otro.

-Si ha terminado ya de insultarme, señor -dijo Harker tan pronto como se quedó a solas con el juez-, supongo que puedo marcharme, ¿no es así?

-En efecto.

Harker avanzó hacia la puerta y se detuvo con la mano en el picaporte. Su sentido profesional era más fuerte que su amor propio. Se volvió y dijo:

-Ese libro que tiene ahí es el diario de Morgan, ¿verdad?. Debe de ser muy interesante porque mientras prestaba mi testimonio no dejaba de leerlo. ¿Puedo verlo? Al público le gustaría...

-Este libro tiene poco que añadir a nuestro asunto -contestó el juez mientras se lo guardaba-; todas las anotaciones son anteriores a la muerte de su autor.

Al salir Harker, el jurado volvió a entrar y permaneció en pie en torno a la mesa en la que el cadáver, cubierto de nuevo, se perfilaba claramente bajo la sábana. El presidente se sentó cerca de la vela, sacó del bolsillo lápiz y papel y redactó laboriosamente el siguiente veredicto, que fue firmado, con más o menos esfuerzo, por el resto:

-Nosotros, el jurado, consideramos que el difunto encontró la muerte al ser atacado por un puma, aunque alguno cree que sufrió un colapso.


IV - Una explicación desde la tumba
En el diario del difunto Hugh Morgan hay ciertos apuntes interesantes que pueden tener valor científico. En la investigación que se desarrolló junto a su cuerpo el libro no fue citado como prueba porque el juez consideró que podría haber confundido a los miembros del jurado. La fecha del primero de los apuntes mencionados no puede apreciarse con claridad por estar rota la parte superior de la hoja correspondiente; el resto expone lo siguiente:

«...corría describiendo un semicírculo, con la cabeza vuelta hacia el centro, y de pronto se detenía y ladraba furiosamente. Al final echó a correr hacia el bosque a gran velocidad. En un principio pensé que se había vuelto loco, pero al volver a casa no encontré otro cambio en su conducta que no fuera el lógico del miedo al castigo.»

«¿Puede un perro ver con la nariz? ¿Es que los olores impresionan algún centro cerebral con imágenes de las cosas que los producen?»

«2 sep. Anoche, mientras miraba las estrellas en lo alto del cerco que hay al este de la casa, vi cómo desaparecían sucesivamente, de izquierda a derecha. Se apagaban una a una por un instante, y en ocasiones unas pocas a la vez, pero todas las que estaban a un grado o dos por encima del cerco se eclipsaban totalmente. Fue como si algo se interpusiera entre ellas y yo, pero no conseguí verlo pues las estrellas no emitían suficiente luz para delimitar su contorno. ¡Uf! Esto no me gusta nada...»

Faltan tres hojas con los apuntes correspondientes a varias semanas.

«27 sep. Ha estado por aquí de nuevo. Todos los días encuentro pruebas de su presencia. Me he pasado la noche otra vez vigilando en el mismo puesto, con la escopeta cargada. Por la mañana sus huellas, aún frescas, estaban allí, como siempre. Podría jurar que no me quedé dormido ni un momento -en realidad apenas duermo. ¡Es terrible, insoportable! Si todas estas asombrosas experiencias son reales, me voy a volver loco; y si son pura imaginación, es que ya lo estoy.»

«3 oct. No me iré, no me echará de aquí. Esta es mi casa y mi tierra. Dios aborrece a los cobardes...»

«5 oct. No puedo soportarlo más. He invitado a Harker a pasar unas semanas. Él tiene la cabeza en su sitio. Por su actitud podré juzgar si me cree loco.»

«7 oct. Ya encontré la solución al misterio. Anoche la descubrí de repente, como por revelación. ¡Qué simple, qué horriblemente simple!»

«Hay sonidos que no podemos oír. A ambos extremos de la escala hay notas que no hacen vibrar ese instrumento imperfecto que es el oído humano. Son muy agudas o muy graves. He visto cómo una bandada de mirlos ocupan la copa de un árbol, de varios árboles, y cantan todos a la vez. De repente, y al mismo tiempo, todos se lanzan al aire y emprenden el vuelo. ¿Cómo pueden hacerlo si no se ven unos a otros? Es imposible que vean el movimiento de un jefe. Deben de tener una señal de aviso o una orden, de un tono superior al estrépito de sus trinos, que es inaudible para mí. He observado también el mismo vuelo simultáneo cuando todos estaban en silencio, no sólo entre mirlos, sino también entre otras aves como las perdices, cuando están muy distanciadas entre los matorrales, incluso en pendientes opuestas de una colina.»

«Los marineros saben que un grupo de ballenas que se calienta al sol o juguetea sobre la superficie del océano, separadas por millas de distancia, se zambullen al mismo tiempo y desaparecen en un momento. La señal es emitida en un tono demasiado grave para el oído del marinero que está en el palo mayor o el de sus compañeros en cubierta, que sienten la vibración en el barco como las piedras de una catedral se conmueven con el bajo del órgano.»

«Y lo que pasa con los sonidos, ocurre también con los colores. A cada extremo del espectro luminoso el químico detecta la presencia de los llamados rayos 'actínicos'. Representan colores -colores integrales en la composición de la luz- que somos incapaces de reconocer. El ojo humano también es un instrumento imperfecto y su alcance llega sólo a unas pocas octavas de la verdadera 'escala cromática'. No estoy loco; lo que ocurre es que hay colores que no podemos ver.»

«Y, Dios me ampare, ¡el engendro maldito es de uno de esos colores!»

Serenity - Fallen Sanctuary



Melodic Progressive Metal
Austria
Serenity - Fallen Sanctuary (2008)



1. All Lights Reversed
2. Rust Of Coming Ages
3. Coldness Kills
4. To Stone She Turned
5. Fairytales
6. The Heartblood Symphony
7. Velatum
8. Derelict
9. Sheltered (By The Obscure)
10. Oceans Of Ruby



SERENITY - Fallen Sanctuary
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SERENITY
Georg Neuhauser - vocals
Thomas Buchberger - lead & rhythm guitars
Mario Hirzinger - keys & backing vocals
Andreas Schipflinger - drums & backing vocals
Simon Holzknecht - bass







LLuvia de Premios


Algunos de mis amigos:
Balthazar!
Mr Jofrexx
Bastian
Carose
y LyrieL Of MacabriA
fueron premiados por sus excelentes blogs y han querido compartir su premio con este rincón, lo que me causa mucho orgullo.
Gracias a todos por este gran honor!!

La otra inseguridad.




La otra “inseguridad”

Por Mariana Carbajal

Se llamaba Romina Gélvez. Tenía 22 años. Murió . Estaba con muerte cerebral desde el domingo. La desesperación frente a un embarazo no deseado la empujó el viernes 6 a recurrir a una curandera , para que le practicara un aborto. El procedimiento no fue seguro: hubo una sonda de por medio. Llegó al Hospital, con un cuadro infeccioso crítico. Nunca se recuperó. Romina no tuvo los 3000 o 4000 pesos que se requieren para acceder en la Argentina a un aborto seguro. Clandestino, sí, pero seguro. No fue el único caso fatal en la misma semana. La penalización del aborto está matando a las mujeres pobres. Pero de esa “inseguridad” que impacta exclusivamente en cuerpos femeninos, pobres, silenciosos, los grandes medios de comunicación no se hacen eco. Esas muertes, evitables todas, no importan.

Esta semana se habló y mucho desde algunas pantallas de TV y desde la tapa de ciertos diarios de otras muertes. Mucho se amplificó la “seguidilla” de policías bonaerenses asesinados en enfrentamientos con delincuentes: cuatro en 22 días, cuando en todo el 2008 habían caído ocho.

En los últimos 22 días murieron también cuatro mujeres por las consecuencias de abortos inseguros, pero de esa “inseguridad” se habla poco y nada. Y antes que ellas, en lo que va de 2009, el aborto inseguro mató a 4 mujeres más. Y unos días antes quedó al borde de la muerte, sin útero ni ovario, una niña de 12 años .

La lista va a continuar. En promedio, son asesinadas por el aborto inseguro alrededor de un centenar de mujeres de escasos recursos, de barrios humildes.

¿Cuándo va a resonar en las pantallas y los micrófonos de las radios el dolor de las madres y los hijos de estas mujeres que ya no están? Sus muertes podrían haberse evitado: con campañas de difusión masivas que informen que es un derecho acceder a anticonceptivos gratuitos en centros de salud de todo el país, con stock permanente de métodos y consejería en salitas y hospitales, con educación sexual en todas las aulas, con una política que no penalice a las mujeres que deciden abortar como último recurso, con servicios de aborto seguro y gratuito.

Está demostrado que la penalización no evita que las mujeres aborten. Lo hacen igual, con graves riesgos. De esa “inseguridad” pocos hablan. ¿Cuántas Rominas más tendrán que morir hasta que legisladores y funcionarios que deben pensar en el desarrollo de políticas sanitarias lo comprendan?

fuente

Ataraxia - Nosce Te Ipsum



Neoclassical / Medieval
Italia
Ataraxia - Nosce Te Ipsum (2008)



1. Prophetia
2. Aigues Mortes
3. Tu Es La Force Du Silence
4. Flée Et Fabian
5. Nosce Te Ipsum
6. Zweistimmenstäuschung
7. Torquemada
8. Incabala




Ataraxia - Le Ore Rosa di Mazenderan (Live in Portugal)
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ATARAXIA
* Francesca Nicoli (cantante)
* Vittorio Vandelli (guitarra)
* Giovanni Pagliari (teclados)
* Riccardo Spaggiari (percusiones)




Los marines llegaron a México




Los marines llegaron ya
Carlos Fazio

Finalmente, Estados Unidos tiene a México donde quería: en la fase de colombianización. Es decir, al borde de una intervención larvada y por etapas del Pentágono. Pasaron 13 años desde que el entonces secretario de Defensa estadunidense William Perry dijera ante 10 mil soldados y cadetes y la plana mayor de las fuerzas armadas mexicanas, en el Campo Militar No. 1, que la seguridad nacional entre su país y México era el "tercer vínculo" sobre el que ambas naciones cimentarían una relación unida, ya, por lazos políticos y económicos. Desde entonces, la "sana distancia" que había prevalecido en las relaciones entre los ejércitos de Estados Unidos y México comenzó a acortarse, y los últimos residuos de nacionalismo castrense cedieron paso a una remozada doctrina contrainsurgente de cuño estadunidense, que tomó como el "enemigo interno" al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Ejército Popular Revolucionario (EPR), y en años recientes a los ejidatarios de Atenco y La Parota y los pueblos de Oaxaca.


Con la coartada de la soberanía limitada y la "seguridad democrática", valiéndose de eufemismos tales como la "cooperación militar" y las "acciones mancomunadas" de las fuerzas armadas de ambos países contra los cárteles de la droga, el intervencionismo bueno del Pentágono no será ahora con bombas, misiles y proyectiles, sino con asesores, agentes encubiertos y mercenarios (que bajo la fachada de "contratistas privados de seguridad" serán los encargados del trabajo sucio en la "guerra" de Felipe Calderón contra los malos).

Todo eso ya existe, claro. Pero se intensificará con la "ampliación" de la llamada Iniciativa Mérida, que al final resultó que era el Plan México disfrazado, símil del fracasado Plan Colombia, según reveló sin aspavientos Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. Y cosa curiosa: Mullen, el militar de más alto rango de la administración de Barack Obama, cuyo comando había identificado a México como un Estado fallido próximo a un "colapso rápido y repentino", y por tanto sujeto de una intervención militar de Estados Unidos, no acaparó las primeras planas a su paso por México.

La razón es obvia: ya había hecho su tarea. La guerra de intoxicación mediática que arreció en vísperas y tras la asunción de Obama en la Casa Blanca en enero pasado, en la que participaron el presidente saliente, George W. Bush ("México, primera línea de guerra"), el jefe del Pentágono, Robert Gates, y los titulares de los principales organismos de seguridad e inteligencia de la administración demócrata (CIA, FBI, DEA, Seguridad Interna) lograron construir la noción de México como Estado fallido, para el aterrizaje suave, ahora, de la "ayuda invasora" (Javier Ibarrola dixit) que salvará a México de los malos.

Como en la ex Yugoslavia -balcanizada en siete pequeñas naciones por la alianza occidental comandada por Estados Unidos-, y después del 11 de septiembre de 2001 en Afganistán, Irak, Pakistán, Irán, Venezuela, Cuba, Bolivia y otros puntos calientes del orbe, Washington libra una guerra asimétrica contra México, con apoyo de sus alfiles locales. La "guerra infinita" de Bush contra el terrorismo -un "enemigo sin fronteras"- fue impuesta a Canadá y México por conducto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN, 2005), y ante los fracasados intentos por fabricar una narcoguerrilla creíble, bajo el calderonismo adquirió la forma de una "guerra" a los cárteles de la droga, como elemento idóneo para la construcción social del caos y el miedo.

En ello han venido trabajando, sin éxito aparente por ahora, expertos en detonar desenlaces sociales y políticos mediante operaciones de guerra sicológica orientadas a direccionar y controlar la conducta social masiva.

La guerra asimétrica o de cuarta generación es descentralizada, dispersa y utiliza escenarios combinados sobre un territorio. En su desarrollo se borran las fronteras entre el soldado y los civiles, entre los campos de batalla y la seguridad urbana, y adquiere la forma de una violencia social extrema y sin orden aparente de continuidad. Elementos que están presentes en el México actual, un día en Ciudad Juárez, otro en Uruapan o Reynosa, otro más en Cancún o La Marquesa.

Dado que el empleo planificado de la propaganda y el uso de tácticas y estrategias de control social mediante la manipulación informativa y la acción sicológica le son consustanciales, en este tipo de guerra los medios de difusión masiva son los nuevos ejércitos de conquista. El bombardeo militar es sustituido por el bombardeo mediático. Las consignas y las imágenes sustituyen a las armas de destrucción masiva. Sólo que las consignas de Calderón en pro de una "cruzada" masiva contra los malos ("vamos ganando por goleada", "negociar con el narco, idea estúpida", "sin esta guerra el próximo presidente sería narcotraficante") y las imágenes con montañas de decapitados desnudos y otras expresiones de violencia extrema, así como la "operación limpieza" de malos funcionarios (impuesta por el Congreso bipartidista de Estados Unidos para liberar los fondos del Plan México) y los llamados a los comunicadores a ejercer un "periodismo patriótico" no prenden todavía en las audiencias objetivo del mensaje.

En el fondo, se busca anular la capacidad de pensar. Son consignas dirigidas a destruir el pensamiento reflexivo (información-procesamiento-síntesis) y a sustituirlo por una sucesión de imágenes sin resolución de tiempo y espacio (alienación controlada). El objetivo es que la gente no piense información (el qué, por qué y para qué de cada noticia), sino que consuma órdenes sicológicas direccionadas, de manera acrítica y pasiva. Cuando los medios bombardean a Bin Laden o Al Qaeda, se están consumiendo consignas de miedo asociadas con el "terrorismo islámico". Igual ocurre con Los Zetas y otras fabricaciones en México. Sólo que aquí es una guerra de malos contra malos en un Estado fracasado. Y para que México no colapse, Obama ya enviará a sus marines. A eso vino el almirante Mullen.

fuente

La Soga - Silvina Ocampo




La Soga
Silvina Ocampo

A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva, para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos. Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga; ahora podía hacer con ella lo que quisiera.
Primeramente hizo una hamaca, colgada de un árbol, después un arnés para caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamano, finalmente una serpiente. Tirándola con fuerza hacia adelante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga, como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego, poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel movimiento de serpiente maligna y retorcida, que los dos hubieran podido trabajar en un circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga”.
La soga aparecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura, casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados.
Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de echarla al aire; como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para lanzarse hacia adelante, para retorcerse mejor.
Si alguien le pedía:
–Toñito, prestame la soga.
El muchacho invariablemente contestaba:
–No.
A la soga ya le había salido una lengüita, en el sitio de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón.
Toñito quiso ahorcar un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena.
¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes... Toñito decidió que era herbívora; le dio pasto y le dio agua.
La bautizó con el nombre de Prímula. Cuando lanzaba la soga, a cada movimiento, decía: “Prímula, vamos. Prímula”. Y Prímula obedecía.
Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.
Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito, cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó en el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa.
Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos.
La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.

Jännerwein - Abendläuten

Increíblemente hermoso, lo recomiendo !!
Neofolk
Austria

Jännerwein - Abendläuten [2008]



1 Abendläuten (4:58)
2 Klage (2:41)
3 Instrumental I (2:50)
4 The Grass Is Always Browner (2:42)
5 Sturm (3:31)
6 Vereinsamt (3:55)
7 Den Berg Empor (4:40)
8 Wehmut (1:49)
9 Burian (5:14)
10 Instrumental II (4:47)
11 Bei Gedämpftem Trommelklang (4:49)
12 Abendgebet (6:21)
13 Ausklang (2:19)



Jännerwein (Trailer)
Ver Video



JÄNNERWEIN
Max KTG : guitarrista,teclista y productor
Benjamin Sperling : guitarrista y bajista
Peter Feldl : flauta e instrumentos tradicionales





JÄNNERWEIN
Son de Salzburgo, el pueblo que rodea la montaña sagrada Untersberg, la misteriosa cuna de Sturmpercht, y se estrenan en la escena Neo-Folk con "Abendläuten". Utilizan instrumentos autóctonos alpinos (armónica, campanillas, lira, violín, percusiones) junto a instrumentación electrónica, aunando Folk antiguo y nuevas corrientes, ahondando en las raíces rituales y misteriosas de los Alpes, siempre de corte melancólico. Si Sturmpercht son de tu gusto, no lo dudes.
reseña: Diskpol


Pesadillas de personas eminentes y otras historias - Bertrand Russell


Pesadillas de personas eminentes y otras historias
Bertrand Russell


(Lamentablemente no conseguí su portada)


Introducción
Las siguientes «Pesadillas» pueden ser llamadas «Postes indicadores de la cordura». Toda pasión aislada es insana en su aislamiento; la cordura debe definirse como síntesis de enajenaciones. Toda pasión dominante engendra un temor, el temor de su no realización. Todo miedo dominante origina una pesadilla, a veces en forma de fanatismo consciente y explícito, a veces en forma de timidez paralizadora, otras veces, aun, canalizándose en terror inconsciente o subconsciente, cuya única expresión es el sueño.
Todo hombre que desee preservar su equilibrio mental en un mundo peligroso, debería convocar en su propia mente un Parlamento de temores en el que cada uno de éstos, en turno sucesivo, sería declarado absurdo por todos los demás. Los sujetos de las siguientes pesadillas no adoptaron esta técnica. Es de esperar que el lector se comportará con más sabiduría.
Bertrand Russell





Ordo Rosarius Equilibrio - Make Love, And War: The Wedlock Of Roses


Neofolk/Dark folk/Folk apocalíptico
Estocolmo (Suecia)

Ordo Rosarius Equilibrio - Make Love, And War: The Wedlock Of Roses [2001]



1 Beloved Kitty And The Piercing Bolts Of Amor (1:25)
2 Ashen Like Love And Black Like The Snow (4:13)
3 Passing Eyes In Mimer's Well (4:09)
4 Hunting For The Black September (5:02)
5 Flowers And Moonshine In My Garden Of Eden (4:04)
6 Liebe Utopia On Weaves Of Silken Carnage (5:45)
7 Make Love And War (5:11)
8 Never Before At The Beauty Of Spring (6:30)
9 Ode To The Beloved And Impaired (1:50)




Ashen Like Love, And Black Like The Snow
Ver Video



ORE
Tomas Petterson
Rose-Marie Larsen







ENTREVISTA A ORDO ROSARIUS EQUILIBRIO
-EL BESO-

* Que impulsos se albergan detrás de tu música???
Thomas Pettersson: Ordo Equilibrio es el significado y la sustancia de mis ideales, de mi intelectualidad, espiritualidad, que estéticamente y sexualmente, se complementan, y a través de esta, soy capas de manifestar estéticamente mi falsa ilusión del equilibrio, que esta en el engañoso lindero de las hipótesis extremas. El equilibrio en el umbral de la sexualidad y seducción moralmente repudiables, en el borde de lo conjeturalmente aclamado, y que luego es puesto ha arder, Equilibrio en alguna parte entre en la ilusa frontera y en el inminente Apocalipsis y el reino epicúreo, en el balance de la locura y la normalidad, llevado al punto de ser un implemento, el cual nos llevará a las estrellas.

* Podrías contarnos ha cerca de la historia y desarrollo de Thomas Pettersson, y de cómo han sido todos estos años?
Thomas Pettersson: Mis andazas musicales comenzaron en 1989, haciendo de percusioncita en una banda industrial. En un proyecto de Fredrik Bergström para el No Festival of Light.
En él participaban: Mikael Stavöstrand de Inanna, y de dos amigos más, Mattias Lindgren & Joakim Gustafsson; una aventura que se terminaría de completar alrededor de un año después de formada, y que dio como la base para la creación de Archon Satani entre 1991 y 1993.
Siguiendo después del fracaso de Archon Satán, me puse en la búsqueda de mi propia estética a través de la fundación de Ordo Equilibrio, el cual aun se recuerda en estos días, de manera intacta, la misma esencia en ORE. La cual es lo que me ha llevado a la búsqueda en que estoy ahora.

* Archon Satani, Ordo Equilibrio, Ordo Rosarius Equilibrio: cuál de estos tres es tu proyecto favorito, y por qué?
Thomas Pettersson: Debo primero asegurarte que no hay diferencia entre Ordo Equilibrio y Ordo Rosarius Equilibrio, así que según mi opinión solo hay dos proyectos en total, Equilibrio y Archon Satani, y estoy naturalmente más dispuesto ha apreciar lo que ha pasado con ORE y los logros que he tenido a lo largo de todos estos 8 años, ya que este es indivisible, estético, y la cosecha de mis logros personales.
Por supuesto que hubo naturalmente momentos de éxito con Archon Satani, y el cual nos sirvió, mucho debido a su particular génesis, Pero los logros colectivos de Archoin Satán, no puede ser comparados con todo lo que siento por ORE, el éxito y la gratificación.

* ¿En qué momento empezaste a sentir la necesidad de expresarte a través de la música??
Thomas Pettersson: Mi idea inicial, fue expresar mis conceptos estéticos a través de la pintura y el arte, pero siempre estaba allí, desde que yo lo puedo recordar, el deseo de expresarme a través de la música.
Y no hasta que me decidiera abandonar mis intentos artísticos en la pintura, empecé a vislumbrar y a enfatizar mis deseos estéticos más a cabalidad en la música, con la inclusión del arte en todos los aspectos.

* ¿Qué constituye el Equilibrio para ti?? (Tu te refiere a un estado mental?? Como por ejemplo equilibrio mental)
Thomas Pettersson: El equilibrio acorde a lo que yo entiendo es un constructivo estado de balance.
El equilibrio podría ser la emancipación sexual al lado del tangible deseo sexual y realización, generando una condición de perpetuo deseo y una explicita creación.
El equilibrio podrá ser asimismo la proyección premeditada de la desproporción y ambigüedad en el contexto de la armonía a través de la aplicación de Ordo Rosarius Equilibrio, en el intento de hacer algo ambiguo con las expectativas y el respeto, basado en la significación de que es lo bueno y lo malo, la luz y la sombra, el amor y el odio, el hombre y la mujer, etc...
El equilibrio no debería resistirse a las especulaciones, solo y exclusivamente para ser él, el cual nos alude a la condición de estancamiento, por lo tanto, sí la condición de balance no es progresión, debería ser un requisito para la alteración.

* ¿Cuál es la importancia del SM en tu música y tu estética?
Thomas Pettersson: El sado-masoquismo es parte de nuestra estética, al igual que es parte de nuestra vida y nuestra sexualidad, sirviendo como un aditivo al estimulo sexual, emocional y creativo de los cuales somos capaces de extraer nuestra inspiración e ímpetu.

* ¿Qué es lo que el mundo gótico representa para ti? ¿Y cómo te gustaría verlo en el futuro?
Thomas Pettersson: El mundo gótico como tú lo llamas, o la posibilidad de una comunidad gótica y el negocio que se pueda formar a partir de esta, tiene una pequeña significación para mí; esto no se trata solamente de que de a donde yo soy o hacia donde voy.
Naturalmente necesito atribuir y nominara un conjunto, para hacer algo digno de elegir y regularmente prestarle atención a mi audiencia en parte de nuestras presentaciones, igualmente darle dedicación, pero a demás de ofrecer hermosas chicas o algunas veces ropa, esto no se me ofrece a menudo personalmente.
Así que, en que dirección me gustaría ver el movimiento gótico? Probablemente hacia una apariencia más fetichista, tacones altos, porta ligas, medias, y ver esto como algo más industrializado y orientado hacia la música, lejos de las arañas, calaveras y la melancolía adolescente.

* ¿Qué grupos escuchas o podría recomendar ORE?
Thomas Pettersson: Personalmente creo que todos deberían tener material de SPK al costado de Alphaville's 'Forever Young', y con eso completas alguna mala colección.

* ¿Cómo podrías describir a tu audiencia?
Thomas Pettersson: Es difícil determinar quines son nuestra audiencia, en especial cuando es todo un acontecimiento cuando tocamos, y la audiencia nunca parece concordar con la apariencia y la obra en cualquier otro lugar.
Y estoy casi seguro que tú tienes también la capacidad para responderte esta pregunta, al menos para clarificar el aspecto de cualquier tipo de audiencia que pudiese tener en Chile.

* Qué ha influencia del sonido de ORE ( me refiero a filosofía, música, literatura....)
Thomas Pettersson: Realmente aprecio la estética de pintores como Ludwig Fahrenkrog, Frank Stessen y Salvador Dali; filósofos y conceptos como Rand, Fredrich Nietzsche y Carl Jung , filmes como los dirigidos por Tinto Brass, Andrew Blake o David Lynch, en al literatura, Daniil Charms, HP Lovecraft y Aliester Crowley; solo para mencionar algunos pocos. Notables artistas dignos de reconocimiento que han contribuido tanto intelectual como sexualmente y como un estimulo estético.

* Podrías referiste un poco a ha cerca de tu proceso creativo
Thomas Pettersson: El nacimiento de discos sucesivos te da una impronta, y un incentivo a crear, cualquier idea origina del proceso creativo.
De allí comienzo ha crear, regularmente consumido por las impresiones relativas y a la realización de estas impresiones, constituyéndose en el trabajo que había visualizado.
Cada canción deriva como consecuencia del incentivo, dada por una o varias impresiones que confluyen o no entre sí – desilusión, amor, entendimiento, rabia, frustración, confusión, etc, etc, las cuales sucesivamente se congregan par establecer la base estética desde la cual la canción entera comienza a materializarse. Y esto es, así mismo como las flores y la luz de la luna se hacen presente en mi jardín.
Es difícil dar cuenta del proceso de creación para todas las canciones en particular, pero creo que es así más o menos, a pesar de cualquier ostentación, sacando ventajas de la explicación que pudiese dar.

* ¿Cuál es tu trabajo más representativo???
Thomas Pettersson : Todo cambia, constantemente, lo que pienso que podría ser lo más representativo de algún tiempo atrás, luego aparece como incompleto y estéticamente deficiente, cuando lo contemplo desde la distancia del tiempo.
Hasta ahora los trabajos tienen una serie de defectos y deficiencias, y el trabajo al cual me siento más cercano, es obviamente es el trabajo que saldrá luego '4 Life 4 Love 4 Lust, And Roses.
El cual personalmente pienso que es el más completo y meticuloso trabajo, comparable con las expectativas de ORE.

* ¿Qué es lo que piensas de Latino América?
Thomas Pettersson : ¿Qué es lo que pienso? ¿Qué es lo que puedo decir?
Tu continente está lejos de Suecia y de Escandinavia, por supuesto las diferencias sociopolíticas son obvias. Y por lo visto muy grandes.
Latinoamérica es famoso en Europa por la cocaína, la comida, las guerrillas y el Futbol.

* Y cuando vendrías a Latinoamérica ?
Thomas Pettersson: Iremos? El ir a Latinoamérica aun debe ser decidido.
Así también está la posibilidad de que intentáramos, el tiempo y el esfuerzo necesario, a menos que alguien se interese en invitarnos, y pagar por los pasajes de Estocolmo a Santiago, es difícil, pero no imposible.
Por ahí hay algunas conversaciones de que ORE toque en BBAA, y obviamente si esto pasa, podríamos discutir el ir a Santiago, así que, solo podría decir que esperemos ha ver que es lo que nos deparará el futuro?

* ¿Cuál es el siguiente movimiento de ORE?
Thomas Pettersson : Tenemos un pequeño calendario con tocatas para fines de este año, en Delft, Holanda, el 29 de Noviembre y en Bochum, Alemania el primero de diciembre, con la posibilidad de agregar dos nuevas fechas el 30 de Noviembre y el 2 de Diciembre.
Aparte de estar tocando, estamos trabajando en nuevo material para otro(s) trabajo(s) de ORE y de completar todo aquello que hemos pospuesto por lago tiempo en ORE.
El video de ORE que será editado antes de fines de año con la posibilidad de editarlo a comienzos del próximo.
Eso son nuestros planes y compromisos para este año, pero quién sabe los secretos y dificultades que nos depara al futuro?



La lucha por la libertad en Internet




Recopilación de barbarismos para limitar la libertad en Internet






División en Francia por la votación de la ley "antidescargas" de Sarkozy

Andrés Pérez

Nicolas Sarkozy cree firmemente que basta con multiplicar leyes y leyes para acabar con el crimen. Un crimen que él mismo se encarga de criminalizar. A partir de hoy el presidente francés va a tener la ocasión de probar si su plan funciona también en el ciberespacio. Llega a la Asamblea Nacional el controvertido proyecto de ley Creación e Internet, bebé predilecto de Sarkozy y su esposa, la cantante Carla Bruni. Una ley que intenta poner en pie un coloso legal, técnico e informático para controlar las redes P2P y sancionar a quienes copian y comparten gratis música y películas. El proyecto de ley fue aprobado de forma aplastante en el Senado en octubre pasado . Ahora, de cara al examen en la Asamblea, los opositores al texto están ganando terreno y numerosos diputados dicen desmarcarse, lo que abre la perspectiva de un revés en la Cámara Baja.

Francia se convirtió, en el invierno pasado, en el centro de la polémica planetaria en que están enzarzados las multinacionales del disco y el cine, de un lado, y los net-activistas de las redes de intercambio gratuito, de otro.

La decisión de Sarkozy de impulsar el proyecto de ley represivo ahora debatido hicieron que saltara a la luz del día una realidad hasta entonces oculta: en una democracia como Francia ya hay robots que están filtrando la red de forma generalizada, robots pilotados por empresas como Advestigo y Qosmos . Ahora, ese experimento técnico-burocrático, auspiciado por las grandes productoras musicales y cinematográficas y las sociedades de gestión de derechos, va a intentar recibir la cobertura legal que le faltaba.

El proyecto de ley Creación e Internet prevé la creación de una Alta Autoridad para la Difusión de las Obras y la Protección de los Derechos en Internet, Hadopi para los amigos, de sus siglas en francés. La Hadopi tendrá una misión siniestra. La comisión, integrada por jueces pero fuera de un marco judicial, recibirá los informes efectuados por los robocops Advestigo y Qosmos. Los informes incluirán las huellas numéricas (fingerprint) de las obras compartidas y las direcciones IP por las que transitaron.

Desconexiones
Con esos datos, la Hadopi identificará al titular de la dirección IP y le enviará advertencias por correo electrónico y postal . Si el internauta no deja de descargar a partir de la tercera advertencia, lo sancionará con una desconexión de Internet que podrá durar entre uno y doce meses. El Gobierno espera ir advirtiendo a una media de unos 10.000 internautas cada día, que no es una gran cifra si se la compara con las 440.000 descargas que se realizan en Francia cada día, según cálculos de una de las sociedades de productores, la SACEM. La Internet Society Francia se ha posicionado contra el texto, estimando que "va a generar tensiones fuertes y numerosos problemas de aplicación" . "Los internautas seguirán descargando por métodos técnicamente diferentes para protegerse de las sanciones", dice la organización.

Un reciente sondeo, publicado por el diario Le Figaro, dio una de las claves para el posible fracaso del proyecto Sarkozy-Carla: uno de cada cinco simpatizantes del partido sarkozysta, la UMP, reconoce que comparte música y películas en la Red.
¿Derechos de autor o abuso de la industria? El objetivo oficial del proyecto de ley es “hacer que cese la hemorragia de obras culturales por Internet”, para poder seguir garantizando “la financiación de la cultura”. Los detractores niegan que ese sea el objetivo real.

El director de la casa de discos independiente Naïve, Patrick Zelnik, denuncia un “plan absurdo, liberticida y kafkiano”. Jérémie Zimmermann, de la asociación La Quadrature du Net, niega que el Gobierno quiera proteger a los artistas, y denuncia que el objetivo real es “salvar a las grandes multinacionales, con sus ejecutivos y comerciales, que se quedan con el 95% de lo que vale una obra”.

Además de instaurar las sanciones de desconexión a los internautas, la ley prevé obligar a las empresas de servicios en Internet a colaborar con la caza. También instaura la responsabilidad del titular de Internet por el uso que se haga de él. Ciertos organismos con conexiones abiertas WiFi, para protegerse, están pensando en filtrar las web P2P.

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Unos 10.000 internautas podrían recibir cada día en Francia advertencias de que serán sancionados si no dejan de descargar de Internet ficheros, sobre todo de música y vídeos, en virtud de una nueva ley que aplicará el Gobierno francés.
El proyecto de ley sobre la creación e Internet, que fue aprobado en primera lectura por el Senado el pasado mes de octubre, será debatido en la Asamblea Nacional.

Prevé un sistema de sanción que consistirá en la suspensión del abono a Internet por un periodo de entre dos y doce meses para los que se descarguen ficheros sin respetar los derechos de autor. Antes de hacer efectiva esa pena, el internauta recibirá un primer correo electrónico de advertencia, al que seguirá otro aviso por correo postal o por teléfono.

La tercera comunicación de la Hadopi, la autoridad encargada del control, abrirá la posibilidad a un acuerdo amistoso si el infractor reconoce que se bajaba música o vídeos, y en ese caso, el corte de la conexión se limitará a entre uno y tres meses.

El Ejecutivo ha calculado que el dispositivo técnico para hacer posible la vigilancia, que estará plenamente en vigor en 2010, tendrá un costo de unos 70 millones de euros que será objeto de compensación por el Estado para los servidores de Internet.






El acoso de la industria provoca la adaptación de los programas P2P

Invisibles en la red

Miguel Ángel Criado
Público


En la naturaleza hay bacterias, como el Staphylococcus aureus, que mutan cuando son atacadas, haciéndose más resistentes. Los programas para compartir archivos por la Red son los estafilococos áureos de Internet. Desde que se inició la era del intercambio (en 1999, con el nacimiento de Napster), cada ataque policial, judicial o legislativo de la industria audiovisual ha provocado que, en algún lugar de la Red, surja un nuevo programa mejor adaptado a la hostilidad del entorno.

La nueva bacteria del intercambio se llama OneSwarm. Este programa, dado a conocer la semana pasada, es una mutación. Creado por dos jóvenes estudiantes (características comunes a la práctica totalidad de los autores de este tipo de programas) de la Universidad de Washington, OneSwarm se basa en el sistema BitTorrent, un protocolo de intercambio que, junto al programa eMule, usan millones de internautas. Este software no consigue mayor velocidad de descarga ni rastrea la Red buscando más y mejores películas. Su objetivo es dar seguridad a los que lo usan. Su misión, hacerles invisibles.
"Nuestro objetivo es permitir a la gente controlar su propio contenido"

Uno de estos estudiantes, Michael Piatek , cuenta lo que pretendían al escribir el código de este programa. "Queríamos crear una forma para que grupos de personas compartiesen archivos sin restricción o mediación de nadie más", dice. Los creadores de OneSwarm explican que programas P2P hay muchos pero son pocos los que protegen a sus usuarios de la vigilancia de la industria. De hecho, dicen, sólo a los que no les importa que sus actividades sean de conocimiento público, deberían sentirse cómodos usándolos. "Nuestro objetivo es permitir a la gente controlar su propio contenido", añade Piatek.

Vigilantes infiltrados
Los populares programas y protocolos P2P eMule o BitTorrent deben su éxito a que las máquinas de todo el mundo se identifican y abren sus discos duros a los demás. Pero cuando un usuario descarga un archivo descubre su identidad (la dirección IP del ordenador con el que se conecta) y la de las máquinas que se lo mandan. "Esto permite a un agente que esté vigilando hacerse pasar por una fuente e identificar a los usuarios", aclara Piatek.

Ésta es la sencilla forma que tiene la policía de cazar a los que usan el P2P para difundir pornografía infantil. También es el mecanismo que ha usado tradicionalmente la industria musical de EEUU para identificar y demandar a los que comparten obras, porque en ese país es ilegal hacerlo porque no existe el concepto de copia privada, como en Europa. Era tan fácil (desde 2003 se ha demandado a 35.000 estadounidenses) que empresas pagadas por Hollywood, como MediaSentry o DtecNet, han creado sistemas automatizados para enviar avisos a los internautas metiéndoles el miedo a una demanda en el cuerpo. Les parece tan sencillo que este método será parte del que se aplique en Francia, si la ley Sarkozy contra las descargas es aprobada el martes.
Los programas P2P se defienden del rastreo automático bloqueando las direcciones sospechosas

Pero las amenazas provocaron la adaptación. Los programas P2P más usados hoy en día se defienden del rastreo automático bloqueando las direcciones sospechosas de pertenecer a uno de estos vigilantes. Contra el control que realizan los operadores (ISP), algunos programas basados en el protocolo BitTorrent y eMule encriptan detalles del tráfico. Sin embargo, la medida no evita ser cazado si el que está al otro lado de la línea recibiendo el archivo es un vigilante emboscado.

Ocultos en el enjambre
Para el experto Sergio de los Santos, de la consultora Hispasec , el anonimato ha sido siempre una conquista deseada en la Red. "Todos nuestros movimientos quedan registrados por ISP, y asociados a nuestros números de teléfono, por ejemplo", explica. Existen mecanismos de cifrado que protegen el contenido de los archivos muy poderosos, como el programa Tor . El problema es que "el cifrado exige muchos recursos de computación", aclara. En cuanto al anonimato, la mejor forma de escapar al control es perderse en la masa. "Es conseguir ocultar la dirección IP y pasar por otros equipos, saltar de uno a otro, alejándose del origen, y que te busquen", dice.

Esa es, en buena medida, la idea de OneSwarm que, en inglés, significa "un enjambre". Frente al sistema de envío directo de los datos, OneSwarm los manda y vuelve a mandar a través de múltiples intermediarios. Piatek lo explica: "Como cada usuario solo conoce los eslabones anterior y posterior de la cadena, los extremos de origen y destino permanecen ocultos". Se crea entonces un enjambre de conexiones que facilita el anonimato.

Pero la importancia de este nuevo programa no está sólo en su originalidad tecnológica sino en el camino que marca. Para su diseño, los estudiantes analizaron antes Last.fm, un sitio a medio camino entre una radio en Internet y una red social donde los usuarios comparten sus listas musicales.

Programando amistad
Piatek y su compañero, Tomas Isdal, estudiaron cómo se relacionaban entre sí los usuarios de Last.fm y, con esos patrones de amistad, idearon la forma de dar seguridad a OneSwarm. Una vez instalado el programa, éste crea una clave de cifrado seguro (en concreto un par de llave pública/privada de 1.024 bit, un mecanismo muy resistente a ataques) encargada de ocultar la información del usuario (la dirección IP del equipo y el puerto del ordenador usado). Cuando se comparte un archivo, se protegen estos datos con la parte privada de la clave y, una vez en destino, se abre con la pública.
Es lo que se llama F2F (Friend to Friend) o intercambio entre amigos

Pero sólo los amigos tienen esa clave. Los contactos (en el caso de OneSwarm, las direcciones del programa de mensajería instantánea de GTalk), que reciben esa llave, son el primer nivel de esta red en forma de enjambre. Si ninguno tiene el archivo buscado, la petición salta a la red de alguno de ellos, al modo expuesto en la teoría de los seis grados de separación, hasta encontrarlo. Es lo que se llama F2F (Friend to Friend) o intercambio entre amigos.

OneSwarm no es el primero que usa este sistema (el programa Limewire, muy popular en EEUU, permite compartir sólo con amigos), pero sí es el primero que hibrida entre las darknets (redes oscuras, formadas por círculos pequeños y cerradas a extraños) y las extensas redes sociales basadas en la confianza.

Tal adaptación puede suponer un problema a más de uno. Como explica el inspector jefe de la Brigada de Investigación Tecnológica, Enrique Rodríguez, "el intercambio es muy difícil de controlar, siempre aparece algo nuevo". Este modelo es inmune a los sistemas automáticos de vigilancia. Aunque existe el riesgo de infiltración de un vigilante no automático en una red, le será difícil llegar hasta otra. El ISP podrá analizar el tráfico, pero no identificar al usuario. Le toca mover a la industria.

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Free Blogger: ayudemos a los bloggers italianos

Los bloggers italianos piden nuestra ayuda, la de los bloggers hispanos y de toda la blogosfera internacional. Los políticos de su país han decidido aplicar por su cuenta aquella idea de algunos parlamentarios europeos de un registro de bloggers, es decir de indetificar a los autores de blogs para poder ejercer control sobre ellos y, allí donde se tercie, la censura en aras de una Internet limpia y ‘atada y bien atada’.

En realidad, la ofensiva va más allá, pues la ley aprobada ya por el Senado autoriza al Ministerio del Interior a retirar o exigir a las operadoras el bloqueo de cualquier sitio con contenidos calificados como ‘crímenes de opinión‘, es decir opiniones que vayan contra intereses determinados, incluidos vídeos alojados en YouTube o fotos en Flickr, por ejemplo.
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Mañana, o dentro de unas horas, podemos ser nosotros también...


Emilie Autumn - Liar/Dead Is The New Alive



Industrial / Gótica / Metal
Emilie Autumn - Liar/Dead Is The New Alive (EP) (2007)



01 . Liar (Versión Original)
02 . Dead Is The New Alive (Versión Original)
03 . Mad Girl
04 . Best Safety Lies In Fear
05 . In The Lake (En vivo)
06 . Let It Die (En vivo)
07 . Liar (Murder Mix de Brendon Small)
08 . Liar (Manic Depressive Mix de ASP)
09 . Liar (Machine Mix deDope Stars Inc.)
10 . Liar (Medical Mix de Angelspit)
11 . Dead Is The New Alive (Club Mix de Velvet Acid Christ)
12 . Dead Is The New Alive (Manipulator Mix de Dope Stars Inc.)
13 . Thank God I'm Pretty (Cover de Spiritual Front)
14 . Unlaced (Instrumental) (Adelanto de Laced/Unlaced)




Emilie Autumn - Liar (Live)
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El Rayo de Luna - Gustavo Adolfo Bécquer






El Rayo de Luna
Gustavo Adolfo Bécquer

Yo no sé si esto es una historia que parece cuento o un cuento que parece historia; lo que puedo decir es que en su fondo hay una verdad, una verdad muy triste, de la que acaso yo seré uno de los últimos en aprovecharme, dadas mis condiciones de imaginación.

Otro, con esta idea, tal vez hubiera hecho un tomo de filosofía lacrimosa; yo he escrito esta leyenda que, a los que nada vean en su fondo, al menos podrá entretenerles un rato.

Era noble, había nacido entre el estruendo de las armas, y el insólito clamor de una trompa de guerra no le hubiera hecho levantar la cabeza un instante ni apartar sus ojos un punto del oscuro pergamino en que leía la última cantiga de un trovador.

Los que quisieran encontrarle, no lo debían buscar en el anchuroso patio de su castillo, donde los palafreneros domaban los potros, los pajes enseñaban a volar a los halcones, y los soldados se entretenían los días de reposo en afilar el hierro de su lanza contra una piedra.

-¿Dónde está Manrique, dónde está vuestro señor? -preguntaba algunas veces su madre.

-No sabemos -respondían sus servidores:- acaso estará en el claustro del monasterio de la Peña, sentado al borde de una tumba, prestando oído a ver si sorprende alguna palabra de la conversación de los muertos; o en el puente, mirando correr unas tras otras las olas del río por debajo de sus arcos; o acurrucado en la quiebra de una roca y entretenido en contar las estrellas del cielo, en seguir una nube con la vista o contemplar los fuegos fatuos que cruzan como exhalaciones sobre el haz de las lagunas. En cualquiera parte estará menos en donde esté todo el mundo.

En efecto, Manrique amaba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera deseado no tener sombra, porque su sombra no le siguiese a todas partes.

Amaba la soledad, porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, tanto, que nunca le habían satisfecho las formas en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había encerrado al escribirlos.

Creía que entre las rojas ascuas del hogar habitaban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de oro a lo largo de los troncos encendidos, o danzaban en una luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas muertas sentado en un escabel junto a la alta chimenea gótica, inmóvil y con los ojos fijos en la lumbre.

Creía que en el fondo de las ondas del río, entre los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago, vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides u ondinas, que exhalaban lamentos y suspiros, o cantaban y se reían en el monótono rumor del agua, rumor que oía en silencio intentando traducirlo.

En las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las peñas, imaginaba percibir formas o escuchar sonidos misteriosos, formas de seres sobrenaturales, palabras ininteligibles que no podía comprender.

¡Amar! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo. Amaba a todas las mujeres un instante: a ésta porque era rubia, a aquélla porque tenía los labios rojos, a la otra porque se cimbreaba al andar como un junco.

Algunas veces llegaba su delirio hasta el punto de quedarse una noche entera mirando a la luna, que flotaba en el cielo entre un vapor de plata, o a las estrellas que temblaban a lo lejos como los cambiantes de las piedras preciosas. En aquellas largas noches de poético insomnio, exclamaba:

-Si es verdad, como el prior de la Peña me ha dicho, que es posible que esos puntos de luz sean mundos; si es verdad que en ese globo de nácar que rueda sobre las nubes habitan gentes, ¡qué mujeres tan hermosas serán las mujeres de esas regiones luminosas, y yo no podré verlas, y yo no podré amarlas!... ¿Cómo será su hermosura?... ¿Cómo será su amor?...

Manrique no estaba aún lo bastante loco para que le siguiesen los muchachos, pero sí lo suficiente para hablar y gesticular a solas, que es por donde se empieza.

Sobre el Duero, que pasaba lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.

En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas; pero aún quedaban en pie los restos de los anchos torreones de sus muros, aún se veían, como en parte se ven hoy, cubiertos de hiedra y campanillas blancas, los macizos arcos de su claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas, en las que suspiraba el viento con un gemido, agitando las altas hierbas.

En los huertos y en los jardines, cuyos senderos no hollaban hacía muchos años las plantas de los religiosos, la vegetación, abandonada a sí misma, desplegaba todas sus galas, sin temor de que la mano del hombre la mutilase, creyendo embellecerla. Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles; las sombrías calles de álamos, cuyas copas se tocaban y se confundían entre sí, se habían cubierto de césped; los cardos silvestres y las ortigas brotaban en medio de los enarenados caminos, y en dos trozos de fábrica, próximos a desplomarse, el jaramago, flotando al viento como el penacho de una cimera, y las campanillas blancas y azules, balanceándose como en un columpio sobre sus largos y flexibles tallos, pregonaban la victoria de la destrucción y la ruina.

Era de noche; una noche de verano, templada, llena de perfumes y de rumores apacibles, y con una luna blanca y serena, en mitad de un cielo azul, luminoso y transparente.

Manrique, presa su imaginación de un vértigo de poesía, después de atravesar el puente, desde donde contempló un momento la negra silueta de la ciudad, que se destacaba sobre el fondo de algunas nubes blanquecinas y ligeras arrolladas en el horizonte, se internó en las desiertas ruinas de los Templarios.

La media noche tocaba a su punto. La luna, que se había ido remontando lentamente, estaba ya en lo más alto del cielo, cuando al entrar en una oscura alameda que conducía desde el derruido claustro a la margen del Duero, Manrique exhaló un grito leve y ahogado, mezcla extraña de sorpresa, de temor y de júbilo.

En el fondo de la sombría alameda había visto agitarse una cosa blanca, que flotó un momento y desapareció en la oscuridad. La orla del traje de una mujer, de una mujer que había cruzado el sendero y se ocultaba entre el follaje, en el mismo instante en que el loco soñador de quimeras o imposibles penetraba en los jardines.

-¡Una mujer desconocida!... ¡En este sitio!..., ¡a estas horas! Esa, esa es la mujer que yo busco -exclamó Manrique; y se lanzó en su seguimiento, rápido como una saeta.

Llegó al punto en que había visto perderse entre la espesura de las ramas a la mujer misteriosa. Había desaparecido. ¿Por dónde? Allá lejos, muy lejos, creyó divisar por entre los cruzados troncos de los árboles como una claridad o una forma blanca que se movía.

-¡Es ella, es ella, que lleva alas en los pies y huye como una sombra! -dijo, y se precipitó en su busca, separando con las manos las redes de hiedra que se extendían como un tapiz de unos en otros álamos. Llegó rompiendo por entre la maleza y las plantas parásitas hasta una especie de rellano que iluminaba la claridad del cielo... ¡Nadie!

-¡Ah!, por aquí, por aquí va -exclamó entonces-. Oigo sus pisadas sobre las hojas secas, y el crujido de su traje que arrastra por el suelo y roza en los arbustos; -y corría y corría como un loco de aquí para allá, y no la veía. -Pero siguen sonando sus pisadas -murmuró otra vez;- creo que ha hablado; no hay duda, ha hablado... El viento que suspira entre las ramas; las hojas, que parece que rezan en voz baja, me han impedido oír lo que ha dicho; pero no hay duda, va por ahí, ha hablado... ha hablado... ¿En qué idioma? No sé, pero es una lengua extranjera... Y tornó a correr en su seguimiento, unas veces creyendo verla, otras pensando oírla; ya notando que las ramas, por entre las cuales había desaparecido, se movían; ya imaginando distinguir en la arena la huella de sus propios pies; luego, firmemente persuadido de que un perfume especial que aspiraba a intervalos era un aroma perteneciente a aquella mujer que se burlaba de él, complaciéndose en huirle por entre aquellas intrincadas malezas. ¡Afán inútil!

Vagó algunas horas de un lado a otro fuera de sí, ya parándose para escuchar, ya deslizándose con las mayores precauciones sobre la hierba, ya en una carrera frenética y desesperada.

Avanzando, avanzando por entre los inmensos jardines que bordaban la margen del río, llegó al fin al pie de las rocas sobre que se eleva la ermita de San Saturio.

-Tal vez, desde esta altura podré orientarme para seguir mis pesquisas a través de ese confuso laberinto -exclamó trepando de peña en peña con la ayuda de su daga.

Llegó a la cima, desde la que se descubre la ciudad en lontananza y una gran parte del Duero que se retuerce a sus pies, arrastrando una corriente impetuosa y oscura por entre las corvas márgenes que lo encarcelan.

Manrique, una vez en lo alto de las rocas, tendió la vista a su alrededor; pero al tenderla y fijarla al cabo en un punto, no pudo contener una blasfemia.

La luz de la luna rielaba chispeando en la estela que dejaba en pos de sí una barca que se dirigía a todo remo a la orilla opuesta.

En aquella barca había creído distinguir una forma blanca y esbelta, una mujer sin duda, la mujer que había visto en los Templarios, la mujer de sus sueños, la realización de sus más locas esperanzas. Se descolgó de las peñas con la agilidad de un gamo, arrojó al suelo la gorra, cuya redonda y larga pluma podía embarazarle para correr, y desnudándose del ancho capotillo de terciopelo, partió como una exhalación hacia el puente.

Pensaba atravesarlo y llegar a la ciudad antes que la barca tocase en la otra orilla. ¡Locura! Cuando Manrique llegó jadeante y cubierto de sudor a la entrada, ya los que habían atravesado el Duero por la parte de San Saturio, entraban en Soria por una de las puertas del muro, que en aquel tiempo llegaba hasta la margen del río, en cuyas aguas se retrataban sus pardas almenas.

Aunque desvanecida su esperanza de alcanzar a los que habían entrado por el postigo de San Saturio, no por eso nuestro héroe perdió la de saber la casa que en la ciudad podía albergarlos. Fija en su mente esta idea, penetró en la población, y dirigiéndose hacia el barrio de San Juan, comenzó a vagar por sus calles a la ventura.

Las calles de Soria eran entonces, y lo son todavía, estrechas, oscuras y tortuosas. Un silencio profundo reinaba en ellas, silencio que sólo interrumpían, ora el lejano ladrido de un perro; ora el rumor de una puerta al cerrarse, ora el relincho de un corcel que piafando hacía sonar la cadena que le sujetaba al pesebre en las subterráneas caballerizas.

Manrique, con el oído atento a estos rumores de la noche, que unas veces le parecían los pasos de alguna persona que había doblado ya la última esquina de un callejón desierto, otras, voces confusas de gentes que hablaban a sus espaldas y que a cada momento esperaba ver a su lado, anduvo algunas horas, corriendo al azar de un sitio a otro.

Por último, se detuvo al pie de un caserón de piedra, oscuro y antiquísimo, y al detenerse brillaron sus ojos con una indescriptible expresión de alegría. En una de las altas ventanas ojivales de aquel que pudiéramos llamar palacio, se veía un rayo de luz templada y suave que, pasando a través de unas ligeras colgaduras de seda color de rosa, se reflejaba en el negruzco y grieteado paredón de la casa de enfrente.

-No cabe duda; aquí vive mi desconocida -murmuró el joven en voz baja sin apartar un punto sus ojos de la ventana gótica;- aquí vive. Ella entró por el postigo de San Saturio... por el postigo de San Saturio se viene a este barrio... en este barrio hay una casa, donde pasada la media noche aún hay gente en vela... ¿En vela? ¿Quién sino ella, que vuelve de sus nocturnas excursiones, puede estarlo a estas horas?... No hay más; ésta es su casa.

En esta firme persuasión, y revolviendo en su cabeza las más locas y fantásticas imaginaciones, esperó el alba frente a la ventana gótica, de la que en toda la noche no faltó la luz ni él separó la vista un momento.

Cuando llegó el día, las macizas puertas del arco que daba entrada al caserón, y sobre cuya clave se veían esculpidos los blasones de su dueño, giraron pesadamente sobre los goznes, con un chirrido prolongado y agudo. Un escudero reapareció en el dintel con un manojo de llaves en la mano, restregándose los ojos y enseñando al bostezar una caja de dientes capaces de dar envidia a un cocodrilo.

Verle Manrique y lanzarse a la puerta, todo fue obra de un instante.

-¿Quién habita en esta casa? ¿Cómo se llama ella? ¿De dónde es? ¿A qué ha venido a Soria? ¿Tiene esposo? Responde, responde, animal -ésta fue la salutación que, sacudiéndole el brazo violentamente, dirigió al pobre escudero, el cual, después de mirarle un buen espacio de tiempo con ojos espantados y estúpidos, le contestó con voz entrecortada por la sorpresa:

-En esta casa vive el muy honrado señor D. Alonso de Valdecuellos, montero mayor de nuestro señor el rey, que herido en la guerra contra moros, se encuentra en esta ciudad reponiéndose de sus fatigas.

-Pero ¿y su hija? -interrumpió el joven impaciente;- ¿y su hija, o su hermana; o su esposa, o lo que sea?

-No tiene ninguna mujer consigo.

-¡No tiene ninguna!... Pues ¿quién duerme allí en aquel aposento, donde toda la noche he visto arder una luz?

-¿Allí? Allí duerme mi señor D. Alonso, que, como se halla enfermo, mantiene encendida su lámpara hasta que amanece.

Un rayo cayendo de improviso a sus pies no le hubiera causado más asombro que el que le causaron estas palabras.

-Yo la he de encontrar, la he de encontrar; y si la encuentro, estoy casi seguro de que he de conocerla... ¿En qué?... Eso es lo que no podré decir... pero he de conocerla. El eco de sus pisadas o una sola palabra suya que vuelva a oír, un extremo de su traje, un solo extremo que vuelva a ver, me bastarán para conseguirlo. Noche y día estoy mirando flotar delante de mis ojos aquellos pliegues de una tela diáfana y blanquísima; noche y día me están sonando aquí dentro, dentro de la cabeza, el crujido de su traje, el confuso rumor de sus ininteligibles palabras... ¿Qué dijo?... ¿qué dijo? ¡Ah!, si yo pudiera saber lo que dijo, acaso... pero aún sin saberlo la encontraré... la encontraré; me lo da el corazón, y mi corazón no me engaña nunca. Verdad es que ya he recorrido inútilmente todas las calles de Soria; que he pasado noches y noches al sereno, hecho poste de una esquina; que he gastado más de veinte doblas en oro en hacer charlar a dueñas y escuderos; que he dado agua bendita en San Nicolás a una vieja, arrebujada con tal arte en su manto de anascote, que se me figuró una deidad; y al salir de la Colegiata una noche de maitines, he seguido como un tonto la litera del arcediano, creyendo que el extremo de sus holapandas era el del traje de mi desconocida; pero no importa... yo la he de encontrar, y la gloria de poseerla excederá seguramente al trabajo de buscarla.

¿Cómo serán sus ojos?... Deben de ser azules, azules y húmedos como el cielo de la noche; me gustan tanto los ojos de ese color; son tan expresivos, tan melancólicos, tan... Sí... no hay duda; azules deben de ser, azules son, seguramente; y sus cabellos negros, muy negros y largos para que floten... Me parece que los vi flotar aquella noche, al par que su traje, y eran negros... no me engaño, no; eran negros.

¡Y qué bien sientan unos ojos azules, muy rasgados y adormidos, y una cabellera suelta, flotante y oscura, a una mujer alta... porque... ella es alta, alta y esbelta como esos ángeles de las portadas de nuestras basílicas, cuyos ovalados rostros envuelven en un misterioso crepúsculo las sombras de sus doseles de granito! ¡Su voz!... su voz la he oído... su voz es suave como el rumor del viento en las hojas de los álamos, y su andar acompasado y majestuoso como las cadencias de una música.

Y esa mujer, que es hermosa como el más hermoso de mis sueños de adolescente, que piensa como yo pienso, que gusta como yo gusto, que odia lo que yo odio, que es un espíritu humano de mi espíritu, que es el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No me ha de amar como yo la amaré, como la amo ya, con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?

Vamos, vamos al sitio donde la vi la primera y única vez que le he visto... ¿Quién sabe si, caprichosa como yo, amiga de la soledad y el misterio, como todas las almas soñadoras, se complace en vagar por entre las ruinas, en el silencio de la noche?

Dos meses habían transcurrido desde que el escudero de D. Alonso de Valdecuellos desengañó al iluso Manrique; dos meses durante los cuales en cada hora había formado un castillo en el aire, que la realidad desvanecía con un soplo; dos meses, durante los cuales había buscado en vano a aquella mujer desconocida, cuyo absurdo amor iba creciendo en su alma, merced a sus aún más absurdas imaginaciones, cuando después de atravesar absorto en estas ideas el puente que conduce a los Templarios, el enamorado joven se perdió entre las intrincadas sendas de sus jardines.

La noche estaba serena y hermosa, la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.

Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus arcadas... Estaba desierto.

Salió de él, encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero, y aún no había penetrado en ella, cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.

Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco.

Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible.

Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.

Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas.

Habían pasado algunos años. Manrique, sentado en un sitial junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi y con una mirada vaga e inquieta como la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre, ni a los consuelos de sus servidores.

-Tú eres joven, tú eres hermoso -le decía aquélla;- ¿por qué te consumes en la soledad? ¿Por qué no buscas una mujer a quien ames, y que amándote pueda hacerte feliz?

-¡El amor!... El amor es un rayo de luna -murmuraba el joven.

-¿Por qué no despertáis de ese letargo? -le decía uno de sus escuderos;- os vestís de hierro de pies a cabeza, mandáis desplegar al aire vuestro pendón de ricohombre, y marchamos a la guerra: en la guerra se encuentra la gloria.

-¡La gloria!... La gloria es un rayo de luna.

-¿Queréis que os diga una cantiga, la última que ha compuesto mosén Arnaldo, el trovador provenzal?

-¡No! ¡No! -exclamó el joven incorporándose colérico en su sitial-; no quiero nada... es decir, sí quiero... quiero que me dejéis solo... Cantigas... mujeres... glorias... felicidad... mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, para encontrar un rayo de luna.

Manrique estaba loco: por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figuraba que lo que había hecho era recuperar el juicio.


Moonspell - 2econd Skin


Gothic Dark
Portugal

Moonspell - 2econd Skin (1997)



1. 2econd Skin
2. An Erotic Alchemy (Per-Version)
3. Sacred
4. 2econd Skin (Edit Version)
5. Alma Mater
6. ...Of Dream And Drama (Midnight Ride)
7. Awake!
8. Opium
9. (Herr) Spiegelman
10. Ruin And Misery
11. Mephisto



Moonspell - 2econd Skin
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MOONSPELL
Aires Pereira : Bass
Fernando Ribeiro : Vocals
Ricardo Amorim : Guitar
Luís Lamelas "Malah" : Guitar
Pedro Paixao : Keyboard
Miguel Gaspar : Drums





Hallazgo Maya



Hallaron un friso Maya sobre la creación del mundo que data de 300 años a.C.

Un grupo de arqueólogos halló en la ciudad de El Mirador, ubicada en plena selva de Guatemala, un friso de 300 años a.C. Representa parte de la mitológica historia de la creación del mundo que cuenta la cosmovisión maya en el libro sagrado del Popol Vuh.


EL HALLAZGO demuestra que el mito de Ixbalanqué y Hunapú ya existía 300 años antes de Cristo. La pieza, de unos cuatro metros de largo y tres de altura, construida en piedra caliza y estuco, representa la misma imagen que aparece en el manuscrito original del Popol Vuh.


El hallazgo tira por tierra las teorías sobre la influencia del cristianismo en el Popol Vuh y rescata la idea de la creación del mundo planteada por la cultura maya antes de la imposición de esa religión en el continente americano, destacó el diario mexicano El universal.

La pieza -de unos cuatro metros de largo por tres de altura y construida en piedra caliza y estuco- representa la misma imagen que aparece en el manuscrito original del Popol Vuh que en 1701 halló el fraile español Francisco Jiménez, durante el período de conquista y colonización de las regiones habitadas por los mayas.

El friso muestra a los gemelos Hunapú e Ixbalanqué "nadando entre monstruos celestiales" tras recuperar la cabeza de su padre Hun Hunapú, decapitado por los señores de Xibalba, gobernadores del inframundo.

La piedra pertenece al período preclásico y fue descubierta accidentalmente, mientras los arqueólogos restauraban un sistema de canales hidráulicos que abastecían la ciudad maya de El Mirador.

El friso se encontraba en la parte central de una especie de pileta en la que los gobernantes se bañaban y realizaban sacrificios.

La cuenca de El Mirador -descubierta en 1930- sería la primera y más grande de las ciudades mayas, cuatro veces más grande que el centro arqueológico de Tikal, la metrópoli más conocida.

Esta ciudad está ubicada en la espesa selva de Petén, 400 kilómetros al norte de Ciudad de Guatemala, adonde sólo se llega tras una caminata de dos días como mínimos ya que no hay caminos formalmente construidos.

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En los ojos abiertos de los muertos - Jaime Sabines


En los ojos abiertos de los muertos

En los ojos abiertos de los muertos
¡qué fulgor extrano, qué humedad ligera!
Tapiz del aire en la pupila inmóvil,
velo de sombra, luz tierna.

En los ojos de los amantes
muertos el amor vela. Los ojos son como una puerta
infranqueable, codiciada, entreabierta.

¿Por qué la muerte prolonga a los amantes,
los encierra en un mutismo como de tierra?

¿Que es el misterio de esa luz que llora
en el agua del ojo, en esa enferma
superficie de vidrio que tiembla?
Angeles custodios les recogen la cabeza.

Murieron en su mirada,
murieron de sus propias venas.

Los ojos parecen piedras dejadas
en el rostro por una mano ciega.
El misterio los lleva.
¡Qué magia, que dulzura
en el sarcofago del aire
que los encierra!

Jaime Sabines

Artrosis - Con Trust



Alternative Gothic Metal
Polonia

Artrosis - Con Trust (2006)



01. Tym dla mnie jest
02. Nie chce nigdy czuc jak ty
03. W polsnie
04. Byl jak diamanet
05. Caly obcy mi
06. Nie oceniaj
07. Tak bylo, jest i bedzie
08. Con trust
09. Wiesz tylko ty i on I
10. Wiesz tylko ty i on II




Artrosis - Tym dla mnie jest
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ARTROSIS
Medeah (Magdalena Stupkiewicz (Dobosz)) – vocals
MacKozer (Krystian Kozerawski) – guitar
Remo (Remigiusz Mielczarek) – bass
Migdal (Lukasz Migdalski) – keyboards
Swicol (Pawel Swica) – drums





La crisis - Fidel Castro





La pequeña Biblia de la crisis

Por Fidel Castro

Finalizado el evento sobre Globalización y Desarrollo con la presencia de más de 1500 economistas, destacadas personalidades científicas y representantes de organismos internacionales reunidos en La Habana, recibí una carta y un documento de Atilio Boron, doctor en Ciencias Políticas, profesor titular de Teoría Política y Social, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), aparte de otras importantes responsabilidades científicas y políticas.

Atilio, firme y leal amigo, había participado el jueves 6 en el programa de la Mesa Redonda de la Televisión Cubana, junto a otras eminencias internacionales que asistieron a la Conferencia sobre Globalización y Desarrollo.


Supe que se marcharía el domingo y decidí invitarlo a un encuentro a las 5 de la tarde del día anterior, sábado 7 de marzo. Había decidido escribir una reflexión sobre las ideas contenidas en su documento. Utilizaré en la síntesis sus propias palabras:

“Nos hallamos ante una crisis general capitalista, la primera de una magnitud comparable a la que estallara en 1929 y a la llamada ‘Larga Depresión’ de 1873-1896. Una crisis integral, civilizacional, multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos seguramente habrán de ser de mayor envergadura que las que le precedieron.

Se trata de una crisis que trasciende con creces lo financiero o bancario y afecta a la economía real en todos sus departamentos. Afecta a la economía global y que va mucho más allá de las fronteras estadounidenses.

Sus causas estructurales: es una crisis de superproducción y a la vez de subconsumo. No por casualidad estalló en EE.UU., porque este país hace más de treinta años que vive artificialmente del ahorro externo, del crédito externo, y estas dos cosas no son infinitas: las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades; el Estado se endeudó también por encima de sus posibilidades para hacer frente no a una sino a dos guerras no sólo sin aumentar los impuestos sino que reduciéndolos, los ciudadanos son sistemáticamente impulsados, por vía de la publicidad comercial, a endeudarse para sostener un consumismo desorbitado, irracional y despilfarrador.

Pero a estas causas estructurales hay que agregar otras: la acelerada financiarización de la economía, la irresistible tendencia hacia la incursión en operaciones especulativas cada vez más arriesgadas. Descubierta la ‘fuente de juvencia’ del capital gracias a la cual el dinero genera más dinero prescindiendo de la valorización que le aporta la explotación de la fuerza de trabajo y, teniendo en cuenta que enormes masas de capital ficticio se pueden lograr en cuestión de días, o semanas a lo máximo, la adicción del capital lo lleva a dejar de lado cualquier cálculo o cualquier escrúpulo.

Otras circunstancias favorecieron el estallido de la crisis. Las políticas neoliberales de desregulación y liberalización hicieron posible que los actores más poderosos que pululan en los mercados impusieran la ley de la selva.

Una enorme destrucción de capitales a escala mundial, caracterizándolo como una ‘destrucción creadora’. En Wall Street esta ‘destrucción creadora’ hizo que la desvalorización de las empresas que cotizan en esa Bolsa llega casi al 50 por ciento; una empresa que antes cotizaba en Bolsa un capital de 100 millones, ¡ahora tiene 50 millones!. Caída de la producción, de los precios, de los salarios, del poder de compra. ‘El sistema financiero en su totalidad está a punto de estallar. Ya tenemos más de U$S 500.000 millones en pérdidas bancarias, hay un billón más que está por llegar. Más de una docena de bancos están en bancarrota, y hay cientos más esperando correr la misma suerte. A estas alturas más de un billón de dólares han sido transferidos desde la FED al cartel bancario, pero un billón y medio más será necesario para mantener la liquidez de los bancos en los próximos años.’ Lo que estamos viviendo es la fase inicial de una larga depresión, y la palabra recesión, tan utilizada recientemente, no captura en todo su dramatismo lo que el futuro depara para el capitalismo.

La acción ordinaria de Citicorp perdió el 90 por ciento de su valor en 2008. ¡La última semana de febrero cotizaba en Wall Street a U$S 1,95 por acción!

Este proceso no es neutro pues favorecerá a los mayores y mejor organizados oligopolios, que desplazarán a sus rivales de los mercados. La ‘selección darwiniana de los más aptos’ despejará el camino para nuevas fusiones y alianzas empresariales, enviando a los más débiles a la quiebra.

Acelerado aumento del desempleo. El número de desempleados en el mundo (unos 190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de 2009. Los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros diarios) serán 1400 millones, o sea el 45 por ciento de la población económicamente activa del planeta. En Estados Unidos la recesión ya destruyó 3,6 millones de puestos de trabajo. La mitad durante los últimos tres meses. En la UE, el número de desempleados es de 17,5 millones, 1,6 millón más que hace un año. Para 2009 se prevé la pérdida de 3,5 millones de empleos. Varios Estados centroamericanos así como México y Perú, por sus estrechos lazos con la economía estadounidense, serán fuertemente golpeados por la crisis.

Una crisis que afecta a todos los sectores de la economía: la banca, la industria, los seguros, la construcción, etcétera, y se disemina por todo el conjunto del sistema capitalista internacional.

Decisiones que se toman en los centros mundiales y que afectan a las subsidiarias de la periferia generando despidos masivos, interrupciones en las cadenas de pagos, caída en la demanda de insumos, etcétera. EE.UU. ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el proteccionismo podía ser ‘un mal necesario en tiempos de crisis’. El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a ‘consumir productos españoles’. Barack Obama, agregamos nosotros, promueve el ‘buy American!’.

Otras fuentes de propagación de la crisis en la periferia son la caída en los precios de las commodities que exportan los países latinoamericanos y caribeños, con sus secuelas recesivas y el aumento de la desocupación.

Drástica disminución de las remesas de los emigrantes latinoamericanos y caribeños a los países desarrollados. (En algunos casos las remesas son el más importante ítem en el ingreso internacional de divisas, por encima de las exportaciones.)

Retorno de los emigrantes, deprimiendo aún más el mercado de trabajo.

Se conjuga con una profunda crisis energética que exige reemplazar al actual, basado en el uso irracional y predatorio del combustible fósil.

Esta crisis coincide con la creciente toma de conciencia de los catastróficos alcances del cambio climático.

Agréguese la crisis alimentaria, agudizada por la pretensión del capitalismo de mantener un irracional patrón de consumo que ha llevado a reconvertir tierras aptas para la producción de alimentos para ser destinadas a la elaboración de agrocombustibles.

Obama reconoció que no hemos tocado fondo todavía, y Michael Klare escribió en días pasados que ‘si el actual desastre económico se convierte en lo que el presidente Obama ha denominado década perdida, el resultado podría consistir en un paisaje global lleno de convulsiones motivadas por la economía’.

En 1929 la desocupación en EE.UU. llegó al 25 por ciento, al paso que caían los precios agrícolas y de las materias primas. Diez años después, y pese a las radicales políticas puestas en marcha por Franklin D. Roosevelt (el New Deal), la desocupación seguía siendo muy elevada (17 por ciento) y la economía no lograba salir de la depresión. Sólo la Segunda Guerra Mundial puso fin a esa etapa. ¿Y ahora por qué habría de ser más breve? Si la depresión de 1873-1896, como expliqué, duró ¡23 años!

Dados estos antecedentes, ¿por qué ahora saldríamos de la actual crisis en cuestión de meses, como vaticinan algunos publicistas y ‘gurúes’ de Wall Street.

No se saldrá de esta crisis con un par de reuniones del G-20 o del G-7. Si una prueba hay de su radical incapacidad para resolver la crisis es la respuesta de las principales bolsas de valores del mundo luego de cada anuncio o cada sanción de una ley aprobatoria de un nuevo rescate: invariablemente la respuesta de ‘los mercados’ es negativa.

Ya no está la URSS, cuya sola presencia y la amenaza de la extensión hacia Occidente de su ejemplo inclinaba la balanza de la negociación a favor de la izquierda, sectores populares, sindicatos, etcétera.

En la actualidad, China ocupa un papel incomparablemente más importante en la economía mundial, pero sin alcanzar una importancia paralela en la política mundial. La URSS, en cambio, pese a su debilidad económica, era una formidable potencia militar y política. China es una potencia económica, pero con escasa presencia militar y política en los asuntos mundiales, si bien está comenzando un muy cauteloso y paulatino proceso de reafirmación en la política mundial.

China puede llegar a jugar un papel positivo para la estrategia de recomposición de los países de la periferia. Beijing está gradualmente reorientando sus enormes energías nacionales hacia el mercado interno. Por múltiples razones que serían imposibles discutir aquí es un país que necesita que su economía crezca al 8 por ciento anual, sea como respuesta a los estímulos de los mercados mundiales o a los que se originen en su inmenso –sólo parcialmente explotado– mercado interno. De confirmarse ese viraje es posible predecir que China seguirá necesitando muchos productos originarios de los países del Tercer Mundo, como petróleo, níquel, cobre, aluminio, acero, soja y otras materias primas y alimentos.

En la Gran Depresión de los años 30, en cambio, la URSS tenía una muy débil inserción en los mercados mundiales. China es distinto: podrá seguir jugando un papel muy importante y, al igual que Rusia e India (aunque éstas en menor medida), comprar en el exterior las materias primas y alimentos que necesite, a diferencia de lo que ocurría con la URSS en los tiempos de la Gran Depresión.

En los 30 la ‘solución’ de la crisis se encontró en el proteccionismo y la Guerra Mundial. Hoy, el proteccionismo encontrará muchos obstáculos debido a la interpenetración de los grandes oligopolios nacionales en los distintos espacios del capitalismo mundial. La conformación de una burguesía mundial, arraigada en gigantescas empresas que, pese a su base nacional, operan en un sinnúmero de países, hace que la opción proteccionista en el mundo desarrollado sea de escasa efectividad en el comercio Norte/Norte y las políticas tenderán –al menos por ahora y no sin tensiones– a respetar los parámetros establecidos por la OMC. La carta proteccionista aparece como mucho más probable cuando se la aplique, como seguramente se hará, en contra del Sur global. Una guerra mundial motorizada por ‘burguesías nacionales’ del mundo desarrollado dispuestas a luchar entre sí por la supremacía en los mercados es prácticamente imposible, porque tales ‘burguesías’ han sido desplazadas por el ascenso y consolidación de una burguesía imperial que periódicamente se reúne en Davos y para la cual la opción de un enfrentamiento militar constituye un fenomenal despropósito. No quiere decir que esa burguesía mundial no apoye, como lo ha hecho hasta ahora con las aventuras militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán, la realización de numerosas operaciones militares en la periferia del sistema, necesarias para la preservación de la rentabilidad del complejo militar-industrial norteamericano e, indirectamente, para los grandes oligopolios de los demás países.

La situación actual no es igual a la de los años treinta. Lenin ‘el capitalismo no se cae si no hay una fuerza social que lo haga caer’. Esa fuerza social hoy no está presente en las sociedades del capitalismo metropolitano, incluido Estados Unidos.

EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Francia y Japón dirimían en el terreno militar su pugna por la hegemonía imperial.

Hoy, la hegemonía y la dominación están claramente en manos de EE.UU. Es el único garante del sistema capitalista a escala mundial. Si EE.UU. cayera se produciría un efecto dominó que provocaría el derrumbe de casi todos los capitalismos metropolitanos, sin mencionar las consecuencias en la periferia del sistema. En caso de que Washington se vea amenazado por una insurgencia popular todos acudirán a socorrerlo, porque es el sostén último del sistema y el único que, en caso de necesidad, puede socorrer a los demás.

EE.UU. es un actor irreemplazable y centro indiscutido del sistema imperialista mundial: sólo él dispone de más de 700 misiones y bases militares en unos 120 países que constituyen la reserva final del sistema. Si las demás opciones fracasan, la fuerza aparecerá en todo su esplendor. Sólo EE.UU. puede desplegar sus tropas y su arsenal de guerra para mantener el orden a escala planetaria. Es, como dijera Samuel Huntington, ‘el sheriff solitario’.

Este ‘apuntalamiento’ del centro imperialista cuenta con la invalorable colaboración de los demás socios imperiales, o con sus competidores en el área económica e inclusive con la mayoría de los países del Tercer Mundo, que acumulan sus reservas en dólares estadounidenses. Ni China, Japón, Corea o Rusia, para hablar de los mayores tenedores de dólares del planeta, pueden liquidar su stock en esa moneda porque sería una movida suicida. Claro está, que ésta también es una consideración que debe ser tomada con mucha cautela.

Estamos en presencia de una crisis que es mucho más que una crisis económica o financiera.

Se trata de una crisis integral de un modelo civilizatorio que es insostenible económicamente; políticamente, sin apelar cada vez más a la violencia en contra de los pueblos; insustentable también ecológicamente, dada la destrucción, en algunos casos irreversible, del medio ambiente; e insostenible socialmente, porque degrada la condición humana hasta límites inimaginables y destruye la trama misma de la vida social.

La respuesta a esta crisis, por lo tanto, no puede ser sólo económica o financiera. Las clases dominantes harán exactamente eso: utilizar un vasto arsenal de recursos públicos para socializar las pérdidas y reflotar a los grandes oligopolios. Encerrados en la defensa de sus intereses más inmediatos carecen siquiera de la visión para concebir una estrategia más integral”.

Si alguien toma esta síntesis y la lleva en el bolsillo, la lee de vez en cuando o se la aprende de memoria como una pequeña Biblia, estará mejor informado de lo que ocurre en el mundo que el 99 por ciento de la población, donde el ciudadano vive asediado por cientos de anuncios publicitarios y saturado con miles de horas de noticias, novelas y películas de ficción reales o falsas.

Fidel Castro
Marzo 8 de 2009

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ASP - Weltunter


Gótica / Alternativa / Rock
Frankfurt,Alemania
ASP - Weltunter (2003)



* 1. Intro
* 2. Welcome
* 3. Weltunter
* 4. Stille Der Nacht (Ein Wintermarchen)
* 5. Geisterjagd (Trane Im Meer)
* 6. She Wore Shadows
* 7. Demon Love
* 8. Ich Will Brennen
* 9. Hasslich
* 10. Eleison
* 11. Lykanthropie (Es Tobt Ein Krieg In Mir)
* 12. Die Ruhe Vor Dem Sturm




ASP - Lykanthropie
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ASP - Stille Der Nacht
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A.S.P.
Asp - Alexander Frank Spreng (Vocales)
Matze - Matthias Ambré (Guitarra, Vocales)
Tossi - Andreas Gross (Bajo, Vocales)
Himmi - Oliver Himmighoffen (Batería)




Sobre el lenguaje de los ángeles




La lengua angélica no tiene nada en común con las lenguas humanas, salvo que ciertos vocablos son los sonidos de deter­minados afectos; pero esto no atañe a las palabras mismas, sino a sus sonidos; a este punto, nos referiremos enseguida. Que la lengua angélica no tiene nada en común con las lenguas humanas, se manifiesta en el hecho de que los ángeles son incapaces de pronunciar una sola palabra en lenguaje humano; y cuando procuran hacerlo, les resulta imposible, porque no pueden pronunciar palabra alguna que no armonice con sus afectos; y aquello que es discordante, es incompatible con la vida misma, pues la vida pertenece al afecto, y su lenguaje emana de su vida. Y según me hicieron saber, la primera lengua que hablaron los hombres sobre la tierra, concordaba con la lengua angélica, porque la recibían del cielo; y la lengua hebrea, concuerda con ella en ciertos aspectos.

Como el lenguaje de los ángeles corresponde a su afecto, y su afecto pertenece a su amor, y como él amor del cielo es amor al Señor y amor hacia el prójimo es evidente que sus palabras son superlativamente elegantes y jocundas; pues no suscitan una impresión meramente auditiva, sino que conmueven la interioridad de la mente de quienes las escuchan. Cierto espíritu de corazón impasible, oyó las palabras de un ángel; y se sintió tan conmovido por lo que oía, que comenzaron a caerle las lágrimas; afirmó que jamás había llorado, pero ahora le resultaba imposible contenerse, porque estaba oyendo hablar al amor.

El lenguaje de los ángeles también está impregnado de sabiduría, pues procede de su pensamiento interior, y su pensamiento interior es sabiduría así como su afecto interior es amor; y en su lenguaje se unen el amor y la sabiduría. Por esta razón, su lenguaje está tan impregnado de sabiduría, que pueden decir en una sola palabra lo que los hombres no pueden expresar empleando mil; por lo demás, las ideas de su pensamiento aluden a cosas que el hombre no puede comprender, y mucho menos expresar. Por eso se dice que las cosas que fueron oídas y vistas en el cielo son inefables; cosas jamás percibidas por oídos u ojos terrenales. Lo cual me fue dado verificar a través de la experiencia. En ciertas ocasiones, he podido disfrutar de un estado similar al de los ángeles; en ese estado, hablé con ellos, y pude comprender todo lo que decían. Pero al ser remitido a mi estado anterior, y por ende, al pensamiento natural propio del hombre; cuando procuré recordar lo que había oído, me resultó imposible; pues había miles de cosas que no se ajustan al pensamiento natural, y que sólo pueden ser expresadas mediante variaciones de luz celestial; jamás con palabras humanas. Las ideas del pensamiento de los ángeles, de las que surgen sus palabras, también son modificaciones de la luz del cielo; y los afectos, que determinan el tono de sus palabras, son variaciones del calor del cielo; la luz del cielo, es la verdad o sabiduría Divina; y el calor del cielo, es el bien o amor Divino y los ángeles derivan su afecto del amor Divino, y su pensamiento de la sabiduría Divina.

En El Cielo y sus maravillas y el Infierno
Emanuel Swedenborg – El lenguaje de los ángeles

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El Señor de las Moscas - William Golding


El Señor de las Moscas
William Golding





El Señor de las Moscas es uno de los libros que tratan la naturaleza del ser humano de la forma más pesimista que cabe imaginarse.
En la II Guerra Mundial, un avión se estrella contra una isla paradisíaca. Este avión transportaba decenas de niños británicos de entre los seis y los once años, y tras el accidente, ningún adulto sobrevive, con lo que los niños han de buscarse la vida por sus propios medios, y establecer una sociedad provisional a la espera de un rescate por parte de “los mayores”. Bajo esta interesante premisa, se desarrolla una novela magistral que se ha convertido con el paso de los años en un clásico contemporáneo.
Lo más atractivo de El Señor de las Moscas es su profunda y minuciosa reflexión social, donde las buenas intenciones y las tensiones entre los niños, al principio suaves y llevaderas, se convierten en una lucha violenta y desgarradora entre dos bandos no muy bien diferenciados, con consecuencias increíblemente arrolladoras. La condición metafórica del libro deja en evidencia la idiosincrasia del ser humano de una forma dura, cruel y tajante.




Ordo Rosarius Equilibrio - Cocktails, Carnage, Crucifixion And Pornography


Neofolk - Dark folk - Folk apocalíptico
Estocolmo (Suecia)
Ordo Rosarius Equilibrio - Cocktails, Carnage, Crucifixion And Pornography [2003]




1 Cocktails, Carnage, Crucifixion And Pornography Anthem (Intro) (1:42)
2 Sheep For A Lifetime, Or Lion For A Day (4:27)
3 Remember Depravity, And The Orgies Of Rome (4:30)
4 Tango For The Concession Of The Suspender Princess (3:31)
5 In The Midst Of Flaming Ruins - Desire Of The Few (4:19)
6 It Was The Day Of Lucifer Rising (3:31)
7 For The Good Of Humankind (4:35)
8 In High Heels Through Nights Of Broken Glass (4:26)
9 Serpent Kisses And Serpent Smiles - Inside The Order Of Roses And Equilibrium (4:30)
10 Eucharist - Liturgy Of 6 (5:21)
11 Mary Dances In The Shadow - The Holiest Of Harlots (4:15)
12 Regression And The Return To Paradise Extinct (4:50)
13 Cocktails, Carnage, Crucifixion And Pornography Anthem (Outro) (1:38)




Serpent Kisses and Serpent Smiles
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O.R.E.
Tomas Pettersson - Music, Lyrics, Vocals
Rose-Marie Larsen - Vocals





Trabajo esclavo en Brasil



Trabajo esclavo en Brasil

“Si contara la mitad de las cosas que viví en esas haciendas, no me creerías”


Joana Moncau
Ojarasca
Antonio vive en la periferia de Açailândia, estado de Maranhão, región noreste de Brasil. Mientras conversa, dos de sus nietas corren de un lado a otro, pasan entre sus piernas y en un instante ya están en la calle levantando polvo. Ellas son una pequeña parte de su gran familia. Todos los parientes viven en los alrededores, menos los que salieron en busca de trabajo, en su gran mayoría hombres. ¿Cuándo regresarán? Nadie sabe: meses, años, tal vez una vida. En estos casos, sin dar noticias, hacen que aumente el número de viudas de maridos vivos. En tiempos de sequía, el flujo de hombres que sale a cazar empleo y se topa con la esclavitud aumenta, como si eso fuera tan inevitable como el proceso de la naturaleza que disminuye las lluvias todos los años.


Antonio también salió muchas veces de su municipio y de su estado en busca de trabajo. De regreso con los suyos y ya de cabellos blancos, espera frente a la sala de uno de los núcleos del Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos Humanos (CDVDH) de Açailândia para atestiguar su propia historia. Por primera vez verá el documental Correntes (“Cadenas”), que registró, entre los testimonios de otros Antonios, el suyo: un trabajador más que huyó de la condición de trabajo esclavo al que había sido sometido.

En el video Antonio aparece como un luchador que para rescatar su dignidad y sus derechos, aún bajo amenaza de muerte, huye de una hacienda. “¡Puedo morir, pero me voy! No pienso quedarme aquí trabajando toda la vida esclavizado para no mandar nada a mi familia”, dice en el documental. Sin embargo, en vivo, al verse narrando su propia historia, no tiene ese mismo aire de dignidad recuperada. Tanto le molesta que antes de que la proyección termine se levanta rumbo a la puerta de salida. “Para mí ya basta. No lloro porque soy muy hombre, pero recordar eso me causa un dolor que no tiene cura. Si te contara la mitad de las cosas que viví en esas haciendas, no me creerías”. En el Brasil de hoy los casos de tortura, castigo físico y humillación como los que Antonio sufrió incontables ocasiones no son tan escasos como deberían.

El de Antonio no es un caso aislado. La Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) calcula que anualmente 23 mil trabajadores rurales caen en las redes de esclavitud de las áreas de la frontera agrícola de la Amazonia y de El Cerrado brasileños.

La vieja modernidad. La esclavitud contemporánea difiere de la esclavitud colonial, abolida en Brasil en 1888. En vez de cadenas, los trabajadores ahora son atrapados por mecanismos más sutiles, como una deuda ilegal, y otros no tan sutiles, como las recurrentes amenazas físicas y psicológicas durante su cautiverio.

“¡Atención! ¡Necesitamos 40 trabajadores para una hacienda ganadera en Pará! ¡Es empleo garantizado! ¡Quien esté interesado por favor entre en contacto con Zé, aquí en la estación!” Este anuncio fue transmitido por una radio en la periferia de Maranhão. No les será difícil contratar rápidamente a esos 40 trabajadores que, engañados por la propuesta del “coyote” Zé, perpetuarán las estadísticas del enganche: 31.3% de los trabajadores liberados provienen de ese estado. El reclutamiento no siempre sucede así, pero en todos los casos la propuesta llega a los oídos del trabajador como la única oportunidad de conseguir sustento para su familia. Su destino son principalmente las haciendas ganaderas (58%), cañeras (11%) y de carbón (3%), distantes de su lugar de origen. Muchas veces son embriagados por el “coyote” para que no reconozcan el trayecto y no puedan huir cuando se den cuenta de la real condición a la que serán sometidos: condiciones inhumanas de trabajo, frecuentemente vigilados por hombres armados. Al final del mes, en vez de recibir el salario, descubrirán que deben pagar el transporte, la comida vendida a altísimos precios en las cafeterías de las haciendas y el uso de las herramientas de trabajo. Ese mecanismo de esclavitud por medio de la deuda ilegal es eficiente, pues resulta impagable (aumenta cada mes). Hay algunos Antonios que se arriesgan y huyen a pie, viajando durante días hasta encontrar abrigo, con el riesgo de ser “cazados” en el camino.

Gracias a los testimonios de estos trabajadores, el problema del trabajo esclavo salió a la luz pública. En 1995, el gobierno federal brasileño reconoció oficialmente la existencia del trabajo esclavo contemporáneo. Ese mismo año, se creó el Grupo Móvil de Fiscalización, coordinado por el Ministerio del Trabajo y del Empleo (MTE), que fiscaliza las haciendas, libera los trabajadores y coloca el nombre de los empleadores que usan trabajo esclavo en una lista negra.

La ciudad de Antonio. Ni el caso de Antonio ni el de Açailândia son aislados. La ciudad, como muchas otras de Brasil, sufre efectos colaterales de uno de los grandes proyectos de “desarrollo nacional”. Por ella pasa el tren de la empresa Vale, gigante mundial en el área de minería, que conecta a Paraupebas (Pará) con la Terminal Marítima de Ponta da Madeira en São Luís (Maranhão).

A lo largo de la vía férrea hay más de diez fábricas que componen el polo siderúrgico de Carajás. Cinco de ellas están en los barrios periféricos de Açailândia. Uno es el de Antonio. Estas industrias utilizan la línea del tren tanto para recibir de la Vale su principal materia prima (el hierro mineral), como para transportar el arrabio producido. La producción de arrabio requiere el uso de mucho carbón vegetal. Y el carbón vegetal exige la quema de mucha madera para ser producido. Una gran parte de la vegetación nativa de la Amazonia es quemada o cede espacio a las plantaciones de eucalipto para abastecer las carbonerías de las siderúrgicas. Además del daño ambiental, esas carbonerías frecuentemente usan mano de obra barata, infringiendo leyes laborales o sometiendo a los trabajadores a una condición sólo comparable con la esclavitud.

Campos Lindos, en el estado de Tocantins, región centro oeste de Brasil, es otro municipio en el que se pretende aplicar este tipo de “progreso”. El discurso del desarrollo trajo a la región miles de hectáreas de plantaciones de soya que abastecen a grandes empresas del sector, como la Bunge y la Cargill. Donde antes era El Cerrado se extiende ahora un gran desierto de soya. Muchas familias fueron expulsadas de sus tierras por el miedo a las amenazas, o forzadas a abandonarlas a cambio de indemnizaciones irrisorias. Con la reducción de las tierras y de la producción agrícola familiar y con el fin de la vida comunitaria, muchos hombres se ven obligados a trabajar en esas haciendas de soya desarrollando los trabajos más pesados, como la extracción de raíces.

Antonio ahora resiste, incluso a su incredulidad de poder superar las marcas que el trabajo esclavo le imprimió. Su fuga y su adhesión a la cooperativa por la dignidad Codigna, donde produce carbón ecológico junto con otros trabajadores y trabajadoras víctimas del trabajo esclavo, lo comprueban.

fuente



Leaves' Eyes - We Came with the Northern Winds

Symphonic Gothic Metal
-Germany-
Leaves' Eyes - We Came with the Northern Winds
En Saga,I Belgia 2CD (2009)



CD 1
1. Intro - Vinland Saga
2. Farewell Proud Men
3. Ocean's Way
4. The Crossing
5. Into Your Light
6. The Thorn
7. Mourning Tree
8. For Amelie
9. Skraelings
10. Temptation

CD 2
1. Tale of the Seamaid
2. New Found Land
3. Leaves Eyes
4. Solemn Sea
5. Amrhan
6. Norwegian Lovesong
7. Lyset
8. Legend Land
9. Elegy



LEAVES' EYES - New Found Land [Live]
Ver Video



LEAVES' EYES
Liv Kristine - Vocals
Alexander Krull - Vocals
Mathias Röderer - Guitar
Thorsten Bauer - Guitar
Alla Fedynitch - Bass
Seven Antonopolous - Drums





La Casa del Pasado - Algernon Blackwood






La Casa del Pasado
Algernon Blackwood


Una noche una Visión vino a mí, trayendo con ella una antigua y herrumbrosa llave. Me llevó a través de campos y senderos de dulce aroma, donde los setos ya susurraban en la oscuridad primaveral, hasta que llegamos a una inmensa y sombría casa, de ventanas conspicuas y tejado elevado, medio escondido en las sombras de la madrugada. Advertí que las persianas eran de un pesado negro y que la casa parecía revestida por una tranquilidad absoluta.

-Ésta -susurró ella en mi oído-, es la Casa del Pasado. Ven conmigo y recorreremos algunas de sus habitaciones y pasadizos; pero apresúrate, pues no tendré la llave por mucho tiempo y la noche ya casi se acaba. Aún así, por ventura, ¡debes recordar!

La llave produjo un espantoso ruido cuando giró en la cerradura, y cuando la puerta estuvo abierta a un vestíbulo vacío y hubimos entrado, escuché los sonidos de murmullos y llantos, y el roce de telas, como de gente moviéndose en sueños, a punto de despertar. Entonces, instantáneamente, un espíritu de gran tristeza vino a mí, empapando mi alma; mis ojos comenzaron a arder y picar y en mi corazón advertí una extraña sensación, como si algo que había dormido por años se desenrollara. Todo mi ser, incapaz de resistir, se rindió inmediatamente al espíritu de la melancolía más profunda, y el dolor de mi corazón, mientras las Cosas se movían y despertaban, por un momento se hizo demasiado fuerte para expresarlo en palabras...

Mientras avanzábamos, las débiles voces y sollozos escaparon delante nuestro hacia el interior de la Casa, y me di cuenta de que el aire estaba lleno de manos suspendidas, de vestimentas oscilantes, de trenzas colgantes, y de ojos tan tristes y nostálgicos, que las lágrimas -que ya casi desbordaban de los míos-, se retenían por milagro ante la contemplación de tan intolerable anhelo.

-No permitas que esta tristeza te aplaste -susurró la Visión a mi lado-. No despiertan frecuentemente. Duermen por años y años y años. Los cuartos están todos ocupados y a no ser que lleguen visitantes como nosotros a perturbarlos, jamás despertarían por propio acuerdo. Pero cuando uno se agita, el sueño de los otros también se ve perturbado, y también despiertan, hasta que el movimiento es comunicado de una habitación a otra y así finalmente, a través de toda la Casa... Pero, a veces, la tristeza es demasiado grande como para soportarla, y la mente se debilita. Por esta razón, la Memoria les entrega el sueño más dulce y profundo que posee y cuida de usar poco esta pequeña y herrumbrosa llave. Pero, escucha ahora -agregó ella, tomándome la mano- ¿no oyes, acaso, el temblor del aire a través de toda la Casa, que se asemeja al murmullo de agua cayendo? ¿Y quizá ahora tú... recuerdas?

Aún antes de que ella hablara, yo ya había captado débilmente el inicio de un nuevo sonido; y ahora, en lo profundo de los sótanos bajo nuestros pies, y también desde las regiones superiores de la gran Casa, me llegaba el murmullo y el crujido y el movimiento ligero y contenido de las Sombras durmientes. Se elevaba como una cuerda tañida suavemente de entre las inmensas e invisibles cuerdas pulsadas en algún lugar de las bases de la Casa, y su vibración corría suavemente por sus paredes y techos. Y supe que había escuchado el lento despertar de los Espíritus del Pasado.

¡Ay de mí!, con qué terrible invasión de amargura me sostenía allí, con los ojos inundados, escuchando las tenues voces muertas mucho tiempo atrás... Porque de hecho, toda la Casa estaba despertando; y en ese momento llegó hasta mi nariz el sutil y penetrante perfume del tiempo: de cartas, por largo tiempo conservadas, con la tinta borrosa y las cintas desteñidas; de olorosas trenzas, doradas y castañas, guardadas, ¡oh, tan tiernamente!, entre las flores prensadas que aún conservaban la profunda delicadeza de su olvidada fragancia; la aromática presencia de memorias perdidas, el intoxicante incienso del pasado. Mis ojos se inundaron, mi corazón se contrajo y expandió, mientras me rendía sin reserva a esas antiguas influencias de sonidos y aromas. Estos Espíritus del Pasado -olvidados en el tumulto de memorias más recientes- se apretaban alrededor mío, tomaron mis manos en las suyas y, siempre susurrando lo que yo hace tiempo había olvidado, siempre suspirando, exhalando de sus cabellos y vestiduras los aromas inefables de las épocas muertas, me guiaron a través de la inmensa Casa, de cuarto en cuarto, de piso en piso.

Pero no todos los Espíritus me eran igualmente claros. De hecho, algunos tenían sólo la más débil vida, y me agitaban tan poco que sólo dejaban una impresión indistinta y borrosa en el aire; mientras que otros me observaban casi con reproche con sus apagados y desteñidos ojos, como anhelando retornar a mis recuerdos; y entonces, al ver que no eran reconocidos regresaban flotando suavemente hacia las sombras de sus habitaciones, para volver a dormir imperturbados hasta el Día Final, cuando no fallaré en reconocerlos.

-Muchos de ellos han dormido por tanto tiempo -dijo la Visión a mi lado- que despiertan sólo a duras penas. Sin embargo, una vez despiertos te reconocen y recuerdan, aunque tú no logres hacerlo. Pues es la regla de la Casa del Pasado que, mientras tú no los evoques claramente, no recuerdes precisamente cuándo los conociste y con qué causas particulares de tu evolución pasada están asociados, no podrán mantenerse despiertos. A menos que los recuerdes cuando sus ojos se encuentren, a menos que su mirada de reconocimiento les sea devuelta por la tuya, están obligados a regresar a su sueño, silenciosa y desconsoladamente -sus manos sin estrechar, sus voces sin ser oídas-, para soñar un sueño inmortal y paciente, hasta que...

En ese instante, sus palabras se extinguieron repentinamente en la distancia y tomé conciencia de un abrumador sentimiento de deleite y alegría. Algo me había tocado los labios, y un fuego poderoso y dulce se precipitó hacia mi corazón y envió la sangre tumultuosamente por mis venas. Mi pulso latía locamente, mi piel resplandecía, mis ojos se enternecieron, y la terrible tristeza del lugar fue instantáneamente disipada, como por arte de magia. Volviéndome con una exclamación de júbilo, que de inmediato fue tragada por el coro de sollozos y suspiros que me rodeaban, observé... e instintivamente adelanté mis brazos en un rapto de felicidad hacia... hacia la visión de un Rostro... cabello, labios, ojos; una tela dorada rodeaba el hermoso cuello, y el antiguo, antiguo perfume del Este -¡por las estrellas, cuánto hace de ello!- estaba en su aliento. Sus labios nuevamente estaban en los míos; su cabello sobre mis ojos; sus brazos alrededor de mi cuello, y el amor de su antigua alma vertiéndose en la mía a través de unos ojos todavía fulgurantes y claros. Oh, el feroz tumulto, la maravilla inenarrable, ¡si sólo pudiese recordar!... Aquel aroma, sutil y disipador de brumas, de muchas eras atrás, una vez tan familiar... antes de que las Colinas de la Atlántida estuvieran sobre el mar azul, o que las arenas comenzaran a formar el lecho de la esfinge. Pero, un momento; ya regresa; comienzo a recordar. Cortina tras cortina se levantan de mi alma, y casi puedo ver más allá. Pero el espantoso elástico de los años, horrible y siniestro, milenio tras milenio... Mi corazón se estremece, y tengo miedo. Otra cortina se eleva y otra perspectiva, que va más allá que las otras, se hace visible, interminable, corriendo hacia un punto rodeado de gruesas brumas. ¡Y he aquí, que ellas también se mueven!, elevándose, iluminándose. Finalmente veré... ya comienzo a recordar¦ la piel morena... la gracia Oriental, los maravillosos ojos que contenían el conocimiento de Buda y la sabiduría de Cristo, aún antes que aquéllos hubieran soñado con alcanzarla. Como un sueño dentro de un sueño, me cautiva nuevamente, tomando una apremiante posesión de todo mi ser... la forma esbelta... las estrellas en aquel mágico cielo Oriental... los susurrantes vientos entre las palmeras... el murmullo del río y la música de los setos al inclinarse y suspirar en la dorada superficie de arena. Hace miles de años, hace evos de distancia. Se difumina un poco y comienza a pasar; luego parece surgir nuevamente. ¡Ay de mi!, aquella sonrisa de dientes resplandecientes... aquellos párpados de venas de encaje. Oh, quién me ayudará a recordar, pues se encuentra demasiado lejos, demasiado oscuro, y yo no puedo recordarlo completamente; aunque mis labios aún se estremecen, y mis brazos se encuentran aún extendidos, nuevamente comienza a desvanecerse. Ya hay una mirada de tristeza, demasiado profunda para expresar con palabras, al darse cuenta de que no es reconocida.... ella, cuya mera presencia pudo una vez extinguir para mí el universo entero... y ella se devuelve, lentamente, tristemente, silenciosamente a su oscuro e inmenso sueño, para soñar y soñar con el día en que la recordaré y que vendrá a donde pertenece...

Me observa desde el final de la habitación, donde las Sombras comienzan a cubrirla y a ganarla de vuelta con sus brazos estirados hacia su sueño de siglos en la Casa del Pasado.

Estremeciéndome entero, con el extraño perfume aún en mi nariz y el fuego en mi corazón, me di la vuelta y seguí a mi Sueño por una amplia escalera, hacia otra parte de la Casa. Al entrar en los corredores superiores oí al viento pasar cantando sobre el tejado. Su música tomó posesión de mí hasta que sentí como si todo mi cuerpo fuera un solo corazón, doliente, tenso, palpitante, como si fuera a quebrarse; y todo porque escuché al viento cantar alrededor de la Casa del Pasado.

-Recuerda -murmuró la Visión, respondiendo a mi inexpresada pregunta- que estás escuchando la canción que ha cantado por incontables siglos y para miríadas de incontables oídos. Se remonta asombrosamente lejos; y en ese simple salmo, profundo en su terrible monotonía, se encuentran las asociaciones y los recuerdos de las alegrías, penas y luchas de toda tu existencia previa. El viento, como el mar, le habla a la memoria mas íntima -agregó- y es por eso que su voz es de tal tristeza, profundamente espiritual. Es la canción de las cosas por siempre incompletas, inconclusas, insatisfechas.

Mientras pasábamos por las abovedadas habitaciones, advertí que nadie se agitaba. Realmente no había ningún sonido, sólo una impresión general de una respiración profunda y colectiva, como el vaivén de un mar amortiguado. Mas los cuartos, lo supe inmediatamente, estaban llenos hasta las paredes, repletos, fila tras fila... Y, desde los pisos inferiores, a veces se elevaba el murmullo de las Sombras llorosas al retornar a su sueño, instalándose nuevamente en el silencio, la oscuridad y el polvo. El polvo... oh, el polvo que flotaba en esta Casa del Pasado, tan denso, tan penetrante; tan fino que llenaba los ojos y la garganta sin dolor; tan fragante, que aliviaba los sentidos y tranquilizaba el corazón; tan suave, que resecaba la boca, sin molestar; y cayendo tan silenciosamente, acumulándose, posándose sobre todo, que el aire lo sostenía como una fina bruma y las sombras durmientes lo usaban como mortajas.

-Y éstas son las más antiguas -dijo mi Sueño- las dormidas hace más tiempo- apuntando hacia las filas repletas de silenciosos durmientes-. Nadie aquí ha despertado por siglos, demasiados para contarlos; y aún si despertaran no podrías reconocerlos. Ellos son, como los otros, todos tuyos, sólo que son los recuerdos de tus etapas más tempranas a lo largo del gran Camino de Evolución. Algún día, sin embargo, despertarán, y deberás reconocerlos y contestar sus preguntas, pues ellos no pueden morir hasta no agotarse a sí mismos a través de ti, quien les dio la vida.

-¡Ay de mí! -pensé, escuchando y entendiendo a medias estas palabras- cuántas madres, padres, hermanos, pueden entonces estar dormidos en este cuarto; cuántas fieles amantes, cuántos amigos de verdad, ¡cuántos antiguos enemigos! Y pensar que un día se levantarán y me confrontarán, y yo deberé encontrarme con sus ojos nuevamente, reclamarles, conocerlos, perdonarlos, y ser perdonado... los recuerdos de todo mi Pasado...

Me volteé para hablarle al Sueño a mi lado, y toda la Casa se disolvió en el brillo del cielo oriental, y escuché a los pájaros cantando y vi las nubes arriba velando las estrellas en la luz del día que se acercaba.



Untoten - Kiss of Death


Gothic/Darkwave
Untoten - Kiss of Death (1997)



1. Flies
2. Lord of the flies
3. Sex with a dog
4. Whitechapel victims
5. Welcome space brothers
6. Sperm finger
7. Shelter from death
8. The younger the girls
9. Unbelievable
10. Kiss your heart out
11. Cave of genitals



Untoten - Sperm Finger
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UNTOTEN
Greta Csatlós: Cantante y Artista Visual
David A.Line: compositor, escritor y músico




Su Boca Sabrá A Ajenjo - Poppy Brite


Worwod (Su Boca Sabrá A Ajenjo)
Poppy Brite






"Una densa niebla flotaba baja sobre el cementerio cuando llegamos allí aferrándose a nuestros tobillos, envolviendo las lápidas de madera y piedra, fundiéndose bruscamente en algunos lugares para revelar una retorcida raíz o una mancha de ennegrecida hierba...
La tierra en una esquina del cementerio parecía más negra que el resto. La tumba que buscábamos estaba marcada tan sólo por una tosca cruz de madera quemada y retorcida. Éramos hábiles en el arte de violar a los muertos; pronto teníamos el ataúd al descubierto. Las planchas estaban curvadas por los años en la húmeda tierra. Louis abrió la tapa con su pala, y a la escasa y acuosa luz de la luna miramos lo que había dentro..."

Al principio de su carrera, Poppy Z. Brite escribía principalmente novelas y relatos góticos y ficción de horror. Entre las características de su obra destacan la utilización de hombres homosexuales o de sexualidad ambigua como protagonistas, sus gráficas descripciones sexuales, y sus vívidas situaciones macabras.
Nacida biológicamente como mujer, Poppy Z. Brite ha escrito a menudo sobre su disforia e identidad sexual. Ella se considera un hombre pero prefiere no vestirse ni adoptar ningún aspecto masculino, salvo que se dirijan a su persona como “él”
(reseña de Wikipedia)





Blutengel- Schwarzes Eis


Electro Goth / Synth Pop

Blutengel- Schwarzes Eis (2009)




CD1 'Schwarzes Eis'

01 Behind The Mirror
02 Kind der Nacht
03 City Lights
04 My Nightmare
05 Pure Life
06 The Only One
07 Dancing In The Light
08 Schneekönigin
09 My Darkest Night
10 The Dream
11 Dreh Dich nicht um
12 Broken Girl
13 Secret Places
14 Schatten
15 Nightfall

CD2 'Behind The Mirror'

01 Mirror I – Birth
02 Mirror II – Journey
03 Mirror III – Confusion
04 Mirror IV - Seduction
05 Mirror V – Hope
06 Mirror VI - Suffering
07 Mirror VII - Homecoming
08 Mirror VIII - Death


CD3 'Redemption'

01 Guardian Angel
02 Our Empire
03 The Princess
04 Redemption
05 Waiting For the Night 06 Schatten (Club Mix)
07 Schwarzes Herz
08 In The Shadows
09 Winter Of My Life (v. 2.0)
10 Weine Nicht Um Mich



Blutengel - My Darkest Nights
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BLUTENGEL
Chris Pohl - Voz masculina, programación y letras.
Constance Rudert - Voz femenina, letras
Ulrike Goldmann - Voz femenina, letras
Sonja Semmler - Performances





Nada más se llena


Nada más se llena

La carne cubre el hueso
y dentro le ponen un cerebro
y a veces un alma,
y las mujeres arrojan jarrones contra las paredes
y los hombres beben demasiado
y nadie encuentra al otro pero siguen buscando, de cama en cama.

La carne cubre el hueso y la carne busca algo más que carne.
No hay ninguna`posibilidad: estamos todos atrapados por un destino singular.
Nadie encuentra jamás al otro.

Los tugurios se llenan,
los vertederos se llenan,
los manicomios se llenan,
los hospitales se llenan,
las tumbas se llenan.
Nada más se llena.

Charles Bukowski

Moonspell - Wolfheart


Gothic / Black Metal
Moonspell - Wolfheart (1995)



1- Wolfshade (A Werewolf Masquerade)
2- Love Crimes
3- ...Of Dream And Drama (Midnight Ride)
4- Lua D´Inverno
5- Trebraruna
6- Vampiria
7- An Erotic Alchemy
8- Alma Mater
9- Ataegina



Moonspell Live in Copenhagen 2008 Vampiria
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MOONSPELL
Fernando "Langsuvar" Ribeiro - Vocals
Mantus - Guitars
Joao "Ares" Pedro - Bass
Pedro "Passionis" Paixao - Keyboards
Miguel "Mike" Gaspar - Drums





Empresas y copyright





Cuando las empresas piratean poblaciones a través del copyright

Martín González Fernández
Rebelión


Los medios argentinos que responden a las agencias de información internacionales manipulan noticias relacionadas con la piratería. Los titulares intentan convencer a la población que en la Argentina, el 68% de las reproducciones son "ilegales" . La industria, las salas de cine y los videoclubes sufren serias consecuencias e Internet es otra fuente de ilegalidad.

La Alianza Internacional de la Propiedad Intelectual (IIPA), conglomerado que agrupa a casi 2000 empresas norteamericanas, y la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (AMCHAM) en el país de fuerte cultura nacional como la Argentina, impulsan todos los años campañas contra la distribución de copias no autorizadas, denominadas "piratas" o "truchas" (modismo argentino).


En 2009 ha comenzado a desplegar una campaña mediática con el propósito de impulsar la modificación de la ley de derechos de autor para introducir el denominado "cánon digital" o impuesto a las copias digitales e intercambio de archivos P2P. También pretende cobrar para las empresas editoriales (y no para los autores como se pretende engañar tanto a la opinión pública como al gobierno) una especie de impuesto por fotocopias en bibliotecas y universidades.

Los voceros de las editoriales y disqueras afirman además que "en muchas esquinas de la ciudad vendedores ambulantes venden películas piratas donde el 68% de las películas que se ven son ilegales , cifra altísima comparada con la de Estados Unidos que llega al 30%, según "un estudio de un organismo que representa a los principales estudios cinematográficos norteamericanos". Asimismo, se precisa que " el 58% de los consumidores de piratería son de niveles ABC1" y que se trata de una tendencia que va en aumento.

En general, estas cifras son manipuladas para intentar justificar la introducción de una nueva normativa similar a las creadas en varios países de Latinoamérica y El Caribe, firmantes de los tratados TLC con los Estados Unidos tras el fracaso del ALCA (nefasto tratado que automáticamente hubiera elevado los estándares de protección sobre todas los productos alcanzados por la propiedad intelectual, elevando en consecuencia sus precios).

Este hecho (el aumento injustificado que crea una burbuja por aplicación de estándares elevados en materia de copyright) es el factor determinante de la creación de mercados paralelos de distribución de productos. Los elevados precios de los productos denominados "originales" (autorizados por sus autores pero cuyos derechos patrimoniales fueron cedidos a las multinacionales) son consecuencia de las políticas depredadoras de la industria del copyright que encuentra una fuente de recursos extraordinario basada en costos ficticios de bienes sociales culturales (música, libros, películas, software).

Con total impunidad, las empresas norteamericanas desatan millonarias campañas en los principales medios de comunicación, confundiendo a un público con poca información relacionada a los verdaderos motivos de la creación de mercados "piratas" pero con sentido común a la hora de comprar productos a precios accesibles para los presupuestos hogareños de los argentinos (aunque incluso la franja de población con mayores ingresos se niega a pagar precios onerosos).

La crisis originada por los gobiernos y alianzas corporativas de países centrales, verdaderos piratas de sus sociedades, se intenta pagar extrayendo dinero de las poblaciones de los países históricamente pirateados, ahora por la globalización capitalista del tercer milenio.

fuente


Domina Noctis - Second Rose


Melodic Metal
Domina Noctis - Second Rose (2008)



01. Electric Dragonfly (4:33)
02. Untold (4:10)
03. In To Hades (4:19)
04. Because The Night (4:46)
05. Lamia (4:11)
06. Sisters In Melancholy (5:53)
07. Broken Flowers (5:23)
08. Exile (5:09)
09. The Mask (5:36)
10. Bang Bang (3:13)




Domina Noctis
Vocal Female: Endera
Guitars: Asher
Bass: Azog
Synth & Piano: Ruyen
Drums: Niko




Illuminate - Letzter Blick zurück



Darkwave/Gothic Rock

Illuminate - Letzter Blick zurück (1999)




01. Intro - 'Die Geburt Der Ozeani
02. Nur Fuer Dich
03. Stern Der Ungeborenen
04. Letzter Blick Zuruck
05. Energie
06. Verlorener Moment
07. Zweiter Weg
08. In Einer Sommernacht
09. Outro - 'Cryo'



Illuminate - Letzter Blick zurück
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ILLUMINATE
Johannes Berthold : Vocals, Keyboard
Jörn Langenfeld : Guitar
Markus Nauli : Keyboard




La Danza de la Muerte - J.W.von Goethe



Otro bellísimo poema de Goethe! que me dió pie para reseñar sobre danzas macabra, una temática muy extensa que continuaré posteando.



La Danza de la Muerte

El guardián miró hacia abajo en la medio de la noche:
Sobre las tumbas que yacen dispersas allí,
Con su luz plateada la luna llenaba el espacio,
Y la iglesia como el día parecía brillar,
Entonces vió, primero una tumba, y luego otra que se abría,
Y hombres y mujeres fueron vistos al avanzar,
Envueltos en pálidas y níveas mortajas.

Apurados por correr pronto doblaron los tobillos,
Girando en rondas y danzas tan alegres,
El joven y el viejo, el rico y los pobres.
Pero las mortajas les molestaban,
Y como la modestia no puede perturbarlos,
Se sacudieron, y pronto aparecieron los sudarios
Dispersos y confusos sobre las tumbas.

Entonces agitaron las piernas, estremecieron los muslos,
Mientras la tropa con extraños gestos avanzaba,
Los gritos y clamores se elevaron alto,
Hasta que el tiempo y la danza marcaron el mismo ritmo.
La vista del guardián parecía abrumada de maravillas
Cuando el villano Tentador le habló así al oído:
Aprovecha una de las mortajas que allí yacen.

Rápido como el pensamiento la tomó y huyó
Detrás del portal de la capilla a toda velocidad;
La luna seguía derramando su blanquecina luz
Sobre la danza que temerariamente se desarrollaba.
Pero los bailarines se fueron retirando uno a uno,
Y sus mortajas, mientras se desvanecían, reposaron,
Y bajo el césped todo estuvo tranquilo.

Pero uno de ellos tropieza y queda tendido allí,
E intenta alcanzar el sepulcro con desesperación;
Sin embargo, sus camaradas lo ignoraban,
Y él percibió el aroma del sudario en el aire.
Así que agitó la puerta, pues el guardián se protegía,
Para repeler al enemigo, bajo el bendito peso
De las cruces de metal.

El sudario debe conseguir, pues sin él no hay descanso,
Permaneció unos instantes reflexionando
Sobre los ornamentos góticos que el espectro ansiaba.
¡Pobre guardián! ¡Su destino está sellado!
Como una larga y espantosa araña, en súbito andar,
Así avanzaba el pérfido y espantoso gusano.

El guardián tembló, y la palidez lo sobrecogió;
Mientras el fantasma buscaba su sombría mortaja,
Cuando al final (ahora nada puede salvarlo)
En un diente de hierro fue capturado,
Cuando el luctuoso brillo de la luna se apagaba,
Cuando sonoro estalló el trueno de la campana,
Desvaneciendo el esqueleto, deshecho en átomos.

Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832)


Xilografía de Wohlgemuth en Crónica del Mundo, de Holbein, Nuremberg 1493


Danza macabra, tema alegórico en arte, literatura, teatro y música que se caracteriza por la representación del esqueleto humano como símbolo de la muerte. La Danza macabra o Danza de la muerte era un tema muy familiar en la Edad Media. En una época con períodos cíclicos de hambrunas, sequía, peste y otras enfermedades endémicas, la población era diezmada con frecuencia y los sermones en las iglesias enfrentaban diariamente la vida con la muerte y los tormentos del infierno. La Danza de la Muerte remite a un concepto cristiano según el cual la muerte iguala a todos los estamentos de la sociedad, por mucha diferencia que hubiera habido en vida. Todos han de morir y perder sus dignidades y sus placeres.Ese es el tema del grabado. Al son de uno de los esqueletos otros bailan con aspecto grotesco, sin carne sobre los huesos y unos puñados de pelo en el cráneo. Un tercero está descomponiéndose y juega con sus intestinos, enrollados en la mano. El músico provoca la resurrección de otro esqueleto de la tumba, devorado por los gusanos.

La música también ha tratado este tema, como lo ejemplifican la obra Totentanz del compositor húngaro Franz Liszt


Enrico Pace plays Liszt - Totentanz (part 1 of 2)
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Enrico Pace plays Liszt - Totentanz (part 2 of 2)
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La Danza Macabra -Totentanz-


Dentro de las profundidades más oscuras de la naturaleza humana hay temores calados muy hondo, temor a lo desconocido, temor a lo inseguro pero más allá de todo temor a desaparecer… temor a ser olvidados y caer en un profundo abismo de nada. La muerte personifica el olvido, es la desaparición en su plena esencia. Así como los chicos de pequeños aprenden a cargar con sus temores jugando con estos para así tal vez llevarlos consigo más fácilmente, la cultura humana en su conjunto también lo hace de manera similar. Es mediante la expresión de estos temores globales que compartimos como especie, así como hoy en día vemos películas sobre guerras termonucleares -nuestro posible Armagedón- en los tiempos antiguos, cuando la peste hacía estragos por Europa, el arte comenzó a jugar con la muerte.. quién sabe, tal vez así se hacía más pasable.

La Danza macabra o Totentanz, es un tema alegórico en el arte, tanto en la música, como en la pintura o literatura que se caracteriza por la representación de esqueletos humanos -símbolo de la muerte- danzando, moviéndose o jugando como si se aferraran a su vida perdida. Tanto el rico como el mendigo, el Papa como el hereje son representados en estas imágenes, la muerte es inevitable y es igualadora, al final todos somos huesos marchando a la tumba. En la danza macabra vemos esas diferencias terrenales se acaban en la muerte, y son los esqueletos bailando tan eufóricamente los que nos comentan que no importa cual haya sido el rol o posición de una persona durante su vida, al fin y al cabo eso desaparece. La figura del esqueleto en los siglos XIV y XV representaba a la muerte literalmente, un mundo repleto de plagas oscuras y guerras interminables pintaba un paisaje sombrio en las bóvedas de los cementerios donde los esqueletos se apilaban día tras día, y los crematorios que trabajaban la 24 horas del día no hacían mas que iluminar esta cruel realización. El mundo es efímero y lo efímero se acaba, que triste.
Podemos ver representaciones de esta alegoría en los grabados del siglo XV de Huy Marchant, quien se podría decir es uno de los “padres” del genero, Konrad Witz, Hans Holbein y en infinidad de frescos que pululan las capillas y cementerios más antiguos de Francia, Suiza y Alemania. Siendo la más famosa la obra -tristemente destruida- que se encontraba en la Iglesia de los Santos Inocentes de París. En la poesía y literatura Goethe, Calderón de la Barca, Quevedo y muchos más de los más prominentes escritores que conocimos dejaron impresas sus impresiones sobre el tema.
Generalmente la Danza macabra suele confundirse con el Ars moriendi -las imágenes que muestran el arte de morir bien- pero no tienen mucho que ver unas con otras.

fuente





Los Músicos Muertos

Vosotros a quienes un destino común
hace vivir en condiciones diversas,
todos vosotros, tanto buenos como malos,
bailareís un día esta danza.
Vuestros cuerpos por los gusanos serán devorados.
¡Ay, observadnos, vednos!:
muertos, podridos, tufantes, esqueléticos;
lo que somos ahora también vosotros lo sereís.

La Danza Macabra del Cementerio de los Santos Inocentes de París.(fragm)



Entwine - Painstained


Gothic Metal

Entwine - Painstained (2009)



1. Soul Sacrifice
2. Strife
3. Dying Moan
4. Beautifully Confined
5. Lost In My Denial
6. Greed Of Mankind
7. Dead By Silence
8. Hollow
9. Caught By Desire
10. Say Goodbye





Entwine - Soul Sacrifice
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Erlkönig - Johann Wolfgang von Goethe





Erlkönig ( "Rey de los Elfos")

¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche??
Es un padre con su hijo.
Tiene al pequeño un su brazo
Lo lleva seguro en su tibio regazo.

"Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?"
"¿No ves padre al Rey de los Elfos ?
¿El Rey de los Elfos con corona y manto?"
"Hijo mío es el rastro de la neblina."

"¡Dulce niño ven conmigo!
Jugare maravillosos juegos contigo;;
Muchas encantadoras flores están en la orilla,
Mi madre tiene muchas prendas doradas."

"Padre mío, padre mio ¿no escuchas
Lo que el Rey de los Elfos me promete?"
"Calma, mantén la calma hijo mío;
El viento mueve las hojas secas. "

"¿No vienes conmigo buen niño?
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullaran y bailaran para que duermas."